La Vida y la Muerte

Resumen: Nace Dudley Dursley. Deducciones y análisis sobre viajes en el tiempo. Voldemort investiga mediante nuevas estrategias en las batallas. Conversación sobre vida y muerte. Muere Charlus William Potter White. Nacen Neville Frank Longbottom Yaxley y Harry James Potter Evans.

El día siguiente estaban a mitad de la práctica de esgrima cuando entró una lechuza a la Sala de Prácticas buscando a James. Todos se detuvieron a mirarla con curiosidad y nerviosismo. Sabían que de los ataques le informaba al dueño de la casa era Fawkes, como miembro de la O.D.F. Por lo tanto los chicos deducían que la lechuza tenía que provenir del trabajo, ya que su único familiar vivo era Charlus y estaba en la casa con ellos.

—Es de Sam. Petunia está dando a luz. —informó James luego de leer la breve nota enviada por su suegro, mirando interrogante a su esposa.

—Vamos a acompañar a mamá y papá. Petunia y Vernon no querrán vernos pero mis papás sí. Quiero al menos conocer a mi sobrino a través del cristal —le dijo ella luego de pensarlo un momento—. No tengo ropa de maternidad muggle. —comentó mirando su vestimenta.

—Si me lo permites, te arreglo la túnica como un vestido maternal similar al que le vi a una muggle embarazada que vive cerca de la casa, o como tú me lo indiques. —le ofreció Angela con suavidad. Sonrió al verla asentir rápidamente.

Lily era buena en hechizos de ese tipo, pero su magia estaba bastante descontrolada por lo avanzado de su embarazo.

Harry sentía una extraña mezcla de tristeza, melancolía y molestia que no comprendía. Hasta que, detallando las esmeraldas de su mamá mirando a su papá, vio aquellas emociones en ellas aparentemente luchando unas con otras. «¿Estará mamá transmitiéndome de alguna manera sus emociones sin saberlo?». La siguió con la mirada mientras salía de la sala abrazada con su papá, luego que su hermanita le convirtiese la túnica en un vestido materno.

—Estará bien, no te preocupes. Es toda una guerrera. —le dijo Charlus a su nieto, palmeándole en el hombro izquierdo de pie tras él.

Harry asintió mientras tragaba saliva.

—Será mejor que suspendamos la práctica y vayamos todos a descansar —sugirió Sirius, mirando también preocupado en dirección a la puerta por la que habían salido el amigo que quería como un hermano y la esposa—. En cuanto estén de regreso les aviso para que vengan y charlemos un rato. Estoy seguro que Lily necesitará distraerse.

Todos asintieron en señal de estar de acuerdo, procediendo como había dicho el hombre de ojos grises.

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Tres horas más tarde se reunieron con Lily y James en el comedor. Les hablaron sin cesar sobre el bebé en camino, para distraerlos, mientras se comían un postre de arándanos y calabazas que habían descubierto le gustaba mucho a la pelirroja de ojos esmeraldas.

James les agradeció con una sonrisa y un guiño por sobre el hombro cuando se retiró con Lily a dormir.

—Dudley Dursley… Ni siquiera tiene imaginación el obeso rubiales, escogiendo para nombre del niño el más semejante a su apellido entre los nombres de los pueblos cercanos —comentó Sirius que había visto de lejos al cuñado de Lily meses atrás, cuando fue al mundo muggle para averiguar quiénes habían tratado tan mal a su amiga pelirroja y hecho enojar tanto a su hermano por afecto—. Aunque es muy posible también que lo seleccionase porque crea que el niño heredará de él lo tonto y sea lo más parecido a "dumb". —agregó encogiéndose de hombros.

Harry se quedó mirándolo con evidente diversión en su expresión, conteniendo con dificultad la risa. «Muy acertadas tus apreciaciones, padrino. Tío no tiene imaginación y mi queridísimo primo es bastante tonto", pensó. No logró contener la risa al oír a "su hermanita».

—Pobre bebé. No tiene la culpa de heredar de los padres la "inteligencia". —dijo con falsa congoja Angela. Se rió abiertamente en seguida, haciéndole coro a su hermanito.

Remus abrió la boca para reñirlos, quedándose boquiabierto al ver a la castaña asentir en aprobación y reírse también. Era la más seria y madura del grupo de los chicos, por lo que lo desubicó totalmente el verla actuar así.

—Tal vez deberíamos investigar una poción para combatir la estupidez hereditaria, en consideración a que el niño es el sobrino de Lily. —opinó Jessica intentando contener la risa. Fracasó en eso al oír a su novio.

—Pero entonces harías sufrir a los pobres padres, que no serían capaces de lidiar con un bebé más inteligente que ellos. —replicó Fred con fingido tono de alarma.

Luego de esto las risas estallaron abiertamente en todos los que se habían quedado en el comedor.

Lo que ellos no sabían era que Lily había intentado devolverse con James para decirle algo a Charlus, escuchando los dos todo tras la puerta. El hombre de ojos avellanas hacía un esfuerzo enorme para no unirse a las risas, abrazando a su esposa, no atreviéndose a mirarla para que no descubriese la evidente diversión en su rostro.

—Aquí adentro está mi verdadera familia. Faltan sólo mis papás. —dijo Lily en voz baja con una suave sonrisa en la boca y una lágrima resbalando por su mejilla derecha.

La picardía se transformó en ternura en el rostro de James, que tomó la pequeña fugitiva cristalina con sus dedos. Giró levemente a su esposa con cariño, besándola en la boca. Se separaron, sonrieron y se alejaron en dirección a la habitación matrimonial. Ya ninguno de los dos recordaba lo que querían hablar con Charlus.

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—… pero no sé como explicarlo porque no lo entiendo.

—Claro, es totalmente lógico. —afirmó Hermione luego de escuchar a Harry contarles lo que había sentido y creído ver el día anterior, antes que la mamá saliese de la Sala de Prácticas.

—¿Podrías por favor explicarlo para aquellos cuya lógica aún está durmiendo acurrucadita en la cama? —le pidió Ron, que estaba desayunando muy adormilado.

—Donde quisiéramos estarle haciendo compañía algunos de nosotros. —agregó Ginny con un ojo cerrado recostada en el pecho de su novio, que la tenía abrazada.

—Es demasiado temprano para hablar de lógica. —refunfuñó Fred.

—En realidad para hablar de cualquier cosa. —apoyó George de forma similar.

—Yo también he notado algunas cosas extrañas cuando estoy cerca de mamá —comentó Neville pensativo—. Es como si mis sentimientos se estuviesen mezclando con los de alguien más, pero es distinto a lo que ocurre con mi hermosa rubia desde que hicimos la mezcla de magias. Sólo que no sé cómo explicarlo tampoco.

—Estoy de acuerdo con Hermione en que lo que les ocurre a ustedes dos es muy lógico. —afirmó Luna después de darle un beso en la mejilla a su prometido.

Ginny, Ron, Fred y George se despabilaron al oírla, mirando alternativamente a la rubia y la castaña asombrados.

—Con ustedes cinco no ocurre porque no estamos cerca —opinó Angela señalando a los tres pelirrojos, la rubia y la castaña—. Y con nosotras tres tampoco porque aún no hemos sido concebidas. —completó señalando a la menuda pelirroja, su prima y ella misma.

—Entonces ellos… —empezó Jessica señalando a Neville y a Harry, pues había empezado a comprender igual que su prima. Se detuvo al ver a Luna y a Hermione asentir—. Pero si es así, ¿qué pasará cuando nazcan?

—No tenemos cómo saberlo —le respondió la castaña encogiéndose de hombros—. Si el bloqueo sigue activo lo averiguaremos en treinta y siete días, cuando nazca Neville Frank Longbottom Yaxley.

—Ya me he despertado y sigo sin entenderles nada. —se quejó Ron.

—Creo que nos despertamos cuando ya estaba terminando la historia y por eso no nos enteramos de nada. —comentó Ginny mirando interrogante a sus amigas, tan desubicada como veía a su prometido, sus hermanos y el castaño.

—Posiblemente tenga que ver el que tengamos todos los dones activos —comentó pensativa Angela. Abrió de par en par sus ojos, asombrada, al oír bufar a la menuda pelirroja—. ¿Qué? —preguntó desubicada.

—Creo que sólo Electra, Gea, tú y yo hemos comprendido lo que ocurre. —le respondió con tranquilidad Luna.

—Muy acertada en tu apreciación, amiga. ¿Nos explican desde el principio de lo que están hablando? —casi gruñó Ginny.

—Está bien, calma —sonrió Hermione—. Marte y Neptuno están conectados con Harry y Neville. Por eso han estado percibiendo las emociones de Lily y Alice, ya que los bebés están conectados con sus mamás al estar en el vientre materno.

—Menos mal que estamos usando los nombres de guerra en esta época o hubiese sido imposible entender ese trabalenguas. —comentó Ginny luego de parpadear unos minutos.

—Si estamos en lo cierto, entonces fue Harry quien salvó la vida de James. El bebé usó a Lily y Marte como canales para manipular la energía esmeralda, que en Marte ya está activa por el proceso al que nos sometió Angelica y el entrenamiento en Magia Antigua. Hay que considerar que el pequeño Harry es un gran potencial totalmente libre en este momento. —analizó seguidamente Hermione.

—Eso… eso es… —Harry no lograba coordinar sus ideas.

—Alucinante. —opinó Neville con asombro.

—Y yo que pensé que no había nada más extraño que verme a mi mismo en brazos de mamá durante el ataque de Oxford —comentó Ron mientras miraba a sus dos amigos—. Y lo peor es que creo que tienen razón, porque ese día me sentí muy extraño mientras estuvimos cerca de ellos. Sólo que la situación no era muy normal y no le presté atención. El ver a mis padres con mis hermanos mayores tan pequeños y mi versión miniatura fue demasiado desconcertante.

—Ni que lo digas. —murmuraron a coro Fred y George, pensativos. Ellos también se habían sentido demasiado nerviosos en aquella batalla mientras estuvieron cerca de su familia. Ahora comprendían la posible razón, más allá de lo extraño que había sido.

—Pues si estamos aquí todavía días después que Neville y Harry nazcan, es probable que en algún momento los lleguemos a tener en nuestros brazos. —opinó Angela.

—Ustedes si que saben cómo quitarle a uno totalmente el sueño. —comentó Fred sacudiendo la cabeza, incapaz de asimilar la idea expresada por su cuñada.

—Creo que mejor no seguimos elucubrando sobre lo que podría o no ocurrir y nos ponemos en movimiento con el horario de hoy. —planteó Hermione, que había sentido una mezcla de ternura, ansiedad, alegría y desconcierto al imaginarse lo dicho por su amiga.

Sus compañeros de mesa gruñeron en voz baja al oírla, pero ninguno la contradijo. Retomaron la comida en silencio, cada uno sumergido en sus propios pensamientos. Habían decidido practicar tanto como les fuese posible mientras estuviesen en esa época.

—Nosotros ya tenemos más de cuatro meses aquí. ¿Qué habrá pasado en este tiempo con los niños y los demás? —planteó Jessica lo que la tenía inquieta muchas veces.

—Probablemente nada o muy poco. —le respondió Angela en automático, perdida en sus propios pensamientos.

—Es por eso que he organizado un nuevo horario para el entrenamiento en los doce dones en todos —dijo Hermione al ver la expresión de incredulidad de la chica de ojos miel ante lo dicho por la chica de pelo negro—. Cuando nos enseñaron sobre el don de Viajar en el Tiempo nos hicieron comprender que al desplazarte de tu "tiempo natural" a un "tiempo alternativo" los dos no se desplazan de la misma manera. —le explicó a Jessica, marcando con sus dedos las comillas.

»Eso quiere decir que pueden haber transcurrido segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años cuando volvamos, sin importar cuanto tiempo haya transcurrido aquí —continuó explicando al ver que tanto la chica de ojos miel como George la miraban atentamente—. Se supone que volveremos por voluntad propia en cuanto caiga el bloqueo, así que lo más lógico es que buscaremos que no haya transcurrido casi tiempo desde que ustedes tres se vieron trasladados.

—Aunque no sé si podamos hacerlo realmente así —comentó Angela pensativa. Suspiró al ver que todos la miraban interrogantes—. Cuando les activé los dones a ustedes tres percibí algo extraño. Es posible que esté equivocada, pero creo que de alguna forma eso perturbó mi lazo con tío Wymond y los otros veintiuno que aún están en nuestro "tiempo natural".

—¿De qué manera? —le preguntó preocupada Jessica. Se sentía culpable de lo desencadenado por su decisión de intentar modificar la línea temporal.

—Entonces la forma en que he estado sintiendo a Aline desde ese día… —musitó Ginny con los ojos muy abiertos.

—Nosotros tres también hemos visto incrementado nuestro lazo de la amistad, siendo más fuerte pero también más fácil controlarlo. —comentó Harry frunciendo el ceño pensativo.

—Nuestro lazo amarillo parece estar floreciendo. —comentó Neville pensativo, mirando a Jessica y Angela. La primera parpadeó antes de fruncir el ceño y asentir. La segunda le sonrió y asintió con seguridad.

—El lazo esmeralda también se ha hecho sentir más —afirmó Luna—. Aline ha empezado a… tantearlo?. —le preguntó a Harry, a quien se le perdió la mirada en el espacio un momento antes de asentir lentamente.

