CAPITULO VI: El harén

El calor y el olor a sexo casi eran palpables en el ambiente de aquella alcoba real, dos amantes se movían con vigor en el centro del colchón de la cama que juntos al rechinido de esta podían oírse los gemidos y gruñidos que se desprendían de sus gargantas acompañadas del compás de las envestidas que la peliazul recibía haciéndola perder por completo la razón, una vez que Vegeta ponía una mano en su cuerpo no sabía dónde iba a parar su estado consiente, no era ella, no podía hacer más que arquear su espalda y cerrar fuertemente sus ojos mientras gozaba de las caricias que el Príncipe propinaba por toda su piel, él estaba entre sus piernas penetrándola con ahincó en tanto que sus manos recorrían cada centímetro de su cuerpo, deslizaba lentamente los dedos por la piel nívea y suave de la mujer, tenía la sensación de que si aplicaba un poco más de fuerza podía estrujarla en cualquier momento, posó sus palmas sobre los pechos de la esclava que se meneaban junto al vaivén de sus rudos embistes, podía sentir lo duro que estaba con cada estocada que propinaba a la terrícola y las pequeñas descargas de placer que iban acumulándose poco a poco haciéndolo aumentar el ritmo de manera automática, en un momento elevó su mirada y puso observar cada una de las expresiones de gozo que la peliazul mostraba en su rostro, masajeó el seno dócilmente acelerando el ritmo de los embates, no creía que podía aguantar retener más el llegar al éxtasis, Bulma ya no lo soportó, su estreches comenzó a vibrar mientras sentía el duro y caliente miembro salir y entrar en su intimidad, sus sensaciones estaba al límite y apreciar las manos tibias del Saiyajin acariciarla de esa forma tan descarada fue el toque final que la condujo a la máxima gloria provocando su clímax, tiró su cabeza hacia atrás y estiro sus piernas hasta la punta de sus pies disfrutando el placer recorrerle cada fibra de su ser.

- ¡Oh! Vegeta…- gritó abrazándolo para atraerlo a su cuerpo, él sintió su miembro ser apretado dentro de la cavidad de la muchacha, la peliazul se quedó así, con el rostro escondido en el cuello del Príncipe mientras sentía como las estocadas no terminaban, Vegeta se enderezó un poco y la separó de su agarre irguiéndose para tomarla por las muñecas aprisionándolas contra el colchón, aumentó más el ritmo y de una honda embestida se vino dentro de ella, gruñó de puro goce y continuó moviéndose lento y profundo, quería prolongar lo más que podía el orgasmo que recorrió todo su cuerpo erizando los vellos de su piel, su cola se movió en el aire de un lado a otro de manera somnífera sintiéndose totalmente relajada. El Saiya esperó unos segundos más, ese pequeño hueco entre las piernas de la humana sabía a pura gloria, cerró sus ojos esperando que amainaran todas las deliciosas sensaciones, rodó a un lado cayendo de espaldas al colchón para luego levantarse y meterse en el baño.

Bulma quedó en la cama, exhausta y satisfecha con el acto, no podía pensar aún en otra cosa que no fuera la agradable conmoción que había invadido cada una de sus células, aunque quisiera negarlo a sí misma, había disfruta el encuentro y sin saberlo estaba esperando porque el momento llegara, durante la ausencia del Saiyajin, no había hecho más que llorar y reprenderse por disfrutar de los encuentros con el sujeto que la había violado, pasó quejándose con Milk toda la semana por su maldito destino y ahora que tuvo enfrente al Príncipe de los salvajes cayó totalmente rendida a todo el poderío que el tipo desprendía por cada maldito poro de su bendito cuerpo. Lo hecho… hecho estaba, y estaba por demás pensar y sufrir en lo que pudo ser su vida si ya no podía regresar el tiempo atrás y evitar vivir esa tragedia, suspiró lentamente llenando sus pulmones de aire, no se reprendió más, no lloró, ni se sintió mal por actuar de manera inadecuada, solo sonrió y cubrió su cuerpo con las sábanas. Esperó unos diez minutos, escuchó la puerta del baño abrirse y vio al hombre rodear la cama totalmente desnudo, apartó la vista rápidamente de su anatomía, ese Saiyajin no tenía ni una gota de pudor, bajó la mirada y observó como él buscaba entre sus ropas el scouter que en el camino había quedado tirado a la par de sus botas. Lo tomó y lo colocó en su oreja mientras puchaba un par de veces el aparato.

- Alimento y vino para mi alcoba.- ordenó a través del comunicador, se lo quitó del oído y lo puso en una de las mesitas cerca de la cama yendo a acostarse nuevamente.

Durante estuvo en esa misión, tuvo el suficiente tiempo para pensar en qué hacer con respecto a la terrícola, no habían sido demasiados días en lo que había tenido encuentros sexuales con ella pero aún así pudo deleitarse de lo buena amante que era, la mujer no necesitaba hacer demasiado para encantarlo, además, sabía perfectamente que cuando la tomó su esclavilla tenía cero experiencia con el sexo opuesto, pudo sentir y regocijarse de aquella barrera que sin ninguna clase de piedad traspasó de una embestida, su pecho se hinchaba con orgullo cada vez que lo pensaba y aunque sonaba muy banal regocijarse por ello también era demasiado sustancial como para hacer crecer su ego, a pesar de que sus soquetes soldados se disputaban por ver quién era el primero en probar la exótica hembra fue él el que consiguió hacerlo antes que nadie, y como no, era el Príncipe de los Saiyajin y no tenía competencia de ningún tipo con respecto al plano amatorio. Su reputación no era nada buena en la boca de las femeninas de diferentes planetas que eran reclutadas para los servicios eróticos, las más hermosas según su padre, eran destinadas a su harén personal, las demás terminaban en las tabernas donde los Saiyajin hacían con ellas los que les placía. Él no era de esos que frecuentaba esos lugares, prefería la privacidad en la habitación destinada para que permanecieran sus esclavas consignadas a complacerle sus más bajos instintos, los demás, disfrutaban de las cosas más grotescas que se pudieran imaginar, después de cada batalla se reunían por las noches en las cantinas para exultarse de los placeres de la vida, por la mañana aquel lugar era un verdadero asco, él no era un tipo que le sorprendiera cualquier clase de estupidez, llegó a pensar que no existía nada en este infinito universo que lograra descolocarlo, pero aparte de eso, sentía repulsión por las fiestas en las que sus soldados les gustaba recrearse, una tan sola vez apreció ese escenario, por la madrugada todos consumían alcohol, alucinógenos propios del planeta o extraídos de alguna otra estrella, solían fumar diferentes hiervas y por supuesto rodearse de mujeres para formar sus repugnantes orgías, al amanecer todo era una inmundicia propia de esos imbéciles desagradables, vómito por todas partes sobre los cuerpos descuartizados de las prostitutas. Le asqueó de sobremanera y por ello evitaba a toda costa aceptar las invitaciones que recibía de parte de su escuadrón, el único que compartía su pensamiento era Kakaroto, el sujeto era tan reservado como él, quizá por ello a pesar de ser de clase baja se había convertido en su mano derecha.

