CAPÍTULO XXVI: PRUEBA.

—Bulma —era la segunda vez que Gine pronunciaba su nombre, había estado tan absorta en los trazos que dibujaba sobre el papel en la mesa de trabajo de su laboratorio personal, que no había puesto total atención a la primera vez que su dama de compañía la llamó, pero la terrícola se encontraba totalmente comprometida con el nuevo proyecto después de haber terminado la cámara de gravedad en el centro de entrenamiento hacía meses, antes de que su embarazo se notara. Ahora tenía en mente mejorar la armadura militar del ejército saiyajin, en especial la de la tropa de choque, aquellos soldados que iban al frente en las batallas y que arriesgaban más sus vidas. Sería su regalo personal para el nuevo rey de Vegitasei.

Habían pasado cinco meses desde que la noticia del fallecimiento del rey Vegeta III había golpeado el planeta. Al principio todo pareció ser un caos, el reino temía una rebelión o una invasión encabezada por aquellos enemigos que se atrevieron a engañar al monarca y asesinarlo en el acto junto a algunos miembros de su escuadrón élite.

Siendo sincera, una parte de ella se había sentido aliviada por la situación, el soberano se había ganado a pulso su odio, no era para menos sentir rencor hacia él cuando la intentó asesinar en más de una ocasión, no solo a ella, él excedió la línea cuando también quiso matar a su primer bebé que aun gestaba en su vientre. Fue el acto más cobarde y repulsivo por parte del monarca. Por ahora podía sentirse tranquila, él ya no estaba y era un peligro menos en ese planeta, aunque todavía quedaba el altanero príncipe menor y la odiosa saiyana que intentaba coronarse reina, pero confiaba en Vegeta, sabía que lo único que tenía que hacer era apoyarlo, estar para él más unidos que nunca y aunque le dolía el hecho de saber que iba a desposar a esa mujer, tenía la certeza que Nyu no representaba nada para el saiyajin real.

De hecho, para la científica, crear nuevas y mejores armaduras era parte de su estrategia para ir ganándose poco a poco la aceptación del ejército saiyajin y por ende la del pueblo en general. Sabía que Nyu a pesar de ser saiyana, no era cien por ciento aceptada debido a su arrogancia. Aún así, debía competir con la guerrera para que los demás se dieran cuenta de su valía, de que no era la simple esclava sexual que estaba ahí solo para complacer los deseos carnales del nuevo rey, sino la científica ¿Y por qué no la nueva reina que todos esperaban? Por que sí, la humana lo que más ansiaba era ser la reina de ese planeta, no solo por ella, ahora también por sus hijos. Trunks algún día heredaría el trono y ella debía estar ahí para él. No iba a permitir jamás que la estúpida de Nyu, el inútil de Tarble o cualquier otra persona le arrebatara lo que le correspondía a ella y a sus príncipes.

Había aprendido mucho durante esos meses manteniendo un bajo perfil, lejana a todos; tenía aliados y espías que le informaban de los movimientos de sus enemigos, se enteró recientemente que Nyu se había aliado con Tarble. Si ellos creían que habían ganado, se equivocaba, Vegeta seguía siendo suyo. Cada día él se lo demostraba con creces y estaba feliz con lo que ahora tenían. Su relación se fortalecía con el paso del tiempo, estaba inmensamente enamorada del hombre que descolocaba su mundo y a pesar de que algunas veces se cuestionaba si estaba aceptando su matrimonio con la guerrera por esa razón, no quería caer en el conformismo, pero el heredero no le daba pie a la desconfianza, simplemente debía autoconvencerse que el futuro rey la quería, no porque se lo hubiera dicho, sino porque así se lo manifestaba con sus actos.

Desde que él se enteró de su segundo embarazo le había asignado un área específica dentro de la fortaleza saiyajin. El flanco derecho sur del penúltimo piso del castillo ahora era su hogar, era el lugar más seguro en el que podía vivir. Había sido muchos años atrás asignado a una de las consortes del Rey Vegeta II, abuelo de Vegeta. El sitio se encontraba pasando las habitaciones reales. Quedaba hacia el fondo, de cara a una enorme compuerta a través de un pasaje que llevaba escaleras abajo. Al llegar al emplazamiento se encontraban varias habitaciones, entre ellas una cocina con un enorme juego de comedor, una sala de descanso para su personal, más adelante al lado derecho las habitaciones de sus escoltas y enfrente de éstas se encontraban los dormitorios de su servidumbre, seguido de su laboratorio personal, luego una sala común para que ella recibiera visitas autorizadas o simplemente se relajara, y al fondo de todo se hallaba su enorme y acogedora habitación al lado de otra más pequeña asignada a su pequeño, a la cual accesaba desde su recámara por una puerta interna. No podía quejarse, la alcoba era todo lo que podía desear, contaba con una bañera lujosa, y adyacente un enorme balcón techado con un juego de comedor donde podía tomar sus meriendas con total tranquilidad. Tenía vista hacia las montañas verdosas que se elevaban a lo lejos, también, contaba con un jardín de techo abierto al que solo se podía llegar desde una puerta al lado de la terraza, o desde el interior de su recámara. Vegeta le habia dicho que quería mantener su embarazo oculto, ella estaba más que de acuerdo, no quería pasar por lo mismo que había vivido durante la preñez de Trunks, haría todo lo posible por mantenerse fuera de la vista de los que rodaban por el castillo, por su seguridad y la de su segundo hijo, Vegeta Jr.

Recientemente había cumplido el quinto mes de embarazo y tanto el padre de la criatura, como ella, desearon saber el sexo del bebé. Cuando la doctora les indicó que sería otro varón, la alegría en ambos fue notoria, sobre todo la de él. Vegeta sabía que Bulma estaría más cerca de ser la reina con cada nuevo varón que pariera.

El nombre del nuevo príncipe fue dado por su padre, había acordado que luego de Trunks, el nombre de sus futuros hijos se los daría él, la peliazul así lo aceptó, quería evitar en lo posible críticas tanto para el rey, como para sus hijos.

Suspiró profundo al escuchar a su dama de compañía que estaba parada frente a la mesa donde ella se encontraba sumergida en su trabajo y a veces en sus pensamientos.

—¿Qué sucede? —preguntó sin levantar la vista, había estado las últimas dos horas dibujando trazos, necesitaba un descanso.

—Milk está afuera, quiere verla y trae a Gohan con ella —respondió la femenina mirando a la científica que hasta entonces apartó la vista del boceto.

—Que pase —dijo con una sonrisa, soltó las herramientas y se desinfectó las manos con una solución enderezándose en su asiento, hacía mucho que no veía a su mejor amiga. Se estiró en su silla llevando su espalda hacia atrás alzando los brazos para liberar tensión. Miró hacia la entrada observando a la morena ir en su dirección —Por favor dime que vendrás a verme más a menudo —comentó poniéndose de pie para saludar con un beso a la chica que traía en sus brazos a su hijo Gohan dormido.

—Sino fuera por Kakaroto, no habría podido llegar —expresó ella correspondiendo el saludo de la peliazul.

—Supongo que ya te enteraste del por qué vivo en esta área casi inaccesible —comentó acariciando la mejilla del bebé para después guiar a la joven hacia el fondo del laboratorio que contaba con una habitación, ésta estaba equipada con una pequeña pero cómoda sala de descanso.

—Kakaroto no me dijo casi nada, solo que esperabas un segundo bebé —confesó llevando su vista hacia el vientre de la peliazul que apenas se notaba.

—Lamento ser mala amiga Milk, pero no puedo salir del ala norte, no quiero que nadie se entere de mi embarazo. Tú más que nadie sabes el peligro que corro si todos llegan a enterarse —indicó entrando a la sala en donde una de sus criadas cuidaba al príncipe ya de siete meses —Puedes retirarte Lan Fan, me encargaré de Trunks —afirmó recibiendo en sus brazos al niño que estaba envuelto en una manta gruesa para resguardarlo del frío que proporcionaba el climatizador en el laboratorio. La mujer saludó a Milk quien le devolvió la sonrisa saliendo del recinto.

Lan Fan, la única terrícola existente en Vegitasei, además Violeta que trabajaba en la cocina central del palacio, Bulma y Milk. Había sido la nodriza de Trunks desde que la peliazul había empezado a retomar su vida sexual con el príncipe Vegeta y había quedado embarazada por segunda vez. En ese entonces el bebé tenía dos meses de haber nacido, y un mes de haber salido de la cápsula. Cuando el pequeño príncipe destetó, a eso de los 5 meses, ella pasó a ser su cuidadora pues la científica estaba ocupada.

Lan Fan tenía 30 años y había dado a luz a su cría dos semanas antes que la ojiturquesa. Su esposo también terrícola, había sido un coronel del ejército en la tierra de nombre Trunks, ambos habían sido capturados por King Cold junto a muchos humanos y llevados al planeta de los demonios del frío, pero cuando los saiyanos invadieron ese planeta meses antes, se formó otra guerra. Allí murió el padre de su hija y ella fue llevada junto con los sobrevivientes como prisioneros a Vegitasei. Allí por medio de Bardock, que se encargó entonces de los nuevos esclavos, Lan Fan conoció a Milk, quien la protegió al verse familiarizada con ella por provenir del mismo planeta, todo eso con la ayuda de Gine. Luego dio a luz a una niña a quien nombró Mai.

Cuando una embarazada Bulma la conoció por medio de Milk, Lan Fan se ofreció sin reparos a ser la nueva nodriza del pequeño príncipe en caso tal de que lo requiriera. La científica que en primer momento se había negado rotundamente que las criadas cuidaran de su hijo e incluso, había echado a la primera nodriza que Vegeta le envió para que le ayudase con su hijo, se conmovió mucho por la historia de Lan Fan, por lo que terminó aceptándola como nodriza para su bebé. Lan Fan había conocido de niña a aquel general del que se enamoró, él fue uno de los héroes de guerra de la tierra muy reconocido, amigo además, de la madre de la científica, así que en su memoria, la ojiturquesa decidió ponerle el nombre de Trunks a su hijo. También dejó que Lan fan y la pequeña Mai vivieran en el castillo con ella.

—Siéntate —dijo mirando a Milk que estaba de pie observando el lugar.

—Supongo que no puedes quejarte de lo que el rey pone a tu disposición, hasta dejó que Lan Fan y Mai viviesen aquí —comentó la pelinegra observando los detalles soberbios en aquella sala al tiempo en que se acomodó en el suave sofá de cuero aterciopelado negro, sin duda Bulma vivía como una reina.

—Vegeta es muy complaciente… —sonrió sentándose en el sillón de enfrente —En todos los aspectos —añadió con una carcajada cantarina maliciosa.

—¿Eres feliz?

—Lo soy, él me hace feliz.

—¿Cómo te sientes con respecto a… ella? —preguntó desenganchando el maletín de su hombro donde cargaba las cosas de Gohan, cuidando de no despertar al niño en sus brazos.

—No significa nada más que un peligro para mis y mis hijos —respondió poniendo una expresión más seria bajando la vista hasta Trunks que abrió sus ojitos.

—Estoy orgullosa de ti, si fuera yo la que pasara por todo ésto ya me habría dado por vencida —comentó Milk en forma de broma para liberar la tensión que se había formado en el ambiente.

—Es difícil, pero tengo que ser fuerte, por mí, por Trunks, por Vegeta Jr.

—Felicitaciones Bulma, tienes mucha suerte, vas a darle otro varón a la dinastía —expresó la morena con una amplia sonrisa alegre por su amiga.

—Gracias —respondió llevando a Trunks hacia su pecho para dejarlo recostado en su lado derecho —¿Cómo van las cosas entre tu y Kakaroto? Sé que con todos el trabajo que hay aquí en el palacio no le queda demasiado tiempo para la familia.

