ADVERTENCIA: Capítulo con contenido sexual explícito, lee bajo tu propia responsabilidad.

CAPÍTULO XXV: MUERTE.

Ella lo miró por unos instantes, casi en automático le hizo una leve reverencia, las palabras de Nyu aún retumbaban en su cabeza y se preguntó ¿Quién era esa mujer como para afirmar con tal seguridad que va a casarse con él? ¿De dónde se conocían? ¿Formaría ella parte de su harén?¿Tendrían ellos un amorío? Muy en su interior quiso creer que todo era un mal entendido, desde el tiempo que llevaba junto al heredero jamás vio que él siquiera mirase a esa tipa, además, después de lo último que sucedió con Arian él le había asegurado que no tenía nada con nadie más. Le creía. El hombre era el príncipe a la corona de Vegitasei ¿Por qué tendría que temer a su reacción si él podía tener a cuanta mujer deseara sin tener que rendirle cuentas a ella que era una simple esclava? Suspiró profundo sintiendo esa clase de dolor que ya había experimentado antes, cuando se enteró de lo que hubo entre él y la criada de la cocina, se cansó de lidiar con esos sentimientos y prefería darle el beneficio de la duda. Bulma relamió sus labios y desvío la mirada de la de él que la observó estoico desde su posición hacia Raditz que se acercó a Vegeta.

—Alteza, la señorita Bulma está aquí porque desea ver al príncipe Trunks —informó el soldado, tanto Bulma como la guerrera que observaba lo que sucedía vieron a Vegeta cuya expresión no cambió en absoluto, miró a su concubina, por supuesto que él sabía lo que ella tramaba desde un principio, la había escuchado claramente cuando hablaba con sus sirvientas antes de que él entrará en su habitación, además, la conocía demasiado bien como para saber cuándo ella mentía, sus ojos eran como un libro abierto que sólo bastaba mirarlos para saber lo que pensaba, había aprendido a leerla demasiado bien y por tanto que podía adivinar todo lo que por dentro le pasaba, la mujer siempre había sido muy expresiva, ella no podía ocultarle nada.

En cuanto ella se había decido a salir esperó a que se adelantará para ir tras la humana. Había aprendido a saber qué era lo que ella quería con cada una de sus expresiones desde hacía mucho, cuando actuaba esquiva o seductora era porque algo quería ocultar o conseguir, no le era difícil reconocer sus intenciones y no se confiaba, la científica no era buena siguiendo sus órdenes, amaba desobedecerlo y él gozaba castigándola, aunque no podía molestarse con ella en ese momento, sabía lo que sufría por ver a su hijo y que haya aguardando tanto tiempo pacientemente era un récord para la científica, de hecho había esperado que desacatara su orden hacía semanas.

Sus ojos negros se movieron desde su esclava hacia la femenina perteneciente a su escuadrón, arrugó aún más el entrecejo detallando la mejilla roja de la hembra, luego observó a Raditz que estaba interpuesto entre su mujer y las guerreras élite, arrugó el entrecejo fijando su atención en la saiyajin.

—¿Qué haces aquí Nyu? —preguntó golpeado, esa no era ni la hora ni el lugar para que ella estuviera merodeando en los pasillos y mucho menos cerca de los críos en las cápsulas, nadie tenía acceso hasta esa área a menos que fuera parte del personal médico y científico que cuidaba y daba mantenimiento al equipo neonatal ¿Qué prendía esa mujer acercándose a su hijo? Porque estúpido no era, podía deducir fácilmente que ella estaba ahí por su heredero ¿Sino porque más estaría en esa área sin tener nada más que hacer? Además, Bulma se veía claramente afectada ¿Le habría dicho algo? Y si… ¡Maldición eso era! Esa estúpida de Nyu no había podido mantener su boca cerrada, seguramente su mujer ya lo sabía.

—Su alteza, solo pasaba por aquí y me encontré con… ella, charlábamos —respondió rápidamente mordiendo su lengua filosa ante el desagrado de referirse a esa mediocre esclava, había tenido incluso que sobornar al guardia en turno para que le permitiera entrar a ver al híbrido, pero ahora no solo la golfita de la terrícola la había descubierto, también él y su mirada sobre ella denotaba lo enojado que estaba.

—¿Tú conversando con mi mujer? —pronunció con burla manteniendo su expresión fría ¿Es que acaso ella pensaba que era un imbécil? Con la reciente noticia de su compromiso era evidente que Nyu ya estaba marcando territorio, sonrió para sus adentros sin mostrar cambios es su inmutable rostro al pensar que la terrícola le haya puesto en su lugar.

—Príncipe yo…

—¿Intentas engañarme? ¿Qué hace un miembro de mi escuadrón en este lugar?. Debería castigarte expulsándote de las misiones.

—Yo solo…

—¡Cállate! —bramó acercándose a la saiyana que tembló en su posición junto a su dama de compañía —Solo hablarás cuando yo te permita hacerlo, mientras tanto no interrumpas mis palabras, mujer atrevida—expresó molesto mirando a la femenina que agachó su rostro —¡Bulma! —la llamó sin girarse para verla —¿Qué sucedió? —la peliazul que se había mantenido callada en realidad no supo qué decir, si le hablaba realmente sobre lo que ella le había dicho era darle la importancia que no tenía, esa saiyana realmente buscaba que ellos se distanciaran, ver cómo ella había cambiado completamente frente a él le daba la pauta para deducir que estaba enamorada del príncipe y por ende a ella la quería lejos de Vegeta. Suspiró profundo, no le daría el gusto de verla enfadada con él, por lo menos no frente a todos.

—Nada importante mi príncipe —respondió con tono dulce haciendo énfasis en sus últimas dos palabras alzando la barbilla, Nyu posó sus ojos en ella con rabia, la observó de arriba abajo, era tan debilucha que la idea de quebrarle el cuello a ella y al crío crecía con fuerza dentro de su pecho, no era más que una vulgar, no descendía de sangre noble y mucho menos de la realeza como para que creyera que Vegeta podía ser suyo, la perra etiquetaba al príncipe como de su propiedad sin vergüenza alguna ¿Cómo se atrevía a desafiarla con tal descaro? Esa mujer pagaría por su osadía, era una verdadera idiota si creía que le dejaría las cosas fáciles, ella era hermosa, una guerrera élite, poderosa, la mejor del escuadrón femenino de Vegitasei y era un deshonra tener como rival a una simple esclava sin chiste. La ojiturquesa sonrió con altanería en señal de victoria pues él creía en ella y no en la guerrera que la arrasada cuál víbora con total odio.

—¡Raditz! Haz que Nyu abandone este lugar y asegúrate que no vuelva nunca más —ordenó a lo que el soldado asintió dirigiendo a ambas guerreras lejos del sitio. Un par de ojos negros contra unos turquesa cruzaron miradas, casi desafiándose y Bulma vio desaparecer a Nyu y a su dama de compañía, por el momento era un problema menos con el que tenía que lidiar, pero le quedaba él ¿Cómo sabía que ella estaba ahí? —¡Y a ustedes los quiero fuera del palacio. No quiero volverlos por aquí par de imbéciles! —alzó la voz dejando escuchar su tono furioso hacia esos inútiles guardias que habían dejado entrar a Nyu en el recinto, uno de los científicos se lo había hecho saber a Kakaroto en cuanto vieron a la mujer cerca de la cápsula de Trunks, y éste le aviso por medio del scooter ¿Qué creían? ¿Qué el no se entraría? Él sabía todo en ese castillo y era así como manejaba sus asuntos, siempre estaba al tanto de cada movimiento —¡Largo de aquí! —gritó ahora a las criadas, girándose para verlas desaparecer rápidamente del sitio junto a los soldados.

La peliazul dio un respingo en su lugar e internamente se preguntó si la siguiente era ella ¿A caso la castigaría? Quizá se lo merecía por desobedecer, pero sus motivos era tan fuertes para hacerlo, no tenía más remedio que ver a su hijo a escondidas de él pues no le permitían estar cerca de Trunks, ella era su madre ¿Qué clase de monstruos eran los saiyajin como para arrebatarle así a su niño? Habían pasado semanas desde que dio a luz, había esperado tanto para estar juntos y ahora solo deseaba conocer su estado ¿Lo estarían cuidado como era debido? Estaba solo a unos pasos de él y a la vez tan lejos ¿Vegeta permitiría qué lo viese? Creyó que no, él estaría enojado por su mentira, había quebrantado su orden y sabía que era algo que el saiyajin real odiaba ¿Pero que más podía hacer? Por su bebé haría cualquier cosa, lo que sea que implicará incluso su sacrificio.

—Vegeta…

—¿Cómo pudiste venir aquí sin mi autorización, Bulma? —tanto como sus palabras como su mirada recayeron en ella, la vio bajar su vista y morder su labio inferior, parecía una niña a la cual estaba regañando, quiso gritarle en ese momento pero no pudo, se veía tan frágil que su instinto sólo dictaba protegerla, no podía castigarla por querer ver a su cachorro, las hembras terrícolas cuidaban ellas mismas de sus hijos porque llevaban en sus genes el instinto maternal muy diferente a las saiyanas, se lo había dicho Kakaroto. Además, Bulma era una muy joven, solo tenía 17 años, y era lógico que por su edad le fuera aún más difícil tener paciencia.

La miró elevar su rostro decidida, ella no tenía porque temer a las represalias, Vegeta tenía que entender que había hecho lo correcto en buscar a su bebé pese a lo que pudiera pasarle, Trunks era tan suyo como de él y no podían las cosas seguir así.

—Tengo derecho a verlo, es mi hijo, yo lo parí y eso me da el derecho de verlo cuando desee —pronunció firme, no iba a llorarle y mucho menos rogarle que dejase que entrara a la estancia.

—Por supuesto que lo tienes, pero eso no te da derecho a mentirme —respondió él dando unos pasos hacia ella. Si le había negado el acceso era por su bien, su heredero había nacido antes de culminar su desarrollo, no quiso que ella lo viera así, no quiso que se preocupara demás cuando la científica debía enfocarse en su propia recuperación, los médicos /científicos se lo habían hecho saber, las madres humanas solían alimentar ellas misma a sus cachorros y el cuerpo de su mujer no estaba preparado, ella había sido envenenada y por ende debía eliminar todas las toxinas antes de poder hacerse cargo del niño.

Esa noche iba a decírselo, la médica personal de Bulma se lo había informado, le comentó que la terrícola estaba plenamente recuperada y preparada para poder cuidar por sí misma a su hijo, pero había escuchado su conversación con sus criadas y decidió dejarla actuar, por supuesto que él iba a acompañarla a ver a Trunks y por eso fue tras ella.

—Me haz alejado de mi hijo desde que nació ¿Qué más podía hacer? —expresó con zozobra, arrugó sus cejas mirando los ojos del saiyajin, no parecía molesto, más bien aparentaba comprenderla —Solo quería ver a Trunks —añadió dando un par de pasos hacia él y extendió sus brazos para acercarse al cuerpo fornido del hombre, lo abrazo por la cintura dejando descansar su cabeza en su pecho. Necesitaba sentirse apoyada, no había nadie más en ese planeta, a excepción de su progenitor, que pudiera entenderla mejor que el padre de su bebé. Sentir el calor abrazador del saiyajin le traía calma, estando con él nada podría pasarle, nada le afectaba, se sentía capaz de poder sobrellevar todos los problemas.

Vegeta que se mantuvo inamovible en su posición escudriñó con la mirada sus alrededores verificando que nadie merodeara la zona, estaban solos, así que se permitió envolverla en sus brazos correspondiendo la muestra de afecto, sintió la necesidad de hacerlo, en ningún momento quiso que ella pensara que era un vil miserable que la distanciaba de su hijo por mero placer, por supuesto que las cosas no eran así, todo lo que hacía era para y por su bienestar, también el de su vástago.

