CAPÍTULO XXIV: PRÍNCIPE TRUNKS.

Miró a Kakaroto ponerse de pie y todos los presentes imitaron su movimiento, se levantaron de sus sillas fijos ante la escena que se materializaba frente a sus oscuras orbes, observó con detalle a la humana que de un instante a otro pasó de tener un tono rosa en sus mejillas a palidecer, la piel de su rostro se tornó amarillento y sus labios se volvieron violáceos, lo que indicó que lo que ahí pasaba era todo menos alentador.

Nyu que dio un par de pasos atrás situó su atención a lo que sucedía, su corazón se destrozó con cada segundo ante la inminente preocupación que evidenció el príncipe frente a la condición de la concubina terrícola. Lo miró con rabia disimulada y con un deje de dolor en su expresión, no se perdió gesto alguno de su actuar, él alzó a la hembra en sus brazos sosteniéndola con delicadeza mientras la examinaba detenidamente, se podía notar el desasosiego que lo apesadumbraba por el estado inconsciente de la odalisca preñada. La saiyana tuvo que dar un brinco en su posición para alejarse cuando su alteza real tiró todo lo que había en la mesa arrojando los alimentos por doquier para colocar a la chica sobre ésta.

—¡Bulma! ¿¡Qué demonios te sucede!? —alzó la voz el heredero tocando el rostro de la peliazul intentando que ésta volviera en sí. Su voz sonó pesarosa sin que él siquiera lo notara, pero para los demás con ese simple acto demostraba lo que en realidad sentía por aquella esclava y la guerrera lo comprendió, en todos los años que llevaba sabiendo sobre la existencia del futuro rey jamás pensó en verlo tan descompuesto, parecía que quería pulverizar a cuanto presente en aquella sala al ver que nadie hizo nada por ayudar a su favorita. La joven se tragó en seco sus ganas de dar por terminado el show lanzándose sobre el minúsculo cuello de esa mujer para ayudarla a morir de una buena vez.

Estaba harta, sabía perfectamente que él no era el mismo cuando de la humana se trataba, y no es que ella supiera demasiado del hombre, porque no había pasado más de verlo un par de veces en toda su vida antes de entrar a ser parte de su escuadrón, pero sentía que sabía más de él que cualquier otra, era como si realmente lo conociera, siempre escuchaba con cuidado la palabrería de su tío Nappa cuando hablaba del príncipe, se había enterado que era un hombre serio, dedicado a su entrenamiento y formación como futuro soberano, por ello no infería en aquella manera de tratar a esa escuálida alienígena terrestre que no le traía a su vida ningún beneficio más que solo problemas, pero ella no era ninguna estúpida, discernió en conclusión que él sí estaba encaprichado con esa mujer como todos lo decían, pero no solo era eso, él príncipe quería a esa esclava y eso le hizo arder la sangre más de lo que debió permitirse, mordió su labio inferior apretando al mismo tiempo los puños de solo imaginar que Vegeta haya desarrollado sólidos sentimientos por esa ordinaria fulana. Nadie merecía ese tipo de sentimientos, nadie que no fuera su esposa, por ello estaba decidida a convertirse en su mujer oficial a cualquier costo.

—Va a morir —pronunció en voz baja casi para sí misma, pero Apricot que se encontraba a su lado la escuchó perfectamente.

—Por favor cállate Nyu, si él te escucha…

—¿Crees que me importa? Espero que esa zorra en realidad se muera junto a su bastardo —respondió dándose la vuelta par largarse de ahí, no quería seguir sintiendo como las acciones de su futuro marido para con esa humana le afectaba con creces.

—¡Nadie se mueve de este lugar! —vociferó el príncipe al ver que el par de guerreras iban a salir del salón, iracundo ante la situación, pensó en que nunca debió dejar que ella asistiera a ese lugar, nunca debió permitir que ella lo influenciara de esa forma para acceder a sus caprichos, era toda su maldita culpa si Bulma moría con su hijo dentro. Dejó que el médico revisara a la esclava tendida en la mesa, inerte sin movimiento alguno, apenas respirando, solo su pequeña energía le decía que estaba viva al igual que su primogénito no nato. —¡Nadie sale de este lugar sin que me expliquen qué mierda ha pasado aquí! —bramó mirando a los presentes, algunos observaban a la joven que yacía casi sin vida, otros agacharon su cabeza ante su potente voz, la tensión era palpable en el ambiente y todos se hacían la misma pregunta ¿Qué le sucedía a la femenina de cabellos turquesa?

—Parece que fue envenenada —se escuchó la voz del alíen médico al instante en que se puso de pie para sacar de su maletín un pequeño frasco —Trae un cubo —ordenó a uno de los habitantes de la ciudad que había sido uno de los partícipes en la invitación que le hicieron a su alteza y a su escuadrón para que comieran en ese lugar, el mencionado corrió rápidamente al escuchar la voz del médico, pero Gine le arrebató el recipiente para ayudar ella misma, se sentía totalmente implicada, ella era responsable del cuidado y bienestar de la muchacha y había fallado en su totalidad, no la había protegido como debía.

—Ésto servirá —respondió acercándose.

Para Vegeta los segundos le fueron eternos, escuchó las palabras alíen de bata blanca resonar en su cabeza donde solo esa voz se repetía una y otra vez, todo a su alrededor pareció haberse quedado en silencio preso del temor que le invadió al saber que ella tenía las mayores de las posibilidades de morir ¿Cómo demonios había llegado hasta aquellas instancias?

—Príncipe levante la cabeza de la señorita, necesito que huela esto —indicó el doctor sacando el pequeño bote de cristal que contenía una fuerte infusión que con suerte haría reaccionar a la hembra.

—¿¡Cómo que fue envenenada! ? —cuestionó incrédulo saliendo de su estado para acercarse a la peliazul, con delicadeza metió su mano bajo la cabeza de ésta para alzarla ligeramente mientras Gine sostenía el cubo cerca de ella.

—Tiene todos los síntomas su alteza, su piel se ha tornado caliente… —habló tocando el braza de la chica comprobando sus propias palabras —… tiene fiebre, su pulso está acelerado, su pupila dilatada, y… —comentó aproximándose a oler los labios de la muchacha haciendo en seguida un gesto de desagrado —Su aliento está inundado con olor a estramonio —concluyó aproximando rápidamente un palillo que embebió en el líquido marrón del frasco a la nariz de la peliturquesa para que ésta lo oliera.

—¿Estramonio? —pronunció el príncipe sabiendo exactamente a qué se refería el médico, lo extraño era que esa planta no era de comercio legal en varios planetas incluyendo Vegitasei, estaba enterado que sólo podía compararse ilegalmente, era tan potente, que en dosis adecuadas podría matar incluso a un poderoso saiyajin.

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Estaba en ese momento donde no había retorno, una situación la había llevado a otra haciéndola actuar irracionalmente, sin prudencia, sin siquiera pensar en que la única afectada sería ella, situaciones que en un instante se voltearon en su contra llevándola a una encrucijada sin solución aparente. Su presente no tenía futuro, o quizá sí, pero uno donde no era feliz en ningún aspecto de la repulsiva vida que estaba llevando.

No había tenido la capacidad de percatarse cuánto se había hundido, estaba hasta el cuello, ciega por algo que ella creyó que fue amor, un amor que solo tenía una dirección. De ella hacía su alteza. Todo simplemente había sido producto de su mente, una mala jugada, una ilusión, por el simple afán de poner sus ojos donde nunca debió. Porque estaba consciente ahora y solo ahora, que él jamás fue suyo, que vivió de una mentira que solo sirvió para sembrar esperanzas falsas, había sido tan estúpida.

Pero la culpa menguaba dentro de al pensar en que ella no había sido la excepción, las muchachas del harén y las que querían ser parte de éste también sentían cosas por él, lo amaban, por pasión o por poder pero vivían para él, esperanzada de que el príncipe a la corona siquiera las mirara una vez. Esperaban pacientes sus visitas, deseaban darle hijos, porque él era todo lo que cualquier femenina deseaba. Ella no había tenido precaución, no había querido esperar conforme las migajas que él saiyajin pudiera ofrecerle como a las demás, siempre aspiró a ser mejor, a ser la hembra por la que él se desviviera. Ella había deseado ser como aquella mujer de cabellos turquesa y por eso, terminó con su espalda despellejada a latigazos que el mismo hombre por el que moría ordenó para sí. Cuán tonta era, aún lo amaba, pero también el odio se había echo espacio en su pecho de una manera tan intensa que podía compararse con el afecto que le tenía, y ser una esclava no la detendría para hacerle daño, tanto, que Vegeta se arrepentiría de haberla humillado y despreciado de esa manera, le daría en lo que a él más le dolía.