- ¡Príncipe!- escuchó la melodiosa vos de su esclavilla colarse por sus oídos sacándolo de sus pensamientos.

- Dime.- respondió girando su rostro para ver a la mujer que estaba acostada de lado dándole la espalda.

- Necesito hablar con usted.- comentó mordiéndose el labio inferior.

- Ya lo estás haciendo.- contestó colocando sus manos tras su cabeza, sentía en ese momento que no había nada que perturbara su propia paz.

Bulma interpretó aquello como un "puedes hablar" y decidió darse la vuelta para mirarlo, aferró las sábanas a su cuerpo y se giró para acomodarse de lado frente a él que observaba el techo.

- ¿Existe la posibilidad de ver a mi padre?- soltó la pregunta junto a una sutil bocanada de aire que inconscientemente retenía.

- No entiendo esa necesidad de afecto que tienen los de tu raza mujer.- expresó sin siquiera mirarla.

- Me he dado cuenta.- expuso la peliazul sin tratar de parecer altisonante.- Pero, nuestras costumbre son otras y totalmente distintas a las de ustedes, no es que uno quiera sentir afecto por otra persona, simplemente es la empatía que te hace apreciar a otro individuo y en caso de la familia, el lazo de sangre que los une hace grande el apego emocional.- trató de explicar la muchacha sin apartar la vista del rostro del Saiyajin.

- Es estúpido e innecesario.- gruñó.

- Puede ser que sea así para ustedes, pero yo quiero ver a mi padre… lo extraño.- expresó con un deje de tristeza en su tono de voz, agachó la mirada y apretó sus labios fuertemente evitando soltar el llanto que amenazaba con salir.

- Los sentimientos solo te hacen débil terrícola.

- La debilidad es un defecto más no un sentimiento.- alegó incorporándose para quedar sentada.

- ¿Estás siendo sarcástica cierto?- inquirió seriamente, odiaba de sobre manera cualquier clase de vulnerabilidad que se reflejara en un ser vivo, era solo un motivo más para hacer desaparecer de la faz del universo a cualquier espécimen que representara fragilidad. Giró su rostro y miró a la mujer sentada al borde de la cama dándole la espalda.

- La sensibilidad es signo de fortaleza.- dijo la peliazul poniéndose de pie, se sentía tan impotente, no era capaz de lograr convencer al tipo de que la dejara ver a su padre ni mucho menos hacerlo entrar en razón para que le permitiera volver al laboratorio. Las lágrimas contra las que luchaba para no dejarlas derramar surgieron dominándola, bajó la mirada con pesar aun dándole la espalda al Saiyajin y se limpió las mejillas con el dorso de su mano. Aferró más la sábana a su cuerpo y caminó fuera de la habitación hacia el balcón, quería estar sola, necesitaba pensar y poner en orden sus sentimientos, no comprendía cómo podía torturarla de aquella manera tan cruel, ella era un ser muy distinto, era frágil, menuda y delicada, todo lo contrario a esos salvajes, se preguntaba si las mujeres de esa raza serían igual de rudas que los hombres, aunque no dudaba que fueran por mucho más fuertes que ella, al menos tenían como defenderse de esas bestias. Extrañaba con demasía hablar con su papá, no había día que no pensara en él y si seguía así podría derrumbarse en cualquier instante.

- ¿En qué momento pasé de ser científica a una vulgar esclava sexual?- se preguntó en un susurró viendo la población que se movía frente al castillo. Se agachó poniendo su frente sobre sus brazos que reposaban en el balcón y lloró, lloró soltando gemidos con dolor ahogados, ya no le importaba nada más que sacar todo lo que llevaba deteniendo dentro, empuñó sus manos sintiéndose vacía y nula, por mucho que deseara regresar a su vida anterior sabía que no sucedería, todo había cambiado en tan poco tiempo que no sabía cómo había podido sobrellevarlo sin desfallecer. Apretó su mandíbula tan fuerte que dolió, quería golpear al Príncipe, sintió la necesidad de vengarse por su madre muerta y por su esclavitud. Irguió su cuerpo y con fuerza sostuvo la tela que cubría su desnudes para regresar dentro de la habitación. Cuando entró vio a Milk empujar un carrito con abundante comida hacia el interior de la alcoba.

- ¡Milk!- vociferó corriendo hacia ella tirándose con desesperación a sus brazos mientras lloraba desconsolada.

- ¿Qué sucede Bulma?- indagó confundida volviendo su vista al Príncipe que las miraba totalmente serio.

- Lo odio.- soltó sin pensar en que él estaba presenciando todo.

- Tranquila.- le dijo acariciándole la cabeza correspondiendo con fuerza el abrazo.

- No quiero estar aquí, no lo soporto.- gimió con fuerza enterrando su rostro en el cuello de la chica.