La peliazul que estaba apoyada sobre los pectorales cubiertos por la armadura del saiyajin, alzó su mirada encontrándose con esas orbes oscuras de mirada intensa que a pesar del tiempo seguían causándole ese arrullador cosquilleo que la adormecía por dentro, cada día se enamoraba más de ese saiyajin que la enloquecía y constantemente se preguntaba ¿Es que era posible que amándolo con la intensidad con que lo hacía, su amor por él podría crecer cada vez más? Era como si el tiempo desapareciera en su entorno, como si solo ellos dos existieran en ese momento. Podía quedarse así observando esos negros ojos enmarcados con sus cejas y pestañas espesas, él poseía una mirada enigmática que ella amaba perpetrar, porque sólo conociéndolo como lo hacía podía acceder a ellos, saber realmente qué era lo que Vegeta pensaba.

La científica respiró profundo volviendo a recostar su cabeza en el pecho del hombre y recordó sin querer lo que la saiyana le había dicho, no quería darle la importancia que no merecía, pero de ser cierto ella no podría soportarlo, su corazón se carbonizaría porque ardería día y noche en el abrazador fuego al saber que lo había perdido para siempre. Inhaló hondo por segunda vez, escuchó el palpitar del corazón de él y una voz dentro de sí le dictaba que no debía tener dudas, Vegeta siempre le demostraba con hechos que le importaba a pesar de que nunca se lo había dicho. Ella volvió a alzar la mirada y ésta vez le sonrió pasando sus brazos que seguían sujetándolo para abrazarlo por el cuello, le depositó un beso espontáneo en sus labios.

—Entremos —indicó él correspondiéndole, ella asintió feliz, debía de creer en él si quería soportar las adversidades que ese planeta le imponía.

Vegeta abrió las enormes puertas del recinto siendo recibidos por el protocolo de los guardias y médicos /científicos que se encontraban dentro. La ojiturquesa siguió al joven a través del salón que estaba a media luz. Bulma abrió sus ojos con expresión de asombro, en una mezcla de desconcierto y conmoción que se removió dentro de sí al observar a su alrededor, el área neonatal era alumbrado apenas por la luz que emitían las cápsulas, cada una de ellas contenía un crío saiyano que flotaba en una especie de líquido que a la cálida luz de la incubadora se tornaba amarillento. Estaban separadas por sectores, cada zona conformada aproximadamente por cuarenta cunas que albergaban dentro de sí a los niños desde el día de su nacimiento hasta que estuvieran listos para salir. Sus ojos se tornaron vidriosos al pensar en su bebé, ahí no había nadie quien pudiera alimentarlos de una forma humana, nadie les brindaba los cuidados que una madre podría darles, estaban en ese lugar como si fueran objetos de estudio. Tembló por dentro. Era como un laboratorio de investigación del planeta tierra, donde confinaban animales indefensos para hacer pruebas monstruosas como si ellos no sintieran, le provocó repulsión de solo pensarlo.

—Alteza —saludó uno de los científicos encargados. Bulma posó su mirada en el alienígena, era de lo más parecido a un humano, quizá saiyajin, aunque no podía afirmarlo ya que el tipo traía una especie de traje, sus pectorales estaban cubiertos por la armadura clásica que usaban los guerreros, pero está estaba cocida a una especie de bata blanca dándole aire de médico —¿En qué puedo servirle? —cuestionó, el príncipe detuvo su andar girándose para ver a la peliazul que se detuvo un paso tras él.

—Bulma es la madre de mi hijo, llévala a verlo —ordenó notando que enseguida el sujeto se puso nervioso, agachó la mirada sin moverse de su posición.

—Alteza, lo que sucede es que su majestad… el rey ha… —tartamudeó, no quería ser el que le informara al príncipe de las decisiones del monarca, conociendo su temperamento podría desquitarse con él ahí mismo.

—¡Me importa una mierda lo que mi padre haya dicho! ¡Haz lo que te ordeno ahora! —gritó haciendo escuchar su voz imponente en el sitio. Ls demás obreros brincaron en su posición al escucharlo, realmente el príncipe tenía un aura aterradora que nadie era capaz de enfrentar, el médico asintió rápidamente indicando a Bulma el camino que tenía que seguir.

—Vamos se… señorita —indicó conduciéndola por el pasillo, Vegeta fue tras ella que avanzó a paso rápido, sabía que Bulma lo único que quería era estar con Trunks, su hijo que tenía raíces terrícolas iba a criarse en su imperio como el saiyajin que era, pero no podía ver a su hembra sufrir por no tenerlo a su lado, quizá era demasiado condescendiente con ella, pero hace días había tomado la decisión, dejaría que su hijo saliera del aislamiento en su cápsula una vez alcanzara el total desarrollo con el que debió nacer a término, para que una vez afuera, fuese Bulma la que se ocupará de él.

La muchacha avanzó con rapidez, podía sentir un nudo en su estómago por la ansiedad que la carcomía por dentro, se apresuró sin más, al final del pasaje habían unas gradas que la condujeron hacía una plataforma donde varias cápsulas rodeaban una que estaba al centro, algo la hizo fijar sus ojos en esa incubadora en particular haciendo que aquella angustia que sentía de saber que le habían arrebatado a su hijo desapareciera. Relamió sus labios mirando al tipo que caminó hacia al crío en ese sitio.

—Él es el príncipe Trunks señorita Bulma —afirmó el hombre que se giró para ver a la humana.

Las lágrimas fueron instantáneas, la peliazul que se había quedado a un metro de distancia caminó hacia la capsula señalada, por fin era él, su pequeño hijo por el que tanto había sufrido, al que tanto había anhelado conocer. Lo observó sin apartar ni un segundo la mirada del niño, él flotaba en el líquido, las luces dentro que eran de un color magenta no le impidieron notar la tonalidad distinta de su cabello. La joven rodeo la incubadora observando desde varios ángulos a su pequeño y alzó su mano colocándola en el vidrio de ésta deteniéndose frente a su pequeño rostro.

—Su cabello… es como el de mi padre —murmuró casi para sí misma al tiempo en que una sonrisa se dibujó en sus labios, su interior se sintió envuelto por un calor cálido que le provocó sosiego y calma, tragó el nudo en su garganta dejando caer sus lágrimas que no lograron descender pues ella se limpió con su mano libre agachando la mirada.

—Alteza, el príncipe Trunks ha presentado un óptimo desarrollo desde la última medición de su poder. Él es el más poderoso de los niños que han nacido en Vegetasei hasta ahora —comenzó a explicar el médico al ver al heredero subir la escalerilla —Ningún saiyano había podido romper el récord que usted impuso cuando nació hace 25 años atrás, hasta ahora. Usted debe sentirse orgulloso de tener un hijo con tanto poder, alteza.

Vegeta sonrió con soberbia observando a la bellísima femenina de cabello turquesa que le había parido a su primogénito. Ella miraba al niño dentro de la cápsula. En un principio él había pensado que todo había sido su descuido y un error que no debió cometer al someter a la terrícola como su esclava personal para luego lamentarse de haberla preñado, pero ahora reconocía que estuvo equivocado. Su cruce con Bulma había dado como resultado un crío increíblemente poderoso como el que ahora tenían. Los eventos no sucedían al azar pues todo tenía un propósito en el universo, el de su humana había sido ser suya desde el primer momento en que la vio hacía un año atrás, cuando ella tenía 16 años y ser la mujer que le diera a sus herederos. Bajo ninguna circunstancia permitiría que ella o su hijo sufrieran, porque su deber era proteger a la madre de su cachorro independientemente de las circunstancias, por eso había decidido sacar al niño de la incubadora.

—Preparen la salida del príncipe de su cápsula, desde éste momento su madre se hará cargo de su desarrollo —ordenó Vegeta con expresión seria sin apartar su vista de la peliazul que se giró al escucharlo. Los médicos científicos que estaban cerca se observaron unos a otros, no podían hacer más que obedecer al heredero. ¿Pero qué sería de ellos si el rey se enterara de ésto? Estaban en una encrucijada sin poder desobedecer a ninguno pues cualquiera podría castigarlos de no hacer lo que decían.

—En verdad lo… ¿Lo sacarán de aquí? —preguntó la femenina titubeante incrédula de las palabras del hombre frente a sus ojos que asintió en respuesta. Ella miró a un par de médicos acercarse a la máquina digital que controlaba las funciones de la incubadora de inmersión, debían preparar adecuadamente la desconexión para que el niño saliera de su estado de hibernación.

—El crío de Kakaroto ha tenido una buena respuesta fuera de la cápsula, mi hijo de linaje real sin duda se desarrollara mucho mejor —comentó el príncipe acercándose a la incubadora para observar al niño dentro que flotaba en el líquido rosáceo.

—En mi planeta los recién nacidos no necesitan de la tecnología para crecer adecuadamente —comentó la peliazul limpiándose la humedad de las lágrimas que amenazaron por salir de sus parpados —Solo se deben al cuidado de sus padres.

—Trunks no es un chiquillo terrícola, Bulma, menos uno cualquiera, lleva mi sangre proveniente de estirpe real, es un crío de la más alta élite, representa a la dinastía saiyajin —respondió con orgullo girándose para ver a la hembra que también posó su vista en él dando un largo suspiro, ella bajó la mirada al tiempo en que dejó salir el aire, por supuesto que estaba consciente de que su pequeño tenía genes de un ser extraterrestre súper dotado, pero esa razón no le impediría actuar como una madre protectora de costumbres terrícolas, por ello quería al niño a su lado y no esperaría años para poder tocarlo, para poder verlo caminar o hablar, para tocar su piel o darle un beso en sus mejillas, todo era tan inauditamente inhumano si pretendían que aceptara estar alejada de él más tiempo. —Pero confío en que puedes manejarlo —añadió él sacándola de sus pensamientos.

Él la hacía sentir una clase de calor reconfortante en su interior entre una mezcla de sentimientos al imaginar aquel hombre cruel que la sometió cuando apenas tenía 16 años, y en lo que se había convertido un año después. Si lo hubiera pensado cuando conoció a Vegeta, se habría reído en el rostro de quien le dijera que el indomable príncipe de los saiyajin la protegería y cuidaría de la forma en que lo hacía. Él incluso desafiaría las leyes de su planeta, a su padre y a todo aquel que quisiera separarlos. Alzó su vista fijando su mirada en la del hombre por la que ella había perdido la razón, pues enamorarse del príncipe real jamás estuvo en sus planes.

Ambos mantuvieron la mirada en la del otro, cada uno sumergido en sus propio pensamientos. Eran en esos momentos donde no necesitaban palabras para entenderse, ella le sonrió y el príncipe le devolvió el gesto en una sonrisa torcida que la convenció de que todo lo que él hacía era por hacerla feliz.

.

.

Ese día no había comenzado bien desde el momento en que su retoño quiso llevar a la mocosa terrícola junto con él a la investigación de la nave desconocida que aterrizo en el planeta. Por más que le diera vueltas al asunto no lograba comprenderlo del todo, quizá en cierta medida, pero no podía tomarlo a la ligera y mucho menos dejarlo pasar como si nada. Vegeta IV era su hijo, tenía 25 años, le había otorgado el título de heredero al trono desde su nacimiento rompiendo un récord de poder que nadie más había tenido y que hasta el momento había seguido invicto desde que nació, era además, un guerrero prodigioso, inteligente, estratega nato incluso siendo aún muy joven, podría él morir e irse con la conciencia tranquila de que su imperio quedaba en las mejores manos, él se había sabido ganar ese lugar, los del consejo lo apoyaban, el ejercito estaba con él, Tarble nunca hubiera logrado ni la mitad de lo que su hijo mayor había hecho hasta el momento, al menos veinte planetas cayeron bajo su conquista y se sumaban más con cada victoriosa misión, pero… sí, tenía un pero por el cual no podía preservar su tranquilidad, y menos marginar lo que pasaba, todo se debía a esa esclava de la tierra. Maldecía el día en que puso los ojos en ese planeta, nunca debió enviar a sus hombres a eliminar esa odiosa raza de débiles seres, era increíble que los saiyajins hayan matado a tantos de ellos durante la purga y era irónico que una escuálida chiquilla de 17 años pusiera a su vástago de cabeza y le diera a Vegitasei un tema para hablar.

