CAPITULO VIII: Accediendo

- Estás loca.- respondió molesta, era como que si las palabras de la pelinegra la agredieran, pero muy en el fondo sabía que esa acusación era innegable, se odió a sí misma por permitirse sentir aquello, percibió su propia tristeza con retraimiento y sintió lástima de su propia persona, ella no tenía ni debía porque ponerse tan frustrada e infeliz por saber al Príncipe lejos de su presencia durante un mes, todo eso era ilógico ¿Por qué le estaba pasando eso a ella? ¡Precisamente a ella maldición!

- Bulma no te enfades, la verdad duele pero no por ello voy a dejar que te engañes, sé que sufres por su partida.- agregó tomando de la mano a su amiga al ver las lágrimas escurrirse de sus ojos turquesa.

- ¡Ay Milk!- exclamó sollozando tirándose a los brazos de la muchacha.- Esto no es correcto, no debo de extrañarlo porque estará lejos.- emitió con frustración en sus palabras.

- Tranquila.- apaciguó la pelinegra acariciando la cabeza de la joven con una de sus manos.

- No, no, no me puede estar pasando esto, yo debería sentirme feliz porque ahora está a miles de kilómetros de aquí, soy una idiota.- expuso apartándose del cálido y reconfortante abrazo.

- Desahógate, sabes que puedes confiar en mí.- alentó a la muchacha que no dejaba cesar su llanto.

La peliazul agachó la mirada no pudiendo seguir sosteniéndosela a la chica, se sentía avergonzada y realmente mal, todo estaba de cabeza y paradójicamente en vez de odiar al Saiyajin parecía estar sintiendo lo contrario hacia él.- Yo, yo… ya no sé ni que siento.- murmuró.

- No tienes nada de que apenarte solo por extrañar la presencia del Príncipe Bulma, mírame a mí, incluso estoy enamorada de Goku y no significa que eso sea malo, somos seres que sienten y estamos propensas a que algo así suceda.- trató de hacerle ver que todo estaba bien.

- Pero él no es como el Príncipe Milk, Goku es bondadoso y supongo que si te enamoraste de él es porque también te quiere, en cambio yo solo doy lástima. No puedo ser más patética, sufro en silencio cuando lo sé en brazos de otra.- dijo poniéndose de pie para limpiar sus lágrimas con el dorso de su mano.

- ¿Qué dices? ¿Él está con otra?

- Sí, estoy segura que sí.- aseveró sintiendo una punzada en su pecho de solo recordarlo.

- ¿Te has enamorado de él?- interrogó perpleja, sabía que la reacción de la peliazul no se debía a unos simples celos como ella le había dicho.

- No.- contestó reacia a sus propios sentimientos, pero no estaba mintiendo, sentir celos era una cosa y otra distinta era estar enamorada de ese idiota salvaje, si lo segundo llegaba a sucederle sería su fin. Movió su cabeza de lado a lado queriendo apartar la tonta idea de sus pensamientos, ni si quiera debería tomarse el tiempo de imaginar esa posibilidad.

Unos toques en la puerta alertaron a los presentes, la peliazul dirigió la mirada hacia la de la chica sentada en el sofá, suspiró profundamente y caminó hasta la puerta, cuando la abrió pudo ver a un par de hombres frente a su habitación, estaban vestidos con el atuendo propio de esa raza de salvajes, posó sus ojos turquesa sobre ellos recorriéndolos con su mirada de pies a cabeza, su corazón dio un pequeño saltito cuando reparó en sus colas, claramente eran Saiyajin.

- ¿Qué… qué desean?- inquirió temerosa escondiendo un poco su cuerpo tras la puerta. La apariencia de los tipos no parecía nada agradable y menos la del más alto.

- ¿Señorita Bulma Briefs?- escuchó preguntar al más joven de los dos.

- Si… soy yo.- manifestó.

- ¿Quién es Bulma?- preguntó la pelinegra acercándose a ella para ver de quién se trataba.- ¡Oh! Príncipe Tarble.- dijo la muchacha haciendo una leve reverencia.

La chica observó a su amiga un tanto perturbada ¿Había otro Príncipe? ¿Cómo es que ella no se enteraba nunca de nada?- ¿Príncipe?- interrogó confundida mirando al Saiya al que su amiga se había dirigido, viéndolo bien se parece mucho a Vegeta, pensó reparando su escudriño en la capa roja que usaba el chico y el emblema real que llevaba en la armadura idéntica a la del heredero.

- Él es el hijo menor del Rey.- contestó la muchacha irguiéndose después del saludo.

- ¡Oh!- articuló abriendo sus ojos un poco en señal de sorpresa.

- Necesitamos hablar contigo humana.- indicó el Príncipe observando a ambas mujeres.- Déjanos solos.- ordenó a la pelinegra que no esperó más por retirarse solo dando una mirada de apoyo a la peliazul, sabía muy bien que el Saiyajin menor tenía un carácter más dócil que el mayor, pero no por ello dejaba de ser una amenaza para su amiga.

- ¿No nos invitas a pasar?- inquirió el tipo más alto que se había mantenido callado tras el sujeto más joven cuando se vieron a solas con la terrícola.

- ¿El Príncipe Vegeta sabe que están aquí?- respondió cerrando un poco la puerta escondiendo aún más su cuerpo tras esta.

- Mi hermano no tiene porque enterarse señorita Bulma.- comentó Tarble de manera amable.

- Bueno está bien.- accedió dándoles paso a ambos sujetos cerrando la puerta tras sí para ir hasta ellos que habían detenido los pasos en la sala.

- Así que, tu eres la famosa mujer terrícola de la que todos hablan.- comentó el Príncipe mirando de pies a cabeza a la femenina.- Ya veo por qué mi hermano está encaprichado contigo, no lo culpo.

- ¿Qué, encaprichado?- dijo ella contrariada por el tono tan frívolo con el que él le hablaba.

Tarble le regaló una sonrisa irónica mientras el otro sujeto la miraba una manera lasciva que Bulma no pasó desapercibida, un escalofrió turbó su cuerpo produciéndole repugnancia, se sintió tan vulnerable y pequeña frente a esos dos Saiyajin ¿Por qué demonios estaban ahí? ¿Le querrían hacer algo malo?

- Una hembra como tú debería ser libre para poder deleitarnos con su inusual belleza… o algo más que eso.- fue ahora la voz del otro tipo que escuchó modular, posó sus ojos en él y lo miró sonreírle presumido.

- No sé con qué tipo de mujeres estés acostumbrado a tratar, pero yo no soy de esas, así que no te refieras a mí en ese tono… estúpido.- dijo ella molesta con su actitud arrogante.

