Padres e Hijos
Resumen: La herida de Harry. Teorías y conjeturas de un inefable. Chocolate y estrellas. Picnic matutino. Una decisión firme de Charlus Potter. Paseo a casita de campo.
El jueves a final de tarde llegaron Fred y George con su apariencia de hombres de veintisiete años al interior de la carpa, acompañados de Hermione con su apariencia normal, luego de avisarles por las esclavas de su llegada a los chicos para que se asegurasen que estuviesen solos.
—La hemos comprado, pero nos tomará al menos dos días el hacerle los arreglos pertinentes. —les informó Fred serio.
—El papeleo fue mucho menos complicado de lo que habíamos creído. La viuda del dueño quería vender la que fue la casa de la suegra, porque quiere mudarse con sus hijos a Londres, y nos facilitó las cosas al ver que teníamos el dinero en efectivo. —completó George.
—Además que con la habilidad de mis dos cuñados para los negocios hubiesen sido muy capaces de venderles un frigorífico a alguien que viviese en el sitio más helado del mundo, así como obligar a vender a un avaro sus posesiones. —comentó Hermione, que aún no salía de su asombro luego de lo visto y oído al acompañarlos.
Sus siete acompañantes en la carpa sonrieron al oírla, riéndose por las expresiones de fingida inocencia de los dos pelirrojos, que en sus rostros de hombres se veían aún más graciosas que en los juveniles.
—¿Puedo ir a ver a Remus y James? —preguntó Jessica queriendo aprovechar el buen ánimo de sus acompañantes.
—No. —respondieron los nueve a coro de manera automática, pues les venía preguntando lo mismo desde el día anterior al menos siete veces por hora mientras permanecía despierta.
—Pero ya estoy suficientemente bien para caminar. —protestó e hizo un puchero.
—Eso no es cierto y lo sabes. —la regañó Ginny.
—Por favor mi amor, quédate tranquilita. Ya te prometí que en cuanto estés en condiciones yo te llevo a verlos. —le recordó Fred con cariño, que se había aproximado a ella rápidamente y le acariciaba con cariño el rostro. Se acercó a besarla, deteniéndose al oír carraspear a Harry, Ron, Neville, Hermione, Ginny y Luna.
—Es que aún tienes tu apariencia cambiada y se ve muy niña ella para ti. —se explicó la rubia al ver que las primas y los gemelos los miraban interrogantes.
—Pero él es mi Mercurio. —protestó Jessica mirando a sus tres amigas.
—Sólo esperen los minutos que faltan para que pase el efecto de la poción. —les pidió la castaña.
Angela se cruzó de brazos enfurruñada al notar que Harry se interponía entre ella y George cuando su novio intentaba abrazarla, luciendo incómodo.
—Chicos, somos Sirius y yo. ¿Podemos entrar? —oyeron la voz de Angelica.
Los diez asintieron a la indicación de Harry, poniéndose los pasamontañas por las dudas antes de quitar el bloqueo. Se los quitaron luego que ellos dos ingresasen y volviesen a sellar la carpa.
Sirius sacó su varita con agilidad al ver a los dos hombres pelirrojos idénticos, al no reconocerlos, aunque se le parecieron mucho a sus fallecidos amigos Fabian y Gideon Prewett.
—Tranquilo, son Júpiter y Mercurio. —le dijo Angelica. Ella ya los había visto dos días atrás con esa apariencia, cuando fueron a la casa de ellos en Maidstone para sacar las cosas de los chicos de allí y luego irse de pesquisas según le contaron al llegar.
—Y están con esa apariencia porque… —inició la oración Sirius esperando que la completase alguno de los chicos con la información que no se atrevía a preguntar.
—Fueron a concretar el negocio del que les habíamos hablado, la compra de la casa en que nos quedaremos mientras estemos aquí. —le respondió Harry.
—Pero Electra aún no está recuperada. No pueden irse. —protestó de inmediato Angelica preocupada.
— La casa está bastante…
—… deteriorada porque…
—… estuvo sola siete años…
—… Tenemos que…
—… acondicionarla antes…
—… de poder mudarnos. —les explicaron los gemelos.
Sirius gruñó amenazador al ver el gemelo que estaba cerca de la chica herida darle un beso en la frente al terminar de hablar.
—Es mi novio. —protestó Jessica, haciendo un puchero al ver a su tío denegar.
—Sí, pero… Es que se ve muy mayor para ti justo ahora. —justificó Angelica el no haber reñido a su esposo, como normalmente hacía para que no se entrometiese.
Jessica y Angela bufaron, mientras Fred y George suspiraban y los otros seis chicos asentían en señal de estar de acuerdo.
—Lo cierto es que les queríamos pedir que estuviesen muy pendientes de Electra y Diana o Venus, pues la dejaremos aquí con una de ellas dos la mayor parte del tiempo solas para hacer los arreglos. —les dijo Harry.
—Remus y James han estado muy inquietos porque quieren ver a Electra —les contó Angelica. Sonrió al ver que los nueve chicos en pie rodaban los ojos mientras Jessica ponía carita de niña pequeña pidiendo mimos. El día anterior ella había estado presente cuando les metía presión la chica convaleciente para ir a ver a sus dos amigos—. Veníamos a pedirles que nos permitiesen el llevarla a la casa, al cuarto en que ustedes estuvieron aquí —señaló a las chicas—, para que esté al frente del que están ellos y nos sea más fácil el que puedan verse sin trasladarlos mucho.
—James y Remus aún están en el primer piso porque hace rato, cuando los quisimos trasladar a sus cuartos, protestaron que eran muchas escaleras, delatando las intenciones de los dos de escaparse para venir a verla. —agregó Sirius al ver sus caras de incomprensión sobre la ubicación de sus amigos, pues los chicos sabían que los llevarían ese día a sus habitaciones.
—Eso les ha valido poción para dormir sin soñar de noche y vigilancia continua de día, pero Jennifer desaconsejó el traslado a sus cuartos para evitar que se tensasen. —finalizó Angelica.
Nueve rostros se giraron a mirar a Hermione, que suspiró y asintió.
—Pero deben comprender que vendremos por ellas para llevárnoslas en cuanto la casa esté lista. —les dijo Harry a sus padrinos.
—Ustedes podrían venir a comer y a descansar en la carpa —pidió de inmediato Angelica—. Así Alice y Lily no estarán nerviosas. Especialmente Lily, que ya está muy preocupada por James y ha visto muy pálido a Marte. —agregó rápidamente al verles intención de negarse.
—De acuerdo. —aceptó resignado Harry, que aún se sentía mal de su herida en el costado pero hacía lo posible porque no se le notase.
—¿No sería más lógico que Venus se quedase a cuidar de Electra y yo fuese con ustedes? —planteó Angela una vez más—. Ella es la experta en medimagia y Jennifer necesita ayuda con los tres. —presionó.
—Pero en la casa habrá mucho polvo y eso le hará daño a tus pulmones. —replicó Ginny de inmediato.
—Yo estaré bien mientras las dos van a ayudar. —intervino Jessica.
Harry suspiró y rodó los ojos. Tenían esos dos últimos días debatiendo razones sobre cuál de las dos se quedaría a cuidar de Jessica, pues las dos querían ir a ayudar a arreglar la casa a la que se mudarían pronto y no querían dejar tampoco sola a la chica herida, que aseguraba estaría bien y que las dos deberían ir.
—Se quedarán las dos a cuidar de Electra y ayudar con James y Remus. —decidió para evitar que empezasen de nuevo.
—Pero… —intentaron las tres oponerse.
—Sin protestas —las interrumpió con firmeza Harry—. Si no te comportas no ves ni a Remus ni a James —le dijo a la herida—. Y ustedes dos saben que tienen que hacer lo que yo diga si quieren seguir acompañándome —les recordó a su hermanita y su novia—. Así que las tres se quedan aquí. —finalizó con sus esmeraldas brillando.
—De acuerdo. —aceptaron las tres enfurruñadas.
Angelica y Sirius lo miraban asombrados, Hermione y Ron con apoyo y los otros cinco chicos suspiraban, pues sabían que con lo dicho a Angela y Ginny no se refería a las batallas sino a los horcruxes y aún no les permitía a ellos acompañarlo.
—Se quedan las tres menores de edad con ustedes mientras arreglamos. Pero que eso no les de ideas raras sobre intentar retenernos por medio de ellas o me las llevo a Bristol. —dijo Harry mirando a sus padrinos fijamente.
—No haremos nada para retenerlos en contra de su voluntad y no permitiremos que nuestros amigos lo hagan. —le aseguró Sirius. Ahora comprendía lo que había sentido James días antes, cuando las esmeraldas del joven se habían posado sobre él arrancándole la misma promesa para no alejarse.
Angelica suspiró y asintió luego de pensar «¡Bonita mezcla de Lily y James con la que tendremos que lidiar!». Porque los ocho habían decidido que harían lo imposible por cambiar lo que hubiese ocurrido para que esos chicos tuviesen las vivencias que parecían tener siendo tan jóvenes.
—En ese caso esperemos afuera nosotros mientras las chicas arreglan a Electra para el traslado. —les indicó Harry a su padrino y sus amigos sonriendo, ampliándose su sonrisa al oír el gritito de alegría de su prima.
Fred besó muy contento a su novia, conteniendo Angelica a Sirius pues los gemelos pelirrojos acababan de recuperar su apariencia normal. La gemela sonrió al escucharlo protestar entre dientes, pues sabía que aún así no estaba de acuerdo.
Los cinco chicos salieron de la carpa con el joven hombre de ojos grises, luego de ponerse los pasamontañas. Suspiraron al ver salir por la puerta posterior de la casa al hombre moreno y dirigirse hacia la carpa.
—Tranquilos. Yo me ocupo de Benjy y los otros, se los prometo. —les dijo Sirius de inmediato, que comprendía la reacción de los chicos. A excepción del director y ellos ocho el resto de la O.D.F. había seguido presionando con buscar la manera de retenerlos, incluso su jefe, la subdirectora y el papá de su mejor amigo.
—Hola. ¿Cómo sigue Electra? —los saludó el inefable en cuanto llegó junto a ellos.
—Buenas tardes. Recuperándose muy bien. Gracias por preguntar. —le respondió Harry con tono formal.
—¿Es posible que la vea y hablar con ella? —preguntó el hombre moreno.
—En cuanto esté acomodada en el cuarto de la casa y en presencia de al menos dos de nosotros —aceptó Harry. Se explicó mejor al ver la expresión interrogante en su interlocutor—. Nos lo han pedido para que estén más tranquilos Remus y James, accediendo para que esté también más tranquila Electra. Pero nos la llevaremos en cuanto esté más recuperada.
—Al menos Electra, Diana y Venus deberían permanecer en esta casa hasta que consigan a algún familiar de ustedes, o el profesor Dumbledore pueda conseguirles tutores legales a las tres. —replicó Benjy luego de oír lo último, después de asentir comprensivo al oír los motivos de los chicos para permitir el traslado a la casa.
—Es por eso que las tres se quedarán en esta casa, mientras Angelica acompaña estos días a los mayores en unas diligencias. Vamos a buscar la forma de hacer el papeleo para que ella y yo seamos los tutores legales de las tres, sin poner en peligro a los chicos. —dijo con una sonrisa Sirius.