Pero con todo lo sucedida ahí estaba, viendo a través del cristal al crío híbrido, lo único bueno en todo eso era que mediante el embarazo de la esclava y de la hembra de Kakaroto habían podido descubrir algo muy importante, el cruce de sangre entre los saiyajin con las terrícolas daba como producto a guerreros súper poderosos, ya que el chiquillo hijo de la mano derecha de Vegeta también había presentado un nivel bastante alto, contando con que su padre provenía de soldados de clase baja. El rey aceptaba para sí mismo que se sorprendió de sobremanera al ver la lectura de poder en el control de medición de su nieto cuando uno de los médicos científicos del área neonatal leyó el número; el hijo de su primogénito y esa chiquilla terrícola había impuesto un nuevo récord. Debía sentirse totalmente alegre, pero a la vez se sentía humillado, su estirpe había tenido que ser avallasada en el proceso. Colocó una mano en el vidrio de la cápsula que albergaba a su nieto, le daba vergüenza si quiera ver sus rasgos físicos, pese a que era muy parecido a su hijo Vegeta IV cuando nació, su color de cabello era penoso al igual que el de sus ojos. Hizo un gesto de desagrado y se apartó dándose la vuelta para irse del lugar.

Fue hace semanas que vio al mocoso, con el paso de los días había digerido los hechos, pero no podía permitir que ese niño representara su dinastía, Vegeta tenía que engendrar un hijo puro con la mujer que había elegido para él, una mujer hecha y derecha, fuerte y talentosa en batalla. Era lo que él merecía y no una chiquilla terrícola cuyo único don rescatable era su título de científica, por lo demás era solamente una esclava sin gracia que no le llevaría a nada bueno. En cambio con Nyu tenía todas las ventajas, la familia del general del ejercito Nappa tenía gran influencia en el pueblo, su apoyo y aprobación estaban de su parte, de todas las hijas nobles la muchacha era la mejor opción, podría darle críos poderosos a su hijo que fácilmente podrían sobrepasar al híbrido de la humana.

—Su majestad, el príncipe Tarble ha venido a visitarlo —las palabras de su consejero real resonaron de su lado izquierdo, alzó la vista observando a Zorn y enseguida viró sus orbes obscuras hacia su vástago menor que caminaba desde la entrada a través de la alfombra roja que se extendía hasta su trono. Ni siquiera había escuchado que el guardia en la puerta había anunciado a su hijo y su mano derecha lo notó.

—Padre ¿Es cierto lo que escuché? —preguntó Tarble llegando al pie del trono mirando a su padre sentado en éste.

—Así es, debo partir pasado mañana para estar en la reunión de la organización interplanetaria de comercio en dos meses —afirmó dejando de lado sus pensamientos, tenía por ahora mucho que establecer antes de hacer ese viaje tan largo, la OIC había hecho una convocatoria en la que todos los gobernantes de planetas importantes y de gran poder estarían ahí. Según el motivo del congreso sería para ajustar las leyes sobre la regularización de compra y venta de planetas, tenía que estar en el astro asignado para la convención personalmente pues debía saber de primera mano si tales convenios le favorecían, tenía bajo su dominio a muchas otras estrellas que dependían de su imperio para operar.

Tarble bajó la mirada un momento fijándola en la alfombra roja que tapizaba el sitio, una leve sonrisa se dibujó en sus labios, tenía la oportunidad perfecta para demostrarle a su padre que estos años aprendiendo sobre administración y diplomacia no habían sido en vano. A sus 21 años era capaz de llevar el orden de las cosas tal cual lo hacía su padre y se sentía capaz de tomar decisiones para beneficio de su pueblo, debía probarle al rey que aunque su poder de pelea no era digno del linaje real había sido dotado con una gran inteligencia de peso que contrarrestaba sus otras desventajas.

—¿Quién se quedará a cargo durante tu ausencia? —preguntó alzando el rostro buscando leer la expresión imprecisa de su padre.

—Lo comunicaré ésta tarde, pero debes saber que mientras no esté en Vegitasei tanto tú como Vegeta tienen prohibido salir del planeta —respondió automáticamente poniéndose de pie para bajar las gradas que separaban el trono del nivel del piso. Caminó hasta la mesa de reuniones a su lado izquierdo de donde tomó la carta de invitación y la extendió hacia su hijo menor. Tarble la tomó en sus manos leyéndola rápidamente.

—Nunca habían limitado los acompañantes a éste tipo de juntas ¿Qué le sucede al gobernante Chilled? Tanto formalismo me parece sumamente raro —comentó dejando el papel con el sello de la OIC en la mesa.

—No es algo relevante hijo, tengo permitido llevar a mi escuadrón élite por mi seguridad —pronunció encogiéndose de hombros —Nappa irá conmigo ésta vez, Zorn se quedará aquí para verificar que todo marche bien, él me mantendrá al tanto de todo lo que aquí suceda.

—No hay problema con eso padre ¿Pero crees que Vegeta seguirá tus órdenes?, Él está más ocupado en esa mujer y su hijo que en mantener el bienestar del imperio —profirió con rabia arrugando el entrecejo. Estaba harto de que su hermano mayor hiciera lo que quisiera y que su padre aún lo considerara apto para sucederlo al trono, era sencillo de decidir, si Vegeta anteponía una concubina sin valor y su cría híbrida antes que su pueblo, no era idóneo para heredar la corona. ¿Entonces por qué su padre ponía sus esperanzas en alguien que no valía la pena?.

—¡De eso me encargaré yo, Tarble! Respeta a tu hermano, es el príncipe heredero y debes estar bajo sus órdenes así como estás bajo las mías —bramó alzando un poco la voz, jamás le había gustado esa enemistad entre sus vástagos, como príncipes debían apoyarse mutuamente, pero ellos no podía siquiera verse y era algo con lo que había tenido que lidiar desde siempre.

El menor apretó sus labios haciendo una reverencia y se giró para retirarse, no quería causar un disgusto en el monarca, pero tampoco podía ser hipócrita y aceptar que Vegeta estuviera un peldaño sobre él. Tenía veintiún años, había crecido y debía comenzar a dar todo de sí para demostrar que era útil al imperio… tanto como el heredero.

.

.

Por fin había podido conocer el hijo de su mejor amiga y ella al pequeño príncipe Trunks. Milk quedó encantada con los ojos turquesa y el cabello del bebé. Había dicho que era extraordinario la forma en que los genes terrícolas habían prevalecido ante los rasgos saiyajin, por supuesto que ella también se admiró cuando conoció a su pequeño, a pesar de que él llevaba la sangre de un guerrero poderoso de casta real, su sangre también había hecho lo suyo aunque no tuviera habilidades extraordinarias como un saiyajin. Gohan en cambio era más parecido a uno, era un niño realmente adorable, debido a que su madre tenía más semejanzas que ella a una mujer saiyajina, el niño nació tanto con los ojos como el cabello azabache como los de ese planeta y aunque Trunks era tan distinto físicamente, lo cierto es que era por mucho el niño más poderoso. Gine le había dicho que él había roto el record de su propio padre, había nacido con un elevado poder más de lo que podía esperarse de un crío nacido de dos mezclas de genes distintos. Bulma se sentía orgullosa de ello, admiraba que siendo tan solo un bebé él excediera su fuerza. Como su madre, debía dedicarse al cuidado de su niño personalmente, por lo tanto se había negado a que una nodriza le diera de comer. Desde el momento en que había sabido de la existencia del niño dentro de su vientre, una sensación protectora se instaló en ella, quizá el instinto maternal, pero todos esos sentires se habían doblado cuando lo sostuvo en sus brazos por primera vez, daría lo que fuera por él, su vida misma si era necesario, no podía dejar de mirarlo y que Vegeta haya ordenado su salida de esa poco humana cápsula neonatal había sido demasiado significativo, con ello no solo comprobó que él quería hacer lo necesario para que ella se pudiera sentir tranquila en ese astro, sino que también, a su manera le demostró cuánto le importaba, aunque no se lo dijera con palabras, sabía cómo complacerla de la manera más grata.

Hacía más de dos horas que Milk se había marchado, su hijo Gohan había nacido a término un mes antes que Trunks. Aquella sonrisa imborrable que había notado todo el tiempo en la muchacha era comprensible, le contó que Kakaroto estaba pasando más tiempo en casa, como mano derecha del príncipe tenía más trabajo que nadie, debía estar todo el tiempo con él cumpliendo ordenes y haciéndolas cumplir a los subalternos, pero estaba haciendo lo mejor posible para sacar el trabajo más rápidamente y compartir con ella y su hijo más tiempo.

Acurrucó a Trunks en sus brazos sin apartar su mirada del bebé que yacía en su regazo, aún no podía creer que su cuerpo haya dado vida a un nuevo ser, era una sensación indescriptible que no cambiaría por nada. Sonrió con felicidad llevando su mano libre hacia la cabecita del niño y acarició con ternura el mechón de cabello sobre su sien, estaba amamantándolo como una terrícola lo haría con su descendencia, ella quiso que así fuera. Esa tarde cuando todo estuvo listo para la llegada del bebé a la habitación que Vegeta asignó como suya, le habían ofrecido media docena de sirvientas para ayudar con el cuidado del pequeño príncipe, así como también una nodriza para alimentarlo, pero ella se quiso hacer cargo personalmente, quería ocuparse de él, demostrar que los métodos de crianza terrestre era mucho mejores que los descabellados que practicaban en Vegitasei ¿Cómo era posible que las madres saiyanas pudieran aceptar tal cosa? Había visto cientos de críos en esas cápsulas, solos, desprovistos de cariño, ahora entendía mejor la naturaleza de esos seres, comprendía que la frialdad en ellos no era nata, sino impuesta por un sistema poco natural desprovisto de toda clase de afecto mientras flotaban en ese líquido que a pesar de proveerles los nutrientes necesarios para un desarrollo eficiente seguía siendo monstruoso. Frío.

Sintió de pronto como el pezón que Trunks tenía atrapado en su boquita lo soltó, se había dormido. La peliazul sonrió al tiempo en que lo observó, a pesar del desapego maternal que él sufrió al nacer parecía que no había afectado en nada sus lazos, no la había rechazado cuando le fue entregado, pudo sentir esa conexión con él en cuanto lo sostuvo, posiblemente su hijo a pesar de ser tan pequeño podía distinguir que ella era su madre, el ser que más lo amaba en el universo y que lo cuidaría con su vida.

Lentamente movió su mano libre para no despertarlo, había llorado un poco esa tarde y le había costado hacerlo dormir, el médico le había explicado que el niño no sufriría ninguna alteración en su carácter, para él el tiempo que pasó en la incubadora había sido como estar aún dentro del vientre materno, así que podía decirse que para Trunks era como si apenas acabara de nacer, era extraño pero lógico, de ahí podía explicar su comportamiento normal, no la había rechazado y eso le brindaba seguridad para cuidarlo como debía ser.

Estaba por cubrirse el seno cuando uno de los escoltas afuera en el pasillo anunció en voz alta la llegada del príncipe. El heredero abrió la puerta y entró dirigiéndose a la cama donde ella estaba sentada con su espalda recostada en la cabecera. Él la observó unos segundos, ella seguía con la mano en su pecho donde sujetaba con sus dedos su camisón que estaba por subir para cubrir su busto. El sonrojo de la ojiturquesa fue instantáneo, notó como él la detallo entre una mezcla de extrañeza y lujuria, hacía días que no estaban juntos, hacía días que nada entre ellos pasaba. Antes de que el niño le fuera entregado, Bulma había sufrido una terrible depresión por no tenerlo con ella. Y Vegeta por su parte había estado teniendo demasiados asuntos de Estado que resolver, problemas que intervenían en su romance.