—Entiendo que tenga muchas responsabilidades, aunque no te lo niego, me gustaría que tuviera menos trabajo y más tiempo para mí y para Gohan —expresó sin muchos ánimos forzando una sonrisa. Había días en que ella estaba de mal humor por ese hecho, el saiyajin llegaba incluso por la madrugada en algunas ocasiones haciéndola sentir desconfianza. Él era un hombre atractivo, tenía buena posición y al ser la mano derecha del nuevo rey por supuesto que cualquier mujer querría tener una relación con él —A veces me siento demasiado sola —confesó —¿Y si él me engaña? Ya no sé ni qué pensar, lo he visto tratar de pasar más tiempo con nosotros, pero hay ocasiones que me hace dudar. Le pregunto sobre su día y prefiere no contarme nada.

—Él te quiere Milk, apóyalo y no preguntes, hay cosas que no puede decirte por su voto de lealtad que tiene hacia el imperio, no lo tomes personal —aconsejó la científica poniéndose de pie —¡Gine por favor, haz que nos sirvan el té! —habló alzando un poco la voz para que la saiyana que siempre se mantenía cerca la escuchara.

A los pocos segundos ella entró junto a una de las criadas a la sala de descanso, ésta se acercó al mueble en el que estaba el calentador de agua y las tacitas en donde comenzó a preparar la infusión.

—¿Se lo ha dicho? —preguntó Gine dándole un vistazo rápido a la terrícola para volver su atención a la tetera en donde la criada colocó las hojas para el té. Bulma miró a Gine al escucharla y enseguida posó sus orbes turquesa en Milk.

—He estado pensando en algo que es muy importante —comentó para la morena que la escuchaba con atención. En ese momento la joven sirvienta sirvió el té en la mesita auxiliar al lado de cada sofá y se retiró.

—¿De qué se trata? —preguntó la pelinegra intercambiando mirada con su suegra que permaneció ahí y luego con su amiga.

—Se lo he comentado a Vegeta y está de acuerdo, quiero que seas la supervisora jefa en la cocina, no quiero vivir con el temor de que en cualquier momento puedan colocarle algo a nuestros alimentos como ya sucedió —dijo recordando el suceso en que casi muere ella y su bebé —No podría confiar en nadie más para el cargo —agregó dándole un sorbo al té para ver de forma suplicante a su amiga que se quedó callada unos segundos antes de responder.

—¿Me estás ofreciendo trabajo? Es… es demasiado —habló con sorpresa en su tono.

—No lo tomes así, al contrario, tú estarías haciéndome el favor —contestó Bulma mirando a Trunks que luchaba por sacar las manitas de la manta que lo mantenía abrigado, ella sonrió al bebé dejando la tacita del té de lado y liberó sus bracitos antes que hiciera un descomunal berrinche cómo solía hacer cuando quería algo.

—Anda Milk, solo tienes que decir que sí y tendrás el empleo —apoyó Gine que se había quedado de pie junto a Bulma.

—Pero Gohan…

—Puedes traerlo, no vas a descuidarte de tu hijo, podrás trabajar y verlo cuando quieras, Lan Fan que es la nodriza de Trunks podrá hacerse cargo, además, ya he enviado por Violeta a la cocina central, la quiero como niñera de nuestros hijos —afirmó observando esta vez a Gine.

—De hecho, está afuera esperando hablar con usted Bulma —respondió la saiyana.

—Dale las instrucciones, Violeta y Lan Fan son las únicas terrícolas que quedan en el planeta aparte de nosotras, debes mantenerlas vigiladas y asegurarte de que no comentan un error —expresó sentándose nuevamente en el sofá.

—Si es así, con gusto acepto —aseguró Milk con una sonrisa. Si estaba en sus manos ayudar a su amiga en algo tan importante, lo haría.

.

.

—Su coronación será en unos días majestad y debe tener una reina lo más pronto posible. Sé que estamos obviando algunas reglas del imperio con respecto al título que llevaría su esposa, pero cuando su padre, el difunto rey, ascendió al trono ya tenía cuatro hijos con lady Seed. Por lo tanto...

—No estás obviando las reglas, las estás ignorando —pronunció calmado Vegeta desde el trono dónde se encontraba sentado escuchando a los miembros del consejo que se habían reunido con él ese día para decidir los últimos detalles sobre el evento de coronación y su unión con la saiyajin —¡Es un maldito desacato de tu parte! —gritó poniéndose de pie con los ojos fijos en el funcionario que tembló desde su posición —¿¡Cómo te atreves a intentar imponerle el título de reina a esa mujer cuando esa decisión no te corresponde!?

—Su majestad yo… —dijo arrodillándose en una reverencia manteniendo la cabeza baja ante la imponente voz del nuevo rey. Le temían. Le temían porque Vegeta IV era el saiyajin más poderoso nacido hasta ese entonces. A sus veinticinco años, sobrepasaba el poder de todos los reyes anteriores juntos, y con creces, podría destruir incluso el planeta si quisiera.

—¡Cállate! —bramó mirando al sujeto para luego mover su vista entre los demás miembros del consejo presentes —Las leyes de Vegitasei seguirán cumpliéndose de la misma forma en que ha venido haciéndose ¡Sin excepciones! —habló alzando la voz para que todos lo escucharan.

—Rey Vegeta —pronunció uno de ellos dando un paso al frente, le reverenció con respeto y esperó el asentimiento del nuevo soberano antes de hablar —Solo nos preocupamos porque el planeta tenga herederos, algún día uno de ellos lo sucederá y…

—Conocen los términos para unirme a Nyu, yo cumpliré con el imperio siempre y cuando ustedes cumplan con la única petición que hice y a la cual tengo derecho pues la ley así me lo permite como soberano —respondió relajándose, volvió a sentarse en el trono escuchando los murmullos entre los miembros del consejo. Había sido claro, Vegitasei tendría un rey ¿Y él? Una esposa legítima que no quería y una esclava favorita a la cuál sí deseaba. Lo había pensado desde hacía mucho. Y aunque no le había dado detalles específicos de lo que planeaba, la humana lo apoyaba. Bulma comprendía que para tener un futuro juntos debían ser aliados contra el sistema.

Bulma había pasado de ser una simple esclava a la que tomó por mero placer, a ser parte de su vida. Lo aceptaba para sí mismo. Lo que en un principio fue causa de vergüenza y rechazo ahora solo le satisfacía, la terrícola supo cómo sobrellevar la situación y se instaló dentro de su pecho. Cuando él se enteró de lo que sucedía entre ellos estaba acabado. Ella había ganado. No podía quejarse, la mujer era todo lo quería, le había dado un primer hijo aún a costa de exponer su propia vida y estaba a punto de darle otro varón.

—Que así sea su majestad —habló el mayor de los presentes luego de haberse puesto de acuerdo entre todos. Los ancianos y los senadores se inclinaron aceptando los términos del nuevo rey para luego entregarle un acta con el compromiso escrito.

.

.

Estaba caminando con prisa. No tenía un rumbo en específico, pero necesitaba alejarse con urgencia de ella. Desde que había sido elegida la futura reina de Vegitasei la guerrera estaba insoportable, no es que antes hubiese sido la mejor amiga ¡Pero con un demonio! Ahora la trataba peor que a la más baja criada del palacio. Ella era una guerrera élite también, estaba a su nivel, y si había aceptado quedarse a su lado no era para ser agraviada de esa forma. Se quedó porque creyó que eran unidas, que su amistad la llevaría a ascender de categoría una vez Nyu fuera la reina, porque creyó tontamente que le daría beneficios. Que la estimaría por los años de compañerismo. Pero al contrario de ello, cada día intentaba restregarle en el rostro que perdió la oportunidad de ser la esposa del nuevo rey, porque ambas habían sido candidatas a ser reinas pero ella ganó, no porque fuera más bella, no porque tuviera habilidades de las que ella careciera, no porque fuera mejor, simplemente había ganado porque Nappa, el tío de esa arpía, le había hablado bien de ella al monarca fallecido, él se había encargado de asegurarle el futuro a su sobrina.

Los ojos le ardiendo. En el campo de batalla podía ser de la mejores, fuerte, valiente e intrépida, pero era una cobarde para enfrentarse a Nyu, la familia de la futura reina era más poderosa que la suya, si la ofendía de alguna forma podían borrarla del mapa junto a los suyos en un abrir y cerrar de ojos, además, cuando Nyu se convirtiera en reina adquirirán más poder. Estaba perdida.

Apretó sus labios con rabia cuando de repente chocó con algo duro que la hizo caer al piso. Llevó su mano hacia su cabeza palpando el lugar del golpe y alzó la mirada al percatarse de una presencia frente a ella.

—¡Príncipe Tarble! —chilló apenada, se puso de pie rápidamente y lo reverenció sintiendo la vergüenza recorrerle el rostro —Discúlpeme, estaba distraída, no quise.

—¿A dónde vas con tanta prisa? —preguntó él observando a la muchacha, ella se irguió, tenía las mejillas sonrosadas y los párpados inferiores rojos. La miró dudar antes de responder.

—Lo lamento, solo estaba caminado sin pensar —dijo agachándose levemente para despedirse. Caminó pasándole de lado para alejarse, no quería que la viese así, descompuesta y con lágrimas amenazando por salir de sus ojos en cualquier momento.

Tarble la observó una fracción de segundo, ella no estaba bien, había visto a la guerrera muchas veces acompañando a Nyu, le había llamado la atención la última vez que la miró cuando fue a hablar con la futura esposa de su hermano días atrás. Era una mujer hermosa, tenía las facciones de su rostro delicadas, su piel era ligeramente más clara que la de la mayoría de saiyanas en el planeta, era solamente un poco más baja que él y de complexión pequeña. La observó esos breves segundos pasando su mirada de arriba abajo, el traje que ella portaba era un spandex de color granate obscuro que se pegaba como una segunda piel a su cuerpo, sobre éste portaba una armadura de un solo hombro dejando al descubierto el otro, lucia sensual a los ojos de cualquier hombre.

—No he terminado de hablar contigo —habló el príncipe tomándola del brazo cuando Apricot pasó a su lado. Ella paró al sentir la mano del saiyajin sujetarla con firmeza.

—Alteza no quiero robarle parte de su valioso tiempo, yo solo…

—¿Por qué lloras? —cuestionó sin soltarla, giró su rostro hacia ella que mantenía la cabeza baja sin mirarlo. Detalló el perfil de la hembra, nunca se había detenido a prestarle mayor atención, pero en ese momento le pareció sumamente atractiva. La femenina era de nariz respingada, labios voluminosos y ojos felinos.

—Creo que no debería estar aquí. Disculpe —habló Apricot jalando su brazo que aún era sostenido para liberarse. Él la soltó y se giró para verla caminar lejos. Una sonrisa maliciosa se formó en los labios del saiyajin cuando sus ojos cayeron en los glúteos de la muchacha.

.

.

Era temprano esa mañana, ya se podía escuchar afuera de la habitación el ajetreo de la gente, hace unos días que habían comenzado con los preparativos para el más grande evento que se podía celebrar en el planeta. El ascenso del príncipe Vegeta como el rey Vegeta IV, el nuevo soberano.

Se invitaron a los funcionarios de mayor rango a los actos ceremoniales, solo podían asistir aquellos a los que se les envió una carta expresamente personal, no se admitirán errores después del asesinato del difunto monarca. Las actividades cotidianas en Vegitasei se habían paralizado por ese día. Como costumbre, la realeza obsequiaba a sus pobladores bolsas con monedas, banquetes especiales a los cuales no tenían acceso comúnmente, así como también, se les había repartido bebidas fermentadas y todo tipo de brebajes para su deleite; a las mujeres se les habían hecho llegar finas telas para que lucieran nuevos trajes y vestidos, conmemorando con ello el ascenso legítimo del nuevo rey.

Los últimos días habían sido todo menos tranquilos, la gente se movilizaba a cada hora del día por el palacio organizando cada detalle, desde enviar las invitaciones fuera del astro, preparar las recámaras con todo lo necesario para recibir los visitantes, hasta qué tipo de platos se servirían a los burócratas que vendrían para la celebración al planeta. Había tanto qué hacer aún y mucho por preparar en tan poco tiempo. Estaban a unas horas del evento.

