CAPITULO XXI: Vendaval
–¿Qué el Príncipe qué? –preguntó con exaltación la Saiya de cabellos de ébano cruzándose de brazos con coraje al escuchar las palabras de su compañera.
–Lo que escuchaste, su alteza tuvo que regresar a Vegitasei, seguramente le surgió un problema para que se haya retirado sin completar la misión junto a nosotros.- comentó Caulifla con una sonrisa triunfante, entre más lejos estuviera el sucesor al trono mejor para ella y las demás chicas candidatas a la corona, el día que habían llegado al planeta mercante no dudó en ningún momento que la arpía de su "amiga" sería capaz de todo con tal de enredar a Vegeta en su sucio juego, lo comprobó ese día que la vio salir del bar apresurada, sus sospechas eran infundadas ya que no había duda que esa trepadora había ido tras el heredero para embaucarlo, por supuesto que la siguió evidenciando a esa tipa que estaba convirtiéndose en su más férrea rival, no vaciló ni un segundo en ir tras ella viendo que efectivamente esa zorra disfrazada había entrado en el hostal donde el Príncipe descansaba, por suerte la chica salió minutos después del lugar y ella no tuvo la necesidad de entrar para sacarla a rastras. Por un momento su interior se había descompuesto al pensar en la posibilidad que él la hubiese aceptado en su cama, pero al verla caminar fuera del sitio con sus manos empuñadas empujando a cuanto alíen se le atravesaba pudo convencerse que Vegeta la corrió como la ofrecida que era, su sonrisa ahora se amplió al ver el rostro iracundo de la femenina al enterarse que por la noche el Saiyajin Real había partido hacia su planeta, entre más kilómetros de distancia entre ellos muchísimo mejor –¿Por qué te molestas tanto? ¿Es que quieres controlar cada paso que da nuestro futuro gobernante? –preguntó con la intención de hacerla rabiar y al parecer lo logró, la muchacha descruzo sus brazos y giró su rostro para encarar a la mujer que tenía una expresión de burla.
–Faltan dos semanas para completar la misión Caulifla, él se va y ¿Nosotros qué? ¿Tenemos que continuar la purga cuando el cómodamente se va a su castillo?– bufó dejando escapar un suspiro pesado al mismo tiempo que chuteó una piedra que estaba a sus pies.
–No creo que esas sean las verdaderas razones por las que estás tan enfadada.- expresó Caulifla encogiéndose de hombros sin dejar de ver los ojos encendidos de la joven.
Por supuesto que esa no era razón para enojarse, después que él la había desairado menospreciándola intentó acercarse de nuevo en los mismos términos pero él terminó por rechazar su exquisita propuesta en más de una vez ¿Por qué? No lo supo… ¿No era lo suficientemente buena para él? Probablemente… Quiso pensar que él solo estaba cansado, pero que la haya echado de su recámara no significaba nada, ella no se daría por vencido así de fácil, el premio en juego era demasiado apetecible no solo para ella, ciento y miles de mujeres Saiyans querrían por lo menos ser parte de las aspirantes a reina y ella que estaba tan cerca del heredero no desperdiciaría la oportunidad, él no podía negarse para siempre, tenía armas para seducir al altivo Príncipe.
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–¿Es así como pretendes seguir con vida imbécil? –la voz del soldado resonó por los pasillos cuando entró en aquella blanquecina habitación donde en una de las esquinas yacía la camilla con las sábanas del mismo color en el cual solo el cabello turquesa de la humana esparcido en el cobertor sobresalía. No le había sido tan difícil llegar hasta el ala médica del castillo, los soldados fieles al Rey no tenían idea de su misión por lo que sin problema alguno ingresó al sitio dispuesto a salvar a la mujer de su Príncipe. Por suerte Nappa ni Zorn, los élite personales del monarca aún no se habían aparecido en el lugar, si fuera así, él estaría perdido y solo el Príncipe Vegeta hubiese podido llegar hasta la hembra de cabellos turquesa que se encontraba dentro a punto de perder a la criatura en su vientre.
Había intentado comunicarse muchas veces con el heredero fuera del planeta, pero el rastreador parecía sin señal, lo intentó muchas veces, no pudo decírselo a nadie tampoco pues los soldados estaban entre la posición de estar departe de uno de los dos seres que gobernaban su astro, el actual monarca o el próximo a la corona, evidentemente el presente Rey infundía temor, no tanto como Vegeta pero esos bastardos estarían en contra de que un niño híbrido fuese el legado así que no dudarían en ayudarlo en sus bajezas contra una hembra débil y preñada.
Cuando por fin había podido contactarse con el Príncipe este inmediatamente recibió la información y le indicó que descendería cerca pero no en la base central de aterrizaje, su padre, ni ningún ser en el planeta rojo debían enterarse de su arribo, así que para ello Raditz debía encargarse de la situación mientras él apenas lograría llegar por la mañana a Vegitasei.