- No le hagas caso, Turles siempre suele ser así.- lo excusó el joven parado frente a ella.

- Díganme de una vez qué buscan, no me parece nada agradable que vengan a verme cuando estoy sola.- habló arrugando sus delgadas cejas mientras colocaba las manos a los lados de su cadera.

- Es solo una visita de cortesía señorita, mi padre me envió a verte, quería comprobar si aún te encontrabas con vida.- mintió Tarble cruzándose de brazos, su padre ni siquiera estaba enterado de sus movimientos, era él el que estaba interesado en conocer al nuevo juguete de su hermano.

- Pues ya me viste, ahora me hacen el favor de salir de aquí.- disertó yendo a abrir la puerta, no le gustó nada que uno de los sujetos la mirara tan descaradamente que no podía ocultar su salacidad y el otro la observara con soberbia.

- Eres una mujer muy grosera, debería de darte una paliza para que aprendas a tratar a tus superiores.- dijo Turles acercándose a ella y tomándola por el antebrazo con brusquedad.

- Me lastimas ¡Suéltame imbécil!- rebatió tratando de zafarse de su agarre.

- ¡Cállate! Eres solo una mocosa malcriada que merece ser corregida.- agregó soltándola para tomarla del cabello.

- ¡Basta Turles!- se escuchó el tono de voz autoritario del Príncipe.- ¿No te agradará nada que mi hermano se entere que le has puesto una mano encima a su concubina verdad?

El Saiya soltó a la muchacha que se sobaba el brazo adolorida.- El Príncipe Vegeta no se tomará la molestia de castigarme por ésta inútil terrícola.- comentó señalando a la chica que se había alejado unos metros de él.

- ¡Fuera de aquí los dos!- gritó colérica señalando con su dedo la salida.- ¡Fuera!- sintió hervir su sangre al escuchar los apelativos con que esos bastardos se referían a ella.

Ambos Saiyajin salieron calmadamente sin mirarla, aunque Tarble se había llevado una sorpresa, la humana no era nada fácil y dócil de tratar como creyó que sería, había sido absolutamente el antónimo a lo que imaginó, él esperó encontrar una hembra sumisa y aterrorizada por su presencia, una sonrisa se formó en sus labios, la mujer tenía agallas, pero hubo algo que sí era cierto, la humana era verdaderamente hermosa, sintió un poco de envidia de su hermano ¿Cómo podía tener semejante espécimen femenino solo para él? Realmente era codicioso y egoísta al tenerla ahí encerrada.

En cuanto Bulma había cerrado la puerta y ellos se habían retirado, varios Saiyajin se hicieron presentes fuera de la habitación real para custodiar a la mujer durante el mes que estaría de misión el Príncipe Vegeta.

- Debió dejarme castigar a esa mujer por su insolencia.- comentó Turles aun recordando a la concubina.

- No puedo dejarte hacer eso y sabes por qué, mientras ella sea la prostituta de mi hermano no podemos ponerle una mano encima.- comentó hosco al recordar el rostro candoroso de la muchacha.

- ¿Podemos? ¿Por qué se incluye?- preguntó entretenido prestando su total atención a las palabras de su superior.

- Somos hombres Turles, sabes a qué me refiero, no creo que no hayas puesto tus ojos sobre ella, conociéndote seguro que he acertado.- respondió girando en una esquina con dirección al ala principal del castillo con el único propósito de visitar a su padre.

- Me conoce bien Príncipe.- contestó sonriendo de manera maliciosa.- Pero no puede negar el hecho de que la hembra es bastante atractiva.- agregó lascivo.

Tarble simplemente se limitó a sonreír como respuesta, no iba a hablar más sobre el asunto con el pupilo de su padre, sabía perfectamente que el tipo estaba en toda la razón, no por nada su hermano no dejaba ver a la mujer fuera de las cuatro paredes de su habitación, además, había escuchado que la humana era realmente inteligente, si era cierto, debía buscar la manera de sacarla de ahí para que volviera a trabajar en laboratorio, estaba al tanto de ciertas cosas, como que el padre de la terrícola era un genio en la ciencia y que junto a su hija habían enriquecido el planeta con nueva tecnología, él como buen estratega, pensaba muy diferente al Príncipe mayor, y aunque el Rey lo considerara un guerrero poco fuerte su mente agudizada lo hacía sobresaltar, se destacaba en otras áreas, además, tenía muy en claro que el orgullo de su padre era Vegeta, pero no por ello él iba a quedarse atrás, ya que no poseía un poder sorprendente al menos se había ganado la confianza de su progenitor al plantearle siempre buenas tácticas para sacar adelante su imperio, ahora el asunto era convencerlo de devolver aunque sea en contra de los deseos de su hermano a la científica al laboratorio, ella no tenía que desperdiciar su ingenio en complacer los caprichos del heredero al trono.

Se mantuvo en silencio por un buen rato siendo seguido por el soldado, cuando llegaron a su destino hizo un ademan con su mano para que Turles se retirara, una vez solo marchó directo al interior de la sala del trono y encontró a su papá sentado en la mesa de reuniones mientras sostenía en la mano un archivo, parecía concentrado, tanto que cuando se posicionó frente a él parecía no hacerlo mirado ya que seguía con la vista sobre los papeles.

- Padre.- habló, el Rey colocó el folder con varias hojas dentro sobre el mesón y levantó su vista para observarlo.

- Estoy ocupado ahora Tarble.- expuso con el ceño fruncido y levemente molesto por la interrupción.

- Quiero hablar contigo sobre el futuro de Vegitasei.

- ¿El futuro de Vegitasei? Pero que tonterías estás diciendo hijo.- comentó con una sonrisa divertida relajando un poco el entrecejo, llevó sus codos sobre la mesa entrelazando sus manos frente a su rostro esperando a que su pequeño retoño hablara, a pesar de solo contar con 15 años el chiquillo era bastante inteligente, de alguna manera siempre lo sorprendía con sus propuestas y aunque no tuviera un poder de pelea sorprendente, él había sabido abrirse paso tan solo para poder tener su aprobación. Tarble era muy diferente a Vegeta, su carácter dócil y factible le recordaba mucho a su Reina fallecida, pero tenía ese toque que caracterizaba a la mujer que fue su hembra por mucho tiempo, era ingenioso con tinte arrogante, no tanto como su heredero, pero se destacaba fácilmente por sobre los demás.

- Me he enterado por la boca de los soldados élite de la científica que Vegeta tomó como esclava ¿Por qué no me habías comentado nada?- preguntó serio.

- No tengo por qué ponerte al tanto de cada cosa que sucede mocoso.- respondió volviendo a tomar el registro entre sus manos.- Así que dime de una buena vez el motivo de tu interrupción.

