CAPÍTULO 22: Decepción

No había podido medir las consecuencias, ni siquiera pensó en que eso se alargaría y mucho menos llegar hasta aquellas instancias. Jamás imaginó que una débil humana se colara hasta lo más recóndito de su pecho que no debía albergar sentimientos por nadie, lo peor de todo es que recién lo descubría enterándose de lo corrompido que estaba ante esas sensaciones que quiso autoexpeler, pero a pesar de llevar esa lucha interna entre el querer sentir y dejar de hacerlo había sido imposible detestar a esa hembra que volvía de sus sentidos un vórtice.

No sabía con exactitud cuáles eran esos sentimientos, tampoco como pasó, pero ella se convirtió en su todo de la noche a la mañana, podría morir ahora mismo por esa científica de cabello turquesa que en ese momento lo miraba a los ojos con anhelo, esos zafiros fijos en sus orbes negras insondables que no mostraban nada por fuera pero en su interior ardían con pasión por esa mujer dueña de su voluntad y se preguntaba ¿Qué mierda le había hecho? Porque no lograba comprenderlo bajo ninguna lógica. Un hombre nacido para gobernar un planeta de guerreros poderosos estaba ahora dominado por una frágil femenina, pero nadie lo sabía y ella jamás se enteraría que era preso de sus encantos, porque quererla era un arma de doble filo que al menor descuido podría voltearse en su contra.

La veía moverse acorde a su ritmo, ella llevaba sus brazos hacia atrás de su cabeza recogiendo su cabello largo dejando ver sus montes menearse con libertad ante sus estocadas, su saliva se volvió agua al verlos tan apetecibles y sosteniéndola por la cintura se sentó aún con ella encima para saborear los botones rozados endurecidos. La escuchó gemir y él cerró los ojos disfrutando las sensaciones de sentirse hundido en la carne suave de los pétalos de la intimidad de su mujer, no había palabras para explicar lo que solo ella había logrado despertar dentro de sí. Estaba loco por esa humana y lo peor era, que le gustaba que esa mujer fuera por quien había perdido la cabeza. Las manos de ella paseándose por su abdomen hacía que le cosquilleara su latente erección.

–¡Vegeta! –la escuchó, abrió sus ojos y vio que ella se abrazó con fuerza a su cuello respirando agitada mientras temblaba, sus gemidos exquisitos lo desarmaban en todos los sentidos, el aliento de la boca entre abierta de la hembra que golpeaba su oreja era glorioso, le hacía erizar hasta los vellos de su cola que estaba tensa en el aire y él solo pudo cerrar sus párpados sin poder contenerse más terminando dentro de la muchacha llenándola completamente con su eyaculación. Bulma notó el líquido caliente esparciéndose en su interior y como las estocadas mermaron hasta que el heredero dejó de moverse contra su sexo, con las fuerzas que le quedaban, la peliazul se retiró de él cayendo desplomada a su lado en la cama dándole la espalda al Saiyajin, inhalaba jadeante, entre el bebé que gestaba en su vientre y atender a su hombre la dejaba más agotada de lo normal, pero lo disfrutaba como a nada en el mundo. Percibió al príncipe pegársele a su cuerpo, él beso su hombro y la jaló por la cintura con su mano que bajó hasta su vientre acariciándola, aún no tenía suficiente de esa mujer.

–No te duermas –susurró con voz enronquecida en su oído, se puso de pie y fue al baño para refrescarse un poco así que se metió a la ducha.

Había pasado alrededor de dos semanas desde el incidente, su padre no había vuelto a cruzarse en su camino y mucho menos Tarble. Se había reunido una sola vez junto con él y algunos dirigentes para hablar sobre decisiones referentes al planeta pero después de ello el monarca desapareció sin darle la cara. Se sentía la tensión en el ambiente, todo Vegitasei estaba enterado ahora que la humana estaba preñada y que ahora él esperaba un heredero híbrido, sabía que eso pasaría en algún momento, pero no pensó que tan pronto y por ello dobló la seguridad para ella, no podía dejarla sola en ningún momento, sus planes ahora eran otros por lo que tuvo que suspender sus misiones para no salir del planeta hasta que ella diera a luz, había fallado una vez en protegerla pero no dos, no le daría una segunda oportunidad ni a su progenitor ni a nadie de acabar con la vida que ella gestaba en su vientre, era su hijo después de todo y el dueño de su título que tomaría el mando en algún momento de su reino.

Era muy cierto que no debió en ningún momento mostrar que ella le importaba, pero tampoco podía ignorar el estado delicado de la muchacha, había mandado al diablo lo que pudieran decir de él como guerrero al preocuparse demás por una esclava preñada, pero el atentado que Bulma sufrió en su ausencia no era para menos, al verla en aquella camilla sedada, pálida e indefensa supo que su deber era cuidarla, era una concubina claro, pero la única que le daría un hijo y con ello era justificable ponerla en el peldaño más alto por sobre las otras mujeres de su harén, era con ella con quien compartía su cama y a la única que le dio privilegios que ninguna otra tuvo antes ni los tendría.

Pasó una mano por su cabello escurriendo el agua después de cerrar la llave de la ducha, durante ese tiempo sin salir a misiones como acostumbraba se inmiscuiría en asuntos de estado, pronto sería el Rey y él tenía que ser conocedor de todos los movimientos dentro y fuera del planeta, así que ese tiempo sería aprovechado de aquella forma.

Al salir de la ducha y regresar a la cama miró a la hembra desnuda dormida, se acostó a su lado y la dejó descansar, sabía que su hijo dentro de ella la agotaba, podía percibir su frágil cuerpo con menos energía de lo normal, después de todo solo era una débil terrícola que con trabajo estaba sobrellevando a término su preñez.

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Percibir como perdía fuerzas sobre aquella camilla del ala médica sin poder proteger la vida que cargaba en su vientre habia hecho mella en su subconsciente. Saber que el propio abuelo de su bebé y su tío querían matarla junto con su hijo le creó un trauma que sufría cada noche, esas dos últimas semanas después de ese horroroso acontecimiento había sufrido pesadillas cada noche, se despertaba gritando que paparan al verse en sus sueños empapada de sangre, sangre que provenía de su interior, específicamente del niño en sus entrañas, por suerte cada vez que lloraba recordando esos hechos Vegeta estaba para ella, la consolaba y en sus brazos encontraba la paz que necesitaba.