—No puedo estar segura, pero tengo la sospecha que al activar todos los dones a ustedes tres también lo hice con los catorce que están en nuestro "tiempo natural", así como las particularidades individuales y grupales. Posiblemente también los dones naturales en los otros siete. Tía Aline y tío Wymond ya tenían todos sus dones activos, por lo que habrán percibido el cambio y empezado a practicar con lo que se ha activado —se decidió Angela a responder la pregunta hecha por su prima.

»Sin embargo, si estoy en lo correcto, hay dos cosas que deben quedar claras: esto tenía que ocurrir aunque Electra no hubiese intentado modificar las cosas y no podemos volver hacia un momento anterior a que se dé esa activación en ellos.

—¿Estás segura que no es mi culpa? —preguntó Jessica con tono tembloroso.

—Completamente. Hay sucesos que son ineludibles y estoy segura que la transferencia y activación de dones es uno. Además, estoy empezando a pensar que es mejor que lo hiciese mientras estamos en esta época —afirmó mientras le tomaba con cariño una mano a su prima. Levantó una ceja al ver que todos la miraban con expresión de "¿Estás loca?"—. Tenemos tiempo para entrenarnos en todos nuestros dones sin la presión de hacerlo en tiempo prolongado, por la lucha con el Voldemort de nuestra época. —agregó con tono de estar diciendo algo obvio.

—¡Pero ellos no tienen ese tiempo! —exclamó preocupada Hermione.

—Eso no lo sabemos —replicó con calma Angela, suspirando al ver que todos la miraban interrogantes—. No sé cómo explicarlo, pero… —Se detuvo un momento para ordenar sus ideas—. De acuerdo, les voy a exponer la idea descabellada que se me ha ocurrido hace un momento, luego que hablaron de Harry, Marte, Neville y Neptuno.

»Supongamos que el que nos viésemos transportados a esta época, por la protección de la copa, sea sólo uno de varios sucesos que tenían que suceder. Una vez aquí era inevitable que en algún momento yo activase los dones en todos. Pero nosotros estamos viendo y analizando lo que estamos viviendo aquí, porque no tenemos cómo saber lo que les está pasando a ellos allá. Sin embargo, eso no necesariamente es igual en sentido inverso.

»No Gea, no les voy a dejar los recuerdos y trastocarlo todo —se adelantó a la protesta de la castaña—. De lo que estoy hablando es del lazo entre los camafeos que transportó aquí a Electra, Mercurio y Júpiter. Isis y Saturno también son gemelos, tienen unas medallas con un lazo muy especial gracias a Amy, Dani, tía y mamá desde el día en que los niños se despidieron y su lazo de unión con nosotras dos es muy fuerte.

—¿Quieres decir que los niños…? —musitó Jessica asustada.

—No creo que puedan llegar con nosotros por el bloqueo temporal, pero conociéndolos estoy casi segura que intentaron algo en el breve lapso entre la llegada de ustedes tres y la consolidación de ese bloqueo, que yo no pude evitar por mi salud en ese momento —respondió con seguridad Angela—. Por otro lado, hay algo que no tenemos forma de saber. ¿Qué tanto podré borrarles los recuerdos a los doce que saben de nosotros en esta época, estando la energía de mamá presente en nosotros diez y ella viva? Desde el día que tanto nosotros como ellos dormimos profundamente, sin ninguna explicación, me he estado preguntando eso.

—¡Pero ellos no pueden recordar luego que nos vayamos quiénes somos! —exclamó asustada Hermione.

—Y aparentemente no lo podrán recordar, pues no tendría lógica que nosotros sigamos recordando nuestras vidas exactamente iguales. —replicó Angela.

—Con lo que está planteando Diana yo diría que no podemos ni debemos seguir presionándonos con lo que ha ocurrido desde que estamos aquí tanto en nuestro "tiempo natural" como en éste, pues muy poco podemos hacer con lo que no está en nuestro control —intervino Ginny. Continuó luego de verla asentir con una sonrisa de agradecimiento—. Lo que sugiero es que actuemos con cautela, pero sin estar permanentemente estresados; que nos entrenemos tanto como podamos, pero sin abusar. No sabemos cuánto tiempo estaremos aquí. Cuando vayamos a volver buscaremos la forma de investigar el momento adecuado para hacerlo.

—A eso yo le agregaría que nos distendamos un poco y disfrutemos más a nuestros familiares —intervino Luna—. No podemos cambiar las cosas, pero estamos aquí y no existe un motivo válido para que nos privemos de disfrutar de ellos.

—Estoy de acuerdo —la apoyó Neville—. Pienso que deberíamos aprovechar lo que hemos aprendido de mutar nuestras apariencias sin necesidad de poción multijugos, practicando un poco más, para que Leto, Gea y ustedes cuatro puedan acercarse también a sus familias. —completó, señalando a los pelirrojos al final.

—Pero nosotros no podemos… —intentó protestar la castaña. Se detuvo al ver que todos la miraban interrogantes—. No hablaste de cambiar de ninguna forma nuestras vidas. Por eso no sentimos ninguna perturbación en la energía —afirmó luego de pensarlo unos minutos—. ¿Seremos capaces de hacer eso que han planteado? —preguntó dubitativa.

—Yo creo que sí. —afirmó Harry con gran seguridad.

—De acuerdo. En ese caso reformularé los horarios a un ritmo menos acelerado. Tienen razón en que no sabemos cuánto tiempo estaremos aquí y de nada nos sirve agotarnos. —aceptó con una gran sonrisa Hermione, contenta por poder acercarse a sus papás.

—¿Eso quiere decir que podremos dormir hasta horas decentes? —preguntó Ron esperanzado, esquivando con agilidad el golpe que intentó asestarle la novia en el brazo.

—Pero hoy ya estamos despiertos, así que vamos a aprovechar para practicar el cambiar nuestra apariencia sin necesidad de hechizos o pociones. —les dijo muy contenta Angela. Sonrió al ver que los cuatro pelirrojos gruñían protestas en voz baja, pero asentían. No les gustaba levantarse temprano, pero los animaba la práctica que ella había propuesto.

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El sábado en la noche los chicos acompañaron nuevamente como animagos a Remus durante la noche de luna llena, bajo las mismas condiciones del mes anterior.

Desde la batalla en York, en que Harry había retado a Voldemort, el terrible mago oscuro no había vuelto a aparecer en los ataques. Éstos habían cesado luego del arresto de Antonin Dolohov. A los chicos y los miembros de la O.D.F. les daba mala espina esos nueve días de calma, pues sabían bien que después de aquello vendría una tormenta terrible. Los dos grupos habían decidido, en un acuerdo silencioso, aprovechar el mayor tiempo posible juntos de la forma más alegre y distendida posible, en beneficio de las dos mujeres embarazadas y el ex auror enfermo.

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El lunes 30 de junio de 1980 apenas amanecer aparecieron mortífagos en Cork cerca de la catedral San Finbar, que era una de las más importantes de la religión anglicana tanto en la ciudad irlandesa como en la región. Al llegar los diez chicos, los miembros de la O.D.F y los aurores, los tres grupos denegaron. Frente a los mortífagos avanzaban una cantidad enorme de inferi, controlados por los asesinos a distancia. Junto a los muertos vivientes había una cantidad considerable de dementores.

—Bonita combinación de criaturas nos han traído hoy. —comentó James con sarcasmo.

—Al menos ya sabemos en qué estuvo usando sus neuronas Voldemort todos estos días. —gruñó Scrimgeour.

—Sé que tienen órdenes de llevarnos a Azkaban. Pero considerando que tenemos tanta "diversión" frente a nosotros, ¿podrían obviarla mientras logramos evitar que esos asesinos y sus mascotas hagan el daño que pretenden? —preguntó Harry en dirección a los aurores.

Rufus consultó con la mirada a Alastor al oírlo, luego de mirar la difícil tarea que tenían frente a ellos. Los dos asintieron simultáneamente.

—Tienen una tregua por el tiempo que dure el enfrentamiento de hoy. —afirmó el joven con aspecto leonino.

—Perfecto —asintió Harry en dirección al auror—. ¿Alguna idea sobre cómo enfrentarlos sin causar más daño del que ellos solos causarían? —le preguntó al director.

—Tendremos que actuar en tres frentes coordinados —le respondió el líder de la O.D.F. luego de analizar rápidamente la situación—. Ustedes diez tienen excelentes patronus fuertes y corpóreos hasta donde he visto. Sugiero que se encarguen de contrarrestar a los dementores, alejándolos tanto como sea posible de los inferi. Los demás deberemos dividirnos para usar unos el fuego contra los muertos mientras otros se encargan de los mortífagos que los manipulan. Sin embargo es muy probable que cada grupo tenga que lidiar con los otros dos problemas temporalmente, mientras los separamos.

Alastor arrojó un galeón al aire, el cual Rufus atrapó al vuelo y lo depositó sobre la mano de su compañero de trabajo.

—De acuerdo —gruñó el auror mayor—. Potter y Black por la derecha con sus grupos, Longbottom y Savage con los suyos a la izquierda. Nosotros nos encargamos de los inferi.

—Dawlish y Robards a la derecha con sus escuadrones, Proudfoot y Williamson con los suyos a la izquierda —ordenó el más joven con expresión satisfecha—. Nosotros vamos contra los mortífagos.

Los diez chicos habían enarcado las cejas al ver a los dos aurores con el galeón, abriendo los ojos mucho al oírlos pues comprendieron que habían tirado al azar quién iría contra cada grupo de enemigos. Sin embargo nadie pudo ver esto porque las capuchas les cubrían totalmente hasta el nivel de la nariz.

—Venus y Electra contra los inferi que nos estorben, Mercurio y Júpiter se encargan si nos estorban mortífagos. Vamos. —organizó rápidamente Harry a su grupo. Luego empezó a correr con sus compañeros, los miembros de la O.D.F. que procuraban camuflarse entre los muggles, los aurores y el director hacia la zona del ataque.

El profesor Dumbledore dividió su grupo por señas silenciosas para que apoyasen a los tres equipos que se habían conformado.

Una hora después un furioso Yaxley ordenaba la retirada de los mortífagos. Prácticamente todos los novatos habían sido capturados o habían muerto a manos de los inferi, al perder el control de los mismos por la cercanía de los dementores, que ante el ataque de los chicos con los patronus se habían desplazado de las posiciones en que se suponía estarían para no afectar a los aprendices de asesinos. Sin embargo la batalla se había prolongado mucho porque inicialmente les costó bastante a los tres grupos el desarticular la bien armada estrategia de Voldemort. Había sido difícil para cada uno de ellos el atacar a sus enemigos sin perjudicar a los otros.

—¿Cómo está la joven? —le preguntó Rufus sinceramente preocupado a George, que sostenía a Angela con un severo ataque de tos por el humo que había tragado. La respuesta la vio el auror por si mismo cuando a la chica le cesó la tos pero había expulsado sangre y parecía no poder respirar.

¡Anapneo! ¡Sangrate Internus Stop! ¡Anapneo! —le aplicó rápidamente Ginny, asustada porque la veía muy mal. No pudo evitar toser luego, porque también había aspirado humo.

—¡Por Merlín! —exclamó el auror asustado al ver aquello.

—Tranquila, ya está pasando mi amor, tranquila. —arrullaba George a su prometida, más tranquilo al sentir que lograba tomar aire por si misma. Él también estaba tosiendo, aunque intentaba controlarse.

—Dale la poción y lo necesario en cuanto aparezcan —le dijo Harry al gemelo dándole el trozo de tela que había levantado y convertido en trasladador al estilo Cundáwan— ¿Qué tan serio es? —se giró a preguntarle a su prometida en cuanto los vio desaparecer, luego de toser.

—Bastante, aspiró demasiado humo en la encerrona en que nos vimos hace unos minutos —le respondió con sinceridad Ginny, tosiendo aún—. Júpiter logró sacarla antes que fuese grave. —agregó para tranquilizarlo un poco al ver el gesto de frustración de su boca.

—Deberían llevarla al hospital San Mungo y ustedes revelar sus identidades. Así dejarán de tener problemas con nosotros. Estoy seguro que Crouch revocaría en ese caso la orden de captura en su contra. —les dijo Scrimgeour serio.

—No podemos decirles quiénes somos porque no lo sabemos. Fuimos víctimas de un ataque grave hace algún tiempo que nos ha perjudicado en nuestras memorias. No mostramos nuestros rostros como medida de precaución, mientras averiguamos lo que nos ocurrió —se decidió a responderle Harry luego de vacilar un poco—. Les agradecemos la tregua que nos han dado por hoy y quisiera que, de ser posible, la siguiesen aplicando en las batallas. Es muy difícil para nosotros combatir a esos asesinos y defendernos de ustedes al mismo tiempo.

—Si tienen ese problema de salud deberían ir los diez al hospital. —le replicó Rufus. Se sentía aún más intrigado que antes por la identidad de aquellos desconocidos encapuchados, que desde que aparecieron les habían ayudado y nunca atacado.

—Lo haremos en cuanto consideremos que nuestra seguridad o la de posibles familiares nuestros no peligre por ello —le respondió Harry en el tono serio y formal que venía usando para hablar con cualquiera de los aurores, aunque se sentía incómodo al recordar el hombre en que se convertiría el joven auror frente a él una vez llegase a ser Ministro de Magia… o tal vez antes—. Señores. —se despidió con el gesto de la varita vertical frente a su rostro encapuchado, al igual que sus siete acompañantes, desapareciendo en seguida.

