Capítulo IV: Experimentando
Había pasado por lo menos unas 5 horas a solas en aquella enorme habitación, estaba aburrida naturalmente, ella jamás había sido una mujer monótona, en su planeta siempre buscaba entretenerse con algo, tenía muchos amigos y siempre había una idea para divertirse… suspiró melancólica, a pesar del tiempo y de saber que la mayoría estaban muertos… los extrañaba, bueno, en realidad no sabía si sobrevivieron o si esos malditos los asesinaron, pero lo más probable es que lo último seguro fue lo que sucedió, su corazón se encogía de solo pensar en todos los recuerdos que tenía con ellos, eran demasiado buenos como para tener aquel destino. Ahora que tenía tiempo de pensar y de recordarlos supo cuanto daría por volver a su vida de hace dos años y medio, regresar el tiempo y poder revertir aquel día en que los Saiyajin purgaron su planeta. Realmente eran tormentosos los recuerdos de ver a su planeta caer bajo el dominio de esa maldita raza, pero aunque el tiempo retrocediera no había nada que hacer ¿Cómo luchar contra esos extraterrestres de fuerza brutal? Los terrícolas eran todos menos fuertes en comparación de los Saiyas teniendo cero oportunidades contra ellos.
Debía buscar algo que hacer encerrada ahí, pues sino seguramente se volvería loca…Caminó de un lado a otro mirando de arriba abajo las cuatro paredes, se sentó en el "glorioso" sofá de la sala al lado derecho de la puerta principal, era demasiado suave y le encantó, por lo menos algo de aquella habitación tan impecablemente limpia y ordenada le agradaba. A media mañana un poco después de que el Saiya Real se había retirado de la recámara dejándola sola, después del "pequeño incidente" donde la amenazó por haberlo tocado, unos sirvientes habían entrado con una bandeja de comida de diferentes colores y texturas que para Bulma no fueron tan agradables, a su ver, había demasiada carne y muy pocas frutas, era adicta a ellas pero desde que había tocado piso en el planeta rojo no había tenido la oportunidad de probarlas, incluso llegó a considerar que estaba olvidado el sabor de su fruta favorita… las fresas y que mejor si iban acompañas de crema batida, eran su pequeño delirio.
Suspiró por enésima vez y picó algo parecido a la gelatina de la Tierra, era de color azul oscuro… se tentó a probarla, sabía entre ácido y salado, inmediatamente escupió el bocado con una expresión de asco dibujada en su rostro, cuando el mal sabor se disipó un poco tomó un plato con carne, frunció las cejas amurrando sus labios con desprecio para luego descartar la idea de comerlo, desistió de querer por lo menos intentar comer aunque sea un poco de esos raros alimentos y fue directo a la cama, tenía demasiada hambre, pero tampoco era para atragantarse de esa asquerosa comida. Miró el techo blanco estando acostada boca arriba, posó sus manos sobre su abdomen y nuevamente suspiró, estaba inquieta moviendo los dedos de sus pies hiperactivos , giró a la derecha sobre aquel enorme colchón rodando todo su cuerpo un par de veces, luego a la izquierda quedando boca abajo, hundió su rostro en la blanca almohada y se ahogó en aquel aroma… era el olor del Saiyajin, aspiró profundo y levantó su rostro posando sus orbes turquesa en el cojín, se quedó con los ojos fijos sobre la tela y recordó las palabras que había cruzado con el hombre ¿Por qué siempre estás tocándome? le había preguntado, es una simple caricia, le respondió ella… No me gustan… Y si vuelves a hacerlo vas a perder la mano con la que me hayas tocado, amenazó él y ella notó en su momento la rabia conque había dicho aquellas palabras, pero ¿Por qué?, el contacto para ella era importante, bueno, no solo era así para ella, en sí para cualquier humano era indispensable tener acercamiento y sobre todo en aquellas circunstancias íntimas, por lo que sabía en tal acto se demostraba no solo deseo, sino también amor, pero ese era asunto aparte, en esa "relación" Príncipe- Esclava no podía ni nunca habría tal cosa, era una burla tan solo pensarlo, pero sea como sea, la actitud del Príncipe podría catalogarse como reacia y ariscas lo que la llevaba a pensar en un "por qué".
Se levantó de la cama y fue a observar nuevamente los diferentes platillos, encontró en un vaso un poco de agua y la tomó al instante, estaba sedienta, echó un último vistazo a la comida e igual se le volvió a revolver el estómago, bostezó en ese momento y decidió que dormir era lo único que podía hacer en aquel maldito lugar que la aprisionaba de su amada libertad.
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El entrenamiento estaba rindiendo los frutos esperados para el Príncipe Saiyajin, se sentía tan eufórico en aquel momento en que la adrenalina corría por su torrente sanguíneo poniéndolo alerta de los ataques de sus contrincantes. Sonrió ampliamente mostrando sus caninos en una sonrisa retorcida, tenía a 6 de sus soldados elite haciéndole frente en aquella inmensa sala de entrenamiento, estaba dándoles una dura lección y mostrándoles como siempre que era el mejor. Al cabo de 8 horas de arduo esfuerzo físico dio por terminada la sesión de entrenamientos, salió de la sala dejando a más de 20 soldados heridos, unos aun podían mantenerse levitando en el aire jadeantes por el inmenso dolor que sentían, otros apenas podían sostener en pie debido a las grandes cortadas en sus cuerpo y los demás quedaron tirados en el piso con la mayoría de sus huesos rotos haciendo un gran esfuerzo por respirar, el Príncipe Saiyajin era despiadado y eso alegraba a cada uno de ellos, amaban tener a un guerrero de esa calaña como gobernante, era un orgullo servirle tanto a hijo como a padre y sin pensarlo darían la vida en nombre del Rey y el Príncipe Vegeta. Su orgullo y honor eran parte de ellos adheridos como una segunda piel amando por sobre todo las batallas.
El Saiya Real caminó por el largo pasillo que se dirigía a sus aposentos, con una mano sosteniendo su abdomen, su ceño fruncido más de lo habitual y su boca torcida en señal de dolor, si, dolía, pero en igual medida no representaba absolutamente nada para él, los guardias que estaban vigilando los rincones del palacio solo se limitaron a ver pasar a su Príncipe por el pasaje dejando en el camino un gran rastro de sangre que salía a través de la profunda cortada, para ellos resultaba del todo natural apreciar aquella escena, su Príncipe se desvivía en la sala de entrenamiento fortaleciendo su cuerpo a través de los entrenamientos y muy bien sabían lo cruelmente excesivo que era. A pesar de estar tan mal herido aun mantenía su cuerpo erguido como si aquello no significara nada.
Vegeta entró a su habitación cerrando la puerta tras él, se agachó un poco aguantando el dolor, estaba solo, y no tenía que fingir una postura de hierro frente a los mediocres soldados. Dio unos pasos adentro y se dejó caer sobre el sofá, un gruñido salió de su boca apretando fuerte la mandíbula aguantando las pulsaciones intensas provenientes de su carne abierta … No es nada, pensó, quitó lentamente la mano de la herida, bajó su vista y observó como una gran cantidad de sangre brotó cayendo parte en el piso y otra manchando la tela del sillón, volvió a colocar su mano haciendo presión, quiso levantarse pero el maldito dolor punzante lo regresó al sofá, gimió de dolor mientras cerraba fuerte los ojos, respiró profundo y un pequeño ruido lo distrajo un momento, dirigió su rostro mirando en dirección de donde provenía y vio a la mujer acostada en su cama, ni siquiera se había percatado de su presencia… es más ni si quiera se acordaba que ella estaba ahí.
