CAPÍTULO XXIII: RETORNO
En todo este tiempo atrás había pensado que el dolor más grande era aquel que sintió en el momento que cruelmente asesinaron uno a uno a sus amigos, cuando esos alienígenas desconocidos en aquel entonces la despojaron de su planeta metiéndola en esa nave extraña junto a sus padres arrancándola de su estrella natal para siempre, llevándola en contra de toda voluntad hacia ese planeta de salvajes donde hoy estaba intentando hacer una nueva vida aprendiendo a adaptarse a esas costumbres felócratas, en aquel instante en que su madre perdió la vida a causa de la inanición al que esos desalmados la sometieron mientras eran trasladados a ese astro donde encontró más de una de sus leyes asquerosas.
Meses anteriores no le habría importado nada salvo su padre que era la única familia que le quedaba, sin duda se hubiese atrevido a robar sin pensarlo dos veces una nave para largarse de una buena vez de ese asqueroso planeta, pero ahora estaba embarazada y por su hijo estaba dispuesta incluso a sacrificarse como mujer para que a su bebé no le hiciera falta nada, era capaz de convertirse en alguien sin moral que apartara a un lado sus valores para dejarse regir por ciertas prácticas que en la Tierra serían despreciables, porque no podía oponerse a ellas, porque no podía luchar en contra de una situación ajena a sus virtudes por muchas razones, por no tener la fuerza física suficiente para hacerlo y porque había cometido el error más grande de su vida al enamorarse de ese inmundo alíen que no tenía aprecio por nada y por nadie que no fuera el mismo, en ese instante lo vio más claro que nunca, Vegeta siempre sería el mismo, pasara lo que pasara, aunque ella se sacara el corazón y se lo ofreciera ciegamente, él lo tiraría al piso y lo pisotearía hasta hacerlo añicos sin ninguna clase de remordimiento, porque esa era su naturaleza y eso es lo que estaba haciendo con su amor al burlarse de ella de esa forma tan baja, escuchar las palabras de esa criada a su servicio le habían abierto los ojos a una realidad de la que muchas veces quiso escapar, se negó a ver la verdad desde aquel momento en que Vegeta pasó muchas noches fuera del lecho que compartía con ella, a su mente vino el recuerdo de cuando él traía impregnado un olor ajeno al suyo y aunque sufrió, en su interior lo perdonó porque no estaba segura de su traición, todo lo opuesto a lo que estaba presenciando ahora.
Llevó una mano a su pecho al darse cuenta que latía a un ritmo doloroso que le impidió respirar apaciblemente, aspiró hondo ahogando en su garganta cualquier clase de sonido y notó como su vista se puso empañada volviendo borrosa a la pareja que detallaba. Apretó sus labios, no le daría el gusto a ninguno de los dos que la vieran así de afectada, porque a pesar de no ser como ninguna mujer saiyana en cuanto a fuerza física se refería, era más impetuosa que cualquier otra si de voluntad se trataba, tenía por quien vivir, en quien pensar y no podía dejarse llevar por sentimientos estúpidos que había creado entorno a ese ser miserable que acababa de triturar su corazón machacándolo sin piedad alguna.
Era como que si el tiempo en ese momento se hubiera detenido, su cuerpo no era perceptible, no era consciente de sí, tan sólo existía. El ruido a su alrededor había desaparecido, estaba sola en ese espacio obscuro donde no era notoria para nadie, como cuando una cucaracha buscaba fervientemente un escondite sin claridad cuando intentaban aplastarla, como la más mísera escoria que no tenía lugar en ningún sitio salvo en uno repugnante lleno de la más nauseabunda inmundicia. De pronto fue dueña de sí, escuchó el sonido proveniente de la música dentro del harén y parpadeó dejando caer sus lágrimas enfocando a la pareja frente a sus ojos, apartó la vista de ellos, se giró y caminó lejos, si se quedaba en cualquier momento podría desmayarse, sus piernas se percibían débiles como si su propio peso era demasiado para poder cargarse, pero logró desaparecer de ese lugar al que no debió ir nunca, quizá muy en el fondo prefería seguir viviendo en un mundo lleno de mentiras, seguir pasando por ilusa creyendo en fantasías que solo dentro de ella tenían forma, porque el que de ilusiones vivía en algún momento moría de desengaños. La verdad dolía. A pasos apresurados se dirigió a la alcoba que había sido su refugio este tiempo atrás, detuvo sus pasos respirando agitada y escuchó la voz de Gine que la llamaba.
–Señorita Bulma espere –escuchó decir a la mujer que llegó hasta ella, tenía más de un minuto corriendo tras la muchacha que parecía no escucharla, desde el otro lado del pasillo la vio correr desesperada como si alguien estuviera persiguiéndola, se sujetaba de las paredes como si en cualquier instante fuera a caerse, ella estaba mal por alguna razón, su deber era cuidarla, tan solo había salido para ordenarle a una criada que tuviera la habitación pulcra y ordenada para que su señorita pudiera descansar después de la fiesta en el harén, la dejó de buen humor pero ahora que había regresado por ella era todo lo contrario, se notaba fatigada y cuando la vio al rostro sus lágrimas fueron evidentes. —¿Qué sucede? ¿Se siente mal? —preguntó alarmada, no se había alejado de la humana demasiado tiempo y unos minutos después la encontraba en estado de conmoción.
—Por favor, llévame a mi habitación —dijo con esfuerzo a medio camino de los escalones con dirección al ala que daba hacia las recámaras, se sintió mareada y con tantas ganas de vomitar como que si haciéndolo se deshiciera de ese remolino de emociones que la pulverizaban por dentro.
—Señorita debo llamar a un médico, está demasiado pálida —indicó Gine tomándola por el brazo para ayudarla. Cuando Kakaroto le habló sobre el trabajo que le había conseguido al recomendarla con el príncipe Vegeta jamás pensó que fuera tan complicado, la terrícola era frágil, su salud parecía un quebradizo cristal a punto de romperse y si ella no cumplía su rol como dama de compañía rodaría su cabeza junto con la de las criadas que la atendían, así como la de los escoltas que cuidaban a la concubina favorita del príncipe.
—¡No, no necesito a la doctora ahora! —exclamó la ojiturquesa llegando hasta la alcoba real, Gine que la llevaba sujeta la soltó en cuanto entraron para ir hasta el buró al lado de la cama, de donde se sirvió de la jarra de vidrio posada en una bandeja un vaso de agua que inmediatamente le entregó a la joven. Bulma logró sentarse en el sofá y sujetó el recipiente con agua que le sirvió la saiyana —Ahora quiero que recojas todas mis cosas y las lleves a otra recámara por favor, no pienso quedarme ni un segundo más en este lugar —habló y ésta vez llevo el vaso a su boca para sorber un par de tragos derramando con nerviosismo gotas por la comisura de sus labios, dejó el objeto en la mesa para ponerse de pie limpiándose la boca con sus dedos, sentía como la respiración le faltaba e intento inhalar profundo para calmar sus sollozos, con ambas manos se quitó las lágrimas que bajaban libres por sus mejillas. Se sentía vacía, llena de dudas, corrompida por dentro como si alguien le hubiese arrancado del pecho el corazón, como si una parte vital dentro de sí se marchitara de un momento a otro, todo había sido tan efímero. Se quebraba por dentro, la decepción la inundaba de pies a cabeza y no había nada que pudiera hacer, porque para el saiyajin jamás significó nada, porque había sido solo un cuerpo bonito del cual él se benefició en el momento que quiso para luego acuchillarla por la espalda. Ese mísero ser no valía absolutamente nada.
—¡Pero si hago eso el príncipe me matará! —respondió atemorizada ante la idea la mujer que miraba a la ojiturquesa perturbada, debió pasar algo muy grave para que ella se encontrara en ese estado, pensó —Lo que sea que le ocurra es mejor que lo hable antes con su majestad mi niña.
Los ojos rojos por el llanto de la esclava se posaron en la saiyana, ella tenía el entrecejo arrugado y sus labios amurrados en una mueca desolada que Gine no logró comprender pero que le conmovió, se acercó a la muchacha y la atrajo hacia su cuerpo en un abrazo que la científica aceptó hundiendo sin pensar su rostro en el cuello de la mujer. Después de unos segundos Bulma se apartó de su lado y caminó decidida hacia su closet de donde comenzó a sacar la ropa desenganchándola para tirarla al piso a sus espaldas.
—Hágame caso niña, hable con…
—¡Basta Gine! Sacaré mis cosas de este sitio con o sin tu ayuda —aseveró sin dejar lo que hacía.
—Por favor no se esfuerce, yo lo hago –indicó rendida, simplemente la terrícola ni quería escuchar.
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—¡Esclava estúpida! —bramó Vegeta al ver como su mujer caminaba lejos a pasos apresurados. Tomó por los hombros a la criada que seguía pegada a su cuerpo y lanzó contra el piso sin delicadeza, estaba harto de esa ramera insulsa que seguramente le había creado un problema con su concubina.
—¡Auch! —gimió con dolor la alienígena que cayó con fuerza con su cadera al piso, alzó la mirada y escuchó como él dio la orden de que la llevarán directamente al tronco que estaba en el descampado tras el castillo donde latigaban en castigo a los esclavos problemáticos. Su corazón se rompió, había imaginado que podía suceder cualquier cosa excepto eso, no podía alcanzar a comprender como ella lograba ser tan miserablemente desdichada, nada en su vida había salido como quería, estaba en uno de los rangos más bajos y aún así el destino quería lo peor para ella, doscientos azotes como reprimenda, escuchó el número y el corazón casi se le detuvo, no había quien pudiera soportar esa pena cuando quien la ejercía era un saiyajin cruelmente despiadado, en el pasado vio morir a algunas de sus compañeras en ese lugar, no soportaban mas de veinte golpes que eran infringidos con el triple de fuerza de un ser normal por un verdugo saiyano ¿Era el final de su triste vida? ¿Moriría despellejada en aquel lugar por el látigo mientras él iba tras la zorra arpía? ¿Era su pago al amor desmedido que sentía por ese hombre?
Fue levantada del piso como si de una pluma se tratara por Raditz, que llevaría acabo la orden del príncipe. Arian no pudo siquiera decir nada, ninguna palabra que la justificara salió de su boca aunque pensaba una y mil razones para darle a su alteza como motivo de su comportamiento. Simplemente lo vio alejarse en la misma dirección en la que había huido la humana… él iría tras esa mujer que ella tanto odiaba ¿Y que sería de su ser? No le importaba a nadie, ninguno se preocuparía por una criada a punto de recibir un correctivo tan cruel por su imprudencia, porque había sido una total estafa en creer que su plan funcionaria y tarde estaba abriendo sus ojos, aunque quisiera negarlo para sí misma, la única explicación que encontró era que el príncipe estaba enamorado de esa humana asquerosa, era la única justificación que hallaba para el comportamiento del heredero. Su corazón se hizo añicos dentro de su pecho que estaba tan vacío de desamor y dolor ante la revelación, esa mujer era la dueña de la voluntad del futuro rey, y ella que había rogado por su amor jamás lo tendría mientras esa tipa gozaba de su compañía en cuanta medida quisiera, la odiaba y se odiaba también a sí misma por ser tan ilusa al creer que con sumisión u obediencia se ganaría el afecto del heredero, había sido tan ciega y tonta que sentía pena de se su propia persona, por no comprender que Vegeta nunca sería suyo porque tenía dueña. Ahora aborrecía su proceder, pero era tarde, estaba siendo llevada fuera del palacio y nadie podría salvarla de su destino.