- La concubina de mi hermano no puede seguir encerrada sin hacer nada.- expuso tomando asiento del lado izquierdo de su padre.

El Rey suspiró profundo prestando un poco de atención en su hijo.- ¿Cuál es el punto Tarble?

- Tengo algunas ideas que podemos emplear para mejorar la tecnología, pero creo que solo esa mujer es capaz de realizar el trabajo.

- Está su padre y créeme es bastante eficiente.- respondió más serio de lo habitual.

- Lo sé, pero mientras él trabaja en otros proyectos su hija podría estar haciendo lo mismo para que el planeta avance el doble de lo que ya lo hace.- respondió con una sonrisa soberbia.- Ella no puede seguir perdiendo el tiempo con tu heredero.- agregó con tono despectivo.

- Convence a Vegeta de ello y luego vienes a hablar conmigo.- indicó torciendo sus labios en una sonrisa, sabía que su hijo mayor era terco y no accedía fácilmente a nada, peor aún si se trataba de la esclava científica, sabía que él se había encaprichado con ella, pero también estaba enterado de cuán tenaz era Tarble y que quizá solo él podía persuadirlo para que dejara volver a laborar a la mujer, ahora, si su retoño menor estaba tan empecinado en convencer a su primogénito de regresar a la terrícola al laboratorio era porque algo bueno se traía en mente, no iba a preguntárselo ahora, estaba enterado de que el chiquillo no hablaba nada antes de tiempo y que si le había hecho saber su opinión con respecto a la humana era porque estaba seguro de poder convencer a su hermano que liberara a la hembra. Sonrió para sus adentros, el mocoso había resultado demasiado perspicaz.

- Bien.- dijo para luego ponerse de pie, tenía mucho tiempo para poder planear sus movimientos, estaba seguro que Vegeta accedería a su petición una vez que él le planteara el por qué quería libre a la esclavilla.

.

.

Esa tarde Milk había llegado a dejar la cena a la peliazul, pero más que todo estaba ahí porque quería asegurarse que ella se encontraba bien, le informó a su amiga que desde mañana volvería a ser su dama de compañía igual que como había sucedido la última vez que el Príncipe había estado de misión y que como en ese entonces iba a estar a su lado hasta que él regresara, también le hizo saber que habían Saiyajin custodiando tanto la entrada como el lado del balcón, por lo que le aconsejó mantenerse calmada y que no fuera a intentar nada o esos inútiles se lo dirían a Vegeta.

- No le encuentro sentido a que el Príncipe Tarble y el tío de mi Goku haya venido a verte Bulma.- comentó Milk una vez la peliazul la había puesto al tanto de lo sucedido hace unas horas, aunque había obviado contarle sobre el altercado que tuvo con el bruto Saiyajin solo para no agobiarla.

- ¿El tío de Goku? Ese tipo tan desagradable.- dijo un tanto alterada al recordar la forma tan bruta en que la había tratado.

- ¿Pasó algo que no me hayas dicho para que te refieras a él de esa forma?- preguntó mirando a los ojos a su amiga, la vio dudar y supo que algo le estaba ocultando.- Dime la verdad.

- No fue nada, pero su forma de mirarme era asquerosa.- confesó con irritación al recordar esos ojos negros que la observaron con tanto descaro.

- Te creo, he escuchado cosas horrendas sobre él, así que no te confíes.- expuso seria, no iba a darle detalles a la peliazul de los gustos retorcidos del Saiyajin, no quería perturbarla más de lo que ya parecía, pero tampoco iba a ocultarle el hecho de que Turles era de mente perversa, incluso Goku le había dicho lo terriblemente sádico que su tío podía llegar a ser con mujeres de otros planetas.

- Cuéntame lo que sabes de él Milk.- dijo casi con vos ahogada, pensar en el sujeto la hacía revolver su estómago y un escalofrío aparecía haciéndola inquietarse.

- No es nada, solo no entiendo como un Saiyajin como ese puede ser familia de mi Goku.- respondió mientras abría una bolsa negra que había llevado para la muchacha.

- Tienes razón.- contestó tratando de no prestarle más atención de la que debía a ese imbécil, posó sus ojos sobre las manos de la pelinegra que se movían tratando de deshacer el nudo del pequeño saco.

- Te traje algunas cosas.- comentó intentando desviar la trémula plática en otra dirección. Cuando logró abrir la bolsa comenzó a sacar varios objetos.- Mira, tu manta para que ya no pases frío.- agregó ofreciéndosela.

Los ojos de Bulma se abrieron sorprendidos, estiró sus brazos y tomó la tersa tela entre sus manos.- ¡Oh! Es tan suave.- chilló emocionada acariciando con la frazada su mejilla sintiendo lo blanda que era.

- También te conseguí más ropa y zapatos.- dijo sacando varios vestidos pasándoselos a su amiga para que los viera.

- Me conformo con la manta.- confesó no queriéndole causar más molestias a la joven.

- No te preocupes Goku me ha dado mucho dinero, como jefe de los élite gana bastante bien, así que no te preocupes más por ello y ve a probártelos.- sugirió contenta al ver a la chica regalarle una amplia sonrisa de felicidad.

- Muchas gracias.- gritó contenta abrazándola para luego separarse e ir al baño a tallarse las prendas.

.

.

La misión había resultado bastante fácil, el viaje era un tanto tedioso, pero el gas que liberaban las naves individuales donde viajaba cada Saiyajin les ayudaba a entrar en un estado de sueño, además, atenuaba su ki manteniendo sus energías casi intactas pues al no comer durante tanto tiempo deberían sentirse débiles y con un pérdida de masa muscular importante.

Cuatro esferas surcaban el espacio sideral, en ellas marchaban Vegeta, Kakaroto, Raditz que se había ofrecido a ir, aunque en primera instancia el Príncipe no había estado de acuerdo el Rey aprobó la petición del hermano de su mano derecha alegando que era bueno que alguno de sus soldados élite también tuvieran un poco de diversión con alienígenas un poco más fuertes de los que normalmente enfrentaban. Las tercera nave la ocupaba Broly, uno de los élites más hábiles después de Kakaroto, y la última que era diez veces más grande que las individuales se transportaba Kale y Caulifla, dos mujeres Saiyajin con alto rango que eran parte del escuadrón del heredero Saiya, éste galeón era ocupado para exportar los materiales que encontraran útiles en aquel lugar.

