CAPITULO VII: Limerencia

El Príncipe Saiyajin salió de su alcoba hecho una furia, dirigió sus pasos al ala contraria del castillo donde se encontraban los aposentos de las mujeres pertenecientes a su harén, entró al recinto con pasos firmes y observó el lugar, cuando las chicas repararon en su presencia todas corrieron con temor alejándose de él mientras gritaban despavoridas, ya se habían enterado del carácter homicida del hombre y de las atrocidades que podía hacer con sus esclavas sexuales por medio de chismes.

La terrícola se había atrevido a rechazar sus caricias, no era más que una imbécil ¿Qué se estaba creyendo eh? Era solamente una maldita golfa más que debería estar dispuesta a complacerlo en cualquier momento, pero la muy estúpida parecía muy enaltecida y jactanciosa por el simple hecho de ser científica sin perder oportunidad para presumir su inteligencia, lo tenía harto su actitud y había preferido alejarse de la vulgar antes de matarla, ganas no le faltaban, pero sentía que no era tiempo de deshacerse de ella, sabía que aún le quedaba mucho por disfrutar de ese terrícola, ya luego iba hacerla pagar por su insensatez, por el momento era mejor sacar su ira con otra que no fuera ella, en este instante era capaz de pulverizarla si se hubiera quedado más tiempo en su alcoba recibiendo sus desplantes.

- ¡Príncipe Vegeta!- chilló una femenina acercándose a él.- Soy la encargada de este lugar, que bueno que nos visita.- dijo la alíen de tez trigueña, delgada, con ojos marrones, cabello cobrizo y unos pequeños cuernos que sobresalían en su frente.

El harén era un lugar con una puerta principal de metal en color azul, al entrar se podía divisar un pasillo largo muy iluminado con paredes blancas, al final se encontraban dos cuartos bastante grandes y al lado de estos un pequeño jardín donde solían descansar las esclavas. Avanzó con pasos imponentes ignorando completamente a la vagabunda, ni siquiera la había escuchado y mucho menos mirado, de un empujó abrió la primer puerta observando varias camas, las femeninas estaban ahí reunidas en una esquina con expresión de horror y sonrió divertido por el temor que infundía con su simple talente. Entró y se aproximó a ellas observando de manera rápida a cada una.

- ¿De cuántas jóvenes dispondrá ésta noche Príncipe?- preguntó un poco temerosa la chica encargada.

- ¡Cierra la boca y desaparece antes de que te aniquile sabandija!- gruñó colérico frunciendo el ceño más de lo habitual. La joven retrocedió temblorosa sobre sus talones y salió de la habitación sin esperar segunda orden.

Vegeta se aproximó a una de las hembras tomando la primera de la muñeca.- Planeta y edad.- preguntó escudriñándola con la mirada, era una mujer bastante joven de cabello rojizo, ojos dorados, piel morena y un cuerpo bastante voluptuoso que no le agradó para nada al Saiya. Las doncellas estaba ataviadas con una simple falda larga color blanco abierta de cada lado desde su cadera hasta sus tobillos, llevaban un pequeño collar en su cuello con el símbolo de la realeza que significaba que pertenecían al harén monárquico, su busto estaba cubierto por un simple bra del mismo color que la pieza de abajo mientras sus pies permanecían descalzos.

- Pla, pla… planeta Peas… 19 años.- respondió con voz trémula.

- Planeta Peas… nada buenas en la cama.- comentó tirándola con fuerza al piso y en un santiamén formó una bola de energía en su mano haciendo que el lugar resplandeciera, elevó su mano disparando hacia la chica que yacía temerosa en el piso que en seguida se volvió polvo, solo el grito que soltó cuando fue impactada por el ataque quedó resonando por la habitación, cuando todas vieron lo que sucedió increparon horrorizadas abrazándose unas a otras. El Saiya ya había estado con femeninas de ese planeta y en ese entonces no le había parecido nada sorprendente el sexo con esas tipas, así que hoy no volvería a perder el tiempo con una.

- ¡Silencio!- gritó, se acercó a tres chicas que lloraban incontrolables y tomó a una de ellas por el cabello.

- No… no me mate… por favor.- dijo la muchacha entre el llanto y el miedo.

- ¡Cállate!- vociferó haciendo sobresaltar a todas las femeninas.- Y prepárate para complacer a tu Príncipe, date prisa.- ordenó soltándola con hosquedad haciéndola caer de rodillas para luego salir y entrar en la siguiente habitación, se desvistió con brusquedad en sus movimientos, necesitaba quitarse aquella ansiedad y furia que sentía en cada célula de su cuerpo, el sexo tal vez le ayudaba a relajarse y no seguir pensando en asesinar a la esclavilla que permanecía en su alcoba, se acostó en la cama totalmente desnudo y esperó un par de minutos cuando vio entrar a la muchacha con el mismo aspecto espantoso.

- Quítate la ropa.- dictaminó sentándose a la orilla de la cama.