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—No dejes absolutamente nada que sea mío en ésta habitación Gine —habló la peliazul tirando en el piso la última prenda que colgaba en su lado del closet, había tenido suficiente de ese saiyajin, ella dio todo de sí para poder tener una relación sana con Vegeta pero a él parecía no importarle sus sentimientos ¿Pero cómo iban a importarle si ella no significaba nada para él? Sus ilusiones se fabricaron solo en su mente y de ese sitio no salieron ni se concretaron porque como pareja tenía a un hombre que no comprendía su naturaleza humana, era ella quien tenía siempre que acoplarse a las manías y gustos del salvaje hombre, tampoco es que haya sido un sacrificio, porque en el transcurso cometió el gravísimo disparate de enamorarse de él, pero por lo menos esperaba ser correspondida en silencio, pues sabía que jamás obtendría del saiya real un "te quiero", aunque como su concubina y madre de su hijo merecía respeto, uno que él se negaba a darle al revolcarse con esas tipas frente a sus ojos.
La herida que él acababa de hacerle era profunda y si a eso le sumaba el hecho de que ambos, tanto esa mujer como Vegeta se burlaron de ella mientras la criada permaneció como su sirvienta personal, era como echarle limón a esa grieta recién abierta en su pecho, no tenía justificación alguna ese acto repulsivo, cuántas veces seguramente copularon sobre la misma cama en la que ella dormía y se le entregaba por completo al saiyajin cada vez que a él se le antojaba. Sintió ganas de vomitar al pensarlo y sus ojos se llenaron aún más de lágrimas, llevó una mano a su boca y la otra a su vientre intentando contener las arcadas en su garganta, suficiente tenía con haber vuelto a entrar a esa recámara como para quedarse ahí un segundo más, así que camino hasta la cama y se agachó para abrir el cajón del buró de donde tomó la tarjeta que él le había entregado tiempo atrás, su bebé nacería en unos meses y no estaba dispuesta a negarle nada por el maldito de su traicionero padre, se giró observando como Gine levantó todo del piso y abrió la puerta para salir cerrándola tras de sí, ahora era a ella quien le tocaba cerrar esa puerta dejando atrás todo lo vivido con un ser tan egoísta que no supo apreciar su amor genuino, le entregó todo lo que podía darle a pesar de cómo habían surgido las cosas entre ellos, aprendió a entenderlo, a quererlo con sus defectos y virtudes, jamás pensó en estar con él por interés alguno a su corona como la mayoría de las mujeres en ese planeta, pero Vegeta era el tipo de ser al que el amor poco le importaba, por ello no lo quería más en su vida.
Tragó saliva espesa que se le había acumulado en la boca sintiendo cómo su garganta dolía de tanto llorar, guardó la tarjeta en un bolsito diminuto que estaba sobre la mesita de noche en la que apenas cupo y trabó el asa de esta en su muñeca, con ambas manos limpió su rostro húmedo, ese par de desgraciados no merecían ni siquiera su rencor, volvió a tragar en seco andando hasta la salida cuando de pronto se abrió la puerta por donde Vegeta accedió para luego cerrarla. Ambos se observaron unos segundos, él vio a su hembra descompensada y ella intentó no mirarse tan afectada, limpió por última vez sus lágrimas, haciendo uso de su autocontrol se repitió para sí misma que el príncipe no valía tanto la pena como para dejarse influenciar de esa manera, no dejaría que él la viera derrotada y mucho menos desolada por su traición, así que por ello aparto sus orbes turquesa del joven, respiró profundo y comenzó a caminar hasta la salida.
—¿Qué demonios significa esto mujer? —escuchó la pregunta del hombren en cuanto ella estaba por pasar a su lado para salir de la recámara. La peliazul entrecerró sus párpados ante sus palabras ¿Se podía ser tan cínico? Él parecía muy calmado mientras ella moría por dentro, porque él la había destruido de todas las formas posibles, la había humillado en cuanto pudo y no le bastó en convertirla en su esclava, también la embarazó y era lo único rescatable de esa relación que habían tenido, porque eso no tenía nombre, ni pies, ni cabeza, ni forma, porque ella había sido parte de toda su mierda y aún así se había enamorado, pero Vegeta jamás la apreciaría, tan solo había perdido su tiempo intentando que las cosas funcionaran mientras él no hizo absolutamente nada excepto pisotear su dignidad y su amor. —Vi a Gine entrar a una de las habitaciones con tus pertenencias ¿A qué estás jugando? —soltó girándose para verla cuando pasó a su lado, la siguió con la vista y la miró detenerse ante la puerta.
—¿Qué no es obvio? —expresó ella volteando su rostro para verlo entre un cúmulo de sentimientos que intentaba mantener reservados, pero que de tan solo escuchar la voz del saiyajin le hervía amenazando con estallar, pues el hombre parecía no notar la gravedad de las cosas —Me estoy mudando de recámara, por favor no me molestes —concluyó, volvió a girarse para tomar el pomo de la puerta y abrirla, pero no llegó a salir, de una zancada Vegeta se acercó a ella, estiró su mano y cerró la puerta nuevamente azotándola a lo que la ojiturquesa dio un brinco en su sitio.
—Tú no iras a ningún lado —ladró parándose frente a la femenina, interfiriendo entre ella y esa puerta por donde la hembra no pasaría sin su consentimiento.
—¡Suéltame Vegeta! —exigió ella con voz firme al tiempo en que colocó su mano en la enguantada del joven empujándola lejos de su cuerpo, tan solo el hecho de ser tocada por él le producía unas fuertes náuseas ¿Cómo había sido capaz ese patán de revolcarse con esa mujer y luego ir con ella? No había duda, que en la tierra o en cualquier otro maldito planeta sea bajo cualquier costumbre los hombres siempre serían los mismos. —¡No tengo nada más que hacer en esta aquí! –agregó dolida y asqueada por las circunstancias a las que había sido sometida, ella le había entregado todo de sí, se había tenido que acostumbrar a ser su concubina en vez de laborar como científica. A vivir alejada de su padre teniéndolo tan cerca. Toda su vida dio un giro cuando él la tomó como esclava sexual, porque siempre había sido eso, por él, por su maldita culpa, y aún así, a pesar de todo lo mal nacido que fue con ella y su raza con su planeta, se había enamorado sinceramente ¡Iba a darle un hijo con un demonio! Un heredero de su reinado, ella no merecía tal engaño. Suspiró casi en un bufido para tomar la manija de la puerta, la giró y halo de ella pero esta vez ésta resonó contra el marco cuando fue cerrada violentamente, el fuerte azote la hizo dar un brinco en su posición pues el saiya real había empujado con su mano la puerta. Ella posó su mirada en él ¿A qué diablos estaba jugando ese cretino?
—Escúchame bien Bulma —ladró con rabia acercándose a la humana que retrocedió en sus pasos hasta quedar con su espalda pegada a la puerta, no estaba asustada, pero sí alerta, sabía que el tipo era explosivo y en cualquier momento podría hacer algo en su contra, aunque hacía mucho tiempo había dejado de temerle, por muy bruto que fuera no lo creyó nunca capaz de dañarla —¡Eres mi mujer! ¡Y no puedes sobreactuar tan estúpidamente por lo que viste! —bramó cerca del rostro de la muchacha que se mantuvo expectante ante sus palabras ¿Qué rayos pasaba con ella? No podía dejarse llevar así por una ridícula escena con esa criada que no valía ni siquiera la molestia de una discusión.
—¿Y qué diablos quieres Vegeta? ¿Qué me importe un comino tu romance con tu querida Arian? ¡Eres realmente un descarado! —chilló molesta con el entrecejo arrugado y sus orbes turquesa fijas en aquellos ojos negros insondables del hombre que la veía atento —No puedo creer tu nivel de cinismo —añadió, alzó la barbilla y sonrió burlesca, no se dejaría amedrentar más por él, no se merecía nada, ni siquiera su respeto.
—Cuida tu boca terrícola, no olvides quien está frente a ti —gruñó dando un paso más hacia ella que se quedó quieta, no podía mostrarse insegura o temerosa por muy doloroso que fuera su reciente descubrimiento, pero ahora no solo le dolía eso, sino también el hecho de que él se mostrara tan ajeno a la situación sin importarle sus sentimientos. El príncipe observó los ojos de ella enrojecidos concluyendo que había llorado, aún sus ojeras y su nariz estaban del mismo color escarlata intenso seguramente producto de su lloriqueo, la conocía demasiado bien cómo para poder deducir con certeza su estado.
Supo que tendría problemas con ella desde el momento en que se percató que había observado y escuchado lo que aquella estúpida esclava hizo, por lo que no dudó en enviarla al poste donde generalmente se castigaban a los sirvientes que requerían de un régimen estricto para que aprendieran a comportarse. Gruñó alterado pasando una mano por su cabello tratando de controlarse, no quería hacer algo que descompensara a la hembra pues su estado de preñez podría empeorar y era lo último que quería, si eso pasaba Arian iba a pagarlo con su mísera vida, no era sino la única culpable de todo.
—No te estoy reclamando nada Vegeta, solo te quiero lejos de mi, no quiero verte —concluyó intentado dar un paso hacia un lado pero fue detenida por él que colocó una mano en la pared a la altura del rostro de la humana que volteó nuevamente a verlo. Las palabras de la esclava realmente le afectaban, sentía algo dentro de sí que no tenía una explicación lógica a su razón, pero algo le decía que la necesitaba cerca, quizá por ello se negaba a dejarla ir, era ridículo en verdad, pero más que un capricho la presencia de ella junto a él se había convertido en menester de su tranquilidad. Aspiró profundo dejando salir el aire por su nariz con fuerza, casi en bufido, por qué tenía que ser tan complicado todo —Déjame ir —la vio pronunciar con sus labios carnosos que lo invitaron a probarlos, pero no era el momento, tragó la saliva acumulada en su boca y subió su vista obscura a los ojos claros de la muchacha.
