18 Familia

Resumen: Seis padres llevan a cabo un plan para proteger a sus hijos y los amigos de éstos. Dos celebraciones de cumpleaños muy diferentes. La idea del inefable y una sorpresa inesperada.

A las tres de la madrugada Harry abrió los ojos sintiéndose muy angustiado y asustado. Miró a su alrededor intentando ubicar la causa de la fuerte ansiedad que estaba sintiendo. Estaba en Deercourage y sus cuatro compañeros estaban durmiendo tranquilos. Tampoco se oía algo que pudiese indicar un ataque en las cercanías de la casa. Le tomó un par de minutos comprender, luego de lo vivido horas antes que lo tenía tan cansado, que eran los sentimientos del Harry bebé lo que estaba sintiendo.

Se levantó y salió de la habitación con cuidado para no despertar a los otros. Durante varios minutos se quedó indeciso frente a las escaleras, pues no sabía si bajar a la cocina o subir al cuarto en que dormía su versión recién nacida. Finalmente decidió subir. No estaba seguro qué iba a hacer al llegar allí, pero sentía que lo correcto era ir a ver si podía ayudar con el pequeño. Al llegar al pasillo frente a las puertas de los cuartos de sus papás y su versión bebé escuchó y vio al pequeño llorando a todo pulmón en brazos de Angelica.

—Lily quiere al bebé con ella. —le dijo James a su amiga asomándose a la puerta del cuarto, paralizándose al ver parado en medio del pasillo al que ahora estaba totalmente seguro era la versión adulta de su hijo.

—Pero está muy inquieto y Jennifer dijo que ella necesitaba descansar. —replicó insegura la gemela, que intentaba infructuosamente calmar al bebé.

—Se tranquilizará solamente con Lily. —le aseguró Harry, mordiéndose el labio inferior al ver la expresión interrogante de los dos.

—Si no se tranquiliza y agita a Lily me lo llevo de nuevo y tú la convences a ella. —le indicó Angelica a James luego de un par de minutos de indecisión.

Harry sonrió en el pasillo al dejar de oír al bebé, además de percibir el sentimiento de seguridad y amor proveniente del pequeño. Se empezó a alejar del cuarto, deteniéndose y tragando saliva al sentir la mano de su padre en su hombro y escuchar su petición.

—¿Podrías acompañarnos unos minutos?

—Pero Lily debe descansar. —se opuso débilmente Harry.

—Sólo unos minutos, hijo. —le insistió James con tono suave y una chispa de emoción en la mirada avellana.

Harry tan sólo pudo asentir y caminar junto a él, su corazón golpeando salvaje contra sus costillas y su mente en blanco. Al entrar al cuarto sonrió con dulzura al ver la expresión con la cual Lily estaba mirando al bebé en sus brazos.

—Hola hijo. —lo saludó la pelirroja con sus esmeraldas llenas de amor maternal.

—Ho…hola —tartamudeó Harry—. Yo… —intentó pensar en una forma de negar la certeza que fuese su hijo, el mismo pequeño recién nacido en versión adulta, pero recordó lo vivido horas antes y se detuvo—. ¿Cómo te sientes? —se atrevió a preguntarle, pues la veía contenta pero pálida y evidentemente cansada. Ahora él sólo percibía los sentimientos y emociones del bebé por medio del vínculo especial que parecía unirlos, pues antes los de Lily también le llegaban.

—Agotada pero feliz —le respondió ella con sinceridad y una gran sonrisa—. Acércate de este lado y quítate el pasamontañas para verlos mejor a ti y al bebé —le pidió con dulzura en su voz y su mirada, ampliándose su sonrisa al ver que hacía lo que le había pedido—. Eres idéntico a mi esposo pero con mis ojos. Es un poco extraño tenerte en mis brazos y frente a mí al mismo tiempo.

—¿Sólo un poco extraño? —preguntó James con tono burlón—. Apuesto a que esto será aún más extraño —aseguró mientras tomaba al bebé dormido de los brazos de su esposa, girándose para acercarse a la versión adulta de su hijo y darle al pequeño. Le sonrió con afecto y confianza al ver que abría sus esmeraldas al máximo y se paralizaba—. Tranquilo. Yo te voy a explicar cómo hacerlo, igual que hicimos con Sirius y Remus.

Harry siguió las instrucciones de su padre y le recibió el bebé en los brazos, porque una pequeña parte de su cerebro registraba la información y le obedecía. El resto de su mente intentaba asimilar la situación y controlar el cúmulo de emociones que tenía en todo su organismo, pero especialmente en su corazón.

—Esto es… —intentó Angelica, deteniéndose al no lograr expresar con alguna palabra la impresión que tenía.

—Insólito. —completó Luna, que junto a los otros ocho chicos, Sirius, Remus y Jennifer veían y oían todo desde la puerta del cuarto.

Tanto Angelica como los demás asintieron en señal de estar de acuerdo que era la palabra que mejor lo describía, mientras Harry miraba al bebé en sus brazos. El chico contuvo la respiración al abrir los ojos el pequeño y verse reflejado en las pequeñas esmeraldas.

—Respira. —le susurró James a su hijo adulto poniéndole su mano izquierda en el hombro derecho.

—Será mejor que dejemos el bebé aquí con Lily y James por lo que resta de noche, para que esté tranquilo y todos descansemos. —rompió el silencio Jennifer varios minutos más tarde.

Harry asintió y se inclinó hacia Lily, poniéndole con cuidado el bebé en los brazos. Le correspondió con nerviosismo, alegría y mucho cariño su mirada y sonrisa.

James le palmeó suavemente en la espalda cuando lo vio incorporándose. Le dirigió una sonrisa llena de orgullo y amor paternal, que se amplió al ver la tímida del joven frente a él. Lo acompañó hasta la puerta del cuarto, cerrándola suavemente luego de verlo alejarse por el pasillo con los otros chicos y sus amigos rumbo a las escaleras.

Se giró y avanzó hacia su esposa y su pequeño, dándole un beso en los labios a ella y luego uno suave en la cabeza al bebé. Se acostó de lado junto a los dos, seguro de que no dormiría, contemplándolos mientras pensaba y analizaba muchas cosas. Se reafirmó en lo que había decidido con sus amigos, analizando con su inteligencia innata los siguientes pasos a seguir para que lograsen lo que tanto anhelaban.

Harry había abrazado a su novia apenas salir del cuarto, sus emociones amenazando con sobrepasarlo en cualquier momento. En cuanto se separaron se miraron a los ojos, sonriendo con agradecimiento él ante la comprensión en los de ella. Avanzaron luego abrazados por la cintura rumbo a las escaleras acompañados por sus amigos, las gemelas, Sirius y Remus.

—Nos despertó el llanto del bebé. Cath & Charl no están con nosotros porque los dormí con el hechizo sin que se diesen cuenta —respondió Jennifer la pregunta muda de su gemela—. ¿Cómo te sientes, Marte? ¿Aún percibes a Harry y a Lily? —se giró a preguntarle al que era su sobrino por afecto.

—Yo me encuentro cansado y un poco aturdido pero bien. Harry estaba llorando porque se sentía extraño en su nuevo ambiente. Ahora está tranquilo al estar con Lily, pues el latido de su corazón junto a él lo hace sentirse en un sitio conocido, seguro y lleno de afecto. También reconoce algo de James, pero… es distinto. Es… No sé cómo explicarlo. A Lily ya no puedo percibirla. —le respondió con la mayor sinceridad y serenidad posibles.

—Entonces el vínculo es de Marte con Harry. —aseveró Remus.

—Es algo que descubrieron hace un par de semanas Neptuno y Marte, pero de lo que no nos hablaron al no estar seguros. No lo comprendieron hasta que Alice presentó los primeros dolores de parto. —le explicó Sirius a su esposa, al ver que los miraba a todos interrogante.

—Quiero examinarte y saber si puedes tomar más poción para dormir sin soñar. Si no es así te duermo con el hechizo. Necesitamos que descanses para que te recuperes de la extraña experiencia que viviste con el parto. —le dijo Jennifer con cariño, pero firmeza, al chico de pelo negro y ojos esmeralda. Sonrió al verlo suspirar y asentir.

Sirius y Remus le explicaron en susurros a Angelica lo que vivieron con el chico horas antes mientras su amiga daba a luz, en el pasillo. Estaban esperando a que Jennifer concluyese con el examen a la versión adulta del hijo de sus amigos, luego de asegurarse que las hijas de ellos y los otros chicos se acostaban a dormir.

—Estará totalmente bien después de dormir profundamente varias horas y desayunar apropiadamente. —salió anunciándoles Jennifer con una gran sonrisa.

—Con lo que ahora sabemos ya tenemos una fecha aproximada de la situación que obligó a nuestros hijos a retroceder en el tiempo. —aseveró Sirius.

—Y ahora que tenemos la certeza de quiénes son debemos hacer lo que esté en nuestras manos para cambiar el rumbo de las cosas, de modo que Diana no vaya a un orfanato ni Electra padezca la licantropía ni un solo día de su vida. —afirmó Remus mirando a su esposa, sonriendo al ver que le apretaba la mano y asentía con una mezcla de resolución y alegría en su mirada.

Angelica los miró nerviosa pero asintió. Eso iba en contra de lo que le había enseñado Raymond, sin embargo no había percibido nada extraño con su don especial como se suponía ocurriría si quebrantaban esa ley natural. Recordó lo que les dijo Charlus sobre la enseñanza de la mamá y pensó que probablemente era eso lo que sucedía, eran ellos y no los chicos los que habían decidido cambiar las cosas en beneficio de sus hijos.