La científica se mordió el labio inferior bajando la mirada hacia su pecho al tiempo en que cubrió su parcial desnudez, abrazó a su pequeño y le dio un beso en la frente para después deslizarse sobre el colchón y ponerse de pie.

—¿Todo bien? —preguntó mirando a Vegeta que seguía de pie al borde de la cama sin quitar su mirada de ella.

—Raditz me ha informado que rechazaste la servidumbre ¿Qué sucede contigo? —preguntó con tono hosco sin moverse de su posición. La joven escuchó claramente sus palabras. En algún otro momento ella habría temblado de miedo ante su presencia, sobre todo al escucharlo hablar con ese tono de voz que haría temblar a cualquiera, pero ese no era el caso, había aprendido a descifrar un poco de su enigmática personalidad, no había sido fácil, pero podía asegurar que ahora él era todo menos peligroso. Jamás le haría daño.

Bulma se tomó su tiempo para colocar a Trunks en la cuna que estaba a dos metros de la cama, lo acomodó con suavidad y cubrió con una manta su cuerpecito relajado que no se movió, estaba completamente dormido. La habitación había sido adecuada para el bebé. Ella lo miró una última vez con una sonrisa de satisfacción dibujada en sus labios y se giró para ver al heredero de pie junto a la cama, pero al darse la vuelta se topó con él a pocos centímetros de su cuerpo, ni siquiera lo había escuchado caminar hasta ahí ¿Qué pasaba con él? El ceño poco marcado en el rostro del saiyajin y sus ojos lascivos le dieron la respuesta a su pregunta. Sin apartar sus orbes turquesa de la mirada obscura del hombre respondió intentando que el calor que le provocó instantáneamente no la asfixiara en ese momento.

—¿De qué hablas? Solo quiero hacerme cargo de mi bebé —respondió dando un paso hacia un lado para ir hacia la cama, el día había sido agotador, eran cerca de las nueve de la noche y solo deseaba echarse entre las sábanas para dormir profundamente, no sabía en cuánto tiempo su hijo volvería a exigir su atención.

—No compliques más las cosas —respondió sujetándola de la cintura para acercarla a él, evitando que se escabullera, la pegó a su cuerpo de forma tosca apretando sus dedos en la cadera de la femenina que sintió la presión.

—Solo hago lo mejor para Trunks, mi hijo no necesita que un séquito de desconocidas velen por él ¿Cómo sé que no van a dañarlo? No sabemos si tu padre ha infiltrado a alguna de ellas para que haga algo contra mi o contra él —respondió con seriedad colocando sus manos en el pecho del hombre que portaba su armadura, lo empujó ejerciendo fuerza pero no logró apartarlo ni un milímetro —Además, puedo cuidarlo sola —añadió desistiendo de su empeño por alejarlo.

—Las criadas volverán mañana para hacer su trabajo, han sido elegidas cuidadosamente así que no interfieras —expresó alzando un decibel su tono, no estaba dispuesto a dejar que ella lo desautorizara, no siempre podía ceder a sus caprichos absurdos.

—Pero Vege…

—Bulma… — ella silenció su boca al verse interrumpida por el llamado del saiyan, pronunció su nombre en tono de advertencia, la peliazul sabía que cuando él se ponía en esa posición era difícil de convencer —No expondría a mi mujer y a mi hijo a ningún peligro —agregó el príncipe suavizando su voz.

Derrotada la científica suspiró profundo volviendo a empujarlo por el pecho para retirarse, pero el heredero seguía sin soltarla.

—¿Crees que puedes escaparte?

La peliazul, que tenía la vista puesta en sus manos que ejercían presión en los pectorales del hombre, alzó la mirada al escucharlo ronronearle esas palabras con una voz más ronca de lo habitual, notó su excitación, tanto en su tono, como en su mirada y pudo sentir su masculinidad endurecerse contra su vientre lo que la hizo sonrojarse cuando él rozó su miembro contra su ropa. Agachó la mirada cerrando los ojos, apretó sus labios para evitar que un gemido saliera de su garganta cuando Vegeta presionó su pelvis contra la suya para hacerla sentir que estaba ansioso por poseerla. Bulma no entendía cómo después de tanto tiempo siguiera sintiéndose nerviosa con su cercanía. El hombre era muy atractivo, irradiaba sensualidad, pero ella siempre fue una mujer hermosa, segura, se sabía bella y no tenía dudas de que su figura causaba lujuria en el sexo opuesto, pero ante él se sentía minúscula, no sabía si a Vegeta le gustaba exactamente como era ó ¿Habría algo que al heredero les disgustara?

—¿Qué sucede, Bulma? Hace un momento tu determinación no era tan limitada —sonrió al decirlo, gozaba de ponerla tan fácilmente en esa posición, estaba expuesta y sus ojos eran como un libro abierto que él había aprendido a leer. Cada uno de los gestos de la humana, sus expresiones y maneras de mirar, la forma en que apretaba sus labios o el ritmo al que se movía su pecho al respirar, todo le daba la certeza que ella lo deseaba tanto como él.

El príncipe ladeó el rostro buscando el cuello de la muchacha donde se acumulaba su olor que tanto le gustaba, en ese punto el aroma femenino se intensificaba y sin que ella pudiera verlo relamió sus labios para comenzar a darle suaves succiones a su nívea garganta.

—¿Enserio quieres ahora? —susurró la ojiturquesa cerrando sus ojos, instintivamente echó su cabeza hacia atrás para darle espacio a sus fogosos besos que le quemaban con ansiedad la piel. Sintió como él se detuvo ante sus palabras y al abrir sus párpados se topó con la mirada seria del hombre a escasos centímetros de su rostro. Él la observó buscando indicios de negatividad, y aunque quiso hallar una respuesta no la encontró, pues la boca de la terrícola pronunciaba una cosa, pero su cuerpo era fuego ardiente, la hembra pedía a gritos ser poseída.

La chica intentó recobrar el aliento, su respiración estaba agitada por el reciente asalto, tuvo que separar un poco sus labios para inhalar el aire que le faltaba.

—¿Ocurre algo? —preguntó alejándose de ella unos centímetros, por un momento Bulma pensó que él se alejaría y no la tocaría más, lo que le produjo decepción y una pequeña punzada incomoda en su pecho, lo deseaba, quería ser suya y tenerlo en su cama cada noche, pero estaba demasiado cansada, Trunks la consumía y apenas habían sido unas horas desde que se había hecho cargo de él, por supuesto que no se quejaba, había sufrido tanto para tenerlo con ella, pero en ese momento anhelaba dejarse caer sobre el colchón y cerrar los ojos un par de horas. Gine le había dicho que un crío saiyajin demandaba más atención que cualquier otro niño de otra raza, ahora lo comprobaba, quizá debió aceptar la ayuda de la nodriza.

Con su lengua humedeció sus labios al mirar que Vegeta comenzó a despojarse de su capa, sonrió con picardía al ver el cuerpo del joven tallado tan perfectamente cuando éste seguidamente se quitó la estorbosa armadura.

—No… es que… Trunks podría despertarse, me necesitará —respondió titubeante cuando él volvió a aproximarse a su cuerpo sujetándola por la cintura. No hubo una respuesta verbal de parte de él que sin esperar más llevó una mano hacia la barbilla de la muchacha y buscó su boca para besarla, sin soltarla la alzó en sus brazos caminando con ella hacia la cama, llegó al borde y depositó a la femenina sobre el colchón acomodándose sobre su cuerpo cuidando de no posar todo su peso sobre ella.

—Sabes que cuando te tengo cerca solo puedo pensar en follarte hasta el cansancio —gruñó succionando con suavidad el lóbulo de la oreja de hembra que contenía los gemidos en su tráquea en una lenta agonía. La peliazul cerró sus ojos, solo quería entregarse, pero ahora su prioridad no era atender los caprichos del príncipe, tenía que estar descansada y animada para velar por Trunks que quizá pronto exigiría ser amamantando o acunado.

—Trunks podría… —dejó las palabras en el aire cuando él se detuvo, ella abrió los párpados al sentir que se alejaba y lo miró quitando con rapidez sus guantes, iba a pedirle que se bajara, pero en ese instante el fijó sus orbes obscuras en ella. La ojiturquesa se inmovilizó en su sitio sintiendo un cosquilleo impúdico recorrerla hasta finalizar en su bajo vientre, su intensa mirada llena de excitación le provocaba escalofríos, ella se mordió el labio inferior de manera tan obscena que se sorprendió a sí misma e intento recomponerse bajándose de la cama para retirarse, pero fue jalada al instante y quedó en la misma posición que antes, acostada y con los brazos hacia arriba sobre el colchón.

Él se inclinó sobre ella sujetándola por ambas muñecas a los lados de la cabeza, le calentaba de sobremanera tenerla bajo su dominio, hacer de ella lo que le placía y que la mujer lo disfrutara. El saiyajin deslizó una de sus manos pasando por cada curva del exquisito cuerpo de su concubina, la palpó con suavidad enloquecida, volvió a subir su palma y esta vez atrapó el seno de la chica que gimió con placer ante el contacto, Vegeta sonrió con picardía y lo apretó ligeramente, Bulma cerró sus ojos dejando escapar otro quejido erótico que excitó al hombre aún más si era posible, su miembro palpitaba endurecido ansioso por penetrarla. Continuó su recorrido deslizando su palma hacia abajo hasta a tocar la parte interna del muslo izquierdo de la humana, ella pudo notar cómo él pasó sus uñas acariciándola con suavidad contenida, por momentos solo rozaba sus dedos para después presionar la blanquecina pierna, por reflejo la peliazul arqueó la espalda, su cuerpo estaba exigiendo más de esa atención que ella quería negarse pero que podía permitirlo si así lo decidía.

El príncipe escudriñó a la humana bajo su cuerpo, seguía acariciándole el muslo, miraba cada una de sus expresiones grabándoselas en su mente, tenía su ceño fruncido, los ojos cerrados y sus labios semiabiertos que incitaban a la perversión. Sin esperar llevó su mano hacia la intimidad de la científica colándose entre su braga buscando con experiencia el punto de placer de su sexo. La encontró húmeda y esparció sus jugos entre sus pétalos para luego introducir un dedo en su interior, ella abrió sus ojos de golpe al notar la invasión.

—¡No hagas eso! —se quejó con las mejillas totalmente rojas, la sangre se le subió al rostro, a pesar del tiempo juntos su rostro aún ardía de vergüenza cuando él la acariciaba de esa forma, además, su estridente mirada obscura sobre ella mientras le practicaba esa clase de actos impúdicos no ayudaba en absolutamente nada. Lo miró y lo escuchó reírse con descaro mostrando sus dientes blancos e inmediatamente introdujo otro dedo en su intimidad, antes de que ella protestara comenzó a meterlos y sacarlos una y otra vez sin darle tregua. Su sonrisa se amplió al ver cómo ella se retorció en su sitio echando su cabeza hacia atrás.

Bulma que tenía una de sus manos libres la llevó hacia el brazo del príncipe que tenía entre sus piernas sujetándolo con fuerza. Sus gemidos salieron por su boca automáticamente con cada invasión sin que pudiera negarse pues su juicio se vio nublado por el placer que él le estaba brindando, sin poder pensar coherentemente abrió más las piernas para que él siguiera tocándola como en ese momento.

—Vamos Bulma, pídeme que te folle —susurró el saiyajin en el oído de la muchacha. Ella negó con el poco sentido común que le quedaba, relamió sus labios excitada intentando no ceder, no quería caer en su juego que estaba llevándola al límite. Vegeta soltó su otra mano de donde la sujetaba por sobre su cabeza y de un tirón le rompió el camisón dejando expuestos sus senos. Ella abrió sus párpados observando sus movimientos, el príncipe aún seguía masturbándola, sintió que perdió completamente la razón cuando él sujetó uno de sus senos apretándolo con suavidad y atrapó su pezón en su boca para succionarlo.

—Ahhhh… ¡Vegeta! —gimió con desenfreno totalmente fuera de sí.