—Ella no significa nada Bulma —pronunció entre dientes que apenas fueron entendibles, aunque la peliazul pudo comprender sus entorpecidas palabras, pero que él lo negara resultaba aún peor, se sentía defraudada. Herida. La ojiturquesa agachó su mirada apretando sus labios en un intento por evitar sollozar, sus ojos se llenaron de lágrimas, tontamente se ponía en el sitio de aquella esclava, esa pobre mujer debía de estar sufriendo de la misma manera que ella sabiendo que el hombre con el que se acostaba tenía a otra embarazada, era imperdonable.
—Basta —pronunció ahogada pues un nudo en la garganta no la dejó hablar claramente, se tapó la boca y esquivando el brazo que él aún tenía en la pared al lado de la puerta salió abriéndola con movimientos apresurados, tenerlo cerca dolía aún más. Caminó por el pasillo en donde se encontró con Gine, ésta ya había pedido permiso a su hijo Kakaroto para instalar a la humana en una de las mejores habitaciones que estaban contiguo a la del príncipe, éste había dado el acceso pues se trataba de la hembra que daría pronto a luz al heredero de su alteza, de lo contrario la enviaría junto a las femeninas del harén donde le correspondía vivir si es que Vegeta la echaba de su alcoba.
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—Padre ¿Ya te has enterado de lo que pasó? —preguntó entrando al salón del trono con evidente apresuramiento. Eran alrededor de las ocho de la noche, esos días atrás se había tenido que alejar un poco del castillo para cumplir con sus labores de asesoramiento a los nuevos reclutas sayanos, cuando éstos cumplían la edad para tener un trabajo estable y no llenaban los requisitos necesarios para unirse a los batallones, se les asignaban labores de obreros según sus capacidades, a los más inteligentes se les brindaban programas de aprendizaje para que laboraran como ayudantes en las diferentes aéreas, él como príncipe, tenía la obligación de supervisar que dichas encomiendas se llevarán acabo cumpliendo las normas. Esa tarde recién regresaba y ya le habían informado de lo sucedido, no había día que no tuviera que lidiar con problemas, mientras su querido hermano mayor solo se encarga de provocarlos.
—¿Qué sucede Tarble? ¿Por qué entras sin tocar la puerta ni ser anunciado? —cuestionó el Rey que se encontraba revisando unos planos de las nuevas construcciones en la ciudad, estaba sentado a la cabecilla de la enorme mesa donde solía reunirse con sus consejeros y que siempre solía usar como un escritorio cuando se encontraba en la sala del trono.
—Por favor padre, deja los formalismos, lo que voy a decirte está fuera de toda lógica —indicó llegando hasta el hombre que se puso de pie escuchando atentamente al menor que al llegar frente a él hizo una ligera reverencia. Tarble miró a su padre que lo observaba con disposición para escucharlo así que prosiguió —Es tu hijo mayor ¿Sabes qué hizo? —preguntó indignado, no podía creer que el príncipe heredero a la corona se viera envuelto en chismes de falda conducidos por un par de esclavas insignificantes, cuando allá afuera habían cosas más importantes de qué preocuparse.
—Me lo han informado esta tarde —respondió asintiendo con su cabeza en afirmación.
—¿Y? ¿No piensas hacer nada? —cuestionó sonando exasperado, y en verdad lo estaba ¿Era ese el rey que tendrían dentro de poco tiempo? Era por eso y otras razones más, por lo que los saiyajin no podían ni debían desarrollar sentimientos por nada ni nadie, porque estaba en su sangre y en su naturaleza ser ásperos, porque su vida era entregarse completamente a desarrollar su potencial para ser los mejores, en darle realce a su planeta en poderío y gloria, no tenían tiempo de sobra para perderlo en emociones estúpidas y menos por una esclava inútil como lo era esa seudo científica que solo había logrado descomponer al idiota de Vegeta.
—Lo he estado pensando hijo, la única manera de echar a esa humana del palacio es cuando nazca el mocoso —comenzó a decir llevando una mano hacia su cien, la cual masajeó suavemente del lado derecho, su heredero, el que parecía más sensato era el que más disgustos estaba dándole.
—¿¡Qué!? ¿No me digas que le tienes afecto a ese híbrido? —cuestionó con rabia cruzándose de brazos, ese crío solo era una deshonra para su raza, su padre no podía estar hablando enserio.
—No se trata de eso Tarble, pero ese niño es el hijo de Vegeta, saiyajin puro o no, si lo eliminamos provocaremos opiniones divididas en el pueblo, no quiero rumores de ningún tipo —respondió posando su mirada en un punto inespecífico en el piso.
—Vegeta envío a su exclava del harén al poste para que la azotaran ¿Sabes por qué? Por ella, por esa humana, los criados dicen que esa mujer fue azotada hasta que su espalda quedó sin piel y…
—¿Te afecta en algo que esa criada muera? —cuestionó el monarca entrecerrando sus ojos, Tarble parecía muy afectado por los hechos de su hijo mayor, pero sobretodo por el castigo que él mando a aplicar en esa golfa atrevida.
—Por supuesto que no, esa inútil me importa poco, pero debes…
—Entonces no me quites el tiempo por tonterías Tarble —aseveró volviéndose a sentar —Ni esa mujer ni la científica deberían ser motivo de charla, en cuanto nazca el hijo de Vegeta veremos qué hacer, hasta entonces dejaremos que las cosas avancen y solo esperemos que el mocoso sea fuerte y no un debilucho inútil —agregó tomando los papeles que antes revisaba en sus manos, escuchó a su hijo bufar y caminar lejos dejándolo solo.
Las últimas palabras del rey resonaron en su cabeza "debilucho inútil" tal cómo él, que no había podido acceder al ejército élite por su bajo poder, que se había tenido que quedar a resolver problemas estúpidos en el planeta sin poder salir a misiones de purga ¡Estaba harto! A pesar de las idioteces de su hermano parecía que el monarca no estaba dispuesto a destituirlo de su título, la faltas de Vegeta ameritaba que nombraran a otro príncipe heredero, pero no, el viejo no lo haría porque Vegeta siempre fue su favorito, por ser un guerrero prodigioso, cuanto lo odiaba.
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—¿Ella está bien? —increpó ante su angustia.
—Mi madre la está cuidando Milk, no debes preocuparte —respondió sentándose al lado de la mujer que se encontraba en la cama tocándose el prominente abdomen abultado —Tu solo debes preocuparte por cuidar de ti misma y de mi hijo —comentó acariciando el vientre de la hembra que sonrió ante el gesto.
—Lo sé Goku, pero no puedo dejar pensar en mi amiga, ella está sola, me necesita —explicó con congoja poniéndose seria, todo ese tiempo se limitaba a guardar reposo tal y cómo el médico se lo había indicado, pero no por ello podía hacerse la de la vista gorda como si nada a su alrededor importara. Ella tenía a su pareja, él la cuidaba y velaba por su seguridad, era cariñoso a su manera pero sus gestos demostraban que la quería y con eso era feliz, en cambio Bulma no tenía ninguna clase de apoyo, conociendo la reputación del príncipe podía asegurar que no se ocupaba de ella como debía, no estaba cuidándola, una de las esclavas que limpiaban la habitación de su amiga le había dicho que ella ya no dormía con él desde hacía unas semanas, quería verla, pero su embarazo cerca de los siete meses le dificultaba el poder andar de arriba abajo, pero haría el esfuerzo, iría a verla, le hacia demasiada falta.
—Gine la cuidará —respondió acostándose junto a ella.
La pelinegra se recostó al lado del saiyajin acomodándose para dormir, habían pasado muchas cosas esos últimos meses, ella había tenido que mudarse de la habitación que él tenía asignada en el palacio en el área de los guerreros élite solo para esconder su preñez, porque si el rey había enviado a Bulma a una camilla para practicarle un aborto ¿Qué podría ser de ella que era una simple criada más? La científica se había mantenido a salvo hasta el momento porque el heredero la protegía del monarca, porque tenía su favor y favoritismo, tan solo por eso, de lo contrario ya estaría muerta. Raditz le había contado todo al saber que ella era la mejor amiga de la científica, aunque en un principio se había negado, tuvo que rogarle para que le informara sobre la peliazul pues no había sabido nada de su paradero desde que renunció a su trabajo en la cocina, y desde su traslado al hogar de sus suegros que no se le había presentado la oportunidad para ir al castillo, no quería exponerse a que la vieran embarazada, prácticamente se tenía que esconder de todos desde que ya no pudo ocultar más su vientre abultado, por suerte Gine, era una mujer comprensible que la acogió en su casa lejos del centro de la ciudad y de todos los que podían ir con el chisme al monarca, por supuesto que su cuñado Raditz ni Bardock que era el padre de su pareja abrirían la boca, sabían que de hacerlo la pena máxima que se le aplicaría a ella sería la ejecución, no solo por engendrar un híbrido, sino también por haberlo hecho con un general de alto rango del ejercito, Kakaroto era la mano derecha del príncipe, no sabía en qué momento todo se había complicado de esa forma, en vez de que los problemas que tenía encima se solucionaran parecía que se enredaban más.
Goku se lo había confesado a Vegeta, le había hablado sobre su preñez y parecía comprenderlo, él mismo le había sugerido mantenerla oculta hasta que su hijo naciera, solo le rogaba a Kami que nadie se enterara, vivía casi en cautiverio, apenas salía de la casa para ver el atardecer, se la pasaba en la vivienda todo el día y aunque era lo mejor, se aburría, quería salir a caminar, a relajarse, pero ni la situación ni su estado se lo permitían, apenas andaba una distancia larga ya se sentía agotada, lo único que le quedaba por hacer era esperar a que esos meses pasaran y dar a luz a su bebé.
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Desde que ella se había cambiado de la habitación del saiyajin habían transcurrido casi tres meses, tres meses en los que ella evitaba cruzarse con el causante de todo su sufrimiento, como si con eludirlo quisiera borrarlo de su vida para siempre y se repetía incansablemente cada día que debía deshacerse de aquel maldito sentimiento que la mantenía atada a ese detestable planeta, y a él, porque internamente una parte de sí ardía de amor por el príncipe y la otra le recordaba que Vegeta la había convertido en todo lo que era ahora, en tan solo una concubina que cargaba en su vientre a un niño que su raza no quería y eso, alimentaba constantemente el rencor que la hacía conservarse lejos del hombre responsable de su desdicha, si su padre o el bebé que gestaba en su abdomen no existieran no vacilaría en marcharse a otra estrella, pues solo interponiendo miles kilómetros de distancia entre ellos dejaría de quererlo, pero estaba su progenitor de por medio, él era mayor y no podría soportar un viaje largo, además, si lograran escapar el saiyajin real enviaría por ella que sin contar con mucho capital no podrían sobrevivir allá afuera, por otra parte estaba su bebé, preñada como estaba de ocho meses no podría dentro de poco siquiera visitar su jardín, cada día que pasaba se sentía más cansada, había perdido peso y la doctora pese a que intentaba contrarrestar los síntomas que el embarazo le producía no lograba mermar del todo los estragos en su cuerpo, era por eso que ahora estaba ahí siento examinaba por la alienígena como cada día.