—Debemos ayudarlos a recobrar la memoria y devolverlos a su tiempo lo antes posible, antes que modifiquemos cualquier cosa y los afectemos de formas desconocidas. —planteó pensativa Jennifer.

—Son casi dieciocho años. No sé cómo se puede hacer un viaje en el tiempo así. —replicó Sirius mirando interrogante a su esposa y su cuñada, pues no sabía si los Cundáwans sabrían cómo.

—Hay una forma, pero primero debe tumbarse el bloqueo temporal. —le respondió con sinceridad pero cautela Angelica.

—Será mejor que nosotros también vayamos a descansar las horas que faltan para que amanezca. Los elfos nos avisarán si Harry, Lily, James o los chicos necesitan algo. —sugirió Jennifer, retirándose cada pareja a sus cuartos.

—Buenos días James. Venimos a despedirnos, debemos irnos ya. —le dijo en tono suave pero firme Harry a su padre apenas abrió la puerta del cuarto, acompañado de sus amigos y tomado de la mano de su novia.

—Buenos días Harry… Pasen a ver a Harry… y a Lily, luego bajen a desayunar y después hablamos. —le respondió James en un tono similar, habiendo hecho una leve pausa inconsciente luego de nombrar al chico y también luego de nombrar al bebé.

—Nosotros vamos a seguir llamando a mi novio Marte para no confundirnos al nombrar Harry a tu bebé. Esperamos que no les moleste. —le dijo Ginny a James después que su novio suspirase y asintiese, mientras entraban al cuarto.

—Es una buena idea, así no me sentiré extraña cuando le pida a James que me ayude a cambiar a Harry y ustedes estén presentes. —afirmó Lily en tono burlón. Sonrió al ver que su hijo se ponía rojo como un tomate y su esposo se reía abiertamente de la reacción del chico.

—Es muy lindo el bebé. —comentó Hermione con ternura.

—Has cambiado muchísimo, amigo. Perdiste tu encanto. —bromeó Ron, esquivando con habilidad el golpe que su mejor amigo le envió.

—Muy gracioso —replicó Harry, fingiendo molestia pero agradeciéndole con la mirada el que intentase distender el ambiente con el comentario—. Los pasamontañas. —ordenó cuando escuchó voces que se acercaban por el pasillo y percibió con sus dones que sus tíos y sus padrinos venían acompañados.

—Buenos días. —entró saludando con una sonrisa Catherine.

—Buenos días —saludó en seguida Charlton—. Han madrugado a conocer al bebé y comprendo su curiosidad, pero ahora deben salir todos porque vamos a examinar al pequeño y a la madre.

—Además no deben estar más de cuatro personas en el cuarto, James. —le recordó la medimaga mientras tomaba al bebé en sus brazos.

—No se repetirá de nuevo. —aseguró el aludido de inmediato.

—Los dos están en perfectas condiciones. —les dijo el medimago minutos más tarde cuando salió del cuarto, mirando con curiosidad a los chicos que ocultaban sus rostros pero que estaban felices con la noticia según se deducía de sus sonrisas y miradas.

—Bajemos a desayunar, chicos. Dotty les subirá el desayuno a Lily y a James. —les indicó Angelica, sonriendo al verlos asentir.

James intercambió miradas significativas con Remus y Sirius en cuanto los chicos no lo estaban mirando, girándose en seguida a hablar con los medimagos para distraerlos en caso de que no fuese necesario llegar al plan B.

—Una vez más les agradezco que aceptasen venir y que hayan atendido tan bien a mi esposa y mi bebé, así como la forma en que manejan la situación con los chicos. —les agradeció James a la pareja de medimagos.

—Lo hemos hecho con gusto. —le aseguró Catherine con una sonrisa.

—Cuando necesiten de nuestros servicios como medimagos, u otra cosa, sólo tienen que decirlo cualquiera de ustedes. —aseguró Charlton mientras estrechaba la mano de James.

—No lo vayan a tomar mal, chicos, pero Charl y yo queremos insistir en que Electra, Diana y Venus no deben seguir presentándose en las batallas si ustedes insisten en seguirlo haciendo. —les dijo Catherine en tono de regaño apenas terminaron de desayunar. Ella y su esposo les habían estado explicando a todos sus acompañantes, mientras comían, los cuidados que requería un bebé durante sus primeros meses.

—Les agradecemos su preocupación y les aseguramos que los diez hacemos lo posible por cuidarnos. Pero sabemos desenvolvernos bien con nuestras varitas y estamos decididos a hacer todo lo posible para detener a Lord Voldemort y quienes lo siguen. —le respondió Harry en tono respetuoso. Le sorprendió gratamente que los Brown no reaccionasen ante el nombre del enemigo, como lo hacían normalmente la mayoría de brujas y magos.

—Ninguno de los diez está bien de salud. No sólo no han recuperado sus memorias, sino que tienen dolores de cabeza según nos ha dicho Jennifer. Especialmente tú —lo siguió regañando la medimaga con el ceño fruncido—. Los pulmones de Diana están severamente lastimados y Electra ya fue herida de gravedad. Si estuviesen bien de salud estaría de acuerdo en lo que han dicho, pues sabemos que se desenvuelven bien en las batallas, pero no es así.

—También han atraído sobre ustedes la atención del enemigo por lo que sabemos, atacándolos con igual o mayor ferocidad que a los aurores —continuó con tono serio el medimago, luego que las dos chicas nombradas por su esposa bajasen la cabeza y los otros permaneciesen en silencio—. Comprendemos su temor a ir al hospital por las razones que nos han explicado, así que Cath y yo queremos plantearles que se pongan en tratamiento con Jennifer y nosotros dos en nuestra casa en Bristol. Una vez recuperados y ubicadas sus familias podrían seguir o no participando en las batallas, dependiendo de lo que ellos digan.

—Les agradecemos mucho la ayuda que quieren darnos, pero el Ministerio ha dado órdenes de capturarnos y los meteríamos en problemas. —le respondió Harry con tono de disculpa, muy nervioso.

—Ellos no saben quiénes los han estado ayudando hasta ahora y no tienen porqué saber que Catherine y yo les estamos dando asistencia en medimagia. —replicó Charlton.

—Nosotros no recordamos casi nada de nuestras vidas, pero tenemos muy claro que prometimos luchar contra asesinos como Voldemort y sus seguidores siempre que pudiésemos hacerlo —explicó Neville, pues notó que Angela y Harry guardaban silencio por las miradas de Angelica y Sirius sobre ellos—. Agradecemos la ayuda que nos han dado hasta ahora los Potter y sus amigos, así como la que ustedes nos están ofreciendo, pero no dejaremos de combatir a quienes hacen tanto daño.

—Sólo nos estamos presentando en las batallas en que la proporción de enemigos de la paz es muy alta o se presentan los más peligrosos —agregó en tono suave Luna, al callarse su novio por las miradas de regaño que le dirigieron los Lupin y los Black—. También vigilan Electra y Venus que cumplamos con el tratamiento que nos aconsejó Jennifer la última vez que nos examinó.

—Lo cual fue hace más de dos meses, justo antes que huyesen de aquí al recuperarse Electra de sus heridas. Pero los diez siguen teniendo serios problemas de salud. —explicó la gemela que próximamente se graduaría en medimagia.

—Una lección básica en Defensa Contra las Artes Oscuras es que no se debe combatir en malas condiciones de salud ni en terreno controlado por el enemigo y desconocido para uno. —intervino serio Remus mirando fijamente a su hija, que al notarlo de reojo se mordió el labio inferior y se encogió levemente en la silla.

—Es por eso que Marte, Neptuno, Diana, Electra, Venus, Leto, Gea, Mercurio, Júpiter y Urano regresarán hoy mismo a esta casa, quedándose con Harry y Lily, bajo la supervisión en medimagia de nuestros amigos y sin volver a participar en batallas. —anunció con firmeza James que venía entrando al comedor, mirando fijamente a su hijo mientras hablaba.

—Nos fuimos de esta casa porque no queremos generarles problemas al no poder responder preguntas sobre nuestras identidades, pues no conocemos las respuestas —respondió Harry con tono suave, luego de tragar saliva—. Les agradecemos muchísimo toda la ayuda que nos han dado hasta ahora y la que nos ofrecen, pero los meteríamos en problemas si regresamos a esta casa luego de la orden que ha dado el señor Crouch de arrestarnos.

»Sé que tienen razón también en gran parte en lo que han expuesto sobre nuestra participación en las batallas, pero esperamos que comprendan que queremos evitar que lastimen seriamente a otros y es por ello que nos presentamos —expuso con cuidado mirando a los Brown. Tragó saliva al oír el gruñido bajo de inconformidad de su padrino—. Sin embargo no somos tan obcecados para no comprender que tienen razón en gran parte. Si están de acuerdo vendremos todos los días durante dos horas. Además no volverán a participar Diana, Electra y Venus en ninguna batalla, a menos que las convoquemos para que nos ayuden a salir de una emergencia que no podamos manejar nosotros siete solos.

—Olvídalo. —protestaron de inmediato las tres.

—Chicas… —intentó ayudar Hermione a Harry, pues comprendía que debían ceder un poco por la mirada de los padres de sus amigos.

