Desafíos y Capturas
Resumen: Despertar en familia, hablar sobre parejas y noche de luna llena. Un abuelo da dinero y lecciones. Voldemort sondea a los Guerreros del Fénix. Investigaciones y capturas.
Al llegar al cuarto y conseguirlas tan profundamente dormidas Jennifer sonrió con suavidad. Lily, Alice, Angelica y ella habían disfrutado mucho esa semana con los chicos allí, pues los lograron convencer de dormir en la casa y quitar la carpa el día siguiente a que su hija fuese trasladada al cuarto del primer piso. Los chicos habían dormido en las otras habitaciones del mismo para que no trasladasen a James y Remus mientras no se recuperasen.
Tenían ya tres meses con ellos, pero sólo esos días compartiendo desde que tenían la certeza que eran sus familiares, con una muy fuerte sospecha que eran sus hijos. Le acarició el cabello a su hija y su sonrisa se amplió al oírla balbucear:
—Sólo unos minutos más.
Recordaba bien cuando días atrás había Lily despertado al chico de ojos esmeraldas para darle una poción y el joven se quedó varios minutos mirándola con los párpados entreabiertos murmurando:
—Si alguien me despierta de tan maravilloso sueño se va a ganar un buen golpe.
Luego, cuando despertó bien, se había sonrojado y se intentó disculpar. Las bromas de James, fingiendo ponerse celoso, llevaron a que sus mejillas adquiriesen un color rojo encendido, denegase y tartamudease.
—Debe ser muy extraño sentir celos por alguien que se supone es tu familiar. Aunque tal vez Lily puede llegar a confundirse porque son casi idénticos.
Le había dicho Remus a James, lo que hizo que los dos se soltasen a reír mientras el chico huía hacia el baño del cuarto. Su amiga pelirroja los regañó por aquello… Bueno, al menos lo intentó, porque la reacción del chico la había hecho reírse.
Decidió dejar a su hija dormir unos minutos más y se aproximó a la menuda pelirroja, moviéndola suavemente por el hombro para despertarla. Sonrió al oírla murmurar:
—En unos minutos estoy ahí, mamá.
Las dos se habían quedado dormidas muy tarde jugando con Remus y James una extraña variante de "ajedrez a distancia" que se le ocurrió a su esposo. En cada habitación había un tablero, moviendo la pieza en uno se movía en el otro.
Lo realmente divertido habían sido los trozos de pergamino volando por las puertas, escaleras y pasillos de un cuarto al otro, entre James y la menuda pelirroja mientras su hija y su esposo jugaban, con supuestas apuestas y desafíos que terminaron en un extraño juego de adivinanzas al que terminaron uniéndose todos. La chica se las había ingeniado para responderles mucho y muy poco sobre los cuatro hijos de Las Protectoras.
Se asomó a la ventana del cuarto a ver el paso de los madrugadores transeúntes. Enarcó una ceja al ver a una pareja de adolescentes comiéndose a besos en la acera frente a la puerta de una casa, con las ropas delatando que habían estado en una fiesta. Vio a los chicos separarse y a la chica entrar sigilosamente, para luego irse el chico.
Se giró a mirar a las chicas, pensativa. Los chicos habían conseguido unas piedras preciosas durante su exploración de cavernas donde quedarse, las cuales le mostraron a su gemela antes de llevárselas los gemelos pelirrojos para venderlas y con eso comprar la casa en que vivirían los diez mientras lograban regresar a su época.
«Cinco parejas de jóvenes adolescentes viviendo solos… Hasta ahora se han comportado casi como adultos, pero… Sirius, Remus, James y Frank han estado intranquilos por eso desde que se fueron de la casa, especialmente los tres Merodeadores, por las chicas menores de edad. ¿Tendrán razón? La diferencia de edad entre ellos y nosotros es tan poca… Con los gemelos pelirrojos no la hay siquiera. ¿Cómo hablar con ellos de eso? Hasta ahora nos hemos comportado como amigos. En escasas oportunidades los regañamos, valiéndonos del evidente parentesco con cuatro de ellos y el ascendiente que obtuvimos sobre los otros seis cuando llegaron aquí delicados de salud, pero… Esto es complicado».
James se había visto forzado por las circunstancias a comportarse como el hombre maduro que aún no era al recibirlos, como jefe de casa y responsable ante Albus Dumbledore de ellos. Sin embargo ya Lily le había contado que, mientras le acariciaba el vientre, le confesó lo aturdido que se sentía con aquello. Se suponía que los padres maduraban como tales a medida que crecían sus hijos.
Y no era el único en estar confundido. Lily, Alice, Frank, su esposo y ella misma se veían muchas veces incapaces de manejar la situación con sus hijos ya adolescentes, con pequeñas rebeldías en las cosas más simples como las bromas, el comer a las horas y el tomarse las pociones.
Eran muy maduros para sus edades, sí, lo demostraban en todo lo que concerniese al mago oscuro y sus seguidores. Pero en los otros aspectos de la vida eran sólo diez jóvenes, en su mayoría todavía adolescentes, que intentaban sobreponerse a una situación muy complicada sin perder su vital alegría.
Suspiró al pensar en su hermana y su cuñado. Eran los que peor llevaban la situación. Los dos más revoltosos, rebeldes e impulsivos del grupo (pues James era más centrado y su amor por Lily lo equilibraba) se veían muchas veces superados por la situación. Aunque era muy improbable que lo admitiesen ante nadie.
La decisión de la chica de pelo negro en la última batalla de servirle de carnada a los dementores con el chico de ojos esmeraldas, siendo seguidos por el castaño en seguida, los tenía muy estresados. Tal vez por eso los había visto asumir una actitud de camaradería y complicidad con los chicos. Al parecer habían decidido que si no podían controlarlos como los padres que no podían asumir ser, los acompañarían y ayudarían como amigos que pudiesen aconsejarlos y mantener cerca para ayudarlos a salir de peligro.
Miró pensativa a las durmientes. «La idea no es totalmente mala, pero me preocupa la forma en que eso afectará nuestra relación con ellos cuando los chicos regresen a su tiempo. Sin embargo en cuanto a 'la charla' me parece que es la mejor opción. Además tenemos que actuar pronto, pues tres de las chicas ya están con sus novios y amigos en la casa a la que se fueron ayer».
Había subido a despertar a las chicas para que estuviesen arregladas cuando subiesen a su esposo allí. Los tres quedarían en esa habitación bajo el cuidado de los cuatro elfos mientras viajaban Angelica, Lily, Alice, Sirius, James, Frank, Minerva, Alastor, el señor Potter, su papá y ella a la casa con los otros chicos. Ellos llegarían dentro de poco a buscarlos, para enseñárselas según les avisaron por los sickles. Luego el líder de los chicos regresaría a hablar con James y el padre de éste lo acordado el día antes, mientras los demás iban a los trabajos a excepción de Alice y Lily, que tendrían que fingir poco después el avisar de "la nueva fuga de los diez jóvenes" para darles a los chicos, Angelica y Sirius la coartada planeada por James.
Decidida se aproximó de nuevo a la menuda pelirroja al verla removerse inquieta y murmurar algo que no alcanzó a entender.
—Venus —la llamó mientras la sacudía suavemente por el hombro—. Venus, despierta.
—¿Dónde es el ataque? —preguntó sobresaltada Ginny, tomando rápidamente su varita mientras abría sus ojos e intentaba incorporarse.
—¡Oye! Tranquila —retrocedió rápidamente Jennifer para evitar que la chica tropezase con ella—. No hay ningún ataque, calma.
—¿Qué pasa? —preguntó asustada Jessica, que se había despertado bruscamente por lo dicho por su amiga, también empuñando su varita rápidamente—. ¡Ay! —se quejó al lastimarse la herida del vientre por lo brusco de su movimiento.
—Tranquila, pequeña, todo está bien. —se apresuró Jennifer hacia ella.
—¿No hay ningún ataque? —preguntó Ginny mirando desconcertada alrededor, sin lograr ubicarse. Su mente estaba aún sumergida parcialmente en la pesadilla, que había comenzado a experimentar luego que Jennifer intentase por primera vez despertarla.
—No, chicas. Todo está bien. De verdad. Calma. —les insistió la gemela, preocupada por la menuda pelirroja aunque contenta al ver la rapidez con que reaccionaron las dos ante un supuesto ataque.
—Yo… Perdón Jennifer, disculpa Electra, creo que estaba teniendo una pesadilla —se disculpó con sinceridad Ginny, bajando seguidamente de la cama para ir junto a ellas—. Estoy bien, sólo fue un mal sueño. —añadió rápidamente al ver la expresión preocupada con que la miraba la mamá de su amiga.
—¿Nos hemos quedado dormidas más de la cuenta? —preguntó Jessica confundida, mirando la escasa claridad que entraba por la ventana.
—No chicas, tranquilas. Subí a despertarlas temprano para que estuviesen arregladas antes que subiésemos a Remus. Él desayunará con ustedes y se quedará a acompañarlas, mientras los otros chicos nos muestran a nosotros once la casa en que vivirán ustedes mientras estén aquí —les explicó, sonriendo al ver sus expresiones de desconcierto—. Marte nos avisó hace unos minutos por los sickles. Creo que quieren hacerlo antes que nos vayamos a los trabajos y Lily dé la noticia de su nueva fuga. —les aclaró.
—Tiene sentido. —asintió Ginny, pensando que seguramente había sido idea de Hermione hacerlo así.
—A Remus lo llevaremos para que la vea cuando yo me mude allí, que estaremos los dos restablecidos. —afirmó Jessica con una sonrisa.
—Le alegrará saber eso. Estaba un poco triste por no poder ir hoy. —les contó Jennifer sonriente, mientras ayudaba a su hija a incorporarse con cuidado para llevarla hasta el baño a que se asease.
Ginny suspiró y asintió. Era justo que él también pudiese ir allí, aunque eso implicaría un retraso a la hora de ponerles las barreras a los doce que sabían de ellos.
—Sigo insistiendo en que esa casa es muy pequeña para que se puedan desenvolver los diez con comodidad. —les decía Charlus molesto a James y Harry, mientras entraban los tres a la biblioteca en Deercourage luego de ir a Greenprairie.
El hijo rodó los ojos mientras el nieto suspiraba incómodo. El señor Potter estaba totalmente en desacuerdo en que los chicos se fuesen de Deercourage, así que apenas poner un pie en la casa empezó a buscar razones para que los chicos la vendiesen y regresasen a la mansión Potter, ofreciendo comprarles él la casa con el fin de que tuviesen dinero para "gastos personales".
Harry le había estado rebatiendo un argumento tras otro con suavidad para no hacerlo enojar. James había desistido de ayudarlo luego de recibir una mirada de reproche de su padre. Los otros jóvenes y el director se habían abstenido de intervenir, mientras que Alastor y Minerva habían apoyado a Charlus.
—Disculpe señor Potter, pero desde que entré por primera vez aquí luego de recuperar la visión hay algo que me intriga. ¿De quién son esas espadas? —le planteó Harry con bien fingida inocencia a su abuelo para distraerlo.
