Capítulo III: El trato


¿Qué serías capaz de hacer a cambio de mantenerte viva?- interrogó el Saiyajin irguiéndose un poco para poder observar el rostro de la humana. Ella alegaba ser la mujer más inteligente del universo y él estaba dispuesto a probarlo, le gustaban los retos pero más proviniendo de aquella frágil terrícola que si bien no tenía ni el décimo de fuerza que el ser más debilucho de su raza, ella estaba luchando en contra suya, tenía la valentía de oponérsele al mismísimo Príncipe Saiyajin que si quisiera podría matarla con solo mover un dedo. Sonrió ladino al no obtener respuesta, la observó mirarlo con odio y se contuvo un momento a admirar la belleza del rostro de la mujer, aun parecía una cría al ver de cerca su cara, sus rasgos de cierto modo parecía infantiles pero no por eso dejaba de mostrarse menos atractiva. Curvó aun más sus labios en una sonrisa perversa, ella ladeó el rostro para no mirarlo ¿Qué podría ofrecerle a esa bestia a cambio de su vida?, lo único en lo que era buena era creando cosas, pero eso ya lo hacía desde hace dos años y medio en ese maldito planeta donde solo recibía a cambio comida y una cama decente donde poder dormir ella y su padre. Bajó la mirada y vio el pecho de la mujer desnudo subir y bajar a cada respiración y acercó su boca al inició de sus montes dándole suaves lamidas.

Cuando Bulma vio nuevamente que el Saiyajin acercaba su rostro a ella no pudo hacer más que cerrar sus ojos esperando sentir nuevamente su piel ser succionada de forma agresiva, pero los abrió al instante en que sintió las suaves caricias del hombre en su piel, percibió como besaba su pechos con suavidad, una corriente de placer corrió por el lado interno de sus muslos hasta su vientre y su respiración se volvió pesada, se removió inquieta no por miedo, sino por la sensación de la cual fue inundada, ella no podía de ninguna manera disfrutar de aquello. El Príncipe bajó lentamente y mordió uno de sus pezones con suavidad, iba a disfrutarla pero de diferente manera, decidió ejercer menos fuerza sobre la frágil criatura y como lo sospechó, obtuvo lo que él quiso, no la escuchó llorar y en cambio solo la sintió moverse bajo su cuerpo, percibió como la respiración de la mujer se aceleró y eso lo alentó a seguir haciéndolo de manera suave. Cuando el Saiyajin tomó su pezón un gemido quiso escapar de su boca pero ella lo retuvo entre sus labios apretándolos con fuerza, no iba a darle a entender al maldito que estaba ahora disfrutando de sus caricias, lo odiaba más que a nada por estarla obligando a someterse ante aquel acto. Vegeta abandonó su seno derecho y pasó a hacer lo mismo con el izquierdo, pasó su lengua moviendo el pezón de un lado a otro y la peliazul sin querer reaccionó arqueando su espalda, el Saiyajin sonrió con autosuficiencia, la había hecho caer y con aquello descubrió que a la humana le gustaban las caricias suaves y que él estaba disfrutándolo de sobremanera hacerlo de esa forma. Olvidó su plan de tortura y en vez de eso comenzó a tratarla con delicadeza, iba a deleitarse de aquello… ¡Oh! Claro que lo haría.

Se irguió un poco y soltó las muñecas de la peliazul, se apoyó en una de sus manos sobre el colchón a la altura del hombro de la muchacha mientras que con la otra tocó su intimidad, sonrió al sentirla húmeda y posó sus ojos negros sobre su azul mirada de la joven que solo se limitó a verlo. Con sus dedos espació los jugos por todo el sexo de la terrícola observándola estrujar las sábanas con ambas manos al mismo tiempo que cerraba los ojos y apretaba sus labios. Acarició con sus dedos los pétalos rosados de ella y de un empujón introdujo su dedo medio… entonces obtuvo lo que quiso, un gemido de placer inundó su oído y lo hiso cerrar sus ojos mientras se contuvo por no hacerlo más fuerte. Su raciocinio se fue directo por un agujero negro al sentir los dedos del hombre inundarla, el placer que sintió fue indescriptible y se dio cuenta que quería más de aquello ¡Por Kami! Ella no podía estar actuando así y cayendo tan fácilmente sobre la influencia del Saiyajin. Cuando él le preguntó sobre qué sería ella capaz de hacer por mantenerse con vida las palabras con una respuesta congruente no salieron de su boca, la fuerte mirada del Príncipe la dejó sin habla y solo se dio unos segundos para detallarlo, era muy guapo y perversamente atractivo, a partir de allí sus pensamientos se perdieron en él, no pudo responder a aquello, su sentido del juicio se vio nublado. Abrió sus ojos al sentir como él sacaba el dedo de su interior, ladeó el rostro cuando él fijó sus ojos ónix en los de ella y el rubor apareció en sus mejillas sintiéndose débil bajo el poderío del Saiyajin.

Vegeta miró como se sonrosaba y eso lo excito haciendo crecer más el fuego en su entrepierna, había encontrado como mantenerla callada sumando un punto a su favor, retorció sus labios en una sonrisa y apoyó su peso sobre el codo de su brazo izquierdo acercando su rostro al cuello de la humana.- Voy a hacerte mía.- le susurró y los vellos se erizaron por completo en el cuerpo de la peliazul automáticamente. El tomó su pene y lo rosó en la entrada de la mujer llenándolo de los jugos que se escurrían de la intimidad de la muchacha.