Era de noche, después de cenar casi había caído desvanecía al piso, a pesar de intentar mantenerse tranquila todos los problemas le estaban pasando factura, constantemente lloraba a solas, cuando nadie la veía porque se avergonzaba de sí misma, porque no debería sentirse así de miserable, porque no era cualquier mujer, era una científica degradada a esclava, porque en su planeta jamás hubiera vivido ese infierno que había venido soportando desde la invasión a la Tierra. Ella se deshacía internamente y parecía que solo la mantenían con vida por su hijo, porque era lo único que a Vegeta le importaba pues en ningún momento se había molestado en preguntar por ella o en intentar siquiera saber cómo avanzaba su embarazo. Simplemente era un infeliz.
Por su parte el heredero se estaba dedicando a aprender diplomáticamente todo lo que tenía que saber sobre el planeta que gobernaría dentro de un par de años, entrenaba casi todo el día para superar su condición, pero también prestaba atención a las cuestiones protocolarias, un rey debía de empaparse de todo conocimiento en la diversas áreas, pero la razón real que su conciencia insensata le hacia saber constantemente no era esa, pues le recordaba a cada instante que había suspendido sus misiones para quedarse en Vegitasei solo por ella, e intentaba mantenerse ocupado la mayor parte de su tiempo, para evitar por todos los medios hacer una estupidez que podría exponerlo ante la humana, la única dueña de sus pensamientos que aunque pretendía aislar siempre se hacía presente, tan presente que cuando caminaba por el pasillo para llegar a su alcoba olía el perfume embriagador de la hembra e inconscientemente suspiraba el olor de la mujer que se había colado dentro de sí, casi podía palparla con solo imaginarla, pero no debía ir y rogarle que lo perdonará por algo que cualquier femenina de su raza tomaría de lo más normal, él podía tener a la concubina que quisiera, dentro o fuera del harén, porque sus costumbres eran así y ninguna hembra caprichosa iba a cambiarlo, ni siquiera Bulma a la que sin querer le había dado control sobre su sentir.
Bien podría entrar en esa recámara para exigirle cumplir sus deberes como su mujer, pero eso era como asumir que la necesitaba, y sí que la necesitaba, realmente extrañaba su cuerpo, su compañía, sus besos, su risa cantarina y su calor, pero de buscarla le estaría dando las riendas para que hiciera de él un guiñapo del que podía hacer y deshacer a su antojo y eso no lo permitiría, el príncipe saiyajin no se sometería de ninguna manera a tal vergüenza, realmente se sentía estúpido de solo pensar de esa forma, era humillante reconocer que la terrícola causaba en él cosas que verdaderamente no debía sentir, porque no estaba en sus costumbre y menos en su naturaleza guerrera experimentar esa clase de debilidad, aunque lo que no podía negar es que ella le preocupaba, estaba al tanto de su estado por medio de la doctora que le reportaba la condición de la terrícola, la jovencita estaba preñada y era su deber como padre de la cría ser responsable, muy a pesar de toda negativa interna ahora caminaba con dirección a la recámara de ella, la médica había enviado un sirviente para informarle que la humana estaba empeorando día con día, no podía explicarse esa sensación de vacío que se aferraba a su pecho al pensar en que podría perderla.
No dudó en posar su mano enguantada en el pomo de la puerta, realmente ansiaba verla, hace mucho que no lo hacía, cuando entró las criadas lo recibieron con una reverencia y una de ellas le indicó que la humana se encontraba en el baño.
Gine y la doctora que la acompañaban en ese momento vieron al saiyajin real entrar, iban a saludarlo y reverenciarlo cuando él hizo una señal para que callaran y salieran. Una vez solos, Vegeta observó en silencio a la muchacha, ella hablaba mientras se quitaba con naturalidad la bata dejando descubierta su piel lechosa.
—Tendré que buscar mejores nombres para mi bebé Gine, ese no me gusta —respondió la ojiturquesa que segundos atrás charlaba con su dama de compañía.
Él observó su cuerpo, ese que no parecía el mismo que hace unos meses pasados, su hembra no era la misma, se notaba demasiado delgada, algunos de sus huesos se marcaban bajo su piel que había perdido ese color níveo vivo, realmente no le agradó la imagen, la humana estaba pálida, delgada y sin energía, de continuar así, el feto la mataría. La doctora se lo había advertido, el niño en el vientre de la frágil terrícola la consumía desde adentro.
—¿Me escuchaste Gine? —preguntó girándose para ver a la mencionada, pero se encontró con los ojos negros del heredero que la miraban sin expresión alguna.
—¡Demonios! ¿Tú qué haces aquí? —preguntó arrugando el entrecejo subiendo con rapidez la bata para cubrir su cuerpo —¿Dónde está Gine? —cuestionó buscándola con la mirada.
—¿Estás bien? —interrogó él ignorando las preguntas de la muchacha y dio un par de pasos para acercarse a ella.
—¿Por qué no debería de estarlo? —cuestionó a la defensiva subiendo su bata rápidamente por sus hombros para ocultar su desnudez. Por supuesto que no estaba bien, llevaba meses intentado no derrumbarse, pretendiendo que a su alrededor no ocurría absolutamente nada, actuando frente a la servidumbre aparentando ser quien no era, mientras por dentro el torbellino de sentimientos encontrados que todo ese tiempo sin mirarlo habían tomado más o menos un orden con el cual lograba sobrellevar sus días se derrumbaban fácilmente, no había valido de nada su esfuerzo pues con solo verlo esa tranquilidad se es fumaba, porque sentía amor por él, amor y rencor, rechazo y atracción, era algo que estaba fuera de sí, la sobrepasaba.
—Responde mujer —habló él alzando una de sus manos para tomar con su pulgar e índice el mentón de la ojiturquesa que se no se movió ante su tacto pero si le sorprendió ¿Qué intentaba el saiyajin ahora? Se había mantenido distante durante esos meses y de repente se aparecía en su habitación como si nada hubiera ocurrido.
El heredero la observó a pocos centímetros de distancia, el rostro de la humana había perdido el tinte rosa que sus mejillas tenían naturalmente, estaba amarillenta, sus labios un tanto resecos y sin color, se le notaban ojeras grisáceas marcadas bajo sus ojos.
—Mi salud es algo que no debe robarle su valioso tiempo su alteza —comentó echando su cabeza hacia un lado apartándose de su toque —Así que sino le importa quiero estar sola —añadió anudándose los cordones de su bata a la cintura. Lo cierto era que no quería cerca por temor a ser descubierta, porque su cuerpo aún respondía a la cercanía del príncipe, porque su gruesa voz aún seguía pareciéndole hipnotizante, porque no quería parecer débil cuando él le falló y ni siquiera un perdóname había pronunciado, él no merecía que ella siguiera queriéndolo de la forma en que lo hacía. Pero lo sentía.
—Tu salud me concierne más de lo que crees Bulma, llevas a mi hijo dentro y tu sigues siendo mía —aseveró con su entrecejo arrugado y su mirada negra puesta en la muchacha que fijó sus ojos en él de forma desafiante.
—No me vengas con cuentos baratos príncipe, mi hijo y yo no parecíamos importarte estos meses atrás —recriminó, y aunque se había dicho que no iba a reclamarle nada apenas cruzaron palabras ya estaba haciéndolo, pero se sentía dolida, no podía evitarlo, su indignación era más grande que el rechazo que sentía por él al haberla defraudado con aquella esclava.
—¿Y quién crees que ordena que se te den todos los privilegios que tienes Bulma? —preguntó cruzándose de brazos —Todo lo que tienes es por mí ¿Acaso crees que se te trata bien tan solo por ser la madre de mi hijo? —expresó dibujando una sonrisa sarcástica en su rostro —No seas ingenua, si por mi padre fuera estarías encerrada en el calabozo o peor aún, muerta —concluyó brusco poniéndose serio. La peliazul amurró sus labios desviando la vista a un punto inespecífico en el piso, no quería aceptar sus palabras pues para ella no era suficiente que él estuviera al pendiente de su estado ni protegiéndola del soberano, porque fue el príncipe precisamente quien la hirió más cuando se empeñó en engañarla con esa estúpida alienígena. Ella había sido solo una víctima en su juego, una burla más, odiaba el hecho de que él dispusiera de un harén lleno de hermosas mujeres solo para su placer, eso abría grandemente la brecha que llevaba dentro de sí, pues mientras ella daba todo de sí para comprender su esencia y adaptarse a sus costumbres él iba y se revolcaba con esa mujer o quien sabe con cuantas otras sin importarle siquiera que estuviera en cinta.
Aspiró profundamente, iba a salir del baño cuando miró cómo todo a su alrededor se volvió obscuro y sus pies cedieron a su peso.
—Maldición mujer —pronunció él sujetándola con rapidez evitando que se golpeara contra el piso, la alzó en sus brazos y observó el abdomen de la femenina, estaba más grande de lo que recordaba, se sintió satisfecho de saber que era ella la que iba a parirle su primer hijo.
La cargó hasta la cama en donde la recostó, era claro que ella estaba haciendo un esfuerzo por llevar a término su embarazo, por muy grato que le pareciera tener un heredero con la terrícola no se perdonaría si llegase a perderla, nunca quiso exponer su vida de esa forma, si tan solo hubiera sabido que su ADN era compatible con los humanos hubiese tomado todas las precauciones necesaria para evitar que la científica gestara un crío saiyano.
Observó a la muchacha que aún estaba en sus brazos, se había sentado en el colchón con ella en su regazo, con una mano la sostenía por la espalda y con la otra apartó unos mechones de cabello del rostro de la joven, la ojiazul respiraba apaciblemente, su energía parecía casi extinta pero notó de golpe un cambio que provenía de ella, sí, de ella, pero no era su esencia en sí, era difícil de explicarlo porque era un brío ajeno a la identidad de la muchacha. Extrañado se concentró buscando el punto exacto de donde la hembra emanaba tal vigor, y notó que el responsable de aquello era su hijo, él era el que desprendía esa cantidad considerable de poder, se le infló el pecho con orgullo, apenas era un feto pero se hacía notar como si de un chiquillo de un par de años se tratara. Sonrió colocando su palma en el vientre de la chica, sin pensarlo quiso ayudarla a sentirse mejor así que emitió una mínima cantidad de energía para traspasarla al cuerpo de la humana. Se mantuvo así un par de minutos, recordó que era un método de transferencia que solía precisarse entre guerreros cuando uno quedaba mal herido, esperaba que funcionara en organismos terrícolas de la misma forma que en ellos.
Estuvo así unos segundos más, percibió cómo el calor corporal en su concubina aumentaba y entonces desvaneció el ki entre sus manos mirando cómo ella comenzó a moverse, había resultado.
—¿Qué me sucedió? —cuestionó llevando una mano a su cabeza que dolía un poco, se sintió tan desorientada cómo acalorada, en realidad percibía mucho calor en ese momento —¿ Qué haces aún aquí? —volvió preguntar incorporándose para alejarse de las manos del saiyajin.
