CAPITULO V: Sentimientos encontrados
El beso se alargó unos minutos, no podían dejar de acariciar la boca del otro y degustar el sabor fogoso de sus jugos, el Príncipe Saiya se encontraba casi en un trance probando los carnosos labios de su esclava, sabían demasiado bien como para soltarlos, en su vida no se le había cruzado por la mente hacer tal cosa con sus amantes, el sexo para los machos en su planeta era solo eso, sentir un placer egoísta sin importarles un carajo si la hembra en turno disfrutaba del acto, pero ahí se encontraba compartiendo esa clase de goce con la mujer, meter su lengua rasposa en la cavidad bucal de la muchacha era demasiado satisfactorio y apreciar los pequeños mordiscos que la peliazul daba a sus labios provocaba pequeñas descargas directo en su miembro que comenzó a endurecerse nuevamente.
Apreciar que él la deseó hace un momento atrás tal como le había sucedido a ella y estar en la cama haciéndolo con el Príncipe Saiyajin sería la alegría más grande que experimentaría cualquier mujer de ese planeta, pero no era su caso, por un momento quiso dudar de aquello, pero cuando él asaltó su boca con hambre desmedida su juicio nuevamente se vio cerrado, careció de raciocinio y se dejó asir por el hombre, probar su boca caliente y sus besos arrebatadores era algo que le producía un placer incontenible, sentir sus muslos ser estrujados ante el agarre del Saiya hacía que de su boca escaparan gemidos de placer, ella no quiso quedarse atrás, bajó sus manos acariciando con sus palmas los pectorales del bien formado tórax del muchacho que a pesar de su aparente cuerpo duro su piel al tacto era muy suave, una exquisitez palpar su carne tan perfectamente moldeada, siguieron así por un rato más, sin darle tregua a sus besos, sus respiraciones se volvieron difíciles y fue ahí donde cortaron tal intenso beso, se miraron a los ojos, negro contra turquesa sin saber que palabras decir, Bulma bajó la mirada al sentir el miembro masculino aun dentro de ella.
Vegeta por su parte quería alargar más el encuentro, pero tenía mucho que pensar así que decidió empujarla suavemente por los hombros, la peliazul entendió el acto y se apartó ocupando un lado de la cama, tomó las sábanas y se envolvió con ellas dándole la espalda. El Príncipe se puso de pie y entró al baño, como siempre solía hacerlo después de estar con su esclava.
La chica se llevó una mano a la boca y no soportó más la opresión en su pecho, se sentía tan estúpida e imbécil que no pudo contener el llanto y el lloriqueó se escuchó en la habitación, eran suspiros y gimoteos llenos de sentimiento ¿Cómo pudo haberse auto fallado? No pudo medir la situación hasta este momento, había recobrado la compostura y comenzó a pensar en el terrible error en el que estaba cayendo, o más bien, en el que había caído, no podía pensar en él de esa manera y menos sentir tal intensidad de emociones por el salvaje que la despojó de su inocencia y la apartó de su padre, sin pensar en que su raza le había arrebatado su planeta hogar y que por tal suceso su madre había perdido la vida, solo ellos eran los culpables de que su mamá ya no estuviera con ella, Bunny era joven aún para morir, tenía muchos años más por delante para vivir y disfrutar y ellos había desmoronado todo en un santiamén, no podía volver el tiempo atrás pero se reprendió duramente por poner los ojos de esa forma sobre el sujeto Príncipe de esa especie tan despreciable.
Se sentó de golpe en la cama, estaba furiosa con él, pero sobretodo con ella misma por ser tan estúpida, ella fue la que se lazó a sus brazos a besarlo, era ella la que sintió todo ese placer desmedido mientras entre los brazos de ese hombre, no podía dejarse dominar de esa manera, sintió decepción de sí misma, pero no tenía menos culpa que él, ella tenía que medir y ponerle un alto a su sentir, tenía muy en claro las intenciones del sujeto hacía su persona, restaba solo poner de su parte para actuar diferente ante los asaltos día tras día del tipo ¿Cómo demonios pudo ser tan ciega? Bajó los pies de la cama tomando la almohada y llevándola a su cara para cubrirla, sentía vergüenza de su comportamiento y sentía asco de él y de sí misma por dejarse cegar así por el momento, movió los dedos de sus pies sobre la alfombra que cubría todo el piso de la habitación y no supo cómo resolver aquello. Suspiró profundo tratando de controlar su llanto y quitando la almohada de su rostro dejándola a un lado se puso de pie buscando el camisón para vestirse. Se sintió traicionada por su corazón.
El Príncipe no se sentía tan diferente a la peliazul, en cuando entró al baño apretó su mandíbula tan fuerte como pudo, estaba enojado consigo mismo por permitirle actuar de esa forma a la esclavilla, se dejó manipular por sus caricias, desde el momento en que la mujer había posado sus labios en los suyos todo se había ido a la mierda, apartó incluso su orgullo a un lado y se dejó tocar por ella. Sus pensamiento fueron interrumpido por el llanto de la joven y entonces cayó en la conclusión que la mujer también estaba arrepentida tanto como él de haberse dejado llevar por la pasión del momento. Pero era su deber mantener el control de la situación y eso era lo que lo enfurecía más, no haber podido parar aquello y hacer las cosas bajo sus reglas, como a él le gustaba, pero no, fue capaz de darle libertad a esa insolente de probar sus labios y dejarla abrazarlo como a ella le plació. Dejó que el agua corriera por su cuerpo y mojara toda su piel, cerró sus ojos e inmediatamente la imagen de la mujer convulsionando de placer inundó sus pensamientos, sus caderas bien formadas, su pecho rebosante moviéndose al compás de las estocada y su expresión de placer habían sido lo máximo, no pudo negarse que la sesión de sexo que acaba de experimentar había sido mejor que con cualquier otra compañera sexual.
Salió aun sintiendo toda la rabia recorrerle la sangre y se encontró con la esclava vistiéndose y apartó la vista de ella, era mejor así, no podía volver a repetir aquello, definitivamente tenía que ponerle un alto, era inconcebible que tal cosa volviera a darse y sería él el que pondría una barrera, esa bruja no podía engatusarlo de aquel modo.
Se vistió en silencio escuchando los casi inexistentes sollozos provenir de la peliazul, rodó los ojos y viró la mirada hacia ella que estaba sentada en una de las esquinas de la cama.
- Príncipe.- llamó Bulma con vos ahogada que él no dejó pasar desapercibida.
- Habla.- articuló con vos imponente.
- Usted dijo que yo…- pausó un momento y respiró antes de continuar.- Bueno, quiero pedirle disculpas.- expresó por fin soltando un poco de lo mucho que tría dentro, pensó que hablar con él de lo que acaba de pasar era lo mejor. Debía de poner en claro que ella solo se dejó llevar por el momento, pero que más allá de eso no había nada implicado, no quiso que él confundiera las cosas.
- ¿Por qué?- interrogó tomando las botas y los guantes de su closet y llevándolos consigo para sentarse en la cama a medio metro lejos de ella.