Bulma escuchó a alguien entrar y supuso que era el Saiyajin, se quedó quieta en la cama esperando que él llegara a acostarse pero no sucedió, esperó unos segundos y escuchó los quejidos del hombre, no se movió, y ahora un gemido la hizo saltar en su posición, su vos grave había resonado en la habitación, su cuerpo le decía que no se moviera, que no hiciera ningún ruido pues si algo malo pasaba con el hombre no debía ser nada bueno como para que gimiera en ese tono, había notado con cuan dolor había salido aquel quejido, pero su curiosidad pudo más, se armó de valor y se sentó en la cama mirando medio cuerpo del Saiya sobre salir por riba del respaldo del sofá, no podía verlo del todo, solo de torso hacia arriba así que se puso de pie caminando lentamente hacia él.
- No te acerques.- le gruñó el Saiyajin asustándola un poco, dio un brinco en su lugar y solo lo observó.
Otro gruñido salió de la boca de él y lo vio arrugar el ceño y rechinar los dientes.- ¿Está bien?- se atrevió a preguntarle… no obtuvo respuesta, mordió su labio inferior y entrelazó sus manos a la altura de su cintura apretándolas en señal de nerviosismo. Lo miró ponerse de pie y entonces descubrió lo que pasaba, la sangre caía a borbotones del abdomen del Príncipe, automáticamente se llevó ambas manos hacia la boca para ahogar un grito y corrió hacia él.
- ¡Kami que te ocurrió!- dijo acercándose.
- ¡TE DIJE QUE NO TE ACERCARAS!- gritó furioso y avanzó metiéndose al baño.
Bulma recorrió con sus ojos el lugar y vio el piso desde la puerta hasta el sofá y luego siguió el rastro de sangre hasta perderse dentro del baño, algo se movió en ella y a pesar de lo que él dijera iba a ayudarlo ¿Cómo demonios se había dañado tanto? Un sentimiento de agonía recorrió su cuerpo al escuchar otro gruñido provenir del cuarto y sin pensarlo dos veces entró.
- ¡Príncipe está perdiendo demasiada sangre!- dijo al verlo curvado sosteniéndose de la pared con una mano y con la otra apretar su abdomen.
- Vete.- respondió recostando su frente en el brazo con que se apoyaba en la muralla.
- Necesita ayuda médica ¡Por Kami! se está desangrando.- alegó llegando hasta ponerse tras él.
- ¡Largo! Esto no es nada.- vociferó en la misma posición.
- Va a morir si sigue botando más sangre, déjeme ayudarle.- insistió acercándose más a él.
- Yo no necesito la ayuda de nadie y menos de una miserable esclava.- contestó con toda la repugnancia que pudo levantando su rostro para verla.
Bulma sintió que sus palabras eran como dagas, la hirieron justo en el orgullo, pero claro, ella estaba muy consciente de lo que significaba en ese planeta y aun más para el déspota Príncipe, todo lo que de ese altanero sujeto salía la hacían sentirse más que miserable, sus palabras la hacían sentirse reducida, demasiado como para sentir que no valía nada, peor que un bote de basura, por lo menos ese objeto servía para algo ¿Y ella? No lo sabía, tal vez si servía como un objeto, el imbécil Saiyajin real le daba un uso como a cualquier cosa, era útil solamente para su placer sexual… ¿Entonces eso le daba alguna clase de derechos? No, nunca tendría ningún tipo de privilegios por ser su esclava sexual ella "tenía el deber de complacerlo" desde el punto de vista del Príncipe, aunque para la peliazul pensaba que ella no tenía por qué darle nada a ese sujeto.
Lo vio erguirse echando la cabeza hacia atrás mientras apretaba sus dientes reteniendo el dolor que sentía, cerró sus ojos aguantando las punzadas que daba su herida abierta y suspiró profundo tragándose consigo la agonía que le causaba el dolor, movió un poco su mano de la herida y dirigió su mirada a ésta, Bulma posó sus orbes azules en sus movimientos y observó como la sangre brollaba sin parar y supo entonces que ese hombre iba a morir, él no estaba haciendo nada por ayudarse y tampoco le había permitido ayudarlo… si él muere, pensó unos segundos y las esperanzas que había perdido volvieron a ella cálidas y consoladoras dándole una buena respuesta a su vida, si el moría ella sería libre, si el Príncipe engreído dejaba de existir ella sería una mujer libre, seguiría trabajando para el Rey y viviría la vida que estaba llevando junto a su padre como en estos últimos años. No habría quién más la molestara y mucho menos sexualmente como ese hombre lo había hecho, el Rey Saiya no tenía dobles intenciones con ella y lo más lógico es que la enviara de nuevo a trabajar al laboratorio, pero ¿Podría vivir de esa manera? ¿Podría vivir con su conciencia limpia después de dejar morir a su verdugo? La verdad era, que ella no es así, nunca había sido capaz ni de matar una mosca, pero ese hombre le había hecho daño, la ha obligado a acostarse con él y la convirtió en su esclava, su enojo volvió así como su conciencia remordía por sus pensamientos retorcidos, pero el rencor que sentía por el tipo era grande, nadie jamás la había humillado como él.
Sus renovadas esperanzas se vieron apagadas cuando lo vio caer de repente de rodillas sobre el piso duro escuchando en seguida un gruñido salir de la boca de él, su corazón dio un brinco alterado al verlo así y sin tan siquiera meditarlo se acercó a Vegeta hincándose a su lado y colocó su mano sobre la de él que sostenía con fuerza la carne abierta llenándose en seguida con su sangre echando por un tubo todos sus sucios pensamientos, dejarlo morir ya no era una opción para ella.
- Voy a curarte quieras o no.- dijo apartando la mano del hombre de la herida sin delicadeza.
- TU… ¡TU HACES LO QUE YO ORDENO ESCLAVA!- gritó cabreado por su insolencia y necedad, no se dio cuenta ni en qué momento la mujer ya estaba explorando con sus manos la herida sangrante de su abdomen.
Bulma se sobresaltó con el grito pero no iba a ceder, si él quería pulverizarla por ayudarle, adelante… que lo hiciera, peor no se podían poner las cosas para ella, pero aunque su mente le decía que lo dejara desangrarse y morir, su corazón se estrujaba cada vez que lo escuchaba quejarse y lo miraba sufrir, no podía, no tenía un agujero negro en vez de corazón para dejar que el Saiya muriera de esa forma frente a sus ojos pudiendo hacer ella algo para que eso no pasara.- Acuéstate.- dijo subiendo la mirada y encontrándose con los ojos negros de Vegeta mirándola con odio. En un segundo pasó de estar a unos centímetros cerca de él a tener la cara del Saiya demasiado cerca de su rostro. Sintió las manos del él sostener su rostro con fuerza y la mirada irascible que le dedicaba.