—Te desmayaste —respondió mirando como ella gateó desesperada en la cama para llegar del otro lado donde se sentó posando sus pies en el piso alfombrado.
—Por favor déjame sola —pidió, no quería seguir intentado aparentar calma, no lo quería a su lado, no deseaba ni siquiera cruzar palabras con él, quizá el embarazo la tenía tan sensible cómo ahora, pero sentía que en cualquier momento podría echarse en sus brazos en busca de consuelo, exponerse de esa forma era lo último que haría.
—Llamaré a la doctora para que te revise, no estas bien —afirmó él poniéndose de pie para ir por la alienígena.
—¡Solo quiero estar sola Vegeta! —chilló alterada parándose de la cama para ver al guerrero con determinación en su expresión —Estoy embarazada no enferma —añadió, el hombre vio cómo ella volvió a entrar al baño percibiendo como sus energías estaban repuesta, así que decidió salir, no era buen momento para quedarse con la humana, ni para hablar, ni para tenerla.
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Al día siguiente la peliazul se había levantado como no lo hacía desde que los síntomas del embarazo habían comenzado a hacer mella en su cuerpo, se sentía como nueva, revitalizada, con ánimos de salir de esas cuatro paredes en las que últimamente se habían convertido en su refugio. Estaba terminando de desayunar en el pequeño comedor exterior que estaba en balcón de su habitación, la recámara tenía vista a la ciudad que se notaba a lo lejano, además, se podía ver completamente el cielo que era de un tono azul intenso, más que el color que tenía el firmamento en su planeta natal, lo que lo hacía lucir tan diferente eran los enormes planetas que se apreciaban a corta distancia, los gigantescos astros flotaban alrededor de Vegitasei orbitándolo como la luna a la Tierra. Nubes grisáceas tapaban parte de la atmósfera, lo que indicaba que la lluvia se estaba formando pues era temporada invernal, que a decir verdad, los cambios climáticos no eran tan distintos a los de su planeta hogar.
Tomó el último sorbo de su té sintiendo cómo el líquido tibio bajaba por su garganta reconfortándola, hacía un poco de frío pero le gustaba alimentarse en la soledad de sus pensamientos, sus sirvientas prácticamente la acompañaban todo el día, sobre todo Gine, que era la que más se preocupaba por estar al pendiente de ella, y aunque se lo agradecía enormemente, a veces solo quería silencio, disfrutar de las pocas cosas que podía en ese astro, por suerte no se negaban a dejarla comer sin la compañía de ninguna de ellas. Se puso de pie acomodando las mangas largas de su vestido color burdeos que la abrigaba de forma acogedora, saldría a dar un pequeño paseo un poco antes de que la lluvia se hiciera presente.
—Saldré a caminar Gine, por favor avísale a Raditz —comentó entrando a la recámara mirando a la saiyana acomodando su tocador.
—Está afuera mi niña, sabe que siempre está cuidando la entrada —afirmó la femenina con una sonrisa, desde que su hijo fue asignado como escolta de la humana no había descuidado en ningún momento su responsabilidad. La ojiturquesa sonrió para después entrar al baño donde aseó su boca. Se observó un momento al espejo colgado sobre el lavabo y notó que su rostro se veía mucho mejor que los días pasados, no sabía exactamente a qué se debía el cambio, pero le gustaba ya no sentirse ni verse tan desgastada.
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Se puso un poco triste al ver las plantas que había sembrado con tanto esmero sin una flor, el frío había hecho que el jardín pareciera todo menos esos, casi muerto, pero había ido a ese lugar para sentirse mejor, para disfrutar de la brisa fresquilla que el clima otorgaba y nada podría arruinárselo, hace mucho que no disfrutaba de un paseo, ya sea por sus nauseas, sus mareos o simplemente por falta de vigor que la empotraba varios días en la cama. Comenzó a caminar por el anden del ala derecha del palacio en donde estaban lo que fueron sus flores durante el verano, ya que no podía maravillarse con ellas lo haría por lo menos con el cielo nuboso, quizá estaba demasiado optimista como para regocijarse con ese tiempo, pero lo importante era estar fuera de su habitación respirando aire nuevo que le hacía bien.
—Señorita Bulma —escuchó a sus espaldas una voz masculina que la hizo detenerse y girar en sus talones.
—¿Broly? ¿Qué haces aquí? —preguntó al tiempo en que vio como Raditz se interpuso entre ella y el soldado, el recién llegado observó serio al escolta de la terrícola.
—¿Qué te sucede Raditz? No voy a hacerle daño —dijo moviendo sus ojos del guerrero hacia la peliazul y viceversa.
—No puedo dejar que te le acerques Broly, es una orden expresa —aseveró descruzando sus brazos poniéndose alerta, el príncipe había sido claro en su mandato, no quería al élite cerca de la concubina, por tanto no podía dejar que éste se le aproximara. Gine que estaba ahí tomó suavemente del brazo a la muchacha para sacarla de ahí.
—Vamos señorita Bulma, dejemos que ellos se arreglen solos —comentó caminando hacia el lado contrario llevándose a la chica con ella, pero sintió como esta se zafó de su agarre.
—¡Basta los dos! —chilló molesta ¿Qué le sucedía a ese par? Trataban al soldado como si él había llegado hasta ese sitio para asesinarla, aunque la última vez que habían hablado no había quedado feliz de las palabras de Broly cuando le dijo que Vegeta fue el asesino de su padre, era el primero que se dignaba a buscarla para charlar con ella, ni siquiera Goku que era el más cercano la visitaba, necesitaba alguien nuevo con quien hablar —Déjennos solos —ordenó llegando hasta el saiyajin de melena revuelta que sonrió victorioso.
—No podemos hacer eso —indicó Raditz que se alejó de ellos solo un par de pasos junto a Gine, la seguridad de la humana era su responsabilidad. La ojiazul rodó los ojos ante la paranoia de ellos.
Broly fijó sus orbes negras en el vientre de la femenina, aunque quisiera no sentir rabia por ese hecho no podía, inmediatamente sintió su cabeza calentarse que lo hizo arrugar el entrecejo mirando con furia el abdomen preñado de la hembra, el maldito Vegeta estaba arruinándole la vida a esa mujer que no merecía cargar el hijo de ese insensato estúpido, sabía que ella sería blanco de cualquier clase de bajeza por llevar un híbrido en su interior y aún así no le importaba exponerla, la había convertido en su concubina después de ser una científica y encima embarazado, ese imbécil no tenía reparos en su actuar. Ella estaría mucho mejor a su lado, como soldado élite podría darle una calidad de vida agradable, además, nunca la perjudicaría engendrándole un crío mestizo. Él sí la merecía.
—Estas… —expresó entre dientes volviendo su mirada a los ojos de ella que asintió colocándose las manos en su vientre.
—Supongo que no es un secreto a puerta cerrada —le dijo sonriendo débilmente —Seguramente tu también piensas que no debería estarlo —agregó volviendo sus orbes turquesa al hombre que negó.
—No pienses en eso Bulma, todo tiene solución ¿No crees? —comentó dando un paso más hasta ella dejando unos centímetros de distancia entre sus cuerpos. La peliazul se sorprendió al sentir los dedos de la mano del saiyajin en su mejilla y el dedo pulgar acariciando su mentón, no pudo evitar sonrojarse ante su toque cálido, nunca nadie le había puesto una mano encima que no fuera Vegeta —Hace mucho había querido verte, pero estaba fuera del planeta resolviendo algunos asuntos —agregó él sonriendo, ella le devolvió el gesto, no podía negar que el alienígena era muy atractivo, pero algo en su interior le decía que no podía verlo de otra manera que no fuera como un amigo, le agradaba su compañía, más no que la tocase de esa forma por lo que dio un paso atrás evitando que la mano de él volviera a posarse en su cuerpo.
—Deberías de visitarme más seguido, es tedioso no tener con quien hablar —expresó con una sonrisa en sus labios.
—Basta que tu escolta lo permita —respondió regocijado de que ella lo citara, iba por buen camino, aunque la hembra estuviera en cinta no perdía las esperanzas de tenerla, se había convertido casi en un reto para él quitarle la mujer a su peor enemigo.
Vegeta que estaba en una de las plantas altas del castillo observó lo que ahí abajo sucedía, el bastardo de Broly no había tenido suficiente con las misiones que le encomendó fuera de Vegitasei para mantenerlo lejos de su esclava, en cuanto había pisado el planeta lo primero que hacía es ir a buscarla, él y esa mujer debían aprender qué era obedecer sus órdenes.
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Era de noche, estaba caminando hacia la alcoba de la patrocinadora de toda su ira, había estado dándole vueltas al asunto todo el día, solo quería entrar, tomarla del cuello y rompérselo para terminar de una vez con toda esa mierda que ella lo hacía sentir, no era algo habitual que un guerrero se dejara dominar por emociones estúpidas y menos propiciados por una esclava, no era su naturaleza, no tenía cabida ni debía ser, pero aunque había luchado internamente para evitar experimentar esa clase de sensaciones no había podido dejarlo de lado como si nada pasara, se odiaba por eso, la odiaba por ello, porque era ella la que provocaba que se sintiera así, porque él lo había permitido sin darse cuenta que la terrícola pasó a ser una parte importante de su vida, bufó molesto empuñando sus manos mientras andaba a través del pasillo, quizá su padre siempre había tenido la razón, se encaprichó con la hembra sin saber como darle marcha atrás a todo, pero aunque quisiera no podía retroceder, ella iba a darle un hijo y eso lo llenaba de toda complacencia, así que se apresuró para llegar a la puerta de la alcoba de la científica, con cada paso que daba su capa se movía jactanciosa.
Una vez frente a la estancia de la chica entró sin pensarlo, incluso había armado todo un monólogo en su cabeza para recriminarle a su concubina por lo de esa mañana, ella no iba a burlarse de él en su rostro sin obtener consecuencia alguna. Ella lo había castigado por algo que no hizo, así que él tenía todos los derechos para reprenderla cuando esa mujer sí le estaba fallando.
Iba a hablar en cuanto accedió, pero observó la habitación vacía, extrañado cerró la puerta tras de sí y caminó buscando con su mirada a la muchacha, parecía no haber nadie, la cama estaba vacía, pero no dudaba que estuviese en otro sitio ya que podía sentir la presencia de ella dentro de la recámara, agudizó su oído percatándose del sonido del agua al caer, notó la puerta del baño entreabierta así que dedujo que ella se encontraba ahí, dio unos cuantos pasos deteniéndose para empujar suavemente la puerta.
