Advertencia: Éste capítulo contiene LEMON EXPLÍCITO. Lee bajo tu propia responsabilidad.


CAPÍTULO XXVII: Príncipe Vegeta Jr.

Miró a su rey extender su palma. Ella se tomó unos segundos para observarlo a los ojos, él le sonrió trasmitiéndole la seguridad que necesitaba para enfrentar el momento. Alzó a Trunks en sus brazos y alzando su mano libre posándola en la de él, ascendieron los escalones junto a hijo. Ignoró el hecho de que todos la observaban, ignoró a cuanto murmuro escuchó, e ignoró completamente a la saiyana que estaba sentada en la butaca junto al trono del rey.

—Con ustedes, la concubina real, Lady Bulma —pronunció Vegeta conduciendo a la peliazul para que se sentara a su lado izquierdo. Era un título real muy codiciado y de una notable antigüedad. La mujer más importante del reino después de la esposa. Lo que la ponía por encima de todas las mujeres del harén, y tan solo a dos escaños por debajo de lo que representaba ser una consorte. Algunas concubinas reales lograron serlo, e incluso pudieron ascender a reinas con el tiempo.

Todos aplaudieron ante el homenaje, algunos por cortesía pues era una extraterrestre ajena a su raza, y otros porque realmente se alegraban de que ella tuviera un lugar dentro de la corte saiyana, entre ellos Kakaroto, Gine, Raditz, incluso Kale y Caulifla, éstas últimas con el único objetivo de hacer rabiar a la engreída de Nyu que observaba los sucesos incrédula desde su posición.

Vegeta se sentó en el trono, con cada una de las mujeres a su lado, y aunque Nyu, legalmente por jerarquía era superior a su terrícola, para él la humana era más importante que cualquier otra que estuviese ocupando el lugar de una consorte real. Le hubiese dado lo mismo si su unión se hubiera llevado a cabo con la sobrina de Nappa o con Apricot. Nunca había estado interesado en ninguna de ellas, aunque las conocía desde que los tres eran niños, su interés nunca fue lo común.

Giró su cabeza para ver a Bulma un instante, ella tenía en sus piernas al príncipe Trunks y en automático sonrió. La belleza de la científica era incomparable, y muchos en el salón lo habían notado. En su vida había visto hembras hermosas, muchas pasaron por su cama, pero ninguna era como ella. La preñez incluso la hacían lucir espléndida. Estaba hipnotizado con su presencia.

A un costado de él, dos escalones más debajo del trono se encontraba el equipo élite del nuevo rey, entre esos Broco, Pumpkin, Kakaroto, y al lado de él se posicionaba Zorn, que ignoraba algo que la mano derecha del monarca le estaba preguntando, pues observaba a Bulma con detalle, dándose cuenta que durante ese último año ella había acrecentado su belleza.

Zorn había reemplazado a Broly en el puesto del equipo élite real. Kakaroto se había enterado de que el hijo de Paragus ahora era el escolta principal del príncipe Tarble, pero que antes de eso Vegeta lo había enviado a misiones lejos del planeta precisamente para alejarlo de su concubina.

—¿Zorn qué diablos te sucede? —preguntó Kakaroto aprovechando que la multitud aplaudía —Te he preguntado dos veces si tu esposa, lady Okra, asistirá al banquete.

—Ehhh… Lo siento. Es que ella…

—¿Ella quien? ¿Lady Okra? —frunció el ceño con curiosidad.

—No estoy hablando de Okra, me refiero a lady Bulma… —respondió Zorn en voz muy baja y con algo de vergüenza —Ella es… exótica.

—Hablas como si fuera la primera vez que la vieras —expresó la mano derecha del rey con indiferencia —Ella ya tiene un año en la corte ¿Acaso no te habías dado cuenta?

—La verdad es que antes la vi solo un par de veces y por corto tiempo, cuando el difunto rey le solicitaba algo pues como todos sabemos, ella trabajó para el laboratorio, pero sinceramente no había reparado mucho en observarla. Siempre la vi como alguien que solo causaba conflictos a su majestad. Pero ahora, viéndola bien…

—¡Viéndola bien, nada! —exclamó Kakaroto también en voz baja —Espero que no comentes con nadie lo que me acabas de decir, y no se te ocurra pasarte de confianzas con la concubina real. Broly se tomó libertades con ella y eso le costó el no estar en el equipo élite del rey. Además de que se ganó la antipatía de Vegeta. Y tú sabes lo que significa caer en desgracia con él.

—Ehhh... Yo jamás haría algo así —respondió Zorn con seriedad –No me compares con ese bastardo.

—Eso espero. Eres un excelente soldado y sería una pérdida que Vegeta prescinda de tus servicios —regañó con el entrecejo fruncido. Nadie podía ver con otros ojos a las mujeres del soberano, y en especial a la concubina terrícola.

Vegeta movió sus ojos hacia el frente cuando los aplausos se detuvieron, se puso de pie y Nyu siguió su movimiento haciendo lo mismo, al igual que La peliazul unos segundos después.

—¡Su majestad se retira ahora! —vociferó el anunciador. Todos de inclinaron ante él para despedirlo. Vegeta bajó los escalones para salir del salón, pero al llegar a la última grada, se giró para ver a Bulma que entregaba su crío a la nodriza que se había acercado a ella para ayudarla junto a los demás miembros que conformaban la corte de la terrícola.

—El rey… —dijo Gine en un susurro advirtiéndole a la ojiturquesa que él estaba por decirle algo pues estaba mirándola fijamente. Bulma que se había distraído un segundo caminó hacia él hasta llegar al final de los escalones.

—Mi rey —respondió con una reverencia.

—Lady Bulma, acompáñame al banquete.

—¿De verdad? —chilló contenta llevando una mano a su boca ante su propio sobresalto.

—Los demás están relegados ésta tarde de sus obligaciones, pueden retirarse —ordenó mirando tanto a los escoltas como a las servidoras de la humana, y despidiéndose de Trunks, que iba cargado por la nodriza.

Bulma se sorprendió por la invitación. Imaginó que la boda que él tendría con Nyu sería todo menos lo que estaba sucediendo ahora. En ningún momento Vegeta prestó mayor atención a la saiyana. Cualquiera con dos ojos funcionales podría ver que aquella tipa estaba en segundo plano para él. Y ella se daba cuenta. La revelación hizo que su pecho se llenara de altanería y sin dudarlo volteó a ver a Nyu que esperaba al lado de Vegeta como una perra sumisa con bozal.

La científica alzó la barbilla y sonrió para Nyu que la miró con rabia e impotencia. Esa maldita estaba robándole a su esposo frente a sus narices y no podía hacer un escándalo en ese momento. Los miembros del consejo seguían en el salón, los escoltas del soberano estaban esperándolo en la puerta y no dudaría en sacarla del lugar haciendo uso de su fuerza si llegaba a descontrolarse. Eso en los menores casos. Vegeta podría enviarla a un calabozo como castigo. Ella no permitiría ninguna clase de humillación. Tampoco le daría el gusto a la golfa terrícola, ni a sus compañeras saiyanas de que tuvieran motivos para burlarse de su persona.

—Gracias su majestad —respondió la científica con una sonrisa colocando su mano sobre la enguantada de él que extendió su palma. Terminó de bajar el último escalón y caminó al lado izquierdo de Vegeta mientras Nyu lo acompañaba del lado derecho.

En el momento en que salían del salón, Bulma tuvo el impulso de voltear hacia el otro costado para darle a esa mujer una sonrisa victoriosa. Era ella a quien llevaba de la mano su marido, era ella quien gestaba su segundo crío en su vientre, y que Vegeta se haya casado con esa haría saiyana no significa que era su fin. Con inteligencia podría apartar a Nyu de su camino y no se detendría, sus hijos tendrían el lugar que les correspondía en el imperio sin importar su sacrificio al soportar las inmorales leyes de ese planeta. Bulma giró su cabeza con la intención de verla, pero sus ojos turquesa no llegaron a ella cuando reparó en él. Detalló al soberano que caminaba a su lado, imponente y sumamente viril. El perfil de su rostro varonil, su cabello peculiar y su intensa mirada que tenía hacia el frente le hicieron erizar la piel. Mordió su labio inferior cuando imaginó las sensaciones de las que disfrutaba cuando estaba en sus brazos. Lo amaba, lo deseaba. Y ese último sentimiento la hizo casi retroceder, aunque sus pies siguieron andando automáticamente. Desvío la mirada y sintió una punzada en su pecho que borró la sonrisa de su rostro.

No pudo evitar preguntarse, ¿Qué sucedería ahora? Iría al banquete, estaría en compañía de él y luego quizá sería enviada a su habitación, pero ¿Qué pasaría con él? Lo sabía, y ni siquiera quiso pensar en ello. Recordó que en su planeta tierra las bodas, fuesen en cualquier parte del mundo siempre terminaban igual. Con los recién casados en la cama. Tragó en seco. De pronto sintió desasosiego y el ambiente se tornó pesado. Iba a inventar una excusa para retirarse cuando él soltó su mano y redujo la velocidad de sus pasos hasta detenerse.

—Llegamos —expresó mirando a la peliazul que asintió desanimada. Entraron al lugar seguidos del grupo élite de Vegeta, y fueron recibidos por vítores por parte de los presentes. Algunos pocos fueron rostros conocidos para Bulma, pero el 95% de aquellos que estaban ahí eran desconocidos.

En el sitio no solo se encontraban saiyanos, también había seres de innumerables razas. Los ojos más curiosos se posaron en su vientre sin disimulo, otros se acercaban entre sí para rumorar entre ellos. Y pese a que al principio sintió temor por exponer su embarazo delante de todos, la presencia de Vegeta a su lado la hizo sentirse segura y protegida. No había ser que osara hacerle daño si estaba con el temido monarca.

Recorrieron parte de la estancia mientras Nyu era felicitada por la unión como era costumbre por parte de sus amistades saiyanas, otros miraban a la peliazul con total asombro ó curiosidad. Así estuvieron unos minutos hasta que llegaron a un punto donde se encontraron con algunos miembros del consejo. Vegeta terminó de conversar con dos de ellos.

—¡Majestad! —una voz femenina llamó la atención desde la distancia —Quiero felicitarlo —agregó al llegar frente al rey el cual asintió sin expresión alguna.

—¿Qué haces aquí, Okra? —fue Zorn, quien estaba detrás junto a Kakaroto, el que respondió al ver la mujer reverenciar al rey —No incomodes a su majestad —dijo con voz firme. Esa mañana habían discutido. Le había prohibido rotundamente que se apareciera en el banquete. No habían pasado mucho tiempo desde su llegada cuando parecía que ya estaba tras el rey.

Para el soldado no fue nueva noticia. Ella jamás quiso casarse con él y él tampoco quería. Pero el monarca fallecido se la impuso como esposa y era tan solo por eso que estaban juntos. Para Zorn, Okra podría volver a revolcarse con el rey actual si así lo deseaba, pero que sus compañeros hablasen de que su hembra era una descarada que había regresado a Vegitasei para ser nuevamente la amante del soberano, era algo que no iba a permitir. Si ella pensaba que podía coger con Vegeta y luego ir y dormir en su cama estaba muy equivocada. Lo mejor era que se separasen. Así cada uno tomaba sus propias decisiones sin llegar a afectar la reputación del otro.

—Okra, tu esposo te hizo una pregunta— le dijo Nyu quien dio un paso al frente quedándose justo al lado derecho de su ahora marido, tratando de ridiculizar a la ex consorte real —Veo que no pierdes el tiempo intentando recobrar tu vida social en el palacio —expresó con sonrisa hipócrita en sus labios.

—Felicidades para ti también Nyu. Solo quise felicitar al rey. No veo nada de malo en eso. Hace algunos años fui su madrastra y tengo todo el derecho de felicitarlo. No creo que conozcas a Vegeta igual que yo —contestó la saiyana de ojos chocolate ignorando las palabras de su marido y las estupideces de Nyu, mientras miraba a Vegeta de forma intensa.

—Te recuerdo, Okra, que para ti, Vegeta es "su majestad", y yo soy "su alteza" —recalcó Nyu casi al borde de la histeria.

Él miró a Okra fijamente mientras tomaba un trago del vino que un sirviente le acababa de ofrecer, como pidiéndole con la mirada que parara todo eso de una vez y se comportara. Nyu esperó una reacción por parte él, pero no hubo nada. Simplemente era como si le diera igual aquello. A la nueva princesa saiyana le molestó que siempre fue así desde niño, era difícil de leer y mucho más complicado saber qué le gustaba o disgustaba. Okra por su parte, siempre había tenido como una especie de extraño dominio sobre el monarca, que algunos podían confundir con respeto o con otra cosa. Lo cierto es que hubo un incómodo silencio, Vegeta tampoco pretendía callar a la temperamental saiyana. Se conformó con apretar la mano de Bulma, para que ella supiera que lo que estaba sucediendo allí no era algo que a él le importarse.

Okra desvío la mirada desde la nueva princesa consorte hacia la otra mujer que acompañaba al rey, y cuya mano él agarraba al parecer sin intenciones de soltarla. La dama tuvo que contener su impulso de expresar con sus gestos la sorpresa que se llevó al observar a la famosa muchacha que se había ganado el corazón de su majestad. Y al parecer su marido, Zorn, también se había quedado impresionado con ella, pues no dejaba de ver a la femenina de ojos turquesa.

Bulma por su parte, detalló la escena calculadora. Se había sorprendido días atrás cuando Gine le dijo que Nappa había sobrevivido al ataque que le hicieron al rey Vegeta III y que no había regresado solo al planeta, sino que había llegado acompañado de una mujer. La ex consorte del rey Vegeta III, y ahora esposa de Zorn que estuvo exiliada en el planeta Urón por órdenes del anterior gobernante. La científica observó de pies a cabeza a la femenina cuando ésta dirigió su mirada a ella después de intercambiar algunas palabras con Nyu. Tal como Gine se lo había informado, aquella hembra, Lady Okra, poseía una increíble belleza, y sumado a eso, había pasado por la cama de dos de los hombres más importantes de la dinastía saiyana. Tanto del difundo rey Vegeta III, como del actual soberano Vegeta IV, cuando éste era príncipe. La tipa era conocida entre los machos como "la belleza saiyana". Gine también le advirtió que quizás ella intentaría acercarse nuevamente a Vegeta, pues habían tenido un pasado que muchos en la corte conocían.

—Disculpa mi distracción —comenzó a decir extendiendo su mano hacia la peliazul que no apartó sus ojos de ella. Bulma trató de adentrarse en la fría mirada de la saiyana, pero era como una barrera impenetrable, aunque se escuchaba cordial no era lo que aparentaba —Soy Lady Okra, esposa del capitán Zorn ¿Y tú eres? —preguntó manteniendo la mano elevada con una sonrisa apenas perceptible pero encantadora. Había algo que hizo desconfiar a la científica que no se fio de esas amables palabras. Desvío su vista unos segundos hacia su amado rey, pudiendo notar que él no observó en ningún momento a Okra, sus orbes obscuras serenas estaban puestas al frente, en un indeterminado punto fijo entre los invitados que se desplazaban por el salón, mientras bebía de su copa.