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Nunca en su vida pensó recibir una noticia tan desagradable, el solo hecho de que su padre se fuera contra su mujer significaba no solo que estaba en desacuerdo en que ella fuera su favorita –porque aunque no era parte de su harén, le había dado más privilegios que a ninguna y tenía ciertas distinciones que ni su madre la Reina las tuvo –sino que también estaba en contra de su heredero híbrido no nato, era repugnante el solo imaginarse a su maldito progenitor poniéndose contra una humana endeble y en gestación que no podía defenderse ni siquiera del movimiento de uno solo de los dedos de un Saiyajin, ella por muy inteligente que fuese no podría jamás oponerse ante la fuerza bruta de su raza, era frágil y delicada por eso él que la involucró con la realeza al hacerla suya tenía el deber de protegerla de los suyos. La sangre le hervía de solo pensar en encontrarla a ella pulverizada y con esta su hijo que era el que menos culpa tenía que pagar por su actuar, porque era así, él había obligado a la femenina a ser de su propiedad y ahora tenía que enfrentar las consecuencias de sus actos, no era como que el meterse con Bulma haya sido un error, porque fue algo que quiso así, pero debía afrontar ahora que tenía a la chica preñada no solo al Rey, sino a su entrometido hermano, al consejo y a un reino entero que no querrían como descendiente a la unión de su sangre con la de la terrícola sin poder alguno.
Ahora, mientras viajaba en su nave no solo estaba la preocupación que sentía por ella y por su heredero, sino también aquello que se removía dentro de sí al imaginarla en peligro, era una sensación de asfixia y malestar, una molestia que no era física sino que emocional pero que lo carcomía por dentro, algo que no podía explicarse ni a sí mismo con facilidad porque jamás había visto por alguien que no fuera él mismo, porque en sus 19 años no había experimentado nada parecido y menos hacia una mujer. En su asiento se removió inquieto no encontrando posición alguna que lo gratificara, al ver al frente a través de la ventanilla redonda de la nave se encontraba con el paisaje más sereno, el universo, tan vasto como silencioso, en otras circunstancias aquel hecho le hubiera parecido el mejor panorama, le gustaba la soledad y nunca sintió la necesidad de compañía para sentirse a gusto y pleno, las relaciones ya sea con sus lacayos o hembras del harén eran solamente parte de ser Príncipe, pero eso que ahora habitaba dentro de sí y que solo se removía en el interior de su pecho cuando se trataba de la terrícola era totalmente nuevo, relevante y digno de meditarlo.
Gruñó con rabia al sentir un vació que lo sofocaba al pensar en que su mujer estuviera lastimada o en el peor de los casos sin vida, no sabía de lo que era capaz si el viejo decrépito de su padre ordenaba que los mataran porque ya no solo se trataba de ella, ahora también tenía el deber de proteger a su primogénito que nacería pronto, su digno heredero aunque no fuese puro. Vegeta abrió un poco más sus ojos sorprendido, aclaró su garganta y solo pudo sentir que su armadura le estorbaba, no era para menos, estaba preocupado por ellos y pensaba en que el bienestar de su existencia dependían de esos dos seres, su humana y su retoño, era difícil imaginar una vida sin estos, y es que solo en ese instante podía descubrir que ella ocupaba un espacio en su pecho, en su corazón… nunca previó que algo así pudiera albergarse dentro de sí, porque en sus venas solo corría sed por matar y aniquilar, sed por tener el control de todo, por ser el más poderoso, por conquistar hasta el último rincón del universo y ser el dueño absoluto de todos los planetas, pero eso no era más, solo hoy podía aceptarlo para sí mismo, que esa mujer era parte de él porque se había instalado en su pecho haciéndolo percibir sentimientos impropios de su raza, sentimientos que otros casos le causarían repugnancia porque odiaba la debilidad, porque alguna vez había llegado a la conclusión de que solo para eso servían, para volver a los hombres unos guiñapos y en su ceguera no había podido darse cuenta que quería a esa humana, porque ella lo llenaba en todos los aspectos, porque ella lo estaba cambiando y porque solo ella había logrado causar esa permuta, lo peor de todo es que le gustaba estar experimentando eso que volvía a los seres unos completos imbéciles, le agradaba que fuera Bulma la que le provocara tales sensaciones y era algo que aun no podía explicarse, la femenina era como su droga, cuando estaba cerca de ella no había más, sonaba ridículo pero así era, le había robado la voluntad.
Por el momento solo debía esperar llegar a Vegitasei y encontrarla a salvo, ya se encargaría luego de pensar mejor en todo lo que le pasaba con esa mujer tonta que solo lo estaba volviendo un guiñapo y no podía permitir que ni ella ni nadie se enterara de que la humana había instalado en él emociones impropias de su naturaleza.
