Capítulo VI

Había llegado a casa de madrugada. Su madre aún estaba despierta, esperando que le contara cómo le había ido pero argumentó que estaba demasiado cansada, prometiéndole que al día siguiente le contaría todos los detalles.

Desde luego no todos los detalles, pensó nada más levantarse de la cama. Hacía apenas unas horas que se había tumbado, sin molestarse en intentar dormir porque sabía que no podría.

Esto está tan, tan jodido…

Ese pensamiento angustioso, del que no se podía deshacer, había invadido su mente mientras se vestía. Ropa de deporte, como si fuera a correr, cosa que a sus padres no les extrañaría si la viesen. Pero a esa hora ambos estaban dormidos, ni siquiera había salido el sol, sólo unas pocas estrellas se habían retirado del cielo y el resto comenzaban a ocultarse tras las nubes.

Cuando salió a la calle, el frío nocturno le golpeó la cara provocando que parte de su ansiedad disminuyera un poco. El frío le aclaraba la mente. Decidió trotar hacia el lugar indicado, a una velocidad media para dejar que su cuerpo entrara en calor.

Un pie detrás de otro. Pum. Pum. Pum. ¿Eran sus pies o era su corazón lo que latía tan fuerte? No lo podía saber. No lo quería saber. El aire frío le quemaba la garganta pero lo agradecía, podía controlar lo físico. Los pensamientos eran otra historia.

Antes de lo que esperaba llegó al claro. Sólo sus pies pisando las hojas caídas rompieron el silencio mientras la luz del sol iluminaba débilmente el cielo, aún sin atreverse a mostrarse debido a las nubes que lo ocultaban. Esa luz fue suficiente para verlo.

Ha venido.

Allí estaba. Sentado en la vieja mesa de madera, dándole vueltas a uno de los anillos sobre su propio dedo con la mirada perdida en algún punto del suelo. Se había cambiado de ropa pero su rostro, parcialmente tapado por el pelo, reflejaba el cansancio de una noche en vela. Supuso que ella tendría el mismo aspecto. No sabía si sentirse aliviada o más asustada por su presencia.

-Has venido. –le puso voz a sus pensamientos, sin poder evitar que se filtrara un deje de esperanza en ella.

Eddie alzó la cabeza de golpe ante su voz y se levantó con rapidez dando un paso para acercarse a ella pero pareció cambiar de idea y volvió a dar un paso hacia atrás, manteniendo la distancia y metiendo las manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros.

-Dijiste que me lo explicarías. Me gustaría saber que no he comprado droga alterada y he flipado con ella. –intentaba mantener un tono distendido pero no podía evitar que su cuerpo reflejara su estado nervioso. Se alejaba de manera inconsciente de ella, como si intuyera el peligro pero no le quitaba ojo, observando con atención cualquier movimiento de la chica.

-Bien, hagamos esto de una vez. –sus palabras salieron de forma decidida, intentando darse ánimos a sí misma. Cuanto más lo retrasara, peor sería.

Cogió aire y cerró los ojos, abriendo ambas manos con las palmas hacia arriba. Se imaginó cómo el fuego recorría su cuerpo, cómo atravesaba sus brazos hasta llegar a sus manos para formar las llamas. Abrió los ojos y…Nada. No había pasado nada.

Volvió a cerrar los ojos con fuerza. Esperó unos segundos antes de abrirlos de nuevo. Nada.

-Eh…eso no debería estar pasando… ¿no?-el tono confuso de Eddie la hizo sonrojar. No se había planteado que podría hacer el ridículo de esa manera. Más bien había imaginado escenarios catastróficos, por eso nunca había intentado controlar su poder, ni invocarlo a voluntad.

-No. Yo no…yo nunca…-se dio cuenta que seguía teniendo las manos alzadas, en una pose que consideraba absurda en ese momento, así que las bajó con un suspiro frustrado antes de seguir intentando formar una explicación lógica. –Nunca lo he hecho a propósito. Es más bien como una explosión que no puedo controlar cuando siento algo con demasiada intensidad.

-Como cuando te enfadaste anoche. –Eddie siguió el hilo de sus pensamientos, ya empezaba a entender su explicación. Parecía que darle una explicación lógica a lo que ocurría calmaba sus nervios. Bloom asintió, dándole la razón. –Bien, sólo tienes que enfadarte otra vez.

La pelirroja lo fulminó con la mirada ante su idea tan aparentemente sencilla, lo hizo sonar como si fuera fácil pero estaba demasiado nerviosa como para enfadarse en ese momento.

-Piensa en algo que te enfade. –le urgió el chico. Había dados unos pasos hacia delante, volviendo a coger confianza y empezando a mostrarse relajado, el lado que Bloom estaba acostumbrada a ver de él.