Sus podres se habían prácticamente puesto a prueba, los sujetos que gobernaban aquel remoto planeta habían resultado ser más fuertes de los que previeron, pero la habilidad innata de su raza de poder convertirse en Ozaru multiplicando por diez su fuerza los había llevado a conquistar el astro con suma facilidad. En la órbita de esa estrella no habían lunas, pero el Príncipe podía crearlas artificialmente, solo los Saiyajin de gran poder eran capaz realizar la bola de poder que contenía las ondas de Rayos Blutz necesarios para poder instaurar la reacción química en sus colas y hacer la transformación.

Después de la derrota de la mayoría de la especie de ese planeta volvieron a su forma humana y decidieron analizar los recursos de los cuales disponía y qué era lo que podían llevar, cargaron todo lo lucrativo en la enorme nave incluyendo algunos esclavos que podían servirles en Vegitasei para los trabajos pesados, al ser bastante fuertes algunos serían reclutados para ser parte de escuadrones menores de tercera clase para purgar otros planetas de seres con ki muy bajos que no necesitaban que los élites se hicieran cargo.

.

.

Los días habían pasado rápido, y al contrario de la vez anterior donde la peliazul se deprimía por su situación, esta vez había sido un tanto distinto, la compañía de Milk y de las otras esclavas que se ocupaban de la limpieza de la habitación y de lavar su ropa con las cuales cruzaba una que otra palabra había sido gratificante. Aquella desesperación que le carcomía el pecho por salir de ahí se había reducido, quería ver a su padre por todos los medios, pero no se mortificaba más por ello, ella era una mujer bastante inteligente y sabía que podía convencer al Saiyajin de que le permitiera hablar con su papá aunque sea por unos minutos, necesitaba saber que él se encontraba bien, si se estaba alimentando correctamente y durmiendo las horas que debía, ahora que ella ya no estaba seguro su trabajo se había intensificado, su progenitor era mayor y si se excedía trabajando para esos salvajes no duraría mucho con vida. Ya más de una vez le había pedido a su amiga que averiguara el estado del científico, pero la respuesta de ella siempre era la misma, no tengo acceso al área de los laboratorios, pero no iba a descansar hasta lograr verlo, tenía muy en claro que la pelinegra estaba dispuesta a brindarle su apoyo, pero tampoco iba a dejar que se expusiera al peligro, ya llegaría el momento en que el Príncipe regresaría para hablar con él.

Sus pensamientos hacia Vegeta no habían cambiado demasiado, recordar que el tipo se revolcaba con otra le causaba el mismo escozor en el pecho, y esa opresión de la cual sufría al imaginarlo en brazos de esa mujer seguía igual de presente que la primera vez que se dio cuenta de que había ido en busca de alguna prostituta para satisfacerse. También cayó en cuenta que quizá, tan solo quizá, había recurrido a esa otra porque ella siempre estaba reacia hacia él y negándole el poder tocarla, pero ella no podía entregarse así por así, tenía sentimientos, había vivido las peores cosas de su vida por culpa de esa raza y dejar que ese hombre la poseyera era como traicionar a su madre difunta y a su padre que seguía matándose por nada en el laboratorio, incluso, traicionarse a sí misma por permitirse sentir algo que no fuera odio por él.

Por otra parte se había detenido a pensar muy bien en cómo podía convencer al sujeto que le permitiera visitar a su padre, tenía a su favor que el bastardo se sentía atraído hacia ella y bien podía usar la seducción como arma para que accediera a su petición, antes no se había atrevido a utilizar esa táctica de sugestión, pero si esa era el único recurso que le quedaba no dudaría en darle marcha a su plan, no era de pensarlo demasiado, había un 50% de probabilidad para convencerlo y otro 50% en que fallara, pero no dejaría de intentar cualquier forma hasta lograr que el tipo le permitiera aunque sea por unos minutos hablar con su amado papá.

Las cosas debían ser disímiles, ella tenía que odiar más que a nadie en el universo a ese imbécil, no sabía ni por qué maldita sea dudaba, pero ahí estaba ese pequeña emoción, al principio pensó que le dolía su traición si es que así podía llamársele debido a su orgullo herido, estaba consciente de lo hermosa que podía ser para el sexo opuesto, también sabía que si el mismísimo Príncipe Saiyajin había puesto sus ojos en ella era porque no pasaba desapercibida para esos alíen. El Saiya era bastante guapo y no podía negar que eso le agradaba de él, tenía un cuerpo trabajado y muy bien formado, sus músculos delineaban tan perfectamente cada parte de su cuerpo que le resultaba el hombre más atractivo que había visto en su vida, su rostro era tan masculino, sus facciones viriles la engatusaban, sentía demasiada atracción sexual hacia él, sería una tonta si quisiera negar eso, pero no por ello iba a dejar de sentirse sucia y desdichada, él había arruinado por completo su vida, la había hecho su esclava y le privó de libertad, era un maldito.

Por otro lado el Príncipe Tarble junto a su indeseado acompañante no se habían vuelto a aparecer en la alcoba real, suspiraba con alegría de no volver a saber de esos sujetos durante ese mes. Tenía que estar relajada si es que quería que su plan de seducción marchara a la perfección, ese día Vegeta llegaría al planeta y debía estar más que dispuesta y preparada para dejar de lado su moral, todo por su padre, ya estaba decidido.

Milk se había ido hacía una media hora, esa mañana la había acompañado a desayunar, pero la pelinegra estaba un tanto extraña, no comió demasiado siendo fruta lo único que la había visto masticar, atinó a pensar que tal vez su amiga se sentía cansada, cuando le preguntó si le sucedía algo ella negó, dijo que hace unas dos semanas que estaba más cansada de lo normal, que solo necesitaba reposar bien y que estaría como nueva, pero eso de que no se alimentaba como era correcto era nuevo, la próxima vez que la viera la obligaría a decirle la verdad, si los Saiyajin la estaban obligando a hacer trabajos extra tendría que interceder por ella con Vegeta, no iba a dejar que abusaran así de su dama de compañía, esos brutos les importaban poco sus esclavos.

Suspiró aburrida, bajó la mirada y reparó en su atuendo, había elegido un vestido en color blanco por la parte de arriba y azul degradado en la falda que llegaba a medio muslo, era un poco suelto así que le permitía sentirse tan cómoda como podía, no se había molestado en ponerse zapatos, sentir la suave alfombra roja de la habitación en sus pies le daba una sensación de relajación, su cabello lo había dejado suelto con un camino derecho y se había puesto el fleco crecido hacia un lado. Estaba sentada en el sofá de la sala tratando de que sus nervios no estuvieran a flor de piel, se acomodó la falda de su vestido y se acaricio el cuello moviéndolo de un lado a otro para desestresarse, se irguió y tomó el libro que estaba en la mesita de centro, lo abrió encontrando la esquina de la hoja doblada donde había dejado su lectura y comenzó a leer, necesitaba distraerse un poco, saber que el hombre podía aparecer en cualquier momento la estaba exacerbando.