- Espera.- habló por fin ella. Él se detuvo un segundo antes de penetrarla y buscó sus ojos para verla.

- Podemos hacer un trato.- dijo cayendo a la razón de que lo que estaba pasando en esa habitación sería inevitable.

- Ahora no.- dijo él comenzando a empujar su miembro dentro de ella mientras la afirmaba tomándola con una mano por la cintura.

- ¡Duele!- se quejó en un sollozo inevitable y lo empujó por los hombros.

Sonrió victorioso al darse cuenta de que nadie había profanado a esa terrícola y se hundió en ella de una embestida, la sintió tan apretada que ahogó un gruñido ronco en su garganta al sentirse aprisionado en su interior y ya no pudo controlarse más, comenzó a moverse dentro de ella sin parar.

- ¡Duele maldición!- dijo abrazándose por el cuello de él, el Saiyajin apartó las manos de la mujer al sentir como se aferró a él, nadie nunca lo había abrazado en un acto sexual ni en otras circunstancias y la muy atrevida se atrevió a hacerlo. Tomó sus muñecas para apretarlas contra la cama y continuó penetrándola.- ¡Arde! ¡Sácalo!- gritó removiéndose bajo el cuerpo del hombre.

El trato que iba a ofrecerle se esfumó cuando sintió el miembro del hombre penetrándola y ¡Maldición que dolía! Sintió como sus paredes se abrían dándole paso a la erección del Saiyajin, no tuvo más tiempo que abrazarse a él, tuvo la necesidad de hacerlo, necesitaba aferrarse a él y aguantar así el terrible dolor que apreciaba con cada embestida pero él apartó sus manos. Al parecer no le había gustado su gesto y solo se limitó a cerrar sus ojos mientras el dolor iba menguando. Una oleada de placer fue inundándola a medida que pasaban los minutos y el dolor desapareció dándole paso al placer. Movió sus caderas contra las penetraciones del Saiyajin y él supo que estaba pidiéndole más hundiéndose en ella como a él le gustaba, con una de sus manos soltó la muñeca de la muchacha y masajeó uno de sus pechos que se movían al compás de las estocadas. La escuchó gemir cada vez más fuerte haciendo que su excitación aumentara, metió su cabeza en el cuello de la terrícola y mordisqueó su cuello un poco, estaba disfrutando más de lo imaginó aquel encuentro, si bien la humana no le era del todo desagradable pues logró que él sintiera un poco de interés en ella sin si quiera planearlo, le gustó tenerla así, gimiendo de placer bajo su cuerpo y retorciéndose debido a sus rudas embestidas.

- ¡Ahhh!- gimió fuerte cuando la tomó con ambas manos y aumentó el ritmo de los embistes, sintió que ya no podía más, lo sujetó nuevamente por el cuello, quería sentirlo cerca y aferrarse a él mientras el placer la llenaba de golpe pero él la rechazó, apartó sus brazos y se irguió para ir más profundo en la estrecha cavidad de la peliazul tomándola por la cadera. La vio retorcerse de gozo y arquear su espalda pero él aun no obtenía su liberación. Sin dejarla recuperarse salió de ella y la colocó de lado, se puso tras ella y subió una de las piernas de la mujer a su cadera y con el mismo movimiento la embistió sujetándola de la cintura.

- ¡Ahhh! Vegeta.- gimió por primera vez su nombre mientras lo sintió derramarse en su interior. El joven la embistió un poco más deleitándose con el sabor de aquel placer intenso que lo recorrió gruñendo preso del orgasmo. Se mantuvo un poco más dentro de ella mientras acompasaba su agitada respiración y salió de ella rodando a un lado. Bulma respiró cansada sobre la almohada, enterró ahí su rostro que lo sentía caliente y unas lágrimas salieron en silencio de sus ojos.

Cuando el deseo que le había embriagado los sentidos pasó, una punzada de dolor se instaló en su corazón, se sintió mal consigo misma por haberse doblegado de esa forma ante el Saiyajin ¿Qué iba a pensar el ahora de ella? ¿Importaba lo que él pensara? ¡Claro que no! Lo único importante en ese momento era ella, se sintió sucia por haber gozado el encuentro que debió repudiar en todo momento, de ninguna forma ella debió permitirse caer bajo la influencia del maldito, le entregó aquello que luchó durante varios meses por mantener intacto desde que él la reclamó como esclava, nunca soñó con que su primera vez fuera así de desastrosa, no porque no lo haya gozado, sino porque se sintió culpable con ella misma y sintió que se había auto fallado.

Se levantó de la cama buscando su ropa y la miró esparramada por todo el piso, la recogió y vio que solo eran pedazos de tiras, maldijo en su mente sin dejar de sollozar, se sentó en la cama sin voltear a ver al Saiyajin que solo se limitó a observar los movimientos de la humana. La peliazul tragó en seco antes de hablar y con el dorso de su mano limpió sus lágrimas.

- Necesito ropa.- habló ronca, sentía su garganta inflamada de tanto llorar y le fue imposible que su voz no sonara así.

- ¿Para qué?- preguntó él poniéndose de pie.

- No me iré desnuda de aquí.- le dijo sin mirarlo, no podía, no quiso en ese momento o supo que iba a romper en llanto si lo hacía. Después de todo él era el culpable de que como ella se sentía ahora.

- No, tu no vas a ningún lado.- indicó metiéndose a un cuarto.