Era la tercera vez que la ojiturquesa escuchó unos toques en la puerta, había intentado volver a dormir después del primero, pero ya al segundo golpe no pudo regresar a su inamovible serenidad en la que se encontraba entre las sedosas sábanas. Seguramente era la servidumbre intentando servirle el desayuno. Apretó sus párpados que aún se encontraban cerrados con evidente molestia por la interrupción. Había tenido una noche espectacular, Vegeta la había llamado a su alcoba la tarde anterior y durante esas horas nocturnas se habían demostrado lo mucho que se deseaban siempre, el hecho de estar embarazada incluso aumentaba la libido de ambos, desatando nuevos placeres al inmenso apetito sexual que tenían el uno por el otro.

Ella aún se encontraba en la cama del rey, Trunks estaba siendo cuidado por su nodriza en su propia habitación, por lo que podía estar tiempo a solas con el saiyajin. Había aprendido a confiar con el paso del tiempo en que sus criadas velaban por su hijo como si fuera ella misma quien lo atendiera.

Se removió abriendo sus ojos, con su vista aún desenfocada buscó tanteando el espacio donde debía encontrarse Vegeta, pero lo encontró vacío, llevó su mano derecha a su rostro donde frotó ligeramente sus párpados para observar la habitación, de pronto escuchó el sonido del agua correr y sonrió con picardía, él estaba en la ducha. Se puso de pie envolviendo su cuerpo en la sabana blanca caminando hacia el baño, entró y cerró la puerta para dejar caer la tela al piso. Él la escuchó acceder, estaba de espaldas hacia la entrada y esperó a que se le uniera. Ella se detuvo a observarlo por unos segundos, mordió su labio inferior cuando su vista viajó por la espalda musculosa del saiyajin delineando con su mirada cada parte de su cuerpo hasta llegar a su trasero bien formado.

—No pude resistir a ducharme contigo —murmuró ella aproximándose, lo abrazó por la espalda deslizando sus palmas por su piel mojada hasta tocar sus pectorales los cuales acarició con movimientos lentos. Vegeta se quedó quieto sintiendo las palmas de ella escurrirse por su abdomen hasta llegar cerca de su zona sur —No sabes lo terriblemente seductor que te ves bajo el agua —agregó la científica en tono sensual depositando besos en uno de los hombros del saiyajin.

—¿Estás intentando sobornar con palabras al rey saiyajin? —preguntó burlesco girándose para ver a la muchacha que rió suavemente.

—Estuve en sus brazos toda la noche complaciendo sus más bajos deseos —comentó ella con sonrisa maliciosa tomando la esponja llena de jabón que estaba al lado para comenzar a pasarla por los brazos del hombre que observaba con atención sus movimientos —Creo que si tuviera un pedido el rey tendría que complacerme, anoche pagué por mis caprichos con creces —contestó siguiendo el juego del saiyajin. Él la jaló hacia su cuerpo sujetándola por los brazos, el agua cayó sobre el cuerpo de la peliazul y él solo pudo detallar cómo el líquido transparente cubrió cada centímetro de la piel blanquecina de la terrícola. Bajó su mirada, sintió su pecho llenarse de satisfacción cuando observó el vientre abultado de la femenina, su abdomen estaba bastante crecido a los seis meses de preñez.

—¿Así que crees que con sexo puedes comprar al rey mujer? —preguntó volviendo su mirada al rostro de ella, la peliazul sonrió juguetona y se giró ofreciéndole la esponja.

—No, pero si la mayoría de mis deseos —respondió girando su cabeza para verlo, él tomó la esponja que ella le ofreció y la tiró al piso. En vez de enjabonar su piel la tomó con una de sus manos por la cintura atrayéndola a su cuerpo y con la otra la sujetó del cuello con delicadeza echándola hacia atrás para besarla. Presionó su cadera contra los glúteos de la hembra restregando su evidente erección en ella.

Un par de horas más tarde Bulma se encontraba en su habitación, cargaba a Trunks mientras Gine terminaba de peinarla. Estaba emocionada, dentro de poco coronarían como rey a su príncipe, era una sensación de felicidad y éxtasis, jamás imaginó que ella estaría a su lado cuando ascendiera al trono, se había hecho tantas ideas en su cabeza que pensó lo peor. Quizá se apresuró al juzgar a Vegeta tan duramente, pero si pensaba razonablemente, sus ideas no habían sido tan absurdas, él prácticamente la obligó a ser su esclava sexual, la tomó por la fuerza muchas veces y aunque el saiyajin no le desagradó físicamente en ningún momento, él hirió su dignidad y pateó su orgullo, pero el tiempo corrió a su favor, un evento llevó al otro y ahora se encontraba ahí, con una sonrisa de dicha en su rostro, un bebé hermoso en sus brazos y otro que llevaba en su vientre. Nunca pensó en que podría ser tan feliz, en un principio accedió a él por varias razones, para detener sus maltratos y para conseguir bienestar para su padre, pero el heredero cambió, aprendió a comprenderla, a respetarla como mujer y sobre todo, a valorarla.

Se miró al espejo, se había recortado el cabello que llegaba hasta su cintura, ahora lo traía en un corte en capas hasta media espalda, las ondas que se formaban en las puntas de su melena la hacían lucir atractiva. El maquillaje tenue de su rostro le daba esa apariencia fresca y juvenil que tanto le gustaba.

—¡Su majestad el rey Vegeta! —la voz del guardia en la puerta se escuchó. Bulma se puso de pie girándose hacia la entrada para ver al hombre que tanto amaba. Lo miró de pies a cabeza mientras llegaba hasta ella, se deleitó con la vista. Él traía un traje spandex de color negro, la armadura que cubría su tórax era diferente a la que siempre solía llevar, ésta tenía tanto las hombreras como la protección al centro en color rojo intenso que hacía juego con el lado interno de su capa, por fuera ésta era azul imperial.

—Majestad —saludó alegre la científica. Vegeta curvó sus labios en una sonrisa ladina al ver a su mujer cargando a sus dos cachorros, Trunks en sus brazos y el otro en su interior, no pasó desapercibido el hecho de que ella lucía exquisitamente espléndida.

Trunks viró sus ojitos celestes al notar la presencia del rey, Vegeta bajó la vista hasta su vástago. Lo observó unos segundos, el crío a sus pocos meses de nacido demostraba gran inteligencia, intentaba pararse por sí mismo sujetándose de su madre o de algún mueble, lo había visto incluso querer alimentarse por sí solo cogiendo del plato del que Bulma le daba de comer a cucharadas. Le sonrió orgulloso. Alzó su mano enguantada tocando la pequeña cabecita haciendo que el bebé lo mirase serio, sintió su pecho engrandecido al darse cuenta que incluso en sus expresiones su hijo era idéntico a él. El niño alzo ambos bracitos intentando que lo tomara.

—Cariño tu padre ahora está ocupado —expresó la ojiturquesa como si el bebé pudiera comprender sus palabras, éste posó su mirada en ella con su ceño arrugado, se veía exactamente igual que el rey cuando hacía pucheros de enfado. A Bulma le sorprendió cuando el pequeño desistió de querer ir con el soberano y se volvió hacia ella para abrazarla sujetándose de su cuello en donde enterró su rostro. Vegeta miró al niño para luego fijar su atención en la humana.

—En unos minutos estaré en el salón del trono, ve pronto —habló haciéndole una señal a Kakaroto para que ingresara a la recámara. Éste estaba parado en la puerta fuera de la habitación y se apresuró a llegar hasta la pareja.

Bulma notó que el saiyajin traía en sus manos una caja de terciopelo roja de tamaño mediano, movió sus ojos del objeto hacia Vegeta esperando encontrar una respuesta en su mirada.

Él se acercó a la terrícola, ciertamente ella no podría estar presente dentro de la misma sala cuando lo coronaran y tomara posesión del trono, pero quería darle algo especial que lucir para él. Lo había escogido personalmente de las joyas imperiales que habían formado parte de la dote de su difunta madre.

—¿Qué es eso? —preguntó ansiosa la peliazul fijando nuevamente los ojos en la caja.

—Úsalo para la ceremonia —respondió él al tiempo en que Kakaroto colocó la caja en el tocador donde ella se arreglaba momento atrás. Bulma asintió con una sonrisa, vio que el iba a girarse para retirarse, pero se apresuró a acercarse a él y le dio un beso en la mejilla. Vegeta se movió incómodo observando la servidumbre presente, las criadas estaban con la vista baja ante su presencia lo que lo hizo sentirse menos avergonzado, pero aún así, no lograba acostumbrarse a las muestras de afecto públicas de parte de su mujer.

—Gracias —dijo Bulma ampliando su sonrisa, él asintió y salió de la recámara junto a Kakaroto. La peliazul se giró hacia Gine volviéndose a sentar en el taburete frente al tocador observando la caja roja.

—¿Lo abrirá? —preguntó la saiyana.

—Lan Fan, sostén a Trunks —llamó a la nodriza que se encontraba en la habitación. El bebé se quejó un segundo, pero su nana lo acunó en sus brazos tranquilizándolo.

—Ya, ya príncipe, veamos el regalo del rey —dijo la mujer parándose al lado de la científica esperando que ésta abriera el obsequio.

—¡Oh Kami! ¡Es hermoso! —chilló la muchacha tomando en sus manos el broche dorado con incrustaciones de piedras preciosas —Gine por favor colócamelo —se apresuró a decir, la saiyana obedeció en seguida acomodando la joya en el cabello de la humana.

—El broche es realmente precioso… y valioso —comentó Gine con aprobación viendo el reflejo de la muchacha en el espejo mientras Bulma observaba el prendedor en su cabello.

.

.

Estaba caminando por uno de los pasillos secretos principales del castillo. Hacía no mucho tiempo que Vegeta le había confiado los planos arquitectónicos del palacio. Como mujer del nuevo rey y madre de dos príncipes debía estar preparada para cualquier situación, él se lo había dicho, de ahora en adelante no permitiría que una segunda oportunidad para acabar con ella o con sus hijos se le presentara a sus enemigos. Bulma se dedicó unos días a estudiar cada pasadizo, cada habitación que conformaba la fortaleza saiyana, sus alas y pasajes secretos, ahora caminaba por uno, solo el soberano y ella sabían de esos caminos ocultos. Por el que estaba transitando la llevaría directamente a una sala especial llamada "Sala de observancia". Era peculiar porque según le contó Vegeta, había sido mandada a construir por su abuela, la honorable Tekka, consorte del rey Vegeta II, para espiar los movimientos de la corte. Se detuvo un momento cuando llegó a la entrada del recinto.

La cámara era hermosa, estaba forrada con una tela parecida al terciopelo, tenía una lámpara dorada que pendía desde el techo la cuál iluminaba la estancia. Era fresca, pues los conductos de aire la mantenían con buena temperatura, y había dos sillas de oro y terciopelo desde donde la persona podía ver todo lo que sucedía en la parte principal de la corte, mientras nadie se daba cuenta tras las paredes que conformaban el salón del trono, por medio de la cual, podría ver a poca distancia a su príncipe ser coronado como el monarca de Vegitasei.

Había ido con única persona que Vegeta había permitido que la acompañara, Shitsuji, fiel mayordomo de la dinastía, y padre del comandante Zorn. Shitsuji había ayudado a la crianza del nuevo rey desde que este era un niño.

Provisto de un candelabro de luces, el anciano había conducido a Bulma hasta la cámara para luego retirarse, pues como hombre de entera confianza del rey debía participar de los actos protocolares. La científica estaba segura de que además de ellos tres, nadie más conocía los pasajes secretos pues era información que solamente manejaban los reyes.

—Señorita Bulma, bienvenida a la cámara de Lady Tekka —dijo el anciano señalándole el asiento. Ella se sintió extraña pues no pensó que aquella estancia fuese tan hermosamente lujosa.

—Gracias por su amabilidad —respondió con una sonrisa cálida la científica.

—Debo retirarme ahora —expresó el saiyajin haciéndole una reverencia y abandonando el lugar.

La peliazul una vez sola, se aproximó a la silla tocando el borde con su dedo índice, no sabía por qué, pero aquella cámara le daba un aura de protección y familiaridad, Vegeta le había dicho que su difunto padre Vegeta III había amado con locura a su madre, lady Tekka, y que nunca perdonó a su padre el rey Vegeta II cuando ella se suicidó… Vegeta III jamás superó aquello.