No había escatimado en su plan, tenía que ser perfecto pues era la última oportunidad que el destino ponía en sus manos en bandeja de oro, hacía días que venía pensando en la forma de hacerlo pagar pero el fuego se encendió dentro de sí como una fogata ardiente cuando su amiga Zangya la visitó esa mañana, ella le informó que la pareja que se había mantenido alejada porque la humana así lo había decido cuando la encontró a ella y al príncipe hablando, habían vuelto a estar juntos imaginando que la peliturquesa perdonó la traición del saiyajin, había podido más lo que sentían el uno por el otro que el engaño del joven a esa terrícola que se creía su dueña, tal revelación, fue el punto de quiebre para desatar la carga emocional que llevaba por dentro. No lo dudó, una vez escuchó a la pelirroja salió del lugar donde estaban con la mente atiborrada, saber que la terrícola y su inalcanzable hombre seguían siendo una pareja la había descompuesto más de lo que pensó que eso llegaría afectarle, dejó caer las lágrimas de sus ojos, pocas veces había llorado, pero ahora un nudo en su garganta la ahogaba con desespero, era una sensación que la devastaba internamente con tal fuerza, que podía morir y seguiría sintiendo lo mismo en su cuerpo inerte. Quemaba.

Caminó rápido, lejos de donde ahora servía a esos asquerosos saiyajin que ebrios hacían de ella lo que les venía en gana, su piel llena de cicatrices no eran impedimento para ser follada por esos bastardos. Había sido enviada a un burdel a la zona sur del planeta donde seres honorables o respetables eran lo último que aparecerían ahí, estaba atestado de humanoides repulsivos que se movían en el bajo mundo, lleno de asesinos a sueldo, traficantes de alucinógenos o cualquier cosa que se les pudiera ocurrir, era su infierno en vida, era peor que ir al tronco para ser castigada y despellejada viva, era peor que la más mísera bajeza.

Desde que Arian fue castigada y posteriormente enviada a ese sitio habían pasado cuatro meses, sufriendo un infierno que nunca pidió ni mereció, habían días en los que su mente le gritaba un "hasta aquí" habían noches que deseaba morir, momentos en los que simplemente hubiera deseado cerrar sus ojos y acabar con su penuria, por ello le había pedido a una de sus compañeras que tenía contactos ilegales que le consiguiera un brebaje preparado, que no tuviera mal sabor al ser ingerido, pero que fuera potente y efectivo, así había sido, había adquirido estramonio para terminar con esa pesadilla en la que se habían convertido sus días, pero el veneno terminó siendo usado en quien le robó su felicidad.

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Sintió una presión en su pecho y arrugó la nariz intentando apretar sus labios, pero ya el contenido de su estómago había subido por su esófago a bocanadas y ahora estaban saliendo sin que ella pudiera evitarlo, notó el sabor agrio que la hizo hacer una mueca al tiempo en que abrió sus ojos buscando enfocar su visión, llevó una de sus manos a su boca limpiándola torpemente, lo primero que miró fue el rostro de Vegeta frente a ella, él detalló con rabia el cubo que retiró Gine, no podía creer que eso estuviera pasándole a mujer, se sentía tan impotente de no poder hacer nada por ella y su hijo.

La científica giró sus ojos viendo que a su lado también estaba el médico que indicó que la volvieran a recostar.

—¿Mujer? —escuchó la voz del heredero llamándola, se sentía moribunda, sin fuerza y con la sensación de arcadas que no la dejaba respirar, él la volvió a acostar.

—¿Qué me sucede? —cuestionó no logrando recordar del porqué había acabado en esa camilla, estaba desorientada pero se ensimismó en el sonido recio de la nave y el movimiento natural de ésta al estar volando, se concentró en ello tratando de pensar dónde estaba y qué le había ocurrido, lo primero que vino a su mente fue la comida de esa tarde, recordó lo que había sucedido en la exploración de aquel sitio adonde habían ido, de pronto las imágenes de cuando estaban comiendo vinieron a su memoria para luego quedar en blanco, no logró recordar qué más pasó en aquel momento.

Movió su cabeza de un lado hacia a otro al sentir el terrible dolor de estómago que la hizo doblarse en posición decúbito lateral, como un acto reflejo se torció sobre el colchón llevando su palma a su vientre intentando apaciguar el intenso dolor que le corría vigorosamente el vientre, arrugó sus cejas apuñando sus labios al mismo tiempo en una mueca de angustia —Me duele mucho —se quejó con agonía en su tono de voz.

—Maldita sea ¡Haz algo! —alzó la voz el saiyajin real alejándose de ella para ver al médico.

—Vegeta tranquilízate, el doctor hace todo lo que puede —comentó Kakaroto que estaba junto a ellos, el médico les había sugerido llevar a la humana directamente al castillo así que él sin pensarlo recomendó utilizar la teletransportación para no perder más el tiempo en la ciudad, Bulma debía ser tratada adecuadamente o moriría con el bebé dentro.

—¿Adónde demonios estamos yendo? —preguntó ella abriendo sus ojos para ver su entorno, de pronto había dejado de escuchar el ruido de lo que parecía ser una nave y se dio cuenta que estaban en una habitación rodeados de varios alienígenas de bata blanca ¿Había sido su imaginación?

—Señorita Bulma, estamos en el palacio, acabo de aplicarle el antídoto hace minutos atrás, es normal en su estado presentar desorientación no debe preocuparse —dijo el doctor revisando los cables que ella tenía colocados en su pecho y con los cuales monitoreaban sus signos vitales.

Al escuchar la voz del hombre ella cerró sus ojos respirando agitada, su cabeza dolía, estaba mareada, sentía náuseas y además el dolor en su bajo vientre estaba haciéndola trizas ¿Qué había pasado? Esa mañana estaba bien ¿Su bebé? ¿Qué le había pasado a su hijo? Estaba tan aturdida que apenas pudo recordarlo en ese instante ¿Su bebé le causaba ese insoportable dolor en el abdomen? ¿Es que la habían hecho abortar sin darse cuenta? Su corazón brincó con pavor en su pecho y tal sobresalto se notó en el monitor cardíaco que comenzó a sonar a un ritmo rápido.

—Mi hijo ¿¡Dónde está mi hijo!? —gritó alterada abriendo sus ojos al tiempo en que llevó sus manos a su prominente vientre.

—Él está bien señorita Bulma —respondió Gine que había estado al pendiente de ella todo el tiempo.

Vegeta se sentó en la camilla al lado de la peliazul. Se maldecía en su interior por todo lo que a la femenina le pasaba, la maldita culpa le golpeaba el pecho, porque era así, él la había llevado a aquella situación sin siquiera medir las consecuencias, jamás quiso que la hembra que lo hacía percibir sentimientos que en un inicio los tomó como absurdos sufriera por su ineptitud, era realmente un estúpido al haberla preñado, con tal acción la expuso a todas las conspiraciones que su padre o Tarble podían armar contra ella, incluso los del consejo podrían estar involucrados, ningún saiyajin aceptaría un híbrido que fue concebido por un descuido garrafal. Pará los de su raza, su sangre, sus costumbres y el legado heredado de sus antepasados eran puntos inquebrantables sobre los que estaba construido su imperio, debían cumplir las leyes impuestas y sobre todo él al ser de la realeza debía de ser correcto en su actuar, pero aceptaba muy dentro de sí y solo para él mismo que se había encaprichado atiborradamente de la terrícola. Había sido impulsivo e inmaduro, porque desde un inicio ni siquiera debió voltear a verla, un príncipe como él con tantas responsabilidades para con su reino nunca debió admitirse fijar sus ojos en una mujer como ella que había logrado desarmarlo, incluso a estas alturas le era complicado reconocerlo.