—Lo que dije sobre volver los diez a esta casa y no participar más en batallas no es negociable para ninguno de ustedes —la interrumpió James—. De lo único que hablaremos será sobre lo que harán aquí mientras están bajo la supervisión en medimagia de Jennifer y los Brown.

—Perdona James, pero tú no puedes obligarnos a quedarnos. —le contradijo Harry serio, incorporándose.

—¿Llego a tiempo? —entró preguntando agitado Frank.

—Justo a tiempo, amigo. —le respondió Sirius incorporándose, al igual que Remus.

¡Evanesco pasamontañas! —desapareció James rápidamente con un hechizo lo que estaban usando los chicos para cubrir sus rostros.

¡Accio Varita! ¡Accio Varita! ¡Accio Varita! —convocaron simultáneamente Remus, Sirius y Frank las de los diez chicos.

Angelica y Jennifer los estaban bloqueando con un hechizo muy fuerte de Magia Antigua, aunque fingían hacerlo con sus varitas, aprovechando conscientemente el que eran gemelas e inconscientemente el que la energía de la primera estuviese en ellos, por el sentimiento de protección por amor maternal con que estaban actuando.

—¡¿Están locos?! —exclamó Harry casi cinco minutos después, cuando pudo reaccionar. Se había quedado lívido y paralizado por la sorpresa, más que por el hechizo de las gemelas, al igual que sus nueve compañeros.

—Ante la magia reclamo mi derecho por sangre a mantener recluido por su propia seguridad en esta casa a Marte, pues es mi hijo. —declaró muy firme James, sonriendo cuando chispas doradas surgieron alrededor de los dos durante unos minutos.

—Ante la magia reclamo mi derecho por sangre a mantener recluido por su propia seguridad en esta casa a Neptuno, pues es mi hijo. —declaró en seguida Frank mirando fijamente a Neville.

—Ante la magia reclamo mi derecho por sangre a mantener recluida por su propia seguridad en esta casa a Diana, pues es mi hija. —le siguió rápidamente Sirius mientras veía a los diez chicos palidecer aún más y empezar a denegar.

—Ante la magia reclamo mi derecho por sangre a mantener recluida por su propia seguridad en esta casa a Electra, pues es mi hija —afirmó Remus nervioso pero decidido mirando a su hija, que parecía a punto de desmayarse—. También declaro que la joven Leto es mi prima y por lo tanto reclamo mi derecho por sangre a retenerla en esta casa por su propia seguridad. —agregó mirando a la chica, pensando en lo extraño que era Derek Lovegood, el primo hermano de su padre que según le había dicho Sirius la noche antes era probablemente el padre de la chica. Lo habían deducido por el gran parecido de ella con Mary Starnight, lo que acababan de confirmar las chispas doradas que los rodearon a los dos.

—Ante la magia declaramos que Venus, Urano, Mercurio y Júpiter son primos nuestros por sangre, reclamando ante la magia nuestro derecho a recluirlos en esta casa por su propia seguridad. —agregaron a coro James y Sirius, sonriendo con expresiones de triunfo al ver que funcionaba. No habían estado seguros que la vieja ley aplicase con ellos, pues los lazos de sangre entre todas las familias puras existían pero con los Weasley no eran tan cercanos en las últimas generaciones.

—¿Qué significa todo esto? —preguntó Charlton cuando los vio bajar las varitas un poco, mirando al igual que su esposa alternativamente al líder de los chicos y al padre del niño recién nacido.

—Teniendo desde que nacieron Neville y Harry —empezó a responderle James señalando a cada uno de los chicos, que abrieron aún más sus ojos— la certeza que ellos son nuestros hijos, llegados a nuestro tiempo malheridos y quemados en febrero de este año sin que podamos aún saber la razón debido al problema con sus memorias, hemos decidido usar un hechizo de una antigua ley mágica para mantenerlos fuera de peligro mientras logramos devolverlos a su época lo más sanos posible.

—Nos hemos atrevido a hacerlo estando ustedes presentes porque confiamos plenamente en los dos y porque debíamos hacerlo antes que volviesen a irse de la casa. —siguió Jennifer.

—Pero como comprenderán absolutamente más nadie debe saber quiénes son ellos. —afirmó seguidamente Angelica.

—Sólo con Gea no sabemos si existe algún tipo de lazo sanguíneo, pero suponemos que no se irá de aquí sin sus compañeros. —continuó Frank mirándola con el ceño fruncido, pues notaba que miraba a todos analíticamente con la respiración levemente agitada.

—¿Electra, Diana, Neptuno y Marte son hijos de ustedes cuatro? —preguntó Charlton que aún no lograba asimilarlo, al igual que su esposa, necesitando que le confirmasen lo que acababa de oír.

—Sí, ellos… —empezó a responderle Jennifer.

—Tranquila mi amor, lo resolveremos. Tranquila, respira. Shhh, todo va a estar bien, te lo prometo. —le empezó a decir George a Angela rápidamente, preocupado, abrazándola mientras buscaba en el bolsillo de su pantalón un vaso de poción para los pulmones.

—Tranquila pequeña, no tienes porqué ponerte así. Todo estará bien. —le dijo Sirius precipitándose hacia ella muy asustado.

Las miradas aterradas de Jessica y Angela a los Brown mientras denegaban, además de la percepción que sus novios y sus amigos tenían de la leve fluctuación de la energía por el don tan especial, les daban una muy buena idea de lo que estaba pasando por sus mentes.

—Diana, Electra, tranquilas, Júpiter, Marte, Urano y yo resolveremos la situación con ayuda de Venus, Neptuno, Leto y Mercurio. Confíen en mí. —aseguró Hermione apretando levemente la mano izquierda de Angela entre las suyas, mirándola fijamente mientras le hablaba. Sonrió al verla asentir y empezar a calmarse un poco.

George, Harry y Ron comprendieron lo dicho en forma encubierta por la castaña, al igual que Angela. Aprovecharon de inmediato que, además de tener el don de Percibir e Influir Pensamientos, eran guardianes de las barreras al don del Manejo de la Energía de la chica de pelo negro para que los ayudase con el suyo, que aún no sabían usar completamente, e incluir a los esposos Brown en el lazo de control mental. Además unieron al control de éste a ellos mismos, a Ginny, a Neville, a Luna y a Fred, para aliviar la tensión energética en la chica.

Angelica percibió lo que estaban haciendo, asombrada. Ni siquiera intentó detenerlos porque comprendía lo que querían, después de percibir la fluctuación en la energía del espacio‑tiempo, porque estaba paralizada por la sorpresa y porque la fuerza que percibía era tal que no estaba segura de poder impedirlo aunque quisiera. Le siguió acariciando la cabeza a su hija mientras su esposo le daba a beber la poción y el pelirrojo la sostenía, tranquilizándose al ver que no se le agravaba la crisis.

Jennifer y Remus estaban junto a su hija, que el novio sostenía abrazada al casi haberse desmayado con la impresión de lo ocurrido, intentando los tres tranquilizarla un poco.

—Tranquila Diana, nosotros no diremos nada y ustedes estarán bien aquí con sus padres y nosotros cuidando de ustedes. —le dijo con dulzura Catherine mientras la examinaba con su varita, mirando intrigada la poción que le estaban dando.

—Mi esposa tiene razón. Calma Electra. Vamos a cuidar de ustedes y devolverlos sanos y a salvo a donde pertenecen. —le aseguró Charlton. Convocó de su maletín un envase con poción tranquilizante y otro con revitalizante. Preparó con habilidad una mezcla adecuada de ambas para hacerles tomar a los diez chicos, en dosis diferentes según los evaluaba rápidamente. James, Sirius, Remus, Frank y Angelica los ayudaron a Jennifer, su esposa y él a dárselas.

—Nos alegra ser sus familiares, pero si alguien más se entera… Si afectamos de alguna manera la forma en que sucederán las cosas sin saberlo… —intentaba explicarle Luna a Frank asustada, sin beber la poción que intentaba darle por la agitación que tenía—. Nos aterra que el traidor de su grupo use la información o…

—Shhh, tranquila, nada de eso va a pasar. Bebe la poción, tranquila. Cuando James nos planteó hacer esto también decidimos cuáles medidas de precaución tomaríamos. —le dijo el auror castaño con tono suave.

—Tú… Tú fuiste el de la idea… Tú… —Harry miraba a su padre con una mezcla de furia, angustia y afecto fraterno, aunque lo último no lo admitiría ni a si mismo en ese preciso momento. Se sentía muy extraño por recibir por primera vez en su vida una muestra de protección paternal consciente y premeditada de parte de James Potter, ya sabiendo éste con seguridad que era su hijo.

—Sí. Tengo que evitar que sigan presentándose en batallas. Especialmente que tú te sigas enfrentando al enfermo mental que se hace llamar Lord Voldemort. —le respondió James con expresión de regaño.

—SON MAMÁ Y TÚ LOS QUE NO PUEDEN VOLVER A ENFRENTARLO. —explotó Harry, siendo sujetado de inmediato por Ron al ver que avanzaba contra el padre.

—Tu mamá no saldrá de casa en varios meses y yo la convenceré de cuidarte en lugar de ir a batallas. En cuanto a mí, soy un auror perfectamente capaz de cuidarme solo y tú no puedes decirme qué hacer y qué no. —respondió James empezando a enojarse.

—Y TÚ NO PUEDES DECIRME A MÍ… —intentó replicar Harry.

