CAPITULO XX: Decisión

- ¿Por qué Arian no se encuentra en la cocina? ¡Dentro de unas horas será servida la cena a la señorita Bulma y esta niña no está aquí para hacerlo!- alzó la voz enojada Yadara que preparaba personalmente los alimentos de la ojiturquesa, desde hacía horas que pedía una explicación pero ninguna de las muchachas se atrevía a decirle la verdad a su jefa, no querían meterse en ningún tipo de problemas con la ex esclava del harén, conocían que era agresiva pues fueron testigos del maltrato a Violeta hace semanas.

- Ella se fue desde ayer y no ha regresado a sus labores.- respondió Violeta resignada mientras picaba unas verduras sobre una tabla en la mesa de la cocina, ella no odiaba a esa esclava, pero parecía que esa mujer se tomaba muchas atribuciones no correspondidas tan solo por el hecho de haberse acostado con el Príncipe Vegeta, al menos esos eran los rumores que corrían de boca en boca entre la servidumbre del castillo, incluso ella había sido víctima de su comportamiento altivo días atrás cuando esa chica tiró el guiso recién salido del horno en sus pies provocándole quemaduras.

- ¿Qué? ¿¡Cómo se atreve esa niña a faltar a sus labores!?- inquirió la mujer mayor trayendo consigo una enorme fuente de carne fría sacada de la nevera poniéndola sobre la mesada para comenzar a prepararla, ya vería esa jovencita el castigo que le tocaría por atreverse a faltar a las reglas.

- Escuché que la superiora del harén vino por ella anoche, el Príncipe la solicitó en sus aposentos.- comentó Zangya que metía en el horno una charola con alimentos, tenían que darse prisa para salir a tiempo con la comida de a medio día y con Arian ausente se les hacía más difícil la tarea.

- ¡Pero qué dices! ¿Arian y su alteza juntos?- expresó con asombro Yadara y al igual que Violeta se sorprendió al escuchar las palabras de la pelirroja, se sabía que desde que mantenía a la humana en sus aposentos no había vuelto a visitar su harén o a solicitar ninguna de esas señoritas, era extraño que ahora pidiera a la sirvienta de la cocina y mucho menos creíble que en su cama, el futuro Rey no se acostaba con ninguna en sus aposentos a excepción de la terrícola.

- No es de extrañarse que el Príncipe vuelva a pedirla pues no hace mucho estaba en el harén siendo su favorita, además, quizá la humana le ha terminado por aburrirle.- respondió la pelirroja cerrando el horno después de dejar la bandeja dentro.

- Cállate Zangya, no debes entrometerte en esos asuntos y mucho menos expresarte así de su alteza y la señorita Bulma.- aseveró Yadara silenciando a la muchacha que simplemente se encogió de hombros.

En el harén las chicas pertenecientes al heredero se mofaron de la esclava que hace unos meses había salido de ese lugar para convertirse en criada en la cocina del palacio, ayer por la noche había llegado con su actitud soberbia exigiendo joyas junto al mejor vestido para prepararse para el Saiyajin Real pues alegó que él mismo la había pedido en sus aposentos, ahora sabían que era una mentirosa, minutos después que había ido hacia el futuro Rey para su encuentro había regresado y encerrado en una de las habitaciones del sitio de donde no había vuelto a salir, se podía escuchar si se acercaban a la puerta sus sollozos y entendieron que su alteza ni siquiera la tomó.

Esa noche no pudo dormir más que un par de horas, había sido el peor día en toda su existencia gracias a ese maldito hombre del que se había enamorado y esa estúpida mujer terrícola que era su mayor obstáculo para llegar a ganarse al amor de su vida, Arian apretó los puños y se sentó de golpe sobre la cama en donde había reposado después de la vergüenza que pasó al ser despreciada de esa forma tan humillante por el heredero ¡No podía ser! El imbécil de Tarble le había asegurado que Vegeta estaría con ella y el majadero la echó de su lado como a una basura ¡Qué demonios le sucedía a ese sujeto! Ella era bonita, tenía buena figura, un rostro agraciado por eso no podía llegar a comprender el porqué le desagradaba al Saiyajin Real si en un tiempo disfrutó en sus brazos y ahora él la desechaba. Había llorado prácticamente toda la noche hasta que el sueño la venció, sus compañeras del harén la vieron entrar con prisa semidesnuda con el vestido en sus manos y a decir verdad ahora le daba pena salir, sabía que ellas se burlarían cuando menos por su desdicha, pero debía superarlo, ella ya no pertenecía a las mujeres del Príncipe y debía regresar a la cocina antes que alguien le exigiera volver, así que con todo el pesar se puso de pie dispuesta a darse un baño e irse a retomar sus labores, pero antes debía hacer algo, debía hablar con el bueno para nada del principito menor, era mejor que atacara directamente a la humana gravosa que obstaculizaba en su camino y la mejor manera sería hablándole al menor sobre sus sospechas, si, usaría esa información ahora para su beneficio… debía decirle a Tarble que posiblemente esa zorra azul estaba preñada, la acabaría con eso.

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El viaje al primer planeta en la lista de purga quedaba aproximadamente a unos tres días de distancia hasta arribar en el suelo de ese astro, en esa misión, debían conquistar cinco planetas, tres de estos albergaban seres con bajo poder y aunque tenían una población extensa al ser satélites de gran tamaño no les sería difícil exterminar esas razas, los últimos dos eran un poco distintos, en estos residían seres de mayor poder que habían evolucionado a lo largo de los años hasta obtener poderes decentes, casi como los soldados Saiyajin de tercera clase de Vegitasei, si la mayoría de esos tipos estaban en ese rango de lucha les sería un tanto difícil purgarlos, aunque los retos eran la mejor parte de ese trabajo, es donde ponía a prueba las habilidades obtenidas a lo largo de esos duros entrenamientos a los que se sometía, esos alienígenas terminarían siendo o eliminados o yaciendo parte de su imperio como esclavos.

Su mayor preocupación ahora no era luchar contra individuos desconocidos, la dueña de su intranquilidad había quedado sola en su planeta, protegida sí, pero si su padre, Tarble o a los del consejo se enteraban del estado de la terrícola durante su ausencia ella no la pasaría nada bien y menos esos sujetos si llegaban a ponerle una mano encima, fuese como fuese híbrido o puro ese crío que la humana llevaba dentro era su hijo y por ende su heredero, no sería nada fácil lo que le esperaba pues el pueblo entero se opondría a esa decisión que él había tomado definitivamente, había cometido el error de no cerciorarse de que su sangre no fuera compatible con la de la hembra pero ya todo estaba hecho, la femenina le pariría un primogénito, la idea le agradaba por más negativo que se viera todo, si tan solo la mujer fuera Saiyajin no lo pensaría dos veces y se uniría a ella como las leyes lo dictaban, la científica le era agradable, parlanchina y berrinchuda pero era inteligente y atractiva cosa que lo había cautivado desde el primer momento en que la vio, hasta este punto no se arrepentía de nada, estaba logrando con creces lo que desde que era un chiquillo se propuso, había sobre pasado el poder de su padre desde hace muchos años siguiendo este en aumento con cada entrenamiento y dentro de un par más se coronaría Rey como las leyes Saiyajin regían, llegando el Príncipe a los 21 años y si para entonces ha sobrepasado los poderes del monarca en trono podría este tomar el mando del imperio si el consejo y el presente soberano lo aprobaban.