Aún era joven, tenía mucho que aprender, pero no le estaba permitido equivocarse al ser el futuro rey de Vegitasei, su planeta era de los más importantes en la galaxia, no podía cometer errores para aprender de ellos como normalmente podría ser si fuera un saiya cualquiera, pero era el príncipe de su raza, debía ser firme e inquebrantable, no debía colocar a una mujer por sobre su pueblo que incluía no sólo a ese astro, sino a muchos otros que dependían de éste. Bufó internamente, porque a pesar de lo que estaba pasando no se arrepentía, porque no podía, porque no quería, había intentado deshacerse de toda esa mierda que le revolvía la cordura, siempre había pensado que los sentimientos sólo eran para seres débiles, que no servían para nada salvo para hacerte un inútil, pero esa mujer le había cambiado esa manera de ver su realidad… porque ella se convirtió de pronto en la única que lo hacía percibirse de esa forma extraña que en un principio no comprendió, pero que ahora podía interpretar como afecto, Bulma era la única mujer por la que daría su vida, lo había pensado tantas veces en una clase de pelea interna que se debía muy dentro de sí, que le avergonzaba siquiera admitirlo a sí mismo, pero al verla ahí expuesta al peligro, al borde de la muerte luchando por ella y su hijo no podía seguir negándoselo, realmente la quería.

—¡Me duele… mucho! ¡Mi hijo, mi hijo va… —sus palabras fueron interrumpidas por la oleada de dolor que la hicieron gritar con desazón.

La doctora encargada del ala médica en el palacio cubrió a la peliazul para revisarla, se posicionó frente a sus piernas abiertas para poder palparla, colocándose un par guantes blancos la examinó, abrió sus ojos sorprendida.

—¡La señorita Bulma ha entrado en trabajo de parto! —exclamó poniéndose de pie —¡Preparen todo, rápido! —ordenó a sus ayudantes que se movieron por toda la sala con prisa, tanto ella como él médico del hospital central en la ciudad estaban haciéndose cargo de la femenina.

—¿Qué? —bramó Vegeta mirando a la alienígena con rabia, tenía entendido que un crío humano tenía mayor tiempo de formación en el cuerpo de su madre a comparación de uno saiyajin que alcanzaba la maduración a los seis meses.

—Aún no es tiempo —chilló la peliazul abriendo sus párpados para ver a Vegeta en busca de consuelo, él tenía la vista puesta en la doctora que lo llamó con un sutil gesto, ambos caminaron alejándose unos metros de la muchacha que yacía adolorida en la camilla.

—Su alteza, entiendo que aún falta tiempo para que el feto se desarrolle por completo, yo misma le he brindado los cuidados prenatales a la señorita Bulma, pero el veneno causó estragos en su organismo, no podemos hacer nada para retrasar el nacimiento del pequeño príncipe, sino ayudamos a que nazca podría morir no sólo él, sino también su madre —explicó con la mirada baja, buscando las palabras adecuadas para decirle la verdad a su alteza. —Debe elegir príncipe Vegeta… —agregó guardando silencio.

—¿¡De qué demonios hablas!? —preguntó irritado observando desde lejos a la humana que lo miraba afligida.

—Haremos todo lo posible por ambos, pero hay probabilidad de que uno… —calló con duda.

—¡Habla! —exigió él ante el silencio.

—Uno podría morir —confesó —Ella está débil, no sabemos si tendrá la fuerza para dar a luz, debe elegir ¿Quién es su prioridad? —interrogó con temor, no era fácil tampoco estar en sus zapatos, mientras sus ayudantes preparaban a la muchacha para hacer nacer al bebé ella tenía que enfrentarse a su alteza, pero debía hablarle con la verdad, era su deber pasara lo que pasara.

El príncipe la escuchó con atención desviando su mirada hacia la médica ¿Cómo era posible elegir entre ambos? Se preguntó Vegeta en su mente, giró su vista nuevamente hacia el fondo de la sala mirando a la chica retorcerse de dolor ¿Es que estaba en sus manos decidir quién debía vivir? ¡Maldita sea era su mujer y su hijo! ¿Cómo podría dejar morir a uno para que el otro viviese? ¿Ese era el precio que debía pagar por su imprudencia? Ellos no tenían la culpa, si tan solo pudiera ocuparía el lugar de ambos.

—¿Su alteza? — llamó la alienígena, esperaba su respuesta impaciente, debía ir con la terrícola que estaba lista para dar a luz. Vegeta desvío sus ojos a ella sin emitir palabra alguna.

—Príncipe, usted sabe qué hacer —fue la voz de Kakaroto que estaba en la puerta quien llamó su atención, por supuesto que sabía qué hacer exactamente, pero era más difícil pensarlo que decirlo.

—Salva a mi mujer —soltó con firmeza en un bufido caminando fuera de la habitación.

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Las horas habían transcurrido, aproximadamente dos desde que sus dolores de parto comenzaron. Bulma sólo podía pensar en que su hijo naciera, lo demás no importaba, quería a su bebé en sus brazos, sentir su respiración, el palpitar de su corazón, su calor, escuchar su llanto, porque aunque no lo conocía lo sentía vivo dentro de su cuerpo, era una sensación indescriptible que la animaba a pujar más fuerte cada vez que la doctora la alentaba a seguir, pese a su estado moribundo no podía flaquear, después de todo lo que había soportado en ese planeta desde su llegada debía esforzarse por su pequeño que se convirtió en parte de su alma, quería verlo crecer, saber cómo era, si se parecía a su padre o a ella, Vegeta debía estar esperando que todo saliera bien, sabía que su príncipe quería a su hijo por muy frío que pareciera, no se lo había dicho, él era el tipo de hombre que prefería demostrar antes que expresar, pero había aprendido a amarlo de esa forma.

Él estaba en la puerta del otro lado del pasillo, una criada le había informado que su padre quería verlo en el salón del trono. Ignoró su llamado. Lo más probable era que ya le habían informado lo que estaba sucediendo y para lo último que tenía cabeza en ese momento era para discutir con él viejo, deseaba estar solo, incluso ordenó a Kakaroto que se marcharse, necesitaba pensar y decidir qué hacer cuando el consejo quisiera ver a su primogénito, ellos exigirían conocer su nivel de pelea, aunque no dudaba que fuera poderoso, ahora lo único realmente importante era saber si ambos estaban bien, no quería perder a ninguno y su última decisión aún le rondaba la cabeza.

Aquella respuesta había sido espontánea, ni siquiera lo pensó antes de contestar, se dejó llevar por primera vez ante sus sentimientos, siempre se había caracterizado por ser un hombre calculador, razonaba antes de hablar, pero esta vez fue distinta, saber que podía perderla era algo que no concebía, y no es que no quisiera a su crío, pero que ella ya no estuviera era algo que ni siquiera soportaba imaginar. No deseaba otra cosa que no fuera esa mujer.

Suspiró llenando sus pulmones de aire antes de expulsarlo por la boca. Estaba con sus ojos perdidos en el horizonte del paisaje que le brindaba el ventanal en el pasillo, una cosa si era real, de nada le servía el poder en ese momento, de nada servía ser el príncipe saiyajin sino podía usar su soberanía para salvar la vida de ella o su hijo, se sentía inútil ante la situación. Impotente. Arrugó el entrecejo cerrando sus ojos, bufó con rabia, apretó sus puños enfadado con todo y todos, estaba por perder el control, por volverse loco y entrar a esa habitación para eliminar a todos esos ineptos que no hacían bien su trabajo cuando su agudo oído captó algo al interior de la habitación, abrió sus ojos tragando en seco buscando con la mirada el origen de aquel sollozos. Caminó hasta la entrada donde se detuvo, esperó unos segundos, dudó, alzó la mano para colocarla en el pomo de la puerta, iba a girarlo, pero de pronto volvió a oír el pequeño llanto. Su corazón se detuvo. ¿Era su hijo? ¿Ella había…? Recordó su orden clara, había demandado caprichosamente salvarla a ella y no a su hijo, había sido egoísta. Como acto reflejo retuvo el aliento dentro de sus pulmones y sin esperar giró la perilla para darse paso al interior.

Sus ojos detallaron cada rincón y con lo primero que se encontró fue con un pequeño bulto en los brazos de la doctora que atendía a la humana. Su corazón daba golpetazo en su caja torácica, percibió incluso en su cuello el pulso acelerado que se sacudía a ritmo violento. Indudable se acercó. La médica al percatarse de su presencia sonrió reverenciándolo y enseguida apartó las mantas del bebé mostrándoselo.