Unos quince minutos después unos toques en la puerta la sacaron de su concentrada lectura, apartó lentamente el libro de enfrente de su vista y sintió su corazón acelerarse, si fuera Vegeta no hubiese tocado antes de entrar, así que solo podía esperar a que el impertinente Príncipe Tarble y su compañero estuvieran haciéndole una nueva visita. Se puso de pie dejando el libro en el mismo lugar que antes y fue hasta la puerta, escuchó otro dos toques que no le ayudaron para nada a estar tranquila como deseaba, se limpió las manos en sus caderas ya que habían comenzado a sudar, no se había dado cuenta de lo excitable que estaba, tomó el pomo y lo giró hasta abrir la puerta, ya estaba preparada mentalmente para enfrentar a ambos Saiyas, pero todo se había ido hasta dejarla por unos segundos con la mente en blanco, sus ojos se llenaron de lágrima y de pronto un grito salió de sus pulmones al reaccionar quien estaba frente a ella.

- ¡Papá!- vociferó por todo lo alto lanzándose a sus brazos, él estaba ahí, después de más de dos meses de estar lejos de él.

- ¡Hija mía!- exclamó con júbilo el científico correspondiendo los cariños de su pequeña.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste?- preguntó deshaciendo el abrazo y mirando hacia los lados comprobando que los Saiyas que la vigilaban aun seguía en el mismo lugar solo observándoles.- Vete papá, si el Príncipe se llega a enterar de que estás aquí me va a matar, te matará, y yo no…

- Tranquila mi niña.- interrumpió el Dr. Briefs poniendo su mano en la mejilla de la peliazul.- Fue él el que me ha permitido verte.- indicó sonriendo.

- ¿¡Qué!? ¿De verdad?- inquirió incrédula.

- Si.

- Ven pasa, tenemos tanto de que hablar.- expuso contenta ante la revelación jalando de una mano a su padre para que entrara cerrando la puerta tras sí.- Siéntate.- agregó en el mismo tono llegando hasta el sofá.

- No me quedaré mucho hija, solo me ha dado unos minutos, me alegra tanto verte querida.- comentó con un nudo en su garganta que retuvo con todas sus fuerzas para no derrumbarse frente a ella, quería transmitirle seguridad.

- Te he extrañado.- dijo sollozando para volver a echarse en sus brazos escondiendo su rostro en el cuello del hombre.- No sabes cuando he deseado hablar contigo todo este tiempo.- confesó entre el llanto angustioso.

- También te he extrañado hija, pero tranquila ya estoy aquí.- indicó acariciándole la cabeza a la chica.

- Dime.- comenzó a hablar deshaciendo el abrazo.- ¿Cómo estás en el laboratorio? ¿Te tratan bien? ¿Estás descansando como se debe?

- Bulma, solo debes saber que estoy bien, quien me preocupa eres tú.- afirmó acariciándole el hombro.

- No debes inquietarte por mí… me siento a gusto aquí.- lo embaucó limpiando las lágrimas que habían salido sin premura.

- Sé cuando mientes.

- Te digo la verdad padre, solo que te he echado mucho de menos.- trató de sonar convincente, observó el rostro del científico, se veía igual que la última vez, solo que con un poco de ojeras, seguro que era porque tenía cargos extras por culpa de su ausencia.

- El tiempo ha terminado.- se escuchó una voz, la peliazul giró su vista hacia la puerta y vio a uno de los Saiyas que la vigilaban en la entrada.

- Debo de irme.- dijo él poniéndose de pie.

- ¡Qué pero acabas de llegar! ¿Cuándo volverás?- preguntó afligida, tan poco le había durado el gusto.

- No lo sé, pero no estés triste.- comentó él dándole un último abrazo a su pequeña.

- Te quiero mucho.- indicó entre sollozos la peliazul.

- Y yo a ti.- respondió para dejarla tan pronto como había llegado, Bulma vio desaparecer a su padre cuando el soldado cerró la puerta. Se sentó en el sofá y una pequeña sonrisa de dibujó en sus labios, Vegeta había hecho eso por ella, el salvaje se había apiado por fin de ella, su alegría no cabía en su pecho, es cierto que el encuentro había durado tan solo unos minutos, pero era algo, se puso de pie y corrió para tirarse a la cama hundiendo su rostro en la almohada, se permitió llorar, pero por primera vez no era por dolor, sino por la felicidad que embargaba su corazón, quería gritar de la emoción.

Se quedó así por unos minutos, las lágrimas aun salían de sus ojos y la leve sonrisa aun no se le borraba de sus labios, recostó su cabeza en la almohada aun viendo el rostro de su progenitor en su mente, al menos ahora sabía que él se encontraba bien. Sintió sus ojos inflamados y cansados, los cerró y a los pocos minutos se quedó dormida.

.

.

- ¿Milk qué haces aquí?- preguntó el Saiyajin al ver a su mujer en su cama.

- ¿Goku? ¡Has vuelto!- saltó de la cama alterada para abrazarse a él.

- Si ya estoy de regreso.- comentó correspondiendo el abrazo de la muchacha.- Se me hizo raro no verte en el comedor.

- ¿Qué hora es?- preguntó deshaciendo apartándose de él para volver a ver el reloj que colgaba de una de las paredes.- ¡Maldición! Bulma va matarme, no llegué a dejarle ni el almuerzo ni la cena.

- No te preocupes Milk.- dijo el joven viendo a la mujer ponerse con rapidez sus zapatos.- Le ordene a una esclava que la atendiera cuando la alienígena que coordina la cocina me indicó que no te habías aparecido ahí toda la tarde.

- ¿En serio? Pero ella estará preocupada porque no llegué en todo el día a su habitación, mejor voy a darle una explicación, además que mi jefa me matará por faltar.- comenzó a caminar hasta la salida cuando sintió ser jalada por la muñeca.

- Déjala, Vegeta debe estar ahora en su alcoba, no querrás ser inoportuna verdad, y por tu superiora no te preocupes, mañana hablo con ella.- indicó atrayendo a la chica hasta él.

- Bueno está bien, todos estos días me he sentido cansada, no entiendo por qué si duermo las horas necesarias.- expuso un poco nerviosa al sentir las manos de su amado en su cintura.

- ¿Ah sí? Quizá estas excediéndote en el trabajo.- susurró en su oído comenzando a darle pequeñas lamidas en el lóbulo. La pelinegra cerró sus ojos y enredó sus brazos en el cuello del guerrero, lo había extrañado tanto.