- Yo… yo.- Las palabras se trababan en su garganta haciéndola querer soltar nuevamente el llanto, pero no podía flaquear, debía ser clara.- Esto no debe volver a repetirse.- dijo por fin levantando su vista para verlo topándose con unos furiosos ojos negros sobre ella. Tembló. Tembló por dentro y también por fuera, de verdad que el maldito era intimidante, pero no podía dejarse subyugar ahora, a como pudo y en contra de todo le mantuvo la mirada… observándolo. Estaba consciente de que él podía acabar con un vida en un pestañear de ojos pero no por eso iba a dejarse ultrajar de esa forma tan baja y mucho menos permitir que él pensara que disfrutaba hasta ese extremo lo que le hacía, ella de ninguna manera podía complacerse de la compañía tan tóxica de ese sujeto.
Vegeta quiso levantarse de un solo golpe y eliminarla ahí mismo ¿Cómo era posible que la que estuviera poniéndole un alto a la situación fuera ella? Definitivamente no supo si la esclava era demasiado lista o demasiado estúpida, pero de lo que si estaba seguro era que las cosas se estaban saliendo de sus manos y tenía que retomar el control de la situación, además, quiso creer que la ocasión no había sido diferente a las otras veces que la hizo suya, ni siquiera debía considerar la posibilidad de que el acto tuvo algo especial o disímil.
Sonrió por lo bajo aun mirándola, mostró con orgullo sus blancos caninos en una sonrisa perversa y retorcida, se puso de pie para verla desde esa posición como debía ser, él mirándola con superioridad mientras ella se arrastraba a sus pies.- Esclava idiota, tu aquí no impones nada.- habló con rabia casi escupiéndole las palabras en el rostro… dejó actuar a su orgullo y soberbia.
- Losé.- susurró bajando la mirada para automáticamente volverla de nuevo a él.- Me refiero a que yo de ninguna manera he disfrut…
- Cállate.- interrumpió elevando la vos haciendo a la joven dar un salto en su posición.- Lo que hice fue simplemente follarte así como lo he hecho estos días atrás, no sé por qué ahora me sales con estas estupideces.- gruño al completar su oración.
- Sabe que no fue así, esto no fue igual.- dijo arrepentida de haber abierto la boca, no debió mencionarle nada y solo dejarlo pasar, ¿Por qué tenía que estar cometiendo error tras error? ¿Nunca aprendería? Pero ya había hablado demás, le había hecho saber al salvaje su opinión y se arrepentía más que nunca haber tratado de conversar eso con ese hombre que parecía no entender razones, o solamente no quería ver lo que aún ella misma quería negarse ver.
- Me extraña que en tu cabeza se formen ideas tan lejos de la realidad esclava ¿No eres una científica? Deberías ser más inteligente.- contra atacó acomodando los guantes que se había puesto después de las botas.
- No me tome como imbécil Príncipe, si estoy aquí sin hacer nada y pareciendo inservible es porque su realeza no me deja hacer nada, así que no ponga en duda mi inteligencia que sobrepasa con creces a los… de otra raza.- exclamó furiosa cruzándose de brazos y ladeando el rostro amurrándolo con expresión de fastidio enfatizando su tono de voz en las últimas palabras. Para ese punto ya no estaba llorando y su dolor e indignación se habían transformado en ira e impotencia, sí, impotencia de no poder hacer entrar en razón al tipo y por no poder ser la ganadora de aquella discusión verbal, no era que no tuviera argumentos suficientes para acabar con aquella batalla de palabras contra el Saiya, pero no podía seguir exponiéndose así, bueno, más de lo que ya lo había hecho, expresar todo lo que pensaba era exhibir sus sentires y aceptar frente a él que había disfrutado el reciente asalto no estaba en sus planes, eso era algo que ella no estaba dispuesta a admitir, con trabajo le costaba reconocerlo para sí misma.- Además, usted dijo que cuando quisiera algo lo pidiera ¿O su majestad es mentiroso?- preguntó emitiendo una leve sonrisa en señal de victoria.
Se acercó a ella y de un tirón por el brazo derecho de la muchacha la hiso ponerse de pie.-Deberías de cuidar lo que dices mujer.- dijo elevando su mano enguanta para tomar un mechón de cabello de la peliazul y ponerlo tras su oreja, apretó un poco el agarre en su brazo a lo que la joven arrugó sus finas cejas por causa del dolor, pero no se quejó, se quedó ahí viéndolo a sus ojos como retándolo.- Si en algo aprecias tu miserable vida.- continuó diciendo mientras ponía su brazo libre en la cintura de ella atrayéndola a su cuerpo.- Deberías de aprender a cerrar esa boquita.- afirmó apretándola un poco contra su pecho.
De repente su respiración se volvió pesada, tenerlo así de cerca no le ayuda a formar una oración coherente para contradecirlo, no pudo hacer más que observar su rostro, lo tenía demasiado cerca y las agradables sensaciones habían vuelto, un pequeño cosquilleo en su vientre le informó de cuanto la afectaba el acercamiento del Saiyajin y se repudió a sí misma por caer ante su toque. No debía verlo de otra forma que no fuera con odio, él era su opresor y el que había provocado la desdicha más grande de su vida, trató de recobrar la compostura y lo empujó por el pecho, no consiguió moverlo ni un centímetro, pero ella alejó su cuerpo hacia atrás para separarse un poco.
- Suélteme.- dijo girando el rostro viendo hacia un lado, no quería mirarlo más, no quería volver a lanzarse a sus labios y devorarlos con toda la pasión que se obligaba a no sentir pero que aún así percibía, pues la manera de reaccionar de su cuerpo terminaba traicionándola. Unas lágrimas salieron de sus ojos inevitablemente, se sentía tan sucia por pensarlo de ese modo, no era más que la mujer más imbécil del planeta.
- Volveré en una semana.- informó él soltándola con un pequeño empujón.
Inmediatamente la peliazul puso su mirada sobre él sorprendida.- ¿Qué?- logró decir.
- Ya escuchaste, solo te notifico para que no me esperes los siguientes días.- declaró yendo hacía el closet para sacar su capa roja, la abrochó a las hombreras de su armadura y caminó hasta la puerta llevando en su mano el scouter.- La servidumbre está al tanto de tu presencia en mi alcoba, así que no te preocupes por la alimentación, te traerán puntal cada cosa y si necesitas algo pídeselo a la esclava que te hará compañía.- completó poniéndose el aparato en la oreja.
Bulma sintió estrujar su pecho al saberse sola, no quiso prestarle atención a aquel sentir, pero supo que no todo andaba bien en su corazón con respecto a esa nueva notica, pero aquello pasó a segundo plano cuando se dio cuenta que tal vez estando él lejos una semana tenía una oportunidad de escapar, sonrió en su interior y lo siguió hasta la puerta con esperanzas renovadas.
- No estoy entendiendo muy bien lo que dice.- habló a espaldas del muchacho.
- Te asigné a una mujer terrícola para que te acompañe, no quiero que estés sola imaginando ideas para poder escaparte.- habló tomando el pomo de la puerta, se tuvo un momento antes de abrir.- En mi habitación estás segura, afuera cualquiera podrá tomarte, así que tú eliges donde quieres estar.- mintió, él sabía que lo que le pertenecía al Príncipe Saiyajin nadie podía ponerle una mano encima o moriría, ya la mayoría de seres en su planeta estaban enterados de que la científica mano derecha del jefe de laboratorio había sido tomada por él, ningún tipo en su sano juicio iba a tocar a su esclavilla.