Y aunque para Bulma no había sido fácil sobrellevar toda esa carga emocional por la que había atravesado esas últimas semanas, tener al príncipe al tanto de todo lo que concierne a ella la hacía sentirse más confiada, él no la había dejado de lado ni un solo día desde que regreso de su misión no conclusa, pero estaba harta de su encierro en aquellas cuatro paredes de la alcoba que compartía con el Saiyajin, se mantuvo en reposo esos días pero ya necesitaba caminar y tomar aire fresco, así que decidió esa mañana dar un paseo, quería respirar libre, sentir el viento en su rostro y el sol en su piel, por lo que le pidió a Raditz que la acompañara. El soldado había sido un intermediario entre los planes malvados del rey y su hijo menor, por el cual ahora ella se encontraba bien, había ayudado a rescatarla de aquel destino cruel.

Vegeta le había dicho que el reino sabía ya sobre su hijo y en cierta forma eso la llenaba de alivio, aunque estaba enterada que ellos no aceptarían un heredero hijo de una esclava humana era algo que solo por el momento no debía preocuparla, pensar que hasta el momento nadie del consejo repeliera su estado gestante la dejaba con un mejor sabor de boca, ahora podía pasearse por los pasillos escoltada y sin miedo a que nadie viera su creciente vientre con el pasar de las semanas, su única preocupación verdadera que podía tener ahora era el monarca y Tarble, conociéndolos no se quedarían de brazos cruzados viendo como todo marchaba viento en popa. Esos tipos no eran fáciles de convencer o doblegar, por lo que alguna vez tenía que volver a lidiar con ellos, aunque no imaginó que tan pronto.

Volvía de su paseo, Raditz no la había dejado sola ni un momento pero de igual forma había disfrutado del sol en su piel nívea y el caluroso clima, por suerte el soldado era de pocas palabras y le daba espacio para que pudiera relajarse en silencio, tenía muchas cosas en mente para poner en orden, necesitaba estar un rato lejos de la servidumbre que la atendía desde que el heredero dispuso de nuevas esclavas a su servicio. Era una lástima que no hubiera vegetación atractiva a sus ojos como en su planeta natal, así que había estado pensando en que frente a la recámara en un trozo de terreno escampado que se encontraba ahí podía mandar a sembrar un jardín lleno de flores, aunque el palacio siempre lucía impecable y no le hacía falta ni un solo lujo deseaba sentir un pedacito de su amada Tierra en ese ajeno astro donde trataba de adaptarse desde hace 3 años desde que la llevaron contra su voluntad. Eran nimiedades que en relación a sus problemas no deberían de tener cabida, pero dejar a un lado esas preocupaciones aunque sea por un rato le ayudaban a no estar tan tensa, esos días posteriores habían sido demasiado difíciles y en vista de no poder trabajar por su embarazo que avanzaba con cada día, podía buscar en qué distraerse, por ello le pareció buena idea plantearle a su amado tener su propio jardín. Deseaba tener algo que le recordara de donde provenía, sentirse más cómoda entre tantos seres desconocidos que la rodeaban, después de tanto tiempo aún no se familiarizaba con el entorno extraño de esa estrella, quizá algún día lograra aceptar a Vegitasei como su hogar.

Estaba caminando nuevamente directo al Ala Real en donde se encontraban la habitación del príncipe, tomar el sol matutino le había sentado muy bien, podía afirmar aún sin verse a un espejo que su piel había tomado un poco de color, podía sentirlo en sus mejillas tibias, después de lo pálida que le estaba dejando sobrellevar el embarazo de un bebé con sangre poderosa hoy se sentía mucho mejor, su vientre comenzaba a abultarse con tres meses de embarazo, aquel abdomen plano desaparecería dentro de poco y si antes eso la hacía sentir triste pues en un principio pensó que Vegeta la alejaría, ahora estaba feliz, él la cuidaba y protegía a pesar de todo.

–Raditz –llamó al escolta que andaba a unos pasos tras ella que se detuvo para mirarlo –Por favor busca a Arian y ordénale que vaya a la cocina y pida algunos postres para la cena –dijo con una ligera sonrisa, el bebé le provocaba casi todo el tiempo antojos dulces. Estaba por continuar su camino cuando sintió unos pasos venir en su dirección y ladeó el rostro para ver hacia el frente observando al príncipe venir junto a un par de mujeres y un soldado. No había día en que la ojiturquesa no se repitiera para sí misma lo enamorada que estaba de él, sus pasos firmes e imponentes, su presencia poderosa y sus tan airosas facciones masculinas le instigaban sensaciones únicas.

Bulma, amplió su sonrisa cuando él se detuvo frente a ella y la muchacha agachó la cabeza haciéndole una reverencia. –Vegeta –musitó.

Nyu en compañía de Apricot que se dirigían junto al Saiyajin Real hacia la sala de juntas para tratar asuntos con relación a las misiones, observaron a la esclava de pies a cabeza que se atravesaba en su camino. A los oídos de la futura reina llegó el nombre del príncipe que pronunció la concubina sin ninguna clase de título ¿Qué demonios se creía esa insolente para hablarle así a su alteza?. Sus ojos grandes de color negro se clavaron en la humana estrafalaria y vulgar que alzó el rostro para ver al heredero al rostro como si fuese iguales, era una total atrevida y lo peor de todo es que él permitía sus insolencias, le daba demasiados privilegios a esa criada que debería estar en el harén como todas las de su tipo.

–¿Qué haces fuera de los aposentos mujer? –preguntó el Saiyajin.

–Salí a dar un paseo, no soportaba más el encierro, Raditz me ha estado cuidando y… –la peliazul calló posando sus orbes turquesa en las personas que los rodeaban moviendo su mirada entre los guerreros, con la presencia de ellos ahí escuchando su charla no podía decir más, de pronto fijó su escudriño en una de las dos chicas tras el Saiya Real reconociendo inmediatamente a aquella mujer que tuvo la oportunidad de ver cuando fue a presenciar el torneo en honor al natalicio del Príncipe, ella también la observaba, pero no de una manera amistosa, la joven la veía de una forma para nada agradable que Bulma tradujo a degradante, la tipa la arrasaba de pies cabeza como si ella se tratara de una cucaracha a la que había que aplastar, su sexto sentido en ese instante le advirtió que algo sucedía, algo que no logró comprender a ciencia cierta pero que la alertó que su presencia no le era grata a la Saiyajin, por lo que alzó su rostro altiva volviendo su atención a su pareja con sonrisa que a Vegeta le agradó, ver a la mujer con esos ánimos era mejor que observarla tirada en la cama llorando día y noche. –¿Podemos hablar a solas? –cuestionó amable la chica a lo que él asintió, alzó una mano en señal de que todos los que estaban presentes se retiraran.

