Disfruten.
CAPITULO II: Temiendo por su destino.
¿Cuál era su misión?... Ser el mejor…Y lo era, todo el tiempo que estuvo lejos del planeta Vegita le había servido en demasía para aumentar su poder de pelea, su pecho se agrandaba de orgullo cada vez que pensaba en cuanto más poderoso que su padre se había vuelto, lo había superado por mucho y ahora el viejo estaba lejos de poder ser como él, ya el anciano no era ni la mitad de fuerte de lo que él era, pero él seguía siendo su padre y seguía siendo el Rey del planeta, así que merecería un poco de su respeto. Vegeta se sentía casi invencible cada vez que los numero que medían su ki aumentaban en el scouter, iba a seguir entrenado siempre, amaba hacerlo y que mejor en el espacio exterior donde podía presionarse hasta niveles inimaginables, entrenando en climas discrepantes donde ningún ser de otra raza podía sobrevivir, pero él era un Saiyajin, y no cualquiera, era el Príncipe Saiyajin, se superaría a sí mismo cada día y sabía que todo lo que se proponía sencillamente… lo lograba.
Su padre era buen gobernante, guió a crecer el planeta de manera portentosa en poco tiempo, pero no todo dependía de su raza, necesitaban expandirse y tener lo mejor con ellos, por eso en cada purga se llevaban lo más valioso de cada estrella conquistada. Antes de irse a entrenar al espacio había revisando unos papeles en el Cuartel de Despegue Espacial, le gustaba mantenerse al tanto de todo e inspeccionarlo por sí mismo, en el folleto detallaba que la misión de conquista a varios planetas incluyendo a uno llamado Tierra se habían realizado sin problemas, le llamó la atención de los datos particularizados en la hoja de registro sobre ese planeta, hacía muchísimo tiempo que no conseguían más personal para el área de tecnología, en el informe describía que la conquista y saqueo a ese astro había sido todo un éxito, como siempre, pensó, además describía que les había brindado infinidad de recursos, tanto como materiales, alimentos, esclavos y… un par de científicos. Supo que eso era bueno para el perfeccionamiento de su planeta, pero solamente eso, no le importó más allá de aquello, dejó la carpeta que contenía los papeles sobre la mesa y salió de ahí como si nada. Para cuando regresó después de un año de vagar en el universo, se dio cuenta de los cambios en su planeta-hogar, no era ningún ingenuo y fue directo hasta su padre. Había visto algunos galeones diferentes a las naves Saiyajin en la estación de aterrizaje, iba a preguntarle directamente, para cuando confrontó al Rey exigiendo una respuesta simplemente le dijo que iba a programar una reunión para explicarle a detalle cada cambio, le informó que el planeta Vegitasei estaba en la punta del iceberg dejando ridiculizadas a otras estrellas con buena tecnología, que básicamente se debía a los científicos terrestres que trabajaban para ellos, él simplemente se mofó de los seres débiles y de raza despreciable… francamente no le interesaba saber más, pero el Rey lo obligó a presentarse en la reunión que organizaría con el jefe del laboratorio, no aceptó, pero de igual forma tendría que estar ahí, debía estar al tanto de lo que pasaba en su reino, después de todo era su planeta y él… su Príncipe.
Se sentía irritado más de lo inusual, escuchó desde que él había llegado una y otra vez a los soldados hablar de una hembra en especial durante cada entrenamiento, los malditos tenía sus hormonas por los aires, solo pensaban en follarse a toda hembra que se cruzaba por su camino. Había una época del año donde la luna refleja los rayos de la luz solar más intensamente golpeando de lleno al planeta, ponía a los machos en celo aumentando su libido incitándolos a reproducirse locamente y evocando en ellos las reacciones que por ende los rayos Blutz causaban en los Saiyajin, es por esa razón que desde hacía varias décadas comenzaron a ser entrenados especialmente para no caer bajo la influencia de esas ondas, ya que esta provocaba un cambio en sus cuerpos, al verla directamente una reacción química de hormonas se daba en sus colas transformándolos en su forma primitiva Ozaru. Pero ese problema se vio disuelto al aprender a controlar el cambio y este ya no se daba a menos que ellos quisieran hacerlo. El aumento de la reflectancia de la luna en la superficie del planeta rojo no era nada nuevo, los machos utilizaban esa época del año para su deleite y gozo, mientras unos buscaban pareja otros simplemente se dedicaban a fornicar hasta el cansancio, aunque a las hembras no les afectaba en nada con respecto a su apetito sexual, ellas eran un tanto inmune a las reacciones que las ondas Blutz provocaban en los hombres Saiyas, aprendieron a controlar la transformación al igual que ellos, pero su deseo no se veía afectado por la influencia del satélite plateado. Era conocido que a los Saiyajin macho les gustaba relacionarse con femeninas de otros planetas, les gustaba aventurarse entre las piernas de otras, lo gozaban ínfimamente puesto que era bien conocido que su ADN no era compatible con ninguna raza conocida, así podían tomar a cualquier hembra y no correr el riesgo de dejar vástagos mixtáseos por el universo. Debido a la cercana órbita elíptica de la luna sobre Vegitasei las reacciones en ellos eran más marcadas, aunque el Príncipe había aprendido no solo a menguar su cambio a un Ozaru, sino también a controlar un tanto su apetito sexual, era el Príncipe y no iba a mostrar una conducta estúpida solo por fornicar a una hembra, aunque de todas formas, era hombre… necesitaba desahogarse en algún momento, aunque era muy cauteloso muy por el contrario a los otros Saiyas, visitaba su harén de vez en cuando para liberarse de tenciones, un rato de sexo nunca le venía mal y una visita a sus putas le bastaba para saciar sus instintos bajos.