—¿Qué opinas de ellos? —le preguntó Rufus a Alastor, que había llegado a su lado mientras una de las chicas atendía a la que no podía respirar.

—Una mentira muy mal construida. —replicó el aludido con el tono hosco habitual en él cuando hablaba de algo que le molestaba por no ser tan cristalino y diáfano como debería. Sabía la reacción que generaría en su acompañante, que le gustaba llevarle la contraria.

—O una verdad muy difícil de demostrar en tiempos de guerra —le contradijo de inmediato el auror de aspecto leonino—. La joven parecía estar bastante mal. Debe tener algún problema respiratorio que se le agravó con el humo. —agregó mirando el lugar cercano en que ardían varios inferi.

—Si tienes razón en eso no debería estarse presentando en batallas —gruñó Moody realmente enojado—. Por otro lado creo que tienes razón en lo que me comentaste sobre que son jóvenes. Tal vez no tienen la suficiente madurez para evaluar la situación en que están.

—No sé la madurez que tengan, pero son un excelente grupo en ataque y defensa. Compacto y bien organizado. Me preocupa la forma en que vimos a Voldemort enfocarse en ellos antes de desaparecer por casi veinte días y preparar esto —comentó Rufus mirando a su alrededor a los aurores, algunos medimagos y los obliviadores haciendo sus respectivos trabajos—. Estoy casi seguro que lo de hoy sólo fue una prueba y que no aprobamos.

—Me gustaría que te equivocases en eso, pero estoy convencido que tienes razón. —gruñó Alastor preocupado por lo que veía a su alrededor. Tenía la herida en su nariz resentida con el humo aspirado, pero había decidido que lo llevarían de nuevo a San Mungo sólo si estaba inconsciente.

Habían logrado evitar que el ataque fuese demasiado grave, pero no contenerlo lo suficiente para evitar muchos destrozos y bastantes heridos tanto muggles como mágicos.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—¿Cómo está? —le preguntaron los ocho simultáneamente a George, apenas aparecer en la sala de Greenprairie.

—Logré darle la poción sin problemas, así como transmitirle energía. La acabo de dormir con el hechizo para que sus nervios no le generen un problema mientras sus pulmones se recuperan un poco. —les respondió sentado en el mueble grande, con Angela recostada a su pecho con la cabeza levemente levantada.

—Excelente idea. —lo felicitó Electra, que al igual que Ginny se precipitó a evaluarla. Las dos estaban tosiendo aún.

Luego de asentir las dos, al comprobar que Angela se recuperaba, procedieron a curarlos a todos y entre ellas. Cada uno tomó la dosis de la poción con sabor mentolado que les dieron, según su mayor o menor reacción al humo al que estuvieron expuestos. George fue obligado a beber también medio vaso de poción plateada.

Minutos más tarde, ante la insistencia de Angelica y Sirius por medio de los sickles falsos, decidieron darles acceso a ellos dos y a Jennifer a Greenprairie nuevamente. Así podrían ver a Angela sin tener que trasladarla, ni tampoco preocupar a las dos mujeres embarazadas o al abuelo de Harry.

—Se está recuperando. —afirmó Jennifer luego de examinarla.

—Ella no puede quedarse a combatir si Voldemort repite la táctica de hoy, lo cual es muy probable visto lo ocurrido. —sentenció Sirius mirando alternativamente al gemelo pelirrojo, que estaba con su hija todo el tiempo, y a su ahijado.

—Totalmente de acuerdo. El problema es convencerla de eso. —dijo George.

—Ella no me obedece cuando le digo que se retire de una batalla. —se defendió Harry al ver que todos lo miraban.

—Tal vez si se lo dicen ustedes cuatro acceda. —opinó Hermione señalando a Angelica, Sirius, George y Harry.

—Si no lo hace tendrás que desmayarla y traerla aquí cuando no deba quedarse a pelear. —le dijo muy seria Angelica al pelirrojo. Sonrió al verlo asentir en aceptación, aunque su expresión daba a entender que la chica se enojaría.

Sirius gruñó al oírla pero no dijo nada. No le gustaba que "su niña" ya tuviese novio. Si se contenía era por la promesa que le había hecho a su esposa de no interferir en esa relación.

Dos horas más tarde, cuando Angela despertó, se sentó sobresaltada al verse rodeada por sus padres, su novio y "su hermanito", los cuatro mirándola muy serios.

—Todos están bien, tranquila. —le dijo de inmediato George para que no se angustiase.

—Lo que no está bien es que no te retires de una batalla cuando no estás en condiciones de seguir en ella. —le dijo Sirius con tono de regaño paternal.

—Es por eso que los cuatro estamos aquí para hablar contigo. —siguió Harry.

—Queremos que nos prometas solemnemente que en la próxima batalla en que se presenten inferi desaparecerás de inmediato hacia Deercourage o esta casa. —le dijo con firmeza Angelica.

—Pero… —intentó protestar Angela.

—Mientras no consigamos una forma de mejorar tu situación pulmonar es un grave error que permanezcas en un sitio que se llenará de humo, posiblemente encerrándonos en él como ocurrió hoy. —la interrumpió Harry.

—Eso… —intentó de nuevo la chica de pelo negro.

—Para poder luchar se debe estar en condiciones de salud, conocer el enemigo y el terreno, así como tener el buen juicio de retirarse cuando no se está en condiciones de pelear. —la interrumpió Angelica con tono firme.

—Por favor pequeña, haznos la promesa que te estamos pidiendo. —le rogó en seguida Sirius tomándole la mano izquierda de la colcha, haciendo lo mismo Angelica del otro lado con su mano derecha.

Angela hizo un puchero ante las palabras de su padre y el gesto de los dos, asintiendo mientras una lágrima rodaba por su mejilla. Harry y George se miraron interrogantes, asintiendo los dos casi imperceptiblemente. Estaban seguros que no rompería la promesa aunque no la hubiese pronunciado, su actitud con sus padres era totalmente distinta a la que tenía con todos los demás.

—No llores, pequeña —le dijo con dulzura Angelica secándole el rostro con su mano, acunándola contra su pecho cuando vio que empezaba a sollozar—. No te pongas así, mi niña, no te estamos regañando. Sólo estamos preocupados por ti. Así como Remus le pidió una vez a Electra que nos permitiese a todos cuidarla ahora nosotros te lo estamos pidiendo a ti.

Angela asintió e hizo esfuerzos hasta lograr tranquilizarse.

—Perdón por mi comportamiento. —se disculpó entre hipidos, pues aún no lograba serenarse totalmente.

—No te preocupes por eso. ¿Tienen algún postre en la cocina que nos puedan dar antes de regresar a Deercourage? —le planteó el papá con bien fingida serenidad, cuando en realidad tenía un nudo en el pecho.

—¡Sirius! —exclamó Angelica fingiendo regañarlo, aunque con la mirada le agradeció lo que intentaba.

—Tenemos torta de queso con mermelada de melocotones. —respondió Angela con una sonrisa llena de cariño, que se amplió al ver que a los dos les brillaban los ojos y asentían.

Minutos más tarde los diez chicos comían con Jennifer, Angelica y Sirius del postre, enviándoles unos trozos a Lily, Alice, Charlus, James, Remus y Frank con ellos. Apenas irse los tres de la casa volvieron a bloquearles el acceso, para poder seguirse desenvolviendo con tranquilidad.

—Son unos tramposos. —se quejó Angela en cuanto su tía y sus papás se fueron.

—Electra, Neptuno y yo hemos tenido que ceder en varias cosas para que nuestros padres estén tranquilos. Los tuyos te vieron con la crisis respiratoria al igual que Scrimgeour, nos estaban enloqueciendo por los sickles. ¿Qué querías que hiciéramos? —le replicó Harry.

—Lo siento, tienes razón. —aceptó la chica de pelo negro con resignación.

—Vamos a recostarnos todos a descansar. —aconsejó Ginny, sonriendo al ver que todos asentían y le obedecían.

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Durante los siguientes cinco días, los primeros del mes de julio, Voldemort siguió empleando la misma táctica en varias ciudades de Irlanda y algunas al norte de Inglaterra. Pero durante los ataques del viernes y el sábado sus servidores fueron contenidos en forma rápida y efectiva, por lo que decidió replegarse de nuevo mientras reorganizaba y reestructuraba sus tropas y planes.

«He recabado información nueva sobre los entrometidos que tanto me preocupan y necesito analizarla. Además que no debo seguir presionando frontalmente, pues lo único que he logrado es una tregua de los aurores con los encapuchados y eso no me conviene. Necesito que de nuevo desconfíen de ellos y los persigan, como había venido ocurriendo antes que lanzase los últimos ataques.

El inútil de Pettigrew no me ha dado información nueva desde que esos encapuchados se fueron de la casa de los Potter, tampoco consiguió los documentos que quería. Sin embargo estoy muy cerca de quebrarlo totalmente, está bien ubicado en el grupo del director y la información sobre los planes para contraataques me sirve. Presionaré un poco más al pequeño mago para llevarlo al punto de quiebre. Me distraeré con eso mientras pienso mi próxima estrategia».

Estaba muy enojado por las capturas de Dolohov y Karkaroff, así como la muerte de Rosier y Wilkes. Lo de los novatos no le afectaba, pero lo de esos cuatro mortífagos sí pues eran de su grupo más cercano.

Le molestaba especialmente lo de Antonin Dolohov. Era uno de los que estaban con él desde que comenzó con su carrera para llegar al poder, poco después de dejar Hogwarts, y su habilidad mágica la superaban pocos afuera de los miembros de la familia Black. «Quiero ir por él a Azkaban, pero aunque tengo bastantes hombres y fuerza no lo considero aconsejable mientras no domine mejor al Ministerio de Magia. Mucho menos con esos molestos encapuchados sueltos y actuando en mi contra.

La captura y muerte de estos mortífagos de mi círculo interno se han producido luego que el encapuchado que se hace llamar Marte se atreviese a amenazarme. ¿Tendrían algo que ver esos molestos jovenzuelos en lo ocurrido? No tengo pruebas pero estoy casi seguro que así es. En todos esos arrestos han estado involucrados Moody, Black, Potter y Longbottom. Esos cuatro, además de ser cercanos a los encapuchados, son los aurores miembros de la Orden del Fénix que están activos desde que las esposas de los dos últimos están de reposo por sus embarazos.

Eso me hace recordar otra de mis preocupaciones: la profecía escuchada furtivamente por Snape en el Cabeza de Puerco. Pero aún si nacen los dos niños a finales de julio es muy difícil que las dos mujeres me enfrenten una tercera vez teniendo niños pequeños, menos aún que sobrevivan. Aunque me estoy adelantando, pues no sé cuánto tiempo tiene que transcurrir para que se den todas las condiciones. Tal vez ya esté en el poder y esos infantes tengan algunos años cuando se dé la condición de enfrentarme y sobrevivir tres veces los padres.

En cualquier caso no importa si es el hijo de una de esas parejas o de otra, tampoco la edad que tendrá cuando se cumplan las condiciones de la profecía. El niño señalado morirá en cuanto tenga la sospecha de a cuál se refiere. Pero mientras eso se da tengo que resolver mi problema inmediato: los escurridizos, hábiles y peligrosos encapuchados. Debo preparar algo adecuado para ellos con la información que ya tengo».

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—Hoy cumple años tía Nymph. —comentó Angela mientras preparaba espaguetis, carne molida guisada y una ensalada.

Esa semana no había podido ayudar en los ataques por la promesa que les hizo a sus padres, así que se había dedicado a aprender a cocinar para desahogar un poco el estrés. La idea se la había dado su padre del futuro cuando les estaban aplicando el tratamiento a los papás de Neville.

—Creo que no quiero ver a mamá Nymph en esta época —le confesó Jessica a su prima, luego de hacer un ruido indefinido que hizo que Angela arqueara las cejas interrogante en su dirección—. Sería demasiado raro verla con siete años y… Sé que no podemos cambiar lo que va a pasar con nuestros padres, que papá será feliz con ella luego de muchos años de tristeza y soledad, pero… No puedo evitarlo, prima, no me siento bien recordándolo con ella cuando lo veo ahora tan feliz con mamá.

Hermione se mordió el labio inferior al oírla. Las acompañaba en la cocina desde sólo unos minutos antes, pues ese día había dormido hasta tarde al igual que los demás. A excepción de Angela, estaban agotados luego de la semana que habían tenido por culpa de los ataques de Voldemort.

—Tienes razón en que es… extraño —respondió Angela luego de bajar la cabeza al oírla—. Pero mamá Meg y tía Nymph les devolverán la alegría de vivir a papá y tío Remus después de… —Tragó saliva—. Sin embargo será mejor si no las vemos en esta época, en eso tienes razón.

—Ni Neptuno ni Marte tendrán que ver a sus padres con otras personas cuando regresemos. —comentó Jessica en voz muy baja, pero el silencio en el lugar hizo que sus dos acompañantes la escucharan con nitidez.

—Marte no verá a ninguno de los dos y los de Neptuno nunca se recuperarán totalmente —la regañó Angela—. Gea tampoco verá de nuevo a los suyos cuando regresemos. Esto no es fácil para ninguno de nosotros, pero podemos y debemos sobreponernos a lo que sabemos para poder disfrutar este tiempo que tenemos con ellos. ¿No ves que es algo muy doloroso pero maravilloso? Has podido abrazar a tu mamá, hablar con ella, jugar, reír, conocerla no siendo tú una niña, sino teniendo edades cercanas.

