Licantropía, Destino y Decisiones

Resumen: Sopesando decisiones y destino. Ayuda inesperada a familiares. Noche terrible por ataque de licántropos. Viaje especial y sueño reparador. Una decisión y sus consecuencias.

Habían transcurrido dos semanas desde la última vez que se habían reunido con alguien de la Orden del Fénix fuera de los doce que sabían toda la verdad sobre ellos. En ese tiempo los diez habían practicado con los padres de Harry, Angela, Jessica y Neville, enseñándoles prácticamente todos los contrahechizos que conocían. Aunque todavía les faltaba entrenarlos bien porque los ataques de los mortífagos fueron muy frecuentes. Ellos también apartaron tiempo para sus propias prácticas con la finalidad de no cometer errores al usar sus conocimientos como Cundáwans, lo cual podría no sólo cambiar la historia sino desatar a Voldemort en ese sentido.

Hermione había estado nerviosa inicialmente sobre los contrahechizos que les enseñarían a los Potter, los Lupin, los Black y los Longbottom. Se calmó cuando se enteró, durante la planificación, que la mayoría de los que Angela y Harry planeaban enseñarles los conocían Alastor Moody y Albus Dumbledore.

Los experimentados magos habían intentado enseñárselos a los miembros de la Orden del Fénix, pero no habían logrado hacerlo por lo complejos que eran y falta de tiempo. Al todos tener sus propias labores, aparte de su trabajo encubierto como miembros del grupo, aquello era difícil. Sólo algunas de ellas se las había podido enseñar el auror a los del Ministerio, pues las otras recién las había aprendido de su amigo.

El otro grupo de contrahechizos, que ni siquiera el director conocía, la preocupaba. No entendía que en ese "completar el pasado" ellos viniesen del futuro a enseñarles algo que de otra forma no tendrían como enterarse. Según su lógica algo estaba mal allí, pues Voldemort conocía las maldiciones y por Ley del Equilibrio alguien debía conocer la forma de contrarrestarlos.

Fue Angela quien les explicó luego a los chicos que de hecho los contrahechizos a las maldiciones que su abuelo sí conocía, y le había enseñado a Alastor Moody para entre los dos enseñárselas a tantos magos defensores como pudiesen, pertenecían al conocimiento antiguo Cundáwan. Eran parte de las usadas durante la guerra contra Los Mudredais, según dedujeron las dos de lo poco que sabía la chica de pelo negro de sus orígenes y lo que había averiguado la castaña de esa raza antes de viajar a esa época. Por lo tanto también dedujeron que las maldiciones las había aprendido Voldemort de Leofric, el Cundáwan renegado.

De los contrahechizos que no conocía el profesor Albus Dumbledore les dijo Angela que los había generado ella con ayuda de sus tíos Aline, Eloise, Humphrey y Wymond, durante las pocas visitas que les hicieron a las chicas y los niños luego que habían emprendido la misión de destruir las piedras de Grindelwald. Se habían basado en analizar defensas contra las maldiciones usadas por Voldemort durante la primera guerra y de las que los cuatro Cundáwans no tenían información sobre cómo detenerlas.

Allí la única explicación era el bucle temporal. Fue la propia Hermione quien dedujo que, al igual que Snape había inventado la maldición Sectumsempra y su cántico para sanar a la víctima, esas maldiciones eran invención de Voldemort y por lo tanto los contrahechizos no habían sido generados. Era entonces lógico que sólo los miembros de la Orden del Fénix y muy pocos aurores, los sobrevivientes de esta primera guerra, los conociesen durante la segunda guerra. Aquello había sorprendido a Angela y sus tíos cuando se los habían intentado enseñar a los miembros de la Orden del Fénix, lo cual ahora sí era comprensible para ella.

Sus tíos no las conocían porque no habían estado activos en esa primera guerra, concentrados por Raymond en el Entrenamiento Cundáwan y especialización en varias ramas de la Magia Antigua. El anciano, Alphonso y Kandace, al ser Cundáwans puros, no tenían motivos para aprenderlas porque no saldrían del Sello Cundáwan hasta muchos años después, cuando muriese Albus Dumbledore.

Al igual que con la Profecía Cundáwan los diez chicos se sintieron abrumados al confirmar de esta manera que su viaje en el tiempo, debido a la maldición que protegía el horcrux, era un bucle temporal necesario e ineludible.

Mientras los diez jóvenes en Maidstone hacían estas deducciones los ocho jóvenes en Deercourage se sinceraban sobre todo lo que sabían de ellos. Lily argumentó que debían todos sincerarse sobre lo que habían notado y deducido desde que estaban con los chicos, para cambiar de alguna manera los acontecimientos futuros que llevarían a los hijos de las cuatro a sufrir como evidentemente lo habían hecho.

La pelirroja les había dicho a sus siete acompañantes que ella había deducido que en algún momento ella y su esposo morirían, sus esmeraldas brillando con lágrimas contenidas. Les explicó que lo dedujo de la conversación que tuvieron con los chicos en una cena sobre los padres de ambos, de los cuales su hijo no sabía nada.

A sus palabras le siguieron las de sus amigas gemelas sobre su certeza de morir, debido al hecho que sus hijas tuviesen sus varitas. Angelica agregó su preocupación por el futuro de su esposo, en base a lo que se le escapase en delirios a la hija de ambos.

Fue James quien rompió el ambiente pesado en el lugar, recordándoles a las tres que había otras posibles razones para lo que habían dicho. El ataque que habían sufrido los chicos y les había llevado a su época fue terrible, según deducían de sus quemaduras y heridas, por lo que era muy posible que fuese cierto que no recordasen muchas cosas. Eso explicaría que su hijo no supiese sobre su propia familia.

En cuanto a que Sirius fuese inocente se podía referir a alguna pelea con Angelica, lo cual era posible debido a la forma de ser de los dos.

Para el hecho que las chicas tuviesen las varitas de sus madres les planteó la posibilidad que se las hubiesen dado a sus hijas ellas mismas, por consejo de Humphrey, al estar el mundo mágico aún en guerra contra los seguidores de Voldemort, según entendían de lo que habían dicho los chicos en sus primeros días. Les hizo ver que era factible que el cuñado les hiciese otras a ellas para que las hijas pudiesen usar las suyas ,porque de alguna forma esto las ayudaba al sentirse protegidas todo el tiempo por sus madres. Las gemelas aceptaron que aquello podía ocurrir.

Luego de despreocupar a sus amigos por aquello les planteó su preocupación en cuanto a la posibilidad que los chicos estuviesen nerviosos y deprimidos por la posibilidad que sus familiares, o sea ellos, estuviesen muertos en su época debido al ataque que les había obligado a viajar en el tiempo.

Fue entonces Remus quien tranquilizó a todos diciéndoles que tal vez sólo estuviesen malheridos, igual que los chicos, pero imposibilitados de buscar a sus hijos y los amigos de éstos por el bloqueo temporal. Decidieron entonces que sutilmente les harían ver eso a los chicos para ayudarlos a destensarse y que no sufriesen una recaída.

Luego de esas conversaciones los primeros días, los dos grupos estuvieron bastante serenos durante esas dos semanas, compartiendo. Tanto los padres como los hijos habían estado muy atentos los unos con los otros, plagando los tres Merodeadores los encuentros de bromas con ayuda de los gemelos y sus propios hijos. Buscaban entre todos mantener sus encuentros amenos con la finalidad que las dos mujeres embarazadas se tranquilizasen, pues estaban próximas a entrar al séptimo mes de embarazo.

El 30 de abril sería noche de luna llena, que pasarían los chicos en Maidstone y los adultos en Deercourage por mutuo acuerdo. Aunque cada uno de los grupos sospechaba que el otro ya sabía que Remus era un licántropo, y que a Electra le afectaba de alguna manera ese día del mes, ninguno de sus miembros dijo nada para mantener la tensa calma. Todos consideraban que con la participación en las batallas tenían suficiente tensión.

Ese día, luego del desayuno viajaron Fred y George con Jessica a Bristol para practicar Magia Antigua. Harry, Ginny, Hermione, Ron, Luna y Neville viajaron con Angela al Scafell Pike para practicar con el don del Manejo de la Energía.

—Hoy he decidido que practiquemos aquí porque les voy a enseñar a detectar los cambios que se perciben en la energía cuando se modifican los acontecimientos que deberían producirse. También mostrarles las consecuencias de intervenir. —les anunció Angela con el tono severo que usaba en entrenamientos difíciles.

—¿Tú sabes cómo…? —empezó a preguntarle Harry atontado, deteniéndose por la mirada severa de ella—. ¿Te entrenó Raymond ya en la parte práctica de esto? —se atrevió a preguntarle.

Hasta donde sabía Angela tenía un entrenamiento teórico en ese don prácticamente completo, pero en forma práctica sólo lo había comenzado con Aline y Wymond. A ellos tres el anciano les había adiestrado en ese don un poco más acelerado que con ellos cuatro, debido al nivel que ellos tres tenían de Entrenamiento Cundáwan muy superior al de su novia, sus cuatro amigos y él.

Hermione, Ginny, Luna, Ron y Neville también la miraron interrogantes. Ella les había empezado a enseñar ya la teoría de aquello. Les había confirmado que, según el entrenamiento que se daba a los escasos Cundáwans que tenían tanto el don de Viajar en el Tiempo como el don del Manejo de la Energía, no se debía intervenir en el transcurrir de los acontecimientos.

—Raymond me enseñó la teoría luego que le conté lo ocurrido en la Casa de los Gritos, apenas regresamos del viaje por las vías del tren. —les empezó a contar Angela con el tono suave normal en ella. Les señaló las piedras cercanas para sentarse allí, mientras con su varita limpiaba de hojas un pequeño círculo. Sonrió al ver a la castaña ubicar allí de inmediato un fuego portátil. Sus seis acompañantes tragaron saliva, sospechando que aquello sería duro de oír.

Harry ya les había contado al resto del E.D.H. lo ocurrido en el corredor del tercer piso de Hogwarts, en la Cámara de los Secretos, en la Casa de los Gritos, en el cementerio en pequeño Hangleton y en el Ministerio de Magia, con ayuda de quienes los habían acompañado en cada suceso, con lujo de detalles. Angela les había contado de su entrenamiento con los Cundáwans tanto como podía, sin alterarse mucho, a los otros. Los dos habían decidido sincerarse en todo lo que podía ser importante para la guerra. Las vivencias de Harry con los Dursley, así como las de Angela, Jessica y los gemelitos en el orfanato, no tenían que ver con la guerra en el mundo mágico y los demás respetaron el que no pudiesen o quisiesen hablar de ello aún.

Se sentaron en un círculo con ella alrededor del fuego para no sentir con intensidad el frío que estaba haciendo en el lugar, a pesar de ya estar en primavera. Aunque no estaban a mucha altura era temprano y había neblina en el lugar en que se encontraban.

—Yo le contaba que se me había ocurrido una maravillosa idea: "Tumbaré el bloqueo con ayuda de Jessica. Después retrocederé en el tiempo para advertirles sobre todo lo que ocurrirá, mientras mi prima cuida de los niños. Así cambiaré todo lo sucedido. Llevaré un pergamino con los datos bien anotados, pidiéndoles que adopten a Dani, Jeff y Amy si no se puede evitar que mueran sus padres, de modo que jamás irán al orfanato" —dijo Angela con vocecita de niña pequeña. Cerró los ojos y suspiró—. Justo ahora comprendo lo difícil que fue para él ese día darme la explicación y demostración que les he venido a dar hoy.

—Nosotros no vamos a intentar modificar nada. —aseveró Hermione luego de un par de minutos de tenso silencio.

—Ustedes hasta ahora se están conteniendo de hacerlo por lo que leyeron sobre la Profecía Cundáwan y sus cambios desde que fue formulada por primera vez, además de la teoría que ya les enseñé. Pero, ¿creen que si estamos aquí todavía después del 15 de agosto del próximo año eso será suficiente para contenerse de intervenir?

Sus acompañantes palidecieron al extremo, mirando la rubia, la castaña y los dos pelirrojos de reojo al pelinegro y al castaño.

—Supongamos que Jessica, Harry, Neville y yo estuviésemos inconscientes y no pudiésemos hacer nada. ¿Podrías quedarte impávida, Hermione? Sabemos que Snape intentará matar a mamá el 15 de agosto de 1981, convirtiéndose en traidor a los mortífagos y empezando una cadena de sucesos. ¿No harás nada para evitar que Angelica y Jennifer, las dos jóvenes mujeres que te han estado cuidando desde que estamos aquí, sufran el terrible ataque del que sabemos serán víctimas el 24 de octubre de 1981?

La castaña bajó la cabeza y no pudo contener las lágrimas, pues recordaba claramente lo que les mostró su amiga antes de ir por Snape y los dos Malfoy.

—Ya no se trata sólo de nosotros cuatro. Ninguno de los diez podría permanecer impasible —afirmó Angela—. Espero de todo corazón que podamos volver a nuestro tiempo pronto, pero no sabemos cuando ocurrirá. Sin embargo el peligro de intervenir es mayor con nosotros siete, pues somos los que tenemos los doce dones activos.

—¿No existe una posibilidad de intervenir sin generar ninguna consecuencia negativa? —se atrevió a preguntar Harry, que ya no podía más con el debate interior—. Yo estoy marcado y los diez sabemos de los horcruxes. Podríamos destruir todos los que ya existen en esta época y yo enfrentar definitivamente a Voldemort. Podemos evitar no sólo que desate a Los Mudredais, que asesinen al profesor Dumbledore, mis padres, las gemelas, el ataque a los padres de Neville, las terribles vivencias de padrino, Jessica y tú, sino también las desgracias de muchas otras familias en esta época.

—Eso cambiaría la vida de todos nosotros, que no nos veríamos transportados por las protecciones de la copa a esta época, lo cual generaría una incongruencia temporal que sólo se resolvería… —empezó a exponer Hermione en carrerilla, sin darse tiempo a respirar, alarmada. Se detuvo al ver las esmeraldas de su amigo brillar, reteniendo el aire al comprender.

—A mí no me importaría morir en esta época si de esa manera resolvemos todo lo que has dicho, mi amor. Pero, ¿cómo podemos estar seguros de no ocasionar un mal mayor? —planteó Ginny.

—El primer entrenamiento práctico que nos dio Raymond a mis tíos y a mí en este don fue ése, porque los tres tenemos muchas razones para querer cambiar cosas de nuestro pasado —retomó la palabra Angela al ver que Harry la interrogaba con sus esmeraldas—. Cada uno de nosotros hizo una prueba y las consecuencias fueron negativas. Pero eran pruebas preparadas por Raymond, que ha sido formado en la certeza de que no se debe intervenir. Yo los he traído hoy aquí no sólo para explicarles, sino para que hagamos cinco pruebas distintas y entre todos tomemos la decisión sobre nuestro comportamiento con lo que sabemos ocurrirá.

—¿Cómo haremos las pruebas si no podemos viajar en el tiempo? —preguntó intrigado Ron, que le gustaba el planteamiento de mentalidad abierta de su amiga.

—Vengan conmigo. Les mostraré lo que vine a investigar ayer con George. —respondió Angela poniéndose en pie, dirigiéndolos colina abajo por un sendero suave.

—¿Sabe él lo que vinimos a hacer hoy? —preguntó Ginny, sospechando que la respuesta sería negativa.

—Sabe que venimos a entrenar con nuestro don del Manejo de la Energía, pero no que será sobre las alteraciones al cambiar la línea de los acontecimientos —le respondió Angela. Se detuvo con ellos bajo un árbol cuyas ramas estaban llenas de capullos de gusanos de seda próximos a abrirse—. Vamos a ubicar primero diez que tengan exactamente la misma probabilidad de salir y convertirse en mariposas. Alteraremos luego a cinco y veremos tanto lo que ocurre como percibiremos los cambios con el don del Manejo de la Energía.

—¿Estas son las cinco pruebas de las que hablaste? —preguntó Ron un poco decepcionado.

—No. Ésta será la primera. Tengo pensado que ustedes me ayuden a planear las otras con distintas criaturas de aquí. Disponemos desde mariposas hasta dragones, pasando por una manada de zorros. —le respondió Angela.

Cuatro horas más tarde aparecieron los siete en Maidstone con evidentes signos en sus rostros de haber llorado. Seis de ellos estaban muy deprimidos, mientras Luna estaba aún más ausente de lo normal en ella. Sus tres compañeros intentaron de diversas maneras averiguar lo que había sucedido, pero no obtuvieron respuesta de ninguno de ellos.

—Alice se ha comunicado para que vayamos a Deercourage a almorzar —les dijo Neville, mirando con angustia su moneda. Miró a los otros seis pidiéndoles consejo con la mirada, bajando la cabeza al verlos denegar.

—Pues yo voy a ir a menos que me den una buena razón para no hacerlo. —afirmó Jessica en tono molesto.

Harry frunció el ceño, inconforme con lo que les había planteado su novia antes de reaparecer en la casa pero comprendiendo que debía darle a su prima una explicación a su negativa. Justo en ese momento aparecieron Moony, Hera y Rea.

—Ataques simultáneos en Chester, Oxford y Otterton. —informó Fred lo que le acababa de comunicar su fénix.

—El más grande es en Oxford. —completó George.

—¿Los Weasley ya están en La Madriguera cerca de Otterton? —le preguntó Harry a su mejor amigo y cuñado, apretando los puños cuando luego de él asentir percibió con claridad las vibraciones en la energía cuando se intentaba forzar un cambio en la línea de los acontecimientos—. No es justo. —gruñó entre dientes, escuchándolo todos por el pesado silencio en la cocina‑comedor.

—Debemos ir a Oxford. —planteó Hermione con tono suave, mordiéndose el labio inferior al ver la mirada de frustrado enojo de su prometido.

—Claro que sí. —afirmó Fred, que los miraba sin comprender.

—Chicos, ¿qué ocurre? —preguntó intrigado George.

—Lo hablaremos al volver. —respondió su novia, levantándose para ir en busca de su equipo de batalla. Sus nueve compañeros la siguieron en silencio.

Hermione estaba intranquila ante las reacciones de sus amigos a lo que tenían que decidir al volver ese día. Ginny y Ron estaban preocupados por no saber si sus padres, hermanos mayores y el pequeño Ron estarían en peligro por el ataque al que no debían ir, según habían percibido.

Luna se sentía inquieta por la extraña sensación que tenía desde que hicieron las pruebas, como si se hubiese abierta una ventana en un cuarto encerrado previamente y hubiese entrado aire fresco. No lograba entender como las pruebas que habían hecho podían haber abierto una puerta a la comprensión de las leyes del Universo.

Neville se sentía desolado al saber que no podía salvar a sus padres del terrible tormento que los llevaría a encerrarse en sus propias mentes durante tantos años. Harry se sentía atormentado porque desde ese día tendría que ver a sus padres sin la esperanza que había tenido hasta ese momento de cambiar lo que les llevaría a morir jóvenes.

Jessica, Fred y George estaban preocupados por el estado en que habían llegado ellos del Scafell Pike. Sospechaban que el entrenamiento de hoy tenía que ver con sus dones, el viaje en el tiempo y el cambiar acontecimientos, pero no entendían que podía haber ocurrido puesto que aún estaban bajo el bloqueo temporal.

La sorpresa de los diez fue enorme cuando vieron al señor Arthur Weasley y otros dos hombres combatiendo, protegiendo a sus esposas y sus pequeños hijos. Sin pensarlo se desplazaron hacia allí y empezaron a proteger a los Weasley y las otras dos familias que los acompañaban.

Arthur Weasley, Amos Diggory y Dirk Cresswell se asustaron mucho al ver a los encapuchados avanzar hacia su posición, pues con mucha dificultad estaban defendiendo a sus familias. El sentimiento cambió por asombro y agradecimiento cuando vieron que los ayudaban. Se desplazaron con sus familias lentamente, bajo la protección de los desconocidos, hacia la casa del tercero para poder huir mediante la red flú.

—Gracias. —se atrevió a decirles el alto pelirrojo una vez que las tres mujeres y los nueve niños estaban dentro de la casa, mientras sus dos acompañantes miraban nerviosos a los diez desconocidos encapuchados con tan extraño atuendo.

