CAPITULO XVIII: Desconcierto
No cabía duda que se sintió incómoda en el momento en que el soldado puso una mano sobre ella, su palma enguantada se percibía tibia y pudo notar una ligera presión en el hombro que hizo ponerla inquieta, ya se había dado cuenta desde ese viaje al planeta 43 que el élite la miraba de una manera distinta, el hombre era un tanto atrevido que incluso había osado hablarle mal del mismísimo Príncipe, su pareja, ¿Es que acaso era un idiota? Ella sabía muy bien de lo que el Saiyajin Real era capaz de hacer, Broly se lo había dicho pero no podía lograr entender por qué este sobrepasaba la línea del respeto no solo hacia el heredero sino hacia su persona, ella estaba con alguien y no con cualquiera para que ese tipo pretendiera que podía manosearla descaradamente, arrugó sus cejas dejando salir un bufido y alzó la vista para posarla en el sujeto, abrió su boca ligeramente para decirle que dejara de tocarla cuando escuchó la voz de él, movió su cabeza lentamente posando su vista hacia el punto de donde escuchó provenir esas palabras abriendo sus párpados con sorpresa al percatarse de quién se trataba, nada bueno saldría con ese par en el mismo lugar.
- ¿¡Qué demonios está sucediendo aquí!?- fue lo que la peliazul escuchó salir de la boca de Vegeta, sintió como el soldado inmediatamente apartó la mano de ella pero no por ello habrían menores consecuencias, sabía lo temperamental que era el heredero, pero no en su cumpleaños, no permitiría que ese par de cavernícolas discutieran en la fiesta que su mejor amiga se había esmerado en prepararle. Pudo observar que el Príncipe descruzó sus brazos de su pecho bajando sus manos hacia los costados de su cuerpo apretándolas en puños, su cola se desenroscó de su cintura avanzando con pasos pesados hacia ellos y su respiración se volvió pesada entreviendo lo que allí pasaría.
El andar del Saiyajin resonó en el silencio que se había formado en la habitación, las muchachas que acompañaban a la peliazul hicieron una reverencia manteniendo la cabeza baja al igual que los demás guerreros que se pusieron de pie al verlo inclinándose ante la realeza, Raditz que había notado que su compañero Broly puso atención especial sobre la hembra del futuro Rey se dio cuenta rápidamente de lo que ahí estaba sucediendo, si su razonamiento era acertado podía deducir que el élite estaba interesado en esa mujer de cabello turquesa, es un imbécil, se atrevió a pensar alzando sus ojos sin deshacer su postura observando al Saiya, de todas las decisiones posibles, poner esa clase de intenciones en aquella mujer era lo peor que pudo haber hecho su compañero.
- Vegeta.- fueron las palabras que rompieron el silencio y en seguida la terrícola se acercó al joven que se detuvo al verla venir ¿Qué se creían ese par de estúpidos? ¿Qué podían verle la cara sin tener consecuencias? ¿Qué pensaba esa escoria? ¿Qué podía cortejar a su hembra como si fuera libre? Maldito bastardo, especuló para sus adentros posando su mirada aguda en la muchacha que no detuvo sus pasos hasta estar frente a él sino que se aproximó más de lo que debía e hizo lo que nunca esperó, Bulma le depositó un beso en la mejilla para luego alejarse unos centímetros y sonreírle, las orbes obscuras de Vegeta viajaron desde esos rosados labios carnosos con los que la femenina le había propinado demostraciones de afecto para luego subir a sus ojos turquesa que lo detallaban con alegría, hasta ese momento fue que procesó todo lo que aconteció pudiendo sentir las pequeñas manos de ella sobre su pecho y automáticamente las tomó apartándolas de su cuerpo.
- ¿¡Qué demonios haces!?- cuestionó posando su vista en los demás que habían deshecho sus posturas de reverencia y habían observado el espectáculo que la tonta de su concubina había dado ¿Cómo se atrevía a tocarlo en público? Arrugó el entrecejo endureciendo su mirada escudriñando a todos en aquella habitación lo que provocó que agacharan nuevamente la cabeza con sumisión.
- Gracias por venir a mi fiesta, me alegra tanto que me acompañes.- logró decir la ojiturquesa al ver que el semblante de él cambió y sus músculos se relajaron, no se le había ocurrido hacer nada más en ese momento que acercársele y besarlo, y aunque eso lo planeó en unos segundos con la intención de distraer al Saiyajin Real para evitar una posible disputa entre él y el soldado sus palabras habían salido con espontaneidad al igual que su sonrisa, ahora que lo pensaba, en verdad podía notar la felicidad que estaba estancada en su pecho, quería lanzarse sobre él para darle uno de esos besos fogosos que en la intimidad él le correspondería con la misma intensidad.
- ¡Tks! Que tonterías dices, he venido a buscar a mis soldados que deberían estar trabajando en este momento y no perdiendo el tiempo en estupideces.- bramó con voz osca posando su mirada en ellos.
- Kakaroto nos invitó a la celebración del natalicio de su hembra Príncipe.- comentó Nappa mirando al heredero que fijó su atención en él, no quería problemas con el Saiya Real, sus castigos por desacato y desobediencia no eran algo que quería, el joven heredero se caracterizaba por ser cruel y para nada comprensivo.
- ¡No me importa quién los ha traído aquí! Vayan a cumplir con sus labores ¡Ahora!- gritó de manera autoritaria haciendo que los guerreros inmediatamente salieran del lugar.- ¡Kakaroto, que sea la última vez que haces algo sin consultarme insecto insolente!- aseveró para salir seguido de su mano derecha que emitió una pasmada sonrisa ante el regaño. Bulma bajó la mirada al notar que él ni siquiera la volvió a ver, en verdad que se había puesto contenta de que Vegeta estuviera con ella en su cumpleaños pero el muy ingrato en vez de alegrarse se había enfadado, lo único que le importaba era su trabajo como Príncipe, sabía que como tal seguramente tenía muchas responsabilidades pero nada perdía con quedarse o por lo menos darle una explicación del por qué no podía estar con ella ese día, pero no, simplemente se fue ignorando el verdadero motivo de esa festividad, realmente no podía esperar nada bueno de él, siempre se comportaba como un imbécil e incluso la había alejado de él por un simple beso ¿Qué le pasaba a ese bruto? ¿Por qué siempre tenía que arruinarlo todo? Hubiera sido mejor que no se apareciera ahí, pero algo bueno había logrado, el suceso con Broly no pasó a más.
Vegeta caminó a paso apresurado observando a los soldados a lo lejos dirigirse a hacer lo que verdaderamente les correspondía, ese estúpido de Kakaroto no podía ser más idiota ¿Cómo se le ocurría llevar a los élite a la ceremonia de su concubina? Sabía que su hembra no pasaba desapercibida para ninguno de los guerreros, el muy bastardo de Broly había aprovechado el momento ¿Qué hubiera pasado si no hubiese llegado? No quería ni imaginar a ese malnacido junto a ella, solo de pensarlo le hervía la sangre, lo pulverizaría si se atrevía a sobrepasarse con su esclava, esa mujer era suya, le pertenecía más que nunca, la terrícola cargaba un hijo suyo en su interior y eso la convertía en intocable, nadie podía acercársele de ninguna manera o moriría, el mismo se encargaría de arrancarle las manos a cualquiera que intentara hacerle algo, no quería exponerse ante nadie y que Bulma se le acercara y se atreviera a darle un beso había sido la excusa perfecta para dejar de lado sus hervorosas ganas de romperle la cara a ese hijo de perra, apretó su mandíbula con rabia al pensar en la mirada que ella le dedicó, parecía en realidad estaba contenta con su llegada ¿Por qué no le había dicho que hoy era su natalicio?- ¡Tks! Estúpida terrícola.- murmuró para sí mismo.