Al acceder, su pupila se atiborró de la figura desnuda de la humana, ella estaba bajo el líquido cristalino que caía grácil por su lechosa piel, fijó su mirada desvergonzada en ella, detalló cada parte de cuerpo, la joven le daba la espalda por lo que podía observar cuanto quisiese sin obtener reproches por parte de la joven, sin tapujo alguno bajó su mirada hacia los glúteos de la muchacha pasando hacia sus muslos torneados apetecibles. La deseaba.
Comenzó a andar directamente hacia ella sin pensar en nada más que no fuera tenerla, porque toda su rabia y frustración se iba a la mierda con tan solo verla así de expuesta, porque sin querer llevó sus manos hacia los broches de su capa en la hombreras desabotonándolos para despojarse de su ropa, mirar cómo ella pasaba sus manos sobre su cuerpo sólo le hacía pensar en que quería ser él el que la tocase de aquella forma tan obscena. Se despojó de la capa, se quitó la armadura que colocó suavemente en el piso para evitar que la ojiturquesa se percatara de su presencia y huyera de él cual presa atemorizada de ser cazada. Desenroscó la cola de su cintura moviéndola en el aire de lado a lado, ansiaba el contacto con su tez.
Alzando sus brazos se deshizo de la parte superior de su traje, le siguieron las botas y el resto de su vestimenta hasta quedar en el mismo estado que la terrícola, en cuanto entró a la ducha ella escuchó el par de pasos sobre el agua y se giró encontrándose con la mirada del saiyajin real puesta en ella.
—¡Vegeta! —gritó espantada al bajar su vista y observar la desnudez del hombre que la detallaba con lujuria. Retrocedió unos pasos buscando la llave sin quitar sus ojos de él para cerrar el caudal de agua con movimientos torpes —Sal de aquí ¿Cómo te atreves a entrar así… des… —intentó hablar pero solo atinó a recorrerle el cuerpo con su vista para que él comprendiera. Su indecencia la descolocaba.
—No es primera vez que me vez así mujer ¿Por qué te cohíbes? —cuestionó acercándose a ella que llevó una de sus manos a sus senos y la otra a su intimidad intentando cubrirse, se maldijo en ese momento internamente, de haber sabido que él iría a verla no hubiera enviado temprano a descansar a su dama de compañía, al menos con ella ahí él no se atrevería a presentársele así ¡Sin una sola prenda encima!
—No lo estoy, solo que no quiero verte así y mucho menos tenerte cerca, déjame en paz —indicó tratando de sonar lo más segura posible porque ciertamente no lo estaba. Buscó con su mirada la toalla para cubrirse, cuando la notó en la barra en la pared quiso salir para tomarla pero él la sujetó de la cintura desde atrás evitando que escapara.
—Sé que deseas que te haga mía —bramó el saiyajin en el oído de ella pegándola a su cuerpo, haciéndole sentir cuanto ansiaba tenerla. La peliturquesa notó inmediatamente su erección rozando suavemente cada uno de sus glúteos y sin poder evitarlo cerró sus ojos escuchando el ronroneo de sus palabras sin moverse de su posición.
—Por favor…. Suéltame —pidió en un susurro, su voz salió ahogada debido a que su respiración se volvió agitada pues él comenzó a besarle el cuello.
—Bulma —la llamó haciendo que ella abriera sus ojos, la chica percibió las manos de él moverse desde su cintura hasta su agrandado abdomen el cual acarició con movimientos suaves. Todo lo que él había planeado para echarle en cara y enrostrarle que ella había dejado que aquel miserable le pusiera una mano encima lo había tirado a la basura en cuestión de segundos, se sentía completamente embrutecido por esa mujer, pero de seguir así podría perderla, porque de persistir con su terquedad ella no lo perdonaría y siendo Bulma una hembra tan atractiva cualquier hombre querría conquistarla.
La femenina lo evitaba, lo sabía y odiaba eso, hacía meses que no la follaba y había llegado a un punto de inflexión en el que prefería pedirle que olvidara lo que había pasado con la ex esclava del harén a que ella siguiera esquivándolo, no quería tenerla lejos, su aroma lo transformaba, su cuerpo delicado tersamente exquisito lo idiotizaba. No deseaba ir a buscar otra mujer para desahogarse, porque estaba seguro que de hacerlo solo complicaría más la situación con su concubina, además, ella podría agravarse por su culpa, no quería herirla, solo deseaba hacerla sentir cuanto le importa, porque eso era algo que no podía negarse, porque de no ser así no la pensaría, porque de no ser así tampoco la extrañaría, aunque hacerlo era más fácil que expresarlo. El saiyajin mordió su lengua antes de modular sus siguientes palabras y bufó estrechándola contra su cuerpo, como si con aquel gesto consiguiera el valor que requería, jamás había tenido que pronunciar algo cómo aquello.
—Por… por favor, perdóname —dijo lentamente sintiendo como si un peso que cargaba desde hace mucho lo liberara.
—¿Qué? —expresó la incrédula científica abriendo sus ojos, se giró en los brazos del príncipe posando su mirada en la de él que la desvió avergonzado evitando que ella pudiera ver el sonrojo en sus mejillas, odiaba que lo observara de esa manera ¿Por qué demonios tenía que ser todo tan difícil?
—La verdad es que Arian fue parte de mi harén, pero cuando la trasladaron fuera de éste no hubo más nada entre ella y yo —aclaró volviendo su rostro a ella, sería lo último que diría respecto a ese tema, no tenía por qué darle ninguna clase de explicaciones a nadie, pero ahí estaba, cautivado por una mujer que cada vez se encarnaba más dentro de sí haciéndola vital para poder subsistir, como si ella se hubiera implantado sustituyendo su sangre o el oxígeno que respiraba, se sentía avergonzado de percibir esa clase de emociones innecesarias.
La ojiturquesa creyó por un momento que estaba imaginándolo o talvez soñando, había esperado por más de tres meses que él se dignara a pedirle una disculpa decente, internamente se sintió satisfecha con aquello, Vegeta podía ser un salvaje, tosco y obstinado alienígena, pero no era mentiroso, con lo que llevaba conociéndolo podía afirmar que era un hombre que decía las cosas de frente, era genuino. Suspiró hondamente, quizá si lo hubiera escuchado antes no habría sufrido en soledad todo ese tiempo, a veces solía ser demasiado terca para comprender que él no era un tipo como los de la tierra que se manejaban más por sentimientos, los saiyajin tenían otras costumbres, se criaban bajo reglas tan distintas a las suyas, su carácter áspero por instinto los hacían lo que eran.
—Quiero saber… —comenzó a hablar bajando la mirada, se sentía aliviada con la confesión de él, era más de lo que podía esperar de alguien como el príncipe, pero sentía rencor contra esa mujer que pasó por su criada de confianza mucho más tiempo de lo que debió ser —¿Por qué no la corriste en cuanto supiste que ella iba a servirme? —cuestionó ofuscada, esa pregunta la había mantenido guardada rondándole la cabeza muchas noches, necesita escuchar una respuesta lógica, algo que explicara el por qué esa tipa estuvo tanto tiempo a su lado fingiendo ser alguien que no era.
—Ella nunca fue importante —contestó. La peliazul entonces arrugó sus cejas molesta, esas palabras no bastaban para llenar sus dudas, se apartó de sus brazos más confundida que al inicio, cogió la bata que estaba cerca y se la puso saliendo del baño, quería creerle, pero sus respuestas eran tan vagas que no podía solo cerrar sus ojos y pretender que nada estaba pasando. El joven tomó una de las toallas colocándola en su cadera saliendo tras ella que se sentó en la cama abrazándose a sí misma con sus ojos puestos en él.
—Pero estaba cerca de mí ¿Realmente eso nunca te importó?
—No lo entiendes porque las costumbres saiyajin son muy diferentes a las de tu planeta Bulma —respondió pasando una mano por su cabello, la humana preguntaba demasiado, la miró esperando más, él gruñó para sí mismo, hablar con ella era tan exasperante así que se sentó a su lado —Debes saber que en Vegitasei las mujeres pertenecientes al rey o príncipes conviven entre sí y viven de esa forma, por eso jamás vi nada extraño en que fuera tu criada —concluyó. La observó por unos momentos, ella desvío la vista hacia el piso asintiendo y luego volvió a verlo.
—Entiendo, pero yo no pertenezco a tu raza y tampoco soy de esas que se conforman a la voluntad sus hombres —murmuró moviéndose de su sitio para acercarse al hombre y lo abrazó, extrañaba su calor, extrañaba su voz, extrañaba su presencia, extrañaba todo de él porque seguía amándolo como siempre.
—Por eso soy paciente contigo mujer —contestó aspirando el aroma que desprendía la muchacha. El corazón de la ojiazul latió fuerte ante el sentimiento que se removió dentro de su pecho y sonrió feliz. Lo comprendía en cierta forma. A los pocos segundos él correspondió rodeando el cuerpo femenino atrayéndolo hacia él hasta que ella quedó sentada en su regazo. La chica lo miró a los ojos, cuánto había deseado que ese momento se diera, vio cómo él se acercó a sus labios que sin dudar recibió su beso. Su boca caliente se posó en la suya y ambas se movieron de la forma en que a ambos les gustaba, al ritmo que los dos sentían las se sensaciones más intensas, ella abrió sus labios para darle paso a la lengua rasposa del saiyajin que volvió aquel contacto intenso, una de sus manos que sostenían a la femenina por la cintura la deslizó hasta los muslos de la muchacha palpándolos con avidez.
Sin dejar de besarla la recostó sobre el colchón al centro de la cama colocándose entre las piernas de la femenina que le dio acceso total, ella suspiró agitada cuando los besos se volvieron apasionados y las palabras quedaron estancadas, en ese momento no había espacio para ellas, porque ambos estaban concentrados en sentir, se acoplaban perfectamente sobre aquel colchón, sus caricias hacían explotar al otro llenándolo de emociones únicas. El príncipe llevó sus manos hasta el nudo en la bata de ella, se irguió quedando de rodillas en la cama para quitarle la bata, ella se enderezó un poco para que él pudiera sacársela, se sintió expuesta al observar cómo él la recorría con su mirada obscura por todo su cuerpo desnudo.
—¡Oye no me veas así! —dijo apenada sentándose, estiró su brazo colocando su mano en los ojos de él para evitar que siguiera mirándola de esa forma tan descarada que la sonrojó.
—No seas infantil mujer —respondió él sujetándola por la muñeca, volvió sobre ella acostándola nuevamente llevando el brazo de la esclava por sobre su cabeza, le gustaba tenerla así de expuesta, desencajarla y hacer que se estremeciera descontrolada.
El heredero se instaló sobre su cuerpo evitando desplomar su peso sobre el vientre agrandado de la hembra e hizo lo mismo con su otra mano, ambas las colocó arriba de la cabeza de la muchacha sujetándolas con suavidad con las suyas acercándose a sus labios rosas humedecidos por su saliva.