Harry frunció el ceño al oír a su padrino. Rápidamente analizó los pros y los contras del planteamiento que acababa de hacer Sirius para controlar la situación con el moreno y los otros miembros de la Orden. La excusa dada por George y completada por su padrino para la actitud de la chica de ojos miel en Manchester había funcionado para que comprendiesen lo ocurrido, pero al mismo tiempo había generado problemas. Ahora sabían que el grupo de los chicos estaba dividido en cuanto a quedarse en Deercourage.
—Ustedes aún no han formalizado su relación y eso no encaja con lo que acaba de decir Marte. —replicó el moreno perforándolo con la mirada.
—En cuanto a lo primero es algo que pondremos en papeles sólo si es obligatorio. Tanto Angelica como yo detestamos tanta formalidad para algo en lo que es necesario sólo amor, respeto y confianza. En cuanto a lo segundo, eso es porque aún estamos los dos en negociaciones con los chicos. Te agradecería que no las arruinases presionándolos. —le explicó Sirius.
El inefable entrecerró los ojos. «¿Hasta dónde se han involucrado afectivamente los ocho con los diez chicos?» se preguntó. Jamás se hubiese esperado algo así del hombre de ojos grises. «De James o Frank no me hubiese extrañado tanto, pero de Sirius… ¿Será sólo una treta para que no presione a los jóvenes? Si es así eso implicará muchísimos problemas más adelante para mi amigo».
—Amelia y Edgar tienen unos familiares que son abogados. Si se deciden a hacerlo los podrían ayudar facilitando el papeleo —comentó con aire casual, serenando su expresión para tranquilizar a sus acompañantes que se habían tensado ante su comentario—. ¿Cómo te sientes hoy, Marte? No soy medimago, pero te sigo viendo un poco pálidos los labios y aún tienes ojeras.
—La verdad es que yo también. —se giró a mirarlo preocupado Sirius.
—He mejorado bastante, pero aún me molesta un poco la herida del costado. —decidió responderle con sinceridad, agradeciendo el cambio de tema.
—¿Y las otras? —le preguntó Sirius inquieto.
—Ésas están bien. La única que me sigue molestando es la de acá. —le señaló Harry el lugar de la herida tan seria en su costado derecho, que aún no cicatrizaba totalmente y le incomodaba bastante.
—Charlton estaba ayer preocupado. Me comentó que no estaba evolucionando como debería y me pidió que le dijese a uno de ellos que te preguntase una vez más qué te la ocasionó, para poder buscar una forma más efectiva de curarte. —le contó Benjy con tono preocupado, señalando con una cabezadita a Sirius.
Neville, Ron, Fred y George miraban preocupados a Harry.
—Gea y yo nos topamos con una pareja de Graphorns mientras conseguíamos la Hydrastis Canadensis. Nos tomaron desprevenidos, hiriéndome a mí primero. Luego apenas si pudimos esquivar que nos hiriesen de nuevo de forma seria y recoger las hojas antes de desaparecer. Gea dice que alcanzó a ver en los cuernos del que me hirió lo que le parecieron residuos de savia de alguna planta. No nos detuvimos a mirar las del lugar porque aquí se requerían los elementos para las pociones con urgencia y aún nos faltaban otros dos de nuestro listado. —se decidió a seguir siendo sincero por la mirada gris de su padrino sobre él y las expresiones de sus amigos, a quienes no les habían contado ni Hermione ni él lo ocurrido.
Aún en ese tiempo no se sentía cómodo ocultándole cosas a Sirius y seguía sintiéndose muy afín con él, pues a pesar de estar con sus padres el lazo de afecto que forjó con el primer mago que lo trató con sinceridad y afecto paternal era muy fuerte.
Los otro cuatro chicos fruncieron el ceño, aún más preocupados que antes al oírlo.
—¿Siguieron buscando luego que los hiriesen? —preguntó Sirius alarmado, gruñendo al verlo bajar la cabeza—. ¿Cuánto tiempo pasó entre el momento en que te hirió ese animal y que te dio Diana las primeras atenciones?
—Cerca de media hora. —respondió Harry en voz baja.
—¡¿Estás loco?! —exclamó furioso Sirius.
—James, Remus y Electra eran prioridad. —insistió Harry, pero con su mirada dirigida al piso luego de oírlo.
—Es necesario que identifiquemos las plantas de la zona para que podamos saber lo que podría haber tenido el cuerno y darte algo efectivo. —intervino Benjy mirándolo con el ceño fruncido y preocupación, tanto por la salud del chico como porque ahora se le hacía más evidente que los lazos entre los diez chicos y sus ocho amigos iban más allá de una amistad pasajera.
—Tiene razón. Vamos Neptuno, Urano, tú y yo allá mientras trasladan a Electra —le dijo George a Harry con firmeza—. Mercurio o una de las chicas nos avisarán si aquí hay problemas. —se adelantó a la protesta de su cuñado.
—De acuerdo. —aceptó el de ojos esmeraldas resignado, pues notó que todos estaban preocupados por él.
—Si me lo permiten voy con ustedes. —planteó el inefable.
Harry suspiró y asintió, convocando con su varita una piedra cercana de tamaño medio para convertirla en trasladador.
—¿Dónde están los demás? —preguntó Electra cuando salieron con ella flotando en una camilla, un par de minutos después, y se consiguió fuera de la carpa solamente a su novio y su tío de ojos grises.
—Fueron con Benjy a mostrarle dónde conseguir algunos de los ingredientes que trajeron para las pociones —le respondió Sirius con una suave sonrisa para tranquilizarla—. Volverán en un rato.
Tanto a Jessica como a Luna les extrañó un poco, pero asintieron en señal de dar la respuesta como válida. Hermione, Angela, Ginny y Angelica sin embargo fruncieron el ceño, mirando interrogantes a Fred y a Sirius. Comprendieron de sus miradas que algo de verdad había dicho el segundo.
James (que ya se podía sentar en la cama) y Remus (que aún no se lo permitían sin ayuda aunque decía que ya estaba en condiciones) se alegraron mucho cuando entraron al cuarto con Jessica flotando en la camilla, saludándoles con su mano y una gran sonrisa en el rostro cubierto por el pasamontañas.
Puesto que sólo estaban con ellos en el cuarto Lily, Jennifer, Alice, Frank y el director, Hermione selló la habitación y se quitaron los pasamontañas para que pudiesen verla bien. Les contaron tanto de la casa como de la permanencia de las tres menores en Deercourage mientras la acondicionaban.
Sirius les contó entonces lo hablado antes con Benjy, a excepción del problema de salud de su ahijado y lo que realmente habían ido a hacer los ausentes. No quería preocupar a su gruñona amiga pelirroja, el amigo que quería como un hermano y los dos convalecientes de ojos miel, por lo que repitió la versión que les dio a las chicas. Sin embargo, en cuanto acomodaron a la chica herida en el cuarto, sacó sutilmente a su esposa y su cuñada de allí. Les contó en el pasillo la verdad a ellas y su suegro, que los había seguido.
—¡Rayos! Por eso la herida no sana bien. —comentó Jennifer.
—Diana hizo lo posible por curarlo rápidamente, porque él estaba empeñado en que fuese a buscar lo que faltaba. Nos costó un poco convencerlo luego para que viniese aquí conmigo con la finalidad que lo atendiesen los Brown, a pesar que tenía fiebre y estaba bastante mal. —les contó Albus preocupado.
—Por las expresiones de los otros chicos no les había contado a sus amigos lo ocurrido, probablemente para no preocuparlos más de lo que ya estaban. —les dijo Sirius lo que había notado.
—En cuanto lleguen sabré cuál es el problema y le pondré remedio. —gruñó enojada Jennifer.
—Y yo te ayudaré a retenerlo aquí. —completó furiosa Ginny tras ellos, mirando con enojo a Hermione, sobresaltándolos pues no habían notado que la menuda pelirroja y la castaña estaban paradas junto a ellos escuchándolos.
—Me dijo que estaba mejorando, que no los preocupase, que le molestaba un poco porque se había lastimado con un movimiento involuntario ayer. —se defendió Hermione. O al menos lo intentó, porque su tono era culpable.
—Deja que llegue el muy… —gruñó furiosa Ginny, sin terminar de hablar por respeto al director.
—Venus, Jennifer, menos mal que las conseguimos. Necesitamos que vean urgente esto y examinen de nuevo a Marte. —se acercó a ellas corriendo Neville con unas hojas en su mano izquierda y la varita en la derecha. Tras él venían Benjy, Harry, Ron y George con expresiones preocupadas.
Al ver las hojas las dos con conocimientos de medimagia palidecieron.
—Tú, adentro, ahora mismo. —le ordenó Ginny a su novio, señalándole el cuarto mediano junto a la salita de estar al lado del cual estaban parados, que sabía estaba vacío.
Harry tragó saliva al ver la expresión mezcla de enojo y miedo de las dos e hizo lo indicado por su novia sin protestar. De por si ya venía asustado por las expresiones de Neville y Benjy cuando vieron los dos arbustos, de los cuales habían traído esas hojas.
—¿Qué tan serio…? —intentó preguntar George, pero la puerta del cuarto se cerró casi en su nariz.
—Si los cuernos de ese animal estaban contaminados con una de ésas plantas es bastante serio. —le respondió Neville al gemelo pelirrojo la pregunta que no pudo terminar de formular.
—Las dos se usan para pociones venenosas muy fuertes, siendo los principales ingredientes activos. —completó el hombre moreno la explicación.
—¡Por Merlín! —exclamó asustada Hermione.
—En ese sitio habían muchas plantas, la mayoría inocuas e incluso algunas benéficas. Esperemos que estemos equivocados. —los intentó tranquilizar el hombre moreno, al ver las expresiones de todos en el pasillo.
—Con la suerte que él tiene para atraer los problemas lo dudo. —comentó Ron sin pensar en quienes lo oían.
George suspiró al ver la forma en que el abuelo y los padres de su novia miraban a su hermano menor. Por su expresión, Ron acababa de comprender que había cometido un error al decir aquello. Pero era ya muy tarde para resolverlo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Angela, que se acercaba a ellos con Luna.
El novio suspiró de nuevo y procedió a contarles lo que sabían, abrazándola, apretándole levemente las manos al ver su expresión.
—Es mi culpa. Debí reconocer el problema cuando lo atendí. —dijo Angela mirando con ansiedad la puerta del cuarto.
—Estabas angustiada por Electra, Remus y James. Además que hubiese sido difícil identificar la sustancia verdosa en la herida sin un análisis detallado —la contradijo de inmediato Neville—. Si no le hubieses quitado eso con rapidez y curado la herida apenas pudiste estaría peor. —agregó al verla denegar, apretándole un poco el hombro mientras George la acunaba en sus brazos.
—Tranquila, estará bien. —le dijo con cariño el prometido, dándole un beso en la frente sobre el pasamontañas.
Veinte minutos más tarde Jennifer abrió la puerta del cuarto con expresión preocupada, tensándose todos.
—La parte interna de la herida tenía rastros de ésta —les mostró una de las hojas, suspirando al ver que abrían mucho los ojos asustados—. Gracias a lo inmediato de la atención de Diana, en cuanto le permitió curarlo, no es tan grave. Aún estamos a tiempo de combatir los residuos del veneno, pero requiere reposo absoluto y un par de pociones. Benjy, necesitaré que me ayudes a ubicar ésta para dársela en dos horas. —le pidió tendiéndole un trozo de pergamino con un nombre anotado.
—Con gusto. —respondió él de inmediato. Asintió luego de leer el nombre, guardándose el pergamino en un bolsillo.