- Te dije que si me tocabas ibas a morir humana- afirmó él en tono de vos lúgubre que le erizaron los vellos a la peliazul desde la nuca pasando un escalofrío por toda su espina dorsal.
- Máteme y después muere desangrado sobre su "real sangre… Príncipe"- respondió harta de la terquedad del hombre fijando sus ojos azules decididos en la mirada oscura de él.
La soltó con brusquedad haciéndola caer de espaldas y escupió un poco de sangre en el piso, sentía que ya no le quedaban demasiadas fuerzas y muy en su contra sus ojos comenzaron a cerrársele.
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Se sentía solo, la pérdida de su esposa le había sentado demasiado mal, no lo demostraba, nunca, no quería que la peliazul se sintiera peor o igual que él, sabía muy bien que su joven hija se sentía culpable por la muerte de Bunny, pero él jamás pensó así, las cosas se dieron así porque el destino así lo quiso, nadie tenía la culpa de que esos barbaros purgaran la tierra y destrozaran todo lo que se les puso enfrente, ellos tuvieron solamente la mala suerte de que esos sujetos se los llevaran para servir en su planeta.
Cada día que pasaba lo único que no lo hacía quebrarse era ella, su hija de 16 años ahora estaba en manos de uno de esos monstruos, él sabía que no podía hacer nada en contra de aquello y que solo debía seguir fingiendo serenidad frente a sus compañeros de trabajo, ya más de una vez Piccoro le había interrogado sobre el paradero de la peliazul, pero él o evadía la pregunta o simplemente no respondía a aquello ¿Cómo iba a decirle que el Príncipe Saiyajin había tomado a su pequeña? Todos se darían cuenta y no creía debido que eso saliera a luz, el Rey o su hijo podían mandar a matarlo por tal insolencia y su hija pagaría de igual forma. No había duda de que esos tipos eran sucios ¿Cómo podía el Rey permitir que su hijo actuara de esa forma? Quizá para ellos era algo "normal" claro, tenían diferentes costumbres y miraban las cosas desde otro punto de vista, quizá para esos alienígenas era de lo más normal esas cosas, pero él era un terrícola, jamás aprobaría aquel acto.
Suspiró desanimado y dejando sus pensamientos de lado decidió concentrarse en soldar una pequeña placa de metal en la nave que estaban terminando, no dejaba de pensar en su pequeña en ningún momento, pero no debía atormentarse más por todas las desgracias que habían llegado a ellos, tomó el soldador y recostó su espalda sobre el carrito bajo que usaba para estar más cómodo, él era Briefs, el doctor Briefs como solían llamarlo en la tierra e iba a salir adelante junto con su hija.
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El Saiyajin se había desplomado sobre el frió piso del baño y ella solo podía verlo ahí tirado, lo miró pálido y se acercó a él rápidamente ¿Habría muerto? Se estremeció de solo pensarlo, se hincó a su lado y llevó sus dedos al cuello del hombre para sentir su pulso… está vivo, dijo en su mente al sentir el palpitar en sus yemas ¿Qué hacía ahora? Y nuevamente lo pensó, pensó en huir del lugar e ir por su padre, podrían usar una de las naves para poder escapar ¿Pero adonde? No sabía con total certeza si la tierra había sido destruida o solamente invadida. Tenía que pensar con la mente fría, se puso de pie posando los ojos sobre el cuerpo inerte del Saiya, tenía una oportunidad, tan solo una y seguía ahí sin saber qué hacer, pero si intentaban huir podrían descubrirlos y sabía que si eso pasaba tenían un pase seguro a la muerte, esa raza no era de perdonar traiciones, su corazón se aceleró de solo imaginar ser ejecutados por esos hombres, alzó la vista, estaba estática, pero debía actuar. Sintió un ruido, fue como que algo pesado había caído al piso y miró nuevamente al Príncipe, su cola estaba estirada a un lado de él, se había desenroscado de su cintura donde siempre la llevaba sujeta y ahora lucía sin vida.
Se dio la vuelta, mordió su labio inferior al pensar en lo que estaba a punto de hacer, huiría de ahí, escaparía de esa raza junto a su padre, no podía vivir de esa manera toda su vida, algún día el Príncipe se cansaría de ella y la desecharía, sabía que eso es lo que pasaría y que ella y su papá no la pasarían tan bien, podía terminar sirviendo en los burdeles y siendo la prostituta de esos cerdos, y no, no es como quería terminar, ella era una científica, su papá también lo era y no merecía que le pasara nada malo, era un hombre bueno y ella lo amaba, es su padre, el que la ha mantenido firme y sin flaquear éstos años después de la pérdida de su madre.
Caminó hacia la puerta y sin mirar atrás decidida estaba por salir cuando escuchó un quejido tras ella, se giró y…¡Oh no!, exclamó mentalmente al ver al Saiyajin removerse.
- No intentes nada estúpido humana.- murmuró entre dientes pero aun así Bulma entendió su murmullo de palabras. Su plan se había ido a la mierda.- En ese cajón hay implementos de curación.- indicó él poniéndose de rodillas mientras se sostenía con sus manos en el piso.
Sin pensarlo Bulma obedeció, la libertad que casi saboreaba se esfumó pero a pesar de sentir tristeza por no poder cumplir con lo que deseaba algo en ella se sintió en paz, quizá por la razón de que en su conciencia ya no estaría el hecho de abandonar ahí al Saiya real sin haberlo ayudado. Sacó una caja de una de las gavetas de la estantería y la abrió encontrando muchas cosas, había unas que reconocía como vendas, esparadrapo y otras más, aunque eran algo diferentes a las de su planeta pero tenía similitudes, pero encontró otras que en su vida había visto.
Fue hasta Vegeta y se hincó a su lado sin la menor idea por donde comenzar.- Ne… necesito que se acueste.- dijo un poco nerviosa.
- ¡Cállate y haz lo que digo!- lo escuchó rugir y lo miró erguirse, se quitó con dificultad media armadura que llevaba puesta y de un tirón arrancó la parte superior de su traje dejando descubierto todo su tórax y abdomen. Bulma no pudo evitar fijar sus ojos en su cuerpo, era tan perfectamente esculpido ¡Kami no es momento! , se reprendió mentalmente y dirigió los ojos a la herida, se veía horrible, observó al hombre tomar un tubo de la caja que tenía a su lado y dárselo, ella lo tomó estudiando el aparato, definitivamente jamás se había topado con algo como aquello. Lo miró acostarse ahí mismo boca arriba mientras apretaba los dientes mostrando sus caninos, aun en aquellas situaciones él no demostraba ni una pizca de debilidad, se mostraba fuerte y que aun en su estado podría matarla si actuaba de forma inapropiada, él jamás debía de darse cuenta de las intenciones que ella tenía cuando lo vio desmayado en el piso o la pulverizaría incluyendo a su padre.
- Enciende el aparato con el botón verde e introdúcelo en mi herida.- explicó brevemente mirando a la peliazul que observaba el aparato.
Bulma encendió el objeto y luego llevó sus ojos a la herida del Príncipe que aun sangraba.- Lo, lo… ¿Lo introduzco todo?- preguntó sin saber cómo demonios utilizar ese artefacto.