—CLARO QUE SÍ PUEDO. ERES MI HIJO. ES MI DEBER Y MI DERECHO HACER LO NECESARIO PARA QUE ESTÉS A SALVO, PORQUE AUNQUE SEAS MAYOR DE EDAD NO ESTÁS BIEN DE SALUD. —lo interrumpió enojado James.

—NO PUEDEN ENCERRARNOS AQUÍ. NOS PONEN EN PELIGRO A LOS DIEZ. ¿NO TE ENTRA ESO EN TU CABEZOTA? —continuó enojado Harry, mientras Ginny se interponía entre los dos y Hermione se unía a Ron en intentar retenerlo.

—NO SÓLO PODEMOS ENCERRARLOS EN ESTA CASA SINO QUE YA LO HEMOS HECHO —respondió James furioso, mientras Remus y Frank lo retenían por los brazos—. PORQUE NO QUEREMOS QUE ESTÉN EN PELIGRO ES QUE LO HEMOS HECHO, ASÍ QUE OBVIAMENTE VAMOS A TOMAR MEDIDAS DE SEGURIDAD ADICIONALES A LAS QUE YA TENÍAMOS. POR ÚLTIMO, SOY TU PADRE Y NO PERMITO QUE ME VUELVAS A ALZAR LA VOZ.

—Harry, ya cálmate. Estás agitando de nuevo a Diana. —le dijo muy serio Sirius apretándole el hombro izquierdo, clavando sus ojos grises en las esmeraldas del chico cuando se giró furioso a mirarlo.

Hermione, Ron y Ginny soltaron gradualmente la sujeción sobre él al notar que, ante las palabras y mirada del padrino, cesaba en sus intentos de ir contra el padre. Harry estaba tomando inspiraciones profundas para serenarse. Aún tenía el ceño fruncido y en sus esmeraldas se podía ver un brillo peligroso, pero era evidente que estaba de nuevo bajo control.

—James, amigo, calma. Esto no es fácil para ellos, especialmente para Harry luego de todo lo que ha ocurrido desde que llegaron aquí. —le recordó Remus con el tono suave y sereno que siempre usaba para hacerlo entrar en razón.

El líder de Los Merodeadores respiró profundamente y asintió, soltándolo sus amigos al verlo ya tranquilo.

—Desde hoy se quedarán en las habitaciones grandes del cuarto piso que dan hacia el jardín y nadie excepto los presentes, Alice y Albus podrá pasar del primer piso, tanto por la seguridad de mi pequeño Harry como por la de ustedes. Albus debe llegar en cualquier momento para yo hablar con él y establecer esa protección. —explicó James con tono serio.

—De hecho hemos llegado hace algunos minutos los dos, sellando él la casa luego que llegáramos. No pudo impedir que yo estuviese aquí y me enterase de todo porque no se esperaba la situación. —intervino Benjy desde la puerta del comedor, con el director a su lado mirándolos a todos muy serio.

—¡Genial! —exclamó Ron al verlo, sin poder contenerse.

—¿Accederían los señores Brown y el señor Fenwick a hacer un Pacto de Silencio con Marte para que podamos estar tranquilos? —preguntó Hermione mientras retenía a su mejor amigo por el brazo, luego que este gruñese entre dientes e intentase avanzar hacia su padre. Mientras hablaba empezó a unir al inefable al lazo de control mental, ayudándola de inmediato Harry, Ron, Angela, George, Luna, Neville y Jessica al percibirlo.

—Seguro. —aceptaron los tres a coro.

Luego de hecho el Pacto de Silencio en presencia del director y que éste pusiese la barrera nueva en la casa, Benjy y él subieron al tercer piso a visitar a Lily y el bebé con James, mientras los demás subían a acompañar a los chicos a las habitaciones del cuarto piso. Ahí dormirían desde ese día con la misma distribución que habían tenido en el primer piso mientras se quedaron allí.

—Podrían darnos acceso al sitio en que se estaban quedando para ir a traerles sus cosas. —planteó Jennifer con tono suave.

—Irá Gea a buscar lo estrictamente necesario para que nos desenvolvamos mientras debamos permanecer encerrados aquí. —gruñó Harry.

—Cuando te calmes y pienses mejor las cosas comprenderás que hicimos lo mejor para ti y para tus nueve compañeros —le dijo Frank con tono de regaño—. Mientras tanto no será necesario que traigan nada, James y yo les proveeremos lo que necesiten.

—Se los agradecemos pero, aún con su oferta, yo debo ir a buscar al menos la poción que necesita Diana y los regalos que le habíamos buscado al profesor Dumbledore para su cumpleaños. —lo contradijo Hermione con tono sereno pero firme.

—Si nos permites el acceso podríamos ayudarte a traer no sólo eso sino todas sus cosas, para que estén más cómodos. —intentó Angelica con tono suave.

—No es necesario, gracias. —replicó la castaña en el mismo tono.

—Esa poción extraña que le dieron a Diana la ha ayudado mucho —comentó Catherine, tanto para ayudar a destensar un poco las cosas como por la curiosidad que le generaba—. Nos gustaría a mi esposo y a mí analizarla para averiguar cómo producir más y tal vez mejorarla para curarla definitivamente.

Los diez chicos se miraron y suspiraron, asintiendo todos. Ginny se sentó junto a ellos para explicarles cómo la preparaban y el efecto que tenía en su amiga, así como la no reacción con otras pociones hasta donde sabían. Jennifer se unió a la conversación desde la silla junto a la cama donde descansaba su hija, acariciándole la cabeza. Las habían recostado a las dos a pesar de sus leves protestas, para que se recuperasen un poco de la fuerte tensión nerviosa a la que se habían visto sometidos todos.

Angelica, Sirius, Remus y Frank vieron nerviosos como Harry se llevaba a la castaña a la habitación al frente para hablar con ella, pero no intentaron sobrepasar la pequeña barrera que conformaron los otros chicos para no ponerlos más nerviosos. Permanecieron junto a la ventana ellos tres mientras ella seguía tarareando en voz baja a su hija la nana de su raza. Sonrió al ver que se adormecía.

Varios minutos después regresó solo el chico al cuarto en que dormirían su novia y sus amigas.

—Gea demorará un poco en organizar lo que traerá. Volverá en un par de horas. —anunció Harry apenas entrar al cuarto, brillando sus esmeraldas.

James, que venía llegando al cuarto con Benjy y Albus, frunció el ceño al igual que sus compañeros en el plan para retenerlos. No habían logrado averiguar aún nada de la castaña para poder mantenerla en la casa de alguna manera y no les gustaba que precisamente ella se les hubiese escapado.

—Si están de acuerdo vendremos día por medio a la hora de la cena para examinarlos y hacer lo posible para ayudarlos a mejorar en su salud. —planteó Charlton.

—Se los agradecemos mucho. —respondió James, justo cuando su hijo empezaba a abrir la boca. Sonrió al ver que éste fruncía el ceño y cruzaba los brazos frente a su pecho pero guardaba silencio.

—Nosotros debemos irnos ya, vamos un poco tarde para la guardia. Dorothy Fleming y John Snow nos están cubriendo, pero no debemos abusar de la paciencia de Daryll Harris. —explicó Catherine con una sonrisa.

En seguida todos empezaron a despedirse de ellos, agradeciéndoles sus atenciones. Jessica y Angela también lo hicieron desde las camas donde las retenían sus mamás, mirándolos con cariño.

—Vendré a la hora de la cena, como me ha pedido Lily, pero no puedo quedarme mucho. Mañana vendré con más tiempo para hablar con ustedes un rato con calma y ver en qué forma puedo ayudarlos. —se despidió el inefable con cautela, pues notaba que el ambiente aún estaba muy tenso.

—Gracias señor Fenwick. Con mucho gusto hablaremos con usted sobre lo poco que recordamos y nos sinceraremos con varias cosas que tuvimos que ocultar, por razones de seguridad. Hasta luego. —le respondió Harry en nombre de los chicos, en tono serio pero sin reflejar molestia con él.

—Yo debo volver ya al colegio, pero vendré a hablar con ustedes esta noche. —les dijo con tono de regaño el director, mirando al joven líder de los chicos.

—Sí señor. Hasta la noche. —le respondió Harry serio.

—Nosotros también debemos irnos ya al Ministerio. Intenten tranquilizarse y descansar un poco. Vendré con Neville y Alice en un par de días. —se despidió Frank.

—Por favor transmítale de nuevo a su esposa nuestras felicitaciones por el bebé y nuestros mejores deseos para los dos. —le respondió muy serio Harry.

—Hasta luego señor Longbottom. —dijeron seguidamente los otros, incluido Neville.

El auror frunció el ceño y suspiró antes de responderles.

—Hasta pronto chicos.

—Descansa y mantente tranquila. Tu tía estará contigo y me avisará de inmediato si tú o tus amigos necesitan algo. —le aconsejó con cariño Sirius a su hija.

Angela se limitó a sonreírle y asentir.

—Hablaremos a la hora de la cena, intenten descansar un poco. —se despidió serio James, murmurando entre dientes al oír la respuesta de su hijo en nombre de todos los chicos.

—Hasta luego señor Potter.

—Angelica y yo también debemos irnos ya. Piensen las cosas con calma y hablamos sobre su nueva situación con serenidad a la hora de la cena. —les aconsejó Remus luego que salieron sus amigos. Suspiró al verlos asentir en su dirección con expresiones serias y despedirse tan formalmente el hijo de James en nombre de todos.