—Vamos al cuarto en que están James y Remus, porque tú de esta casa no te mueves aunque tenga que petrificarte. —salió amenazando Ginny a Harry, con las varitas de los dos en sus manos.
El pelinegro pidió ayuda con sus esmeraldas a sus amigos y cuñados, suspirando y bajando la cabeza al verlos denegar. Se dejó llevar por su muy enfadada novia sin atreverse a protestar. Sirius de inmediato se movilizó para ayudarlo a caminar, gruñendo en voz baja cuando hizo un mínimo intento de oponerse.
—Deberían quedarse los diez en esta casa y permitir que los ayudemos a buscar a sus familiares sobrevivientes, sin participar más en batallas ni en nada que les ponga la salud en riesgo. —les dijo Benjy a los chicos que estaban en el pasillo con las gemelas, el director y él, luego de ver al líder de los jóvenes y la novia de éste entrar al cuarto en que estaban sus amigos heridos.
—Por favor Angelica, acompáñanos a la biblioteca a Gea, Leto, Júpiter, Neptuno y a mí para que busquemos los detalles de la información sobre la tutoría que Sirius y tú podrían tomar de Venus, Diana y Electra, mientras conseguimos si mis hermanos y yo aún tenemos familiares vivos. Diana, acompaña a Electra con Mercurio, cuéntales lo de Marte y tranquilízales, pues ya Venus está resolviendo eso. También evita que ella se altere por la visita del señor Fenwick. —les dijo Ron con seriedad. Había decidido agarrarse de lo dicho por el padrino de su mejor amigo, mientras Jessica se recuperaba y ellos arreglaban la casa.
—Seguro, vamos. —lo secundó Angelica con agilidad, mientras los otros asentían.
El director frunció el ceño. Suponía que eso a la larga traería problemas, si los chicos se iban de esa casa de nuevo como estaba seguro pretendían. Pero no dijo nada para no delatar que era mentira lo dicho por su yerno y ahora confirmado por el pelirrojo alto, que tenía la impresión tomaba el liderazgo del grupo cuando el chico Potter no estaba en condiciones.
—Acompáñame para que veas a Remus y a James. —retuvo Jennifer con una sonrisa dulce y aparentemente inocente a Benjy, para evitar que fuese tras los chicos y su gemela.
El inefable entrecerró los ojos pero asintió. Ahora estaba casi seguro que aquello era una treta para que no presionasen a los chicos. Cuando entró al cuarto de los heridos con la estudiante de medimagia y el director sonrió internamente. Lily estaba en el centro del cuarto regañando al líder de los chicos, ayudada por James y Remus desde sus camas, mientras él los escuchaba cabizbajo sentado en almohadones en otra cama del cuarto.
—… y no tienes de que preocuparte, Venus, Marte no se moverá de esa cama como tampoco lo harán James o Remus, hasta que Jennifer lo autorice. —finalizó furiosa Lily.
—Hola amiga. Me ha dicho ella que Remus ya puede recibir visitas. ¿Puedo charlar con los dos un rato? —le dijo el hombre moreno a su pelirroja compañera de trabajo con su voz profunda.
—Hola Benjy. Sólo quince minutos y nada que pueda alterarlos. —le respondió ella seria, aún enojada por lo que se acababa de enterar.
—Así lo haré, no te preocupes. —le respondió él con una suave sonrisa, queriendo calmarla un poco. Era una excelente bruja, generalmente dulce y amable, pero enojada era de temer.
Lily comprendió el gesto, tomó una respiración profunda para tranquilizarse y asintió.
—Voy a ver que Electra esté bien y organizar a los elfos para la cena que servirán en el comedor y las que les subirán a los cuatro convalecientes. —informó mientras se dirigía a la puerta y salía por ella. Antes le dirigió una mirada a Jennifer para que supiese que la hacía responsable de lo que ocurriese allí en su ausencia.
—Hola amigo. Por favor perdona a mi esposa. Ya estaba enojada porque Remus y yo queríamos levantarnos para ir a ver a Electra, así que la noticia del silencio de Marte sobre el problema con su herida la hizo explotar. —le explicó James a Benjy.
—No te atrevas. —amenazó Remus al chico al verle intenciones de decir algo, gruñendo amenazadoramente al verlo refunfuñar en voz baja. Se tranquilizó al acariciarle su esposa la frente. Estaba contento porque había visto por fin a la que, estaba casi seguro, era la hija de ambos y la había notado bastante recuperada, después de verla tan malherida antes de perder el conocimiento. Había sido el último en caer inconsciente de los tres.
—Al menos se ha sincerado a tiempo y ahora hará todo lo necesario para recuperarse, como me recomendaba cuando era yo el convaleciente. —se decidió a ayudarlo Sirius, correspondiendo la sonrisa de agradecimiento del que estaba seguro era su ahijado. Se sentó en una silla cerca de la cama en que lo había ayudado a recostar, del otro lado de la novia del chico.
—En cuanto a Voldemort podremos estar tranquilos por un par de semanas al menos. Los últimos ataques no le han salido como tenía planeado. Estoy seguro se replegará mientras se reorganiza e investiga. —dijo el director sentándose junto a la ventana opuesta a la puerta, mirándolos de uno en uno.
—Por sus últimos movimientos cerca de propiedades de los Potter y los Longbottom, debe relacionar a los "Guerreros del Fénix" con James y Frank. Me temo que eso implica que tenemos un traidor en la Orden del Fénix. —dijo muy serio el inefable.
—Es posible, pero también existe la posibilidad que Voldemort le sacase información al señor Dearborn —intervino Harry con tono tranquilo. No quería que las dudas entre ellos empezasen a generar problemas desde ya. Estaba seguro por el comportamiento que le había visto al traidor, y a todos con él, que sería del último que sospecharían—. No les digo que no desconfíen, podría tener a alguien del grupo controlado de alguna manera, pero si logra sembrar en ustedes la semilla de la discordia sería peor para la Orden del Fénix.
—Pues si está controlando a alguien del grupo con maldición o chantaje debemos averiguarlo pronto, para ayudarlo. Pero si está traicionándonos alguno voluntariamente, ayudaré a Alastor a sepultarlo en la peor celda de Azkaban por lo que le reste de vida. —gruñó Sirius muy enojado.
Ginny y Harry lo miraron y tragaron saliva, observando luego las reacciones de sus acompañantes en la habitación. Notaron que James, Remus, Benjy y Jennifer parecían estar totalmente de acuerdo con lo dicho por el impulsivo Merodeador, mientras que el director le miraba analíticamente tras sus gafas.
—Espero que el profesor tenga razón, así tendremos tranquilidad al menos mientras Marte, James, Remus y Electra recuperan la salud —opinó Ginny—. Sería deseable que no hiciese nada mientras nacen los hijos de Lily y Alice, para que ellas estén tranquilas.
—No creo que ese asesino se quede tanto tiempo inactivo, aunque concuerdo contigo en que sería lo mejor para ellas dos. —comentó desanimada Jennifer.
—No, lo mejor sería que desapareciese permanentemente bien sea encerrado en Azkaban o muerto. —entró diciendo Alice con tono molesto.
—Hola Alice, hola Frank. —los saludaron todos.
—¿Por qué estás en cama, Marte? —preguntó el auror castaño.
Harry suspiró mientras Jennifer empezaba a contarles a los recién llegados lo ocurrido. Recibió resignado los regaños subsiguientes de la pareja de aurores.
—¿Ya escogieron los nombres de los bebés? —se decidió a ayudarlo Ginny, cuando vio que Lily entraba a la habitación y fruncía el ceño al oír a sus amigos.
Sabía que a su novio lo afectaba mucho cuando eran sus papás quienes lo regañaban, como había ocurrido poco antes. Estaba un poco menos enojada al verlo con aquella mezcla de alegría y tristeza en la mirada mientras los oía.
—Sí —afirmó de inmediato Alice emocionada. Miró a su esposo interrogante, sonriendo al ver que Frank le hacía señas con la cabeza para que ellas les contase—. Si es niña se llamará Melisa Augusta Longbottom Yaxley y si es niño será Neville Frank Longbottom Yaxley.
—Nuestro bebé se llamará Alyssa Dorea Potter Evans si es niña, o Harry James Potter Evans si es varoncito. —les contó emocionada Lily, sentada en la cama junto a su esposo que la abrazaba feliz y orgulloso.
—Son nombres muy bonitos. —afirmó Ginny con una sonrisa, apretando la mano de su novio que tenía entre las suyas.
—A nosotros nos ayudó a seleccionar los definitivos el señor Harfang. —les contó con una gran sonrisa Alice.
—Charlus decidió los definitivos entre los que James y yo teníamos pensados. —les dijo feliz Lily luego de besar a su esposo.
—Es curioso que en ambos casos los seleccionasen los abuelos paternos. —comentó el director con una amplia sonrisa.
—Mis padres están de acuerdo con los nombres. —aclaró de inmediato Lily, que sabía que su esposo estaba preocupado por eso.
—Mamá está feliz porque si es niña llevará su nombre. —les contó Alice.
Harry perdió la batalla que tenía con su organismo. Estaba empezando a adormecerse sin poder evitarlo, producto tanto de su debilidad como de una de las pociones que le había dado Jennifer. Parpadeaba furiosamente intentando evitarlo, mirando a sus padres, pero la conversación a su alrededor se convertía en un sonido cada vez más apagado.
Sirius y Ginny se dieron cuenta, ayudando el primero a la segunda a acomodarlo en la cama. El joven hombre de ojos grises sonrió al oírlo balbucear una protesta antes de quedarse profundamente dormido.
—Visitaré a Electra e iré a buscarte la poción que me pediste para Marte —le dijo Benjy a Jennifer, luego de ver que examinaba al chico con expresión preocupada—. Me alegra ver que ustedes dos se están recuperando tan bien. Charlton me dijo que era asombrosa su recuperación considerando sus heridas. No hagan locuras, que tanto sus familias como la comunidad mágica los necesitan totalmente restablecidos cuanto antes.
—Seguiremos tu consejo —le aseguró James—. No nos queda más remedio con nuestras estrictas vigilantes, como bien notaste ayer. —bromeó en seguida, abrazando a su esposa.
Lily se limitó a bufar y denegar. Sonrió resignada al ver la expresión pícara en el rostro de su esposo, mientras le aceptaba el apretón de manos a su compañero de trabajo.
—Gracias por venir a hablar conmigo, Benjy. Lamento que ayer no pudiésemos. —le sonrió Remus, estrechándole la mano con las fuerzas que tenía. Su sonrisa se amplió cuando su esposa se sentó de nuevo junto a él.
—Buenas tardes Electra. —saludó el inefable a la chica en cama. Al novio ya lo había saludado cuando estaba en el jardín con los otros chicos y a la otra chica ya la había visto en el pasillo, habiéndolo saludado con un leve movimiento de la cabeza mientras preguntaba lo que sucedía.
—Buenas tardes señor Fenwick. —le respondió el saludo Jessica con tono respetuoso, mirándolo inquieta.
—Me alegra ver que estás recuperándote. ¿Podemos conversar unos minutos? —le planteó con el tono más suave que lograba con su voz fuerte y gruesa.
—Sí señor —aceptó ella con una sonrisa dulce pero nerviosa—. Usted dirá, señor. —le dijo luego de verlo sentarse junto a su cama, con su mano derecha entre las de su novio. Se sentía un poco tranquila por el apoyo de él y la presencia de su prima.