—Los "Guerreros del Fénix" estamos contentos de haberlos ayudado —le respondió Harry con tono formal—. Vayan con sus familias. Nos encargaremos de que no los sigan.

Los tres hombres asintieron y entraron a la casa, cerrando la puerta el señor Cresswell tras él para que no escuchasen la dirección a la que irían. Sus dos acompañantes asintieron en señal de estar de acuerdo. Agradecían la ayuda, pero no podían evitar sentir desconfianza. Aunque el pelirrojo alto se había sentido extrañamente tranquilo con ellos, como si los conociera.

Los diez chicos se desplazaron frente a tres casas con habilidad, protegiéndolas por igual con la finalidad de confundir a los mortífagos. Angela, Jessica, Hermione, Luna y Neville se habían asegurado que no viesen en cuál casa entraban. Se alejaron del lugar minutos más tarde, cuando vieron a un par de calles a cuatro gigantes. Comprendieron que lo más fuerte del combate estaría allí. Se abrieron paso entre el nutrido grupo de mortífagos con que peleaban, los cuales en su mayoría eran novatos.

Media hora más tarde Voldemort dio la orden de retirarse del lugar. Estaba furioso porque tanto el grupo del director como el de los encapuchados le habían entorpecido en sus planes. Crouch y su hombres sí habían sido distraídos con los otros dos ataques con novatos, pero no había sido así con éstos.

—Descubran sus rostros e identifíquense. —les ordenó Alastor a los chicos para evitar que los aurores bajo su mando, que no sabían de ellos, los intentasen desarmar.

—Somos los "Guerreros del Fénix" y combatimos contra Voldemort y sus mortífagos —respondió Harry en tono respetuoso, manteniéndose impasible ante las reacciones de sus oyentes cuando pronunció el nombre del enemigo—. No descubriremos nuestros rostros ante ustedes ni ante nadie por razones de seguridad, pero los seguiremos ayudando en la medida de nuestras posibilidades.

—Somos aurores y lo dicho por Moody no es una petición sino una orden. —replicó Rufus Scrimgeour, que acababa de llegar con sus hombres y había rodeado rápidamente a los desconocidos encapuchados.

—Tanto ustedes como nosotros debemos retirarnos a atender nuestros heridos. Tal vez podamos hablar en otra oportunidad. —respondió Harry en el mismo tono, levantando su varita frente a su rostro al igual que sus nueve acompañantes como despedida respetuosa.

Desaparecieron justo cuando hechizos para desarmar y desmayar viajaban hacia ellos, golpeando los de algunos aurores a sus propios compañeros. Todos los hombres de Moody se habían quedado quietos ante la orden silenciosa de su jefe, por lo que sólo los de Scrimgeour se vieron involucrados en el intercambio de hechizos, desarmes y desmayos.

—Los que tengan algo más serio que tontos rasguños vayan allá —gruñó Moody señalando a un grupo de medimagos que había aparecido a la derecha, dirigido por un hombre mayor canoso y los esposos Brown—. Los demás vamos a organizar y enviar a Azkaban a todos los enmascarados que han sido atrapados hoy.

—Igual ustedes. —les rugió con enojo el hombre con aspecto de león a sus hombres, molesto porque los desconocidos se les hubiesen escapado.

Sin embargo, en su interior, se sentía tranquilo porque aquél grupo tan bien entrenado no los había intentado atacar. «Parece joven el que habló. ¿Quiénes serán?», se preguntó mientras coordinaba con Moody el traslado de los prisioneros, muchos de los cuales habían sido desarmados, desmayados y atados por los desconocidos encapuchados.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—¿Por qué si podemos salvar a mis suegros y cuñados pero no a nuestros padres? —planteó Jessica apenas aparecieron en Maidstone, luego de bloquear rápidamente la casa para poder hablar con libertad, levantando la capucha y quitándose el pasamontañas.

—¿Sus padres alguna vez les contaron algo sobre lo que ha ocurrido hoy? —les preguntó Hermione a los pelirrojos.

— Bill nos contó en…

—… diciembre lo que él…

—… recordaba…

—… Pero sólo ahora…

—… lo hemos relacionado. —respondieron los gemelos.

—Entonces sólo hemos completado el pasado. —afirmó Luna.

—¡Eso no es justo! —exclamó Jessica—. Estoy feliz porque salvamos a tu familia, mi amor, pero quiero que hagamos lo mismo con las de nosotros cuatro. —se giró a decirle a Fred con sus ojos llenos de lágrimas, aferrándose a él cuando la abrazó.

—Yo también quisiera que pudiésemos. —comentó Harry con tono triste, dejándose caer en la silla cercana.

—Es posible que Chris tenga razón en que los antiguos Cundáwans estaban equivocados. —insistió Jessica, desesperándose al ver a "su primo" denegar cabizbajo.

Los diez sintieron los falsos sickles calentarse en sus bolsillos y cerraron por un momento sus ojos.

—Vamos a decirles que Pettigrew es el traidor, por favor. —les pidió Jessica sin mirar el mensaje.

—Sólo con decirles eso cambiaríamos todo. —dijo Neville denegando con expresión de derrota.

—¿Quién bloqueó la casa? —preguntó Harry luego de leer el mensaje.

—Yo. Quiero que nos pongamos de acuerdo sobre cómo les diremos la verdad. —declaró Jessica empecinada.

—Dame tiempo hasta mañana y hablaremos de esto los diez. —le pidió Harry con sus esmeraldas llenas de tristeza y preocupación mirando sus ojos miel. No quería presionarla cuando esa noche habría luna llena, lo cual la afectaba de una manera extraña desde que estaban en esa época.

—De acuerdo. —sonrió ella, quitando el bloqueo y limpiando las lágrimas de su rostro para no preocupar a sus padres y tíos, que no tardaron en aparecer allí con su abuelo.

Los nueve recién llegados se preocuparon mucho al ver el estado de nerviosismo de los chicos. Especialmente Lily, James, Alice, Frank, Angelica y Sirius al ver que Harry, Neville y Angela les rehuían la mirada, lo que no estaba haciendo Jessica con sus amigos.

Ginny ayudó a las dos Lupin a curarlos a todos con el ánimo sombrío. El pensar de Jessica era apenas lógico visto lo ocurrido y que ella no tenía la certeza de no deber intervenir, como no la tenían Fred y George, la que ahora tenían Harry, Ron, Hermione, Luna, Neville, Angela y ella.

Comprendía el temor de su novio y su hermano en despertar en ellos tres los dones faltantes, como ella había propuesto, pero no veía otra salida para evitar un problema mayor. Hermione la había apoyado en eso, mientras que Angela se había acorazado en su silencio luego que terminaron con la última prueba que les ratificó que no podían cambiar lo ocurrido.

—Vamos a Deercourage. —les dijo James una vez que las tres terminaron de curarlos.

—Pero sus amigos estarán allí. —replicó Hermione, que también había notado que Angela, Neville y Harry no miraban a sus padres y quería evitarles el mal rato.

—Yo he preparado un almuerzo especial para todos con Lily. Por favor chicos. —insistió Alice.

—Vamos. —aceptó Harry, luego de mirar por primera vez las esmeraldas de su mamá y ver en ellas tanta angustia.

Angela vio de reojo a "su hermanito" sonreírle de forma tranquilizadora a la mamá. Tragó saliva y se armó de valor para mirar a su mamá. Se riñó mentalmente al notarla tan preocupada ese día en que sabía la afectaba en sus emociones y nervios el que esa noche fuese luna llena. Le sonrió con cariño y se puso el pasamontañas para ir a la casa.

Neville miró de reojo a su novia, que le había apretado levemente la mano, tragó saliva y miró por primera vez ese día a su mamá. La vio tan angustiada que intuitivamente la ayudó con su Don para Influir Emociones mientras le sonreía con timidez. Se puso rápidamente el pasamontañas y se acercó a sus padres acompañado de su novia.

James, Sirius y Frank se tranquilizaron un poco cuando también a ellos les dirigieron tímidas sonrisas de disculpas, a las cuales correspondieron para tranquilizarlos. Intercambiaron miradas de preocupación en cuanto estuvieron seguros que los chicos no los veían.

Los otros miembros de la Orden del Fénix se limitaron a preguntarles por su estado de salud, luego del ataque en el que habían estado, y agradecerles su ayuda. Desde la reunión en que Jennifer les pidió que no los presionasen para evitarles una recaída casi todos se cuidaban mucho en lo que les decían, las pocas veces que coincidieron con ellos en la casa.

—Hoy están más extraños que de costumbre. ¿Qué les pasa? —les preguntó Hagrid cuando estaban terminando de comer.

—Tuvimos hoy una situación similar a lo que recordamos del ataque a Bristol. —respondió Hermione, rompiendo los diez largos minutos de tenso silencio que se habían adueñado del comedor luego que Emmeline le diese un codazo al semi‑gigante y Benjy los mirase con expresión de disculpa. Los dos los habían visto de lejos proteger a las tres familias, habiéndose cruzado por un momento las miradas de la castaña y el inefable cuando los Weasley entraban a la casa.

—Perdonen chicos. Yo… Lo siento. —se disculpó el semi‑gigante con sus ojos negros como escarabajos llenos de arrepentimiento.

—No se preocupe, señor Hagrid, usted no sabía —le dijo Harry, sintiéndose extraño por decirle así—. Lamentamos no ser mejor compañía y si nos disculpan quisiéramos retirarnos.

—Lo comprendemos perfectamente, chicos. Vayan a descansar —aceptó de inmediato el director—. Nosotros también debemos retirarnos para que todos descansemos.

Jessica se sentía menos afectada que el mes anterior por la luna llena, casi tan bien como estaba desde que la curaron de la licantropía y antes del viaje en el tiempo. Pero apenas llegar a Maidstone se acostó a descansar para no preocupar a los otros, con su prometido acompañándola sentado junto a su cama leyendo unos apuntes que ella les había facilitado temprano a los que entrenaba en Magia Antigua.

Las otras cuatro parejas se sentaron en silencio en el jardín, ellas en brazos de ellos, recostándose unos minutos más tarde en la grama a ver las nubes pasar.

James, Frank y Sirius aparecieron en los árboles cercanos y los espiaron en silencio, preocupados. Desaparecieron unos minutos más tarde para reaparecer en las escaleras, subiendo silenciosamente y verificando que los otros dos chicos estaban medianamente bien. Lo que les habían contado Emmeline y Benjy los había preocupado, aunque no por lo que sabían no habían vivido en Bristol, sino por lo que sospechaban vivieron cuando se vieron transportados en el tiempo.

Una vez que verificaron que estaban tristes pero no existía el peligro de una recaída regresaron a Deercourage para tranquilizar a Jennifer y Remus, a quien sí planeaban acompañar esa noche a diferencia del mes anterior.

—Maldito. —gruñó Harry acariciándose la cicatriz.

—¿Qué tan malo es? —le preguntó Ginny preocupada.

—Soportable. Está muy contento. —respondió el pelinegro.

—¿Por qué cr…? —empezó a preguntar Ron con sarcasmo, recordando lo fuerte que había sido el ataque temprano, deteniéndose al ver aparecer los tres fénix—. ¡No puede ser! —exclamó con incredulidad. Acababan de cenar, sólo habían pasado algunas horas desde que volvieron de batalla.

—Ataque en Cambridge. —les transmitió George.

—Greyback y otros licántropos están allí. —completó Fred, mirando preocupado a su prometida.

—Vamos. —les dijo Jessica decidida.

—Tú no… —intentó Harry.

—Estoy bien y voy con ustedes. —lo interrumpió con tono firme la chica de ojos miel.

—Por favor, quédate aquí mi amor. —le pidió Fred, suspirando al verla denegar y levantarse.

Los otros chicos se miraron y suspiraron, sabiendo que no habría forma de retenerla. Rápidamente fueron tras ella para ponerse sus equipos de batalla y desaparecieron rumbo al sitio que les indicó Harry, luego de comunicarse con los tres pequeños fénix. Cuando aparecieron tragaron saliva al ver el terrible infierno en que habían convertido el lugar los mortífagos con incendios, los licántropos mordiendo y matando a quienes lograban atrapar y a sólo unos metros un grupo de dementores.

—Venus, Gea, Urano, Leto y Neptuno hacia allá —les señaló Harry hacia los dementores—. Nosotros ayudaremos aquí mientras llegan refuerzos. —indicó en dirección a los licántropos.

Sus nueve compañeros asintieron y se desplazaron según sus instrucciones, deseando los cinco primeros que aparecieran pronto refuerzos para poder reunirse con sus compañeros.

Cuando los aurores llegaron encontraron a cinco de los encapuchados ayudando a James, Sirius y Alastor contra una manada grande de licántropos guiados por Greyback. Los hombres lobos ya habían logrado morder a varios niños, tres jóvenes, dos mujeres embarazadas y otros cinco adultos, que estaban en una fiesta infantil de una familia de magos que vivían allí. No habían podido huir porque la red flú de la zona había sido saboteada por Voldemort, por medio de Rookwood.

—Salven a mis niños. —suplicó la agonizante madre del pequeño cumpleañero a la joven encapuchada que intentaba curarla, falleciendo seguidamente.

—Los que hayan sido infectados deben ser trasladados al área posterior aislada del hospital —dijo Alastor con tono firme luego de oírla—. Esta noche es luna llena y no tardarán en transformarse —añadió al ver que tanto los chicos presentes como la mayoría de los hombres de su grupo y del de Scrimgeour denegaban mirando a los más pequeños—. Me disgusta tanto como a ustedes, pero no tenemos elección.

—Ellos no sobrevivirán ahí con los adultos. —protestó Andrew Ford, un auror castaño y bajito.

—Es muy poco probable que sobrevivan a la transformación. —agregó con tono pesaroso Joseph Savage, un auror alto y moreno de barba cerrada.

—Los llevaremos con nosotros para que al menos tengan una oportunidad. —decidió Harry luego de ver la mirada suplicante de "su prima". Los cinco habían levantado sus capuchas una vez que quedaron sólo con los aurores, no viéndose sus rostros por sus pasamontañas pero sí sus ojos y bocas.

—¡Podrían matarlos o contaminarlos a ustedes! —exclamó asustada Dorothy Fleming, una bruja rubia y menudita que trabajaba como medimaga con los aurores, al igual que los Brown.

—Los traeremos a todos aquí en la mañana —dijo Harry, levantando en seguida en brazos al pequeño que estaba más cerca, esquivando las miradas de su padre y su padrino que denegaban—. Vamos al bosque que conocemos, chicos.

Su novia y sus otros cuatro amigos, que estaban llegando en ese momento a buscarlos luego que el ataque cediese en su mayoría, se acercaron rápidamente a ayudarlos. Fred levantó en sus brazos la pequeña que intentaba levantar Jessica.

—Las órdenes del Ministerio son… —empezó Gregory Proudfoot, un auror alto de aspecto hosco que pertenecía al escuadrón de Scrimgeour, deteniéndose al verlos desaparecer.

—Hagamos nuestro trabajo con los demás y mantengamos este lugar despejado —gruñó Moody—. Potter, Black, vayan con Longbottom e intenten ubicar a esos irresponsables. Me notifican de inmediato dónde están si los consiguen.

James y Sirius asintieron de inmediato, apresurándose a ir por Frank que estaba en el punto en que habían atacado los dementores. Decidieron que Frank ayudaría a Jennifer y Angelica con Remus para que las dos mujeres embarazadas no se transformasen en animagas esa noche, estando tan avanzadas en sus embarazos, mientras los dos de pelo negro irían con los chicos ya que tenían años ayudando a su amigo licántropo.

Viajaron los dos a Maidstone para que "canuto" se hiciese con el olor de los chicos y luego al bosque de Bristol. En sus profundidades, casi una hora más tarde, Sirius pudo ubicar a los diez chicos en sus formas animagas y los pequeños que en ese momento empezaban a transformarse.

Fue una noche terrible para los doce animagos, pues de los nueve pequeños que llevaron los chicos allí tres murieron transformándose en licántropos y cuatro en el proceso de recuperar su forma humana. Sobrevivieron al proceso una niña de siete años, que era arrullada por una sollozante Jessica, y un niño de ocho años, a quien tranquilizaba con dulzura Angela mientras silenciosas lágrimas bajaban por su rostro.

Ginny les atendía a todos los rasguños y magulladuras luego de hacerlo con los dos niños, con ayuda de su amiga castaña pues la de ojos miel no estaba en condiciones ni físicas ni anímicas de hacerlo.

—¿Qué será de ellos dos? —le preguntó Harry a James, suspirando al verlo bajar la cabeza—. Volvamos con todos a Cambridge como dijimos.

—Pero ellos… —protestó Jessica, deteniéndose en un sollozo al verlo denegar.

En ese momento apareció junto al grupo un bastante preocupado Frank, que comprendió todo al oírla y ver tanto a los niños muertos como a los dos pequeños sobrevivientes.

—No podemos hacer más por ellos. —le dijo James a la chica de ojos miel con tono dulce, acariciándole con cariño la cabeza.

—Hablaré con Catherine y Charlton para que hablen con su jefe e intenten ingresarlos al programa especial que ellos están creando desde hace seis meses. —les prometió Frank, tomando en brazos a la niña mientras Sirius lo hacía con el niño. James ayudó a Harry, Ron y Neville a ubicar los siete niños muertos en las cuatro camillas que hicieron aparecer Ginny, Hermione y Luna.

—¿Cómo justificarán el aparecer con nosotros? —les preguntó la rubia a los tres aurores, con la voz tornada por el llanto retenido.

—Ya se nos ocurrirá algo —respondió James—. Ustedes sólo aparezcan con nosotros para entregar a los niños y desaparezcan de inmediato hacia Deercourage. Suficiente tienen con lo vivido ayer y anoche para preocuparse de algo más.

Los diez chicos asintieron en aceptación, demasiado agotados física y anímicamente para hacer otra cosa. Se pusieron sus pasamontañas y capas para luego rodear a los tres aurores y los pequeños, desapareciendo a la orden de Frank.

—¡Por Merlín! —exclamaron la medimaga menudita y Catherine Brown al verlos aparecer en la casa del cumpleañero ahora fallecido.

—¿Mordieron a alguno de ustedes? —preguntó de inmediato el medimago canoso.

Los diez chicos denegaron. A Jessica, Hermione, Ginny, Luna y Angela se les escaparon algunos sollozos, desapareciendo de inmediato con sus novios.

—¿Frank? —preguntó Charlton preocupado.

El castaño miraba los pequeños muertos intentando buscar su voz y armar una excusa creíble. El oír los sollozos lo había trastornado, ya que hasta ahora los chicos siempre se habían presentado ante los demás como un grupo fuerte, sólido e imperturbable.

—Cuando logramos ubicarlos ya habían fallecido ellos tres. —respondió James con voz hueca señalando a los pequeños que murieron durante la transformación.

—No logramos convencerlos de venir porque querían darles la oportunidad de sobrevivir a los otros, pero ellos cuatro no lo lograron. —completó Sirius con la voz ronca, señalando a los que no habían recuperado totalmente su forma humana.

—¿Quiénes curaron a estos dos pequeños? —preguntó el medimago canoso luego de examinar a los dos sobrevivientes y a los siete fallecidos.

—¿Algún problema con ellos? —quiso saber Rufus.

—Todo lo contrario. No sólo les han cerrado muy bien las heridas sino que les han dado el calmante adecuado para sus edades y el proceso que han sufrido. —respondió el hombre mayor, interrogando en seguida con la mirada a los tres aurores.

—Dos de las jóvenes del grupo curaron a los niños, a ellos y a nosotros. —se decidió a responder James luego de un par de minutos de silencio, pasando su mano derecha por su cabello en señal de evidente cansancio.

—¿Cómo hicieron para controlarlos y que no contaminasen a ninguno? —preguntó el auror alto y moreno de barba cerrada.

—Hechizos aturdidores, movimientos rápidos para confundirlos y… No sé Joseph, fue todo demasiado rápido y al mismo tiempo lento. —respondió Sirius con tono cansado.

—¿Pudieron ver a alguno de ellos o algo que nos sirva para identificarlos? —preguntó el auror castaño y bajito, agregando al verlos denegar—: Parece que los diez son jóvenes y cinco de ellos son chicas.