La peliazul posó su mirada en aquella puerta donde él había entrado, escuchó el agua caer y supuso que era el baño. Giró su vista y observó la puerta principal, se quedó pensando un momento… ¿Y si escapa ahora? Es posible que pudiera hacerlo ¿Pero dónde iba a esconderse?, siguió pensando… Al laboratorio no podía ir, iba a ser el primer lugar donde él la buscara, además, ahí estaba su padre y el maldito Príncipe podría cobrárselas con él. Tenía que pensar en algo que no perjudicara a su papá. Se puso de pie fijando su vista en la entrada del baño, caminó y abrió la puerta principal sin hacer el más mínimo ruido y sacó la cabeza fuera, pero lo que vio no era lo que esperaba, pensó en encontrarse con un pasillo o algo así, pero en realidad lo que miró fue una gran habitación blanca, no había nada más que las paredes y el piso, ningún aparato, ningún mueble, absolutamente vacía y del otro lado una puerta metálica que cerraba aquella habitación.- ¿Qué rayos?- se preguntó en vos alta y volvió a cerrar la puerta, cuando se giró se golpeó con algo que la hiso retroceder sin llegar a caer, levantó la mirada y se topo con unos ojos penetrante sobre ella.

- ¿Qué piensas que haces humana?- preguntó con su voz grave el Príncipe.

- Nada.- respondió nerviosa caminando hasta la cama y tomando una sábana para cubrir su desnudez.

- No sigas pensando en que vas a escapar terrícola.- dijo secando su cabello con una toalla blanca mientras que tenía otra enrollada en la cintura.

- Necesito cumplir con mis labores en el laboratorio.- comentó ella encontrando una excusa para que él la dejara ir, ya había obtenido de ella lo que quería, ahora solo le quedaba despacharla de su habitación como a una de las tantas que quizá había fornicado en aquella cama.

- Eso no es necesario.- le respondió tirando la toalla sobre la cama y yendo a lo que parecía el armario, sacó un bóxer y se lo puso quitando la toalla de su cintura. La peliazul giró el rostro para no verlo desnudo, le incomodaba que el hombre se mostrara sin una prenda frente a ella y sin una pizca de vergüenza.

- Soy una científica y trabajo en el laboratorio por orden del Rey.- dijo sentándose en la cama, no supo en qué momento había dejado de llorar.

- No volveré a repetirlo humana… Ya no trabajarás más para mi padre, ahora eres mi esclava personal.- dijo saliendo de la habitación.

¿Qué será de mí ahora? se preguntó mentalmente, esperó unos minutos a que él volviera, pero no fue así, se quedó sentada ahí por más tiempo pero seguía sin aparecer, sin pensarlo más se metió al baño, dejó la sábana en el piso y abrió la ducha dejando que el agua callera sobre su cuerpo, quería borrar con el líquido cristalino toda la esencia del Saiyajin, se maldijo a sí misma y no pudo evitar derramar más lágrimas. Se agachó tomando lo que parecía una barra de jabón, la frotó en sus manos y pasó la espuma entre sus piernas para limpiar su intimidad, un dolor punzante la atacó y se tocó el vientre, hasta ahora supo cuanto le dolía, no era para menos, acaba de ser su primera vez y por lo que sabía era normal. Cuando miró su mano pudo observar un tinte rojo e inmediatamente sollozó con fuerza, se sintió desdichada, sucia… una cualquiera. Siguió lavando su piel, corrió la barra blanquecina sobre sus pechos y el recuerdo la atacó, pensó en como él había comenzado a acariciarla de manera "gentil" y mordió su labio inferior ¿De verdad había sido así? ¿Acababa de sobrevivir al asalto de ese salvaje? Y entonces aquellas frescas palabras surcaron su mente "No me mates por favor, no me hagas daño" le había ella suplicado pensando en los relatos que las esclavas le habían contado, temía por ella, temía que la matara en el acto sexual, pero él le respondió "Si quisiera ya lo habría hecho" ¿O sea que se había contenido con ella? ¿Por qué? continuó preguntándose, bajó la mirada y vio las manchas oscuras sobre sus senos, pasó su mano sobre ellos quitando la espuma y pudo observar bien los hematomas en su piel ¡El maldito la había dejado toda marcada! siguió examinándose y encontró unos más en sus piernas y caderas. Terminó de ducharse y salió tomando la sábana para envolver su cuerpo y volver a la recámara. Cerró la puerta tras ella y cuando levantó la vista lo miró acostado en la cama, su respiración se aceleró y nuevamente la sensación de temor se apoderó de ella.

- Vístete.- ordenó señalándole con el dedo la ropa que estaba en un pequeño sofá cerca del closet. Ella caminó y la tomó, era una especie de vestido color blanco que más bien le pareció un camisón.

- ¿No hay ropa interior?- le preguntó al ver solo esa prenda.

- No la necesitas.- dijo él y un sonrojo automático se apoderó de las mejillas de ella, se giró dándole la espalda al Saiyajin que no le quitó la vista de encima. Caminó sin mirarlo hasta el baño y ahí se vistió saliendo a los minutos.

- ¿Aun quieres hacer un trato conmigo?- le preguntó cuando la vio.

La peliazul se sorprendido al escucharlo ¿O sea que si está dispuesto a escucharme? Se preguntó y supo que debía aprovechar la oportunidad que le estaba dando.- Ehhh… si.- dijo acercándose a la cama, se mordió el labio inferior y se sentó retirada de él.

- Dijiste que seré tu esclava personal… pero yo no quiero ser eso…

- No te he dado el permiso de tutearme, ya te lo dejé pasar muchas veces, soy el Príncipe Saiyajin y me debes tratar como tal "esclava"- le dijo enfatizando su tono de voz en la última palabra restregándole en el rostro la posición que ella ocupaba frente a él.