La chica suspiró para tranquilizarse, de sus ojos se escurrían lágrimas y solo podía pensar en que ese sería el último día de su vida. Con dedos temblorosos se fue despojando de las prendas y cuando estuvo desnuda se acercó al hombre cubriendo sus senos con ambas manos, se paró a unos dos pasos frente a él y sintió como fue jalada hacia la cama quedando con la espalda tocando el centro del colchón, su cabello largo de color verde esmeralda quedó esparramado en las sábanas blancas, apartó sus manos de sus pechos y miró al Saiyajin subirse sobre ella acomodándose entre sus piernas. El Príncipe la tomó por las muñecas con una de sus manos aprisionándolas con rudeza por arriba de su cabeza y comenzó a besar sus senos. Ella dejó de llorar y pegó un pequeño salto al sentir la boca húmeda y caliente del joven en su pezón, apretó con fuerza sus labios y cerró sus ojos, no quería hacer nada que le molestara y que acabara con ella más rápido de lo previsto.

La palma de la mano libre de Vegeta se curvó sobre el otro montículo de la muchacha masajéandolo de arriba abajo, estiró con su boca el pezón soltándolo y pasando su atención al siguiente, un gemido escapó de la boca de la mujer que comenzaba a relajarse de apoco y abrió sus párpados en el instante en que dejó de sentir las caricias del sujeto en sus pechos. Sus ojos color miel se cruzaron con la mirada penetrante del Saiya que se alejó de su cuerpo subiendo sus piernas blancas y largas sobre sus hombros para comenzar a penetrarla soltando una de sus manos mientras la otra aun la sostenía en contra del colchón. La chica gritó con dolor al sentirse profanada por primera vez en su vida, quiso echar su cuerpo hacia atrás pero él no le permitió esquivar sus embestidas.

- ¡Duele!- se quejó ella aferrándose con su mano a las sabanas arrugadas.

- Sigue gritando y aquí mismo te elimino.- dijo con vos gutural sin dejar de enterrar su estaca de carne dura en las estrecha cavidad de ella.

La chica llevó su mano suelta a su boca cubriéndola con fuerza, el dolor que sentía era indescriptible y aumentó cuando él enterró sus uñas en sus piernas haciéndolas sangrar, ladeó el rostro cerrando sus ojos y nuevas lágrimas abandonaron sus ojos, percibió una palma impactarse en su cadera que rápidamente tomó una coloración roja, se removió no soportando el mal trato pero él no dejaba de embestirla a pesar de su incomodidad. Bajó las piernas de la femenina de sus hombros haciendo que ella dirigiera su vista hacia él, la tomó de los hombros haciéndola que se sentara saliendo de ella para girarla, la acostó boca abajo y abrió sus piernas para quedar entre ellas, separó sus glúteos y así comenzó nuevamente con el asalto, la sujetó por la larga cabellera enredando la melena en su mano y la halo hacia atrás con bastante fuerza, la mujer gritó y sintió un golpe nuevamente en su trasero, dolía, dolía con demasía por la fuerza bruta que el ejercía en sus movimientos. Otro chillido salió de sus labios al no soportar lo que el Saiya le hacía.

- ¡No!- dijo llorando.

Sin prestar atención a la femenina que se quejaba bajo él soltó el agarre en el cabello de la muchacha y dejó caer su peso sobre el cuerpo menudo de la chica que se quejó al instante, apartó unos mechones de su cuello y mordió levemente su hombro izquierdo, continuó penetrándola cada vez más fuerte sosteniéndose ahora con sus brazos a la altura de la cintura de la alíen y cerró sus ojos, se concentró en sentir como su miembro duro era apresado en el interior poco húmedo de la mujer, ni se molestó en prepararla antes de profanarla, sintió que dentro de poco llegaría su éxtasis y aumentó las embestidas, la cama rechinaba sin parar al ritmo de cada embate, apretó fuerte sus ojos y al momento en que se dejó venir dentro de ella la imagen del rostro de Bulma convulsionando bajo su cuerpo apareció en su mente. Abrió de repente sus ojos parando de golpe el placer que había sentido y salió de la muchacha chorreando parte de sus piernas y las sábanas con su semilla. Gruñó más furioso de lo que había llegado y posó su vista en la extraterrestre que se había dado la vuelta para sentarse.

Se puso de pie y con la sábana limpió su miembro, tomó su ropa que estaba regada en el piso y comenzó a vestirse apresuradamente, respiró rápido tratando de calmar su ira, la maldita peliazul había arruinado su momento de liberación ¿Cómo fue tan impertinente y pensar en la esclavilla mientras follaba a la alienígena? Gruño colérico terminando de acomodar sus botas, se irguió y echó un vistazo a la chica que se cubría con su ropa aun sollozando.

- Mañana te quiero lista a la misma hora.- demandó saliendo del lugar.