—Soy la científica Bulma Briefs —respondió en automático sin dejar de pensar en el problema que representaba la llegada de esa mujer.

—Oh, ya veo, eres la terrícola – indicó con asombro. La observó de pies a cabeza analizándola. Esa era la tipa de la que tanto le hablaron sus damas de compañía cuando arribó en el palacio. Ella era la foránea que Vegeta había secuestrado de los laboratorios reales y había forzado a ser su esclava sexual, de la cual se había encaprichado al punto de llevar a su padre a un estado de ira y repudio. Tenía informes de que por ella, el príncipe dejó de visitar el harén. Había pensado que la humana era una mujer hecha y derecha, que tendría más edad, pero viéndola bien era apenas una adolescente con varios años menor que el rey. Vaya que no habían perdido el tiempo; además de haberle parido un hijo hacía poco, ahora presentaba un evidente estado de preñez. Aún así, por sobre su avanzada gravidez no podía negar que la chiquilla era preciosa. Mucho más linda de lo que se imaginó. Además, nunca había visto un rostro con ese color de ojos y ese cabello de tan exótico tono.

—Okra, quien me acompaña es lady Bulma, mi concubina real y madre de mi hijo —respondió Vegeta sin siquiera voltear a ver a la saiyana.

—Disculpe majestad —expresó la senadora —es que no había tenido el placer de conocerla.

—Sí, soy la concubina real de mi rey y madre del príncipe Trunks —contestó la peliazul forzando una sonrisa y alzando su mano para por fin apretar ligeramente la de la mujer. La presencia de Okra no era algo que le agradaba mucho. Ahora no solo tendría que lidiar con los problemas que Nyu traía a su vida, sino también con esa tipeja que parecía muy segura y refinada. Aunque la saiyana era hermosa, con sus ojos de tono dorado y expresivos, piel clara y contextura esbelta, sabía que no podía opacar su propia belleza, lo que la hizo sentirse segura de sí misma.

—Felicidades por su nuevo título, lady Bulma—exclamó soltando la mano de la ojiturquesa. Para Okra ella representaba el mayor peligro. Nyu apenas estaba entrando a la vida de Vegeta, pero ella, la terrícola, ya le había dado su primer hijo al monarca y estaba por parirle otro. Tenía que darse prisa si deseaba conseguir que su majestad la mirase como alguna vez lo hizo.

—Gracias por tus felicitaciones, lady Okra y a ti, Zorn —dijo el rey apresurado por salir de la situación —ahora si me disculpan, la princesa Nyu, Lady Bulma y yo debemos atender a los invitados.

Okra posó sus ojos en Vegeta. Lucía tan atractivo e imponente que por un segundo pensó que inclusive si su padre estuviese vivo palidecería frente a su hijo, pero enseguida fue distraída de su pensamiento por la voz de la princesa.

—Espero disfrutes la velada junto a tu querido esposo —comentó Nyu victoriosa mientras agarraba el brazo libre de Vegeta y miraba a Okra con una sonrisa cínica.

Okra y Zorn hicieron una reverencia mientras vieron a los tres desplazarse para hacer vida social con los representantes de otros planetas. La mujer tomó la copa que le brindaba uno de los meceros y la llevó a sus labios para beberla de un sorbo. —Sonríe mientras puedas, Nyu — dijo en su pensamiento —Tu vas a ser la primera en caer. Vamos a ver quién ríe al último.

—Espero que esto te sirva de lección —pronunció Zorn con disimulo mientras miraba al trío ya en otro punto del salón —Haz hecho el ridículo frente a las dos mujeres de Vegeta. Si volvieras a ser parte de su harén ahora estarías en el último lugar. Qué indigno sería pasar a ser la consorte real del padre, para convertirte en solo una concubina del hijo. Y ni siquiera serías la concubina real, sino una de tercera categoría —agregó con burla sin voltear a ver a su hembra que lo escuchó en silencio. Okra sonrió y se le acercó al oído de manera coqueta.

—Ten cuidado, cariño. Si el rey se diera cuenta de que te comes con los ojos a su concubina real, estoy segura de que no dudaría en eliminarte. Quizás hasta piense que tuvieron algo y termine echándola también a ella. Entonces yo volvería a ser una hermosa viuda joven y ocuparía el lugar que realmente me corresponde —finalizó la mujer dándole un sensual beso en la mejilla a su esposo y se alejó de allí con paso firme.

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Tenía más de un año que no tomaba a otra mujer que no fuera Bulma y eso le perturbaba. No por el hecho de que fuera a fornicarse a alguien diferente, sino porque se había dado cuenta que tenía a la terrícola tan incrustada en cada espacio de su ser, que él mismo se desconocía. Por supuesto que se había dado cuenta del momento en que la científica lo había enredado, pero hasta este instante venía a enterarse qué tan perdido estaba. Ella lo había atrapado por completo, pero ahora como rey no podía demostrar flaqueza, ni apego. Aquello se vería como debilidad, y esa palabra no existía en la dinastía de los reyes Vegeta. Desde niño tanto su abuelo, como su padre se lo habían advertido, nunca debía prenderse de una hembra, porque el amor en un rey solo lo hacía cometer estupideces. Y lo primero que hizo fue encapricharse con ella. Era tarde. Esa mujer de cabellos turquesa lo atormentaba hasta en la fibra más profunda de su conciencia. La deseaba con locura, cada día más. Tanto, que a veces pensaba que se volvería loco si la perdiese. Hubiese querido que fuera ella y no Nyu a quien se iba a coger esa noche.

Se había tomado una botella de vino para pasar la experiencia, y una segunda iba por la mitad. Era su obligación cumplir maritalmente como monarca del imperio o corría el riesgo de que todo su plan se fuera al demonio. Podía fácilmente ignorar o repudiar a esa zorra que le habían impuesto como esposa, pero el consejo presionaría para que tomara otra y sería comenzar de nuevo. Además, se echaría encima la familia de Nyu y los seguidores que los apoyaban. Aunque eso era lo último que le importaba.

Bufó hastiado, miró hacia el balcón a través de los ventanales en donde pudo notar la silueta de la saiyana reflejada en el vidrio. Ella tiró la bata al piso, fue hacia él y le abrazó su torso desnudo metiendo sus brazos por su cintura, acción que realmente no fue cómoda para él viniendo de otras manos que no fuera aquellas delicadas de la terrícola. Alzó la botella que faltaba y de un solo empellón bebió lo que restaba del líquido. Puso la misma sobre la mesa, limpio sus labios mojados con el antebrazo y tomó las manos de la hembra apartándolas hosco de su cuerpo.

—¿Acaso está dilatando sus obligaciones majestad? —susurró ella sensualmente volviendo a abrazarlo desde la espalda, pero esta vez no se detuvo ahí, le acarició los pectorales y le besó la nuca y los hombros antes que él pudiera apartarla nuevamente. Nyu percibió la piel ardiente del saiyajin mientras sus labios probaban su sabor. Se sintió caliente con tan solo tenerlo cerca. Estaba ansiosa porque la hiciera suya. Se había unido a él para tener todo lo que eso conllevaba, poder en el reino y el sexo más increíble con el saiyajin más excitante del planeta, porque no podía negarlo, Vegeta tenía fama de ser un semental en la cama, y eso la encendía. Una corriente fogosa bajó instintivamente por su vientre de solo pensar en lo que estaban por hacer. Deseaba acariciar el cuerpo erótico del rey en toda su extensión, besar su abdomen definido y fuerte, sus pectorales y su boca.

—Ya estás desnuda —habló él concentrándose en verla por el espejo, tenía que follarla aunque no le fuera del todo grato —Ve a la cama y acuéstate. Se perfectamente que debo cumplir con mis obligaciones. Pero te advierto, no voy a ser gentil —bufó con el entrecejo fruncido. Ella sonrió.

—Precisamente eso es lo que quiero, majestad. Sexo duro —respondió alejándose. Caminó hacia la cama como él se lo ordenó y se acostó en ella esperando a su marido. Cuando Vegeta se volteó pudo verla deseosa, lo observaba con ojos calculadores en tanto le sonreía coqueta. Él fijó su atención en la desnudez femenina, Nyu tenía un cuerpo hermoso, atlético y fuerte como era natural en las guerreras, pero, así como ella había visto a muchas. Nada que se comparara con el trasero parado y los pechos blandos y firmes de Bulma, más grandes que los de cualquier saiyana incluso de más edad como Nyu. Quizás las cosas esa noche se pondrían mejor si imaginase que era a su concubina a quien fornicaba, pero no. Tenía que aceptar su realidad y cumplir. Total, su ahora esposa era agraciada y no le iba a costar tanto metérselo, pero le iba a dar una lección. Aún no se le olvidaba que ella intentó mentirle con el asunto de la fertilidad.

El rey se quitó el resto de su ropa y fue hacia la cama con furia contenida. Sino fuera porque se había unido a ella ahí mismo le haría pagar su cinismo, era una ramera mentirosa a la que no podía pasarle su intento de engañarlo. Ella abrió sus piernas con su vagina lubricada cuando lo vio montarse en el colchón. Alzó sus caderas ofreciéndole todo con mero placer. Vegeta observó unos segundos su centro húmedo y sonrió con perversidad, si ella creía que iba a jugar con él y someterlo a sus deseos, se equivocaba.

—¿Acaso crees que te lo voy a hacer arriba? No me creerás tan imbécil —afirmó sujetándola de los tobillos y la atrajo hacia él sin delicadeza.

—¿Qué?... Pero, majestad…

—¿Lo quieres rudo no? —cuestionó el monarca con sonrisa maliciosa. Nyu borró expresión coqueta cuando él se aproximó a ella tomándola por el cabello y la obligó a voltearse y ponerse sobre sus rodillas y manos, mirando hacia el respaldar de la cama.

—Vegeta ¡Qué hace majestad! ¡Recuerde que soy virgen! —chilló cuando sintió cómo él pasó los dedos por su vulva esparciendo los jugos producto de su excitación.

—Enrosca tu cola en tu cintura, no pretenderás que se entrelace con la mía.

—Sí… Como ordene —respondió la hembra obedeciendo de mala manera. Para los saiyanos, entrelazar la cola entre una pareja cuando tenían sexo era algo bastante excitante y a la vez sagrado que denotaba amor verdadero —Solo espero que no sea tan tosco conmigo.

—No te hagas la inocente. Es lo que habías estado esperando —respondió él irrumpiendo con su duro pene su casta vagina, la sintió removerse a causa de la molestia, pero en vez de retroceder, él no hizo más que empujárselo hasta el fondo de una sola estocada. Ésta vez Nyu gritó de dolor cuando bruscamente su himen se rompió. El dolor que sintió la saiyana fue peor de lo que pensó, pero notando el gran tamaño del miembro viril del rey no podía lastimarla menos. Trató de zafarse, pero él ahora tenía los brazos de ella aprisionados en su espalda y le daba estocadas cada vez más duras y profundas con tanta rudeza que ni siquiera le daba la oportunidad de recuperarse, haciendo que todo el cuerpo de la fémina se moviera con cada empuje. Con ella, Vegeta no se contuvo ni se midió en su fuerza. La mujer era de su raza y sabía que podía aguantarlo todo, y se lo iba a hacer pagar. La culpaba por haberse metido en su vida forzosa y obligadamente como la última conspiración realizada por su padre antes de morir, porque si había algo que no le gustaba a Vegeta IV es que otros creyeran que lo podían doblegar, engañar o manipular.

Nyu gritaba tan fuerte que en un momento dado prefirió morderse los labios para no quedar como una idiota frente al rey. Pero él se lo estaba haciendo tan salvajemente como si fuese un ozaru en celo. Sino fuera por el firme agarre de él en sus muñecas, que con esas embestidas brutales ya hubiese terminado estrellada contra el respaldo de la cama. Ella pensó que se desmayaría en cualquier momento. Era una saiyana élite, una guerrera que había soportado muchas cosas y no iba a permitir que él creyese que era una hembra débil. Pero por todos los diablos que le dolía su coño por la forma en como él la estaba tomando.

Cuando se fue acostumbrando a aquella violencia sexual, sorpresivamente empezó a sentir placer. Pero entonces él la volteó, agarró sus piernas, las colocó sobre sus hombros, la agarró por los antebrazos, y aceleró las estocadas. La saiyana apretó los dientes para no expulsar sus gritos, ella gemía y gruñía como podía pues apenas lograba respirar por la fuerza de las estocadas del soberano. Cuando le soltó uno de los brazos, ella tuvo que llevar uno de los cojines a su boca para morderlo y mitigar el dolor punzante en su intimidad.

—¿Ésto querías no, perra? —vociferó él con rabia.

Nyu vio como él bajó una de sus piernas mientras la otra seguía en alto, entonces él se acercó para enroscar su cola sorpresivamente en el cuello de ella con tal presión que creyó que iba a asfixiarla, todo sin dejar de abatir su sexo con penetraciones más aceleradas y profundas que antes.

La muchacha agarró la cola del saiyajin real tratando de zafársela de encima ¿Acaso pensaba ahorcarla?

—¡Vegeta, me va a matar! —chilló con voz ahogada intentando infructuosamente quitárselo de arriba, pero fue imposible.

—Entonces vamos a ver cuánto puedes soportar —respondió sin desenroscarle la cola del cuello, mientras que con su mano cubrió la boca de la femenina. No quería escuchar más sus quejidos ridículos.

Nyu sintió que el aire se le iba, pero al mismo tiempo estaba siendo penetrada tan brutalmente que aquello le ocasionaba un placer como nunca lo había experimentado en su vida, porque, aunque había guardado su himen intacto para él, cierto era que había tenido otro tipo de vivencias sexuales en el pasado, pero nada se comparaba a la extraña y loca delicia que su marido estaba dándole en ese momento. Si ella moría en ese instante, moriría feliz. Ver su cuerpo poderoso moviéndose contra ella era el mayor goce.

Así transcurrieron casi quince minutos. La vista de la muchacha comenzó a nublarse por la falta de aire, mientras su cuerpo sudado temblaba con las embestidas, sus pulmones apenas podían inhalar oxígeno. Pensó que definitivamente desfallecería en cualquier instante, pero su clítoris finalmente reaccionó. Su cuerpo empezó a sufrir espasmos y tuvo el orgasmo más sensacional de toda su vida. Fue una experiencia nueva para ella que sacudió todo su ser enviando oleadas placenteras a cada parte. No pudo gritar porque él aún le cubría la boca, pero aún así tensó sus músculos ante la satisfacción hasta que Vegeta finalmente desenroscó la cola de su cuello y se tumbó a un lado de la cama, sudoroso y respirando agitadamente. Ella se sentó rápidamente, tosiendo y respirando con ansiedad, desenroscando su propia cola que había estado prensada a su cintura, y buscando el aire que le faltaba. Su cuerpo, empapado de sudor y agobiado contraía sus pulmones, que parecía que iban a estallarle.