- Lo siento.- dijo entre dientes conteniéndose por mantenerse calmada frente a la actitud ácida del hombre.- Solo que yo nunca podré ser una esclava, tengo una inteligencia inigualable que no desaprovecharé solo porque a "usted" le place.- dijo tratando de hablar lo más tranquila que pudo pero dejando claro su punto.

- No voy a retractarme humana, así que si piensas tratar de convencerme de una vez te digo que solo pierdes tu tiempo.- indicó dándose la vuelta, Bulma entró casi en pánico y supo que si no le hablaba claro él jamás volvería a escucharla, se aproximó al Saiyajin, dudó un poco, mordió su labio inferior y respirando hondo toco el hombro del Príncipe, éste se giró encontrándola a un lado de él.

- Voy a proponerte… Digo… Voy a proponerle un trato.- dijo retractándose al darse cuenta que estaba tuteándolo nuevamente.

- Habla.- dijo incorporándose, se deslizó y recostó su espalda en el respaldo de la cama.

- Voy… voy a hacer todo lo que pida sin contradecirle nada a cambio de dos cosas.- comentó agachando su mirada, se quedó unos segundos esperando que él dijera algo pero no escuchó palabra salir de su boca.

Acomodó un mechón tras su oreja derecha y elevó la vista encontrándose con la mirada seria del hombre, suspiró y continuó.- Una, es que me deje seguir haciendo lo que me gusta, me refiero a trabajar en el laboratorio… y dos, que mi padre salga beneficiado en todo esto.

- ¿Tu padre?- interrogó alzando una ceja extrañado.- ¿Te refieres al otro humano científico?- dedujo al recordar que habían dos científicos terrícolas.

- Si.- dijo posando sus ojos turquesa en él.

- ¿Qué clase de beneficios?- habló curvando sus labios, la actitud de la humana le divertía de cierta forma, si fuera otra estaría muerta o estaría tirada en el piso como una basura llorando por lo que él le había hecho, pero ella no, estaba ahí arrodillada en su cama muy cerca de él, sentía su pierna ser rozada por la rodilla de ella y al parecer la mujer aun no se había dado cuenta, la frágil criatura había resultado ser osada y le estaba enfrentando a como podía, a él, al Príncipe Saiyajin.

Lo vio sonreír y supo que no podía poner un pie en falso o él podía enojarse y acabar con su existencia ahí mismo, aunque parecía relajado y no pensaba en hacerle daño, pero debía de todas formas ser cautelosa y evitar a toda costa su enfado.- Solo son un par de cosas con respecto a él.- dijo manteniendo su mirada sobre el hombre.- Que viva en mejores condiciones que las que ahora se encuentra y que me asegure que él no sufrirá ningún daño.

- ¿Está pidiéndome protección para él?

- Si.

- ¿De qué quieres protegerlo?- preguntó interesado.

- De usted.- respondió y automáticamente se mordió la lengua por no pensar antes de hablar.

- ¿De mí?

- Me refiero a que…- agachó la mirada sin saber cómo continuar, lo pensó un poco y dijo.- Bueno, se lo peligroso que es esto y que si hago algo que a usted no le gusta podría matar a mi padre en venganza.

Sonrió por el atrevimiento de ella y le gustó la sinceridad con que le hablaba, nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a decir tal cosa.- Eres arriesgada humana.- dijo tomando con sus dedos la fina barbilla de la mujer dándole un pequeño apretón.- Así que…- pauso un momento para observarla mientras la soltaba, pasó su vista por aquel rostro infantil a su ver, y continuó bajando su mirada hasta sus pechos donde sus pezones se transparentaba por aquella tela blanca. La peliazul de dio cuenta de su escudriño y bajó el rostro ¿Apenada? Quizá, pero la mirada del hombre la hacía sentirse de esa forma. Continuó descendiendo y observó su estrecha cintura que se ampliaba hacia abajo en unas redondeadas caderas hasta sus muslos cubiertos por la mitad por la prenda.- ¿Vas a hacer cualquier cosa que yo te pida sin contraponerte?- terminó de decir cruzándose de brazos.

- Si.- dijo sabiendo muy bien que haciendo aquel trato ella estaba atada a obedecer la palabra de aquel Saiyajin sin rechistar, pero ella fue egoísta consigo misma al pensar en el bienestar de su padre, prefería que él estuviera bien aunque ella tuviera que sacrificar su orgullo y dignidad. Ya su madre había muerto por su culpa, haría lo imposible ahora por mantener con vida a su padre, lo único que le quedaba en ese maldito planeta. Pero aun en contra de su propia suficiencia y fuerza de voluntad estaba buscando la manera de sacar un poco de provecho de aquella situación.

- ¿No crees que está pidiendo mucho?- preguntó él en un tono de burla que ella no pasó desapercibido.

Curvó sus delgadas cejas y lo miró frunciendo sus labios con enojo.- En mi planeta siempre fui una mujer respetada y muy importante, me trajeron hasta aquí y sigo pensando en que lo soy, sigo siendo la científica más inteligente que trabaja para el Rey…

- Trabajabas.- interrumpió él con diversión, le causaba gracia ver a la mujer hablando con prepotencia y altanería, quizá ella no se daba cuenta aun de que podía morir por su soberbia, o tal vez su comportamiento solo era obra de su carácter, pero estaba seguro que no era una mujer cualquiera como creyó en un principio.