Se llevó su palma enguantada a su frente para limpiar el sudor que la hacía brillar, debía controlarse sino terminaría asesinando a la esclava científica, se maldijo por lo bajo caminando por los corredores del castillo, necesitaba controlarse, no podía dejar que aquello tan estúpido lo hiciera perder los estribos, apretó sus puños y su mandíbula, se sentía tan imbécil y con el orgullo pisoteado por el simple hecho de imaginar a la terrícola en el momento de fornicar a otra, pero no permitiría que eso le afectara más de la cuenta y que robara más de la atención que merecía esa idiota, pasó una mano por su cabello tratando de contenerse, suspiró profundo girando en dirección al comedor de los soldados élite, la mayoría de veces tomaba sus alimentos en el comedor principal, pero de vez en cuando iba a comer ahí junto a Kakaroto, prefería hacerlo en ese sitio para evadir ver a su padre más de la cuenta y evitar la presencia de los soldados vigilas del lugar. Le parecía estúpido tener esos ineptos de "guardaespaldas" ellos no necesitaban protección pues solos podía defenderse maldita sea, eran la raza más poderosa del universo y su padre insistía en tenerlos ahí parados a sus espaldas día y noche como si necesitara de esos inútiles.

Pasó de largo el comedor ignorando a toda la servidumbre que se silenció al momento que se percataron de su presencia y llegó hasta la cocina dirigiéndose hacia el cuarto de frió donde se encontraban los alimentos, abrió la puerta y se adentro al pequeño espacio que estaba lleno de estantes con insumos, cogió un puñado de frutas semi congeladas y cerró la puerta tras sí con su pie al salir, la actividad reciente lo había hecho sentir hambre nuevamente, se alejó del sitio dejando perplejos a los que lo vieron y sin prestarles mayor atención llegó hasta la su alcoba.

El golpe de la puerta al cerrarse alertó a la peliazul, eran alrededor de las doce de la noche, ella ya se encontraba con un camisón amarillo claro puesto, era bastante femenino, con tirantes de blonda fruncidos y un vuelo que adornaba la orilla de la falda baja de la prenda del mismo material y textura que llegaba un poco debajo de los glúteos, esa Milk era bastante atrevida con sus gustos por la ropa, pero no podía hacer demasiado, ella se había esforzado en conseguirle varios cambios de ropa, incluso se ocupó de llevarle atuendos para dormir y varios pares de zapatos, no podía estar más agradecida con su ayuda.

El hombre avanzó a través de la habitación terminando de engullir las frutas, al llegar al pie de la cama se deshizo de su armadura, se sentó a la orilla del colchón quitando sus guantes y seguidamente las botas para terminar de retirar su traje spandex, se acostó dándole la espalda a la peliazul. Bulma se había erguido un poco para verlo pero al reparar en su indiferencia se sintió aliviada, el tipo no venía con disposición de tomarla. Suspiró tranquila volviendo a recostarse boca arriba, tomó la sábana y se arropó con ella hasta sus hombros, hacía bastante frío nuevamente y dudaba poder aguantarlo durante la madrugaba en donde se intensificaban las bajas temperaturas.

Aun podía sentir la furia invadirle pero no iba a darle a demostrar nada a la esclava, ella no tenía por qué enterarse de lo que le pasaba, no era más que una sirviente más en su maldito planeta, al entrar y verla en la cama le entró la gana de aniquilarla y hacerla desaparecer, quizá por lo menos así hacía calmar su mal humor, pero no haría aquello, no iba a darle el gusto de matarla y liberarla de alguna forma de su atadura hacia él, ella estaría ahí a su lado haciendo lo le ordenara hasta que su maldita gana le diera, no era nadie, no significaba nada, no era más que una simple mujer inservible y aunque ella se jactara de ser muy inteligente no iba a permitirle seguir laborando en el laboratorio, por ahora no accedería a sus peticiones ni a sus caprichos, iba a castigarla de esa forma, tenía que aprender a respetarlo y obedecer sin rechistar por las buenas o por las malas. Decidió dormirse lo más pronto posible, mañana tenía entrenamiento y debía descansar lo más que pudiera.

Bulma se quedó viendo el techo que poco notaba entre las penumbras de la oscuridad, suspiró lentamente dejando escapar el aire aspirado por su boca durmiéndose a los pocos minutos, otra noche que se salvaba de los asaltos del Saiya.