—Son nuestras. Han estado en la familia por generaciones —le respondió emocionado Charlus, desplazándose hasta la vitrina junto a la chimenea en que se encontraban. James asintió en aprobación en dirección a su hijo—. Esta fue de Arthur Potter, el primer alumno de Godric Gryffindor en Hogwarts. —le contó con mucho orgullo, empuñando una espada con un gran topacio rojo con vetas amarillas.
—Tengo la impresión que sabe usted usarla. —comentó Harry al ver la forma en que la manipulaba.
James suspiró y se sentó cerca de ellos, sabiendo lo que venía a continuación.
—¡Claro que sé manejarla! Todos los Potter hemos aprendido de nuestros padres el dominio de la espada desde muy chicos, al igual que el buen uso de la varita y los correctos principios morales. —respondió Charlus con su voz llena de orgullo.
»James fue uno de los que más demoró en aprender a usarla, por esa rebeldía suya que a veces conseguía exasperarme. Sin embargo, en una de sus frecuentes visitas a la oficina de Albus por sus travesuras vio la espada de Godric Gryffindor y eso le despertó la curiosidad. Así que con catorce años empecé a enseñarle, después de cinco años de estarse negando.
»Ésa que estás mirando es mi preferida, pues es de un acero liviano especial. Fue de Ector Weasley. Está aquí porque se casó con mi prima Elizabeth Potter. Su hijo mayor, Ewart, me la regaló, ya que ellos no aprendieron a usarla —le explicó al que estaba seguro era su nieto al ver su expresión interrogante. Sonrió internamente por el pequeño sobresalto del chico al escuchar el apellido que seguramente tenían los pelirrojos, el cual había intentado disimular—. ¿Te gustaría que te enseñase a usar la espada?
—Me encantaría —aseveró de inmediato Harry con una sonrisa, que se desvaneció al ver el rostro demacrado de su abuelo—. Pero no creo que sea prudente por su salud.
—Por eso no te preocupes, jovencito. Yo te enseñaré lo básico mientras este flojo termina de recuperarse —le respondió Charlus señalando a su hijo—. Después James practicará contigo, enseñándote los trucos que yo le enseñé a él.
—¿Lo harías? —le preguntó Harry de inmediato a su padre, sin poder disimular la emoción en su voz ni el brillo en sus esmeraldas.
—Claro que sí. Lo haré con gusto. —respondió James sonriente.
—¿Crees que alguno de los otros chicos querrá aprender? —le preguntó Charlus a su nieto con curiosidad.
—Estoy seguro que Urano, Mercurio y Júpiter también querrán aprender —dudó un momento, pero de sólo pensar el enojo de su novia por no mencionarlo suspiró y se decidió—. La verdad es que estoy casi seguro que Venus también querría. Pero no sé si eso lo incomodaría a usted, señor Potter, así que supongo que yo terminaré enseñándole a ella.
—Cuando dije que los Potter aprendíamos principios morales desde pequeños me refería a muchas cosas importantes, entre ellas a respetar a las mujeres como seres humanos valiosos en igualdad de condiciones que los hombres en muchas cosas, aunque comprendiendo que en otras son diferentes a nosotros. No tienen nuestra fuerza física, pero nosotros no podemos traer bebés al mundo. —le respondió Charlus, serio inicialmente, guiñándole un ojo al final.
—Yo las respeto como mis iguales, pero prefiero protegerlas en la medida de mis posibilidades y Venus a veces me dificulta un poco eso. —se quejó Harry.
—Bienvenido al club de novios y esposos de pelirrojas autosuficientes. —bromeó James al oírlo.
Charlus no pudo evitar reírse abiertamente.
—¿Alguna de las otras chicas querría aprender? —le preguntó a su nieto en cuanto recuperó la compostura.
—Diana y tal vez Gea. Estoy casi seguro que Electra, Leto y Neptuno no querrán aprender. —le respondió con sinceridad Harry.
—Excelente. Les enseñaremos a ustedes siete entonces, Sirius nos ayudará en las prácticas, pues le enseñé cuando lo hice con mi hijo. James, haz que los elfos suban estos floretes, sables y espadas a la Sala de Prácticas —le ordenó a su hijo con una gran sonrisa en su rostro, dirigiéndose luego a sentarse frente al escritorio que estaba junto al ventanal central que daba a la calle muggle—. Ahora vengan ustedes dos para que veamos el asunto del dinero para los gastos de mis diez jóvenes amigos, mientras les hago comprender que deben volver aquí y venderme esa casita.
James se levantó del cómodo sillón en que se había acomodado junto a la chimenea apagada con ayuda de Harry, suspirando los dos al oír lo último. James se sentó tras el escritorio y Harry junto al señor Potter.
Después de cuarenta minutos negociando con su abuelo, para que les diese menos de lo que planteaba, Harry tuvo la sensación que él era Dobby y el señor Charlus era el profesor Dumbledore mientras negociaban la paga del elfo libre en el colegio. Sonrió sin poder evitarlo ante este pensamiento, notando de inmediato que su padre abría los ojos en advertencia y su abuelo los entrecerraba con molestia.
—Perdón, es que me siento extraño negociando para que nos den menos dinero. —se disculpó de inmediato.
—Pues eso es porque estás haciendo algo totalmente ridículo —lo regañó de inmediato Charlus—. Y como ya lo has comprendido no hay nada más que hablar. Avisa al joven Andrew Bode que me enviará aquí semanalmente cien galeones, la mitad en dinero muggle y la otra mitad en dinero mágico. —le dijo a su hijo con tono firme. Anotó en un pergamino el último monto que él propuso y estampó su firma al lado, haciendo con su varita el encantamiento que la convertía en su sello mágico personal.
Harry abrió la boca para oponerse, cerrándola al ver de reojo a su padre denegar con un movimiento corto y rápido. Suspiró resignado.
—En verdad le agradecemos mucho todo lo que hace por nosotros, señor Potter. —le dijo en tono suave a su abuelo en cuanto se giró a mirarlo.
—Pues no vuelvas a llevarme la contraria. —lo regañó con tono paternal.
—No lo haré si puedo evitarlo, señor Potter. —le respondió Harry.
Charlus sonrió mientras denegaba levemente. «Tan astuto como la mamá para escabullirse de hacer lo que les pido sin hacerme enojar», pensó mientras lo miraba con cariño.
—Hora de irnos a reposar, papá, o la versión juvenil de Madam Pomfrey nos va a reñir . —le dijo James sonriente.
—Cierto. Jennifer es una jovencita muy dulce siempre y cuando no se le haga enojar. Les avisaré por la ingeniosa monedita falsa cuando no haya nadie en la casa para que vengan a charlar conmigo un rato. —se despidió de su nieto.
—Con mucho gusto, señor Potter. Hasta luego James. —se despidió Harry, sonriéndoles antes de desaparecerse.
—Si no les hubiese hecho el planteamiento sobre los viajes en el tiempo… —empezó a comentar triste Charlus, perdiéndose en sus pensamientos por unos momentos—. Pero ya encontraré la forma de hacerlos volver aquí. Él tiene la testarudez de los Potter, pero yo también y tengo mayor experiencia en manipulación. —afirmó con tono seguro.
James suspiró y se contuvo de responderle, acompañándolo hasta el cuarto. Escuchó con toda la paciencia de la que era capaz sus comentarios y pequeños regaños. Sonrió cuando entró Jennifer al cuarto a darle las pociones, saliendo de allí luego de verlo quedarse dormido.
—¿Cómo fue la reunión? —le preguntaron a coro Lily, Alice, Angelica y Jennifer en voz baja, en cuanto salió del cuarto con la última. Las gemelas se habían quedado a esperar que terminasen de hablar antes de irse la una al hospital y la otra al banco en que había empezado a trabajar unas semanas atrás con Remus, luego de terminar el entrenamiento con Alastor, gracias a la ayuda de Albus.
—Bien. Marte hizo todo lo posible por bajar el monto que papá proponía inicialmente pero sin alterarlo. Finalmente mi padre aprovechó una distracción del chico y ha establecido que les dará cien galeones semanalmente para gastos. Luego que Marte se fue me ha asegurado que conseguirá la manera de hacerlos regresar aquí.
—Excelente. —celebraron a coro Lily y Alice, que sabían lo persistente que era el papá de su amigo.
—Chicos, esta mañana cuando subí a despertar a las chicas vi a una parejita de muggles adolescentes despidiéndose por la ventana —les empezó a plantear Jennifer mientras bajaban hacia la sala—. Eso me ha hecho pensar en lo que ya venían planteando James, Sirius y Remus sobre ellos estando solos. Se me ha ocurrido que podemos proponerles que se queden esta noche aquí, teniendo nosotras una "noche de sólo mujeres" con las cinco chicas y ustedes el equivalente con los cinco chicos —señaló a James—. Me parece que será más fácil si nos comportamos como amigas y amigos de ellos, pues la diferencia de edad entre nosotros es muy poca para intentarlo de otra manera.
—Es una buena idea, el problema va a ser mi celoso y posesivo esposo. —comentó Angelica pensativa, mirando directamente a James.
—De acuerdo. Yo me encargo de hacerle entender a Sirius la estrategia. —aceptó el joven hombre de ojos avellana, recibiendo feliz el beso de su esposa.
—Recuerda que debe descansar y tomarse sus pociones a la hora —le dijo Jennifer a Lily, sonriendo al verlo a él rodar los ojos—. Cuídate mucho, James, y si llegan a necesitarme no duden en llamarme.
—Lo haremos, no te preocupes. —le aseguró el aludido.
—Dile a Remus que me envíe el papeleo en cuanto lo tenga listo. —le pidió Angelica a Alice, que se había ofrecido a hacerle llegar los informes a su amiga que debían hacer sobre los hechizos y protecciones especiales que usaban en algunas cámaras.
El director los había ayudado a los dos a conseguir aquél trabajo con el duende jefe de Gringotts. Éste había accedido porque por una paga relativamente baja tenía a su servicio a dos magos muy buenos en hechizos, maldiciones y transformaciones. El duende no puso objeciones por la licantropía de Remus porque los días que estuviese ausente Angelica haría el trabajo de los dos y él se encargaría del papeleo desde su casa. Ese mismo convenio se cumplía si uno de ellos no podía asistir por estar convaleciente de salud por cualquier motivo, como ocurría desde la batalla en que lo hirieron a él tan gravemente.
—Seguro amiga. Te los enviaré adecuadamente protegidos con Dotty en cuanto estén listos. —le aseguró la rubia con una sonrisa.
El jueves a final de tarde un molesto Remus aparecía con su hija, esposa, cuñada y tres amigos en el corazón del bosque de Bristol, donde los esperaban los otros nueve chicos. Había tenido que aceptar aquello el lunes en horas de la cena a cambio de que los chicos se quedasen allí para "la noche de hombres" en una de las habitaciones grandes del segundo piso y "la noche de mujeres" en una del cuarto piso. Ya se había desquitado parcialmente ese día ayudando a Sirius y James a darles "detalles y tácticas" a los cinco avergonzados jóvenes.