Cuando se repuso, sintió una cantidad considerable de líquido saliendo de su centro combinado con la sangre de su himen roto y supo que el hijo de perra se había venido dentro cuando ella ni siquiera se había enterado ¿Cómo demonios fue que él se contuvo tanto tiempo? Nyu giró su rostro hacia Vegeta, pudo verlo como si nada mirando el techo, mientras ella estaba hecha trizas.

Había sentido miedo en el acto, pero por todos los malditos dioses, ese hombre le fascinaba. Su miembro viril era exquisito, y su rudeza era animalidad pura. Había sido sexo, solo eso. Estaba consciente de su realidad. No obstante, ella quería más de él.

—Mi rey —se tendió a su lado sensualmente con una sonrisa maliciosa, poniendo su cabeza sobre el fornido pecho del escultural hombre —Casi me mata, pero de placer, más que de cualquier otra cosa. Quiero que esta noche no termine…

—Vete. Deseo descansar —lo escuchó decir haciendo que sus palabras fueran como un balde de agua fría para lo aún caliente que se encontraba.

—¿Cómo puede decirme que me vaya? Es nuestra noche de unión, debo quedarme ¡Soy su esposa! —encaró alzando la vista para verlo. Vegeta se levantó aparatosamente quitándosela de encima y poniéndose de pie. Odiaba que se tomara el atrevimiento de toquetearlo descaradamente.

—¡Agotas mi paciencia! —exigió alzando la voz –No quiero ser grosero contigo en esta ocasión, pero quiero dormir, y lo haré solo. Hoy cumplí mi palabra. Ya tienes mi esperma dentro tu vagina y eso es lo que te debe interesar a ti y al consejo. Nada más —bramó enfurecido caminando hasta el closet de dónde sacó ropa cómoda.

—Pero…

—No hagas que lo repita otra vez, estoy siendo lo más gentil que puedo ser contigo —enfatizó sin mirarla —Cuando salga de la ducha no quiero verte aquí —la guerrera observó al rey meterse al cuarto de baño ignorándola por completo. Pero era cierto lo que él dijo. El Vegeta de antes la hubiera agarrado por los cabellos arrojándola fuera de la alcoba desnuda y con todos los fluidos escurriéndole por las piernas. Pero no. Él ahora era un rey, no podía comportarse impulsivamente como el energúmeno que había sido en el pasado cuando era el príncipe heredero, y menos con una dama de su corte. Sea como sea, le gustase al monarca o no el hecho, Nyu era su consorte y no quería humillarla delante de la servidumbre del palacio.

Nyu bajó la mirada, dolida por sus palabras apretó sus labios para no soltar un improperio. No se quedaría a rogarle. No se quedaría para que la volviese a correr. Ella tenía orgullo y eso la hizo reaccionar. Lo reconocía; el Vegeta de antes no hubiese tenido consideración alguna. Ahora al menos se lo advertía. Recogió sus pertenencias vistiéndose con rapidez y salió de la recámara real hecha una furia. Ella hubiese querido que él se la cogiera toda la noche de esa misma forma, duro, rudo, tosco, como solían ser los saiyajin cuando estaban en celo. No se pudo, lo entendía. Estaba segura de que era por la ramera terrícola y el sentimiento de odio hacia ella recorrió su cuerpo. Eso no se iba a quedar así, poco a poco iba hacer que esa mujerzuela desapareciera de la vida del rey. Ya había logrado casarse con él, y no faltaba mucho para parirle un heredero puro si se sometía a los tratamientos adecuados de fertilidad.

Afuera la esperaban sus sirvientas, a las cuales no se tomó la molestia de mirar. Caminó con dirección a su habitación que quedaba del otro lado en esa ala del castillo, totalmente opuesto al ala de Bulma y su séquito. Mientras llegaba a su recámara no pudo evitar cuestionarse ¿El rey trataría o se lo haría de la misma forma a la humana? Su pecho crepitó bajo la rabia de no poder hacer nada en el momento. Pero algo era cierto; esa puta terrícola estaría muerta si su marido la follaba como acababa de hacérselo a ella. Era una debilucha escuálida, ojalá un día de esos Vegeta matase a esa inmunda científica mientras se la follaba.

Minutos después entró en el cuarto y cerró la puerta azotándola, ni siquiera permitió que las criadas que iban tras ella accedieran para atenderla. Necesitaba ducharse y poner sus ideas en orden. Tiró la bata en el piso y dejó que el agua del grifo recorriera su existencia. Mañana sería otro día, pensó para auto consolarse y convencerse de que había sido solo una batalla perdida y no la guerra. Por lo menos había tenido un orgasmo fenomenal.

Cuando terminó de bañarse y secarse, se puso una bata limpia y se acercó a su tocador para acicalar sus cabellos. Se sentó tomando el cepillo y desde el espejo de esta pudo ver su reflejo, no quería prender la luz, solo una pequeña lámpara iluminaba la estancia casi en penumbra. Se observó unos segundos, era hermosa y cualquiera hubiese querido tenerla en su cama, pero el hombre que ella deseaba no la amaba. La impotencia recorrió su cuerpo cuando vislumbró que debía terminar la madrugada sola. Fue sacada de sus pensamientos cuando escuchó unos golpes en la puerta.

—Princesa Nyu, se trata de su hermano, el capitán Turles… —gritó Cilantria del otro lado, la saiyana era una de sus damas de compañía que la había sido asignada cuando tomó el título real en la unión con el rey.

—No quiero hablar con él en este momento. Dile que lo veo mañana —respondió tomando el pomo de la puerta para ponerle seguro y echarse a dormir, cuando escuchó hablar nuevamente a la muchacha.

—Alteza, pero es que…

—¿Qué pasa con él, Cilantria? ¡Habla de una vez! No tengo tiempo para estupideces. Su majestad me dejó exhausta y quiero dormir —vociferó alzando la voz con evidente molestia. Solo quería descansar ahora que su cuerpo empezaba a cobrarle la rudeza de lo acontecido minutos antes en la habitación real.

—Alteza, el capitán ya está adentro.

—¿Cómo es eso posible? —se preguntó Nyu al escuchar a su dama de compañía. Miró hacia atrás, pero no lo vio por ningún rincón dentro del cuarto. Podría quizá estar en la terraza de su balcón —¿Acaso no lo pudiste detener? —cuestionó abriendo la puerta para encarar a la femenina.

—Lo siento princesa, le dije que usted no estaba y que mejor regresara mañana, pero él me insultó. Me dijo que yo era una… "perra inmunda", y que no osara en dirigirle la palabra ó prohibirle algo, ó me acabaría. Así que entró a la fuerza y sin permiso —explicó la chica agachado la mirada ante el asombro de la consorte del rey.

—Está bien. Yo arreglaré las cosas con mi hermano. No las necesito por ahora. Regresen por la mañana —ordenó mirando a Cilantria y a las sirvientas que estaban frente a ella. Las muchachas reverenciaron a la guerrera antes de que esta cerrara aparatosamente la puerta de su cuarto.

Nyu recorrió la recámara con la mirada observando todo en penumbra con la poca luz de la lámpara de noche, apenas los rayos de la luna entraban por el ventanal al fondo iluminando tenuemente algunas otras zonas. Sus criadas habían dicho que su hermano estaba esperándola adentro, pero no lo vio por ningún lado, así que salió hacia el balcón y alzó su mano palpando la pared en busca del interruptor de la terraza, cuando unos dedos sujetaron su muñeca.

—¿Qué sucede preciosa? Pensé que el rey se quedaría contigo toda la noche disfrutando de las delicias de tu cuerpo —murmuró Turles dando un paso hacia su hermana gemela que haló su mano con fuerza para deshacer de su agarre.

—¿¡Cómo se te ocurre venir y meterte a mi alcoba!? —increpó fastidiada. A empujones lo hizo entrar a la recámara y cerró las puertas y cortinas de su habitación —Si Vegeta te ve aquí estamos acabados.

—Pues… —comenzó a hablar el saiyajin mirando a su alrededor —No pensaba quedarme, pero tu habitación es mucho más cómoda que la mía —agregó volviendo su vista a ella con una sonrisa cínica en sus labios mientras empezaba a desvestirse. Observó de arriba abajo a la hembra y dio un paso más hacia ella —No te veo nada feliz ¿Entonces el rey no te dejó satisfecha?

—¡Métete en tus asuntos! —vociferó dándose la vuelta con la intención de ir a abrir la puerta principal y echar a su entrometido hermano gemelo, pero Turles la sujetó nuevamente por la muñeca acercándola a su cuerpo.

—¿Por qué te comportas así? —cuestionó llevando su otra mano hacia la cintura de Nyu, la estrechó contra su cuerpo y le hizo sentir la necesidad que tenía de ella con su evidente erección —Nunca te has negado a mis caricias.

—No estoy de humor Turles ¡Suéltame! —chilló intentando no gritar, si alguien escuchaba lo que estaba pasando sería su fin. Había mantenido el secreto durante muchos años, su romance incestuoso con su hermano gemelo era su mayor pecado, y no iba a arruinarlo todo ahora que había logrado casarse con el rey. Si él se enteraba de algo la decapitaría viva y con ella a su familia. Las traiciones de esa naturaleza en su planeta solo se pagaban de esa forma.

—Mi querida hermanita —susurró el capitán bajando sus labios hasta el cuello de la muchacha —Hoy voy a terminar lo que Vegeta no quiso seguir haciéndote. Te voy a coger hasta el cansancio. Debemos celebrar que ahora estás a un paso de ser reina.

—No quiero hoy ¿Acaso no entiendes? —gimió colérica empujándolo por el pecho, pero él la haló con fuerza y la agarró por la nuca atrayéndola rudamente hacia él.

—Te vas a dejar coger ó te juro que voy a llamar a Vegeta a gritos desde aquí. Y cuando venga le diré que eres una farsa y que me chupas la verga desde que tenemos quince. No tengo nada que perder porque ya perdí todo al cederte a ese hijo de puta por culpa de nuestros ambiciosos padres que pactaron éste fiasco por conveniencia. Así que rétame —expuso furioso mirando los ojos chispeantes de su hermana. El corazón de Nyu se aceleró, pero sabía que ese desgraciado era capaz de cualquier cosa por ella, y ese acto de posesión en el fondo incluso la excitaba.

—Solo será por esta vez. Te advierto que no debes acostumbrarte —contestó con rabia contenida accediendo.

—Eso lo decidiré yo —aseguró el saiyajin besándole la piel en un recorrido que fue desde su cuello hasta la clavícula subiendo nuevamente —Ahora que finalmente el rey te ha desvirgado puedo follarte sin restricciones—ronroneó en su oído mordiéndole el lóbulo de la oreja. Ella se quedó en silencio tan solo percibiendo los labios de su gemelo, hacía mucho tiempo en que ambos habían iniciado con actividades sexuales a escondidas de todos, desde que cumplieron 15 años, él prácticamente la indujo en sus primeras experiencias, pero nunca le permitió una penetración vaginal, no porque no deseara a Turles, sino porque su familia la había prometido como candidata al puesto de consorte del príncipe heredero, y si el consejo se enteraba de que su honra había sido manchada inmediatamente la sacarían del grupo de chicas que deseaban convertirse en reinas.

—Turles… No —murmuró débil, pero era demasiado tarde. Él conocía sus zonas erógenas mejor que nadie, y sabía como encenderla.

—Al fin probaré tu coño —comentó empujándola a la cama y tirándose sobre ella para luego lamer su mejilla desde el mentón hasta la frente, y luego meterle la lengua dentro de la boca. Con sus dedos tanteó a través del vientre femenino hasta que llegó a su vulva, sin perder tiempo coló sus dedos hasta la vagina introduciéndolos una y otra vez —Ya estoy harto de solo hacértelo por el culo —añadió empujando con fuerza dentro de ella. Se separó solo un poco, sacando su miembro erecto de su pantalón, y la penetró en una sola estocada, firme y honda. Ambos gimieron de placer al sentirse.

—Diablos… ¡Me arde, imbécil! —reprochó ella mirando los ojos negros del guerrero.

—Cállate… —respondió empezando a moverse rápido y duro contra su centro caliente.

Sonaba retorcido, pero la saiyana estaba tan furiosa y dolida con Vegeta que lo único que ahora quería era entregarse a su gemelo. Él era el único que la comprendía, el único que la conocía como realmente era, y el único con el que compartía un sentimiento profundo… además de la sangre.

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.

Hacía dos semanas que la unión entre Nyu y el rey se había llevado acabo. Las primeras dos noches no habían sido nada agradables para Bulma. La tranquilidad de la que gozó tiempo atrás se vio abruptamente interrumpida por los cambios que de pronto llegaron a su vida. Supo que desde el momento en que aceptó quedarse con Vegeta bajo las costumbres misóginas, egoístas y poligámicas de esa raza, que todo para ella y sus hijos sería diferente. Nunca fue ignorante que por ley él tendría que acostarse con esa mujer buscando un hijo puro que le exigía el pueblo. Pero de saberlo a vivirlo era muy distinto. Apenas comía, apenas tenía ánimos de levantarse en las mañanas. Si tan solo seguía ahí era por proteger el bienestar de Trunks, el de su padre y el de Vegeta Jr que estaba a semanas de nacer, pero había otro motivo más que la mantenía atada a Vegitasei. Y era el hecho de amarlo. Sí, quizá era estúpido luchar por un hombre que se había casado con otra y que buscaba engendrarle un crío. Pero también sabía que él la quería, y aunque pudo exigirle de forma mezquina que renunciara a la corona para que pudieran estar juntos sin normas irracionales que los gobernaran, no quiso pedírselo, porque estaba segura de que el saiyajin no le negaría nada, que podría dejar el planeta junto con ella para liberarse de la gran responsabilidad que conllevaba convertirse en el soberano. Pero sabía que él había nacido para gobernar, que su padre había muerto hace poco y que comprendía el dolor que el pudo sentir al perderlo, porque, aunque ellos no tenían una relación estable, los lazos de sangre no podían romperse, y aunque Vegeta no demostró que el hecho le afectara demasiado, entendía que tal perdida le dolía. Además, el astro necesitaba un gobernante que guiara a su raza. No iba a ser la mujer que despojaría un planeta de su líder. No sería ella la responsable de la caída del imperio saiyajin, y mucho menos les quitaría la oportunidad a sus hijos de ser los descendientes de una de las dinastías más poderosa del universo.

Al tercer día después de la unión la había mandado a buscar a sus aposentos. No había sentido tal devoción del saiyajin por darle placer como esa noche y las siguientes que había estado con ella. Estar en sus brazos borraba cada pisca de inseguridad que pudiese instalarse en ella. Su sonrisa no podía desvanecerse después de compartir la cama del rey después de tantos días consecutivos.

Por cada siete noches que Vegeta pasaba con Bulma, solo una noche pedía ver a Nyu.

Esa vez, caía la tarde. Trunks ya se había dormido y descansaba en su cuarto. Lan Fan cuidaba su sueño y la saiyana Fasha custodiaba su puerta. Aprovechó para tomar el plano con los bocetos de los nuevos uniformes y armaduras para el ejercito saiyan. Ese era el regalo para el padre de su hijo que hacia un par de semanas había sido proclamado como nuevo rey.