Olvidando la historia y regresando al presente, Bulma se sentó en aquella silla donde a través de un vitral camuflado podía ver a Vegeta de pie delante del trono, a su lado se encontraba un saiyajin, se notaba bastante mayor, aunque seguramente tendría más años de los que aparentaba puesto que esa raza envejecía lentamente.

Bulma paseó su vista por los presentes, en su mayoría hombres, quizá los miembros de la corte y demás personajes importantes. Casi todos los rostros eran desconocidos. De pronto sus orbes turquesa se detuvieron en una mujer. Nyu. Ella se encontraba en la primera fila de los que presenciarían el acto ceremonial. Sintió una presión en su pecho, bajó la mirada apretando sus puños, mordió a su vez su labio inferior. La saiyajin estaba ahí, sonriente entre varias de sus amigas, una de ellas su moza, la que la acompañaba el día en que ella fue a ver a Trunks al ala neonatal. Raditz había dicho que se llamaba Apricot. Ambas reían y miraba a su pareja en el trono. Sintió sus ojos arder ante las amenazantes lágrimas que intentaban ganarle en su lucha por no llorar. Alzó su vista detallando nuevamente a esa tipa. Esa infeliz no merecía su sufrimiento. Le dolía que ella y Trunks aún no podían participar de esos actos, pero se dijo a sí misma que pronto llegaría el día y esa arpía pagaría por todas sus humillaciones.

Volvió su atención a Vegeta, él ni siquiera la miraba, estaba concentrado leyendo algún documento en sus manos mientras esperaba el inicio de la coronación. Se veía extremadamente atractivo, su traje de gala se acentuaba en su cuerpo de forma exquisita, sonrió al pensar que hace tan solo unas horas atrás ella había estado en sus brazos gozando de sus caricias, sintiendo sus grandes manos por tu su cuerpo, probando sus besos ardientes y gimiendo bajo esos músculos que tanto le gustaban. Tocó su vientre con orgullo, era ella quien gestaba al segundo hijo del rey, era ella quien le había dado su primer crío, era ella quien dormía en su cama, era ella quien lo hacía feliz, era ella a quien él quería.

La científica prestó mayor atención cuando los presentes guardaron silencio. Uno de los saiyajin pasó al frente, reverenció a Vegeta y se dirigió al público.

—Nacido con el nivel de poder más elevado de la historia de la dinastía saiyajin, el príncipe Vegeta IV, de 25 años, hijo de su majestad el rey Vegeta III y de su gracia, la Reina Seed. Su padre quien desde su nacimiento le otorgó el título de "Heredero al trono" Hoy, ante la presencia de la corte imperial, de los delgados concejales y de la élite saiyajin, coronamos como nuestro rey, a Vegeta IV, dando por legalizado su ascenso por sucesión al trono de Vegitasei —se escuchó la lectura del pergamino que sostenía en sus manos el anciano. Éste se giró hacia el nuevo rey, flexionó una rodilla reverenciándolo —¡Larga vida al rey Vegeta IV! —gritó, los demás lo imitaron, se hincaron sobre una de sus piernas llevando su mano derecha en un puño sobre su pecho y al unísono pronunciaron —¡Larga vida al rey Vegeta IV!

Bulma se levantó de su silla y caminó hacia la pared, sintió nostalgia cuando escuchó nombrar a la madre de Vegeta. Recordó a la suya. El tiempo había pasado, las cosas se habían dado, ya no la tenía a su lado y a pesar de que ya no pensaba en su progenitora tan constantemente como antes, su recuerdo seguía doliendo como cuando la vio morir en sus brazos. Había pasado por muchas cosas, había superado pruebas que la marcaron, pero no podía solo olvidarse de que a su madre la mataron los saiyajin. No era como que odiara a esa raza de extraterrestres, tampoco sentía rencor con el padre de sus hijos por lo que pasó. De alguna forma entendía que la purga de planetas era su estilo de vida, se habían criado así y ese era el método por el cuál obtenían dinero, y no era que justificaba tal aberración, pero seguir guardando odio era como allanar la memoria de su madre, a ella no le hubiese gustado verla llena de dolor, de rabia y de sed de venganza. En cambio, había decidido vivir al máximo en su lugar, gozar de las cosas buenas y recordarla siempre como lo que fue. Una madre amorosa y llena de vida.

Sonrió con alegría colocando una mano en el vitral, dejó de lado la tristeza y se llenó de emoción cuando vio que otro saiyajin le entregó al anciano un collar y éste se lo colocó a Vegeta, era como el que el fallecido rey cargaba en su cuello.

Sintió un escalofrío recorrerla cuando su amado soberano giró la vista para observar en su dirección, era como si él estuviese viéndola directamente. Él sabía que ella estaba ahí. Él no se había olvidado de ella. La ojiturquesa curvó sus labios como respuesta, le hacía inmensamente feliz el hecho que, aún estando tras esas paredes Vegeta pensaba en ella. Él volvió su mirada al frente. Bulma llevó una mano al broche en su cabello y volvió a sentarse en la silla sin apartar los ojos de su amado.

Miró a todos en aquel enorme salón reverenciarlo. Se crió sabiendo que un día sería rey, que un día su mismo padre sería el que homenajeara la coronación, que él mismo le cedería el derecho al trono, pero ahora ya no estaba, había muerto repentinamente en manos enemigas.

En el momento que le habían dado la noticia se llenó de rencor y rabia contra los que se atrevieron a quitarle la vida al soberano de Vegitasei. A su padre. Pero se convenció de que descubriría quién tendió la trampa. Por lo que sabía, la convención de la OIC se había llevado acabo, pero su padre había muerto incluso antes de tocar piso en el planeta 79. En el pasado su abuelo y padre habían librado batalla contra ellos, los demonios del frío, éstos seguían en la cúspide de la organización interplanetaria de comercio, pero después de la guerra con ellos habían delimitado acuerdos para que ambas razas tuvieran su parte en el extenso universo. No les había bastado acabar con muchos de ellos. Ingenuamente los saiyajin habían creado alianzas de paz con esos malditos. Pondría en orden el planeta ahora que era rey, entrenaría para superar sus límites, prepararía sus escuadrones para que fueran los mejores. No estaba muy lejos de obtener venganza.

Llevó una mano a su cabello resoplando con rabia al recordar los sucesos, observó a los invitados erguirse después de reverenciarlo, el acto de coronación había finalizado, ahora tenían que pasar al salón de eventos para el banquete que se había preparado en honor a su ascenso al trono. Primero la vería a ella.

—Es hora de marcharnos señorita Bulma —escuchó la científica observando a Vegeta retirarse del salón del trono —El rey desea verla —agregó Shitsuji.

Bulma asintió poniéndose de pie, sintió sus tripas retorcerse en su abdomen, la sola idea de saber que él ya no era el príncipe al cuál se había acostumbrado y que ahora sería la mujer del soberano de ese planeta la hizo temblar de pies a cabeza. Por supuesto que era absurdo pensar de esa forma, estaba segura de que él sería el mismo de siempre ¿Pero que había de ella? ¿Tendría que tratarlo distinto? ¿Aún podría seguir durmiendo en su cama? ¿Lo podría ver cuando desease?

Caminó casi en automático de regreso por los pasajes, Shitsuji la seguía de cerca. Estaba ansiosa por reunirse con él, con el hombre que anoche acariciaba su cuerpo y gruñía con placer por sus caricias, con el mismo príncipe que caía bajo sus encantos cuando estaban a solas. Pero ahora era rey.

—¿Sucede algo? —preguntó el anciano apresurando su paso para estar más cerca de la muchacha que caminaba acelerada.

—¿Hay algún comportamiento definido al estar frente al rey? —preguntó. En su cabeza las ideas no sonaban tan totas, pero al decirlo en voz alta supo que se estaba preocupando demás.

—Señorita Bulma, usted es la mujer del rey Vegeta, solo trátelo como siempre lo ha hecho.

—¿Y si cometo un error? ¿Y si digo algo impropio? Comprenda que desconozco la mayoría de las costumbres saiyajin —respondió girando su cabeza para ver al hombre que iba un paso tras ella.

—Su majestad no podría enfadarse, aunque su comportamiento no fuera apropiado. Usted es la persona más importante para él —respondió Shitsuji con una sonrisa. La peliazul se sonrojó ante aquellas palabras, volvió su vista al frente y sintió como si le quitaran un peso de encima.

.

.

Lo miró bajar los escalones desde el trono y supo que él estaba por retirarse, todos los presentes hicieron una reverencia incluida ella. En cuanto lo vio salir no dudo en ir tras él, quería ser la primera en hablar con Vegeta ahora que se había convertido en rey, quería ser la primera en darle sus felicitaciones.

Tuvo que correr para alcanzarlo a medio pasillo. Sintió decepción cuando no lo vio solo, sus escoltas lo seguían de cerca. Bajó la mirada humedeciendo sus labios con su lengua, se dijo así misma que no podía portarse siempre de esa manera, si quería que él la notara tenía que volverse cercana a su futuro marido. Decidida caminó apresurada para poder alcanzarlo.

—¡Majestad! —lo llamó para captar su atención. Él detuvo sus pasos al igual que sus escoltas y giró para ver a la saiyana acercarse a su posición.

—¿Qué quieres? Su majestad no tiene tiempo —habló Kakaroto que iba junto a él y el par de escoltas.

—Solo… —posó sus ojos en Vegeta, él la observaba serio con sus penetrantes orbes obscuras que la hicieron bajar su mirada —Solo quería felicitar a su majestad por su ascenso al trono —confesó con palabras firmes manteniendo la cabeza agachada.

—Bien ya lo hiciste, márchate —expresó Kakaroto. Vegeta observó a la mujer. Nyu era la hembra con quien pronto se uniría, pocas veces habían cruzado palabras así que esta vez les hizo una señal a su mano derecha para que se retirara junto a los escoltas. Ellos hicieron una reverencia y se alejaron para esperar al rey en el pasillo siguiente dándole privacidad. Una vez solos la saiyana alzó el rostro mirando al hombre frente a ella. Sonrió con alegría, él por fin le daba una oportunidad para poder hablar.

—Lamento quitarle su tiempo, como dije antes solo quería felicitarlo —dijo sin apartar sus ojos azabaches de él.

—Tú y yo tenemos un tema que tratar —respondió él con seriedad. Ella asintió, sabía que él se refería a su unión y no solo amplió su sonrisa al ver que el hombre del que estaba enamorada mostraba interés por charlar acerca de su matrimonio, también porque hacía muchos años que soñaba con el momento en que él se convirtiera en su esposo y ese momento estaba por llegar —Pero no en este momento.

—Por supuesto rey Vegeta, estoy a su disposición cuando desee —afirmó Nyu con el pecho lleno de una felicidad que hace tiempo no experimentaba.

—Bien —expresó el saiyajin real dándose la vuelta para marcharse, ella se quedó en el pasillo mirándolo caminar lejos. Pensó en que, si era inteligente, podría tenerlo en sus manos pronto y por fin, derrocar a la azulada terrícola que estaba entre ellos dos.

.

.

—¡El rey Vegeta está aquí! —se escuchó la voz del guardia en la puerta. No hacía mucho Bulma había llegado a su habitación, Shitsuji que la acompañaba se había retirado después de eso a sus labores.

Lo miró entrar. Su corazón dio un brinco recio dentro de su pecho cuando lo detalló, siempre supo que era el saiyajin más atractivo que sus ojos habían mirado, pero con ese traje, su armadura de otro color al usual de siempre, la capa y el collar que colgada de su pecho, superaba con creces el término "atractivo". Su padre el rey Vegeta III había sido físicamente muy apuesto, el epitome de la virilidad, pero Vegeta lo superaba excesivamente. El actual rey era más que atrayente, se había convertido en todo lo que quería, era un hombre sumamente fascinante. Bulma se puso de pie pues se encontraba sentada en la cama.