—No los quiero ni a ustedes diez —señaló a los chicos— ni a ustedes dos —señaló a las gemelas— cerca de mí mientras me transformo en licántropo, ni tampoco cuando recupere mi forma humana. —les dijo con firmeza y tono de no admitir réplica.
—De acuerdo. —aceptaron los doce de inmediato, sabiendo que aún no los quería allí esa noche.
Lily y Alice los esperaban en casa debido a lo avanzado de sus embarazos. Remus había intentado convencer a todos y cada uno de los doce de quedarse con ellas, pero no lo consiguió.
—Si le llego a hacer siquiera un rasguño a cualquiera de ellos más vale que ustedes tres duerman con un ojo abierto. —amenazó a James, Sirius y Frank, sonriendo con malicia al verlos tragar saliva y asentir.
Esa noche el licántropo jugó y se divirtió con quince animales como tenía sin hacer desde que se graduase en el colegio, terminando totalmente agotado y contento al ser más sus acompañantes en esta oportunidad. Cuando Remus recuperó su forma y consciencia humana sonrió al ver a sus tres amigos ayudándolo mientras oía a los otros hablando y riendo a unos metros de allí.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó Sirius con la misma expresión preocupada de todos los meses, desde que lo acompañaron por primera vez con quince años.
—Cansado pero extrañamente tranquilo y muy poco adolorido —le respondió él con sinceridad, con la misma sonrisa tranquilizadora que les venía dando esos cinco años—. ¿Cómo están ellos y ustedes? —les preguntó de inmediato.
Los cuatro hombres escucharon una carcajada de Angelica, seguida de las risas abiertas de los once que estaban con ella.
—Creo que eso responde tu pregunta, amigo. —le dijo Frank guiñándole un ojo.
—Y nosotros tres podremos seguir durmiendo con nuestros dos ojos cerrados —completó James sonriente, ayudando a Sirius a incorporar a su amigo ya vestido—. Pueden acercarse. —les avisó al ver asentir al de ojos miel.
—Buenos días Remus. —lo saludaron los doce a coro con grandes sonrisas.
—Buenos días. —les correspondió él sin poder ocultar su alegría al verlos bien y de buen ánimo.
Jennifer se aproximó rápidamente a su esposo para darle un gran beso en la boca y examinarlo.
—A excepción de los rasguños que se hizo con el arbusto está en perfecto estado. —dictaminó feliz, abrazándose contenta a él al oír los vítores de los chicos.
—Hora de volver a la casa. Apuesto que Alice y Lily nos están esperando despiertas. Jennifer, Angelica, Frank y Sirius tienen que ir al trabajo. Ustedes podrían quedarse en la casa a descansar un poco. —les dijo James a sus acompañantes, mirando directamente a su hijo. Sonrió al verlo asentir luego de intentar negarse, retractándose a tiempo el chico al cruzarse las esmeraldas con los ojos dorados de su amigo.
El viernes en la tarde se reintegró James al trabajo, asombrando a sus compañeros por la rapidez con que se había recuperado. Ellos sabían, por los Brown, que sus heridas habían sido graves. Les había alegrado que lo vieron bastante recuperado cuando la esposa les permitió ir a visitarlo, evitando hablarle de trabajo por la prohibición expresa de la mujer de pelo rojo oscuro y ojos como esmeraldas.
Esa noche, mientras los chicos mudaban a Jessica definitivamente con ellos a Greenprairie, Voldemort recibía el informe sobre la recuperación del joven auror. Al terrible mago esa noticia le alegró y le inquietó a partes iguales. Por una parte sentía cierta satisfacción al saber que sus hombres no habían podido matar al sobrino de Alyssa Potter, tan parecido a ella en el carácter, los ojos y el buen desempeño con la varita. Por otro lado él, la esposa y los jóvenes aurores Longbottom le habían enfrentado ese día y sobrevivido poco antes que sus mortífagos lo acorralasen con el licántropo y una de las jóvenes del extraño grupo de encapuchados.
«Tanto Lily Potter como Alice Longbottom están embarazadas y se espera que sus hijos nazcan a finales del mes de julio o inicios del mes de agosto. Si alguno de esos bebés nace antes que termine el séptimo mes y los padres sobreviven a un tercer enfrentamiento conmigo… Ese niño moriría por mi mano. No puedo permitir que alcance la edad suficiente para cumplir con la profecía que me revelase Severus Snape, luego de escucharla en la taberna Cabeza de Puerco. Sin embargo, hasta que no se defina si el hijo de una de esas parejas o el de alguna otra es el niño, no debo hacer ningún movimiento que le haga sospechar al viejo entrometido que estoy al tanto de la profecía».
Por primera vez había intentado convencer directamente a los cuatro excelentes magos de unirse a sus filas, antes que los miembros de su círculo interno llegasen junto a ellos. Se habían negado, pero le intrigaba que una vez más la joven de pelo como el fuego y ojos como esmeraldas hubiese intentado buscar un resquicio de Tom Riddle en él. Estaba seguro que ya no tenía nada de él adentro, pero le desconcertaba que ella lo buscase.
Sacudió la cabeza. «Ya tendré tiempo de acercarme de nuevo a esos cuatro y unirlos a mis filas. Mientras tanto tengo algo mucho más importante que averiguar. ¿Quiénes son en realidad los diez jóvenes encapuchados? Por lo que mi espía dentro de la Orden me ha dicho, luego de darle el trato adecuado, ayudaron a buscar lo necesario para salvar la vida del licántropo y el auror, así como de la joven chica, pues los tres habían estado graves. Estuvieron con los Potter durante toda la semana, huyendo luego de nuevo.
Sólo que el inútil no puede decirme si la casa que han convertido en el lugar de reuniones en mi contra es la mansión de los Potter en Londres, la que conocí en el matrimonio de Dorea y Charlus Potter, por una protección puesta por mi enemigo». No había podido averiguar con el squib que trabajaba en el banco si allí vivían Lily y James Potter. Las direcciones que logró sacarle ya habían sido investigadas por sus hombres unas y por los del Ministerio, gracias a sus infiltrados, las otras. También sabía que tenían otras propiedades de las que no pudo sacarle información. Tampoco consiguió nada con las propiedades de los Longbottom ni la casa de las gemelas White.
«¿Dónde están esos entrometidos? ¿Lograré que se unan a mi grupo? Son muy hábiles en ataque y defensa, serían una muy buena adquisición para mis filas. Pero sin saber nada cierto de ellos es muy difícil chantajearlos o manipularlos. En cada ataque que se han presentado me han generado tantos o más problemas que los del grupo del viejo. Además parecen conocer algunas cosas que no deberían, a menos que… Pero no es posible. El señor Leofric me dijo que no intervendrían en el mundo de los magos por una antigua ley impuesta a su raza. ¿Habrá acaso algún otro desobedecido aquello y entrenado a esos jóvenes? Pero si es así, ¿por qué envía a los chicos en lugar de enfrentarme personalmente?
Tengo que obtener más información sobre ellos antes de actuar. Desde hace dos semanas no actúo y esperaré una más para reorganizar a mis hombres, así como también dar tiempo a algunos de esos inútiles de conseguir la información que les ordené averiguasen. Hasta ahora el impertinente que lidera el grupo de encapuchados siempre busca ser quien me enfrente cuando me presento en las batallas. Me seguiré presentando en algunos de los ataques, aprovechando cuando el encapuchado me enfrente para envolverlo en palabras y obtener la información que quiero. Tal vez incluso…» Una macabra sonrisa se posó en su rostro antes de soltar una carcajada escalofriante, que hizo temblar a varios en la mansión Lestrange.
El domingo, luego del almuerzo, los diez chicos llevaron a los doce adultos que sabían de ellos todo lo que no ocultaban tras la supuesta pérdida parcial de memoria a la casa en Edimburgo. Así se la mostraban a Remus y se despedían de ellos en cierta manera. Les bloquearían el acceso allí luego que se marchasen. Pero los irían a ver todas las noches, debido al compromiso que les arrancase el señor Charlus Potter, así como tres tardes a la semana para practicar con ellos.
—Han logrado que la casa sea un sitio muy acogedor. —los felicitó Remus con una sonrisa cuando terminaron de mostrársela. Comprendió su error un segundo después, al oír al papá de su mejor amigo.
—Estoy seguro que le vendría muy bien a una parejita de recién casados que no necesiten mucho espacio. Tal vez el joven Bode conozca a alguna. Así la vendemos y los diez regresan a Deercourage, donde hay suficiente espacio para que se desenvuelvan con comodidad. —dijo Charlus con mal fingido tono casual.
Obviamente la casa no tenía comparación con la mansión Potter, pero tampoco era tan pequeña como insistía el hombre enfermo. Tenía dos pisos con cuatro habitaciones y dos baños cada uno, además de zaguán, sala, biblioteca, cocina, comedor, dos baños, una habitación con un baño interno, un laboratorio de pociones donde antes estaba el área de servicios y un jardín posterior grande, en el que habían construido en un lateral la nueva área de servicios.
—Una vez más le agradecemos su ofrecimiento, señor Potter, pero por ahora nos quedaremos nosotros diez en ella. —le respondió Harry con suavidad.
—Diana y yo hemos preparado un postre de frutillas en almíbar y nata. ¿Le gustaría probarlo? —planteó seguidamente Ginny para distraerlo.
—Él no debe comer algo tan dulce como eso. —protestó de inmediato Jennifer.
—No voy a dejar de comer lo que me agrada o le perderé el gusto a la vida. —replicó Charlus, mientras los ojos avellanas le brillaban con picardía. Siguió sonriente a las chicas al verlas asentir y conducirlo a la cocina.
—Pequeñas manipuladoras. —masculló entre dientes la auxiliar de sanadora, pues mes y medio atrás ya había alcanzado ese nivel.
—¿Qué le hace más daño, un poco de dulce o una rabieta? —preguntó Jessica con fingida inocencia.
—Una rabieta. Lo sabes y yo también. —la regañó Jennifer, bufando al verla encogerse de hombros con diversión en la mirada.
Remus abrazó por los hombros a su esposa, mientras le hacía un guiño a su hija, procediendo a mimar a Jennifer rumbo a la cocina para tranquilizarla.
—¿La vecina entrometida que nos mencionaron es la rubia que se está asomando por la ventana? —le preguntó Lily a su hijo, denegando levemente al verlo asentir—. Tiene cierto parecido a Petunia —comentó con una mezcla de tristeza y enojo—. Es mi única hermana, la que les mencioné alguna vez. —aclaró al ver la extraña expresión con que su hijo la miraba, sin entender lo que veía en aquellas esmeraldas idénticas a las suyas.
—¿Vamos a la cocina? Nos gustaría que todos comiesen del postre que prepararon mi hermana y mi novia. —intervino George, que detectó el peligro de la inquisitiva mirada de la mamá de su cuñado.