Vegeta le había dicho que fuera a su despacho entrada la noche, pero quería llegar antes para poder continuar con la excitante tarea de ir conociendo uno a uno los pasajes del palacio y el que estaba a punto de tomar le llenaba de especial curiosidad. El rey le había dicho a Raditz de antemano que Bulma iría sola, por lo que el saiyan de gran cabellera había aprovechado para tomar su cena. Además, aunque podía simplemente llegar por el camino que todos conocían, prefería hacerlo a través del pasaje por donde nadie más transitaba. Iba a mantenerse segura en lo posible. No quería encontrarse con Tarble o con Nyu ya que ellos podían atentar contra su vida.

Empezaba a ocultarse el sol cuando provista de su plano se encaminó por el pasillo sin que nadie la viera, llegó hasta un cuadro que tenía la pintura del palacio durante la época de construcción, presionó varios de los ladrillos como especie de un código. El cuadro se hizo a un lado, Bulma entró y cuando dio sus primeros pasos, se cerró tras de ella.

Mientras caminaba por el pasaje secreto, las luces se encendían automáticamente. Caminó por varios minutos hasta tomar el tramo de la derecha, ya había estudiado el camino con anterioridad, por lo que se movía con rapidez sin temor a perderse. Luego subió una enorme escalera, con dificultad ascendió cada escalón, tuvo que detenerse varias veces para poder llegar a la cima que daba directo hacia una pared. Detalló por un momento el panel de control que estaba del lado derecho. Allí había un escáner de retina. La científica alineó sus ojos con el orificio de donde un rayo láser surgió escaneándole ambos iris.

—Acceso concedido —pronunció la computadora. La ojiturquesa sonrió. Al parecer Vegeta ya había preparado todo de antemano para darle pase a esa estancia.

Entró, y lo que había tras de ella se cerró. Se trataba de un cuadro enorme con la pintura del difunto rey Vegeta III enmarcado en oro. De repente se erizó cada vello en su cuerpo. El cuadro era en tamaño real y tan perfectamente pintado que por un momento pensó tener frente a ella al mismísimo abuelo de sus hijos. No obstante, se veía más joven de lo que recordaba, por lo que se preguntó en qué etapa de su vida habían realizado esa obra de arte.

Se desconectó de aquello y miró a su alrededor, las luces se habían encendido automáticamente en cuanto entró. Se encontraba por fin en el despacho del rey. Detalló todo lo que ahí se encontraba, era una sala bastante grande, rodeada de escaparates pegados a las paredes de la más fina y brillante madera, con cientos de libros dentro de los mismos. Era como estar en una biblioteca. Sobre los enormes ventanales caían gruesas cortinas de terciopelo rojo que daban un tono obscuro a la habitación. Se acercó al escritorio, era de mármol en color crema, grande con un fino pulido, y la silla de madera con tapiz de un color rojo vino muy puro, parecía un trono. Era un lugar exquisito donde se respiraba fineza y elegancia. Muy pocos tenían acceso a ese lugar, eran contados los que lo conocían. En ese sitio era donde el rey firmaba los decretos y tomaba ciertas decisiones de carácter muy prioritario.

Bulma buscó la puerta de la entrada principal y vio que quedaba frente al escritorio, a unos 25 metros al fondo. Pero cuando la científica volvió su vista hacia éste, le llamó la atención que unos metros atrás en el centro, se encontraba una chimenea, y a cada lado de ella habían dos puertas. La peliazul era curiosa por naturaleza, así que sin dudar dejó el plano sobre el escritorio para ir directo hacia la puerta de la izquierda y la abrió encontrándose con un precioso baño en mármol gris finamente decorado. Lo vio por unos segundos para luego cerrar esa puerta. Fue hacia la segunda, al abrirla se encendieron las luces y se dio cuenta que era un lugar bastante amplio con muchos archivos cuidadosamente ordenados en libreros de madera obscura. Dio unos pasos más allá detallando sobre las paredes enormes cuadros muy parecidos al que había visto del finado rey Vegeta. Mientras otros de ellos estaban tapados con una tela negra. Se acercó al primer cuadro. Sobre el lienzo se veía finamente detallado un guerrero saiyano casi idéntico a su Vegeta. Su color de piel era de un tono un poco bronceado con un rosado encantador, y su cabello en forma de flama era negro con betas castañas, sus ojos sin embargo, eran color chocolate. Su uniforme era rojo muy oscuro mientras la armadura de un tono carmesí con hombreras y botas negras. Su indumentaria era muy parecida a los saiyanos de clase baja. No llevaba capa, pero aún así se veía imponente. Su rostro se veía lleno de vida. En su frente llevaba una cinta como la que usaba Bardock, el esposo de Gine que había visto un par de veces, solo que ésta era negruzca.

En la parte de arriba del cuadro había una inscripción inentendible, quizás era el nombre, suponía que había sido escrito en idioma saiyano antiguo. Sin embargo, en la esquina inferior sí podía leer el nombre del autor, Uboe. La científica volvió a centrarse en el rostro del guerrero, era como ver a su Vegeta, pero en otros tiempos. Más sombrío.

—¿Quién será él? —se preguntó curiosa a sí misma en voz alta mientras miraba hacia arriba el cuadro sobre la pared.

—Es el comandante Vegeta, el rojo. Creador del ejército saiyajin y primer líder de los guerreros —dijo una voz tras de ella —Sería el antepasado de su majestad Vegeta IV.

Bulma dio un brinco por el susto al escuchar aquellas palabras y se giró para ver quien estaba ahí con ella. Sus ojos turquesa se encontraron con la mirada intensa de unos orbes obscuros. Era un soldado, uno que ya había visto un par de veces al lado del difunto monarca. Era el capitán Zorn.

—¡Cómo te atreves a entrar al despacho privado del rey y dirigirte a mí de esa forma sin haberte solicitado ninguna clase de información! —chilló encolerizada llevando las manos a su abdomen de forma protectora —Eres es un soldado muy entrometido. No tienes idea de lo que puede causar si mi rey entra y te ve aquí a solas conmigo. ¡Ahora sal inmediatamente! —ordenó alzando su dedo para señalar la puerta.

Zorn se quedó estático en su posición, no supo cómo reaccionar ante aquella incomoda situación. En verdad no pensó que ella se fuera a exaltar de esa forma.

—Discúlpeme si la asusté, lady Bulma —respondió haciéndole una reverencia —Su majestad me pidió que viniera para avisarle que demorará un poco en la reunión con el consejo de ancianos. Ellos en calidad de asesores antiguos tardan más que el consejo real cuando piden una audiencia con el rey. Y él no desea desairarlos en estos momentos. Por ello me hizo esa solicitud —informó Zorn irguiéndose para mirar a la muchacha.

—Aún así, debiste esperarme afuera y no entrometerte en lo que hago —expresó con los brazos cruzados un tanto más calmada.

—Mi lady, nuevamente le pido disculpas —indicó él tratando de que la humana se relajara —Su majestad confía en mí plenamente.

—¿Por qué Vegeta confiaría en ti? —interrogó la peliazul en el mismo tono de desconfianza. Se giró reacia, hablándole golpeado. Quería hacerle saber que ya su tiempo de gracia con el difunto soberano había pasado, y ahora ella no sería humillada como antes —Fuiste un esbirro de su padre y cumpliste a cabalidad todos sus encargos. Nunca crucé palabra alguna contigo porque apenas nos vimos, pero sé por buena fuente que le eras fiel… y él trató de dañarme.

—Mi lady, debe saber que nunca atenté contra usted. Soy fiel al imperio Saiyajin en general, y al rey que esté de turno porque ese es mi deber —aseguró dando unos pasos hacia el cuadro para mirar a Vegeta, el rojo —Yo tenía cinco años cuando el príncipe Vegeta IV nació. Desde entonces fui entrenado por mi padre, Shitsuji, para ser el mejor y más fiel soldado del rey que estuviese en el trono. Desde los diez años participé en muchos torneos para lograr ser del equipo élite, y a los 15 años ya era el guardaespaldas del difunto monarca Vegeta III. Desde los veinte fui su mano derecha. Juré por mi vida dedicarme a los reyes Vegeta y al reinado. Así lo juré a Vegeta IV, y así lo haré con sus hijos. Daré mi vida por ellos si es necesario.

Bulma se volteó para escarbar bien en el guerrero. Se veía determinado y sincero. Sus ojos negros no transmitían malicia, en realidad parecía decir la verdad.

—El que seas hijo de Shitsuji me tranquiliza un poco. Pero tendrías que demostrarme tu sinceridad —comentó ella dibujando una sonrisa ávida en sus labios. Necesitaba aliados y debía empezar a reclutarlos incluso dentro de los élites.

—Haré lo que usted ordene mi lady. De eso no tenga duda. Su majestad nos dijo a Kakaroto y a mí que siempre debemos protegerla. Sé que mi actuar de ahora en adelante le darán las razones necesarias para que confíe en mí —respondió Zorn manteniendo su actitud seria y respetuosa.

—Como sabrás, Nyu ha entrado en la vida del palacio como la consorte oficial, mientras que yo, aunque fui ascendía a concubina real, sigo estando dos peldaños debajo de ella, hasta que la rueda del destino cambie para mí. Seremos dos frentes en este lugar y necesito aliados —comenzó a decir acercándose un poco a él cambiando su expresión a una seria —Sé que le serás fiel a su majestad, pero necesito que también me seas fiel a mí tal como lo es tu padre Shitsuyi. Soy la madre de dos príncipes. Siempre debes recordar eso. Ascenderé de una forma u otra y de eso puedes estar seguro, por lo tanto, quiero que en este instante me jures absoluta lealtad tal como le juraste al rey. Así sabré de qué bando estás.

Zorn sonrió para sus adentros. Ella era apenas una chiquilla de 18 años, pero en pocas palabras le dejó claro lo astuta que era. La estudió por un segundo observándola de arriba abajo. Podía detallarla bien, ella se veía más como una mujer segura de sí misma que como aquella terrícola insignificante que recordaba, y que solo había visto en un par de ocasiones casi aun año atrás mientras hablaba con el finado rey. Definitivamente era mucho más hermosa ahora que la tenía tan cerca. Su embarazo no había opacado su belleza, de hecho, ella era lo más precioso que había visto en mucho tiempo. Los guerreros decían que su esposa, lady Okra, era la saiyana más agraciada de todas, pero comparada a la joven científica, ella simplemente palidecía. Mientras Okra, de 28 años era de rasgos delicados y complexión fina, Bulma, con solo 18 años era exuberante por donde se le mirase, exudaba una sensualidad pura que atraía aún sin haber alcanzado la edad para el desarrollo de su plenitud como mujer. Zorn pudo visualizar que cuando la terrícola llegara la edad de Okra, su belleza llegaría a todo su esplendor.

Le tomó varios segundos, que parecieron interminables, mientras cruzaba miradas con la femenina. Era como si estuviera hechizado por tanta hermosura. Sabía de la fama de la humana entre los machos, y ahora lo entendía. Definitivamente el nuevo rey había tenido un gusto exquisito al haberla hecho su hembra. Cuando su mirada viajó desde los ojos de la joven hasta sus carnosos labios, por una milésima de segundo deseó probar su boca de tal forma, que ella rogaría por más de sus ardientes caricias.

La miró alzar una ceja esperando su respuesta y ante el acto, volvió a su realidad. Respiró de súbito, como si saliera de un trance. Recordó lo que Kakaroto le dijo sobre Broly. Él había caído en antipatía con el soberano por poner sus ojos en la humana. Cerró los ojos, y puso sus ideas en orden. Había sido una total vergüenza para él flaquear de ese modo frente a ella. ¡Y menos con la hembra de su majestad! Algo así incluso de pensamiento era deshonroso. Él era un soldado élite de honor y no se podía permitir esas atribuciones tan inmorales. Apretó los puños y finalmente el guerrero se decidió. Abrió sus párpados mirando a la científica con determinación. Sabía que tomar favor hacia Nyu era darle más ventaja a Nappa, y eso no lo iba a permitir. Estaba consciente que tanto él como su padre correrían riesgo de ser asesinados si Nappa tenía acceso a un ápice de poder. Además, la terrícola ya le había dado prole al nuevo rey y todos en el palacio sabían que era a ella a quien realmente Vegeta IV prefería.

Puso una rodilla en el piso. Luego llevó su puño hacia su pecho y bajó la cabeza rindiéndose ante la terrícola.

—Mi señora. Juro por mi honor como guerrero que la defenderé con mi vida si es necesario, tanto a usted como a los príncipes que con su majestad engendre. Mi fidelidad es inquebrantable —respondió el guerrero con firmeza.

Bulma sonrió. Sabía que podía confiar en él. Los saiyanos de su clase nunca rompían ese tipo de promesas. Además, ella no era tonta. Sabía de antemano que Zorn y Nappa no se soportaban, ya se había enterado de muchas cosas a través de Gine quien le informaba de todo, y por ser el tipejo calvo el tío de Nyu, Zorn no tendría otra opción que rendirse ante ella.

—Ponte de pie —dijo sonriendo mientras lo veía erguirse ante su orden —Sabré retribuir tu fidelidad, a ti y a tu padre.

—Gracias, mi lady —contestó él con un gesto de cortesía.

—Ahora quiero que me hables de ellos —pidió señalando los cuadros —Estos saiyajin que están en los cuadros. Supongo que sabes sus historias. Quiero enterarme de todo.

—Como guste mi lady —respondió mientras afinaba lo que había aprendido de las historias que le había contado su padre —El comandante Vegeta el rojo fue el primero en organizar un ejército para combatir por el dominio del territorio en el planeta Sadala contra otros saiyajin. Como comprenderá, le decían así por el color de su vestimenta y armadura —reveló mirando ese cuadro —No llegó a ser rey, pues murió luego del triunfo de su ejército. Con él empezó la dinastía de los reyes Vegeta. Su hijo, en ese entonces de 19 años fue quien gozó de las mieles de su triunfo y fue oficialmente el primer rey saiyano.

—¿Cuál de ellos era su hijo? —interrogó la científica mirando los cuadros.

—Este de aquí, Vegeta I —dijo Zorn caminado hacia el segundo cuadro que estaba ubicado al lado izquierdo. Bulma lo observó fijamente. El siguiente rey, Vegeta I, era más parecido a Tarble que a Vegeta. Su rostro aparentaba una edad entrada en los cuarenta. Su semblante era duro, daba temor. Su cabello chocolate oscuro con destellos en castaño, su piel era más bronceada que la de su padre. Su rostro era enmarcado por una fina y cuidada barba del mismo color que su cabello. Su uniforme y armadura eran negras, y sobre su pecho usaba un collar sobre el cual pendía el mismo medallón que solía usar su difunto suegro. El autor de dicha pintura también era Uboe.

—Vegeta I fue el primer rey, cuando aún los saiyanos vivían en Sadala. Le llamaban "el cruel" —añadió el soldado pensativo —Mientras Vegeta el rojo, su padre, era fiero, pero justo, su hijo Vegeta I se llenó de ambición. Por su culpa murió mucha gente en las siguientes batallas. Él subestimó el poder de King Cold en la primera guerra contra los demonios del frío. El planeta Sadala quedó en ruinas y casi inhabitable por sus malas decisiones, pero aún así para muchos éste rey representa la resistencia frente a la adversidad.