Los tres amigos suspiraron y asintieron.

—Vayan ustedes tres a descansar y se me reportan a final de tarde, cuando estén más despejados para que me den la mayor información posible. —les ordenó Alastor con el tono hosco normal en él, ocultando así su preocupación por ellos y los chicos.

James, Sirius y Frank desaparecieron en seguida, agradecidos porque su jefe les permitiese irse de allí ya que no tenían cabeza para responder más preguntas. Al aparecer en Deercourage los tres se paralizaron.

—REMUS ES UN LICÁNTROPO Y ÉL NO… —gritaba Jennifer fuera de sí.

—ÉL TENÍA A SUS PADRES VIVOS, QUE LO CUIDARON Y EVITARON QUE SE UNIESE A UNA MANADA DE ASESINOS —gritó Edgar interrumpiéndola—. ELLOS NO SÓLO VIOLARON LAS LEYES DEL MINISTERIO QUE SON PARA PROTEGERNOS A TODOS, SINO QUE HAN DICHO QUE ENTREGARON A LOS SOBREVIVIENTES. —continuó con una mezcla de rabia y disgusto.

—¿Y qué querías que hicieran? —le preguntó Lily furiosa, con sus esmeraldas centelleando peligrosamente.

—DEBIERON DEJAR EN PRIMER LUGAR QUE SE LOS LLEVASEN LOS AURORES Y… —empezó a responderle el rubio.

—Si hubiesen hecho eso estarían ahora muertos, o se los habrían llevado con los otros los que atacaron a San Mungo. —lo interrumpió entre lágrimas Alice.

—¿Y QUIÉN EVITARÁ QUE SE UNAN A ESOS ASESINOS MÁS ADELANTE O QUE MUERAN EL PRÓXIMO MES? —preguntó el rubio.

—No sé qué pasa aquí, pero ahora mismo dejas de gritar a mi esposa y a Lily. —se interpuso Frank varita en mano frente a él.

—Ellas no permiten que hagamos entrar en razón… —empezó Edgar a explicarle, sin amilanarse por su expresión pero conteniéndose para no seguir gritando.

—Claro, como estás actuando tan coherentemente para hacer entrar en razón a alguien. —lo interrumpió Angelica con tono helado y sus ojos azules como rayos de tormenta que parecían querer incinerarlo—. Además que te estás descargando con quien menos debes —siguió mientras retenía con dificultad a Sirius—. Los chicos no sabían del ataque al hospital.

—Ellos sólo hicieron su mejor esfuerzo para salvar vidas en el ataque. Lo menos que necesitan es que tú los estés tratando así luego de la noche que han pasado intentando salvarles la vida a esos niños. —le espetó furioso James, de pie junto a Frank con su varita afuera también, interponiéndose entre el rubio y las esposas embarazadas de ambos.

—No debieron… —empezó de nuevo el rubio.

—Ya basta Edgar —lo interrumpió con firmeza Benjy. Había estado ayudando a George a darle la poción color verde grama a Angela, con bastante dificultad debido a lo irregular de su respiración, por lo que no había intervenido antes—. Son sólo unos chicos que la han pasado bastante mal. Probablemente no saben del porqué de la Ley de Registro de Licántropos e hicieron lo que creyeron mejor en su afán de ayudar a otros.

—Es una lástima lo que esos niños tendrán que vivir a partir de hoy. —comentó triste Arabella.

—Voy a hablar con Charlton para que los ingresen al programa especial para víctimas de licántropos. —dijo Frank mientras Angelica dejaba de interponerse frente a Sirius, que al ver callarse al rubio miraba ansioso en dirección a los chicos.

—No creo que ese programa siga luego de lo ocurrido en el hospital. —replicó el rubio con tono molesto pero ya más calmado.

—¿Qué pasó en San Mungo? —preguntó James que quería entender la actitud de Edgar, la cual no era normal en él.

—Greyback apareció allí con otros luego de desaparecer de Cambridge y atacó a quienes cuidaban el ala con los licántropos. Isabelle Attwood y Michael Ayton, mis compañeros de estudios de Ravenclaw que se habían graduado de medimagos, están muertos —le respondió el rubio con tono abatido—. Catherine y Charlton Brown no podrán seguir solos el programa con Marlon Harris y dudo que alguien más se les una luego de lo ocurrido allí.

—Lo siento Edgar. —musitó Frank. Sabía que eran amigos muy cercanos del rubio.

—Albus está en el hospital con Minerva. —informó Benjy a los tres aurores.

—Vamos arriba para que descansen un poco, chicos. —les pidió Jennifer preocupada.

—¿Remus está bien? —le preguntó Jessica en tono bajo, preocupada por su papá. Se sentía atontada por la fuerte dosis de poción calmante que la había obligado su mamá a tomar, al igual que a sus amigos, cuando los vio llegar llorando.

—Sí, él está bien. Vamos a los cuartos del primer piso. —le respondió la estudiante de medimagia acariciándole la cabeza con cariño.

—Nosotros debemos irnos. —intentó oponerse Harry, con voz débil, haciendo mella en su organismo la tensión vivida las últimas veinticuatro horas y el haber tomado la poción.

—Luego que descansen, por favor. —les pidió Lily.

—De acuerdo. —aceptó su hijo casi balbuceando.

Edgar abrió los ojos al máximo al ver al chico deslizarse en la silla. James apenas si lo pudo retener a tiempo.

—¡Marte! —exclamó éste asustado.

—¿Gea? ¿Urano? ¿Venus? ¡Jennifer!, ¿qué les pasa? —preguntó aterrada Alice, mientras sostenía a la menuda pelirroja en la silla y veía a Angelica y Frank ayudar con los otros dos chicos.

—¿Qué les diste a tomar? —preguntó asustado Sirius, con su hija muy alterada y desmadejada en sus brazos.

—Sólo poción tranquilizante, al igual que a los otros —le respondió ella asustada, pues el otro gemelo sostenía a su hija que acababa de perder el conocimiento. La evaluó de inmediato y suspiró soltando el aire retenido—. Es una reacción a la poción por la excesiva tensión nerviosa que los diez han vivido.

—¿Estarán bien? —preguntó preocupado George que, al igual que Fred, Luna y Neville, luchaba con el adormecimiento de su cuerpo.

—Sí. Tranquilos. —le sonrió Jennifer.

—Hora de investigar quiénes son y llevarlos con sus familias o al hospital. No pueden seguir así. —dijo Benjy decidido, preocupado por ellos.

George de inmediato apuntó con su varita a su esclava invisible y activó el trasladador de emergencia. Lo había creado con su novia el día antes. Desapareció con sus nueve compañeros rumbo a la cueva en Bristol.

—No, Benj… —intentó Frank evitar el desastre, cayendo su cabeza hacia delante al desaparecer de entre sus brazos el pelirrojo alto.

—NOOO. —gritaron a coro Lily y Alice con angustia.

—¿Qué pasa? —entró preguntando Remus. Había bajado preocupado porque, desde el cuarto del primer piso en que lo recostaron temporalmente, había oído los gritos de la discusión. Estaba sosteniéndose de la puerta, débil y con su rostro mostrando los estragos de la reciente transformación.

—Edgar y Benjy acaban de alejar definitivamente a los chicos en el peor momento. —respondió furiosa Angelica.

—¡¿Qué?! —exclamó asustado Remus mientras las fuerzas le fallaban.

—Calma. —le dijo James apresurándose a sostenerlo, al igual que Sirius.

Lily abrió sus esmeraldas al máximo al sentir el sickle falso en su bolsillo calentarse. Lo sacó y lo ubicó sobre la mesita frente a ella. Se secó con rapidez las lágrimas y le apuntó con su varita. Leyó el mensaje en voz alta para tranquilizar a su esposo y sus amigos.

Estamos bien. Manchita y Moteada velarán nuestro descanso mientras nos recuperamos de la reacción a la poción. Nos comunicaremos por este medio nuevamente.

Júpiter.

—¿Manchita y Moteada? —preguntó intrigado Benjy.

—Dos cachorros de leopardo que encontraron en el lugar en el que se están quedando. —le respondió James.

—Espero que tengan las defensas del sitio activadas de alguna manera, porque no estaban en condiciones de ponerlas. —comentó preocupada Alice mirando a su esposo.

—Son chicos listos. Es probable que las tengan preparadas para activarse apenas lleguen de una batalla. —le respondió él con cariño.

—Me van a disculpar todos pero Lily, Alice y Remus requieren reposo, al igual que Sirius y yo que acompañamos a los chicos anoche. —dijo James, despidiendo a los demás miembros de la O.D.F. tan sutilmente como le era posible.

Ya no podía más. El saber que Remus había vivido algo tan terrible como lo visto esa noche con los pequeños le tenía ya deprimido, estando una vez más convencido que el día que Sirius y él decidieron convertirse en animagos tomaron la mejor decisión. Peor aún se sentía por la sospecha que la hija de su amigo, su sobrina afectiva, había padecido eso siendo una bebé y la habían curado poco antes, por las reacciones de los chicos. El estado anímico de quien quería como un hermano era peor que el suyo. El encontrar la discusión debido a lo hecho por los chicos, su desaparición y la reacción de su esposa… ya no podía más.

—Completamente comprensible. Yo informaré a Albus de todo lo ocurrido. —replicó Aberforth poniéndose en pie, con una seriedad inusitada en él, luego de haber estado ayudando al chico de ojos castaños con la chica de ojos plateados.

Los demás miembros de la Orden del Fénix procedieron a despedirse, disculpándose Edgar y Benjy con los ocho por lo ocurrido con los chicos.

—Sirius y Frank verificarán las protecciones de los chicos. Luego les contaremos lo ocurrido y descansaremos —les dijo James a su esposa y amigos apenas quedaron solos—. Necesitamos tener lucidez y fuerzas para hablar con ellos luego.

Angelica tuvo que dormir con el hechizo a su cuñado y sus dos amigas embarazadas, luego que les contasen los dos Merodeadores animagos lo vivido esa noche con los chicos, pues su gemela no podía darles pociones para tranquilizarlos. Estaba preocupada especialmente por Remus, que llorando les dijo que no soportaba la idea que su hija hubiese sufrido tan cruel proceso siendo pequeña, aunque luego la hubiesen curado.

—¿Según lo que ustedes vieron, Electra…? —intentó preguntar Jennifer luego de verlos dormidos, quedando a la mitad su pregunta al ya no poder contener su llanto.

—No lo creo, amiga. Remus y tú son demasiado responsables y los diez se comportaban de modo similar. —le dijo James para tranquilizarla, mientras la abrazaba para que no viese la expresión perturbada de Sirius.

Angelica durmió con el hechizo a su hermana, recostando con ayuda de Sirius, James y Frank a Alice, Lily, Jennifer y Remus.

—Quiero la verdad ahora mismo. —les dijo a James y Sirius apenas salir del cuarto en que acababan de recostar a su gemela y su cuñado.

—Sus transformaciones nunca fueron como lo que vimos anoche —respondió una voz espectral que los asustó mucho a los tres. Sacaron sus varitas y apuntaron a una figura traslúcida flotando hacia ellos, abriendo los ojos asustados al ver que se trataba de la chica enfermiza—. Tranquilos, mi cuerpo duerme, pero estaba demasiado inquieta por ustedes ocho y tuve que venir. Mi prima no sufrió nunca así por tener sangre Cundáwan y tía conseguirá la cura de la licantropía.

—¿Hija? —preguntó Sirius asustado al ver que fruncía el ceño y miraba hacia atrás.

—Debo irme. El sueño de mi hermanito es tan irregular como el mío. Descansen. —se despidió con una sonrisa y agitando la mano. Miró en dirección al cuarto de Lily y flotó en esa dirección.

Los tres corrieron tras ella asustados, sin entender nada. Allí vieron a esa figura etérea tomar de la mano a la del chico de pelo negro y despedirse los dos con una sonrisa de su amiga pelirroja, que dormía con expresión ahora pacífica en su rostro. Desapareciendo en seguida.

—¿Angelica? —le preguntó aturdido James, luego de verificar que su esposa estaba bien.

—Déjame verificar algo. —le pidió ella. Se sentó en una silla, cerró los ojos y tomó varias respiraciones profundas.

James y Sirius vieron asustados como su cuerpo se relajaba como si estuviese dormida, mientras una figura etérea se desprendía de ella y desaparecía.

—Creo que luego de la noche que pasamos me he quedado dormido y estoy alucinando. —le dijo el de ojos grises al de ojos avellanas mientras se sentaba junto a su esposa y la abrazaba.

—Es extraño que los dos estemos teniendo la misma alucinación y la estemos comentando —le respondió James a quien quería como un hermano—. Es una lástima que le dijese a Frank que se quedase con Alice, porque él nos hubiese sacado de este sueño, pesadilla o lo que sea.

En ese momento vieron reaparecer la figura etérea de Angelica con una sonrisa en su rostro, desplazarse hasta el cuerpo que sostenía su esposo y reingresar en él. Ella parpadeó un par de minutos después, "despertando".

—¿Cariño? —le preguntó Sirius con una mezcla de nerviosismo y amor.

—Los diez chicos están bien y duermen profundamente. Diana y Marte no vinieron voluntariamente, sino que hicieron el viaje inconscientemente por la preocupación que sentían. Ya los dos están más tranquilos. —les dijo ella contenta. Sonrió al verlos parpadear con expresión de no haber comprendido.

—¿Diana y Marte no…? —intentó preguntar James, sin lograr formular algo coherente.

—Ellos creerán que esto fue un sueño y ustedes dos también. Demasiado agotados están por lo que vivieron anoche. Sin embargo recordarán lo que mi hija dijo y yo se los transmitiré también a Jennifer, Remus, Alice y Frank, para que todos se tranquilicen. —les dijo decidida. Usó su don para Percibir e Influir Pensamientos mientras los dormía con el hechizo. Luego llevó flotando a su esposo dormido a la habitación que compartía con él.

Se acercó al cuarto de los Longbottom, entreabrió la puerta y durmió a Frank, que recostado junto a su esposa la miraba con preocupación. Les transmitió con su don para Percibir e Influir Pensamientos lo que había decidido. Luego pasó por el cuarto de su hermana y cuñado a hacer lo mismo, sonriendo al ver que sus rostros adquirían paz. Regresó junto a su esposo luego de sellar la casa y pedirle a los elfos que atendiesen cualquier eventualidad pero no despertasen a ninguno. Tomó poción para dormir sin soñar y se abrazó al hombre que amaba.

Cuando Angelica abrió de nuevo los ojos se encontró con el rostro preocupado de su padre, que la sacudía por el hombro.

—¿Qué pasa? —preguntó intrigada.

—¡Gracias a Merlín ha despertado! —exclamó Poppy—. Pero los otros aún no. —agregó preocupada.

—¿De qué hablan? —preguntó asustada la joven mujer sentándose bruscamente en la cama, mareándose levemente al hacerlo.

—Ya presentamos ese examen, Angelica, déjame dormir un poco más. —protestó Sirius sin abrir los ojos, muy adormilado.

—El señor Potter le ha ordenado a Idun avisarles que la señora y el joven señor Potter están despertando. —entró avisando la elfina.

—La profesora McGonagall le ha pedido a Tyr avisarles que la señora y el señor Longbottom están despertando. —entró tras ella el elfo.

—El señor Moody le ha solicitado a Wykers avisarles que la señora y el señor Lupin están despertando. —dijo la elfina que les seguía.

La enfermera miró interrogante a la última criatura al oírla. Ya estaba confundida por la tranquilidad con que el director se había tomado el encontrar durmiendo juntos a las jóvenes gemelas con los dos revoltosos. «Pero el tratamiento dado por el elfo… ¿Se habrán casado en secreto por la guerra y él está al tanto?».

—Luego te explico, Poppy —le dijo el director. Decidió confirmarle lo que acababa de pensar, según percibió por uno de sus dones—. ¿Estás segura que los ocho están bien?

—Sí, señor. A excepción de la imposibilidad que tuvimos de despertarlos hasta ahora su salud está bien. —le respondió ella de inmediato.

—Disculpa Albus, pero ¿nos puedes explicar de qué hablan? —preguntó Sirius con sus ojos grises mirando a su suegro, la enfermera y los cuatro elfos. Estaba bien despierto gracias a un susurro de Angelica en su oído, que lo alertó sobre la extraña situación de tener a su suegro y la enfermera en la habitación. No comprendía nada luego de ver a su esposa encogerse de hombros a su pregunta muda, sentándose en la cama.

—Desde que Minerva y yo llegamos ayer en la tarde del hospital hemos estado esperando que despertasen para hablar con ustedes sobre lo ocurrid… —empezó a responderle el director.

—¿Ayer en la tarde? —le preguntó asustada Angelica.

—Son las nueve de la mañana del 2 de mayo de 1980. —dijo serio Albus.

—¡Por Merlín! —exclamó Sirius asustado.

—Poppy, verifica el estado de Lily y Alice. —le pidió el director.

—En seguida. —asintió ella, saliendo seguidamente del cuarto.

—¿Qué nos pasó? ¿Saben algo de los chicos? —preguntó asustada Angelica apenas salir la enfermera.

—El último hechizo que detecté fue de tu varita, durmiendo a Frank. La cantidad de poción que tomaste para dormir no es suficiente para tantas horas, por eso hice venir a Poppy —le dijo el director mirándola preocupado—. Los chicos no han respondido nuestros mensajes, pero Fawkes dice que están bien, durmiendo en su campamento en Bristol.

—¿Los chicos también están como nosotros? —preguntó asustado Sirius.

—Eso parece. —respondió su suegro.

—¿Pero qué pasó, papá? —preguntó muy asustada Angelica.

—Si no lo sabes tú, que dormiste a tus amigos, nosotros menos. —le respondió él con el ceño fruncido.

—No. Yo sólo los dormí a todos por tres horas. Se suponía que estaríamos despiertos para la hora del almuerzo. —replicó ella asustada.

Justo en ese momento apareció Rea con un mensaje en las patas, volando directo hacia el director para entregárselo.

—Los chicos quieren saber si Lily, Alice y Remus están bien. Se disculpan por no haberse comunicado antes y me piden que le diga a Jennifer que vaya a Maidstone para hablar con ella —les resumió luego de leer el mensaje—. Deben estar tan desconcertados y preocupados como ustedes —reflexionó en voz alta—. Le pediré a Poppy que vuelva al colegio y a ellos que vengan aquí.

—Idun, Tyr, Dotty, Wykers, por favor avísenles a los demás sin que la enfermera se entere y luego preparen una comida. —les pidió Sirius.

Albus salió tras las criaturas para darles privacidad.

Angelica se había quedado inmóvil con la vista fija en el vacío, intentando entender la extraña sensación que había tenido al visitar a los chicos de aquella manera tan especial. «¿Habré generado yo este sueño profundo en los dieciocho con ese viaje al chocar mi energía con lo que los altera a ellos diez?», se preguntó preocupada.

—Tranquila, mi amor. Al parecer tanto los chicos como nosotros estamos bien. —le dijo Sirius con cariño, preocupado por como la veía.

Su esposa asintió, le sonrió y le dio un beso en la boca. Luego que se separaron se incorporaron rápidamente para asearse e ir a la planta baja.

Quince minutos más tarde los diez chicos fruncieron el ceño, al enterarse por el director que las cuatro parejas también habían estado durmiendo profundamente el mismo tiempo que ellos. Los inquietaba que no tenían una explicación tampoco.

—¿Es posible que la alteración que sufrimos nosotros diez, por el viaje temporal, les esté afectando de alguna manera a ustedes por la cercanía que tenemos? —le preguntó preocupado Harry al director.

—No lo creo —le respondió él con tono calmado, sabiendo lo crucial que era su respuesta para que los chicos no rompiesen contacto definitivamente—. Jennifer les dio poción tranquilizante a todos ayer en la mañana, según me ha dicho, luego ustedes tuvieron una reacción por el estrés al que estuvieron sometidos. Es posible que algo similar ocurriese con ellos ocho. Los dieciocho están bien de salud física y profundamente descansados, así que lo ocurrido fue positivo.

—Ustedes se fueron de aquí ya afectados, mientras que nosotros estuvimos despiertos un rato más. —agregó la pelirroja embarazada rápidamente.