–Retírense –vociferó, los guerreros se distanciaron al escuchar esas palabras , Nyu tardó unos segundos en reaccionar hasta que fue halada débilmente por el brazo por Apricot, ambas mujeres caminaron en dirección contraria pero la futura reina se detuvo antes de doblar en una esquina en el pasillo para ver una vez más a la esclava terrícola. Hasta sus oídos había llegado la noticia del embarazo de esa harpía humana que estaba volviendo tortuosa su relación con el heredero que no se fijaba en ella, aún. Se negó a creer en su momento aquella falsa información, sostenía en su interior la ilusión de que aquello no fuese cierto, que esa vagabunda no estuviese preñada pues en algunas ocasiones se esparcían rumores mentirosos entre la servidumbre acerca de la realeza, como en todo imperio, pero comprobar por sí misma que esa mujer de cabellos turquesa cargaba en ese vientre poco abultado al hijo de su pronto marido le había dolida más que a nada, debía ser ella quien se casara con el heredero a la corona y debía ser la única en parirle hijos, niños saiyajines puros, poderosos y valerosos, el vástago de su alteza con esa mujer no solo traería vergüenza a Vegeta, sino a todo el planeta cuando ese chiquillo naciera y fuera tan o más débil que su escuálida madre. Sintió una punzada dolorosa en su pecho, esa tipeja insignificante estaba pisándole el orgullo como nadie lo había hecho.

–Vamos Nyu, cuando se trata de esa mujer el Príncipe se toma su tiempo –escuchó las palabras de su compañera pero ella no se movió ni un milímetro y tampoco aparto la mirada de la pareja.

–¿Ya te diste cuenta Apricot? ¡Mira el abdomen de esa esclava! –expresó en voz baja con toda su rabia apretando los puños de sus manos. –¡Tiene a Vegeta en sus manos, esa maldita lo ha embaucado! –pronunció, la otra chica que miraba sus gestos sintió pena por ella, entendía lo que ella seguramente estaba sintiendo, celos y rabia, su amiga no la tenía fácil frente a esa concubina, pensó.

–Los rumores parecían ser ciertos –respondió posando los ojos en la humana que sonreía al heredero mientras hablaban.

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–¿¡Entonces es un sí!? –chilló la peliazul con enorme alegría al escuchar de la boca de Vegeta que tenía el permiso para plantar un jardín cuando lo deseara.

–Si eso te hace sentir mejor –respondió él viendo a la terrícola pegar un brinquito al tiempo que se le acercó y lo abrazó por el cuello, él no se movió, simplemente aceptó la muestra de cariño en silencio.

–¡Voy a matarla! –bramó Nyu a varios metros de distancia desde donde aún miraba a la pareja.

–¿Estas loca? –dijo Apricot tomando del brazo a Nyu al verla con intenciones de acercarse a la chica junto al Príncipe. –Vegeta jamás te permitiría que la tocaras, estarías muerta antes de intentarlo, ¿Acaso no vez como la protege hasta de su propio padre? –aconsejó la joven guerrera que estaba al tanto de todo lo que pasaba en el castillo así como todo el planeta, Nyu volvió su atención a ella caminando lejos de ese lugar.

–Tienes razón, lo primero que haré cuando sea reina es deshacerme de esa basura ¡La enviaré lejos donde ni siquiera Vegeta podrá encontrarla! –bramó con ira pasando una mano por su cabello azabache liso, esa mujer no podía hacerla perder el control de esa forma, era esa humana la que llevaba todas las de perder si se enfrentaba con ella, una esclava jamás podría estar por sobre la emperatriz de ninguna forma, si esa pensaba en que tenía todo el terreno ganado estaba más que perdida, una guerrera prodigiosa y bella como ella ni siquiera tenía comparación con esa insulsa que solo permanecía al lado de su alteza por su preñez.

–Sabes que aunque fueras la reina no puedes tocar a ninguna concubina, el harén es pertenencia de su alteza, ya conoces las costumbres Nyu –expresó la chica de melena larga tratando de hacer entrar en razón a su amiga que parecía ahogada en su cólera, la mencionada detuvo de golpe su andar y se giró hacia la jovencita que la seguía a pasos apresurados.

–Hasta pareciera que estas de su parte –comentó rabiosa sin dejar de ver a la muchacha que vetó tal afirmación meciendo sutilmente sus mechones de cabello negando con su cabeza.

–No se trata de eso, pero debes ser inteligente, la esclava llegó mucho antes que tu a la vida del príncipe, ella es su concubina preferida y va a darle un hijo mientras que tu compromiso con él aún no se ha anunciado, por tanto debes ser paciente y esperar que tu momento llegará.

–¿Y mientras tanto que hago? –preguntó la guerrera arrugando sus delgadas cejas negras cruzándose de brazos –¿Acaso debo esperar a que ella se preñe una segunda o tercera vez?

–No, pero tienes más por ganar que por perder si te conviertes en reina –respondió Apricot viendo a su amiga bufar y caminar lejos de ella.

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–Iré a ver a mi padre antes de descansar y pasaré por el laboratorio, necesito verificar los planos de tu máquina de gravedad –comentó Bulma con una sonrisa, tenía dos motivos para estar feliz, él le había dicho que sí a su pedido sobre el jardín en el terreno desolado frente a las habitaciones, ya tendría algo para entretenerse en los siguientes días sin esforzarse demasiado, y también quería distraer su mente en lo que más amaba hacer, ya que no debía sobrecargarse en su estado tenía prohibido continuar con la construcción de la cámara de gravedad, primero estaba la salud de su bebé y la suya propia, pero nada le impediría revisar nuevamente los bocetos para mejorarlos, siempre habría algo que hacer con respecto a eso.

–¿Desde cuando mi esclava puede decidir de forma independiente? –preguntó el príncipe en un tono irónico dibujando una sonrisa ladina posando sus orbes negras en el cuerpo de la mujer. Ella traía un vestido ceñido a los senos que resaltaba esa parte de sus atributos dejando a su merced una visión fascinante.