Se despertó horas más tarde con un leve temblor en su cuerpo, abrió sus ojos lentamente y se dio cuenta que el frió era más del que podía resistir, se acurrucó entre las sábanas adoptando posición fetal y trató de volverse a dormir, cerró sus ojos y se quedó quieta, pero eso solo duró un par de minutos, los escalofrió no paraban de azotarla. Se removió molesta sentándose sobre la cama, cuando la sábana cayó de sus hombros percibió con más intensidad las bajas temperaturas y sin dudarlo se acercó al Saiyajin que dormía de lado dándole la espalda, se resbaló suave por el colchó evitando despertarlo y rodeó su cintura con su brazo fresco, necesitaba calentarse o estaba segura que se enfermaría, sintió el cálido cuerpo a su lado y pegó su rostro en su espalda, era tan tibio y reconfortante, se afirmó más a él apretándose un poco contra su ancha espalda, se quedó así unos cinco minutos, se corrió un poco hacia arriba y dejó reposar su rostro en la nuca de Vegeta, aspiró su aroma y percibió algo que la descolocó, volvió a respirar profundo hundiendo la nariz en su cuello y notó un extraño aroma aterciopelado, abrió su boca asombrada y se alejó un tanto de su cuerpo quedando apoyada en su codo, se inclinó hacia él y olió su hombro y parte de su espalda… olía a perfume de mujer. Abrió sus ojos sorprendida y se quedó en blanco unos segundos, viró sus ojos hacia el Saiyajin que podía apreciar poco en la oscuridad y lo miró a como su vista lo permitía, se quedó pensando un momento y llegó a la conclusión que el maldito venía de revolcarse con alguna tipa. De repente sintió una punzada en su pecho y volvió a acostarse un poco más retirada del Príncipe pero sin llegar a apartar su mano de la cintura del hombre, el sueño se le había esfumado al instante, percibió una opresión en su pecho, giró su rostro y apretó el puño de su mano que mantenía su cintura, sintió sus ojos arder por las lágrimas que amenazaron en salir y se apartó retirándose, no podía creer que ese sujeto hiciera eso, pero claro, era la realeza, podía hacer lo que se le antojara, maldito, pensó. Llevó una mano a su boca para retener el gimoteó y negó con la cabeza, ella no tenía por qué sentirse de esa forma, ese salvaje no representaba nada en su vida más que el ser que más daño le había hecho y que ella odiaba, rodó hasta acomodarse en su lado de la cama bastante lejos de su calor y se acostó dándole la espalda, no podía permitir que le afectara más de lo que debía, pero ese dolor en su corazón no se iba, sintió su orgullo de mujer herido, quizá eso era la única explicación razonable que había. Limpió las lágrimas calientes que bajaron por su nariz y se escurrieron hacia un lado, suspiró un par de veces y se quedó ahí, cerró sus ojos e intentó dormir disipando el malestar que la acongojaba y una imagen de él y otra mujer haciendo el amor vino a su mente, se derrumbó internamente, no pudo más y dejó escapar un fuerte sollozo, tapó su boca y se giró lentamente para ver si no lo había despertado encontrándose con la mirada del Saiya observándola.

- ¡Kami! Me asustó.- fue lo más inteligente que salió de sus labios.

- Mujer baja la voz.- gruñó sin moverse de su lugar.

- Disculpe lo he despertado.- dijo pasando las palmas de sus manos por sus mejillas.

- Claro, no paras de moverte desde hace rato.- comentó observando sus ojos rojos y cristalinos, debido a sus sentidos agudos pudo observarla con detalle incluso en penumbras.

- Lo… lo siento.- respondió cubriéndose de pies a cabeza con la sábana.- Solo tengo frió.- dijo cayendo en cuenta que él había sentido incluso cuando buscó su calor.

- ¿Y por eso lloras?- preguntó interesado.

- No, no estoy llorando.- se apresuró a decir volviendo a sentir su pecho ser oprimido por esa extraña sensación que la aunó a un ego roto.

- No mientas.- acusó extendiendo su mano para tomarla de la muñeca y atraerla a él. Cuando sintió el contacto de sus dedos en su piel se alejó por instinto, no quería que la tocara después de venir de revolcarse con otra seguramente, era repugnante que hiciera eso.

- ¿Qué sucede?- interrogó arqueando una ceja confundido con la actitud de la esclava. Primero era ella quien buscaba abrazarlo y ahora estaba actuando extraña después de escucharla llorar ¿Qué rayos le pasaba a esa loca?

- Así estoy bien.- respondió acomodándose de espaldas a él dando por finalizada la plática.

Vegeta cerró sus ojos y decidió seguir durmiendo, no iba a perder sus horas de sueño por atender los caprichos de la mujer, se giró y se quedó dormido nuevamente a los minutos. La chica no había podido hacerlo, pasó alrededor de hora y media hasta que el cansancio la venció, para cuando despertó el clima era más cálido y se encontraba totalmente sola en la habitación.

- Buenos días Bulma.- escuchó a los minutos al ver entrar a su amiga.

- Buenas días.- respondió dándole una pequeña sonrisa a la pelinegra.

- Ven a desayunar que se enfría.- le dijo destapando el platillo.

La peliazul se bajó de la cama y caminó metiéndose al baño para lavar su rostro y sus dientes, se cepillo el cabello y salió para comenzar a comer, se sentó en el sofá con la bandeja en las piernas degustando el sabroso desayuno.

- Gracias Milk, tu siempre me consientes.- le dijo masticando el primer bocado.

La chica le sonrió tomando un plato extra que traía en el carrito.- Hoy desayunaré contigo, si no te molesta.

- Para nada.- respondió sonriendo.- Tu compañía siempre me hace bien.