—Sí, vamos. —reaccionó Harry. Desviando rápido la mirada le indicó con un gesto a sus padres que se adelantasen. En cuanto los dos le dieron la espalda le dirigió una mirada de agradecimiento al gemelo por sacarlo del aprieto.
Albus Dumbledore les había estado acompañando en silencio. En el momento de la despedida ayudó a los chicos a convencer a Minerva, Alastor y Charlus en que sería mejor, para la tranquilidad de los diez jóvenes, que estuviesen allí. Así ningún miembro de la O.D.F. podría llegar a verlos por sorpresa, como casi había ocurrido esa semana con Peter Pettigrew.
El pequeño animago, buscando a Remus que aún estaba convaleciente, había subido hasta el quinto piso, siendo alcanzado apenas a tiempo por Angelica que venía saliendo del baño. La gemela lo llevó entre gruñidos a la Sala de Prácticas donde habían estado practicando con los chicos el uso de las espadas. Los diez miembros del E.D.H. desaparecieron al oír Electra y Remus la voz del cuarto Merodeador, pues la noche antes había sido luna llena y tenían agudizados sus sentidos.
Charlus, que estaba muy contento porque los diez chicos habían querido aprender esgrima, se había sobresaltado cuando los vio desaparecer de improviso ante unas chispas emitidas por la chica de ojos miel con su varita. Lo comprendió todo cuando entró la enojada gemela con el amigo bajito de su hijo.
El cuarto Merodeador estaba contento porque sus dos amigos se habían recuperado ya. Se disculpó con el licántropo por no haber notado la noche antes que era luna llena, para haberlo acompañado. Después que se fue supieron que los chicos estuvieron todo el tiempo reunidos en la habitación en que dormía la chica de ojos miel, listos para desaparecer hacia Greenprairie si alguien intentaba entrar allí.
La subdirectora, el auror y el ex auror aceptaron a regañadientes el planteamiento del director. Se despidieron de los chicos, pidiéndoles una vez más que no rompiesen el contacto y que no se presentasen más en batallas.
El domingo 8 de junio en la tarde, al ver aparecer a Fawkes, Hera, Rea y Moony justo cuando estaban terminando con la práctica de ese día, los diez chicos y sus doce acompañantes suspiraron.
—Ya había durado demasiado la paz. —comentó Jessica.
—Tú te mantienes hoy todo el tiempo con Mercurio, no haces ninguna tontería y te desapareces a Greenprairie si tú o él llegan a recibir aún un mínimo rasguño —les ordenó Harry con firmeza, sonriendo al verlos suspirar y asentir—. Diana, está al pendiente de Júpiter. Si ves que es necesario lo sacas de allí de inmediato. —le indicó sabiendo que el pelirrojo no se querría ir sin ella.
—Ninguno de ustedes debería ir. —los regañó Charlus.
—Por lo menos ellos tres no deberían ir. —estuvo de acuerdo Jennifer. Estaba preocupada porque tenían seis días con expresiones muy tristes y aspecto enfermizo.
Los había evaluado en varias oportunidades y los consiguió débiles y sus energías bastante alteradas, aunque no lograba entender qué les había ocasionado aquello. A Leto y Neptuno también, aunque en menor grado. Lo que le dijeron sobre entrenamientos muy fuertes con los cinco para llevarlos al mismo nivel de sus compañeros la angustiaba. «Si es cierto se están excediendo. Si es falso… ¿Qué ocultan?»
—El ataque es en Plymouth, cerca de la vieja destilería de ginebra. —informó George, que había recibido el mensaje de su fénix.
Su novia les había activado los dones restantes el lunes, justo el día después de mostrarle la casa a Remus y sellarla para los doce que sabían de ellos casi toda la verdad. El martes empezó a enseñarles la teoría sobre los dones de Viajar en el Tiempo y el Manejo de la Energía que estaba relacionada con las consecuencias de intentar modificar la línea temporal. Habían ido despacio ese día porque a los tres los había trastornado la activación de los dones, lo que les había preocupado muchísimo a todos.
Cuando Ginny, Hermione, Angela, Luna, Neville, Ron y Harry les contaron las pruebas que habían hecho en el Scafell Pike y los resultados obtenidos Jessica, Fred y él comprendieron el estado anímico de los chicos cuando llegaron ese día y lo ocurrido después.
Sin embargo Jessica, Fred y George insistieron en que les permitiesen planear otras pruebas y que Angela los entrenase rápido en la parte práctica, pero no estuviese presente mientras hacían los ensayos, para eliminar la posibilidad que ella inconscientemente influyese en los resultados por haber recibido su entrenamiento de Raymond. Ella no sólo no se enojó sino que estuvo feliz con el planteamiento, encendiéndose en su corazón y en el del chico de ojos esmeralda de nuevo la esperanza.
Fue una semana muy dura para los diez, pues ellos tres estaban afectados y los otros siete los ayudaban tanto como les era posible para conseguir lo antes posible resultados. Luna y Neville mientras tanto estaban recibiendo un entrenamiento acelerado en Magia Antigua de Angela, al igual que en sus particularidades. Ron, Ginny, Hermione y Harry estaban enfocados principalmente en sus particularidades.
El día antes habían regresado Jessica, Fred y George totalmente deprimidos a Greenprairie, contagiando su estado de ánimo a sus compañeros que les habían estado esperando. Los siete no necesitaron preguntar el resultado de sus indagaciones, al ver la respuesta en sus rostros.
—Señores. —se despidió Harry con un leve asentimiento, desapareciendo con sus nueve compañeros.
—Su terquedad en ir a batallas me exaspera. —comentó enojado Charlus. Vio como sus otros acompañantes desaparecían segundos después, luego de suspirar.
Apenas aparecer los diez chicos con sus equipos de batalla fueron recibidos por una lluvia de maldiciones de los miembros del círculo interno de Voldemort, siendo desviadas por sus capas todas las que no lograban esquivar con hábiles movimientos. El mago oscuro les observaba atentamente desde un sitio estratégico, analizando tanto el equipo que llevaban como la forma en que se defendían. Observó analíticamente el grupo del director del colegio, el cual era mantenido lejos del otro por órdenes suyas.
«Es extraño. Su forma de combatir es muy similar a la de los aurores Alastor Moody, James Potter, Sirius Black, Frank Longbottom, Alice Longbottom, la enigmática señora Lily Potter y el licántropo Remus Lupin, aunque algunos movimientos sólo se los he visto a las gemelas White y al director de Hogwarts. Otros no se parecen a los de ninguno de los miembros del grupo del viejo y parece que sólo los usan cuando les es inevitable, como en este momento que mi grupo selecto los está presionando al máximo».
Observó que sus hombres ya habían logrado separar un poco a los miembros del grupo de encapuchados, así como también que el director estaba logrando acercarse lenta pero firmemente a ellos. Tenía poco tiempo para hacer lo que quería, así que decidió aparecerse en el campo de batalla. Lo haría justo delante de los cuatro que notaba más débiles en sus contraataques y que no se habían separado.
—Buenas tardes —los saludó apenas aparecer, sonriendo malévolamente al ver que el líder del grupo les ordenaba por señas que se alejasen mientras se interponía rápidamente entre él y sus compañeros—. Es una grosería retirarse sin responder un saludo. —añadió con maldad.
—Bienvenido al campo de batalla que sus hombres han generado. Mis amigos no le han respondido porque nos parece que "Buenas tardes" se refiere a un deseo de bienestar que se transmite, no a una fórmula de cortesía. Y difícilmente se le puede desear algo bueno a quien genera dolor, destrucción y muerte. —le respondió Harry con tono serio.
—Interesante. ¿Cómo sugerirías entonces que debería saludar al presentarme? —le preguntó el terrible mago con falso tono sedoso.
—Tal vez limitarse al saludo respetuoso exigido en los duelos —le replicó Harry con un tono similar, recordando su primer encuentro con la forma corpórea del asesino de sus padres en el cementerio de pequeño Hangleton—. Aunque no estamos precisamente en un duelo es lo que más se le aproxima, ¿no crees T.R.? —agregó socarrón.
Voldemort entrecerró los ojos al oírlo referirse a él de nuevo con aquellas iniciales. «¿Quién es el maldito jovenzuelo? ¿Qué sabe de mí?» Notó que ya sus hombres habían logrado dejarlo prácticamente a solas con el insolente. Con disimulo señaló a sus seguidores a quien había seleccionado. Les había ordenado que separasen a quien les indicase para lo que se proponía y le llevasen hacia allí sin que se diese cuenta. Le desarmarían justo cuando estuviese junto a ellos. Mientras tanto empezó a atacar con fiereza a su oponente, tanto para castigarlo por su osadía como para mantenerlo distraído mientras le hablaba.
—Deberían tú y tus compañeros aprender a respetarme y obedecerme. Si se unen a mi grupo les permitiré obtener lo que se consigue por medio del poder.
—Olvídalo. Jamás nos uniremos a ti. —le replicó Harry mientras se defendía.
Siguieron así por varios minutos, el mago oscuro atacándole mientras le insistía en que se uniesen a los mortífagos, el joven negándose a aquello y contrarrestando sus maldiciones. Los mortífagos del círculo interno tenían cada vez más difícil evitar que uno de los otros encapuchados se entrometiese en aquello, así como los otros asesinos para mantener lejos a los miembros de la Orden del Fénix y cumplir con la orden de arrojar allí indefensa a la estudiante de medimagia.
—¡Imperio! —le lanzó Voldemort a Harry cuando logró agotarlo lo suficiente para haberlo alcanzado con las últimas tres maldiciones, que habían sido desviadas por la extraña capa blanca con el dibujo del fénix. Sonrió al ver que la imperdonable no era desviada—. Quítate la capucha para que te vea a los ojos —le ordenó. Su sonrisa malévola se amplió al ver que la mirada de los ojos esmeralda era una vacía de expresión—. Tortúrala durante cinco minutos y luego mátala. —le ordenó señalándole a la castaña de ojos aguamarina, que sus seguidores habían empujado cerca de ellos con un hechizo mientras que con otro la desarmaban.
Harry se giró a mirar a Jennifer y le apuntó con su varita. Tuvo que controlarse aún más, para no dejar traslucir ninguna emoción, al ver la expresión aterrada con que lo miraba la mamá de su amiga. Al retirarse la capucha hacia atrás se veían sus ojos, ocultando su rostro el pasamontañas. Evaluó rápidamente con su vista periférica la situación para poder decidir cómo actuar.
—¡Crucio! —lanzó, desviando la dirección de su varita en el último segundo en dirección cercana al mortífago que tenía la varita de la Cundáwan—. ¡Stupefy! ¡Accio Varita! —convocó luego que el mortífago la soltó al desmayarse.
El asesino fue alcanzado por la sorpresa de los hechizos consecutivos, el primero casi rozándolo, pues era uno de los más hábiles. Harry le lanzó la varita a Jennifer apenas la capturó con su mano izquierda, gracias a sus reflejos de buscador. Se giró rápido a mirar a su enemigo, luego de ver que ella la agarraba pero parecía demasiado sorprendida por todo lo ocurrido para actuar.
