Capítulo II
El primer día de instituto llegó. No había vuelto a ver a Eddie, de hecho apenas había tenido tiempo de salir de casa ya que estuvo demasiado ocupada ayudando a sus padres a hacer de ese sitio un hogar.
A ella le daba igual pero sus padres siempre insistían en acomodarse en cualquiera de sus eventuales casas como si fuera la definitiva. Quizás esta vez lo fuera si conseguía ir a la universidad.
Si no hago un desastre irreparable. Ese pensamiento la acompañó desde que se levantó.
Un desastre.
Salió de la ducha para vestirse distraídamente, ni se molestó en recogerse el pelo que ya le llega por debajo de los hombros y que le acabaría molestando a lo largo del día.
Irreparable.
Cogió la taza de café mientras asentía a las palabras de su padre de manera distraída. Algo de que la llevaría en coche. Se alegraba de que su madre tuviera turno de mañana. Su padre siempre era más tranquilo, no le dijo que el día estaba cargado de oportunidades. Era de agradecer.
-Coge la chaqueta que te regaló mamá, cree que el rojo es tu color. –le recordó con cierto humor antes de que él mismo cogiera las llaves del coche para salir.
Bloom cogió la chaqueta a pesar de que creía que tener el mismo tono de pelo no le iba a favorecer precisamente pero era un regalo, y seguro que a su madre le haría ilusión vérsela puesta al volver a casa.
El viaje duró apenas diez minutos que pasaron en silencio. Sabía que tenía una gran suerte al tener unos padres con los que podía estar sin hablar. Y reír. Y llorar. A pesar de su…problema y de que era una adolescente.
-Si necesitas cualquier cosa puedes llamarme a casa. Hoy tengo el día libre. –las palabras rompieron el cómodo silencio. Ambos estaban mirando el instituto, hacía un par de minutos que había aparcado y la gente pasaba a su alrededor sin fijarse en ellos, emocionados por encontrar con sus amigos tras el verano.
Bloom lo entendía. Cualquier cosa, como ponerse demasiado nerviosa y quemar el cuaderno que agarraba o hacer un pequeño agujero en alguna mesa. Le había pasado, aunque siempre había sabido disimularlo.
-Estaré bien, papá. Nada de incidentes. Este será mi año. –acompañó sus palabras con un asentimiento firme de cabeza. Estaba tranquila y contaba con un amigo, cosa que no pasaba en años anteriores.
No les había contado a sus padres sobre Eddie. Tenía la sensación de que no era una persona fácil de describir y se llevarían una mala impresión. Ser un traficante tampoco sería un punto a favor, desde luego, pero ese detalle lo tendría bien guardado.
Alzó la mano como gesto de despedida con una sonrisa y salió del coche con toda la confianza que una chica de 17 años podía tener.
Las primeras horas no habían ido tan mal. Antes de comenzar, la orientadora le había entregado su horario con un escueto "bienvenida". Había gente tan emocionada de vivir en ese pueblo como Eddie. Al cual no había visto aún. Al menos había coincidido con una chica bastante amable en matemáticas. Matemáticas nivel básico. Era un título amargo en su cabeza. Tenía que mejorar increíblemente rápido si quería ir a alguna universidad decente. Al menos en las demás asignaturas tenía un buen nivel.
-Eh, no te preocupes. No todos estamos hechos para los números, por eso Steve nunca me deja hacer caja en la tienda. Simplemente me equivoqué una vez…bueno, un par, pero claro, ya no se fía de mí lo que es realmente molesto porque nadie se daría cuenta si hay diez dólares menos.
El parloteo de Robin la sacó de sus pensamientos y a la vez le hizo sonreír. La chica le había contado gran parte de su vida, sus defectos y una promesa de presentarle a Steve, su mejor amigo, antes de la hora de la comida, porque, según ella, seguro que se llevarían realmente bien y Steve necesitaba relacionarse con más gente de su edad.
-Yo te protegeré de los populares, soy como un repelente para ellos. –aseguró Robin mientras atravesaban las puertas que daban acceso a la cafetería al notar cómo la pelirroja cuadraba los hombros con un gesto de determinación en su cara.
La cafetería siempre había sido un momento tenso en cualquier instituto. Por lo general se sentaba en alguna mesa apartada, manteniendo un perfil bajo durante todo el curso. Las miradas curiosas por la chica nueva solían acabar en una semana o dos.
Esta vez no iba a poder ser porque tenía a Robin al lado y a Eddie, desde otra mesa, haciendo señales como si pretendiera aterrizar un avión.
-¡AQUÍ, PELIRROJA! ¡ESTOY AQUÍ!