Por ahora solo le quedaba relajarse un poco, necesita estar descansado y con energía a tope para la llegada al primer planeta de purga, Vegeta recostó su espalda en el asiento acojinado de la nave y pulsó el botón para activar la cámara de gas que lo mantendría en estado de hibernación hasta su destino.

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Los días pasaron lentos para la ojiturquesa en Vegitasei, esas última tres noches que transcurrieron desde que el heredero partió había terminado derramando algunas lágrima contra la almohada mientras sus ojos divagaban por el lugar vació a su lado en la cama, él no estaba y sus hormonas alteradas por su estado la estaban volviendo más susceptible de lo que creía a su ausencia, a cada momento se deprimía al sentirse sola en ese planeta desconocido y aunque ya llevaba más de tres años viviendo en esa estrella llena de seres salvajes no lograba acostumbrarse y probablemente jamás se llegaría a sentir como en la Tierra, en su astro era una mujer libre que podía ir y venir hacia donde ella quería y aunque el Príncipe comenzaba a darle libertades no podía considerar este un sitio para creerse plena o mucho menos considerar el castillo un segundo hogar. Por lo que el Saiyajin Real le había dicho ahí nadie la quería ni apreciaba por ningún motivo que en su vientre cargara la descendencia del linaje del futuro Rey, para ellos era un vergüenza que un niño híbrido fuera parte de su legado, lo sabía, su hombre no se lo había dicho con esas palabras tan crudas pero ella no era ninguna tonta, conocía parte de sus leyes que tuvo que aprender con el paso de los meses en ese lugar, estaba más que sabida que su bebé no tendría el mismo recibimiento que el que le darían sus seres queridos o amigos si viviera en la Tierra.

Era el tercer día sola, estaba sentada en una silla en el balcón de su alcoba, había pedido a las sirvientas que se encargaban de la limpieza que le llevasen un juego de terraza para poder respirar un poco de aire puro por las mañanas y tomar el sol suave, eso le hacía bien, su mente se despejaba cada vez que estaba allí leyendo un libro o simplemente disfrutando de la brisa fresquilla que acariciaba su piel. Después de leer un poco dejó el libro en la mesita frente a ella donde tenía sus pies descalzos subidos y alzó la mirada para observar al soldado que Vegeta había dejado a su cuidado, el hombre siempre se mantenía a unos metros de su persona incluso cuando dormía, el Saiyajin solía quedarse fuera de la habitación a velarla. La peliazul amurró sus labios al detallar esas facciones endurecidas en rostro del individuo que miraba hacia el frente, él era demasiado callado para su gusto, con las pocas charlas que habían entablado esos tres días se había enterado que Raditz era el hermano mayor de Goku o "Kakaroto" como era su nombre, esos dos no se parecían en nada, si el tipo de cabellera larga no se lo hubiera dicho ella jamás hubiese sospechado que esos dos tenían conexión alguna, había visto al escolta un par de veces antes de conocer al Príncipe, este solía patrullar la zona de los laboratorios y también coincidió con él en otros sitios como en su cumpleaños, ahora entendía, Milk también lo mencionó alguna veces como cuando fueron a ver a Vegeta luchar en el torneo en honor a su natalicio, él se había acercado a ellas y cruzado un par de palabras con la morena. La chica suspiró un poco saliendo de sus pensamientos desviando la vista del joven hacia delante, se puso de pie sin colocarse los zapatos tomando el vaso de jugo que reposaba en la mesa para darle un sorbo volviéndolo a colocar en su lugar.

- Raditz, quiero ir a caminar ¿Conoces algún lugar donde podamos ir fuera del castillo?- comentó ella sonriendo llegando hasta la orilla del balcón para observar la ciudad que podía notarse a lo lejos.

- ¿Se refiere a algo como la ciudad?- preguntó el Saiyajin descruzando sus brazos para tomar una pose más relajada al ver a la hembra girar su rostro hacia él.

- No precisamente, en mi planeta solía irme de campamento y nos quedábamos varias noches con mis amigos a la intemperie.- comento riendo al ver que el sujeto solo alzó una ceja intuyendo que él no comprendió del todo sus palabras.- Quiero decir…- continuó girando del todo su cuerpo hacia el hombre que tenía su atención en ella.- A que quiero ir a caminar al aire libre, al campo… bueno no sé realmente como explicarlo.- agregó poniéndose más seria pues dudaba que ellos conocieran esos términos.

- ¿Habla de ir al bosque?- cuestionó el soldado vislumbrando lo que la femenina trataba de decirle.

- ¡Sí! Quiero ir a explorar ¿Podemos ir?- preguntó emocionada, ya que lo pensaba podía aprovechar la ausencia de su Príncipe para conocer más los alrededores del planeta y así conseguir distraerse un poco para que el tiempo pasara más rápido.

- El Príncipe me ha ordenado estrictamente cuidarla, no puedo arriesgar a que algo le suceda fuera del castillo.- habló Raditz con toda determinación, estaba al tanto de que esa mujer era valiosa para su alteza, tanto que la había dejado con vigilancia día y noche por varios soldados y si algo le ocurría a esa hembra no quería ni imaginar lo que Vegeta le haría, en menores casos lo destituiría de su rango al mismo tiempo en que lo correría del castillo y el peor ambiente le arrancaría la cabeza.

- ¡Ay no seas exagerado! No me pasará nada malo si voy a caminar al bosque, además tú estarás conmigo todo el tiempo.- expuso la científica en un tono convincente, su bebé y ella necesitaban urgentemente salir de ese encierro que solo se había autoimpuesto, ni siquiera había pensado en ir a ver a su padre, desde que el heredero partió solo se había limitado a llorar por las noches, pensarlo en el día y extrañarlo cada minuto que pasaba.

- Bien, pero si lo considero riesgoso volveremos en cuanto yo lo diga.- aseguró el Saiyajin de melena larga.

- ¡Excelente!- exclamó la ojiturquesa dando un pequeño aplauso con felicidad.- Ahora espérame afuera, debo prepararme para salir.- demandó y el hombre asintió para dejarla sola en la habitación.

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Hacía un par de horas el sistema de alarma se había activado despertando al Príncipe Saiyajin de su letargo sueño así como a los demás soldados en sus respectivas naves cuando estaban a minutos de aterrizar en el planeta a purgar, el enorme astro que se imponía ante la vista del escuadrón era solemne, aún no había entrado en la atmósfera de esa estrella pero su tamaño descomunal no era algo que se veía con regularidad, eran pocos los mundos que podía tener semejante masa y si encontraban algo que no estaba en sus registros para saquear de este terreno podría ser aún más valioso.