—No es posible. —gruñó Voldemort con una mezcla de rabia, enojo y miedo.
—¿No te enseñaron cuando niño que no es apropiado el querer obligar a otros a hacer lo que no quieren hacer? —le preguntó socarrón Harry, aunque se sentía agotado por el esfuerzo hecho.
El soportar una Maldición Imperius lanzada por un Voldemort en total dominio de su cuerpo, fuerza y magia era muy difícil, casi imposible. Al aturdimiento que le había generado su esfuerzo para oponérsele ahora se unía el dolor de cabeza que le estaba generando por medio de la cicatriz, con la mezcla de emociones tan fuertes de su adversario. Claro que esto último el mago oscuro no lo sabía.
—¡Imperio! —le lanzó una vez más Voldemort, concentrándose al máximo en lograr su objetivo, conteniendo el aire al ver a su objetivo sonreírle—. ¡Crucio! —lanzó contra la mujer un instante después de suspender la fallida Maldición Imperdonable en el encapuchado.
Sonrió al oírla gritar en agonía, pues la había tomado por sorpresa. Pero su sonrisa se congeló cuando vio interponerse al que se hacía llamar Marte en el curso de la maldición. La intensificó con el odio que bullía en sus venas al ver que la resistía sin emitir siquiera una pequeña queja, aunque podía ver en aquellas esmeraldas y la mandíbula rígida que sí estaba sintiendo sus efectos.
—¡Stupefy! —lanzaron simultáneamente Ginny, Angela y George a Voldemort, al lograr zafarse de sus oponentes.
El esquivar los tres hechizos le hicieron perder concentración y el blanco, teniendo que liberar a su víctima. Al hacerlo vio que el director del colegio ya estaba por rebasar a los pocos mortífagos que aún lo separaban del lugar, por lo que dio la señal a sus seguidores para retirarse. Maldijo entre dientes y desapareció, luego de lanzarle una mirada amenazante al encapuchado que le había estado enfrentando.
Harry no pudo evitar caer de rodillas justo después que Voldemort y los mortífagos desapareciesen. Sus manos apoyadas en el piso, la varita todavía sujeta en la mano derecha, respirando pesada y dolorosamente. Un acceso de tos le atacó, escupiendo una mezcla de saliva y sangre.
—¡Por Merlín! —exclamó Jennifer que se le había aproximado rápidamente. Le aplicó en seguida un par de hechizos sanadores para ayudarlo—. No debiste interponerte entre esa maldición y yo. No sé cómo has podido resistirla tanto tiempo, menos aún de manos de ése.
—No podía… permitir… que la… lastimase… señorita. —le respondió Harry con su respiración entrecortada, manteniendo la fachada que tenían en las batallas de no conocerlos.
Eso fue una suerte, pues Rufus Scrimgeour y Bartemius Crouch ya estaban cerca de ellos, al igual que Alastor Moody y Albus Dumbledore.
—Sólo los aurores tienen la preparación necesaria para combatir a el‑que‑no‑debe‑ser‑nombrado y sus seguidores —le dijo serio el jefe del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica—. Entregue su varita voluntariamente y le será dada la asistencia en medimagia que necesita. Luego será llevado a juicio por la infracción que ha cometido de la ley, al no cumplir con los anteriores requerimientos de mis hombres de identificarse. Allí se considerará la ayuda que usted y sus compañeros han dado a los aurores hasta ahora.
—Lo siento… pero no… podemos. —le respondió Harry en un tono apenas más alto a un susurro. Se llevó las manos a la cabeza y desapareció en seguida.
Los otros nueve chicos desaparecieron inmediatamente, preocupados por él.
—Le di la oportunidad de entregarse libremente para un juicio justo y no la aceptó. Desde ahora sobre los diez pesa órdenes de captura y detención inmediata —ordenó Crouch a Moody y Scrimgeour, que eran los jefes de los dos grupos de aurores más entrenados. Se giró hacia la joven mujer en el piso luego de verlos asentir—. Los civiles como usted no deben presentarse en batallas, pueden lastimarlos seriamente. Si vuelve a verla uno de mis hombres… —empezó a regañarla y amenazarla.
—Estaba buscando unos ingredientes especiales para una paciente cerca de aquí cuando empezó todo —lo interrumpió Jennifer con brusquedad mientras se levantaba, furiosa por la forma en que el jefe de los aurores se había comportado con el chico y la orden de captura que había dado—. No me busco problemas por gusto, pero no voy a dejar de defenderme de asesinos como esos si puedo hacerlo ya que usted y sus hombres no son suficientes para protegernos de Voldemort y los que le sirven —Sintió un perverso placer al ver que muchos alrededor se estremecían al oír el nombre del enemigo salir de sus labios—. A menos que usted tenga en sus manos alguna ley nueva para arrestarme por intentar defender mi vida, voy a proceder con mi trabajo curando heridos. —finalizó tajante, girándose al no oír ninguna respuesta.
James le dirigió una mirada suplicante a Moody, que asintió rápida y levemente en su dirección, los dos disimulando para que nadie más los viese. Sirius y Frank de inmediato cubrieron la desaparición de su amigo. Los otros miembros de la O.D.F. ya habían desaparecido.
—Aún no responden. —le dijo Lily angustiada a su esposo apenas lo vio aparecer. Lo acompañó al sillón más cercano, en que lo sentó Remus, y le empezó a hacer unas primeras curas.
—Tranquilos, Marte está bien en lo que cabe —les dijo Jessica, que acababa de aparecer. Se aproximó rápidamente a Angelica, que era una de las más malheridas, con su maletín de medimagia—. Hemos tenido que dormirlo luego de atenderlo, por eso no les habíamos podido responder. ¿Cómo está Jennifer?
—Vendrá en unos minutos. Tuvo que quedarse para cubrir su coartada con Crouch —le respondió James, sonriendo al ver el asentimiento de la chica con expresión preocupada—. Y hablando de mi jefe, no pueden presentarse más ni en batallas ni en ninguna parte. Ha dado orden de captura y detención inmediata apenas se les vea, luego que Marte no aceptase su ofrecimiento de asistencia en medimagia y un juicio justo.
Jessica no pudo evitar que un gruñido se escapase de su garganta al oírlo.
—Era de prever que lo hiciese luego de lo ocurrido. —comentó Edgar.
—Como si no tuviésemos suficiente con Voldemort y sus malditos mortífagos, para que ese idiota nos complique la vida a los que hacemos lo que él no hace. —protestó Jessica mientras terminaba de curar a su tía.
—Tal vez no lo sepan, pero Crouch prefiere detener inocentes que dejar escapar a posibles mortífagos o colaboradores de éstos —le dijo Benjy, sonriendo al oírla bufar con enojo—. James tiene razón en que no deben presentarse más en batallas.
—Si algún día llegan a herir a ese petulante, ciego y obcecado de Crouch más le vale que no caiga en mis manos para que lo cure, o voy a hacerlo causándole el mayor dolor posible. —llegó vociferando una furiosa y adolorida Jennifer.
—Tómala y guarda tus energías para restablecerte —le dijo Jessica tendiéndole una poción que aliviaba los efectos posteriores de la maldición torturadora, luego de examinarla rápida y exhaustivamente—. Marte está bien en lo que cabe, considerando a lo que estuvo sometido. Lo hemos dormido para que pueda recuperarse —le respondió rápido la pregunta que veía surgir en las aguamarinas llenas de angustia—. Estoy aquí para ayudarlos con lo que necesiten de medimagia mientras tú te recuperas. Venus se quedó a curar a los otros.
—El ataque de hoy fue planeado específicamente contra los "Guerreros del Fénix" —dijo pensativo el director mientras la chica procedía a curar a su mamá, después a James y luego al rubio—. Me temo que en ese sentido fue un éxito para Voldemort, pues pudo evaluar la efectividad de sus trajes. Si no es que los observó desde algún lugar mientras sus vasallos los atacaban con ferocidad —siguió, analizando el desenvolvimiento de la chica con todos los miembros de su grupo al mismo tiempo que expresaba su preocupación—. Pero lo peor fue lo ocurrido al final. Contados magos pueden resistirse a una Maldición Imperius, menos aún a la Cruciatus. Y puedo contar con los dedos de una mano a los que pueden hacerlo cuando quien las aplica es Voldemort.
Jessica tragó saliva al oírlo. Se contuvo con dificultad para no demostrar nada en su rostro cuando Remus llevó a Peter cerca de ella para que lo curase. Se concentró en el gesto de amistad de su padre por el mago bajito para hacer lo que debía. Se extrañó un poco al ver que el animago la miraba con expresión de agradecimiento y deseos de ayudarla, además de lo serias de las heridas que le habían infligido. Sabía que entre los mortífagos no habían lealtades, pero le extrañaba que agrediesen de esa manera al espía dentro de la O.D.F. Recordó entonces que Snape había dicho que nadie sabía que la rata era el traidor.
—Gracias, Electra —le dijo Peter con una sonrisa y sus ojos negros llorosos—. James tiene razón en que no deben presentarse más en batallas. Menos después de lo que ha dicho el profesor Dumbledore. —agregó con tono suave.
Era el único de la O.D.F. que estaba contento porque los chicos se hubiesen ido de allí, pues así no podía saber nada de ellos y por lo tanto su amo tampoco. Se sentía terriblemente mal desde que Caradoc y el hermano habían desaparecido, sintiéndose cada vez menos capaz de ocultarle cosas a Voldemort. Lo peor es que cada día les tenía más miedo a sus amigos, por lo que ya no estaba tan seguro de atreverse a acudir a ellos para que lo ayudasen.
«Yo nunca fui tan fuerte, poderoso e inteligente como mis amigos y el Señor Oscuro es muy poderoso. No pude resistirme a la forma en que lentamente me ha ido quebrando. Tengo mucho miedo y ya no intento oponerme casi cuando usa Legilimancia conmigo. Apenas si logro ocultarle contadas cosas. Por favor, ya no se presenten más en batallas. No me quiten la última oportunidad que me queda de acudir a mis amigos con la verdad para pedirles ayuda», pensaba mientras miraba ansioso a la joven de ojos color miel.
—Les diré a los otros lo que ha ordenado el señor Crouch y, en cuanto Marte despierte, tomaremos una decisión como el grupo que somos. —respondió Jessica dejando de mirarlo. Se incorporó para ir hacia el hombre moreno a curarlo y correspondió con un leve asentimiento la expresión agradecida de su padre.
El inefable se dejó hacer, mirándola pensativo. «Tal vez la sospecha de mis amigos sobre el vínculo familiar con los chicos es cierta. Pero la forma en que el chico se ha enfrentado a Voldemort y la resistencia ofrecida a dos del tan temido trío de Maldiciones Imperdonables me preocupa mucho». Angelica le había confesado el temor surgido en ella, luego que él le plantease aquella teoría a la chica, después que los dos se sinceraron sobre muchas cosas. Su amiga tenía razón en estar tan aterrada como la veía de reojo.