- Sólo introdúcelo esa cosa sanará mi herida.- respondió sin potencia, él sabía que no tenía ya casi fuerzas para moverse, pero no iba a demostrarle a nadie su debilidad, era una estupidez tan solo estarle diciendo qué hacer a esa mujer sobre su cuerpo, pero él solo no podía, era tan desagradable ocupar a la humana para hacer aquello, se repudió a sí mismo por permitir que ella lo curara, pero ¿Estaba solo dándole una orden no? No era como que necesitara su ayuda, además, una esclava tenía que atender a su amo en lo que él quisiera.
Bulma prosiguió inmediatamente insertó el aparato entre su carne abierta y el objeto comenzó a emitir una luz violeta, lo sostuvo con amabas manos sin moverlo sintiendo ser desprendida una sensación de calidez desde el, miró sorprendida como la sangre mermaba su fluidez poco a poco, sorprendida lo soltó y vio al aparato salir por sí solo cayendo al piso, lo tomó para mirar al pequeño tubo y volvió rápidamente los ojos a la herida del Saiya que se irguió quedando sentado. Soltó la pequeña cosa entre sus manos y se llevó una mano a la boca dejando salir un gritito de sus labios al ver que donde antes había una gran herida sangrante solo quedaba la cicatriz.- ¿Cómo rayos pasó eso?- fue lo primero que se le ocurrió preguntar, jamás en sus 16 años de vida había visto algo parecido, esa cosa hacía milagros.
- Cierra la boca humana, vas a dejarme sordo.- dijo él poniéndose de pie, sí, el aparato ese lo había curado de su herida más no de su estado, se sentía débil y cansado y lo único que necesitaba era descansar, caminó hasta su cama y se tiró sobre ésta sin prestarle más atención a nada.
Ella lo siguió, sabía que él se encontraba en mal estado y por ello prefirió no decir nada, podía desatar su furia y si antes no la mató por su atrevimiento hoy si podía morir, ya él estaba curado y quizá solo necesitaba dormir para reponerse. Lo vio tenderse en la cama boca arriba, ella fue hasta el sofá y se quedó ahí pensando en los sucesos recientes… no pude escapar, se lamentó internamente, esos segundos en que se decidió a salir de ese lugar habían sido angustioso por dos razones, una, porque no sabía a ciencia exacta si todo iba a salir como ella lo había planeado mentalmente y dos, dejarlo ahí le causaba un escozor estorboso, algo en su interior le decía que eso no estaba bien, pero la libertad de ella y de su padre estaban por encima de cualquier acción correcta que le dictara hacer su corazón, esa era la oportunidad perfecta para huir y alejarse de esa Saiya y quizá salir con vida en una nave de esa planeta junto con su papá, tal vez luego el remordimiento la carcomiera, pero aprendería a vivir con aquello después abandonar al Saiyajin en ese estado tan deprimente, aunque las posibilidades eran infinitas cuando se trataba de esa raza de guerreros asesinos, podía ser que el Príncipe no haya muerto o que alguno de sus soldados lo encontrara y lo ayudara, aunque si hubiera escapado jamás habría sabido pasó con ese hombre. De cualquier manera, el destino siempre le jugaba en contra, él despertó de su corto desmayo, aun así tal vez ella pudo escapar, pero no fue capaz, su mente decía "Vete, huye, aprovecha ésta única oportunidad" pero su corazón le gritaba "No lo abandones, ayúdalo, vas arrepentirte si no haces lo correcto" de una u otra manera siempre había un lío entre su cerebro que pensaba con razón y su corazón que actuaba con sentimiento ¿Pero qué clase de sentimientos podía ella tener por un tipo como él? Ninguno, bueno quizá sí, existía el odio, no lo odiaba en sí a él, sino a su raza, a sus costumbres, a su planeta. Y por su persona… sentía meramente rencor, un enorme rencor por haberla obligado a ser su esclava, por haberla obligado a entregarse a él, a dejar su padre, y por sobre todo, ser él el dueño de su inocencia, le había arrebatado eso que ella cuidó como un tesoro, su primera vez la soñó siempre que pasaba con el hombre que se casara, con su esposo, con el hombre que amaba, con el amor de su vida… pero en cambio, sucedió con un asesino intergaláctico y no cualquiera, el Príncipe de esa raza, déspota, caprichoso y engreído.
La peliazul se quedó estirada sobre el sofá más grande, quedaba perfectamente en todo el largo del mueble, decidió descansar y dejar de pensar en todo eso que en vez de hacerla sentir bien la dañaba. Suspiró profundo, ella también se sentía agotada, lidiar con el Saiyajin no era nada fácil y después de su intento de escape ni siquiera llevado a cabo, más bien sus planes de escape derrocados, sentía que solo quería dormir, además anoche no había podido hacerlo bien. Cerró sus ojos y se quedó dormida a los segundos, solo así podía sentirse tranquila, se alejaba del mundo real y entraba a uno ideal, donde no sentía sufrimiento ni dolor, a veces soñaba con su madre y eran los momentos más hermosos que pasaba aunque solamente fuera en sueños, la amaba, la necesitaba, Bunny era una mujer amable y alegre, siempre admiró eso de su mamá, que a pesar que se encontrara en situaciones nada favorables y que a cualquiera le robarían la paz, a su progenitora nada ni nadie le perturbaba la felicidad, ella en cambio se lamentaba por toda tontería que le sucediera.
Una hora pasó desde que Bulma se había dormido, se removió en el sofá un poco desorientada, no sabía ni siquiera donde se encontraba, estiró su cuerpo entumecido y abrió los ojos lentamente reconociendo el lugar, se sentó de golpe y pestañeó un par de veces para aclarar su vista, bostezó un par de veces y entonces recordó al Príncipe, giró su rostro hacia la cama y lo buscó con sus ojos encontrándolo aun dormido. Sin pensarlo se puso de pie y fue hasta él, se paró a su lado observando el lugar de la herida y un sentimiento de inquietud se movió en ella, no le gustó para nada verlo en ese estado, no supo por qué se sentía así, pero lo que si sabía muy bien es que no le era agradable verlo sufrir ¿Por qué? Ni idea, no quiso seguir indagando en eso y decidió ayudarlo a ponerse más cómodo.
Miró sus botas y sin hacer movimientos bruscos toco una, eran de una tela suave pero firme, la agarró con ambas manos y con suma delicadeza comenzó a sacársela, luego prosiguió con la otra de la misma manera. Él se miraba tan tranquilo así, recorrió con sus ojos el rostro varonil, sus cejas gruesas enmarcaban sus ojos penetrantes que ahora se encontraban cerrados, el ceño que siempre llevaba fruncido estaba relajado, su nariz afilada y sus labios entre abiertos le daban apariencia de serenidad, si lo hubiera conocido en ese estado jamás hubiera pasado por la cabeza que ese hombre era una máquina bestial y asesina purgadora de planetas. Se subió a la cama y se hincó a su lado para seguir mirándolo, le sorprendía demasiado que existiera una raza como esa, eran extremadamente fuertes ¿Cómo podían existir tales seres? Eran unos mercenarios descorazonados. Mordió su labio inferior y siguió con su recorrido, pasó sus ojos por su cuello grueso donde podía ver su palpitar, se sintió tentada a darle unos besos y de pronto se dio cuenta de sus pecaminosos pensamientos, el sonrojo cubrió sus mejillas y como si él estuviera viéndola se llevó la manos a su rostro para cubrir el tono carmín de su piel ¿Cómo podía estar pensando de esa manera en él? ¡Kami Bulma! ¿Qué te ha hecho éste sujeto eh? Se regañó en su mente, pero sus ojos traicioneros continuaron con su escudriño, bajó por su tórax, tenía cada músculo marcado tan perfectamente que parecían tallados, movió su mano para tocarlo, acercó su mano, sentía que sudaba frió con solo aquello, pero se recordó que él estaba dormido y no estaba mirándola, aproximó las yemas de sus dedos a su pecho y lo rozó, un cosquilleo despertó en su interior y no le bastó tan solo sentir su piel en sus dedos, posó toda la palma y la deslizó acariciando sus pectorales, el Príncipe sin duda era demasiado atractivo, una revelación la atacó al momento… el Saiyajin le gustaba, sonrió pícara y negó con su cabeza, era una total locura que él le atrajera tan intensamente, porque no era un simple "me gusta" de verdad que sintió que él le cautivaba por mucho, feo no era, estaba lejos de serlo, era demasiado atractivo y varonil.