—No sé cómo puedes hacerlo, yo no soy tan fuerte como tú. —le replicó Jessica empezando a sollozar.

—No, hermanita, en realidad tú eres más fuerte que yo. Es sólo que mientras Jeff y tú jugaban con Amy, Chris & Chris, Dani y yo aprendimos a ver el medio vaso lleno para no desesperar. Pero Jeff y tú siempre fueron más fuertes que Dani y yo, porque fueron capaces de crear la burbuja de cristal para nuestros pequeños —le dijo con dulzura Angela abrazándola—. ¿No lo entiendes? —le preguntó al sentir que denegaba contra su pecho—. Nosotros los protegíamos físicamente, pero ustedes eran capaces de sonreír y jugar con ellos, levantándonos el ánimo a nosotros también. Angela White y Daniel McMillan no hubiesen logrado cumplir con el pacto que hicieron de protegerlos sin Jessica White y Jefferson McMillan.

—Angela… hermanita… —fue lo único que pudo decir la chica de ojos miel mientras lloraba abiertamente.

—Desahógate, te hace falta. —le dijo su prima mientras con la mano izquierda le acariciaba la espalda y con la derecha apagaba con su varita las hornillas de la cocina para que no se le quemase nada.

—Tú… No sé cómo… Yo no… —intentaba hablarle Jessica entre sollozos.

—Shhh, es fácil. Meses después que murieron Amy y Dani, cuando ya estábamos en La Casa Flotante, llegué a la conclusión que no importa si estás poco o mucho tiempo con una persona, sino qué tanto disfrutaste los momentos en que estuvieron juntos. Con mamá sólo tuvimos seis meses cuando éramos bebés, pero las dos los atesoramos. Los seis años con los tíos Brown fuimos muy felices porque no estábamos añorando un ayer ni esperando un mañana. Los tres años en el orfanato no fueron un infierno peor porque Jeff y tú nos ayudaban a buscar la alegría en lo que compartíamos, aunque muchas veces extrañábamos las familias que ya no teníamos y anhelábamos el salir de allí.

»Cuando tía Aline me ayudó a borrarles los recuerdos a ustedes tres me reafirmé en lo que había pensado en esa oportunidad, porque los gemelitos tenían muy pocos tristes y muchos alegres gracias a Jeff y a ti. Teníamos que continuar llenando nuestras vidas de recuerdos agradables para vivirlos en su momento y recordarlos después, pues sólo así valía la pena seguir viviendo.

»Mamá me lo confirmó cuando estuvimos tras El Velo de la Muerte. Lo importante no es lo que nos haya pasado ni lo que nos espera en el futuro. No son las responsabilidades, los miedos, ni el dolor lo que debe regir nuestras vidas, sino el hacer lo que sabemos de la mejor manera posible por nosotros mismos y los demás, aprender lo que aún no sabemos con la misma alegría con la cual un niño pequeño investiga el mundo que le rodea, dar y recibir a cada momento tanto amor como sea posible, vivir a cada instante las maravillosas experiencias que la vida nos da justo cuando se producen porque no se repetirán y si estamos distraídos nos las perderemos.

»Ninguno de nosotros sabe cuándo le corresponde viajar más allá de las estrellas a la siguiente aventura, pero si vivimos a cada instante con plenitud eso tampoco importará, porque cuando llegue el momento nuestras cosas estarán organizadas y nuestro espíritu estará tranquilo para partir porque habrá vivido todo lo que le correspondía de la mejor manera. —le terminó de explicar mientras con dulzura la separaba levemente de ella.

—¿Y los que aman a la persona que debe partir? —le preguntó Jessica con una mezcla de temor y dolor en la mirada.

—Si han vivido también a plenitud con la persona amada, comprenderán que deben seguir haciéndolo con los que se quedan a su lado. También que ese ser querido sigue vivo, aunque de otra manera, y que será feliz en la medida que sabe que quienes se quedan procuran seguirlo siendo. —le respondió con suavidad Angela, acariciándole con afecto fraternal el cabello.

Los otros chicos, que habían entrado silenciosamente a la cocina mientras las oían, tragaron saliva ante las palabras de Angela. Miraron interrogantes a la castaña, pues no sabían qué había originado la conversación.

—Me ha hecho tanta falta. A papá también. —protestó Jessica entre renovados sollozos.

—Lo sé. Pero ella siempre ha estado contigo aquí, en tu corazón. Cuando la vimos tras El Velo de la Muerte entendí que de alguna manera ellas dos siempre han estado con nosotras, dándonos su amor maternal. Tía Jennifer estaba muy contenta por el apoyo que te han dado los chicos y por tu noviazgo con Fred. —le dijo Angela mientras con su pañuelo le secaba con cariño el rostro.

—Entonces cuando alguien muere… ¿se queda a acompañar a los que quieren? —le preguntó Jessica.

—No, no exactamente. Amy y Dani estuvieron con nosotras hasta poco después que cayó el bloqueo al don del Manejo de la Energía en mí, cuando se materializaron para hablar con George y despedirse de mí. Luego los visitaron en sueños a los gemelitos y a ti, para decirles adiós —Al verla asentir, pero mirarla interrogante, sonrió suavemente y continuó—. Los papás de Harry, tía y mamá se despidieron de nosotros tras El Velo de la Muerte, aunque entendí que de cierta manera estarán aún un poco más con nosotros.

»No sé cómo explicártelo claramente porque, según mis conversaciones con Dani, no existen palabras para expresar lo que se vive después de comenzar el viaje hacia la siguiente aventura. Lo más semejante serían los viajes incorpóreos, en que el cuerpo está en un lugar pero nuestra esencia en otro. Parte de ellos estará siempre con quienes los amamos y vivimos con ellos cosas maravillosas, en nuestro corazón y nuestros recuerdos. Pero lo realmente importante, su esencia, sigue viviendo, explorando y aprendiendo en esa nueva forma de vivir.

»Algunos se demoran un poco en partir. En el caso de los niños por la promesa que Dani me hizo. En el caso de mamá, tía y los papás de Harry por el proceso que hizo mamá y el que Voldemort esté persiguiendo a mi hermanito. Pero eso es un freno para ellos, que no pueden experimentar esa nueva forma de vida. Debemos aceptar que cuando estén listos para partir definitivamente a experimentar esas nuevas vivencias lo hagan, aunque siempre estarán de alguna manera en nuestros corazones.

»Los tíos Brown no se quedaron cerca de nosotros porque de alguna forma supieron que mamá y tía estaban cerca, estando seguros que nosotras cuidaríamos de los niños. Los fantasmas de Hogwarts y otros lugares del mundo no son felices porque cometieron el error de quedarse, en un estadio en que ni están vivos aquí ni tampoco en la siguiente etapa. Sin embargo cuando lo comprendan, se acepten y vivan a plenitud en la forma en que están, conseguirán de nuevo el camino a casa, más allá de las estrellas.

—Siempre ha sido extraña la forma en que has visto la muerte y los que mueren. Los niños te entendían muy bien desde pequeños. A mí me costaba un poco más porque no se asemejaba a lo que nos enseñaron los tíos Brown. —comentó Jessica mirando a su prima, ya tranquila con sus palabras.

—Eso es porque ellos eran cuerdos y yo soy una desquiciada sin remedio —le dijo Angela guiñándole el ojo derecho, sonriendo al verla reírse—. Ahora déjame retomar la cocina, o se dañará lo que estaba preparando y Ginny me regañará por no prestar atención a lo que me enseñó ayer.

—Pues lo estabas haciendo bien, pero el cocinar no es una actividad que puedas suspender sin que se vean afectados los resultados. —intervino la menuda pelirroja, sobresaltando a Jessica y Angela que no los habían oído llegar ni se dieron cuenta cuando Ginny encendió de nuevo las hornillas con un hechizo silencioso de su varita.

—Yo… Lo siento. —se disculpó Angela con las mejillas sonrojadas mirando a la menuda pelirroja.

—No te preocupes, ya le estoy poniendo remedio. —le sonrió ella suavemente.

Fred y George se acercaron a sus novias y las abrazaron, empezando a mimarlas mientras las llevaban al comedor.

Harry se aproximó a Ginny, le sonrió con cariño y empezó a ayudarla. Se habían acoplado muy bien en la cocina, haciéndolo ella con la varita y él al modo muggle según aprendieron desde niños.

Luna y Neville salieron hacia el comedor para ayudar a sus amigos a poner la mesa, mientras Ron abrazaba a su novia.

Los diez hablaron sobre el tema suavemente mientras comían, comentándoles Harry lo que una vez le dijera Nick Casi Decapitado y Luna lo que había hablado con su padre varias veces. Fue una conversación extraña en muchos sentidos, pero tranquilizante en otros. Los diez estaban en guerra, tanto en la época en que se encontraban ahora como en su "tiempo natural". Ya habían visto a varios morir y a otros salir seriamente heridos, ellos mismos lo habían estado. Fue por esto que una conversación que normalmente no tendrían jóvenes de sus edades fluyó de forma casi natural.

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El día siguiente a final de tarde, cuando llegaron a Deercourage, se consiguieron a Angelica esperándolos en la Sala de Prácticas con semblante triste.

—¿Qué ocurre? —le preguntó asustado Harry sin siquiera saludar.

—El señor Potter está grave. Jennifer no sabe si sobrevivirá la noche. —le respondió ella con sinceridad.

—¿Podemos verlo? —preguntó Hermione mientras colocaba su mano en el hombro derecho de su mejor amigo. Gesto que imitó Ron con el izquierdo mientras su hermanita abrazaba al pelinegro por la cintura.

—De hecho él me pidió que los llevase a su cuarto y ha ordenado que se selle la casa para todos los que no saben de ustedes. —respondió la Cundáwan.

—Vamos. —dijo Harry con una voz que no le sonó como si fuese suya.

Los once bajaron en silencio hasta el primer piso. Cuando los vieron llegar los Longbottom hicieron ademán de salir, pero los gemelos pelirrojos denegaron. Luna, Neville, Fred y George ampliaron la habitación con sus varitas mientras Harry se acercaba a la cama del enfermo de mano de su novia.

—Buenas tardes. Lamento que hoy no podamos tener práctica de esgrima. —se disculpó con tono bajo y suave el hombre en cama.

—Buenas tardes, señor Charlus. No se preocupe, la tendremos en otro momento. —le respondió Harry con suavidad.

—James y Sirius les terminarán de enseñar, me lo han prometido. —le aseguró el abuelo con una sonrisa.

—Y lo harán muy bien porque han tenido un excelente maestro, que de una u otra manera observará nuestros avances. —afirmó el nieto.

—Me gustaría conocer sus rostros antes de dormir. Los demás pueden esperar afuera. —le pidió Charlus. Ya los había visto, pero sin el consentimiento de los chicos y cuando aún tenían las quemaduras. Quería llevarse el recuerdo de verlos ya curados, además de la alegría que confiasen en él y se los mostrasen voluntariamente.

Harry notó que con ellos sólo estaban las cuatro parejas de jóvenes que ya los habían visto sin los pasamontañas.

—Lily, James, si nos permiten poner un hechizo a la puerta del cuarto para que más nadie pueda acceder nosotros nos quitaremos los pasamontañas ante ustedes nueve. —dijo decidido.

—Pueden ponerlo. —autorizó James con una mezcla de sorpresa y agradecimiento.

Hermione lo puso y de inmediato todos se quitaron los pasamontañas. El anciano los miró con detalle uno a uno, sonriendo, deteniendo su mirada finalmente en su nieto.

—Gracias hijo. No sé quién eres pero definitivamente eres un Potter, uno del que estoy muy orgulloso de ser pariente.

—Y yo estoy honrado de serlo de usted, señor Potter. —le respondió Harry emocionado.

—Por lo que veo te has enamorado de una Weasley —siguió el enfermo, sonriendo al ver su expresión interrogante—. Pelirroja, pecosa y muy buena para las bromas debe ser de esa familia. Urano es alto como el menor de los Weasley, Arthur. Un hombre de muy buenos principios que trabaja en el Ministerio de Magia. Diana se parece mucho a Sirius, mi hijo por afecto. Electra es una copia de Remus, el amigo de mi hijo de mejor carácter. Neptuno se parece mucho a Alice. No creo poder ayudar mucho en sus pesquisas sobre su identidad con la joven Leto, aunque su rostro se me hace vagamente familiar. En cuanto a la joven Gea lo lamento, pero no recuerdo a nadie con un físico como el suyo.

—Gracias, señor Potter, investigaremos con lo que nos ha dicho. —le respondió Hermione con una suave sonrisa.

—Debo confesarles algo a todos. El día que los elfos llegaron con ustedes a Viewsea, mi casita en Falmouth, por las órdenes que les dio James para protegerlos yo… —dudó un momento al ver la interrogante en las esmeraldas del chico, pero no tenía tiempo y quería ser totalmente sincero con ellos—. Yo les quité los pasamontañas y los vendajes con lo que sabía por los estudios de Alyssa.

—¡¿Qué?! —exclamaron alarmados los diez chicos.

—¡Papá! —exclamó James al unísono.

—Ya les expliqué mis razones para ser tan o más desconfiado que Alastor —se explicó de inmediato—. Me asustó mucho ver aparecer a diez desconocidos de los cuales no podía ver el rostro y sin saber nada de ellos. Los cuatro elfos no podían decirme mucho por las órdenes de James, Jennifer y Angelica de guardar el secreto de ustedes.