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- Anda Bulma, ven y abre tus regalos.- escuchó la voz de su amiga llamarla, se había quedado pasmada mirando la puerta por donde el Príncipe había desaparecido, en realidad era absurdo pensar que el orgulloso Príncipe de los salvajes la acompañara en un día que era especial para ella, había sido una tonta al hacerse falsas ilusiones, además, no tenía ni por qué sorprenderse por su comportamiento, lo conocía como para intuir que se marcharía aunque le pidiera que se quedara. Alzó el rostro dándose la vuelta para seguir con lo suyo, no estaba dispuesta a permitir que ese arrogante insensible arruinara su festejo, no ese día. Se dirigió a las chicas, Milk pudo notar en ella su cambio de humor, la peliazul intentó mostrar buena expresión tratando de ocultar su malestar que para la pelinegra no pasó desapercibido y entrevió el por qué de su deje de tristeza, sabía muy bien que la ojiturquesa estaba enamorada del Saiyajin Real y que seguramente el rechazo de ese despiadado hombre le había dolido más de lo que aparentaba, miró a la jovencita tomar algunos de los obsequios y comenzar a abrirlos, sus ojos se iluminaron con los detalles sintiendo alegría por ella, la científica se merecía estar contenta, cumplía 17 años, pronto sería madre y aunque no tuviera a su lado al tipo más impresionable de la galaxia podía ser feliz mientras no se diera cuenta de las porquerías del heredero, su bilis se revolvió al ver entrar a la esclava Arian en ese momento, esa mujer era uno de los tantos tropiezos por los que no podía afirmar que la tranquilidad de la mujer del futuro Rey fuera para siempre, esa serpiente destilaba veneno por donde se le viera, ella no era ninguna ciega para no notarlo o quizá no tenía el alma tan noble para engañarse a sí misma, si esa sirvienta de cabello esmeralda comenzaba con sus berrinches la pondría en su lugar nuevamente sin dudarlo.
- ¡Oh! ¡Gracias chicas que lindos detalles!- oyó a la peliazul la cual la sacó de sus cavilaciones.
- Sé que te quedará precioso Bulma.- pudo decir Milk acercándose a la muchacha que observaba el vestido que extendió frente a sus ojos detallando la hermosa tela en color menta.- Es ideal para que salgas a pasear al campo junto con tu Príncipe.- agregó alzando sus ojos azabaches para observar a Arian que estaba a lo lejos cortando trozos del pastel que llevó junto a Zangya, en cuanto esta escuchó a la pelinegra detuvo sus movimientos ¡Esa ramera azulada! ¿Por qué debía de existir solo para arruinar su "relación" con el heredero? Ella merecía todo lo que esa tenía y más ¡Maldita la hora en que esa mujer puso un pie en Vegitasei! Giró su rostro encontrándose con la fría mirada de la mujer de ese soldado llamado Kakaroto, esa entrometida siempre estaba desafiándola, debía ser cuidadosa para evitarse problemas con esa otra tipeja.
- ¡Verdad que sí!- concordó la científica ilusionada de imaginar cómo sería que Vegeta pudiera llevarla de paseo lejos del castillo para estar solos unas horas alejados de todo y de todos.
- Se le verá muy bonito.- aduló Yadara con una sonrisa sincera viendo como la peliazul alzó la mirada para observarla al tiempo en que Violeta asintió concordando con la mayor.- Por favor Arian sírvele pastel a la señorita Bulma.- añadió girándose para notar a la chica que ya venía con un par de platos con la tarta colocándole uno a su jefa y otro a la ojiturquesa que agradeció el gesto. Comieron y charlaron por un rato más, Arian junto con su amiga Zangya se mantuvieron al margen, estaba tan furiosa que casi le daba un arranque por salir de allí, Violeta y la estúpida vieja encargada de la cocina no dejaban de lamer prácticamente los pies de esa mujerzuela azulada, le daban halagos a cada que podían como si de una competencia entre ambas se tratara.
La festividad se extendió varias horas, entre los postres terrícolas que preparó Milk junto con las otras chicas que comieron con gran gusto y risas, no se dieron cuenta que el tiempo había avanzado llegándose la entrada de la noche, las mujeres se fueron después de ofrecer su ayuda a la peliazul para llevar sus obsequios hasta su alcoba pero ella les agradeció por la fiesta diciéndoles que podía sola. Eran cerca de las ocho de la noche cuando estaba metiendo en una bolsa grande lo que había recibido, tenía una sonrisa en su rostro que no podía borrar, se había divertido por mucho con las chicas pero le hizo falta algo, la compañía de su padre que siempre celebró con ella, estaba decidido, iría a verlo ya que no pudo ir por él durante la tarde pues intuyó que estaba muy ocupado como para pasársela con ella. Tomó la bolsa donde guardó todo y se puso de pie para ir directamente al laboratorio, no pensaba ni siquiera pedirle permiso al Príncipe de pacotilla y grosero, no tuvo la cortesía de mostrar un poco de interés por su cumpleaños así que no merecía que ella siguiera siendo una chica obediente ante sus estúpidas órdenes.
- Es un imbécil.- musitó con irritación acomodándose la falda de su vestido dándose la vuelta para salir del lugar ya que estaba de espaldas hacia la puerta. Cuando sus ojos se elevaron para observar el camino delante de ella sus pasos se detuvieron en seco.
- ¿Qué te tiene de tan mal humor?- preguntó el Saiyajin Real que estaba desde hace rato bajo el marco de la puerta recostado con sus brazos cruzados observando los berrinches y maldiciones que escapan de su hembra. Bulma tragó la saliva que se acumuló en su boca ante su presencia para poder responder, la expresión de sorpresa que en su rostro se formó en cuanto lo miró allí mutó a la misma que tenía antes de notarlo, arrugó sus delgadas cejas y en su boca se formó un puchero que para el heredero no pasó desapercibido, la mujer parecía estar muy enojada.
- ¿Qué haces aquí?- cuestionó con furor caminando hacia la salida que este bloqueaba parándose frente a él sin dejar de observarlo.- Tus soldados no están aquí si has venido a buscarlos de nuevo.- agregó casi restregándole la razón por la cual estaba tan molesta.
- He venido por ti para que cenes conmigo.- respondió descruzando sus brazos irguiéndose de su postura relajada sin dejar de escudriñar las expresiones en el rostro porcelánico de la femenina y sonrió ante su panorama, se miraba tan o más atractiva cuando sus mejillas se ponían rojas por el enfado, aunque no entendió el por qué de su actitud le divirtieron sus facciones aniñadas que aparentaban coraje.
- ¿Y desde cuando su majestad se molesta en buscar a una esclava para invitarla a cenar?- cuestionó con el mismo tono golpeado amurrando sus labios al detallar esa sonrisa ladina que no pudo dejar pasar por alto, el maldito o se estaba burlando de ella o no sabía qué demonios le era tan divertido.- ¿De qué rayos te ríes?- añadió resoplando con disgusto.
- ¿Qué te sucede mujer?- inquirió con voz susurrante acercándose a la joven para tomarla del rostro y darle un beso sobre esos labios rosas carnosos en donde su vista se había fijado mientras ella hablaba. Bulma no se movió ni un solo milímetro de su posición simplemente limitándose a cerrar sus ojos para recibir su muestra de cariño.- Vamos a nuestra alcoba, quiero estar contigo.- farfulló con ese maldito tono que hizo al corazón de la chica comenzar a bombear su sangre por todo los rincones de su anatomía encendiendo sus células, los vellos de su cuerpo se erizaron cuando el aliento cálido del hombre golpeó el inicio de sus montes y él se aproximo más a ella ¿Por qué el Saiyajin tenía tanto poder persuasivo sobre ella? De un momento a otro la hacía cambiar de humor ¿Por qué demonios tenía que amarlo con tanta intensidad? ¿Por qué rayos su ser reaccionaba de esa manera con un simple beso? No pudo responder a cada una de esas inquietudes pero si pudo llegar a la conclusión de que estaba más enamorada de lo que creía, no es justo, se atrevió a pensar cuando se separaron y sus ojos se encontraron.