A Bulma se le erizaron los bellos al escuchar sus palabras, pero todo eso quedó olvidado cuando vio que se iba. Sin pensarlo lo tomó de la mano y cuando él se giró para verla por tal acción no pudo resistirse a abrazarlo.- Cuídate.- dijo con la cabeza escondida en su cuello aspirando el aroma masculino que le agradó.
- El planeta que voy a purgar necesitará cuidarse.- le respondió sacándosela de encima para mirarla a los ojos, tomó la barbilla de la peliazul y la miró a sus oceánicos ojos.- No intentes nada estúpido o lo sabré.- amenazó con su habitual tono de voz grave soltándola.
Lo miró salir y cerrar la puerta tras él. No supo en qué momento había dejado de respirar, pero cuando se halló sola soltó el aire que hacía presión en su pecho. Llevó una mano a su frente para limpiar el sudor que cubría su frente, no quiso sentirse mal al imaginarse estar ahí y no verlo por siete largos días, pero eso renovaba las esperanzas que tenía de poder salir de ahí y ver a su padre, e incluso quizá, solo quizá poder irse de Vegitasei. Pero escapar no solo era el problema sino también el adónde irían una vez abandonaran el planeta rojo, debía de planear muy bien qué hacer y para eso necesitaba estar en el laboratorio y utilizar la tecnología de la cual disponían para buscar un planeta lejano que no hayan purgado aun los Saiyas, o tratar en la manera posible de conseguir algún archivo donde detallara los planetas conquistados por los salvajes y poder investigar si habían destruido la Tierra o solamente se habían apoderado de ella, si era así podría intentar volver a su hogar, aunque ese sería el primer sitio donde él la buscaría, si es que lo hacía, para ella era mejor que él se olvidara de su persona una vez lejos de ese lugar.
Por otra parte estaba lo que le dijo, si salía de su habitación cualquiera podría tomarla, en ese aspecto el hombre tenía razón, dentro de esas cuatro paredes se encontraba segura, nadie se atrevería a invadir el espacio del mismísimo Príncipe de los salvajes, suspiró abrumada ¿Cómo diablos le haría para salir de ahí y llegar sana y salva hasta el laboratorio junto a su padre? Además de que temía perderse ya que no conocía el castillo.
Caminó hasta sentarse en el sofá individual de la sala y recostó su cabeza en el respaldo resoplando con desgano, debía de plantearse muy bien los pasos a seguir para su escape, aunque para lograr su objetivo tenía que conseguir primero ver a su papá y pedir su opinión, tal vez a él se le ocurría algo mejor que a su mentecita. Estaba decidido, se iría, no pensaba pasar su vida siendo una esclava sumisa a las ordenes de su amo, ella era una mujer joven maldita sea, tenía mucho por vivir y no entregaría su juventud a un mono inconsciente que la había convertido en su amante, no debía seguir a su lado y por mucho que el hombre le atrajera físicamente no estaba dispuesta a estar con él en aquellas condiciones, primero que todo se amaba a sí misma y a su padre, la atracción sexual no significaba nada en contra del amor propio y por su progenitor.
Se puso de pie pasando las manos por sus ojos aclarándolos, estaba demasiado cansada como para poder pensar en algo coherente, no era posible que ella se resignara a vivir una vida atada a una absurda esclavitud, tenía ingenio y lo usaría en contra del Saiyajin y poder librarse de esa estúpida atadura. Estaba por meterse al baño para mojar su rostro y refrescarse un poco cuando fue interrumpida por unos toques en la puerta.
- Adelante.- dijo casi es automático. Cuando la puerta se abrió pudo ver de quien se trataba, era una mujer, en verdad una… ¿Humana?
- Buenas tardes señorita, soy la persona que el Príncipe asignó para hacerle compañía.- explicó la chica cerrando la puerta a sus espaldas.
- Buenos días.- dijo sonriente poniendo su mejor cara.- Mi nombre es Bulma, Bulma Briefs.- se presentó estirando su mano como su cultura terrícola dictaba.
- Un gusto señorita Bulma.- comentó la joven haciendo una pequeña reverencia.
- Oye no, no hagas eso.- indicó la peliazul acercándose a la mujer para detener su acción.- Yo simplemente soy una esclava.
- Pero no cualquiera, es la mujer que comparte la alcoba con el Príncipe Vegeta.- explicó brevemente manteniendo la mirada en el piso.
- No, yo soy solo una prisionera más este maldito planeta, pero… es que acaso ¿Esto ya lo saben todos los habitantes?- exclamó asombrada, mi papá debe estar triste y destrozado, pensó llevando una mano a su corazón. Estar con el alienígena la había vuelto idiota, ni si quiera se había detenido a pensar en cómo se la estaría pasando su padre, definitivamente se estaba estancando en esa "relación" que se formó entre el Saiya y ella.
- Supongo que sí señorita Bulma.- respondió la mujer aun con la vista puesta en el piso.- Los rumores se expanden rápido, y más cuando se trata de la realeza.- agregó.
- Llámame solamente Bulma.- comentó aun choqueada al imaginarse estar en boca de toda la población.- Pero dime ¿Cómo te llamas?- continuó tratando de no prestar más atención a aquello.
- Mi nombre es Milk, también soy una terrícola como usted… Bulma.- dijo mirando a la muchacha de pelo turquesa.
- Mucho gusto Milk, creo que vamos a entendernos muy bien.- afirmó sonriendo y tomando la mano de la joven de cabello negro. La muchacha se retiró ante el toque.- Tengo órdenes estrictas de no entablar amistad con usted señorita.
- ¿Qué? ¿Quién te ha ordenado eso?- preguntó confundida.
- El Príncipe Saiyajin, fue él el que me envió hasta aquí.- explicó entrelazando sus manos a la altura de su cintura.
- ¡Ese imbécil!- bufó molesta la peliazul dándole la espalda a la jovencita.
La pelinegra abrió los ojos grandes al escuchar el insulto hacia el Saiya real.- No diga eso, alguien podría escucharla.- aconsejó atónita.- Muchos han muerto tan solo por referirse de manera despectiva hacía… él.
- Milk, tu deberías de comprender más que nadie cómo me siento aquí.- habló volviéndose a ella para verla.- Yo soy una científica y el maldito salvaje me ha convertido en una esclava, crees que eso no me da el derecho a insultarlo por lo menos.
- Si, comprendo.- dijo casi en automático sintiendo empatía por la chica.
- Necesito alguien con quien hablar, me aburró sin tener nada que hacer aquí encerrada.- confesó sentándose en uno de los sofá.
- Puede confiar en mí.
- Tutéame Milk, tu y yo somos iguales.- dijo llevando el dorso de su mano a su boca conteniendo el llanto que quería soltar.- Estar aquí no me pone por sobre nadie en Vegitasei, para todos simplemente debo ser la nueva prostituta del Príncipe Saiyajin.
- ¿Puedo darle mi sincera opinión?- preguntó hincándose frente a la peliazul y tomándola de las manos con un poco más de confianza.