—Me alegra que también esté Diana presente, pues en realidad quiero hablar con las dos —comenzó Benjy lentamente, pidiéndole con un gesto de su mano a la otra chica que se sentase. Sonrió internamente al ver que lo hacía, manteniendo sin embargo su expresión impasible—. Sabemos que son hermanas y que perdieron a sus padres en Bristol. Pero no están solas en el mundo y quiero que estén claras en eso. —les dijo con suavidad. Se sintió un poco incómodo cuando las vio a las dos bajar la mirada, aunque dudaba que aquello fuese cierto, pero continuó con lo que lo había llevado allí.
»Ustedes no sólo cuentan con sus ocho compañeros en el problema por el que resultaron quemadas, los ocho amigos que hicieron desde que llegaron a esta casa y el director del colegio. También cuentan conmigo —afirmó mirándolas fijamente. Se tranquilizó un poco al ver que lo miraban con una mezcla de agradecimiento y curiosidad—. También quería decirte que no tienes que sentirte culpable por lo ocurrido —siguió mirando a la chica en cama—. Es apenas lógico que quisieses hablar con James y Remus para volver con tus amigos a esta casa, luego de lo que vivieron la noche de luna llena con los niños.
Jessica no pudo evitar estremecerse. Sabía que ésa era la excusa que había dado su cuñado a lo ocurrido pero… La verdad es que George había dicho algo demasiado cerca de la verdad. Lo vivido esa noche la había empujado a actuar en contra de lo que le habían enseñado, deseosa de buscar la forma de evitar que su papá siguiese sufriendo como sabía que lo hacía desde que era sólo un niño.
En Remus el efecto de la maldición era casi tan terrible como en un mago que no tuviese ascendencia Cundáwan, ya que no tenía en su sangre la fuerza de esa raza de forma tan intensa como ella. Sin embargo la que tenía lo había ayudado no sólo a sobrevivir a su primera transformación, habiendo sido mordido siendo sólo un niño pequeño, sino también a que lograse controlar al lobo los días cercanos a la luna llena. Jessica lo sabía y le dolía muchísimo el sufrimiento de su padre, porque ella nunca padeció como vio a los niños esa noche pero sabía que él sí.
—Pero sí fue mi culpa. No debí distraerme ni distraerlos en medio de una batalla —dijo en voz baja y arrepentida—. Remus y James pudieron morir por mi torpeza. —agregó mientras unas lágrimas se le escapaban de los ojos.
—No, pequeña, no fue tu culpa lo ocurrido —la contradijo el inefable con el tono más dulce que lograba con su voz, acariciándole la cabeza cubierta con el pasamontañas con un gesto cariñoso—. Es cierto que uno no puede distraerse en una batalla, pero ni tú estás en edad de estar en una ni fue tu culpa lo ocurrido.
»Si analizas con calma y objetividad lo ocurrido eran muchos mortífagos y por las ubicaciones de todos hubiesen rodeado igualmente a James y Remus, probablemente también a Sirius y Frank —Al ver que levantaba la mirada hacia él en una petición muda le sonrió y le asintió—. Tus amigos y tú se hubiesen percatado y devuelto a ayudarlos como hicieron, de eso ya no tengo dudas, pero a ellos igual los hubiesen lastimado.
»Por lo que me contó ayer James, tú los ayudaste mucho a defenderse. Él estaba seguro que evitaste que los mataran a los dos antes que tus amigos pudiesen sacarlos a los tres, pues combatiste muy bien y de manera sincronizada con ellos. Edgar y yo llegamos a ayudar a Sirius y Frank a sacarlos, pero teníamos problemas con otro frente de mortífagos.
»Supongo que te han contado que Edgar y yo reaccionamos mal al ver lo que ocurría —le planteó con cuidado, suspirando al ver que desviaba la mirada—. Nos pone nerviosos que no nos quieran mostrar sus rostros y se empeñen en ir a batallas. Hemos visto a jovencitos siendo utilizados por los mortífagos para hacerles daño a sus propias familias.
—Nosotros no somos mortífagos ni aliados de ellos. —replicó Jessica con molestia en la voz, clavando sus ojos dorados en los negros de su interlocutor.
—Eso lo sabemos ahora. Pero lo que nos preocupa mucho es su empeño en no permitir que los ayudemos y en seguir participando en batallas —le respondió Benjy con suavidad. Sonrió internamente al ver que la mirada de la chica pasaba del desafío a la inquietud—. Me gustaría que me ayudases a convencer a tus compañeros de volver a esta casa y no volver a participar en batallas. Pueden colaborar en detener a Voldemort y los mortífagos enseñando a sus ocho amigos los contrahechizos que conocen para las maldiciones nuevas, para que ellos nos lo enseñen a nosotros.
—Disculpe, señor Fenwick, pero los mortífagos son muchos mientras que las brujas y magos que los enfrentan son pocos hasta donde hemos visto. ¿No le parece ilógico que intente retirar de los combates contra esos asesinos a diez que saben usar bien la varita? —le planteó Jessica con seriedad.
—¿Y si se retiran sólo las tres varitas que no deberían estar por ser de tres chicas menores de edad? Dos de ellas saben casi tanto de medimagia como Jennifer y la tercera también sabe bastante al respecto, según me ha dicho mi amiga. Si los diez están aquí, quedándose ustedes tres en la casa para ayudar con los que lleguemos heridos de las batallas de tus siete amigos y de los miembros de la Orden del Fénix, estaríamos todos más tranquilos.
Jessica bajó la mirada. Lo que él decía tenía mucha lógica, pero sabía que ni Ginny ni Angela aceptarían quedarse con ella en la casa. A ella tampoco le gustaba quedarse, menos aún sabiendo que era una de las mejores por su entrenamiento como Cundáwan, pero lo haría si con eso estaban más tranquilos sus papás, tíos y abuelo.
—Disculpe que me entrometa, señor Fenwick, pero el que Venus y yo vayamos o no a batallas no es decisión de Electra —intervino Angela decidida—. Si quiere hablarlo con nosotras con mucho gusto lo acompañaré a la salita y le diré a Venus que se reúna con nosotros allí, pero Electra debe permanecer tranquila y descansar.
—Tu hermana tiene razón, descansa. Perdona si en algún momento dije o hice algo que te molestara y… piensa lo que te dije. —se despidió el hombre moreno.
—Así lo haré. Gracias por su visita, señor Fenwick. —le sonrió Jessica con sinceridad.
—Intenta dormir un ratito mientras te suben la comida. Yo acompaño al señor Fenwick y regreso. —le aconsejó Angela con dulzura. Le sonrió para que supiese que no se había enojado porque no se opusiese a lo dicho por el hombre moreno. Asintió al verla sonreír y cerrar los ojos, adormilándose. Le hizo señas a su cuñado que le avisase por la esclava si la necesitaba y salió del cuarto, caminando frente al miembro de la Orden del Fénix.
—Sabes que tengo razón en lo que le dije a Electra. —le dijo Benjy a Angela mientras bajaban las escaleras, queriendo sondear a la chica antes que se les uniese la menuda pelirroja.
Había notado que la joven que se hacía llamar Venus tenía tan mal carácter como su compañera de trabajo. Estaba casi seguro que si la chica de pelo negro no hubiese estado en el cuarto la herida hubiese accedido a lo que él le había planteado, sin que el chico que había permanecido silencioso mirándola preocupado se hubiese opuesto.
—En parte sí, porque ustedes estarían más tranquilos en cuanto a que no estemos las menores de edad en batalla —le respondió Angela con serenidad—. Pero ni nuestros enemigos respetan edades a la hora de atacar, ni podemos quedarnos a esperar por los heridos que lleguen sabiendo que podemos evitar que los lastimen a ustedes y otros con la preparación que tenemos.
—No quise decirle a Electra para no alterarla, pero el que ustedes tengan ese nivel de preparación con sus edades y los trajes que usan en las batallas no son precisamente factores para confiar en ustedes —le planteó serio. Preocupado por la actitud de la chica se decidió a presionarla—. No sólo no están en el colegio los ocho que deberían estarlo, ni estudiaron allí los dos que ya se habrían graduado de haberlo hecho, sino que su preparación y comportamiento no son normales para sus edades. —agregó con el ceño fruncido al ver que se detenía y se giraba a mirarlo con expresión seria y mirada desafiante, los dos de pie al final de las escaleras.
George retuvo a Angelica en la puerta de la biblioteca, haciéndole señas que permaneciese en silencio y aguardase. Al oír la voz de la chica bajando las escaleras con alguien se habían apresurado todos allí. Hermione, Luna, Neville y Ron se detuvieron tras ellos, escuchando atentamente.
—En eso tiene mucha razón, señor Fenwick. Sin embargo, muchos de apariencia respetable y acorde con las normas y procedimientos normales en el mundo mágico sirven a los intereses de un mago oscuro, mientras que nosotros lo combatimos. ¿Nos juzgará por nuestra apariencia o por los hechos? —le planteó Angela tensa.
—Yo no soy quien para juzgarlos. Simplemente estoy planteando que tal vez no estaban con familiares en Bristol, que recuerdan más de lo que dicen, y que no quieren volver con quienes han estado con ustedes hasta hace poco porque lo que han hecho es entrenarlos como asesinos. Que se empeñan en ir a las batallas es para enfrentar a quienes los enseñaron y bajo esa apariencia de "paseo de aventura", que finalizó con ustedes casi muertos por quemaduras, lo que quieren ocultar es un castigo por no hacer algo que les exigieron que hicieran. —la bombardeó con una de las hipótesis que Caradoc, Edgar y él habían manejado.
En la biblioteca Angelica, Hermione y Luna se tensaron mientras George, Neville y Ron apretaban los puños de las manos y encajaban sus mandíbulas con enojo. Al pie de las escaleras la tensión en el ambiente luego de esas palabras podía palparse. Angela había tenido sus ojos grises fijos en los negros de su interlocutor, cambiando a azules brillantes hacia el final de lo dicho por el inefable.
—Le agradezco mucho la dulce mentira que le dijo a Electra sobre lo ocurrido en la batalla. Pues usted y yo sabemos que si ella no hubiese retenido a James y Remus nos hubiesen encerrado muy probablemente a nosotros diez contra el callejón, mientras lográbamos salir de allí, pero ellos no se hubiesen visto en peligro.
»La situación la habríamos tenido que resolver nosotros diez con la ayuda de sólo las nueve personas que nos han estado cuidando desde que llegamos a esta casa. Pues los dos sabemos también que nosotros sí los hubiésemos ayudado a ustedes, pero que es muy probable que no se diese lo contrario por las dudas que tienen la mayoría de ustedes sobre nosotros desde que desapareció el señor Caradoc Dearborn.
—En eso estás equivocada. Aunque desconfiemos de ustedes por la desaparición de nuestro amigo los hubiésemos ayudado. No pensamos como asesinos, aunque tal vez eso sea lo único que conozcas y por eso nos juzgas así. —la contradijo Benjy con molestia en el tono por lo insinuado, aunque intentaba controlarse.
—En cuanto a la hipótesis que sobre nosotros acaba usted de plantearme no tengo como refutarla ni tampoco como confirmarla, pues no recordamos muchas cosas. Supongo que todo lo que ha dicho sobre que Electra es mi hermana y que nuestros padres murieron en Bristol entonces es falso, pues no encajan en su teoría. —siguió Angela, sin querer responderle a lo dicho por él para evitar agravar la situación que había provocado ella al devolverle las sospechas con algo muy similar.