Las orbes oscuras del príncipe miraron por primera vez al niño, él lloraba vigoroso. Su mirada se fijó en un inicio en su cabello detallando un mechón color lila, pero no fue eso por lo que se sintió extrañado, dentro de sí, percibió un calor que lo envolvió y se preguntó internamente ¿Así se sentía ser padre? ¿Esa pequeña criatura era suya? ¿Él le había dado vida? Sonrió para sí mismo olvidando todo lo que estaba pasando a su alrededor al ver la cola que sobresalía entre las mantas, se le infló el pecho con orgullo notando la energía elevada que desprendía. Observó al crío con atención pues su llanto mermó a los pocos segundos, lo vio abrir sus ojos con lentitud y pudo notar el turquesa en sus pupilas. Era como ella ¿Y Bulma? Desvío la mirada encontrando a la femenina en la camilla y el temor de perderla se hizo presente.

—¿Qué le sucedió? —preguntó acercándose a la muchacha escudriñándola con la mirada.

—Se desmayó por el esfuerzo de dar a luz a su alteza, pero hemos podido estabilizar sus signos vitales. Por suerte su cuerpo reaccionó muy bien al antídoto y podemos decir que se repondrá —dijo la alienígena llevando al pequeño príncipe hacia la incubadora provisional para ser trasladado a la central que estaba en el área neonatal del castillo.

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—Maldita sea, los del consejo ya se han de haber enterado que el mocoso nació —expresó Tarble totalmente furioso. El nacimiento del bastardo hijo de su hermano mayor era lo peor que podría sucederle a Vegitasei, solo esperaba que el chiquillo fuera un debilucho para que fuese expulsado del planeta y enviado lejos junto con la vergüenza que era su madre. El astro entero hablaba de ello, había escuchado rumores de las criadas que era un varón prematuro, la concubina terrícola había parido antes de cumplirse el lapso gestante porque sufrió envenenamiento, ya había enviado sus hombres a investigar lo sucedido sin que nadie se enterase, si existía alguna persona que llegó a infiltrarle veneno en los alimentos a la terrícola debía ser alguien que la odiaba, podría usar eso a su favor y mover hilos para terminar con esa odiosa concubina de una vez por todas.

—Ya lo saben, yo mismo informé a los nobles ancianos mayores —respondió el rey que a pesar de lo que estaba pasando se mantuvo tranquilo, en estos casos lo mejor era pensar muy bien las cosas antes de tomar una decisión, ya había intentado varias veces en acabar con esa mujer y aunque Vegeta siempre la protegía, llegaría el día en que esa muchachita abandonaría su palacio, ahora debía ser paciente, su hijo saldría de Vegitasei en algún momento y entonces él mismo se desharía de la humana.

—¡Qué! ¿Por qué hiciste eso?

—Sé inteligente Tarble, piensa un poco y deja de ser efusivo, la mejor forma de acabar con tus enemigos es siendo paciente —aconsejó el monarca que estaba sentado en el trono —Te aseguró que yo mismo me encargaré de hacer desaparecer para siempre a esa mocosa estúpida —agregó observando con malicia en sus orbes a su hijo menor que asintió con una sonrisa maligna en acuerdo a sus palabras.

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—¿Mamá? —preguntó al ver a la mujer de cabello dorado frente a ella, movió su mirada desde su progenitora para observar a su alrededor, estaba en su casa, en la corporación capsula ¿Cómo es que había regresado? Recordó por un momento Vegitasei, ese era el planeta donde vivía ahora ¿Por qué ella ya no estaba ahí? De pronto sintió como si el pecho le pesará y regresó sus ojos hacia la femenina que estaba sentada en el sofá de la sala y se dirigió con una sonrisa hasta ella.

—Cariño —pronunció la señora con un deje de tristeza en el color de su voz pero sin dejar de sonreír en ningún momento —Creí que no volverías —comentó sentándose al lado de la peliazul que no lograba entender qué estaba sucediendo.

—Mami yo… —quiso decirle que a ella también le había hecho mucha falta todo ese tiempo, entonces vino a su mente el instante en que había perdido a su madre mientras los saiyajin la transportaban hacia el planeta rojo. Su corazón se aceleró al sentir la mano fría que la mujer colocó en su rostro, ella estaba muerta.

—Solo quiero decirte que nunca te abandoné mi amor, siempre estoy contigo aunque no lo notes —escuchó sus palabras que provocaron un nudo en su garganta y automáticamente las lágrimas de sus ojos rodaron por sus mejillas sin que pudiera evitarlo, a pesar del tiempo el dolor no mermaba, podía sentir todo tan vivo como cuando Buny murió en esa maldita nave sin poder hacer nada por salvarla. —Pará sobrevivir debes aguantar Bulma, actúa con inteligencia y escucha tu corazón pequeña, o ellos acabaran contigo —grabó en su mente cada palabra de la mujer, sonrió con alegría y la abrazó estrechándola con anhelo, en ese instante notó la mano fría de su mamá tocando su vientre y se separó de ella para verla. —Cuida a Trunks hija, él es el fruto de tu amor.

La ojiturquesa se extrañó al escuchar el nombre con el que ella llamó a su hijo y alzó su vista, estaba por preguntar el porqué de ese nombre pero ella ya no estaba, de pronto todo se desvaneció a su alrededor.

Abrió los ojos lentamente, la luz a su alrededor le quemaba la pupila, no podía mirar bien por lo que llevó una mano a su rostro restregando sus párpados para acostumbrarse a la luz de la habitación.

—Agua —murmuró casi sin fuerzas.

Vegeta que estaba hablando con unos soldados en la puerta escuchó a la muchacha al interior dando por terminada la charla, entró viendo como ella intentaba ponerse de pie torpemente.

—¡Mi niño! —gimió adolorida apartando la sábana que la cubría.

—¿Qué rayos haces? Quédate acostada —dijo él acercándose para sujetar a la femenina que terca logró poner los pies en el piso y erguirse haciendo gestos de dolor.

—Vegeta ¿Dónde está mi hijo? —preguntó con agonía en su tono de voz, lo primero que había recordado en cuanto se percató en dónde se encontraba era de que había entrado en trabajo de parto, buscó con vista por toda la habitación esperando verlo, pero su bebé no estaba.

—Descansa, luego podrás visitarlo —comentó colocando sus manos enguantadas en los hombros de la joven para empujarla suavemente hacia el colchón, pero ella se resistió con la poca fuerza que tenía, arrugó el entrecejo fijando sus ojos en el saiyajin.

—¡Dime dónde está mi bebé Vegeta! Soy su madre y tengo derecho a saberlo —chilló impotente, mil y una cosa pasaron por su cabeza en ese momento, y no era para menos, en ese planeta excluyendo a su príncipe, todos querían que ella o su bebé murieran, algo tenía que haberle sucedido o sino el pequeño estaría a su lado.

—Sé cuánto te preocupas por él, pero debes ser paciente, mi hijo nació antes de culminar su desarrollo y necesita cuidados especiales —intentó explicar pero ella lo empujó apartando sus manos de su cuerpo.

—¿¡Qué demonios sucede contigo!? ¿Es que estás de acuerdo con ellos para eliminarme? ¿Serías capaz de matar a tu propio hijo? —cuestionó sin medir sus palabras, no le importaba nada ni nadie, solo quería a su bebé en sus brazos, porque sólo ella podría protegerlo en ese maldito planeta de salvajes.

—Es mi hijo Bulma, lleva mi sangre así que no digas tonterías, él ahora está en una capsula, permanecerá allí hasta que esté listo para salir —expresó mirándola, ella no estaba bien, estaba pálida, tenía los labios resecos y sus ojos cristalinos, el veneno le había afectado más de lo que pensó.

La peliazul bajó la mirada, se sintió avergonzada de su comportamiento, nunca debió haber dicho tales palabras, pero el vacío que estaba en su pecho sólo estaría lleno si veía a su pequeño ¿Habría nacido bien? ¿Sería niño o niña? ¿Cómo era? ¿Vegeta había dicho "mi hijo"? ¿Entonces realmente era varón? Esas y muchas preguntas más llegaban a su mente bombardeándola, no estaría tranquila hasta mirarlo.

—¿Él está bien? —preguntó nerviosa, colocó sus manos en el antebrazo del hombre por sobre su traje spandex azul buscando necesitada un consuelo —¿Es niño o niña? Por favor déjame estar con Trunks —rogó con desconsuelo llevando sus manos a su rostro para cubrirlo, sollozó recordando el sueño que había tenido con su madre, quería llamar así a su pequeño, no había olvidado cada palabra que ella le dijo, a pesar de sentirse mareada y aunque las náuseas seguían presentes fatigándola, se sentía mejor de saber que Buny la acompañaba con su presencia.