- Por supuesto.- contestó ofreciéndole una pequeña sonrisa y mirándola con sus ojos cristalinos que amenazaban con soltar las lágrimas.
- Dudo que alguien piense que usted está aquí por gusto propio.- susurró por lo bajo como evitando que alguien más escuchara lo que estaba diciendo.
- No lo sé Milk, para estas alturas ya no sé ni me importa lo que los demás piensen, el único que me preocupa es mi padre, él debe estar sufriendo al saber bajo que términos estoy yo aquí.- expresó con un nudo en su garganta que le impedía que su voz saliera clara.
- No debe preocuparse Bulma, usted no tiene la culpa de nada, de hecho, aquí nadie está haciendo lo que le asignaron por que quieran, sino porque son obligados a cumplir con ello.- confesó limpiando con una de sus manos las lágrimas que escurrían por el rostro pálido de la joven.
.
.
El sonido ensordecedor de las turbinas de la nave se escuchaban por todo el puerto de aterrizaje dispuesto para recibir al Rey Saiyajin que se aproximaba a la estrella Kanassa, era un planeta rocoso y árido a tres días de distancia de Vegitasei, el astro era escaso de árboles o cualquier otra forma de vida vegetal y estaba habitado por una raza de reptiloides con el poder de ver visiones, eran bastantes fuertes, pero no demasiado como para poder enfrentarse a los Saiyajin, así que desde hace muchas décadas atrás se habían casi "sometido" a ellos, tenían un tratado, a cambio de que los Saiyas no purgaran su planeta ellos mandaban ejércitos de soldados para ayudar con los trabajos de conquista de estos últimos.
El viaje no había sido aburrido del todo, desde la nave real el Rey siempre estaba trabajando en una u otra cosa, coordinaba muy bien con sus soldados de confianza para poder manejar cualquier asunto que necesitara resolverse, además, tenía plena confianza en su primogénito, Vegeta era inteligente y estaba bastante inmerso en cómo se manejaban las cosas en su planeta.
- ¡Rey Vegeta! ¡Bienvenido a Kanassa!- saludó cordialmente el gobernador de aquel astro haciendo una pequeña reverencia como el protocolo indicaba.
- Rey Toolo.- respondió de la misma manera el Saiya.
Hace tres días que había partido del planeta rojo, Toolo, el Rey Kanassan necesitaba "renovar" el tratado que tenía con el Saiyajin real por lo que había solicitado su presencia, pero sobre todo había puesto sus ojos en la nueva tecnología que Vegitasei poseía, habían rumores de cuánto estaba creciendo y si podía convencer al Rey Vegeta que le proporcionara algunos cuantos científicos para su estrella estaría más que feliz, aunque sabía muy bien que el viejo no era fácil de convencer y tendría que ofrecerle algo a cambio igual o mucho más valioso, pero eso solo lo sabría una vez hablara con él y se pusieran de acuerdo en los términos.
No se hicieron esperar, el Kanassan hizo pasar al Rey y a sus soldados hasta su castillo ofreciéndoles como bienvenida un gran banquete, Vegeta iba acompañado de su batallón élite conformados por 4 de sus mejores soldados, Nappa, Raditz, Turles, y Zorn.
Comieron y hablaron sobre el desempeño de los soldados Kanassan que el Rey Toolo le había proporcionado a los Saiyas, estaban más que satisfechos con el tratado, el Rey Kanassan no quería tener problemas con los seres que dominaban el universo, así que era mejor llevarles la fiesta en paz para seguir manteniendo a salvo su astro y no ver involucrada su raza en una destrucción masiva, sino hubiera accedido a la petición del Saiyajin real estarían perdidos, ellos no tenía la fuerza suficiente ni contaban con la mejor tecnología para hacerle frente a esa raza tan poderosa.
- Y dime Vegeta ¿Son cierto esos rumores sobre tu planeta? Dicen que su tecnología ha sobresalido en el último par de años.- comentó el Rey Toolo después de darle un sorbo a su copa de vino, cuando estaban a solas o con su pelotón de confianza siempre solían tratarse sin mencionar sus títulos, no eran necesarias las formalidades.
- Veo que nada puede ocultarse en este universo.- respondió cordialmente sonriendo un poco el Rey Saiya elevando su bigote color cobrizo con aquella acción.
- Entonces es cierto.- dijo devolviéndole el gesto más que satisfecho.- ¿Quiénes son los responsables de esos avances eh?
- Veo que no estás del todo informado.- rió por lo bajo dándole un trago a su bebida.
- Como te dije, solo he escuchado rumores, por eso necesitaba que tú me lo confirmaras.- contestó el Kanassan reclinándose sobre la gran mesa de comedor.
- Ve al punto Toolo, vamos a obviar quienes son lo que han hecho crecer en tecnología a mi planeta.- indicó poniéndose serio.
- Bueno, simplemente estoy interesado en tus científicos, anda dime quienes son los responsable ¿A qué raza pertenecen?- insistió.
- Eso es confidencial.- habló con un tono de voz más grave.- No soy estúpido como para darte esa clase de información.- expresó comenzando a irritarse por la insistencia del reptiloide.
- Solamente quiero hacer progresar mi planeta Vegeta, no tienes porque enfadarte.- dijo poniéndose también serio.
- Creo que solo perdí mí tiempo viniendo hasta aquí Toolo, sabes la clase de tratado que tenemos y no voy a proporcionarte nada de mi tecnología.- dijo egoísta poniéndose de pie a lo que los soldados Saiyas imitaron a su líder dejando a un lado el festín que estaban dándose. El pequeño ejército Kanassan se situó tras su rey al verla la tensa situación listos para protegerlo.
- Tranquilo Vegeta, no puedo obligarte a que me ayudes con tecnología, pero pensé que si el trabajo de mis soldados es tan eficiente como dices, algo más que evitar que purgues mi planeta podría obtener ¿No?- habló de forma rápida evitando sonar golpeado, quería evitar a toda costa un enfrentamiento con ellos y peor aun con el Rey de esa raza.
- Deberías conformarte que te dejado respirar todo este tiempo, no me sería difícil matarte ahora.- expresó torciendo su risa de manera diabólica que hizo temblar internamente al Rey Kanassan. Sus ojos rasgados se abrieron a todo lo que pudieron y su piel se puso más fría de lo que ya era al ver la mano del Rey apuntar contra él, no había formado en su palma ninguna bola de energía pero intuyó que de un segundo a otro lo pulverizaría. Los soldados se pusieron frente a él en un intento por protegerlo del ataque que venía venir.
- Podría reducirte a cenizas en un santiamén Toolo.- indicó manteniendo su posición, solo la meza lo separaba del reptiloide, se encontraba uno de cada lado, pero no necesitaba tocarlo para eliminarlo, su brazo seguía frente a él con la palma de su mano abierta apuntando directo al cuerpo del alíen.- Debería ser más inteligente y pensar en que si te dejo vivir es solo porque no quiero gastar energía en hacer polvo tu miserable cuerpo.