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–¿Así que tú eres el que pretende eliminar el hijo del Príncipe? –el hombre que se encontraba abriendo el paquete de guantes para iniciar a practicarle el aborto a la humana se giró al escuchar esas palabras a sus espaldas, en ese instante, al ver los en los ojos de ese Saiyajin perversidad se arrepintió de ser parte de las jugadas sucias del monarca, pero él solo era un trabajador más que debía obedecer órdenes sin opción alguna se tratara de lo que fuera, porque sino moría ahora en manos de Raditz lo haría en manos de los hombres del Rey. Su miedo se acrecentó al observar que el joven dio unos cuantos pasos hasta él y de un solo movimiento lo tomó por el cuello de su bata blanca, cuán miserable era para terminar de aquella manera sin poder oponerse a nada de lo que ese tipo decidiera hacer con su vida.
–Yo… yo solo estoy cumpliendo órdenes, por favor yo no tengo nada que ver, sabes que no puedo oponerme a los mandatos del Rey –pronunció sintiendo los espasmos por cada recóndito de su cuerpo que temblaba ante el miedo palpable de su muerte segura. Aunque el Saiyajin no le creyera estaba hablándole con la verdad, él no deseaba hacerle daño a la concubina del Príncipe ni mucho menos a su hijo, había ayudado a la muchacha en situaciones anteriores, había estado al tanto de su periodo gestacional y se había encargado que todo en ella estuviera yendo bien, pero aquellas eran órdenes superiores que ni él ni nadie podían revocar, ahora estaba ahí a punto de desaparecer del universo todo por el maldito destino.
Raditz movió sus orbes negras perspicaces posándolos en la mujer que yacía sobre aquella camilla de sábanas blancas, tenía sus ojos cerrados y no se movía ¿Habría llegado demasiado tarde? La sola idea le heló la sangre, el futuro gobernante no le perdonaría que no salvara a su mujer e hijo, apretó fuerte el agarre en el cuello de la gabacha pulcra del alienígena entre sus manos y viró su mirada hacia las piernas blanquecinas de la femenina en búsqueda de sangre o algún indicio de que le hayan practicado el aborto, para su alivio no había nada que delatara signos de ello y eso lo tranquilizó un poco.
–¿Por qué ella no se mueve? ¿Qué le hiciste? –preguntó desesperado el Saiyajin agitando con fuerza al sujeto que temblaba con pavor entre sus manos.
–Solo le administré un poco de anestesia, es… estará así unas, unas cuantas horas –respondió tartamudo el médico que de su frente chorreaban gotas de sudor por el más puro temor y nerviosismo que estaba experimentando en ese momento.
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En cuanto se acerco a la atmósfera de Vegitasei se concentró para poder percibir el ki de la terrícola, cerró sus ojos buscando en el área a la peliazul pero no logró localizarla, quizá por la distancia a la que se encontraba del castillo pues decidió aterrizar en un área desierta en donde no hubieran soldados cerca, siendo el Príncipe estaba al tanto de las zonas en las que su planeta no tenía Saiyajin vigilantes, no eran necesarios, en cientos de años el astro no había sido atacado por ninguna raza alienígena, no era de menos, la reputación Saiyana era la más terrible de todas, los extraterrestre temblaban con solo escuchar su nombre.
Su nave tocó tierra y sin perder tiempo levitó en el aire despegando sus pies del suelo, no había podido localizar a la terrícola pero notó a Raditz a la distancia y si él estaba haciendo bien su trabajo para este momento debería estar salvando a Bulma y su heredero.
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La sangre que escurrió de entre sus manos le dio igual, una vida o una menos no significaba nada, el muy imbécil fue presa fácil como cualquier otra que haya purgado en los tantos planetas tomados bajo el mando Saiyano. Se viró para ver a la mujer aún dormida a sus espaldas y suspiró, debía sacarla de ahí lo más rápido posible, era cuestión de tiempo para que el Rey y su séquito se apareciera en el lugar para verificar con sus propios ojos que sus ordenes habían sido cumplidas tal como ordenó, si lo encontraban ahí sería su fin. Para el pueblo no era desconocido que entre el actual gobernante y su hijo habían roces, así que estabas de parte del monarca presente o del futuro gobernante. Con rapidez caminó hacia la humana, iba a tomarla cuando sintió unos pasos a sus espaldas y se giró veloz verificando que la presencia en el sitio no fuera la del soberano.
Vegeta que había entrado por uno de los ventanales cuidando de no ser visto aún, llegó al ala médica, lo primero que vio fue al sujeto de bata blanca en el piso y luego las manos de su soldado cubiertas de la sangre de ese gusano, Raditz le había arrancado su asqueroso corazón, sus orbes obscuras se posaron en ella, Bulma estaba acostada en la camilla con evidentes hematomas en sus brazos, se notaba pálida e inerte y no pudo sentir más que horror, se acercó a la muchacha y el soldado que lo miró entrar se hizo a un lado observando cómo el Príncipe detallaba a la piel visible de la hembra con la mirada.
–Trae a la doctora de la ciudad –pronunció sin mirar al Saiyajin que asintió reverenciándolo.