Amabas se miraron para continuar con su comida en silencio, la joven notó un poco extraña a la peliazul, estaba demasiado callada, pero dudaba entre preguntarle que le sucedía o no, ya que sabía que era algo con respecto al Príncipe, el hombre siempre estaba maltratándola.

- Milk quisiera pedirte un favor.- expuso cabizbaja mirando a un punto inespecífico en la alfombra que cubría toda la habitación.

- Te escucho.

- ¿Puedes traerme un frazada? Es que en la noche hace demasiado frió que me dificulta poder dormir por la madrugada.- dijo apenada sintiendo que abusaba de su ex dama de compañía al estarle pidiendo cosas constantemente.

- Claro que sí, pero dudo en que hoy pueda hacerlo.- respondió levantándose para dejar el plato en el carrito.

- ¿Por qué?- preguntó imitando la acción de su amiga.

- Hoy tengo demasiado trabajo y no creo tener tiempo para ir a buscar algo a la central de abasto.- respondió arrugando la nariz.

- ¿Central de abasto?- interrogó extrañada.

- Si Bulma, en ese lugar venden muchas cosas traídas de otros planetas, es como un gran mercado con muchos puestos, fue ahí donde te conseguí la ropa y los zapatos.- comentó animada.

- ¡Oh por Kami!- chilló asustada tapando con ambas manos su boca.

- ¿Qué pasa?

- ¡Te he hecho gastar dinero que no tienes cada vez que te pido algo!- exclamó apenada mirando los ojos negros de la chica.

- No te preocupes, se lo pedí a Goku, sabes que a mi estos malditos no me pagan nada por servirles.- expresó sin ánimo.

- Es aun peor.- confesó bajando las manos para cruzarse de brazos.

- Ya lo dije, no te preocupes ni sientas pena, sé que lo que has pedido en verdad lo necesitas, no es un simple capricho.

- Pero…

- Pero nada.- interrumpió.- Eso hacemos las amigas.- agregó regalándole su más sincera sonrisa.

- Algún día espero poder pagarte todo lo que haces por mí.- dijo abrazándola cariñosamente.- A ti y a Goku, dale mis agradecimientos a él.

- Lo haré.- respondió separándose del abrazo.- Bueno, tengo que volver a mis labores, nos vemos más tarde.- se despidió para salir dejando sola a la peliazul.

El día parecía comenzar a ponerse caluroso, se desvistió y tomó un baño frío, el clima del planeta era bastante raro, por el día la temperatura se elevaba demasiado y por las noches bajaba considerablemente, se parecía a los desiertos en la Tierra. El agua le hizo muy bien, se relajó bajo el chorro de líquido cristalino por al menos quince minutos, se enjabonó lentamente usando el shampoo aroma a lavanda que Milk le había llevado hace un par de días, le encantaba esa fragancia que junto a la de frambuesas eran sus favoritas, enjuagó su cuerpo y su larga cabellera que ya alcanzaba a sobrepasar unos cuantos centímetros de su cintura. Salió secando su cuerpo y optó por ponerse un vestido blanco de tirantes y cuello en "v" con estampado de flores rosas y hojas verdes muy pequeñas, la prenda llegaba por arriba de sus rodillas cerrándose con una fila de botones en todo el frente, fue al baño nuevamente y observó en el pequeño espejo colgado sobre el lavabo su torso mirando como el escote realzaba su busto concordando en que era bastante sexy. Se sonrojó ante sus propios pensamientos, salió para buscar sus botas negras encontrando una bajo la cama, se las puso para luego comenzar a peinarse dejando su cabello suelto.

Como era su costumbre cada mañana disfrutar un poco del calor del sol fue hasta el balcón y se recostó sobre el.- Como me gustaría ir de compras.- murmuró observando a la población moverse con ánimo percibiendo como los rayos daban en su espalda poniéndola ardorosa. Recordó sus días en la Tierra, cuando era plenamente feliz, sin preocupaciones y problemas que la atormentaran, sonrió a la nada ante el pensamiento, se giró para que ahora el sol penetrara en la piel de su rostro y cerró sus ojos al sentir la brisa cálida mover el cabello que tapaba su cuello refrescándolo un poco.

- Hueles bien.- escuchó decir con voz ronca al tiempo que una dura armadura chocaba contra sus senos aplastándolos un poco, cuando se dio cuenta de lo que pasaba tenía al Príncipe frente a ella con sus manos en su cintura y su boca besando cerca de su oreja. Pegó un pequeño brinco y trató de alejarse poniendo sus manos en los antebrazos de él, pero el esfuerzo le fue inútil, las lamidas en su cuello eran demasiado placenteras, la calidez y la manera de abordarla que el sujeto tenía siempre terminaban excitándola aunque no quisiera. Apretó sus ojos y abrió la boca reteniendo en lo profundo de su garganta un gemido, no quería darle a demostrar lo mucho que deseaba que la tomara, porque aunque se empeñara por seguírselo negando a sí misma muy en el fondo quería aquello, pero su orgullo era más grande que sus deseos por doblegarse a sus instintos. Lo sintió bajar a su clavícula y morder suavemente su piel mientras sus manos descendieron hasta tomarla de los glúteos. Percibió al instante la erección del Saiya en su vientre y abrió sus ojos de golpe al recordar el suceso de anoche.