- Iré a ver papá antes de ir contigo.- respondió bajando la mirada sintiendo la necesidad de pasar tiempo con su progenitor en su día, no quería dejar de verlo solo por los caprichos del Príncipe.
- Te llevaré yo mismo.- indicó volviendo a acercar su boca a la de ella rosando sus labios.- Si vas sola tardaras y no quiero esperar demasiado para hacerte mía.- susurró volviendo a fundir sus labios con los de la muchacha que correspondieron con la misma necesidad, soltó la bolsa dejándola caer al piso para abrazarse a su cuello profundizando su apasionado beso que no daba tregua, sus lenguas se enredaron acariciándose con ansia desmedida, el guerrero bajó sus manos agasajando la silueta diminuta de la terrícola deteniéndolas en su cintura para deslizarlas y llevarlas hacia su espalda que podía tocarse la parte superior desnuda a través del escote del vestido, sus guantes estorbaban para ese momento, con ellos no podía palpar esa piel lechosa suave que tanto gozaba acariciar.
- Vegeta.- gimió con la voz agitada sintiendo como los dedos de él llegaron hasta el cierre de su atuendo buscando el ganchillo para bajar la cremallera.- Papá.- agregó recordándole hacia donde quería ir antes de estar con él, sabía que el Príncipe era capaz de tomarla ahí, ya lo habían hecho una vez en su laboratorio personal donde se encontraban pero también tenía presente que aunque el hombre estuviera pidiéndole tener relaciones sexuales esa noche no podría pasar nada más que besos y caricias entre ellos, el doctor le había prohibido estrictamente el coito, su bebé estaba delicado no podía exponerse a perderlo, pero por ahora no le diría nada al heredero, sabía que si se negaba ahora se molestaría y evidentemente le negaría la visita a su padre, era mejor afrontar su ira luego.
El Príncipe soltó sus labios en contra de sus instintos, deseaba desnudarla en ese mismo instante y ponerla contra la pared y su cuerpo para embestir rudamente la estrecha cavidad de su terrícola, pero podía esperar, se la llevaría a su recámara después que ella cumpliera su capricho para hacerla gritar su nombre.
Había estado pensando en su concubina parte de la tarde, por mucho que quisiera reprimir esa odiosa sensación de escozor que sentía cada vez que el bastardo de Broly se le acercaba a ella pudo deducir que su instinto territorial era más grande de lo que creyó, no podía soportar que ese imbécil pusiera una mano sobre su hembra, Bulma era completamente suya, él fue el primer macho en su vida, él la hizo mujer y ahora ella le pariría un hijo, le daría a su primogénito aún en contra de las leyes Saiyajin, sabía que su padre se opondría a que ese niño fuera su sucesor, el viejo estallaría de rabia cuando se enterara de la existencia de un híbrido, no era cosa a la que debía tomarle mucha importancia, si había decidido que ese vástago que le engendró a la humana naciera era porque tendría que afrontar las negativas del monarca y del consejo, lo haría, por su concubina y el niño, si tan solo la terrícola se enterara que si él no le diera su protección la solución para el soberano sería darle muerte tanto a ella como al mocoso que llevaba dentro la creía capaz de intentar huir, pero eso no pasaría con su propiedad, la femenina continuaría siendo suya como hasta ahora.
- Vamos.- pronunció separándose de la ojiturquesa que asintió con una sonrisa, definitivamente no permitiría que nada les pasara.
Cuando llegaron al laboratorio Bulma pudo sentir esa sensación de calidez en su pecho al ver a su padre sentado al fondo de aquel enorme lugar de paredes blancas, el científico parecía muy concentrado en sus actividades, desde hacía dos horas que intentaba descodificar un sistema de memoria de una nave espacial ajena a la tecnología Saiyajin y terrícola que los soldados habían saqueado de uno de los planetas que purgaron en una de sus misiones, se las habían entregado esa mañana y necesitaban poder descifrar lo que contenía en el almacenamiento interno del disco duro, si lograba entender cómo funcionaba podrían obtener información valiosa sobre el espacio y formas de vida del universo. Acomodó sus lentes que se habían resbalado sobre el puente de su nariz al mismo tiempo que echó su espalda hacia atrás recostándola en el espaldar de su silla de metal giratoria, sus ojos estaban que no podían más, necesita tomar un vaso con agua y relajarse unos minutos, él no era un hombre de darse por vencido, siempre encontraba una solución a sus tropiezos y por muy difícil que fuera el trabajo ese no sería la excepción. Escuchó los pasos apresurados de algunos de sus ayudantes por lo que elevó la vista notando a los seres de diferentes razas que laboraban junto a él alejarse de sus tareas, encumbró una ceja extrañado por su comportamiento.
- El Príncipe Vegeta está aquí.- murmuró uno que pasó a su lado y entonces comprendió, se puso de pie girándose para observar al Saiya Real, si el joven estaba ahí es porque querría hablar con él, podía deducirlo pues su hija era la mujer de este y el alienígena no lo visitaría por cortesía. Sus ojos se posaron en la entrada en donde pudo notar no solo al futuro Rey sino que también a su niña, su sonrisa se amplió cuando ella soltó una bolsa que tenía en sus manos y corrió hacia él.
- ¡Papá!- gritó, no podía estar más feliz en ese momento al sentir los brazos tórridos de su amado padre rodearla, su cumpleaños no podía verse opacado por el vació de no tener al único ser de su familia que aún vivía.
- Mi niña, perdóname por no haber estado contigo este día.- pronunció al sentir que la chica se separaba del abrazo y le daba un cariñoso beso en la mejilla.
- ¿Lo recordaste?- preguntó emocionada, su progenitor jamás olvidaba su cumpleaños pero le sorprendió saber que fuera lo primero que le dijo, con tanto trabajo que tenía que pensó que lo más seguro es que no llevara noción del día y mes en que se encontraban.
- ¿Cómo voy a olvidarlo mi amor? De hecho intenté salir pero llegó más trabajo ahora por la mañana y me fue imposible.- respondió realzando su bigote cuando sus labios se curvaron en una sonrisa.- Así que ¡Feliz cumpleaños!- añadió tomando la mano de la peliazul para meter la otra dentro de la bolsa de su bata colocando el pequeño objeto que sacó en la palma de la muchacha.
El Saiya Real que observó todo desde un par de metros de distancia pudo ver a su hembra totalmente eufórica y aunque jamás entendería esos estúpidos rituales terrícolas donde se demostraban cariño en público le agradó verla feliz, pero ahora tenía prisa, ella podría ver al viejo mañana o cuando le diera la gana si es que así lo quería, desde que regresaron del planeta 43 no había podido estar con ella y ya los días le estaban pasando factura, el médico le había prohibido poseerla durante un maldito mes, no creía poder tenerla cerca sin que no lo provocara y aunque estaba más que sabido que ella se negaría pues la conocía bien intentaría persuadirla, su hijo tenía sangre de guerrero Saiyajin estaría bien ahí dentro mientras no se sobrepasara con la humana.
- ¡Papá es hermoso!- chilló con sus ojos turquesa cristalinos por la lágrimas que amenazaban con salir, tenía en su mano un pequeño dije con una cadena fina en color plata, el relicario tenía el emblema de la Corporación Cápsula tallado, era el mejor regalo que pudo recibir, esa insignia le traía tantos recuerdos de su vida en la Tierra.