Escuchó a los guerreros Saiyajin catalogar a la terrícola como hermosa, exótica, bella, inusual… sexy, entre otros apelativos utilizados para nombrarla… al principio no le dio importancia pero poco a poco observó que los Saiyajin se disputaban por quien tomaría primero a esa mujer cuando se diera la oportunidad… que la mujercita estaba como quería y que aparte de belleza tenía inteligencia, pues era la científica mano derecha del insecto verde jefe del aérea tecnológica, entonces una pizca de su atención se centró en eso y se preguntó ¿Por qué admiraban en demasía a una mujer? No era relevante para él el hecho que ella fuera atractiva o perspicaz. Para él todas eran igual… todas tenían lo mismo, todas tenía una misma utilidad para él, fin. No había diferencia en ninguna, pero ella parecía ser como el juguete nuevo que todos querían usar. Cansado de escuchar hablar a sus hombres de la misma mierda decidió acabar de una vez por todas con la causante de todo, sus idiotizados soldados elite ni tan siquiera daban el 80% en cada combate de entrenamiento, estaba harto de la situación, más de alguna vez los dejó por muertos por distraerse en estupideces y la arpía que había engatusado sus soldados también obtendría parte del castigo. Una sonrisa maligna se marcó en su rostro cuando su padre avisó de la reunión que tendría con la mujer ese día y que él ya no se reuniría con el gusano científico… iba a hacerla pagar, ninguna mugrosa iba a poner de cabeza a sus hombres sin obtener consecuencia alguna, ella no debía ser más que una prostituta disfrazada de científica que se pavoneaba por los pasillos llamando la atención de los estúpidos Saiyajin… él gustoso le mostraría lo que es un verdadero macho, tal vez nunca había probado uno de verdad por eso incitaba a sus soldados Saiyas a que la fornicaran.
Cuando vio a la mujer entrar la realidad golpeo su cabeza, la hembra le pareció atractiva en la primera arrasada que le dio con su vista, de verdad era una distracción muy grande para sus hombres, le pareció divertido que ella lo confundiera con el Rey, era cierto que tenía gran parecido con su padre, bueno, muchos decían que era su copia exacta, pero él era joven y no llevaba barba o bigote en su rostro, se dispuso a molestarla un poco golpeando su ego al decirle que… para ser inteligente era bastante tonta. No satisfecho con eso decidió observarla mejor, la visualizó desde todos los ángulos, sus piernas eran torneadas al igual que sus glúteos… perfectos para azotar, rio internamente y una idea cruzó por su cabeza. Cuando su padre entró al recinto, lo de saber sobre los avances del planeta se había ido a la mierda, estaba decidido a fastidiarla de la manera más grata que él podía hacerlo, oh, claro que lo haría, ya lo había pensado antes pero ahora se había decidido a hacerlo, le pidió a su padre a la hembra como esclava, de todas formas las mujeres de su harén o morían después que él las follaba o acababa hartándose de las que sobrevivían. Cuando le propuso al Rey su idea a la humana no pareció agradarle, aunque lo que ella quisiera era lo que menos importaba, el maldito viejo se negó, no iba a seguir discutiendo delante de ella con él y lo mejor que pudo hacer fue retirarse.