- Bulma no sigas.- indicó viendo como el Saiya apretaba la mandíbula furioso.

- ¡Fuera!- gritó colérico mirando la patética escena. La peliazul se dio cuenta de su gran error y se separó de los brazos de su ex dama de compañía para observarlo, estaba vestido con tan solo unos bóxer negros. La pelinegra vio a la muchacha temiendo por ella, sabía lo temperamental que era el Príncipe de esa raza y del daño que podía causarle a su amiga.

- Milk te necesito.- susurró la peliazul mirando a la joven con sus ojos totalmente rojos y húmedos.

Vegeta se aproximó a la mujer y la tomó por el brazo empujándola prácticamente fuera de la habitación para luego cerrar la puerta de un portazo, regresó en un santiamén y jaló a la peliazul por la muñeca.

- ¡Eres una estúpida!- rugió provocando un escalofrío de espanto en el cuerpo de la frágil humana.

- ¡Suéltame!- le dijo tratando de quitar con su mano libre los dedos del Saiyajin que se apretaban alrededor de su brazo.- ¡No me toques!- agregó decidida, ya no iba a humillarse de aquella manera ante el tipo responsable de la destrucción de su planeta.

- ¡Cállate basura inmunda!- escupió con rabia empujándola con fuerza para tirarla sobre la cama.

Bulma gritó al sentir como era arrojada, cuando cayó se recorrió rápidamente al lado contrario para evitar que el tipo la tocara, sabía que estaba en serios problema, pero estaba dispuesta a morir antes de seguir subyugándose ante el tirano que tenía enfrente.

- ¡Eres un maldito!- le gritó apuntándolo con su dedo acusándolo.- No sabes cuánto te odio.

- Crees que eso me importa mujer imbécil.- exclamó rodeando la cama y en un rápido movimiento la agarró por el cabello haciéndola ponerse de pie, la tomó por el hombro con su otra mano y ejerció fuerza para acercarla a su rostro.

- Me lastima idiota ¡Suéltame!- luchó por quitar el agarre de su cabello.

- ¡Cierra tu puta boca esclava!- ordenó soltándola del hombro y poniendo su mano sobre los labios de la muchacha ejerciendo presión bruta que a la peliazul le pareció una tortura. Sus lágrimas rodaron sin cesar por sus pómulos bajando hasta mojar los dedos del Saiyajin. Un golpe resonó en la habitación, Vegeta no supo en qué momento su rostro se había volteado con impulso hacia un lado, su mejilla izquierda ardió, giró de regreso su mirada y observó la mano de la peliazul en el aire y se dio cuenta que la terrícola lo había bofeteado. Soltó a la muchacha para tocarse el rostro volviendo sus ojos furiosos a la mujer que lo observaba desafiante.- ¡Te mataré!- gruñó empujándola sobre la cama, la joven no supo en qué momento el hombre se había montado sobre ella, estaba inmovilizada, el salvaje se había posicionado con ambas piernas a los costados de sus caderas y tomado sus muñecas con una sola de sus manos sosteniéndolas sobre la cama.- ¡Te mataré a ti y tu inútil padre!

- ¡No!- chilló horroriza, la rabia la había cegado y entendió el gran traspié en el que había caído presa de su odio hacia el extraterrestre de fuerza ruda, definitivamente no pensó en las represalias que él podía tomar contra el científico.- No le hagas nada, haz conmigo lo que quieras pero a él no lo toques.- lloró removiéndose bajo el cuerpo pesado del Príncipe.

- No supiste aprovechar lo bondadoso que fui contigo humana.- murmuró con voz gélida y áspera acercándose al rostro de la chica.

- No tienes idea de lo que realmente significa la bondad.- manifestó mirándolo con resentimiento.

Vegeta tomó el rostro de la mujer con su mano libre y se acercó a ella hasta casi rozar sus labios con los suyos, sonrió divertido bajando su mano hasta su delgado cuello.- ¿Cómo sonarán tus vértebras quebrándose entre mis dedos?- le preguntó en el mismo tono de voz seca y hostil.

- No es algo que ignores.- respondió ella aun con las fuerzas que le quedaban.

El Saiya sonrió alejando un poco el rostro del de ella y ejerció un mínimo de fuerza en su cuello, Bulma sintió de pronto una gran presión evitando el paso de aire libre por su garganta, abrió su boca en un acto reflejo por querer respirar y sin apartar la vista de los ojos oscuros y penetrante del maldito alíen separó sus labios para hablar.- Hazlo.- retó incluso con la mirada fría que le dedicó.

- ¿Y liberarte? No seas estúpida.- contestó.- Soy tu amo, tu señor, el Príncipe de todo este planeta e incluso tuyo esclava, me debes respeto y obediencia te guste o no porque no eres nadie en este maldito universo.- añadió soltándola con tosquedad poniéndose de pie, la tomó por el brazo y la hizo pararse haciendo que la sábana cayera al piso dejándola desuda.- De rodillas.- señaló empujándola, la peliazul cayó al piso sentada y levantó la mirada observándolo sonreír con suficiencia.

- ¡Nunca bastardo!- contestó tratando de cubrirse nuevamente.

- Voy a divertirme con el insecto de tu padre.- comentó caminando pero antes de dar su tercer paso la peliazul lo había tomado de la pierna derecha, él se volvió en su talón y la vio tras sí de rodillas, le dedicó una sonrisa de burla y se giró completamente para mirarla. Era lo menos que merecía la imbécil, su sangre había hervido automáticamente cuando la escuchó decir toda aquella sarta de estupideces a la criada de cocina, no podía soportar tal falta de respeto hacia el Príncipe de los Saiyajin y menos proviniendo esas palabras de una inútil esclava que solo le servía para su entretención.