—Gracias Electra. Eres muy buena en medimagia. Deberías reconsiderar el volver a esta casa para ayudarnos de esta manera siempre, sin presentarte más en batallas. Tal vez si tú accedes tus amigos también lo hagan. —le dijo con tono suave. Suspiró al ver que le evadía la mirada y se alejaba hacia el semi-gigante.
—A mí apenas si me han hecho rasguños. —intentó oponerse Hagrid, incómodo. Se dejó curar por la orden muda del director y la suave sonrisa de la chica. Se sentía culpable de la forma en que los había tratado a los diez el día que la hirieron a ella de gravedad.
—¿Quiénes de ustedes saben resistirse a esas dos maldiciones? —preguntó Edgar con su voz impregnada de falsa desconfianza.
—Eso es algo que no le responderé, señor. Si me disculpan yo debo regresar ya con mis amigos. Si necesitan más ayuda vendrá Venus luego que Jennifer nos avise. —se despidió Jessica, que ya no se sentía en condiciones ni físicas ni mentales de seguir allí.
—Ve tranquila, pero por favor no dejes de informarme cómo están ustedes. —le dijo la mamá. Se incorporó de la silla en que estaba luego de verla asentir y desaparecer.
—Si esos chicos trabajan para Voldemort y lo de hoy ha sido una jugarreta para que todos confíen en ellos les ha salido mal. Pero si no trabajan para ese maldito están en graves problemas. —expresó Edgar su preocupación.
—Me temo que pronto sabremos que tan serio es el problema en que están los chicos, pues no creo que trabajen para el enemigo y estoy casi seguro que seguirán presentándose en las batallas. Así como también lo estoy que Voldemort se está haciendo en este momento la misma pregunta que tú le planteaste a Electra antes que desapareciera. —le respondió Albus con tono pausado y expresión seria.
—Los problemas de los chicos han empeorado. —llegó anunciado Sirius.
—Entre los civiles que estuvieron hoy presentes estaba la reportera novata y fastidiosa de El Profeta. La rubia que escribe artículos desagradables. —explicó Frank al ver las expresiones interrogantes de todos.
—¡Fantástico! —exclamó con ironía Jennifer. La detestaba por el artículo que escribiese Rita Skeeter sobre los sanadores del Hospital San Mungo, cuando se suponía que había ido allí a cubrir el nacimiento del primogénito de Narcissa y Lucius Malfoy el jueves.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó Sirius que se había acercado rápidamente a ella, preocupado.
—Mejor después que tomase la poción que me dio Electra. Nos ha dicho que han obligado a Marte a dormir luego de atenderlo, nos curó a todos y se marchó poco antes que ustedes llegaran. —le respondió mientras les miraba analíticamente las heridas, convocado en silencio su maletín de medimagia.
—Tú ve a descansar —le pidió con cariño Remus, quitándole el maletín de las manos—. Alice te acompañará a un cuarto mientras yo los atiendo a ellos —le indicó con suavidad—. Son sólo moretones y rasguños sencillos, puedo hacerme cargo. —le insistió. Le sonrió al verla suspirar y asentir.
Charlus los había estado escuchando en silencio con el ceño fruncido. «¿Cómo es que mi nieto no sabe usar adecuadamente una espada pero sí resistirse a dos Maldiciones Imperdonables?», pensó inquieto, mareándose. Su organismo enfermo estaba resintiendo la angustia que sentía, luego que apareciesen los primeros miembros de la O.D.F. que estuvieron en la batalla y empezaron a contar lo ocurrido.
—¡Papá! —exclamó James preocupado, abalanzándose a sujetarlo con ayuda de Sirius.
—No es nada. —murmuró el ex auror intentando tranquilizarlo.
—Será mejor que todos nos retiremos a descansar. —ordenó el director. Acompañó a Lily a despedir a todos, mientras sus dos revoltosos ex alumnos sacaban a su amigo rumbo al cuarto en que se estaba quedando allí.
Dos horas más tarde los chicos se comunicaron por los sickles y aparecieron en la Sala de Prácticas, para que se tranquilizasen al ver a Harry bien. Bajaron con ellos al cuarto en que descansaba el abuelo y charlaron un rato con él. Le contaron lo que habían comprado con el dinero que les había dado, soportando sus regaños por no usarlo todo. Se burlaron unos de otros por sus fallidos intentos en la cocina los que no se desempeñaban bien allí, o con los hechizos de limpieza los que no conseguían hacerlos bien. Salieron del cuarto cuando lo vieron dormirse tranquilo, luego del mal semblante que tenía cuando llegaron.
—No pueden seguirse presentando en batallas ni en ningún lugar público con sus capas blancas —gruñó Alastor apenas estuvieron todos reunidos de nuevo en la Sala de Prácticas—. Mis hombres y yo tenemos órdenes de capturarlos primero y preguntar después, valiéndonos de lo que sea necesario para hacerlo.
—¡Que simpático y justo el señor Crouch con nosotros al dar esas órdenes! —exclamó molesto Harry, que sabía bien que por ese comportamiento su padrino viviría doce terribles años de condena injusta en Azkaban—. Gracias por advertirnos y descuiden, tendremos más cuidado que hasta ahora. Les quería pedir que el señor Potter no se siga enterando de lo que ocurre con nosotros en las batallas, le hace daño a su salud. —agregó rápidamente, queriendo tanto pedirles realmente eso como distraerlos un poco.
—Él no tendría que angustiarse si ustedes no participasen más en batallas. —replicó Lily mientras se acariciaba su abultado vientre, con sus esmeraldas llenas de angustia.
—Nosotros extremaremos las precauciones desde ahora. Creo que se dieron cuenta que lo de hoy fue una trampa de Voldemort, para averiguar sobre nosotros directamente mientras intentaba convencernos a su manera de unirnos a él —les dijo Harry mientras le dirigía a su mamá una mirada tranquilizadora—. Supongo que al no obtener de otra manera información de nosotros con que manipularnos optó por lo que vimos hoy. No se preocupen, estaremos alerta y no le daremos oportunidad de ponernos de nuevo en una situación como la de hoy —les aseguró—. Ustedes también tienen que tener más precaución. —agregó mirando preocupado a Jennifer.
—Sabemos que no pudiste evitar lo ocurrido hoy, porque no nos esperábamos ninguno de nosotros la trampa que nos tendieron y lograron separarte de Angelica, pero eso no puede volver a ocurrir —aclaró Ron al verle intenciones de protestar—. Te defendiste muy bien pero eran demasiados para ti sola. A nosotros intentaron varias cosas para separarnos pero siempre nos mantuvimos en parejas luchando, a excepción de Marte que nos indicó a Gea y a mí que estuviésemos con Venus mientras lo enfrentaba.
—¿Por qué procuras siempre enfrentarlo cuando aparece? —le preguntó James a su hijo, pues estaba muy preocupado por aquello.
—Porque hasta donde sabemos soy el mejor en Defensa Contra Las Artes Oscuras de nuestro grupo y él es peor que cualquiera de sus mortífagos. Quiero evitar en la medida de mis posibilidades que lastime a alguien. —le respondió Harry con una media verdad, pues no podía decirles de los horcruxes que ya habría hecho Voldemort para esa época.
Aunque no creía que ya hubiese hecho los cinco que tenía ya cuando intentó matarlo, estaba seguro que al menos ya había hecho el diario, el anillo, el medallón y la copa. Por lo tanto si se le intentaba matar no moriría. Por otro lado ya sabía que sus papás y los de Neville lo habían enfrentado y sobrevivido ya en dos oportunidades. Mientras pudiese evitaría que se enfrentasen de nuevo a ese asesino, atrayendo en la medida de sus posibilidades la atención del mago oscuro sobre él.
Las Protectoras y sus esposos gruñeron al oírlo mientras el director denegaba.
—Si me disculpan quisiera retirarme a descansar. Hoy ha sido un día largo y complicado. —añadió rápidamente Harry al verles intenciones de protestar.
—Antes quiero que me permitas examinarte, como se lo permití yo a Electra en cuanto llegué a la casa. —se opuso rápidamente Jennifer, sonriendo al verlo suspirar y asentir.
—No debiste interponerte entre ese asesino y yo. —lo regañó de nuevo con tono triste y preocupado luego de examinarlo.
—Tranquila. Esta noche dormiré bajo poción de dormir sin soñar y mañana estaré como nuevo. —le aseguró con una suave sonrisa.
—Por favor, ven a primera hora para evaluarte de nuevo. —le pidió Jennifer.
—Así lo haré. Descansa tú también con poción, por favor —le solicitó Harry, sonriendo con dulzura al verla asentir—. Nos veremos mañana en la mañana entonces. —se despidió, desapareciendo luego con sus nueve compañeros.
Durante los siguientes tres días los otros nueve chicos se vieron sometidos uno a uno a las dos Maldiciones Imperdonables por el propio Voldemort. Éste usaba distintas tácticas con sus mortífagos para lograr separar a alguno del grupo y luchar con él. Los estaba presionando además con tener que luchar hasta tres veces el mismo día. Con ninguno duró tanto como con Harry, pues los jóvenes sabían lo que intentaba y luchaban fieramente por salir de las trampas que les tendía.
Tanto los miembros de la O.D.F. como los propios aurores los ayudaban, en la medida de sus posibilidades. Los últimos estaban cada día más intrigados por los diez encapuchados. No sólo no habían podido hacer efectiva la orden de su jefe, sino que notaron que los chicos no los atacaban cuando intentaban dejarlos inconscientes o atarlos. Habían visto que se limitaban a poner escudos y alejarse.
Ese miércoles a principios de noche en York ya tanto los diez chicos como los ocho padres y el director estaban cansados de aquello y muy estresados. Harry, Ron, George y Angela se interpusieron en el camino del asesino cuando sometía a la torturadora a Jessica, rugiendo con enojo mientras lo atacaban los cuatro simultáneamente con una serie de maldiciones. Mientras tanto Fred desaparecía de allí con su novia. Hermione, Ginny, Luna y Neville luchaban para que nadie pudiese interponerse.
—¡ME TIENES HARTO, T.R.! MÉTETE EN LA CABEZA DURA QUE TIENES QUE NINGUNO DE LOS MIEMBROS DE LOS "GUERREROS DEL FÉNIX" SE UNIRÁ JAMÁS A TUS ESTÚPIDOS E INÚTILES MORTÍFAGOS, QUE SOMOS MEJORES MAGOS QUE TÚ DE MUCHAS MANERAS, Y QUE NO VAMOS A CESAR EN NUESTRO EMPEÑO POR DETENERTE —le gritó Harry enojadísimo—. HASTA AHORA NOS HABÍAMOS LIMITADO A DEFENDER INOCENTES, PERO DESDE HOY EMPIEZA A DORMIR CON UN OJO ABIERTO AL IGUAL QUE LOS IDIOTAS QUE TE SIRVEN.
—¿CÓMO OSAS AMENAZARME? —rugió furioso Voldemort.
—Yo sólo te estoy advirtiendo. —le replicó Harry con tono frío y seco.
—La próxima vez que nos veamos respirarás tu último aliento. —siseó amenazante el terrible mago oscuro, desapareciendo pues había visto de reojo al director del colegio acercarse demasiado a ellos.