- Lo hice yo mismo pequeña.- respondió el científico mirando a su hija totalmente encantada con el obsequio.
- Es hora de irnos.- pronunció el heredero y la chica se dio media vuelta para asentir con una sonrisa en sus labios limpiando con sus dedos las lágrimas que bajaban por sus mejillas.
- ¡Gracias papá es el mejor regalo del universo!- chilló extasiada dándole un último abrazo al hombre.- Te visitaré mañana temprano.- agregó para después darse la vuelta, tomar su bolsa que había dejado tirada en el piso y salir junto al heredero. Bulma no había podido apartar sus ojos del medallón en su mano durante el trayecto hacia su habitación, su progenitor sí que le había levantado el ánimo con su presencia y también con la medalla.
- Vegeta pide la cena por favor, tengo antojo de comer algo salado.- comentó caminando a través de la habitación para dejar sus presentes sobre el tocador, a pesar de haber estado ocupada todo el día no se sentía cansada, parecía que los té que el médico le recomendó y la inyección estaban sentándole muy bien. El Príncipe llegó hasta la sala donde se deshizo del scooter y la capa que dejó sobre el espaldar de este mientras veía a la humana comenzar a desvestirse al lado de la cama.
- Ordené que trajeran todo para cuando llegara.- respondió alzando sus hombros por donde sacó su armadura siguiendo con la parte superior de su traje spandex azul, movió su cuello de lado a lado haciendo sus vertebras crujir.
- Por Kami no hagas eso.- expuso la peliazul al escuchar ese sonido tan perturbante resonar en sus tímpanos, parecía que él se quebraría el cuello. Avanzó hacia el closet en ropa interior de dónde sacó una camisa de tirantes y un short corto, se deshizo ahí mismo del sostén para colocarse el atuendo, quería sentirse lo más cómoda posible.
- ¿Estás cansada?- sintió al heredero ronronear con voz gutural en su oído aquellas palabras acompañadas de un par de besos en su cuello.
- No, me he sentido de maravilla todo el día.- contestó girándose para encontrarse con el torso desnudo del hombre frente a ella, sus ojos se movieron desde esos músculos bronceados hasta la mirada obscura de él que la observaba sin perderse movimiento alguno de sus expresiones, las palabras que Milk le había dicho cuando ella abrió su obsequio vinieron a su mente, se había hecho demasiadas ilusiones de solo imaginar pasar un día conociendo la naturaleza de Vegitasei al lado del padre de su hijo, era una excelente idea la que su amiga le había sugerido e intentaría que el Príncipe la llevara de paseo, no creyó que accediera fácilmente, Vegeta siempre solía estar ocupado durante el día, apenas y pasaba tiempo con ella pero le atribuyó sus ausencias a su título Real, por ser alguien de la monarquía lo más probable es que tuviera muchos compromisos con los que cumplir, así que tenía que hacer méritos para que no le diera una negativa cuando se lo propusiera. Su sonrisa se amplió al pensar la manera de cómo lograr convencerlo, mordió su labio inferior colocando sus manos sobre su tórax trabajado donde las subió palpado su piel para abrazarse a su cuello llevando su boca a la de él que bajó al encuentro de sus labios.
- Pensé que tenías hambre.- murmuró el joven entre los besos que ella le demandaba con pasión, la peliazul abrió su boca acariciando con su suave lengua la rasposa del Saiyajin que siguió su ritmo exigente, las manos de él se resbalaron hacia la cadera de su hembra palpando sus suaves curvas continuando hasta llegar a ese amelocotonado trasero tomando con cada una de sus palmas sus glúteos dando ligeros apretones y masajes que hicieron suspirar de forma sonora a la muchacha.
- Vegeta.- gimió alzándose sobre sus pies para ponerse de puntitas aferrándose más al cuello del guerrero profundizando el beso que estaba excitándola, su vientre cosquilleaba con aquellos sonidos de sus bocas que resonaban en la habitación disfrutando con deleite los toques del hombre en su cuerpo que subió sus manos metiéndolas bajo su blusa tras su espalda la cual acariciaba con delicadeza.- Te he extrañado.- pronunció para separarse del Príncipe y tomar el aliento perdido abriendo sus ojos que por inercia habría cerrado.
- Ya estoy contigo mujer.- respondió mirando a la hermosa criatura entre sus brazos, elevó su mano llevándola hasta el cabello turquesa de su hembra apartándolo de su cuello dejándolo expuesto para sus labios que llevó a su piel lechosa sin hacerse esperar.
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Los alimentos que el heredero había ordenado estaban llegando a su alcoba, Arian quien era la encargada de servir personalmente a la mujer del Príncipe se había ofrecido para llevar la cena cuando escuchó que el mismísimo hombre del que estaba enamorada había hecho el pedido, su sonrisa se agrandó cuando pensó en que si él estaba solo aprovecharía la oportunidad de ofrecerle sus encantos, esa tipa azulada se había quedado en el lugar del festejo cuando ella, su jefa y las demás chicas que estuvieron con la ramera en su cumpleaños se retiraron, había tenido que soportar a esa idiota durante toda la tarde, en ese tiempo pudo observarla mejor dándose cuenta de dos cosas, una era que la maldita tenía un carácter afable y que quizá por ello es que a todos le caía bien, aunque no trepidaba en que podía ser una treta de esa imbécil para ganarse a todos en ese palacio. Lo segundo es que por más que quisiera negarlo y aunque la verdad le doliera esa tonta era muy bonita, sus facciones eran muy femeninas, ella no se quedaba atrás pero necesitaba arreglarse bien para hacer resaltar su belleza, con esos harapos que llevaba puestos siempre el futuro Rey jamás voltearía a verla, quiso pensar por ello es que mientras estuvo en el harén él la tomó muchas noches, estando en aquel lugar tenía la oportunidad de vestirse con finas telas de las cuales les eran hechos sus atuendos. Debía ser inteligente, esa concubina debía ser destronada, no podía ser que fuera tan perfecta, ya encontraría la manera de destruirla y quitarla de su camino.
Se encaminó hacia la recámara con el carrito repleto con la comida del Saiyajin Real, se detuvo un momento unos cuantos metros antes de llegar a la habitación de él vigilando que nadie estuviera viéndola, se giró hacia atrás y luego observó hacia los lados encontrándose con el lugar vació, llevó sus manos hasta su cintura donde tomó la pretina de su falda subiéndola más de la cuenta para que sus piernas blancas quedaran expuestas, aunque Vegeta la había rechazado varias veces era hombre al final de cuentas, era como todos en ese aspecto, no podía ser tan frió como para pasar desapercibida a una mujer bella como ella que se exponía ante él, quería tenerlo como en el pasado, el Príncipe volvería a caer ante sus atributos costara lo que costara, ella ya había tenido la oportunidad de estar en sus brazos, el destino no podía negarle nuevamente esa oportunidad. Era muy cierto que el tipo le gustaba, estaba enamorada de él por supuesto, pero que fuera el heredero a la corona de Vegitasei hacía más apetecible la posición que quería alcanzar, era como un bono extra y ser su mujer le traería muchos beneficios que siendo una miserable esclava jamás en su vida obtendría.
Relamió sus labios continuando su camino sin borrar su sonrisa conquistadora hasta llegar a la puerta, suspiró profundo dejando salir el aire lentamente por su boca, jamás le había sucedido aquello, en su planeta Areadne del que provenía y por el cual su madre le había puesto ese nombre en honor a su astro, nunca le llamaron la atención los machos de su raza, ninguno era lo que ella quería pero con el futuro Rey era todo tan distinto, con solo verlo su corazón saltaba con frenesí dentro de su pecho, definitivamente quería a ese alienígena, su sangre hervía de solo imaginar que un día de esos podría estar siendo poseída por él. Con el pulso acelerado volvió a suspirar por última vez para empujar la puerta, pero todo rastro de alegría se borró cuando sus ojos se posaron en lo peor que pudo haberse encontrado, negó sin creérselo, quiso regresar en sus pasos pero él ya había alzado la mirada y ahora la tenía puesta en ella.