—Majestad —dijo haciendo una reverencia bajando la mirada. Esperó a que el rey le respondiera, pero él no hizo nada, se limitó a observarla unos segundos. Detalló el embarazo de la terrícola, ya bastante avanzado y lo hermosa que se veía con aquellos ropajes que llevaba. La había extrañado en la ceremonia. Quizás demasiado.

La peliazul alzó su vista tímida encontrándose con los ojos obscuros del saiyajin. Se sintió ansiosa y rompiendo el protocolo no pudo resistir caminar hacia él para acortar la distancia que los separaba. Se aproximó abrazándolo por el cuello. Estaban solos, ella misma les había pedido a las criadas que se marcharan pues Trunks dormía en su cuna.

—¡Felicidades su majestad! —chilló emocionada sintiendo como él la envolvió en sus brazos aferrándola hacia su cuerpo. Ella se tomó su tiempo en sentirlo. Escondió su rostro en el cuello tibio del hombre aspirando su aroma, ese olor que desprendía su piel que tanto le gustaba. Entrecerró sus ojos y lo apretó más hacia ella con necesidad. Haberlo visto en la ceremonia de coronación tan cerca y tan lejos a la vez la hizo comprender que no concebía una vida sin él, que no podía siquiera pensar en que un día podrían separarse.

—¿Éste es uno de esos momentos sentimentales de mujer preñada? —preguntó separándola de él un poco para verla a los ojos. Ella negó con una sonrisa.

—Me pregunto ¿Cómo debo tratarle de ahora en adelante? ¿Hay un protocolo para eso? —lo miró sonreír ante su cuestionamiento.

—Lo hay. No puedes acercarte a mí a menos que yo te de el permiso, tampoco puedes abrazarme sin antes hacer una solicitud formal —dijo poniéndose serio observando el broche que ella llevaba en el cabello. Había tomado la mejor decisión al obsequiárselo, lucía hermosa con él. La científica amplió sus ojos al escuchar el absurdo de esas palabras.

—¡Oye no bromees con eso! —chilló tuteándolo como siempre, se separó de él. Vegeta rió tomándola de la mano para llevarla hasta el sofá donde se sentó y la acercó para que ella tomara lugar sobre sus piernas —Si una ley así de absurda existiera, majestad, no volverías a verme —agregó haciendo un puchero pasando sus manos por el cuello del saiyajin acomodándose en su regazo.

—¿Debo entender que es una amenaza? —preguntó sin expresión en su rostro.

—Por supuesto —respondió ella alzando la barbilla con orgullo.

—¿Tienes idea de lo que eso significa? Podría ordenar tu ejecución por insolente —comentó.

Ella lo miró con intensidad; cualquiera hubiera creído que él hablaba en serio, pero ella lo conocía, así que se acercó a sus labios quedando a milímetros de rozarlos con los suyos.

—¿Y privarte del privilegio de poseerme cada que lo deseas? —preguntó alzando su mirada para verlo a los ojos. Llevó una mano hacia su hombro en donde bajó la manga de vestido dejando expuesto el inicio de sus pechos frente a la mirada de Vegeta, él sonrió ante la vista y colocando una mano tras la nunca de la femenina la acercó para besarla. Por supuesto que no podría hacerle daño, Bulma le era indispensable para su felicidad y su satisfacción. Había decido que ella sería su mujer por lo que le restaba de vida y la protegería incluso de él mismo si fuese necesario.

—Voy a follarte ahora —susurró el rey con su ronca voz. Bulma comenzó a mover sus caderas sobre el miembro del hombre excitándolo al instante.

—Majestad llegarás tarde al banquete —dijo ella sonrojándose cuando él bajo su otra manga dejando expuestos sus pechos. Él se acercó a uno de los pezones rosados engulléndolo con hambre mientras acariciaba el otro, hasta que segundos después le habló en voz baja.

—Éste es mi mejor banquete.

.

.

No sabía si estaba vivo, si era un sueño ó si en realidad estaba muerto. No sabía qué día era, ni dónde estaba. Quizás era de mañana, o tal vez no. Él seguía inerte sobre algo que se sentía como una cama. Gemidos brotaban de sus labios, recordando sucesos de una emboscada, un ataque, una traición. Agudizando bien los oídos, creyó escuchar ruido de pasos que se acercaban desde las profundidades de su inconciencia. ¿Acaso estaba en el infierno? Intentó moverse pero no pudo. Estaba entumecido. Casi no sentía los músculos y hasta mover los dedos le dolía. Tenía la boca seca, los labios resecos por la fiebre y la sed lo estaba matando. Sintió que le pinchaban algunas venas, trató de abrir los ojos, pero ante la impotencia y el dolor de su cuerpo, prefirió rendirse y se adormeció con tranquilidad frente a lo que parecía alguna especie de antídoto reconfortante que corría por su sangre. Quizás volvió a desmayarse, no lo supo con exactitud. Únicamente recordó que algo lo había despertado de súbito… era la sensación de saber que no había muerto.

Con el pasar del tiempo, menguó su posibilidad de pensar que estaba en el infierno. Abrió un poco los ojos y las paredes a su alrededor tomaron un aspecto cristalino, aunque sombrío. Pero volvió a adormecerse luego que le inyectasen lo que suponía era un suero más potente que lo hizo adentrarse en un sueño demasiado profundo donde se veía a sí mismo más joven, cuando luchaba en una batalla al lado de los mejores saiyanos élites, guiados por el viejo rey, Vegeta II. Despertó varias veces durante el transcurso de aquella ilusión pensando que su desvarío había durado un par de días, pero había transcurrido más que eso. Enseguida, un sueño reconfortante lo envolvió y se sumió nuevamente en la inconsciencia.

Así pasó el tiempo. Seguía siendo atendido por alguien que no conocía, lo supo por las pocas veces en que pudo abrir sus ojos. Quizá por los medicamentos, quizá por su estado comatoso, apenas intentaba incorporarse volvía a quedarse dormido, había tenido mucha suerte de que alguien lo ayudase. Ignoraba como iba recuperando las fuerzas con los días. Era increíble que estuviese vivo. Apretó los puños con rabia, y dos lágrimas furiosas cayeron por sus mejillas al recordar lo que había sucedido. Sus recuerdos lo trajeron a la cruda realidad y le hicieron darse cuenta que el Rey Vegeta había muerto. Él también debería estarlo. Si tan solo hubiese hecho más. Pero ya de nada servía.

No mucho tiempo después, cuando habían sucedido tres lunas distinguió la luz de una pequeña lámpara sobre sus pupilas. Un médico lo examinaba y decía que iba recuperándose de manera asombrosamente rápida. Quizás dentro de poco tiempo podrían meterlo en la cámara de recuperación que habían mandado a pedir a Vegitasei.

Al día siguiente cuando llegó el encargo, pudo ser introducido a la cámara de recuperación. Allí estuvo por al menos 72 horas. Entonces, al terminar de reparar los daños a su cuerpo abrió nuevamente los ojos. Con el lapso del tiempo escuchó un tenue ruido y vio el cristal iluminarse hacia el fondo. Frente a él habían varios científicos. El líquido fue succionado. La compuerta de la cámara se abrió. Quitó los aparatos de su cuerpo, abrió la puerta y emergió de la cámara como un titán recién nacido al cual se le daba otra oportunidad.

—Soy el General Nappa, líder del ejército saiyano a las órdenes del Rey Vegeta —dijo con potente voz que intimidó un poco a los presentes —¿Dónde estoy? ¿Quién me trajo aquí?

—Qué bueno que ya está bien, general Nappa. Usted fue rescatado por los guerreros Uronianos al mando de la senadora Okra de Vegitasei. Está usted en el planeta Urón. Los capitanes de la seguridad del planeta recibieron el llamado de auxilio de su nave, y las coordenadas de la misma —explicó uno de los científicos con aspecto de lagarto —Lo rescatamos moribundo. Pensamos que no iba a resistir, pero pudimos traerlo de vuelta, incluso pudimos hacer que le creciera la cola nuevamente. Fue una orden expresa de la senadora —agregó el sujeto. La imágenes vinieron a la mente de Nappa. Sí, su cola. Jamás olvidaría al cabrón demonio del frío que se la cortó. Había sido lo más humillante que le había sucedido en la vida. No sabía cómo, ni cuando, ni donde. Pero se vengaría. Y vengaría al rey.

Días más tarde, ataviado con su uniforme de saiyano incluida su capa de general y su armadura reparada, estaba sentado al lado del oficial que iba al mando de la nave que había partido desde el planeta Urón rumbo a Vegitasei. Durante varios días, con su cuerpo ya recuperado, había logrado olvidarse de casi todos sus males gracias al bello espectáculo que le ofrecía ver a Lady Okra después de varios años. Ella era la mujer más bella que había visto en su vida, con su largo cabello negro que caía a la mistad de la espalda, y esos ojos del color de las nueces. Poseía un lunar en su mejilla derecha cerca de su labio superior, era cejas gruesas y definidas. De complexión delgada, pero sumamente elegante, altiva y extremadamente inteligente. Tocaba varios instrumentos musicales como la cítara, y la pianola, cantaba como los mismos ángeles y pintaba como los dioses. Ahora ella le había salvado la vida y siempre le estaría agradecido. Okra había dejado de ser la senadora de Vegitasei en el planeta de los Uronianos, para regresar a la corte del nuevo rey.

Si había algo que siempre le reprochó al difunto Vegeta III es haberse deshecho de ella por el simple hecho de no darle vástagos y reemplazarla por varias concubinas de menor rango sin gracia alguna, y que distaban mucho de ser verdaderamente bellas. Siempre pensó que de las mujeres del difunto monarca, las dos mejores habían sido Nion y ella, pero el muy imbécil las había alejado a las dos por otras que no valían la pena. Hacía 20 años atrás, Vegeta III había pensado en casar a Lady Nion con Paragus, para "salvarla" de las habladurías de la gente, pero el rey no pudo soportar la idea de que otro que no fuera él la follara, por consiguiente la envió lejos, al planeta Tech-Tech. Pero en esta ocasión el premio se lo había llevado el inútil de Zorn, que tampoco sabía apreciar a Lady Okra como ella lo merecía. Desterrada en Urón y con un marido al que ni siquiera le importaba.

Se acercaban a la atmósfera del planeta. Lady Okra dejó de leer el libro que tenía en las manos y sus pupilas reflejaron la belleza de la esfera saiyana en sus ojos. Azul con tonos celestes en una mezcla de turquesa y otros colores que no podía definir. Su planeta era especial. La atmósfera cambiaba de tonalidad según la época en la cuál se encontraban. En tiempo seco, el astro adquiría un color rojo cobrizo debido a la escasa vegetación y tierra árida, pero cuando la lluvia tocaba la tierra, todo reverdecía y se volvía vivo dando una apariencia verdosa y azulada. Dos lunas custodiaban al astro donde habitaban los guerreros más poderosos del universo y se preguntó como sería todo ahora, sin el hombre que había amado una vez. Y también odiado. Tuvo varios embarazos del finado soberano, pero nunca llegaron a término, le dio al menos 2 hijos, pero nacieron muertos. "Tan bella pero tan seca", le dijo una vez el príncipe Tarble. Podría jurar que alguna maldición le habían tirado, pero eso ahora era el pasado.

—¡Atención! Su majestad el rey Vegeta IV —gritó el soldado en la pista.

Los guerreros se cuadraron cuando vieron al rey junto a su séquito cerca del área donde acababa de aterrizar la nave proveniente del planeta Urón. Vegeta de pie miraba atento mientras poco a poco se abría la compuerta. Su capa flameaba con el viento mientras aves sobrevolaban alrededor del imponente castillo. Su prometida oficial, lady Nyu a su lado, estaba ansiosa por volver a ver a su tío.

Zorn al costado de ambos, seguía con mirada atenta. Su esposa regresaba luego de varios meses separados y aún así no reflejaba emoción alguna. No sentía nada. Kakaroto seguía de pie del otro lado del soberano, pues Bardock estaba en una misión que le había sido asignada y que de paso le ahorró la desagradable sensación de volver a ver a un "resucitado" Nappa.