–El Rey aún no se ha dado cuenta de lo que hice su alteza, debemos sacar de aquí a la concubina… –
–¡Sé lo que tengo qué hacer Raditz, apresúrate con lo que te ordené! –bramó elevando la voz, esta vez se giró para ver al soldado salir con prisa fuera de la habitación, el maldito de su padre y sus soldados eran lo que menos le preocupaban ahora. Se acercó a Bulma para poder tocarla, se deshizo de uno de sus guantes y con esa mano palpó la mejilla descolorida de la chica, percibió que tenía buena temperatura, no estaba fría como aparentaba.
–Bulma, despierta mujer –pronunció para ella que solo estaba ahí inmóvil, solo podía distinguir su leve movimiento de tórax subir y bajar suavemente. Le colocó una mano tras la espalda y la levantó un poco inspeccionándola, además de los moretones en sus brazos tenía las ojeras rojas, seguramente ella lloró al saber cuál era su destino y el de su hijo, inmediatamente colocó su mano en el vientre de la muchacha, no tardó en notar la pequeña energía dentro de ella y sus labios se curvaron ante la sensación, su hijo seguía dentro, creciendo como debía ser, pero ¿Por qué ella estaba inconsciente? La rabia dentro de sí acrecentó con medida, era la última vez que el viejo decrépito atentaba contra ella y su propia sangre, ese crío era suyo independientemente de la mujer en que lo haya engendrado y ella era su hembra, su padre tendría que respetar eso por las buenas o por las malas porque no estaba dispuesto a tolerar una más de sus desatinos inescrupulosos.
Continuó inspeccionando la piel de la humana notando en su antebrazo aún la liga con la que el médico había hecho torniquete para encontrar la vena donde le inyectó el analgésico, Vegeta imaginó que la habían sedado por el estado mortecino de la femenina, su maldito padre pagaría, apretó su mandíbula deseando tenerle enfrente en ese preciso momento, su expresión furibunda hablaba por sí sola, su ceño fruncido así como sus dientes apretados denotaban la bomba que llevaba por dentro y que deseaba detonar contra el monarca en ese instante.
–¡GUARDIAS, GUARDIAS! –gritó con su potente tono haciendo que los sujetos que se encontraban en el pasillo que llevaba al ala médica escucharan con terror para su mala suerte la voz del Príncipe llamarlos, corrieron hasta dentro atendiendo su requerimiento y al verlo su mayor temor se hizo realidad, él se había enterado de lo que le hicieron a la concubina terrícola.
–El Rey ¿Dónde demonios está?– preguntó de la misma forma en un rugido que heló la sangre de los infortunados soldados que participaron en la jugarretas sucias del monarca.
–Su alteza… el Rey… está en… en –habló entrecortado por el miedo tangible que recorría su ser.
–¡Habla de una maldita vez insecto! –exigió sin paciencia levantando su mano y apuntándolo con la palma extendida hacia él en donde formó una radiante esfera de energía.
–¡Por favor Príncipe no me mate, yo… solo seguía órdenes! –expresó titiritando, se agachó a los pies de Vegeta con sus manos en el piso poniendo su frente contra el suelo duro buscando desesperadamente alguna clase de perdón de parte del heredero. Era cierto que estaba en acuerdo con la manera de pensar del Rey y con su decisión de eliminar al crío híbrido de la humana, pero en ese momento podría mentir hasta la última consecuencia con tal de salvar su vida.
–¡Tú, ve por el Rey, ahora! –demandó a viva voz dejando a la peliazul recostada en la camilla donde la había encontrado y salió al pasillo viendo a los demás Saiyanos parados a cada lado, reconoció a dos como los escoltas de esa zona, el otro imbécil seguramente participó en las idioteces de su progenitor y al ver su asqueroso rostro no lo dudó, esa expresión suspicaz hablaba por sí sola, tenía la cabeza baja haciéndole una reverencia y por ende no podía ver sus ojos pero notaba el temor que irradiaba a través de la energía que desprendía, ese patético gusano pagaría caro desafiarlo, porque no sólo se trataba de ella, había atentado contra su descendencia y era algo que no dejaría pasar, era alta traición y lo Saiyajin se regían por protocolos y leyes que muy difícilmente rompían, lo pagaría con sangre.
–Han tenido la osadía de atentar contra mi hijo ¿No? –comentó Vegeta caminando entre los hombres que se mantuvieron en postura de reverencia pero que por el tono del Príncipe antelaban que nada bueno sucedería, los pasos de las botas del heredero eran lo único que resonaba en el pasillo, nadie dijo nada… todo era un silencio funesto que ninguno se atrevía a romper ni siquiera con el sonido de su respiración que amenazaba con agitarse, el cuerpo de los guerreros trepidaba por dentro, la fama que Vegeta se tenía ganada a pulso era de temer –Muy valientes contra una concubina preñada, me asquea que sean parte de mi imperio –agregó girándose para volver en sus pasos, uno de ellos alzó la vista y no vaciló en huir, el soldado en específico no había tenido nada que ver con lo que había sucedido con la concubina pero el carácter explosivo del futuro Rey era inestable, su vida pendía de las decisiones de este y conociéndolo los asesinaría sin miramientos así que se echó a correr aprovechando que el Príncipe le daba la espalda, Vegeta sonrió y se volteó colocándose frente al sujeto, alzó su mano y en un movimiento veloz se acercó al soldado estrellándole el puño en el abdomen atravesándolo con facilidad, su mano se llenó de sangre y el individuo calló al piso escupiendo el líquido escarlata por su boca.