Cuando pisaron tierra pudieron ver lo que les esperaba, el clima de ese planeta resultó ser caluroso, tanto que en cuanto salieron de sus naves pudieron sentir el golpe de calor que caló su piel que aún siendo susceptible a cambios climáticos notaron la gran diferencia sofocándose un poco bajo el intenso sol que les daba de lleno. El territorio era árido e improductivo, por lo menos el área en la que aterrizaron lo era, no había ni una sola planta o árbol existente pero era algo lógico, parecía que en el sitio hacía décadas que una gota de agua no caía. Vegeta miró a sus soldados que cubrían un poco sus ojos con sus manos para acostumbrarse a la fuerte luz solar que estaba sobre ellos, su escuadrón estaba conformado por su mano derecha Kakaroto, Broly, Caulifla, Kale y Nyu que se había integrado hacía pocos días.

- Puedes sentir eso Kakaroto.- disertó el Príncipe con una sonrisa arrogante, tanto el soldado de tercera clase como él habían aprendido la técnica de percibir el ki sin necesidad de un scooter a excepción de los demás guerreros en Vegitasei, aunque seguía utilizando los aparatejos en su oído para comunicarse entre sí.

- Son muy débiles.- respondió Goku con certeza girando su rostro a su superior. Los demás que no comprendieron el cuestionamiento del heredero pues ignoraban esa técnica encendieron el rastreador y entonces comprendieron de lo que ese par hablaba.- Pero no debemos confiarnos, quizá tengan un haz bajo la manga.- agregó el Saiyajin viendo como el futuro Rey amplió su sonrisa perversa.

- ¡Eso no los salvará de ser eliminados como unos gusanos!- bramó el Saiyajin Real con entusiasmo elevándose en el aire lentamente hasta una altura donde pudo divisar estructuras a lo lejos concluyendo que eran las viviendas de esos seres. Los demás siguieron su paso levitando cerca de él esperando órdenes.

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Desde que se había aparecido en el área de la cocina los cuchicheos entre las sirvientas de cocina no se habían hecho esperar, cada vez que ella pasaba frente a esas chismosas la miraban con una sonrisa de burla y se acercaban entre sí para hablar entre dientes, no era necesario pensarlo demasiado, las harpías se mofaban a sus espaldas y casi en su nariz por el fracaso con el heredero, sentía tanta vergüenza de su poca suerte, hiciera lo que hiciera Vegeta ni siquiera volteaba a mirarla, la había humillado de la peor manera y ahora todas las esclavas lo sabían convirtiéndola en motivo de diversión, era realmente bochornoso pero no podía hacer más que ignorar esas mujeres que la señalaban, debía enfocarse en algo mejor e ir directamente a lo que le convenía, hablar con Tarble y hacerle saber sus sospechas, así que entre más pronto mejor, esa noche que sus labores terminara lo buscaría para informárselo.

El día pasó pronto, mientras la peliazul estaba en el bosque parte de la mañana y la tarde Arian se hundía cada vez más en su miseria, había pensado en que si la terrícola en verdad estaba embarazada era tanto un punto a su favor como en contra, ese día que la humana se desmayó notó al Príncipe Vegeta desesperado por ella e inmediatamente la auxilió, eso quería decir que esa tipa representaba para él algo más que una simple concubina con la que se revolcaba, y no era necesario cavilar demasiado en los hechos, si él la tenía conviviendo directamente con su persona en su recámara es porque tenía una relación más constituida con esa golfa, pero también si esa estaba en cinta jugaría a su fortuna y todo en contra de esa alimaña azulada, sabía que el futuro Rey solo podía tener descendientes con una hembra Saiyajin, todo el reino entero estaba sabido de esa ley, sonrió perversa, a esa mujer le cortarían la cabeza cuando se enteraran que esperaba un engendro mixtáseo de Vegeta, pero no podía dejar todo al azar ¡Debía hacer algo y debía hacerlo ya!

Enjugó sus manos con rapidez una vez que dejó la loza limpia sobre un escurridor después de asear todo una vez que los Saiyajin habían cenado en el comedor, eran alrededor de las diez de la noche, si quería hablar con el Príncipe menor debía apresurarse para encontrarlo en los pasillos, secó sus manos en una manta que dejó sobre la mesa de la cocina aligerando su andar fuera de ese sitio y como si el chiquillo hubiese escuchado sus plegarias, en ese mismo momento el sujeto venía hacia ella y detrás de él un par de soldados que casi siempre lo acompañaban.

- Príncipe Tarble.- saludó con una reverencia irguiéndose en su pose.

- Esclava…

- Príncipe estaba por ir en su búsqueda, necesito que hablemos.- articuló ella con algo de prisa, Yadara le había dicho que no quería volver a saber que vagaba por el castillo en áreas que no le correspondían a fin de evitar problemas con los soldados que custodiaban los pasillos a los que no les gustaba ver a esclavos fuera de su lugar de trabajo.

- Hablemos entonces, sígueme.- ordenó caminando con la femenina tras él, se había enterado por medio de las mujeres del harén que su hermano no había tomado a esa tonta, fue tan ingenuo en pensar que Vegeta volvería a follarse a esa inútil que después de todo no le servía para nada ni siquiera para seducir un guerrero.

- Tengo información que creo que le será de utilidad.- comentó la joven de cabello esmeralda andando unos pasos tras el sujeto que giró un poco la cabeza en señal de que estaba escuchándola, Arian suspiró un poco, la emoción que sintió dentro de su pecho en ese momento fue como si presenciara en el mismo instante que estaba destruyendo a esa maldita humana, era una especie de satisfacción e incertidumbre pues esperaba que ahora la fortuna le sonriera y todo saliera como lo esperaba; pasó su lengua sobre su labio inferior, debía confiar en que así fuera.- Tengo la seguridad que la terrícola está embaraza de su alteza.- agregó entrelazando los dedos de sus manos a la altura de su cintura mirando como el menor detuvo su andar girando su cuerpo para verla de frente.

- ¿Qué estás diciendo?- cuestionó Tarble descruzando ahora sus brazos de su pecho ¿Había escuchado bien las palabras de esa vasalla? No pudo procesar nada más lo que su lógica le decía, su sangre Saiyajin no era compatible con ninguna otra raza que no fuera la propia ¿Es que esa mujer estaba tratando de tomarle el pelo? ¿O estaría simplemente equivocada?

- He visto muchas cosas que me hacen llegar a esa conclusión.- respondió la chica esbozando una sonrisa maliciosa recargada de perversidad.