- ¡Esclava idiota, no te enseñaron a tocar antes de entrar!- pronunció con su fuerte voz, Bulma que giró su cabeza para ver a quien le hablaba él vio a Arian en la entrada con la cena.
- Vegeta deja que pase ¡Tengo mucha hambre!- exclamó alejándose de los brazos del guerrero para ir al encuentro de la chica que solo agachó su mirada conteniendo sus lágrimas, esa imagen de él acariciando con sus manos el cuerpo de la zorra azulada mientras la besaba no se iba de su mente causándole más dolor del que pudo creer.
- ¡Lárgate!- bramó el Príncipe, esa impertinente había interrumpido en el momento más inoportuno. Arian asintió sin alzar la cabeza, no era capaz de verlo, él se empeñaba en despreciarla y todo por culpa de esa maldita mujer que lo tenía embrujado.
- ¡No por favor!- articuló la ojiturquesa mirando con agrado la comida.- Prepara el baño antes de irte.- agregó tomando una fresa cubierta de chocolate para darle un mordisco, la esclava de cabello esmeralda simplemente asintió llevando sus pasos hacia la ducha donde se arrodillo para abrir el grifo del agua y llenar la tina, sus lágrimas cayeron al piso no pudiendo contenerlas más ¿Por qué su suerte no giraba a su favor? ¡Qué demonios debía hacer para ser tratada como esa golfa! ¡Qué con un demonio! No podía seguir así, cada vez que intentaba acercarse al Príncipe sucedía algo, era como si el cosmos estuviera en su contra. Preparó con rapidez la bañera con agua cálida a la cual le agregó un poco de jabón de burbujas que había en el sitio para luego salir, encontró al par degustando los alimentos en la sala.
- ¿Hay algo más en que pueda servirle?- preguntó moderando su tono de voz manteniendo la vista en el piso ¡Cuánto odiaba tener que humillársele de esa forma a esa estúpida!
- Puedes retirarte, gracias.- la escuchó que le respondió y sin esperarlo salió de la habitación, esa idiota pagaría con creces por su sufrimiento. La pareja comió en silencio, Vegeta observó la cantidad de alimentos que su concubina estaba ingiriendo en comparación de lo que siempre miró que comía atribuyéndoselo a su estado gestante.
- Vegeta.- lo llamó ella sacándolo de sus pensamientos, le expondría sus deseos, solo esperaba que él no se negara.
- Dime.- respondió relajándose en el sofá donde estaba sentado junto a ella al sentirse satisfecho.
- Me gustaría conocer el planeta, desde que llegué a Vegitasei no he tenido la oportunidad de explorarlo.- explicó de manera simple sus intenciones posando la mirada en el Saiyajin que la observaba colocando el plato vació sobre la mesa de centro.
- Puedes ir, siempre y cuando vayas escoltada por Kakaroto.- respondió dejando su postura para agacharse y quitar sus botas.
- ¡Pero me gustaría ir contigo!- indicó arrugando sus cejas con disgusto haciendo un puchero con sus labios.- Quiero que me lleves a conocer los lagos de este planeta ¿Los hay cierto?- pregunto dudosa deslizándose sobre el sillón para acercarse a él que se irguió escudriñándola.
- ¿Quieres convertir al Príncipe Saiyajin en tu guía de turista mujer?- cuestionó tomándola de las manos cuando la miró venir a él para sentarla sobre su regazo viéndola sonreír con diversión emitiendo una risa cantarina.
- Anda no digas que no, quiero poder ponerme un hermoso bikini para sumergirme en uno de esos lagos como solía hacerlo en la tierra.- exclamó abrazándose al hombre que poco entendió lo que parloteaba, algunos de los términos que ella usaba no le sonaban pero pudo entender que quería que él la llevara personalmente.
- Lo haremos en cuanto tenga tiempo.- indicó poniéndose de pie alzándola en sus brazos con otra idea en mente.
- ¿Lo dices de verdad?- preguntó aferrándose a él mientras la llevaba hacia el baño, lo miró asentir y no pudo sentirse más contenta.
- ¡Gracias Vegeta!- chilló con entusiasmo dándole besos en su mejilla. Llegaron hasta la tina donde ella bajó de sus brazos mirando el agua llena de espuma que Arian había preparado, quería relajarse un rato dentro del agua, el día había sido ajetreado y aunque no tenía sueño sus músculos le pedían descanso, salió de sus pensamientos cuando vio al Saiyajin desvestirse para luego entrar a la bañera, suspiró profundo, sabía lo que él quería y aunque también lo deseaba no podían hacer más que besarse. Comenzó a quitarse la ropa bajo la atenta mirada del hombre que no perdió detalle de la piel que iba quedando expuesta cada vez que ella se quitaba una prenda hasta que quedó completamente desnuda frente a él.
- Ven.- ofreció el heredero extendiéndole una mano la cual ella tomó sintiendo cómo el Príncipe la jaló para que se tumbara sobre él quedando la cabeza de ella recostada de lado sobre uno de sus hombros. Sus ojos turquesa se fijaron en el rostro del Saiyajin, era tan guapo, tan masculino que no podía apartar su mirada de esas facciones cinceladas viriles, su ceño estaba marcado pero sus orbes ennegrecidas delataban lujuria, podía leer en su expresión claramente ese brillo perverso que tanto la atrapaba, esos labios que le sonrieron en una mueca torcida y curvada terminaron por rendirla ante la tensión sexual que se había formado en el ambiente. Llevó una de sus manos tras la cintura de él en tanto que con la otra acarició el cuello del hombre que admiró la belleza femenina en sus pensamientos, Vegeta pudo apreciar como la femenina tragó su saliva después de relamer su labio inferior así que la atrajo hacia él para besarla, por fin la tenía a su merced y nada impediría que la hiciera suya esa noche.
Desató la pasión y el deseo que sentía por la terrícola uniendo su boca a la de la muchacha impidiéndole a toda estorbosa cavilación perturbar su sentir dejándose llevar por sus instintos, su cola que salió de abajo del agua se enroscó en la mano de la joven que correspondía sus arrebatadores besos corriendo su mano libre para palpar uno de esos protuberantes senos que se cubrían a medias con el líquido cristalino y espumoso, Vegeta masajeó el monte de arriba hacia abajo con fuerza medida colocando su dedo índice sobre el pezón moviendo de manera circular la yema sobre este sintiendo como ella arqueó su columna soltando su boca. La miró alzar su pecho cuando ella llevó su espalda hacia atrás junto a su cabeza gimiendo ante el delicioso tacto que el Príncipe le brindaba quedando el pezón rosa al alcance de sus labios tomándolo para succionarlo, cerró sus ojos bebiendo del exquisito atributo de su mujer que enredó sus dedos en el cabello encrespado del futuro Rey.
- ¡Kami Vegeta!- gimió casi en un grito cuando él combinó las succiones con pequeños mordiscos llevando sus manos hacia la cintura de ella para levantarla colocándola ahorcadas sobre su regazo percibiendo como sus centros se rosaron de una manera exquisita dejando salir un gruñido que escapó de su garganta, atrajo de nuevo a la mujer a su pecho para seguir degustando de sus besos sintiendo como ella se mecía de manera sugerente sobre su miembro que despertó poniéndose duro ante tal contacto.