Vegeta la observó un momento, escuchaba su débil lloriqueo ¿Había dicho Trunks? ¿Era el nombre para su hijo? Realmente no quería que ella sufriera, había sido envenenada y para colmo casi la pierde durante el parto, por suerte su cachorro estaba estable en la capsula neonatal y estaría ahí hasta que su desarrollo haya culminado como todo saiyajin, los críos debían permanecer dentro de su cabina hasta que estuvieran listo para ser asignados a un planeta o para unirse a un escuadrón, era así como las cosas se manejaban en su planeta, le era difícil entender a la humana y no comprendía esa desesperación por ver al chiquillo, seguramente en la tierra la forma de criar a un bebé era totalmente distinto.

—¿Dijiste Trunks? —cuestionó dudoso alzando su ceja izquierda en espera de una respuesta y se sentó a su lado en la cama.

—Si… si es niño permite que lleve ese nombre, sé que no es uno saiyajin, pero al menos espero que conserve algo de mi planeta —comentó intentando calmarse, tenía un tono de tristeza en su voz, agachó su mirada prestándole atención a sus manos sin saber qué hacer para que la dejaran ver a su bebé.

—Él está estable, me diste un heredero, lo hiciste bien —comentó él con una sonrisa ladina en sus labios, se había sentido satisfecho cuando le informaron sobre el sexo de su vástago, no tenía problemas con que llevara ese nombre, después de todo Trunks no sonaba mal, ahora sólo tenían que confirmar su poder pelea cuando él alcanzara el tiempo gestante que aún le quedaba, por ahora no estaba del todo desarrollado, nació a los 8 meses, así que en un mes más podría verificar con exactitud su poder de pelea.

Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas, aunque ésta vez eran por emociones distintas, se sintió feliz de que él no objetara su pedido, además había dado a luz a un varón que aunque nació prematuramente él crecería sin problemas, en su pecho anhelaba conocerlo, poder verlo, tocarlo y abrazarlo. Sonrió débil ante tan alegría.

—Iré a verlo, debo estar cerca de mi hijo —indicó apresurada metiendo sus pies en las pantuflas al pie de la cama, iba a pararse pero sintió la mano del saiyajin en su muñeca y viró sus ojos para verlo.

—No iras mujer, te lo he dicho antes —habló cambiando su tono de voz a uno serio, su ceño se frunció y la miró severo.

—Pero quiero…

—¡No irás, obedece! —aseveró molesto, no cometería de nuevo el mismo error, había sido demasiado condescendiente con su hembra y por ello había sufrido ese atentado, no volvería a ceder sino estaba seguro de lo que era lo mejor para ella. Se puso de pie sin mirarla, no iba a discutir absolutamente nada con la terrícola, quisiera ella o no tenía que acatar sus órdenes.

—Eres cruel… —balbuceó con un nudo en su garganta, él no entendía su naturaleza humana, las madres de su planeta no se desprendían de sus hijos así como así, era una necesidad no un capricho querer cuidar ella misma de su bebé —¡Tú y tu raza de bárbaros! No tienen corazón —agregó acomodándose en la cama para cubrirse con la sábana, se había acostado de lado y buscó una de las almohadas para abrazarla en un intento de auto consuelo, porque si lo buscaba en él no lo obtendría, sollozó por lo bajo sin decir una palabra más, Vegeta la miró de soslayo antes de salir de la habitación que le había asignado a la chica para su recuperación.

Estaba caminando por el pasillo, tendría que hacerle frente al consejo de una vez, uno de los soldados encargados del pabellón real le había informado que el rey y los ancianos estaban en el salón del trono para tratar el tema del pequeño príncipe, a él más que a nadie le incumbía el asunto, además, ya había sido llamado por su padre ese día por la tarde. Efectivamente cuando llegó uno de los vigilantes de la puerta la abrió para él enseguida, lo que le dio la pauta que ahí adentro se disputaban el destino de su crío.

Entró sin mirar a quienes estaban a su alrededor, escuchó como todos lo saludaron reverenciándolo cuando uno de los guardias reales anunció su llegada, avanzó fijando su obscura mirada en su progenitor el cuál seguía sentado en el trono mientras los del consejo se mantenía de pie en columnas de diez, tanto del lado derecho como del izquierdo, avanzó enaltecido entre ellos hasta llegar al monarca que no perdió movimiento alguno de su heredero y se preguntó internamente ¿En qué momento habían llegado a aquella situación? ¿Es que su hijo había perdido todo raciocinio por culpa de una concubina? Ellos eran los líderes de una de las razas más poderosas del universo, respetados por cientos de planetas bajo su dominio y temidos por muchos más que estaban a punta de conquista, su hijo mayor que llevaba su mismo nombre se había convertido en un hombre de la noche a la mañana, tenía diecinueve años, pronto alcanzaría el trono y aún no estaba preparado, era un joven estratega, el mejor en batalla, poderoso, pero debía controlar sus sentires, antes que nada él tenía que procurar el bienestar de Vegitasei y sus decisiones no podían depender de sentimientos estúpidos que lo llevarían a la ruina y con ello arrastraría al imperio. Un buen rey no determinaba el rumbo de un planeta ni de su futuro en base a lo que sentía por una odalisca inútil.

—Padre —saludó inclinándose ante el hombre que lo observaba con seriedad.

—Príncipe Vegeta —habló él mirando a su vástago erguirse —Felicitaciones, ya ha nacido tu hijo —bramó con soberbia dibujando una sonrisa ladina en sus labios, se puso de pie bajando los escalones que elevaban el trono al fondo del salón sin apartar sus ojos negros de los de su hijo —Ya he enviado a los médicos científicos para que le hagan las pruebas necesarias —habló transfigurando su rostro a uno frío, esperó que su retoño le gritara o hiciera algo por defender a la criatura, pero solo lo detallaba tosco con una expresión inmutable.

—… —no dijo una sola palabra.

—No esperaré un mes a que el crío de por finalizado su desarrollo, si es fuerte se quedará, sino, creo que no es necesario especificarte cuál será su destino —dijo el soberano girándose para regresar al trono donde se sentó.

—Los médicos indicaron que cuidaran del príncipe su alteza, no correrá riesgos —comentó uno de los miembros del consejo a lo que los demás asistieron pues habían estado de acuerdo en que el potencial del niño debía conocerse lo más pronto posible. Vegeta escuchó claramente las palabras, por supuesto que estaba en desacuerdo con esa ridícula decisión, pero no podía mostrar absolutamente nada, por el bien de su hijo y de la humana, bastante se había implicado sentimentalmente con ella como para demostrar que el bienestar del chiquillo le importaba más que cualquier cosa, si quería protegerlos no podía actuar sin cautela, debía ser astuto y para ello de ahora en más tenía que mostrarse indiferente cuando de ella y su hijo se trataba, lo había pensado antes, si aparentaba indiferencia hacia ellos, quizá su padre y los del comité dejaban el tema de lado.

—¿Es todo lo que tenías para decirme, padre? —la última palabra casi la había masticado para escupirla, estaba harto de tener que rendirle cuentas a esos payasos, cuando fuera rey, echaría a toda esa partida de imbéciles de su planeta.

—Hay algo más —expresó el hombre haciendo una señal al soldado en la puerta, ésta se abrió, pero el joven no se molestó en girarse para ver lo que sucedía —Desde que naciste te nombre como el heredero al trono de Vegitasei, haz crecido como tal, eres fuerte, un digno hijo mío —comenzó a hablar el monarca mirando con orgullo a su primogénito, a pesar de sus errores, Vegeta era lo que siempre esperó, ponía en alto el nombre de su raza con cada conquista, había llenado de gloria el imperio y esperaba que aprendiera a poner los asuntos del estado por sobre todo lo demás.

Nappa que había entrado acompañado al salón avanzó a través de éste hasta llegar a posicionarse a unos pasos tras el príncipe haciendo una reverencia.

—Una de las leyes que debes de cumplir antes de coronarte es haberte unido a una saiyajin, quien será tu apoyo durante tu reinado, por ello elegí a Nyu para que sea tu compañera —concluyó observando la reacción de su vástago.

Vegeta que había escuchado el palabrerío viró su mirada desde su padre hacia la mujer que caminó entre los miembros del comité hasta llegar cerca del trono donde se encontraba su alteza y su tío Nappa.