Bajó su mano hasta la cicatriz que le quedó por la herida en su abdomen al lado derecho, casi a la altura de ombligo, palpó con su dedos índice la herida cuando vio su muñeca rodeada por… por, reconoció rápidamente que la cola del Saiyajin la había sujetado y pegó un salto en el mismo sitio por el susto.
- ¿Qué crees que haces?- lo escuchó y lo vio pronunciar al mismo tiempo la pregunta, sus ojos se abrieron grandes al verlo que él la miraba con su habitual ceño fruncido.
- Yo, yo… yo.- las palabras no salían de su boca al recordar que él le había dicho que perdería la mano con que lo tocara si volvía a hacerlo. Ya se veía sin su preciada mano.
- ¿Tú qué?- elevó la vos exigiendo una respuesta incorporándose para quedar sentado, recostó su espalda en la cabecera de la cama sin soltarla de la mano.
- Yo… yo solo estaba revisando la cicatriz.- mintió en parte, pues si estaba escudriñando el lugar donde antes tuvo esa gran herida, pero eso no era todo lo que hacía ¿Habrá sentido que lo había acariciado?
La halo por la muñeca con su cola y hiso que se sentara sobre su regazo con cada pierna de la peliazul a cada de su cadera. Elevó con su cola la mano de la peliazul hasta ponerla entre él y ella frente a los ojos de la muchacha.- ¿Quieres perder tu mano verdad?- dijo con expresión seria pero vos serena.
Bulma bajó la mirada y no supo que decir.
- Sabes que si digo algo lo cumplo.- comentó de la misma manera.
- Perdóneme Príncipe no volverá a pasar.- se apresuró ella a decir posando sus ojos en la mirada rasa de él.
- Claro que no volverá a pasar humana.- dijo curvando sus labios, soltó el agarre en la muñeca de la peliazul y la tomó con su mano dejándola a la misma altura.- ¿De dónde quieres que la corte?- pregunto con humor divertido a su manera que para ella sonó aterrador.
- ¡No!- chilló afligida al mirar como él tanteaba la altura de corte en su brazo.
- No grites mujer.- ordenó sereno sin dejar ver el brazo de la muchacha.
- ¡Bulma! Mi nombre es Bulma.- dijo ella tratando de llevar la "plática" por otro rumbo.
- ¿Eso es relevante?- preguntó desinteresado.
- Puede llamarme por mi nombre Príncipe.- comentó con los ojos llorosos, ya sentía su mano ser cortada.
- No me interesa.- contestó apretando con sus dedos por arriba de la muñeca de la mano de ella.- Cortaré aquí.
- ¿Qué? ¡No!- gritó ella halando con fuerza su mano para tratar de zafarse.
- Si te mueves puedo amputar todo tu brazo.- dijo Vegeta sonriendo ladino sin dejar de verla a los ojos. Juntó su dedo índice y medio y lo puso por sobre donde sostenía con su mano el brazo de la peliazul.- No te dolerá demasiado.
- ¡Vegeta no!- soltó el grito lanzándose a abrazarlo con su brazo libre, no supo que más hacer, se aferró a él con fuerza metiendo su rostro en su cuello mientras lloraba sin reparo ¿Cómo podía tan siquiera decir aquello? Era un monstruo.
Un escalofrío inexplicable recorrió el cuerpo del Príncipe Saiyajin, sentir el calor de la humana tan cerca de él no era cosa que había experimentado antes, nadie se había atrevido a estar tan cerca de su cuerpo ¿Por qué ella siempre estaba queriendo abrazarlo? En su planeta nadie hacía tal cosa ¿Por qué esa necesidad de ella de acariciarlo de esa manera? Aspiró profundo el aroma que provenía de la mujer, era dulce… le gustó y aborreció con la misma intensidad. No quería ni quiso seguir sintiendo esas sensaciones que tal acto le transmitían, se sintió vulnerable y la idea la repudió al instante, nadie podía tocarlo de esa manera.
La tomó con ambas manos por los hombros y de un empujón se la sacó de encima, Bulma cayó de espaldas sobre el colchón con los ojos llorosos mientras sollozaba, lo miró ponerse de pie y sin mirarla vociferó.- Es mi última advertencia esclava, no vuelvas a tocarme.- caminó hacia el closet sacando de ahí un short spandex en color negro y se metió a la ducha.
Cuando ella lo vio desaparecer tras la puerta dejó escapar un gran suspiro, de cierta forma se sintió aliviada por haber salido ilesa de eso, él se lo había dicho, perdería la mano con lo tocara y ahí estaba aun conservando ambos miembros y sin una sola herida, pero no solo eso la alarmó, sino también la actitud rara del Saiyajin ¿Sería que en su planeta nunca se demostraban afecto de esa manera? Bueno, no es que ella tuviera esa clase de sentimientos hacia ni nada parecido, pero había ocasiones en las que necesitaba aferrarse a él, eso era de lo más natural en la tierra ¡Que diferentes eran su raza! ¿O sería que sólo el Príncipe era así de arisco? No, claro que no, al parecer en ese planeta solo existía la crueldad, eran demasiados fríos y eso iba en contra de su naturaleza humana.
Se puso de pie respirando hondo, llevó una mano a su pecho tratando de aliviar el susto que se llevó hace un momento y con la otra limpió su frete perlada de sudor, debía ser más cautelosa si quería seguir viva, por lo que había visto de ese salvaje, sabía que cumpliría su amenaza si ella ponía nuevamente un dedo sobre su piel, de hecho le sorprendía que no hubiera cumplido sus dichos, se dirigió al sofá y se quedó ahí sentada viendo hacia un punto inespecífico en el piso, no sabía qué hacer ante aquella situación tan rara, es que cómo podía ser que él actuara así por un simple abrazo o una simple caricia, la verdad es que ella era una tonta, no necesitaba hacer eso con ese imbécil, si él pedía que no lo tocara ella no lo haría más, no era algo que requería con urgencia, solo era una idiota preocupándose por algo estúpido y él un majadero creyéndose no se qué diablos con esa actitud, era el intocable Príncipe de los monos salvajes, se mofó en su pensamiento.