El se sintió triunfador sobre la voluntad de la joven que cedió a su seducción, y antes de que pudiera hacerla tener un orgasmo retiró sus dedos de su interior. Ella lo miró con rabia, él tenía esa expresión de ganador que la hizo sonrojarse, iba a quejarse cuando el heredero se irguió para quitarse la parte inferior de su traje. Una vez desnudo se acomodó sobre ella entrelazando sus manos con las suyas por sobre la cabeza de la científica dejándola expuesta. Tener ese cuerpo delicado y voluptuoso a su merced lo enardecía, la hembra tenía las curvas más apetecibles que hubiese conocido, y él disfrutaba de ellas con afán cada vez que lo deseaba. Bulma no solo había pasado a ser parte de su vida como una esclava sexual más, ella lo había sabido llevar y de alguna forma se fue acostumbrado a su presencia, sus manías o caprichos, todo en ella le parecía cautivante y por eso quizá le había permitido muchas cosas que a ninguna otra hubiese dejado ejercer. La femenina era como una droga, sus exquisitos atributos, esos ojos turquesa hipnotizantes, sus labios apetecibles, incluso su olor llamaban a poseerla y él era el macho más satisfecho cuando la hacía suya. Ella había logrado instalarse no solo en su mente, sino que logró formar un vínculo que no creyó que podía existir entre él que era el príncipe de los saiyajin y una mujer que jamás pretendió pertenecerle. Su relación había surgido de una decisión espontánea que tomó él en algún momento, determinación de la que nunca se arrepentiría.

Vegeta inhaló con fuerza mirándola a los ojos, ella parecía esperar el siguiente movimiento y él comenzó a darle estocadas firmes contra su sexo por sobre su ropa interior que aún tenía puesta, la miró morderse el labio inferior y volvió a moverse, observando su rostro colmado de placer, sus estocadas eran firmes, una y otra vez simulando la penetración con vigor, el saiyajin escondió el rostro en el cuello femenino sintiendo que sino la follaba en ese momento podría incluso obligarla si se negaba.

—Bulma… no hay manera que pueda contenerme —bramó en el oído de la científica con esa voz que se engrosaba por la excitación y que a ella le erizó los vellos con placer.

—Bésame —demandó la ojiturquesa entre gemidos eróticos que salían de sus labios sin poder reprimirlos. Él no tardó en acceder a su petición, buscó sus labios y su juego comenzó, saboreaban sus bocas con apetito voraz sin refrenar cada uno de sus deseos, las succiones que se sumaban al juego de lenguas eran aún más placenteras.

El príncipe se separó de pronto liberando las manos de la femenina y se irguió quedándose hincado sobre el colchón.

—¿Aún quieres que me vaya? —preguntó burlón sacándose la parte superior del traje dejando al descubierto su trabajado torso que Bulma observó sin reservas.

—Hazme tuya —pidió y fue como una orden para él, le deslizó la braga por sus piernas y tomando su miembro lo dirigió a su entrada húmeda que esperaba para ser invadida con ansiedad. Se introdujo en ella en un solo movimiento firme llenándola por completo, un gruñido gutural salió de su garganta ante la sensación de sentirse rodeado por la intimidad femenina caliente, la escuchó quejarse, pero no podía contenerse mayor tiempo, inició el vaivén de caderas a un ritmo lento pero profundo, la humedad que de ella emanaba ayudaba a que su tamaño entrara en su totalidad hasta el fondo.

—¡Maldición! —bramó él aumentado con frenesí sus embestidas haciendo que se escuchara el golpeteo de ambos sexos por toda la habitación. La ojiturquesa se abrazó al cuello de él buscando su boca entre los gemidos y gruñidos de cada uno. Vegeta la besó enredando su lengua con la de la chica que buscaba todo el placer que él pudiera brindarle. Ella enredó sus piernas en la cintura del hombre y enseguida sintió cómo la cola del saiyajin se enroscó en su pantorrilla derecha con rudeza, la apretaba con posesión, se sentía manejada por el cuerpo musculoso del heredero.

—Ahhh mi príncipe —gimió la científica contra sus labios enredando sus manos en la cabellera negra del muchacho al sentir que él aumentó el ritmo aun más —No… puedo más… —pronunció retorciéndose bajo su cuerpo ante el orgasmo intenso que recorrió cada recóndito de su cuerpo, estiró sus piernas ante la sensación más placentera de su vida y arqueó la espalda soltando la boca del saiyajin. Solo pudo sentir cómo él succionó uno de sus pezones antes de llenarla con su semilla caliente acompañado de un gruñido enérgico que resonó en la alcoba. Hundió totalmente su miembro en ella manteniéndolo ahí unos segundos, la pareja intentaba recobrar el aire que les faltaba.

—Mierda eso fue…

—Intenso —respondió ella agitada observando el rostro perlado de sudor del príncipe que aún se mantenía sobre ella.

—No sabe mal —comentó él saliendo de la intimidad de la joven para acostarse a su lado en la cama. Bulma tardó unos segundos en procesar sus palabras y cuando se dio cuenta a qué se refería llevó ambos brazos cubriéndose los senos aún húmedos por la leche que había escurrido de ellos y por la saliva del príncipe que había comido de éstos.

—¡Eres un pervertido! Ese es el alimento de tu hijo —chilló envolviéndose en la sábana desviando la mirada hacia la cuna de su hijo verificando que el pequeño seguía dormido, escuchó a Vegeta reírse con sorna pero no lo miró a los ojos, sus mejillas sonrojadas delataban su vergüenza y se puso de pie para ir al baño. Trunks la necesitaría pronto.

.

.

Había pasado una semana aproximadamente, después que Vegeta había ordenado la salida de Trunks no hubo nuevos inconvenientes, el rey Vegeta ni siquiera se había ocupado del asunto pues se mantuvo dedicado a la organización de su viaje y de dejar todo en orden para su partida a la convención de la OIC, los problemas mayores habían sido resueltos, además, adelantó trabajo para que la carga de sus príncipes junto al consejo fuera mucho menor. Pero aún quedaba un inconveniente, la humana y su hijo. Supo que su heredero lo sacó de la cápsula y que ahora convivía con su madre en una alcoba preparada para el crío. Realmente le daba curiosidad por saber cómo un niño con la mitad de sus genes provenientes de una raza tan débil podría adaptarse a un medio fuera de la incubadora de inmersión, por supuesto que sabía que pocos planetas usaban el método que ellos implementaban para que sus recién nacidos crecieran, el líquido utilizado para proteger la vitalidad de los niños y de sus características como raza era especial y desarrollado por científicos propios, por ello no podía creer que Vegeta accediera a sacar al chiquillo de la máquina, pero sus sirvientes y el mismo Zorn le habían confirmado que todo marchaba normalmente con Trunks, ese horroroso nombre que le había puesto la terrícola, incluso eso denigraba su linaje. Debió llamarse Vegeta V según la línea de sucesión, por supuesto que él no permitiría que ese mocoso heredera el trono y por ende no se había pronunciado con respecto al nombre del híbrido.

Para ese momento estaba arribando en el planeta donde se llevaría acabo la reunión interplanetaria, sus escoltas reales iban con él, pero había decidido dejar a Zorn en Vegitasei, necesitaba que alguien imparcial como él le informara de las decisiones de sus hijos, él que no solo era su guardia real personal, sino también su consejero, tendría la mejor reseña de lo que pasaba en su astro.

Había hablado con Tarble antes de partir dejándole en claro que se alejara de Vegeta mientras él no estaba, conocía a su heredero a la corona, sabía que su relación con su hijo menor era la menos favorable, nunca lo había aceptado como parte de ellos no solo por sus diferentes pensamientos, sino también porque el último es el hijo bastardo de una de una de sus concubinas, una guerrera sin muchos talentos y por tanto él no había heredado un potencial elevado, y no es cómo que si nunca hubiera abandonado su astro, pero era primera vez que dejaba a su primogénito encargado de la mayoría de las operaciones.

.

.

Las semanas posteriores habían sido agotadoras, tanto su bebé con su príncipe demandaban su atención a parte iguales, entre cuidar a Trunks durante la mayor parte del día, y cumplir con su rol de mujer con Vegeta en las noches la dejaba exhausta al final de cada jornada. Pero no se quejaba; finalmente había decidido aceptar la ayuda de un par de criadas más y de la nodriza, que según Vegeta era de total confianza, además, se sentía más tranquila desde que se enteró que el rey había partido del planeta hacía más de un mes, con él fuera quizás ya no intentarían nada contra ella o su hijo, al menos que el monarca haya dejado órdenes antes de marcharse, pero el heredero se esmeraba en su seguridad y eso la alentaba a no ahondar en el tema que tanto le había costado sobrellevar.

Esa mañana estaba desayunando en la mesita de comedor que se encontraba en la terraza de la habitación de su hijo, su padre había ido a verla como solía hacerlo desde que Trunks fue entregado a su cuidado, Vegeta le permitía unas horas con el científico de vez en cuando y eso la llenaba de felicidad absoluta.

—Te dije que es muy orgulloso, no quiere que le cargue cuando está enojado —dijo la peliazul refiriéndose a las rabietas del bebé.

—Tiene sangre saiyajin hija, está en sus genes tener ese carácter ingobernable —comentó su padre alentando a su niña a que comprendiera la naturaleza de su nieto que tanto quería, el pequeño le había robado el corazón desde que lo conoció.

—También lleva mi sangre, debe comportarse —contradijo mordiendo una uva posando su mirada en su padre.

Las sirvientas estaban por servir más café en su taza cuando Gine entró corriendo a la habitación, iba a hablar cuando el guardia de la puerta anunció la entrada del príncipe a la habitación seguido de Kakaroto. Bulma observó la expresión de los saiyajin que llegaron hasta la solana dónde ella se encontraba.

—Alteza —saludó respetuosamente el Dr. Briefs junto a su hija que intuyó que algo sucedía, a juzgar por sus rostros seguramente no era nada bueno para que incluso la mano derecha del príncipe lo acompañarse hasta la alcoba que compartía con su bebé. Entonces Bulma se dirigió a su padre.

—Puedes venir mañana para continuar con nuestra charla papá —expresó mirándolo con una sonrisa. Ella había entendido que el príncipe quería hablarle, así que acompañó al anciano hasta la puerta y regresó con el saiyajin que la esperaba en el mismo sitio —¿Sucede algo? —preguntó ante la seriedad del heredero.

Vegeta caminó hasta el balcón donde apoyó sus manos con la mirada perdida en la hierba verdosa que cubría el inmenso campo que podía verse desde la habitación de su hijo.

Ella se acercó al saiyajin que resopló al dejar salir el aire aspirado, observó su espalda, estaba tensa y sus músculos endurecidos, supo en ese momento que algo andaba mal, ¿Qué podría suceder para que el poderoso príncipe saiyajin estuviera afectado?

—Vegeta… —la ojiturquesa giró para ver a Kakaroto y a Gine que se habían quedado de pie junto a la puerta que daba a la terraza con una expresión en sus rostros nada agradable, podía notarse en sus ojos que realmente sucedió algo malo para tener a todos en ese estado perturbado.

El corazón le dio un vuelco cuando viró sus orbes hacia el saiyajin real y vislumbró que él la detallaba con el ceño fruncido.

—Déjennos solos —ordenó mientras quitaba la mirada que había estado puesta en ella y ahora la fijaba hacia los soldados y demás sirvientes presentes.

—¿Vas a decirme qué pasa Vegeta? —preguntó la muchacha una vez solos, colocó grácil su mano en la enguantada de él que seguía sobre el barandal de piedra donde estaba apoyado —Me estás asustando —agregó acercándose al cuerpo tenso del saiyajin en busca de su mirada. Lo vio sonreír, era un sonrisa torcida y extraña que ella no supo descifrar en el momento hasta que él habló.