—Hasta luego señor Lupin, señora Black.

—¿Podemos bajar a la biblioteca, señora Lupin? —preguntó Neville serio, apenas salir ellos del cuarto.

—En realidad preferiría que descansasen un poco, chicos. Están muy tensos y eso puede hacerles daño —les dijo con tono suave Jennifer. Suspiró al ver que se enojaban más—. Claro que pueden ir si quieren, pero si lo que van a buscar es la ley y el hechizo que usamos para retenerlos aquí desde ahora les digo que no lo van a conseguir.

—Señora Jennifer, la señora Potter le pide que suba al cuarto porque el niño estaba muy inquieto hace un rato y se acaba de alterar de nuevo. —le transmitió Idun apenas aparecer.

—Si la conexión está funcionando en los dos sentidos estás alterando al bebé, así que toma poción tranquilizante y descansa un rato. —le ordenó al chico de pelo negro, saliendo del cuarto luego de verlo asentir.

—He discutido a gritos con mi padre y aún tengo ganas de hacerlo, alterando además a mi versión pequeña. ¡Es genial lo que se ha desatado con nuestros nacimientos! —gruñó Harry mientras su novia le buscaba la poción.

—Ni que lo digas. —confirmó Neville, que también estaba muy enojado y angustiado. Hasta ahora se había dedicado en las batallas a mantener a Voldemort y los Lestrange lejos de sus padres.

—Y todo esto es culpa de James. ¿Alguna buena razón para no golpearlo en cuanto lo vea de nuevo? —preguntó Harry al aire.

—Sí, una muy buena. Es tu padre y actúa exactamente como tú lo habrías hecho en su lugar. —le respondió Ginny mientras le entregaba un vaso con agua y poción tranquilizante.

—Buen punto. —aceptó Harry luego de gruñir, bebiéndose seguidamente lo que le había dado para no seguir afectando al bebé.

—Menos mal que no encerraron a mi novia también. Es muy lista, buscará como sacarnos de este problema. —afirmó Ron.

—De hecho ya sospechaba que nos habrían bloqueado la información que necesitamos aquí, porque me dijo que iba a averiguar si podía acceder a un par de lugares para investigar después sobre la ley y cómo contrarrestar el hechizo. —les contó Harry luego de tomarse el agua, sintiéndose menos tenso tanto por la poción como por los ejercicios que empezaba a hacer de relajación.

—El problema es que investigando ella sola le llevará más tiempo que si pudiésemos ayudarla todos, así que tendremos que extremar precauciones mientras no podamos irnos de aquí. —afirmó Ron. Los otros ocho suspiraron al oírlo antes de asentir.

A la hora de la cena le hicieron una pequeña celebración a Albus Dumbledore por el cumpleaños, en que diez chicos muy serios y formales le entregaron los regalos que le habían buscado con mucho respeto.

El director ya había hablado con ellos para regañar a Harry por su reacción con el padre, que sólo había buscado una forma de mantenerlos a salvo, e intentar suavizar las cosas entre los dos grupos de jóvenes. Pero no consiguió mucho, pues los padres de los chicos estaban molestos por la actitud fría y hostil de los hijos. Alice y Lily los habían mirado a todos intrigadas todo el tiempo. Los dieciséis que estaban molestos entre si se esforzaron para hacerle pasar un rato grato al cumpleañero, especialmente las hijas y las nietas, pero era difícil con la evidente tensión entre ellos.

El inefable cenó con ellos y compartió la pequeña celebración apenas unos minutos, pues se retiró por su trabajo. Había detallado a todos en silencio, pensativo.

Esa noche, cuando todos estaban "durmiendo" en sus cuartos (realmente hablando de todo lo ocurrido), Angelica y Sirius se desplazaron sigilosamente hasta la habitación matrimonial de los Potter y hablaron con ellos para que les permitiesen reconocer ante la magia a Harry como hijo de ambos, convenciendo Angelica a Lily luego que James aceptase con una gran sonrisa. Les dijeron que luego lo hablarían con los otros cuatro para que lo hiciesen luego así con sus respectivos ahijados, a medida que fuesen naciendo y se convirtiesen en padrinos unos de los bebés de los otros.

Lily y James de hecho lo hicieron con Neville, pero Jennifer y Remus no llegaron a enterarse porque no se llegó a dar el nacimiento del segundo hijo de los Potter. Él no llegó a saber que su esposa y su cuñada estaban embarazadas, por lo que no se pudo dar nunca lo que habían planeado.

El domingo en la mañana Lily salió del cuarto apoyada en su esposo y el que ese día se convertiría en el padrino de su hijo, mientras que la que en unas horas sería la madrina llevaba al bebé en brazos. Había decidido bajar a desayunar porque ya se había dado cuenta que los diez chicos eran muy dulces y amables con ella, pero más fríos que el hielo con los otros. Sabía todo lo ocurrido porque Benjy se lo había contado con detalle el día anterior, luego de hablar con los chicos.

Los jóvenes le habían dicho lo que recordaban de la forma en que llegaron a esa época (la versión que sabían quienes los habían cuidado hasta ahora). El moreno les había ofrecido ayuda en investigar la forma de que volviesen a su propio tiempo. Los chicos le explicaron también que habían inventado la situación de Bristol porque no tenían cómo explicar el que ellos apareciesen en el colegio, un lugar al que no se podía acceder según les había dicho el director. El inefable había escuchado en silencio eso y lo demás que le contaron los chicos. Los jóvenes le dijeron que confiaban en que él no era el espía por la forma en que Angelica lo hacía, pues les parecía que era muy intuitiva.

Esto hizo sentir incómodos a James, Sirius y Remus, pues entendieron que le cerraban las puertas al cuarto Merodeador por el rechazo de su amiga, pero no dijeron nada porque las cosas con los chicos ya estaban demasiado tensas.

Harry había sufrido muchas veces en carne propia la "ley del hielo" de parte de su primo y sus tíos muggles, por lo que no le agradaba aplicársela a su papá y sus tíos por afecto, pero lo prefería a explotar contra ellos. Además así no se alteraba y por lo tanto no afectaba al bebé, que ya habían comprobado lo percibía a él si las emociones eran fuertes.

—Buenos días chicos. —los saludó Lily radiante al entrar al comedor, fingiendo no darse cuenta del aspecto rígido de los chicos de pie junto a las sillas. «¡Rayos! Parecen soldados en un cuartel de las películas de guerra muggle».

—Buenos días Lily. —le respondieron todos con tono suave.

—Buenos días chicos. —intentó James con una sonrisa, que se desdibujó al ver y oír sus respuestas secas y formales.

—Buenos días señor Potter.

—Buenos días. —entró saludando sonriente Alice, apoyada en Frank y Remus. Sus ojos grises se llenaron de ansiedad al notar sus semblantes.

—Buenos días Alice. Buenos días señor Longbottom. —saludaron los chicos con tono dulce a ella y con uno muy formal a él.

—Buenos días jóvenes. —los saludó serio Frank, molesto porque los chicos seguían igual con él y sus amigos. Había tenido la leve esperanza que ese día fuesen menos secos con él por su cumpleaños.

—Les presento a mi pequeño Neville. —les dijo ella con una suave sonrisa señalando al bebé en brazos de Jennifer, intentando distender un poco el ambiente.

—Se ve lindo y saludable. Felicitaciones. —le respondió Luna, sonriendo al ver de reojo que su novio se ruborizaba levemente. Recuperó rápidamente su semblante serio al notar que el suegro sonreía.

Alice y Lily se miraron de reojo y suspiraron al notar que sólo se sentaban luego que ellas se los indicasen.

Su comportamiento con ellas era normal, mientras con los otros seis era frío y distante. También lo era con el director luego que les dijese que el único libro de Hogwarts en que estaba la ley usada por James estaba en su oficina y no se los prestaría, al pedirle la castaña su permiso para ir a la biblioteca del colegio. Con Benjy su trato era formal pero amable.

Con los otros miembros de la O.D.F. se limitaban a monosílabos. Esto incluía a Minerva, que estaba molesta por eso, y a Alastor, que le faltaba poco para perder la paciencia con ellos. Aunque todos celebraban que los diez chicos estuviesen siendo retenidos en Deercourage "por un truco del muy listo James Potter", aunque no sabían cuál.

Después de diez minutos de un pesado silencio, seguidos de quince de frías formalidades de los chicos cuando les pedían su esposo y amigos que les pasasen algo, Lily empezaba a enojarse.

—Angelica y Sirius van a convertirse en unas horas en tus padrinos, mientras que Jennifer y Remus lo serán de tu hermanita o hermanito. ¿Qué opinas de la elección que tu papá ha hecho de las personas que te cuidarán a ti y a tu hermano o hermana cuando nosotros no estemos con ustedes por alguna razón? —le preguntó a su hijo frontalmente.

—Puesto que no tengo recuerdos no sé si la elección es buena o mala, aunque por lo que hemos compartido con ustedes sé que es la mejor que pudieron hacer. —le respondió Harry con cautela.

—Eso es porque los padres siempre tomamos las mejores decisiones posibles a favor de nuestros hijos. —replicó ella de inmediato mirándolo fijamente.

—Al igual que los hijos hacemos por nuestros padres en la medida de nuestras posibilidades. —le respondió él sosteniéndole la mirada.