–Pero… Príncipe…– pronunció sus últimas palabras el sujeto antes de caer al piso pues Vegeta formó una esfera de energía en su mano impactando en el rostro del hombre eliminándolo al instante, él escupió sobre el polvo que se volvió el cuerpo y se quitó el guante sangriento mirándolo al piso.
–Por favor no nos haga daño –pidió uno de los otros que quedaban con vida, retrocedieron al ver venir hacia ellos al heredero pero en ese momento Raditz llegó con la doctora del pueblo para que revisara a la ojiturquesa.
–Su alteza –reverenció la mujer de edad avanzada también Saiyajin, vestía una capa naranja que se ataba a su cuello con un lazo obscuro, la túnica cubría desde los hombros de la femenina hasta sus tobillos solo dejando una pequeña abertura al frente donde podía verse su traje spandex de color negro y las botas del mismo tono, su cabello lacio azabache atado en una coleta alta le daban una apariencia pulcra. En sus manos traía consigo una pequeña maleta, se notaba cansada pues había salido lo más rápido posible del hospital donde trabajaba para ir a atender a la hembra del Príncipe.
–No permitas que estas escorias escapen –vociferó para Raditz el futuro monarca yendo hacia dentro del recinto con la médico tras él, caminaron hasta llegar a la peliazul que seguía inmóvil en la camilla, en seguida la mujer de cabello azabache se acercó a la jovencita inerte y sacó de su maleta el estetoscopio para revisar sus signos vitales, al tocarla la notó fría, tocó su pulso encontrándolo debajo de lo normal y se giró para ver al Saiyajin real a su lado atento a sus movimientos y a la espera de su respuesta.
–Está muy fría, necesitamos subir su temperatura ahora o podría morir –dijo ella dejando el estetoscopio de lado, con rapidez caminó al cajón de enfrente y buscó sábanas limpias regresando con la humana, la envolvió en estas de forma apresurada hasta que la dejó cubierta desde su cuello hasta sus pies, Raditz le había informado sobre el estado de la muchacha, debía de hacer todo lo posible por salvarla y con ello al bebé de su alteza.
Vegeta se quedó quito observando a la mujer hacer su trabajo, se sentía un completo inútil, le había fallado a la terrícola, se supone que debía protegerla a ella y su hijo ¿Y qué hacía? Dejarla sola escoltada por un Saiyajin mientras él se largaba a hacer sus conquistas planetarias, no era tan difícil decidir que entre la mujer y la purga primero estaba la seguridad de ella, había actuado sin premeditarlo, sabía con antelación que su padre no aprobaría de ninguna forma un heredero híbrido, mucho menos el consejo y aún así salió del planeta dejándola sola, era toda su maldita culpa.
Detalló cómo la mujer colocó sus palmas extendidas sobre la sábana blanca con la que había envuelto el cuerpo flácido de la científica y cerró sus ojos concentrando su energía vital en sus manos, estas comenzaron a emitir un destello cálido rojizo que se extendió por la manta envolviendo a la humana en su totalidad, era como una estela de luz diáfana.
–Necesitaré ayuda de algunas sirvientas alteza, también requerimos de una habitación cómoda y tibia para que la humana repose –expresó la Saiyana abriendo los ojos y desvaneciendo la energía en sus manos, había entibiado un poco la piel gélida de la chica –Raditz mencionó que el médico que estaba atendiendo a la señorita la había sedado así que voy a inyectarle una droga que revierta el anestésico –mientras la Saiya hablaba preparaba la jeringa, Vegeta miró a la terrícola, ella llevaba dentro de sí un niño con genes de su poderosa raza y aunque no fuera una práctica de los hombres de su planeta tener emotividad con respecto a su descendencia en el fondo experimentaba una sensación de protección hacia ella y ese crío en pleno desarrollo, no era como que podía hacerse el desentendido con respecto a esa situación, si lo hacía, Bulma moriría sin siquiera haber parido su vástago, su padre la enviaría lejos y en el peor caso la mataría por el afán de evitar la mezcla de sangre real con la de una criatura débil y sin ninguna característica de poder sobresalientes.