Bufó enojada y se recostó más relajada sobre el sillón, se quedó ahí solo escuchando el agua de la ducha caer dentro del baño, sintió su estómago demandar alimento, se llevó una mano hacia este y se tocó suavemente tratando de menguar el ardor, aunque pidiera comida iba a suceder lo mismo, le llevaría esos alimentos raros y asquerosos, prefiero morir de inanición, pensó, recordó entonces a su madre muerta, bajó la mirada triste recordándola, era un dolor muy grande y a pesar de haber pasado ya año y medio desde que ya no estaba con ella, aun dolía, dolía demasiado, quizá por la forma en que perdió la vida o por el hecho de que se sentía culpable de su muerte ¿Algún día podría superar su pérdida? Quizá con el paso del tiempo, pero la angustia y el remordimiento siempre terminaban pasándole la cuenta, no sabía si podría superar esa culpabilidad que llevaba arrastrando durante todo ese tiempo.
El sonido de la puerta cerrarse la sacó de sus pensamientos, levanto la mirada y vio al Saiyajin salir con solo un short y una toalla en sus manos mientras secaba su cabello que goteaba agua, apartó la mirada enojada, no iba a darle más problemas al sujeto ni haría más cosas para enojarlo, ella no tenía por qué ofrecerle sus carias a alguien tan déspota y en realidad, no supo ni por qué rayos lo había hecho, se dejó llevar por algo que no era, estaba confundida con su actuar, cuando lo había visto ahí acostado, tan relajado y sin parecer la bestia que solía ser algo se había removido en su interior, ¿Quizá lástima? Podría ser, el haberlo visto al borde la muerte la hacía querer ser un poco más gentil con ese animal, aunque no debía, ese maldito la había violado y privado de su libertad ¿Cómo podía ser tan ingenua? Aunque quizá estaba siendo exagerada, pensándolo más detenidamente ¿Pudo haber muerto por esa lesión? ¿Sería inmortal? Hace unas horas él casi había muerto, a su parecer claro, y ahora estaba como si nada y con el mismo genio de siempre, por lo menos un gracias pudo haberle dado en reconocimiento por su ayuda ya que incluso, dejó escapar la oportunidad de poder liberarse de él, era un mal agradecido.
Volvió a bufar molesta sin siquiera pensarlo, él la miró al escucharla, arqueó una ceja y fue directo a su cama tirando la toalla al piso.- Ven.- llamó tomando su posición.
Ella elevó su vista posándola en el sujeto, se levantó arrugando sus delgadas cejas y colocando sus manos en su cadera, tenía que apaciguar por todos los medios su genio y obedecer al Príncipe de pacotilla por su bien y el bien de su padre, no quería que nada le pasara y el Saiya había sido claro, él cumpliría con su parte del trato mientras ella fuera dócil e hiciera todo lo que él demandara, no tenía ciencia comprender eso y ahora que lo pensaba se miró estúpida, ¿Abrazarlo Bulma? ¿Acariciarlo? ¿Es enserio eso que hiciste?, se reganó mentalmente, estaba dando más de lo que él exigía, se ruborizó de la vergüenza al verse tan tonta. Llegó a los pies de la cama y solo se limitó a verlo seria esperando alguna orden de su parte.
- Quítate la ropa.- ordenó y ella inmediatamente imaginó otro asalto ¿Qué nunca se cansaba?
Sin verlo tomó la orilla de la falda del camisón y lo subió sacándolo por los hombros y luego por sus brazos tirándolo al piso, se abrazó cubriendo sus senos, jamás se acostumbraría a estar descubierta ante la mirada lujuriosa del hombre, no lo miró, se sentía usada, apenada y sobre todo sucia, era un asco en lo que se había convertido, un esclava sexual a los pies del amo todopoderoso que podía hacer con ella lo que quisiera en el momento que le apeteciera, no era más que su golfa de turno, así se catalogó a sí misma y las lágrimas inundaron sus orbes zafiro, jamás imaginó que su planeta fuera tomado por unos alienígenas sin corazón y mucho menos pasó alguna vez por su mente que terminaría siendo la prostituta de un miserable Príncipe de extraterrestres. Sintió las lagrimas quemarle los ojos y quiso dejar escapar los sollozos pero los retuvo a como pudo y un nudo se formó en su garganta haciéndola doler, no le daría el gusto de escucharla llorar, agachó la mirada y disimuladamente tragó duro y limpió sus lágrimas con el dorso de su mano.
- Acuéstate.- ordenó con vos ronca.
Ella obedeció casi automáticamente, se echó a su lado a unos pocos centímetros, no se movió, no lo miró, no hizo nada más de lo que él le estaba pidiendo, Vegeta se acercó a ella poniéndose a su lado, la observó con los ojos rojos y la notó distante.- Mírame.- vociferó marcando más de lo habitual su ceño.
La peliazul giró el rostro y fijó sus ojos en los negro de él.- Estoy lista.- dijo sin vacilar, estaba decidida a obedecerlo hasta donde pudiera, iba a hacerlo por su padre y por ella claro, no quería que la maltratara y dañara más de lo que ya lo había hecho.
El Príncipe arqueó una ceja y una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.- No necesito que me des tu aprobación para follarte esclava.
La muchacha se quedó en silencio mientras observaba sus rasgos, de nada servía que fuera tan guapo, que lo odiara y repudiara no significaba que era ciega, en verdad que el maldito era atractivo, pero lo que tenía de guapo su genio se lo restaba en creces. Era odioso, antipático, cruel, despreciable y un sinfín de cosas más. Respiró profundo y se relajó, giró su rostro mirando al techo y cerró sus ojos, nuevamente el desprecio por el hombre se hizo presente y sus lágrimas volvieron a traicionarla al salir rodando por sus mejillas, se giró rápido dándole la espalda, apretó sus labios ahogando el llanto incontrolable que amenazaba por salir, tembló un poco y respiró hondamente ahogando todo lo que sentía hundiendo el rostro en la almohada.
Vegeta la tomó por la cintura atrayéndola hacia él, sintió el calor del Saiyajin tras ella y supo que iba a ser tomada nuevamente, no hizo nada… solo esperar, él posó su mano libre sobre uno de sus muslos deslizándola suavemente hasta llegar a su cadera, en un movimiento rápido la giró dejándola de espaldas a la cama y se posicionó entre sus piernas.
- Así me gusta esclava, que mantengas la boca cerrada.- dijo sonriéndole con suficiencia en su cara.- Tu deber es solo complacerme.- dijo dirigiendo sus labios al cuello de ella, Bulma ladeó su rostro asqueada de sí misma, amurró su rostro con expresión de asco mientras él succionaba su cuello suavemente y las lágrimas continuaron saliendo, solo lo miró cuando el sujeto la tomó de las muñecas dejándola inmóvil una a cada lado de su cabeza.
Las respiraciones se hacían escuchar en la habitación, nuevamente había sido tomada, pero esta vez fue menos traumante, no uso demasiada fuerza y solo se limitó a poseerla, su vida no podía más miserable. Se recostó de lado dándole la espalda mientras más lágrimas salían de sus ojos, era humillante ser la esclava sexual del Príncipe de los salvajes ¿Sería que ese era su destino? ¿No serviría más que para ser profanada cuando al Saiya se le antojara? ¿Volvería a ver a su padre? Tantas preguntas que inundaban su mente y no encontraba más salida que cumplir con los caprichos del hombre para mantener a su papá a salvo. Lloró desconsolada y en silencio durante casi toda la noche, él se había dormido después del encuentro sin decir una palabra más.