Se agachó un poco y la tomó de la barbilla acercándose a ella.- Cómo prefieres que te enseñe a tratar a la realeza ¿Por las buenas o por las malas?- preguntó en un tono bajo que le provocó un escalofrío a la muchacha haciendo erizar los vellos de su cuerpo con temor. Ella lo miró sin responder aun con lágrimas es sus ojos, no podía creer lo que estaba haciéndole ¿Cómo era capaz de ser tan cruel? Viró sus ojos turquesa para no mirar su estúpida sonrisa burlesca que le provocó sentir aun más odio contra él, nunca en su vida se había sentido tan humilla, incluso se sintió peor que cuando la había violado.

- Así es como me gusta, que sea una esclava sumisa y siempre dispuesta a complacer a tu amo.- disertó soltándola, se irguió para mirarla desde arriba con superioridad.- Ahora pídeme perdón.

- ¿¡Qué!?- salió de los labios de posando nuevamente su vista en el tipo.

- ¿Eres estúpida? Pídeme perdón y tal vez sea benevolente contigo y me retracte de asesinar frente a tus ojos a la escoria de tu padre esclava.- amenazó poniéndose serio.

- ¿Cómo puedes tener el corazón tan frío?- preguntó exaltada por sus palabras llevando una mano a sus mejillas para limpiar las lágrimas.

- Haz lo que digo sin protestar mujer y perdonaré la miserable vida de ese gusano.

Bulma se acomodó mejor sobre sus rodillas, comenzaban a dolerle por estar tanto tiempo en esa posición.- No le hagas daño Vegeta.- murmuró con tono átono y frío bajando la mirada.

- Convénceme.- escuchó decir al Saiyajin.

- Per… dóname.- pronunció con toda su fuerza de voluntad, tenía quisiera o no hacer el sacrificio, por ella, por su padre, por evitar que la siguiera maltratando e impedir que su papá fuera asesinado.

- Fuerte y como se debe.- ordenó cruzándose de brazos.

Bulma posó sus orbes truques sobre él y con todo el odio que podía sentir pronunció lo que le pedía.- Perdóneme su majestad.- escupió.

- Puedes ponerte de pie.- dictaminó caminando hacia el carrito que tenía varias bandejas con alimentos. Tomó la botella de alcohol y la sirvió en un par de copas ofreciéndole una a la peliazul que se había sentado en la cama acariciando sus rodillas, se agachó y recogió la sábana para cubrirse.

- No quiero.- dijo ella ladeando el rostro con desprecio.

- Bebe.- demandó poniendo la copa frente a sus ojos, quería hacerla obedecer aún en lo más mínimo.

La muchacha la tomó por muy en contra de sus deseos y sorbió un pequeño trago que hizo arder su garganta haciéndola arrugar sus cejas alejando la bebida de sus labios. Vegeta tomó de la suya de un trago y sonrió mirando a la joven enaltecido, se volvió y tomó una bandeja llevándola hacia al sofá para comenzar a alimentarse, en el espacio no había tenido la oportunidad de comer algo que en verdad supiera bien, durante las purgas siempre se sustentaban de la primer cosa comestible que se les cruzara por enfrente, incluso en algunas ocasiones cazaban cualquier animal y lo asaban para poder darle a su cuerpo un poco de energía.

La muchacha se paró y de uno de los cajones de la mesa a la par de la cama sacó ropa metiéndose al baño, dejó la indumentaria en el piso a un lado de la puerta y se inclinó sobre el lavabo sosteniéndose con ambas manos ejerciendo presión dejando caer la sábana de su cuerpo, cerró sus ojos… lloró, lloró en silencio sacando toda la infelicidad mediante sus lágrimas que escurrían tibias por sus pómulos hasta gotear sobre la cerámica blanca del lavatorio. Arrugó sus delgadas cejas y apretó su mandíbula mostrando sus dientes, la impotencia, la humillación, su maldita suerte, su odio hacia el Saiyajin y el dolor tan profundo que sentía oprimir su pecho no la dejaban ni respirar, suspiró profundo para luego liberar un pequeño sollozo, posó ambas palmas sobre sus ojos restregándolos para limpiarlos y aclararlos, elevó la vista y se observó en el espejo frente a ella, miró sus ojos rojos por el llanto y bajo su párpado inferior un color violáceo suave que marcaba unas ojeras casi imperceptibles, se dio cuenta que jamás había lucido tan fatal. Caminó hasta la ducha abriendo el agua fría que enseguida hizo contacto con su piel, calmó su mudo lamento, no quería seguir sintiéndose de aquella manera, pero era difícil borrar todos esos sentimientos de su corazón, era demasiado dificultoso quitarse de su mente la sonrisa airosa del Príncipe burlándose de ella. Estuvo bajo el líquido cristalino unos cinco minutos, estregó su cuerpo con la pequeña barra de jabón azul que estaba ahí para luego terminar de enjuagarse y salir, secó su cuerpo con la sábana que estaba en el piso y se vistió, se colocó un bra negro en conjunto con la braga y un vestido verde musgo suelto, se sintió cómoda, peino su cabello con los dedos para luego salir. Escudriñó con la vista la habitación pero no vio a nadie, seguramente el tipo ya se había ido, sin prestarle más atención a ese detalle se recostó en la cama, se sentía sin energía mental y físicamente débil durmiéndose a los pocos minutos.

Vegeta había comido todo lo que pudo mientras escuchaba el agua de la ducha correr, sabía que la mujer debía sentirse humillada, tal como él lo quiso, su esclava tenía que aprender a respetarlo y complacerlo, es lo único que le quedaba por hacer, no era nadie en ese planeta y de alguna forma tenía que comprenderlo. Al minuto de estar engullendo la comida sintió unos toques en su puerta, se pudo de pie dejando la bandeja que tenía en sus piernas de lado y abrió.

- Príncipe.- saludó Goku poniendo una mano en su pecho e inclinándose de manera respetuosa.

- ¿Qué pasa Kakaroto?- preguntó viendo a su mano derecha erguirse.