—Eres un desvergonzado —comentó ella mirando como el saiyajin sonrió ladino, con esa sonrisa perversa que le hacía saber que estaba ahí para hacer realidad sus más sucios pensamientos. Mordió su labio inferior excitada, le encantaba el hecho de que él la deseara de esa forma tan intensa, porque sería ridículo negarse que el hombre la enloquecía.
—Conozco cada rincón de tu cuerpo Bulma —dijo observando los senos de la muchacha sin pudor alguno, bajando a uno de ellos para succionar el pezón, en cuanto la boca ardiente del joven hizo contacto con su piel ella se estremeció, arqueó su espalda y emitió un gemido que solo sirvió para elevar el libido de su amante. Comenzó a embestirla, él aún tenía la toalla puesta en su cadera la cual impedía que su miembro erecto la penetrara.
—¡Vegeta! —gimió ella abriendo su boca sintiendo como él cambió de seno y ahora comía del otro, podía notar como la punta del pene del saiyajin hacia presión en su entrada, no se había dado cuenta de la magnitud de la pasión que sentía por él y que mantuvo guardaba en su interior todas esas semanas infinitas.
El príncipe soltó las manos de la muchacha para poder despojarse de la toalla que tiró hacia un lado en el piso, volvió a ella y ésta vez buscó sus labios, el sonido de sus besos se escuchaba por toda la habitación, los suspiros femeninos llegaban hasta el pasillo evidenciando lo que estaba ocurriendo dentro de esa recámara, todo su cuerpo era acariciado por las manos de él, notaba sus muslos ser estrujados deliciosamente al igual que sus senos, por su parte no quiso quedarse quieta y movió sus manos hasta la espalda del hombre sobre su cuerpo que la tenía presa de placer, pasó sus uñas por piel bronceada de esos músculos firmes, era todo un deleite, de repente sintió algo entre sus piernas que la hizo apartar sus labios de la boca de él, bajó la mirada alterada topándose con que entre sus cuerpo el miembro peludo del guerrero se había inmiscuido hasta su intimidad que ahora era masajeada de arriba abajo en medio de sus pétalos.
—¿Qué sucede mujer? ¿Temes de lo que mi cola pueda hacerte? —preguntó casi en un ronroneo con su voz ronca excitada, ella negó, pero el rió con maldad al momento en que introdujo la punta de esta en la vagina de la concubina que hizo un gesto agitado ante la intromisión. Una vez en su interior, comenzó a moverla de adentro hacia afuera fallándola con el apéndice que parecía tener vida propia, él por su parte percibió un cosquilleo que lo electrificaba haciéndole insoportable aguantar más tiempo, pero quería hacerla disfrutar, podía verla enloquecida sujetándose de la sábana, gimiendo, con el cabello revuelto y sonrojada gozando de sus toques, estiró sus pies cuanto pudo producto del intensa satisfacción, en su delirio abrazó al saiyajin hundiendo su rostro en el cuello de él el cual comenzó a besar, estaba encantada con lo que le hacía que no soportó más y explotó en un orgasmo intenso que la hizo gritar el nombre del guerrero.
Vegeta la levantó sujetándola con ambas manos por su cadera sin esperar a que se repusiera y se sentó dejando su espalda recostada en el respaldo de la cama colocando a la femenina de frente ahorcadas sobre él, ella se sostuvo de sus hombros al ver cómo él guio su miembro hasta su entrada, depravadamente él llevó sus dedos al sexo femenino palpando sus jugos, tomándolos en sus dedos para regarlos en la punta de miembro mientras sonreía malicioso ante la vista sofocada de la hembra, la acercó a su cuerpo y la penetró de un solo movimiento que la hizo chillar con lujuria cuando comenzó a moverse contra la vagina estrecha completamente llena de néctar que se abría para él. Gruñó al sentirla tan caliente, la sujetó por la espalda ayudándola a que subiera y bajara sobre miembro duro, agachó la mirada observando como la empalaba en su totalidad, vista que lo encendía cada vez más, buscó sus labios sin dejar de embestirla al ritmo que ella había marcado y la besó, cada parte de su cuerpo ardía por la única hembra que lograba envolverlo, ella lo sujetó por el cuello, intentaba corresponder al compás de sus arremetidas pero él aumentó el ritmo haciéndola vibrar, para ese punto su mente estaba nublada, no podía siquiera pensar, sentía cómo sus senos se movían con cada embate, la lengua del macho acariciaba la suya, se detuvo al percibir su segundo orgasmo pero él la empujó sutilmente recostándola boca arriba, sostuvo su peso en uno de sus brazos mientras que con el otro elevó el muslo de la peliazul para tener total acceso a su húmedo interior, continuó arremetiendo contra su centro sensible por unos minutos más sin darle tregua hasta que esparramó su semilla dentro de la hembra que se mantuvo abrazada a su espalda, podían apreciar cómo el sudor de ambos pegaba sus cuerpos de forma exquisita. La pareja respiraba agitada, apenas encontraban el aliento necesario pero el príncipe aún no tenía suficiente de ella, movió la mano con la que afirmaba la pierna de la chica para tomarle el rostro buscando sus labios.
—Estás más exquisita que nunca —bramó ronco ahogando sus labios en la boca de la humana que se sujetó a su cuello firmemente, no quería despertar de aquel sueño, deseaba quedarse así para siempre ¿Y si abría los ojos y todo era una mentira? Apretó fuerte sus párpados sumida en sus pensamientos —No me castigues nuevamente de esta manera mujer, acepto cualquier cosa menos eso —expresó comenzando a embestir a la esclava a un ritmo suave pero profundo —No me rechaces otra vez —finalizó entre besos despegando su boca de la de ella para mirarla.
—No me falles —susurró casi para sí misma, pero él aún así le escuchó y sonrió comprensivo como respuesta.
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Esa mañana, ambos amanecieron juntos, después de hacer el amor hasta que ella ya no pudo más pues era la que solía cansarse rápido, él decidió quedarse a su lado, en la misma habitación, en la misma cama, bajo las mismas sábanas que los cobijan de la cintura hacia abajo, la muchacha estaba abrazada a la cintura del saiyajin con su cabeza descansando sobre su pecho, no había mejor manera para no pasar frío que pegarse al cuerpo caliente del príncipe, debido a su genética, su raza podía regular la temperatura corporal para adaptarse a los cambios climáticos sin verse afectados por lo que se mantenía tibio en la época invernal.
Eran alrededor de las seis de la mañana cuando unos toques en la puerta hicieron a Vegeta levantarse de la cama, se había despertado hacía unos minutos recordando lo que pasó anoche, le provocó una sonrisa maliciosa, no se había sentido tan relajado en semanas, podría decirse que estaba de mejor humor que nunca, pero los golpes insistentes en la puerta lo hicieron fruncir el entrecejo y apartando con cuidado a la peliazul que se giró al lado contrario abrazando la almohada, se puso de pie, miró el piso buscando con su vista su ropa interior, pero recordó que la había dejado regada en el baño así fue hasta ahí para ponerse el bóxer e ir a abrir la puerta.
—Buenos días seño… —el saludo quedó a medias cuando Gine observó al príncipe abrir la puerta observándola hosco —¡Su alteza! —expresó haciendo una reverencia —Yo… yo no sabía…
—No importa, tráenos el desayuno, asegúrate de que sea abundante —ordenó a lo que la saiyana asintió levantando la mirada para verlo cerrar la puerta, con razón se le había hecho tan extraño que esta estuviese con seguro pues la terrícola siempre la dejaba abierta para que ella pudiera atenderla desde tempranas horas.
Vegeta caminó nuevamente dentro de alcoba dirigiéndose al baño, estaba por entrar cuando escuchó otra vez los toques insistentes en la puerta, a ese punto ya estaba irritado, el buen humor con el que despertó no duró demasiado por culpa de esa mujer incauta, iba a reprenderla cuando abrió observando a su mano derecha con su tableta en la mano.
—¿Qué demonios pasa Kakaroto? —preguntó con el tono enajenado que lo caracterizaba.
—¡Príncipe! —módulo e iba a reverenciarlo cuando fue detenido por las palabras del saiyajin real.
—Deja las formalidades ¿Dime a qué viniste?
—Por la madrugada fue captada una nave desconocida que aterrizó en la parte norte del planeta… —comenzó a decir tuteándolo mientras picaba con precisión el objeto en sus manos, cada vez que se encontraban solos el guerrero tomaba confianzas que el heredero jamás le dio, pero que tampoco le molestaba, se conocían desde niños por lo que le permitía que se refiriera él con familiaridad —Pero no quise interrumpirte cuando me enteré que estabas con Bulma —siguió diciendo sin ver al príncipe que se incomodó ante esas palabras. El élite giró su tabla mostrándole algunas tomas que habían sacado de la nave de forma satelital mientras iba entrando a la atmósfera del planeta —Ya he alertado a algunos escuadrones y científicos que están en el sitio del impacto pero aún no sabemos quién aterrizó con ella pues al llegar estaba vacía, tampoco hemos logrado descifrar a que astro pertenece —explicó.
—Interrumpe las labores de los científicos del laboratorio central en la ciudad y llévalos a ese sitio, estaré ahí pronto —decretó, iba a entrar nuevamente a la recámara cuando se topó con la ojiazul que escuchaba el intercambio de palabras de los hombres.
—¡Goku! —saludó pasando al lado del saiya real para ver a su amigo que hace tiempo no iba a visitarla desde que se había mudado con Milk a casa de Gine en la ciudad —¿Mi padre está en la exploración? —cuestionó ilusionada.
—No, pero vamos a trasladarlo hasta ese lugar —aseguró haciendo sonreír con satisfacción a la ojiturquesa que estaba abrigada con una bata gruesa que llegaba hasta el piso. El príncipe cerró la puerta cuando Kakaroto se retiró, observó entonces a la humana que se le acercó coqueta.
—Vegeta pued…
—No —la interrumpió seco intuyendo lo que ella quería.
—¿Qué? Ni siquiera sabes lo que voy a pedir —exclamó como una niña caprichosa haciendo un puchero, se abrazó al cuello de él acercándose a los labios del saiyajin —Quiero ir, me siento bien como para ayudar —gimoteó insistiendo, él la tomó por la cintura y le dio un beso en sus labios apetitosos que estaban entreabiertos provocándolo.
—No me harás cambiar de opinión, no irás y es mejor que no pierdas tu tiempo intentando convencerme —afirmó convincente.
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Habían llegado en cuanto pudieron, solo les había quedado tiempo para desayunar y prepararse, con su vuelo a velocidad media no habría tardado más de una hora en arribar en esa zona hostil del planeta pero con ella, había tenido que ordenar que preparar una nave pequeña para que fuera trasladada con comodidad, en su estado no la arriesgaría llevándola cargada, sería insoportable para ella viajar en sus brazos con ese abdomen abultado. Se odió por ser tan débil cuando de la científica se trataba, no sabía ni cómo diablos había terminado convenciéndolo, quizá había bajado la guardia mientras la follaba nuevamente esa mañana.