–¿Me has dado permiso para plantar un jardín pero no para ver a mi papá o ir al laboratorio? –preguntó ella viendo cómo el hombre dio dos pasos acorralándola, Bulma retrocedió un poco, aquel temor que alguna vez le había tenido fue desapareciendo con el tiempo y hoy comprobaba que eso era parte del pasado, ahora lo admiraba y respetaba, sabía que ese ser salvaje que en un principio fue rudo con ella nunca la lastimaría, algo en su interior le decía aquello aunque él jamás se lo haya expresado. Vegeta alzó su mano colocándola en el cuello pálido de la hembra, la palma rodeó la frágil garganta de la femenina que se limitó a detallar sus movimientos, ver esos ojos negros que la observaban con obscenidad clavados en sus labios solo le provocó una corriente placentera recorrer su cuerpo hasta dar en su intimidad. Estaba quebrada por completo, bastaba un sencillo gesto del Saiyajin para ponerla de rodillas y eso no era bueno para su bienestar, no debía mostrar cuanto dominio tenía él en su cuerpo, porque de ser así su voluntad estaría subyugada por un tipo que aunque era cierto que la cuidaba seguía siendo un ser descorazonado, que no la dañaría físicamente con total seguridad, pero ese echo no cambiaba su naturaleza, era un guerrero que no había aprendido amar a nadie que no fuera él mismo, siempre estuvo consiente de eso y aún en contra de sus valores estaba enamorada de él, por tanto, no debía permitir que el hombre terminara por someter la poca autonomía que le quedaba.

–Bulma –pronunció con vos ronca estrechándola gentilmente contra la pared y su cuerpo que era preso de sus delicadas curvas. La miró a los ojos aspirando profundo el aroma dulce que emanaba de la piel nívea de la esclava, la peliazul subió sus manos colocándolas en el brazo de él con el que sostenía aún su cuello acariciándolo por sobre la manga de su traje, era el tipo más galante que sus ojos hayan visto, con solo escuchar su voz grave sus piernas perdían fuerza. Él la sujetó con la otra mano por la cintura y con su palma acarició suavemente uno de sus glúteos para luego besarla, ella recibió sus cálidos besos en sus labios, uno tras otro hasta que sus lenguas se acariciaron, sintió como él arrugó su vestido intentando subirlo para dejar descubiertos sus muslos, la deseaba con tal intensidad que jamás imaginó, esa mujer era su perdición, cuando se trataba de ella podía olvidarse de todo lo que había a su alrededor ¿Qué tenía esa hembra que las demás no? ¿Por qué significaba tanto para él? Habían pasado tantas por sus brazos y tenía un harén lleno de femeninas agraciadas dispuestas a hacer todo para complacerlo y aún así, su cuerpo reaccionaba de una forma descontrolada por esa terrícola ¿Sería su belleza? ¿Ó acaso si inteligencia? Ella tenía ambas y quizá era lo que más le atraía, no solo era una cara bonita, era la joven a la que todo heredero al trono querría unirse, pero tenía un obstáculo muy grande, no era de su raza, tampoco fuerte y era carente de toda habilidad que una guerrera de su estatus poseía, si tan solo fuera una saiyajina seguramente ya sería su mujer por ley y la futura reina.

–¿Aquí? –preguntó ella jadeando sutilmente, apenas fueron inaudibles sus palabras. –Nos verán –concluyó estirando su cuello con los ojos cerrados disfrutando del deleite que las caricias del príncipe le provocaban.

–Es tu culpa Bulma –respondió Vegeta tomando de los muslos a la muchacha para alzarla. –Me vuelves loco – pronunció con una sonrisa maliciosa al tiempo en que las piernas de ella quedaron enroscadas en su cadera y volviendo a la boca de la chica la besó con desespero caminando con ella en dirección a una de las habitaciones cercanas, la peliazul enredó sus dedos en su cabello, cada fibra de su cuerpo ardía sintiendo la erección del heredero rozar su intimidad por sobre la ropa. Bulma abrió los ojos cuando él de repente soltó sus labios y la bajó de sus brazos.

–¿Qué pasa? –cuestionó pasando sus manos por su vestido acomodándolo al escuchar pasos sincronizados provenientes del siguiente pasillo que llegaron rápidamente a ellos, vio como Vegeta se torno serio cruzándose de brazos con su habitual expresión.

De pronto la ojiturquesa observó unos soldados pararse frente a ellos y enseguida apareció el monarca al cual le abrieron el paso, al ver al príncipe le propiciaron una reverencia.

–Su alteza –pronunciaron al unísono inclinándose.

El monarca miró a los jóvenes uno al lado del otro, nuevamente ahí estaba esa chiquilla de la que quiso deshacerse, sus ojos perspicaces no perdieron detalles, su mirada se paseó por la apariencia de la humana, tenía el cabello desaliñado, su vestimenta arrugada y los labios hinchados aún con rastros de saliva, solo le causó rabia su estado, su hijo era un imprudente.

Bulma sintió aquella punzada de dolor en su corazón que la había atormentado muchas noches después de que ese hombre enviara a sus sirvientes a que mataran a su bebé y a ella con él, sin querer temblaba por dentro, le temía en cierta forma pero el miedo no era la razón de su sentir, sino el saber que no podía tomar venganza por mano propia, porque no tenía ni la fuerza física ni el poder real para hacer que ese hombre pagara por sus fechorías. Desvió la mirada con rencor aguantando no derramar una lágrima al recordar aquel suceso tan desastroso, sujeto sus manos a la altura de su pecho apretándolas entre sí.

–Majestad –saludó Vegeta con un asentimiento, la tensión en el aire se sentía tan pesado que casi era palpable, padre e hijo no habían hablado del tema desde lo ocurrido pero en algún momento el príncipe sabía que debía poner límites que por la condición titular de su padre sería difícil de manejar, el viejo era el Rey, lo superaba en poder pero solamente en eso, el anciano seguía teniendo el mando máximo.

–Príncipe Vegeta –respondió el monarca desviando su mirada hacia la concubina que seguía con la mirada desviada a algún punto inespecífico y notó que a la mocosa ya se le notaba ligeramente su preñez. –No estas haciendo un buen trabajo, has malcriado demasiado a esta concubina, es una insolente que pretende ignorar a quien está parado frente a ella –bramó con rabia mirándola con desdén. La peliazul al escuchar aquellas palabras fijó sus orbes turquesa en él, sentía tanta impotencia dentro de ella que podría estallar ahí mismo, pero no era correcto ni adecuado, el soberano no perdería, ella estaba en desventaja sin poder hacer nada.

–Está cansada, no la molestes –respondió Vegeta sin expresión alguna girando su rostro hacia la femenina que alzo su rostro enaltecida y dio un paso hacia adelante.

–Su majestad merece respeto chiquilla, reveréncialo como es debido –ordenó Nappa al lado del monarca viendo a la muchacha soberbia no obedecer.

–¿Cómo poder saludar de manera protocolar al hombre que intentó asesinarme? –sus palabras fueron lanzadas como dagas, el rey alzó una ceja incrédulo y Vegeta sonrió ladino al verla y escucharla, sus arrebatos le causaban gracia ¿Era lo suficientemente inteligente o lo meramente tonta como para enfrentar al soberano de esa forma? Si él no estuviera ahí los soldados ya la hubiesen arrojado al calabozo sin piedad alguna.