- Vegeta si me asesinas el tratado se romperá.- dijo tratando de persuadir al hombre que atentaba contra su vida, no quería morir, sabía que sus soldados no podrían hacer nada por él, con tan solo uno de los Saiyas del escuadrón élite podría eliminar a todo su ejército, así que no era como para pensar mucho, el Rey que era más poderoso terminaría con su planeta en un pestañear de ojos. De repente, escuchó una carcajada cargada de burla salir de la boca del sujeto que seguía apuntándole directo, podía sentir el aura maligna que desprendía el tipo incluso con su ejército interponiéndose ante el ataque.
- Puedo eliminar tu miserable planeta y esclavizar tus escuadrones Toolo, ese tratado para mí no significa nada.- respondió comenzando a forma una bola de energía en sus manos. Los Saiyas élite solamente se limitaron a sonreír malignos antes el espectáculo que daría su Rey al asesinar a esas basuras.
Antes de que Vegeta pudiera disparar la energía el Kanassan cayó al piso, todos incluso los Saiyas se acercaron a ver a acepción del Rey que solo se restringió a desvanecer el ki en su mano. Cuando se arrimaron al reptiloide vieron como su cuerpo estaba erguido y sus ojos en blanco, arqueaba su espalda y echaba su cabeza hacia atrás casi poseído.
- ¿Qué le pasa a ese gusano?- preguntó Nappa de pie junto al reptil agonizante viendo a los demás Kanassanes.
- Está… está teniendo una visión.- dijo tartamudo y totalmente nervioso acercándose a Toolo que yacía en el suelo, el Kanassan comenzó a retorcerse y poner los ojos en blanco, abrió un poco la boca ahogando un gruñido y detuvo sus contorsiones agonizantes.
- Tu… tu hijo.- comenzó a hablar Toolo apuntando a Vegeta sin salir de su trance, aún seguía con el cuerpo rígido, su cabeza hacia atrás y su espalda erguida.- Tu… hijo.- repitió para luego relajarse.- Tu… tu… hijo el Príncipe Vegeta te dará muchos problemas y tu planeta se verá en discordia a causa de sus actos.
El Rey Saiyajin se acercó al Kanassan que nuevamente estaba retorciéndose en el piso.- ¿De qué demonios estás hablando?
- Tu hijo… te dará un heredero.- pausó y las contracciones de su cuerpo cesaron.- Pero no será uno que tu pueblo quiera, será una vergüenza.- terminó de decir para luego cerrar sus ojos y desmayarse.
- ¿Por qué ha dicho todas esas estupideces?- preguntó Turles que se encontraba al lado derecho de su líder.
- Son visiones del futuro, nuestra raza tiene ese poder, si dijo todo eso es porque lo ha visto y se cumplirán sus palabras.- afirmó uno de los soldados Kanassanes.
- ¡Bah! Solo son estupideces.- habló el Rey Saiya.- Larguémonos de aquí, solo perdí mi valioso tiempo.- agregó dándose la vuelta para retirarse del planeta seguido de su escuadrón élite.
.
.
- Milk, necesito salir de aquí y llevarme a mi padre conmigo, no pienso quedarme más tiempo hasta aburrirle al Príncipe.- habló parándose del sofá pasando el dorso de su mano por la mejilla derecha para limpiar las lágrimas.
- Eso es imposible.- respondió la pelinegra siguiendo a la muchacha que camina hacia el otro lado de la habitación.
- ¿Por qué? Yo soy una científica puedo construir una nave para largarme éste maldito planeta, incluso tú podrías venir conmigo.- expuso convencida abriendo la puerta del ventanal saliendo al balcón.
- No puede escapar, pondría en riesgo su vida, la de su padre e inclusa la mía. El Príncipe dejó vigilancia y nadie aparte del personal que la atiende y yo puede pasar por esa puerta.- indicó la muchacha.
La peliazul caminó a través del balcón hasta llegar al barandal desde donde podía divisar casi por completo la población de Vegitasei, se recostó sobre la muralla que llegaba poco arriba de su cintura, tenía que poner en orden sus pensamientos e idear algo que la liberara de aquello que parecía imposible. Primero que nada debía de buscar la forma de ponerse en contacto con su papá, así él podría comenzar con la construcción de una nave para poder huir si es que ella no tenía otra opción que quedarse en la alcoba del Saiyajin por más tiempo. El sol le daba directo en su piel, la brisa que mecía su melena turquesa era el único sonido que rozaba en sus oídos, la muchacha que la acompañaba se había quedado parada en la puerta del ventanal, se sentía desesperada de tan solo pensar en que no tenía escapatoria del lugar en el que se encontraba. Suspiró profundo y llevó una de sus manos a su cabello, comenzó a enredar un mechón haciendo un rulo con su dedo sin dejar de mirar a la distancia, se sentía tan infeliz, nunca creyó ser más desdichada que ahora exceptuando el día en que su madre había fallecido, esa vez, todo su mundo se derrumbó, y aunque aún la recordaba con tanto dolor lo había podido superar en parte, le hacía falta, por su puesto era el ser que le dio la vida y viviría por siempre con su recuerdo, pero también había tratado de reponerse por su progenitor, él necesitaba de su fortaleza, no debía derrumbarse por éste nuevo tropiezo en su vida, su padre ahora seguramente se sentía más solo que nunca. Bajó la mano con la que jugaba con su pelo y se giró recostando ahora su espalda en el barandal, elevó el mentón para que los rayos de sol inundaran con su calidez su rostro, cerró los ojos un momento y su mente fue invadida por la imagen del Príncipe sobre ella en aquel último encuentro, siguió divagando en su memoria y sus ojos mirándola aparecieron en una imagen en su imaginación, esos ojos, se permitió pensar, mordió su labio inferior y recordó sus besos, esa boca hambrienta que la devoraba con pasión, en ese instante ella se había doblegado ante él sin siquiera pensar en las consecuencias, otro recuerdo la asaltó y detalló al Saiya desnudo parado frente a ella, en realidad el sujeto era atractivo, demasiado como para ignorar el hecho de que se sentía atraída por él en ese aspecto, pero no debía, no podía, ese salvaje era el responsable de la situación en que ahora se encontraba maldita sea.
Abrió los ojos y bajó la vista hacia el piso, abrió sus párpados grandes cuando distinguió en el las baldosas del suelo una silueta y rápidamente se irguió afligida, subió su mirada y con su mano derecha tapó por sobre su frente para que el sol no le dificultara ver hacia arriba y entonces pudo divisar a un sujeto parado sobre el techo del castillo.
- ¡Por Kami!- gritó la peliazul y corrió hacia la joven pelinegra que al verla se aproximó hacia ella tomándola de las manos.
- ¿Qué sucede?- preguntó contrariada al ver el estado aterrorizado de la chica.
- ¿Quién… quién… es ese tipo?- preguntó nerviosa señalando con su dedo al hombre que seguía en la misma posición sin siquiera mirarla.
- Tranquila Bulma, es un Saiyajin, solo es parte de la vigilancia.- explicó con tono de vos suave.
- ¿¡Qué!?- habló inconsciente sin dejar de ver al individuo.
- Como se lo dije antes, el Príncipe la dejó muy bien vigilada, es por ello que no podrá salir de aquí.- comentó yendo hacia adentro junto con la joven que seguía afligida.