- Eso significa que son simples sospechas, no hay seguridad de nada.- comentó Tarble girándose para volver a su andar pensando seriamente en los dichos de esa femenina ¿Y si ella no se equivocaba? Era mujer, debía de saber los cambios que había en una hembra preñada como para afirmar tal cosa así que no podía tomárselo a la ligera, si esa humana esperaba un hijo de su hermano podría equivaler a la ruina del mayor, quizá más que eso, no sería simplemente su ruina, esto era una información que valía mucho, si era del todo cierto y llegaba a oídos del consejo incluso podrían destituir a Vegeta como sucesor a la corona, además, el pueblo jamás aceptaría que el futuro Rey les diera un descendiente híbrido y débil. El joven Príncipe sonrió para sus adentros, las propias palabras despectivas el heredero siempre escupía en su contra ahora se revocaban en su retoño que evidentemente nacería deleznable y sin poderes; la científica era inteligente, pero no bastaba con que un chiquillo solo fuera un genio, sino era fuerte físicamente jamás sobresaldría en un planeta como el suyo, prueba de ello era él mismo, le había costado mucho llegar a la posición donde estaba ya que no tuvo el júbilo de ser un guerreo prodigio como el presente sucesor a la corona que tenía todo lo que un Saiyajin pudiese anhelar, ahora, lo más importante para sus intereses era decirle a su padre lo que estaba pasando.

- Estoy segura que es así, pero si quiere confirmarlo con toda certeza pueden practicarle un examen a la humana para tener la convicción de su estado.- habló la muchacha con indudable felicidad en su rostro.

- Finalmente haces algo bien esclava.- articuló Tarble deteniéndose para mirar a la chica que lo observaba con alegría.- Ahora vete y espera una recompensa por tu buen trabajo, yo me ocuparé del resto para hundir a ese par.- bramó con jactancia el chico observando a la sirvienta hacerle una reverencia para retirarse, ahora debía pensar bien lo que debía hacer y buscar el mejor momento para hablar con el Rey.

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La misión estaba saliendo de acuerdo a lo esperado, aquel planeta al que habían llegado tres días después desde la partida de Vegitasei había resultado demasiado fácil conquistarlo, el único problema surgido además del clima hostil del lugar fue que no había alimentos que pudieran consumir, esa raza que existía en aquel sitio se alimentaba simplemente de agua extraía de otro planetas poco amenazantes con los que tenían tratos de convenios, el cristal líquido mezclado con una clase de fango era su sustento, pero ellos necesitaban nutrir sus músculos con carne, solo dos días les había bastado para purgar la estrella a pesar de su enorme tamaño cosa que les había pasado factura pues no habían probado nada más que agua, así que antes de ir al hacia el siguiente astro como blanco de purga deberían de parar en una de esas estrellas comerciales que quedaban a su paso para poder reponer energías, no debían entrar en inanición siendo que podían perder con tranquilidad una noche para descansar y comer así que se pusieron en curso.

Pasaron unas horas más desde que despegaron del primer planeta tomado en su lista hasta llegar al asteroide que era famoso por estar repleto de operaciones lucrativas, era un astro de paso donde vendían todo tipo de cosas, sean alimentos, inventos o repuestos para naves que generalmente tenían fallas durante los viajes largo, su prioridad ahora era tomar provisiones, descansar una noche y partir al siguiente día pues no podían darse el lujo de quedarse más tiempo. Una vez bajaron de sus naves algunos de los seres que habitaban el territorio se alejaron pues reconocieron la raza que estaba de visita con solo ver sus colas.

- ¿Cuál es el plan Príncipe?- se escuchó la voz de Kakaroto que simplemente observó a los alienígenas alejarse de ellos despavoridos, a los comerciantes no les gustaba en absoluto tener a esos sujetos allí y mucho menos a su alteza, era sabido a nivel espacial que el Saiyajin Real tenía un carácter explosivo y si no le agradaba algo volaría el planeta sin pensarlo, ya había pasado antes y ahora podría ser su turno.

- Vayan y hagan lo que quiera, mañana a primera hora partiremos.- moduló el joven con una sola idea en mente, comer hasta saciar su voraz hambre a solas en una de las habitaciones de esos hostales.

- ¿No vendrá con nosotros su alteza?- preguntó Caulifla esperanzada, ella siendo una de las Saiyajin postulantes a ser la esposa del futuro Rey era una de las interesadas a estar cerca de él, siempre se había mostrado aquietada cuando de estar en su compañía se trataba, pero ahora su mayor rival estaba allí con ellos y tenía la seguridad que Nyu no se quedaría de brazos cruzados sin hacer nada para arrastrarse ante el heredero como una ofrecida, conocía que la clase de mujeres como ella harían lo que sea para ganarse la confianza e inmiscuirse entre los ojos del Príncipe, Kale también lo había notado y hecho saber, ambas se habían dado cuenta de la manera en que esa coqueta miraba a Vegeta, no tardaría en mostrar su naturaleza ahora que tendrían un poco de tiempo.

- ¡Tks!- articuló el mencionado con fastidio, no necesitaba estar con esos inútiles para alimentarse, caminó lejos de su nave apretando el botón en su control para cerrar la esfera y se dirigió hacia uno de los hostales que podía verse desde su posición, en el lugar varios seres lo observaron y mientras unos se alejaron de su presencia otros pocos se acercaron para darle la bienvenida, estaba de tan mal humor, que dudaba poder soportar sus tonterías.

- Ya saben cómo es Vegeta, disfruta de su soledad más que estar con nosotros.- comentó Kakaroto con una sonrisa mientras llevaba ambas manos a su estómago.

- Es mejor así.- manifestó Broly viendo al sucesor de la corona caminar lejos de ellos inmiscuyéndose entre los alienígenas que transitaba por la calle del hostal.

- ¡Bien no perdamos más tiempo y vamos a comer! ¡Muero de hambre!- expresó el de cabello alborotado animado por probar alimentos, hacía mucho que no probaba nada y aunque estaban acostumbrados a pasar apetencia durante las misiones cuando se encontraban en lugares sin alguna cosa que poder consumir esta vez juraría que no soportaría un momento más.

- ¿Siempre es así?- cuestionó Nyu que se había mantenido al margen observando al Saiyajin Real, él se miraba tenso por eso optó por quedarse callada.

- No le gusta que lo molestemos, ya te irás acostumbrando.- pronunció Kale comenzando a andar al lado de sus compañeros dirigiéndose a uno de los bares al otro de la calle.

Cuando lo habían visto entrar uno de los comerciantes palideció, la reputación del Príncipe Saiyajin era bastamente conocida por cada ser de la galaxia y su actitud osca no era algo con lo que quisieran tratar, así que le dieron lo que pidió de la manera más eficaz y lo remitieron a la tercer planta de la casona enviándole una gran cantidad de bandejas con alimentos pues así lo había exigido.