—Así es. Los Patil no pueden ser familiares de ustedes porque hemos conseguido los cadáveres de las hijas ayer. ¿Por qué no se sinceran y permiten que los ayudemos? Los podemos poner a salvo de quienes los lastimaron. —le planteó el hombre moreno preocupado, sospechando de su reacción que tal vez su teoría no estuviese muy alejada de la verdad que esos diez ocultaban.
—Sólo le voy a asegurar dos cosas: la primera es que no vamos a buscar familiares ni amigos hasta que no recobremos la memoria porque no vamos a poner en riesgo la seguridad de nadie. La segunda es que yo no voy a dejar de combatir a Voldemort y sus malditos mortífagos aunque puedan usted y los demás convencer a cada uno de mis amigos de no continuar haciéndolo. Ahora que estamos claros, si me disculpa usted, voy a buscar la comida y pociones de Electra. Espere a Venus en la sala que yo le diré que baje ahí para que usted hable con ella. —le dijo Angela furiosa, dominándose con mucha dificultad para no gritarle unas cuantas verdades. Salió hacia la cocina con paso rápido, conteniéndose a duras penas de correr.
—Diana, espera por favor. —la siguió Benjy rápidamente, comprendiendo que la había llevado a un límite peligroso.
—Hora de intervenir antes que su amigo diga algo que la haga explotar —le dijo George a su suegra, saliendo rápidamente tras su novia y el inefable hacia la cocina, con Angelica y los demás que estaban en la biblioteca tras él—. Diana, mi amor, necesitamos que nos ayudes con algo aquí en la biblioteca —la llamó al ver que el hombre moreno lograba alcanzarla y la sujetaba de un brazo—. ¿Pasa algo? —fingió curiosidad por lo que veía.
—Nada. El señor Fenwick creyó ver que me mareaba y me estaba ayudando. ¿Puede esperar un poco lo que necesitan? Quiero subirle a Electra la comida y las pociones. —le respondió Angela a su novio con una sonrisa forzada. No quería que el planteamiento del inefable llegase a los otros, especialmente no a Jessica o a Harry.
Benjy comprendió que no quería que los otros supiesen lo ocurrido y le siguió en la mentira.
—Usted no parece estar en condiciones de llevarle nada. Sería mejor que permitiese a Angelica o uno de sus amigos hacerlo. Yo puedo acompañarla en el comedor mientras se le pasa el malestar. —planteó para que le diesen unos minutos más a solas con ella.
—Eso no es necesario, señor Fenwick. Júpiter se quedará con ella y yo le llevaré a Electra la comida y pociones. —le contradijo Neville con tono firme y mirada llena de enojo.
El inefable soltó a la chica, observando como el novio de inmediato la tomaba en sus brazos. De las miradas de enojo en los cinco chicos y la intranquila de la gemela sospechó que habían en realidad oído su conversación con la joven de pelo negro. Notó en su expresión, ahora preocupada, que ella también estaba deduciendo lo mismo.
—Me gustaría hablar contigo, Benjy. Por favor acompáñame a la biblioteca. Chicos, seguimos en otro rato con nuestra charla. —se decidió Angelica al ver que ninguno se movía.
—Seguro, vamos. —aceptó el inefable, comprendiendo que no podría hablar más con la chica en ese momento.
—Tranquila, ya estamos resolviendo. Todo saldrá bien. —le dijo en voz baja George a Angela. Le dio un beso en la frente al ver sus ojos mutar a verde, entrando luego con ella y los demás a la cocina.
Angelica y Benjy alcanzaron a oírlo por el silencio en el pasillo. Los dos suspiraron, entrando seguidamente a la biblioteca.
—Es sólo una teoría, pero tú sabes que es muy posible. —empezó de inmediato el moreno apenas vio como su amiga sellaba e insonorizaba el lugar.
—¿Y tenías que decirle de esa manera lo que es sólo una teoría precisamente a la más enfermiza del grupo? —le preguntó la gemela, enojándose por la forma en que el moreno intentaba disculpar lo que había hecho.
—Ella y el que se hace llamar Marte son los mejor entrenados por quien les haya enseñado, siendo también los más arriesgados, impulsivos y empecinados en ir a las batallas. Estuve a punto de convencer a Electra de no presentarse más, pero su presencia en el cuarto no lo permitió. ¿No lo ves? Sólo si ellos dos ceden los demás lo harán. —le explicó Benjy sus motivos con la mayor tranquilidad posible, preocupado al ver los ojos de su amiga brillar azules. Frunció el ceño al relacionar el cambio en el color de los de la chica con los de la gemela frente a él.
—¿Y crees que diciéndole que es una mortífaga novata lograrás que confíe en ti? —le planteó Angelica con tono sarcástico.
—Yo no le dije… —intentó tranquilizarla el inefable.
—Nooo, claro. Sólo le dijiste que la habían intentado matar con sus amigos por no hacer algo, que no era cierto lo del paseo, que no estaban con familiares, que estaba demasiado entrenada en maldiciones y contrahechizos, que no habían estudiado en el colegio ni se comportaba como debería una bruja de su edad. Lo único que te faltó fue decirle que su equipo para las batallas es una variante del disfraz que usan los malditos mortífagos. —lo interrumpió inicialmente con sarcasmo, finalizando casi a los gritos.
—Si no estoy en lo cierto, ¿por qué no me contradijo en nada? —le planteó Benjy en tono sereno, mirándola fijamente. Estaba muy preocupado por la reacción de la gemela. «Parece una madre defendiendo un hijo. ¿Acaso la chica es familiar de ella y lo sabe o lo sospecha?»
—¿No la oíste? Porque no tiene como contradecirte ya que no recuerda quién es. ¿No lo ves? Ellos deben haber llegado a sospechar algo similar en algún momento después de presentarse por primera vez en batalla. Y ahora vienes tú con tu maravillosa teoría y los empujas posiblemente a averiguar en esa dirección. ¡Maldita sea! —Volcó al piso todo lo que estaba en la mesa cercana, desahogando en parte su frustración, antes de sentarse a llorar.
«Si Walburga nos quitó a mi niña y mi sobrina por mucho tiempo, puede ser que el supuesto orfanato del que nos habló la chica sea en realidad un centro de entrenamiento para mortífagos». Esa terrible posibilidad le había pasado por la mente al oír el planteamiento del inefable, lo cual la tenía al borde de la desesperación.
—Perdona amiga, no lo pensé. Hablaré con ella y los chicos para que no hagan nada por investigar en ese sentido —le aseguró el inefable sentándose con cautela junto a ella.
Al ver que no intentaba agredirlo y no le respondía, pero se agitaban sus hombros con sollozos reprimidos, la abrazó. Se apretó un nudo en su garganta al sentirla llorar en su pecho con tanta angustia. A su mente vino la extraña conversación del señor Charlus Potter con los chicos y empezó a concatenar una serie de detalles. Apretó el abrazo a su amiga al comprender las posibles sospechas que tenían los ocho sobre algunos de los diez chicos. Se pateó mentalmente por no haberlo entendido antes y crearle a su amiga la inquietud que ahora tenía.
—Tranquila, hablaré con ellos. No se acercarán a esos malditos a investigar nada. Les diré otra posible teoría que tengo y se las pintaré como mucho más factible, guiándolos a investigar en esa dirección. —le planteó con tono suave mientras le acariciaba la cabeza.
—¿Cuál? —le preguntó Angelica con miedo, aún escapándosele pequeños hipidos pues no lograba serenarse totalmente.
—Es posible que sus familiares no los llevasen a Hogwarts, los entrenasen para que se defendiesen de los mortífagos y los trajes sean por eso. Porque querían conformar un grupo especial secreto para defensa, algo similar a la Orden del Fénix. Tal vez el "paseo de aventura" era cierto, pero al ver el ataque cercano los familiares les ordenaron ponerse a salvo mientras ellos combatían a esos asesinos. Ese día murieron muchas personas que no eran de la zona, es difícil ubicar a alguien así. También hay muchos heridos, posiblemente tengan familiares vivos pero con problemas de memoria como ellos mismos y por eso no los están buscando. —inventó sobre la marcha.
—Benjy… gracias… yo… —intentó la gemela al comprender que el hombre moreno lo estaba armando todo justo en ese momento.
—Shhh, tranquila. Serénate para que no noten ni Sirius ni ellos que te has alterado y ayúdame a reunir a Diana y los que estaban aquí contigo para plantearles esa hipótesis, antes que hablen con los otros y el problema se agrave. —le indicó. Sonrió al verla asentir de inmediato.
La ayudó con su varita a arreglar lo dañado y suspiró una vez que ella salió de la biblioteca ya serena. «La teoría que se me ha ocurrido parece ser muy disparatada, pero… Explicaría muchísimas cosas que hasta este momento me habían intrigado. Pero el llegar a comprobar que tengo razón será casi imposible. Si estoy en lo cierto, mis ocho amigos han estado protegiendo a los chicos desde hace casi dos meses. Probablemente cuando empezaron a sospechar como yo ahora.
Las sutiles preguntas iniciales de Lily mutaron en silencio, así como también las de James, Sirius, Alice y Frank, prácticamente al mismo tiempo. Edgar me había comentado 'la extraña percepción que tengo sobre los que parecen haber acampado en Deercourage', pero mi amigo no compartió la práctica de D.C.L.A.O. con las dos mujeres embarazadas, ni la conversación con Charlus, así que difícilmente puede atar cabos como estoy haciendo.
Además él está muy perturbado por la muerte de sus mejores amigos la noche de luna llena, bajo las garras de Greyback y los licántropos con él. Si no la agarró con Remus es por el carácter apacible del castaño y que lo conocemos desde el colegio. Pero la falta de información sobre los chicos y su comportamiento tan anormal tienen disparadas las alarmas de mi amigo.
No puedo culparlo por eso. Yo mismo estaba así hasta unos minutos atrás, cuando la reacción de Angelica me dio la pista que me faltaba para empezar a atar cabos. Siempre fui bueno para armar rompecabezas completos con sólo unas cuantas piezas base. Es esta habilidad la que me convierte en uno de los mejores inefables, según palabras de Leonel, siendo sólo igualado por Lily Potter.»
—Señor Fenwick, nos dijo Angelica que quería hablar con nosotros. ¿Algo más que agregar a la teoría que le expuso a Diana? —le preguntó Ron con reticencia, el enojo evidente en su mirada azul.
—En realidad plantearles otra teoría que considero sea más factible que la que le dije a su amiga para hacerla enojar. —le respondió Benjy con tono sereno, pidiéndoles con un gesto de la mano a todos que se sentasen.
—¿Puedo saber la razón por la cual me quería hacer enojar? —preguntó Angela mientras se sentaba, siguiéndola su novio y sus amigos con expresiones de inconformidad.
—Porque he notado que eres impulsiva y cuando uno está enojado no mide lo que dice. Quería ver si haciéndote enojar lograba que aflorase algún recuerdo inconscientemente. —le respondió con tranquilidad.
—Podría funcionar. —fingió pensarlo Angela.
—Olvídalo. No vamos a arriesgar tu salud de esa manera. —la regañó George.
—Tiene razón en eso, joven. Ahí me equivoqué y por eso quería disculparme con ustedes y plantearles la teoría que tengo y se ajusta más a ustedes y su situación —afirmó Benjy, continuando al verlos asentir—. Por favor les pido que me permitan exponerla completa, sin alterarse si llegase a decir algo de manera inadecuada. Si la escuchan completa podrían luego ayudarme a pulirla con sus observaciones para ayudarles después a investigar —Al verlos asentir nuevamente, mirándolo con curiosidad, sonrió internamente—. He pensado que tal vez…
Quince minutos más tarde salían de la biblioteca Angela, Luna, Hermione, George, Neville y Ron curiosos sobre tan extraño personaje, pero mucho más tranquilos.