- Tu padre solicita tu presencia.- dijo de manera familiar, desde que era pequeño trabajaba junto al él y tenía la suficiente confianza como para tutearlo.

- ¿Motivo?- inquirió arqueando una ceja, ya había hablado con el viejo en cuanto arribó al planeta, solo para escucharlo demandar que regresara a la científica al área de laboratorio, cosa que no iba a suceder por mucho que el anciano lo pidiera.

- Habló sobre una nueva misión pero no me dio detalles.- respondió.

- Bien.- dijo mirando a su soldado hacerle otra reverencia y luego retirarse, él cerró la puerta y se vistió sin esperar a que su esclava saliera de ducharse. Cinco minutos después estaba entrando en la sala del trono donde se encontraba el Rey.

- Padre.- saludó al verlo sentado frente a una mesa rodeada de varias sillas donde la mayoría de veces se reunían para tratar asuntos diplomáticos del planeta.

- Hijo ven.- contestó haciéndole una señal con su mano para que se acercara sin dejar de ver unos papeles que tenía regados en el mesón.

- ¿Qué necesitas?- preguntó parándose frente a él fijando su vista en los documentos.

El Rey despegó la mirada de los papeles y lo observó.- Dentro de tres semanas partes a una misión de purga Vegeta, prepárate.- hablaba mirando a su retoño sonreír con arrogancia.

- Entrenaré, pero creo que no necesito recordarte lo fuerte que soy… incluso más que tu.- sentenció cruzándose de brazos.

El Rey se aclaró la garganta nervioso por los dichos de su hijo, pero aunque no lo quisiera aceptar hace mucho que su vástago había sobrepasado su poder con creces y aunque no lo aceptara abiertamente sabía que él tenía razón ¿En qué momento se había vuelto tan fuerte? Las cosas ya no eran como antes, a su heredero solamente le quedaban unos pocos años para poder coronarse como Rey según las leyes del planeta Vegitasei. Cayó a cuentas que no le quedaba demasiado tiempo para seguir gobernando, pero sabía que aunque dejara de ser el soberano del planeta rojo siempre sería respetado por su pueblo puesto que durante su gobierno había sabido llevar las cosas y hacerlas funcionar a su antojo sin afectar a su raza, además, había hecho levantarse a su imperio por sobre los otros con su tecnología, cosa que ninguna otra galaxia podía compararse con la suya.

- El planeta al que vas tiene seres bastantes poderosos, necesitaras más que tu energía basal para poder eliminar todas esas basuras de ese lugar, entre el viaje de ida y vuelta y el tiempo en que les tomará limpiarlo tardarán un mes.- comentó volviendo su mirada a los documentos que seguía sosteniendo con su mano derecha.

- Bien… ¿Es todo?- aclaró.

- Hijo.- llamó llevando una mano para pasarla sobre su cabello.- El padre de la esclava que tomaste parece ser muy eficiente, pero deberías regresarla al laboratorio, por la mañana te lo dije y prometiste pensarlo.

- Si el humano es bastante eficiente como dices ¿Por qué debería dejarla libre?- habló arqueando una ceja interrogante.

- La necesito para que construya nuevos proyectos que tengo en mente, entiende Vegeta ella no es una prostituta, de ver sido así desde que llegó aquí la hubiéramos asignado a los servicios sexuales.- indicó poniéndose de pie.

- No lo haré y es mi última palabra.- dijo con orgullo dándose la vuelta saliendo de la sala del trono, para cuando el Rey se dio cuenta el joven estaba saliendo por la puerta. De alguna manera mintió a su vástago, no precisaba de los servicios de la esclavilla como se lo había dicho, solo temía que él fuera a matarla y él necesitaba a la científica con vida, era mejor tener a dos terrícolas trabajando para su planeta que solamente uno, era cuestión de practicidad pero su vástago estaba tan empecinado con la humana que no pensaba más allá de su capricho. Lo comprendía de alguna manera, la mujer era muy atractiva, él fue joven y sabía lo vigorosos que podían ser los machos Saiyajin en plena juventud, pero no lograba entenderlo completamente pues siendo el Príncipe podía tomar a cualquier hembra que gustara y desde que estaba con la esclava sabía que no había visitado su harén ¿Sería que esas femeninas ya lo había hartado? O ¿En realidad la muchacha era demasiado buena en la cama?

Respiró hondo y se dejó caer nuevamente en la silla, pensó en que cuando su hijo tuviera la edad suficiente para heredar el torno tendría que desposar a una Saiyajin para poder ser el nuevo Rey, no podía coronarse sin tener a una mujer a su lado, dentro de poco tendría que hacerse cargo de buscarle a su hijo una buena hembra que estuviera a la altura de la realeza para que pudiera ser la Reina, aunque, aún no podía sacarse de sus pensamientos la predicción del Kanassan, tu hijo te dará un heredero, había dicho Toolo, pero no será uno que tu pueblo quiera, será una vergüenza, repasó las palabras exactas en su memoria.- ¿Al caso el Príncipe se casará con una Saiya débil e indigna a la corona?- murmuró para sí mismo sosteniendo su barbilla entre el dedo pulgar y el índice.- No, debo asegurarme que despose la mejor guerrera, con buenos genes para que nazca un descendiente fuerte.- quiso autoconvencerse.

Vegeta decidió ir a entrenar, después de una semana en el espacio necesitaba destensar sus músculos, ya su padre se lo había dicho, tenía que elevar su poder, aunque sabía que ahora era muy fuerte tenía que superar su fuerza actual, para un Saiyajin no habían límites. Cuando llegó a la sala de entrenamiento Kakaroto se encontraba luchando junto a Raditz y Nappa, se detuvo un momento frente a ellos y miró detenidamente al su mano derecha, observó sus movimientos certeros y la fuerza con la que impactaba los puños contra sus atacantes, de verdad que el tipo se esforzaba por superarse y él no iba a dejar que el soldado de tercera clase lo superara, sabía que casi tenían el mismo poder de pelea y no podía permitir que ese sujeto lo sobrepasara. Cuando los hombres repararon en la presencia del Príncipe Saiyajin detuvieron su entrenamiento.