- ¿Puedes acompañarme mañana al área médica que está fuera del castillo? Es mejor que me revisen, de verdad que me he sentido mal.- indicó dejándose asir por el muchacho, las manos de él acariciaron la menuda espalda de la chica llegando hasta el botón en su cuello, desenganchándolo para comenzar a bajar el cierre del vestido.

- Te llevaré al médico, pero al que atiende a la realeza, siendo la mano derecha del Príncipe se me permite usar ciertas instalaciones dentro del castillo.- murmuró en tono suave besando el cuello de su mujer y metiendo sus manos por el cierre del vestido que había bajado hasta su cadera para palpar sus glúteos.

Milk se quedó en silencio, esta noche iba a disfrutar de las atenciones de su pareja, ya mañana se ocuparía de su estado de salud, el Saiya había estado demasiado tiempo lejos y no desaprovecharía esa noche para volver a sentirse querida por él.

.

.

El Príncipe y sus escuadrón habían aterrizado a media mañana en el planeta rojo, como era costumbre después de cada misión le comunicaban al Rey los detalles de la conquista y cómo les había ido en la purga, dieron el informe de los materiales extraídos y del número de esclavos reclutados de ese astro. Cuando concluyeron Vegeta decidió entrenar un poco con Kakaroto, sentía sus músculos un poco entumecidos por la falta de ejercicio, después de estar unas tres horas ejercitándose despachó a su soldado y fue hasta la habitación que se encontraba dentro de la sala de entrenamientos para darse un baño, ahí es donde había llevado a la científica el día que la tomó como esclava, cuando vio la cama recordó los hechos que había vivido ese día y el miedo y terror que desprendía la criatura a su merced, sonrió mientras secaba su cuerpo para después acostarse en la cama y descansar un rato, pasó aproximadamente unos cuarenta minutos en la misma posición, con su cuerpo estirado sobre el colchón y sus brazos bajo la nuca viendo el techo, había estado pensando en la mujer desde hacia ratos, dejarla sola tanto tiempo y encerrada en su alcoba debía hacer mella en la humana, recordó las tantas veces que le pedía dejarla ver a su padre y aunque nunca lograría comprender ese apego emocional que demostraban los de su raza había decido darle ese pequeño gusto, quería ver su reacción y si seguía reacia negándose a sus caricias después de aquello, iba a poner a prueba que tan agradecía podía ser cuando él accedía a sus caprichos. Se puso de pie y se vistió con un traje limpio que mantenía en el closet de ese cuarto con un solo pensamiento en mente.

- Príncipe.- saludó Piccoro al verlo en la puerta del laboratorio.

- ¿Dónde está el terrícola?- inquirió.

- En seguida lo llamo.- lo vio decir para luego mirar al alienígena verde dirigirse tras una nave desarmada que estaba en medio del salón y enseguida aparecer con el científico.

-¡Largo!- gritó cuando tuvo al viejo frente a él. Todos los que estaban ahí salieron dejando el lugar vació y en silencio. Observó al anciano de pies a cabeza, parecía sereno y nada perturbado con su presencia, sonrió complacido.

- Príncipe.- saludó haciendo una leve reverencia.- ¿Qué lo trae por aquí?

- Tu osada hija me propuso un trato.- habló yendo directo al grano mientras se cruzaba de brazos.

- ¿Eso hizo? Perdónela ella no sabe cuando cerrar la boca.- la excusó pensando en que estaba en problemas.

- Me he dado cuenta.- respondió caminando hacia un mesón con varios planos extendidos sobre éste.- Es insolente y vulgar.

- ¿Vulgar? Solo es una niña.- indicó con un tono golpeado no gustándole la nada la forma en que el Saiyajin se refería a su pequeña.

- Es una mujer.- rugió dejando de lado su expresión divertida para fruncir el ceño molesto.

- ¿Y cuál fue el trato?- interrogó curioso siguiendo al Príncipe que comenzó a caminar a lo largo de la mesa en tanto miraba todos los planos.

- Me pidió protección para ti y que te instale en mejores condiciones de las que te encuentras aquí.- comentó sin mirar al anciano.

- ¿A cambio de qué?

- Eso no es algo que te incumba terrícola, pero accederé a lo que ella quiere, así que puedes comenzar por ir a verla.- concretó girándose para encarar al Dr. Briefs.

Envió al científico a su alcoba custodiado por un soldado para que pudiera ver a la peliazul, le dio órdenes específicas al sujeto que solo lo dejara permanecer ahí unos minutos y que en cuanto volvieran al laboratorio trasladara al humano con sus cosas personales a una habitación designada para los invitados del otro lado del castillo de donde se encontraban las alcobas reales, esos cuartos eran cómodos pero nada ostentosos. Indicó que siguiera laborando tal como lo había hecho hasta ahora y que solo utilizara ese dormitorio para descansar en sus horas libres.

Después de eso fue hasta el comedor donde aún se encontraba su mano derecha, comió un poco y luego decidió que era tiempo de ir a su recámara, ya era un poco noche y no había podido ver a su esclava, caminó por entre los pasillos hasta llegar a su habitación, despachó a los soldados y entró activando nuevamente la cerradura con su huella, siempre que él se encontraba en el planeta prescindía de los servicios de los escoltas y prefería dejar bajo llave a la humana por si le ocurría escapar, activó la doble cerradura en la pequeña pantalla led ubicada a la par de la entrada, la puerta ahora no cedería a menos que fuera su mano la que tocaba el pomo que contenía la sensibilidad para detectar sus huellas dactilares incluso a través de la tela de su guante, por la mañana la desactivaba para que el personal de limpieza y la mujer terrícola que atendía a la esclavilla pudieran entrar, no creía que la humana fuera tan estúpida como para intentar huir en el día mientras muchos Saiyas y criados se paseaban por los pasillos del castillos.

Avanzó por entre la habitación y encontró las luces apagadas, fue hasta la cama y encendió la lámpara que estaba sobre el buró del lado izquierdo y vio a la mujer plácidamente dormida. Se sentó dándole la espalda deshaciéndose de la armadura, le siguieron los guantes y luego sus botas, quitó la parte superior de su traje spandex y antes de ponerse de pie para quitarse el pantalón sintió unos brazos rodear su abdomen.

- Ha llegado.- escuchó la voz de la mujer muy cerca de su oído sintiendo los dedos de ella deslizarse acariciando su tórax, se giró apartando las manos de la muchacha de su cuerpo y la encontró muy cerca de él de rodillas sobre el colchón.

- Aterricé en la mañana.- comentó quitándose por fin su pantalón y ropa interior quedando completamente desnudo para luego meterse bajo la sábana, se sentó con la espalda recostada en el respaldo de la cama y la tela cubriendo de su cintura hacia abajo.