Shitsuji detrás del rey miraba todo a su alrededor y se intrigó por la presencia del príncipe menor que se encontraba ahí, en la misma escena, acompañado de su amigo de andanzas, Turles, sobrino del veterano general y hermano gemelo de Nyu.

Dentro de la nave, Okra vio como se abría la compuerta. Nappa le dio la mano para ayudarla a bajar.

—Lady Okra, gracias por todo. Siempre le estaré agradecido —dijo el guerrero mirando a la mujer sonreírle.

—Gracias a ti Nappa, al menos se que tengo un amigo fiel —respondió ella.

Okra caminaba junto al fornido y calvo saiyano, mientras ambos recibían vítores por parte de los oficiales que se sentían contentos por la llegada de su general. Aquello les subió el ánimo luego de que el rey había sido traicionado y asesinado por los demonios del frío.

—Vaya, parece que Lady Okra se ha puesto más bella durante los cinco años que estuvo en ese planeta —expresó Kakaroto con una sonrisa. Comentario que desagradó a Nyu.

—¿Por qué será que de tu boca siempre salen impertinencias? —le reprochó con expresión molesta la prometida del rey — Esa mujer es lo de menos en este momento… Lo importante es que mi tío ha vuelto con vida.

Vegeta no dijo nada, pero Kakaroto tenía razón, pensó en silencio. Ella seguía igual de agraciada. ¿Cómo lo iba a olvidar? Si fue con Okra con quien perdió la virginidad cuando tenía 14 años y ella 17. Ella había sido la primera mujer por la cual se excitó y con la cual tuvo sus primeros encuentros sexuales. Para él no se trató de amor en lo absoluto, pero sí una fuerte atracción física. No obstante luego, su padre se encaprichó con su belleza, tanto que terminó llevándola a su cama y casándose con ella. Nunca supo si su progenitor se había enterado de aquella relación clandestina que ellos tuvieron, y tampoco le interesó saberlo.

Zorn podía adivinar lo que cruzaba por la mente de Vegeta y de Okra en esos instantes. El hecho de tener a la llamada "belleza saiyana" como esposa no significaba nada para él. Ella había sido una mujer que pasó por la cama de los dos reyes Vegeta, y para sus adentros aunque nunca se lo hubiese mencionado a ella, él estaba seguro que Okra había estado enamorada tanto del padre como del hijo. Por eso la veía solo como un trofeo de consolación.

Turles no sabía que estaba haciendo él mismo allí parado, sentía que en ese lugar estaba perdiendo el tiempo mirando a su tío mandón y a la zorra de los reyes, en vez de emplearlo en otras cosas más productivas. Todos sabían que el matrimonio de Zorn y Okra era una farsa. Podría apostar en el bar donde acostumbraba a ir a cogerse un par de putas, que esa golfa todavía sentía algo por su futuro cuñado, el nuevo rey, y no por el perro guardián que tenía ella por marido. Pero en esta ocasión con su hermanita por un lado y la esclava científica por el otro compitiendo por Vegeta IV, sabía que la pintora quedaría relegada. Se cruzó de brazos aburrido, miró de arriba abajo a esa mujer. Quizás con suerte algún día podía darle una buena revolcada a Okra y hacer que se olvidara de todos sus amantes del pasado.

Tarble no supo cómo hacer para aguantar las ganas de bostezar. Quería que aquello terminara rápido. A la distancia veía a su hermano poner las condecoraciones tanto a Nappa como a la antigua puta del difundo rey. Detestaba a esa mujer que había reemplazado a su madre en el corazón de su padre, siempre creyéndose superior al resto cuando no pasaba de ser un agujero con piernas en donde su progenitor se divertía. Podía mandar a destruirla si así lo quería, pero primero quería saber de qué lado iba a estar luego de que se diera cuenta de que su hermano mayor ya no sentía ningún tipo de ganas hacia ella debido a la presencia de la estúpida terrícola.

Mientras Nappa era condecorado, Okra miró a su alrededor. Allí estaba su marido Zorn, tan callado como siempre. La saludó de lejos haciendo una venia, y ella correspondió a su cortesía de la misma forma. Vio también a un hombre parecido a Bardock, imaginó que debía ser su hijo menor, pues el mayor era mas parecido a Gine. En la pista estaban los gemelos sobrinos de Nappa, esa ordinaria de Nyu y el bueno para nada de Turles. A su lado el pequeño Tarble. Había crecido, pero su mirada gélida sobre ella le decía que aún no le caía bien al inútil consentido. Shitsuji su suegro, también le hizo una reverencia a la distancia. Su cabello antes negro ahora totalmente encanecido por los años, pero su semblante era el mismo. Al parecer habían cosas que nunca cambiaban para bien o para mal.

Pudo seguir rememorando muchas cosas más, el rey Vegeta, a quien había llegado a querer y luego a aborrecer ya no estaba. El karma ciertamente existía. No obstante miró hacia su izquierda y pudo verlo luego de mucho tiempo lo único que logró descolocarla a pesar del tiempo, Vegeta IV.

Después de condecorar a Nappa, Vegeta se acercó a la mujer y le colocó una medalla. Okra podía notar cómo él había cambiado. Su corazón se aceleró ante la presencia imponente del saiyajin real. Ya no era aquel muchacho que conoció siendo adolescentes; tampoco con el que perdió su virginidad cuando ella tenía 17 años y él 14. Vegeta IV, ese mismo que no volvió a ver cuando dos años después se casó con su padre cuando el príncipe tenía 16 años y ella acababa de cumplir los 19. Él se había ido de misión por varios años a otro planeta para regresar tres años después, y una vez de regreso, se volvió a despedir de él cuando se casó con Zorn y fue mandada de embajadora al planeta Orión. En ese entonces él tenía casi 20 y ella 23.

Ahora él era todo un hombre de 25 años. Un hombre extremadamente apuesto que había logrado nuevamente remover algo muy profundamente dentro de ella. Algo que debía e iba a enterrar muy hondo para tratar de mitigarlo como todos estos años. Ya ella tenía los reportes de que él estaba comprometido con Nyu, y que además tenía una esclava muy bella con la cual había procreado un hijo. La sobrina de Nappa no le interesaba para nada a Okra. Vegeta era demasiado hombre para una sanguijuela como Nyu, pero la esclava era a quien quería conocer. Deseaba saber quién era la mujer que había logrado enamorar a su querido rey.

.

.

Los días iban pasado rápidamente. Tanto la científica como Vegeta habían cumplido en su respectivo mes, un año más de vida. Ahora él de 26 años y ella de 18.

Bulma había tratado de mantenerse al margen de las noticias referentes a los preparativos de la boda de su rey con la odiosa saiyana. Aunque había hablado con él, aunque había entendido las razones y aunque se prometió a sí misma no sufrir por el hecho de que él ahora tendría una esposa legítima. En el fondo le dolía. Con el pasar de las semanas y conforme se acercaba el día de la celebración ella se sentía más hundida moralmente. No podía evadirlo para siempre, era mujer y su orgullo se sentía lastimado. Sentía que los celos carcomían su pecho de tan solo imaginar que esa tipa pusiera sus manos sobre Vegeta. Pero… dormir cada noche en los brazos del hombre que amaba, cuidar de Trunks viéndolo crecer conforme avanzaba el tiempo y notar que su vientre se ponía más prominente, le hacía recordar el objetivo principal del por qué había consentido ese matrimonio.

Comprendía que si quería forjar un futuro seguro para ella y sus hijos tendría que soportar muchas cosas que por una u otra razón eran parte de la cultura saiyajin. Debía ser madura. Tenía que entender que no podía simplemente imponer sus propios valores y tradiciones terrícolas en un planeta ajeno, donde sus creencias eran absurdas y no tenían cabida, aunque quisiera cambiar las cosas. No quería terminar como las mujeres de los anteriores reyes. Según le había contado Gine, por sus malas decisiones ellas ó habían muerto ó habían terminado exiliadas lejos de Vegitasei. Gine nunca había querido darle detalles sobre ellas, solo se limitaba a tomarlas de referencia para advertirle que no podía ser impulsiva, ni dejar que sus celos o la ambición la cegaran. Debía tener el corazón caliente pero la mente fría. Tenía que pensar muy bien en todas las posibilidades antes de tomar decisiones que pudieran repercutir tanto en ella, sus hijos y su padre que solo la tenía a ella como apoyo. Si ser la mujer de un oficial élite del ejército es difícil, imagine lo que es ser la mujer del rey. La vida en el palacio no es fácil, señorita Bulma, hay conspiraciones, trampas y traiciones de quien menos se espera… aconsejaba Gine.

Algún día tendría el tiempo para conocer bien la vida de las antiguas reinas, concubinas y cortesanas. Quizá si supiera más sobre ellas comprendería mejor las tradiciones del planeta rojo. Bulma sabía que para lograr lo que deseaba tenía que apoyar a Vegeta. Él confiaba en ella. Confiaba en que era inteligente y que antepondría la razón antes que sus celos, que, aunque fundados, tenía que ser astuta para poder triunfar.

La noche era fría. Podía escucharse los truenos muy cerca, se veían como los relámpagos alumbraban la estancia de vez en cuando. La lluvia era amena. Desde la tarde que estaba cayendo el aguacero y ahora que se despertaba no había menguado. Jaló las sábanas para cubrirse aún más, de pronto se dio cuenta que estaba sola en la cama. Entre las penumbras buscó con la mirada a Vegeta. Estaba en la recámara del rey, no en la que había usado el soberano fallecido, sino en una nueva, más grande y cómoda que él había mandado a construir y acondicionar de acuerdo su gusto. Vegeta se había mudado en cuanto tomó posesión legítima del trono. No quiso usar la vetusta recámara real que habían utilizado tanto su padre, como los demás reyes pasados, sentía que aquel estilo ostentoso, con muebles de oro y tapizados de terciopelo no eran lo suyo.

La alcoba real de Vegeta IV era diferente, completamente lujosa per sin llegar a ser chocante a la vista. Al entrar lo primero que se encontraba era una sala sumamente espaciosa con sillones de fina tela y una chimenea. Pasando la estancia había una entrada en forma de arco que daba acceso a la zona principal, donde estaba la enorme cama, tras ésta le seguían los hermosos ventanales y una puerta de vidrio que al abrirse daba acceso al balcón con vista a la ciudad. Al pasar hacia el otro extremo de la sala había una puerta interna color rojo vino con cerradura dorada que daba hacia un pasillo dentro de los mismos aposentos, en éste habían tres puertas de madera de roble. Al abrir la puerta de la derecha estaba un despacho cómodo donde se podía leer o simplemente meditar, seguía la puerta de en medio en cuyo interior se encontraba la ducha, un baño sauna y más al fondo una pileta de mármol que parecía tan grande como la misma habitación. Y por último al abrir la puerta izquierda, se hallaba una especie de terraza con vista al horizonte montañoso, desde donde también se podía apreciar la vista de las dos lunas que orbitaban Vegitasei. Aquel lugar también incluía un comedor especial para desayunar en exteriores.

A pesar de que todo era grande, los acabados y las decoraciones eran minimalistas y mucho más sencillas que las del antiguo rey y sus antecesores. Aquella otra alcoba que había pertenecido a Vegeta III permanecería cerrada, guardando dentro los recuerdos de quien un día la habitó.

La peliazul pasó su vista por cada rincón visible pero no lo vio. Suspiró profundo deslizándose sobre el colchón para con algo de esfuerzo quedar sentada en la cama pues su embarazo ya estaba bastante avanzado. Al girar la cabeza pudo verlo cerca del ventanal que daba hacia el gran balcón. Él estaba de pie observando la lluvia caer a través del cristal. Bulma se levantó calzando sus pies con las pantuflas al lado de la cama, se colocó su bata sobre su cuerpo desnudo mirando la hora en el reloj de la mesita de noche y caminó hasta él. Se quedó a un paso del rey vacilando. Era cerca de las tres de la madrugada ¿Qué haría él despierto a esa hora? Dio otro paso y lo abrazó por la cintura desde atrás recostado su cabeza en la espalda del saiyajin. Se quedó ahí quieta, disfrutando de la calidez que desprendía el cuerpo del hombre.