Había amanecido y hacía solo una media hora la que ella había dormido, el Saiyajin despertó, tomó un baño y dispuso a vestirse cuando sintió a la humana removerse en la cama. Bulma abrió los ojos y lo vio enganchando su capa a la armadura, sintió un mareo golpearle, necesitaba alimentarse o moriría.
- Príncipe.- habló con vos suave llamando la atención de él.
- Dime.- respondió tomando los guantes y comenzándolos a poner.
- Necesito comer algo.- afirmó mordiendo su labio inferior.
- Ordené que te trajeran alimentos.- respondió sin mirarla.
- Esa comida es asquerosa Príncipe, mucha carne y nada de verduras o frutas.- agregó frunciendo el ceño disgustada.
Vegeta terminó de vestirse e ignorándola salió de la habitación.
- ¡Maldito!- gritó Bulma al encontrase a solas.- Piensa dejarme sin alimento todo el día.- se quejó poniéndose de pie y entrando al baño para asearse. Estuvo ahí no más de 20 minutos, se dio una ducha rápida y volvió a ponerse el camisón que comenzaba detestar ¿Qué no pensaba darle más ropa que esa?
Cuando salió de la ducha se encontró con un carrito lleno de…- ¡Fruta!- gritó como niña pequeña saltando a probar lo que le habían llevado, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver la mesita llena de frutos de su planeta, tomó lo primero que llamó su atención, dándole una mordida a una manzana cerró sus ojos y dejó a sus papilas inundarse del dulce sabor de la fruta roja.- ¡Esto sí es comida!- chilló emocionada dejando la manzana y agarrando dos fresas metiéndolas a la misma vez a su boca. Comió todo lo que quiso hasta saciarse y tomó un vaso con sumo de naranja, se sintió por un momento estar en el comedor de su casa tomando alimento junto a sus padres como lo hacía cada día, contuvo las lágrimas al recordar esos pensamientos tan gratos que aunque ansiara con toda su alma no volverían a repetirse nunca más.
Cuando terminó fue a lavarse las manos y luego salió y se sentó en el sofá de la sala, miró el que tenía a un lado y vio las manchas de sangre que el Saiya había dejado el día anterior y pensó en él ¿Sería que sí la había escuchado? ¿Entonces no ignoró su petición? Negó rápidamente, no puedo pensar en que él es bueno, quiso convencerse, solo deja que me alimente como quiero para que no muera y poder tenerme un buen tiempo más, pensó errática. Estuvo ahí sentada por lo menos tres horas, no había nada más que hacer, tan solo esperarlo para la noche y nuevamente ser atacada, su vida no era más que un montón de mierda, eso no era vivir. Se puso de pie más que fastidiada y en su intento por distraerse fue hasta la puerta, pensó en abrirla y husmear un poco fuera de esas cuatro paredes, giró el pomo sin pensarlo más pero éste no cedió.- ¿¡Qué!?- susurró ejerciendo fuerza para girar la perilla.- El maldito me deja bajo llave.- murmuró enojada, resopló furiosa cruzándose de brazos, caminó hasta el otro lado de la habitación y entonces se le ocurrió tomar un poco de aire fresco, corrió las cortinas dejando entrar luz a la habitación y cuando el sol tocó su piel se sintió viva, hace mucho tiempo que no miraba la luz del día, en el laboratorio no habían ventanas y desde hace dos años y medio que no sentía los rayos de sol brindarle calor a su piel, sonrió emocionada y abrió la puerta del ventanal sin vacilar, caminó saliendo de la habitación hacia el balcón con el rostro en alto y sus ojos cerrados apreciando ese calor que hace mucho no sentía, abrió sus párpados y dio pasos firmes hasta quedar recostada en el barandal, miró hacia abajo y se dio cuenta que estaba a una gran altura, pudo divisar desde ahí todo el reino, a lo lejos se miraban las pequeñas casuchas de todos los habitantes del planeta rodear el castillo a una distancia considerada, los colores no eran como los de su planeta que rebosaba de verdes y azules, el cielo de allí era rojizo, la tierra y rocas también y las casas no tenían un color vistoso, casi todas eran grises y otras blancas. Suspiró melancólica, nunca jamás volvería a vivir en la Tierra, extrañaba su planeta hogar ¿Habrían ahí ríos? ¿Mares?, con lo mucho que le gustaba la playa.
Siguió ahí observando un poco más, miraba los puntos pequeños, que a lo lejos así se miraban los diferentes seres alienígenas, moverse de aquí allá y otros que sobrevolaban las casas, aunque de lejos no se distinguía muy bien, pero los hogares de los Saiyas y las otras razas que ahí habitaban no eran tan diferente a las de su planeta, tenían forma ovalada, un poco parecido a su casa, la Corporation Capsule, pero no eran del todo igual, carecían de ventanas y al parecer solo tenían la puerta principal, amurró su boca no gustándole nada lo que miraba y pronto volvió a aburrirse, el viento soplaba un poco fuerte a esa altura que calculó unos 5 pisos de lo que eran los edificios en la Tierra.
- ¿Qué crees que haces?- escuchó una voz susurrarle en su oído haciéndola dar un brinco en su lugar, dio media vuelta y se encontró al Príncipe Saiyajin a unos escasos centímetros de su rostro viéndola con su habitual expresión.
- Yo… yo…- tartamudeó para luego tragar saliva.- Yo solo estaba aburrida.- confesó sin quitar la mirada de loa ojos ónix del joven.- Quisiera hacer algo de provecho mientras usted no está.- confesó bajando la mirada.
- ¿La comida fue de tu agrado?- interrogó ignorando lo anterior dicho por la peliazul.
Ella asintió mirándolo.- Supo delicioso.- agregó sonriendo un poco.
- Cuando necesites algo solo pídelo.- afirmó él acercándose al rostro de la muchacha.
Bulma sintió una sensación recorrerle por su espina dorsal al sentirlo tan cerca, y percibir el aliento del Saiya golpearle el rostro la descolocó, lo vio acercarse a su boca ¿Al caso iba a besarla? Pero su ilusión de deshizo al instante cuando sintió los labios del Príncipe en su cuello. Apreció la lengua de él acariciar su piel y solo pudo cerrar sus ojos.
- ¿Por qué está aquí?- preguntó ella al darse cuenta que no sobrepasaba el medio día, el siempre llegaba hasta la noche, bueno, por lo menos así habían sido en los días anteriores.
- Debo descansar.- respondió apartando solo un poco su boca del trabajo que hacía en el cuello de la muchacha.
- ¿Descansar? ¿Aun se siente débil por la pérdida de sangre?- no pudo evitar sentir un poco de preocupación por él.
- No digas tonterías.- dijo bajando con besos cortos hasta llegar a la clavícula de la peliazul deteniendo ahí sus mimos. No quiso explicarle en ese momento el verdadero por qué de su presencia a esa hora del día en su habitación.
- Son muy resistentes ¿No?