–¿¡Cómo te atreves insolente!? –bufó Nappa encolerizado con la desfachatez de esa ramera, dio un par de pasos a ella, debía recibir una lección para educar la lengua filosa de esa vagabunda.

–¡Alto ahí Nappa! –gritó el heredero a la corona, sabía que Bulma no era la mujer más sensata a la hora de mantener su boca cerrada, pero aparte de él, solo ella era capaz de hacer escuchar sus palabras de lo que realmente pensaba al rey, era intrépida y aunque no era su mejor característica era algo digno de ver, jamás ninguna esclava se atrevería a hablarle así a alguien de la realeza.

–¡No dejará pasar esta osadía hacia su padre su alteza! –farfulló el élite conteniendo sus ganas de quebrarle el cuello a esa concubina.

–Si bien el soberano merece respeto –habló ella bajando sus brazos, sus puños estaban cerrados, sabía que debía ser cautelosa, pero ya había abierto la boca como para retractarse. –Pero el respeto se gana y usted no lo amerita Rey Vegeta, desde el momento en que quiso matar a su propio nieto. Sé que entre saiyajines los lazos sanguíneos son menos importantes que el linaje al que pertenecen o si son guerreros prodigiosos, pero no tiene derecho a deshacerse de mi hijo bajo ninguna circunstancia –chilló dejando caer un par de lágrimas de sus ojos, tenía mucho por decirle, pero si lo hacía terminarían eliminándola ahí mismo, si se había atrevido solamente era porque estaba segura que Vegeta respaldaba sus palabras.

–Estás muy equivocada humana –contestó observando la actitud petulante de esa mujer, esa débil niñita que lo retaba con la mirada sin respeto alguno –Vives en mí planeta, comes de él, respiras de éste aire ¿Y dices que aún así no me concierne tu estado? Se supone que eres una inteligente científica pero eres muy estúpida, ese mocoso que gestas es propiedad de la realeza, no es tuyo y por ende podemos decidir sobre él. –finalizó mirando de pies a cabeza a la hembra que limpió sus mejillas y caminó lejos de esos bárbaros, no soportaba más ese maldito lugar.

–No te sorprendas viejo –respondió Vegeta mirando a la femenina alejarse del sitio –Sabes que lo que le hiciste es grave, así que no te…

–Sí, sí, que no me atreva a tocar a tu esclava, estoy harto de esto Vegeta, una simple mujer le ha dado de qué hablar al planeta, es una vergüenza que un guerrero como tú caiga en tal mofa –comentó con rabia interviniendo el habla de su hijo.

–¿Le llamas mofa a querer deshacerte de mi heredero? –respondió el Saiyajin más joven acercándose al mayor que no se movió de su sitio, no debía mostrar ninguna clase de temor a su vástago, que si bien lo superaba en fuerza no dejaba de ser solamente el príncipe. –Solo inténtalo una vez más y perderé el poco respeto que aún te tengo –agregó fijando sus orbes negras en las del viejo que emitió un bufido viendo como su primogénito se giró marchándose lejos. Por supuesto que él no se quedaría de brazos cruzados, buscaría la manera de deshacerse de esa mujer insolente causante de tantos problemas para siempre.

–¿Señorita Bulma sucede algo? –preguntó Arian que estaba en la alcoba cambiando la ropa de cama, desde que es humana había salido ilesa del aborto que intentaron practicarle, ella y varias esclavas más tenían que estar al tanto de lo que a esa concubina se le ofreciera por órdenes de su alteza. Su situación estaba empeorando, el Saiya Real ni siquiera la miraba a pesar de sus intentos por acercarse a él y ahora menos, su atención era toda para esa mujer y su bastardo el cual no debía de nacer, si esa tipa daba a luz aunque el monarca la repudiara debía quedarse en el palacio para siempre, sería la madre del pequeño príncipe y ella estaría acabada.

–El Rey –respondió la ojiturquesa alterada, caminó directamente al baño en donde abrió el grifo del lavamanos metiendo sus manos bajo el chorro para mojarlas y pasó sus palmas por su rostro limpiando algunas lágrimas.

–¿Qué pasó con él? ¿La ha dañado? –preguntó con preocupación fingida desde la puerta del baño mirando el estado desencajado de la jovencita.

–Por suerte no, Vegeta estaba conmigo e intervino –dijo tomando la toalla que la sirvienta tomó de la repisa en la pared y se la entregó –Es un desgraciado –agregó limpiando su rostro saliendo del baño, en ese momento vio al heredero entrar evidentemente enojado pues azotó la puerta.

–Su alteza –reverenció Arian ante su presencia.

–¡Fuera! –bufó el joven al ver a la sirvienta ahí, ella salió rápidamente pensando en que si ahí pasaba algo no debía ser tan simple, lo mejor que estaba a su favor era que el rey Vegeta detestaba a la terrícola que no duraría mucho tiempo en el planeta si el monarca se proponía en sacarla de Vegitasei. Con una sonrisa en su rostro anduvo hasta la cocina, momento antes Raditz había llegado para ordenarle preparar unos postres para esa desgraciada.

–Vegeta, si tu padre se empeña en que nuestro hijo no nazca… volverá a intentar que aborte y… –comentó ella con un nudo en la garganta que no la dejó hablar, las lágrimas brotaron de sus ojos nuevamente sin poder evitar verse como se sentía, débil.

–Sé que la situación no es fácil y menos para ti –respondió él acercándose a la muchacha –Pero he prometido protegerte y debes confiar en mis palabras –finalizó limpiando con su mano enguantada la mejilla de la ojiazul, su otra palma la colocó en la espalda de la femenina y la acercó a su pecho, ella enseguida lo abrazó por la cintura sin dudarlo, por supuesto que creía en sus promesas, pero estaba consiente que hasta para él la situación era complicada, después de todo ese anciano era su padre.

–Gracias –pronunció ella en tono tenue, se separo del abrazo y fijó su mirada en la de Vegeta –Gracias por cuidarnos, sin ti estaríamos perdidos –añadió con una leve sonrisa refiriéndose a su bebé y a ella llevando una de sus manos a su abdomen. Cuando Vegeta le devolvió el gesto con una sonrisa ladina, de esas que hacían que su mundo se derrumbara y se olvidara de todo, se alzó en sus pies buscando la boca del Saiyajin que entendió lo que ella quería, la sujetó con ambas manos del rostro dirigiéndola a su boca para besarla. Podía notar la necesidad en las caricias de la hembra que dejó de abrazarlo por la cintura para sujetarse de su cuello.