—Sin embargo, es deber de los padres el cuidar de sus hijos y de éstos el obedecerles cuando les ordenan algo por su propio bien. —afirmó la pelirroja, brillando sus esmeraldas al ver que él fruncía el ceño pero no le respondía.

—Chicos, sé que están molestos por lo que hicieron Frank, James, Sirius y Remus con ayuda de Jennifer y Angelica, pero por favor pónganse en nuestro lugar —intentó Alice con tono suave, temiendo el estallido que habría si el hijo de su amiga no se dominaba y la hacía enojar aún más—. Llegaron aquí severamente lastimados, empezando a participar en batallas algunos de ustedes sin siquiera haberse terminado de recuperar, huyendo de esta casa y empezando de inmediato los diez a enfrentarse a esos asesinos, atrayendo la atención de Voldemort hacia ustedes, sin querer volver a estar bajo nuestra protección ni dejar de participar aunque se los hemos pedido. ¿Qué otra cosa podíamos hacer para evitar que se sigan presentando y los lastimen gravemente de nuevo?

—Sabemos pelear y cuidarnos. —replicó Neville con el ceño fruncido, pues lo había estado mirando a él desde que empezó a hablar.

—Electra ya salió gravemente herida. —hizo notar Remus.

—Al igual que James y tú. —acotó Ginny.

—¿Si fuésemos sus hijos no habrían hecho lo mismo? —planteó Angelica.

Nueve chicos gruñeron en voz baja mientras Hermione contenía con dificultad una sonrisa. Tenía dos días insistiendo a su novio y amigos en eso. Angela, Jessica, Luna, Ginny, Fred, George y Ron se habían unido al enojo de Harry y Neville, pasadas unas horas luego que los retuviesen en la casa con el hechizo, cuando lograron asimilar que los habían encerrado. Ella aún no conseguía información para salir de esa situación.

—A Alice y a mí nos dieron especiales muestras de sobre‑protección durante el embarazo y nos convencieron para ponernos a salvo. Entiendan que eso es exactamente lo que ellos han hecho por ustedes. —insistió Lily con un tono lleno de cariño y preocupación.

—Lo sabemos, pero nos desespera no poder ayudarlos. Justo como ocurrió ayer en la tarde, cuando Voldemort atacó de nuevo después de tantos días de inactividad. —le respondió Harry con sinceridad, su tono sin enojo reflejando además la angustia que habían vivido.

—Exactamente como nos hemos estado sintiendo nosotras dos desde que no hemos podido ir a batallas, sabiendo a nuestros esposos, amigos y ustedes en peligro. —le recordó Lily con suavidad. Le sonrió dulcemente al verlo suspirar y asentir.

—Angelica, Jennifer, Frank, Remus, Sirius, James, disculpen nuestra actitud. Nos tomaron por sorpresa inicialmente y después hemos estado muy nerviosos, temiendo que ustedes salgan seriamente heridos y nosotros no podamos estar presentes para ayudarlos. —se disculpó Harry en nombre de los diez, mirándolos de uno en uno mientras los nombraba, explicándose luego con sus esmeraldas fijos en los avellanas de su padre.

—Perdonados chicos, entendemos la situación —le sonrió James, feliz porque su esposa y su amiga hubiesen logrado calmarlos—. Nos gustaría que nos llamasen mamá y papá, pero eso podría crearnos problemas de seguridad cuando estén presentes nuestros amigos. Además que sería extraño cuando tenemos casi la misma edad. ¿Qué les parece si seguimos diciéndoles nosotros a ustedes por sus seudónimos y ustedes a nosotros por nuestros nombres?

—Esa es una buena idea. El respeto y afecto fraternal seguiría estando presente pero evitaríamos problemas con quienes no saben que somos sus familiares. —le respondió Harry con una sonrisa.

—¿Voldemort se presentó ayer? —se atrevió a preguntar Neville varios minutos después mirando a su padre, su preocupación evidente en su mirada.

—No. Fueron cinco ataques simultáneos con sólo mortífagos novatos o de poca experiencia. Horas después nos dimos cuenta que fue una distracción para robar algunos expedientes en el Hospital San Mungo. —le respondió con sinceridad Frank.

—Pero no tienen que preocuparse, chicos. No se llevaron nada importante y Crouch ha designado a dos compañeros para que vigilen en el hospital por algunos días. —les dijo de inmediato James al ver que palidecían.

—¿Qué se llevaron? —preguntó en voz baja Harry, sospechando lo que podría ser.

—Los registros de todos los pacientes durante la última semana, incluyendo nacimientos y muertes tanto dentro como fuera del hospital, pues todos los ocurridos en la Gran Bretaña deben ser reportados allí por órdenes del Ministerio. —respondió Jennifer pensativa. Se mordió el labio inferior al ver que la palidez de los diez chicos se acentuaba.

—Creemos que intentan rastrear de ese modo a alguien que hirieron en alguna batalla, o que logró escaparse de ser su prisionero —agregó Sirius mirándolos analíticamente—. Crouch nos ha dado órdenes de reunir de nuevo la información con ayuda de los medimagos y auxiliares. ¿Alguna idea de qué podría querer Voldemort?

Los diez denegaron, incapaces de hablar. Ellos sabían perfectamente lo que quería averiguar el enemigo: la identidad de los bebés nacidos a finales de julio que pudiesen cumplir con la parte de la profecía que ya le debería haber revelado el mortífago Severus Snape. Sin poder evitarlo miraron a los bebés. James palideció al notarlo, al igual que Frank. A ninguno de los dos les había gustado tener que reportar que sus hijos habían nacido en esas fechas.

—Tranquilos, ese loco no tiene ninguna razón para querer ir tras pequeños que no pueden hacerle nada —dijo rápidamente Sirius, queriendo calmar tanto a los que lo rodeaban como a si mismo—. Debe andar tras algún adulto que lo haya enfrentado. Tal vez quisiera saber sobre ustedes, luego que hiriesen a Urano en la última batalla en que se presentaron. Podría haberles ordenado a sus hombres que le llevasen todos los reportes desde que se presentaron la primera vez y ellos no alcanzar a robar todos los datos antes que la asistente diese la alarma sobre lo que estaba ocurriendo.

—Si es ése el caso no lograra averiguar nada porque ustedes nunca han ido al hospital, así que no hay peligro. —afirmó de inmediato Jennifer al ver que sus dos amigas estaban muy angustiadas mirando a sus bebés y a las versiones adultas alternativamente.

—Y si estaban buscando algo más no debemos preocuparnos sino seguir "alerta permanente", como le gusta decir a Alastor —agregó Angelica, fingiendo un tono levemente fastidiado—. Así le desbarataremos cualquier plan que tenga ese desquiciado.

—Olvidemos todo eso. Hoy lo importante es el cumpleaños de Frank y que en dos horas Angelica y yo nos convertiremos en padrinos de Harry, mientras Lily y James se convierten en padrinos de Neville. —dijo con una gran sonrisa Sirius, emocionado.

Al ver las expresiones de sorpresa del chico Alice y Frank sonrieron y asintieron.

—Angelica y Sirius serán padrinos de nuestro segundo hijo o hija. Jennifer y Remus no pueden serlo por el problema de él, para evitarles disgustos a nuestras familias si se llegan a enterar algún día. —les explicó Alice.

—Pero como nosotros no tenemos ése problema serán los padrinos de nuestro segundo hijo o hija. —afirmó de inmediato Lily.

—Y serán además de tíos los padrinos de Diana en cuanto nazca, a menos que tengas un hermano o hermana mayor. —le dijo Sirius a su hija.

—Así como nosotros lo seremos de Electra si es la primera en nacer. —aseveró James.

—Cath & Charl lo serán de nuestro segundo hijo o hija. — afirmó Jennifer apretando entre sus manos la izquierda de su esposo y mirando a su hija, pues ya lo había convencido de hablar con ellos sobre su licantropía y sabía que ellos aceptarían.

—Frank y yo lo seremos del segundo hijo de los Black. —completó Alice con una sonrisa.

Los ojos de los cuatro chicos se llenaron de lágrimas difícilmente contenidas, mientras sus respectivas parejas los abrazaban y la castaña tragaba saliva al igual que el novio. La abuela de Neville nunca le habló de padrinos y ahora sabían el porqué.

—Es muy emocionante verlos a los ocho tan unidos. —comentó Hermione tanto para expresar lo que sentía como para cubrir las reacciones de sus amigos.

—Así como lo es para nosotros el tenerlos aquí con nosotros. —aseguró Lily con una gran sonrisa, sus esmeraldas brillando con lágrimas retenidas mirando la versión adulta de su hijo frente a ella.

—Haremos todo lo posible por ayudarlos a recuperar su memoria y devolverlos totalmente sanos a su época. —afirmó Jennifer vehementemente.

—Una vez más les pedimos que perdonen nuestra actitud de estos días. —insistió Harry con la emoción evidenciándose en su voz.

—Tranquilo, fue lógica. Nosotros hubiésemos reaccionado igual o peor. —le respondió James guiñándole un ojo, sonriendo al ver que su hijo lo hacía.

Los dos bebés prorrumpieron en llanto en ese momento. Ocho chicos se giraron a mirar a sus dos amigos con expresiones que decían claramente "Cálmense que los están alterando".

—Tiene hambre. —se defendieron a coro Neville y Harry.