Pero del pánico que le había dado ver a ese Saiyajin había mutado a rabia, se sintió tan impotente y colérica que soltó las manos de su dama de compañía y fue directo a tirarse a la cama, tomó una almohada y ahí hundió su cara, la apretó con fuerzas mientras lloraba descontrolada, quería tener enfrente al maldito salvaje y golpearlo hasta descarga toda su frustración y coraje con él.- ¡Maldito imbécil!- gritó entre el llanto.- ¡Te odio!- volvió a decir golpeando el colchón.- ¡Te odio con todas mi ser!- vociferó fuera de sí.
Milk simplemente se delimitó a quedarse junto a la cama, entendía cómo se sentía la muchacha, ella también flaqueaba en algunos momentos desde que puso un pie en Vegitasei, pero por suerte ella no había caído en manos de alguien tan prepotente y déspota como el Príncipe Saiyajin, cuando llegó a ese planeta fue asignada a los servicios de cocina, le fijaron la preparación de grandes cantidades de alimentos raros para los soldados élite y la realeza, al principio le fue complicado, tanto como el trabajo que le fue bastante pesado, como por no tener con quien charlar. Una mujer alienígena que estaba a cargo del celo de la cocina y quien les dirigía era por mucho amargada y tosca, estaba todo el día dando órdenes y no dejaba descansar a todo el personal ni un minuto, con el tiempo fue acostumbrándose, sabía lo que tenía que hacer y ni tan siquiera necesitaba que la alíen estuviera toda la jornada tras ella especificándole sus obligaciones, los días eran muy agitados, pero todo mejoro cuando entabló cierta amistad con uno de los Saiyajin que visitaba el comedor, se llamaba Kakaroto, pero él prefería que le dijeran Goku, su nombre de pila nunca le agradó, sonaba como a algo extraño que no terminaba de convencerle. El sujeto era agradable, demasiado comparado a los demás de su raza, parecía que él era la parte antónima a todos ellos, era gracioso, amable y educado. Así fue como poco a poco fue superando la hostilidad que la responsabilidad le acarreaba. Hasta que fue sorprendida con una noticia por el mismo Goku, le habló sobre la concubina del Príncipe Saiyajin y que él la había propuesto como dama de compañía para ésta al haber escuchado a Vegeta dar órdenes específicas de no dejar salir a la mujer de su alcoba y que iba a llamar a alguien para que estuviera con la terrícola todo el tiempo que durara su misión en el espacio. Su amigo Saiya le confesó que no dudó en proponerla a ella ya que ambas compartían el mismo lugar de destino, ambas provenían de la Tierra.
Milk sintió una punzada en su pecho al ver llorar tan desconsoladamente a la muchacha y se acercó sentándose a la par de ella, posó su mano en su espalda y dio leves masajes tratando de menguar su dolor.- No llore más Bulma, le hará daño.- dijo con vos melodiosa y empática.
La peliazul comenzó a bajar la intensidad de su lloriqueo, sus hombros se movían cada vez que respiraba entre sollozos y su garganta ardía demasiado. Se levantó de su posición y se sentó a la par de su dama de compañía con sus manos tapándose el rostro. Estaba un poco avergonzada con su comportamiento berrinchudo, pero nadie sabía ni entendía el remolino de sentimientos que traía adentro y contra los cuales luchaba.
- Lo siento.- dijo con vos apagada mirando a la pelinegra.
- No tiene porque disculparse.- respondió acariciando su hombro.- Créame que comprendo su sentir.
- No, no tienes idea de lo que es éste infierno.- susurró aun con las lágrimas deslizándose sobre sus mejillas.- Mi madre murió cuando éramos reclutadas a este planeta, fui violada por Vegeta y mi padre ahora que no estoy con él se ha de sentir destrozado, no hay manera en que el dolor que me carcome ahora puedas tu sentirlo.- expuso con un hilo de dolor en cada palabra.
- Por supuesto que no, pero la entiendo, también fui arrancada de mi planeta hogar, mis padres fueron asesinado por esos malditos y fui obligada a trabajar para ellos.- explicó.
- Milk.- pausó sollozando mientras limpiaba con sus dedos las lágrimas.- Lo siento… yo, no sabía.
La pelinegra le regaló una sonrisa y le dio un abrazo consolador que ambas sin saberlo necesitaban. Estuvieron así un rato, sintiendo la calidez humana que caracterizaba a los terrícolas.
- Ya me siento mucho mejor.- comentó la peliazul con una sonrisa al separarse de la chica.
- Que bueno.- respondió Milk devolviéndole el gesto.
- Hay algo que me vengo preguntando hace mucho tiempo.- dijo poniéndose de pie.
- ¿Qué cosa?- interrogó su dama de compañía sin moverse de su sitio.
- ¿Dónde está el Rey Saiyajin?
- Ya que recuerdo, Goku me comentó un día de éstos que él salió a otro planeta con el cual tienen un tratado o algo así.- respondió memorizando las palabras que el muchacho le había dicho.
- ¿Goku?- preguntó confundida.
- Si, es un Saiyajin amigo mío, él es parte del escuadrón élite del Príncipe Vegeta, prácticamente su mano derecha.- contestó tímida, de hace un tiempo para acá que de solo recordar el nombre de él hacia a su corazón agitarse.
- ¿Un Saiyajin? ¿Amigo de una humana?- se preguntó casi para sí misma la joven.
- Bulma él es diferente a todos, si lo conociera seguro simpatizaría al instante con él.- dijo poniéndose de pie.
- No lo creo, más si dices que es parte de los soldados de Vegeta.- expuso incrédula volviéndose a dejar caer ahora de espaldas sobre la cama.- Seguro el cretino del Príncipe aprovecho la ausencia del Rey para buscarme.- murmuró colérica arrugando el entrecejo.
- ¿A qué se refiere?
- No, nada Milk yo me entiendo.- dijo cerrando los ojos, necesitaba descansar y reponer las energías que sentía perdidas.- Dormiré un rato, puedes hacer lo mismo si gustas.- aseguró acomodándose en la amplia cama.
La muchacha obedeció y se recostó en el sofá para descansar, pero se sorprendió al ver uno con manchas de sangre, no preguntó por ello, pero como encargada de la señorita esclava del Príncipe, ordenaría al personal de limpieza que dejaran impecable esa habitación.
Pronto el pasar de los días se había hecho presente, desde que el Príncipe Saiyajin había salido del planeta tres habían pasado exactamente. El Rey, estaba de regreso en el planeta y eso significa que los encargados de cada área del castillo debían entregarle un informe detallado de lo que había sucedido en su ausencia. Bardock, era quien llevaba el control de las operaciones de Vegitasei.
- ¿¡Qué!?- gritó furioso cuando su mano derecha le informó que la científica ya no trabajaba en el laboratorio.
- El Príncipe Vegeta la tomó como esclava, pero los trabajos en el laboratorio no se han visto afectados por su ausencia, el otro científico terrícola es bastante eficiente - respondió sereno.
- ¡Maldita sea! Le deje muy en claro que la terrícola me servía más viva que muerta en su cama.- exclamó sentándose en el trono.
- La humana sigue con vida.- indicó de brazos cruzados.- Y está muy bien vigilada en la alcoba del Príncipe.