–Señorita Bulma está lista la… –sus palabras se cortaron al ver a la pareja cerca de la cama besándose, ellos escucharon a la esclava entrar separándose.

–¿¡No te enseñaron a tocar antes de entrar esclava tonta!? –bufó el Saiyajin mirando a la mujer que agachó su cabeza.

–Perdóneme su alteza yo…

–No te preocupes Arian pasa, el príncipe se quedará a comer, por favor sírvenos –pidió Bulma caminando tras el heredero para despojarlo de su capa, sabía que mientras él estaba con ella en su alcoba no solía vestir tan formal y le gustaba solo portar su traje azul sin la armadura.

Una vez solos comenzaron a degustar los alimentos, con la presencia de él podía sentirse más tranquila, debía ser astuta, lidiar con el rey era una guerra prácticamente perdida, nadie podía apoyar una concubina preñada, pero su suerte no estaba echada a perder del todo, él la protegía y de eso podía afianzarse para no resultar dañada por el monarca. Vegeta miró a la jovencita, se sentía culpable la mayoría de veces, era el único responsable de lo que pudiera sufrir la científica en un futuro, ella traería al mundo a su hijo que también era inocente en todo eso.

–Mujer –la llamó captando la atención de la muchacha que estaba concentrada en su plato de comida, ella alzo su rostro para verlo –He estado pensando en la mejor forma de protegerte si mi padre insiste en deshacerte de ti y mi hijo –habló limpiando sus manos con la servilleta para posar sus ojos en los de ella que se mantenían expectantes ante sus palabras.

–Eso no suena nada bien.

–Nada que tenga que ver con rebelársele al rey saiyajin es grato mujer, pero debo buscar soluciones –comentó frunciendo aún más el entrecejo, no podía armar planes inútiles o su mujer sufriría las consecuencias.

–Lo sé, pero es tu padre Vegeta y no puedes vivir en constante debate con él –respondió la ojiturquesa tomando la mano de él para envolverla con las suyas –No es bueno que la familia real esté dividida, no es factible ni para ustedes ni para el pueblo, pueden pensar que son un reino intricando y si eso llega a oídos de otros imperios podrían intentar conquistarlos –agregó, el heredero escuchó muy bien las aclaraciones juiciosas de su hembra, ella tenía razón, como soberanía no debían exponerse ante los planetas como una estrella con conflictos internos, en el universo la pelea por el poder no se trataba simplemente de las batallas o de apropiarse de planetas, incluía además la diplomacia, era así como funcionaba todo, para mantener buenas relaciones con astros beneficiosos para su raza.

–Sabes que podría derrocar a mi padre si lo deseara –manifestó el príncipe desviando la mirada hacia un punto inespecífico en el piso –Pero si lo hago y tomo por la fuerza el título de rey, no todos estarán conformes, aún soy joven y aunque poderoso, no tengo el apoyo absoluto del ejercito ni de los ancianos del consejo, podrían armar una rebelión y es lo menos que me conviene, no quiero ser el soberano de un planeta de traidores.

–Eso no sería seguro para el bebé –agregó ella a las palabras del muchacho que volvió su mirada a la femenina asintiendo.

–Así es, ni para él ni para ti Bulma –indicó.

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Los días pasaron rápidamente, Bulma intentaba mantenerse ocupada o simplemente alejada de los problemas, salía a caminar siempre escoltada y no se quedaba hasta tarde fuera. Lo mejor para sosegar los momentos intranquilos que solían abatirla de vez en cuando era con la compañía de su padre, cuando trabajaba en ciertos diseños nuevos de algunos artefactos que se le ocurrían o simplemente yendo a pasear al jardín que en pocas semanas estuvo completo, las flores la llenaban de melancolía al recordar el tiempo que vivió en su hogar natal, pero a pesar de traerle cierta tristeza también la hacían olvidarse de los problemas.

Había estado viendo a la nueva doctora imperial casi diariamente, lo que más le estaba afectando en su quinto mes de embarazo eran la carencia de ánimo, antes podía pasar todo el día en el laboratorio, ahora se cansaba con tan salir a recorrer el castillo.

Vegeta por su parte se había inmiscuido más en los problemas de estado, siempre prefirió ir de conquista, entrenar y volverse poderoso, el respeto entre los de su raza se ganaba de esa forma desde hace décadas, trayendo gloria y expansión a Vegitasei, cuando purgaban planetas, los sobrevivientes eran llevados a su astro en condición de esclavos para asignarlos a trabajos diversos. Como príncipe desde que era un niño había recibido la mejor educación, un heredero debía ser ágil en batalla y tener gran conocimiento, él siempre se destacó por ser un guerrero que le llevó a su reino muchas victorias, pero tampoco estaba nada mal interesarse en cómo manejar de forma eficiente su imperio, no era fácil, muchos habitantes y un solo reino para controlar a millones de saiyajins sin contar con las innumerables razas que los servían, pero no era imposible, los funcionarios ayudaban a que todo marchara como debía y ese era el sistema que los había llevado a estar donde se encontraban ahora, eran temidos por muchos por su poder y odiados por unos tantos más por su prosperidad.

Ese día era muy temprano, el reloj marcaba las seis de la mañana pero parecía ser aún de noche, podía verse a través del ventanal el cielo completamente cubierto por nubes grisácea, el tempestuoso clima tormentoso había llegado a Vegitasei y con él las temperaturas bajas. La peliazul se encontraba cubierta por la sábanas exclusivamente gruesas con las que pidió que vistieran la cama desde que el gélido ambiente apareció con el cambio de estación. El planeta rojo no era muy diferente a la tierra en ese aspecto, tenía estaciones en el año como cualquier planeta y eso era bueno para la prosperidad de la vida vegetal y animal que eran de utilidad para la alimentación.

La muchacha se movió ligeramente entre las sábanas sintiendo el cuerpo de su amado a su lado, notó la mano de él en su cintura con la cual la rodeaba desde atrás y su brazo estirado le servía de almohada, con él junto a ella no pasaba frío aunque el ambiente estuviese aterido. Se giró en sus brazos y entre la poca claridad del día mezclada con los relámpagos que de vez en cuando aclaraban el cielo miró el rostro apacible del hombre, su entrecejo visiblemente relajado y su respiración tenue denotaban opulencia. De pronto ella dejó de observarlo, arrugó sus cejas llevando una mano a su boca con la cual se tapó con fuerza, las inoportunas náuseas no la dejaban en paz por las mañanas, trató de respirar profundo para calmar el deseo de salir corriendo al baño y vomitar su cena del día anterior, en ese momento lo último que deseaba era exponerse al frío al retirarse de la piel cálida del príncipe.