—Es muy útil tenerlos a ustedes dos cerca para saber lo que quieren los pequeños. —comentó Frank, que no había podido dormir casi las últimas noches a diferencia de James, pues varias veces no sabía interpretar lo que le pasaba al niño cuando se despertaba llorando. Por lo que le había dicho su amigo el hijo de éste los había estado ayudando en ese sentido, así como todos los chicos con el bebé.

—Charlton dice que estamos mimando en exceso a Harry. —les contó Jennifer.

«Que aproveche ahora cuando los tiene a ustedes. En cuanto lo lleven a casa de tía Petunia no volverá a tener eso», pensó la versión adulta del bebé.

—Pues mis padres lo hicieron conmigo y eso no me hizo ningún daño. —replicó James.

—Sólo te hizo un poco engreído, nada más. —comentó Angelica burlona.

—Tú también lo consientes mucho. Además Marte no es engreído. —protestó Lily mientras amamantaba a su hijo, con tono arrullador para no alterar a su bebé. Estaba parcialmente oculta tras un pequeño biombo al igual que Alice, los cuales había hecho aparecer la estudiante de medimagia para darles un poco de privacidad.

—Estoy segura que Alice, Jennifer, Remus, Frank y tú tienen mucho que ver en que James, Sirius y yo no logremos influir en ellos "adecuadamente". —afirmó Angelica con tono desenfadado y una sonrisa pícara.

Su esposo y sus amigos no lograron contener la risa, mientras los chicos se forzaban a sonreír mientras el nudo en su garganta se apretaba.

En cuanto los bebés terminaron de comer los chicos se ofrecieron a cuidarlos, mientras los papás descansaban un rato y luego se arreglaban para la ceremonia a la que irían, a lo que accedieron con gusto. Cuando hora y media más tarde bajaron en silencio, ya preparadas las cuatro parejas, los consiguieron en la sala con los niños ya arreglados en brazos de la menuda pelirroja y la rubia.

Les estaban haciendo las versiones adultas figuras de colores con chispas mágicas mientras la chica de ojos miel tocaba el piano de la esquina, que nadie había tocado desde que falleciese la abuela paterna de James, y las otras dos chicas flautas de madera. Los tres pelirrojos hacían sonar unas pequeñas cosas que Lily les había dicho se llamaban sonajeros.

Era por el sonido que habían bajado en silencio. Habían dormido profundamente desde que se filtrase la melodía del piano por toda la casa y, aunque ya los elfos les habían respondido que "la joven Lupin está tocando una melodía para los pequeños amos", querían verlo con sus propios ojos. Sus sonrisas se ampliaron y creció el agradable calorcito en sus pechos al ver el acompañamiento de los otros. Pero una vez que entraron en la sala los dos bebés distinguieron el aroma de sus mamás y estiraron sus manitas en su dirección, girándose los chicos a mirarlos y deteniéndose.

—La melodía que les estaban tocando era hermosa y la forma en que los estaban manteniendo entretenidos muy adecuada. —los felicitó Lily con una gran sonrisa.

—Es una pena que ya nos tengamos que ir. Estábamos disfrutando tanto como los pequeños. —aseguró el director del colegio. Sonrió al ver sobresaltarse a los recién llegados, quienes no se habían dado cuenta que el inefable moreno y él estaban sentados en la esquina en silencio y muy quietos.

—Son excelentes como niñeros. Tienen mucha suerte de tenerlos en casa, James. —comentó Benjy, estrechándole la mano en seguida mientras sus dientes blancos relumbraban contra su piel morena oscura.

—Lo son en todo lo que hacen amigo, en todo. —afirmó con mucho orgullo Frank, abrazando a su esposa y mirando alternativamente a su bebé y a la versión adulta.

Los diez chicos se sonrojaron una vez más, como ya les había ocurrido cuando llegaron silenciosamente el director y su acompañante por aparición conjunta en el patio de atrás, pues James había sellado la chimenea para que los chicos se quedasen allí con tranquilidad con los bebés y el único que podía aparecer en la casa por otro medio era Albus Dumbledore.

—Es una lástima que mis padres no podrán ir a la ceremonia y ustedes tampoco. —comentó Lily con tono triste.

—Iremos con Harry a verlos luego del acto, porque Rose ha estado un poco indispuesta desde hace unos días. —explicó James.

—Nos alegrará conocer a tus padres al fin. —afirmó Angelica con una gran sonrisa.

—Sí. Deben creer que mi gemela y yo somos unas fuentes de virus muggles o algo así. Somos las únicas que no los conocemos. —comentó Jennifer con una sonrisa.

Los diez chicos tuvieron que hacer un esfuerzo para no mostrar nada en sus rostros, manteniendo una pequeña sonrisa mientras los demás reían suavemente.

Una vez que el director y las cuatro parejas viajaron con los pequeños, por un trasladador del primero, los chicos subieron con el inefable al cuarto de prácticas. Habían decidido enseñarle a él también las defensas especiales que les enseñaron a sus padres, a pesar que sabían que no sobreviviría a la primera guerra.

«Aunque… ¿Habrá cambiado la línea del tiempo con todo lo ocurrido desde que llegamos aquí? Nosotros no hemos hecho nada con la intención de modificar lo que ocurriría para evitar generar algo grave, pero… El problema es que los recuerdos sobre nuestras vidas siguen intactos», meditaba Harry mientras subía los peldaños.

Media hora más tarde veían interrumpida su práctica por la aparición del director con las dos madres y los bebés en la Sala de Prácticas, enterándose así que había un ataque. Benjy desapareció en seguida con su líder mientras los diez chicos se removían con frustración alrededor de la rubia de ojos grises y la pelirroja de ojos esmeralda. Al empezar a llorar los bebes sus versiones adultas suspiraron.

—Debemos calmarnos todos, están percibiendo la tensión en los doce. —dijo Neville.

—Vamos a esperarlos en la sala con los pasamontañas. Así Electra, Gea y yo calmamos con música a los bebés mientras regresan. —propuso Angela, asintiendo todos en aceptación.

Cuando llegaron todos los miembros de la O.D.F. al cuartel se encontraron a los diez chicos y las dos mujeres con los bebés en la sala, la chica de ojos miel en el piano, la castaña y la de pelo negro con flautas de madera, los demás con pequeñas sonajas, los maletines de medimagia de las dos chicas y de la gemela en la sala. Los doce tenían expresiones llenas de ansiedad, pero era evidente que estaban haciendo un esfuerzo por mantener tranquilos a los pequeños.

La música cesó de inmediato, empezando a llorar los bebés. Jessica, Ginny y Jennifer empezaron a curarlos a todos con ayuda de Angela, Hermione, Fred y George, que atendían los casos leves. Los pequeños se tranquilizaron de nuevo por el alivio en las mamás al ver a sus esposos bien.

A la hora de la cena le celebraron el cumpleaños a Frank. Los dieciséis que habían estado disgustados entre ellos antes hicieron lo posible para que Albus Dumbledore disfrutase mucho también, como disculpa del mal rato en la celebración que le habían hecho a él dos días atrás. Benjy, Catherine y Charlton los acompañaron sonrientes.

—Lo conseguí, chicos —les llegó anunciando Hermione el viernes en la mañana de la siguiente semana con una gran sonrisa—. En realidad es bastante obvio, no sé cómo no se me ocurrió antes. —comentó mientras denegaba. Se había aparecido con el maquillaje y traje formal que había usado para poder acceder a la sección legal del Ministerio de Magia, aunque ya había perdido el aspecto que adquirió para que no la reconociesen en el futuro.

—¿De qué hablas? —preguntó intrigado Ron.

—En realidad no están encerrados en la casa. —declaró la castaña.

—¿Qué? —preguntaron los nueve a coro con incredulidad.

—No exactamente. Prueba aparecerte en Greenprairie del modo normal. —le sugirió a su novio, sonriendo al ver que desaparecía y reaparecía nuevamente sin que ocurriese nada especial, a excepción de la evidente expresión de asombro de él y los otros ocho.

—¿Es sólo un truco y les creímos? —preguntó Harry empezando a molestarse tanto con su papá como consigo mismo, especialmente con él mismo por creerle y no probar nada antes.

—No, no es un truco. No exactamente. Están usando un hechizo muy similar a uno que conoces muy bien, pero mucho menos fuerte y también con limitaciones diferentes —le respondió su mejor amiga. Harry la miró interrogante, sin comprender—. Ustedes nueve pueden salir y volver sin problemas siempre y cuando consideren Deercourage su casa y duerman aquí todas las noches, mientras ellos los consideren sus hijos y familiares.

—¿Cómo lo averiguaste? —preguntó asombrado James, de pie en la puerta del cuarto de los chicos acompañado de Sirius. Habían subido a buscarlos para que bajasen a desayunar, ante su demora, y acababan de oír la explicación de la castaña ante la pregunta de Harry.

—Soy buena para el trabajo de investigación. —le respondió Hermione levantando levemente el rostro.

—Nos engañaron. —reclamó Ginny furiosa.

—Sólo queríamos mantenerlos a salvo. —le respondió Sirius con una sonrisa nerviosa, luego que tragase saliva al igual que el amigo que quería como un hermano. Por la sonrisa de satisfacción de la versión adulta de su ahijado sospechaba que el que hubiese explotado la menuda pelirroja era peor a que hubiese explotado él.