Harry se sacudió el pelo con gesto nervioso y suspiró.

—¿Por qué nos pidió entonces que nos quitásemos el pasamontañas? —le preguntó con tono suave Ginny.

—Porque he aprendido a apreciarlos y comprenderlos. Quería verles el rostro con su consentimiento, además de ya curados de las horribles quemaduras que algunos de ustedes tenían ese día. —le respondió con sinceridad Charlus.

—¿Alguien más sabe por usted sobre nuestro físico? —preguntó temerosa Hermione.

—No. Inicialmente guardé silencio por el gran parecido de Marte con James, el estado de salud de ustedes, la explicación que me dieron cuando se fueron los otros miembros de la Orden que habían estado en batalla ese día y la protección que Albus les brindaba desde que llegaron aquí, según pude entender. No quise ponerlos en peligro haciendo indagaciones, pues cualquier movimiento que yo haga es monitoreado por el enemigo. Fue por eso que decidí interactuar con ustedes tanto como me fuese posible para averiguar quiénes eran. Les fui tomando cariño y decidí que quería ayudarlos en lo que pudiese.

—El día que nos planteó los viajes en el tiempo entonces ya nos había visto —intervino Luna—. ¿Por qué hizo aquél planteamiento?

—Mamá me repetía continuamente desde que era un niño pequeño: "No se puede cambiar el pasado pero si el futuro, con cada pequeña decisión que se tome en el presente" —les contó Charlus mirando al que estaba casi seguro era su nieto—. El día que hablé con ustedes de ese tema fue porque me preocupaba su insistencia en irse de Deercourage. Supuse que sospechaban por el parecido físico que Marte es familiar mío y que por eso querían alejarse. Quise buscar una manera de hacerlos desistir haciéndoles ver que el no estar en su propio tiempo no implicaba el generar problemas sino solucionarlos. Pero sus argumentos me hicieron recordar lo que mamá me había enseñado.

Los diez chicos suspiraron y asintieron.

—Quiero que entiendan muy bien la enseñanza de mamá, chicos. Ustedes no pueden cambiar el pasado, eso por lo que me dijeron ese día lo comprenden bien, pero James y los jóvenes Lily, Sirius, Remus, Alice, Angelica, Jennifer y Frank tienen el derecho de cambiar su futuro tomando las decisiones adecuadas. No se alejen de ellos. Compartan todo lo que puedan y ayúdense mutuamente. No dejen que nadie aparte de los que estamos aquí y Albus los vean, puesto que hay un traidor en la Orden del Fénix y eso los pondría en peligro, pero mientras no puedan recordar quiénes son o volver a su tiempo permanezcan unidos con los ocho que les cuidarán y protegerán.

—Así lo haremos mientras no los pongamos en peligro, se lo prometo. —le aseguró Harry tomándole con cariño de la mano, correspondiendo al leve apretón que le dio el enfermo.

—El profesor Dumbledore está en el pasillo frente a la puerta. —anunció Angela.

—Debemos cubrirnos, podría no venir solo. —le dijo Harry a su abuelo, sonriéndole al verlo asentir.

Los diez chicos se pusieron los pasamontañas y quitaron el bloqueo en la puerta. En seguida entraron Albus, Minerva y Alastor, saliendo todos a excepción de Lily y James para darles privacidad.

Media hora más tarde Charlus Potter se quedó dormido para no volver a despertar. Había fallecido con sesenta y un años, relativamente joven para las edades que podían alcanzar los magos.

Los chicos acompañaron el resto de la noche a James. Desaparecieron antes del amanecer hacia Greenprairie para que pudiesen ir a Deercourage los aurores, tanto quienes fueron compañeros de trabajo del fallecido como los que lo eran ahora del hijo. Los otros miembros de la Orden del Fénix, que habían tenido acceso a la casa luego de fallecer Charlus, no hicieron ningún comentario sobre la presencia de los chicos allí tanto por el director como porque comprendían que estaban allí en apoyo a James.

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—No tenemos ropas adecuadas para el funeral —dijo Harry mirando a Angela, tan pronto aparecieron en la casa en Edimburgo—. ¿Puedes adaptar algunas? Con las capas de viaje negras y la distancia no nos verá nadie, pero quiero que vayamos adecuadamente en respeto al abuelo.

—Compraré tela negra en la tienda cercana y haré algo para cada uno con ayuda de Mercurio y Júpiter. Estarán listas en unas dos horas. —le respondió la chica de ojos grises con tono cariñoso.

—Urano y yo exploraremos el cementerio para ubicar un sitio estratégico, de modo que podamos estar cerca sin llamar la atención. —le dijo Hermione, apretándole levemente el brazo con cariño al ver que le sonreía con agradecimiento.

—Prepararé algo suave de desayuno. —anunció Jessica, saliendo hacia la cocina con los demás, dejando solos en la sala a Ginny y Harry.

A final de tarde, en la zona mágica del cementerio de Londres, le era dado un funeral mágico con honores a Charlus William Potter White, estando presentes la Ministra de Magia, Millicent Bagnold, así como el Jefe del Departamento de Cumplimiento de la Ley Mágica, Bartemius Crouch, y todos los miembros del cuerpo de aurores.

A los chicos no les sorprendió ver a algunos metros del lugar a los miembros de la Orden del Fénix que no tenían como justificar su presencia cerca del funeral, fingiendo visitar a algún familiar justo como ellos estaban haciendo en las que quedaban más cerca de unos árboles. Lo que sí les hizo abrir sus ojos al máximo fue ver a lo lejos las figuras, inconfundibles para ellos, de Aline, Eloise, Humphrey y Wymond. Fue una suerte que las enormes gafas oscuras que compró Fred para todos ocultasen sus miradas.

—¿Qué hacen los tíos aquí? —musitó Jessica.

—Por su comportamiento le están presentando sus respetos al señor Potter. —respondió en voz muy baja Angela.

—¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes? —susurró Hermione.

—¿Qué? —preguntó Harry en voz baja, tan intrigado como los otros chicos.

—Tu abuelo estudió en Hogwarts antes que entrase Tom Riddle, por lo que entiendo de lo que nos contó de los tíos de James. Es muy probable entonces que coincidiese con los tíos de las chicas, que se graduaron dos años antes de entrar Riddle al colegio según nos dijeron en el almuerzo en la enfermería. —les explicó lo que acababa de entender.

—Jamás dejarás de asombrarme. —comentó Ron cuando pudo reaccionar, dándole un beso en la mejilla.

—Ni a mí. —murmuraron los otros ocho casi a coro, sonriendo por el sonrojo de la castaña.

—Deben haber sido amigos en el colegio para que tío Wymond rompiese las reglas y estén los cuatro aquí. —comentó Jessica mientras los miraba con disimulo.

—Tal vez por eso también accedió a la petición de mamá para conocer a James, Lily, Remus y Sirius. —agregó Angela, pues sus tíos les habían confiado aquello en la reunión que sostuvieron los del G.A.H. con los del E.D.H. la noche antes de ir a destruir la copa.

—Es una suerte que estén concentrados en mis papás y padrino para que no se fijen en nosotros, o tendríamos muchos problemas. —comentó Harry, sonriendo agradecido a sus amigos porque todos les estaban transmitiendo calma a Lily, James y Sirius, que eran los más tristes, con lo que cada uno sabía ya manejar del don de Percibir e Influenciar las Emociones.

—Será mejor que nos vayamos. Tía Aline acaba de mirar en nuestra dirección con expresión interrogante. —les dijo Angela.

Todos simularon despedirse de las tumbas de los supuestos familiares que visitaban, se giraron y desaparecieron.

—¿Crees que nos descubrió? —le preguntó Hermione inquieta apenas llegaron a la casa en que se quedaban.

—No. Estoy casi segura que percibió lo que les transmitíamos a los tíos y papá, porque ella estaba haciendo lo mismo, pero no tuvo oportunidad de más. —le respondió Angela con seguridad.

—Gracias por todo, chicos. —expresó Harry su sentir.

—No tienes nada que agradecer, amigo. Tanto tú como ellos tienen nuestro afecto. —le respondió de inmediato Ron.

—Vamos a descansar todos un poco. —sugirió Ginny, sonriendo al verlos asentir.

Ron le indicó por señas que se quedase a acompañar a Harry cuando llegaron al cuarto en que los dos amigos dormían, alejándose luego con la castaña hacia el que ellas dormían.

Harry no se dio cuenta de nada, demasiado triste y agotado. Estaba feliz porque su hermosa pelirroja estaba con él, eso era todo lo que le importaba en ese momento.

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Esa noche, bajo el amparo de la oscuridad, Tom Marvolo Riddle Gaunt hizo aparición en el cementerio de Londres. Desmayó silenciosamente al celador para tener libertad de acción sin generar luego investigaciones por la muerte del infeliz. Se acercó a la tumba en que descansaba Charlus Potter, al lado de los dos hermanos.

—Alyssa tenía un gran cariño y un gran respeto por usted, decidiendo morir para salvarle la vida. En cierta forma me alegro que no muriese a manos de mis hombres el día que lo hizo su esposa. —afirmó con tono sereno frente a la tumba.

Se quedó contemplando la fría piedra durante varios minutos en silencio, pensativo.

—Es curioso, estaba seguro que el amigo de su hermana menor había muerto cuando lo hizo ella. Pero cuando mi sirviente me dijo que usted había fallecido sentí la necesidad de venir a ofrecerle mis respetos. Fue usted un gran mago de sangre limpia. Es una lástima que ni usted, ni ella, ni los otros miembros de su familia a quienes les he ofrecido se me unan hayan comprendido la importancia de la pureza de la sangre mágica. El sucio muggle con quien mi madre manchó su sangre es la mejor prueba que eso no debe ser permitido. Espero poder hacerle comprender la verdad a su hijo. Es un estupendo mago y se parece mucho a Alyssa.

Sintió una brisa helada que le desagradó un poco, pero eso cambió cuando percibió un suave aroma a azucenas que reconoció como el de Alyssa. Extrañado se acercó a la tumba de ella. Vio que alguien había colocado de esas flores allí y asintió.

—Supongo que tu sobrino te las ha traído hoy —comentó distraído, recordando la última conversación que sostuvieron en Hogsmeade—. Tuviste razón en que llorarías la siguiente vez que nos viésemos —asintió. Recordó la última carta y frunció el ceño—. A veces he pensado que sabías de los horcruxes y sospechabas que había hecho uno. Sé que eras inteligente, pero… ¿Por qué investigarías algo sobre la magia oscura que tanto despreciabas? ¿Acaso alguna vez te viste tentada de entenderme y seguirme? No lo creo, pero no entiendo porqué averiguaste sobre ellos entonces —intentó analizar una vez más lo que ella le había dejado escrito—. Lo que no entiendo es que me aconsejaras que me arrepintiese y lo revirtiese, cuando eso me protege de la muerte y me asegura el camino al poder.

De nuevo una brisa helada recorrió el cementerio.

—Eras una bruja guapa e inteligente, lástima que cometieras el error de alejarme de ti y, peor aún, acercarte a ese sucio muggle —comentó con asco en su voz—. Ya casi toda tu familia te está acompañando. Si tu sobrino no se une a mi grupo se te unirá en su momento. También que el hijo que espera la esposa, si los dos no se unen a mis filas o el bebé es de quien habla la profecía. —sentenció a modo de despedida, alejándose de allí con paso decidido antes de desaparecer entre las sombras, tal como había llegado.

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El viernes 11 de julio, tres días después del funeral de Charlus, hicieron aparición mortífagos en Lancaster. El ataque sólo duró veinte minutos y no fue fuerte, pues los ataques de los asesinos se limitaban a divertirse torturando a los infelices muggles y magos que no supiesen defenderse y estuviesen al alcance de sus maldiciones, desapareciendo todos bajo las órdenes de Rodolphus Lestrange al poco de aparecer allí tanto los chicos como los miembros de la O.D.F.

—Que raro. —comentó Luna.

Todos los chicos la miraron de reojo pero ninguno dijo nada.

Este tipo de ataque se repitió a lo largo y ancho del Reino Unido durante diez días, con suficientes mortífagos para hacer un daño grave pero sin hacerlo. Era notoria también la ausencia de cualquier tipo de criaturas con ellos.

Al desaparecer los mortífagos de Winchester, habiendo llegado sólo los miembros de la O.D.F. y los chicos, Ron comprendió lo que ocurría.

—Voldemort intenta averiguar dónde estamos según la rapidez en aparecer cuando ataca. —les dijo a sus compañeros con seguridad.

—Si tienes razón en eso hoy ha descartado finalmente que nos avisen por lechuzas. —comentó Harry viendo aparecer a unos muy desconcertados aurores.

—Tengo la impresión que cierto traidor va a ser severamente interrogado en breve. —opinó Hermione mirando al cuarto Merodeador alejarse.

—No hay combate así que no hay tregua. Debemos irnos. —les recordó Neville viendo a los aurores que se les acercaban rápidamente.

Los diez chicos se despidieron respetuosamente con el gesto de las varitas frente a sus rostros y desaparecieron.

Horas más tarde Voldemort convocaba a Sigfrida para que se llevase de su presencia a un inconsciente Peter Pettigrew. Había quebrado finalmente al mago, averiguando muchas cosas muy interesantes. «Es curioso todo lo que el grupito de allegados al sobrino de Alyssa le ocultan al director. Obviamente no le diré nada a menos que sea en mi beneficio. Tampoco revelaré nada de eso a los que me sirven. La información es un arma valiosa con la que mentes brillantes podemos obtener grandes beneficios.