–Maldición –pronunció sutilmente al sentir como las ansias por vomitar desaparecían de a poco.

–¿Estás bien? –escuchó cerca de su oreja derecha la voz del heredero que estaba observándola, ella asintió sonriéndole.

–Ya pasó –respondió respirando profundo, posó sus ojos en los de él y sintió una de las manos del hombre en su muslo cubierto por la sábana notando el deseo en la expresión perversa en el rostro del príncipe. Ella cerró sus ojos, eran claras las intenciones de él, lo entendía pues anoche no habían podido hacer el amor debido a sus malestares.

–¿Te sientes tan bien cómo para permitir que te folle ahora? –preguntó él con su gruesa voz sin una pisca de moralidad.

–Vegeta no te expreses de esa forma –comentó la peliazul con sus mejillas sonrojadas por sus palabras obscenas, escuchó su risa genuina y abrió sus párpados para mirarlo, pocas veces lo escucha reír de esa forma mostrando sus dientes blancos en su sonrisa jubilosa. Llevó su mano hasta el mentón de él, donde con su dedo índice perfiló su mandíbula. –¿Qué te parece si recompenso tu espera esta noche? Ahora no me siento del todo bien, solo arruinaría el momento –expresó sin dejar de ver el recorrido de su dedo por la piel morena del guerrero.

–La recompensa debe de ser lo suficientemente buena como para osar hacer esperar al príncipe saiyajin mujer atrevida –respondió tomándola de la cintura y la movió con agilidad dejándola sentada ahorcadas sobre su pelvis mientras él aún seguía acostado sobre el colchón, acto que provocó una risa cantarina en la muchacha.

Del otro lado de la puerta Arian que tenía ordenes por parte de la científica de estar siempre muy temprano en la alcoba para ayudarla en lo que necesitaba desde que los síntomas de su embarazo empeoraron, escuchó las risas de ambos, traía una bandeja en la manos con la vajilla del té medicinal que le ayuda a esa concubina a aliviar sus nauseas matutinas la cual estrujó con rabia, era tan grande su amor por el heredero a la corona que haría lo que fuera por obtener sus afectos, el dolor que le causaba que estuviese con otra y no con ella era igual de inmenso que sus sentimientos por él. Mientras su corazón se hacía añicos sofocándola ellos eran tan felices juntos, colocó una mano en la pared cerca de la puerta sosteniendo con fuerza la pequeña bandeja con la taza de té, sus lágrimas se acumularon en sus ojos, la impotencia la sofocaba haciéndola respirar más rápido, su rabia era tanta que podía en ese momento matar a esa mujer, pero las peores decisiones eran cuando se tomaban con la cabeza ardiente, así que caminó lejos llevándose consigo la vajilla, esa tipa era muy inteligente, ninguna había sido tratada con tales privilegios como ella y debía ser ingeniosa.

Llegó a la cocina dejando la bandeja de lado y se dirigió al área de la bodega donde poca gente solía deambular, recostó su espalda en la pared del pasillo cerrando sus ojos, tenía que calmarse y pensar bien, el príncipe no había vuelto a tocar a sus demás concubinas desde que esa humana astuta lo engatusó, ahora estaba preñada, seguramente con sus achaques descuidaba al joven saiyajin vigoroso, sonrió para sí misma cuando una idea cruzó por su cabeza, iba a sacar provecho del tiempo en que estuvo en el harén y aunque no podía deshacerse de la terrícola gestante de un día para otro podía hacer que sintiera un poco del dolor que ella percibía cuando la veía con él.

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Habían pasado unos tres días desde entonces, las chicas del harén habían solicitado a la encargada de ese lugar el permiso para celebrar el nacimiento del heredero que la humana albergaba en su vientre, por supuesto que el protocolo así lo permitía por lo que en la cocina ya se estaban preparado platillos múltiples para esa tarde, aunque tanto a Yadara que era la jefe de cocina como a Milk, les pareció más que raro que fuese específicamente Arian la que sacó el tema a flote para poder festejar al futuro bebé real, ambas sabían que todo lo que viniera de esa exconcubina no sería nada bueno, la niñita desde que salió del harén no hacía más que quejarse del trabajo que ahora ejercía, era mal intencionada y prepotente.

Milk sabía que la sirvienta de Bulma solo era una arpía disfrazada de esclava sumisa, ella no se tragaba ese cuento de que esa criada fuera tan dócil, humilde y considerada al servir tan fervientemente a su amiga, cuando ella sabía que esa mujer perteneció a las chicas del príncipe, no era de fiar y era una lástima que no pudiera comentarle a la ojiturquesa sus sospechas, seguramente Arian planeaba algo, se notaba que sus intenciones no eran tan buenas como parecían y ella iba a descubrir que era, no podía dejar que le hiciera daño a la ojiazul que era ajena a ese problema. La invitación le había llegado a Bulma el día anterior y aunque le aconsejó que no asistiera ella se negó a escucharla.

La terrícola no era para nada ingenua, aunque su mejor amiga le había sugerido rechazar tal invitación ella sabía que el festejo era parte del protocolo, se lo había preguntado a Gine que hace desde hace un par de semanas era parte de sus escoltas, en cuanto recibió la notificación y esta le confirmó que ese tipo de fiestas se hacían por puros formalismos, aunque podía poner la excusa de sentirse mal para no asistir era mejor que se presentara, ella no estaba ni en la tierra y su bebé no era un niño normal hijo de cualquier hombre común, hasta ahora se estaba dando cuenta de lo que realmente sucedía con ella, había pasado de ser esclava en un laboratorio a madre de un príncipe y mujer del heredero a la corona de un planeta de seres poderosos, debía comportarse por mucho que odiara esas costumbres basadas en la poligamia, en la Tierra eso sería un acto repudiable por muchos, pero ella ya no vivía más en aquel astro y ahora era parte de algo totalmente distinto, llevaba en su vientre a un bebé que en futuro gobernaría esa estrella, no podía negarse al festejo de su niño aunque eso proviniera de las mujeres del harén, daba gracias a Kami que Vegeta la mantuviera a su lado y no en ese lugar, su corazón se estrujaba de solo pensar en lo mucho que sufriría viendo a su pareja ir a ese sitio para poder estar con cualquiera de esas muchachas, así que por el momento debía hacer un esfuerzo, no podía cambiar su realidad de la noche a la mañana y solo por eso, ahora estaba ahí, sentada en el centro del harén con una punzada en su pecho al mirar a cada una de las mujeres que pertenecían al príncipe, la habían recibido con amabilidad, le desearon salud y prosperidad al bebé, no parecían malas personas pero eso no quitaba el hecho de sentir por dentro que los celos la carcomían.