Había sido científicamente investigado, su ADN era compatible y eso no tenía vuelta de hoja, había pasado, el llamado de sangre -sí podía referirse de esa forma a aquel pequeño ser que era su hijo -que este le provocaba era una clase de conmoción que lo movía a mantenerlo seguro, no podía obviar el hecho que estaba rompiendo con toda ley desafiando al Rey y al peldaño más arriba que se encontraba de él con respecto a su posición titular, así como también al respeto que le debía por ser su padre, todo por su crío no nato, por ella, que sin saber se le había clavado en el pecho como una daga, una que en vez de estorbarle se volvía parte de él como una droga, porque disputar con el monarca era retar al planeta, sus costumbres estaban arraigadas en Vegitasei desde hacía siglos, porque él era el cuarto sucesor al trono y hasta entonces se habían cumplido los estándares impuestos por sus antepasados, además, el enfrentarse a su progenitor era dividir el reino, unos estarían departe de él, pero lo más viejos o de pensamientos arcaicos defenderán la postura del soberano, pero tenía que hacerlo, era su deber como padre de ese niño y dueño de su concubina, tenía un deber moral con ella, sonaba irónico pues un Saiyajin era el ser menos ético, pero ahí estaba, dando órdenes de llevar a la mujer a una de las habitaciones principales cercana a la suya, por una vez haría se dejaría guiar por una sensación emocional.
–Príncipe, el Rey Vegeta –anunció Raditz la llegada del soberano que se presento junto al soldado que Vegeta había enviado por su padre. Cuando el joven Saiyajin le había informado de la presencia de su hijo en el castillo supo que los problemas iniciaban, él había previsto su llegada dentro de varios días ¿Qué rayos hacía ahí y en el área del ala médica? ¿Por qué nadie le anunció su llegada en la base de aterrizaje? ¿Le habrían practicado el aborto a la concubina? Cuando se aproximó al pasaje escuchó el alboroto de varias sirvientas y pudo ver al final de ese pasillo como la doctora que laboraba en la ciudad corría empujando una camilla, no logró ver a quien llevaban ahí pero no dudó que fuera la terrícola ¿Cómo demonios había permito que la situación llegara a tales extremos? Debió ponerle fin en cuanto comenzó a notar el apego que su retoño estaba desarrollando por esa humana, pero no, dejó que las cosas fluyeran y ahora estaba viviendo las consecuencias de su descuido. Tarble se lo advirtió y el mocoso tenía toda la razón, la esclava estaba significando en la vida de su heredero un desastre, ella no tendría por qué estar preñada y Vegeta debería ya tener una prometida elegida para futura reina, todo estaba saliéndose por la tangente.
–¿Qué significa esto Vegeta? –preguntó mirando a su vástago pararse frente a él, tenía sus ojos puestos en los suyos retando su poderío, lo conocía demasiado bien como para afirmar con plena seguridad que él estaba ahí por esa estúpida mujer, era lo más lógico –Aún no termina tu periodo de purga para que hayas retornado –habló sin dejar de verlo.
–No eludas la razón principal por la que solicité tu presencia –respondió el joven girándose para ver a uno de los soldado que había participado en aquella bajeza, Raditz le había dado nombres y esos bastardos pagarían las idioteces del viejo, dio unos pasos al que estaba a su derecha y volvió a ver a su padre desde esa posición –¿Cómo pudiste ordenar que asesinaran a mi hijo? –preguntó con voz grave dejando notar la rabia que tenía acumulada en su interior. Su entrecejo se frunció aún más cuando el monarca le sonrió sátiro en su cara.
–¿Tu hijo ese híbrido Príncipe? Deberías agradecer que ordené que se deshagan de él antes de que nazca y todos se enteren de tal deshonra –respondió alzando su voz colérico, ¿Qué demonios le sucedía a su retoño? No podía estar considerando a ese crío que era una vergüenza como su descendiente real – ¡Ese mocoso solo es un insulto a nuestra raza! –gritó haciendo retumbar sus palabras por todo el pasillo.
Vegeta miró a su padre furibundo, el viejo no podía estar hablando de esa forma tan absurda cuando desconocía el nivel de poder de su primogénito, el crío pintaba a ser un niño de clase alta como para que su padre estúpidamente lo considerara una deshonra, él mismo había sentido la energía de su vástago que llevaba pocas semanas en el vientre de la humana y aún siendo una criatura en proceso de desarrollo ya desprendía un buen poder, pero claro, su inútil padre no podía apreciarlo pues no manejaba la técnica del sentido del ki.
–¡No necesito que me lo digas! … –respondió el Príncipe que volvió su mirada al soldado que estaba a su lado y sin pensarlo, dio un salto tomando con firmeza el cabello del Saiyajin que no tuvo el tiempo para reaccionar y tratar de defenderse pues de un movimiento Vegeta le arrancó la cabeza con un golpe en el costado de su cuello, su sola fuerza bastó para degollarlo sin esfuerzo. El cuerpo del guerrero cayó hacia adelante, Vegeta emitió una risa perversa que heló la sangre del otro Saiyan escolta que aún quedaba con vida. El joven de la realeza caminó hacia el Rey que se quedó en el mismo sitio observando a su vástago eliminar de forma sencilla a un soldado de clase media –Esto que viste, es solo para que no olvides lo que ha puedo hacerle a cualquiera que vuelva a poner una mano sobre mi concubina o mi hijo –escupió estirando su brazo ofreciendo la cabeza decapitada que escurría sangre caliente al monarca –Mantente lejos de ella tú y tus lacayos –bramó soltando la cabeza que cayó a los pies del soberano manchando con unas gotas del líquido escarlata sus botas blancas.