- Por favor…- habló la ojiturquesa notando que sus palabras salieron con tono erótico meciéndose sobre el pene de su hombre sintiéndolo entre los pliegues de su feminidad.- Acaríciame.- pidió tomando las manos del heredero llevándolas hacia sus muslos donde el deslizó sus palmas suavemente hasta sus carnosos glúteos oprimiéndolos con deleite.
- Sabes malditamente exquisita Bulma.- rugió enronquecido cerca del oído de la joven en tanto besaba su cuello y sus manos apretujaban la piel de aquel trasero acorazonado, la tomó firmemente sujetándola contra su cuerpo poniéndose de pie dejando que la peliazul enredara sus extremidades en su cintura, el Saiya salió del agua para llevarla a su lecho, deseaba hundirse en ese centro tibio y húmedo que abrigaba su miembro erecto entre los muslos de su mujer. Llegó hasta la cama donde depositó a la femenina entre sus brazos dejándola bajo su cuerpo cuidando de no aplastarla con su peso bajando sus besos hasta sus montes alternando entre cada pezón que comía con apetito escuchando los gemidos con su nombre que de la boca de ella salían sintiéndola retorcerse ante sus caricias. Bulma abrió sus ojos mirando al Príncipe concentrado en succionar sus senos viendo como bajaba poco a poco hasta llegar a su vientre, ella logró erguirse quedando levemente sentada, el joven alzó su vista para observarla mientras avanzaba hasta ella para volver a besarla.
- Mi Príncipe.- suspiró entre gemidos colocando sus manos en los hombros de él para empujarlo, Vegeta se separó un poco de ella para verla cediendo a las intenciones de la hembra que se trepó sobre su cadera cuando se acostó boca arriba sobre las almohadas.- No te muevas.- agregó llegando hasta su cuello donde depositó besos suaves en tanto sus manos se deslizaron sobre su marcado tórax bronceado.
- ¿Quieres jugar mujer?- cuestionó observándola a lo que ella dirigió sus orbes a él asintiendo con sus mejillas sonrojadas, la chica observó al hombre sonreírle ladino dándole ánimos con ese gesto a que continuara y así lo hizo, volvió a besar sus músculos en el abdomen del hombre deslizándose paulatinamente hacia abajo rozando con sus montes el vientre del Saiyajin que no apartó sus ojos ónix de ella hasta que la vio tomar con una de sus manos su miembro, escudriñó los movimientos de la femenina notando que ella descendió hasta su entrepierna fijando su mirada en el falo erecto que tenía entre sus dedos, jamás había hecho aquello, pero al ver aquella porción de carne dura con las venas marcadas a su alcance no dudó en probarlo, relamió sus labios dejándolos húmedos y brillantes por su tibia saliva sin perderse detalles del pene que sujetó con firmeza para acercarlo a su boca entre abierta sacando ligeramente la lengua para darle la primer lamida, sintió cómo el Saiyajin se removió por lo que dirigió su vista a él detallando su expresión, había cerrado los ojos y echado su cabeza hacia atrás, volvió a repetir su acción esta vez chupando lentamente.
- ¿Te gusta mi Príncipe?- escuchó la melodiosa voz de ella percibiendo como su pene se tensaba cada vez que la femenina engullía su estaca de carne hinchada.
- Eres una bruja.- pudo pronunciar con voz gutural cuando ella comenzó a meter y sacar su miembro de su tibia boca húmeda rápidamente para luego parar de golpe dejándolo dentro en tanto movía su lengua por todo lo largo. La peliazul sonrió ante sus palabras, por sus gestos sabía que su hombre lo estaba disfrutando tanto o más que ella, aunque nunca había hecho nada parecido cuando lo probó sintió un sabor raro a su parecer inundar sus papilas, pero a medida probaba más se daba cuenta que no le era desagradable, era una sensación exquisita sentir como él movía su cadera contra ella buscando introducirse más en sus fauces emitiendo sonidos roncos ante el placer que su mujer estaba proporcionándole.
El Príncipe enderezó su cabeza para verla, se nota concentrada en su trabajo notando que ella engullía solo la mitad de su duro falo, si la terrícola seguía succionando y lamiendo de aquella forma pronto eyacularía, pero no quería que eso se terminara aún, se irguió empujándola por los hombros haciendo que se recostara sobre su espalda, la ojiturquesa abrió sus piernas para que el heredero se acomodara entre estas pero él hizo lo nunca pensó, lo observó descender hasta su zona sur donde con sus dedos palpó por encima los pétalos rosas de la intimidad femenina.
- ¡No hagas eso!- chilló la peliazul intentando cerrar sus piernas pero él se lo impidió, con una de sus manos empujó uno de sus muslos dejando expuesto aquel manjar frente a su mirada lasciva, cuando alzó su vista para mirar a su concubina la notó sonrojada haciendo un puchero avergonzado.
- Te dejé probarme mujer, es mi turno.- pronunció para resbalar sus dedos entre los pliegues húmedos posando su mirada en sus movimientos encontrando el botón de placer de su mujer sobre el que hizo una ligera presión.
- ¡Vegeta!- gimió la muchacha intentando unir sus piernas pero el Saiya la reprimió una vez más, la científica sentía tanta vergüenza como placer al ser invadida de esa forma por él y aunque cerró sus ojos antes las sensaciones al mismo tiempo en que arqueó su espalda pudo notar cuando él la tomó de las caderas para jalarla hacia abajo dejando el sexo de la femenina más expuesto retornando su labor, con sus dedos abrió aquellos pétalos rosas y llevó su lengua hacia el pequeño capullo que lamió con apetencia para después sorber esos pliegues rosas que tan apetecibles se notaban.- ¡Ahhh!- la escuchó casi gritar y retorcerse, la ojiturquesa movió su pelvis buscando mayor contacto recibiendo lo que quería, pudo sentir que era acariciada con ímpetu por lo que sin pensarlo llevó las manos hasta la cabellera azabache del heredero y empujó la cabeza de este hacia su centro incitándolo a que no parara. No podía pensar, ni siquiera coordinar sus espasmódicos movimientos cada vez que él incluso metía su lengua en su entrada, la mujer sabía a gloría, sus jugos eran dulces que combinados con esos excitantes sonidos que ella emitía podía jurar que era lo mejor que había probado, su mano libre la llevó a la estrecha cavidad de la chica donde introdujo uno de sus dedos moviéndolo con rapidez en su interior.- ¡Vegeta para!- chilló en voz alta, sentía que estaba en el cielo recibiendo aquellas succiones en su clítoris y aquel meter y sacar en su intimidad pero también sabía que su hijo estaba delicado.- El bebé…- pudo decir.
- Estará bien.- respondió Vegeta llevándola al límite, miró como ella alzó su cadera y pudo percibir como su interior ardiente se contraía apretando su dedo que movió un par de veces más hasta que ella cayó flácida sobre el colchón, se deslizó sobre ella abriéndole las piernas y se irguió para tomar su miembro colocándolo en su entrada esparciendo los jugos por entre sus pliegues.
- No podemos.- articuló ella abriendo los ojos aun sintiendo las exquisitas sensaciones de su orgasmo.
- No voy a penetrarte.- respondió el Saiyajin untando su estaca de carne con el orgasmo de su hembra comenzando a mover su mano por sobre su miembro duro, gruñó percibiendo sus venas dilatas junto a un cosquilleo en su pene aumentando el ritmo dejando que la punta de su pene se rosara en el sexo húmedo de la chica que lo observaba con expresión deleitable, llevó su palma libre hasta uno de los montes de su mujer que se movía ligeramente debido al movimiento que el ejercía en la cama, la peliazul se dejó tocar sin perderse detalle alguno del propio placer que el Príncipe se otorgaba hasta que notó algo caliente en su vientre, bajó la mirada desde el rostro de él hacia abajo viendo como el falo del futuro Rey expulsaba su semilla cálida. La muchacha se enderezó un poco para abrazarlo por el cuello atrayéndolo a su cuerpo y besarlo, no la había penetrado como se debía pero aquel acto había sido tan íntimo que la dejó extasiada, habían hecho el amor de otra manera, se sentía totalmente embriagada.