No volvió a sacar a colación el asunto por un par de semanas. Un mes después desde el incidente su padre se reunió con él, le pidió que dejara a la mujer viva, que si él la utilizaba iba a matarla como a todas las demás, que él la necesitaba, que muerta ya no le serviría y no sabía qué otra pendeja excusa usó para persuadirlo, dijera lo que dijera él iba a tomar a la terrícola como esclava, lo había decidido, descargaría su frustración en ella, la atormentaría y cuando su maldita gana le diera iba a cogérsela hasta matarla, después de todo sería su esclava y la iba hacer pagar por distraer de esa manera a sus soldados elite, nunca le había prestado más de la atención debida a una mujer Saiyajin, mucho menos a otra que fuera de raza inferior, pero algo lo descolocó al mirarla, ella se miraba débil, frágil, no sería nada difícil hacer con su cuerpo lo que él quisiera, sería fácil dominarla como a un títere, las hembras Saiyajin soportaban sus tratos salvajes ¿Sería ella capaz de sobrevivir a algo así? Sonrió por lo bajo al pensarlo y al imaginarse a ella llorando mientras le pide que la deje ir le gustó, esa idea excitó sus células y lo hizo querer jugar un poco, hacía tiempo que no se divertía haciendo sufrir lentamente a una mujer, ella era perfecta para mantener entretenida por un tiempo a su retorcida mente.
Pensó ser cauteloso, no iba a discutir más con el anciano por una insignificante hembra, pero cuando se diera la oportunidad la tomaría sin que nadie se diera cuenta, ya se había tirado a muchas esclavas y ella no sería una acepción. Ese día, su padre tuvo que salir del planeta por la mañana para reunirse con un Rey de otra galaxia, al parecer estaban interesados en la tecnología nueva de Vegitasei o algo así escuchó decir al viejo, el tenía un objetivo y con la partida de su padre vio la oportunidad.
Cuando no había ya nadie en los pasillos decidió que era tiempo, no iba a exponerse antes los demás los planes que tenía con una mugrosa científica, jamás había invertido tiempo ni tan siquiera para pensar en una sola mujer y con ella… había sido cauteloso y esperado demasiado, iba a pagar hacer gastar sus valiosos pensamientos y tiempo en ella. Fue hasta el laboratorio donde sabía que estaba, iba a entrar ahí y se la llevaría antes de que cualquiera que la acompañara parpadeara, estaba levitando en el pasillo para evitar que alguien escuchara sus pasos, cuando la vio salir, ahí estaba la mujercita, tan vulnerable a él haciéndole el "trabajo" más fácil, no esperó más y la alzó en sus brazos hacia su habitación.
-¡No! Por… favor… no me hagas nada.- suplicó desesperada mientras sus lágrimas se escurrían sin egoísmo, podía apreciar su cuerpo ser tocado descaradamente y su intimidad rozada por sobre su ropa con la cola del Saiyajin. El muy maldito no tenía pudor, la estaba abusando y ella no podía hacer nada en su contra, ni tan siquiera podía escapar de él, solo quería echarse a correr muy lejos, abrazar a su padre, refugiarse en sus brazos y no volver a ver jamás a ese inicuo Príncipe.
-¿Por qué no?- susurró apretando su cola contra el sexo de la muchacha por sobre la tela.
Bulma escuchó las palabras chocar en su oreja y el aliento del Príncipe acariciarle el cuello provocando escalofríos. Tembló. ¿Por miedo? ¿Por qué le gustó?, su voz varonil y rasposa resonaba tan prepotente casi arrancándole un gritito, tenía miedo… absolutamente, solo deseaba que la liberara y la dejara ir, no quería ser violada y mucho menos por uno de esos salvajes, ya demasiado había tenido con escuchar a las esclavas hablar de como torturaban los Saiyajin a sus prisioneras sexuales, solo de imaginar los diferentes escenarios su estómago se tornaba en un vuelco y su corazón se llenaba de diferentes sentimientos, desde odio a esos seres hasta pavor, ella no quería vivir aquello, no quería pasar por eso, no otra desgracia en su vida, ya había sufrido bastante durante estos años por la pérdida de su madre por la culpa de esos brutos, su padre había arrostrado todo en silencio, había aguantado quizá no desplomarse antes sus ojos, su papá ya ha soportado mucho y no iba a poder sobrellevar algo tan fuerte como eso si algo le sucedía, tenía que ser inteligente y salir de esta, sabía que fuerza no tenía para enfrentar a un Saiyajin pero si contaba con su inteligencia para poder "dialogar" si es que se podía con el Príncipe de esos engendros. Con el padre de ese maldito consiguió hacer un trato en el que ambas partes salían beneficiadas, bueno, ella aun más que el Rey pues la mantuvo salva durante este tiempo ¿Pero ahora que había pasado? ¿Por qué de repente su hijo la atacaba después de tanto tiempo? Algo tuvo que acontecer para que las cosas cambiaran de rumbo de un momento a otro y ella iba a averiguarlo.
-Su padre…- comenzó a hablar entre balbuceos mientras trataba de apartar las manos de él de su cuerpo.
-¿Qué con él?- pregunto sin dejar de tocarla descaradamente, sus palmas se movieron ágiles y subieron una hasta su cuello tomándolo con dureza y atrayéndola hacia atrás con una de sus grandes manos y con la otra, recorrió su abdomen lentamente, en una tortura a cámara lenta que ella quería detener y él deseaba apresurar.