—Por favor no se alejen de nosotros por esto. No ha sido culpa de ustedes sino de lo que vivimos. —les suplicó la rubia tan angustiada como su amiga, acariciándose el abultado vientre y mirando a su hijo.

—Lily y Alice no pueden seguir participando en batallas ni sometidas a estrés. —dijo muy seria Jessica, preocupada.

—Los tres últimos meses de embarazo son cruciales para la salud de los bebés. —afirmó Jennifer asintiendo, de acuerdo con ella.

—Un futuro mejor no se construye solamente luchando con Voldemort y los mortífagos, sino cuidando de construir ese futuro en las familias, atesorando momentos felices y trayendo pequeños que lo llenen de risas y sueños. —les dijo con suavidad Angela al verlas fruncir el ceño, recordando las cartas que les habían enviado a sus tíos.

—Por favor. —suplicaron a coro Harry y Neville al verlas denegar.

—De acuerdo. —claudicó Alice, sonriendo al sentir los labios de su esposo en los suyos.

—Los Potter no pueden dejar de existir porque Voldemort los asesine, ni tampoco por enfrentarlo para detenerlo poniendo en peligro la vida del bebé. —presionó Harry a su mamá.

—Ustedes son tan peligrosos con sus palabras como con sus varitas —reprendió Lily a los dos chicos de pelo negro, la de ojos miel y el castaño, bufando al verlos sonreír levemente—. Muy bien, no me presentaré más a batallas.

James de inmediato la abrazó y la besó en la boca. Angelica, Jennifer, Sirius, Remus, Minerva, Alastor, Albus y Charlus sonrieron. Los hijos habían logrado lo que sus esposos, medimagos, amigos y familia no.

—Vamos al comedor. Esto hay que celebrarlo. —dijo muy feliz el papá de James.

El lunes 19 de mayo, después de llevar dos semanas con Alice y Lily no participando en los escasos ataques que habían ocurrido, pues Voldemort parecía replegarse y concentrar fuerzas, Jessica se decidió a presionar definitivamente a "su primo" con decirles la verdad. Influyó el que Jennifer les contase en el almuerzo que sus amigos Catherine y Charlton Brown habían sido ese domingo los padrinos de boda de Marianne Harris y Danny McMillan (padres de Dani, Jefferson y Amy), celebrando por lo tanto esa noche Catherine su cumpleaños en la boda de su compañera de colegio.

—Marte, se me ha ocurrido una forma de decirles que Peter es el traidor sin alterar a Lily o a Alice. —comenzó cuando estaban terminando con la cena.

—Electra, por favor, entiende que no vamos a cambiar lo que ocurrió. —le dijo Ron con el fastidio reflejado en su voz. Estaba cansado que todas las noches fuese igual.

—Por lo que nos han dicho él ya ha incursionado dos veces más en la casa cuando ellos están en batallas —siguió impertérrita la chica de ojos miel, haciendo caso omiso de lo dicho por su cuñado menor—. Podemos decirles en la próxima batalla que él desaparezca que ya lo habíamos visto hacerlo en las anteriores, para que ellos aten cabos.

—No podemos intervenir de esa manera, Electra. Lo sabes. —intentó Hermione con tono suave, queriendo convencerla sin discutir.

—No, no lo sé y tú tampoco. Ninguno de nosotros lo sabe con certeza. No has podido conseguir con exactitud qué fue lo que sucedió cuando fue formulada la Profecía Cundáwan original. —replicó Jessica decidida.

—Pero conocemos su contenido actual y sabes tan bien como cada uno de nosotros que se está cumpliendo a cabalidad. —le respondió Harry, triste pero decidido ya habiendo asimilado completamente que no podían intervenir.

—Papá insistió muchas veces, mientras la analizábamos, que las profecías no siempre se cumplen. —le refutó ella.

—Pero hay sucesos claves de la historia que no pueden ser cambiados. —la contradijo Angela.

—Eso es lo que enseñan los Cundáwans porque así lo han transmitido desde que los antiguos lo dijesen, pero eso no lo hace necesariamente cierto. —replicó su prima.

—No se puede cambiar lo sucedido, Jessica, y tú sabes bien que me duele que sea así. —le dijo Harry tomándole las manos con cariño.

—Por eso mismo no comprendo que te niegues a oírme —le dijo la chica de ojos miel con dulzura, apretando sus manos levemente—. No rompimos la ley que establecieron los antiguos Cundáwans porque no vinimos aquí voluntariamente a cambiar las cosas, así que no nos veremos afectados al actuar —agregó convencida—. Sólo tenemos que decirles sobre Peter —presionó al verlo bajar la cabeza y denegar—. Ustedes desean hacerlo tanto como nosotros. ¿Por qué se niegan entonces? —insistió.

—Porque por nuestro entrenamiento en el don del Manejo de la Energía sabemos que no podemos intervenir. —le respondió Angela, mirando seguidamente a "su hermanito". La insistencia de su prima durante esas tres semanas la había obligado a abandonar su posición neutral y apoyar a su cuñada, como lo hacía la castaña.

—El señor Raymond cree que es así porque así le enseñaron y así les enseña a ustedes, pero si los antiguos se equivocaron eso podría no ser cierto —replicó Jessica—. Nosotros no podemos permitir que una enseñanza incompleta nos coarte de salvar las vidas de aquellos a quienes queremos.

—No podemos, Jessica. Me duele en el alma pero no podemos —le dijo Harry con tono firme, clavando sus esmeraldas en los ojos color miel de ella—. Debemos contenernos y no intervenir, por favor asúmelo y no insistas más.

—No entiendo cómo puedes pedirme eso cuando sabes tan bien como yo la manera en que van a morir Lily, James, Angelica y Jennifer, nuestros amigos y padres. —le replicó ella con dolor en el tono de voz y sus ojos miel llenos de lágrimas.

—Debemos activar sus dones y mostrárselos, Harry. Sólo así comprenderán. —le dijo Hermione mientras una lágrima bajaba por su mejilla.

—No. No sabemos si es peligroso para ellos. —se opuso él con tono ronco.

—¿Quieren activar nuestros dones para enseñarnos la misma teoría que han estado transmitiendo los Cundáwans desde que la establecieron los antiguos? —preguntó Fred con tono molesto, decidido a apoyar a su novia.

—No. Queremos activarlos en ustedes para demostrarles que, lamentablemente, tenían razón. —le respondió Ginny.

—He dicho que no lo haremos mientras estemos en este tiempo con tantas irregularidades afectándonos. —dijo con tono decidido Harry.

—Pues o nos activan esos dones y me demuestran de forma verificable que es peor intervenir que verlos morir, o yo voy a evitar que Pettigrew destroce nuestras vidas. —explotó Jessica soltando las manos de Harry y levantándose.

—No, no lo harás. —le dijo él con tono firme, incorporándose también.

—No voy a permitir que asesinen a mamá de la forma tan cruel y dolorosa que lo hicieron. Tampoco que papá siga padeciendo la agonía de las transformaciones mes a mes, como lo ha estado haciendo desde que era un niño pequeño como los dos que les salvamos la vida. Tus padres morirán de forma instantánea, Harry, pero los míos padecieron torturas horribles y no me puedes pedir que no haga algo para detenerlo. —replicó Jessica fuera de sí.

—Pero yo sí puedo exigirte que no lo hagas. —le dijo Angela con tono frío, de pie desde que la vio dejarse llevar por sus emociones y disgustada por lo que le acababa de oír.

—¿Exigirme? —se revolvió contra ella la chica de ojos miel, sus ojos mostrando cuan cerca de la superficie estaba la lobezna.

—Sí. No voy a permitir que por tu mal carácter lastimes a Harry de la manera que lo has hecho. Cuando me aceptaste como tu tutora para los dos últimos niveles de Magia Antigua hicimos un pacto y lo haré cumplir de ser necesario. Así que ahora mismo te controlas. —le exigió con dureza.

—Angela, no… —empezó Harry asustado.

—Ni siquiera Fred puede intervenir. —lo cortó ella.

Jessica empezó a respirar agitadamente, furiosa, a punto de convertirse en lobezna. Pero por un momento vio en su prima los rasgos de Sirius y la mirada de Angelica. Se giró y vio a James y Lily en el chico que quería como un hermano. Soltándose a llorar salió corriendo de allí con su prometido tras ella.

Angela cerró los ojos y bajó la cabeza, dejándose abrazar por su novio que la sentó en una silla. Denegó cuando él le dijo que le daría poción para los pulmones, abrazándose a él con los ojos cerrados aún.

Rea, Moony y Hera aparecieron en ese momento frente a ellos, volando la primera hacia George mientras los otros dos pequeños fénix volaban en busca de Fred y Jessica.

—Ataque en Manchester frente al Museo Salford. —anunció George.

—Por hoy que se las arreglen sin nosotros —dijo Harry con tono cansado—. ¡Maldita sea! No estamos en condiciones de ir. —protestó al sentir la perturbación en la energía.

—Tenemos que ir. Alice y Lily están allí, ya que estaban visitando a los abuelos paternos de Neville. —le dijo George.

—¡Pero ellas dijeron que no participarían en más batallas! —exclamó preocupado y asustado el aludido.

—Están bloqueadas las apariciones en Manchester. —entró diciéndoles Jessica de la mano de Fred.

—¡Maldito Voldemort! —rugió Harry.

—Si está usando Magia Antigua tumbamos ese bloqueo tú y yo. —le dijo Angela decidida.

—Si no es así lo quitamos Urano y yo mientras ustedes las sacan de ahí. —afirmó Hermione señalando al castaño y a su mejor amigo.

—Jessica… —empezó Angela con tono de disculpa, mirándola a los ojos.

—Vamos al ataque, no tenemos tiempo —la interrumpió ella—. No estoy molesta contigo, hermanita, tampoco con Harry. Pero debemos irnos. —agregó con tono dulce al verla bajar la mirada.

—Tiene razón, vamos. —asintió él luego de sonreírles con cariño a las dos.

Aparecieron en el Peel Park por medio de un trasladador Cundáwan hecho por Ginny. Se desplazaron a la carrera desde allí hacia el lugar central del ataque, al cual se les dificultó llegar por la gran cantidad de mortífagos presentes tanto novatos como bien entrenados.

Luego de casi veinte minutos lograron llegar cerca de la zona en que combatían los miembros de la Orden del Fénix. Los diez se asustaron mucho cuando vieron a Lily, Alice, James y Frank combatiendo con Lord Voldemort y unos mortífagos experimentados. Se desplazaron hacia el lugar al mismo tiempo que lo hacían Albus, Minerva y Alastor, desapareciendo el terrible mago oscuro al ver acercarse al director del colegio.

—Hacia la estación Salford. Desde allí podrán irse ellas y los heridos. —les dijo Harry apenas logró acercárseles, hablándoles frente a desconocidos en batalla por segunda vez desde que apareciesen en los ataques.

—Hay un bloqueo en la ciudad para las apariciones. —le respondió James.

—Lo sabemos, pero desde la entrada de la estación podrán irse. Nosotros nos encargamos de hacer un portal allí. —replicó su hijo.

—¿Cómo harán eso? —preguntó Alastor, pues ya Minerva y él lo habían intentado.

—Usando el mismo nivel que está usando mi enemigo —masculló Harry enojado—. Vamos a abrirles camino, chicos. —agregó en voz alta.

—¿Podrán venir otros a ayudar a través de ese portal? —repreguntó el auror, pues comprendió que el chico no le respondería su pregunta.

—Sí. —le respondió escuetamente Harry, desviando con su capa una maldición al interponerse frente a su mamá.

El director los miraba preocupado, pues él acababa de llegar y percibir el tipo de bloqueo que estaba usando Tom Riddle. «¿Lo sabrá el chico Potter? ¿Sabrá hacer el portal que ha dicho? Yo no tengo suficiente dominio de la Magia Antigua para hacer lo que él propone».

Con bastante dificultad lograron llegar con Alice, Lily y los heridos hasta el lugar indicado. Angela y Harry establecieron en silencio el portal para los transportes, mientras Jessica y Neville establecían un escudo protector alrededor del lugar y los demás combatían.

—Están desplazando el ataque hacia la estación Piccadilly. —anunció Frank al ver la forma en que se desplazaban los mortífagos.

—El portal de traslados está listo y protegido. Vamos chicos. —dijo Harry, desplazándose en seguida luego de despedirse con un gesto con su varita de su mamá.

—Vayan con ellos, nosotras avisamos. —apremió Lily a su esposo y acompañantes, sonriendo al verlos asentir.

James y Frank aceptaron porque vieron que las protecciones puestas por los chicos desviaban del lugar la mayoría de las maldiciones, como las extrañas capas que usaban en las batallas. Además las estaban dejando en un lugar seguro. Pensaban que se irían de allí apenas dejasen a alguien en su lugar.

Después de veinticinco minutos de fiero combate los dos decidieron volver hacia la estación Salford. A James le había informado Benjy que Lily continuaba allí con Alice, ayudando a coordinar a los que llegaban a ayudar, mientras que Edgar le avisaba a Frank. James estaba combatiendo en compañía de Remus, mientras Frank lo hacía con Sirius. Se habían tenido que dividir durante el combate, pero procurando nunca quedar solo ninguno de ellos además de luchar siempre en parejas.

Normalmente cuando Lily no estaba presente era Sirius quien combatía al lado de James, pero los cuatro padres se habían visto separados luchando por ayudar a sus hijos, reuniéndose de nuevo James y Remus por un lado y Sirius con Frank a unos metros, distanciándose entre ellos por la pelea sin poder evitarlo.

—Hacia allá, chicos. —les ordenó Harry señalando la calle cercana, en dirección opuesta a la que tomarían su papá y su tío. Quería alejarse tanto como fuese posible de ellos para evitar que los envolviesen a todos, si estaba en lo correcto en su percepción.

Jessica se acercó lentamente al joven que en un futuro cercano sería su padre y al joven hombre que consideraba su tío. Tenía mucho miedo de cometer un grave error, pero el sólo pensar que estando allí pudiese evitar tanto sufrimiento y no hacerlo le parecía simplemente inadmisible. No entendía cómo lograba contenerse Harry de actuar, ella simplemente no podía. «Christopher tiene razón, los Antiguos han cometido muchos errores. Además papá nos insistió mucho en que las profecías no necesariamente se cumplían».

—Electra, ven. Debemos irnos. —la llamó Fred preocupado.

—Remus, James, debo hablar con ustedes de algo importante. —les pidió Jessica mientras se acercaba más decidida. «No puedo flaquear por él».

—No lo hagas, mi amor. —corrió Fred rápidamente hacia su novia para detenerla.

—Ellos tienen derecho a saber. —replicó ella corriendo hacia ellos.

Los dos Merodeadores los miraban interrogantes. Abrieron los ojos de par en par al ver a un grupo de mortífagos surgir corriendo del lado derecho por detrás de la chica, que acababa de pasar frente a la entrada a esa calle y por lo tanto no los vio, apuntándoles pero sin tener visibilidad buena para defenderse y defenderla sin lastimarla.

—NECESITAMOS AYUDA AQUÍ. —gritó Fred desesperado al saber que su novia, su suegro y el líder de los Merodeadores estaban en una situación comprometida. Ellos dos se habían quedado por el llamado de su novia y no la dejarían en peligro. Además había alcanzado a ver otro grupo de mortífagos cortando el paso tras James y Remus antes de perder visibilidad.

Suponía que Jessica también habría visto a ese grupo pero no al que estaba tras ella, mientras los dos Merodeadores verían al que estaba tras ella pero no al que les bloqueaba el retroceder. Los habían rodeado a los tres en sólo un par de minutos y eran demasiados para ellos. Fred empezó a combatir con su mejor habilidad. Los otros chicos se les unieron rápidamente.

Tardaron casi quince minutos en abrir una brecha entre los cincuenta mortífagos para llegar a ellos tres. Harry sintió que se quedaba sin aire en los pulmones al verlos a los tres inconscientes en el piso y sangrando, reaccionando al oír gritar a su hermanita con una mezcla de furia y desesperación:

—¡NO! ESTO NO PUEDE OCURRIR.

Percibió con el don del Manejo de la Energía una alteración en el continuo espacio‑tiempo y se le encogió el corazón.

—Nosotros cinco los sacamos mientras ustedes cuatro nos abren camino —organizó George al ver que tanto su cuñado como su hermano menor no decían nada—. Marte, Neptuno, Mercurio, pronto. —los urgió al ver que no se movían.

—Leto, Diana, ayúdenme. —les pidió Hermione desesperada, pues sólo George, Ginny, Ron y ella combatían en ese momento y los estaban rodeando nuevamente.

Los cinco reaccionaron. Neville corrió a ayudar a Harry con James. Se ubicaron uno a cada lado de la camilla flotante que el castaño había convocado, al igual que Fred, George, Ron y Luna hacían con Jessica y Remus. Los seis evitaban que pudiesen alcanzar a herir a uno de sus protegidos, mientras al mismo tiempo ayudaban a abrir camino.

Ginny, Hermione y Angela combatían con tal ferocidad que no sólo abrieron la nueva brecha que los llevaría con los miembros de la Orden del Fénix, sino que empezaron a responderles a las Maldiciones Imperdonables con maldiciones. Se estaban dejando llevar por la desesperación que sentían por sacar a los tres heridos hacia un lugar seguro.

Cuando oyeron las voces de Edgar, Benjy, Sirius y Frank, tras la barrera de enemigos que les impedía llegar a la Estación Salford, sintieron crecer en sus pechos las esperanzas de lograrlo. Estaban a punto de reunirse con los cuatro cuando de pronto uno de los mortífagos lanzó chispas verdes al aire y desapareció con los otros, pues su amo había quitado el escudo que impedía las desapariciones.

—¡Dementores! —exclamó asustado Neville al comprender la maniobra.

—Mercurio, Venus y Júpiter, sáquenlos de aquí con ayuda de Sirius y Frank. Nosotros nos ocupamos de ellos. —les ordenó Harry. Se concentró de inmediato en la imagen del rostro de su novia cuando aceptó comprometerse con él, para lograr convocar su patronus.

Su cornamenta plateado se desvaneció un minuto después al oír a su padre quejarse. Logró convocarlo de nuevo al ver a una de las terribles criaturas acercarse a Neville y James. En ese momento era tan fuerte y poderoso su patronus que destruyó rápidamente a ese dementor y otros dos.

El ciervo de Harry, el fénix de Ginny y la águila de Angela abrían camino entre los abominables seres hacia el punto en que habían oído las voces de los miembros de la Orden del Fénix, mientras el oso de Neville los protegía a él, James y Harry. El oso polar de Luna los protegía a ella, Ron y Remus, así como el zorro de Fred lo protegía al igual que a Jessica y George. La comadreja de Ron, la nutria de Hermione y el tigre de George iban a los lados y atrás permitiéndoles la huida. En unos minutos lograron llegar con los miembros de la Orden del Fénix.

—Dejen a Remus y James en el piso y entréguenme sus varitas. —les ordenó Benjy apenas los vio.

—¿Estás loco? —le gritó Angelica mientras Jennifer corría a examinar a su esposo.

—Una de ellas los retuvo. Son mortífagos. —rugió Edgar.

—¿No ves que Electra también está malherida? —le refutó enojado Sirius, ayudando a los chicos con su águila.

El rubio y el moreno, que no habían visto a la chica, tragaron saliva al ver las heridas de los tres en las camillas.

—Los mortífagos no guardan lealtad entre ellos y los otros nueve están en pie. —afirmó Benjy.

—NO HAY TIEMPO PARA ESTO. —gritó desesperada Lily, que había llegado hasta ellos con su amiga rubia. Ni ella ni Jennifer lograban convocar patronus.

Los de Harry y Fred habían desaparecido ante el planteamiento de los dos miembros de la Orden del Fénix y los quejidos de los tres heridos inconscientes.

Angela los miró a todos, deteniéndose su vista un segundo en los heridos, la gran cantidad de dementores que les rodeaban y tomó una decisión.