- ¿Por qué se aparece a esta hora?- preguntó sintiendo nuevamente la opresión en su pecho al pensar en que había ido tras la otra antes siquiera de verla a ella. Aspiró disimuladamente el aire cerca de él pero no percibió el aroma dulce que siempre traía cuando seguramente se miraba con esa mujer sintiéndose automáticamente menos dolida. Aliviada.

- Tenía cosas que hacer.- respondió tomándola por la muñeca para sentarla ahorcadas sobre su cadera.

La peliazul no lo pensó más e hizo lo que su instinto le suplicaba, abrazarlo, abrazarlo porque sentía morir si no lo hacía, abrazarlo porque sentía necesidad de su calor, abrazarlo porque de alguna manera lo había extrañado, abrazarlo para sentirlo suyo. - Muchas gracias.- murmuró contra la piel de su mejilla para luego darle un beso, era lo menos que el salvaje se merecía por permitirle ver a su papá, además, si ella se comportaba accesible tal vez concedía dejarla incluso trabajar en el laboratorio, debía poner todas las cartas sobre la mesa y jugarlas una a una inteligentemente.- Me hizo muy feliz el que me dejara ver a mi padre.- agregó separándose del abrazo para verlo a sus ojos ónix, sintió que el aire le faltaba cuando reparó en la penetrante mirada del hombre sobre ella, colocó sus manos temblorosas en los pectorales del Príncipe sin saber exactamente qué hacer y delineó un par de músculos bajando la mirada para ver sus propios movimientos.

Una mano de él se posó en su espalda mientras tomó con la otra la fina mandíbula de la humana para levantarla y acercarse a sus labios, esos labios carnosos que había deseado hacer suyos desde antes de partir a su larga misión, descendió su vista hasta los senos de ella que se marcaban tan detalladamente a través de la fina tela de su prenda blanca de seda y su boca se llenó de saliva mecánicamente, tragó el exceso de líquido afanoso y ávido por el calor que se apoderó de repente en su entrepierna enviándole descargas de excitación por todo su cuerpo. Ansioso por probarla. Se inclinó hacia ella y ejerció presión en la espalda menuda de la muchacha para acercarla aún más y la besó, la besó con tanta necesidad que ni el mismo reconoció como propia, la peliazul correspondió con la mismo vigor abrazándose a su cuello, no supo cuánto había anhelado aquel contacto íntimo que ahora comenzaba a gemir mientras sus bocas se unían dándole paso a sus lenguas para saborear su interior, el sonidos de sus besos arrebatadores resonaban en la habitación en conjunto con los gruñidos que salían de cada una de las gargantas mientras disfrutaban de las caricias.

Bulma sin darse cuenta comenzó a mover su cadera sobre el miembro del hombre que pulsó reaccionando a los sugerentes roces de la intimidad de la mujer sobre sí. Soltó los labios de la joven y bajó con ferocidad para lamer y mordisquear el cuello de su amante, su piel nívea era tan suave y sensible que dejaba marcado el lugar donde sus labios tocaban con un tono rojo tenue. Los quejidos placenteros que salían de la boca de la femenina lo alentaron, sabía que ella no se negaría ahora que él había accedido un poco a cumplir sus demandas, tal como lo supuso, ella se comportaba asequible en tanto él aceptara sus solicitudes. Sonrió victorioso y altanero.

Sus manos se movieron ávidas bajando hasta las piernas de la chica rozando con sus uñas su carne para provocar más sensaciones en la chica que se movía descontrolada sobre él buscando un contacto más íntimo entre sus sexos. Subió con audacia sus palmas hasta sus glúteos y la tomó para alzarla al ponerse de pie, Bulma se aferró a su cadera enganchando sus piernas para que él pudiera cargarla mejor, nuevamente se besaron, sus jugos salivales se mezclaron degustando con gozo la succión en sus labios. La lengua de Vegeta se adentraba con fiereza a la boca de su esclava en tanto la llevaba hasta recargarla en una de las paredes, soltó su trasero y se alejó un tanto de ella para poder quitarle el camisón que traía puesto, ella levantó sus brazos para agilizar la maniobra hasta que vio caer la tela en el piso a un lado de ellos. Los senos de la terrícola le parecieron más apetecibles que nunca, sus manos se posaron en ellos masajeándolos lentamente mirando detalladamente a la femenina arquear su espalda y echar su cabeza hacia atrás cerrando sus ojos, se aproximó a ella y tomó el pezón con su boca para sorber el botón rosa que lo apuntaba tentador.

Lamio y movió con su lengua todo el montículo disfrutando de lo aterciopelado que se sentía y del dulce sabor haciendo lo mismo con el otro en tanto amasaban con su palma el que estaba libre, sostuvo ejerciendo un poco de fuerza con su cadera a la peliazul contra la pared enrollando su cola en la pantorrilla de la joven, ella se aferró con sus manos al cabello azabache del Saiyajin gimiendo cada vez más fuerte, estirando sin medir su fuerza los mechones del hombre que parecía no importarle sus arranques agonizantes, era tanto su deseo que pudo percibir lo caliente que se había puesto el ambiente, no había lugar para pensar en algo más que no fuera el placer que le embriagaba los sentidos, su intimidad dolía y ardía presa de la lujuria sintiendo la necesidad de ser penetrada al sentir como el miembro endurecido del Príncipe abría sus pétalos de carne que se mantenía cubiertos por la pequeña braga rozando fuertemente su botón sensible.

La peliazul puso sus manos en los hombros de él empujándolo para que se apartara de ella. Vegeta entendió su acción al sentir la presión de los dedos en su piel y soltó el pezón que tenía en su boca para verla, si esa noche la humana se atrevía a negársele juró que la obligaría como la primera vez, no quería hacer eso y mucho menos volver a rogar por sus atenciones, pero no creía a esas alturas poder contenerse.

- ¿Puede bajarme?- balbuceó mordiendo su labio inferior descendiendo su mirada al pecho atlético del Saiyajin. Ella también quería divertirse un poco. Sintió como el Príncipe aflojó la presión que hacía contra su cuerpo y la pared y desenroscó sus piernas de su cadera para quedar de pie frente a él. El Príncipe accedió manteniéndose expectante soltando su cola de su pierna pasándola suavemente por la cadera de la mujer, vio la expresión de deseo en el rostro de su esclava cuando se acercó nuevamente a su cuerpo, la miró ponerse de puntitas para lamer su cuello mientras se sostenía de sus hombros con ambas manos.

- ¿Qué… qué haces?- inquirió sin moverse del lugar sintiendo la tersa y delicada lengua de la terrícola en su cuello. Los vellos de su cola se habían erizado con tal acción por lo que se alejó dando un paso atrás. Ella volvió a aproximarse.