—¿Vegeta el rojo, y Vegeta I tuvieron esposas? —preguntó la científica contrariada.

—Los libros de historia cuentan que Vegeta el rojo vivió en un tiempo donde las leyes aún no estaban establecidas formalmente. Se dice que fue su compañera de batallas, una guerrera saiyana de su élite, quien le dio a su único hijo —explicó mientras miraba el rostro incrédulo de la científica —En cuanto a Vegeta el cruel, tuvo muchas concubinas, pero nunca se unió a ninguna. Dicen que mataba a toda la que no le diera un hijo varón. Algunos ancianos cuentan que tuvo muchos vástagos, pero solo reconoció al que parió una poderosa saiyana élite de nombre Chugar, que murió durante el parto, la madre del rey Vegeta II. Todos los demás hijos murieron en la guerra contra King Cold —agregó pasando al siguiente cuadro. Era uno de los que estaba tapados con una tela negra. Él quitó el manto. En esa pintura se podía ver el nombre inscrito en la parte de arriba: "Vegeta II, el justo". La firma de quien hizo la pintura era igual a la de los cuadros que ya había visto.

—Este es el rey Vegeta II, abuelo su majestad —dijo el soldado.

—Zorn, ¿Quién es Uboe?

—Fue el pintor de la corte precisamente durante la época del rey Vegeta II —cruzó los brazos antes de explicarle —Él era originario del planeta Namek. Fue traído a la corte como esclavo, pero el rey le tomó aprecio al ver su talento. Fue él quien le pidió que hiciera las pinturas. Las de Vegeta el rojo, la hizo basándose en la descripción de ancianos que lo conocieron en ese entonces. Mientras que las de Vegeta I y II sí los conoció en persona. También hizo las primeras pinturas del rey Vegeta III cuando aún era príncipe.

—Supongo que lord Uboe ya falleció —comentó ella interesada.

—Así es. Cuando murió Uboe, lady Okra, pasó a ser la pintora real. Fue su alumna desde niña. A ella le tocó el resto de los otros cuadros, desde que su majestad Vegeta III se casó con lady Seed, y en adelante.

La científica revolvió sus pensamientos en silencio. Nuevamente salía a relucir Okra "la talentosa y hermosa lady Okra". Sí, ya sabía que esa mujer había sido una de las concubinas del Rey Vegeta III. Luego de morir Root, la madre de Tarble, Okra fue ascendida a segunda consorte, y tuvo una convivencia feliz con el difunto rey por dos años, pero sufrió un accidente en las escaleras de unos de los pasillos del palacio y eso le provocó un aborto que a la poste le dejó imposibilitada de tener prole. Por lo que al recuperarse fue rechazada por el rey. Aquello se consideraba un insulto, ya que eso la llevaba en un limbo que amenazaba incluso con dejarla fuera del harén real. Pero como era una dama de clase alta y su padre formaba parte del consejo, el rey decidió forzarla a un matrimonio con Zorn, para evitarle la deshonra a su familia. No obstante, se decía que ellos no se amaban. Zorn había aceptado el compromiso por cumplir, y Okra por no verse humillada.

—¿Sucede algo lady Bulma? —preguntó extrañado al ver a la femenina tan pensativa.

—No… nada… —respondió tratando de no ser indiscreta —Es solo que no sabía que existiera un pintor real en la actualidad.

—Usted ya sabe que Okra es mi esposa —añadió apenado —Ella se encontraba en el planeta Urón como representante de la finada majestad. Pero la llegada de un nuevo rey trae consigo nuevos nombramientos, y él actual tiene ya a otro embajador para ese puesto, por lo que ella debió volver. Lamento si la ha incomodado antes. A veces ella es un poco desubicada.

—Entiendo —expresó restándole importancia al asunto, pero internamente, se sentía un poco molesta por la llegada de la saiyajin. Las miradas que esa mujer le dedicó a Vegeta en el banquete no pasaron desapercibidas para sus ojos, a distancia se le notaba que la tipa no solo había vuelto porque sus labores en Urón terminaron con el ascenso del nuevo soberano, sino porque estaba segura que planeaba algo para obtener el favor del rey.

Bulma decidió olvidarse del tema de la tal "belleza saiyana", y se acercó al cuadro. Con sus dedos rozó el marco mientras miraba la pintura. Aquel rey, Vegeta II era extremadamente apuesto. Su piel era blanca como la leche y su cabello negro como la noche. Tenía la misma forma que la de todos los reyes Vegeta, con un pronunciado pico de viuda, pero además tenía dos mechones largos en su parte frontal. Sus ojos eran de color también negruzco, tan profundos que no se distinguían el iris en contraste con la pupila. La científica nunca había visto unos ojos tan obscuros y enigmáticos a la vez. Se preguntó si el pintor acaso se había equivocado.

—Sus ojos —murmuró casi para sí misma —Sus ojos son muy negros —repitió un poco más alto dándole un vistazo a Zorn para luego regresar nuevamente su atención a la pintura —Ni siquiera los de Vegeta tienen un negro tan extremadamente obscuro.

—La misma pregunta le hice al viejo Uboe la primera vez que vi esta pintura cuando yo tenía 11 años y acompañaba a mi padre, quien pulía el marco de oro —respondió en medio de una sonrisa mientras rememoraba el momento —Pero él me dijo que así eran sus ojos, más negros que la noche más oscura.

Bulma sonrió. Vegeta II era físicamente encantador. No era tan alto, de hecho, podía jurar que era del mismo tamaño que su Vegeta, ya que todas las pinturas poseían las medidas reales de los reyes, y solo con mirar las mismas, podría calcular. Lo cierto era que el rostro de aquel saiya real en la plenitud de su juventud lucía sereno y proyectaba una especie de confianza.

—Parece haber sido un buen rey —declaró la científica con una especie de nostalgia indescriptible.

—Dice mi padre que quizás no haya sido un guerrero en extremo poderoso como su hijo, o su nieto, pero hasta ahora ha sido el mejor de todos los reyes en cuanto a su sabiduría y toma de decisiones. Fue él quien le dio la idea a su primogénito de conquistar el planeta Plant. Además, fue un visionario, abrió el campo a la comercialización de armamento con otras razas, le dio el sitial que se merecían aquellos saiyanos élites que se dedicaban a otras cosas que no fuera pelear. De hecho, como le expliqué con anterioridad, fue suya la idea de las pinturas de la familia real. También hizo los planos para la construcción del castillo.

—Vegeta siempre me ha hablado muy bien de él. Aunque también supe que tuvo varias esposas.

—El padre de mi esposa me contó que Vegeta II primero decretó como honorable consorte real a la princesa Tekka, extraordinaria guerrera y madre de su primogénito Vegeta III, pero como ella solo pudo tener un hijo, poco a poco el rey se fue enamorando de su concubina real, lady Mapple. Ella le dio cinco hijos varones. Entonces, obsesionado con la idea de darle la posición que sentía que a ella le correspondía, él creó un decreto aún vigente hoy, donde todo rey cuya hembra le dé cinco hijos varones podrá ascender a reina, tal como luego lo haría lady Mapple. Sin embargo, esto provocó un hecho lamentable.

—¿Qué sucedió? —preguntó la muchacha sumamente intrigada.

—Herida en su orgullo de ser suplantada, la princesa Tekka se suicidó poco después de la boda de Vegeta II y lady Mapple. El entonces príncipe Vegeta III tenía 15 años. Era sumamente apegado a su madre y sufrió mucho con su partida. Jamás pudo perdonar a su padre. Quizás eran aliados en los asuntos de estado y de la guerra, pero fuera de eso el príncipe no volvió a dirigirle la palabra a su padre. Me contó mi papá que muchas veces vio derrumbarse en silencio al rey Vegeta II por el odio de su hijo hacia él, incluso se fue a la tumba estando en conflicto con el príncipe. Pero ni aún después de fallecido, Vegeta III lo perdonó. De hecho, éste cuadro permaneció cubierto desde su muerte. El príncipe no se atrevía a quemarlo, pero tampoco quería verlo. Y menos con todo lo que se vino después.

—¿Por qué? ¿Acaso sucedieron más desgracias? —cuestionó la peliazul mirando a Zorn e imaginando la época tan difícil que debieron atravesar aquellos que vivieron en ese tiempo.

—Cuando su padre murió, los hermanos menores del rey se amotinaron en su contra, comandados por la reina viuda, Mapple. Quisieron matarlo, pero los fieles al heredero real ya sospechaban lo que sucedería, así que el príncipe estaba listo. Con 25 años en ese entonces, ya tenía varios hijos con la princesa Seed. Era una líder nata y le ayudó a derrotar a sus hermanos. Incluso, ella misma en persona mató a la reina Mapple —comentó con seriedad en su rostro.

—¡Kami! ¡Qué fuerte toda esa historia! Ojalá que nada de eso vuelva a repetirse —exclamó Bulma con asombro.

—Al fallecer sus enemigos, el Rey Vegeta III se dedicó a exterminar a los Tsufurujin y llevar a todo su esplendor al ejército saiyano. Con él nuestra raza fue reconocida en todo el universo como la más temible y aguerrida. Su majestad, que en paz descanse, era el más fiero de los guerreros en batalla. Nunca perdió una sola. Sus enemigos le temían, y llenó el reino de muchas glorias gracias a sus conquistas planetarias, por ello le decían Vegeta el conquistador.

La ojiturquesa respiró hondo. Si bien el finado se había comportado muy mal con ella en las postrimerías de su relación familiar, no podía negar que antes de eso le había brindado apoyo tanto a ella como a su padre mientras trabajaron exclusivamente para él en la unidad científica. Salió de sus pensamientos y miró los cuadros del difunto rey Vegeta III, eran dos. El primero en su etapa de juventud cuando aún era príncipe. Sin el característico vello facial en forma de candado alrededor de su boca. Su piel muy bronceada, y su cabello marrón con vetas rojizas. Esa obra también era del pintor Uboe. Pero la segunda era distinta. Fue hecha por Okra. Allí aparecía cuando ya tenía la imagen que Bulma recordaba de él. Estaba de pie, con su representativo uniforme y el medallón de su abuelo Vegeta I, y al lado de él, sentada, se encontraba una mujer muy hermosa. Pero lo que verdaderamente llamó su atención fue el color azulado del cabello de aquella femenina.

—Debió ser una guerrera formidable la reina Seed, madre de mi rey —murmuró observando los ojos de la mujer en la pintura —Era muy exótica y bella a la vez. El color de su cabello era un poco parecido al mío —dijo sonriendo mientras veía el cuadro —Vegeta le tiene mucho respeto y la recuerda con el más grande de los cariños —mencionó, pues en ocasiones contadas él había mencionado a su difunta progenitora.

—En realidad esa es lady Nion, la hermana de la reina Seed —aclaró Zorn sonriendo —Fue concubina real del difunto rey Vegeta III. Era muy hermosa, inteligente y cordial. Muchos pensábamos que era a ella a quien en realidad él favorecía, pero no la desposó porque no era una guerrera. Nion fue una científica —la peliazul apartó los ojos del cuadro para ver a Zorn.

—¿Una científica? —cuestionó extrañada. Sintió una similitud inmediata entre ella y lady Nion —Pero ¿Cómo? Nunca había escuchado de ella ¿Entonces es la tía de Vegeta?

—En realidad lady Nion fue criada por los padres de la reina Seed, pero ellas se trataban como hermanas. Lady Nion influyó mucho en el rey debido a su astucia e inteligencia. Gracias a ella los científicos ocupan el lugar que tienen hoy dentro del imperio —explicó Zorn pasando hacia donde estaba el otro cuadro del rey Vegeta III —Ella convenció al rey de crear una unidad científica dedicada a mejorar no solo al ejército saiyajin, sino a la vida en general de todos, incluyendo la de aquellos que no eran guerreros, o los de clase baja. También perfeccionó el armamento y las naves, al aprender de la tecnología de los pocos tsufuru científicos sobrevivientes. Mejoró el rendimiento de las cámaras de recuperación, y el de las incubadoras de los recién nacidos para que tardaran menos tiempo en alcanzar el desarrollo completo y poder sacarlos de allí. El rey Vegeta estaba muy enamorado de ella, siempre dijeron que Nion fue su verdadero amor, pero lamentablemente perdió al único hijo que iban a tener. Yo la recuerdo como si fuera ayer. Era un niño cuando me tocó verla partir hacia el planeta Tech-Tech junto a uno de nuestros amigos de infancia llamado Skalion, a quien ella cuidaba como a su hijo. El príncipe Vegeta IV tenía cinco años en ese entonces. Muchos nos pusimos tristes ese día.

—¿Y por qué se fue?

—Luego de la extraña y repentina muerte de la reina Seed, la concubina Root fue subiendo escaños después pues le había dado al rey un varón, el príncipe Tarble. Entonces, asesorados por algunos consejeros, el rey decidió proclamarla como la nueva consorte real y princesa de Vegitasei. Extrañamente el día de la coronación apareció muerta en sus aposentos. Dicen que fue envenenada y algunos sospecharon de lady Nion. Las facciones aliadas a Root la culparon, pero no tenían pruebas. Se formaron algunas reyertas y fue así como el soberano temió que alguien atentara contra Nion, por lo que decidió exiliarla hacia el planeta Tech-Tech para mantenerla a salvo.

—He escuchado que ese es el planeta con la tecnología más avanzada de toda la galaxia. Espero algún día poder conocerlo —indicó la científica con una sonrisa pues el tema tecnológico le anima con demasía. Volviendo su mirada hacia las pinturas, ella observó hacia una esquina. Le llamó la atención el último cuadro tapado que estaba tirado en el suelo, recostado en la pared. Era como si estuviera desvalorado o abandonado. Caminó hacia ese lugar y quitó la sábana para develar la última obra. Al descubrirla se encontró con la pintura rasgada por la mitad.

—Zorn —llamó al soldado que se acercó a ella —Puedes moverla un poco para juntar las dos partes —dijo ella frunciendo el ceño y yendo por la gruesa cinta adhesiva trasparente que había visto en una mesa pequeña pegada a uno de los anaqueles —Quiero ver de quién se trata.

El guerrero tomó la pintura con una mano, la levantó y luego la puso sobre una enorme mesa de madera que había en el lugar.

—Dale la vuelta. Trataré de arreglarla un poco —afirmó Bulma llegando con la cinta en sus manos.

Cuando la pintura fue girada, la científica se apresuró a colocarle la cinta adhesiva uniendo las dos partes rasgadas y dejándola con mejor aspecto. Finalmente le dijo al saiyajin que la volteara y la posicionara en forma vertical recostada a la pared. Pudo ver entonces a un saiyano que llevaba un uniforme azul muy parecido al de vegeta, pero la armadura que tenía puesta era en color verde con hombreras y botas en naranja. Su capa real era en color negra, algo que no había visto en ninguno de los reyes anteriores.