- Suélteme- murmuró levemente apartando hacia atrás su cuerpo queriendo evitar el contacto del hombre.

- Se que quieres esto.- habló en su oído para luego acariciar con su lengua el lóbulo de su oreja. ¡Maldita sea él! Sus palabras causaron un dolorcito en su intimidad, pero era agradable, sentía la necesidad de que él la penetrara ahí mismo ante la vista de quien sea.

- No… no quiero.- dijo un tanto débil empujándolo con todas las fuerzas que tenía logrando separarlo de ella, cuando se vio libre caminó hasta dentro de la habitación sin siquiera mirarlo, no podía, no después de imaginar lo que él hacía fuera con a saber quién, seguramente venía hasta de meterse con cualquier prostituta y tenía el cinismo de llegar a tocarla. Se sentó en la cama y lo miró pararse frente a ella, no quiso levantar su vista, ya las su lágrimas amenazaban con salir, pero se contuvo con todo el autocontrol que aún le quedaba.

- ¿Cómo te atreves a decirme que no?- gritó él agarrándola por los hombros y obligándola a que se pusiera de pie.

- ¡Déjeme en paz!- le dijo en el mismo tono posando su vista en sus ojos negros.

- Si tu no cumples tu parte del trato tampoco yo lo haré.- le rugió en el rostro recordando las palabras de ella.

Bulma inmediatamente proceso sus palabras, sabía que ella le había dicho que accedería sin oponerse a sus deseos a cambio de proteger a su padre y de mantenerlo en mejores condiciones de las que se encontraba en el laboratorio, pero, igualmente sintió dolor al pensarlo con otra, no quiso aceptar los celos que quizá sentía ante aquella imagen de él y una mujer que no fuera ella, pero no lo aceptó, no podía ser aquello, solo es mi orgullo herido, inventó queriendo converse de sus propias palabras, apartó su mirada de él, no lo quería ni quiera cerca. El Saiya al ver su desplante la soltó con brusquedad de un empujón sobre la cama.

- Quiero volver al laboratorio, aquí no haga nada de provecho.- disertó ella poniéndose nuevamente de pie yendo tras el salvaje cuando lo vio caminar a la salida.

- Nunca volverás a ser libre.- respondió girándose para encararla.

- ¿Por qué? No me necesita más Príncipe, quiero regresar a mi vida de científica.- chilló tomándolo por el brazo, se sentía impotente y quebrada por dentro de alguna manera.

- No sirves ni como científica ni como mujer.- contestó queriendo herirla con eso y lo logró, sonrió cuando vio unas lágrimas salir de los ojos turquesa de la chica, iba a pagar con creces su rechazo.

- Como científica soy la mejor, pero, si no sirvo como mujer ¿Qué sentido tiene retenerme aquí? Ya usted tiene entretenimiento fuera, déjeme libre.- habló más humillada que nunca limpiando con fuerza sus lágrimas. Vegeta le rió con soberbia mostrándole sus dientes blancos y se acercó a ella jalándola por la nuca con fuerza para dejarla frente a su rostro.

- Sé que sufres encerrada aquí humana, lejos de tu viejo padre y de lo que te gusta hacer, no pienses que voy a hacerte feliz dejándote ir.- la soltó con desprecio y salió rumbo a la reunión que pronto tendría con el Rey. Se había levantado de madrugada como lo había estado haciendo estos últimos seis días desde que le informaron de la nueva misión, cuando llego a la sala de entrenamientos su mano derecha le avisó que había reunión de última hora, decidió hacer un poco de estiramiento y luego ir al comedor para alimentarse, había regresado a su alcoba más tarde con la intención de tomar otro baño, hacía demasiada calor, cuando reparó en la terrícola que tomaba el sol en el balcón y sin dudarlo se había lanzado a ella al ver sus esbeltas y blanquecinas piernas ser medio cubiertas con esa prenda que llegaba a medio muslo. Pero la maldita seguía negándose a sus caricias y se juró a sí mismo no volver a ponerle una mano encima.

Los encuentros con su nueva esclava se habían repetido cada noche, las visitas al harén se convirtieron en diarias y hacer suya a la alíen de cabello verde esmeralda le había resultado realmente placentero, bloqueó prácticamente los recuerdos de los encuentros que tuvo con la peliazul que surcaban de vez en cuando en su mente, no tenía por qué seguir pensando en esa vulgar. Sus días después de su último intento por follar a la esclava científica eran rutinarios, se despertaba por la madrugada para ir entrenar con su escuadrón élite, tomaba sus respectivas comidas en el comedor junto a su mano derecha y terminaban sus entrenamientos hasta altas horas de la noche, luego pasaba a relajarse un poco con la prostituta de su harén y regresaba a dormir a su alcoba, no volvió a tocar a la humana, ni siquiera cruzaban una sola palabra, para él era como si no existía.