- Kakaroto.- lo llamó con una media sonrisa en su rostro.- Lucha conmigo.- ordenó, sabía que solo él podía hacerle frente, no tenía que contenerse como con los soldados de su padre para evitar asesinar a sus lame botas, con él desataba todo su potencial porque sabía que era un oponente que podía seguirle el ritmo. No se equivocó cuando lo reclutó como su soldado de confianza, desde niño el clase baja se había destacado entre los demás y cuando se conocieron no dudo en convertirlo en su principal élite, ahora ahí estaban luchando cuerpo a cuerpo fortaleciendo su ki, en ese planeta era lo único que importaba, entre más poderoso más respetado y Kakaroto se había sabido ganar la rendición de todos sus inferiores e iguales.

- Príncipe aun no puedo superarte, pero lo haré.- respondió sonriendo poniéndose frente a él.

- Ni lo sueñes Kakaroto.- comentó zafando la capa de sus hombreras y tirándola a un lado para optar una posición de pelea.- Ataca.

El entrenamiento perduró por muchas horas, para cuando se sintieron cansados era pasada la una de la madrugada, sus estómagos reclamaban alimentos para recobrar las energías, fueron al comedor y ordenaron alimentos, comieron y cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones.

Vegeta entró a su alcoba yendo directo a darse un baño, sentía la necesidad de destensar sus músculos bajo el agua fría, se desvistió y se posicionó bajo el chorro, tardó unos diez minutos para luego salir secando su cabello con una toalla totalmente desnudo, quitó el agua de su cuerpo con la tela dejándola de lado y sacó del closet su pantalón corto, se lo puso para acostarse en la cama encontrando a la muchacha totalmente dormida. Aunque la alcoba estaba casi en completa oscuridad podía verla, su vista era por mucho más desarrollada a la de otras razas, la miró acostada boca arriba en una pose un tanto torcida, tenía las manos de cada lado a la altura de su cabeza y sus piernas abiertas con la sábana a medio taparle, recorrió la tela para cubrirla, el clima solía ser bastante frío por la madrugada, aunque a él no le afectaba prefirió no tentarse con el cuerpo femenino a su lado, bufó molesto, no podía perder el tiempo ahora con ella, debía dedicarse a descansar y concentrarse en hacerse más fuerte, mañana iba a ser un largo día de entrenamiento.

La peliazul se despertó a eso de las tres de la mañana, sentía el frio colarse entre la sábana que la cubrían, buscó con dificultad ver un poco entre la oscuridad de la habitación y pudo distinguir la silueta del Saiyajin a su lado, estaba un tanto adormilada así que sin pensarlo ni razonar más se deslizó lentamente sobre el colchón hasta acercarse a él que se encontraba recostado boca abajo, se pegó a su cuerpo poniendo un brazo sobre su espalda, necesitaba calor corporal, un suspiro suave salió de sus labios al tocar la piel caliente del hombre y pudo volver a dormir sin más inconvenientes.

Vegeta sintió un peso sobre él, abrió los ojos y se encontró con la mujer prácticamente encima, tenía una mano en su espalda y la pierna sobre su cadera, sintió su piel helada y sonrió, seguro no había podido soportar la baja temperatura de la madrugada, eran alrededor de las cinco y decidió levantarse, salió de debajo del cuerpo femenino para ducharse e ir a entrenar.

Los rayos de sol comenzaban a calentar el clima de la mañana, Bulma se removió un poco y abrió los ojos lentamente, se frotó los párpados para aclarar su vista y bostezó, sentía que había descansado como nunca, se incorporó en la cama y miró el lado vació donde el Saiya dormía.

- ¿Dónde está?- murmuró, sabía que era bastante temprano como para ni tan siquiera verlo ir. Levantó la vista y vio el pequeño reloj que estaba en la mesita de noche a su lado, ella le había pedido a Milk conseguírselo ya que en esa habitación no había ninguno, por suerte el tiempo era relativamente igual en ese planeta como en la Tierra. Bostezó por segunda vez y se estiró para luego ponerse de pie, fue al baño y entró a asearse, se duchó, cepilló su cabello y se vistió con unos short cortos negros y una blusa blanca simple, calzó las botas que había usado con el vestido rosa que el salvaje rompió el día anterior y salió encontrándose con su amiga dejando el carrito del desayuno.

- ¡Milk!- chilló contenta yendo hasta ella.

- ¡Por Kami Bulma! Qué bueno que te veo, estuve tan preocupada por ti, de que él te hiciera daño.- dijo entristecida tomando las manos de la peliazul.

- No te preocupes, ya ves.- comentó dando la vuelta.- Estoy muy bien, en una sola pieza.- sonrió a la pelinegra aunque por dentro no dejaba de sentirse infeliz y dolorida.

- Bulma.- murmuró la joven tocando el brazo de su amiga.- No mientas mira cómo estás.- acusó tocando la marca amoratada alrededor de su brazo. La muchacha dirigió la vista hasta ahí y se alejó del toque de la pelinegra agachando la mirada.

- No, no es nada.- dijo dándole la espalda.

- ¿Se atrevió a golpearte?- preguntó afligida.

- No.- contestó secamente.- Pero si fue rudo.- respondió sintiendo un nudo en su garganta.

- No lo defiendas.- inculpó enojada parándose frente a ella poniendo una mano en el hombro descubierto de la chica.

- Nunca me ha golpeado.- dijo sin convicción.

Milk la abrazó, sentía tanta pena por la situación que estaba atravesando su amiga y lo peor es que no podía hacer nada, el maldito era el Príncipe del estúpido planeta.

- Bueno Bulma, me tengo que ir, regreso más tarde a dejarte el almuerzo.

- Pero creí que ya no vendrías.- dijo esperanzada por volverla a ver.