—El rey… —pronunció fijando nuevamente sus ojos en ella. Esta vez la peliazul apretó con fuerza la mano del príncipe, siempre que se trataba del soberano no se podía esperar nada bueno y temía que hubiera organizado algo en contra de su hijo—Está muerto —añadió y Bulma se separó del heredero dando un paso hacia atrás

—¿¡Qué!? ¿¡Cómo!? —insistió después de su turbación inicial.

—Lo asesinaron… la convención de la OIC eres una trampa —explicó brevemente irguiéndose en su posición —No sabemos aún quién pudo planear ésta mierda, pero conocemos el motivo.

—Imagino cómo debes sentirte Vegeta, en verdad…

—La prioridad ahora es Vegitasei, el consejo ya se ha reunido para hablar de mi sucesión al trono —intervino dando un paso hacia la muchacha que lo miraba expectante. La peliazul notó que había algo más que él quería decirle, sintió un nudo en su estómago cuando la brisa fresca de la mañana tocó su piel, ahora sentía los efectos de haber comido tanta fruta dulce en el desayuno con su padre.

—A tus veinticinco años seguramente debes estar listo para asumir tal responsabilidad ¿No?, Es decir… Llevas toda tu vida preparándote para ser rey —pronunció mordiéndose el labio inferior, realmente no sentía la más mínima pena por el monarca, el viejo le había hecho tanto daño que en su interior la noticia de su muerte le quitó un gran peso de encima.

—Una vez me coronen rey deberé unirme a una hembra de mi raza como lo exige la ley —por fin lo había dicho, desde que le informaron el deceso de su padre y dieron por hecho los próximos pasos a seguir no había podido pensar otra cosa más que en cómo demonios iba a decírselo a Bulma, la conocía demasiado bien como para asumir que ella no consentiría su unión con Nyu, el consejo estaba presionándolo al igual que parte del pueblo saiyano que exigía un heredero puro, como monarca, debía hacer cumplir las normas, pero también era su deber cumplirlas. La científica no supo cómo reaccionar, dio un paso atrás sin apartar sus ojos del hombre frente a ella e instantáneamente una punzada golpeó su pecho con fuerza, agachó la mirada en una expresión triste, su corazón se desgarró, era como si lo hubieran arrancado de su tórax porque el vacío que se formó dentro de sí la ahogaba a cada segundo que transcurría. Tragó en seco. No quería encararle nada a su alteza, pero tampoco podía amainar sus sentimientos. Con la muerte del soberano una falsa esperanza se instaló en ella, realmente pensó que por fin gozaría de un poco de paz con su ausencia, pero con ésta noticia si antes su condición de concubina la había puesto en muchos peligros, ahora su futuro era inserto.

Sintió sus labios resecos y alzó la mirada con valor, no tenía por qué sufrir de esa manera, las leyes con respecto al matrimonio en Vegitasei era una total mierda.

—¿Y qué esperas que haga? No entiendo por qué debería saber ésto —dijo caminando hacia el interior de la alcoba al escuchar llorar a su hijo. Vegeta la observó, por supuesto que no esperaba que ella hiciera algo, pero sintió la necesidad de decírselo antes que alguien más lo hiciera. Sabía que la humana se negaría a aceptar que siendo su concubina él podría tener una esposa legítima, porque así eran sus leyes y porque si así lo decía ella tenía que respetar sus mandatos.

—Un rey no se hace de debilidades Bulma, sino de tomar las decisiones correctas —respondió llegando hasta ella que entró a la habitación al escuchar el llanto del bebé y cogió a Trunks en sus brazos para calmarlo.

—Entonces ve y tómalas, el planeta espera que seas un gran soberano, no tienes que informarme absolutamente nada —respondió dándole la espalda para liberar su seno y colocarlo en la boca del niño que buscaba ser alimentado. Vegeta sintió algo incómodo dentro de su pecho, aunque no lo aceptara las opinión de su mujer era importante, no quería disgustarla y esperaba que comprendiera el por qué de la situación, pero ella se ponía difícil, así no lograría nada, ya la había perdido en dos ocasiones, no iba a permitir que ocurriera nuevamente.

Gruñó por lo bajo desviando su vista de la femenina cuando ésta dejó al descubierto su hombro al bajar la manga del vestido para amamantar al crío. Arrugó más el entrecejo ¿Por qué ella complicaba más las cosas? Bulma estaba por darse la vuelta para ver a Vegeta cuando sintió sus manos en sus hombros.

—Si fueras una saiyajin no dudaría en tomarte como mi esposa — susurró contra su oído bajando las manos por los brazos de ella delineando su contorno con suavidad. La peliazul abrió sus ojos al escucharlo, no entendía cómo él podía llevarla hasta esos extremos, en un momento la hacía estallar por la rabia y al otro segundo su cuerpo se estremecía al oírlo, apretó sus labios y se giró en sus brazos para verlo a los ojos, el príncipe podía tener un carácter abrumador, pero si se esforzaba podía hacerla sentir especial a su manera.

—Pero no lo soy —respondió intentando parecer más fuerte de lo que en realidad se sentía. Acunó protectora al bebé en sus brazos que había dejado de llorar y se alimentaba de su pecho. Por él debía ser fuerte, por él debía mantenerse firme.

—Aunque haga a otra mi esposa, siempre serás mi prioridad —respondió él en un bufido, se giró para darle la espalda, no quería que ella notara la vergüenza en su rostro, las cosas con Bulma nunca habían sido fáciles, a ella le gustaba escuchar explicaciones y para él era complicado dárselas.

—Por favor Vegeta, no voy a…

—Si lo que te preocupa es quién compartirá mi lecho debes saber que no será ella —afirmó dándose la vuelta para verla, Bulma tenía el rostro sonrojado ¿Hasta cuándo él aprendería a no hablar de esa forma tan obscena? Bajó la mirada para ver que el niño en sus brazos se había calmado y se alimentaba plácido de su seno lleno —El consejo me está presionando, pero doy por hecho que será un matrimonio por conveniencia no para intimar —pronunció él, ella mantuvo su mirada en Trunks pero lo escuchó perfectamente, la garganta se le secó impidiéndole tragar, entendía la situación de alguna manera, ella era de distinta raza, no estaba familiarizada con las costumbres liberales de los saiyajin, en su planeta la poligamia era condenada por la mayoría de las personas, pero existían unos cuantos que practicaban tal acto de forma descarada. Sintió un nudo en el estómago de tan solo imaginarse en esa situación, pero el monarca había fallecido, su príncipe debía tomar el trono y por ende una esposa saiyajin, si las palabras de él fueran ciertas, aunque se uniera a otra su relación no cambiaría en absoluto, sonaba retorcido, pero creyó fielmente en que podía sobrellevar los hechos, no tenía salida, además, él se debía a su pueblo, pero podía notar que a pesar de todo el heredero contó con ella en sus planes, viniendo de Vegeta significaba mucho y que le haya confesado que le gustaría ser a ella a quien tomara cómo esposa hizo que su interior se estremeciera.

—¿Quién es ella? —cuestionó de pronto posando sus orbes calaíta en la mirada obscura del futuro rey, recordó en ese momento las palabras de Nyu ¿Sería esa mujer a la que tomaría como esposa? ¿Entonces ella ni mintió? Si era así, hacía mucho que se había planeado ese matrimonio ¿Por qué él no le había hablado de esa tipa? Comprendía que como príncipe heredero la vida de Vegeta estaría planeada minuciosamente por si algo pasaba, quizá no era su culpa, quizá no quería culparlo.

El hombre tardó unos segundos en separar sus labios para responder ¿De dónde le había surgido a la científica de pronto el interés por la saiyana? Ahora lo confirmaba, la estúpida de Nyu no había podido mantener cerrada la boca. Pero no era fundamental con quién se uniría, a él no le importaba en absoluto esa mujer y había sido lo bastante claro al exponerle a la terrícola que su unión era meramente diplomática aunque los del consejo supusieran que él intentaría engendrar hijos puros con esa hembra.

—No es importante Bulma.

—¿Qué lugar tendrá tu hijo o yo en todo esto Vegeta? —cuestionó nuevamente caminando hacia la cuna cuando Trunks dejó de comer de su seno. Si era a esa mujer a la que él desposaría las cosas se complicarían. Ambas se odiaban. Él se quedó en silencio, la muerte de su progenitor acababa de serle anunciada, los del consejo habían convocado una reunión de emergencia en dónde le habían exigido que en cuanto se coronara rey comenzarían los preparativos para su unión, querían un rey, exigían una esposa, deseaban venganza contra los asesinos de su padre y solo él podía gobernar el planeta rojo en ese momento vulnerable, era para lo que se había preparado toda su vida, había nacido para ser el soberano y no podía dejarlo todo de lado, Bulma tendría que comprender que no solo lo hacía por su pueblo, también quería que ella y su vástago tuvieran un sitio dentro de la monarquía saiyajin aunque tuviera que desafiar a su raza. Lo había pensado hace mucho, pero se lo guardó tan dentro de sí que le costaba aceptarlo incluso para sí mismo. Para darle un lugar a su hembra terrícola y a su vástago debía primero obtener el poder que necesitaba, muchos lo apoyaban y estaban de su lado, pero era consciente que los rebeldes podían armar revuelta ahora que su astro se había quedado sin gobernante. Debía tomar el control —Sabes… —continuó después de acomodar al bebé nuevamente en la cuna, se giró estirando su ropa con ambas manos y fijando su vista en el príncipe que la miraba —Aunque me duele lo que sucederá, sé que es inevitable, eres el heredero al trono y sin ti Vegitasei se vendría abajo —caminó hacia él quedando a un paso de su cuerpo —Por lo que haz dicho entiendo que está dentro de tus obligaciones tomar a una saiyajin como esposa —sonrió triste bajando la mirada, entrelazó sus manos a la altura de su cintura escudriñando su propia piel, le era difícil decir esas palabras, pero debía dejárselo claro —Quizá yo no entienda de leyes, pero soy inteligente, sé que no puedo luchar contra esto por mucho que desee que no pase —tomó aire y alzó su vista, él la escuchaba con atención con expresión seria —Solo pido que no me mientas, yo me quedaré a tu lado pase lo que pase mientras tu… —dio el paso que la separaba de él y elevó su mano hacia el rostro del joven, delineó con su dedo su mandíbula sin perderse detalle alguno —No cambies lo que sientes por mi.

—Bulma… —ella colocó su dedo índice sobre los labios del príncipe, no esperaba que él fuera el típico terrícola con el que toda mujer soñaba, nunca esperó que el hombre del que se enamoró fuese atento, cariñoso y mucho menos romántico, esos eran ideales que desde pequeña se habían sembrado en su mente debido a su cultura, pero él le había enseñado que no se necesitaba de todo eso para demostrar que alguien te importaba.

—Te amo tal como eres Vegeta, solo necesito que te quedes a mi lado, que hagas un espacio para nosotros en tu vida —finalizó abrazándolo por la cintura dejando reposar su cabeza en su pecho. A los pocos segundos él colocó sus manos en los hombros de la muchacha, ella no necesitaba pedirle nada, era su prioridad junto a su hijo y eso no cambiaría.

.

.

Habían pasado unos días, la noticia de la muerte del rey no había sido notificada al pueblo aún, no querían que llegara a oídos inoportunos y con ello dejar expuesto a Vegitasei a posibles ataques o rebeliones.

Desde que fue elegida la futura consorte del príncipe heredero las demás guerreras saiyanas que habitaban en el castillo y competían por tal derecho fueron devueltas a sus hogares. Desde ese momento Nyu supo que llegado el momento iba a tener el poder suficiente para hacer muchas cosas que deseaba ahora pero que no podía ejercer aún.

—¡Nyu, Nyu! —habló Apricot que había pasado a ser su dama de compañía por voluntad de la mencionada. La muchacha entró gritando a la alcoba asignada para la futura reina.