Unas horas después los élite disfrutaban del buen ambiente, Broly parecía el más afectado con el licor que ofrecían en ese lugar, habían pedido varias botellas y engullido más comida de la que en su vida pensaron hacerlo, tanto los hombres como las mujeres consumían por igual, su apetito solo se vio saciado después de una fila de bandejas repletas que habían terminado vacías sobre la mesa. La nueva integrante del grupo no había querido probar demasiado alcohol, por ahora solo tenía un objetivo en mente y debía mantenerse lúcida para llevarlo a cabo, esos días cerca de heredero no había tenido el más mínimo tiempo para acercársele así que esta era una oportunidad más que perfecta para buscarlo, Vegeta estaba lejos del grupo y debía valerse de ello, no habría mejor momento que ese para ofrecerle su compañía, el hombre estaba solo en el espacio lejos de las demás mujeres en su planeta, a millones de kilómetros de su harén y de esa concubina con la que se revolcaba en su alcoba. El Saiyajin era joven, fuerte, enérgico y seguramente demasiado viril, sin una hembra a su disposición desde hace varios días probablemente requería de atenciones que ella estaba dispuesta a ofrecerle, si él la aceptaba no habría nada que pudiera negarle, quería al futuro Rey para ella, estaba dispuesta a llegar a todo con tal de amarrarlo, no era mala idea pensar en que podría preñarse de él, darle un hijo antes de la coronación sería la mejor noticia que podrían darle al imperio, un chiquillo fuerte de sangre real era lo que necesitaba para asegurar su futuro al lado del guerrero.

Nyu, movió su cabeza para observar a sus compañeras servirse más bebida en sus respectivos vasos, ese par no representarían más un estorbo si es que lograba llevar dentro de ella un hijo de la realeza, debía asegurarse de acostarse con el hombre la mayoría de veces que pudiese para volver a Vegitasei embarazada y con la victoria en sus manos, una que nadie podría arrebatarle si es que lo lograba. Observó con sus ojos rasgados a los varones que estaban ahí con ellas y no pudo evitar pensar en qué si las cosas no resultaban debía tener un segundo haz bajo la manga, indiscutiblemente no cesaría su afán por conquistar al heredero, pero algunas cosas nunca salían como se esperaban, Kakaroto y Broly no parecían malas opciones, primero fijó su escudriño en la mano derecha del Príncipe, el sujeto no era feo pero definidamente no era su tipo, por otra parte estaba el otro soldado, guapo, fuerte y un élite con buena posición… No desvaríes Nyu, el Príncipe Vegeta es el único hombre que mereces… mugió para sus adentros, rodó los ojos hasta fijarlos en la copa entre sus manos pudiendo notar su corazón acelerado, esperaba que todo le saliera bien. Se puso de pie alisando las arrugas en su traje a la altura de abdomen, debía ir a buscar al Príncipe ahora mismo.

- ¿Te vas tan pronto?- preguntó Kale posando su mirada en la mujer al igual que sus demás compañeros.

- Me siento muy cansada, no puedo esperar más por echarme a dormir.- respondió tratando de sonar lo más convincente posible, ellos no podían sospechar y menos Caulifla que la observó con duda.

- Deberías esperarnos Nyu, a Broly no le queda mucho por retirarse.- expuso Kakaroto mirando al soldado borracho que seguía engullendo licor, ahora se tumbaba una botella llena que recién había pedido, por suerte para mañana estaría bien, los Saiyajin procesaban con más rapidez las sustancias embriagantes que los humanos y la resaca no le duraría mucho.

- Mañana nos vemos, descansen.- habló la chica decidida regalándoles una sonrisa para caminar hasta la salida del lugar. Una vez afuera miró hacia atrás encendiendo su rastreador, sus compañeras eran capaces de seguirla y por ahora estorbos era lo que menos necesitaba.

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La comida del sitio no le desagradó, no era tan buena como la de su planeta pero era mejor que tener nada para reponer energías, hace rato había terminado de alimentarse y ahora se desvestía para poder tomar una ducha. Antes de quitarse el rastreador apretó un par de botones para acceder en la línea de su humana, esperaba que fuera molestosa pero hasta el momento no recibió comunicado alguno, significaba que todo estaba yendo bien con ella en el planeta, era mejor que los soldados y el propio Raditz cuidaran a la femenina con su vida, solo esperaba completar la misión para regresar, tres meses sin verla parecían mucho tiempo. Se sentó en la cama dejando el scooter de lado y se quitó la armadura así como la parte superior de su traje, esa terrícola estaba tomando más control en él de lo que estaba realmente dispuesto a ceder, ella era demasiado atrayente ¿Sería su naturaleza tan distinta a la suya que la hacía tan interesante? Si la tuviese ahora en esa cama no dudaría un instante en hacerla suya, era una criatura delicada y su carácter no le incomodaba en lo absoluto, se divertía con sus berrinches en muchas ocasiones pero un Saiyajin de su clase no podía permitirse liarse sentimentalmente a ninguna mujer y menos a ella, los sentimientos eran basura que solo volvían débiles a los poderosos, además, tarde o temprano tendría que hacerle saber a la científica que él tomaría a una Saiyajin como Reina para poder ascender a la corona aunque fuera la humana quien le diera un vástago. El Príncipe se puso de pie para terminar de desvestirse, lo único que quería ahora era tomar una ducha y tirarse a la cama, su cuerpo le estaba exigiendo descanso.

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No había tenido si quiera que amenazar al sujeto a que le dijera dónde estaba la habitación del Saiya Real, ahora estaba frente a su puerta, en realidad se sentía un poco nerviosa, cualquier mujer de su planeta desearía estar en su lugar ahora, torció sus labios carnosos en una sonrisa seductora, la idea de estar en brazos de su futuro marido era la sensación más agradable que podía experimentar en ese momento. Tocó un par de veces ligeramente, lo último que quería era importunar pero debía ser firme en lograr sus objetivos.

Posó la mano en el pivote de la puerta y la giró, no estaba con seguro para fortuna suya y entró con pasos suaves observando la recámara vacía, en una de las mesas estaban unas bandejas vacías y al lado de estas un vaso de vino, sonrió para sí misma entrando para cerrar la puerta tras ella, al volver su mirada al frente pudo observar la ropa del Saiyajin en piso junto a la armadura, su oído agudo también captó el sonido del agua caer al fondo de la habitación concluyendo que él tomaba una ducha. Dio unos pasos más adentrándose para sentarse a la orilla de la cama, la vida que le esperaba como reina de Vegitasei sería totalmente digna de ella, tener como marido al Rey Saiyajin era lo mejor que podía pasarle, desde pequeña fue educada y criada para servirle a su alteza, la nodriza siempre le dijo que debía ser sumisa y complaciente con el hombre pues era lo que una buena compañera hacía además de darle críos dignos de su sangre real. Cruzó su pierna sobre la otra dejando el muslo expuesto, el traje que portaba dejaba al descubierto sus broceadas piernas. Una vez que escuchó el agua cesar arregló su melena lisa negra peinándola con los dedos al momento en que miró al joven salir con una toalla en sus manos secando su cabello y la otra alrededor de su cintura.