Era su último día en Vegitasei, mañana a medio día partiría para irse de misión durante un mes, el astro al que iban a purgar estaba bastante lejos de su planeta y por eso les tomaría mucho tiempo ir y venir. La femenina que yacía bajo su cuerpo tenía una expresión de satisfacción total, estaba completamente sudada al igual que el Príncipe, él rodó a un lado de la cama saliendo de su interior, respiró profusamente tratando de recomponer su aliento, la escandalosa mujer ya no lloraba como en un principio y él había aprendido a disfrutar de su cuerpo, la alienígena tenía buena figura, sus pechos eran pequeños para su gusto pero aun así se veían apetecibles, una cintura fina, piernas torneadas y caderas anchas con un trasero más grande de lo habitual, su piel de tez blanca y su cabello verde esmeralda en ocasiones le recordaba a la esclavilla científica, pero ésta no tenía su personalidad, su estúpida altanería y ese ego tan grande creyéndose superior a los Saiyajin. Era una imbécil. Bufó molesto por recordarla en ese momento, por compararla con su nueva diversión, se levantó cabreado y comenzó a vestirse rápidamente, la chica en la cama se limitó a observarlo, sabía que después de cada encuentro el Príncipe simplemente se retiraba sin siquiera mirarla, aunque ella hubiera deseado acariciarlo y mimarlo él no le permitía hacer absolutamente nada, ni que lo tocara y mucho menos abrazara, se sintió mal, pero no podía hacer más que complacer los instintos del hombre, sentía suerte de aun estar con vida y haberse convertido en su favorita esas tres semanas.

Vegeta terminó de vestirse y se retiró del lugar, había cenado antes de ir a visitar a la hembra así que iba directamente a su habitación, en cuanto entró observó el cuarto en penumbras, posó su vista sobre la cama pero esta vez la terrícola no estaba ahí, le pareció raro pues siempre la encontraba dormida cuando llegaba, eran alrededor de la una de la madrugada. Salió al balcón, sabía que ese era su lugar preferido pues la mayoría de veces la encontraba ahí, la miró en la misma posición de siempre, recostada sobre la muralla, se acercó hasta ella imitándola en su pose.

La peliazul lo miró por el rabillo del ojo, no le prestó más atención de la necesaria, la había ignorado todo este tiempo así que ella fingía que él también no existía. Tragó en seco, su presencia la incomodaba, prefería el silencio y su soledad, al menos así se sentía tranquila y sin perturbaciones solamente con sus recuerdos bombardeando su memoria.

- Mujer.- fue lo primero que escuchó de su boca desde hace más de dos semanas desde su último encuentro, hasta le pareció raro su tono. Giró su rostro y aquel perfume dulce le golpeó nuevamente sus fosas nasales, otra vez viene de revolcarse con otra, pensó entrecerrando sus ojos molesta, se le hacía ya un olor fácil de reconocer pues cada noche que se acostaba a poca distancia de ella podía percibirlo. Durante este tiempo en el que ella pareció haber desaparecido para él, había pensado mucho, tuvo el tiempo necesario para reflexionar por qué se sentía tan mal al imaginarlo con alguien más, al principio trató de no prestarle atención a esa opresión perturbadora en su pecho que la obligaba a llorar en silencio, después comprobó que no se trataba de eso, pasó a dudarlo aunque sea un poco y darle la posibilidad a que fuera su ego pisoteado, pero al final comprendido que eran celos, si, celos de verlo perdido, el tipo ya no la miraba y peor aún, no intentó volver a ponerle una dedo encima. Le dolía, dolía mucho sentir aquello, no era más que una idiota por consentir a que sus acciones la aturdieran de esa manera. Él no era más que su captor, el salvaje que la privaba de hacer lo que a ella más le gustaba, pero se lo había dicho, ella no significaba nada para él, ni como científica ni como mujer, así que qué más daba, tenía que restarle importancia a sus sentires y tratar de oprimirlos en lo más profundo de su corazón si es que quería seguir pareciendo indiferente ante el hombre, jamás le daría el gusto de que supiera lo que realmente sentía y pensaba, no lo merecía… no la merecía.

Giró su rostro para verlo poniendo su más fría mirada. Tenía que contener las terribles ganas de llorar y gritarle lo imbécil que era por irse con otra, ignorarla todo ese tiempo y luego venir y pretender que todo estaba bien, pero desechó cada idea por el simple hecho de no hacerle saber que su actitud la quebraba y le afectaba más de lo que debía.- Dime.- habló con una vos que no reconoció como suya, sonó demasiado ahogada y débil.

- Volveré dentro de un mes.- le confesó sin apartar la mirada de sus ojos turquesa.

- Lo sé.- respondió sonando indiferente y apacible.

- ¿Quién te lo dijo?- preguntó interesado dando un paso hacia ella para estar más cerca. La peliazul se irguió a la defensiva al ver su movimiento.