—Eso lo veremos maldito —gruñó el pelinegro con sus esmeraldas brillando con enojo apenas contenido, haciendo una señal para que todos desapareciesen al ver acercarse a los aurores—. Ya me cansé de ese imbécil y sus secuaces. No más defendernos. Quiero golpearle en algo que le duela. —les dijo furioso a sus amigos mientras su novia se volcaba a atender a la chica de ojos miel.
—Totalmente de acuerdo con eso, amigo —replicó Ron, que aún estaba molesto porque ese día los blancos habían sido Hermione, Ginny y ahora Jessica. Peor aún porque no habían logrado evitar que los sometiese a los diez a aquella "evaluación", aunque sí que no probasen el límite de resistencia de cada uno—. ¿Qué propones?
—Usemos lo que sabemos que ocurrirá a nuestro favor —propuso Harry. Gruñó al sentir la vibración en las ondas de energía—. No para arreglar nuestras vidas sino para detener a algunos de los secuaces de ese maldito que sabemos serán detenidos. —rugió mirando hacia el cielo. Lo venía haciendo así desde que manejaba aquella parte del don de la energía cuando desafiaba al "destino", o como quiera que se llamase lo que le impedía salvar la vida de sus padres.
—De acuerdo. ¿Alguna idea? —preguntó George, que aún estaba enojado por el mal estado en que había llegado su novia la noche antes y su hermanita pocas horas atrás.
—Igor Karkaroff. —dijo Hermione con tono molesto, sonriendo al no sentir ninguna perturbación en la energía.
—El asesino de mis tíos Fabian y Gideon, el mortífago Antonin Dolohov. —aportó Ginny también furiosa, asintiendo satisfecha al no percibir nada con su don del manejo de la energía.
—También podemos incluir en la lista a Evan Rosier, el amiguito de colegio de Snape. —susurró Jessica con las pocas fuerzas que tenía.
—De acuerdo. Tú descansa con poción para dormir sin soñar. De hecho quiero que Venus duerma a Diana y todos descansemos con esa poción. Mañana necesitaremos estar frescos y bien despiertos a primera hora para investigar lo necesario y darle la información al auror Alastor Moody. —les dijo con firmeza Harry, asintiendo al verlos a todos aceptar. Se comunicó brevemente por los sickles falsos con su mamá para asegurarle que estaban bien pero que no irían a Deercourage porque necesitaban descansar.
—¿Están seguros de esto? —le preguntó Alastor mirándolo asombrado.
—Sí señor. Gea, Urano, Electra y Mercurio en este preciso momento lo están vigilando. —le aseguró Harry, que comprendía su reacción.
—Tengo seis meses persiguiéndolo. ¿Cómo dieron con él? —preguntó el auror con temor en su mirada, pues él había tenido mucha dificultad para obtener información del escurridizo búlgaro. Sus datos coincidían con la mayoría de los que le acababa de dar el chico, sólo que él le estaba dando una ubicación precisa del mortífago.
—Hicimos las preguntas adecuadas a las personas indicadas. —le respondió Harry con tono oscuro, sus esmeraldas frías.
—¡¿Se han vuelto locos?! —exclamó asustado James.
—Debo irme. Los otros necesitarán mi ayuda pronto. Hasta luego. —se despidió el chico antes de desaparecer, sin responderle a su padre.
—Sirius, pon al tanto a Albus de lo que está ocurriendo y te nos unes en seguida. James y Frank vendrán conmigo. Remus, ubica a esos jovencitos de inmediato y evita que se metan en más problemas. —los organizó Alastor, comprendiendo a cabalidad el porqué el chico había pedido esa reunión con sólo ellos cinco. Había escuchado dos días antes la amenaza que le hiciese el chico al terrible mago, pero jamás se hubiese imaginado aquello.
Una hora más tarde se presentaba en el Ministerio de Magia con sus tres hombres y el mortífago búlgaro detenido, gruñendo entre dientes porque no vieron a ninguno de los cuatro chicos que había nombrado el de ojos esmeraldas. El mortífago fue llevado a Azkaban cuatro horas después de ser fuertemente interrogado. No reveló muchos nombres, en realidad ninguno importante, pero con los que confesó Crouch dio órdenes a sus hombres de movilizarse para arrestar a varios.
Cuando finalmente Alastor, James, Sirius y Frank regresaron a Deercourage, agotados, se enteraron por Remus que no había logrado dar con los chicos. También que Albus había decidido que Lily, Alice y Charlus no se enterasen de lo que estaba ocurriendo por ningún concepto, mientras que se los dirían a Jennifer, Angelica y Minerva sólo si era necesario para conseguir la forma de detener a los chicos.
Durante los siguientes días los chicos aparecían a final de tarde para hablar con las dos mujeres embarazadas y el abuelo de Harry siempre y cuando no hubiesen tenido que presentarse a alguna batalla. En este caso, al igual que con los entrenamientos, aducían cansancio para no presentarse en Deercourage.
El jueves 19 de junio, apenas amanecer, Harry se comunicó con un cada vez más estresado James para que se reuniesen a solas.
—Hemos ubicado a Antonin Dolohov. —le anunció el chico apenas lo vio entrar en la Sala de Prácticas.
—Ustedes no pueden seguir persiguiendo a esos asesinos. —casi gritó el auror de lentes, producto de su desesperación.
—Cálmate James, por favor. —le pidió Harry con tono suave.
—¿Cómo me pides que me calme cuando sé lo que están haciendo? —explotó su padre—. No puedo consentir que un descendiente mío esté por ahí torturando gente para sacarle información.
—¿Quién te ha dicho que hemos torturado o dañado a alguien de alguna manera? —explotó también Harry, que tenía casi una semana durmiendo poco.
—Dime entonces cómo localizaron a Karkaroff y ahora a Dolohov. —le ordenó James furioso.
—Con el acento del primero fue fácil preguntando de manera sutil en el callejón Knockturn. Con Dolohov no ha sido nada sencillo, pero lo hemos conseguido. ¿Lo quieres detener antes que se nos escabulla de nuevo o vas a seguir perdiendo tiempo gritándome y acusándonos de cosas que no hemos hecho? —le replicó Harry enojado.
—¿En el callejón Knockturn? —preguntó muy pálido James.
—Que mejor sitio para averiguar sobre esas alimañas. —le respondió Harry con tono cansado, luego de agitar su cabello con el gesto automático que tenía, al igual que su padre, cuando estaba muy nervioso.
—Dijiste "antes que se nos escabulla de nuevo" cuando hablabas de Dolohov. ¿A qué te referías? —le preguntó James con tono más calmado, pues su enojo había mutado en una mayor preocupación.
—Ese maldito es muy escurridizo y se nos ha escapado ya tres veces —le respondió Harry con sinceridad—. ¿Podrías por favor darle la información a tu jefe de inmediato? Está en este momento en la estación King's Cross. Por su comportamiento parece estar evaluando el lugar para preparar un ataque. —le explicó, no pudiendo contener luego un bostezo seguido de un gesto de dolor.
—¡Estás herido! —exclamó James angustiado.
—Ya me han curado y en cuanto logre descansar unas horas sin sobresaltos me recuperaré —le respondió Harry en automático, demasiado cansado para inventar algo y evadirlo—. Tengan cuidado con ese maldito. Cuando traza una especie de zigzag con su varita el rayo morado que te golpea causa heridas internas serias.
—¡¿Qué?! —preguntó aterrado James.
—Tranquilo, nosotros estamos bien. Pero un infeliz muggle que se atravesó en su camino hace dos días estuvo muy grave. Venus y Electra tuvieron problemas para salvarle la vida. Luego fue un verdadero dolor de cabeza desmemorizarlo y dejarlo en San Mungo para que lo terminasen de curar —le respondió Harry—. Debo irme. Apresúrense, por favor.
—El muggle… —musitó James recordando el extraño reporte que les llegó días atrás—. Espera. ¿Por qué no estás usando la capa que te protege en las batallas? —le preguntó angustiado.
—Son un poco llamativas para desenvolvernos entre magos cuando queremos investigar algo y demasiado extrañas para los muggles —respondió Harry con tono de quien da una respuesta obvia a un niño pequeño que hace una pregunta tonta, sin lograr contener luego un bostezo—. Por favor, apresúrate. —le insistió antes de desaparecer.
—¡Rayos! —exclamó James. Se cambió la pijama por ropa con su varita mientras salía al pasillo llamando a sus elfos—. Idun, Tyr —Al verlos aparecer de inmediato les dio instrucciones—. Tú dile a Sirius que lo necesito en la sala en cinco minutos vestido y listo para ir de cacería —le ordenó a la elfina—. Tú haz lo mismo con Frank pero que Alice no se dé cuenta —le ordenó al elfo—. A Alastor le aviso yo personalmente. —masculló antes de desaparecer, pues sabía que tendría que usar un escudo apenas lo despertase.
—¿Se puede saber qué rayos pasa? —le preguntó el hombre de ojos grises al que consideraba su hermano apenas lo vio aparecer en la sala, enojado porque le hubiese ordenado a la elfina que lo sacase de la cama tan temprano.
—Los chicos tienen ubicado a Antonin Dolohov en King's Cross. Me lo ha comunicado Marte hace unos minutos. Me dijo que se les ha escapado ya tres veces y que tengamos cuidado con una maldición en forma de zigzag cuyo rayo es de color morado, pues genera heridas internas muy serias. Según me contó alcanzó con eso al muggle que está en San Mungo desde hace dos días, cuando se interpuso en su camino. Venus y Electra lograron salvarle la vida, haciéndole olvidar luego los chicos su contacto con ellos para evitar problemas. —les resumió James a sus tres compañeros toda la información.
Sirius, Frank y Alastor parpadearon y demoraron unos minutos en lograr que sus cerebros, todavía parcialmente dormidos, procesasen todo lo que les había dicho de carrerilla.
—Me dijo también que no han estado torturando ni maldiciendo a nadie para obtener información, furioso porque lo insinué. Han estado infiltrándose entre magos y muggles para ubicar los mortífagos, iniciando sus pesquisas en el Callejón Knockturn. Lo demás se los cuento después, debemos apresurarnos. Si los otros chicos están tan agotados como vi a Marte, es muy probable que los terminen lastimando peor de lo que ya están —agregó James—. ¡Rápido! —los urgió al ver que no reaccionaban, asintiendo al verlos sobresaltarse, desapareciendo seguido de los otros tres aurores.
Capturar al asesino de Fabian y Gideon Prewett no fue sencillo, pues en cuanto aparecieron ellos cuatro también lo hicieron otros siete mortífagos. Sin embargo la forma de desafiar James al ex compañero de estudios de Tom Riddle cumplió su cometido, pues se mantuvo allí mientras Alastor lograba detenerlo. El experimentado auror se llevó, con ayuda de Frank y Sirius, los detenidos mientras James buscaba infructuosamente a los chicos.
—Tenemos ubicado a Evan Rosier y a otro que está con él tramando algo. —llegó anunciando orgulloso Neville diez horas más tarde.