–Custodia la alcoba en donde estara Bulma, me quedaré con ella y no quiero ser interrumpido –ordenó caminando hacia la habitación que ordenó ser dispuesta para ella, solo esperaba que se recuperara pronto. Él tenía muchas cosas en qué pensar, más tarde se encargaría del inútil de Tarble.
–Como ordene su alteza – respondió el Raditz quedándose fuera cuando llegaron al pasillo de las recámaras y Vegeta ingresó a la de la científica.
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En cuanto el Príncipe desapareció de la mirada del Rey, este enfurecido se dirigió directamente hacia la planta baja del castillo, generalmente la decisiones solía tomarlas con calma y pocas veces requería la intervención del consejo imperial que se encargaba más que todo de verificar el complimiento de las leyes en el planeta así como de los asuntos administrativos, pero ahora necesitaba ideas claras para poder definir la situación de su heredero con respecto a esa concubina. Estos aún no estaban enterados del estado de esa chiquilla y aunque no quería que la información saliera del castillo tarde o temprano se sabría, ya todas las esclavas y soldados que laboraban en el palacio seguramente rumoraban el escándalo, nunca previó que algo así sucediera y tenía que reparar tal error de su vástago, él no podía seguir con su actitud infantil protegiendo esa niñita, debía de resolver el problema, por ahora su mayor preocupación aparte del híbrido que aún gestaba la terrícola era la reacción del pueblo Saiyano, rechazarían al mocoso y podrían oponerse a que Vegeta se coronara como Rey, pero era un riesgo que tendría que correr para remediar el desacierto de su retoño idiotizado.
Cuando entró al salón en donde se encontraban los Saiyajin mayores y experimentados que conformaban su consejo real observó todos esos ojos sobre él, sabían que si tenía que acudir a ellos para escuchar sus opiniones y poder tomar decisiones es que el problema que lo movió hasta ahí era monumental, y por supuesto que lo era, jamás habían cruzado por aquello, todas las reinas de Vegitasei habían sido guerreras élite prodigiosas que dieron al pueblo soberanos poderosos, era una mofa que hoy una concubina intrascendente causara un disturbio de esa magnitud.
–¡Su majestad! Bienvenido –saludó un Saiyano de barba gruesa de color blanco haciendo una reverencia, los demás imitaron su gesto y se preguntaron entre sí estaría aconteciendo algo grave.
–Señores, hay un tema delicado que debo hablarlo con ustedes –dijo caminando dentro del lugar para tomar su asiento correspondiente en la mesa larga dispuesta para sus reuniones.
No le tomó mucho tiempo explicar lo que sucedía y por supuesto que vinieron las preguntas que ya se esperaba ¿Una humana? ¿La sangre de su alteza mezclada con esa inmunda raza? ¿Cómo ha podido suceder?
–¡Debemos resolver lo que hecho el Príncipe! – expresó con indignación el mayor de todos, era la primera vez que escuchaba que su ADN privilegiado tuviera compatibilidad genética.
–Todo lo que han dicho lo sé, pero mi hijo no parece entender que esto va contra los estigmas de nuestra raza, se empeña en proteger esa mujer insignificante –respondió el soberano llevando una mano hacia su barba acariciándola, cerró los ojos bufando ante la situación intolerable.
–Deshacerse del crío y someter a la terrícola a la improductividad es lo mejor que podemos hacer si su alteza se desea conservar la humana –comentó uno obteniendo la mirada del monarca.
–¿Te refieres a esterilizar a la mujer? –preguntó analizando la propuesta, no soñaba tan descabellado en realidad.
–En efecto Rey Vegeta, el problema con el Príncipe radica en no querer deshacerse de la concubina, así podemos castrar a la hembra y evitamos que vuelva a engendrar un híbrido indeseable –respondió el sujeto convencido de que su idea era lo mejor que podían hacer.
–Estoy de acuerdo pero… –expresó el monarca desviando su mirada hacia las manos que tenía entrelazadas sobre la mesa –Debemos elegir a la prometida de mi hijo, él debe unirse a ella lo antes posible para lograr erradicar esa inútil chiquilla terrícola.