- Como sea…- respondió por impulso de forma tosca a lo que el Saiyajin volvió a su semblante serio del que ella no se percató.- Sé que si voy a servirle al Príncipe en todo lo que ordene algo debo de recibir a cambio ¿No cree?- terminó decir observando la mirada fría del hombre sobre ella.

- Estar viva es tu recompensa.- respondió manteniendo sus ojos sobre ella.

- No es mucho lo que pido.- insistió dándose cuenta de que su rodilla estaba rosando la pierna del Saiyajin y se apartó por instinto.

- Debería de cortarte la lengua terrícola.- respondió descruzando sus brazos y tomándola por de la muñeca, la haló haciéndola que se sentara en su regazo con cada una de sus piernas a los lados de su cadera.- Pero acepto solamente una de tus condiciones.- dijo con vos ronca regocijándose de la mirada de miedo que le dio la peliazul. Ella sabía que si él estaba accediendo tan fácilmente a su petición es porque algo tramaba… ¿Dijo solo a una?se preguntó mentalmente.

- Podría simplemente forzarte, pero me entretiene más que hagas las cosas en silencio y no lloriqueando y gritando.- terminó él de decir, subió su mano por la espalda de la mujer ejerciendo presión para acercarla un poco.

- ¿Solo a una?- pregunto ella tratando de concentrarse en las palabras de él y no en sus caricias.

- A la segunda.- respondió tomándola ahora por la nuca y acercándola a él sin delicadeza. La peliazul dejó escapar un gritito por el susto y se limitó a ver la expresión divertida del Saiyajin. Pensó por un momento que iba a… ¿Besarla quizá? Pero desechó la idea al sentir los labios del hombre acariciándole el cuello, cerró sus ojos pero recordó que el dolor aun no desaparecía de su vientre. Colocó las manos sobre su hombro y lo empujó.- No me siento bien.- dijo en vos baja esperando que el Príncipe no se enojara.

- Si quieres que cumpla con mi parte tú también debes de comenzar a cumplir con la tuya.- indicó sin soltarla mientras incrementaba sus besos en el cuello de la muchacha, abandonó su lado derecho y prosiguió con el lado izquierdo.

- No es que no quiera cumplir… solo que estoy adolorida.- dijo haciendo una mueca de fastidio al sentir otra punzada en su intimidad, de verdad que aun le dolía.- Además, necesito que me diga sí a ambas cosas.- agregó sin darse por vencida aun.

- Sí a lo segundo, no a lo primero y es mi última palabra.- dijo dejando de besarla pero sin apartarse de su cuello.- Voy a dejarte descansar.- habló ahora ronco cerca de su oreja haciendo que la peliazul temblara con placer.- Pero mañana no vas a salvarte.- comentó sonriendo al sentir la reacción en el cuerpo de la humana. La soltó y apartó acostándose en la cama boca abajo.

Bulma no dijo nada más, prefirió no insistir más en el asunto, pero supo que iba a convencerlo de alguna manera, por lo menos había conseguido que su padre estuviera seguro. Ahora su vida había cambiado y su futuro no era el que ella había pensado cuando llegó al planeta ¿Qué sería de ella cuando el Príncipe se aburriera de su cuerpo? ¿Qué sería de su padre? Sus ojos se humedecieron pero no quiso seguir pensando en aquello, se acostó lo más lejos que pudo del hombre y tomó una de las sábanas arropándose, el clima en el planeta era demasiado frió por la madrugada, la tela no le brindaba el calor que ella necesitaba pero aun así consiguió quedarse dormida al instante.

- ¡El Príncipe viene hacía aquí!- gritó uno de los ayudantes del laboratorio.

- ¿Qué diablos?- interrogó Piccoro al ver al extraterrestre de forma humanoide pero con piel lavanda entrar gritando despavorido al laboratorio.

- ¡El Príncipe Vegeta estará aquí en unos minutos!- gritó nuevamente el hombre totalmente paralizado por el miedo.

- Tranquilízate maldición, tal vez solo venga a ver los nuevos proyectos.- dijo tratando de mantener la calma que en realidad no sentía, el Príncipe había estado ahí solamente en dos ocasiones durante los veinte años que él había estado trabajando como científico para ellos ¿Qué mierda quería ahora? se preguntó, pero sabía que no saldría nada bueno de esa visita, el mismísimo Príncipe Saiyajin no era de los que perdía el tiempo yendo a un aburrido laboratorio a ver los avances de los proyectos, para eso él se reunía con el Rey y en alguna ocasiones con él, pero lo que sí sabía es que para ello programaban tal encuentro y no tenían la necesidad que la realeza visitara esa parte del castillo.

- ¡Dejen de actuar como imbéciles!- dijo haciendo que todos se quedaran quietos, estar tranquilos es lo único que podían hacer, aunque muy bien tenían por sabido la reputación del Saiya, si algo no le gustaba sencillamente pulverizaba al infeliz que se le atravesaba por enfrente, sabían todos muy bien lo despiadado que era e incluso aun más que el mismísimo Rey, es de ahí el temor que sentía con solo pronunciar su nombre.

- Estamos de acuerdo por primera vez en algo.- se escuchó resonar la vos grave de Vegeta en aquel cuarto de laboratorio.

- Príncipe.- dijo reverenciándolo Piccoro y los demás lo imitaron, cómo odiaba al mocoso insolente, lo odiaba demasiado por ser el Príncipe de la raza que purgó y vendió su planeta a los mercenarios espaciales, el enano a pesar de tener solamente 18 años era más fuerte que cualquiera, incluso habían rumores de que había sobrepasado el poder del Rey, no sabían si era cierto, pero de lo que si estaba seguro es que se volvió poderoso desde corta edad.