Verla ahí hablando con su soldado de mayor confianza, sonriendo y preguntando todo lo que quería saber sobre la nave inexplorada le regocijaba, no se lamentaba por haber accedido a sus manías, le agradaba verla animosa, además, no dudó ni por un momento en que Bulma podría descubrir algo interesante en ese sitio.
La nave en la que viajaban aterrizó cerca del lugar específico al que iban, cuando la rampa se abrió, el primero en encabezar el grupo era el príncipe saiyano, los presentes posaron sus ojos en el transporte aéreo que llevaba el emblema real en un costado, les pareció raro que el heredero hiciera uso de esos artefactos cuando de trasladarse dentro del astro se trataba, se inclinaron ante él cuando éste caminó pendiente abajo, la ojiturquesa caminó a su lado un paso tras él pues temía deslizar y caer, pero Kakaroto iba al pendiente de ella al igual que Raditz y Gine que la acompañaban para cuidarla, aunque pensó que estando con Vegeta no necesita de su servidumbre, el príncipe a veces solía ser demasiado sobreprotector al insistir en que su escolta y su dama de compañía asistieran.
Una vez descendieron, los soldados presentes se irguieron después de la reverencia. Un par de ojos marrones observaban con particularidad a la única mujer de cabellos turquesa que bajó del navío, era ella, la repugnante terrícola de piel lívida, hace mucho no se cruzaba con la escuálida que ahora se le notaba a simple vista su avanzada preñez. Sintió algo en su pecho, un escozor que solo podría arrancárselo si esa concubina desaparecía de la vida de su alteza.
Percibía su sangre caliente hirviendo en su cabeza al verla, odiaba que fuera esa arpía la que le daría un crío a su futuro marido, obviamente debía ser ella quien pariera el primogénito de Vegeta cuando se coronara Rey, Nappa su tío, se lo había dicho y casi asegurado de que ella sería la única esposa legítima del príncipe, era cercano a su majestad e intervendría ante él y el consejo para que la seleccionaran para ser la reina.
Pero ahora estaba un paso atrás, tenía la desventaja pues no era ella sino esa odalisca inteligente la que le diera un hijo al heredero a la corona, era realmente vergonzoso y le frustraba que Vegeta le concediera tantos privilegios a la humana siendo una criatura tan insignificante, ella debía estar en su lugar, ella que era que una hermosa guerrera de clase alta, prodigiosa y poderosa, pero no, él tenía que exhibirse con esa poca cosa que no valía ni el polvo que pisaba.
—Nyu, hay que ir con ellos —dijo Apricot que acompañaba a la muchacha, pudo notar la rabia que la guerrera sentía por esa jovencita concubina, su amiga estaba tensa.
—Ahí está esa, no voy a trabajar con ella paseándose por este sitio como si fuera la esposa de su alteza —murmuró entre dientes asegurándose de que solo su compañera la escuchara –Mírala, es tan poca cosa —bramó viendo cómo el grupo se alejaba con dirección a la nave desconocida que habían llegado a investigar.
—Lo sé Nyu, tienes razón en todo lo que dices, pero no puedes negar que es bella —respondió observando con detalle el rostro de la femenina en cuestión. La ojiturquesa estaba vestida con unos leggin negros, una blusa blanca larga y encima llevaba un suerte abierto gris. —Es quizá la chica más hermosa que haya visto en toda mi vida indudablemente —continuó —Además, mírala —comentó señalándola con la barbilla —Es distinta a nosotras, sus caderas y pechos son más voluptuosos. No vas a cegarte por los celos, debes reconocer que Vegeta está encantado con esos atributos y su cara hermosa —concluyó deslizando sus ojos desde la hembra terrícola hacia su amiga que volteó a verla con indagación.
—¡Cállate Apricot! ¡Eres una estúpida! —aseveró caminando tras el grupo, parecía que su amiga era todo menos eso, siempre buscaba la manera de enfadarla cuando de esa humana debilucha se trataba.
Estuvieron un rato observando el lugar y las condiciones del terreno, él había enviado a sus soldados a indagar previamente, no pensaba en exponer a su mujer a un peligro desconocido que pudiera dañarla, de por sí era una hembra frágil, en su estado cualquier trampa que pudiera estar en el galeón terminaría matándola y era lo último que permitiría. Una vez inspeccionado el sitio y verificado que no hubiera ningún riesgo, la peliazul había sido vestida con un traje especial que evitaba todo contagio con partículas espaciales o materiales tóxicos que pudiera contener el ambiente y el navío. Vegeta la observaba charlar con otros científicos mientras él hablaba con los soldados sobre el evento y de cómo pudo evitar la tecnología de esa nave evadir sus radares, no había sido detectada de no ser por el estruendoso impacto en el suelo fangoso, las lluvias recientes habían convertido la tierra en lodo.
Habían pasado varias horas en las que la ojiazul había tomado notas y recolectado muestras de los distintos materiales encontrados, esperaba poder analizar todo en el laboratorio junto a su padre, él había llegado media hora después que ellos y ese encuentro era lo mejor que le había pasado desde que descendieron en ese terreno fangoso. Algunos de los cuidados saiyanos se enteraron de que el propio príncipe estaba en el lugar de la investigación por lo que no dudaron en ofrecerle a él y sus acompañantes un banquete para que pudieran comer. El heredero ordenó un descanso, no todos los que estaban trabajando en ese sitio tenían la misma fortaleza que los de su raza, la mayoría de científicos era inteligentes, pero débiles en cuanto a técnicas de pelea se trataba. Antes de retirarse, el saiya real ordenó que la nave fuese removida del cráter que había hecho al impactarse contra la tierra amarronada.
La ojiturquesa ya se había deshecho de su traje, estaba junto a Vegeta observando cómo el enorme galeón era retirado de su posición original cuando de pronto éste se zafó de las poleas con que los mecánicos científicos habían la habían asegurado, ella cerró los ojos al escuchar el impacto contra la tierra, iba a gritar por la fuerza del viento se desplazó hacia ellos junto a la esquirlas de piedra y lodo destrozadas por el aparato, cuando sintió como fue prácticamente arropada. Al abrir sus párpados se dio cuenta de que Vegeta la tenía abrazada contra su cuerpo protegiéndola.
—¿Estás bien? —cuestionó tomando la barbilla de la muchacha inspeccionándole el rostro con su mirada. Ella asintió, sin duda se sintió más que protegida a su lado.
Nyu que se había mantenido cumpliendo con las órdenes de su alteza había observado todo, esa maldita solo fingía para que él se preocupara demás por ella, la odiaba, la mal dijo internamente y deseo matarla.
Una hora más tarde estaba él y la científica junto al escuadrón del saiyajin real sentados a la mesa en donde les servirían la comida del medio día, por cortesía había aceptado la invitación de los ciudadanos al banquete que les habían preparado, el padre de la humana había tenido que retirarse para evaluar lo que habían encontrado en aquel lugar, ella se les uniría más tarde en el laboratorio.
Les fue servido todos los alimentos, todo parecía de su agrado, comenzaron a comer, Bulma había ordenado un plato suave, no quería terminar arruinando la comida por sus achaques del embarazo, durante el tiempo que llevaba en Vegitasei, había aprendido a comer algunas clases de verduras propias de ese planeta, por lo que ordenó un simple plato de ellas y una porción de carne pequeña, había integrado ese tipo de proteínas a su dieta por el bebé que gestaba, si fuera por ella, nunca hubiese probado la carne roja del astro, era demasiada salada para su gusto.
La ojiazul había sido la primera en terminar sus alimentos, los saiyajin necesitan de por lo menos una hora más para quedar satisfechos, ella había pedido que le sirvieran el postre, era su debilidad desde que había engendrado su hijo en su vientre, gustaba de lo dulce y es lo que una de las esclavas colocó frente a ella, éste se semejaba al pudin de pan en su planeta, sintió como su saliva se acumuló en su boca y sin dudar comenzó a comerlo, sabía delicioso, tanto que llenó disimuladamente su boca, de hecho era lo más sabroso que había podido probar en todo ese tiempo, nadie la veía, todos estaban concentrados en sus platos, incluso Vegeta así que aprovechó para disfrutar de su postre. No habían pasado mas de cinco minutos desde que le sirvieron el platillo cuando comenzó a toser, tosió una, dos y la tercera vez los presentes la observaron dejando de masticar su comida, Vegeta posó su mirada en ella, de pronto la notó amarillenta, la vio en cuestión de segundos ponerse de pie y se alertó, justo al momento en que se desmayó la sujetó en sus brazos, por suerte ella estaba a su lado y pudo actuar con rapidez.
—¿Qué rayos le pasa? —preguntó Nyu con sus cejas negras delgadas arrugadas, ahora a la muchachita se le ocurría hacerse la víctima frente a todos, lo único que les faltaba.
—¡Mujer! —la llamó Vegeta con ella en sus brazos, la zarandeó suavemente pero no respondió —¡Mierda que te pasa! —preguntó alterado, no otra vez, nuevamente esa sensación que había sentido cuando creyó perderla por el ataque de su padre en contra de ella ¿Ahora que diablos le pasaba? —Llamen a la doctora ¡Ahora! —gritó, para ese momento Kakaroto ya había enviado un mensaje de emergencia desde su tableta al hospital central que estaba a pocos minutos de donde se encontraban. El doctor no había tardado más de siete minutos, entró rápidamente a la sala del comedor observando a la muchacha acostada en la mesa, el príncipe había echado todo al piso para recostarla ahí mismo.
Él, miró al médico acercarse a ella y le dio el espacio necesario, se sentía frustrado ¿Por qué demonios tenía que pasarle esto a ella? Él se había concentrado en desenvolver su papel como príncipe y líder del los integrantes de su ejército durante esa expedición, pero en ningún momento había descuidado a la humana.
—Parece que fue envenenada —escuchó decir al alienígena y entonces todo a su alrededor se detuvo.
RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Como lo prometí, traté de actualizar lo más pronto posible :D
Gracias a todas las que me dejaron su review haciéndome saber que aún seguían esperando la actualización de éste fic, me emociona saberlo 3
Sobre el fic debo mencionar que estamos a más o menos 18 capítulos por terminar la historia, no son exactos pero por ahí ronda el número, así que aún queda mucho que contar jeje
También quiero agradecer a las que me siguen en facebook pues siempre están al tanto de todo lo que les informo, para las que aún no saben aparezco como RinPink Susaiyajin Fanfic.
Aprovecho para mencionarles que he retomado la historia "El precio de tu alma" y estoy subiéndola en wattpad ya que decidí reescribirla, es decir, mejorar su calidad de edición desde el primer capítulo para poder continuarla. En wattpad estoy con el mismo nickname así que las espero por allá :D
Dejen sus review haciéndome saber qué les pareció el capítulo o si tienen alguna duda, estaré respondiéndoles con gusto. Nos leesmos. Chao :3