Tanto ella como su acompañante se quedaron congeladas en mitad de la cafetería. Había una alta probabilidad de que Robin pudiera tocarse los zapatos con la boca en ese momento de lo abierta que la tenía.
-No me has dicho que conocías a Eddie Munson.
Su tono era ligeramente acusatorio, como si hubiera guardado un gran secreto pero Bloom se encogió de hombros a la vez que indicaba a Eddie, que seguía haciendo gestos, con un dedo que iba a la cola de la comida.
-Nos conocimos el otro día de casualidad. Se ha propuesto arruinarme mi inexistente vida social en este pueblo. –explicó de forma rápida mientras llenaba la bandeja de comida.
-Es un milagro que se proponga algo más allá de su club, su banda y poner de los nervios a cualquier profesor. –argumentó Robin con un tono de sospecha, dirigiéndose junto a ella a la mesa de Eddie y su grupo. Era imposible que se hubieran planteado otro sitio, Eddie era difícil de ignorar en especial cuando empezó a aplaudir al verlas acercarse.
Ahora podía ver a que se refería con club. Todos llevaban en la camiseta el nombre del mismo.
-¿Qué hacéis en el Hellfire Club?-fue la primera pregunta que Bloom hizo mientras se sentaba en la mesa de los chicos. Algunos de ellos iban unos cuantos cursos por debajo y las miraban como si hubieran visto un fantasma.
-Según algunos…-todo el cuerpo de Eddie se inclinó sobre la mesa para acercarse más a ella antes de continuar-…ASESINATOS.
Que apenas unas pocas cabezas de giraran ante su grito decía mucho del comportamiento general del líder del club en el instituto. Los demás chicos se rieron y Bloom no pudo evitar soltar una risa junto con Robin.
-Eddie, sin ánimo de ofender, no tenéis pinta de haber matado una mosca en vuestra vida.
El susodicho volvió a dejarse caer en su asiento con un quejido de dolor antes de responder, como si le hubiera escupido el mayor agravio de su existencia a la cara.
-Somos el club oficial de Hawkins de dragones y mazmorras. Un club privado y selecto donde sólo los más habilidosos y valientes guerreros pueden entrar. A saber, -comenzó a señalar a sus acompañantes mientras pronunciaba sus nombres- Jeff, Gareth, Jacob, Mike, Lucas y Dustin.
Robin se encargó de hacer las presentaciones a la vez que ella iba saludando a todos con un ligero movimiento de la mano y una sonrisa un tanto incómoda. Nunca había conocido a tanta gente seguida el primer día. Bueno, ningún día en general. Su máxima era mantenerse alejada de todo lo inflamable y la gente tenía la inexplicable manía de ser bastante inflamables. Pero ese chico, Eddie (Eddie Munson, al menos ya sabía su apellido) la estaba arrastrando a escenarios totalmente nuevos para ella.
-Podríais venir un día a vernos jugar, vais a flipar con nuestra campaña. Mañana mataremos a Vecna.
Dustin se dirigió a ellas con una amplia sonrisa, parecía realmente emocionado con tener nuevos integrantes en su grupo. Aunque los demás no compartían el mismo sentimiento a tenor de las miradas incómodas que intercambiaron antes de mirar al mayor de todos. Estaba claro que era el líder y era quien tomaba la decisión final sobre dejar entrar a extraños en su club.
El fundador miró a ambas chicas con atención, el rostro serio mientras apoyando los dedos en la boca, en un gesto pensativo. Bloom se fijó en cómo los rayos del sol incidían sobre sus anillos, arrancándole brillantes destellos.
Cuando sus miradas se cruzaron, una ceja pelirroja se alzó en respuesta, un gesto de impaciencia. Estaba preparada para la negativa pero se admitió a sí misma que le molestaría especialmente si provenía de Eddie, al que consideraba una potencial buena amistad.
La carcajada que salió de la boca del chico acabó con la tensa espera que se mantenía en el ambiente por el resto.
-Estáis cordialmente invitadas a nuestro reino-una floritura con las manos acompañó a la pomposa frase junto con un guiño de ojo, ambos con la mirada fija aún el uno en el otro.
-Yo tengo ensayo de la banda, no podré ir pero Bloom aún no se ha apuntado a ninguna actividad así que está libre.-Robin, su nueva amiga o agenda personal, según se viera, acababa de contestar por ambas y le había dado la excusa perfecta para romper el cruce de miradas antes de que el sonrojo de su rostro fuera a más.
-Allí estaré, tengo curiosidad por ver cómo funciona ese juego. –aseguró con la voz increíblemente firme y respondiendo a la sonrisa que el resto del grupo le dio. Se aseguró de no volver a mirar a Eddie y de participar en la charla animada del resto hasta que se despidieron con un gesto rápido de la mano al acabar la hora de la comida.