-Sa… sabrá esto.- dijo tartamuda tratando por los cielos que con ello la soltara y la dejara ir, pero no obtuvo ninguna de las dos cosas, solo escuchó una carcajada a sus espaldas, giró levemente para verlo y lo observó muy cerca de su rostro, mostrando sus caninos con elegancia en una sonrisa retorcida y perversa, los ojos del Saiyajin se posaron en los suyos y… no pudo leerlo, aunque quiso lo único que podía descifrar era la maldad que de él emanaba, sus orbes ónix eran profundas, tenía una mirada fuerte que la vencía, curvó sus cejas y retorció sus labios con enojo al notar la sonrisa de autosuficiencia que le presumía el Príncipe.
El miedo recorrió hasta el último nervio de su cuerpo y la hizo temblar cuando él la soltó, lo miró pararse delante de ella y de un empujón sobre su hombro la hizo caer duramente contra el piso.- ¡Auch! ¿Qué te pasa? ¡Me duele!- chilló sobando su trasero pero cuando intentó ponerse de pie él la volvió a empujar por el hombro, la peliazul limpió sus lágrimas tratando de calmar sus sollozos.
-Quédate ahí.- ordenó dando un paso hacia atrás, Bulma no creyó lo que vieron sus ojos, el sujeto comenzó a quitarse los guantes retirándolos apresuradamente, en cuestión de segundos los vio caer al piso, segundos que para ella fueron eternos, luego le siguió la capa que iba abrochada a la armadura.
-¿Qué… qué hace?- preguntó aturdida, no supo a qué horas había dejado de respirar y cuando se dio cuenta soltó una bocanada de aire aliviando un poco la presión retenida en sus pulmones, suspiró profundo nuevamente tratando de calmarse.
-¿Fornicas con mi padre?- interrogó ignorando a la peliazul, ella escuchó la pregunta ser escupida literalmente en su rostro, letra por letra, palabra a palabra… respiró profundo y las lágrimas llenaron con rabia sus ojos ¿Cómo podía inquirir semejante cosa? Sintió su sangre hacer hervor dentro de sus venas y sin pensarlo se puso de pie para encararlo, dejando por unos instantes el temor a un lado y dándole paso a que la adrenalina predominara por un momento su actuar.
-¿Cómo se atreve a insinuar tal cosa?- interrogó furiosa, quería golpearlo, darle un par de cachetadas para que se retractara de tan absurda suposición, era paradójico lo que el Príncipe de pacotilla había dicho, pero no tenía de que admirarse, no podía esperar menos de alguien de su raza, con lo poco que ha tratado a ese hombre y ya se había dado cuenta de lo patán y desgraciado que podía ser.
-¿Sí o no?- volvió a preguntar sin tan siquiera mirarla, la peliazul dio un brinco asustada cuando la armadura que él había retirado de su torso resonó en el piso.- Solo así podría explicarme la protección que él te da, ningún estúpido esclavo ha tenido esos privilegios de parte del Rey.- terminó de decir frunciendo aun más su ceño.
-No soy una esclava… soy una científica- afirmó Bulma mordiéndose la lengua para suprimir todo aquello que quería gritarle al majadero Saiyajin, sabía muy bien que no estaba en posición de enfrentarlo con toda su rabia como hubiera querido hacerlo, él era frió, más que los soldados, más que el Rey, más que cualquier Saiyajin que ella tuvo la oportunidad de ver, no se parecía a los demás, si aquellos eran rudos, malos, déspotas, crueles, el Príncipe sobrepasaba con creces cada una de las peculiaridades distintivas de su raza.
- Trabajas para el imperio Saiyajin, te guste o no eres una esclava más.- dijo dándose la vuelta, se despojó de la parte superior del traje quedando solo con las botas y el pantalón spandex, Bulma no pudo evitar observar el cuerpo del hombre, tenía una espalda trabajada, sus músculos se marcaban tan perfectamente, en ese cuerpo no existía un solo milígramo de grasa, todo su cuerpo era fibroso y ella se dio unos segundos para apreciarlo, cuando él se giró para verla ella pudo apreciar sus abdominales y los gruesos brazos fornidos enmarcados tan detalladamente por cada bíceps, suspiró al darse cuenta de lo que hacía y el rubor se apoderó de sus mejillas haciéndola desviar la mirada, no podía negarse lo bien que se veía ¿Qué rayos pasaba con ella?
-Vas a ser mi esclava personal mujer, deberías de sentirte halagada.- comentó esbozando una sonrisa ladina que hizo que a ella se le helara la sangre, eso de "personal" no sonaba nada bueno… no era nada bueno.