- ¿Dónde está el científico terrícola?- habló imponente entrando con dos subordinados, uno de cada lado a medio metro tras él quedándose cerca de la puerta. Se cruzó de brazos mirando al insecto verde frente a él.

- Está en los calabozos Príncipe.- respondió Piccoro nervioso, si algo salía mal y Vegeta se daba cuenta de que la humana científica había desaparecido de seguro el terminaría hecho polvo, no creyó que ni a él ni al Rey les gustara saber que la mente brillante detrás de los ingeniosos avances del planeta estaba desaparecida… quizá por esa razón estaba ahí y solo pudo comenzar a contar los minutos de vida que le quedaban.

- Él…- comenzó a hablar haciendo una pausa y levantando levemente el rostro para verlo a la cara.- Está buscando a su hija.- dijo y lo miró arquear una ceja.- A la humana científica.- aclaró nervioso, lo vio curvar sus labios en una sonrisa retorcida y supo que su final venía, sentía que iba a pulverizarlo ahí mismo.

- Ve por él.- dijo entrando completamente al lugar mirando los planos que estaban en un gran mesón.

- Si, Príncipe.- respondió con una gota de sudor bajando por su cien ¿Se había salvado? ¡Maldita sea que sí! Aunque no podía cantar victoria aun ¿Qué quería el príncipe con el humano?

El frío aun no desaparecía de la habitación, pero había mermado y ya no era tan perceptible para la peliazul, se removió unos minutos sin llegar a abrir los ojos y estiró su cuerpo cansada, se sentía molida, cada uno de sus músculos le dolía en demasía… Abrió lentamente sus párpados y sus orbes turquesas se fijaron en el techo, bostezó poniendo una mano en su boca y se incorporó quedando sentada en la cama, aclaró sus ojos parpadeando un par de veces y observó la habitación, los recuerdos llegaron a ella y supo que ya no estaba en aquel pequeño cuarto que le habían asignado en el laboratorio, pero… tampoco estaba donde el Saiyajin la había llevado. Se resbaló hasta la orilla de aquella gran cama y descubrió su cuerpo arropado por una sábana blanca, puso sus pies en el piso y miró que estaba parada en una alfombra de color gris, definitivamente no era la habitación de anoche. Se puso de pie y el dolor punzante apareció de nuevo haciendo que se encorvara un poco mientras tocaba su vientre, era menos doloroso pero de igual manera estorboso, hizo una mueca fastidiada observando a su alrededor y vio el tamaño de la habitación, era enorme en comparación con el cuarto donde ella solía dormir. Los muebles de esa recámara eran lujosos y todo parecía estar tan limpio y ordenado, se irguió y caminó recorriendo el lugar, vio la puerta y por un momento pensó en huir, pero desistió al pensar en que si lo hacía su padre también pagaría las consecuencia de sus actos, desechó la idea rápidamente y desde la puerta admiró todo el lugar, hacia el lado derecho se encontraba una pequeña sala, la adornaban unos muebles de color negro parecido al cuero que ella conocía en la tierra, más al fondo estaba la cama de frente a la sala y al lado izquierdo de ésta se hallaba una puerta, fue a ella y la abrió, era él baño y comprobó que estaba completamente sola, no habían rastros del Saiyajin, salió, abrió dos puertas que estaban cerca de la entrada de la ducha y miró toda la ropa que solía usar el Príncipe, habían trajes color azul, unos más claros que otros y totalmente ordenados, armaduras, guantes, botas, varias capas rojas y lo que le llamó la atención fueron esos pequeños aparatos que siempre notó que traían enganchados en su oreja y tapando uno de sus ojos.

Mordió su labio inferior y tuvo la intención de tomar uno, pero mejor dejó su curiosidad de lado y fue a sentarse a la cama.- ¿Dónde estoy?- se preguntó en un susurro, seguramente esa era la recámara del Príncipe Saiyajin ya que ahí estaba la ropa que lo había visto usar, aunque todos ellos vestían de igual forma pero la armadura del Príncipe y del Rey tenían un sello real en las armadura que los distinguía de los demás, por otra parte estaban también colgadas ahí las capas rojas que él llevaba siempre, sin duda era la habitación de ese sujeto. La recámara por otra parte era todo lujo ¿Cómo había llegado ella ahí? ¿En qué momento? pensó, se paró y se dispuso a darse un baño caliente que en realidad sintió necesitarlo sintiendo por primera vez que extrañaba el laboratorio.

- Príncipe.- dijo Piccoro entrando al lugar seguido del científico Briefs.

- Bien… ¡Largo!- gritó haciendo a todos brincar en sus puestos y salir rápidamente incluyendo a Piccoro que lo reverenció antes de irse al igual que los demás, solo quedaron junto a él el par de soldados que lo acompañaban.

- Ustedes también ¡Largo de aquí!- les gritó y ambos, se inclinaron como el protocolo lo demandaba y salieron.

- Así que…- comenzó a hablar Vegeta cuando estuvo a solas con el hombre.- ¿Qué hacías en los calabozos?- preguntó, él sabía que estaba haciendo, pero quiso poner a prueba al humano para saber si era capaz de mentirle o ver una reacción de duda en él.

- Príncipe Vegeta.- contestó dándole una leve reverencia.- Busco a mi Bulma.- comentó totalmente sereno.