—Angelica, la capa como trasladador suave y preciso. Júpiter, saca a Electra, Mercurio y Venus al punto dos. Marte y yo les haremos de cebo a los dementores para alejar la mayor cantidad posible de aquí. Los demás encárguense de protegerlos. Gea y Urano nos sacarán a nosotros cuando ustedes se hayan ido. Leto y Neptuno los ayudarán.

—¡NO! —gritaron a coro Lily, Angelica y Sirius, asustados.

—Hagan lo que ha dicho Diana. —les ordenó Harry a sus amigos antes de echar a correr tras Angela y lejos de ellos, los dos sin sus patronus.

—¡Rápido Angelica! —la urgió George—. Tenemos que irnos cuanto antes para salvar tanto la vida de los tres heridos como la de ellos dos. —agregó luego de mirar a su hermano menor significativamente.

—Pero… —intentó protestar Sirius.

—Yo alejaré a otro grupo grande —lo interrumpió Neville—. Ustedes saquen de aquí a Electra, James y Remus para que Venus y Jennifer les puedan salvar las vidas. —les pidió, desvaneció su oso plateado y echó a correr tras sus amigos.

—Yo me quedo con Gea y Urano a sacarlos a ellos. Váyanse. —les dijo Luna haciendo esfuerzos para que su patronus se mantuviese fuerte, como estaban haciendo Ginny, George, Hermione y Ron.

—Sirius, dame tu capa —lo urgió Angelica mientras se sacaba la suya, haciendo con hechizos no verbales trasladadores al estilo Cundáwan que los llevasen a la mansión Potter sin que sufriesen los heridos—. Lily, Alice, Edgar y Sirius toquen esta capa —les ordenó mientras cubría con la de su esposo a James—. Jennifer, Frank y Benjy, agarren esta. —les indicó mientras cubría a Remus con la suya y los otros desaparecían con la primera.

Emmeline, Alastor, Minerva y Albus, que estaban llegando a ayudarlos, vieron desaparecer el grupo de Angelica y el de los chicos que acompañaban a la herida. Se apresuraron a ir tras los tres que los habían protegido mientras desaparecían, petrificándose al ver a cerca de setenta dementores rodeando a tres chicos que convocaban sus protectores apenas el tiempo suficiente para que no los dominasen y los dejaban desvanecer.

—YA SE FUERON. —les gritó Luna para que mantuviesen sus patronus mientras llegaban con ellos, enviando su oso polar hacia el rincón en el que estaban al ver que lo hacían Hermione y Ron con la nutria y la comadreja.

Angela, Harry y Neville intentaron mantener sus patronus, pero oscilaban entre unas nubes plateadas y sus figuras corpóreas porque ya estaban bastante afectados.

El fénix imponente del director llegó con el oso polar, la nutria y la comadreja junto a ellos justo cuando las nubes plateadas desaparecían, mientras el gato de Minerva McGonagall protegía a los tres chicos que corrían hacia sus compañeros. El gavilán de Emmeline y el león de Alastor los protegían a ellos, la subdirectora y el director.

Hermione, apenas llegar con sus tres amigos, se sacó su capa para hacer el trasladador, desvaneciendo su nutria para hechizar la tela.

—Nosotros debemos ir con Electra —le indicó Harry con voz débil—. Dile al director que necesitan ayuda de medimagos en Deercourage. —le suplicó, con su mano temblorosa sobre el brazo de su mejor amiga.

—Váyanse con ellos, yo los alcanzo luego. —les dijo Hermione a Ron y Luna, que asintieron y ayudaron a Angela, Neville y Harry a mantener contacto con la capa que los trasladaría al Snowdon.

—¿Qué pasó aquí? —le preguntó el director a la castaña en cuanto llegó a su lado.

—En cuanto pueda iré donde usted diga a explicarle —le aseguró Hermione—. Pero justo ahora es urgente que lleve algún medimago de confianza a Deercourage para que ayude a Jennifer con James y Remus, o que trasladen a los dos al hospital.

—¿Qué? —preguntó asustada Emmeline, desvaneciéndose su patronus.

—Yo debo ayudar a Venus con Electra —continuó la chica. Se preocupó al ver la reacción del director. Aunque el fénix plateado se mantenía protegiéndolos con el león y el gato, se había debilitado al oír el seudónimo de una de sus nietas—. Debemos irnos. Le avisaré en cuanto esté en condiciones de reunirme con usted para darle razón de Electra y saber de James y Remus.

—Si se presenta alguna emergencia nos comunicaremos con los fénix —le ordenó el director, asintiendo al ver a la castaña hacerlo—. Minerva, por favor ve con Emmeline y Alastor a Deercourage para que ayuden mientras llego con los Brown.

Hermione suspiró al oírlo y se desapareció rumbo a la cueva en la montaña helada. «Si los tíos adoptivos de Angela ayudan a Jennifer con Remus significa una nueva alteración en la línea temporal, además de la que ya hemos percibido». Comprendía el sentir de Jessica y lo que había querido hacer, pero la aterraba lo que estaba generando su intervención.

Cuando el director llegó con los amigos de su hija a la mansión Potter, permitiéndoles el acceso Lily desde que oyó a su ex profesora decirle que el director los llevaría, se consiguió a Jennifer y Alice con Remus mientras Lily y Angelica estaban con James. Las cuatro estaban aplicándoles Poción para Heridas, viendo hervir la piel bajo la sustancia morada.

—James está más grave, pero yo no puedo… —les intentó explicar Jennifer a sus amigos apenas verlos entrar a la habitación, con su voz llena de angustia.

—Tranquila amiga. —le respondió Catherine, volcándose con su esposo hacia la cama que le indicó su temblorosa amiga. Separó a la gemela y la joven pelirroja de allí con delicadeza pero premura con ayuda de su esposo.

Angelica corrió al lado de su hermana para ayudarla con su cuñado, usando lo que había aprendido en su Entrenamiento Cundáwan sobre lo básico en medimagia. Tranquilizó un poco a su gemela al transmitirle una pequeña cantidad de energía, sin que los demás se diesen cuenta, siguiendo luego las instrucciones de una Jennifer más serena y enfocada.

—¿Cómo están? —preguntó Albus al verlos detenerse. Se había quedado con ellos luego de sacar con algo de dificultad a los demás, especialmente a Sirius que estaba pegado a la puerta.

—Hemos logrado estabilizarlo, pero necesitamos esencia de Díctamo, esencia de Murtlap, poción Apis Regina, más poción rellena‑sangre y poción Propolis Hepatis para sacarlo definitivamente de peligro. —respondió Charlton con voz ronca.

—Necesito con urgencia más poción rellena‑sangre y poción Mielato Pancreatis, además de poción Apis Regina. —les dijo Jennifer, sollozando al ver a sus amigos Brown denegar.

Debido a la guerra era muy difícil conseguir tanto la poción rellena‑sangre como la Apis Regina en cantidades suficientes. Las pociones Propolis Hepatis y Mielato Pancreatis, indispensables en daños severos en hígado y páncreas, eran prácticamente imposibles de conseguir, así como los componentes para prepararlas.

—Yo se las consigo. ¿Algo más? —urgió Dumbledore.

—Noticias de Electra. —respondió Jennifer de inmediato.

—Avísame con Angelica si requieren algo más. —le dijo el director luego de asentir, saliendo de la habitación con premura.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—¿Cómo está? —preguntaron a coro Angela, Harry, Neville, Luna y Ron apenas aparecer en la cueva, temblando los tres primeros más por debilidad que por frío.

—Estamos en eso —les respondió George, que ayudaba a su hermana y su gemelo—. ¿Dónde está Gea?

—Pidiéndole al profesor Dumbledore que lleve ayuda a Deercourage. —explicó Harry. Suspiró al verlos asentir. En seguida le recibió a Luna el chocolate que les daba a los tres troceado.

Moony, Hera y Rea habían aparecido unos minutos antes que ellos y los sobrevolaban cantando dulcemente, ayudándolos a tranquilizarse un poco. En cuanto apareció Hermione la cubrió Ron con su capa.

—¿Cómo está? —le preguntó de inmediato la castaña a Ginny.

—Apenas he logrado estabilizarla. Pero necesito esencia de Díctamo, más poción rellena‑sangre y poción Mielato Pancreatis. En nuestros maletines no tenemos preparada de esa última poción. Sólo tenemos la base y en estos meses del año sólo se conseguirán tres de los componentes en el callejón Knockturn y dos en lo más profundo del bosque de Sherwood.

—Mercurio y yo iremos al callejón mientras Leto y Neptuno van a Nottingham. —decidió George, mientras Luna y Hermione les empezaban a curar a todos las heridas más leves y Ginny las más serias.

—¿Qué sabes de James y Remus? —preguntó Harry a su mejor amiga.

—El profesor Dumbledore va a llevar a los Brown a Deercourage. —le respondió Hermione.

—Entonces esa es la segunda alteración que percibimos. —planteó Ron, suspirando al ver a su prometida asentir.

Luna y Neville suspiraron y denegaron levemente. George y Fred se miraron interrogantes pero no comentaron nada.

—Es probable que Jennifer también necesite de esas pociones para Remus y no creo que tenga, no al menos en suficiente cantidad. —les planteó Ginny mientras copiaba rápidamente lo que necesitaba en un pergamino. Al terminar sacó un triplicado con su varita.

—Además podrían necesitar algo para James o no tener algo para ellos que nosotros sí. —sugirió Luna.

—Gea, Urano y yo iremos a Deercourage a averiguar qué necesitan allí. Diana y Venus, vayan ya con Electra al punto uno y los demás como dijo Júpiter. —organizó Harry al ver que ya no sangraba Jessica, pues no consideraba prudente que siguiesen en esa cueva tan helada.

Desapareció luego con sus dos mejores amigos hacia la casa de sus padres con una de las copias del pergamino, mientras Angela trasladaba a su prima y la menuda pelirroja a la cueva grande de la derecha y los otros cuatro viajaban a buscar lo que necesitaban.

Al ya haber detenido el sangrado de Jessica no tuvieron problemas con los leopardos. Las dos chicas sonrieron al ver a la pequeña cachorrita "Moteada" y a "Manchita" echarse a los costados de la inconsciente Jessica. La, ayudaban al calentarla con sus cuerpos luego del frío en la montaña, manteniéndola tibia. "Moteada", la futura pareja de "Manchita", había sido nombrada así por la chica de ojos miel, con quien jugueteaba mucho desde que llegaron al campamento junto a las cuevas. Angela y Ginny retuvieron el aliento por un minuto al ver entrar en la cueva al resto de la manada.

—La mamá de "Manchita" nos está regañando por dejar que Electra resultase lastimada —le explicó Angela a Ginny, luego del intercambio de rugidos de su amiguito y la mamá—. Al menos eso es lo que entiendo de las respuestas de "Manchita".

—Regaño merecido. —sentenció Ginny cabizbaja. «Si no nos hubiésemos alterado tanto cuando discutimos habríamos convencido a Jessica de no intervenir, o a mi novio de activar los dones en ella y los gemelos».

Angela suspiró al oírla y le acarició la cabeza a su prima.

—Las dos perturbaciones han sido muy leves. No creo que los cambios sean drásticos. —le respondió a la pelirroja la pregunta no formulada.

Suspiró al ver a las dos hembras leopardos echarse a los lados de sus cachorros. Tragó saliva al ver a los machos hacerlo junto a ella y su amiga, mientras los otros pequeños trepaban sobre sus piernas.

Al aparecer Ron en la cueva y ver a las tres chicas con la pequeña manada se asustó mucho. Abrió los ojos de par en par al ver que enderezaban las cabezas en su dirección y le rugían, aunque no de forma agresiva.

—Todo está bien, tranquilo. Sólo les extrañó tu forma de llegar. —le explicó Angela de inmediato para que los leopardos no percibiesen su miedo.

—¿Cómo están James y Remus? —preguntó Ginny al verlo asentir pero aún nervioso.

—Necesitan esencia de Díctamo, esencia de Murtlap, poción Apis Regina, poción rellena‑sangre, poción Propolis Hepatis y poción Mielato Pancreatis. —fue su respuesta, suspirando al ver las expresiones preocupadas de las dos.

—Acércame con cautela el maletín mío y el de Electra para darte lo que me queda de poción Apis Regina, de esencia de Murtlap y lo que tenemos de Cynara Sedymus, Silybrum Marianum y Taraxacum Weber para que preparen la poción Propolis Hepatis. Te anotaré lo que les faltará para esa y la forma de prepararla. —le indicó su hermana menor.

Ron se asustó un poco ante los suaves rugidos del padre de "Moteada" cuando se acercó a su hermana con los maletines, pero los leopardos no se movieron y Ginny pudo entregarle lo que le había dicho.

—En cuanto sepa algo nuevo les aviso. —prometió antes de alejarse hacia la entrada de la cueva y desaparecer desde allí, para no alterar a los felinos.

—¿Nos estaban ayudando a entrar en calor? —preguntó Ginny cuando casi quince minutos más tarde los leopardos adultos se incorporaron y salieron de la cueva, sacando a todos los cachorros a excepción de "Moteada" y "Manchita", luego de pequeños rugidos del par de pequeños felinos.

—Eso creo. —le respondió su compañera de espera.

Justo en ese momento apareció Ron con lo que había logrado ubicar el profesor Dumbledore. En seguida Angela se transformó en pantera negra para comunicarse con los dos cachorros, separándolos sin problemas de Jessica hacia el otro lateral de la cueva mientras los dos pelirrojos menores atendían a la chica de ojos miel.

—¿Cómo están James y Remus? —le preguntó Ginny mientras usaba la esencia de Díctamo para cerrarle la herida del vientre y dos en el tórax, sosteniendo su hermano a la chica levemente levantada pero mirando hacia donde estaban los tres felinos por respeto a su amiga de ojos miel.

—Por la expresión del profesor Dumbledore bastante mal —le respondió Ron con sinceridad—. Marte está sobreponiéndose a su propia angustia para ayudar a resolver. —agregó en respuesta a la pregunta muda de su hermanita.

—Ve con él. Por favor no lo dejen solo. Yo me ocuparé de la recuperación de Electra y preparar tanto la poción Apis Regina como la Mielato Pancreatis. —le pidió Ginny. Suspiró al verlo asentir, darle un abrazo y desaparecer rumbo a Londres.

—¿No están tardando mucho? —preguntó Angela quince minutos más tarde preocupada, acariciando a su prima en el brazo cercano junto al vendaje que tenía allí.

Moony, por favor cuéntale a Urano que ya empecé con las pociones Apis Regina y Mielato Pancreatis y averigua cómo están allá. —le pidió Ginny.

Estaban las dos muy preocupadas por la fiebre alta en Jessica. Se sobresaltaron cuando vieron desaparecer a Rea por unos momentos, tranquilizándose al verla reaparecer con algunas pociones e ingredientes.

—Es todo lo que lograron ubicar los que ayudan a abuelo y hermanito en Deercourage. —le dijo alicaída Angela a Ginny luego de recibirle todo a la pequeña fénix.

La menuda pelirroja se los recibió y la iba a tranquilizar cuando las dos sintieron que sus esclavas se calentaban, abriendo los ojos al máximo muy asustadas.

Los gemelos llevan esencia de Díctamo, poción rellena‑sangre y algunos ingredientes para poción Mielato Pancreatis. Angela urgente a Deercourage.

Armaron rápidamente entre los trozos que llegaron a las dos esclavas.

—Ve. Tengo todo lo necesario para la poción Apis Regina y mis hermanos no deben tardar. —le indicó Ginny a su compañera al verla dudar, con tono confiado para tranquilizarla. Le sonrió suavemente al ver que asentía y desaparecía. Suspiró al ver aparecer a los gemelos, Luna y Neville segundos después.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

Hermione, Ron y Harry aparecieron en el jardín posterior de la casa. Suspiraron al ver salir por la puerta a Emmeline, Benjy, Edgar y Hagrid con sus varitas afuera, apuntándoles los tres hombres.

—¿Qué hacen aquí? No creerán que les permitiremos terminar lo que empezó su amiga. — rugió el semi‑gigante.

Harry se entristeció mucho al oírlo, pero deducía de las miradas del rubio y el moreno que les habían ya dicho a los otros miembros de la O.D.F. lo que vieron, oyeron e interpretaron de lo ocurrido antes.

—Hemos venido para saber si Jennifer necesita algo que le podamos facilitar y si ella tiene unas pociones que Venus requiere para Electra. —respondió con el tono más tranquilo que logró usar.

—¿Y ustedes creen que confiaríamos en algo…? —comenzó enojado Edgar.

—¿Qué pasa aquí? —salió preguntando Minerva, interrumpiendo al rubio. Enarcó las cejas al ver a los tres jóvenes con pasamontañas apuntando con sus varitas al piso, mientras sus compañeros de la O.D.F. les apuntaban a los chicos con las de ellos.

—Profesora McGonagall, necesitamos con urgencia saber si Jennifer tiene esencia de Díctamo, poción rellena‑sangre y poción Mielato Pancreatis. Así como también si requieren algo para James y Remus que tengamos o les podamos ayudar a conseguir. —le respondió rápidamente Hermione.

—De hecho ella también está requiriendo de esas pociones, señorita Gea —replicó el director que había salido tras su amiga—. También necesita esencia de Murtlap, poción Apis Regina y poción Propolis Hepatis para James. Justo voy en camino a buscarlas.

—Venus tiene esencia de Murtlap, poción Apis Regina y base para la poción Mielato Pancreatis. Cuatro de nosotros han ido a buscar los ingredientes de preparar ésa y las otras. Les traeremos lo que tenemos de esencia de Murtlap y poción Apis Regina. En cuanto hayamos preparado poción Mielato Pancreatis y conseguido esencia de Díctamo y poción rellena‑sangre les traeremos —aseveró Harry—. En cuanto a la poción Propolis Hepatis… —miró a la castaña interrogante.

—Algunos componentes son difíciles de conseguir. —respondió ella.

—¿Se puede preparar si se tiene todo? —le preguntó angustiado, suspirando al verla asentir—. Haz el listado de ingredientes y buscamos lo que se necesita. —le pidió.

—Esperen a que yo vuelva para saber qué será necesario buscar —les indicó el director, agregando luego de verlos asentir—: Cuando Electra, James y Remus estén definitivamente fuera de peligro hablaremos de lo ocurrido. Mientras así no sea los "Guerreros del Fénix" no levantarán sus varitas hacia los miembros de la "Orden del Fénix" y viceversa.

—Sí señor. —respondieron de inmediato los tres chicos con tono formal.

—Sí señor. —afirmaron Emmeline y Minerva en seguida, mirando la primera a sus tres compañeros con el ceño fruncido.

Apenas si había logrado contener a Edgar, Benjy y Hagrid, antes de salir, para que no atacasen a los chicos cuando los vieron aparecer en el jardín a través de las ventanas en la cocina, donde ella les estaba preparando un té para calmarlos un poco.

—Sí señor. —aceptaron un minuto después el rubio, el moreno y el semi‑gigante bajando sus varitas, evidentemente contrariados.

Albus desapareció entonces, ahora seguro que no habría conflictos allí luego de imponer su autoridad.

Hermione y Harry retrocedieron hacia la parte posterior del jardín y se sentaron mientras Ron desaparecía hacia el punto uno a buscar lo ofrecido. La castaña convocó pluma, pergamino y tinta para hacer el listado de lo que requerirían si el director no conseguía esencia de Díctamo, poción rellena‑sangre, poción Propolis Hepatis o poción Mielato Pancreatis.

Unos minutos después Ron apareció con las cosas. De inmediato se le unieron Hermione y Harry, aproximándose los tres con cautela a la casa. Vieron con alivio a la profesora McGonagall acercarse, luego de mirar con reproche evidente a los dos hombres y el semi‑gigante.

—Tome, profesora. Poción Apis Regina y esencia de Murtlap. Venus también les envía lo que teníamos de lo necesario para preparar la poción Propolis Hepatis. —le entregó respetuoso Ron.

—¿Cómo está la joven Electra? —preguntó Minerva preocupada.

—Venus la había logrado estabilizar cuando nos vinimos, pero necesita urgente las pociones —le respondió con sinceridad Harry—. ¿Cómo están James y Remus? —preguntó a su vez, preocupado.