- ¿Dónde está Vegeta?- preguntó un poco más relajado.
- Salió hace tres días para conquistar el planeta Arlian.
- En cuanto ponga un pie en Vegitasei le informas que quiero hablar con él, ahora retírate.- ordenó dando por zanjada la plática a lo que el Saiyajin obedeció reverenciándose y desapareciendo por la puerta de sala principal.
Los siente días se habían cumplido, Bulma sentía su estómago dar vueltas de solo pensar en volver a verlo, estos días sin su presencia habían sido bastantes buenos, la compañía de Milk le habían sentado demasiado bien, ella le había conseguido ropa mucho más bonita que el camisón soso que el Saiyajin le entregó el día que la tomó, además, de que le trajo varios pares de zapatos que podía usar para no estar siempre descalza y unos cuantos implemento personales como cepillo de cabello y de dientes. Los platillos que la pelinegra le preparó toda la semana eran los mejores que pudo haber comido en su vida. Le cocinó alimentos terrícolas que ambas disfrutaron juntas. Su humor mejoró por mucho y ya no se la había pasado llorando desesperada. De alguna manera había surgido entre ellas una gran amistad, una que no se rompería ahora que la muchacha ya no la visitara en la recamara del Saiya. Ahora hasta la tuteaba después de haberle prácticamente rogado que lo hiciera.
- Vamos Bulma, levántate de la cama, debes prepararte para recibir al Príncipe.- dijo jalándola por un brazo para que saliera de entre las cobijas.
- Cinco minutos más.- respondió somnolienta sin moverse de la comodidad en la que estaba sumergida.
- Por Kami, si no estás lista quién sufrirá las consecuencias soy yo.
La peliazul no tuvo más remedio que levantarse e irse directo a la ducha, un baño tibio ya la estaba esperando, se remojó en el agua caliente de la tina que la relajó al instante, pensar en que nuevamente sería tomada por el salvaje la tenía nerviosa o… ansiosa. Veinte minutos después estaba con una bata puesta sentada en la cama mientras la pelinegra la peinaba.
- Milk.- susurró, pero aun así la muchacha la escuchó.
- ¿Sí?
- Promete que cuando puedas vendrás a verme.- le dijo con vos melancólica.- Vegeta entrena todo el día y sin ti volveré a caer en la depresión.
- Vendré en cuanto pueda escaparme, sabes que me vigilan mucho en el trabajo, ahora que ya no te haré compañía volveré a la cocina.- contestó de la misma manera que la peliazul.
Ambas se quedaron en silencio hasta que Bulma estuvo totalmente lista, estaba arreglada con un vestido rosa pálido de tirantes y fruncido a la cintura que llegaba hasta por sobre su rodilla y unas botas negras con un pequeño tacón que la hacían lucir un cuerpo totalmente esbelto, su cabello lo había dejado suelto y ya estaba totalmente seco.
- Estás muy hermosa.- dijo la pelinegra al verla con el atuendo.
Bulma sonrió triste y le dio un abrazo a su amiga.
- Tengo que irme, vendré pronto.- se despidió Milk al deshacer el abrazo.- Suerte.- dijo para después salir de la alcoba real.
La peliazul dio la vuelta y se dirigió para abrir la puerta del ventanal, era bastante temprano pero aún así el día comenzaba a sentirse caluroso. Salió como siempre y se recostó en el barandal de espaldas a la ciudad que se imponía frente al castillo. Le gustaba sentir la brisa fresca de la mañana y el sol hacer contacto con su piel blanquecina, el balcón se había vuelto su lugar favorito para pasar el tiempo ya que sin hacer nada el día se le hacía muy largo. El Saiyajin que la custodiaba siempre estaba ahí como los días anteriores, aprendió a verlo en el mismo lugar y ya no le temía más, el hombre ni tan siquiera le dirigía un vistazo y siendo que por órdenes del Príncipe que la vigilaba no creía que fuera hacerle algo malo. Sonrió a la nada, esos días sin él habían sido casi perfectos, a pesar del tiempo que llevaba ya en el planeta rojo siempre extrañaba la Tierra y sobre todo su familia, nada ni nadie podía sustituir aquellos bellos días en que todos ese reunían en su casa e incluso sus amigos que la visitaban, también estaban los hermosos paisajes que solo su astro pudo ofrecer alguna vez, extrañaba de sobre manera la libertad que tenía, podía ir a cualquier lado, visitar algún lugar que anhelaba conocer o irse de compras a los centros comerciales junto a su madre. Su pequeña sonrisa se borró, la extrañaba, pero a fin de cuentas ella debía estar en un mejor lugar, en paz y sin sufrir como ella. Suspiró más tranquila, ya no se martirizaba con su recuerdo, era mejor pensar en los momentos felices que vivieron puesto que no podía seguir sintiéndose culpable por su muerte, los únicos responsables era los Saiyajin.
- Malditos…- susurró dándose la vuelta para mirar la ciudad. Vio el movimiento de todos los seres allá abajo ¿Serían al caso felices? ¿A qué clase de cosas serían sometidos? No quería ni imaginar las aberraciones que los salvajes cometían con los más débiles. Suspiró hondamente llenando de aire sus pulmones, quería estar tranquila para cuando el Saiya llegara, estaba dispuesta a seguir insistiendo en que la dejara trabajar en el laboratorio, ya que no podía escapar, le pediría a buenas que le permitiera hacer lo que más le gustaba. Tal vez así tenía la oportunidad de acceder a las computadoras centrales para buscar las coordenadas de la Tierra y saber de una vez por todas si su planeta había sido destruido o solamente purgado, no podía preguntarle a él, podría sospechar de sus planes y entonces si estaría perdida.
Cada minuto que pasaba ahí sentía como el sol se hacía más intenso, comenzaba a quemarle, decidió ir a recostarse un rato. - ¡Por Kami!- gritó cuando al darse la vuelta vio a Vegeta parado bajo el marco de la puerta, estaba de brazos cruzados y con su vista puesta en ella. Caminó hacia el hombre, se sintió torpe ante su presencia, sonrió un poco apenada deteniéndose al llegar frente a él, estaba igual de como lo recordaba… atractivo y déspota.
- ¿Acaba de aterrizar?- preguntó no sabiendo exactamente qué rayos decirle.
- Hace una hora.- respondió en la misma posición.- ¿Qué haces aquí? Ya se te hizo costumbre vigilar los esclavos.
- ¿¡Qué!? ¿Todos esos seres de allá son esclavos?- preguntó aterrada, pobres individuos, no dudó nunca que más de alguno lo fuera ¿Pero todos ellos? Eran demasiados, ¿Cuántos planetas habrían conquistado para tener tal cantidad de cautivos?, se preguntó tratando de quitarse el pensamiento de la cabeza.
- No grites mujer, destruyes mis tímpanos.- comentó sonriendo, y entonces pudo concentrarse en eso, en esa sonrisa que para ella no pasó desapercibida, le gustaba demasiado, lo hacía verse aún más elegante y seductor.
El Príncipe dio un paso y ella reaccionó alejándose, la tomó de la mano y la acercó lentamente a él tomándola de la cintura.- ¿Dónde conseguiste este atuendo?- preguntó elevándola en sus brazos, la peliazul se sorprendió por el gesto aferrándose a su cuello, su corazón se aceleró inevitablemente cuando alzó la mirada y vio su rostro a unos centímetros del suyo.