- Goku se lo hizo saber a Milk.- contestó volviendo su vista hacia las pequeñas casas que brillaban a lo lejos.

- ¿Goku?

- Kakaroto.- señaló recordando que la pelinegra le había comentado que ella era la única que le llamaba como al Saiya le gustaba.

- Ese imbécil.- resopló Vegeta con fastidio.

Se quedaron ahí por más de diez minutos sin decirse nada más y con la vista al frente. Cada uno metido en sus propios pensamientos, el Príncipe se sentía un tanto extraño, le incomodaba el estar así con esa humana, la notó más callada de lo habitual, pero quizá se debía a que él no le había dirigido la palabra en más de 15 días, por fin estaba entiendo cómo debía comportarse. Sumisa y sosegada.

- ¿Qué hacen exactamente durante las purgas?- preguntó curiosa.

El Saiya la miró con una ceja levemente arqueada formulando la respuesta en su mente, observó el perfil delicado del rostro femenino, tenía una nariz respingada y pequeña, sus labios carnosos con un leve tinte rosa y su piel que lucía más pálida con la luz de la luna que en ese tiempo se acercaba un poco a su planeta, pasó la lengua por su labio inferior antes de responder.- Aniquilamos a toda la población existente, analizamos los elementos que nos pueden ser útiles para traerlos, lo que no sirve simplemente se elimina.- respondió secamente.

- ¿Por qué tardaran un mes? Me parece demasiado tiempo.- dijo mirándolo.

- Es mucha la distancia.

- Si tuviera los datos específicos del trayecto podría hacerle llegar ahí en la mitad del tiempo.- habló soberbia y convencida de sus palabras volviendo su vista al frente. Escuchó a Vegeta emitir una pequeña risa y nuevamente posó sus ojos en él.- ¿Qué?- preguntó seria.

- ¿Cómo estás tan segura de eso?

- Tengo los conocimientos para elevar aun más la potencia de sus naves, ya hubo un cambio en su velocidad, pero intuyo que se podrían mejorar más.- comentó determinante.

- ¿Puedes crear una nueva máquina para mí con esas características?- interrogó, se sintió de verdad interesado en poner a prueba los conocimientos de los que tanto se jactaba la científica, sabía que ella y su padre habían renovado en gran parte la tecnología de su planeta, pero quería ver con sus propios ojos qué era capaz de lograr la mujer.

- Por supuesto que sí.

- Cuando regrese veremos que puedes hacer.- dijo él irguiéndose.

- ¿Está pensando en la posibilidad de dejarme volver a trabajar?- inquirió ilusionada por volver a ver a su querido padre.

- No pongas en mí palabras que no he dicho.- indicó acercándose a ella para tomarla de la cintura. Bulma se quedó quieta, aun podía sentir el perfume barato de la zorra en turno del Príncipe lo que la hizo rechazarlo, lo empujó y antes de que él pudiera volver a tocarla prácticamente corrió dentro de la habitación.

La noche pasó sin más inconvenientes y parte de la mañana siguiente, ella solo se limitó a ver al hombre que se había levantado más tarde de lo habitual, lo vio prepararse y salir de la habitación si regalarle una mirada, Milk no se había aparecido ahí en la mañana, una de las criadas de limpieza le habían servido el desayuno, quizá su amiga estaba despidiendo a Goku, eran alrededor de las once de la mañana cuando miró a la pelinegra aparecer con comida.

- Te traigo el almuerzo.- dijo ingresando con el carrito de alimentos.

- No tengo hambre.- confesó sentada en el sofá con sus pies estirados sobre la mesita de centro.

- ¿Estás enferma?- preguntó yendo hacia ella tomando posición a su lado.

- No, solo que comí demasiado en el desayuno.- mintió.

La pelinegra la miró entrecerrando sus ojos, sabía que esa no era la verdadera razón del estado decaído de la chica.- No te creo.- expuso seria.

- ¿Eh?- articuló ofendida.

- No te creo absolutamente nada.- acusó.- Tú estás triste por la partida del Príncipe Vegeta.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Pues he tratado de actualizar lo más pronto posible n.n

Ya tengo listo el siguiente capítulo así que no demoraré mucho en subirlo.

Con respecto a éste cap sé que no pasaron muchas cosas, pero era necesario explicar la relación que están llevando los personajes principales para lo que viene, en el próximo entra el Príncipe Tarble a escena c: además de que Vegeta se va de misión y Bulma queda sola y expuesta a lo que al hermano menor del heredero se le ocurra hacer con la peliazul. Bueno ya creo que les estoy dando spoiler así que mejor me callo v:

Déjenme sus reviews haciéndome saber que les pareció el cap, depende de cuantos reciba así estaré actualizando, entre más comenten más luego subo el siguiente, es que cuando casi no recibo reviews me deprimo o pienso que no les gustó T.T

Disculpen las faltas ortográficas, a veces soy ciega y no veo cuando me equivoco xd.

Bueno nos estamos leyendo. Chain n.n