- Su alteza.- pronunció en un tono sumiso grabando en su memoria la espectacular vista de la cual sus ojos se regocijaban, el guerrero era todo un portentoso hombre que a cualquier hembra le erizaría los vellos como a ella en ese momento, sintió un escalofrío atravesar su columna crispando los pelos de su cola que desenroscó de la cintura. Vegeta observó a la mujer en su cama en una pose nada disimulada, mostraba su larga extremidad en una invitación que hablaba por sí sola.

- ¿Qué demonios haces aquí?- preguntó golpeado tirando la toalla con la que secaba los restos de agua al piso marcando más el entrecejo que mantenía fruncido.

- Príncipe Vegeta.- pronunció ella coqueta poniéndose de pie para dar unos pasos hacia él.- Imaginé que después de estos días luchando necesitaría relajarse un poco.- agregó alzando una de sus manos para colocarla con descaro en el hombro del Saiyajin que fijó su penetrante mirada en el toque que ella le daba y luego observó el rostro de la mujer, lo primero que había aprendido una vez se convirtió en hombre es que oportunista como esa jamás faltarían, no era ningún estúpido, hembras como la de su escuadrón tenían la falsa idea de que si se acostaban con él podrían obtener beneficios, lástima para ellas pues conocía todas y cada una de las artimañas de esas brujas.- Pensé que podría ayudarlo con ello.- finalizó apretando sus delgados dedos sobre la piel bronceada del joven que tomó la muñeca de la femenina apartándola de un tirón de su cuerpo torciendo su boca en una sonrisa fría, gesto que incomodó a la muchacha que esperaba a que no fuera demasiado difícil convencerlo de liarse en la cama.

- ¿Y qué te hace pensar que eres digna de ser mi entretenimiento?- cuestionó él dando un paso hacia la jovencita que agrandó sus ojos con sorpresa al escuchar sus duras palabras ¿Es que acaso ser una guerrera elite, hermosa y de buen linaje no era suficiente para ser honorable a su persona? De todos los escenarios que vislumbró en su mente ninguno resultaba en una negación por parte de él, estaba tan convencida de que él la aceptaría en su lecho que se negaba a creer que ese sujeto fuera un ser tan desdeñoso y petulante para tratarla de aquella manera tan denigrante ¡Ella no solo era un simple entretenimiento! Por muy Príncipe que el Saiyajin fuese no le daba derecho a verla como si se tratase de una concubina la que se estaba ofreciendo para calentar sus sábanas.

En primera instancia las delgadas cejas negras de la pelimarrón se juntaron marcando un delicado entrecejo que demostró molestia con la pregunta de él, pero luego una idea vino a ella, si quería lograr estar en los brazos del heredero debía ser firme por mucho que le molestara ese comportamiento jactancioso de su alteza, una chica inteligente no debía caer en la provocaciones del tipo que la miraba con sus ojos negros quizá juzgándola en su interior o simplemente mirándola como a un gusano al cuál aplastar, sea cual sea las ideas que por la cabeza del Saiya pasaban no debía dejarse menospreciar o sentirse menos, sabía lo que como mujer valía, no era cualquier ser ni pertenecía a cualquier raza inferior a la cuál Vegeta pudiese sojuzgar por lo que la expresión de sorpresa de la jovencita mutó de una de desconcierto a una sonrisa seductora.

- Por si no la sabe mi Príncipe.- habló acortando la distancia que la separaba de él llevando sus manos al pecho desnudo y húmedo del joven donde posó sus palmas acariciándolo, si sus palabras no eran lo suficientemente buenas para convencerlo trataría de llegar a él con el uso de sus cualidades, estaba inequívoca al pensar que era una hembra atractiva a los ojos del sexo opuesto y guerrero o no, Príncipe o quien fuera, Vegeta al fin y al cabo era hombre por lo que se animó a hablar.- Frente a usted está su futura compañera, la madre de sus cachorros y dueña de sus noches.- expresó bajando lentamente su toque hacia el abdomen del hombre que observó lo movimientos de la muchacha mientras hablaba. No hubo necesidad de meditarlo demasiado o escuchar más palabras absurdas, con solo ver la facha desvergonzada de la mujer podía concluir que no solo pretendía un simple polvo, sino, ser una de sus amantes, porque si le diera la oportunidad de complacerlo y el honor de revolcarse con el Príncipe Saiyajin sería el único título al que ella podría aspirar, una prostituta más a la que podría usar, pero ahora no era el momento ni estaba de humor para soportar una femenina superficial como la que se estaba atreviendo a ponerle un dedo encima como una vulgar ramera.

- Eres patética.- bramó el hombre marcando más el ceño irritándose, tomó las manos de ella nuevamente y la empujó soltándola, ahora no tenía tiempo para estupideces, debía descansar para continuar con la misión que era lo que realmente le importaba más que perder sus horas de sueño con esa frívola.- Lárgate, no quiero verte más por aquí.- finalizó pasándole de lado a la muchacha que se quedó estoica en su lugar ¿Qué es lo que realmente está pasando? Se preguntó mentalmente la femenina que se giró para ver al Saiya tomar su scooter que estaba sobre la cama, no se sorprendía que un guerrero de sangre real como él despreciara una chica como ella, que hermosa y fuerte pero no era una mujer perteneciente a la realeza siendo eso solo el obstáculo para que el Saiyajin pudiera despreciarla, pero viniendo de Vegeta que tenía un harén en Vegitasei conformado por señoritas de diferentes razas y en su cama a una simple terrícola era como para cuestionar ese comportamiento tan frío y vago de parte de él. Creyó firmemente hace unos momentos que aceptaría sus atenciones como cualquier hombre lo haría pero ahora esa seguridad con la que había entrado a su habitación era más que dudable.

- Perdóneme su alteza pero no comprendo.- musitó con decepción agachando la mirada.- ¿Es que a caso no le parezco atractiva?- inquirió volviendo sus ojos castaños a él que se dio la vuelta con el rastreador aún en sus manos.- Cualquier guerrero me querría desnuda en su cama pero me he estado guardando solo para usted.- añadió sin una pisca de inhibición confesándole al heredero que su pureza estaba siendo cuidada desde siempre y que él podría tomarla cuando lo decidiera pues era solo suya.

- ¡Ya lárgate y deja de joderme!- bramó el Saiyajin irritado al escuchar tanta estupidez salir de la boca de esa mujer, alzó su mano y en esta formó una esfera de energía apuntándola hacia ella, no sería condescendiente con ninguno de sus soldados y menos con ella solo por tratarse de una hembra, si no obedecía por las buenas aprendería a la mala que él no daba segunda orden.