—Rey Vegeta, Príncipe —saludó inclinándose. Esa mañana Nappa que era el hermano mayor de su madre le había dado la mejor noticia que pudo escuchar en su vida, había sido claro, el príncipe Vegeta la desposaría, y aunque en un inicio le habían entrado dudas de que él aceptara el enlace, sus ilusiones cobraron fuerza cuando supo que debía hacerlo sin objetar, pues sino tenía una digna hembra como esposa no podría heredar el trono, las leyes exigían que el futuro rey se uniera a una mujer que pudiera parirle herederos poderosos para asegurar la dinastía.

—Nyu Noceda es adecuada para ti —finalizó el rey dándole la aprobación a los jóvenes para que se unieran. Los del consejo murmuraban que ella era apropiada pues era una excelente guerrera y provenía de una familia noble que había servido al imperio en épocas pasadas y presentes, no había una mejor mujer para él que la sobrina de la mano derecha del soberano.

—Si eso es todo me retiro —indicó Vegeta inclinándose ligeramente, se giró caminando hacia la salida cuando la voz de su padre hizo que se detuviera.

—¿Qué opinas sobre la nueva noticia príncipe Vegeta? —cuestionó, en realidad, no necesitaban anunciar el compromiso con tanta antelación, aún faltaban casi dos años para que su hijo ascendiera al trono, pero quería probar la capacidad de juicio de su vástago, tanto como Tarble como Nappa habían dado el visto bueno a su resolución, si el príncipe se negaba, significaría que no podría ser apto para heredar la corona.

—Haz lo que consideres adecuado —respondió el joven para luego salir del salón, el rey sonrió complacido, era un alivio que no se negara a unirse a la mujer elegida para él.

.

.

Desde el nacimiento del pequeño príncipe había pasado ya un mes y medio, la recuperación de Bulma fue un tanto lenta, pero para ese momento estaba completamente repuesta, seguía sin poder ver a su hijo y con cada día que pasaba se cuestionaba si en realidad Trunks estaba bien, nadie le decía nada sobre su pequeño a excepción de Vegeta ¿Pero que tal si él le mentía? Todo era tan raro, él se había mantenido distante, apenas la visitaba en la habitación que le habían asignado para su reposo, estaba harta de estar encerrada esperando, ni siquiera había podido ver a su padre y seguramente a él le habían negado verla.

Sé puso de pie, las nuevas criadas que le habían servido ese tiempo apenas y hablaban con ella, respondían a sus preguntas más no le daban información sobre su criatura, sino fuera por Gine que seguía siendo su dama de compañía y por las visitas de Kakaroto, jamás se habría enterado que Milk dio dado a luz una semana después de que ella lo hiciera, su hijo nació a término, sano y fuerte ¡Ni siquiera conocía el hijo de su mejor amiga! Sabía por ellos que a la pelinegra le habían permitido que lo cuidara por sí misma, era una de las ventajas de Gohan, así habían llamado al niño, por ser solo un crío sin título real le daban menor importancia, podía quedarse con su madre y no en una capsula de recuperación como pretendían hacer con Trunks. Bulma investigó que los primero años de vida los niños saiyanos pasaban en la capsula de crecimiento alimentados por sondas, era aberrante siquiera pensarlo, antes de permitirlo era capaz de sacarlo del departamento neonatal y llevárselo del planeta tan lejos, que nadie los encontraría jamás, y si había permitido hasta ese momento que se quedara en esa incubadora, era porque necesitaba desarrollarse al haber nacido antes de la fecha de parto.

Decidida se puso de pie para verse al espejo al lado de la cómoda, eran cerca de las once de la noche, Vegeta no la había visitado hacía más de una semana, simplemente su cambio radical estaba resintiéndola, desde que su hijo había nacido él no había buscado ni siquiera la más mínima muestra de efecto, en su interior sufría, le dolía su indiferencia y muchas noches se preguntó si él simplemente había dejado el interés que tuvo por ella durante mucho tiempo ¿Es que ya no era atractiva? Se observó detalladamente en el espejo, siempre había sido muy segura de sí misma, era una mujer joven, bella e inteligente a la que cualquier hombre podría desear, pero el embarazo la había cambiado, lo notaba al mirar su reflejo, sus senos estaban más crecidos, al no poder alimentar a Trunks sus pechos se llenaban rápido de leche que tenía que sacar constantemente, sus caderas se habían ampliado un poco, sus piernas estaban más llenas al igual que sus glúteos, ya no era la misma chica de antes, se convirtió en una mujer con más curvas después del parto ¿A caso a los saiyajin no les gustaban las mujeres así? ¿Tendrían ellos otros estándares de belleza? Lo más probable era que sí ya que las mujeres saiyanas era distintas.

El desdén con el que él la trataba la intrigaba ¿Se estaría divirtiendo con las muchachas de su harén? Era una duda que muchas veces se cruzaba por su cabeza causándole un ardor desolador en su corazón ¿Había pasado por tanto para que después de parir el príncipe la olvidara? Quiso preguntárselo en varias ocasiones, hacerle frente a la realidad que en algún momento tendría que afrontar, pero era mejor no saberlo, tenía que estar tranquila y pensar, debía concentrarse solamente en recuperar a su bebé.

Suspiró tratando de apartar esos pensamientos negativos de su mente, tampoco esperaría más para ver a su hijo ¡Ni siquiera lo conocía con un demonio! ¿Qué clase de seres eran ellos como para quitarle a su propio bebé? Arrugó sus delgadas cejas en una mueca furiosa aún mirándose en el espejo, iría a verlo aunque fuera de lejos, pero tenía que estar segura si él seguía en el planeta, si estaba vivo o sí quizá el rey lo habían exiliado, no se atormentaría más especulando cosas que quizá no estaban ni remotamente cerca de la realidad.

—Gine, trae mi bata —indicó certera, la mencionada tomó el albornoz que estaba sobre la cama ayudándole a colocárselo a la peliazul.

—¿Adónde piensa ir señorita Bulma? Sabe que no tiene permitido abandonar la habitación sin el consentimiento de su alteza —comentó una de las dos criadas que le servían junto a Gine que era su dama de compañía, ésta se acercó para ayudarle a anudar el lazo de la bata en la cintura de la ojiturquesa.

—No preguntes Eider —respondió volviendo a verse al espejo —Me acompañarán y les dirán a los guardias que el príncipe Vegeta me ha llamado a su alcoba —dijo girando se para ver a la femeninas que pusieron una expresión de horror —Solo así podré salir sin que ese par me detenga, actúen normalmente no quiero que nos descubran.

—Pero señorita Bulma, no podemos hacer eso ¡Si el príncipe se entera va a matarnos! —exclamó la segunda sirvienta que se aproximó a ella al escuchar lo que decía.

—No te preocupes Izaro, estaremos fuera de la habitación poco tiempo, solo hagan lo que les digo y todo saldrá bien —aseguró colocándose los zapatos que estaban a su lado, si se quedaba más tiempo encerrada no lograría absolutamente nada, estaba por ir a la puerta cuando escuchó que ésta se abrió.

—Príncipe —reverenciaron las femeninas al verlo entrar, Bulma se inclinó aparentando la calma que no tenía, unos segundos más y él la hubiera visto intentando abandonar su alcoba, había sido claro la última vez, no quería verla merodeando en los pasillos del castillo y mucho menos que saliera sin consultárselo, comprendía que era por su protección ¿Pero cómo podía una madre olvidarse de su hijo? Daría la vida por su bebé y estaba dispuesta a lo que sea por verlo.

—Su alteza —pronunció ella alzando su mirada, se notaba serio ¿Traería malas noticias? Su corazón se aceleró de sólo imaginar que algo le hubiera pasado a Trunks o a su padre.

—Déjennos solos —ordenó él esperando que las criadas salieran para caminar hacia la humana, sus ansias por tenerla le habían pasado factura todo éste tiempo atrás.

—Vege… —el nombre del saiyajin había quedado retenido en su garganta pues él se aproximó a ella tomándola de la cintura pegándole con anhelo a su cuerpo, con una de sus manos cogió uno de los mechos de su cabello dejándolo tras su oreja sin dejar de ver el rostro agraciado de la científica. La observó unos segundos, esos ojos turquesa tan expresivos, su nariz respingada, esos labios que lo incitaba a besarla como un demente. Había sido casi una tortura mantenerse lejos de la terrícola durante su recuperación, pero esa tarde la doctora le informó que ella ya se encontraba totalmente repuesta.