—También los han estabilizado pero aún están en peligro —le respondió ella. Sus ojos se entristecieron al ver la angustia en el joven líder de los chicos—. Conseguiremos lo necesario y se recuperarán. Voy a entregar esto.

—Gracias profesora. —le dijo con sinceridad Hermione, mientras ella y su novio tomaban a su mejor amigo por los codos para darle ánimo.

Retrocedieron con él a la parte posterior del jardín en cuanto ella se giró para entrar a la casa, sentándose al lado de unas piedras que habían cerca del fondo.

—Los he agrupado por posibles ubicaciones para facilitar la búsqueda —respondió la castaña la interrogante muda de sus acompañantes, al verla agruparlos con un distinto símbolo antes de cada anotación—. Los marcados con un círculo antes son los de la poción rellena‑sangre, los del triángulo para la esencia de Díctamo, con asterisco los de la poción Mielato Pancreatis y con un cuadrado los de la poción Propolis Hepatis.

—¿Y los que tienen doble símbolo? —preguntó Ron.

—Son los más difíciles de conseguir. —explicó Hermione mientras continuaba con sus anotaciones.

Ron suspiró al oírla y miró preocupado a su mejor amigo, deseando de todo corazón que el director regresase con las cuatro pociones pronto.

Harry denegó al oírla, sintiendo que la angustia amenazaba con sobrepasarlo en cualquier momento. Lo que sabía de pociones era suficiente para entender que los tres heridos estaban graves.

Antes se había sentido tentado de pedirle a Angela que activase los dones de los Cundáwans Antiguos en sus tres compañeros de viaje, en los que no lo estaban los que no eran de nacimiento, pero se contuvo de hacerlo. Ahora se arrepentía de no haber accedido a su propio deseo y la petición de su prometida, su hermanita y su mejor amiga.

«Tal vez así Jessica hubiese podido comprender porqué me contengo de hablar con mis padres sobre lo que sé ocurrirá, luego de la práctica que hicimos los seis con Angela sobre el don más difícil para todos».

Pasaron quince largos y tensos minutos antes que reapareciese el director en la mitad del jardín, apresurándose a ir a su encuentro tanto los que estaban en la parte posterior de la casa como los tres chicos.

—Sólo he conseguido esencia de Murtlap en las cantidades que necesitan. He traído lo que conseguí de poción rellena‑sangre y esencia de Díctamo. Envíenle éstas a Venus. —les dijo, entregándole a Harry los envases que traía para ellos, dándole a Minerva los otros para que se los diese a los Brown.

Ron se mordió el labio inferior cuando su mejor amigo se las puso en las manos, asintiendo y desapareciendo rápidamente.

—¿Sabe dónde ubicar éstos, profesor? —le preguntó Hermione tendiéndole el pergamino, señalándole las flores de Origanum Vulgare, las hojas de Betula Alba, las hojas de Cichorium Intybus, las hojas de Mangifera Indica, el Panax Ginseng, las hojas de Medicago Sativa, las hojas de Castanea Sativa y las hojas de Equisetum Arvense.

Ya había trasladado con un golpe de su varita lo necesario para la que había conseguido el director en cantidad suficiente a otro pergamino, pues sabía que igual tendrían que buscarla o prepararla luego. Pero ahora la prioridad eran las otras.

—Yo puedo conseguir el Aceite de Oenothera Biennis y las flores de Origanum Vulgare. —intervino Emmeline Vance.

—¿En esas cantidades? —preguntó el director.

—Sí señor.

—Ve entonces. Por favor, date prisa.

Emmeline desapareció en seguida a buscar lo ofrecido.

—Yo puedo conseguir las hojas de Equisetum Arvense, la Vitis Vinifera, las hojas de Cynara Sedymus, la Plantago Major, sangre y escamas de dragón. —señaló Benjy en la lista de los difíciles, desapareciendo luego de ver al director asentir.

—¿Qué hay de las hojas de Betula Alba, las hojas de Cichorium Intybus, los frutos secos de Vaccinium, la sangre de salamandra y el polvo de cuerno de Graphorn? —preguntó Ron, que acababa de aparecer e integrarse al grupo, preocupado porque eran los marcados difíciles.

Todos sus acompañantes denegaron, incluido el director que en seguida miró con el ceño fruncido los que faltaban del callejón Knockturn.

—Esos son los últimos a agregar en la poción, los conseguiremos —afirmó Hermione para tranquilizar un poco a Harry, cuyas esmeraldas estaban llenas de desesperación—. Les avisaré a Leto y Neptuno de éstas e iré a buscar éstas. —separó el listado con su varita.

—Yo avisaré a Mercurio y Júpiter de éstas y… —empezó Ron tomando el trozo de pergamino en que estaban anotadas las del peligroso callejón y otro.

—¿Ellos están ahí? —preguntó Edgar interrumpiéndolo, su mirada turbia.

—Se requieren secas Panax Ginseng y hojas de Mangifera Indica para la poción Mielato Pancreatis, además de hojas de Castanea Sativa para la esencia de Díctamo. Es el único lugar en que pueden conseguirse hasta donde sabemos —replicó Ron en tono mordaz, sus ojos azules brillando con desafío—. ¿Sabe usted de otro lugar? Así ellos no estarán en peligro.

—Urano. —le pidió Hermione que se tranquilizase, tomándole del brazo.

—Yo puedo acompañar al chico a buscar esos y ayudar a sus amigos con los otros que tienen en ese listado, profesor. —se ofreció el semi‑gigante.

—Te lo agradeceré mucho, Hagrid.

Ron suspiró y asintió. Devolviéndole a su novia el otro listado que había tomado desapareció con el semi‑gigante, que algún día sería un buen amigo.

—Yo ésta no la sabría reconocer con certeza. —le confesó Harry a su amiga señalándole el nombre de una de las plantas.

—Y yo con ésta tendré problemas. —comentó ella mirando la siguiente en la lista que tenía su amigo en la mano, luego de enviarles a Luna y Neville el listado de lo que ellos podían ubicar en la zona en que estaban.

—¿Usted reconoce todo lo de este listado? —le preguntó Harry al rubio tendiéndole el otro trozo de pergamino.

—Sí. —respondió Edgar sorprendido.

—Entonces por favor ubique usted esos. Así tardaremos menos. —le pidió Harry.

—De acuerdo. —aceptó de inmediato el rubio pensando en sus dos amigos tan malheridos.

—Yo intentaré conseguir los que faltan. —aseveró el director.

Hermione suspiró y le entregó el trozo de pergamino con los nombres de los ingredientes difíciles que faltaban, desapareciendo luego con Harry.

Quince minutos más tarde reaparecieron todos en el jardín.

—No conseguimos Panax Ginseng. —llegó anunciando Hagrid sin darle oportunidad a Ron de hablar, quien se limitó a entregar a la profesora McGonagall lo que sus hermanos le habían dado de poción rellena‑sangre y esencia de Díctamo. Los gemelos le llevarían a su hermanita tan pronto auxiliasen a Luna y Neville, que los habían convocado por medio de Hera pidiendo ayuda.

—Yo conseguí todo menos el polvo de huesos de dragón. —informó Edgar y le entregó lo que llevaba al director.

Albus organizaba con rapidez, con ayuda de Emmeline y Minerva, los ingredientes según las pociones que prepararían en cada lugar, de acuerdo al listado preparado por la joven castaña para cada una.

—Mercurio y Júpiter consiguieron en el callejón Knockturn. Les avisaré que nos envíen —replicó rápidamente Ron, llamando a Hera para que sus hermanos enviasen lo ofrecido—. Venus ya ha empezado a preparar las pociones Apis Regina y Mielato Pancreatis. —les informó lo que le acababa de comunicar Moony, el cual desapareció para ir en ayuda de los cuatro chicos en las tierras altas. Le preocupaba el mensaje del fénix sobre la fiebre en la chica de ojos miel. «Tenemos que darnos prisa en conseguir y preparar lo que falta».

—Nosotros conseguimos todo —informó Hermione temblorosa y pálidos sus labios—. ¿Profesor? —le preguntó al director al ver que los miraba con expresión interrogante.

—Yo conseguí Hamamelis Virginiana, flores de Prunus Spinosa, el polvo de cuerno de Graphorn y la sangre de salamandra. ¿Qué les pasó a ustedes? —preguntó de inmediato.

—Un pequeño problema —respondió Harry en voz baja, sujetándose el costado derecho con su mano izquierda al intensificarse el dolor—. Lo resolveremos luego —se adelantó al director—. Gea puede ayudar a preparar aquí las pociones rellena‑sangre y Propolis Hepatis mientras Mercurio y Júpiter ayudan a Venus con las pociones Apis Regina y Mielato Pancreatis. Leto y Neptuno enviarán pronto lo que ellos buscaban para las que se prepararán aquí y cuidarán de Electra. —una nueva oleada de dolor lo hizo detenerse.

Minerva le entregó al chico alto lo que el director le indicó para ellos. Ron le envió esto con Rea a su hermanita, mientras ella entraba a entregar lo demás a los Brown.

—Llamaré a Diana para que ubique lo que falta. —planteó Hermione. Apretó en seguida sus puños enguantados para retener el grito de dolor que se le quería escapar. En cuanto le alivió un poco apuntó a la esclava que hizo aparecer en su brazo. «No hay tiempo para secretos».

Ron enarcó las cejas asombrado al verla. Se apresuró a abrazarla para sostenerla al verla tambalearse, desplazando sus brazos para no lastimarla luego de oírla quejarse.

—Creo que no podré ayudar a preparar las pociones. —se disculpó Hermione mirando a su mejor amigo, luego de enviar el mensaje, apretando con las pocas fuerzas que tenía los brazos de su novio para resistir y no quejarse nuevamente.

—Llévala al punto dos y pídele ayuda a Júpiter. —le ordenó Harry a Ron, que acababa de ver aparecer a Angela.

—¿Y tú? —preguntó Hermione con un hilo de voz.

—Cuando James y Remus estén fuera de peligro. —le respondió el de ojos esmeraldas adolorido pero decidido.

—Entren a la casa para que reciban la atención en medimagia que obviamente requieren. —les ordenó el director.

—No debemos entrar hasta que no se aclare lo ocurrido —le contradijo Harry—. Llévala y pídele ayuda a Júpiter. —le insistió a su mejor amigo.

Ron asintió y desapareció con su novia, que ya no se lograba sostener en pie.

—¿Marte? —preguntó Angela preocupada.

—Nos hace falta esto para preparar las pociones rellena‑sangre, Propolis Hepatis y Mielato Pancreatis. —le respondió entregándole los dos trozos de pergamino, impregnándose uno de ellos levemente de sangre que rezumaba del guante de su mano derecha.

—¡Marte! —exclamó Angela, apresurándose a sostenerlo al notar que temblaba mucho y se mantenía en pie con dificultad.

—Yo puedo esperar, ellos no. —musitó Harry, mirando suplicante a los ojos grises que lo miraban asustados.

—Vamos. Atenderás eso y me ayudarás. —le indicó ella, armando rápidamente un plan en su cabeza.

—¡Pero es evidente que el joven está herido! —exclamó contrariada Minerva.

Angela suspiró y desapareció con Harry al verlo asentir en aceptación. Justo en ese momento apareció Hera con los ingredientes que buscaban Luna y Neville para la poción para James que se prepararía allí.

—Benjy, por favor ayuda a Jennifer y los Brown a empezar a preparar las pociones rellena‑sangre y Propolis Hepatis mientras atienden a James y Remus. Yo ubicaré a Diana y Marte. —les pidió el director a sus acompañantes.

Desapareció luego de ver asentir al moreno y recibirle tanto lo que él llevaba como lo de la pequeña fénix. Siguió el rastro mágico del hijo de los Potter, pues no conseguía el de su nieta. Creyó perderlos en un par de ocasiones pero logró ubicarlo nuevamente. Cuando los consiguió él estaba sentado recostado en una pared de la cueva y ella arrodillada frente a él. La chica le detenía el serio sangrado en el lado derecho del tórax mientras le decía:

—Te atenderé lo más grave para que tú luego evites que sigan sangrando las heridas menos serias.

—En Deercourage hay dos buenos medimagos y Marte podría agravarse si no recibe ayuda ahora. —les dijo muy serio Albus aproximándose.

—No debemos. —se opuso Harry con voz débil.

—Está bien, tranquilo —le pidió Angela con tono suave—. Por favor, profesor. Si intenta desaparecerse en su estado es muy probable que sufra una escisión. ¿Podría quedarse con él unos minutos mientras yo busco un par de cosas del listado?

—¿Dónde las buscarás? —le preguntó su abuelo preocupado.

—El Cichorium Intybus y el Vaccinium se consiguen frescos en lo profundo del bosque cercano y yo los adecuaré luego para las pociones. El Betula Alba y el Panax Ginseng iré a buscarlos luego de traerles éstos —le respondió con sinceridad—. ¿Se quedará con él?

—Me gustaría acompañarte pero me quedaré con él. Si me necesitas…

—Le avisaré a Marte. —le aseguró, sonriendo y saliendo seguidamente de la cueva.

—Permíteme que te ayude, Marte. —le indicó el director con el ceño fruncido.

—Gracias profesor. —aceptó Harry con tono débil, su pulso tembloroso dificultándole el curarse.

Quince minutos más tarde entraba Angela a la cueva, sacudiendo su capa mientras con su varita se hacía una rápida cura en la pierna de la cual cojeaba.

—¡Marte! —exclamó asustada al verlo con los ojos cerrados y totalmente acostado.

—La fiebre se le ha disparado pero no he podido convencerlo de ir voluntariamente a la casa y no quiero alterarlo. —le explicó el director.

—La prioridad son Electra, James y Remus, así como no alterar a Lily. —replicó Harry en voz baja y con los ojos entreabiertos.

—Mientras el profesor Dumbledore lleva estos dos ingredientes a Deercourage yo te llevaré con Venus y luego busco los dos que faltan. —le dijo Angela con tono firme.

—Pero… —intentó protestar Harry, que quería ir a la casa pero no en calidad de herido sino a llevar los ingredientes.

—Tú ayudarás a llevar las pociones Apis Regina y Mielato Pancreatis para James y Remus en cuanto estén listas y tú más recuperado —lo interrumpió Angela—. Ahora me das unos minutos de tranquilidad. —le indicó con tono serio. A duras penas se contuvo de sonreír al verlo asentir con enfado.

El director enarcó las cejas al ver a la chica guardar la varita, quitarse los guantes y extender luego sus manos sobre los frutos de Vaccinium y las hojas de Cichorium Intybus, que había ubicado sobre su capa en el piso de la cueva. Abrió mucho los ojos al ver una luz anaranjada desprenderse de las manos de la joven hasta transformar las partes vegetales frescas en disecadas.

—Confío en su discreción sobre esto, profesor. —le dijo Angela a su abuelo, entregándole todo cuidadosamente envuelto en su pañuelo.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Harry preocupado.

—Mejor que tú, no te preocupes. —le respondió ella sacando de nuevo su varita y un envoltorio de chocolate.

—Envíame solo y ve por lo que falta, por favor —le pidió Harry—. No sé cuánto tiempo nos queda para que Venus y el señor Benjy necesiten ésos, pues me ha dicho el profesor que él está ya preparando las pociones rellena‑sangre y Propolis Hepatis. —insistió al verla dudar y al director denegar.

—Sigo pensando que es mejor que me lo lleve a Deercourage. Allí hay dos medimagos además de Jennifer, mientras que Venus estará complicada con Electra y Gea. No creo que Mercurio y Júpiter la puedan ayudar con ellas dos, las pociones y él.

—Y así podrás avisarme de inmediato si necesitan algo más. —presionó Angela, preocupada por Harry.

—Pero esos medimagos no saben de nosotros y… —protestó débilmente Harry, que le gustaba la idea de volver a la casa pero le daba miedo generar otra alteración.

—Yo hablaré con los Brown. No habrá problemas con respecto al secreto de ustedes. —afirmó de inmediato el director. Sonrió al ver al chico acceder con un asentimiento.

—Iré en unos minutos. —afirmó Angela sonriente. Volvió a ponerse su capa y los guantes.

Los tres desaparecieron simultáneamente de la cueva, los dos hombres rumbo a Londres mientras ella se trasladaba al Ben Nevis.

—¡Qué helado está todo aquí! —exclamó al aparecer, sintiendo que sus labios se le congelaban rápidamente—. Es una suerte que estas capas de piel de dragón sean tan eficaces para aislarse térmicamente. —siguió hablando consigo misma en voz baja, para combatir el adormecimiento que le generaba el frío y su debilidad.

Intentó ubicar el Panax Ginseng y el Betula Alba con su varita, consiguiendo el árbol pero no la hierba. Recolectó la cantidad de hojas que necesitaba del Betula Alba con tanta rapidez como le permitían sus dedos casi entumecidos para usar su palito de madera. El no poder ubicar con el hechizo localizador la Panax Ginseng la tenía preocupada por el estado en que encontraría la planta… si la había.

Se concentró en la detección de la energía que la rodeaba por medio del don mezclado y el complejo, rastreando el entorno a medida que caminaba lentamente. Al cabo de diez minutos ubicó la planta parcialmente enterrada en hielo y nieve, tranquilizándose al saber que estaba viva en estado de hibernación.

«Tío Charlton tendrá que extraerte el zumo, pequeña amiga», pensó luego de sacar con cuidado lo suficiente para las pociones Propolis Hepatis y Mielato Pancreatis sin dañar la planta. Estaba agotada y sabía que no lograría hacerlo bien estando entumecida, así que desapareció rumbo a Londres.

—N…no pu…pude ex…extraer… —empezó a disculparse con el director que rápidamente se había acercado a ella, tartamudeando por el castañeteo de sus dientes debido al frío que tenía. Tendió en dirección a su abuelo sus manos enguantadas heladas sosteniendo las hojas del Betula Alba y el Panax Ginseng congelado.

—Tranquila pequeña, nosotros nos encargaremos de eso —la interrumpió el director muy preocupado por como la veía—. Llévales esto a Benjy y Charlton —le pidió a Emmeline, dándole de lo que traía su nieta la cantidad necesaria para las pociones que ellos preparaban. Envió lo demás a la chica menuda por medio de Fawkes. Confiaba en que ella podría adecuarlo, al igual que el inefable haría con el restante para las pociones que ayudaba a preparar—. Vamos al lado de la chimenea para que entres en calor, Diana.

—¿M…Ma…Marte? —logró preguntar entre su castañeteo.

—Lo acaban de terminar de atender. Estará bien si logramos que descanse.

—N…no de…debo. —intentó oponerse a que la introdujese a la casa, a donde la llevaba abrazada por los hombros.

—Marte y tú están bajo mi responsabilidad. Él estará más calmado si te ve conmigo. Tranquilízate y ven para que entres en calor. —le ordenó su abuelo con tono firme. Asintió al verla ceder.

Angela se sentía intranquila por la forma en que la miraban varios miembros de la Orden del Fénix. Se tuvo que morder la lengua al ver a Pettigrew mirarla con curiosidad evidente.

—Le pediré a Catherine que te examine. —le dijo el director con tono suave apenas la sentó junto a la chimenea encendida de la sala.

—N…no es nec…neces…necesario. Só…sólo fr…frío. —replicó Angela.

—Tienes una herida en la pierna derecha y estuviste mucho tiempo bajo el efecto de los dementores, al igual que Marte y Neptuno, así que te quedas tranquila y permites que te ayudemos —la regañó el abuelo. Suspiró al verla bajar la cabeza y asentir levemente—. Por favor quédate con ella, Minerva. —le pidió.

—¡Diana! —exclamó Harry preocupado un par de minutos más tarde, cuando entraba a la sala apoyado en Frank con Catherine tras ellos denegando.

—Só…sólo fr…frío. —replicó ella para calmarlo.

—¿Es tan necia como él? —le preguntó la medimaga al auror, bufando al verlo asentir—. Pues más te vale que te comportes, jovencita, o los desmayo a los dos.

Angela la miró a los ojos con cariño y asintió con suavidad. No podía evitar sentirse como una niña pequeña otra vez, recordando las veces que su tía la regañaba con tono maternal mientras le curaba raspones en manos y rodillas de sus travesuras.

Frank ayudó al chico a sentarse cerca de la chica, asintiendo en respuesta a la sonrisa agradecida del joven de pelo negro.