- ¿Bulma?- preguntó cayendo en cuenta que era el nombre de su esclava. Ni siquiera se había molestado en preguntárselo a la mujer, era algo poco relevante.

- Si Bulma es mi hija señor, ella desapareció y estoy preocupado buscándola.- confesó el hombre con una vos totalmente serena que extrañó al Saiyajin, pensó que el terrícola era igual de imprudente que la humana pero al contrario de aquello él parecía relajado y para nada insensato. Sonrió ladino y levantó el mentón con orgullo mirando al hombre de cabello lila.

- Tu hija está conmigo.- soltó soberbio sin importarle lo que el viejo pensara.

- ¿Mi Bulma está bien?- preguntó por primera vez mostrando un poco de sentimientos… Repulsivo, pensó el joven Saiya.

- Por su puesto… Humano.- gruñó con hastío, odiaba ver a algún sujeto mostrando emociones, eso los hacía débiles y él repudiaba la debilidad.

- ¿Dónde está mi hija? ¿Puedo verla?- preguntó sin moverse de su lugar, pero su vos salía en tono de preocupación.

- No.- dijo caminando hacia la mesa donde estaban los planos.- Tu hija ahora me pertenece.- continuó hablando mientras observaba los lienzos con diferentes figuras y fórmulas.

- ¿En qué sentido?- habló el doctor Briefs manteniendo la calma, desde el momento en que ese Saiyajin dijo "ahora me pertenece" supo la gravedad de la situación, pero quiso escucharlo de sus labios.

- En todos… Humano.- respondió con una sonrisa perversa.- Ahora tú, vas a trabajar directamente para mí.- vio arquear una ceja al terrícola y lo divirtió, jamás vio en algún sujeto tanta calma a pesar de estar hablando con él, no cabía duda que era tan valiente como su esclava y eso de cierta forma le agradó.

- ¿En qué puedo servirle Príncipe?- respondió, sabía que no debía oponérsele a esos aliens sino quería terminar sus días asesinado, deseaba más que todo ver a su hija, por ello tenía que actuar con la cabeza fría y no ir en contra de lo que el Príncipe de esa raza despiadada le pedía.

- Te lo haré saber luego, ahora continúa haciendo lo tuyo.- dijo saliendo del lugar.

- ¿Qué mierda quería el Príncipe?- preguntó Piccoro en un susurro entrando una vez el Saiyajin se había ido junto a sus soldados.

El doctor Briefs solo negó con la cabeza, no quiso hablar de aquello con nadie, él sabe lo peligroso que es tratar con esos tipos y sobre todo con el Príncipe, su hija estaba con ese Saiya y él debía actuar reservado, con cautela para no generarle problemas a Bulma, podía ser que cualquier cosa que pasara entre él y ese hombre generara represarías contra su pequeña. Solo esperaba que por Kamisama ella se encontrara bien.

Bulma había estado unos 25 minutos en lo que parecía ser el jacuzzi, era como los que habían en su planeta y cuando lo vio no dudó ni dos segundos en llenarlo y meterse en aquella agua tibia. Sus pensamientos iban y venían saltando de una idea a otra, no sabía si insistirle o no al Príncipe sobre seguir trabajando en el laboratorio, ella amaba su trabajo y es lo que la había mantenido ocupada durante todo esos dos años y medio en el planeta, la distraía de los problemas y compartía tiempo con su padre haciendo lo que a ambos les gustaba. Pero ella es Bulma Briefs, no se daría por vencido tan fácilmente y cuando viera la oportunidad de convencerlo lo haría, por el momento había decidido dejar pasar unos días antes de volver a mencionarle eso, además, ella necesitaba estar con su padre tanto como él la necesitaba, su madre había muerto y no podía dejarlo solo o se deprimiría por la pérdida de su esposa y ahora de ella, sabía que por ella es que él se había mantenido fuerte, no podía dejarlo abandonado tanto tiempo solo por cumplir con los caprichos del Saiyajin. Cuando sintió que era tiempo suficiente para que sus músculos se relajaran salió envolviendo su cuerpo en una toalla, bostezó y decidió dormir un poco para despejar sus pensamientos. Abrió la puerta, fue directo a la cama, se quito la toalla y se colocó el camisón blanco, levantó la sábana y puso la rodilla en el colchón pero antes de que pudiera acostarse unos brazos la tomaron por la cintura haciéndola brincar.

- ¿Estás lista?- escuchó que preguntaban en su oído, sabía que era la vos de él y lentamente se giró un poco para mirarlo.

- Me asustó… Príncipe.- dijo sin mucho ánimo.

- ¿Por qué has usado mi baño?- le pregunto en un ronroneo comenzando a lamerle el cuello.

- Creí que podía… ¿Le molesta?- preguntó ella cerrando los ojos y sintiendo pequeñas descargas de placer en su cuerpo.

- No.- respondió para girarla y tenerla de frente, se hundió en su cuello succionando la piel blanquecina suavemente, colocó sus manos en su cadera y la levantó un poco para subirla a la cama, se deslizaron hasta quedar en el centro y el se puso sobre ella abriéndole las piernas.

- ¿Descansaste?- preguntó besando la mandíbula de la muchacha de un lado a otro.

- Un poco.- dijo cerrando sus ojos y permitiéndose disfrutar de las caricias. Habían hecho un trato y estaba más que dispuesta a cumplirlo a cambio de mejorar la vida de su padre… literalmente se había vendido y una punzada de asco se mezcló con las sensaciones de excitación.