—¿Adónde vas? —preguntó guiándola con sus pasos, la peliazul caminó en retroceso hacia la cama donde él estaba dirigiéndola, la miró a los ojos y ella desvío su vista pensando en qué decirle, realmente no había hecho nada para que él sospechar de su pequeña fuga ¿Habría escuchado su plática con las chicas? —Responde —exigió sujetándola con una de sus manos de la barbilla, alzándola para que lo mirase a los ojos.

—Había… solo había salido a tomar aire fresco al balcón —contestó titubeante mordiendo su labio inferior, le había dicho lo primero que se le ocurrió, quizá el sospechaba al verla con su bata y zapatos puestos, así que sin dudarlo llevó sus manos al nudo de su albornoz desatándolo. Él la soltó sin apartarse al llegar al borde de la cama detallando cada uno de los movimientos de la terrícola, miró como la femenina dejó caer en el piso la tela, ella solo estaba cubierta por un camisón de seda corto que no dejaba demasiado a la imaginación, Vegeta notó esos pezones endurecidos que se marcaban perfectamente y al bajar sus orbes obscuras se encontró con sus piernas torneadas casi desnudas, de solo mirarla percibió como su miembro despertó de golpe.

Bulma se sintió presa ante su escudriño, él sin pudor alguno la observaba sin detenimiento, conocía esa expresión de lujuria, su corazón latió con rapidez al tiempo en que una corriente placentera recorrió su abdomen hasta llegar a su vientre sabiendo lo que él quería con exactitud.

—Pasaré por alto tu mentira, insolente —bromeó socarrón devorándola con la mirada, había pasado demasiada noches pensando en ella, se había mantenido alejado para dejar que se recuperara, si la tenía cerca no podría controlar sus instintos y por ello le había asignado una habitación del otro lado del pasillo para evitar la tentación de entrar y hacerla suya.

Ella sonrió complacida dando un paso para tomar las manos del saiyajin, deslizó su lengua por sus labios sin dejar de verlo y colocó las palmas de él en su cintura dejando que el príncipe las deslizara por su cuerpo a lo que ella cerró sus ojos disfrutando las sensaciones.

—No te contengas mi príncipe —susurró abriendo sus párpados, lentamente se acercó a su cuello depositando besos cortos en éste, a cada succión lenta sorbía con sus labios el sabor de su piel bronceada y con cada respiración olía su perfume masculino que la excitaba de sobremanera. Con sus manos acarició sus hombros buscando los broches de su capa empotrada a la armadura de donde la desmontó para dejarla caer al piso.

—Si fuera tú no pediría eso —dijo él con voz ronca preso de las caricias gentiles que la terrícola le brindaba y sin esperar buscó sus labios uniéndolos con desesperación, sus besos se volvieron intensos en cuestión de segundos, la boca de Bulma era invadida por su lengua rasposa que se encontraba con la suya, apenas y podía corresponder a la pasión desmedida del hombre. Él bajó sus manos acariciando la curva que se formaba entre la cintura y los glúteos de la femenina, hacía tanto que no acariciaba su cuerpo pero tenía grabado a fuego en la memoria de sus palmas cada rincón de la mujer entre sus brazos. La empujó contra el colchón de la cama acomodándose entre sus muslos que ella abrió al verlo colocarse sobre su cuerpo.

—No esperaba verte —comentó ella con un sonrisa de satisfacción al ver cómo él se deshizo de sus guantes, bajó nuevamente hacia ella y ésta vez sus labios fueron directos hacia el inicio de los montes de la peliazul succionando con suavidad incontrolada.

—¿Te sorprende que esté aquí? —cuestionó deteniendo sus caricias para verla a los ojos. La vio negar y luego reír juguetona, sintió como ella enroscó sus piernas en su cintura haciéndole sentir su centro ardiente que prendió aún más su entrepierna, la cola del saiyajin se había desatado y se movía en el aire a la altura de los hombros de la humana, la enroscó en el cuello de la hembra en un acto posesivo.

—También te he extrañado —murmuró la científica deseosa abrazándolo para volver a besarlo.

.

.

Era cerca de las tres de la mañana, Bulma se encontraba en su cama, se había acomodado de espaldas a él después de un intenso encuentro que apartó de su mente cualquier rastro de duda que tenía con respecto a él, seguía siendo el mismo de siempre, lo había podido confirmar en cada una de sus caricias, se sentía feliz en ese aspecto de su vida, pero por otra parte no pudo dejar de pensar en Trunks, aún tenía en la mente el plan que había formulado antes de que él llegara. Vegeta se había dormido hacía más de una hora, pero le era imposible escaparse, la mantenía sujeta por la cintura con sus brazos y su cola estaba enroscada en uno de sus muslos, si se alejaba él lo sabría y lo último que quería era perder la oportunidad de conocer a su hijo.

Pasaron dos horas más, no supo cuándo se había quedado dormida, somnolienta abrió los ojos recordando el reciente encuentro y lo que iba a hacer, giró su cabeza intentando ver al saiyajin, él estaba acostado boca abajo en su lado de la cama y supo que era el momento. Con suma delicadeza se bajó del colchón y tanteando a media luz en la recámara que solo era alumbrada por la claridad de la luna que entraba por el ventanal, buscó sus pantuflas encontrándolas regadas al pie de cama, de igual forma escudriñó por cada rincón hasta encontrar su ropa interior y la bata para vestirse con rapidez. Caminó hasta la puerta tratando de no hacer ni el más mínimo ruido, si él la descubría tendría que explicarle muchas cosas y lo menos que quería confesarle es que iba a desobedecerlo. Abrió la puerta y antes de salir miró hacia la cama detallando la figura en la misma posición, cerró la puerta decidida.

—¿Adónde cree que va? —cuestionó uno de los soldado que estaba en la puerta, reconoció la voz, era Raditz junto a otro escolta que no supo reconocer.

—Baja la voz Raditz, su alteza no está de buen humor, pidió no ser molestado —comentó en un susurro caminando lejos de los saiyajin, pero una mano en su brazo la detuvo haciéndola girarse nuevamente.

—No haz respondido la pregunta terrícola —expresó el otro guerrero soltándola con brusquedad.

—¡Oye! ¿¡Qué te pasa bruto!? ¿Quién rayos eres tú? —preguntó acariciándose el sitio de donde él la había tomado con rudeza cuidando el tono de su voz.

—Eso no te importa niña, regresa a tu habitación y no salgas de ahí o yo mismo te haré entrar por la fuerza.

—¿Sabes que te haría el príncipe Vegeta si se enterara de cómo tratas a la madre de su hijo? ¡Imbécil! —chilló ésta vez furiosa buscando intimidar al soldado. Dos cosa había aprendido esos años que llevaba en el planeta, una era que un saiyajin jamás respetaría a un ser catalogado para ellos como "inferior", y dos, si no le debían respeto por ser quien era, tenía que ganárselo para poder sobrevivir. Miró como él guerrero cambió su expresión a una asustada, parecía que lo que le había dicho dio justo en el clavo.

—Yo… no…

—¡Si vuelves a ponerme una mano encima vas arrepentirte! —aseveró molesta alejándose del lugar, si fuera otra ocasión sin pensarlo se lo haría saber a Vegeta, el idiota le había dejado marcado los dedos en su brazo, pero ahora su prioridad era ver a su hijo. Las criadas que estaban del otro lado del pasillo en la pequeña sala asignada a la servidumbre caminaron tras ella al verla pasar.

—Señorita Bulma, deténgase por favor, vuelva a su alcoba o el príncipe…

—No digas más Gine, iremos hasta la sala neonatal para ver a mi hijo antes que su alteza se de cuenta que no estoy en la habitación —dijo apresurando su andar, había investigado que el ala de recién nacidos estaba del otro lado del castillo, en un extensión correspondiente para albergar a los cachorros de los soldados de clase alta y los de la dinastía. Durante el tiempo de recuperación se había dado a la tarea de informarse dónde estaban los críos, Kakaroto y su madre saiyana que era su dama de compañía, le habían brindado tal información, le dijeron que su hijo se encontraba dentro del salón de neonatos en una capsula especial al centro del apartado, esperaba que no fuera difícil encontrarlo.