- Anoche, Kakaroto y el Príncipe se aparecieron en la cocina, estaba por retirarme, pero ya que había tenido mucho que hacer aun seguía ahí junto a otro par de extraterrestres asignados a esa área, eran alrededor de la una de la madrugada, pidieron de comer y me ordenó traerte personalmente los alimentos a cada hora del día.- confesó.

- ¡Oh!- fue lo único que salió de su boca.

- Bien nos vemos luego.- dijo la pelinegra para luego salir de la habitación.

Tres días pasaron desde entonces, lentamente para la mala suerte de Bulma, no tenía nada que hacer solamente esperar la llegada del salvaje a la habitación, se sentía un poco aliviada ya que esos días el tipo salía desde antes que ella despertara y llegaba para cuando estaba dormida, no había tenido que lidiar con su mal humor, sus malos tratos y mucho menos con la actividad sexual al que él la sometía practicar. Solía aburrirse como nadie, pero el tiempo que tenía a solas lo disfrutaba más que estar en compañía de ese hombre, tiempo que usaba para meditar su situación y la de su padre, pero por más que pensaba sabía que no tenía escapatoria de aquel lugar, siempre llegaba a la conclusión de que sería esclava del maldito Saiya hasta que a él se le diera la gana, ni tan siquiera podía ver a su progenitor, pero ya no lloraba, de alguna forma se estaba acostumbrando a ese estilo de vida si es que así podía llamársele a pasar encerrada las 24 horas. Milk la había ayudado mucho a superar su estado depresivo, aunque no hablaban demasiado la miraba por lo menos tres veces al día y eso era muy grato para ella.

- ¡Milk! ¿Cómo fuiste capaz?- dijo llevando ambas manos a su boca realmente sorprendida.

- Algún día me entenderás amiga.- respondió con sus palmas cubriendo sus mejillas sonrojada de pura vergüenza.

- No lo creo, nunca podré conocer a alguien de quien pueda enamorarme.- comentó la peliazul sentándose en el sofá de la pequeña sala.

- Goku es distinto, no sabes cómo me trató, fue tan cuidadoso.- relató recordando el momento en que había hecho el amor con el Saiyajin.

- Si te hace feliz no lo dejes ir.- indicó la joven sonriendo ante las palabras de la pelinegra.

- ¡Lo soy!- chilló con alegría ensoñadora juntando sus manos a la altura de su pecho para luego observar a la muchacha cambiando su expresión de felicidad por una más desconsolada.- ¿Cómo te va con el Príncipe?- preguntó al darse cuenta de la mirada desolada de la peliazul.

- No hemos cruzada palabras desde aquel día.- expuso refiriéndose a la última pelea en la que Milk se había visto implicada.- Sale a tempranas horas y llega pasada la media noche.

- Están entrenado muy duro, Goku me dijo que tenían tres semanas para fortalecerse porque saldrán a una misión de purga que durara un mes.- comentó la pelinegra observando la mirada confundida de la chica.- ¿No lo sabías?

Bulma negó con su cabeza agachando su vista.- Me sentiré muy bien con él lejos.- quiso convencer a su amiga, quiso convencerse incluso a sí misma.

- Seguro que sí.- respondió dándole su mejor sonrisa de aliento.

Dos días más pasaron y el efecto del entrenamiento arduo estaba dando resultados, Vegeta podía percibir más agilidad en sus movimientos y mayor poder en su fuerza, se sentía orgulloso de su propio esfuerzo.

- Príncipe.- llamó uno de sus soldados pertenecientes a su escuadrón haciendo una leve reverencia.

- Te mereces una paliza Broly.- dijo sin detener las flexiones que realizaba a media sala.

- Príncipe Vegeta no he faltado a los entrenamientos por irresponsable, el Rey me ha mantenido ocupado.- respondió rápido antes de hacer enfadar a su superior.

- ¿El viejo? Tú me sirves a mi no eres el perro de mi padre.- expuso poniéndose de pie.

- Solicita verlo.

- Bien ya hablaste, vete.- gruñó secando su frente con una toalla.

Broly hizo una reverencia antes de retirarse.

- Espero que lo que tienes que decirme sea tan importante como para interrumpirme Rey.- habló el joven Saiya entrando a la sala principal con una toalla en su cuello y luciendo solo el traje azul spandex sin la armadura.

- Me han notificado sobre tu avance en los entrenamientos, veo que estas superándote cada día.- indicó sonriendo orgulloso de su primogénito desde el trono.

- ¿Entorpeciste mi rutina para decirme algo que ya sé?

- No solo eso Príncipe, me siento verdaderamente satisfecho con tu desempeño así que lo mínimo que podría hacer por ti es darte un regalo.- expresó sonriendo. Vegeta arqueó una ceja manteniendo aún la mirada seria ¿Ahora qué tramaba el anciano?- Tienes un nuevo harén.- soltó.

Después de la pequeña "reunión" con su padre decidió dejar el entrenamiento por hoy, había avanzado bastante y se merecía descansar unas horas, se retiró a su alcoba para poder darse un buen baño y dormir. Mi padre y sus estupideces, pesó mientras caminaba a través de los pasillos, lo había hecho perder el tiempo solo para informarle que tenía nuevas golfas en su harén, aunque el regalito venía dándole lo mismo no dudaba en que podría darle uso a esas prostitutas, tenía a su esclava científica claro, pero no por ello tenía exclusividad con la terrícola, siendo el Príncipe, podría acostarse con cualquier hembra que se le antojara. En cuanto entró a su dormitorio se encontró con la mujer de cabello turquesa recostada en el sofá sosteniendo algo en la mano. Con pasos precisos se acercó a ella.

- ¿Qué demonios es esto?- preguntó arrebatándole de sus manos lo que parecía ser un libro.

- ¡Por Kami! Me asustó.- chilló incorporándose de su pose relajada bajando las piernas que tenía estiradas a lo largo del sillón.

- ¿De dónde sacaste esto?- interrogó mirando el libro abierto en su mano.