En cuanto a los encapuchados sólo le he podido sacar dos cosas de interés a la rata: su conocimiento del comportamiento de las extrañas aves fénix, de las cuales tres los acompañan; y el distinto comportamiento que tienen el director y ocho de los miembros de la Orden del Fénix de los otros respecto a los jóvenes, que tantos dolores de cabeza me han estado generando. Lo primero es curioso, pues no son animales comunes, pero explica la rápida aparición de los desconocidos en los ataques que acabo de hacer en todo el país. Lo segundo es una novedad que aprovecharé.

Desplazaré a mis hombres más cercanos a Bulgaria, Alemania, Albania, Francia y Bélgica por lo que resta de este mes e inicios del siguiente. Sólo dejaré en Inglaterra a Snape, para que coordine pequeños ataques con novatos. Eso me facilitará el dominio en otros países una vez que alcance el poder en el mío.

Tengo además que dar tiempo a que finalice este mes para averiguar qué niños nacen durante los tres últimos días, los que serán por lo tanto posibles candidatos para la profecía. También quiero perfilar con detalles mi plan para hacer que tanto los aurores como los miembros del grupo del director, que no protegen a los jóvenes encapuchados, desconfíen de ellos. E incluso, si todo marcha como quiero, los quiten de en medio».

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El domingo 27 de julio los chicos aparecieron en lo profundo del bosque de Bristol. Minutos después aparecieron allí Angelica, Sirius y Remus. Sólo ellos acompañarían esa noche al licántropo, pues tanto Alice como Lily habían tenido falsas alarmas de parto durante el día, por lo que Frank y James se quedaron con Jennifer a cuidar de ellas. Las habían logrado convencer y tranquilizar en cuanto a Remus porque los chicos estarían con él, encargándose Sirius de evitar que su amigo los pudiese lastimar de cualquier manera.

El más difícil de convencer había sido el propio Remus. Lo habían conseguido las palabras de Jessica y Ginny sobre no preocupar a las dos embarazadas, cuando podían dar a luz en cualquier momento. El castaño refunfuñó pero accedió.

—Chicos, Alice y Lily ya están tranquilas. Yo me puedo quedar solo con Sirius, ayudándonos Angelica solamente si es necesario. —intentó convencerlos Remus.

—¿No puedes por hoy estar tranquilo y confiar en nosotros? —le preguntó Harry un poco exasperado. Su mamá había estado bastante alterada ese día y le había estado transmitiendo aquello a él.

—No es que no confíe en ustedes, chicos, es que me da pavor el llegar a lastimarlos cuando no tengo control sobre mí. —le respondió Remus mirándolo interrogante, controlando con dificultad al lobo en su interior.

—Hagamos un trato. Si nos haces aunque sea un rasguño no te volvemos a acompañar, pero si estamos totalmente ilesos mañana en la mañana no vuelves a protestar porque te acompañemos como animagos. —le propuso Angela con una gran sonrisa.

—Lily tiene razón, ustedes son tan peligrosos con sus palabras como lo son con sus varitas —protestó Remus—. De acuerdo, acepto el trato —refunfuñó luego de varios minutos en que todos lo miraban expectantes—. Ahora aléjense hasta que esté transformado y ya saben que deben hacer lo mismo mientras recobro mi forma humana.

—Sí. —aceptaron los diez a coro sonrientes, transformándose frente a sus ojos en sus formas animagas y desplazándose lejos de allí jugando entre ellos.

—Increíble. —se le escapó a Remus. Aunque sabía sus formas animagas, por la pregunta que Marte le respondió a James al respecto mientras estaban convalecientes, era la primera vez que los veía. Él no recordaba prácticamente nada de lo que vivía mientras estaba transformado en licántropo.

—Presumidos, luciéndose contigo. —replicó Sirius bromista.

—No es eso. Querían que Remus los viese para que se tranquilizase. —opinó Angelica.

—Supongo que si la bestia no puede rebasar a este enorme perro negro, entonces menos podrá hacerlo con dos guepardos, un caracal, una pantera, un leopardo, una loba y un lince ayudándolo. —afirmó Remus mirando a su amigo, suspirando al verlo asentir con sus ojos grises llenos de alegría y picardía.

—Leto como cebra y yo como águila también podemos controlarte. —gruñó Angelica.

—Y te puedo dar fe que no podrías ponerle una pata a Gea como serval ni siquiera jugando. —afirmó Sirius.

—Ni alcanzar a Neptuno como caballo cuando está al galope. —completó Angelica.

Remus arqueó su ceja derecha al oírlos, denegando al ver las expresiones llenas de picardía de los esposos Black.

Al amanecer del día siguiente, cuando recuperó su conciencia y forma humana, pudo ver y oír a los chicos jugando en sus formas animagas en un claro cercano a donde él se encontraba. Había mirado en esa dirección cuando su amigo llamó a su cuñada, luego de vestirle con un hechizo.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Sirius con la misma expresión preocupada que tenía siempre luego de una noche de luna llena, mientras Angelica lo examinaba atentamente.

—Bastante bien considerando mi condición, igual que el mes pasado —le respondió sonriéndole—. ¿Cómo están ustedes doce? —les preguntó de inmediato.

—Nosotros dos estamos bien y esos diez no se han cansado después de jugar toda la noche. —le respondió Sirius dando una cabezadita en dirección a los diez animagos.

—Chicos, acérquense. —los llamó Angelica.

Los diez se acercaron aún como animagos, dándole cariñosos lametones Jessica a su padre en la mano en cuanto estuvo a su lado.

—¿Por qué no han recuperado su forma humana? —preguntó Remus preocupado.

—Porque no queríamos que intentases evadir el trato aduciendo que Electra o Venus nos hubiesen curado unos rasguños que no tenemos. —le respondió Harry con una gran sonrisa, habiendo regresado los diez a sus apariencias normales de inmediato al oír el tono de su voz lleno de ansiedad.

Remus suspiró y denegó. Se le habían adelantado a lo que tenía pensado. Eran demasiado listos.

—Vamos a la casa para que todos descansemos un poco. —propuso Angelica. Sonrió al ver que Ginny y Jessica estaban examinando con cuidado a Remus, lo que él las dejaba hacer con expresión resignada y agradecida.

—Nos gustaría, pero el señor Bones ha estado un poco insistente esta semana con que hablemos con los familiares de él y no queremos generar problemas —se negó Harry explicándoles sus motivos—. Descansaremos en Greenprairie, se los aseguramos.

—Alice y Lily querrán verlos. —presionó de inmediato Remus.

—De acuerdo. Aparecemos con ustedes en Deercourage, las tranquilizamos y nos vamos a Greenprairie a dormir un rato. —accedió Harry. Sonrió al ver la sonrisa de victoria en el rostro del que siempre consideraría un tío, aunque no lo fuese por sangre.

Durante esa semana los chicos no habían aparecido en ninguno de los ataques, pues eran todos pequeños y fácilmente controlables por los aurores, por lo que estaban bastante descansados. Les daba curiosidad lo que estaría tramando Voldemort, especialmente después de que James les comentase, con expresión preocupada, sobre la salud del cuarto Merodeador:

—Mi amigo Peter ha estado mal estos días. Lo alcanzaron a torturar con la Maldición Cruciatus durante la pelea en Winchester y ninguno de nosotros se dio cuenta. Es una suerte que su novia Sigfrida sea tan buena en pociones y sepa algo de medimagia, porque cuidó de él mientras se recuperó lo suficiente para venir a contarnos.

El viernes habían coincidido en Deercourage con el bajito mago, ante una de las falsas alarmas de parto de Lily. Los diez chicos notaron entonces el cambio en la mirada de Peter Pettigrew. Lamentaron no haberse dado cuenta antes que probablemente había estado intentado oponer resistencia al terrible mago y recientemente había fallado. Harry incluso llegó a pensar en acercarse a él y ofrecerle ayuda, por la amistad que le había unido a su papá, pero percibió de inmediato una perturbación en la energía y desistió de su idea.

Lo hablaron los diez en cuanto volvieron a Greenprairie, resignándose una vez más a no poder intervenir en algunas cosas. Decidieron de inmediato mantenerse alejados de los miembros de la Orden del Fénix que no los habían visto sin los pasamontañas, incluyendo esto al auror Moody y la subdirectora McGonagall, en la medida que pudiesen.

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Tres días después, el miércoles 30 de julio de 1980, los diez chicos se miraban en el comedor de Greenprairie interrogantes. No sabían qué hacer. Habían recibido por medio de los sickles falsos la invitación de Alice y Lily para que fuesen a Deercourage para celebrarle el cumpleaños a "Neptuno" durante el desayuno. Por eso estaban allí, arreglados y listos para viajar a Deercourage, pero… Durante una falsa alarma de parto de Lily se había sentido bastante mal Harry, disimulando con mucha dificultad. Neville había estado presente en dos de Alice, teniendo que simular en la segunda oportunidad dolor de estómago por algo que había comido y huir hacia el baño cercano.

—Me alegro que no sean amigos de mis padres o habríamos estado en un lío el día que nací, tan cerca de la fecha en que llegamos a esta época y aún bastante lastimados. —comentó Ron mientras todos sentían los sickles falsos calentarse en sus manos.

—Abuela me dijo que nací a las once de la mañana de hoy, cuando le pregunté vía lechuza por la tarea que nos puso la profesora Trelawney —les contó Neville—. Vamos o despertaremos sospechas antes de tiempo, aunque después de mañana será prácticamente imposible que no confirmen que somos sus hijos.

—Creo que deberíamos simular desde que aparezcamos que los diez estamos muy cansados por un entrenamiento demasiado fuerte ayer, en que nos excedimos un poco —sugirió Ginny—. Probablemente nos regañarán, pero eso nos dará una coartada creíble para huir de allí si Alice entra en labor de parto durante el desayuno.

—Pero si nací casi al mediodía, ¿cómo va a entrar mamá en… eso que dijiste tan temprano? —preguntó Neville.

—Las mujeres primerizas pueden durar horas en dar a luz. —le respondió Jessica.

—Aunque no es común en las brujas, pero mejor tomamos precauciones. —completó Ginny.

—De acuerdo. Yo seré la culpable de forzar la marcha ayer en el entrenamiento —afirmó Angela—. Tienen días sin reñirme. —completó encogiéndose de hombros al ver que todos la miraban interrogantes, sonriendo con picardía al verlos rodar los ojos.

La celebración durante el desayuno fue relativamente tranquila, con el consabido regaño a la chica de pelo negro. Frank, Lily, James, Jennifer, Angelica, Remus y Sirius estuvieron demasiado atentos a Alice y Neville, pues los dos tenían aspecto de sentirse mal.

Al finalizar la comida Alice les pidió a los chicos que se quedasen ese día a acompañarla allí. Se había zafado con mucha dificultad de los padres y suegros para quedarse con ellos, aduciendo que estaría cerca de San Mungo y Lily podría acompañarla a pie hasta allí si algo imposibilitaba el viajar por la red flú hacia el hospital. Los chicos dudaron pero finalmente el castaño aceptó, sorprendiendo a sus amigos mientras su novia le sonreía.

A mitad de mañana Lily llamó a Frank por medio de la lechuza de su esposo, mientras Ginny le daba las primeras atenciones a Alice y Jessica desaparecía con Luna, Neville y Fred de Deercourage hacia Greenprairie. Pusieron como excusa que la chica de ojos miel se sentía demasiado cansada y los otros tres iban a acompañarla.

Lily no les creía mucho lo del agotamiento, especialmente porque quien sospechaba era el hijo de su amiga rubia tenía aspecto de estar enfermo, pero no quiso presionar para no ponerse nerviosa ni tampoco a su amiga. Le sonrió suavemente a Frank en cuanto apareció con James y Sirius, tranquilizándolos. En seguida viajó con ellos hacia el hospital mientras los otros chicos desaparecían hacia la casa en Edimburgo. Melisa y Bob Yaxley llegaron minutos después a San Mungo, al igual que Augusta y Harfang Longbottom. Angelica y Remus llegaron al hospital a final de tarde, al igual que Emmeline.

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—Nunca pensé que nacer generase tanto dolor, incertidumbre y alegría al mismo tiempo. —les comentó Neville a sus amigos apenas aparecieron en Greenprairie.

—Es una experiencia terriblemente hermosa. —afirmó Angela con una sonrisa suave.

—Lo bueno es que tu mamá está bien de salud y todo irá bien. —agregó Jessica sin mirarlo, sus ojos fijos en las nubes que miraba a través de la ventana, abrazada por Fred.

Un nudo se apretó en la garganta de todos al oírla, guardando silencio.

A mediodía recibieron por medio de Fawkes la noticia del nacimiento de Neville Frank Longbottom Yaxley una hora antes.

—Con lo que dijo el señor Potter antes de morir sobre nosotros y el nacimiento de Neville, ya deben estar bastante claros quiénes somos a excepción de Luna y Hermione. Lo confirmarán total y rotundamente mañana antes de medianoche. —comentó Ginny luego que su prometido leyese la nota.

—Supongo que mamá empezará a investigar más a fondo y con mayor ahínco sobre la poción que nos curará a papá y a mí. Por eso cuando falleció estaban tan avanzadas sus investigaciones tanto sobre la poción matalobos como sobre la que nos curó a nosotros dos y a Bill. —afirmó Jessica con tono melancólico.