El reloj en la mesita de noche marcaba cerca de la una de la mañana, la científica se había mantenido con los ojos cerrados acurrucada sobre el pecho del Saiyajin que acariciaba uno de los hombros de ella, él recordaba a cada momento esa expresión de su hembra mientras lo probaba, la femenina era endemoniadamente ardiente que aún sin llegarse a hundir en ella sintió el mayor placer viniéndose sobre esa nívea piel de su aun plano vientre donde llevaba su hijo.
- Vegeta.- lo llamó la ojiturquesa sacándolo de sus pensamientos, abrió sus ojos y la miró alzar la cabeza para observarlo entre las penumbras, a pesar de sentirse relajada no podía conciliar el sueño, además tenía que preguntarle algo que no pudo sacarse de la mente desde la tarde.- ¿Por qué te fuiste de mi fiesta? ¿En verdad te parece algo tonto?- cuestionó recordando que él les dijo a sus soldados que no perdieran más el tiempo en esas estupideces. Lo escuchó soltar un bufido acomodándose de lado para dejar la cabeza de ella sobre uno de sus brazos.
- Estaba ocupado.- respondió evitando contestar directamente aquellas interrogantes que sonaron más como un reproche.
- ¿Tan ocupado cómo para ignorar que cumplo años?- volvió a interrogar pero esta vez agachó la mirada con tristeza, parecía que el arrogante Saiyajin jamás comprendería que esas celebraciones eran importantes para ella.
- No lo ignoré Bulma.- afirmó arrugando el entrecejo un poco más apartando uno de los mechones de cabello de la mejilla de la joven que dirigió nuevamente su vista a él.- Se me presentaron algunos problemas que tuve que atender.- agregó intentado a su manera darle una explicación del por qué se había ido. Era muy cierto que su concubina no tenía porque reprochar sus actos pero al ver ese rostro porcelánico de ella desanimado no dudó en manifestar el por qué de su ausencia, se giró en ese momento para quedar boca arriba ubicando sus manos tras su cabeza dejando salir aire de sus pulmones posando su mirada en el techo. Bulma notó la tensión en él, su ceño estaba más marcado mostrando hastío ante sus últimas palabras.
- ¿Pasa algo?- cuestionó llevando las sábanas sobre sus montes para cubrirlos pues solamente estaba tapada de la cintura hacia abajo acomodándose sobre las almohadas, lo miró asentir para luego pasar una mano sobre su cabellera volviéndola a dejar tras su nuca.
- Pasé la tarde en la ciudad del sur del planeta.- comenzó a hablar girando su cabeza observando a la chica atenta a sus palabras.- Allí habitan los Saiyajin de tercera clase, había un problema con el reparto de provisiones en el almacén así que tuve que resolverlo.- añadió recordando los hechos. Bulma abrió sus ojos sorprendida con su relato, no imaginó que un sujeto tan déspota y poco afable como él pusiera empeño en solucionarle los inconvenientes a los de su raza llamándole la atención un dato que el heredero acaba de mencionar.
- Dime algo Vegeta.- comenzó a hablar mirando fijamente al Príncipe.- ¿Cómo es que clasifican a los de tu raza en clase alta y baja?- cuestionó, desde hace mucho tiempo que venía escuchando esos términos pero jamás se dio el tiempo para investigar a través de qué régimen se catalogaban a los guerreros.- ¿Me refiero a qué métodos utilizan o hay alguna manera de saberlo desde que nacen?- agregó.
- Así es, cuando un vástago nace se mide su poder de pelea determinando con ello a qué clase pertenece, dependiendo de sus unidades de pelea son considerados para trabajar como ingenieros o son enviados a planetas con habitantes débiles para que allí se desarrollen, si lo logran, pueden volver a Vegitasei como guerreros.- manifestó viendo a la peliazul abrir su boca con asombro para luego llevar una mano a su vientre ¿A caso su hijo pasaría por lo mismo? ¡No! ¡Ella no permitiría que nada de eso le sucediera! Protegería a su bebé con su vida.
- No le harán nada de eso a mi bebé en caso de que no fuera fuerte.- pronunció con convicción en un susurro más para sí misma acariciando su abdomen por sobre la sábana.
- Es mi hijo mujer, lleva mi sangre real.- respondió con una sonrisa orgullosa girándose para quedar de lado frente a ella que seguía con una expresión triste así que tomó con una de sus manos su barbilla para alzarla haciendo que volviera a fijar sus ojos turquesa en los suyos.
- ¿Qué sucede?- inquirió pasando su pulgar por el labio inferior de la hembra alentándola a hablar.
- Pero lleva mi sangre, sabes que los terrícolas no tenemos sangre guerrera ¿Y si eso afecta a nuestro hijo será apartado de mi lado?- indagó sintiendo encogerse a su corazón, si algo así llegaba a ocurrir se volvería loca, no se veía sin su pequeño.
- Ven.- la llamó acercándose más a ella.- Date la vuelta.- ordenó haciendo que la ojiturquesa se girara dándole la espalda, se colocó tras ella depositándole una mano en el plano vientre de su concubina que giró su cabeza para ver el rostro del Príncipe, el hombre se concentró pudiendo notar en pocos segundos aquella pequeña energía en el interior de la humana dándose cuenta de que el híbrido nacería con un gran poder de pelea, el feto tenía un poco más de un mes y ya podía hacerse distinguir siendo aún tan pequeño a lo que el futuro Rey sonrió con inmodestia. - Será poderoso, puedo sentir un gran ki dentro de ti.- confirmó a lo que ella pudo sonreír.
- ¿Y si es una niña? No estamos seguros de que será varón.- expuso mordiendo su labio inferior acomodándose entre los brazos del Saiyajin que seguía abrazándola.
- Sé que me darás un heredero varón fuerte Bulma.- aseguró con voz firme en el oído de ella haciéndola sentir segura ante tantas incertidumbres que a veces la invadían, la peliazul pudo quedarse más tranquila con las palabras del Príncipe durmiéndose a los minutos después.
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Aquella mañana mientras revisaba algunos documentos en los archivos de las computadoras centrales uno de los soldados encargados del área de los burdeles y bares fuera del castillo se apareció frente en el sitio pidiendo hablar con él cediendo a su petición, el Saiyajin de clase baja le informó sobre los recientes acontecimientos siendo de mayor importancia la noticia de que todas las terrícolas habían sido eliminadas hace unos días atrás, el guerrero le comentó que el élite Kakaroto se había encargado personalmente de hacer desaparecer a esas mujeres y que ahora algunos de los soldados estaban molestos pues eran de su gusto esa clase de hembras que ahora ya no estarían más a sus disposiciones.
Después de charlar con el guerrero había dejado lo que hacía y ahora se dirigía hacia el Salón Principal donde generalmente su papá trabajaba, cuando entró pudo ver a su padre sentado a la gran mesa que era su área de trabajo unos escalones abajo hacia el lado izquierdo de donde se encontraba su trono. Avanzó con pasos pesados, esa orden no pudo darla más que su hermano, ese soldado élite que era la mano derecha del Príncipe mayor había ejecutado un mandato directo de Vegeta y eso podía casi asegurarlo, las cosas en su planeta no sucedían así como así y menos algo de esa magnitud, las mujeres traídas de otros astros que se asignaban a los prostíbulos eran como premio hacia los hombres que conformaban los ejércitos de purga y por esa razón es que ahora esos tipos estaban molestos ¿Es que su hermano no pensaba en las consecuencias? No podían darle juguetes a sus hombres para luego quitárselos sin reempláceselos por nuevos, él como encargado de la administración y asuntos diplomáticos de Vegitasei estaba más al tanto de cómo se manejaban las cosas pero parecía que el futuro Rey no sabía una mierda y ahora mismo se lo haría saber a su padre.