Alice y Lily observaron asombradas unos minutos más tarde como los dos Merodeadores de pelo negro entraban al comedor con unos disfraces extraños, sin varitas y rodeados por los chicos apuntándoles con las suyas. Abrieron aún más los ojos al ver que desarmaban a Angelica, Jennifer, Remus y Frank y los disfrazaban igual.

—Buenos días. Ahora que estamos adecuadamente vestidos para comer, según nuestro comportamiento de hace una semana, podemos desayunar. —anunció la menuda pelirroja con gesto fiero.

—¿Por qué los han disfrazado de bufones de corte? —preguntó Lily, que conocía el disfraz por una ilustración de un libro muggle infantil.

—Porque nos engañaron con el hechizo que hicieron diciéndonos que estábamos encerrados en esta casa, cuando podemos ir y venir siempre y cuando nos quedemos a dormir aquí todas las noches, consideremos esta nuestra casa y ustedes a nosotros sus familiares —le respondió Ginny—. Ya que James dijo que sólo era una bromita digna de un rey, entonces los hemos vestido de acuerdo a su comportamiento: como bufones de corte.

—¿Es cierto eso? —preguntó Alice a su amigo de lentes, suspirando al verlo asentir.

—Dotty, Idun, Wykers, Tyr, Sif, por favor sirvan el desayuno. —les ordenó seria la pelirroja, sus esmeraldas chispeando peligrosamente.

—¡Lily! —exclamaron a coro los seis disfrazados.

—Nos dijeron a Alice y a mí que habían conseguido una forma efectiva de retenerlos aquí a salvo, así que se callan y se sientan. —les dijo ella con tono peligroso.

Los seis tragaron saliva e hicieron lo que les había dicho, mientras los diez chicos los miraban con expresiones satisfechas y se sentaban también a desayunar.

Así los consiguieron Benjy y el director unos minutos después cuando llegaron a acompañarlos, riéndose el primero abiertamente cuando James fue obligado a punta de varita por la novia del hijo a explicar la situación.

—¿Qué harán ahora que lo saben? —preguntó serio el director mirando de uno en uno a los chicos.

—"Los Guerreros del Fénix" empezarán a ayudar de nuevo cuando consideren que son requeridos —respondió de inmediato Harry, asintiendo de inmediato sus nueve compañeros mientras los otros en la mesa suspiraban—. También retomaremos nuestras prácticas para nivelarnos, pero eso será sólo por turnos que estableceremos. Siempre habrá al menos dos de nosotros aquí para acompañar a Lily y Harry, además de Alice y Neville si siguen viniendo todos los días como venían haciendo.

—¿Qué? —preguntó desconcertado James.

—Tampoco se presentarán en batallas Venus, Electra y Diana, a menos que las convoquemos porque la situación sea crítica y su ayuda sea indispensable. —afirmó Harry girándose a mirarlas.

—De acuerdo, pero los siete nos avisarán a las tres cuando nos necesite cualquiera de ustedes. —planteó Ginny luego de pensarlo un minuto.

—Prometido. —accedieron Harry, Fred, George, Hermione, Ron, Luna y Neville.

—Entonces las tres nos quedamos aquí. —afirmó la menuda pelirroja luego de mirar a la chica de ojos miel, que asintió de inmediato, y a la de ojos grises, que hizo un puchero, suspiró y finalmente asintió en aceptación.

—Comprendemos perfectamente la razón por la que establecieron el hechizo y haremos lo posible por estar a salvo para que ustedes estén tranquilos. Pero ante el resto de su grupo nosotros conseguiremos huir de nuevo de esta casa y venimos sólo cuando hay batallas, quedándose tres para cuidar a los bebés y sus madres mientras los otros siete combatimos. Es ésa la información que debe obtener Voldemort del traidor. —afirmó Harry muy serio.

—Razonable su planteamiento. —asintió el director, luego de mirar intensamente a los dos chicos que eran candidatos probables para la profecía que había escuchado de quien ahora era profesora de Adivinación de su colegio.

No les diría nada a los padres a menos que se enfrentasen por tercera vez a Voldemort y sobreviviesen, cumpliendo por lo tanto con lo dicho por Sybill Trelawney. Además le tranquilizaba el saber que los chicos protegerían permanentemente a los bebés y las mamás. No estaba ya seguro si fingían o no la pérdida de la memoria, pero sabía que con recuerdos o no protegerían a los pequeños. No porque fuesen el líder y el castaño, sino por el cariño que les tenían a quienes habían disfrazado de bufones y a las mamás de los pequeños.

—El domingo a las cuatro y cuarto de la tarde comenzará un eclipse de sol que durará casi seis minutos —rompió el silencio Benjy cuando estaban terminando de comer—. He conseguido un hechizo y quisiera que lo probásemos para intentar devolverlos a su época en ese momento, ya que llegaron aquí cuando se producía el primer eclipse de sol del año. —les planteó con expresión cautelosa.

El director y siete de quienes los habían cuidado desde que aparecieron se tensaron. Angelica se removió intranquila en la silla. No le habían podido explicar al inefable lo del bloqueo que sufrían los chicos ya que eso involucraba el conocimiento de los Cundáwans, por lo que su planteamiento con lo que él sabía era lógico. Serían felices de devolverlos si ese problema estuviese resuelto y además pudiesen verificar que estarían bien al llegar, pero en las condiciones actuales… Los sorprendió la respuesta del hijo de James.

—Excelente, señor Fenwick. —celebró Harry con una amplia sonrisa. Quería intentar tumbar el bloqueo temporal aprovechando el eclipse solar y el hechizo que el hombre traía como ayudas adicionales.

—Estaré aquí en la noche para explicárselos y que lo practiquemos —anunció sonriente el inefable—. ¿Irán vestidos así a los trabajos? Porque de ser así buscaré alguna buena excusa para pasar por el nivel dos del Ministerio y luego para ir a Gringotts y a San Mungo. —agregó mirando con picardía a sus amigos.

—Tentador realmente —dijo Ginny con malicia, sonriendo ampliamente al verlos tragar saliva—. Pero no puedo hacerle eso al papá de mi novio.

—Gracias. —agradecieron a coro, con sonrisas nerviosas los seis, cuando los chicos les cambiaron los disfraces por sus ropas de trabajo y les devolvieron sus varitas. Ya habían tomado nota mentalmente que hacer enojar a la menuda pelirroja era casi tan peligroso como hacer enojar a Lily Potter.

—¿Puedo hablar con usted, joven Marte? —le pidió el director, asintiendo levemente al verlo aceptar con expresión de comprensión.

—Por supuesto profesor.

El domingo en la tarde estaban reunidas en la Sala de Prácticas de Deercourage veinticuatro personas, doce de ellas muy nerviosas, diez llenas de decisión y los dos bebés en un silencio expectante.

Albus Dumbledore, Benjy Fenwick, Catherine y Charlton Brown, Angelica y Sirius Black, Jennifer y Remus Lupin, Alice y Frank Longbottom, Lily y James Potter miraban desde la pared lateral atentamente a los chicos que conocían como Marte, Neptuno, Electra, Diana, Venus, Leto, Mercurio, Júpiter, Gea y Urano. Los diez estaban reunidos al centro de la sala con sus varitas afuera y sus mochilas a los pies de cada uno de ellos, mirando al frente con expresiones decididas, con Moony, Hera y Rea en los hombros de la chica de ojos miel y los gemelos pelirrojos.

Al empezar a oscurecer el día por el eclipse solar los diez chicos empezaron a recitar a coro el hechizo, mientras simultáneamente se concentraban en tumbar el bloqueo temporal. La orden dada por Harry era que si lo lograban les borrarían las memorias de su permanencia allí justo antes de desaparecer. Pero nadie se esperaba lo que ocurriría.

Justo cuando la oscuridad era casi total se produjo una fuerte alteración en la energía del lugar, generándose una luz blanca brillante frente a los diez chicos que sin embargo no molestaba la vista.

En el centro del foco luminoso estaban de pie las versiones mayores de Sirius Black y Remus Lupin, así como también Meg Black, Nymphadora Lupin, Aline y Wymond White, Eloise y Humphrey White, los gemelitos Christine y Christopher Brown. Muy cerca de ellos estaban Gabrielle Delacour, Timothy Black, Estrella Hewitt y Jefferson Lupin, los dos últimos tomados de la mano. Los acompañaban Fleur y Bill Weasley, Abby y Charlie Weasley, Clarisse y Kingsley Shacklebolt, Hestia y Jarod Hyland, Sue y Pacey Jordan. Tanto los adultos como los niños los miraban con expresiones de asombro. Estaban acompañados de nueve fénix, los diez primeros con mochilas y vestimenta de viaje.

Los veinticuatro en la habitación retuvieron el aliento durante un instante. Los adultos que estaban envueltos en la luz brillante y los diez chicos gritaron simultáneamente, cuando los gemelitos arrancaron a correr hacia sus "guardianas" seguidos de cerca de los otros cuatro menores de edad:

—¡NIÑOS, NO!

Pero era muy tarde, al atravesar la "membrana de energía" que los envolvía se generó una perturbación muy fuerte y cesó la luz brillante. Quedaron todos a oscuras durante unos instantes, mientras la luna empezó a desplazarse lejos de la trayectoria del sol. En ese momento pudieron ver a los cuatro niños abrazados por las dos chicas sollozantes de rodillas, mientras los dos adolescentes estaban de rodillas junto a ellos.

—¿Mamá? ¿Papá? —preguntaron los gemelitos mirando interrogantes a quienes sólo conocían por fotografías.