—Tendrás que ir tú a decirles. No soy capaz de dar un solo paso más. —le respondió Harry recostado en el mueble de la sala, sin abrir los ojos.
—De acuerdo. —replicó el castaño, encogiéndose de hombros. Sacó el sickle falso para comunicarse con su padre.
—¿Por qué no vino Marte?
—¿Quién más está herido y qué tan serio?
—¿Cuánto han dormido estos últimos días?
Bombardearon a preguntas James, Sirius y Frank a Neville apenas lo vieron aparecer en la Sala de Prácticas. Alastor intentó desarmarlo, evitándolo un escudo de protección que el chico convocó automáticamente sin pensarlo siquiera.
—Si vuelve alguno de ustedes a intentar quitarme mi varita me desaparezco y tomamos otras medidas —gruñó en dirección al jefe de su padre, continuando al verlo refunfuñar pero asentir—. Marte no vino porque está agotado, pues es uno de los que menos ha dormido esta semana. Todos tenemos algunas heridas pero ninguna es seria. Estoy aquí porque hemos ubicado a dos mortífagos y… —Se detuvo al sentir la esclava en su brazo calentarse—. ¡Rayos! Se les han escapado —maldijo al leer rápido el mensaje mientras de reojo controlaba los movimientos de sus acompañantes en el lugar—. Les comunicaremos por los sickles nombres y lugar apenas los podamos encontrar nuevamente. —les dijo antes de despedirse con el gesto de la varita frente a su rostro y desaparecerse.
—¿Alguna idea para convencerlos de desistir? —preguntó James a punto de explotar con la carga de estrés que venía soportando esa semana.
—Tal vez si nos cuentan lo que ocurre podamos darles una. —respondió Angelica, que acompañada de su gemela y el cuñado habían entrado allí sin que ellos lo notasen.
Luego de sobresaltarse, los cuatro aurores respiraron más tranquilos al ver que Lily y Alice no los acompañaban. Les contaron lo ocurrido una semana antes con Igor Karkaroff y el día antes con Antonin Dolohov, pues a Remus no le habían dicho de este último.
—Tendremos que amenazarlos con decirles a Lily y Alice si no dejan de perseguir a esos malditos. —sentenció Jennifer.
—No nos creerán. —denegó James.
—Tal vez a ustedes no, pero a mí sí. —gruñó Moody sacando su sickle falso del bolsillo. Lo colocó sobre la mesa cercana y se quedó mirándolo fijamente un par de minutos, mientras recordó la explicación que le dio la joven de pelo castaño el día que se lo entregó. Le apuntó con su varita y lo usó por primera vez para enviarles un mensaje.
—¡Usted no puede hacer eso! —exclamaron a coro Harry y Neville apenas aparecer los diez, un par de minutos después de enviado el mensaje.
—Alice es una auror y Lily una inefable. Sabrán comprender y asimilar la información. No pueden hacer trabajo de campo, pero pueden ayudarme a preparar desde aquí listados de mortífagos a buscar e interrogatorios posibles. —replicó el auror con fingida seriedad.
—¿Si les aseguramos que no seguiremos cazándolos usted no les dirá nada a ellas? —preguntó con tono firme la castaña, que se imaginaba que todo era una treta del auror para alejarlos de lo que habían estado haciendo esa última semana.
—No sé —fingió dudar Alastor—. Ustedes lo han hecho muy bien con Karkaroff y Dolohov. Estoy seguro que si ustedes siguen investigando y ellas, ya informadas, los ayudan a planificar sus movimientos los resultados serían mejores. Eso nos permitiría a los demás libertad de actuar, al no estar buscándolos a ustedes a escondidas de ellas. —añadió simulando pensarlo.
—Pero si les damos los datos que tenemos hasta ahora, y no hacemos ningún otro movimiento para cazar mortífagos, se ocuparían ustedes. Así no las tendrían que involucrar a ellas, cuando les falta menos de dos meses para dar a luz —replicó Ron con fingida calma y naturalidad—. Estando menos preocupados al no tener que manejar "elementos libres" como nosotros, no tendrían que sacarlas a ellas de sus reposos. ¿Correcto?
—Correcto. —respondió el auror con tono hosco.
Los diez chicos suspiraron y se miraron entre sí. Al ver las miradas mezcla de preocupación, molestia y aceptación de Harry y Neville los otros asintieron.
—De acuerdo. Nosotros no seguimos buscando a ésos y usted no les dice a ellas. —aceptó Harry con tono resignado.
—No —negó el auror con firmeza, explicándose al ver que tanto los diez chicos como sus seis acompañantes lo miraban interrogantes—. Ustedes no siguen buscándolos y nos dan los datos que ya han investigado sobre todos los mortífagos que estaban persiguiendo, además de permitir que Jennifer los examine y les atienda como necesiten. Entonces yo no les digo nada a ellas.
—De acuerdo. —masculló Harry enojado. Cerró los ojos al sentirse levemente mareado. Estaba extenuado.
—Leto y yo podemos darle la información mientras Jennifer examina a los demás. —les dijo Neville mientras Ron sujetaba a Harry al verlo tambalearse.
—Perfecto. —sonrió con expresión de triunfo el auror.
Mientras Jennifer los atendía y regañaba con ayuda de Angelica y Remus, Luna y Neville les respondieron a los cuatro aurores todas las preguntas con ayuda de Hermione y Ron, pues estos dos habían estado más informados de algunos detalles de las dos primeras persecuciones.
Los chicos se habían dividido en tres grupos para ser más efectivos durante las pesquisas. Se reunían todos sólo cuando consideraba uno de los grupos que tenía suficiente información para "observar" al objetivo, mientras le avisaban a James, Frank, Sirius o Moody.
—Esta noche duermen con poción para dormir sin soñar en Maidstone, bajo la vigilancia de Angelica, Sirius, Remus y yo, sin protestar. —dictaminó Jennifer con una mezcla de preocupación y enojo.
—No. Dormiremos en Greenprairie pero vendremos a primera hora para que nos examines de nuevo —la contradijo Harry—. Hace unos minutos intentaron desarmar aquí a Neptuno. No puedes pretender que los diez nos quedemos a dormir bajo el cuidado de ustedes luego de eso. —se adelantó a la protesta de la gemela.
—Yo fui quien intentó desarmar al joven. —respondió Alastor la muda pregunta de la hija de su amigo. A duras penas se contuvo de retroceder al ver que se enojaba aún más.
—A primera hora sin falta los diez aquí. Y más les vale que estén descansados y mejor que como están ahora. —sentenció Jennifer amenazante al chico de ojos esmeralda.
—Así será. —le aseguró éste, luego de tragar saliva. Las Protectoras cuando se enojaban eran de temer.
El domingo, dos días después que los chicos les diesen la información que tenían y Alastor Moody recabase más con su grupo de aurores, logró con su equipo acorralar a Evan Rosier, un hombre apellidado Wilkes y al menos quince mortífagos más. Murieron los dos primeros al resistirse al arresto mientras que los novatos eran sometidos con facilidad. Alastor tuvo que ser internado en San Mungo porque durante la pelea Evan Rosier le quitó un pedazo de la nariz y le ocasionó otras heridas de consideración.
Nueve de los chicos habían estado durmiendo con poción para dormir sin soñar y Angela bajo el hechizo esas dos noches, durante doce horas, por órdenes de una muy estricta y bastante enojada auxiliar de sanadora. Jennifer además les había prohibido hacer entrenamiento de ningún tipo y los examinaba tanto en la mañana como en la noche.
Cuando James les contó el domingo en la noche a los chicos lo ocurrido con los dos mortífagos y Alastor Moody se sintieron incómodos. Una cosa era saber que esos dos asesinos morirían durante la primera guerra y otra enterarse que había ocurrido al intentar arrestarlos, en buena parte gracias a la información dada por ellos. Peor aún se sentían al saber al hosco auror herido, a pesar que sabían que aquello ocurriría.
—Cuando se está presente en una batalla y son heridos los que queremos nos preocupamos. Pero si nos enteramos luego y no hemos visto lo que sucedió, o sabemos que están corriendo peligro pero no cuáles ni cómo ayudarlos, la angustia es horrible —les dijo James pausadamente al notar sus reacciones—. Sé que en este momento se están sintiendo mal por Alastor, también que les incomoda el haber investigado a esos mortífagos y que muriesen durante la captura. Quiero que piensen durante unos momentos lo terrible que nos estuvimos sintiendo Alastor, Sirius, Frank y yo desde el día que Marte se presentó aquí a decirnos que tenían ubicado a Karkaroff.
Los diez chicos tragaron saliva y bajaron las miradas.
—De no ser porque Lily aprendió al fin la nana que mi esposa le enseñaba y las dos nos tranquilizaban con eso cuando llegábamos hubiésemos enloquecido de angustia. —completó Sirius que estaba sentado al lado.
—Alice usó una canción muy dulce que la mamá le enseñó para arrullar a nuestro bebé. —les contó Frank mirando a su hijo.
—Aunque no les dijimos nada sobre lo que ustedes estaban haciendo, las dos son muy listas y se dieron cuenta que algo iba muy mal. Cada vez que mi amigos se demoraban en llegar del Ministerio se estresaban mucho. —agregó Remus.
—Mi esposo ayudaba a calmarse un poco a Lily y mi hermana a Alice. Pero esto no puede seguir, chicos. No sólo por ellas, también por nosotros y ustedes. —los regañó con cariño Jennifer.
—Tal vez no estemos embarazados, pero igual podemos tener cambio temperamentales —les dijo Angelica con tono de bromear, sonriéndoles con complicidad al ver que los diez levantaban sus miradas hacia ella con curiosidad—. Por otro lado, ya me he dado cuenta que todo esto ha sido para evadir el reconocer que soy más hábil en esgrima que cualquiera de ustedes. —agregó con fingida seguridad en lo que decía, desafiándolos. Se rió al verlos rodar los ojos.
Jennifer y ella habían empezado a aprender con los chicos bajo la tutela de Charlus, James y Sirius. Las prácticas se habían suspendido esos últimos quince días, desde que Voldemort atacó a Jennifer y Harry en la batalla de Plymouth con las dos Maldiciones Imperdonables y se desató todo aquello.
—Disculpen que les hayamos causado tanta angustia y estrés estos días —les pidió Harry con sinceridad en nombre de los diez—. Nos limitaremos de nuevo a ayudarlos en las batallas en que consideremos necesaria nuestra presencia. Les pasaremos a ustedes cualquier información que nos llegue y les pueda ser de utilidad contra esos asesinos —les aseguró. Asintió al ver que en silencio le preguntaban con sus miradas si en realidad no iban a seguir persiguiendo mortífagos. Sonrió al notar que soltaban la tensión—. ¿Podríamos retomar las clases de esgrima?
—Claro. Tienes que demostrarle a mi amiga que jamás un Potter será superado en esa área. —le respondió James de inmediato.
—Eso lo veremos. —replicó de inmediato Angelica, riéndose con todos en seguida.