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Dos meses y medio habían pasado desde que el escuadrón del Príncipe había partido a la purga de planetas, volverían victoriosos de eso estaba seguro y era en lo único que su hijo debía concentrarse, en hacerse más fuerte, llevarle triunfos a Vegitasei y prepararse para ser el mejor para cuando se llegara el día de su coronación. Por muchos años desde que era un mocoso intentó darle una buena educación como el futuro dueño de su trono, recibió duros entrenamientos así como clases sobre su cultura y todo lo que las leyes englobaban, no entendía en qué se había equivocado con ese crío.

Por ahora los asuntos de estado y diplomáticos lo manejaba él junto a Tarble que le ayudaba en la toma de decisiones mientras su heredero estaba fuera fortaleciendo el imperio y agregando planetas a su lista de conquistas, cualquier padre estaría orgullo de un guerrero como su primogénito pero no él, después de lo que el menor le había informado estaba más que harto de la actitud soberbia del Príncipe mayor, era una verdadera vergüenza que haya preñado a esa hembra débil y menuda que apenas podría parirle un hijo con vida, esa chiquilla escuálida ni siquiera soportaba llevar el híbrido en su vientre, ya se había enterado muy bien por boca del médico que la atendía de cuantos meses estaba la femenina y los problemas por los que pasaba al cargar un descendiente de la sangre real en su asqueroso interior, era enfermo imaginar un nieto de esa escuálida. Una total aberración.

El Rey se puso de pie, había cavilado durante varios días tomando la mejor medida no solo para Vegeta, sino también para el pueblo Saiyajin que estaría en contra en lo absoluto si su hijo les daba un sucesor débil, no quería ni imaginar lo que el consejo diría si se daban cuenta de ese garrafal horror. También estaba consciente de lo que el Príncipe mayor haría cuando se enterara de que esa terrícola ya no estaba en cinta, posiblemente ella muriera en el procedimiento y entonces podría mentirle diciéndole que ella sufrió algún accidente, con lo frágil que resultaba ser que sería una noticia creíble y no habría nadie que sospechara de él o de Tarble. Desde que su primogénito se encaprichó con la hembra no dudó que le traería problemas, problemas que ahora estaban resultando ser más grandes de lo que previó y por ello en ese instante se dirigía a la alcoba donde permanecía esa, su tormento acabaría ahora mismo en manos del mismo médico que la trataba para mantener al híbrido creciendo con salud en su vientre.

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"Es lo que necesitas hacer padre, mientras Vegeta esté fuera del planeta nos será de los más fácil deshacernos de esa terrícola y su mocoso, por lo que mañana debemos ponerle fin para siempre." Fueron las palabras exactas que Raditz escuchó esa noche cuando transitaba por el pasillo de la Sala del Trono donde se escuchaba la voz de Tarble y el monarca conversar, no fue necesario pensarlo dos veces… esa terrícola estaba en peligro… ¿Ella y su hijo? Comprendió entonces el por qué de la protección excesiva del heredero para con ella, ahora no solo tenía una vida que proteger sino también la de ese chiquillo y su revelación le cayó como un balde de agua fría, con el Príncipe lejos por muy fuerte que fuera él junto a los otros soldados que la custodiaban no podría defenderla solo, la milicia del Rey le propinarían una paliza si se oponía a la decisión de ese par por lo que su primer idea en mente fue avisarle a Vegeta de lo que allí estaba a punto de suceder.

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- ¿Rey Vegeta?- preguntó Bulma al abrir la puerta después de escuchar un par de toques en esta, no era para nada normal que el mismo Rey estuviera enfrente suyo, él sabía que el heredero no estaba en el planeta así que el hombre la había ido a visitar obviamente para hablar con ella. Sus ojos turquesa expresivos por la incomodidad que le causaba el soberano la hiso esconderse un poco más tras la puerta, gestaba ya cuatro meses en su vientre y desde que este se comenzó a notar no salía de su habitación para que nadie lo notase.

Cuando el sujeto dio un paso hacia el frente la mirada de la muchacha se movió del porte altanero del monarca hacia el rostro del este fijando sus orbes en los ojos ennegrecido del Saiyajin, la peliazul sintió una punzada en su pecho cuando el escudriño de él descendió hacia la zona sur de su cuerpo, esa mirada gélida la advirtió de lo peor y en un intento por ocultar su vientre retrocedió aún más ocultándose tras la puerta.

- ¡Maldita humana!- la voz estruendosa del monarca resonó con tanto poderío que se escuchó por los pasillos próximos de las alcobas reales, su vástago no estaba ahí para interponerse entre él y lo que iba a hacerle a esa mocosa que tantos inconvenientes le había traído con su llegada a la vida del Príncipe. Bulma dio un brinco en su posición y lo supo, ese hombre estaba frente a ella por el niño que llevaba dentro, no había otra explicación a la presencia de él así como a su despreciativo semblante, parecía una fiera que con solo mover un dedo podría acabar con su deleznable vida ¿Pero qué podía hacer? Su primer pensamiento fue su Saiyajin, ese que ahora estaba miles de kilómetros de Vegitasei, ese que aunque pudiera tomar el scooter y enlazar comunicación con él no podría llegar en segundos para protegerla de ese bárbaro que la observaba como a un animalito en caza. Dio un paso atrás, no tenía sentido seguir tras esa puerta si el monarca podía tomarla del cuello en un santiamén para quebrarlo. Lo único que en esos momentos lamentaba era la vida que llevaba dentro, si ese Saiya la asesinaba su bebé se iría junto con ella, no habría nada que hacer y… ¡Su padre! Quedaría desprotegido a la intemperie de esos monstruo que la darían el mismo fin, no podía permitirlo, no podía flaquear tan solo por tener ese ser poderoso mirándola con descrédito. Buscó con su mirada a Raditz, él podría ser quien la ayudara, era su escolta y estaba para cuidarla pero no lo vio fuera del balcón o cerca de la habitación. Tragó la saliva que se acumuló en su boca, no podía resignarse y conjeturar cosas que quizá el soberano ni siquiera había considerado, pero lo vio dar un par de pasos a ella, él la dañaría, la golpearía quizá o le lastimaría el vientre abultado que podía notarse sin esfuerzo.

El Rey observó a la chiquilla, efectivamente esa mujer estaba preñada de su hijo, comprobó sus dudas al posar su mirada en su abdomen que aunque no era demasiado grande se distinguía, ese chiquillo no debía nacer bajo ninguna circunstancia ¡Qué se estaba creyendo Vegeta y esa humana para desafiar a su imperio! Eran un par de insolentes pero él arreglaría los errores de su heredero de una vez, se abalanzó sobre ella que dio un paso atrás pero no pudo dar un segundo pues ya la había sujetado de un brazo.

- ¡Rey Vegeta suélteme!- chilló la chica abriendo los ojos que por inercia había cerrado cuando sintió el agarre doler en su piel, ese tipo la estaba sujetando de una forma tan brusca que el hueso en su brazo comenzó a dolerle demasiado a lo que arrugó sus labios en una expresión de queja.