—También creo que desde hoy comenzarán a buscar la forma de "ayudarnos a recobrar la memoria con lo que se ha confirmado". —comentó Hermione, remarcando las comillas con sus manos.

Sus nueve acompañantes suspiraron sin poder evitarlo.

—También nos presionarán más para que no nos presentemos en batallas. —agregó Angela recordando la promesa que le sacaron sus papás.

Un nuevo suspiro colectivo.

—La profesora Trelawney ya debe haber hecho la profecía, porque le entendí a Remus que trabaja en el colegio —comentó Harry—. Mis papás y los de Neville ya se han enfrentado a ese asesino dos veces y sobrevivido. Tanto el profesor Dumbledore como Voldemort saben el contenido de la profecía, pues a estas alturas ya Severus Snape le debe haber dicho al que es actualmente su amo lo que escuchó en el Cabeza de Puerco —continuó con seguridad, decidido a decirles a sus amigos lo que había resuelto—. Mientras estemos en esta época no voy a permitir que ellos cuatro se enfrenten a Lord Voldemort, así que más vale que caiga el bloqueo antes de agosto del próximo año o voy a cambiar todo lo que ocurrió sean cuales sean las consecuencias.

—Igual yo. —afirmó Angela con fiereza al sentir la perturbación en la energía.

—Pues si no quieren que modifiquemos nada nos dejan salir de aquí antes que todo se desate. —gruñó furiosa Jessica.

—Es inhumano que nos traigan a esta época, nos permitan convivir con ellos y pretendan que no hagamos algo para evitar lo que destruirá a nuestras familias. —afirmó Neville en apoyo.

—Pero no haremos nada voluntariamente para cambiar las cosas hasta el 12 de agosto del año entrante, el día después que nazca Ginny, si aún estamos aquí. —les pidió con tono de súplica Hermione, que los comprendía pero recordaba bien la advertencia que les hizo Lily tras el Velo de la Muerte a Ron y ella de contener a Angela y Harry.

Se había decidido por el día del nacimiento de Ginny como fecha límite porque aún faltaba un año y esperaba de todo corazón que pudiesen irse de allí antes. Sabía que más allá de eso sería imposible contenerlos. Por lo menos no después del ataque en que Angelica usaría su don tan especial en Severus Snape, convirtiéndolo en espía para la Orden del Fénix pero generándose la desconfianza en Sirius sobre Remus.

—De acuerdo, no haremos nada hasta el día que nazca mi hermosa pelirroja. —aceptó Harry serio.

—Pero el 15 de agosto del año entrante, si estamos aquí, no habrá nada que evite que cambie las cosas —afirmó con rotundidad Angela. Suspiró al ver a la castaña asentir rápidamente—. De acuerdo, no haré nada hasta el 12 de agosto de 1981 para cambiar las cosas.

—Yo tampoco bajo las mismas condiciones. —prometieron a coro Jessica y Neville.

La rubia, la castaña y los cuatro pelirrojos suspiraron con alivio al sentir que cesaba la perturbación en la energía. No sabían cuándo podrían irse de allí, pero al parecer sería antes que naciese Ginevra Molly Weasley Prewett.

A media tarde los chicos suspiraron al calentarse los sickles falsos.

—¡Papá ha decidido que mamá dará a luz en Deercourage asistida por Jennifer y los Brown! —exclamó con incredulidad Harry al leer el mensaje.

—¿No lo sabías? —preguntó Neville, que aún no se recuperaba de la sorpresa.

—¿Cómo se suponía que lo supiera? Nadie me ha dicho dónde ni a qué hora nací. No tenía quien me dijese eso cuando nos pidió la profesora Trelawney los datos y después nunca se lo pregunté a nadie. Tuve que inventarme una hora y asumir que había sido en Londres. —le respondió Harry aturdido.

—Es lógico que James tome esa decisión sabiendo que Voldemort persigue a los Potter para matarlos. —comentó Hermione luego de un par de minutos.

—Lo único bueno es que no tendremos que ir a Deercourage porq… —intentó calmarlos Ginny, deteniéndose al sentir la falsa monedita calentarse de nuevo.

—Creo que esto derrumba eso. —comentó George mientras los diez miraban atónitos el mensaje en las diez pequeñas láminas plateadas en que se habían convertido sus monedas.

—Pero ¿Cómo pretenden que estemos allí estando mis tíos? —preguntó atónita Jessica.

—Ellos ya saben de nosotros. —les recordó Luna.

—Sí, pero… ¡Yo no puedo estar ahí cuando nazca! —exclamó Harry, parpadeando confundido al escucharse.

—Eso sonó escalofriantemente extraño. —afirmó la rubia.

Sus nueve acompañantes la miraron con los ojos muy abiertos, sacudiendo luego la cabeza.

—Si no vamos tu mamá se preocupará y se podría complicar —le dijo con suavidad Ginny a su novio, acariciándole la mejilla—. Te ayudaremos a mantenerte tan tranquilo como sea posible.

Harry la miró incrédulo, pues ya lo habían intentado con Neville, pero suspiró y asintió en aceptación porque comprendió que no tenían opción.

Apenas llegar los recibió Lily con una sonrisa agradecida, percibiendo de inmediato Harry que estaba triste.

—Mamá y papá no podrán venir a verme porque Petunia y el pequeño Dudley han estado delicados de salud y están al pendiente de ellos —les contó mientras bajaban las escaleras—. James dice que me llevará a verlos en cuanto mi bebé haya nacido y los dos estemos en condiciones. Por eso le pedí que los hiciese venir. Ustedes son mi familia y los quiero a mi lado cuando nazca Harry James Potter Evans. —afirmó abrazando a su hijo por los hombros.

Harry tragó saliva y continuó ayudándola a bajar las escaleras lentamente, con cuidado, con la ayuda de Ron que iba del otro lado.

—Nos alegra que nos llamases por esa razón y con muchísimo gusto te acompañaremos. —le respondió con tono dulce y una suave sonrisa.

James los alcanzó cuando iban bajando ya cerca del tercer piso, tomando el lugar del pelirrojo alto para llevar a su esposa con ayuda de su hijo a la habitación matrimonial.

—Alastor me ha dado permiso de quedarme en casa y vendrá en un rato a asegurarse que Catherine y Charlton Brown sean realmente ellos y no mortífagos disfrazados —les contó a su esposa y los diez chicos, sonriendo al ver a su adorable pelirroja rodar sus esmeraldas—. Albus va a modificar el bloqueo para que sólo ellos dos puedan venir aquí, además de ustedes diez, Sirius, Angelica, Jennifer, Remus, Alice y Frank con Neville, aunque es poco probable que ellos tres puedan venir con el niño recién nacido. Está de acuerdo conmigo en tomar precauciones adicionales estos primeros días por la presencia del traidor en el grupo, mientras resolvemos otra cosa.

Los diez chicos suspiraron y asintieron. Era buena noticia saber que tomaban todas esas precauciones en beneficio del pequeño Harry y de Lily, pero eso les quitaba cualquier excusa para irse de allí. El Harry adulto tendría que soportar completo el proceso del parto y lo que viniese después.

Esa noche y el día siguiente transcurrieron medianamente tranquilos hasta la hora de la cena, en que Lily empezó a experimentar los dolores de parto. En la mañana le habían celebrado el cumpleaños a un muy nervioso "Marte", que era observado con mucha curiosidad por Catherine y Charlton Brown.

Los medimagos habían aceptado la explicación de pérdida parcial de memoria de los diez chicos durante un ataque, comprendiendo su renuencia a que les viesen los rostros por temor. Sin embargo los sometieron a una evaluación como medimagos a cada uno. Le recomendaron una poción a Jessica para ayudarla con su debilidad general. A Angela le aseguraron que investigarían con Jennifer como ayudarla con el problema de sus pulmones, pues el del sistema nervioso era irreversible según sus conocimientos de medimagia.

Aquello incrementó aún más el nivel de nerviosismo de los chicos, que sin embargo forzaron sonrisas y les agradecieron el que intentasen ayudarlos sin saber prácticamente nada de ellos. La poción que le habían recomendado a Jessica era de hecho una que tenía que tomar una vez al mes, durante al menos tres años más.

En el momento en que Lily sintió la primera contracción fuerte Harry no pudo evitar apretar el vaso que tenía en su mano derecha con tanta fuerza que estalló en su mano. El grito de dolor de la pelirroja de ojos esmeraldas y el de susto de la pelirroja de ojos castaños se mezclaron.

—Tranquilos todos —les ordenó Charlton con tono profesional, creyendo que el chico había reaccionado así al ver a la mujer embarazada con aquél gesto de dolor en su rostro—. El dar a luz es un proceso natural y Lily Potter va a estar bien. Vamos a llevarla James y yo a ella al cuarto. Cath, atiende al joven.

—Venus lo hará, por favor vaya usted también con ella. —le pidió Harry de inmediato a la señora de pelo castaño claro, clavando sus esmeraldas en los ojos verdes claros de la medimaga.

—Tranquilo, ella no dará a luz todavía, tengo tiempo para curarte esa mano. —le sonrió ella, hablándole con tono suave y comprensivo.

—Deja que lo cure yo para que tú vayas con ella. Así estarán los diez chicos más tranquilos. —intervino Jennifer. Había visto que las esmeraldas del chico se llenaban de una mezcla de emociones muy parecidas a las que había visto en las de su amiga, mientras la sacaban de allí el esposo y su amigo medimago. No lo comprendía, pero desde el día anterior tenía la impresión que las emociones y sensaciones de su amiga le estaban siendo transmitidas al que ahora estaba segura era el hijo.

—De acuerdo. Y ya cálmense, chicos, les aseguro que Lily y el bebé están y estarán bien. —les dijo Catherine antes de salir del comedor.

—Yo puedo curarlo. —le insistió Ginny a Jennifer mientras la veía desvanecer los cristales que se le habían incrustado en la mano a su novio.

—Tranquila, deja que lo haga yo que estás muy nerviosa. Y tú te vas a tomar un poco de poción tranquilizante. De alguna manera te está afectando el estar aquí mientras se produce tu nacimiento… —se detuvo al oírse y sacudió la cabeza—. Eso sonó demasiado extraño. Lo cierto es que Cath & Charl no deben darse cuenta, tampoco Lily o James.

Los diez chicos tragaron saliva y asintieron. Había sido inevitable que ella se diese cuenta de lo que ocurría.

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Cuatro horas más tarde lo agradecieron cuando ella entró al cuarto con una poción para el dolor, mientras Harry se retorcía en la cama mordiendo un pañuelo.

—Parece que lo estuviesen torturando. —comentó Ron asustado.

—Si Lily hubiese sabido esto no les hubiese insistido en que viniesen y se quedasen con ella —les dijo con seguridad Jennifer mientras lograba darle la poción a Harry—. Debí sacarlos de aquí con cualquier excusa cuando me di cuenta del lazo a la hora de la cena, antes que la magia de mi amiga se descontrolase por el parto y nos aislase en la casa como lo está haciendo. Intenta relajarte, voy a insistir con el hechizo para dormirte. —le indicó al chico de ojos esmeralda de pelo negro rebelde, sonriendo suavemente al verlo asentir de inmediato.

—Nunca pensé que se sentiría así el dar a luz y el nacer. —musitó Harry, bastante adormilado por la fuerte poción pero sin lograr dormir. El hechizo había fallado de nuevo. La mezcla de emociones, sensaciones y magia con su mamá y el bebé Harry era demasiado fuerte e intensa.

—¿Los estás sintiendo a los dos? —le preguntó la asistente de medimaga, mordiéndose el labio inferior al verlo asentir.

—Lily está terriblemente adolorida, asustada y feliz al mismo tiempo. Harry está asustado. No entiende porqué de pronto el ambiente calientito en que ha estado lo está empujando a ratos y luego lo deja quieto para empezar de nuevo —le respondió el chico. Se quedó levemente adormilado por unos momentos, empapado en sudor. Pasados unos minutos despertó y pegó un grito de dolor que no pudo contener—. Yo quiero tener hijos, pero no que tú sufras así. —le aseguró a Ginny apretándole la mano con cariño, en cuanto se sintió menos adolorido.

—Por eso somos las mujeres quienes tenemos hijos. Porque somos capaces de soportar dolor por unas horas a cambio de años de felicidad con nuestros hijos. —le dijo con picardía Jennifer, queriendo distraerlo.

Fred apretó a su novia contra su pecho al oír a su suegra, besándola en la frente y transmitiéndole calma con el don de Percibir e Influir Emociones.

—¿Faltará mucho? —preguntó Neville angustiado. Agradecía internamente el haber podido escaparse el día antes a tiempo y no tener que vivir lo que estaba experimentando Harry, sintiéndose mal por eso al mismo tiempo.

—Eso es difícil de saber si ustedes no lo saben. —replicó la medimaga, suspirando al ver a los diez denegar.

—Jennifer, te neces… —entró buscándola Remus, con Sirius tras él. Los dos se detuvieron al ver al chico en cama y la gemela sosteniendo un paño contra su frente—. ¿Qué pasa aquí? —preguntó intrigado el esposo.

—Larga y complicada historia. ¿Por qué han venido a buscarme? —preguntó Jennifer.

—La magia de Lily está descontrolada… —empezó a responder Sirius, arqueando una ceja al ver que su cuñada y los diez chicos bufaban y ponían expresión de "Di algo que no sepamos"— y ha desmayado tanto a Catherine como a Angelica. Charlton quiere que subas a ayudarlo.