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Todo era una pesadilla, esos soldados y el Rey Saiyajin estaban atentando contra la vida de un bebé que no tenía la culpa de ser hijo del hombre que la había obligado a convertirse en concubina siendo ella una científica, su vida antes de estar con él era dura, tenía que trabajar largas horas metida en el laboratorio, soportando hambre, desvelo y durmiendo en el piso cuando recién llegados ella y su padre fueron enviados al calabozo, ahora todo era diferente, tenía un trato preferencial por tratarse de la mujer del Príncipe y gracias a esa relación su papá podía disfrutar de una habitación propia, podía descansar más horas y gozar de ser el jefe de laboratorio. La situación de ella no era distinta, tenía lo que cualquier otra deseaba en todo ese planeta, disfrutaba de la compañía del Saiyajin Real, dormía a su lado protegida y aunque en un principio las cosas no habían sido fáciles fue acostumbrándose a la forma de ser de él, a su trato que se moderó con el pasar de los meses, ahora podía decir con certeza que la buena convivencia con el hombre hicieron que se enamorara de Vegeta, pero eso era lo peor que pudo permitirse, jamás debió poner sus ojos en él y desarrollar más que afecto por un ser cuya raza destruyó su astro natal y que los había sometido a esclavos, no debió amarlo, mucho menos embarazarse, seguramente medio Vegitasei la quería pulverizada a ella y al niño producto de esa relación que todos desaprobaban, porque no era ciega, nadie deseaba que el heredero al trono tuviera un descendiente de sangre mixta que posteriormente sería el siguiente sucesor, odiaban a ese ser inocente simplemente por llevar el ADN de un ser poderoso poseedor de grandes habilidades físicas como lo era el Príncipe, ella en cambio solamente conservaba una mente privilegiada, cualidad que para los Saiyajin no era relevante y por ello no podía considerarlos especímenes con los cuales pudiera razonar, sobre todo con el monarca, ese que pareció odiarla desde el primer momento al igual que Tarble, el mocoso era cargante, pesado y engreído, todo podía soportarlo, porque solo era un ser indefenso en medio de una jauría de bestias bravías de las cuales no podía protegerse por sí sola, pero el echo de que la estuviesen llevando a una sala médica para extraerle a su bebé era algo que no podía procesar ¿Por qué matar a su hijo que también llevaba la sangre de esos salvajes?
Todo era una pesadilla, sus brazos dolían por el agarre de esos malditos que la obligaban a ir hacia el lugar donde le darían muerte al ser que acunaba en su interior, sus lágrimas se deslizaron al escuchar al médico decirle que iba a extraerle su niño, sintió como las gotas cristalinas bajaron por el costado de sus ojos.
–No por favor, no… ayuda, que alguien me ayude –pronunció en tono débil en un intento fallido por que se apiadaran de la vida de ese ser inocente, intentó removerse de la cama donde estaba acostada pero su cuerpo pesaba quizá el triple de lo normal.
–Bulma ¿Cómo te sientes? –su corazón dio un golpazo en su pecho al escuchar esa voz e intentó abrir los ojos sintiendo como sus párpados cedían a su esfuerzo y lo notó al enfocar su mirada, era él, el Príncipe estaba ahí para salvarla.
-Ve… Vegeta, mi bebé –pronunció la ojiturquesa alzando su mano hasta su vientre tocando el sitio donde aún se alojaba su hijo.
–Tranquilízate mujer, ambos están seguros –expresó Vegeta que estaba sentado a su lado en la cama, había escuchado los murmullos de ella que dormía desde hace un par de horas desde que la doctora abandonó el lugar, inmediatamente fue a verla encontrándola somnolienta.
–Mi bebé por favor sálvalo –comenzó a decir ella sollozando, el impacto del acto tan infame le había provocado un shock nervioso, la científica lloraba, sus piel estaba fría y su cuerpo temblaba por el miedo.
–Estas conmigo y nada te hará daño –manifestó el heredero alzando una mano sobre el rostro de Bulma apartándole varios mechones de cabello que estaban pegados sobre sus frente.
–Protege a tu hijo Vegeta, si él muere yo… yo…
–Confía en que estoy contigo mujer, ahora descansa, para cuando despiertes estaré aquí –habló con voz firme, la peliazul asintió aún acariciándose el abdomen y dejó que el cansancio que sentía la venciera, cerró sus párpados y no tardó mucho en volver a dormirse.
RinPink Susaiyajin: ¡Hola! ¡Hola! Después de tantos meses sin actualizar por fin me decidí a terminar el capítulo, tenía pensado incluir otras escenas pero siento que quedaría demasiado cargado de emociones y es mejor que ahora estén más tranquilas porque en el próximo habrá un desenlace importante.
Muchísimas gracias por todo su apoyo, de verdad que sino fuera por ustedes habría quizá abandonado ya la historia o tardado más para subir este capítulo.
Quiero informar que esta es la única página donde publico mis Fanfic, en WATTPAD me han plagiado y la chica que me robó la historia aún no borra el fic, lo tomó como suyo y dijo que el cap 20 era el final de "Esclava de tu amor" cuando en realidad a la historia le quedan al menos 20 capítulos más.
También quiero decirles que tengo página de facebook por si quieren estar enteradas de las actualizaciones o interactuar mas de cerca conmigo, aparezco como RinPink Susaiyajin Fanfic.
Dejen sus REVIEWS que siempre me alegra tanto leerlas, las amo hermosas, besos, abrazos y espero sus comentarios :D