- ¿¡Cómo te has atrevido a mezclar tu sangre con la de mi hijo humana insensata!?- gritó el Saiyajin fuera de sí, nadie podría salvar a esa chiquilla de que le extrajeran a ese bastardo de su interior, solo esperaba que muriera y así se desasearía de una vez por todas de esa miserable, bien podría en ese momento eliminarla con un solo golpe pero no quería ser el causante directo de su muerte, no se rebajaría si quiera a acabar con esa mujer repugnante de raza inferior que trastocó sus leyes a su antojo yendo en contra de sus costumbres, como Rey no podría permitir semejante tergiversación.

- ¡Basta! ¡Yo no he hecho nada!- respondió ella en un alarido pues ya comenzaba a sentir como el tipo estaba quebrando el brazo, sus ojos se llenaron de lágrimas y una sensación de terror la inundó ¡Él ya lo sabía! ¡Estaba ahí por ello! La mataría de eso estaba segura ahora que lo había escuchado y flaqueó, siempre se había caracterizado por ser una mujer fuerte, tenía una personalidad que no se apocaba con casi nada y esa casi se había llegado, no quería morir sin ver nacer a su niño, quería ver su rostro, saber cómo era, verlo crecer y darle la felicidad a su padre de ser abuelo, volver a verlo a él, al único que en ese momento podría auxiliarla pues no creía capaz a ningún soldado a oponerse ante las órdenes de su majestad, quizá esa era la razón del por qué Raditz no estaba ahí.

- ¡Soldados! Quiten a esta mujer de mi vista, llévenla con el médico.- bramó el soberano empujando a la muchacha contra el sofá próximo donde ella cayó boca abajo sobre su vientre, en el mismo instante la científica sintió el dolor en su abdomen y cerró los ojos al ver los hombres que entraron acercándosele.

- Me… me duele.- gimió Bulma sosteniéndose el vientre con ambas manos, su cuerpo se deslizó hasta caer al piso hincada, cuando el Rey la lanzó intentó protegerse con sus brazos pero la fuerza que el individuo usó era muy potente por lo que terminó cayendo con su abdomen sobre el brazo del mueble. Los Saiyajin miraron a la muchacha retorcerse de dolor en el piso, dudaron en tocarla. Nappa se enteró por los soldados que custodiaban el pasaje de la Sala del Trono la decisión que el Rey tomó sobre esa terrícola. Él se había encargado personalmente de educar al Príncipe Vegeta, conocía muy bien al vástago de su majestad y si la disposición de lo que el monarca iba a hacerle a su mujer lo mataría, los haría polvo estelar, al soberano, a los soldados partícipes y a él, estaba sabido de la fijación que el joven tenía por esa hembra, nadie en el castillo lo ignoraba y temió, él no sería parte de ello así que fue en búsqueda del Saiyajin Real encontrándolo en la habitación de su protegido para hacerlo entrar en razón.

- Rey Vegeta, el Príncipe…- pronunció llegando tras el monarca que observaba la escena de la manera más frívola que su sangre asesina lo permitía. Nappa miró al Saiyajin sin siquiera inmutarse ¿Es que acaso había perdido la razón?

- ¡Ayúdenme!- se quejó la ojiturquesa aún en el piso sintiendo punzadas de dolor en su vientre bajo, su bebé no podía morir así, no de esa forma, ella era su madre y lucharía por la vida de ambos a costa de lo que fuese, así que sacó fuerzas de donde no tenía y se levantó a medias del suelo yendo hacia la cama donde estaba el scooter, hacía dos días que se había comunicado con Vegeta, hacía dos días había escuchado su voz y no deseaba morir ahora, si podía decirle lo que estaba pasado lo haría.

- ¡Hagan lo que ordenado ahora!- alzó la voz el monarca girándose para ver a los soldados que asintieron yendo tras la peliazul, cada uno la tomó de un brazo, no querían hacer aquello, temía tanto al Rey pero en mayor medida al Príncipe, los liquidaría sin más.

- Rey recapacita, si Vegeta lo sabe…- intentó mediar Nappa pero el soberano estaba negado a escuchar cualquier consejo.

- ¡Cállate! Mi hijo no sabrás absolutamente nada.- bramó soberbio con el juicio nublado por el coraje, solo podía pensar en que con el fin de esa humana sus problemas se terminarían.

Los soldados prácticamente arrastraron a la muchacha hasta el ala médica del castillo, el doctor que había callado el estado de la ojiazul había recibido una paliza por parte de los nuevos soldados en entrenamiento en el campo de batalla cerca del castillo, para el alíen en forma de lagarto había sido más que una tortura, los Saiyans adolescentes prácticamente lo usaron como un saco en el cual propinaron sus más duros golpes, ahora estaba ahí con una pierna quebrada y él mismo haría abortar el hijo de su alteza, no tenía de otra, esos salvajes se fueron contra él como animales y si no hacía lo que el Rey dictaminaba acabarían con su vida.

Vio a los hombres del Rey entrar con la hembra de cabello turquesa que lloraba y se quejaba, no quería hacer aquello pero estaba impuesto, era su vida o la de la femenina y su hijo. Los hombres dejaron sobre la camilla a la chica e inmediatamente el médico tomó el brazo de la jovencita para inyectarle en sus venas un preparado de anestésico que la adormecería mientras extraía el feto de su interior, solo esperaba que sobreviviera, era un procedimiento donde se perdía mucha sangre y la concubina era débil, más débil que cualquiera en el planeta, en realidad sintió pena por ella.

- ¿Vas a ayudarme?- preguntó Bulma mirando al hombre vaciarle la jeringa dentro de su brazo, quería explicarle lo que estaba pasando, que él Rey quería matarla, deshacerse de su hijo pero su vista comenzó a nublarse en tanto el líquido entró a su torrente sanguíneo y se expandió por su cuerpo.

- No se equivoque, voy a extraerle el crío que lleva dentro en nombre de su majestad el Rey Vegeta.- afirmó el alienígena con serias palabras. La ojiturquesa logró escucharlo sintiéndose en una pesadilla y enseguida cayó inconsciente sin poder hacer nada para salvar a su bebé.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola hermosas! Recién acabo de revisar el capítulo para poder subirlo, muchas me han preguntado si abandonaré la historia y mi respuesta es "No" Solo que he tardado en actualizar por falta de inspiración, prefiero escribir algo con lo que quede conforme y que a ustedes pueda gustarles que subir un texto a medias que no sería de su agrado ni del mío.

Por favor déjenme sus dudas en un REVIEW, siempre las estoy leyendo y trato de responder en el siguiente capítulo, gracias a todas por su apoyo son lo mejor que me ha pasado en ese mundo de los fanfic, las quiero un montón y no se me desesperen.

Hubo una chica que me dijo que solo al rey podía referírsele como "su majestad" y que al príncipe puede llamásele "su alteza real" así que disculpen la confusión, una nunca termina de aprender jeje

Espero el cap sea de su agrado, bye bye n.n