- Se… se la pedí a Milk.- respondió turbada por la cercanía, no la dejaba pensar de manera coherente.
- ¿Quién?- preguntó llevándola hacia dentro para dejarla sentada en la cama y comenzar a desvestirse.
- La terrícola que asignó para que me acompañara.- respondió sonrojada al ver como él se retiraba la armadura, imperceptiblemente su boca se abrió involuntaria al darse cuenta de cómo el traje que utilizaba se adhería a su cuerpo como una segunda piel, marcaba tan detalladamente cada músculo, parecía una estatua esculpida… de pronto se dio cuenta la forma en que le miraba provocándole vergüenza estar observándolo descaradamente y cerró la boca disimulada evitando que él se diera cuenta de la manera en que estaba viéndolo. Se quitó las botas y se acostó cerrando sus ojos boca arriba en la cama, no sabía por qué, pero estaba demasiado ansiosa, sentía pequeñas descargas en la zona del bajo vientre haciendo desear con intensidad el contacto con el Saiya, ¡Madre mía Bulma contrólate!, se regañó internamente, pasó ambas manos por sus ojos y respiró lentamente para calmarse.
De repente sintió el cuerpo caliente del Príncipe hacer contacto con el suyo y abrió los ojos con vehemencia.- ¿Por qué tan nerviosa?- preguntó él sonriendo con un toque de burla, le gustaba de sobremanera verla tan expuesta, desde el momento que la cargó se percató de sus leves temblores y supo entonces que ella también quería aquello.
- Yo… no…- contestó con vos melódica que excitó al Saiyajin.
- No mientas esclava.- dijo acercándose a ella para estrechar sus labios con los suyos, el beso comenzó lento, suave, con roces casi imperceptibles que fueron aumentando con el pasar de los segundos, el joven que se había quitado los guantes con anterioridad no siguió retardando más el contacto con su piel lechosa, con fuerza la tomó de los muslos y la abrió para colocarse entre ellos sin dejar de besarla. Un gemido salió de la boca de la muchacha al sentir el miembro duro rozar su intimidad, arqueó su espalda y se abrazó a su cuello abriendo su boca para darle paso a la lengua rasposa del hombre que no dudó en degustar su interior, era dulce y tibia, le embriagaba más de los que creyó, sus manos se movieron con destrezas acariciando los muslos suaves de la muchacha, subió un poco más topándose con la prenda que cubría lo que él tanto anhelaba palpar, de un tirón arrancó la pieza haciendo a la peliazul separarse de su boca asustada. La miró a sus orbes turquesa y cerró sus ojos para volver a devorar sus labios, lo hizo con avidez subiendo sus palmas hasta su trasero siguiendo su camino hasta llegar a los pechos tentadores de la muchachas, los masajeó sobre la tela arrancando más suspiros de la garganta de la peliazul, se separó un poco de ella y rompió todas las prendas que la cubrían incluso su sostén, ella no sintió ninguna clase de miedo, lo miró alejarse, se puso de pie y se quitó su traje spandex y las botas, inmediatamente volvió a subirse sobre ella quedando entre sus piernas, sin esperar más acercó su boca a los botones rosas del los pechos de la joven e introdujo uno a su boca, era tan suave que provocó darle lamidas y mordidas.
- ¡Oh Vegeta!- chilló Bulma llevando su cabeza hacia atrás, se sentía totalmente hipnotizada, no podía pensar en nada más, no era capaz de razonar en ese momento.
Nunca una misión de conquista se le hizo tan larga, mientras volaba en su nave de regreso a Vegitasei pensó en la mujer, deseaba poseerla nuevamente, quería sentir a la frágil humana retorcerse de placer bajo sus embistes, de solo pensarlo su miembro clamaba por ella. Había pensado muy bien lo que había sucedido en el último encuentro con la humana y decidió proseguir con sus planes, la disfrutaría sin reservas, se daría el gozo de hacer estremecer a su esclavilla de placer, pero no más que eso, simplemente sexo, no tenía por qué limitarse, el haberle permitido que lo acariciara no significaba nada, simplemente gozaría del acto sin reservas.
Cuando llegó al planeta lo primero que quería hacer es ir por su esclava y hacerla suya, pero su padre había exigido su presencia, tal como lo imaginó, le reclamó por qué había tomado a la científica para esclava sexual. ¡Él era el Príncipe Saiyajin con un demonio! no tenía por qué darle explicaciones a nadie, tenía la potestad para hacer y deshacer a su voluntad tanto como el Rey, al final de cuentas el hombre había aceptado quisiera o no la decisión de su hijo, lo que lo mantenía calmado era saber que la mujer seguía con vida y que aunque fuera la golfa de su hijo podía seguir trabajando para él. El Príncipe salió cabreado del lugar cuando su padre prácticamente le ordenó que la dejara seguir ejerciendo en el laboratorio, tenía que pensarlo, no la quería fuera de sus aposentos poniendo de cabeza nuevamente a sus soldados, así que tendría que encontrar una pronta solución para que su progenitor diera por zanjado el tema.
Los Saiyas que habían estado custodiando la humana le dieron el reporte, la mujer no había salido de su alcoba en toda la semana que él estuvo ausente y solamente la terrícola que él asigno para que la acompañara la había atendido junto a un par de esclavas más que se encargaron de la limpieza de la habitación.
Cuando entró a sus aposentos no la vio por ninguna parte, observó la puerta del ventanal abierto y sin dudarlo fue hasta ahí, la encontró parada de forma sugerente tumbada sobre el barandal, el Saiyajin que vigilaba esa zona se alejó en cuando vio a su majestad aparecer. La esclavilla parecía tan distraída que no se dio cuenta de nada, su trasero casi podía verse con aquella diminuta prenda y no le gustó para nada que se mostrara así delante del soldado que la cuidaba, frunció el ceño enojado con ella, la escuchó maldecir y suspirar, hasta que se dio la vuelta y lo miró, repasó su fino cuerpo con sus ojos penetrantes, la miró aproximarse hacia él y reparó en sus caderas haciéndolo olvidar su enfado, la forma en que las meneaba era hechizante. Ahora se encontraba ahí, acariciando con sus manos cada rincón de su cuerpo, la mujer resultó ser más adictiva de lo que llegó a pensar cuando la conoció por primera vez.
RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Bueno, el capítulo me salió más largo de lo previsto, pero encontré necesario explicar a detalle los sentimientos que arremolinan en las cabecitas de este par :c
Al parecer Vegeta no quiere aceptar que hay algo más que le atrae de la peliazul y que no solo es su físico el que lo tiene tentado a hacerla suya en cuanto puede :3
Bulma por su parte está confundida, quiere por todos los medios poder escapar de él, pero en cuanto el Príncipe pone una mano sobre ella se doblega ante sus emociones.
Espero el cap les haya gustado, déjenme un review haciéndomelo saber, disculpen las faltas ortográficas, siempre reviso un par de veces pero se me pasan unas que otras T.T
Hasta la próxima nos leemos… Chain n.n