-Trabajo para el Rey - contradijo indignada por la actitud del Príncipe, ella no iba a acceder a ser su "esclava personal" Para comenzar ¿Qué implicaba ser su esclava? Más bien, lo que encerraba la palabra "personal" era lo que le descolocaba. Esperaba por Kami y todos los santos del universo que los dichos del Rey no fueran ciertos, que él no la quisiera en su cama como el monarca dedujo ¿Pero cómo estaba dudándolo? Él claramente se acercó con esas intenciones, la tocó por doquier e incluso se sobrepasó rosando con su maldita cola de mono su intimidad, estrujó sus pechos sin delicadeza y… ¡Y ella era una idiota que se ponía a dudar de ello! Solo le quedaba rogar a su mala suerte que él olvidara todo el asunto y la dejara ir sin causas mayores.
-Soy el Príncipe mujer, mi autoridad es igual de incuestionable.- estipuló acercándose a ella hasta quedar a medio metro de su cuerpo, pasó su mirada por el cuerpo de la peliazul y la observó estremecerse dando un paso hacia atrás… ella estaba alerta.
Quería cuestionarle el por qué hacía eso con ella ¿Por qué la quería a ella en esa forma? Habían muchas más mujeres hermosas sirviéndoles, podía escoger a cualquiera que quisiera ¿Por qué demonios había puesto sus ojos precisamente en su persona? Quería vivir para su padre, trabajar con él y superar juntos cualquier situación que se antepusiera en sus vidas ¿Pero y ahora? Ahora estaba atrapada en esa habitación con el "Principito" sin saber qué hacer, como actuar o que decirle para hacerlo desistir de sus ideas, tenía que pensar, tenía que ser más perspicaz que ese ser autócrata que tanto comenzaba a odiar.
-¿Qué incluye ser su esclava personal?- preguntó temerosa, una parte de sí quería saber las verdaderas intenciones de él para con ella, no debía sacar tantas malas conclusiones por una acción, o sea, él la había llevado hasta esa recámara, la había manoseado sin pudor e incluso llegó un momento en que sintió la dureza de la entrepierna del Saiyajin en sus glúteos, solo de recordarlo la hacía bajar la mirada y sonrojarse como un tomate, y lo otro era que si la quisiera violar no ese encontrara ahí "hablando" con ella y en lugar de eso estaría profanándola sin piedad, estaba tan confundida que ya no hallaba idea por la cual comenzar y cual terminar, se estaba saturando de pensamientos que como podían estar cerca de la realidad, podían estar lejos y ser solo su cerebro el que procesaba las cosas de mala manera e interpretaba erróneamente las acciones del hombre.
Se mordió el labio inferior al verlo cerrar los ojos y posar nuevamente la mirada en ella, esa mirada fría e impenetrable tan dura como su presencia no le gustó nada, lo vio curvar sus labios en una sonrisa ligera, lo observó mermar el espacio que quedaba entre ellos hasta ser distanciados por unos pocos centímetros, acercó su rostro a la muchacha, quería intimidarla y ver en sus ojos el miedo que tanto le gustaba saborear de los seres debiluchos con los que se enfrentaba, aunque con ella era distinto, su miedo y debilidad no solo lo hacían sentirse regocijado, no solo le provocaba diversión como cuando miraba temblar a sus adversarios, el temor que ella reflejaba le causaba sensaciones distintas y había descubierto que le excitaban, no quiso preguntarse el por qué su cuerpo reaccionaba así, solo quería disfrutar del placer que el recelo en la mujer despertaba en su cuerpo, la terrícola en sí mostraba una figura agradable a su vista, cuando palpó sus pechos los percibió más grandes de lo que aparentaban ser bajo esa corta bata blanca que había visto usar a los científicos, sus piernas largas y torneadas se miraban apetecible ¿Qué sería hundirse en ella? ¿Qué sentiría tener a esa débil hembra bajo su cuerpo mientras convulsionaba de placer? Le gustaba demasiado el hecho de dominarla a su antojo, con las otras que tuvo podía hacer lo mismo, pero ellas no provocaron más de lo usual en él, de hecho sus orgasmos no eran tan intensos como él deseaba que fuera, según su padre le asignaban a su harén las mujeres más hermosas, pero para él todas tenían lo mismo y servían para lo mismo, mientras tuvieran un sexo femenino entre sus piernas no importaba si eran las más bellas, todas solo incitaban una erección en él, un orgasmo y eso era todo, por eso decidía aplicarles fuerza y follarlas hasta hacerlas sangrar, le importaba un comino que gritaran, patalearan o se quejaran, el dolor era su máximo goce, mientras se retorcían de dolor bajo sus embistes el continuaba sin parar, mordía sus pezones, sus brazos, sus piernas, las estrujaba como quería y es cuando obtenía su liberación, se sentía tan bien utilizar esas golfas que con suerte habían tenido el privilegio de echarse un polvo con el Príncipe Saiyajin, lástima… para ellas por lo menos, no quedaban vivas para contarlo.