Angelica les dijo que se quedaba a despedirse de su amigo. Selló e insonorizó el lugar luego de ellos salir, girándose a mirar al inefable interrogante mientras le apuntaba con su varita.
—Eso no es necesario, amiga. Tampoco Veritaserum ni cualquier otro truco que guardes bajo la manga. Vamos a mi casa para que busquemos la poción que me pidió tu hermana para Marte y hablamos allí. —le planteó Benjy sonriéndole.
Angelica entrecerró los ojos pero aceptó. Quitó el bloqueo y desapareció luego que su amigo, su varita aún en alto cuando apareció en la sala del inefable. Lo siguió a la habitación en que él guardaba las pociones.
—Voy a empezar por el final —le dijo mientras buscaba rápido la poción, sonriendo al ver que tenía suficiente cantidad. Tomó nota en un pergamino sobre el escritorio para recordar preparar más de ésa, donde ya había anotado las otras que habían necesitado días atrás. Le tendió cuatro vasos de la poción a su amiga y le indicó que se sentase. Luego buscó en el pequeño gabinete de la esquina un par de cervezas de mantequilla y volvió junto a ella. Se sentó, meditó unos momentos su decisión y tomó un primer trago antes de comenzar—. He diseñado un hechizo muy especial para que en caso que Voldemort logre ponerme las manos encima no logre sacarme ni una sílaba sin matarme, mira. —le dijo con su acostumbrada tranquilidad, escribiendo el hechizo en un pergamino.
—¿Estás loco? Esto es suicidio. —lo regañó Angelica luego de ver el pergamino, guardando su varita y tomando la cerveza de mantequilla.
—Sí, pero hay cosas por las que vale la pena morir y no voy a permitir que ese maldito llegue a enterarse por mí de nada —aseveró el moreno con enojo, respirando de manera profunda seguidamente para serenarse de nuevo—. Ahora te voy a contar mi vida, lo que he podido deducir de la tuya por mis observaciones y pesquisas, para finalizar con lo que acabo de deducir de los diez chicos justo hace unos minutos mientras llorabas. Quiero que me escuches en silencio, sin interrumpirme hasta que termine. ¿Está bien?
Angelica tragó saliva y asintió. Desde que lo conoció confiaba en él con la misma intensidad que desconfiaba de Peter Pettigrew.
—No está tan nublado y es posible que se vean las estrellas —le dijo con suavidad Angela a la mamá, suspirando al verla sobresaltarse—. Te convido a una taza de chocolate caliente bajo la Vía Láctea.
—Deberías estar durmiendo. —la regañó Angelica.
—Igual que tú. ¿Me acompañas? —le sonrió con dulzura.
—¿Siempre duermes tan mal? —le preguntó Angelica, intentando con su pose de enojo ocultar su preocupación.
—No sé antes, pero desde que llegamos aquí generalmente me despiertan pesadillas —se sinceró parcialmente mientras empezaba a preparar lo ofrecido—. Lo mismo ocurre con Marte, Electra y Neptuno. Les pasa con menor frecuencia a Leto, Gea y Venus. A Mercurio, Urano y Júpiter hasta ahora casi nunca les ocurre. Pero creí que hoy me tocaría el desvelo en solitario —comentó con tranquilidad, explicándose al ver la expresión interrogante en su mamá—. Marte y Electra están durmiendo bajo poción, Venus y Leto los están cuidando a ellos, a James y a Remus. Neptuno y los otros difícilmente despertarán luego de lo cansados que llegaron del arreglo de la casa.
—Luego del chocolate te duermo con el hechizo. —dijo la mamá con tono de mando.
—Vale, igual ha empezado a llover y no podremos ver las estrellas —respondió la hija con tono de resignación, sirviéndole el chocolate—. ¿Te tiene inquieta algo en particular? Hoy no es noche de luna llena para que estés tan intranquila.
—¿Por qué se fueron una noche de luna llena de esta casa si saben cómo nos afectan a Remus y a mí? —le preguntó Angelica con el ceño fruncido.
—La verdad es que no lo relacionamos con la luna hasta que estuvimos en el campamento y la vimos tan redonda y clara —le respondió Angela con tono triste, moviendo la cucharilla en la taza de chocolate que se había servido—. Sabíamos que era una noche de esas, pero nos tenía bastante abstraídos la decisión de irnos de aquí y lo menos que pensamos fue en eso. Desde esa noche hemos querido disculparnos contigo y con él, pero no sabíamos cómo hacerlo sin incomodarlos.
—A ti no parecen afectarte como a mí, ni a tu prima como a Remus. —le planteó Angelica dos de las dudas que tenía, aprovechando el ánimo a responder que le estaba viendo.
—A mí no me afecta la luna llena en ninguna forma. A Electra sí, pero hasta ahora ha sido más debilidad y agudización de sus sentidos que otra cosa. —le respondió Angela con cautela.
—¿Hasta que edad se estuvo transformando Electra en licántropa? —le preguntó la mamá de inmediato—. Ustedes estaban muy nerviosos el día de la primera luna llena que pasaron en esta época, así que supongo que fue hace poco. —agregó al ver que no le respondía y la miraba intranquila.
—No lo sabemos con certeza. Estamos confundidos porque yo recuerdo algunas transformaciones de ella y también noches de luna llena con ella como humana, pero en ésas ella tiene la apariencia actual. —le respondió la hija nerviosa, luego de pensar por unos minutos qué responderle. No se atrevió a negar la licantropía de su prima porque vio en los ojos de su mamá que tenía la certeza que la había padecido.
—En las transformaciones que recuerdas, ella… —dudó por un momento. Tenía la información, pero sabía que no debía parecer tan tranquila ante su hija luego de lo ocurrido la última luna llena. Estaba segura que los dos chicos de pelo negro no sabían que habían ido a esa casa de esa manera tan especial mientras dormían—. ¿Fueron como las de los niños que acompañaron?
—No, las que recuerdo no fueron… —Angela no pudo contener un escalofrío—. En las que recuerdo se transformaba en forma similar a como lo hace un animago, sólo que no era voluntario sino por la luna llena.
—¿Quiénes de ustedes son animagos? —le preguntó Angelica aprovechando que había tocado el tema, levantando la ceja derecha al ver que le evadía la mirada. Había alcanzado a ver culpa y nerviosismo en sus ojos grises.
—Los diez. Acompañamos a Remus la noche de la intrusión, luego que quien entró lo dejó libre y desmayó a los elfos. —le respondió Angela luego de dudar varios minutos.
—¿Por qué nos mintieron?
—Ustedes aún no confiaban en nosotros y nos asustó la presencia de alguien aquí que soltase a Remus transformado, coincidiendo con la ausencia simultánea de ustedes.
—¿Por eso se presentaron en Swindon esa noche Neptuno, Mercurio, Júpiter, Venus y Leto? —le preguntó Angelica, bufando al verla asentir—. ¿Cómo supieron donde estábamos?
—Los fénix. —le respondió la chica al ver en sus ojos aguamarina la resolución de sacarle la verdad.
—¿Eres mi hija? —le preguntó la mujer clavando sus ojos en los de ella.
—No lo sé. —musitó Angela mientras empezaba a respirar irregular.
—Tranquila. —le dijo con cariño Angelica al notarlo, tomándole las manos entre las suyas sobre la mesa.
—Definitivamente "lunático" ha terminado por contagiarnos su obsesión por el chocolate a todos los habitantes de la casa —entró diciendo con tono desenfadado Sirius, que las había estado escuchando tras la puerta y decidió que era un buen momento para interrumpirlas—. ¿Les importa si las acompaño con una taza antes de devolverlas a sus camas?
—Ya te lo sirvo. —le ofreció Angela con una sonrisa suave, luego de sobresaltarse igual que la mamá al oírlo. Se levantó rápidamente para buscar una taza y servirle al verlo asentir sonriente.
Sirius aprovechó que la chica se había alejado de él y su esposa para regañar a la mujer que amaba silenciosamente, con sus ojos grises, por presionar a la joven enfermiza. Le sonrió y le acarició la mejilla con cariño al verla bajar la mirada con una mezcla de tristeza y arrepentimiento.
—En esta época se ven muy bien las estrellas en Hogsmeade, mientras que aquí es casi imposible entre el humo que generan los muggles, sus luces y el clima. ¿No les gustaría que nos diésemos una escapadita a ver las estrellas antes de acostarnos a dormir? —les planteó con bien fingida tranquilidad cuando casi se estaba terminando su chocolate, sonriendo al ver la chispa de ilusión en los ojos de las dos.
—Marte me prohibió salir de la casa. —recordó Angela bajando con tristeza la mirada.
—No le vamos a contar. —le aseguró Sirius levantándole el rostro por el mentón, guiñándole un ojo al ver que lo miraba interrogante.
Angelica no pudo contener la risa al ver la expresión tan pícara de su esposo, siguiéndole él y su hija. Se incorporaron los tres de la mesa para reunirse en una esquina de la cocina. Desde allí Sirius las transportó por aparición conjunta a la parte posterior de La Casa de los Gritos. Se recostaron los tres en la grama y empezaron a jugar al que identificaba más estrellas.
Una hora más tarde Angelica los transportaba a los tres de vuelta, con la chica adormilada en brazos de su esposo después de reírse mucho por las trampas que intentaba Sirius para ganarles. La acostaron con cariño en el cuarto del segundo piso al lado del que ellos usaban en esa casa, frente al que estaban los Longbottom. Angelica la durmió profundamente con el hechizo, antes que los dos besasen suavemente su frente.
La mañana siguiente tuvieron que tranquilizar al novio y los amigos que la buscaban como locos. Los llevaron al cuarto en que la chica aún dormía, explicándoles que se la habían conseguido despierta en la madrugada y por eso la llevaron a dormir ahí bajo un hechizo de Angelica. Sonrieron al ver que se tranquilizaban y la dejaban seguir durmiendo allí.
—Duerman ustedes dos un ratito aquí mientras me llevo a Electra al cuarto de enfrente para que les hagamos algo similar a un picnic a los cuatro —les dijo Jennifer a la chica rubia y la menuda pelirroja, sonriendo al ver las expresiones interrogantes de las dos y la de alegría de su hija—. Ustedes no han dormido en toda la noche, así que necesitan descansar.
»Y el picnic es para mantener a Marte, James y Remus en cama lo más tranquilos posible. No hay algo más molesto que un hombre enfermo, como ustedes lo han sabido con sus novios. Pero un Merodeador enfermo en cama es mucho peor como lo vieron con Sirius hace casi mes y medio. No digamos dos Merodeadores. Ayer casi logran enloquecernos con todo lo que inventaban con sus varitas para no aburrirse, especialmente James. La complicidad de Charlus con ellos no le permitía a Lily reñirlos como quería y hoy a él lo tengo reposando porque no está bien de salud. Así que mi esposo ha ideado esto para evitar que mi amiga los pueda regañar.
Ginny y Luna suspiraron y asintieron. Recordaban perfectamente el comportamiento de Sirius, Angela y Harry luego del rescate tras El Velo de la Muerte. Hubiesen deseado acompañarlos en el picnic, pero luego del susto con la supuesta desaparición de Angela, soltando la tensión al saber que los padres habían cuidado de ella, les cayó todo el peso del cansancio de haber pasado toda la noche en vela. Se cambiaron su ropa por pijama con las varitas y se acostaron a dormir por unas horas para recuperarse.