Bloom resopló como muestra de opinión sobre la dificultad de esa idea pero volvió a cerrar los ojos, intentando evocar un recuerdo que hiciera emerger su ira.

-Me acosté con Crystal este verano. –confesó Eddie unos minutos después, cuando comprobó que nada mágico o incendiario pasaba.- Ya sabes, la animadora que siempre va pegada a la capitana.

Oh sí, Bloom la conocía. Había coincidido con ella en un par de clases, era el perfil típico de una animadora malvada, apenas le había dirigido una mirada de desagrado al verla. Pensó que esa sería la capitana pero estaba equivocada, Chrissy se veía una chica bastante dulce en comparación con Crystal.

-¿Y por qué me iba a molestar tu mal gusto, Munson? –intentó sonar indiferente pero las palabras salieron de entre sus dientes apretados, con los ojos cerrados no podía ver la cara del chico pero sabía que estaba sonriendo. Sentía algo ácido en la boca de su estómago, algo que nunca antes había sentido con tanta intensidad.

-Me invitó a su casa para comprar algo de marihuana aprovechando que sus padres no estaban. –siguió explicando. Genial, le iba a contar toda la historia. –Al menos eso creía yo. Quizás fue una encerrona. –su voz sonaba cada vez más cerca. –He de admitir que se mueve igual de bien en la cama que cuando hace esos bailecitos.

Oh, ya sabía qué era ese sentimiento. Celos. Una oleada de ira hacia Crystal la invadió mientras su imaginación se llenaba de imágenes que prefería no tener de Eddie y la animadora con mucha menos ropa de la que le habría gustado.

-LO SABÍA.

El grito de Eddie seguido de unos aplausos le hizo abrir los ojos. No había podido evitar la emoción al ver las llamas que emergían de sus manos o quizás por haber provocado sus celos, no estaba segura de qué le emocionaba más.

Bloom las miró, momentáneamente absorta en el movimiento del fuego. La alegría del chico fue sustituida por la curiosidad, su mente intentando entender lo que veía.

-¿Cómo…cómo lo haces? –preguntó. Había un rastro de duda en su voz ante lo desconocido al ver más de cerca su habilidad pero la curiosidad lo tapaba casi por completo, sus ojos reflejaban las llamas que bailaban agitadas ligeramente por la brisa.

Bloom dejó de mirar sus manos para clavar la mirada en él, encogiéndose de hombros. No se atrevía a moverse siendo una antorcha humana.

-No lo sé. –respondió sencillamente, aunque continuó al ver que no era una explicación demasiado buena. -Nací así, creo. Empezó cuando tenía doce años. –decidió no ahondar demasiado en ese recuerdo así que se volvió a centrar en sus manos.

Las primeras gotas comenzaron a caer del cielo, haciendo chisporrotear el fuego.

Hora de acabar con el show.

Cerró las manos para apagarlas. Nada pasó. Cerró los ojos para concentrarse mejor. Seguía sintiéndolas, un calor constante que no le molestaba, era algo acogedor. Algo propio. Pero eso era un problema en ese instante. Su corazón empezó a latir con rapidez y en respuesta las llamas se alzaron unos centímetros más, abrió los ojos con pánico en ellos.

Mierda, mierda, mierda…

-¿Bloom? –escuchar su nombre la distrajo de sus propia angustia creciente. Alzó la mirada y la enfocó en él, sintiendo cómo sus manos temblaban levemente. Eddie dio varios pasos hacia ella, intentando expresar completa calma con su lenguaje corporal.

-¡No te acerques! –le advirtió. Si algo ocurría lo quería lo más lejos posible. La lluvia empezó a caer con más fuerza pero no parecía afectar al fuego. Al menos supo (alguna parte de su subconsciente se dio cuenta) que su poder estaba totalmente vinculado a sus emociones y una lluvia otoñal no le iba a afectar.

-Tranquila, no quieres que todo esto arda, incluido yo. Espero. –lo último lo dijo con un ligero tono de broma, como si no estuviera seguro de poder bromear sin alterar más la situación pero dio un paso firme más hacia ella.

Los ojos de Bloom se llenaron de lágrimas, lo que hizo que todo su alrededor se volviera borroso. El pánico la estaba invadiendo porque en su cabeza eso era justo eso lo que iba a ocurrir. Iba a perder el control, iba a hacerle daño.

-Respira, Peters, respira hondo. Puedes hacerlo. –la voz tranquila de Eddie le llegó desde algún punto enfrente de ella, veía su silueta difuminada cada vez más cerca. –No dejes que te controle, eres más fuerte que eso.