—Gracias. —susurró Angela luego que su tía la curase y obligase a tomar chocolate caliente, sin permitirle hablar luego de intentar pedirle que fuese con James.

—Ustedes dos se quedan quietos aquí mientras voy a ayudar a Charlton y Benjy con la administración de las pociones a Lupin y Potter. —les ordenó Catherine a los chicos con pasamontañas, preocupada por su estado debilitado luego de evaluarlos con su varita.

—Venus necesita de la poción rellena‑sangre para Electra. —le dijo Angela con tono suave a quien la había criado y tratado como una hija, con amor fraternal.

—¿Venus es medimaga? —preguntó intranquila Christine.

—No exactamente. —le respondió Angela nerviosa.

—Entonces lo mejor será que traigan aquí a… ¿Electra?

—No es prudente. Ni siquiera lo es que nosotros estemos aquí. —replicó Harry mirando de reojo a los otros miembros de la Orden del Fénix.

—Pues entonces yo voy con la poción al lugar en que la tengan —afirmó Catherine comprendiendo la mirada—. No sé cuál es el problema con ustedes, pero soy medimaga y no estoy conforme con unos jóvenes sin la preparación adecuada preparando y manipulando pociones tan delicadas.

—Disculpe usted, señora Brown, pero no consideramos prudente que vaya allí. Si nos disculpan Diana y yo tenemos que irnos ya. —se incorporó Harry con dificultad del sillón.

—Ustedes dos se quedan aquí. —les ordenó el director serio, que venía entrando a la sala, adelantándose a la réplica de Catherine.

—Pero… —empezó a protestar Harry, deteniéndose al aparecer Moony con dos envases y una nota en sus patas—. Las pociones Mielato Pancreatis para Remus y Apis Regina para los dos. —le dijo luego de leer el trozo de pergamino, entregándole los envases cerrados con las pociones.

—Voy a llevarle esto a Jennifer y traer de la que está preparando Benjy para que la envíes con el fénix. Espera sentado para que no se te reabra la herida. —le indicó el profesor luego de recibirle los envases, señalándole el sillón.

—Pero… —empezaron a protestar simultáneamente Catherine y Harry, callándose cada uno al oír al otro.

—¿Están acaso dudando de mi criterio para resolver la situación de crisis que tenemos? —preguntó el director con el ceño fruncido a la que había sido su alumna y al que estaba seguro lo sería en un futuro.

—No señor. —replicaron los dos como niños regañados, bajando la cabeza.

—Entonces se hará lo que he dicho. —afirmó el director. Miró significativamente al chico y el sillón, asintiendo al verlo sentarse.

Edgar Bones, Rubeus Hagrid, Dedalus Diggle, Elphias Doge y Sturgis Podmore vieron todo aquello intercambiando miradas de desaprobación, pero ninguno dijo nada. Aberforth Dumbledore veía todo con genuina curiosidad, mientras Arabella Figg y Emmeline Vance estaban nerviosas y confundidas. Minerva y Alastor intercambiaron disimuladamente miradas de preocupación, ubicándose la primera junto a los chicos y el segundo al lado de la chimenea mirando frontalmente a sus compañeros.

—Voy a atender a los pacientes que sí respetan mis indicaciones. —salió protestando la medimaga de la sala.

—Claro, porque están inconscientes. —masculló Harry entre dientes pensando en cómo estaría Remus si hubiese reaccionado ya. Estaba preocupado por lo mal que había visto tanto a su papá como a su tío, también por la expresión angustiada de su mamá.

—Menos mal que no te escuchó o se hubiese regresado a reñirte. —le susurró Angela a quien quería como un hermano mayor, apretándole levemente la mano en señal de apoyo.

Minerva, que los había escuchado, no pudo menos que estar de acuerdo con sus apreciaciones. Sospechó una vez más que los chicos fingían la pérdida de memoria, preguntándose nuevamente si serían hijos o nietos de sus ex alumnos y qué no querían decir sobre sus vidas para estar fingiéndola.

El director regresó con la poción y un sobre cerrado, entregándoselos a Harry. El joven miró el sobre con suspicacia, pero no dijo nada y los envió a su novia con Moony.

—Diana, Marte, acompáñenme a la cocina para que hablemos mientras los elfos les preparan más chocolate. —les ordenó el director.

Los dos chicos lo miraron extrañados pero lo obedecieron. Frank ayudó a Harry al verlo tambalearse levemente, mientras que Minerva apoyó desde el primer momento los movimientos de Angela para evitar que se apoyase en la pierna herida. Alastor inmediatamente se ubicó tras los chicos.

—Quiero saber qué pasó en Manchester. —les pidió serio Albus a los chicos en cuanto Frank y Minerva los ayudaron a sentarse frente a la mesa pequeña de la cocina, donde él se sentó con ellos.

—Justo antes que los fénix nos avisasen del ataque Electra y yo tuvimos una fuerte discusión. —comenzó de inmediato a responder Angela, que sabía que "su hermanito" no estaba en condiciones de armar algo creíble con rapidez.

Ella también estaba golpeada anímicamente al saber a su hermanita de crianza y el tío más querido graves, pero estaba acostumbrada a acorazarse para sobreponerse a las situaciones mientras resolvía las crisis. Lo había hecho por primera vez teniendo nueve años. "Su hermanito" tenía al papá, que conocía desde sólo un par de meses atrás aunque ya le quería por sus escasos recuerdos, entre la vida y la muerte.

Los miembros de la Orden del Fénix se sorprendieron porque fuese ella y no él quien empezase a responder, incluso Albus, Minerva y Alastor que lo habían visto sobreponerse a él muchas veces para protegerla a ella.

—Yo le había pedido a Dotty y Wykers que no fuesen más al campamento para obligar a los chicos a hacerse responsables de su propia supervivencia, como parte del plan de entrenamientos que nos planteó Marte, además de aislarnos durante unos días totalmente —Hasta este punto era cierto, pero ella no había discutido con su prima por aquello—. Ella no estaba de acuerdo porque considera que aún no estamos listos para el plan que yo propongo, además de molestarle el que no lo hubiésemos hablado antes con Angelica y Jennifer.

—Cada uno de los otros miembros del grupo intervino y me temo que se nos fue la discusión de las manos —continuó Harry con tono triste.

Agradecía que "su hermanita" hubiese inventado algo que justificase lo ocurrido cuando él no estaba en condiciones, pero estaba decidido a mantener su posición de jefe y responsable del grupo. Además sabía que ella estaba también mal anímicamente, por lo que hizo un esfuerzo para acorazarse él también.

—Justo cuando yo daba por finalizada la discusión aparecieron los fénix a avisarnos del ataque. Cuando di la orden de retirarnos por la callejuela creo que Electra interpretó que ya nos íbamos y se devolvió para hablar con James y Remus —Denegó y suspiró—. Al menos eso es lo que entendemos de lo ocurrido.

—Marte. —llamó Ginny preocupada a través de la ventana de la cocina.

—¡Venus! ¡¿Qué haces aquí?! —exclamó preocupado Harry.

—Yo les pedí que en lugar de acampar lejos lo hiciesen aquí, en el jardín de la casa. —le respondió el director incorporándose.

—¿Electra? —preguntó de inmediato Angela, sin lograr evitar que su voz delatase la angustia que sentía.

Adormilada pero mejorando con las pociones. —le respondió Ginny de inmediato.

—Profesor Dumbledore, nosotros… —empezó Harry.

—Vamos. Yo también quiero ver cómo está. —se adelantó el director sonriéndoles.

Minerva y Frank ayudaron nuevamente a Angela y Harry a caminar, mientras Emmeline subía rápidamente a avisarle a la medimaga que habían traído a la chica herida al jardín. Cuando entraron a la carpa se encontraron a Fred y George incorporando levemente a Jessica con cuidado para que no se le reabriese la herida más seria en el abdomen, acercándole Luna el preparado de color miel con vapor blanquecino a la boca.

El director miró con preocupación los labios blanquecinos de la que estaba seguro era su nieta. También los vendajes que cubrían el torso de la chica, apenas semi‑oculto por la capa. Notó el extremo cuidado con que la movían los gemelos para recostarla de nuevo y la evidente preocupación en todos, reafirmándose en que había sido correcto el pedirles que la llevasen allí.

—¿Electra? —la llamó con tono suave.

—No despertará en varias horas, profesor. —le respondió Ginny.

—Venus, chicos, no es que desconfíe de sus buenas intenciones para curarla ni de los conocimientos que al respecto puedan tener, pero estaría más tranquilo si Catherine Brown la examinase como medimaga. —les planteó con tono suave.

—Estoy de acuerdo. —afirmó Ginny, que estaba muy preocupada por el estado de la chica de ojos miel. Ella tenía los conocimientos pero no la experiencia práctica y las heridas eran demasiado serias.

—Yo también. —afirmó de inmediato Fred mirando implorante a Hermione.

—Será lo mejor para Electra. Luego resolveremos lo que haga falta. —afirmó la castaña sonriendo suavemente a su cuñado.

—Voy entonces a buscarla. —dijo contento el director.

—Ya estoy aquí. —replicó Catherine tras el grupo en la puerta de la carpa, pues había bajado corriendo con Emmeline y escuchado la conversación parcialmente oculta tras Benjy.

Neville acompañó a Fred a salir tras Ron y Harry, que era apoyado por George. En la carpa se quedaron Emmeline, Minerva y Christine con Ginny, Angela, Luna y Hermione.

Los cinco chicos, cabizbajos y silenciosos, se recostaron a una piedra grande junto a la cual habían armado rápidamente la carpa grande que llevaba Ron en su mochila, adicional a las individuales que cada uno llevaba en la suya. No prestaron atención a los miembros de la Orden del Fénix que estaban junto a ellos. El peso del mal estado de la chica de ojos miel, el padre de la chica y el de su líder estaba asentándose completamente en sus mentes y corazones.

—Disculpen nuestra actitud con su amiga y ustedes, chicos. —se atrevió a romper el silencio el inefable.

—Estamos en guerra y la situación no estaba clara. —le respondió Harry sin mirarlo, mientras levantaba los ojos hacia el cuarto en que su papá y su tío aún se debatían entre la vida y la muerte.

—Deberían volver a esta casa mientras ubicamos a los amigos de sus familiares, los padres de los niños, para que estén a salvo. —intervino Edgar.

—Disculpe, señor Bones, pero mientras Voldemort y sus mortífagos estén activos no hay un lugar en el que alguien pueda estar a salvo. —replicó Harry con los ojos fijos aún en la ventana.

—Tal vez, pero ustedes no deberían estarse presentando en batallas. —insistió Benjy.

—Electra ni siquiera es mayor de edad —presionó Edgar ante el silencio de los chicos—. Hablaré con mi hermana Amelia para que me ayude a buscar legalmente una forma de impedirles…

—POR FAVOR —estalló Fred—. ¿PODRÍAN ESPERAR AL MENOS A QUE ELECTRA, REMUS Y JAMES ESTÉN COMPLETAMENTE FUERA DE PELIGRO? ¿NO LES PARECE QUE JUSTO AHORA NO ES EL MOMENTO PARA QUE NOS DIGAN ESO? —les planteó a gritos, incapaz de contenerse.

George y Ron se apresuraron a sujetarlo mientras Neville y Harry se interponían entre su amigo y los miembros de la Orden del Fénix, al igual que Frank, Alastor y Albus.

—Hablaremos de eso y lo que haga falta cuando Electra, James y Remus estén totalmente fuera de peligro y en franca recuperación, no antes. —aseveró con firmeza el líder de la O.D.F., tranquilizándose un poco al verlos a todos asentir levemente y acomodarse en posiciones menos tensas, los dos grupos levemente separados.

Fred se sujetó la cabeza entre sus manos, agradeciendo el que su gemelo le abrazase con fuerza pues sentía que estaba a punto de derrumbarse.

Neville siguió la dirección de la mirada angustiada de las esmeraldas de su amigo hacia la habitación en que los dos Merodeadores luchaban por sus vidas, desviando luego levemente su mirada hacia su padre para luego bajarla al piso. Había visto a Harry alejarse con aquella profunda tristeza en su mirada, además de la evidente tensión de Angela mirando a su alrededor, justo cuando veía a Jessica devolverse.

Para él había sido evidente que la chica de pelo negro presentía mortífagos cerca, también que la prima no se había dado cuenta por su propia indecisión en hacer o no lo que finalmente hizo. No había estado enfocada en el combate y estaba seguro que Harry no le había ordenado irse para evitar agravar el problema.

Había dudado por un instante si debía advertirles a ellos, que estaban más cerca, o dejar que la chica hablase con su joven padre. Justo ahora se arrepentía de ese momento de indecisión.

—La atención que les ha dado Venus a Electra y Gea es correcta —informó Catherine apenas salir de la carpa con Emmeline y Minerva—. Sin embargo el estado de Electra es tan grave como el de Remus y James. Tendremos que esperar un par de horas para observar su evolución y ver si es necesario darle concentrado de Medicago Vaccinium.

Fred se deslizó por la piedra hasta quedar sentado en el piso, mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos azules sin que pudiese evitarlo. Harry y George también se dejaron caer sentados, el peso de saber el estado real de los tres heridos abrumándolos. Ron y Neville bajaron las cabezas y se sentaron junto a ellos.

El haber estado buscando los ingredientes y la situación con los miembros de la Orden del Fénix los había mantenido distraídos en gran parte. Eso había evitado que sus mentes procesasen realmente el estado de salud de Jessica, Remus y James. Pero las palabras de la medimaga y el saber que no podían hacer otra cosa, excepto esperar, era una losa muy pesada en sus ánimos.

Luna y Angela, que salían tras la medimaga, tragaron saliva al ver sus reacciones.

—Vamos adentro, chicos. Ella querrá verlos cuando despierte. —les dijo la segunda con tono suave.

—Leto y yo estaremos aquí afuera al pendiente de noticias y lo que sea necesario. —le indicó Neville a Harry, palmeándole levemente en el brazo.

George y Ron ayudaron a incorporarse a Harry y Fred, que hacía esfuerzos por recuperar la calma. Harry miró una vez más en dirección a la ventana del cuarto en que su padre y su tío estaban graves, bajó la mirada y asintió. Le estaba costando demasiado dominarse para no ir a esa habitación.

Catherine y Emmeline miraron preocupadas a los chicos y luego al director, que con el ceño fruncido denegó. Había comprendido de sus expresiones que querían darles algo para obligarlos a dormir y, posiblemente, quitarles las varitas para poderlos poner bajo control. Albus les indicó con una leve cabezada la casa para que lo siguiesen y hablasen allí. Minerva frunció el ceño y los siguió, pues ella también creía que debían darles algo a los chicos para tranquilizarlos y hacer lo necesario para que ninguno de ellos volviese a presentarse de nuevo en batallas.

Frank y Alastor se quedaron junto a Luna y Neville al ver que Edgar, Benjy y Hagrid no se iban hacia la casa como los demás.

Una hora más tarde salieron Harry, Ginny, Hermione y Ron de la carpa, incapaz el primero de quedarse allí adentro por el agobio que sentía. Los cuatro se sentaron donde habían estado Luna y Neville, que sin decir nada entraron a la carpa.

Alastor los acompañaba en silencio, atento a las expresiones y gestos que lograba ver en sus rostros cubiertos por pasamontañas. Frank había logrado disuadir, con ayuda de su esposa, al semi‑gigante, el rubio y el moreno de entrar nuevamente a la casa.

—Hemos empezado a asumir que Caradoc no aparecerá, como tampoco lo hará su hermano —se atrevió a romper el silencio el auror—. La mayoría de los miembros de la Orden del Fénix desconfían de ustedes porque se fueron de aquí sólo unos días antes que no volviésemos a saber de ellos —aclaró al ver que los cuatro lo miraban asombrados, pues por órdenes del líder del grupo no les habían dicho a los chicos—. Albus no quería que lo supiesen aún para no preocuparlos. Yo considero que ustedes deben saberlo, tanto por su nueva situación con nuestro grupo como para que extremen las medidas de precaución en el lugar que se están quedando. El hermano de Caradoc era un squib que trabajaba en el banco.

—Gracias por decirnos, señor Moody. La intención del director tal vez sea buena, pero el no saberlo posiblemente nos hubiese generado más problemas de los que ya tenemos. —le dijo Hermione, mirando de reojo a su mejor amigo luego de ver al auror asentir.

—En cuanto Electra, James y Remus estén fuera de peligro buscaremos un nuevo lugar en el cual quedarnos que sea más seguro para todos y también tendremos el menor contacto posible con el profesor Dumbledore y su grupo —aseveró Harry con tono pausado y bajo mirando la ventana del único cuarto con luz en el primer piso, además de la cocina en planta baja—. Solamente vendremos aquí dos veces a la semana para las prácticas cuando ellos tres estén totalmente recuperados, si no hemos encontrado para entonces la forma de volver al lugar al que pertenecemos.

—Supongo que no hay forma de hacerles desistir de esa idea o de ir a batallas. Pero si se distancian de Lily Potter y Alice Longbottom las perjudicarán en sus embarazos, porque estarían permanentemente angustiadas. —replicó el auror fingiendo mirar hacia la ventana también, pero observando lateralmente sus expresiones. Se contuvo de sonreír al ver al chico de pelo negro bajar la mirada.

—Mantendremos el contacto cada dos días con las doce personas que saben nuestra realidad, pero nos alejaremos de los demás —respondió Hermione—. Al menos hasta que ellas dos den a luz si aún estamos aquí para esas fechas —aclaró al ver que su mejor amigo, su novio y su amiga se giraban a mirarla interrogantes—. También los llevaremos a ese lugar a los doce para que sepan que estaremos bien. Pero luego pondremos barreras incluso a ustedes porque necesitamos un sitio en el que podamos estar sin los pasamontañas y desenvolvernos con mediana tranquilidad, o nuestro estado de tensión nerviosa permanente generaría otro problema.

—Perfectamente comprensible. —asintió el auror.

Los cinco volvieron a quedarse en silencio. Siguieron así hasta que empezó a amanecer, en que la salida de Luna de la carpa y de Frank de la casa los sobresaltó.

—Electra aún no despierta pero Diana dice que está totalmente fuera de peligro, después de examinarla como nos indicó Venus. —les informó la joven rubia con una suave sonrisa.

—Remus ha salido de peligro hace unos minutos y acaba de despertar. Iré a decirle del estado de Electra para que se tranquilice, pues lo primero que hizo fue preguntar por ella y por James. —les dijo Frank.

—¿Aún no hay noticias de James? —preguntó Harry angustiado.

—Charlton dice que ha reaccionado bien a las pociones y que de seguir así estará fuera de peligro también dentro de poco. —le respondió Frank con sinceridad.

Harry suspiró con frustración pero asintió en su dirección. Al menos su prima y su tío ya estaban a salvo y el pronóstico de su papá era bueno. Era lógico que ellos dos se recuperasen mejor por su licantropía, aunque en ella fuese ahora recesiva.

—Entren a la carpa a ver a su amiga. Los llamaré si hay novedades de James. —les dijo Alastor, comprendiendo la duda del líder de los chicos.

—Gracias. —respondió Ron, entrando luego con los demás a la carpa mientras Frank regresaba a la casa.

Minutos más tarde los chicos le sonrieron con cariño a Jennifer. Los cinco chicos salieron por su petición, para que ella examinase personalmente a Jessica que ya había despertado y la tranquilizase. Eso era algo que no habían logrado hasta ahora Angela, Fred y Harry.

—He logrado calmarla y que tomase poción para dormir sin soñar —les informó la estudiante de medimagia a los cinco chicos en cuanto salió de la carpa—. Acompáñame arriba, Marte, para que Lily y Remus se tranquilicen un poco.

—Seguro. Gracias Jennifer. —le sonrió Harry. Caminó de inmediato con ella a la casa, aunque despacio porque la herida le molestaba bastante.

Luna salió a quedarse con Neville afuera de la carpa mientras Ron y George acompañaron a Fred adentro. El último estaba más tranquilo al saber que tanto su novia como su suegro estaban fuera de peligro.