—Oye Zorn, ¿Quién es éste? —preguntó confundida, ya que llevaba el escudo real en su armadura, pero por lógica no creía que pudiera tratarse de otro rey. El soldado miró a un lado con un poco de recelo antes de contestarle.

—¡Ah… ese! —farfulló aclarando su garganta —Es el príncipe Pycke. Hijo bastardo del Rey Vegeta II.

Ella lo observó con detalle. Era bastante parecido al difunto Vegeta III, alto, musculoso, pero de piel mucho más oscura. Su cabello enmarañado llevaba flequillo al frente, y por detrás caía hasta la mitad de su espalda. Sus ojos eran extraños, el derecho era de color negro, mientras que el izquierdo era mucho más claro rozando el celeste cielo. Eso lo hacía lucir un poco aterrador, sumado a una sonrisa misteriosa que se avistaba en su rostro si se le miraba con atención. La científica no supo por qué, pero al acercarse un poco más aquel rostro le erizó los vellos del cuerpo, ocasionando en ella una especie de miedo interno. Su semblante le dio escalofrío, cosa que ni siquiera había sentido con Vegeta I el cruel. Revolvió su cabeza para quitarse la mala vibra, luego miró hacia la esquina de éste, y vio que la pintura había sido hecha por Okra.

—Lady Bulma ¿Sucede algo?

—No, solo es que se me hace raro. Esta pintura es de Okra, no de Uboe —dijo con suspicacia —Eso quiere decir que fue en tiempos en que ya mi difunto suegro había asumido el trono, había conquistado Vegitasei, y vivía en este palacio con Seed. ¿Entonces como es que este príncipe viste como un rey? —cuestionó curiosa. Zorn respiró hondo. Era como si le costara recordar algo del pasado.

—Él era un golpista. Trató de derrocar al rey —frunció el ceño —Lo traicionó.

—¡Oh vaya! —Bulma giró a contemplar el cuadro nuevamente —Pero no entiendo. Me dijiste que el rey había matado a todos los hijos conspiradores de la reina Mapple.

—El príncipe Pycke no era hijo de la reina Mapple sino de una sirvienta saiyana de clase baja que atendía a Vegeta II. Ella era la madre del coronel Paragus.

—¿Paragus y el príncipe Pycke eran medio hermanos? —preguntó con asombro.

—Así es —respondió Zorn cruzando los brazos —Pero ambos difuntos, Paragus y Pycke se odiaban. Competían por ver quién obtenía los favores de Vegeta III. Paragus consideraba a Pycke un bastardo oportunista, mientras que Pycke lo consideraba a él un fracasado. Después de todo, Pycke, aunque bastardo, era hijo de Vegeta II y medio hermano de Vegeta III. Cuando vino la batalla contra la reina Mapple y sus hijos, Pycke le había jurado lealtad al príncipe heredero, luchó en su bando y le ayudó en algo a conseguir la victoria. Lo que nadie sabía es que a escondidas orquestaba un plan para sumar adeptos y derrocarlo. Estuvo planeándolo por años. No le interesó que Vegeta III le había dado por decreto el derecho a ser parte de la familia real como príncipe, le permitió vivir en el castillo, lo llenó de comodidades y le dio un escuadrón a su mando, cosa que Vegeta II jamás hizo, pues nunca reconoció ni quiso tener cerca a Pycke.

—Debió ser duró para el difunto rey haber recibido esa traición —afirmó la peliazul observando con decepción a Pycke, ella desaprobaba sus actos con su mirada.

—El príncipe siempre quiso todo lo que era de su majestad. De hecho, le pidió la mano de lady Nion cuando sabía que era la concubina real y favorita del rey. Eso enfureció mucho al rey y desde ahí la relación de los hermanos vino en declive. Entonces, meses después, aprovechando que Vegeta III estaba en una conquista planetaria junto a su reina y la mayor parte de su ejército, Pycke aprovecho para dar el golpe. Se autoproclamó rey y estuvo en el trono por 10 días. Durante ese tiempo hizo lo que le dio la gana, incluso obligó a lady Okra a pintar su retrato como si fuera el rey.

—¿Y qué pasó con lady Nion durante ese tiempo?

—Gracias a mi padre, ella y Paragus, quien no había acompañado al rey en esa misión, pudieron ocultarse durante ese tiempo en los laberintos dentro del castillo. Yo era un niño pequeño en ese entonces y mi papá me resguardó con ellos, ya que yo conocía mejor algunas zonas del ala norte. Pycke buscaba a Paragus para matarlo, y a Nion para someterla a sus caprichos —explicó Zorn deteniéndose unos segundos y respirando hondo —El muy infeliz torturó a mi progenitor por dos días para que le revelara dónde estaban, pero mi padre se mantuvo firme hasta el final, aunque mi madre no tuvo tanta suerte y murió asesinada frente a mi padre por no confesar el paradero de ellos.

—Lamento que hayas recordado todo eso. No tenía idea —se disculpó conmovida la muchacha —Lo lamento mucho.

—No se preocupe mi lady, yo estaba muy joven en ese entonces y ya lo superé hace muchos años —mintió —Por suerte el soberano volvió y lo asesinó, a él y a todos los traidores. Su muerte fue horrible. El rey lo venció en una batalla donde nadie intervino. Cuando cayó derrotado hizo que unos animales salvajes se lo comieran. La muerte más deshonrosa que se pueda tener. Mi padre la disfrutó mucho, nuestra venganza quedó saldada.

—Es impresionante todo —respondió la ojiturquesa conmocionada por esa historia tan cruenta —Ojalá no sucedan esas cosas en esta época —Sintió su estómago revolverse, una especie de náuseas vespertinas.

—Siempre hay que estar preparados para todo, mi lady.

—Pero ¿Por qué el rey no simplemente quemó el cuadro? ¿Por qué a pesar de romperlo lo conservó? —preguntó volviendo su vista a la pintura de Pycke.

—Jamás lo supe. Pero tiene usted razón, el rey nunca permitió que quemaran el cuadro de su medio hermano. Algunos creen que lo hizo para que nadie olvidara lo que podía sucederle a un traidor. La pintura así con el lienzo roto por la mitad estuvo colgada en el gran salón principal junto a los demás cuadros aún mucho tiempo después de la muerte del príncipe Pycke.

—Las historias de la familia real son más impresionantes de lo que pensé. Es una lástima que estén llenas de traiciones, purgas y conspiraciones —expresó ella negando con la cabeza.

La científica siguió viendo otros cuadros que estaban en el área, pero que eran mucho más pequeños, con marcos mucho menos ostentosos que los otros. Podía observar en los lienzos la firma de Okra en la mayoría de ellos. Se caracterizaban porque los nombre de cada uno estaban arriba en elaborada caligrafía en negro: La reina Mapple con una cabellera larga color azabache y ojos expresivos. Lady Tekka, muy elegante con una piel bronceada, ojos tristes color avellana y cabello muy corto a la altura de las orejas. La reina Seed, de cabello marrón revuelto que caía sobre sus hombros, ojos negros y un lunar sobre su mejilla izquierda. Lady Root, de piel blanca y cabello negro recogido en una trenza que llevaba sobre su hombro derecho. Pero la más bella de todas definitivamente era lady Nion, su piel era de un blanco pálido que la hacía lucir distinguida, sus ojos eran negros, rasgados, de aspecto sensualmente felino con tupidas pestañas sobre ellos, su cabello azulado, lacio a la altura de la barbilla, y su nariz recta y finísima. Era la única que compartía una misma pintura al lado de un rey. Y pese a todo lo que había odiado a su suegro durante los últimos meses, no supo por qué, pero al verlo en el cuadro junto a Nion le llenaba de una extraña satisfacción como si muy dentro de ella le estuviese perdonando. Fue entonces, que sintió una sensación de familiaridad indescriptible. Incluso el bebé dentro de su vientre se movió dándole unas pataditas. Zorn notó que ella se había quedado quieta, para luego llevar la mano hacia su vientre, y pensó que algo malo le estaba ocurriendo.

—¿Lady Bulma se siente mal?

—No, no es nada. Es solo que el bebé está un poco inquieto, pero es normal. Hay veces que se los bebés se ponen así. Todavía me falta dos meses para dar a luz —dijo mirando por última vez aquella estancia. Oscurecía y se sintió un poco asfixiada —Creo que ya es suficiente por hoy con estas historias —añadió caminado hacia afuera hasta llegar nuevamente al salón ejecutivo del rey —Zorn, dile a su majestad que me siento un poco cansada. Está demorando mucho y prefiero esperarlo en mi habitación. Ahora puedes retirarte —ordenó.

—Como ordene, mi lady —respondió el soldado e hizo una reverencia para caminar fuera de aquel lugar. Bulma suspiró profundo notando como su hijo en su abdomen se calmaba. Entonces tomó el plano que había llevado, y dio unos pasos para retirarse. Estaba a punto de tocar el botón que le abriría la puerta hacia el pasadizo cuando escuchó una voz apenas audible a lo lejos.

Alzó la mirada con dirección a la entrada agudizando su oído y volvió a escuchar la voz femenina. Zorn le había dicho que Vegeta tardaría en su junta con los ancianos ¿Qué haría una mujer en esa zona privada del palacio? A ese lugar solo tenía acceso el rey, su corte y por supuesto ella ¿Se trataría de Nyu? Sintió un escozor en su pecho al pensar en esa posibilidad. Desde que esa tipa se había casado con su rey, ellas no habían vuelto a verse. Ni quería hacerlo. Presentía que la saiyana no perdería oportunidad para restregarle en la cara su "triunfo"; un triunfo a medias del que ella se encargaría de acabar. No por ser humana, ni ser más débil iba a permitir que esa mujercita ganara, porque, aunque la guerrera se había convertido en princesa y consorte oficial del soberano de Vegitasei, jamás iba a tener lo que ella poseía. El corazón de su majestad. Carta que ella podía jugar muy bien si era inteligente y no se dejaba llevar por sus sentimientos. Antes que mujer, también era madre e hija, tenía a tres seres por quien velar y la mejor manera era manteniéndose al lado de Vegeta. Por supuesto que lo amaba con locura, pero no era descabellado pensar en que si se dejaba dominar por el orgullo y los celos sería despojada de los privilegios que como concubina real tenía. Cualquier mujer razonable daría lo que fuera por estar en su posición y no dejaría que nadie le quitase lo que le pertenecía a ella, sus dos hijos y su padre, que también se veía beneficiado con su categoría.

Caminó hacia la entrada tratando de escuchar mejor lo que decían afuera, cuando estaba por llegar pudo notar claramente que no era una charla normal. Alguien estaba discutiendo. Apresuró sus pasos y llegó a la puerta en donde se quedó escuchando un poco más pudiendo comprender lo que pasaba.

—¡Ya te dije que debo ver a su majestad Raditz!

—Le he dicho que no se encuentra, y en todo caso usted debe auditar una reunión con el rey. Esas son sus órdenes desde que fue coronado. Nadie puede solo venir y solicitar verlo —respondió el soldado que estaba interpuesto entre la entrada y la mujer que lo miraba con fiereza.

—Él me recibiría sin tanto protocolo —respondió ella cruzando sus brazos molesta.

La peliazul llevó una mano a su pecho cuando pudo reconocer la voz ¿Esa mujer qué hacía ahí? ¿Cómo se atrevía a intentar saltarse el reglamento? ¿Es que aún se creía con derechos sobre él? ¿Vegeta le permitiría esa clase de insolencias? Su corazón se apretujó dentro de sí. En otro momento hubiera incluso llorado al saber que una tipeja que había tenido un pasado con su amado había regresado, quizá hasta le hubiese reclamado ó posiblemente hasta peleado con la moza, pero los golpes de la vida le habían enseñado que para salir victoriosa debía usar su mente y no su corazón.

Tragó saliva para después pasar su lengua por su labio inferior, elevó su mano colocándola en el pomo de la puerta al tiempo en que la abrió dejándose ver por la hembra que estaba del otro lado. Dio un par de pasos fuera cerrando detrás la puerta y miró a la femenina que fijó sus orbes miel avellana en ella alzando las cejas con sorpresa.

—¡Lady Bulma! —vociferó Raditz haciendo una reverencia. Por supuesto que él sabía que la terrícola estaría a esa hora con el rey en ese lugar. Pero Zorn le había dicho que ella estaba por retirarse y por eso intentó hacer que Okra se largase, para evitar cualquier conflicto. Ya muchos sabían que la mujer del capitán andaba tras el monarca nuevamente. La saiyana había llegado minutos después que su esposo había salido del despacho real.

La peliazul saludó al guerrero asintiendo y regresó su atención a la saiyana que sonrió y le dio una leve reverencia.

—Lady Bulma, no sabía que estaba aquí —chilló emotiva con una tan genuina sonrisa que la peliazul se hubiera creído su cortesía si no supiera que esa mujer iba tras Vegeta a toda costa.

—El rey Vegeta no va a recibirte —respondió Bulma con seriedad cruzando sus brazos sobre su abdomen abultado.

—No se preocupe Bulma, lo que tengo que hablar con nuestro rey puede esperar —contestó con la misma expresión hipócrita. La científica entrecerró sus ojos analizando a la saiyana, ella se veía segura de sus palabras y eso le produjo una especie de desconfianza en ese momento, aunque no pudo descifrar el por qué, ni los motivos, pero de una cosa si debía estar segura. Debía estar alerta. Con ese problema extra ahora no solo tendría que lidiar con la odiosa de Nyu.

—Lo que sea que tengas que hablar con él no será aquí, el estudio es privado, para asuntos de Estado o personales de su familia cercana —dejó salir de sus labios con recelo —No es para atenderte a ti, lady Okra —agregó enfatizando sus últimas palabras. La mirada con que la saiyana la observa le irritó de sobremanera, la sonrisa que parecía genuina de su parte se había curvado haciéndola lucir burlesca.

—Por supuesto Bulma, no me atrevería a intentar que él me haga pasar a su despacho —respondió la pintora haciendo un esfuerzo por mantenerse calmada. Ahora podía verlo, no era por nada que la terrícola se había convertido en la concubina real de su rey. La muchachita no se andaba con rodeos, y aunque ella querría irse de frente en su contra, su raciocinio le gritó en su interior que "no lo hiciera". Si demostraba descaradamente sus intenciones reales hacia el rey terminaría mal, Vegeta ahora estaba con ella, y además tenía a la insípida de Nyu como esposa oficial, y no creía que fuera el mejor momento para intentar desbancar a alguna de las dos. Pero de que recuperaría a su antiguo amante lo haría, bajo cualquier circunstancia.

—Si esto fue todo, Raditz por favor escolta a lady Okra fuera de los alrededores, puede aburrirse aquí, sin nadie que le haga compañía —expresó la ojiturquesa sonriendo irónica.

—Como ordene lady Bulma —respondió Raditz reverenciando a la humana al igual que la saiyana pues la científica se giró para volver a entrar al despacho, estaba cansada de estar de pie tanto tiempo en su estado. Le dio una última mirada a la pintora que la observaba desde atrás y abrió la puerta que había cerrado a sus espaldas. Regresaría a su ala por el mismo camino por dónde había llegado. Ya se encargaría de que esa mujer no tuviera oportunidades para acercarse a su rey.