—Diablos Apricot, no grites estoy aquí —respondió la chica desde la ducha en donde tomaba un relajante baño en la tina, su nueva recámara era un sueño, le habían dicho que en esa habitación solo había dormido la madre de Vegeta en calidad de prometida del rey, ahora era su turno y cuando se casara con el príncipe pasaría a habitar una alcoba digna de una reina. Apricot entró alterada, vio que un par de sirvientas tallaban la espalda de la guerrera y les hizo señal para que salieran.

—No sé cómo decirte esto —aseguró sentándose a la orilla de la tina mirando a la muchacha que la observaba expectante.

—Habla de una vez, no estoy de humor para escuchar tonterías —respondió molesta bajando la mirada, moviendo con su dedo índice la espuma que flotaba sobre el agua sin darle mucha importancia a los dichos de su dama de compañía.

—Escuché algo que… —calló inhalado aire, llenó sus pulmones y enseguida exhaló tomando fuerza para confesar lo que oyó por los pasillos cuando estaba camino a la habitación de la futura reina.

—Espero que no sea otro chisme sobre esa maldita huma…

—El rey murió —confesó. Nyu posó sus ojos instantáneamente en ella alzando sus cejas con asombro.

—¿¡Qué dices!?

—Lo escuché de Kakaroto, él se lo confesó a Raditz, pero no solo murió él sino también su… escuadrón élite —afirmó. Nyu tragó en seco al, en todo lo que se venía con la muerte del monarca, se mantuvo seria los primeros segundos, pero poco a poco se fue formando una sonrisa maliciosa en sus labios.

—¿Tío Nappa? —preguntó imaginando lo peor. La muchacha asintió en respuesta, Nyu se quedó en silencio unos segundos.

—¿Sabes lo que significa cierto? —preguntó la guerrera en tono airado alzando la barbilla con orgullo, la muerte del rey le traía muchos beneficios y la de su tío… solo había estado en el lugar incorrecto. Se puso de pie y elevó sus brazos esperando que la chica tomara la toalla al borde la tina y envolviera con ésta su cuerpo desnudo.

—El príncipe Vegeta ascenderá al trono y tú…

—Seré la reina como tanto lo he deseado —terminó la frase caminado fuera de la bañera para entrar en la habitación con una enorme sonrisa en el rostro. Se dirigió al tocador en donde se sentó y ofreció el peine que estaba sobre esté a Apricot que la siguió, ella lo tomó y comenzó a cepillarle el cabello húmedo en tanto la observaba a través del espejo del mueble.

—Solo espero que cuando seas reina, me nombres general del escuadrón femenino de la élite saiyajin o am menos me brindes un título —sonrió Apricot mientras deslizaba el cepillo por el cabello azabache de la femenina.

—No te adelantes, primero debo de ocuparme de ser la única mujer en la vida de mi futuro esposo.

—¿Qué harás con ella?

—En cuanto me declaren reina la mandaré lejos de Vegitasei junto con su bastardo, no la quiero cerca de mi marido ni un solo día más —respondió escuchando cómo la puerta se abrió, se giró para ver quién había entrado sin tocar encontrándose con un par de ojos negros sobre ella.

—¡Príncipe! —pronunciaron ambas femeninas al unísono, la futura reina se puso de pie reverenciándolo —Disculpe no estar presentable para usted, acabo de tomar un baño —se excusó sonriendo tomando la bata sobre la cómoda y se la colocó con rapidez. Apricot observó detenidamente al joven de veintiún años, no era habitual encontrarse con él en los pasillos del palacio o en las áreas de combate, Tarble se dedicaba a la administración y relaciones diplomáticas del planeta, casi siempre se encontraba con el rey y por ello era difícil acercársele, pero podía afirmar con certeza que desde la última vez que lo vio de frente que ahora era todo un hombre, no como su hermano mayor, pero no dejaba de tener encanto físico, se parecía bastante al rey, su cuerpo tonificado y su rostro varonil de pronto le parecieron muy atractivos. De repente sus orbes obscuras se fijaron en ella que tenía su vista puesta en él escudriñándolo, sintió un escalofrío recorrerla, los segundo que su vista duró en ella fueron suficientes para descompensarla. Tragó nerviosa sin moverse de su posición y vio cómo el saiyajin ahora miró a Nyu.

—Imagino que ya sabes que mi padre murió —habló con expresión seria mirando a la que sería su pronta cuñada.

—Escuché la noticia príncipe Tarble, lamento su deceso —respondió la guerrera manifestando fingida pena.

—El consejo ha ordenado que se inicien los preparativos para la coronación del nuevo rey —comenzó a decir caminando dentro de la habitación para llegar frente a las femeninas —Pronto será anunciado su compromiso públicamente, pasarás a ser la prometida del rey Vegeta IV, su unión vendrá unos meses después —explicó con expresión neutral en su exterior, pero por dentro ardía en rabia y celos de saber que su hermano heredaría el trono, tenía el apoyo de la mayoría de habitantes saiyanos y los del consejo estaban con él. Lo odiaba.

—¿Meses? ¿Por qué esperarán tanto tiempo? —preguntó Nyu arrugando sus delgadas cejas negras molesta por las revelación del joven.

—Es la decisión que se ha tomado, las cuestiones políticas no te incumben —respondió —¿Tienes algún inconveniente? —cuestionó esperando la reacción de la femenina, ella negó y desvío su mirada hacia el piso alfombrado de la alcoba.

—Solo… —no se atrevió a hablar, no quería evidenciarse ante él, no deseó causar discordia ahora que estaba apunto de lograr lo que siempre anheló.

—¡Tu primer mandato siendo reina será deshacerte de la estorbosa concubina de mi hermano y su bastardo híbrido! —exclamó con rabia. Tanto Nyu como Apricot se sorprendieron de su sentencia, era como si un aliado se revelara ante sus ojos ¿Acaso él también odiaba a la humana?

—¿Príncipe usted…?

—Debes asegurarte de desaparecerla para siempre ¿Es que no te das cuenta? La mujercita es una científica ¿Qué crees que puede resultar de un rey poderoso y una científica que ayude en la mejoría tecnológica del planeta? —bramó con tal rabia que Apricot se sintió intimidada. La futura reina se sorprendió. No lo había pensado —La terrícola debe morir, es muy inteligente y ayudará sin duda al rey —finalizó, prefería que Vegitasei se hundiera antes de que su hermano tuviera un reino productivo y glorioso.

—¿Pero cómo es que el príncipe puede necesitar mi ayuda? Solo soy una guerrera que sirve al imperio como debe de ser —preguntó sonriendo con maldad mirando a Tarble que imitó su gesto.

—Vegeta sabe que no estoy de acuerdo con que la humana esté a su lado, sospecharía de mi si le sucede algo, pronto serás su esposa y tendrás el poder de acabar con esa estúpida terrícola —contestó desviando una última vez su mirada hacia Apricot y salió de la recámara junto a un par de soldados que lo acompañaban.

.

.

Estaba en el Gran Salón Real Saiyano, necesitaba un tiempo a solas para pensar con detenimiento todo lo que estaba pasando a su alrededor desde los últimos sucesos. Contemplaba el enorme asiento que una vez ocupó el ahora difunto monarca real, su padre. Cuando niño solía quedarse de pie mirándolo y le daba la impresión que el rey era el ser más grande, fuerte, poderoso e intimidante que había visto en su vida. A los 9 años pensaba que su progenitor nunca moriría, que jamás ningún otro ser, ni siquiera él podría ocupar ese sitio que ahora se le hacía tan insignificante sin la persona que solía ser su dueño. Todo eso era independiente a los roces que tuvieron alguna vez.

Cerró sus ojos y respiró hondo. De pronto sus pensamientos se volcaron hacia ella, el ser que había cambiado su vida en el transcurso de un año. Bulma. Parecía ilógico, tenía las obligaciones de todo un imperio frente a él, su vida estaba a punto de cambiar de diversas maneras y aún así no podía sacarse a la peliazul de su mente. Temía por ella y por su hijo. Se había reunido con el Concejo horas antes. Nyu era la saiyana que se había escogido para él desde hacía mucho, y ello se mantenía. Sabía que la guerrera sumaría adeptos. Ella llegaría a la Corte con su séquito y una cuota de poder diferente a la de él, y conociéndola como la conocía sabía que la saiyana haría todo lo posible por dañar a la científica.

Se sentía un poco agotado. Sin apartar la mirada del trono, caminó hacia él y se sentó sin reparos. Se olvidó de protocolos, de la cortesía ancestral y de la estirpe. Descansó sus brazos sobre sus rodillas y bajó la cabeza cerrando a su vez los ojos. Si tan solo encontrara la manera de darle a Bulma el lugar que realmente merecía. Y con eso se refería a evitarle humillaciones, pues para él la humana y el niño ocupaban el pedestal más alto dentro de su corazón. Ella no merecía de ninguna manera ser despreciada por una hiena convenenciera como su futura esposa, no era ningún imbécil, sabía que Nyu se había esforzado para ser elegida debido al enorme poder que ganaría al unirse con él, ella no era como la terrícola que siempre había estado ahí con él sin pedir nada a cambio más que solo su afecto, a Bulma no le importaría si él fuese el rey o un saiyajin de la clase más baja.

En cuanto a su hijo, cualquiera que lo menospreciase lo pagaría con su vida. Ahora él se convertiría en el rey y el ser más poderoso de ese planeta, por lo tanto iba a cuidarlos con su vida de ser necesario.

Se pasó las manos por el cabello y recordó parte de los alegatos con los individuos del Consejo Real. "Alteza, usted nos ha dejado en claro que no le otorgará el título de reina a la guerrera Nyu hasta que no le de al menos un hijo varón. En eso estamos claros y es entendible, pues ya habían existido precedentes".

Sí. Ellos, los del bando aliado del príncipe heredero recurrieron a la historia de los reyes Vegeta. El primer rey, Vegeta I, apodado "El Cruel", nunca se casó. Para los tiempos en que el planeta se tenía como nombre Plant. Tuvo muchas concubinas con las que engendró varios hijos, pero a todos los mató para que no "robaran" su trono, dejando con vida solo al menor, su abuelo, el Rey Vegeta II, a quien llamaban "El Justo". Y era precisamente las acciones de su abuelo quienes ahora le ofrecían una alternativa. El tuvo dos esposas: la consorte, una guerrera poderosa de clase alta, la madre de su padre Vegeta III, pero se decía que él en realidad sentía mayor apego hacia su segunda esposa, una guerrera de clase baja a la que hizo su concubina a la fuerza, e insistentemente tenía discusiones constantes con los altos dignatarios para convertirla en su reina. Por esa puja, el Concejo decidió que si la concubina le daba al menos cinco hijos varones al rey, entonces podría estar a la altura de la embestidura real.

Los años pasaron y esta saiyana de clase baja le dio diez hijos a su abuelo, cinco de ellos varones, por lo que finalmente Vegeta II la ascendió a reina. La historia tuvo un final trágico. Su abuela terminó suicidándose porque para ella era una vergüenza el no llegar a ser la reina del planeta rojo, y más porque su contrincante ascendida al trono, era de clase baja. Cuando Vegeta II murió en una batalla contra los Tsufuru, su padre Vegeta III "El Conquistador" asumió el trono. Entonces el nuevo rey mató a todos sus hermanos y a la reina, en venganza por el sufrimiento de su madre. Desde ese entonces, su padre despreciaba a la gente débil y de clase baja, sobre todo a las féminas.