En el cuarto al frente Frank y Sirius ayudaron a acomodar a Remus, la hija, James y el hijo en las cuatro camas unidas en el centro de la habitación, medianamente sentados recostados en almohadones para que pudiesen comer y compartir con comodidad. Luego salieron del cuarto para irse al trabajo.
Angelica acompañó a Alice a casa de los padres. Hermione, Fred, George, Neville y Ron viajaron por aparición a Greenprairie para seguir con los arreglos.
Lily y Jennifer acompañaban a sus esposos con sus hijos, sellando e insonorizando la habitación para que los chicos pudiesen compartir con ellos sin los pasamontañas, con la tranquilidad que ningún otro miembro de la O.D.F. llegaría de improviso a interrumpirlos. Ya habían arreglado que no fuesen los compañeros aurores de James. Alastor Moody informaría en la oficina que Lily no le permitía aún las visitas diciendo: "Está muy delicado para que lo estén perturbando con noticias de Voldemort".
—Disculpa la pregunta, Remus, pero ¿por qué no han venido a visitarte tus papás? —se atrevió Harry a preguntar luego de varios minutos de estarse disculpando la chica de ojos miel por lo ocurrido, pues sabía que Jessica quería saber de sus abuelos paternos pero no se atrevía a preguntar. Además quería cambiar de tema.
—Mis padres murieron hace año y medio durante un ataque mortífago, una noche de luna llena. A mí me salvó la vida que estaba transformado en licántropo. —les respondió cabizbajo.
—Perdón. —musitó Harry con un nudo en la garganta.
—No te preocupes —le sonrió Remus de manera tranquilizadora—. Electra, no quiero que te sigas culpando por lo ocurrido —se giró a decirle a su hija—. Eran muchos mortífagos y, por la forma en que nos rodearon, si no nos hubiésemos detenido a hablar igual nos hubiesen rodeado a nosotros o a ustedes. Así que la situación habría sido igualmente comprometida para todos —insistió con firmeza al ver sus ojos miel llenos de inquietud. Le sonrió con dulzura al ver que se destensaba—. Y en cuanto a lo que me han dicho que querías plantearnos tengo que decir que estoy feliz de que quieras que vuelvan a esta casa para estar con nosotros, pero que no aceptaría que me acompañasen como animagos.
—Pero es seguro para nosotros y no te lastimarías —le planteó de inmediato ella en tono de súplica—. Ya te acompañamos hace dos meses y al día siguiente no te veías tan lastimado. —insistió al verlo denegar.
—Si yo hubiese sabido lo que iban a hacer no se los hubiese permitido. Ser animago es peligroso y ustedes no estaban bien de salud. Fue una locura lo que hicieron, aunque por lo ocurrido comprendo que fue la mejor opción en ese momento —los regañó con suavidad—. No sé quién fue tan irresponsable para enseñarles a convertirse en animagos siendo tan jóvenes —dijo mirando de reojo a su amigo que fingía no darse cuenta—, aunque sospecho los motivos —dudó por un momento—. ¿Fuiste licántropa hasta hace poco?
—Eso creemos. Diana recuerda algunas transformaciones mías. —respondió Jessica cabizbaja.
—Pero nos ha dicho que no eran como las que vimos en los niños la última luna llena, aunque no lo entiende —se apresuró a aclararles Harry—. Dice que lo que recuerda parece un animago transformándose en contra de su voluntad, pero no de forma tan dolorosa ni… —No pudo evitar estremecerse—. No como lo que vimos.
—¿Recuerdan algo sobre la forma en que aprendieron animagia? —preguntó Lily, que sospechaba de su esposo y el padrino de su bebé al igual que su amigo castaño.
Jessica y Harry denegaron de inmediato.
—¿En qué animales se transforman? —preguntó James con curiosidad.
—Electra en una lobezna de color castaño, Mercurio en un lince, Diana en una pantera negra y Júpiter en un leopardo, Leto en una cebra, Neptuno en un caballo castaño claro, Gea en una serval, Urano en un caracal, Venus y yo en guepardos. —le respondió Harry con sinceridad. Se contentó al ver la expresión de orgullo en el rostro de su padre.
—¿Si accedo a que me acompañen ustedes diez como animagos la noche de luna llena se quedarán aquí y no participarán más en batallas? —preguntó Remus. No quería a los chicos con él la noche en que perdía su humanidad, pero lo prefería si con eso los retenían con ellos allí en Deercourage fuera de peligro. Sabía que en caso de los chicos acceder al trato sus amigos evitarían que los lastimase de cualquier manera.
—No —se opuso de inmediato Harry sin mirar a Jessica, que suponía quería acceder luego de lo dicho el día anterior por el inefable (según le contó Fred cuando pasó por allí a desearles buenas noches) y ahora por el padre. Ya había decidido que tan pronto ella estuviese recuperada le pediría a Angela que les despertase los otros dones a los tres que no los tenían activos y los entrenase en los doce como estaba haciendo con ellos—. Si aceptas nuestra compañía las noches de luna llena, nos presentaremos aquí o en Maidstone a acompañarte. Aunque sería preferible en un sitio abierto, como el bosque de Bristol, para que podamos jugar con mayor amplitud.
—Lo veremos la próxima semana, la noche de luna llena —se adelantó James a la réplica de Remus, luego de oírlo gruñir enojado mientras la chica parecía triste—. El portal para traslados que hicieron en Manchester fue increíble —se decidió a cambiar el tema—. Aún Albus estaba asombrado.
—Gracias. Lástima que sólo Diana y yo sabemos hacer algo así, no recordamos quién nos enseñó y no hemos sabido cómo explicárselo a nuestros amigos —le respondió Harry con tono calmado, pues no podía hablarles de aquello a sus padres—. Me preocupa que Alice y Lily no lo usasen para ponerse a salvo, sino que se quedasen allí bajo las protecciones que pusimos. Eso no fue lo que nos prometieron por la seguridad de los bebés.
—Estábamos en un lugar resguardado y el ataque era demasiado grande. Se requería toda la ayuda posible. —replicó de inmediato Lily.
—No conocemos una forma de detener las maldiciones torturadora y asesina, no debieron quedarse. —le señaló Harry preocupado.
—Estábamos tras las paredes del acceso a la estación, los mortífagos no tenían ángulo para alcanzarnos. —se defendió de inmediato Lily.
—¿Y cuando se desplazaron desde la estación hasta el punto en que nos reunimos con los de la Orden para trasladar a los heridos? —cuestionó Harry con la ceja derecha enarcada.
—¿Ustedes hicieron eso? —preguntó James entre asustado y molesto.
—A ti, a Remus y a Electra los habían rodeado esos malditos —replicó la pelirroja de inmediato, suspirando al ver los ojos entrecerrados de su esposo y el regaño inminente—. No lo haré de nuevo, te lo prometo. No saldré más de esta casa hasta que nazca el bebé para evitar verme en una situación de peligro. —agregó rápidamente.
—Excelente. —celebró Harry al oírla.
—Tú no tienes moral para regañarme por lo que hice —replicó rápidamente Lily con sus esmeraldas brillando con enojo—. Cuando lograron sacarlos a los tres del cerco de los mortífagos, esos asesinos desaparecieron para dar paso a un gran número de dementores —empezó a contarles de inmediato a James, Remus y Jessica que la miraban interrogantes, antes que su hijo pudiese detenerla—. Benjy y Edgar les pidieron a los chicos las varitas creyendo que Electra los había conducido a ustedes dos a una trampa. Diana, al ver la situación, tuvo la "brillante" idea que Marte y ella dejasen de usar sus patronus para servirles de carnada a esos monstruos.
—¡¿QUÉ?! —gritaron a coro los tres que se estaban enterando.
—Y Marte aceptó luego que Angelica, Sirius y yo les dijésemos que no lo hicieran, siguiéndolos luego Neptuno —continuó Lily contándoles a pesar de ver al chico denegar, con sus esmeraldas brillando por la pequeña revancha luego que él delatase lo hecho por Alice y ella—. Júpiter nos pidió que los trasladásemos a ustedes tres rápido para poder luego Gea, Urano y Leto ayudarlos a ellos tres y sacarlos de allí.
—¡¿PERO ES QUE SE VOLVIERON LOCOS?! —rugió furioso James.
—Eran muchos dementores y ustedes estaban graves. —respondió Harry cabizbajo.
A primera hora del día anterior, luego que los tres heridos estuviesen fuera de peligro, Angelica y Sirius habían regañado a Angela por aquello, al igual que Alice y Frank a Neville. Horas más tarde el director los había reñido nuevamente a los tres.
—Quiero tu promesa solemne que nunca más harás algo como eso —le ordenó James a su hijo mirándolo fijamente—. Tus manos donde pueda verlas. —agregó rápidamente al ver que abría la boca.
—Prometo que nunca más le serviré de carnada a dementores durante una batalla. —prometió finalmente Harry, luego de ver las miradas severas que sus padres y sus tíos tenían clavadas en él.
—¡Oye! —se quejó Lily al sentir una patadita.
—¿Qué? —preguntaron de inmediato sus cinco acompañantes preocupados.
—Este pequeñín que se quiere hacer notar. —les dijo con una sonrisa Lily, acariciándose el abultado vientre, tomando en seguida la mano derecha de su esposo y ubicándola allí para que pudiese sentir el movimiento del bebé.
Harry sentía un torbellino de emociones ante la escena. Con pulso tembloroso tomó la poción que le correspondía luego de comer y la bebió rápidamente. Necesitaba perderse en el mundo de los sueños. «No puedo flaquear. No después de ver lo cerca que hemos estado de perder a papá y tío por el intento que hizo mi prima de cambiar las cosas, poniéndose también ella en grave peligro».
—¿Te sientes mal? —le preguntó preocupada Jennifer.
—Un poco cansado, nada más. —le respondió Harry con un intento de sonrisa, mientras con cuidado se intentaba acomodar en la cama para dormir.
—Tranquilo, descansa. —lo ayudó rápidamente Jennifer a acomodarse luego de evaluarlo con su varita, dándole espacio a Lily para que lo cobijase mientras ella regresaba junto a su hija.
James miró interrogante a su amiga, preocupado, tranquilizándose al ver que le hacía señas que estaba bien. Al ver a su esposa dándole un beso en la frente al chico sonrió. Tragó saliva luego, al notar que a la chica se le llenaban los ojos miel de lágrimas. Jennifer le dio a su hija las dos pociones que tenía que tomar, la acomodó en la cama y empezó a arrullarla con la nana de su raza, tarareándola Lily. Las dos sonrieron al ver que los chicos entraban a un sueño profundo y sus expresiones se serenaban.
Luego la gemela ayudó a acomodarse a su esposo mientras la pelirroja le quitaba los lentes al suyo. James se acomodó para dormir, sonriendo al oír que su esposa empezaba a tararearle de nuevo la melodía que su amiga le estaba enseñando mientras le acariciaba su indómito pelo. Su amiga la secundó luego de acomodar a su amigo, quedándose los dos profundamente dormidos.
Cuando Hermione, Luna, Neville, Ron, Fred y George llegaron a la casa para cenar se consiguieron con una escena muy curiosa. Angela, Ginny, Angelica, Sirius, Frank y Charlus se reían a carcajadas, mientras Lily, Alice y Jennifer tenían expresiones de enojo evidente. Lo comprendieron todo un par de minutos luego de intercambiar saludos, cuando se abrió la puerta y sobre la mesa del comedor empezaron a sobrevolar al menos setenta trozos de pergaminos que emitían desafinados cánticos.