- No es nada malo, necesito distraerme.- le respondió poniéndose de pie con las manos en su cadera.

- No has contestado a mi pregunta.- dijo con vos prepotente mirando a la chica.

- Se lo pedí a Milk.- murmuró enojada dándole la espalda.

- Creo que esa terrícola necesita un castigo.- susurró cerca de su oído, cuando la muchacha se giró se topó con el rostro de Vegeta muy cerca del suyo, al instante pudo percibir el calor que emanaba del cuerpo del hombre sintiendo un pequeño escalofrió producido por su ronca voz, todos los vellos de su nuca se habían erizado antes de poder pensar en algo más que la cercanía del sujeto.

- No se atreva a tocarla.- sentenció decida a defender a su amiga.

- ¿Me estás amenazando?- sonrió con soberbia tomándola del mentón haciéndola que se girara completamente para tenerla de frente.

- Príncipe Vegeta devuélvame mi libro ahora.- dijo apartando su rostro del agarre del Saiyajin tratando de tomar el objeto que él sostenía en su mano derecha. Vegeta elevó su brazo sosteniéndolo por la punta dejándolo fuera del alcance de la muchacha.

- ¿Ahora me das órdenes?- interrogó con una sonrisa divertida.

- Solo quiero leer y distraer mi mente ¿Hay algo de malo en ello?- respondió la peliazul cruzándose de brazos.

- No, pero las mujeres no están hechas para pensar.- comentó tomándola de la cintura con su mano libre para acercarla a él.

- ¿Disculpe?- inquirió con evidente molestia empujándose para alejarlo.

- Si hubieras nacido Saiyajin en tu vida se te hubiera permito ser científica.- expuso totalmente divertido con la conversación y los gestos de enfado de su esclavilla.

- Por suerte no fue así.- objetó dando un pequeño salto para poder quitarle el objeto lo que provocó que él solo lo alejara aún más.- Quiero mi libro.- volvió a decir dando un par de brincos más sin poder arrebatárselo.- Es un pesado, las mujeres somos incluso más inteligentes que los hombres.- comentó.

- Las hembras solo sirven para fornicar y dar hijos.- concluyó tirando el libro en unos de los sofás bastante lejos de la muchacha, la peliazul viró sus ojos hastiada con la actitud machista del Saiya y se giró para tomarlo y volver a su lectura.

- Y tú vives para complacerme con lo primero.- escuchó decir al Saiyajin muy cerca de su oreja lo que volvió a provocarle un escalofrió al sentir el aliento del hombre golpear su cuello.

- Soy… científica, no una prostituta.- respondió casi sin aliento percibiendo la lengua caliente y rasposa del tipo dar lamidas a su cuello mientras sus grandes manos acariciaban sus caderas.

- Eres lo que yo quiero que seas.- murmuró con tono de voz grave y descarado comenzando a deslizar sus palmas enguantadas por los muslos de la muchacha.

- No.- habló la peliazul con toda su fuerza de voluntad deteniendo por las muñecas los toques del Saiya.- Sin mí, su planeta no hubiera avanzado tantos estos últimos años, así que no me trate como a un simple trozo de carne.- agregó apartándose de la peligrosa proximidad del sujeto girándose para verlo.

La actitud arisca que a veces presentaba la esclava le parecía un juego bastante excitante, mucho más que cuando ella le hacía fácil las cosas. La mujercita había resultado más brava de lo que aparentaba, parecía ser una criatura delicada, fácil de dominar y frágil, pero no podía negar que tenía su carácter, aquel que la había llevado a revelársele, pero tenía todo el tiempo para enseñarle como debía tratar a su amo.

- Que no se te olvide humana, que le debes obediencia a tu Príncipe.- dijo acercándose a sus labios para besarla. La chica cerró los ojos al sentir los labios de él presionar los suyos.

- Príncipe de los Saiyajin, más no mío.- respondió separándose de sus besos y empujándolo por el pecho, caminó hasta la cama y sentó ahí tratando de parecer tranquila, aunque por dentro sentía todo menos que eso, pero, no iba a permitir al hombre que la tratara como a una prostituta, ella era científica maldición, debería estar creando no calentando la cama de ese tipo tan machista y prepotente.

Vegeta soltó una pequeña carcajada de burla que la joven no pasó desapercibida, sin moverse de su posición comenzó a desvestirse y se metió a la ducha, Bulma suspiró, al parecer no tenía intenciones de forzarla como siempre lo hacía, el muchacho se aseó y salió secando su cuerpo con una toalla que dejó a un lado para colocarse un traje negro spandex, se calzó las botas y los guantes para luego mirar a la mujer sentada nuevamente en el sillón.- Duérmete.- ordenó terminando de acomodarse la vestimenta.

Aquello sorprendió a la peliazul haciéndola elevar la mirada para observarlo, parecía irritado y apurado en sus movimientos.- ¿Adónde va?

- No querrás saberlo.- respondió saliendo de la habitación.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Mis queridas lectoras ¿Qué les pareció el capítulo? Bulma es orgullosa, pero Vegeta quiere imponerle su superioridad a fuerza de maltratos, no sabe cómo tratar una dama tan bella y delicada como la peliazul :c

Comenten que piensan sobre la actitud de cada uno v:

Para la chica BVV que me preguntó cuándo voy a actualizar "El precio de tu alma" le informo que lo haré hasta que le dé fin a "Mi eterna razón" o a esta historia, quiero centrarme solo en estas por ahora, pero no descarto que si más adelante me queda más tiempo lo retome antes de finalizar estos fic.

Déjenme su review, es mi única recompensa a éste trabajo no remunerado que hago con todo el amor del mundo para ustedes mis amores :3 Los que leen silenciosamente atrévanse a comentar, no muerdo jaja.

Perdonen las faltas ortográficas, siempre reviso pero se me pasan, lo sé, estoy un poco ciega :p

Las quiero mucho actualizaré pronto c: Chain n.n