Cuando Vegeta III tuvo en edad de casarse lo hizo con saiyana más fuerte y poderosa del planeta. Se llamaba Seed. La había escogido desde niña. Tenían casi la misma edad. Había pasado mucho tiempo desde que la asesinaron, el príncipe heredero no la recordaba, pero le habían hablado de ella. Su cabello era azabache, su piel clara y su sonrisa cautivaba a todos. Seed y Vegeta III tuvieron cinco hijos varones. Los primeros cuatro eran más parecidos a ella que al rey, hasta que varios años después nació el menor, la copia idéntica de su padre, el bebé saiyano con el poder de pelea más alto en nacer en toda la historia. Seed fue ascendida a reina tal como lo decía la ley "Toda consorte o concubina que le diere cinco o más hijos varones al soberano se convertirá en reina si así el rey lo dispone". Pero cuando ese bebé tenía tres meses de nacido, hubo una guerra siniestra con las fuerzas del rey Cold, los hijos mayores del monarca cayeron en batalla, al igual que la reina, fue envenenada como venganza ante la inminente derrota del ejército de Cold contra los saiyajin semanas después de haber concluido la guerra. Entonces el rey, destrozado y con un bebé a quien criar, puso su nombre al príncipe heredero, Vegeta IV. Un par de años más tarde el soberano aplacó su soledad con la criada de su difunta reina, y de esa unión nació Tarble. La madre de Tarble trató de escalar puestos y de embarazarse, pero no lo logró, murió por causas naturales cuando Vegeta IV tenía 15 años. Desde entonces Tarble cambió drásticamente su forma de ser.

Seguía sumido en sus pensamientos, pero de pronto uno de sus sirvientes entró al recinto y con sumo cuidado llegó arrodillándose lo más cerca posible al trono.

—Alteza, disculpe que lo interrumpa, pero la señora Gine me pidió que le informara que lo necesitan en los aposentos de su favorita, la señorita Bulma.

—¿Acaso sucedió algo? —preguntó, levantándose en el acto.

.

.

Bulma poco a poco fue despertándose de su letargo para encontrarse de cerca con el rostro de la doctora de la unidad médica real. Respiró pausadamente y a duras penas se incorporó quedando sentada. Recordó lo que había sucedido, Vegeta tenía una semana que no la visitaba, ella lo entendía pues entre la muerte del viejo rey, la toma de posesión, el paso de mando, los compromisos del ejército, y los preparativos de la boda que tendría él y Nyu, el aún príncipe no tenía tiempo de nada.

Con Trunks amamantándose de la nodriza, y su hombre ocupado, la peliazul había decidido ir a una sala que le habían habilitado para realizar trabajos científicos destinados a mejorar las armas del ejército saiyajin, ella no tenía queja. Para evitar que Nyu o cualquiera interfirieran con su persona y su bebé, y para evitar cualquier atentado en su contra, el heredero les había asignado toda el ala izquierda de la Torre Sur de la fortaleza saiyajin. Básicamente eran dos pisos enteros donde estaría todo el personal encargado de atender sus necesidades y las de Trunks. Alrededor de doce habitaciones donde había tres damas de compañía, seis criadas, tres cocineras, la nodriza del pequeño príncipe, una doctora, y varios guardias guerreros encargados de su protección. También tenía dos científicas a su disposición, y por supuesto todo ese batallón era comandado por Gine, la mujer en la que con el paso del tiempo aprendió a confiar absolutamente y saber que daría su vida por ella o el bebé.

Había terminado unos planos que le enseñaba a sus aprendices cuando de pronto sintió un leve tirón en su asiento, miró a su alrededor notando que nadie le había puesto una mano encima, todos seguían en sus puestos concentrados en sus tareas, quiso volver la mirada hacia el boceto entre sus manos cuando la vista se le nubló y de repente cayó al suelo. Recordó a lo lejos como una de las muchachas llamaba a gritos a Gine y ahora se encontraba acostada en su cama.

—Señorita Bulma —pronunció su nombre la doctora a su lado poniéndose de pie —Creo que ya es tiempo que diga a su alteza sobre su condición. Igualmente en este papel le dejo escrito a la señora Gine los suplementos que debe tomar, ya usted lo sabe.

—Gracias —respiró hondo —En cuanto Vegeta regrese hablaré con él —respondió relamiendo sus labios con un nudo en su estómago ¿Qué diría cuando se lo contase?

La doctora salió del cuarto a paso rápido. Y una vez solas, Gine se acercó a ella sentándose a su lado en la cama. La miró un momento y con cuidado le agarró uno de los senos a la terrícola.

—Ya decía yo que en vez de bajar, se mantenían del mismo tamaño —la ojiturquesa enrojeció avergonzada, rápidamente quitó la mano de Gine de su cuerpo.

—No seas tonta —chilló ladeando el rostro para esconder su pena.

—Debió mandar a llamar al príncipe, Bulma, es lo correcto. Si es por sus senos calculo que tiene tres meses —la peliazul iba a responder, pero escuchó la voz del guardia desde afuera anunciando a Vegeta.

—Gine ¡Tu lo mandaste a llamar!

—Lo siento cariño, pero debía hacerlo. Mientras más rápido creo que es mejor. Estoy segura que esto será un golpe terrible para esa estúpida de Nyu —en ese momento Vegeta entró mirando fijo a Bulma que seguía recostada en la cama, desde su posición parecía una cría pequeña temiendo ser regañada.

—Déjennos solos —ordenó al resto de sirvientas y a Gine que se había quedado petrificada en su lugar al ver la mirada gélida del saiyajin real. Quizá debió obedecer a su señorita, quizá debió no actuar, pero era lo correcto, así que sin esperar un segundo más salió de la habitación junto a las demás.

—Hola, Vegeta yo… —tartamudeó la muchacha mirando sus manos, mismas que sostenían la blanca sábana buscando un escudo de protección inútil. Tenía miedo, no quería que resultara como la última vez, no quería que él los rechazara ¿La culparía?

—Te desmayaste Bulma —habló situándose de pie a su lado, buscó su mirada, más ella mantuvo su vista baja —Mis fuentes me han informado que no es la primera vez. La doctora estuvo aquí, no quiero rodeos ¿Qué te sucede? —ella lo escuchó atenta y alzó sus ojos, él lucía sereno, pero por dentro había una llamarada de incertidumbre. Él no era demostrativo, pero la amaba tanto que a esas alturas no concebía su vida sin ella.

—Vegeta yo… —volvió a bucear. Apretó más la sábana entre sus manos bajando la mirada por unos segundos, suspiró profundo y levantó el rostro —Estoy embarazada —dijo soltando con esas palabras el aire que inconscientemente había retenido en sus pulmones.

Si no fuera porque peores noticias no lo habían hecho moverse de su sitio, hubiese necesitado una silla para sentarse ¿Cómo era posible eso? ¡Trunks apenas tenía seis meses y ya tendría un hermano menor! Jamás pensó que su unión con la terrícola fuera tan extremadamente fértil. Había planeado tener varios hijos con ella, por muchas razones; porque la amaba, porque la deseaba, porque sabía que tendría hijos hermosos, y porque científicamente el cruce de ambas razas daba como resultado guerreros muy poderosos… Pero nunca pensó que eso fuera a suceder tan pronto. Quizás en dos o tres años.

—Pero… Cómo —preguntó Vegeta aún sin salir de su letargo.

—¿Tengo que explicarte cómo? — preguntó ella un poco indignada cruzándose de brazos —Sacando cálculos fue casi a los dos meses después de haber parido a Trunks. Aquella noche en que fuiste a mis aposentos apenas me recuperé, estoy totalmente segura. Vegeta hizo memoria conjeturando mentalmente, si había sido esa vez, ella en éste momento tenía tres meses de embarazo

—No pensé que fuera posible tan pronto.

—Yo tampoco —respondió ella agachando la mirada —Pero la doctora me explicó que todo se debió a que durante ese tiempo no le di pecho a Trunks ya que se encontraba en la cápsula, por lo tanto yo estaba carente del efecto inhibidor de la fecundidad que eso provee. Para cuando él salió de la incubadora un mes después y empecé a amamantarlo ya estaba embarazada.

—Entiendo… —expresó perdiendo su vista en un punto inespecífico. Bulma lo miró tratando de buscar una respuesta en él. Se sentía culpable. Ciertamente las reacciones del príncipe hacia sus embarazos nunca habían sido como ella hubiese esperado. Pero al menos esta vez no había sido tan terrible como la primera.

—Lo siento Vegeta, perdóname… —pronunció ella con los ojos vidriosos —Sé que en este momento debe ser difícil para ti asimilarlo, con todo lo que ha pasado, la muerte del rey, tu ascenso al trono, lidiar con el ejército, con el consejo y tu… matrimonio. Entiendo que aún muchos no asimilan a Trunks, y mi temor es que se forme un escándalo cuando sepan de éste nuevo embarazo, pero yo quiero a este bebé, por favor, no me pidas que no lo tenga.

Vegeta abandonó su pose de brazos cruzados para sentarse en el borde de la cama, la peliazul lo observó, esperó cualquier cosa de él, pero solo pudo sentir que la tomó de sus hombros y la atrajo hacia sus brazos y fue su punto de quiebre.

—Bulma… —la llamó. Ella lloró. Dejó caer sus lágrimas copiosas correspondiendo el abrazo, pero él separó su rostro del de ella y secó sus lágrimas con sus pulgares. No quería que se sintiera culpable, después de todo era él quien la buscaba siempre aún cuando la mujer no estaba preparada después de dar a luz. Bajó su mirada a sus labios rosas, era imposible tenerla cerca y no desear tenerla, se inclinó hacia su boca llenando de suaves y tibios besos su rostro hasta terminar en su boca. Ella era su droga, su necesidad constante. Se separó un poco de la terrícola controlando su instinto para no terminar desnudos en esa cama, no era el mejor expresando lo que sentía por ella, pero no tenía problemas en demostrárselo —No llores. No es necesario que me pidas eso. Jamás te pediría que abortaras un hijo mío. Nunca.

—Tenía tanto miedo de decírtelo, pensé que te molestarías.

—Es inesperado sí, por lo tanto me tomó unos minutos asimilarlo —él la miró y volvió a darle un beso pequeño en los labios —Pero quiero que sepas que me siento feliz. Planeo tener muchos hijos contigo —sonrió ladino. La peliazul se sorprendió ante sus palabras, jamás habría esperado tal confesión, pero eso la llenó de una inmensa alegría, saber que su príncipe esperaba más hijos de ella le dio una sensación indescriptible. Pero su felicidad fue efímera al recordarla.

—Pero Nyu…

—Bulma, escúchame bien —comenzó a decir el hombre mirándola fijo —No me importa lo que Nyu y los demás piensen, me impusieron una esposa que no quiero y lo sabes —indicó alzando un poco la voz —Pero para lograr lo que tengo planeado debes saber que antes de ser marido y mujer, tu y yo debemos ser aliados.

—¿Ser aliados? ¿A qué te refieres? —interrogó extrañada la ojiturquesa sin saber exactamente de qué estaba hablando el saiyajin ¿Había dicho ser marido y mujer? ¿Existía alguna posibilidad de que eso pasara? Sintió como su corazón dio un estrepitoso brinco en su pecho al considerar que él podía ser su esposo.

— Si todo sale como es debido, en un par de años tú serás la reina de Vegitasei.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! He hecho todo lo posible por publicar pronto v: No quería tardarme tanto pues mi idea era hacerlo el mes pasado ¡Pero han pasado tantas cosas en el mundo! Que creo que superan a cualquier persona. Deseo de corazón que cada una de ustedes se encuentre bien junto a su familia, el COVID- 19 sobrepasó la barrera de lo controlable y hoy por hoy solo podemos hacer lo debidamente posible para evitar el contagio.

Cambiando de tema, he leído uno que otro comentario diciéndome que hay demasiado lemon en la historia, pero en el summary hay una advertencia desde el principio, el fic contiene escenas sexuales y lenguaje vulgar. Pero de ahora en más, dejaré una advertencia en la parte superior.

Espero que el capítulo les haya gustado :D ahora se viene lo bueno con la entrada de Nyu a la vida del nuevo rey.

También quiero agradecer enormemente a mi beta, Cindy (Sí, ya tengo una beta que también es autora) por ayudarme a integrar las ideas del fic y a darle forma en general. Debo comentar que las escenas que tenía para ésta historia las cambié totalmente, le daré un toque más fresco a lo habitual.

Trataré de escribir lo más pronto que me sea posible. Gracias por su apoyo :3

Las y los leo en los comentarios ya que también me leen hombres :D así que no se vayan sin dejarme su review.

Cuídense!