-Atenderme en todos los sentido.- respondió acercándose a su rostro inclinándose un poco.
Vio los labios rosados de la muchacha temblar para luego cerrarse con fuerza en una mueca de desagrado, sonrió al ver el disgusto en ella, era tan fácil de leer sus movimientos que podía predecir la batalla interna que en su interior se estaba dando.- ¿En todos los sentidos?- preguntó con su respiración agitada, la presencia de ese Saiya la hacía entrar en pánico y aun más con el mal sentido al que esa "conversación" se estaba desviando.
-¿De verdad eres inteligente mujer?- cuestionó dándose la vuelta, se sentó en la cama y comenzó a zafarse las botas.
-Soy la chica más inteligente de mi planeta y de todo el universo, eso es indiscutible.- indicó segura colocando sus manos en la cadera.
-Bien, tus deberes se limitan a obedecer mis órdenes.- dijo para posar su vista en ella.- Incluyendo calentar mi cama.
-¿Ehhh? ¡No!... Eso no.- chilló nerviosa retrocediendo, pegó su cuerpo a la pared, él no podía estar pidiéndole tal cosa, ahora sí que había confirmado todas las teorías que por su mente divagaron anteriormente, todos aquellos pensamientos sin fundamento que tuvo durante el tiempo en el que el Rey la mantuvo a salvo de su hijo.
-No estás en posición para discutir mi palabra.- lo escuchó hablar mientras terminaba de zafarse el calzado.
-Usted… Usted no me va a obligar.- dijo casi afirmando para sí mima aquello… quería creerlo de esa manera, con un temblor incontrolable que su cuerpo desprendía dio un paso mientras que con su mirada buscaba la puerta de la habitación.
-Ni lo intentes.- indicó él al ver sus intenciones, se puso de pie y ella dio un salto en su puesto.- ¿No querrás que te rompa el cuello si intentas escapar verdad?
-¡No quiero esto!- gritó rompiendo en llanto al caer y entender su realidad, por más que lo pensara eso no tenía solución ni una salida favorable, ahí sucedería lo que él quisiera y ella aunque se interpusiera con toda su fuerza no podía hacerlo cambiar de opinión o liberarse de aquello.
-Está decidido.- indicó caminando hasta ella tomándola por el brazo y empujándola hasta tirarla en la cama. Bulma al caer boca abajo se giró alejándose hacia el otro extremo, sus lágrimas se escurrían de sus oceánicos ojos sin reserva. Vegeta se quedo de pie a la orilla de la cama observándola, tomó su pantalón por la pretina y comenzó a bajarlo llevándose consigo su ropa interior.
-¡Eres un cínico! Usas tu posición y fuerza para aprovecharte de los más débiles.- arrojó ella con desprecio mientras seguía llorando, se sentó en la cama encogiendo sus piernas y rodeándolas con sus manos para apoyar la frente en sus rodillas escondiendo las lágrimas que bajaban descontroladas por su rostro.
-Cuida lo que dices humana… o lo último que escucharas será el crujido de las vertebras de tu cuello.- amenazó subiéndose a la cama, la tomó por la pantorrilla y la halo hacia él, para cuando Bulma reaccionó ya se encontraba debajo del cuerpo del Príncipe, con una mano le abrió las piernas y se posicionó entre ellas.
Todos sus temores se volvieron realidad y supo que él iba a violarla, ni tan siquiera se había percatado que el Saiyajin se había desnudado por completo y al bajar la mirada vio el perfil de su cadera sin una prenda, su rostro se puso rojo de la vergüenza ¡Ella nunca había estado con ningún hombre! El maldito era un desgraciado, se apoderaría de su virginidad. Se revolvió inquieta cuando él apretó su cadera contra su centro, para cuando volvió su mirada a los ojos de él lo observó mirándola ¿Estaba estudiando sus gestos? ¿Sabría él que ella nunca había sido tocada por ningún macho? ¿Este sería su último día con vida? ¡Maldita sea ni en eso había pensado! Pero la pregunta que debía hacerse era ¿Podría de alguna manera salir de esa situación? No debía ni dudarlo, la respuesta era aun NO, no había cosa que a ese maniático lo hiciera retractarse, pero ella era inteligente, tenía por lo menos eso a su favor, y si sabía usarlo tal vez, solo tal vez las cosas cambiaban de rumbo, no debía de perder las esperanzas o entrar en pánico ¿Pero como no hacerlo? Tenía a uno de los seres más fuertes o quizá el más fuerte del universo sobre ella… maldita su suerte, maldito el cosmos que no hizo brillar ni una luz para ella al momento de nacer.