—Los voy a dejar sin varitas a los cuatro. —amenazó Lily enojada levantándose.
—Si lo haces empezarán a llamarnos por cualquier tontería. —le dijo Charlus con tono tranquilo, señalándole la jarra de jugo que flotaba fuera del comedor por la puerta.
—Subiré a jugar con ellos snap explosivo un rato, así estarán más tranquilos. —afirmó Angela con una gran sonrisa.
—Cuando termines de comer. —le puso como condición Angelica de inmediato.
Minutos después la chica de pelo negro se despedía con un beso en la mejilla de su novio (sobre el pasamontañas) y con un movimiento de la mano de todos. Subió con semblante alegre a la habitación de los cuatro revoltosos convalecientes, decidida a distraerlos.
El domingo en la mañana los diez chicos estaban desayunando con los ocho adultos en el comedor, pues Harry ya estaba totalmente restablecido, James se había recuperado bastante y ya Lily, Alice y Jennifer estaban al borde de sus nervios con las bromas de los cuatro desde la habitación. Alice había logrado convencer a sus padres y los de Frank de quedarse a hacerle compañía a Lily mientras se recuperaba James, para darle ánimos.
—Buenos días. Me alegra mucho que los cuatro estén tan recuperados. —celebró contento Charlus al entrar al comedor.
—Buenos días. —respondieron el saludo a coro todos.
—Le había aconsejado que permaneciese en su habitación y descansase hasta tarde. —lo regañó Jennifer al verlo tan demacrado.
—Lo sé, linda, pero desperté temprano y como no llegaron bromas matutinas al pasillo me aburría —le respondió él con una sonrisa, que se amplió al ver ruborizarse a los cuatro bromistas y oír gruñir a "las tres enfermeras guardianas"—. ¿Cómo evoluciona la salud de ellos, joven Jennifer?
—Marte ya está totalmente recuperado, no tiene que seguir guardando cama y espero no recibir una broma suya en al menos quince días —le informó Jennifer al papá de su amigo mientras su amiga elfina le servía el desayuno. Su expresión cambió de amenazante a satisfecha al ver al chico asentir de inmediato con disculpa en la mirada.
»James estará en condiciones de reintegrarse al trabajo en una semana. Pero ya puede deambular por la casa siempre que lo haga con cuidado, respete su tratamiento y no se gane una represalia por sus bromas. —El aludido de inmediato puso su mejor expresión de inocencia y levantó las manos, mientras casi todos en la mesa contenían con dificultad la risa.
»Electra y Remus siguen aún delicados, aunque se recuperan a muy buen ritmo y en tres días más estarán casi totalmente restablecidos. Sin embargo, como el jueves es luna llena, se van a quedar de reposo hasta el sábado sin protestas y sin más bromas. —finalizó Jennifer en tono de amenaza.
—La casa ya está lista y consideramos prudente que nos vayamos hoy allí —intervino Harry, levantando las manos al ver las protestas que surgían en el rostro de los nueve que los acompañaban—. Un momento, por favor. Los compañeros de trabajo de Sirius lo vinieron a visitar cuando estaba convaleciente y no creemos prudente que sigan interfiriendo con que vengan a ver a James —les explicó con tono tranquilo. Suspiró al oír varios sonidos de disconformidad—. Sin embargo la salud de Electra tampoco aconseja que ella sea trasladada ya a la casa, así que les queríamos pedir que ella y Venus se queden esta semana con ustedes, mientras nosotros podemos resolver otras cosas.
—¿Qué cosas? —preguntó James de inmediato muy serio.
—La casa está en una zona muggle bastante tranquila. Pero los chicos han detectado que tendremos una vecina bastante entrometida. Tenemos que ponerle las protecciones adecuadas a la casa y al mismo tiempo crear una forma de vida creíble para los muggles que nos rodearán para evitar preguntas o problemas. —se explicó Harry.
—¿Qué tienen pensado? —preguntó con curiosidad Alice.
—Mercurio y Júpiter con apariencia de veintisiete años son los dueños y yo aparezco como una prima de ellos hija de abogados que los ayudó con el papeleo —explicó Hermione a una señal de Harry, pues él todavía no estaba al tanto de los detalles—. Para los muggles la casa será un lugar en el que viven los dos dueños con sus cuatro primos y seis amigos de ellos que estudian en la universidad y el instituto cercano. Se supondrá que nuestros padres les pagan alquiler a ellos para que nosotros podamos estar en un sitio tan céntrico y con eso se solventan los gastos de la casa.
—¿Y cómo van a hacer realmente para solventar los gastos? —preguntó Frank.
—Los diez tendremos documentación muggle y apareceremos como mayores de edad ante ellos para evitar problemas de papeleo con Electra, Diana y Venus, por vivir sin un representante legal. Los siete que lo somos en el mundo mágico trabajaremos medio tiempo entre los muggles, para poder costear los gastos mientras estemos aquí. Mañana voy a la biblioteca cercana para indagar si podemos todos trabajar allí. Nos rotaremos con poción multijugos cuando alguno no pueda ir por problemas de salud. —respondió Hermione.
—No. Me opongo rotundamente —intervino con firmeza Charlus, haciéndolos sobresaltarse a todos—. Ustedes no pueden tomar esa poción si están heridos seriamente, sin causarse un daño mayor, y han demostrado ser lo suficientemente testarudos para seguir participando en batallas.
—El señor Potter tiene razón. —lo apoyó de inmediato Jennifer.
—Tenemos que buscar una manera de solventar los gastos. No sabemos cuanto tiempo estaremos aquí. —replicó Hermione.
—Se supone que sus padres les pagarán el alquiler, así que también podrían estarles pasando una cantidad para comida y gastos personales. Yo me hago cargo de los gastos de ustedes diez y no acepto una negativa. Pero estemos claros que se me reportarán todos los días sin falta apenas anochezca. James, resuelve lo que haga falta. —ordenó muy serio Charlus.
—Mañana a primera hora me ocupo de eso, papá. —afirmó el aludido.
—Pero nosotros no podemos aceptar que… —intentó Harry convencerlo de desistir.
—No te atrevas a contradecirme, jovencito. —lo interrumpió Charlus mirándolo con expresión de regaño paternal.
—Permanezca tranquilo, señor Potter. Los chicos aceptarán gustosos su generosa oferta —intervino rápidamente Jennifer, mirándolos a los diez significativamente—. También se reportarán diariamente con usted como lo ha solicitado.
—Sí señor. —aceptaron a coro los diez, resignados, comprendiendo que no debían alterar al abuelo de Harry por su debilitada salud.
—¿Cómo van a resolver lo de la supuesta tutoría que Angelica y Sirius tomarían de Electra, Venus y Diana? —preguntó Charlus luego de varios minutos de silencio en la mesa, en que sólo se oían los cubiertos, platos y vasos.
—A excepción de Albus, todos los demás creerán que los diez chicos se han ido hoy de la casa. Electra y Venus se quedarán desde hoy en la habitación del quinto piso cerca de la Salita de Estar. Como sólo nosotros subimos a ese piso no habrá problema —decidió James—. Dotty se encargará de llevarles comida, pociones y lo que necesiten. De ese modo todos creerán que no se pudo finiquitar lo que se intentaba para retenerlos.
Ginny estaba un poco inconforme con la decisión de Harry de dejarla allí con Jessica, pero comprendía que era lo mejor tanto por sus conocimientos en medimagia como para evitar que discutiese con Angela por su insistencia en querer cambiar el pasado. Además que para ella sería más fácil mantener entretenida a la chica estudiando en los libros de la biblioteca Potter todo lo referente a los dos temas que tanto les gustaban: pociones y medimagia.
Ya su prometido les había dicho a Fred y George que en cuanto Jessica estuviese recuperada totalmente y se les uniese en la casa les serían activados los otros dones por Angela. Pero no lo hablaron con la chica de ojos miel para no alterarla.
—Gracias por toda la ayuda que nos están dando. —les dijo Harry con sinceridad.
—Nos gustaría que compartiesen hoy con nosotros en la casita de campo que tenemos Frank y yo cerca de York. Quiero mostrarles el pequeño jardín que estoy armando allí y que me den sugerencias. Especialmente Neptuno, que le apasiona la herbología tanto como a mí. —planteó Alice. Sonrió al ver la ilusión en los ojos y boca de su hijo, pues el resto se lo ocultaba el pasamontañas.
—Es una excelente idea, el sol nos hará bien a todos. —dijo rápidamente Charlus para que Jennifer les permitiese ir al esposo, la chica de ojos miel y él.
—Estoy de acuerdo con el señor Potter en que es una magnífica idea. —lo apoyó de inmediato Harry.
—De acuerdo —aceptó resignada Jennifer—. Pero ustedes tres se quedarán quietos en el lugar que yo les indique —señaló a su esposo, su hija y el papá de su amigo— y tú te limitarás a caminatas cortas con descansos —le dijo a James—. Además volveremos aquí cuando yo lo indique sin que ninguno de ustedes intente siquiera protestar —agregó como condición—. Organizaré sus pociones para llevármelas. —dijo al verlos a los cuatro asentir.
Media hora más tarde compartían los diecinueve un día de sol y aire puro en la pequeña y hermosa propiedad de los Longbottom. Alice y Neville los dejaron charlando bajo la sombra de unas hayas mientras ellos examinaban el pequeño jardín, intercambiando opiniones, escuchando ella feliz las sugerencias de él.
Luego del almuerzo el señor Potter fue llevado a un cuarto de la casita para que reposase por órdenes de Jennifer.
James aprovechó que su papá no estaba para iniciar una conversación que él consideraba estaba pendiente con los chicos: la tristeza y angustia que les venían notando a los diez desde que llegaron con ellos. Les hizo el planteamiento, con ayuda de su esposa y amigos, sobre la posibilidad que sus familiares no estuviesen muertos por el incidente que los había trasladado a su época, sino que no pudiesen ir a buscarlos porque estuviesen lastimados o alguna barrera se los impidiese.
Harry tuvo que hacer gala de toda su fuerza de voluntad y capacidad de mentir para sonreírles y darles las gracias por "quitarles ese peso de encima", haciéndoles ver que habían acertado en sus apreciaciones. Fue una suerte para él que justo estaba terminando de decir esto cuando se asomó su abuelo fuera de la casa, lo que les hizo cambiar de tema.
Jessica simuló tener sueño para que la llevasen ya a descansar. Se había deprimido por la charla y no se sentía con fuerzas para disimularlo como habían hecho Angela, Harry y Neville. Además ellos tres se irían a Greenprairie ese mismo día, mientras que ella seguiría compartiendo con sus padres y tíos sin poder decirles nada. Harry se lo había hecho prometer, hasta que ella se les uniese en la casa y hablasen de aquello con calma.
Jennifer comprendió el estado anímico de su hija, luego que el padre, el tío por afecto y ella misma resultasen heridos gravemente en una batalla. Simuló rápidamente estar convencida que era hora de regresar a Deercourage para que la chica de ojos miel, el esposo y el papá de su amigo reposasen apropiadamente, dando por finalizado el paseo que aceptase en horas de la mañana.
Los chicos, después de dejar instaladas a Jessica y Ginny, viajaron a Greenprairie para dar inicio a una nueva etapa en sus vidas.