Diez minutos más tarde estaban llegando a su destino, a lo lejos podía divisarse un par de soldado que aguardaban en la entrada y con toda la convicción en mente caminó hasta ellos. Al llegar se paró frente a esto que mantenían una pose firme mirando hacia el frente, la ojiturquesa respiró profundo, los tipos median como dos metros cada uno, con un solo dedo podían matarla si lo deseaban, pero con seguridad apretó sus labios y caminó intentando entrar, uno de ellos se interpuso bloqueando la puerta, cuando la joven alzó la vista se encontró con un par de ojos negros malignos que la observaban.

—Déjame pasar, quiero ver a mi hijo —habló en tono firme.

—Aquí no hay nada que ver mujer ¡Lárgate! —bufó el esbirro sin moverse de su posición.

—¡Soy la madre del príncipe Trunks, hazte a un lado! —chilló molesta ante la negativa dado un paso más, si tenía que hacer un escándalo para ver a su bebé lo haría, a ese punto ya no le importaba nada, ni lo que pensaran de ella ni las consecuencias de sus actos, su corazón estaba herido desde hacía mucho tiempo y nada podría dañarla aún más.

—¡Cálmese señorita Bulma! Así no logrará nada —indicó Gine sujetando ligeramente junto a las otras sirvientas a la peliazul.

—¡Suéltenme! —forcejeó arrancándose las manos de sus criadas de encima.

—Déjenla entrar, la señorita Bulma es la madre de su alteza real el príncipe Trunks, está en todo su derecho de ver a su hijo —fue la voz de Raditz que se escuchó, él la había seguido hasta ese lugar, como su guardia personal tenía que resguardarla en todo momento.

—¿El príncipe Vegeta sabe de esto? —preguntó uno de ellos irreverente.

—¿Un soldado de clase baja intenta cuestionar las palabras de un guardia real? —preguntó molesto el saiyajin, el mencionado negó nervioso, lo último que quería era meterse en líos así que abrió la puerta para darle acceso a la hembra humana que estaba por acceder cuando de adentró emergió una figura femenina.

—Vaya, vaya miren a quién tenemos aquí… —indicó con orgullo Nyu, recién había ido a visitar al pequeño bastardo primogénito de Vegeta junto a su dama de compañía, y aunque Apricot le había aconsejado no inmiscuirse en el asunto, la curiosidad había podido más que otra cosa. Bulma observó a la mujer de pies a cabeza, recordó haberla visto con el escuadrón de Vegeta, no tuvo dudas que fuera una saiyajin, pues sus ojos repararon en la cola que ésta llevaba enroscada a la cintura. —…nada menos que la esclava terrícola —añadió acercándose a la humana para detallarla mejor, hacía mucho tiempo que no la veía, pero seguía odiándola tanto o más que antes, esa tipeja era como una basura en el ojo, estorbando siempre.

—¿Quién eres tú para referirte a mí de ese modo? —cuestionó extrañada la científica alzando la barbilla sin dejar de ver a la saiyana, por supuesto que se percataba de la manera en que ella la miraba, como si se burlara en su rostro, la mujer tenía una media sonrisa maliciosa. Después que la guerrera la arrasó con sus ojos negros fijó su escudriño en el rostro de la peliazul.

—No es de extrañarse que no me conozca… —pronunció en tono despectivo sin apartar sus vista de ella. Cuanto odiaba a esa maldita terrícola irrespetuosa, como prometida del príncipe Vegeta esa vulgar odalisca tenía que reverenciarla, pronto sería la princesa Nyu, esposa del heredero a la corona. —…humana maleducada.

—¿Disculpa? —chilló indignada Bulma arrugado el entrecejo respirando profundo, estaba ahí por su hijo y para hijo, no para discutir idioteces con esa saiyana altiva y desagradable. Dio dos pasos hacia la mujer, la miró de la misma forma en que ella lo hacía, observó su cabello negro y lacio, sus ojos un poco rasgados, tenía nariz fina y labios medios, era bonita, pero como todas las hembras de Vegitasei, su cuerpo era atlético, femenina al fin y al cabo, pero nada que ver con su cuerpo lleno de curvas y atributos, egocéntrica se sintió más bella que ella, así que segura de sí misma sonrió manteniendo su barbilla alzada con orgullo. —Ciertamente no te conozco, ni me interesa saber quien eres —articuló volviendo a ponerse seria al ver que ella amplió su sonrisa burlona.

—Qué causalidad que ambas estemos aquí por el mismo motivo… —manifestó relamiendo sus labios con gracia —…he venido a ver al híbrido, ni siquiera parece un saiyajin, es una vergüenza como tú —declaró con total repugnancia en sus palabras, pero jamás esperó lo que pasó. Al escuchar esas palabras la ira se apoderó de la ojiturquesa, no lo pensó, ni siquiera supo cómo pasó, pero la sangre caliente en su cabeza la dominó y de pronto alzó la mano propinándole una fuerte bofetada que nadie se vio venir.

—Nunca vuelvas a referirte así hacia mí hijo ¡Estúpida! —gritó fuera de sí, Nyu que jamás imaginó que ella le pusiera una mano encima llevó su palma a la mejilla adolorida acariciándose, le había dolido.

—¿Cómo te atreves a hablarle de esa forma a la señorita Bulma? Ella es la madre del príncipe Trunks y la favorita de su alteza, no tienes derechos —reclamó Gine que jaló a su lado a Bulma alejándola de la saiyajin que en cualquier momento podría atacarla.

—Cállate Gine, respeta tus límites, sólo eres una criada —se entrometió Apricot sujetando del hombro a Nyu antes de que cometiera una locura que la alejara del trono que estaba por alcanzar al unirse con Vegeta.

Por dentro, un fuego abrazador le gritaba a la guerrera que se abalanzara sobre la terrícola y le quebrara el cuello, con ella muerta no habría nada que se interpusiera entre ella y Vegeta. Empujó la mano de su dama de compañía de su cuerpo sin dejar de ver a la científica, con tan sólo uno de sus golpes esa imbécil moriría, no era más que una mosca debilucha.

—¡Cierra la boca Apricot! —se entrometió Raditz interponiéndose entre las mujeres, sabía que Nyu no iba a quedarse así, la naturaleza de las mujeres saiyanas era tan violenta como la de los machos.

—¡Maldita perra! No me rebajaré siquiera a darte tu merecido —respondió Nyu encolerizada —No eres nadie, ni nunca lo serás, porque pronto seré la esposa de su alteza y tu pasarás al olvido cuando yo si le de herederos puros, valerosos y fuertes —bramó enardecida dispuesta a deshacer de esa ramera a como diera lugar.

La peliazul la miró extrañada ¿Qué había dicho? ¿Vegeta se casaría con ella? Sintió como si un balde de agua fría se derramará sobre ella adormeciéndola, apenas escuchó el saludo de las personas presentes cuando el príncipe Vegeta llegó al lugar, ella se giró para observarlo con incredulidad sintiendo como su corazón se desgarraba una vez más.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola!

Quiero comenzar por agradecerles el tiempo de espera, la inspiración me abandonó mucho tiempo U.U

También quiero informarles para las que aún no saben, que el fic "EL PRECIO DE TU ALMA" está siendo reescrito y subido a Wattpad, lo aclaro en forma general porque muchas chicas me preguntan por ese fic, así que las espero por allá :D Estoy como: RinPink Susaiyajin (solo tengo "EL precio de tu alma" subido)

Tengo página de facebook por si quieren seguirme, ya somos casi 4000! Aparezco como: RinPink Susaiyajin Fanfic. Sino me encuentran en el perfil de Fanfiction aparece el enlace. Allí les informo cuándo voy a actualizar, entre otras cosas, y puedes escribirme para que charlemos con toda confianza :D

Respondiendo a algunos reviews:

Seilor123: Por el momento debo de terminar los fic pendientes, pero tomaré en cuenta tu sugerencia para los nuevos proyectos que tengo en mente. Saludos.

Beccamarins: Gracias por todos esos mensajes, me inspiran para seguir escribiendo c:

Sindy Milash: Omg! Ya te extrañaba, siempre suelo verte en mis review, espero que estés bien. Con respecto al cap anterior sobre lo que dijiste del lemon, puede que ahora veas demasiadas escenas eróticas, pero se viene una época (alerta spoiler xd) que no verás romance en muchos caps v: así que disfruta esos momentos ahora porque después desaparecen :P

El siguiente fic en actualizarse será "El precio de tu alma"

Espero que éste capítulo haya sido de su agrado. Háganme saber su opinión en los review, saben que siempre espero sus comentarios que me animan a seguir c:

Nos leemos bellas! Chain.