Cogió esas palabras y las repitió como un mantra una y otra vez en su mente con los ojos firmemente cerrados. Puedo hacerlo, puedo hacerlo, puedo hacerlo. Con cada respiración lenta y profunda su corazón aminoraba el ritmo hasta adquirir el habitual. Cuando volvió a abrir los ojos las llamas habían desaparecido.

Una risa temblorosa se escapó de su boca acompañada de un audible suspiro de alivio por parte de Eddie. Ambos se miraron, con la misma sorpresa reflejados en sus rostros mojados por la lluvia y, antes de que se diera cuenta, el chico la rodeó con los brazos. Era más alto que ella así que su frente quedó apoyada en el hombro de él mientras sentía el refugio cálido que formaban sus brazos a su alrededor.

Sólo tardó unos segundos en rodearlo con sus propios brazos, apoyando las manos en su espalda con fuerza, sintiendo el cuero de su chaqueta, sin querer dejarlo ir. Estaba temblando pero su poder se hacía cada vez más pequeño, escondiéndose en algún rincón de su ser.

Pero también sintió algo más. El corazón desbocado de Eddie, como un martillo retumbando en sus oídos.

Rompió el abrazo, no sin cierto esfuerzo por su parte, para poder mirarlo a la cara a la vez que apoyaba la mano sobre su pecho, sintiendo ese ritmo desenfrenado en la palma.

-¿Estás bien? ¿Te va a dar un infarto? –cuestionó con el ceño fruncido. No era una pregunta de broma. Estaba profundamente preocupada por su salud cardiovascular en ese momento. Sabía que había sido todo un espectáculo que nadie se esperaría ver.

Eddie la miró alzando ambas cejas en un gesto de estupefacción ante su pregunta antes de soltar una pequeña risa, acompañada de un gesto negativo.

-Estoy bien, en shock quizás. Me has dado un susto de muerte. –le apartó uno de los mechones mojados de la cara, metiéndole detrás de su oreja en un gesto que a Bloom le pareció tierno e íntimo a la vez. Su corazón se aceleró pero mantuvo la calma, el hecho de que supiera su secreto le hacía llevar mejor la cercanía –Creía que arderías en llamas o algo así.

-El fuego no puede hacerme daño. –argumentó con calma y alzó una dubitativa mano hasta la cara del chico, para apoyar los dedos en su mejilla, en una suave caricia. –Pero a ti sí, si hubiera pasado algo, si hubieras salido herido, yo…

La mano de Eddie en su boca interrumpió su discurso de inútil culpabilidad.

-No ha pasado así que deja de darle vueltas, Peters. ¿Está bien? –sólo retiró la mano de su boca cuando la vio asentir con la cabeza.

-Vámonos, acabaremos con una pulmonía si seguimos debajo de la lluvia. –la realidad era que ambos estaban ya empapados hasta los huesos y a ninguno le parecía importar pero tenía que ser la voz de la razón ahí ya que Eddie estaba demasiado ocupado procesando toda la situación. No es que ella pudiera caer enferma por algo relacionado con el frío pero él sí.

Se alejó un poco para iniciar la marcha hacia algún sitio techado. No pudo ir muy lejos antes de sentir el brazo de Eddie rodeando sus hombros. Definitivamente le gustaba tenerla cerca a pesar de lo que acababa de ver y eso hizo que el pecho de Bloom se hinchara de una forma muy agradable.

-Vamos a mi casa, mi tío no está y podremos hablar tranquilos. –la mención de la casa vacía hizo alzar una ceja a Bloom, recordando la anécdota sobre Crystal. Parecía que Eddie había pensado lo mismo porque una sonrisa traviesa se instaló en su cara. –Tranquila, tu virtud está segura conmigo.

Eso hizo sonrojar a la chica hasta la misma raíz del pelo y le dio un codazo a Eddie alejándose de él con un resoplido nada delicado.

-Y quién te ha dicho que soy virgen, eh. –replicó intentando usar su mejor tono de burla para disimular su rubor.

- No puedes manejar las emociones intensas, el sexo es intenso. –la mirada que Eddie le dirigió, analizando su cuerpo de arriba abajo hizo que un fuego totalmente diferente se encendiera en su interior. Y la sonrisita que le dedicó no hizo que disminuyera en absoluto. –Y tú quemaste un árbol sólo por besarme.

-Podría haber pasado con cualquiera. –la réplica no fue nada convincente y deseó meterse un puñado de las hojas que estaban pisando en la boca. Mojadas y todo.

-Quizás. Pero pasó conmigo. –la intensidad de la mirada del chico decía muchas más cosas pero no añadió nada más. Simplemente cogió su mano para guiarla en el camino correcto.

Iba a ir a casa de Eddie Munson. A solas. No había salido corriendo gritando a los cuatro vientos.

Si estaba soñando más le valía no despertar.