—Vuelve a dormir —dijo él después de unos minutos recibiendo el abrazo de la terrícola y sintiendo en su espalda la dureza del crecido vientre de la mujer. Apartó las manos de ella de su cuerpo y se giró para verla.

—¿Sucede algo? —preguntó Bulma extrañada, la expresión de él le decía que no todo estaba bien.

—No tengo sueño.

—Es por… —la científica mordió su lengua antes de continuar, no quería hablar del tema ahora, pero la tensión se sentía en el aire y sabía que era por esa maldita unión que se llevaría acabo más tarde ese día.

—Debes confiar en mí —expresó Vegeta notando la duda en los ojos turquesa de la humana. Él la quería a ella y eso no cambiaría, aunque tomara a Nyu como esposa, aunque por derecho tuviese que acostarse con la saiyana, quien le importaba era su humana. Nyu solo significaba un compromiso de estado.

—Lo hago, pero no confío en ella —respondió la ojiturquesa alzando su mano para ponerla en la mejilla del saiyajin que la observaba con determinación —Si con el tiempo cambiaras de opinión conforme vayas tratando a esa mujer, yo no podría soportarlo —añadió apretando sus labios cuando sintió un nudo en la garganta que le hizo doler al tragar.

—No significa nada, es solo un peón del cuál dispondremos para conseguir lo que hemos planeado —respondió con seguridad. Ella sonrió, lo amaba y lo apoyaría mientras él la quisiera en su vida. Lo abrazó y esta vez él le correspondió. Minutos después regresaron a la cama para volver a dormir.

.

.

Eran casi las cuatro de la tarde de ese día. Vegeta le dijo esa mañana que ella debía estar presente en la ceremonia. Se sintió nerviosa inmediatamente. Había ocultado su embarazo durante ocho meses, nadie en todo el planeta a parte de su corte sabía que ella esperaba otro bebé. Muchas preguntas pasaban por la mente de la ojiturquesa ¿Y si atentaban nuevamente contra ella? Aunque el rey haya muerto aún tenía enemigos, Tarble y Nyu estaban entre esos. No podía confiar en que ellos no intentaran dañarla a ella o a sus hijos. Pero su rey le había prometido la mayor seguridad, él estaría con ella y era la mejor protección que podría tener. Por otra parte, no solo estaba ansiosa por mostrarse ante todos con su estado gestante, también quería evitar presenciar la unión, pero él le había dicho que era imprescindible su presencia. Tenía que estar allí.

Se puso de pie cuando Gine terminó de peinarla, había decido cortarse nuevamente su larga cabellera, ahora lucía una melena completamente lisa hasta un poco arriba de los hombros y llevaba flequillo. Caminó hasta la cama donde su vestido estaba extendido. El rey le había enviado el presente no hacía mucho. Sonrió al mirarlo pasando su dedo índice por sobre la textura de la tela, estaba bordado con pequeños cristales de la cintura hacia abajo, era de color rosa palo, las mangas eran de una tela fina transparente decoradas con la misma pedrería fina. Llamó a las criadas para que la ayudasen a vestirse, dentro de poco comenzaría la ceremonia.

—Usted se ve muy bella —le dijo Gine una vez la peliazul estuvo arreglada.

—Gracias. No tengo la mejor figura, pero al menos se que me veo agradable a la vista.

—Su guardia real está aquí señorita Bulma —comentó una de las criadas que entró minutos después a la habitación con el pequeño príncipe ya de nueve meses de edad en sus brazos. Trunks estaba elegantemente ataviado, lucia el atuendo que usaban los niños saiyanos, incluso unas pequeñas hombreras de la cual pendía su capa real en color blanco del mismo tono de sus botas. A esas alturas ya caminaba con más soltura por lo que era sumamente inquieto. El niño, como príncipe heredero debía estar también presente.

La terrícola sonrió al ver cuán parecido era el hijo al padre. Seguiría contemplándolo hasta que recordó que alguien venía por ella.

—Dile que entre, necesito hablar con él —respondió la peliazul apresurada acomodándose el broche que Vegeta le había regalado a un lado de su cabello.

—Señorita Bulma —saludó el saiyajin entrando en la estancia reverenciándola, para luego con una sonrisa saludar al Príncipe Trunks.

—Raditz, necesito saber qué está pasando, el rey no me dijo nada ¿Por qué debo estar presente en esa ceremonia? —cuestionó tomando en sus brazos a Trunks, quien la halaba por el vestido.

—Realmente no lo sé, también me tomó por sorpresa —contestó serio. La peliazul lo observó severa, seguramente él sabía algo y se lo estaba ocultando. En todo caso no tenía tiempo para averiguarlo. Le entregó el bebé a Lan Fan, aunque quisiera cargarlo ella misma no podía, su abultado abdomen pesaba demasiado y salió de la recámara junto a su corte tras ella.

Sus ojos negros se sorprendieron al divisar a lo lejos una cabellera turquesa. Estaba ahí parado odiando el hecho de que Vegeta se coronó rey dos meses atrás. Todos sabían que él era el heredero al trono y que un día ascendería para tomar posesión, creyó estar preparado para ello, pero no, no lo estaba ni lo estaría. Desde la muerte de su padre Paragus a manos del príncipe hace muchos años, se juró a sí mismo vengarse. No había desistido de ello, y con esa idea en mente se acercó muchas veces a la esclava preferida del infeliz que ahora era su soberano. Pero en el fondo él sabia que esa mujer le encantaba. La deseaba desde el primer día en que la vio, y al tratarla después, empezó a aflorar en él una especie de amor devoto.

Hacía meses que no veía a la terrícola, incluso se preguntaba si seguía en Vegitasei. La había extrañado con locura, y por más que preguntó por ella, nadie le daba una respuesta creíble. Muchos rumoraban que Vegeta la había exiliado a algún planeta lejano con la intención de protegerla. No estaba seguro, pero ahora que la veía aproximarse algo en él se removió. La humana estaba aún más hermosa si es que eso era posible, su rostro de facciones delicadas, esa piel lechosa que parecía seda y esos labios rosas que solo invitaban a la perversión.

Pero hubo algo que llamó su atención cuando ella se detuvo a dos metros de él. Su mirada azul lo observó con asombro y él la vio de la misma manera cuando sus ojos oscuros bajaron quedándose fijos en el abdomen abultado de la muchacha.

—¿Broly? ¿Qué haces fuera del salón de eventos? —preguntó ella forzando una sonrisa. Nunca imaginó verlo por los pasillos, la unión debía estar llevándose acabo dentro del recinto al que se dirigía, y aunque se había preparado mentalmente para mostrar su embarazo a todos, le sorprendió de igual forma encontrarse al soldado.

—Señorita —saludó bajando la cabeza en una especie de reverencia. La había echado mucho de menos, en realidad, había extrañado todo de ella. Bulma lo miró por un instante, él pareció vacilar en sus palabras y en sus actos —Hace mucho no nos vemos —agregó irguiéndose para dirigir su vista hacia el vientre de la muchacha.

—Lo sé, he estado cuidado de mis hijos —respondió inclinando el rostro para ver a Trunks a su lado que era cargado por Lan Fan, acarició con ternura el rostro del bebé y luego llevó esa misma mano a su vientre.

—¿Cómo es posible que estés en ese estado otra vez? —bramó alzando la voz viéndola directamente. La molestia se había instalado en él al notar la sonrisa de satisfacción en ella cuando mencionó a sus hijos ¿Es que acaso era estúpida? Ella era una humana. Para los bandos más conservadores era solo una ¡Maldita terrícola! A la que el pueblo saiyano jamás aceptaría y mucho menos a los bastardos híbridos que le estaba pariendo a Vegeta. Bulma era una mujer de belleza extraordinaria que podía tener al saiyano que quisiera. Un saiyano que no fuera el rey, alguien más "normal", que no llamase la atención, o que no fuera el centro de conflictos con las responsabilidades de un planeta a sus espaldas. Alguien como él. Que la amase sin hacerla pasar por las humillaciones de la corte, del consejo, o del ejército. Estaba convencido de que el futuro de la terrícola con el monarca era inserto, pero aún así ella seguía con él ¿Es que no tenía dignidad? Él podía ofrecerle una vida tranquila y alejada de las intrigas, y hacer mucho más por ella de lo que ese arrogante rey haría. Si tan solo la hembra lo aceptara podría llevársela lejos, pero no, la tonta estaba empeñada en seguir siendo la puta del rey —¿¡Por qué lo permitiste!? No sabes todo lo que te espera —agregó lleno de ira.

—Broly, ¿Qué te sucede? —preguntó la científica poniéndose seria. Lo vio aproximarse con determinación hacia ella, se veía extraño, su mirada no era nada amigable. Su corazón latió con fuerza ante el raro comportamiento del saiyajin. Pensó que incluso podía llegar a sobrepasarse y cerró sus ojos por reflejo.

—¡No te acerques Broly! —interfirió Raditz.

Para la científica todo pasó tan rápido que solo pudo percibir la mano de Gine halarla para ponerla tras ella. Abrió los ojos para ver lo que sucedía y pudo notar a todos los miembros de su corte rodearla, Raditz y Gine se habían puesto al frente. Más atrás saltó Fasha, que era parte de sus escoltas, para resguardar al príncipe Trunks siendo cargado por Lan Fan quien se encontraba tras Bulma, del otro lado le seguían sus sirvientas.

Broly tenía fama de ser impulsivo y se decía que cuando la rabia lo dominaba perdía el control y era muy difícil de detener. Por algo había sido parte de uno de los ejércitos élite. Cuando Vegeta se enteró que al soldado gustaba de su esclava, lo envió a misiones lejos del planeta para mantenerlo a raya, pero el difunto rey se dio cuenta de los conflictos internos y no queriendo prescindir de los servicios de un guerrero tan notable como el hijo Paragus, no mucho antes de su fallecimiento, lo había reintegrado al palacio como guardaespaldas personal del príncipe Tarble.

—¿¡Cómo te atreves a hablarle así a la favorita del rey!? —le gritó Gine mirando al saiyajin con rabia.

—No le estoy hablando a usted, señora Gine —respondió el saiyan de forma tosca— Y tampoco ésto te incumbe Raditz. Los dos son una decepción. Ninguno ha podido aconsejar bien a la señorita —agregó mirando esta vez a la humana —¡Todos son unos inútiles!

—¡Qué dijiste, mal nacido! —gritó el saiyajin de largo cabello.

—¡Raditz, no interfieran! —exclamó la ojiturquesa empujando al hijo mayor de Gine por el hombro.

Broly casi había llegado a ella, pero Raditz no se movió de su posición, estaba dispuesto a irse a golpes contra él si insistía en acercarse a la humana. Cerró sus puños dispuesto a atacarlo, cuando Bulma salió de atrás parándose a su lado.

—¡Broly pensé que éramos amigos! ¡Cómo te atreves a insultarme de esta forma! —chilló colérica sosteniendo su gravidez, se sentía cansada al elevar la voz debido a su avanzado estado de gestación. Incluso el bebé dentro se su vientre se movió intranquilo.

—¿Agredirte Bulma? ¡Jamás lo haría! Preferiría cortarme la mano antes de hacerte daño. Solo intento ponerte en sobre aviso. Lo que viene para ti no es fácil, y embarazarte de nuevo ha sido un error que lamentarás —respondió el saiyajin mirando a la muchacha. Sus ojos eran fuego intenso. Percibió una especie de dolor en su pecho que no supo describir, él quería a esa mujer para él desde hacía mucho, pero la muy imbécil solo tenía ojos para el estúpido Vegeta. Se sintió traicionado.

—Apártese señorita Bulma, yo puedo arreglar esto con Broly.

—¡No Raditz! Esta vez no voy a quedarme tras ustedes para ver cómo me defienden. Yo puedo arreglar esto por mi cuenta —expresó furiosa acercándose a Broly que cambió su expresión rabiosa a una sorprendida. La miró por unos instantes. La figura menuda de la hembra aún no desaparecía pese a su enorme vientre, seguía siendo la más bella de todas aún en su estado.