Las lágrimas se escurrieron sin reparo por sus mejillas, suspiró fuerte sollozando, ya no le importó en absoluto mostrase débil ante él, no servía de nada hacerse la fuerte, no servía de nada querer hacerlo cambiar su decisión ¿Sería ese su destino? ¿Nació para ser esclava? Se negaba mentalmente tal suposición… Vio al Saiyajin acercarse a su rostro.
Tenerla bajo su cuerpo le resultó tan tentador, verla llorar descontrolada excito su entrepierna y quiso en ese instante poseer a la hembra, su deseo creció al sentir el diminuto cuerpo bajo él queriendo escapar, casi podía oler en el aire el miedo que de ella emanaba, amaba de sobremanera tener el control, es así como debía ser, acerco su rostro al cuello femenino y olió su aroma, era tan diferente a todos, jamás había sentido tal olor inundar su sentido olfatorio, era raro y muy agradable a la vez, olía dulce y quiso probar su piel, comenzó a dar lamidas a su blanquecino cuello, vio como ella ladeo el rostro y se agitó bajo él, sonrió ladino, la chiquilla le estaba divirtiendo más de lo que se esperó, que ella se negara hacía el "juego" más excitante para él.
- No me hagas daño.- susurro por lo bajo al sentir como él invadía su piel con su lengua húmeda.- Por favor, no lo hagas.- pronunció haciendo que el Príncipe parara en su labor.
-¡Cállate!- sentenció con voz gutural y retomó lo que hacía, sujetó las muñecas de ella con sus manos contra la cama ejerciendo una fuerza medida.- Quédate quieta y solo obedece.- dijo entre dientes mientras bajaba sus besos por el pecho de la muchacha, no sabía por qué, pero estaba tentado a probar más allá de lo que en su plan original se había planteado, soltó una de sus manos y con ésta de un tirón le arrancó la prenda que cubría su cuerpo.
-¡No!- gritó al sentir como él removió su blusa sin problema alguno, con la mano que Vegeta le dejó libre lo sujetó por el hombro enterrando sus uñas en su piel.- Haré lo que sea, lo que sea con tal que no hagas esto.- decía entre el gimoteo, y como si ella no hubiera dicho nada bajó un poco y prosiguió besando su piel blanca dejando a su paso un surco húmedo con su saliva, sintió de pronto como la mujer apretaba su hombro pero no le importó.
-¡Duele! ¡No!- volvió la peliazul a gritar, sentía como su piel era succionada con una fuerza formidable, los labios del Saiyajin quemaban sobre su piel y lejos de sentir alguna sensación agradable con sus "caricias" estaba sufriendo, el maldito alíen estaba prácticamente sorbiendo su piel… Vegeta no dijo absolutamente nada y solo se limitó a cubrir la boca de la terrícola con su mano libre con la que anteriormente había roto la ropa de la mujer. Bulma movió su cabeza tratando se zafarse del agarre pero le fue inútil, su esfuerzo en vez de ayudarla a liberarse del agarre de ese monstruo la estaba cansando, era inútil todo lo que hacía, sus palabras no calaban en la bestia y su fuerza era por demás usarla si para él era como estrujar mantequilla entre sus manos.
Una idea retorcida pasó por la mente del Saiyajin y así como se había posicionado sobre ella la liberó, Bulma al sentirse sin el cuerpo sobre el suyo quiso incorporarse pero fue tomada de la muñeca.- Ponte de pie y deleita tu amo.- ordenó soltándola y acostándose boca arriba en la cama.
-¿Qué?- preguntó no sabiendo a que se refería quedándose sentada en la cama simplemente observándolo.
-¿Acaso eres sorda?- preguntó en tono de burla.- Ponte de pie y baila para mí, haz lo que las putas saben hacer para seducir a un macho.- "explicó" tajante mirándola con sus orbes negras mientras mantenía curvado sus labios en una sonrisa retorcida.
-¡Qué! Yo… yo no soy de esas.- contradijo la peliazul poniéndose de pie, no sabía qué diablos hacer, el maldito la estaba ofendiendo de sobremanera, ella no era lo que él estaba pensando, es más, en su vida había estado con un hombre ¡Por Kami! No sabía si enojarse más de lo que ya estaba o pensar en que verdaderamente hacer, ¿Él dijo que quería que bailara? Pensó.
- Muévete.- le ordenó en un gruñido, lo estaba impacientado la conducta estúpida de la mujer, parecía una mojigata, como si las de su tipo no supieran que hacer, la muy estúpida era muy buena para seducir a sus soldados, pues tenía que actuar aun mejor para él.