A Hermione la había convencido también Jennifer de tomar poción para dormir sin soñar, para que se recuperase de sus heridas. Ron velaba su sueño, su mente preocupada por la situación que se presentaría en unas horas cuando el papá de su mejor amigo estuviese fuera de peligro. No quería pensar siquiera lo que ocurriría si no era así.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

Harry pasó entre los otros miembros de la Orden del Fénix con paso decidido. Estaba tranquilo porque sabía que la presencia de Jennifer y Angelica, que habían bajado por petición de Remus, evitaría problemas.

Las gemelas Cundáwans habían mirado al semi‑gigante, el rubio y el moreno con tal severidad en cuanto pusieron un pie en planta baja, que los tres permanecieron en silencio cuando pasaron con el chico rumbo a las escaleras.

A ellos no les gustaba aún la negativa de los chicos a mostrar sus rostros, el que desapareciesen su amigo y el hermano justo cuatro días después que ellos se fuesen de esa casa y lo ocurrido horas antes. Tampoco los convencía mucho la explicación dada por los chicos al director. Sin embargo conocían lo suficiente a las gemelas White para saber que no era oportuno interferir en que llevasen al que se hacía llamar Marte con sus dos amigos heridos.

Apenas entrar al cuarto las gemelas se aproximaron con el chico a la cama de James. Sólo estaban adentro Lily, Sirius, Alice y Frank, ya que los esposos Brown habían viajado al hospital San Mungo una hora antes. Jennifer les había avisado por medio de su lechuza de la recuperación de Electra y Remus, en cuanto Frank entró a informar lo dicho por Luna.

Harry le sonrió con cariño a su mamá, que le tenía tomada la mano derecha a James. Se sentó al otro lado de la cama y le tomó con cuidado la mano izquierda a su papá, mirando atentamente el rostro demacrado y sin lentes. Se asustó un poco al sentir que involuntariamente le transmitía energía esmeralda, aunque sin dejar de hacerlo.

—¿Qué haces? —le preguntó Lily en un susurro asustado.

—La verdad es que no lo sé. —le respondió Harry con sinceridad, pues no era voluntaria la transmisión y sentía que era su mamá quien lo guiaba. «Sólo que eso no es posible… ¿o sí?».

—Lily… —murmuró James, entreabriendo los ojos justo luego que la luz color esmeralda que los había rodeado a los tres cesase.

—¡James! —exclamó emocionada la pelirroja. Se inclinó de inmediato hacia él mientras con cariño le acariciaba la frente, dándole feliz un beso en la mejilla al sentir que la fiebre había desaparecido—. No sé lo que hiciste pero gracias. —le dijo enseguida al chico que los miraba con sus ojos muy abiertos, asintiendo al ver que la angustia y sorpresa en aquellas esmeraldas idénticas a las suyas se transformaban en dicha.

—¿Cómo están Remus y Electra? —preguntó James en voz baja y ronca. Se sentía atontado y no había entendido lo dicho por su esposa, pero recordaba cuando los rodearon los mortífagos. También las heridas en la chica, su amigo y él mismo antes de perder el conocimiento.

—Fuera de peligro y recuperándose —le respondió de inmediato Jennifer, pidiéndole con un gesto silencioso al chico que se desplazase para examinarlo—. Tranquilo para que puedas recuperarte. —le indicó con suavidad al ver que miraba alrededor con ansiedad.

—Yo estoy aquí, James —le dijo Remus. Asintió al cruzarse sus miradas, luego que Lily le pusiese los lentes a su esposo—. Y estoy seguro que Marte no estaría aquí si Electra no estuviese fuera de peligro. —afirmó mirando al chico, sonriendo al verlo asentir.

—¿Cómo están los demás? —preguntó preocupado James. Había notado, mientras su amiga lo examinaba, que el chico se había tambaleado levemente y su hermano por afecto lo había ayudado a sentarse, aunque los dos habían disimulado sus movimientos lo mejor posible.

—Rasguños y moretones, nada serio. —le respondió de inmediato Lily.

—Electra, Remus y tú estuvieron graves hasta hace poco. Sólo está cansado por la tensión nerviosa. —agregó Jennifer al ver la mirada de incredulidad del convaleciente a su esposa y luego la interrogante a ella señalándole con una cabezadita al chico.

—Vamos a avisarles a los demás que James también está fuera de peligro para que se tranquilicen. —le planteó Angelica al joven con el pasamontañas, comprendiendo que quería irse para no preocupar a los dos hombres en cama.

—¿Cuándo podremos ver a Electra? —preguntó preocupado Remus.

—Cuando autorice a alguno de los tres a levantarse de las camas —respondió Jennifer mientras su gemela salía del cuarto con el chico—, lo cual no ocurrirá hasta que estén más recuperados. Me aseguraré aunque tenga que atarlos a las camas, en las pocas oportunidades en que no los mantenga dormidos.

—No te atr… —empezó a protestar James, deteniéndose al ver un brillo malicioso en las aguamarinas de la gemela—. Sí lo harías. —afirmó resignado. Sonrió al ver abrirse la puerta y entrar a Hagrid el primero tras Albus, siguiéndoles los demás.

Sirius salió un par de minutos después de la habitación por la petición silenciosa de quien quería como un hermano para que fuese con los chicos. Ahora que Lily estaba más tranquila, no peligrando por lo tanto la salud de ella y el bebé, él se sentía en libertad de ir con ellos. Lo había querido hacer desde que Albus lo sacase del cuarto en que habían ubicado a los dos heridos, el mismo en que hasta mes y medio atrás ocupasen los cinco chicos.

Pero la angustia en Lily lo había retenido allí. Faltó muy poco para que flaquease su resolución cuando vio a su suegro llegar con su ahijado herido, para que los amigos de su cuñada lo curasen. Se había contenido sólo porque no quería correr el riesgo que la pelirroja con esmeraldas llenas de angustia perdiese al bebé y, por lo tanto, los perdiese a los tres: su hermano, su amiga gruñona y su ahijado. Por eso también Albus los había dejado entrar al cuarto a él, Alice y Frank, convenciendo a los Brown, para que ayudasen a mantenerse serena a Lily Potter.

Pero ahora que ella estaba más tranquila y su hermano consciente, evidentemente muy recuperado luego que el chico hiciese aquello tan extraño, sentía al igual que James y Remus que debía ir con los chicos. Había visto asentir levemente en su dirección a su amigo de ojos miel cuando se deslizaba fuera del cuarto, con la mirada llena de angustia.

Alcanzó a su ahijado y su esposa cuando estaban a punto de salir de la casa, justo a tiempo pues el chico se había detenido y agarrado el torso con su brazo izquierdo mientras con el derecho se sujetaba del marco de la puerta. Lo sujetó rápido y lo ayudó a llegar a la carpa. Lo recostó en cama con ayuda del hijo de Frank, que se apresuró a ayudarlo cuando estaban cerca de la carpa.

Angela selló y silenció la carpa apenas entraron con él, quitándose todos los pasamontañas.

—Yo debo… —intentó protestar débilmente Harry.

—Dormir con poción para dormir sin soñar. Sí, estoy totalmente de acuerdo. —fingió completar Angelica, sonriendo con picardía ante el gesto enfurruñado de él al oírla.

—¿Cómo está James? —preguntaron a coro Ginny, Ron, Fred, Angela, George, Luna y Neville, asombrándose en seguida por la coincidencia.

—Fuera de peligro y recuperándose gracias a lo que hizo Marte con esa luz esmeralda. —les respondió Sirius.

—¡¿Qué!? —exclamaron los siete chicos con una mezcla de asombro y preocupación.

—No sé lo que ocurrió —se explicó Harry, que era retenido en la cama por su padrino mientras su madrina buscaba en el maletín de la menuda pelirroja la poción—. Lily le tenía tomada la mano derecha, yo le tomé la izquierda para que sintiese mi apoyo si eso era posible. De pronto una luz esmeralda nos rodeó a los tres y cuando cesó él no tenía fiebre y reaccionó. Yo no hice nada, sólo le tomé la mano y deseé que mejorase mientras miraba los ojos de Lily. —finalizó con voz cada vez más baja, perdiendo la batalla con su malestar.

—Bebe esto y descansa. Lily y James se preocuparán si tú no subes más tarde a verlo a él de nuevo. —le dijo con tono suave Angelica, sabiendo que con eso lo convencería, dándosela a beber con cuidado. Sonrió al ver que se quedaba dormido.

—Tú también deberías descansar. —le dijo Sirius a su hija. Clavó sus ojos grises con tal firmeza en los de ella, cuando la vio con intenciones de oponerse, que la chica bajó la mirada y asintió.

George sonrió y la llevó hasta la cuarta litera en la carpa. La ayudó a recostarse en la cama inferior, cubriéndola con cariño con un cobertor. Ginny le apuntó luego con su varita y la durmió. Ya la habían obligado a tomar poción para los pulmones dos veces, pero su respiración no era totalmente regular y aún estaba afectada por el frío en la montaña.

—Chicos… —empezó Angelica.

—No. Debemos estar atentos a Electra y ellos tres. —la interrumpió con tono firme Neville.

—Y también a la situación con sus amigos. —completó Ron con seriedad.

—Angelica y yo estaremos aquí con ustedes, velando tanto su sueño como evitando que ellos vengan aquí —les aseguró Sirius. Suspiró al verlos denegar—. Alice, Lily, James y Remus están preocupados por ustedes, por eso estoy aquí. —presionó para convencerlos.

—Haremos dos turnos. Mercurio, Venus y Neptuno descansan primero, luego Leto, Júpiter y yo. —decidió Ron.

Fred iba a oponerse, pero su gemelo miró a Jessica y luego a él directo a los ojos, haciéndole comprender que debía estar descansado cuando ella despertase. Se acostó en la cama superior de la litera en que dormía su prometida, protestando entre dientes cuando su hermana menor le tendió un vaso de agua con poción para dormir sin soñar.

Neville se acostó poco convencido en la cama sobre la que dormía Hermione, tomando el vaso con agua y poción que le tendió la gemela.

Ginny aceptó dormir con la poción, en la cama sobre la que dormía Angela, sólo cuando Sirius le aseguró por tercera vez que él personalmente traería a Catherine Brown si Electra presentaba cualquier cambio. Así no preocuparían a Jennifer y, por lo tanto, a Remus, James, Lily y Alice.

—Tal vez no sea el momento para hablarlo, pero nos iremos del lugar en el que nos estamos quedando actualmente a otro —les dijo Ron a Angelica, Sirius, Luna y George cuando ellos estaban ya dormidos—. Lo hemos decidido Marte, Gea, Venus y yo en la madrugada, luego que el señor Moody nos dijese que junto con el señor Caradoc Dearborn desapareció también su hermano.

»La situación es ya grave con sus amigos. Será peor si alguien llega a enterarse dónde estamos —agregó al ver a los Black intentar protestar—. Si el otro señor Dearborn trabajaba para el banco es posible que investiguen en las cercanías de las propiedades de ustedes los enemigos, lo cual les daría esa idea también a los señores Bones y Fenwick.

—Pero no pueden ir de nuevo a esa cueva helada en el Snowdon. No sólo es peligroso sino que Diana estaba hoy muy mal luego de volver con los últimos ingredientes. Catherine estaba muy preocupada por ella. —replicó angustiada Angelica.

—Habíamos investigado en las cuevas Wookey Hole y Hellfire, con la finalidad de ir a curarnos si estamos heridos, pero no nos parecieron ni seguras ni saludables las que exploramos. Mientras explorábamos unas cuevas en Crowborough, cuyo acceso está cerrado a los muggles por lo peligrosas que son, hemos ubicado unas joyas. Se nos ha ocurrido que podemos usar las piedras preciosas que conseguimos para comprar una propiedad pequeña, una casa donde quedarnos mientras estemos aquí. Teníamos esa alternativa como plan de emergencia y ahora es necesario que lo hagamos.

—Pero así los ubicarían directamente a ustedes, si tienen razón en que usarán la posible información que sobre el banco le sacasen al hermano de Caradoc. Aunque dudo mucho que alguien pueda entrar a robar algo en Gringotts en su vida. —replicó Sirius al chico pelirrojo alto, queriendo combatir con lógica su plan. Maldijo internamente porque no estuviesen allí Remus o James, que eran mejores que él para eso.

—No haremos negocio con magos sino con muggles. Los mortífagos los desprecian y no investigarán con ellos. Sus amigos esperan que nos desenvolvamos sólo entre magos, según lo que saben de nosotros, pues sólo ustedes doce saben que Diana, Electra, Gea y Marte tienen conocimientos de muggles por lo que compartieron con nosotros —explicó Ron. Levantó una mano para detener la protesta de Angelica, que lo miraba angustiada—. En cuanto nos sea posible comprar el lugar los llevaremos a los doce para que lo vean, pero incluso a ustedes les bloquearemos luego el acceso allí.

—Lily y Alice… —empezó a argumentar la gemela.

—Vendremos a verlas cada dos días hasta que den a luz, pero más nadie debe estar enterado. —la interrumpió Ron.

—¿Qué pasará cuando nazcan los niños? —preguntó Sirius con el ceño fruncido.

—Esperamos que podamos volver a nuestro tiempo lo antes posible. Pero si aún estamos aquí para esas fechas es posible que distanciemos la frecuencia en que vendremos aquí, aunque estoy seguro que no romperemos totalmente contacto. —le respondió Ron.

—¡Rayos! —exclamó Sirius con frustración luego de varios minutos de silencio. No encontraban ni su esposa ni él argumentos para hacerlos desistir, pues la situación con los otros miembros de la Orden del Fénix, que hasta ahora había sido tensa, era definitivamente ya insostenible—. ¿Por qué tenía que presentarse la situación de anoche? —preguntó a nadie en particular.

—Porque Electra quiso forzar las cosas al querer hablar con ustedes para volver aquí a la casa. —dijo Luna con aire triste, mirando a su amiga de ojos miel.

—¿Qué? —preguntó asombrada Angelica.

—Ha estado muy alterada desde la noche del ataque de los licántropos. Quería decirles a ustedes que sabemos la condición de Remus y pedirle que nos permitiese las noches de luna llena que lo acompañásemos como animagos. —inventó rápidamente George.

—Remus no hubiese aceptado. —denegó Angelica mirando a su sobrina, mientras Sirius se pasaba la mano derecha por su cabello.

Aquello si les parecía lógico a ambos, pues Emmeline, Edgar y Benjy tenían razón en que la excusa dada por los chicos al director era débil.

—No debiste decirles. —riñó Ron a Luna por su desliz, que de no ser por la rápida excusa de su hermano los tendría en un aprieto.

—Lo que habían dicho Diana y Marte no era convincente. No la regañes —le dijo Sirius, mirando seguidamente a su sobrina, su hija, su ahijado y el castaño pensativo—. Todos los vieron bastante alterados cuando aparecieron aquí luego de pasar la noche con esos niños, así que es lógico que Electra quisiese regresar a la casa porque no le parece seguro que estén a descampado. Pero Diana y Marte no dijeron toda la verdad para no preocupar más a Lily y Alice. ¿Qué opinan?

—Excelente. Cercano a la verdad y sin crear conflictos adicionales. —afirmó George sonriente.

Luna y Ron tuvieron el mismo pensamiento: Los gemelos, James, Sirius y Remus unidos hubiesen sido imposibles de controlar incluso para Albus Dumbledore.

—Nosotros haremos lo posible por suavizar las cosas con nuestros amigos, pero no se alejen por favor —agregó de inmediato Sirius—. El saber que van a las batallas es angustiante, pero si no sabemos de la salud de ustedes luego… Jennifer y Remus están relativamente tranquilos porque saben que Electra está fuera de peligro y ella la ha visto. ¿Se imaginan una situación como la de hoy y que ustedes no estuviesen en contacto con nosotros?

—Jennifer apenas si lograba concentrarse en atender a Remus. —añadió Angelica.

Los tres chicos tragaron saliva y miraron de nuevo a Jessica.

—Nos comunicaremos siempre luego de cada batalla y no romperemos el contacto con ustedes mientras estemos en esta época —afirmó Ron mirándolos frontalmente—. No podríamos hacerlo aunque fuese lo correcto. No sólo ellos cuatro les tienen mucho cariño a ustedes. —agregó recordando lo que le había dicho Angela a su novia, mirando a los durmientes.

»Pero no podemos permitir que se vuelva a suscitar algo como lo ocurrido anoche porque nos sobrepase la presión, así que debemos distanciarnos un poco de ustedes y tomar otras medidas. —finalizó mirando a Jessica. Ahora estaba decidido a unirse a su novia, su hermanita y su amiga en presionar a Harry para que aceptase el que les activasen los dones a los otros tres, en cuanto todos estuviesen recuperados.

Angelica y Sirius iban a protestar. Los dos se detuvieron al oír a la chica de ojos miel quejarse mientras se movía levemente. Los cinco se acercaron a ella rápidamente.

—Le está subiendo la fiebre. —dijo preocupada Luna, que fue la primera en llegar junto a la chica y tocarle la frente.

—Voy por Catherine. —dijo Sirius decidido. Los tres chicos asintieron en aceptación, tanto porque sabían que sería imposible detenerlo como por la preocupación.

—Espera —lo detuvo Angelica—. Intentemos bajársela con paños fríos. Jennifer me dijo hace un rato que no debíamos saturar sus organismos con pociones, cuando Remus presentó fiebre también. —agregó al ver que los cuatro dudaban.

—De acuerdo, pero si no logramos que le baje en unos quince minutos voy por ella. —aceptó Sirius, confiando en su esposa pero preocupado.

Diez minutos más tarde la fiebre desaparecía bajo los cuidados de Angelica, tranquilizándose los cinco. Se preocuparon de nuevo cuando fue Harry quien presentó fiebre. Tres horas más tarde, cuando despertaron Ginny, Fred y Neville les informó Luna lo ocurrido, tomando poción para dormir al igual que Ron y George. Los pelirrojos estaban un poco renuentes y aceptaron tomar sólo para descansar una hora.

Angelica fue a la casa para pedirles a Dotty y Wykers que preparasen comida para los doce y averiguar sobre la salud de James y Remus. El primero se recuperaba rápidamente, mientras que el segundo también había presentado fiebre.

Minerva y Albus habían tenido que viajar al colegio y Alastor al Ministerio, al igual que se habían ido casi todos. Permanecían en la casa sólo Arabella y Emmeline, que habían logrado que Lily y Alice se recostasen en el cuarto que antes habían ocupado las chicas, frente al que estaban los heridos.

Luego del almuerzo llegaron los Brown. Examinaron a los tres heridos, logrando convencer a Jennifer de dormir pues Venus ya había descansado, por lo que cuidaría de Electra mientras ellos dos cuidaban de James y Remus.

Los gemelos pelirrojos viajaron a Maidstone desde el interior de la carpa. Desaparecieron ya convertidos en dos hombres de veintisiete años, gracias a poción envejecedora, bajo la mirada resignada de Angelica. El hijo de su amigo y líder de los chicos había estado de acuerdo con lo dicho por el pelirrojo alto, que le contaron en el almuerzo con Angelica y Sirius, indicándoles a sus cuñados que diesen curso de inmediato al plan que habían trazado previamente.

Los esposos Black se habían contenido de oponerse para evitar una separación definitiva de los chicos, además de saber que al menos por un par de días no se irían de allí por la salud de Jessica, Remus y James.

Al día siguiente descubrirían que los chicos habían tenido razón, cuando una redada sorpresiva del grupo de Rufus Scrimgeour por una "información confidencial" revisó la casa de las gemelas y dos vecinas en Maidstone, así como mortífagos rondaron propiedades de los Potter y los Longbottom. Si no habían conseguido los aurores nada en su examen fue porque los gemelos habían trasladado de nuevo todo a la cueva en Bristol y borrado todo rastro de la presencia de ellos allí.

Minerva, Albus y Alastor tuvieron que aceptar, al igual que las cuatro parejas, que la decisión de los chicos era acertada. Charlus no estaba tan convencido. Además se sentía molesto con todos porque le habían ocultado que su hijo estuvo grave, aunque él esa noche también había presentado una fuerte recaída por su salud debilitada y tampoco les había avisado a ellos. Fue Lily quien logró tranquilizarlo y convencerlo de mudarse con ellos a Deercourage mientras nacía su bebé.