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.

Había entrado la noche. La sonrisa que reflejaba su rostro era tal cuál como se sentía por dentro. Aún a estas alturas la sola idea de encontrarse con Vegeta hacía que escalofríos recorrieran su cuerpo. Tan solo imaginar que dentro de poco estaría en sus brazos, acariciando cada parte de su erótico cuerpo, y besando los labios del saiyajin real que ella misma había entrenado, su estómago se tensó de solo pensar en aquello. Hacía un par de días que no estaban juntos, y aunque no le faltaba mucho para dar a luz, la doctora encargada de su preñez le había dicho que todo marchaba absolutamente bien. Su segundo embarazo era muy distinto a lo que vivió con Trunks, por él había sufrido mucho, fijó su mirada en el bebé que era cargado por Lan Fan a su lado y no pudo más que ampliar su sonrisa. Había valido cada segundo de dolor ahora que tenía a su hijo con ella, no le importaba por volver a pasar por lo mismo con tal de tener al pequeño príncipe a su lado. Su padre amaba al bebé, lo llevaba cada vez podía a verlo, y aunque en más de alguna ocasión se puso triste al pensar en cuánto su madre también habría amado a su niño, se decía a sí misma que ella siempre estaría presente en su vida mediante los recuerdos.

Salió de sus pensamientos cuando giró hacia el pasillo que la llevaba hacia la recámara de su amado. Tendría que dejar las nostalgias a un lado y disfrutar del momento con él. Vegeta la había mandado a llamar después de que no pudo llegar a la reunión en su despacho en horas de la tarde de ese día.

—Por favor no se retiren, Trunks deberá volver después que su padre lo vea, quiero que todos acompañen de regreso a mi hijo a su habitación —habló Bulma una vez se aproximaron a la puerta de la alcoba del rey. Gine y los demás asintieron ante sus palabras.

—Lady Bulma —saludó Zorn que estaba en la puerta. La ojiturquesa se sorprendió un poco cuando su mirada se fijó en el soldado que la reverenció al llegar.

—¿Zorn? ¿Ahora estarás aquí de forma permanente? —preguntó, pues de todas las veces que había visitado a su rey nunca había visto al soldado haciendo guardia en la puerta.

—Soy el guardia personal de su majestad desde hoy, así que me verá siempre cerca —respondió. Esa tarde Kakaroto le había dado una carta con el sello imperial en dónde se manifestaba su ascenso de guardia real a guardia personal del soberano.

—Felicitaciones Zorn —dijo la científica con una sonrisa genuina que hizo sonrojar al saiyajin. Él desvió el rostro ante el comentario. No estaba acostumbrado a ser felicitado de esa manera tan espontánea e informal, y menos si esas palabras venían de esa terrícola tan hermosa que se había colado muy dentro de sus pupilas.

—El rey la espera —contentó con rapidez al darse cuenta de su vergüenza. Así abrió la puerta para la femenina. Bulma tomó en sus brazos a Trunks y entró escuchando como la puerta se cerró detrás.

—Mira a quién vinimos a ver mi amor, es tu padre —chilló emocionada la peliazul al ver a Vegeta sentado en uno de los sofás de la estancia. Lo reverenció y al erguirse miró al soberano alzar su mano y hacer un gesto para que se acercara a él. Ella notó el estado del saiyajin, él tan solo llevaba puesto el pantalón, tenía una copa de vino en su mano y el torso desnudo con cada uno de sus músculos marcados, casi la dejó sin aliento tal panorámica. Entre más tiempo pasaba él se convertía en un hombre aún más atractivo que antes y eso la calentó por dentro. Mordió su labio inferior y llegó hasta a el hombre intentando disimular lo mucho que la enloquecía. El bebé en sus brazos se removió impaciente balbuceando cuando notó a su papá frente a él.

—Príncipe —llamó Vegeta al pequeño recibiéndolo en sus piernas cuando la peliazul se sentó a su lado.

—Apa, apá —pronunció Trunks sujetándose con sus manitas del tórax descubierto del rey, él intentaba ponerse de pie agarrándose del cuerpo de su padre. Vegeta dejó la copa en la mesa auxiliar al lado del sofá y tomó a su hijo con ambas manos por debajo de las axilas para afirmarlo, mirándolo con una sonrisa. Era su orgullo, Trunks era el primogénito que cualquier soberano esperaría tener, con cada semana que pasaba se ponía más fuerte, los médicos científicos encargados de llevar el control de su desarrollo le daban siempre las mejores noticias con cada evaluación semanal, el potencial que demostraba su vástago le llenaba de grandes expectativas, y solo esperaba que cuando cumpliera al menos dos años iniciaría con su entrenamiento para explotar sus habilidades.

—Ha estado llamándote todo el día —indicó la científica mirando al bebé ponerse de pie sobre las piernas del rey.

—¿Y tú? —preguntó él mutando de una sonrisa airosa a una maliciosa volteando a ver a la hembra a su lado que también lo observó. Las mejillas de la ojiturquesa se incendiaron ante esas las palabras y bajó su vista a un punto en el piso alfombrado.

—Yo pues…

—Huelo a muchos metros tu necesidad de que te folle —respondió el saiyajin real acercándose un poco a la mujer, ella alzó su rostro encontrándose con el de él a escasos centímetros.

—¡No digas esas cosas! —susurró casi inaudible con total vergüenza antes de que él besara sus labios.

—Mi plan era tomarte sobre mi escritorio ésta tarde, pero no pude llegar —bramó Vegeta separándose de los labios carnosos y exquisitos de la humana.

—Te esperé, pero Zorn dijo que tardarías en la reunión con los ancianos —dijo sonrojada desviando sus ojos a su hijo que sujetaba su propia cola en una especie de juego, los movimientos de miembro del niño eran un poco torpes, en un principio le había preocupado al ver lo descoordinado que podía mover su cola en el aire, pero el rey le había explicado que era tan normal en los críos de su raza como lo era aprender a caminar.

—Tardó más de lo esperado —respondió él volviendo su interés a su vástago.

—Por cierto, tengo algo para ti —chilló la peliazul poniéndose de pie para ir a la puerta, el rey la observó, su hembra apenas podía caminar a paso apresurado con su enorme abdomen, la doctora ya le había enviado el informe sobre el estado de salud de su concubina, le había dicho que dentro de poco daría a luz. Se sentía feliz de que la única mujer que amaba le diera su segundo hijo, y aunque ella no había sufrido lo mismo que pasó durante su primer embarazo, se notaba el esfuerzo que hacía para andar, con todo y eso ella aún mantenía el mismo nivel de energía. Trabajaba cuánto podía en su laboratorio privado, le había construido una cámara de gravedad en el centro de entrenamiento, ayudaba a su padre, el científico que se destacaba en el área tecnológica dentro del palacio, hacía tantas cosas y siempre tenía tiempo para su cachorro y para él. Era de las cosas que más admiraba de su terrícola, tenía esa calidez y dedicación hacía toda las cosas que le apetecían sin descuidar una por la otra.

Vegeta la vio intercambiar algunas palabras con Gine que estaba afuera, la saiyana le entregó una caja, Bulma la tomó regresando dentro. Sonrió al observarla. Era extremadamente hermosa, su embarazo le sentaba demasiado bien, desde antes de parir siempre fue atractiva, pero la preñez la había desarrollado de una manera bastante interesante, comenzando por sus senos, estaban más redondo y grandes, sus caderas más anchas haciéndole lucir una cintura muy estrecha. Su cuerpo era el de una mujer completamente desarrollada, pero su rostro seguía teniendo aires de adolescente. Era perfecta.

—A… ma —balbuceó Trunks cuando vio regresar a su madre.

—Cariño no me iré —respondió la peliazul sentándose al lado de los hombres de su vida —Mira, hay que darle el obsequio a tu padre —agregó mirando ésta vez a Vegeta. Él alzó una ceja desviando sus ojos de los de la femenina para fijarlos en la caja.

—¿Qué es? —preguntó curioso, ella no solía sorprenderlo con esa clase de detalles.

—Mi rey… —comenzó a decir la científica con una sonrisa en sus labios bajando la mirada a la caja en sus manos —Estuve examinando las armaduras que usan tanto tú como los soldados de las tropas de choque, encontré algunos aspecto que podrían mejorarse, tanto en calidad de materiales como en el aspecto anatómico… —detuvo unos segundos sus palabras para alzar la vista y posarla en los ojos obscuros de Vegeta que la observaba atento, lo que le dio ánimos para seguir hablando al notar su interés —Así que decidí trabajar en ello, además… —se sonrojó antes de proseguir —Quise que fuera tu regalo, por tu ascenso al trono —él se quedó mirándola un momento y se preguntó ¿Qué había hecho para merecer a esa mujer? Era un rey con una reputación abominable, su raza era sanguinaria, purgaban planetas para mantener su economía, asesinaban para su comercio. No cualquier hembra aceptaría quedarse al lado de un ser de su naturaleza, pero a pesar de todo ella seguía con él, aún cuando había cometido algunos errores su concubina lo había perdonado. Desde hace mucho que se había dado cuenta de lo especial que era ella y que no podía concebir la vida sin su humana de cabellos turquesa.

Dejó al príncipe sentado en el sofá, entre él y Bulma que estaba a su lado, Trunks cogió un vuelo del vestido de su madre a la altura de su cintura que estaba a su alcance, el cual llevó a su boquita para morderlo. Ella acarició la cabecita del niño dedicándole una sonrisa maternal al ver su acción. No era porque era su hijo, pero el pequeño era el bebé más hermoso que había visto en su vida.

—Muéstrame —pidió el rey. Ella rápidamente abrió la caja dejándola de lado cuando sacó una nueva armadura, más resistente y de mayor comodidad.

—¿Qué te parece? —preguntó exaltada entregándosela en sus manos al soberano. Él la tomó en sus manos palpando la armadura en su extensión, era ligera y flexible.

—No tiene hombreras —dijo notando la diferencia que tenía con su armadura habitual.

—Quise prescindir de ellas, solo sirven para cargar tu capa —bromeó la científica soltando una risa cantarina —Te moverás con mayor comodidad sin ese distintivo.

—Bien, me gusta —respondió él mirando una ultima vez su obsequio para mover sus ojos hacia ella.

—¿Sí? ¡Me alegro tanto mi rey! —chilló la joven inclinando su cuerpo hacia él para darle un beso en sus labios —Oíste mi amor, a tu padre le gustó lo que le hicimos —añadió tomando a Trunks en sus brazos para darle besos en sus mejillas.

—El príncipe debe dormir y tu debes venir a mi cama —expresó Vegeta colocando la armadura en la mesa de centro, ella asintió apenada ante la sugerencia tan directa.

—¡Lan Fan! —llamó a la muchacha para entregarle a Trunks y darle las instrucciones de llevarlo directamente hacia su dormitorio para hacerlo dormir. Le dio un beso al bebé y cerró la puerta para regresar al sofá donde Vegeta seguía sentado, había tomado la copa y la estaba llenando nuevamente de la botella sobre la mesa auxiliar.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él al verla acercarse hasta su regazo en donde ella se sentó. Dejó la copa lado y colocó su mano en el vientre de la mujer, mientras su cola mimaba la espalda de la femenina.

—He estado siguiendo las recomendaciones de la doctora, me está yendo bien, dentro de un par de semanas nacerá Vegeta Jr —respondió contenta sintiendo la palma cálida del saiyajin deslizarse por su abdomen —Me siento un poco nerviosa, la última vez no la pasé bien.

—Lo harás bien —animó él llevando su tacto hasta una de las piernas de la peliazul, alcanzó la orilla del vestido y deslizó su mano por debajo palpando la tersa piel del lado interno del muslo de la muchacha, ella entreabrió sus extremidades excitada al sentir la suave caricia, los vellos se le erizaron y un suave gemido salió por sus labios.

—Mi rey… —suspiró cuando el saiyajin tocó su intimidad por sobre la ropa interior al tiempo en que mordió su labio inferior —¡Mi amor! —emitió un quejido excitante cuando él masajeó la zona enviando descargas de placer por todo el cuerpo femenino. Sacó la mano de abajo del vestido y acercó a la hembra hasta sus labios tomándola por el cuello. La besó abriéndose paso con su lengua hasta tocar la de la humana, ella se separó un poco para tocar con sus manos el pecho descubierto del hombre. Bulma le correspondía de la misma manera apasionada succionando sus labios en tanto tocaba sus pectorales, sintió cómo ella daba leves estirones a su labio inferior haciendo que un gruñido saliera de su garganta. No se explicaba cómo habiendo tantas veces que besó esa boca y no se cansaba de ella, cada vez la encontraba más exquisita.

—Dilo de nuevo —pidió el soberano sujetando por la espalda y bajo las piernas a la científica para ponerse de pie alzándola en sus brazos. Ella ladeó el rostro procesando la solicitud y entendió lo que él quería. Se acercó al oído del saiyajin y comenzó a darle lamidas eróticas al lóbulo de su oreja. Llegaron a la cama y él la dejo en medio del colchón, iba a separarse de la hembra para quitarse la ropa, pero ella lo jaló sobre su cuerpo y continuó besando el mismo sitio.

—Mi rey, mi amor, vida mía —susurró en un gemido para él —Hazme tuya rey Vegeta —pidió con deseo al tiempo en que él se deslizó hasta quedar con la cabeza entre las piernas abiertas de la joven.

—Déjame ver que tienes para mí —comentó Vegeta con una sonrisa pícara que hizo sonrojar a la ojiturquesa que lo veía desde arriba. Él le subió el vestido sacándolo por los brazos de la muchacha y volvió su atención hacia abajo retirando la braga que cubría el manjar entre esos muslos. Miró los labios rosas del sexo de su hembra, se le hizo agua la boca cuando el olor dulce llegó hasta su nariz, olía demasiado bien así que no tardó en probar lo que ella le ofrecía.

El rey inició repartiendo besos en cada uno de las blanquecinas piernas de la terrícola, deleitándose con los quejidos que la humana emitía una y otra vez hasta que llegó a su centro y comenzó a besar el botón de placer succionando una y otra vez mientras su cola se enroscaba en una de las piernas de la mujer.

—¡Vegeta! —gimió la peliazul intentando cerrar las piernas, pero él volvió a abrirlas con ambas manos para luego sostenerla por la cadera. Por un momento la boca del saiyajin se quedó unida a la intimidad femenina lamiendo y chupando con deleite percibiendo los tironeos que daba su miembro erecto dentro de su pantalón. Ella llevó una de sus manos hasta el brazo del saiyajin, buscó su mano y enredó sus dedos con los de él, apenas podía tener control de sus movimientos, su cuerpo simplemente era preso del placer que él le estaba dando. Instintivamente se mecía contra la boca del rey buscando un mayor contacto. Cuando él comenzó a mover su clítoris de un lado a otro con su lengua no pudo retener más sus gritos, se dejó llevar haciéndose escuchar por toda la habitación. El calor inundó su cuerpo de a poco hasta que llegó a su clímax corriéndose en la boca del hombre que aun comía de ella —Kami… Ahhhh —se quejaba con gozo.