–Arian –llamó a la chica que estaba a su lado sentada en un gran cojín acogedor escuchando la música que un par de femeninas tocaban con instrumentos de cuerda. Había permanecido en ese sitio por más de dos horas, ahora le dolía un poco la cabeza y se sentía agotada, conforme pasaban los meses su salud desmejoraba con su estado gestante, cualquier actividad aunque no requiriera de esfuerzo físico la dejaba sin alientos de nada, para ese momento necesitaba tomar un baño y recostarse, desde hace unas semanas atrás que por la tarde requería de una siesta para no sentirse tan cansada –Por favor llama a Gine –ordenó a lo que la muchacha sonrió maliciosa tras la peliazul, había estado esperando ese momento desde que ideó esa fiesta con la excusa de darle la bienvenida al mocoso que esa ramera llevaba en su abdomen, su plan debía funcionar, así que caminó hacia una esquina del harén y le hizo señales a Zangya que estaba al tanto de lo que su amiga haría y salió tras ella con dirección al pasillo fuera de ese lugar. Una vez lejos de la mirada de los demás, Arian vio hacia todos lados, debía ser precavida para que nadie escuchara su charla con Zangya.

–¿Hiciste lo que te pedí? –cuestionó detallando a la pelirroja que asintió con una sonrisa.

–Su alteza está en el área de los laboratorios revisando los nuevos ajustes de las naves –afirmó, Arian le había pedido que la mantuviera informada de los movimientos del príncipe durante esa tarde, todo debía salir perfecto si quería alejar de una buena vez a esa concubina terrícola de su amado Vegeta que debía ser solo suyo. Esta vez jugaría su última carta sin siquiera dudarlo, si ahora fallaba no tendría otra oportunidad como esa, esa mujer no podría ser la dueña de su alteza y para que eso no sucediera debería ocuparse de eso lo más pronto posible antes de que fuera demasiado tarde.

–Ve y has lo que te indiqué, no tardes, estaré esperando –le dijo con expresión seria a lo que su compañera asintió sin borrar su sonrisa malvada, tanto ella como Arian deseaban que Bulma fracasara, verse a ellas tan miserables y sin nadie que velara por su bienestar como el príncipe lo hacía por esa tipa por el tan solo hecho de tenerla preñada era totalmente injusto, ellas también eran mujeres bellas que se merecían algo mejor que ser unas simples criadas de cocina, y esa mocosa de cabello turquesa se había jugado bien el futuro embarazándose para tener un lugar que muchas deseaban en todo el planeta, ser la madre del primogénito del pronto rey era lo que incluyendo a femeninas saiyajin anhelaban, pero ella y su amiga no le harían la vida del todo fácil a esa arpía.

Habían pasado alrededor de quince minutos y Arian ni Gine aparecían, no soportaba más el agotamiento así que con la ayuda de un par de chicas del harén la peliazul se puso de pie de aquel enorme cojín donde aún se encontraba sentada y se dispuso a salir de ahí, agradeció el que le hayan festejado la bienvenida a su bebé y se disculpo por irse tan pronto, Arian que estaba afuera sonrió al ver al príncipe venir hacia el harén, Zangya había hecho bien su trabajo al informarle que la ojiturquesa estaba ahí y que no se sentía bien, como lo dedujo, él fue por ella inmediatamente, ahora solo debía actuar.

–¡Oh su alteza! –exclamó con alegría sonriéndole al saiyajin real que se aproximaba a la entrada a través del pasillo que estaba despejado y no tardó en ir al encuentro de él –He deseado verle durante estos días –chilló emocionada cuando él desvío sus orbes negras hacia la esclava que parloteaba frente a él.

–¿Qué demonios hace ella aquí? –preguntó al sentir el ki cerca de la humana ¿Cómo pudo asistir a ese lugar? El harén no era para la madre de su heredero, era por esa y muchas razones más por la que nunca pensó en llevarla a ese sitio para que fuera parte de su grupo de hembras que llegaron al planeta asignadas para ser esclavas sexuales, ella era una científica, esclava sí, pero al fin y al cabo una femenina inteligente dotada de una mente privilegiada, era la única mujer parte del grupo de científicos que laboraban en el astro rojo y ese sin duda no era sitio para ella.

–Si se refiere a la señorita Bulma ella está bien, la que necesita de usted soy yo mi príncipe… –habló dando unos pasos hacia él de forma insinuante hasta quedar a unos centímetros del hombre que se limitó a ver sus movimientos –Me ha tenido demasiada descuidada, necesito tener cerca al dueño de mi cuerpo –agregó coqueta y esta vez se abrazó al cuello de él, no estaba dispuesta a permitir que la rechazara como siempre lo hacía.

–Apártate esclava, no tengo tiempo para tus tonterías –aseveró tomándola de las manos para alejarla de su cuerpo pero ella se aferró lo más fuerte que pudo acercando su boca a la de él.

–Su alteza debería considerar hacerme suya esta noche…

En ese momento la peliazul cansada de esperar salió al pasillo en busca de Gine para que la acompañara a su habitación, pero en vez de eso, escucho a la voz de su sirvienta y la respiración se le detuvo al tiempo que su sangre se heló al entender lo que ahí estaba pasando.

–… Necesita recordar lo mucho que disfrutamos juntos, aún no puedo olvidar sus caricias salvajes, sus labios en los míos y sus manos en mi cuerpo príncipe Vegeta –cascabeleó Arian cual serpiente venenosa consiente de que la humana había salido al pasillo y ahora los observaba con sus ojos incrédulos.


RinPink Susaiyajin: Hola a todas :3

Lamento tanta tardanza, he estado muy ocupada pero no deben preocuparse, no pretendo abandonar el fic como muchas me han cuestionado.

Por otra parte, una lectora me preguntó si puedo concederle el permiso de este fic para poder adaptarlo a una obra que ella tiene pensada escribir, lamento decirle que por el momento no puedo cederse el permiso a nadie ya que a esta historia aún le falta más de la mitad de los capítulos que he subido para finalizarla, lo siento. También he recibido muchos plagios y es otra razón más para negarme a la petición, espero que me comprendan.

Espero disfruten el capítulo, cualquier duda háganmela saber en los REVIEWS o a través de mi página de fb, el link directo está en la descripción del perfil de mi página de FF.

Agradezco a todas sus buenas vibras que me ayudan a seguir escribiendo, las quiero a todas. Nos leemos.