- ¿Eh? ¿A qué te refieres?- dijo comenzándose a hastiar por tanta interrupción.
- Los Saiyajin, tienen mucha resistencia física.- aclaró su punto la chica, espero un momento a que él respondiera, pero parecía más concentrado en acariciarla que a lo que ella decía, Bulma soltó un pequeño gemido al sentir la boca del Saiya morder levemente su pezón por sobre la ropa, abrió los ojos de golpe y bajo su mirada para verlo concentrado en succionar su botón rosa por sobre la tela humedeciéndola con su saliva. Dejó lo que hacía y la tomó de la muñeca llevándola casi arrastras nuevamente a dentro de la habitación.
- ¿Podría tratarme con más delicadeza?- musitó enojada aun con su muñeca agarrada por la mano enguantada del Saiya.
- ¿Delicadeza?- articuló él con una sonrisa de autosuficiencia en su rostro mostrándole sus dientes blancos a la muchacha.- Eso no existe en mi planeta esclava.- afirmó soltándola, dio un paso hacia atrás y comenzó a desvestirse, iniciando por sus guantes hasta quitarse toda la ropa y quedar desnudo frente a ella.
Bulma giró el rostro a un lado y se sentó en la cama avergonzada, su sonrojo debió ser evidente ya que sentía mucha pena al ver como él quedaba sin una prenda a plena luz del día y exhibiendo su desnudes frente a sus ojos.
Vegeta se acercó a ella y se agachó un poco tomando el camisón de la muchacha y halándolo hasta quitárselo completamente, ella se puso de pie para hacerle más fácil el trabajo, él la observó… miró su cuerpo con más detenimiento y sin duda se le hizo hermosa, tenía una fina cintura, pechos grandes, más grandes que los de las Saiyajin pero no tanto como las mujeres de otra especie, eran… perfectos, bajó su escudriño lujurioso hasta sus caderas, eran redondeadas y sus piernas esbeltas y torneadas, en verdad que la criatura le parecía bella, sumado a su fragilidad y casi inexistente fuerza física, se sentía tener todo el control sobre ella. Lo calentó de inmediato verla así de expuesta.
Bulma bajó la mirada al sentirse observada ¿Cómo podía verla con tal descaro? Si él no tenía vergüenza ella sí, tapo sus montes con una mano y la otra la puso sobre su intimidad.- No te cubras.- soltó él, para ella había sido una orden, pero lo dijo como una súplica, claro que en el instante no se dio cuenta.
Bulma se quitó lentamente las manos de sus atributos y se dejó observar sin reservas, levantó la mirada y la fijó en sus ojos negros, el Saiya tenía una vista muy fuerte, casi sintió traspasarle hasta los huesos cuando él dirigió su miramiento a los ojos turquesa de ella, pero no sintió pena, lo miró como él lo hacía, sin vergüenza alguna deteniéndose a contemplarlo un poco, era demasiado guapo, eso ya lo sabía pero no paraba de admirar esa parte de él, en ese aspecto había tenido suerte, por lo menos no le toco estar con un viejo asqueroso o un tipo robusto y feo, el Príncipe incluso tenía una apariencia más cautivante que los hombres de su planeta, el sobrepasaba con creces el atractivo de cualquier humano, sonrió ¿Coqueta? Aunque ella no quiso actuar así ya lo había hecho, cuando se dio cuenta el Saiya se le estaba acercando, borró su tonta sonrisa y esperó un poco ansiosa, un calor inexplicable se apoderó de su vientre bajo al darse cuenta de lo él provocaba en ella. Se sonrojó y en el momento en que él la tomó de la cintura no dudó en abrazarlo.
El no vio venir lo que ella hizo y no era referente al abrazo, de repente sintió los labios carnosos y suaves de la muchacha sobre los suyos, no se movió, percibió el calor de ellos y la descarga de excitación en su miembro hizo erizar los bellos de su cuerpo, su cola se tensó y comenzó a moverla lentamente de lado a lado anhelosa, Bulma se puso de puntitas y se abrazó a su cuello olvidando la amenaza del alíen, lo besó como su instinto lo demandó en ese momento, abrió un poco la boca y él sin pensarlo cerró sus ojos imitándola, no sabía qué estaban haciendo exactamente, pero se sentía grandioso, en un momento enredaron sus lenguas y comenzaron a acariciar el interior de la boca del otro, la pasión fue aumentando y sin deshacer el abrazo, él con sus manos en la cintura de ella y ella aferrada a su cuello tomaron posición en la cama, se deslizaron hasta quedar en el centro. La peliazul abrió sus piernas permitiéndole al Saiya acomodarse entre ellas, él subió sus manos hasta llegar a los senos de la chica y comenzó a masajearlos suavemente, escuchó un gemido escapar de la boca de la peliazul rompiendo el beso. Se separó un poco de ella sosteniéndose con los codos a cada lado del cuerpo de la chica sin llegar a sobrecargarse del todo sobre ella. La observó más hermosa que nunca, estaba con labios rojos y sus mejillas con el mismo tinte, el cabello revuelto y una mirada que no había podido observar en su esclava, veía en sus ojos el deseo y eso lo calentó más, la asaltó besándola nuevamente y permitiéndole abrazarlo, Bulma pasó los dedos desde el cabello negro del hombre acariciando con la yema de los dedos su nuca y bajando lentamente hacia espalda. Un gruñido salió de la boca del Príncipe y sin esperar más levantó un poco la pelvis, tomó su miembro endurecido y lo introdujo de una estocada en el interior de la humana, Bulma soltó un grito al sentirse invadida tan brutalmente, él hizo suyo su gemido y comenzó a penetrarla, dejó de besarla dedicándose a observar cada una de las expresiones de ella, la miraba con los ojos cerrados fuertemente, la boca entreabierta y su espalda levemente arqueada, continuó así intercambiando el ritmo, de ir muy rápido a desacelerar para embestirla despacio y hondamente, escuchaba los gemidos fuertes de ella y trataba de contenerse un poco, aun no quería que eso se acabara, se irguió apartando hasta entonces la manos de ella de su cuerpo y la tomó por las muñecas halándola hacia su cuerpo para que quedara sentada sobre él, apoyó su espalda contra el respaldo de la cama y no paró de embestirla, de pronto sintió su miembro ser comprimido en el interior caliente y húmedo de la peliazul y de una estocada profunda se vino dentro de ella desparramando su semilla en su interior.
Bulma se recostó en su pecho duro acompasando su respiración, esperó un par de minutos hasta recuperar el aliento y se irguió para mirarlo, estaba con su cuerpo sudado al igual que ella, lo vio tomarla de los hombros y atraerla hacia él e hizo lo que ella nunca imaginó, la besó, la besó con tanta pasión que ella creyó estar en un sueño, un hermoso sueño del que no quería despertar.
Rinpink Susaiyajin: Hace mucho tiempo tenía escrito un poco más de la mitad de este capítulo, pero por alguna razón u otra nunca pude terminarlo, después de tanto tiempo de espera aquí tienen la actualización.
Espero que les haya gustado, y si encuentran errores ortográficos o cualquier palabra enredada me disculpan, siempre reviso varias veces pero se me pasan uno que otro v:
Dejen su hermoso y valioso Reviews para saber si les gustó el cap, hasta el próximo nos leemos.