-Wow, realmente le gustas a Eddie Munson. Mira que he visto cosas raras en mi vida pero esto…–la frase lapidaria de Robin después de la última clase le hizo tirar uno de los libros que sostenía en precario equilibrio para meterlos en su taquilla. Y su amiga estaba tan tranquila apoyada en la suya propia, como si no hubiera hablado con el mismo tono de extrañeza que usaría si dijera que el cielo era verde.
-¿Yo? ¿Gustar? Claro que no, apenas nos conocemos. –sentenció sus palabras con un fuerte portazo a la taquilla, en realidad no quería cerrarla de esa forma pero los nervios la traicionaron. No se había planteado gustar a nadie ni que nadie le gustara a ella. Estar cerca de una persona de esa forma…estaba descartado. Demasiado peligroso.
-Tenéis todo un año para conoceros. Y sé de alguien que está poniendo toda su intención en ello.-Bloom frunció el ceño mirándola pero los ojos de Robin estaban dirigidos por encima de su cabeza aprovechando los veinte centímetros que las diferenciaban. Giró la cabeza para ver qué observaba con tanta atención y descubrió que era a Eddie, acercándose a ellas con paso seguro.
-Yo no…
No pudo acabar la frase porque cuando volvió a mirar a su amiga, la traidora escapista, ésta ya estaba caminando lejos de ella con un movimiento exageradamente feliz de su mano y moviendo los labios de forma cómica. "LE GUS-TAS".
Bloom rodó los ojos negando con la cabeza y pensando seriamente en tirarle el cuaderno que sostenía a la cabeza a pesar de la distancia hasta que un movimiento a su espalda la hizo girarse por completo. Y ahí estaba él, con su chaqueta de cuero y su pelo largo, mirándola como si realmente se alegrara de verla. Una alegría simple y sin adulterar, algo que ella había sentido pocas veces, exceptuando a sus padres.
-¿Crees que ya he arruinado tu reputación? –el tono casual hizo sonreír a Bloom, de nuevo. Tenía ese poder sobre ella, hacerla sentir relajada. Apoyó el hombro sobre su propia taquilla, casi rozando la mano del brazo que sostenía a Eddie en la otra, antes de contestar. Sabía lo que cualquiera podría pensar al pasar por su lado, un par de personas, casi inclinadas la una sobre la otra, demasiado cerca.
-En absoluto. En gimnasia me ha saludado el capitán del equipo de baloncesto en lugar de salir despavorido.
Un bufido junto con los ojos en blanco fue toda la respuesta que le dio antes de inclinarse un poco más hacia su cuerpo, lo que provocó que apretara contra sí el cuaderno que sostenía. Podía notar su olor. Algo ligero pero amizclado, con el ligero recuerdo del tabaco, que inundó sus fosas nasales y no le desagradó en absoluto, para su propia decepción.
-Trabajaré más en ello-aseguró con un tono bajo, como si fuera un secreto compartido. No se parecía al chico con gestos exagerados que era en la hora de la comida, cuando estaban rodeados de gente. Estaba ahí, desde luego, pero su energía era más intensa, más…íntima.
Sus narices casi se rozaron y podía asegurar que podía sentir su aliento en los labios al igual que ella sentía el suyo. Los ojos de ambos fijos en el otro, marrones de diferente tono chocando y el corazón de Bloom acelerándose…
Pero antes de hacer cualquier movimiento, en menos de lo que tardó en parpadear, Eddie ya se estaba alejando, dándole la espalda para caminar a paso rápido.
-¡Nos vemos mañana, pelirroja! –fue toda la despedida que escuchó mientras veía como su figura se alejaba agitando el brazo.
Cogió aire con fuerza, intentando que al aire llegara a sus pulmones y un ligero olor a quemado inundó el aire. Pero qué…Bajó la vista hacia su cuaderno, donde la portada de plástico tenía unos agujeros ennegrecidos del tamaño exacto de sus dedos. Lo escondió inmediatamente dentro de su mochila, mirando alrededor de manera frenética. No había nadie.
¿Se habría dado cuenta Eddie? Lo dudaba, ella no se había dado cuenta hasta ese momento. Esa momentánea pérdida de control sólo podía significar una cosa.
Le gustaba Eddie Munson.
Mierda.
¡Hola! No sé si habrá alguien por aquí leyendo. La verdad es que es una historia que me rondaba la cabeza y me he animado a publicarla. Está basada en los hechos de la última temporada de Stranger Things pero esta historia empieza al inicio del curso escolar. A partir de primavera empezará la línea de la serie pero con algunos cambios debido a Bloom.
¡Espero que la disfrutes, seas quien seas quien lea esto!