- Rey Vegeta.- saludó con cordialidad reverenciándolo.- ¿Puedo hablar contigo?- preguntó irguiéndose para ver al monarca alzar la vista.
- Que sea rápido, atengo mucho trabajo.- respondió dejando de lado los papeles que tenía en la mano para poner su atención en el menor.
- ¿Estás enterado de lo que tu querido hijo ordenó hacer en los prostíbulos del planeta?- preguntó yendo directamente al grano detallando la expresión de extrañeza que su progenitor formó haciéndole saber inmediatamente que no tenía idea de lo que sucedía.
- ¿Ahora qué pasa Tarble?- cuestionó alzando una de sus cejas oscuras espesas.
- Vegeta demandó exterminar a las hembras terrícolas de Vegitasei.- manifestó arrugando el entrecejo disgustado con las decisiones del heredero.
- ¿¡Qué!? ¿Cuándo sucedió?- inquirió poniéndose de pie.
- La semana pasada padre, uno de los soldados encargados de esa área me lo ha informado.- indicó totalmente serio.- El Príncipe Vegeta es un inconsciente, los guerreros están exigiendo a esas mujeres pero ya están todas calcinadas.- agregó.
- ¿Por qué demonios daría esa orden? ¿Quién acató tal disparate?- habló enfurecido ¿Cómo es que su vástago no le consultaba nada? Ese mocoso estaba saliéndose de los límites de su paciencia.
- Kakaroto lo hizo, te recomiendo hablar con mi hermano, él no te respeta ni como padre ni como Rey y no es justo para ti.- aseveró con toda la intención de hacer acrecentar el coraje que ahora su progenitor sentía hacia el Príncipe mayor, solo esperaba que algún día su padre no solo valorara las habilidades de lucha que su hermano poseía sino que también viera que no tenía madera para gobernar un planeta, él siendo 4 años menor que él era más juicioso y tenía mayores conocimientos de cómo se dirigía un reino que el heredero a la corona que solo se dedicaba a purgar planetas sintiéndose orgulloso de su enorme poder. Vio al Rey darle una última mirada para después salir de la sala del trono, ya podía saborear el disgusto entre ellos y lo bien que se sentía poner a su papá en contra del odioso de Vegeta a lo que sonrió con malicia para largarse de ahí y continuar con sus labores.
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Tocó un par de veces la puerta en la recámara de su hijo pero al parecer no había nadie, insistió una vez pero nadie salió del interior para atenderlo así que decidió entrar, observó toda la habitación, se miraba muy ordenada a excepción de algunas sábanas que estaban en el piso junto a la cama y en esta su vástago desnudo que tenía entre sus brazos a esa mujer terrícola que estaba de espaldas al joven cubierta por una delgada tela. Su enojo incrementó al ver tal situación ¡El Príncipe debería estar o entrenando o resolviendo los problemas de Vegitasei, no enredado con esa concubina científica a esas horas de la mañana!
El heredero que estaba en la cama y había escuchado los toques fuera de su alcoba había ignorado a la persona que reconoció por su ki antes de verlo, cuando escuchó que entró levantó la cabeza mirando a su padre que lo observaba desde la entrada, suspiró con pesadez, ni siquiera podía quedarse un rato más acostado porque el viejo llegaba a joderlo. Se puso de pie viendo a la peliazul que se giró boca abajo cuando él la apartó de sus brazos por lo que tomó la sábana para cubrirla desde sus hombros hacia abajo, el anciano no era de los que respetaba la privacidad y ella podía quedar expuesta a su vista, caminó dirigiéndose al Rey tomando una toalla que estaba en el sofá para atarla a su cintura.
- ¿Qué demonios haces aquí?- cuestionó con voz tosca llegando hasta él evidenciando la molestia que le causaba la presencia del soberano en su recámara.
- ¿¡Qué haces dormido cuando tienes obligaciones con las que cumplir hijo!?- bramó con total irritación alzando su tono.- Estuve esperándote en el comedor para el desayuno pero ya veo por qué nunca apareciste.- agregó dirigiendo la vista a la femenina que estaba dormida en el lecho de su heredero de manera despectiva.
- Deja de decir estupideces y dime de una buena vez a qué rayos has venido.- respondió el muchacho cruzándose de brazos esperando una verdadera respuesta.
- ¿¡Por qué le ordenaste a Kakaroto que matara a todas las terrícolas sin siquiera consultármelo!?- interrogó arrugando más el entrecejo al ver la sonrisa que se formó en el rostro del mocoso que lo desafiaba con la mirada.
- No tengo por qué informarte todo lo que hago padre.- manifestó agudizando su mirada, no sabía exactamente si su padre estaba enterado del por qué hizo desaparecer a esas mujeres pero era claro que si se enteraba sabría que las terrícolas podían embarazarse y por ende pondría su atención en su concubina y era algo que no le convenía ahora que ella estaba preñada.
- ¡Si diste esa estúpida orden de eliminar las hembras de esa raza la mujer de Kakaroto y esa que está en tu cama también debieron desaparecer Príncipe Vegeta!- vociferó con voz alterada señalando a la ojiturquesa que respiró profundo al momento en que oyó al par de hombres discutir, se quedó estática escuchando atentamente al darse cuenta de que hablaban sobre las chicas de su planeta evitando evidenciar que había despertado.
- No compares a esas golfas con mi concubina, esas zorras murieron porque no aportaban nada a los burdeles ¿Es tan complicado traer hembras de otras razas para los soldados?- cuestionó harto de los reclamos sin sentido del viejo.
- Si sigues tomando decisiones absurdas como estas no llegaras a ser un buen Rey Vegeta, si das una orden no debes de hacer excepciones solo porque una mujer se revuelque contigo.- bramó con rabia, ese mocoso tenía que aprender a cumplir con su propia palabra y no estaba seguro de poder hacerlo era mejor que se abstuviera antes de dar cualquier resolución.
- ¡Cierra la boca padre! He dado una orden, se ha cumplido y se acabó ¡No necesito tu permiso para hacer mi voluntad en este maldito planeta y si mi mujer te molesta intenta hacerle algo y verás cómo te arranco la cabeza!- rugió desenroscando la cola de su cintura al mismo tiempo que descruzó sus brazos dando un par de pasos hacia el monarca que abrió sus ojos con estupefacción ¿Qué demonios le pasaba a su vástago? ¿Qué diablos le había hecho esa terrícola a su hijo? Era la segunda vez que este lo amenazaba por culpa de esa jovencita, negó con la cabeza entendiendo que esa hembra tenía más influencia sobre su heredero de lo que creyó.
RinPink Susaiyajin: ¡Hola mis lindas niñas! Lamento tanta tardanza pero he estado muy ocupada con obligaciones personales pero no se preocupen, tarde o temprano siempre tendrán una actualización de este fic :3
Quiero decirles que iba a ser mucho más largo, pero si metía todas las escenas que había planeado para este capítulo me iba a salir kilométrico y pues mejor decidí acortarlo.
Dedico este capítulo a mi amiga Viara te quiero mucho :3 gracias por tu apoyo n.n
Espero que hayan disfrutado del capítulo y no se olviden de dejarme un REVIEW con su valiosa opinión, la amo, besos y nos leemos pronto n.n