- Solo déjeme acariciarlo.- habló contra su piel mordisqueándole la manzana de Adan.

Un gruñido salió de su boca y cerró sus ojos sin vacilar, la hembra hacía muy bien su papel, se dejó tocar por unos momentos más sintiéndose totalmente perceptivo a sus roces, la muchacha pasaba sus dedos delineando sus pectorales y abdomen llevando sus manos tras la espalda del hombre para bajar succionando la piel de sus abdominales. El Príncipe abrió sus párpados y la apartó empujándola suavemente.

- Basta de juegos.- gruñó tomándola con una de sus manos por la cintura y la otra contra la pared acorralándola contra la muralla fría de la habitación, pegó su cuerpo fornido contra ella y asaltó sus labios con fogosidad ahogando los gemidos que la femenina emitía cada vez que separaban sus labios ladeando sus cabezas de un lado a otro acariciando con faena el interior de sus bocas. Con ambas manos rasgó la braga que cubría la intimidad de la joven e hizo que ella subiera una de sus piernas a su cintura, llevó sus dedos al sexo caliente de terrícola y sin vacilar introdujo dos dedos en su interior encontrándola totalmente húmeda.

- ¡Ah Vegeta!- gritó haciendo retumbar en la habitación el nombre del Saiyajin. Él sonrió entretenido y aumentó el ritmo de sus dedos dentro de la muchacha que se aferró a sus hombros enterrando sus uñas en su piel sin medir su fuerza, recargó su cabeza en su pecho cuando el primer orgasmo la golpeó, sintió sus piernas temblar y antes de que se dejara caer él la cargó para llevarla a la cama donde la acostó boca arriba, abrió sus piernas y dirigió su estaca de carne dura al centro de su intimidad comenzando a penetrarla lentamente.

Un gruñido gutural escapó de su garganta al sentirse succionado por el interior estrecho de su esclava, se sostuvo sobre ella con sus brazos para no recargar su peso en su menuda anatomía y comenzó el vaivén lento y profundo, la peliazul volvió a gemir con cada estocada que sentía ir muy dentro suyo, abrió sus ojos que había cerrado cuando él la invadió y observó al Saiyajin con sus parpados apretados, buscó sus labios, necesitaba sentirse totalmente unida a él y lo abrazó por el cuello acercándolo para probar su boca, él accedió sin dejarla de embestir cada vez más fuerte y rápido, sostuvo su peso solo con una de sus manos y la otra la llevó hasta el glúteo derecho de la peliazul sujetándola con fuerza para aumentar el ritmo de las penetraciones, podía sentir las sensaciones únicas que solo ella podía propiciarle, de ninguna se había dejar tocar de aquella manera, con ninguna otra se entregaba de esa forma y reconoció que ninguna otra podría darle lo que esa mujer le ofrecía, se hundió cada vez más en su cavidad caliente, dulce y estrecha gruñendo con voz ronca con cada estocada.

- Me vuelves loco.- soltó contra sus labios preso del éxtasis que lo invadía percibiendo como ella se retorcía bajo su cuerpo y gritaba su nombre, sintió la presión alrededor de su miembro y no pudo más, se liberó dentro de ella gruñendo contra sus labios sin dejar de besarla, ella correspondió débil con los sentidos nublados por el segundo orgasmo, recibió un par de embestidas más y luego él se separó de ella rodando a un lado respirando entrecortadamente.

Bulma se acercó a él y se acurrucó a su lado poniendo su cabeza en su pecho, necesitaba sentirse ¿Querida?... quizá, pero sabía a la perfección que nada de eso podía obtener del Saiyajin, sabía que solo era una presa al acecho de la bestia, sabía que solo era un trozo de carne para el extraterrestre y sabía más que nada que nunca él llegaría a sentir ni la mitad de lo que ella experimentaba cuando estaba de esa manera tan íntima con el tipo. Sus planes de seducción no tenían caso ni contundencia, ella se entregaba al Saiya por gusto no porque se viera obligada a hacerlo, no podía seguir con la venda en los ojos y negándose a sí misma lo que él le provocaba. Respiró profusamente acompasando sus inhalaciones poco a poco, abrió sus ojos y percibió como él no se movía ni decía absolutamente nada, levantó su mirada y lo observó con los ojos cerrados y las manos estiradas a la altura de su cabeza. Sintió el cansancio y aunque quisiera que él la abrazara después del acto tenía muy en claro que eso no iba a pasar ni hoy ni nunca, porque el sujeto solo la asaltaba para tener relaciones y gozar de su cuerpo y aunque esa revelación le causaba cierto desconcierto y malestar no podía cambiar nada, se conformó con que no la apartara cuando se aferró a su pecho, se levantó un poco y se cubrió con la sábana junto a él cerrando sus párpados adormecidos a los pocos minutos. Esa noche no necesitaría de una manta para soportar el frió de la madrugada.

Vegeta escuchó a la humana emitir leves ronquidos y supo que estaba dormida, pasó una mano en su frente perlada de sudor y suspiró profundo, el sexo con esa hembra no se comparaba con el que había mantenido con la esclava de harén, la humana lo hacía tocar los extremos y mientras la terrícola se mostrara así de factible a sus caprichos él podría seguir sucumbiendo a sus requerimientos, podía tomarla a la fuerza estaba claro, pero era mejor cuando ella disfrutaba del encuentro tanto como él, todo se volvía más entretenido de esa manera donde aunque sea por unos momentos la dejaba participar.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Espero que el capítulo sea de su agrado, para la chica que me dijo en un review que le pusiera un galán a Bulma para que Vegeta pruebe un poco de su propia medicina, le informo que en los otros capítulos podrán leer un poco acerca de los celos que otros Saiyajin despiertan en él así que no coman ansias xdxd.

Con respecto a Tarble, les comento que el pequeño Príncipe no será del todo bueno en esta historia, solo eso les digo ya que no quiero darles mucho spoiler, pero con ello justifico el carácter que tendrá, es dócil y apacible en comparación con los demás Saiyajin pero no deja de ser un ser que lleva en su sangre la masacre y la cultura agresiva en la que se ha criado.

Por otra parte la relación entre los personajes principales va avanzando, en el próximo cap se llevaran una sorpresa con respecto a Milk y Goku, si intuyen que será déjenmelo saber en un comentario.

Po favor escríbanme un review y cualquier duda que tengan la respondo no muerdo :D

Gracias a todas por sus comentarios en el cap anterior, me encanta que dejen aun que sea un "continua" o "actualiza" porque así sé que hay personitas que esperan a que escriba jeje

Las quiero, Chain n.n