—Alguien debe decírtelo —comentó el soldado sin apartar la vista de ella —Él no te quiere, solo te usa para saciarse de ti. Tú eres una científica que debes estar en los laboratorios, no en su cama.

—¡Basta! Se que me aprecias y te lo agradezco, pero mi vida no es tu asunto. Si Vegeta se entera de esto tendrás muchos problemas.

—¡No me importa lo que él quiera hacerme! Lo que me preocupa es lo que pueda hacerte a ti ¡Solo te usa para su placer! —respondió el guerrero fuera de sí.

—¡Cállate! No eres nadie para juzgar sobre mi relación con Vegeta —interrumpió sus palabras la científica dando otro paso hacia él, quedando a menos de medio metro de distancia. Lo vio curvar sus labios en una sonrisa burlesca que le hizo hervir la sangre.

—Bulma, mira a tu alrededor. Ese miserable se está casando con otra y tú no te das cuenta de que eso te reduce ante los demás a ser solo la puta del r… —no había terminado de pronunciar su última palabra cuando un golpe seco resonó en el pasillo. Los presentes abrieron los ojos con asombro ante la escena. La palma de la peliazul se había impactado contra la mejilla derecha de Broly.

—¡Vete Broly! ¡Lárgate! ¡No quiero verte! —gritó con los ojos cristalinos. Él había tocado una fibra demasiado sensible. La había dañado.

—¿Qué pasa aquí? —todos escucharon la voz y vieron a Kakaroto aproximarse a ellos.

—Nada, aquí ya terminamos —dijo ella pasando al lado del saiyajin que se quedó estupefacto ante la reacción de ella. Nunca ninguna mujer se había atrevido a ponerle una mano encima, ni siquiera una guerrera saiyajin —Solo tuvimos unas diferencias, pero Broly ya se va.

El séquito siguió su camino tras la humana. Broly la observó de lejos aún sintiendo su mejilla arder. Ella sabría sobre él muy pronto.

Al cabo de unos minutos Kakaroto que iba junto a la científica insistía en preguntar sobre el incidente. Bulma seguía andando, pero de repente se detuvo un instante sin quitar la vista de enfrente.

—Les prohíbo a todos que le digan al rey lo que acaba de suceder. Y eso te incluye a ti, Kakaroto. Yo después hablaré al respecto con su majestad.

—Pero Bulma, sabes que mi deber es…

—¡Kakaroto! —aseveró Gine —¡Ya escuchaste lo que se te ordenó! Este asunto es personal y no te compete.

—Sí, señora —indicó derrotado. Cuando su madre lo callaba no había vuelta atrás.

Siguieron caminando hasta llegar al final del pasillo. La peliazul se detuvo un momento y respiró hondo antes de entrar a la antesala del salón de eventos, se sintió descompensada. Con todas sus fuerzas retuvo las ganas de derramar las lágrimas que bordeaba sus párpados. Kakaroto se acercó a ella poniendo una mano en el hombro de la humana.

—Bulma…

—¿Para qué demonios me hicieron venir aquí? ¿Para humillarme? ¿Vegeta quería que mirase cómo se casaba con esa estúpida? —sus palabras salieron cargadas de dolor, lo que Broly dijo en parte era verdad y le dolió más de lo que debió permitirse.

—No es así, su majestad ha hecho todo lo que está en sus manos para darte un lugar —respondió serio apartando su mano del cuerpo de la terrícola.

—¿A qué te refieres?

—Escucha —dijo mirando por la puerta hacia el tabernáculo donde se llevaba acabo la unión entre el soberano y la guerrera.

Bulma alzó la vista mirando a la pareja, Nyu estaba sentada al lado del rey, lucía muy elegante con un traje obscuro y armadura blanca, también usaba una capa blanca y su melena estaba recogida. Llevaba un par de guantes largos que cubrían sus manos y brazos hasta los codos, un brazalete colgante rodeaba su brazo derecho dándole un aspecto de realeza.

Bulma apretó los puños por la rabia, quería irse de allí, pero en ese instante puso atención a lo que estaba diciendo un saiyajin que terminaba de darle lectura al pergamino en sus manos.

—… Y así, se declara a la Lady Nyu, esposa de su Majestad el Rey Vegeta IV, otorgándole el título de Honorable Consorte y por ende "Su Alteza Real, Princesa de Vegitasei".

Nyu que había esperado por muchos años el momento, creyéndose a pocos minutos ser la reina del planeta, borró su sonrisa girando su vista hacia el anciano que leía el precepto. El hombre dejó el documento a un lado y cogió en sus manos la corona que usaban las consortes reales para aproximarse a la guerrera.

Nyu volvió su mirada al rey ¿Qué clase de broma era esa? Ella era una guerrera élite, con muchos favores políticos que ayudarían al imperio ¡Esperaba ser coronada reina!

—Felicitaciones princesa de Vegitasei —dijo el hombre colocando la corona sobre la cabeza de la femenina.

—¿Su majestad? —murmuró ella entre dientes esperando que la lectura del dictamen fuera un error. Él simplemente asintió. La saiyana apartó la vista del saiyajin, se sentía diminuta e indignada. Entonces posó su mirada en su tío Nappa, pero no hubo reacción. Él ya lo sabía. Recibió la corona de mala gana sin cambiar su expresión de enfado.

Vegeta no era estúpido y le había explicado en su despacho antes de la ceremonia y con pruebas en mano que los médicos le habían informado al revisar el sistema reproductor de su sobrina meses atrás, que ella debería someterse a ciertos tratamientos para poder tener hijos, pues se le dificultaba ovular y un rey necesitaba descendencia ¿Cómo era posible que se la había escapado un detalle tan importante al consejo? Obviamente no era un error. El difunto rey ayudó a ocultar tal hecho.

Nappa estaba molesto. Nyu nunca le había dicho una palabra sobre ese bochornoso asunto, y sabía que Vegeta IV no mentía con algo tan serio. Los documentos médicos que leyó eran contundentes. ¿Acaso esa chiquilla pensó que podía engañar al nuevo rey?

Nappa entendió que debía aceptar las condiciones. No iba a permitirse perder los nexos con la familia real y mucho menos pasar una vergüenza de esa índole con los demás guerreros, y menos frente al imbécil de Bardock que siempre esperaba la menor oportunidad para doblegarlo, ya que intentaba quedarse con su puesto de general del ejército.

—Rey Vegeta ¿Qué significa esta humillación? —le preguntó disimuladamente Nyu en voz baja.

—¿Acaso crees que no me enteraría de tu problema para gestar? —respondió también en voz muy baja y mirando hacia el frente, tratando de disimular y evitando mandarla al demonio ahí mismo —Mi padre ya no está aquí para usarte como instrumento con la finalidad de someterme a sus caprichos.

—Su majestad, yo...

—Te estoy ofreciendo más de lo que te mereces. Lo hago por tu familia, ellos han servido al imperio por generaciones —respondió sin dejar de mirar a la audiencia – Y además porque eres una excelente guerrera en batalla. No deseo rechazarte, pero si no te gusta lo que te ofrezco dejaré ésto hasta aquí y mañana le daré este título a Apricot, ¿Es lo que quieres?.

Nyu se sintió descolocada. Él había descubierto todo. Sabía que ella debía someterse a tratamientos de fertilidad para poder engendrar. Sintió querer salir corriendo del lugar. En el fondo él tenía razón. Si el consejo se hubiese enterado Apricot hubiera sido la elegida como esposa del rey. Pero ella jamás lo iba a permitir. Después vería la forma de arreglar todo y darle hijos a su ahora esposo.

Miró entonces a los invitados, entre ellos a Apricot, luego observó cómo unos cuantos murmuraron, también lo hicieron algunas de sus compañeras presentes. Ellas sonrieron con burla. Caulifla y Kale no desaprovecharon la oportunidad para menospreciarla con su expresión de lástima hacia ella, ¡Pero no!, ¡No les iba a dar el gusto de verla derrotada!

Disimuló su enojo, puso su mejor sonrisa y empezó a saludar a todos con su mano enguantada. Al menos ese título no lo tenían ni la inútil de Apricot ni la zorra terrícola.

El rey de pie a su lado tomó su mano entrelazando sus dedos, elevaron ambas manos unidas como el protocolo lo exigía.

—He aquí a su Real Majestad Rey Vegeta IV y a su Honorable Consorte, su Alteza, la Princesa Nyu —dijo el anunciador. Los vítores de los presentes ahora de pie no se hicieron esperar.

Bulma afuera hacía un esfuerzo sobrehumano por no llorar. Estaba a punto de irse, pero sorpresivamente Kakaroto le dijo con la cabeza que no.

Cuando el silencio reinó, Vegeta y Nyu se sentaron en sus tronos y la gente volvió a sus asientos. La velada aun no terminaba. El rey le hizo una señal al miembro del consejo y este tomó el segundo documento.

—Ahora pasaremos a la lectura del segundo decreto —expresó el anciano tomando otro pergamino que estaba sobre el podio.

—Cuando él lea el siguiente decreto, debes entrar Bulma, llevando de la mano al príncipe Trunks —murmuró Kakaroto para la peliazul. Ambos aún seguían en la antesala.

—¿Qué? —Kakaroto mantuvo su mirada al frente observando lo que sucedía y ella desvío la mirada del saiyajin hacia la misma dirección. Miró a Vegeta recibir el documento en sus manos y ponerse de pie.

—Atenta —respondió el saiyajin con una sonrisa.

—Tal como lo establece la Constitución de la Monarquía Saiyajin, sobre el derecho del Rey a la designación de Títulos Nobiliarios a las damas del Harén Real que le hayan dado prole, basado en el artículo 72, se otorga a la señorita Bulma Briefs, de 18 años de edad, originaria del Planeta Tierra, madre de mi primogénito el príncipe Trunks, el título de Lady Bulma, Concubina Real del Rey Vegeta IV, proporcionándole todos los privilegios que a su título corresponde —Vegeta alzó la mirada hacia la entrada y vio su amada caminar a través del recinto acompañada del pequeño príncipe, quien ya daba pequeños pasitos agarrando la mano de su madre siendo ayudado por ella.

La peliazul que escuchó cada palabra de la boca de su rey quiso incluso llorar de felicidad. Contuvo sus sentimientos y caminó hacia él junto a su hijo mostrándose segura.

Vegeta sintió en ese momento una dicha indescriptible dentro de su corazón y por un segundo pensó que, si moriría algún día en una batalla, todo lo que quería ver en su mente antes de sucumbir ante la muerte, era precisamente ese momento, la imagen de la única mujer que amaba caminando hacia él.

El ambiente estaba tenso, solo se escuchaban los murmullos de la gente.

—Miren el color del cabello y la cola de ese niño —susurraban algunos.

—Y encima esta preñada de nuevo —escuchó decir a otros en voz baja mientras avanzaba.

Bulma no miró a nadie a su alrededor, solo se concentró el rostro estupefacto de Nyu cuando los ojos de la guerrera cayeron en su vientre. Ese era el mayor regocijo para la científica.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Espero que c/u de ustedes se encuentre bien en sus hogares, deseándoles lo mejor en la cuarentena.

¡Por fin he podido actualizar! Agradecida enormemente con mi beta, sin ella no podría encontrar inspiración para escribir. Siempre me presiona para que mueva mis dedos xd. Te quiero mi bella Cindy.

¿Qué puedo decir con respecto al cap? Sé que muchas esperaban que Vegeta renunciara a la corona, que no se casara con Nyu o que simplemente matara a todos v: Pero sin todo eso no tendríamos historia :P

Ahora Bulma es la segunda mujer más importante (con respecto al poder que tiene dentro del harén) pues obtuvo un título nobiliario. Nyu no la tendrá fácil ya que no logró del todo lo que ella quería, ser coronada reina.

Ahora vuelve Nappa y se agrega Turles como hermano gemelo de Nyu, él jugará un papel importante con una sorpresa que no esperan buajaja xd

Y ya se enteraron de quién es el nuevo bebé que está por nacer :D

Espero que les haya gustado y no olviden dejarme sus comentarios o dudas que con gusto respondo.

Nos leeremos prontito bebés!