- Debiste descansar mientras no estaba.- le susurró encendido comenzando a moverse sobre la peliazul que para su gusto no tenía ropa, claro, fue por eso que él no se molestó en entregársela anoche.

- Ahhh.- suspiró la peliazul embriagada del éxtasis, se sentía tan sucia por permitir que su cuerpo reaccionara de esa forma a los toques de ese salvaje, pero debía mantenerse dócil y no rehusarse para que el hombre cumpliera con su parte del trato.

En sí el Saiyajin no le era desagradable, pero no es lo que ella quería, no es con aquello que soñó cuando estaba pequeña y lo que le dolía y ofendía era el hecho de que él la había tomado a la fuerza obligándola a hacerlo con él, además, sabía muy bien que estaba siendo simplemente el juguete nuevo del Príncipe y que cuando él se cansara la iba a desechar. Estaba consciente que por ahora no iba a hacerle daño, pues si accedía a sus caprichos no iba a tener problemas con el sujeto, pero para eso había tenido que rebajar su gran orgullo a nada, pasó en un día de ser la científica mano derecha del jefe de laboratorio a ser la "esclava personal" del Príncipe Saiyajin, pero por sobre su orgullo, su dignidad, su autoestima y amor propio estaba su padre, por nada en el universo iba a permitir que el muriera, ya bastante tenía con la culpa que le carcomía el corazón cada vez que pensaba en su madre.

- Necesito pedirle algo.- habló decidida entre jadeos.

- Ahora no.- respondió el guerrero tomando la orilla del vestido y subiéndolo hasta dejarla desnuda, posó sus orbes ónix en el menudo cuerpo de la muchacha y supo en ese momento que debía medirse con su fuerza si quería conservarla por mucho tiempo ¿Quería mantenerla viva durante varios meses? Claro, hasta que se saciara de los encantos de la mujer. La observó un poco más, se veía demasiado frágil ¿Por qué tenía que ser tan débil? Había mirado mujeres de muchas especies pero ninguna como esa, parecía que podía romperla con solo tocarla. Se acercó a ella frente a su rostro y vio sus labios, eran de color rosado al igual que sus mejillas, besó sus pómulos y bajo cerca de su boca dando cortos besos y la escuchó jadear. Se apartó un instante y comenzó a desvestirse rápidamente, su miembro palpitante estaba apretándole dentro del pantalón spandex, desnudo se acomodó entre las piernas de la muchacha y la penetró en una embestida que bien para él no lo hizo con fuerza ella sintió nuevamente aquella dolorosa sensación.

- ¡Ahhh! ¡Me duele!- gimió deslizándose hacia arriba para liberarse pero él la tomó de la cadera y empezó a embestirla.

- ¡Maldición me duele!- gritó pero él la silenció colocando una de sus manos en su boca, la peliazul no pudo hacer nada más que aguantar y las lágrimas comenzaron a salirle sin siquiera pensarlo, el maldito estaba dañándola, el dolor era punzante y sentía como se abrían sus paredes en su interior, quería en ese instante poder tener la fuerza y quitárselo de encima para salir corriendo de ahí y no verlo nunca más. Él hundió su cabeza en el cuello de ella mordiéndola sutilmente mientras sentía su orgasmo aproximarse, la embistió más fuerte y la escuchó gemir aun con su boca tapada, el dolor había comenzado a pasar y el placer iba inundándola poco a poco, se abrazó a su cuello y pasó sus manos por la espalda del Saiyajin enterrando sus uñas en él, cuando Vegeta se dio cuenta del abrazo la apartó y se irguió sin dejar de penetrarla, no le gustaba para nada la sensación que le producían los abrazos de la humana. Sintió su cuerpo caliente al percibir como iba más hondo y el roce de sus miembros era algo demasiado placentero, el Príncipe bajó la mirada y la vio arquear su espalda mientras sentía su miembro ser apretado en el interior de la peliazul.

- ¡Ahhh! Vegeta.- gimió fuerte apretando la sábana y cerrando sus ojos apreciando el orgasmo recorrerle cada fibra de su cuerpo, se retorció con gozo y en ese instante sintió ser llenada de la esencia caliente del hombre, escuchó un gruñido y lo sintió caer sobre ella mientras respiraba agitadamente. Instintivamente la peliazul puso su mano en la cabeza de él acariciando su cabello y en ese momento se levantó de golpe abandonando el interior de la terrícola.

- ¿Qué pasa?- preguntó ella mirándolo extrañada.

- ¿Por qué siempre estás tocándome?- interrogó poniendo sus manos a cada lado de ella y su piernas a cada lado de su cadera.

- Es… es una simple caricia.- dijo ella reflejando temor en sus ojos turquesa.

- No me gustan.- dijo con rabia.- Y si vuelves a hacerlo vas a perder la mano con la que me hayas tocado.- para cuando la peliazul se dio cuenta de la inmensidad que llevaban sobre sí aquellas palabras él ya estaba entrando al baño, se sentó en la cama adolorida y buscó el camisón que estaba sobre la alfombra y se vistió ¿Por qué demonios no le gustaba que lo tocara? Pensó, eso era algo que iba a averiguar.


RinPink Susaiyajin: Bueno chicas, la historia está avanzando y me he quedado encanta con el capítulo… no se ustedes ¿Qué opinan? :P

Si ven errores ortográficos agradecería que me avisen y ustedes disculparan por ello, pero siempre se pasan o hay palabras a las que se les pone o quitan letras sin uno darse cuenta

Bueno, espero me dejen su reviews y nos estamos leyendo, actualizaré pronto, las quiero n.n Chain