—Electra, ven conmigo para que nos ayudes. Venus, vigila que tome al menos un cuarto de vaso de la poción cada media hora y sigue intentando dormirlo. Si llega a haber algún cambio en él suban a avisarme cualquiera de ustedes. Ya luego inventaremos algo creíble para Cath & Charl. —les ordenó Jennifer a los chicos rápidamente. Pasó al lado de su esposo y su cuñado que la miraban interrogantes, saliendo de allí con su hija.

Harry no pudo evitar que se le escapase un gemido entre sus dientes apretados. Conteniendo el grito que quería emitir, por el dolor que sentía, se sujetó con todas sus fuerzas de los costados del colchón de la cama individual en que estaba acostado. Un minuto después se desmadejaba y miraba a su novia con sus esmeraldas llenas de angustia, mientras ella le limpiaba el sudor del rostro.

—¿Qué tiene Marte? —preguntó muy asustado Sirius.

—El día que nació el sobrino de Lily descubrimos que Marte está conectado, de una forma extraña, con ella y el bebé mientras está bajo el mismo techo. Eso se ha intensificado mucho desde que ella tuvo la primera falsa alarma de parto. —respondió Hermione, intentando ser lo más objetiva y cuidadosa posible para no sugerir ideas a sus acompañantes que a ellos no se les hubiesen ocurrido.

—¿Estás diciendo que este Harry está sintiendo lo que están experimentando aquél Harry y Lily? —preguntó Remus señalando primero al chico en cama y luego en dirección al cuarto en que su amiga estaba dando a luz.

—¡Increíble! —exclamó Sirius al ver a los nueve chicos asentir.

—Conmigo empezó a ocurrir ayer, pero al irme a Greenprairie desapareció. —explicó Neville al ver que los dos Merodeadores lo interrogaban con la mirada.

—¿Por qué no se fue entonces Marte a la hora de la cena? —preguntó Sirius preocupado, mientras se sentaba junto a la versión adulta de su ahijado.

—Porque mamá bloqueó con magia involuntaria la casa unos minutos después de sentir la primera contracción fuerte. —musitó Harry, con los ojos cerrados moviéndose bajo sus párpados.

—No hemos podido sacar temprano a Marte de aquí de ninguna manera, ni tampoco dormirlo luego con poción o hechizo. —completó Ginny lo dicho por él mientras le acariciaba con cariño la mejilla derecha.

—¿Por qué le sigues diciendo Marte si ya todos sabemos que se llama Harry? —preguntó Remus de pie tras la menuda pelirroja.

—¿Cómo distinguimos entonces a mi novio del bebé de Lily? —le preguntó a su vez Ginny a él.

—Buen punto. —aceptó el castaño.

—Parece que ya está mej… —empezó a comentar Sirius, abriendo sus ojos grises al máximo cuando el chico lo sujetó de improviso con mucha fuerza mientras sus esmeraldas y boca se abrían al máximo y la espalda se arqueaba, en un mudo grito de dolor, empezando luego el chico a respirar agitado y transpirar—. Tranquilo, ya va a pasar. —lo intentó calmar aunque él mismo estaba muy asustado.

—Eso espero, porque mamá está muy cansada y no creo poder ayudarla más de lo que estoy haciendo. —replicó Harry sin pensar.

—¿La estás ayudando? —preguntaron nueve de sus diez acompañantes a coro.

—Sí… Ellos… —intentó responderles Harry, pero un nuevo fuerte requerimiento de energía de su mamá y su yo que estaba naciendo lo dejó sin fuerzas, dándole una última mirada preocupada a su novia antes de perder el conocimiento.

—Los dos empezaron a requerir energía y magia hace aproximadamente una hora y Marte se las ha estado transmitiendo. —respondió Ginny por él, colocando su mano izquierda sobre el corazón de su prometido y la derecha sobre la frente.

—Y, por lo que acabo de ver, tú lo estás ayudando a él. ¿Cómo? —preguntó Sirius.

—Sólo me concentro en mi amor por él y ocurre. No sé lo que significa o porqué sucede pero funciona. —le respondió Ginny mientras humedecía un paño limpio en la taza llena de agua en la mesita de noche y procedía a limpiarle el rostro a su prometido.

La situación se repitió en dos oportunidades más durante la hora siguiente, hasta que vieron al chico casi sentarse en la cama en un espasmo de dolor, evitando Remus que Ginny cayese al verse empujada por el novio mientras Sirius lo sujetaba.

—El niño está muy cansado y tiene sueño. —susurró Harry con una suave sonrisa al recostarlo Sirius en el colchón, desmadejado, escuchando todos asombrados luego de sus palabras las campanadas de la catedral de Londres señalando la medianoche.

—Has nacido justo antes de que concluyese el día. —le sonrió Sirius, limpiándole el rostro con el paño húmedo con cariño.

—Finalizando el séptimo mes del año. —murmuró Harry antes de quedarse dormido.

—¿Qué tienes? —le preguntó asustado el padrino, sacudiéndolo levemente por los hombros.

—Tranquilo, está dormido —le dijo Ginny luego de evaluar a su prometido rápido con su varita—. Al parecer, al nacer el niño le están haciendo finalmente efecto las pociones que le estábamos dando.

—¿Estará bien después de tomar tanto calmante? —preguntó Hermione preocupada.

—Dormirá muchas horas, pero estará bien. —respondió Ginny sin poder reprimir seguidamente un bostezo. Estaba agotada por lo hecho para ayudarlo a él.

—Y por lo que veo tú también lo necesitas. —le dijo Remus, llevándola abrazada por los hombros a la cama al lado de la que dormía el novio.

—Pero me pueden nec… —intentó protestar. Se detuvo por un bostezo que no pudo contener, tapándose apenas a tiempo la boca con su mano derecha y ruborizándose.

—Nosotros nos hacemos…

—… cargo de lo que…

—… haga falta, hermanita…

—…Tú descansa tranquila. —le dijeron los gemelos.

—Ha nacido el bebé —entró contándoles Jessica un par de minutos después, rebosando alegría—. Aunque supongo que ustedes ya lo sabían —agregó al ver la forma en que todos la miraban—. Tanto Lily como el pequeño Harry están perfectos de salud, sólo que muy cansados. Los dos se han quedado dormidos.

—Al igual que este Harry —respondió Sirius, sacudiendo luego levemente la cabeza—. Creo que tienen razón en que será mejor seguirlo llamando Marte o nos haremos un lío.

—Los señores Brown, Angelica y Jennifer estuvieron geniales. Estaban asombrados porque el parto, que parecía iba a complicarse, se desarrolló bien. —les contó la chica de ojos miel sentándose en una silla, excitada por la experiencia pero cansada.

—Vamos al otro cuarto para que te recuestes, mi amor. Te ves agotada. —le sugirió Fred arrodillándose frente a ella.

—Lily quería vernos, pero Jen… —intentó contarles Jessica, pero no pudo contener un bostezo—. Perdón.

—Mercurio tiene razón, necesitas descansar —le dijo con cariño Remus acariciándole la cabeza—. De hecho deberían acostarse todos para que a primera hora de la mañana Lily los vea y sepa que estuvieron aquí con ella.

—Tienen razón. —aprobó Ron, dirigiéndose con sus hermanos a la cama en que su hermanita menor ya dormía, levantándola en brazos él mientras los gemelos lo ayudaban a acomodarla suavemente para que no se despertase.

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—¿Averiguaron ya quiénes son los otros? —le preguntó Remus en voz baja a Sirius en el pasillo, luego de dejar a los chicos durmiendo en las habitaciones grandes del segundo piso, justo encima de las que habían ocupado antes. Habían intentado llegar al último piso la noche antes, pero Jennifer les había dicho que se quedasen allí por la condición del Harry mayor.

—Los gemelos se llaman Fred y George, el alto se llama Ron y Venus aún no ha nacido. En la promoción de Benjy hay una chica idéntica a Leto de nombre Mary Starnight.

—La esposa de mi primo Derek Lovegood —afirmó Remus con tono de haber encajado una pieza perdida de un rompecabezas—. Por eso se me hacía familiar su rostro —Al ver la expresión interrogante de su amigo se explicó—. Nos vemos muy poco. Mis padres se mudaban mucho por mi licantropía. Adeline, la tía de mi papá, tiene un esposo muy excéntrico que desquiciaba un poco a abuelo Thomas. Derek se parece a su padre Bernard y tú conociste a papá. Fuimos a la boda de Derek con Mary, donde la conocí, pero no permanecimos allí más allá de lo necesario.

—De la que no tenemos datos es de Gea —continuó Sirius luego de asentir—. Estamos empezando a sospechar que puede ser hija de muggles. —completó con aspecto serio.

—Jennifer dice que debemos ser cuidadosos al darles la información que investiguemos. Me explicó que si la pérdida parcial de memoria es real, el forzar los recuerdos podría generarles problemas de salud. —le comentó Remus mientras pensaba en el primo de su papá.

—Por muchas vueltas que le doy a la cabeza no se me ocurre un buen motivo para que a estas alturas nos estén engañando con que no recuerdan casi nada. —opinó Sirius. Se contuvo de decir algo más porque los amigos de su cuñada estaban saliendo de la habitación matrimonial de su mejor amigo.

—Lily y Harry Potter están perfectos de salud. —les anunció Catherine con una sonrisa.

—¿Cómo sigue Marte del problema digestivo que tenía? —preguntó Charlton.

—Finalmente ha reaccionado a las pociones y se ha quedado dormido. —le respondió Remus con expresión tranquila y sonriente. La práctica de tantos años como mentiroso, para cubrir sus aventuras como Merodeador, lo ayudaron a encubrir perfectamente sus emociones y pensamientos.

—Los otros chicos se han recostado a dormir al verlo bien a él. —completó Sirius.

—Es bueno saberlo —aseguró seria Catherine—. Me tenía preocupada desde que lo evaluamos ayer. Es una pena que no quieran ir al hospital por la situación de guerra en que estamos, aunque perfectamente comprensible.

—Sigo pensando que son demasiado jóvenes para estar participando en batallas, más aún considerando los problemas de salud que tienen. —comentó Charlton con el ceño fruncido.

—¿Puedo ver a mi ahijado? —preguntó Sirius con expresión ansiosa.

—Ya te habías demorado, cuñadito. —le dijo burlona Jennifer desde la puerta del cuarto del bebé.

Los dos Merodeadores se acercaron de inmediato con los dos medimagos. Sirius se asustó un poco cuando Catherine tomó el niño de los brazos de la gemela y se lo puso en los suyos, acomodándolo con suavidad pero firmeza.

—Su cabecita apoyada en el pliegue de tu brazo izquierdo, sosteniéndole su espalda con cuidado pero seguridad, esta mano aquí para evitar que al ser más grande y empezar a moverse se te pueda caer. Con la mano libre podrás acariciarlo o darle de comer. —le fue explicando.

Las aguamarinas de Angelica brillaban con una mezcla de amor, alegría y ternura, al ver la forma en que su esposo estaba prestando atención a todo y sosteniendo al ahijado de ambos con una mezcla de nervios y entusiasmo.

—Excelente, señor "padrino", ya sabe usted lo básico para ayudar con su ahijado. —bromeó Remus.

—Su turno, señor "tío por afecto". —le dijo Catherine en seguida con firmeza. Sonrió con picardía al ver que la expresión de diversión del castaño de ojos miel cambiaba por una nerviosa.

—Tranquilo, estoy segura que lo harás mejor que Sirius. —dijo en seguida Jennifer.

—Eso no es cierto —protestó de inmediato el de ojos grises—. Pero estoy seguro que lo harás bien. —agregó al ver la expresión amenazante de su cuñada.

Remus retrocedió cuando la medimaga se le intentó acercar con el bebé, hasta quedar contra la pared. Catherine se frenó indecisa al ver su expresión, mezcla de terror y deseo. Miró interrogante a James, que con una sonrisa en el rostro se le acercó, tomó al bebé en sus brazos y luego lo colocó con cuidado en los de su amigo. El castaño apenas si respiraba mientras permitía que su amigo le acomodase. Sentía un nudo en la garganta al sentir el pequeño cuerpecito en sus brazos. Jamás hubiese soñado poder llegar a cargar un bebé, por su condición de licántropo. «Sólo mis amigos pueden ser tan maravillosamente locos de permitirme cargar al niño», pensó.

—Te ves muy bien con mi pequeño Harry. Llegado el momento pondrás en mis brazos a tu hija recién nacida. —le dijo con una sonrisa el joven de ojos avellana, sonriéndole.

Remus sólo pudo asentir, incapaz de decir nada sin que se le saliesen las lágrimas.

—Hora de recostar al pequeño en su cuna. —anunció Catherine tomando al bebé en sus brazos. Luego de pasar varios minutos en silencio observándolos. Le alegraba mucho ver el cariño sincero que le tenían al castaño, a pesar de su condición de licántropo.

—Será mejor que se recuesten a descansar en el cuarto contiguo. Mi esposo y yo velaremos el sueño de todos y los despertaremos si Harry, Lily o Marte lo requieren. —sugirió Angelica, sonriendo al verlos a todos asentir.

Así se aseguraba que los amigos de su hermana no llegasen a ver a ninguno de los diez chicos, que descansasen para la guardia que tendrían en el hospital en unas horas, y que los demás estuviesen descansados para lo que les esperaba el día siguiente.