-Yo… no se qué hacer.- susurró insegura, pero el Saiyajin le escuchó claramente.
-Muy buena para mover el culo delante de mis soldados pero patética frente al Príncipe Saiyajin ¿No?- soltó sin premura en sus palabras comenzando a fastidiarse, se puso de pie y se paró frente a ella.
-¿Qué? Yo nunca he hecho nada.- alegó la muchacha al entender el punto de lo anterior dicho por el hombre ¿Cómos se atrevía ese sujeto a decir tales cosas de ella? Jamás en su vida la habían ofendido tanto como ese ruin extraterrestre lo había logrado en unos minutos, nunca en su vida se había sentido tan menospreciada y poca cosa como la hacía sentir ese sujeto, jamás le iba a perdonar tal cosa, era demasiado para su persona, Bulma Briefs tenía dignidad, ella era una mujer de carácter, de prestigio intachable y las palabras salidas de la boca del Príncipe de pacotilla le estaban dando duro en el orgullo hiriéndole hondamente.
- ¡No niegues nada!- dijo bajando unos centímetros la mirada a los ojos azules de la peliazul, los observo de cerca, estaban húmedos y rojos, podía ver el miedo en ellos y eso lo excitó nuevamente y aun más de lo que podía creer. La sujetó por los hombros y la atrajo a su cuerpo comenzando a besar su cuello, lo succionaba y mordía como le placía, rudamente escuchando los quejidos de ella y su inútil lucha por querer alejarlo, sonrió sobre la piel de la humana mientras continuaba con su asalto, pasó a sus hombros y luego subió por sus mejillas.
- ¡Me estas lastimando!- lloriqueó al sentir los dientes filosos del Saiyajin en su rostro, las manos de él se movieron agiles y las llevó hacia la espalda de la muchacha para apretarla contra sí.- ¡Vas a romperme los huesos!- gritó desesperada al sentir la fuerza con la que estaba tomándola. Vegeta la separó de él y tironeó el short que ella traía puesto llevándose consigo la ropa interior.
-¡NO!- volvió a gritar tratando de cubrir con su manos su desnudez, Vegeta vio casi completamente la piel desnuda de la mujer cuando se percató que una prenda aun la cubría, la tomó por la muñeca y la tiró a la cama sin delicadeza alguna, la movía a su antojo como si de una marioneta se tratara, se acercó a ella que pretendía cubrirse con una de las sábanas de la cama y quitó por fin la prenda que cubría sus senos.
Bulma derramaba más lágrimas, se sentía tan desdichada y por fin se resigno a ser violada por ese maldito, él le robaría su inocencia y lo único en lo que podía pensar es que el Saiyajin iba a matarla durante el acto, nunca pensó en que su existencia terminara así y menos en las manos de un sujeto como él, jamás imagino que iba a ser violada y asesinada al mismo tiempo ¿Tan miserable era que se merecía ese destino? ¿Qué había hecho para merecer aquello? ¿Su madre? Si, ella vino a su mente y solo pudo sonreír ante el pensamiento, casi como si su mente se hubiera desconectado de la realidad, cerró sus ojos e imaginó a su mamá mientras horneaba su pastel favorito "fresas con crema", la vio feliz y sabía que donde se encontraba era mil veces mejor que donde ella estaba ahora ¿Se reuniría con ella al morir? Quería pensar que si pero… ¡Su padre! ¡No podía dejarlo en manos de esas bestias! Y entonces la realidad la golpeó volviendo en sí, pudo percibir que el Saiyajin mordió uno de sus senos y un grito salió por su boca.
- ¡Déjame! Te odio maldito ¡Te odio!- vociferó con todo los que sus pulmones le permitían gritar abriendo de golpe sus ojos.- Disfrutas de esto pero vas a pagarlas, eres un maldito sin corazón.- continuó diciendo mientras se esforzaba por alejarse de él.
- Estoy perdiendo la paciencia contigo.- gruñó harto de actitud arisca de la terrícola.
- No me mates por favor, no me hagas daño.- dijo suplicando por su vida.
- Si quisiera ya lo habría hecho.- indicó hundiendo su cadera entre las piernas de la peliazul. Bulma soltó un gemido que no supo cómo ni cuándo dejó escapar, sentir la entrepierna caliente del hombre rozar su intimidad electrizó por unos segundos su cuerpo, pero ese no fue cualquier quejido, fue uno que alentó el oído del Saiyajin, fue un gemido placentero que lo excitó más que el lamento de la terrícola y una idea surcó su mente.
RinPink Susaiyajin: Disculpen por las palabras enmarañadas o las faltas ortográficas pero por más que reviso siempre se me pasan .
Espero les haya gustado y me dejen un reviews haciéndomelo saber n.n actualizaré pronto, las quiero n.n Chain.