Él dejó su centro y se alejó mirándola a los ojos mientras se deshacía de sus botas, ella estaba en su cama desnuda, con su vientre enorme como una decoración en su cuerpo que le encantaba, tenía el cabello revuelto y los labios hinchados por sus besos. Sonrió ladino sin apartar sus obscuros ojos de su hembra y sujetó el borde de la cintura de su pantalón para quitárselo.

—Déjame hacerlo —dijo ella sentándose frente a él, en esa posición con él de pie, quedaba su rostro a la altura de su miembro. Ella llevó sus temblorosas manos por el reciente placer aún en su cuerpo hacia la pretina del pantalón, antes de bajarlo le dio un par de besos sobre éste sintiendo en sus labios la dureza del pene erecto del saiyajin. Ella alzó la mirada al tiempo en que descubrió el miembro viril que se elevó con grandeza al ser liberado. La ojiturquesa miró al hombre con una sonrisa y luego a su sexo masculino, gesto que para Vegeta fue de lo más erótico, detalló a la femenina llevar su mano derecha a su boca pasando su lengua por la palma humedeciéndola, sujetó con firmeza el pene con su mano mojada por la saliva y la movió de arriba abajo por toda la extensión, volvió sus ojos arriba notando como él cerró los párpados ante el contacto. Dio besos cortos en el vientre del rey y posteriormente alrededor del tronco sin desatender con su mano el miembro viril.

Sintió de pronto cómo él la empujó por los hombros para acostarla en la cama y se subió sobre ella cuidando de no aplastar su vientre gestante.

—Si continuas así me voy a venir sobre ti —dijo llegando hasta los senos de la muchacha, los miró antes de llevar un pezón endurecido a su boca. La escuchó gemir y la vio retorcerse nuevamente.

—Eres un pervertido Vegeta —dijo ella en un susurro bajando la mirada hasta él que comía de sus pechos, intercambiaba de uno a otro provocándole escalofríos ante el contacto con su lengua húmeda. Ella mordió su labio inferior con el sensual espectáculo de ver al rey alimentándose de sus senos.

—Comportarse de forma vulgar en la cama siempre está más que permitido —respondió él llegando a su boca para besarla. Con una de sus manos alzó la pierna de la humana y dirigió su miembro hasta su centro hundiéndose lentamente en su estrechó interior. Dejó salir un gruñido cuando estuvo dentro de la terricola. Ella lo abrazó por el cuello gimiendo ante la intromisión. Vegeta volvió a sacar su pene y esta vez lo empujó hasta la base en un solo movimiento.

—¡Ahhhh! —chilló la científica buscando con la mirada la del saiyajin real encontrándose con esos ojos obscuros que tanto amaba viéndola con lujuria —No te contengas, hazme todo lo que quieras —dijo ella sintiendo la virilidad del soberano entrar una y otra vez en su interior.

—¿Segura que estás preparada para la noche que te espera? —preguntó él con una sonrisa ladina en sus labios. La vio asentir en medio de jadeos y comenzó a empujar dentro de ella con más vigor y rapidez. Llevó su cola hasta uno de los senos de la muchacha que se movía con cada estocada y comenzó a acariciarlo con vehemencia.

Ninguna mujer le hacía sentir ni la mitad del placer que Bulma le daba.

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Tres semanas habían pasado desde entonces, el obsequio que su mujer le había dado había sido mejor de lo que esperaba, había usada su armadura poniéndola a prueba en sus entrenamientos y había resultado tan ligera y resistente que se notaba la clara diferencia con su antigua protección. Dio la orden para que fuera producido el primer lote de armaduras para los escuadrones élite que estaban en primera línea de defensa en el ejército, todo bajo la dirección de la científica.

No esperaba menos de ella, no se había equivocado al elegirla y decidir amarla, todo lo que en un principio le pareció absurdo y ridículo poco a poco lo fue aceptando, primero para sí mismo para después reconocerlo ante su pueblo, porque indirectamente al darle un título y cabida dentro de su vida estaba aceptando sus sentimientos por ella. Porque nadie ignoraba el hecho de que la terrícola era lo más importante para él y aunque haya desposado a Nyu, jamás ocuparía el lugar dentro de su pecho que el que la humana tenía.

Las últimas tres noches no la había visitado, la doctora que mandó a llamar al salón del torno desde donde dirigía sus asuntos de estado, para que le informara sobre el estado de su vástago, le había dicho que su humana necesitaba esos días para estar tranquila y descansar, debía tener energías para dar a luz que estaba próximo según la fecha probable de parto. Dio, además, las instrucciones precisas para que las criadas tuvieran especial atención esos días, quería evitar cualquier incidente posible que se pudiera presentar.

—¿Está preocupado? —preguntó Nyu abrazando al soberano por la cintura desde atrás. Él se encontraba de pie en el balcón de su recámara que ofrecía una vista panorámica hacia la ciudad principal, sumergido en sus pensamientos.

—¿Qué haces aquí? —preguntó sin moverse, hacía dos noches que había estado con la saiyana. Igual que siempre que le tocaba aparearse con ella, había sido sexo duro y rudo, pero a la guerrera así le gustaba. Vegeta había decidido que con Nyu sería solo un día a la semana. Los otros seis días eran para Bulma.

Desde que se llevó acabo su unión, hacía más de mes y medio, Nyu comenzó simultáneamente con el tratamiento de fertilidad. El rey solo esperaba poder preñarla lo más pronto posible y poder darle a su pueblo el crío puro que todos esperaban. Pero ahora el tema era lo que menos le preocupaba, por el momento Bulma y su segundo hijo ocupaban la mayor parte de sus pensamientos. Aún recordaba el infortunio que sufrió su concubina y lo que la llevó a parir a Trunks antes de cumplir con el tiempo de gestación. No había podido mandar a llamar a Bulma para tenerla en su cama porque la médica se lo había recomendado. Pero extrañaba su cuerpo, su olor, su piel, no obstante, se había limitado a tan solo mirarla por las mañanas en su habitación cuando pasaba a ver su cachorro que crecía rápidamente.

El príncipe iba dando pautas de lo que sería cuando se convirtiera en un hombre. Ya podía caminar sin ayuda a sus escasos diez meses, incluso hablaba palabras completas sin balbucear, Bulma le había dicho que los críos terrícolas no pronunciaban bien el idioma hasta llegados al año y medio o dos de vida. Pero no se extrañaba del acelerado desarrollo de su vástago cuando él provenía de un padre con genes reales y de una mujer de inteligencia aguda.

Nyu observó el perfil de su marido, de las veces que habían estado juntos desde que se casaron, él no la había rechazado, tampoco la trataba mal, pero quizá todo aquello se debía a su cortesía, y aunque le doliera debía reconocer que su relación era llevadera porque él veía su unión como un compromiso más que debía cumplir. Su sexto sentido femenino le decía que había algo entre ellos que no terminaba de convencerla. Vegeta era un hombre silencioso, no le contaba sus cosas, podía pasar con él en la misma habitación por horas sin que hubiera una conversación de por medio, era como si ella no existiera. Quería romper ese muro que el saiyajin interponía entre ambos. No solo quería ser una mujer que lo complaciera en la cama o la que le sirviera solamente para darle críos, deseaba además ser su confidente, su apoyo y sostén, pero no sabía como acercársele.

—Quería verlo, lo he extrañado —susurró buscando su mirada, pero él simplemente apartó de su cuerpo las manos con que ella lo rodeaba y se giró para entrar a la recámara.

—Déjame solo —le respondió tomando el scooter que había dejado en el buró al lado de la cama. Lo encendió y tecleó en la pantalla un par de veces antes de alzar la mirada seria fijándola en la saiyana que lo veía desde la puerta del ventanal. La princesa bajó la mirada cuando los intensos ojos brunos del hombre se posaron en ella, la muchacha asintió reverenciándolo y salió acatando su orden. Vegeta la vio retirarse y volvió la vista al rastreador, lo colocó en su oído y escuchó la voz del otro lado —¿Qué sucede Shitsuji? Vi tu mensaje.

Majestad, es lady Bulma…

—¿Qué le pasó? —preguntó con voz calmada, aunque por dentro se sintió angustioso. Había escuchado desde el balcón el pitido del scooter que le avisaba de un mensaje. Al ver el texto proveniente del mayordomo supo que era urgente, su inquietud había sido tanta que sin tacto echó a Nyu de su alcoba para hablar con él.

—Está por dar a luz —no había terminado de oír el motivo por el cuál Shitsuji lo solicitaba cuando ya estaba saliendo de su habitación a paso apresurado para ir a verla.

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Hacía dos semanas que había cumplido con el período de gestación, hacía dos semanas que debió haber dado a luz, pero el bebé no dio indicios por nacer.

Era de tarde, la doctora que la revisaba la había llevado urgentemente al ala médica al darse cuenta de la quietud del niño dentro del vientre materno. Era normal que la fecha probable de parto no fuera exacta, pero que pasarán dos semanas era un período alarmante.

Gine había ayudado a la peliazul a acostarse en la camilla para que el equipo médico la atendiera, la ultrasonografía por suerte reveló que el bebé estaba bien, pero inmediatamente la médica le informó a la humana que el parto debía ser inducido. Así que la prepararon para poder infiltrarle el medicamento que ayudaría a provocar las contracciones y que ella pudiera parir al príncipe.

Habían pasado dos horas desde entonces, la sesión era ardua y dolorosa. Los quejidos y gritos de la científica se escuchaban hasta el pasillo por lo que Shitsuji había decidido hacerle saber al rey lo que ahí dentro estaba pasando.

—¡Vamos Bulma puje! —animó Gine que estaba a su lado junto con Milk, ella estaba de visita en el momento en que la doctora indicó que iban a iniciar el trabajo de parto.

—¡No puedo! ¡Ahhhh! —gritó la científica que se encontraba acostada en la camilla y con sus piernas abiertas mientras la médica intentaba ayudarle. La doctora que estaba sentada frente a los muslos separados de la humana revisando el canal uterino, se puso de pie y se colocó a su lado.

—No está funcionando —dijo más para sí mima mientras veía el monitor en donde controlaba el ritmo cardíaco del bebé aún en el vientre. Le habían colocado un traductor de ultrasonido sobre el abdomen, desde dónde podía controlar la frecuencia cardíaca del feto durante el trabajo de parto.

—¿Qué… qué está pasando? —preguntó Bulma respirando con dificultad, podía afirmar que las contracciones eran aún mucho más dolorosas que cuando dio a luz a Trunks. Sentía que se le iba la vida con cada espasmo en su vientre.

—Hay que sacar el feto cuánto antes lady Bulma, la frecuencia cardíaca del niño está disminuyendo —comentó posando esta vez la vista en la terrícola. Estaba sudada, con el rostro sonrojado por el esfuerzo y no podía dejarse de preguntar cómo una mujer como ella era tan valiente para afrontar de forma tan intrépida un embarazo de un crío con genes saiyajin. Ella misma había atendido el parto del primogénito príncipe, la jovencita estuvo a punto de perder la vida en aquel entonces, la habían envenenado y hecho parir en el mismo día sin que el feto estuviera en su pleno desarrollo. Ahora mientras Trunks había nacido adelantado a su fecha, el segundo hijo del rey se resistía a nacer. Era como si de alguna forma se sintiera demasiado cómodo en el vientre de su madre, pero a pesar de todas las dificultades la humana se mostraba fuerte, aunque su cuerpo era frágil daba todo de sí para no morir en el intento. Realmente era una hembra decidida. Por algo el soberano la había elegido para estar con él —Debe ponerse en cuclillas ¡Ahora! —ordenó ayudando a la científica a acomodarse sobre sus rodillas en la camilla.

—Esa postura… —comentó Gine observando a Milk, en un juego de miradas en donde le indicó que algo pasaba.

—Sujétese de ésto —indicó la doctora alcanzándole una cuerda que estaba sujeta al techo de dónde la ojiturquesa se apoyó para poder hacer el esfuerzo de pujar.

—¡Mi bebé! ¡Debe nacer! —chilló cuando otra contracción se hizo presente y pujó más fuerte —¡Ahhhhhh!

Fuera de la sala de parto se escuchó el quejido de la concubina real, llevaba aproximadamente dos horas intentando hacer nacer al nuevo príncipe.

Nyu vio salir a Vegeta unos minutos después de que ella abandonara su recámara, se le había hecho extraño que él la corriera de esa forma de su habitación.

—¿Adónde va mi rey? —preguntó un par de veces, pero solo lo miró andar a paso apresurado con dos de sus escoltas tras él, Zorn y Kakaroto, lo seguían de cerca mientras ella intentaba alcanzar su marcha, Apricot y Cilantria que eran sus damas de compañía la escoltaban.

Vegeta ni siquiera escuchó el llamado de la princesa, iba tan ensimismado en sus pensamientos que solo podía pensar en el bien estar de su terrícola, los demás podían irse al demonio en ese momento. Aún recordaba lo difícil que fue para ella soportar ser envenenada por culpa de la esclava Arian, por si fuera poco, la toxina le provocó un parto prematuro en el que casi la pierde, tanto a ella como a Trunks. Si algo llegara a pasarle ahora no se lo perdonaría. No había medido las consecuencias de sus actos, no la había cuidado y la fecundó demasiado de prisa. Por supuesto que quería que Bulma le diera muchos cachorros, era la única a la que preñaría tantas veces como ella lo deseara. Pero exponerla de esa forma tan inconsciente era solamente su culpa, debió respetar su período de descanso y no cogerla antes de que pudiera protegerse para no concebir.

—No deberíamos ir, princesa —murmuró Cilantria aproximándose a Nyu que iba caminando a paso apresurado para no perder de vista al saiyajin real.

—Debo averiguar qué le es tan urgente —respondió con el ceño fruncido ante la indiferencia de su marido.

—Creo que se trata de Bulma —dijo Apricot a su lado derecho. Apretó los dientes de solo escuchar su maldito nombre de los labios de su dama de compañía.

—¡No seas tan estúpida, Apricot! —regañó ofendida mirando a la guerrera encogerse de hombros —Sabes lo enferma que me pone escuchar ese nombre asqueroso —añadió aligerando su andar cuando miró al rey girar en una esquina a cinco metros de distancia de su posición.

—¿Qué le sucede Shitsuji? —cuestionó Vegeta llegando hasta su mayordomo en el pasillo del ala médica, en el lugar se encontraba Raditz y la comitiva de la humana que esperaban angustiadas afuera. Lo recibieron con una reverencia.

—Majestad, por favor acompáñeme —pidió el mayordomo entrando junto con el monarca al lugar. Nyu que llegó justo a tiempo para ver a su marido adentrarse a la sala de parto del ala médica se dio cuenta, pudo deducir con solo ver el panorama que la zorra científica estaba pariendo a su segundo bastardo. Caminó hacia la entrada dónde Vegeta y su fiel perro entraron, Shitsuji era uno de los primeros en su lista que iba deshacerse en cuanto tuviera la oportunidad. Luego estaba su escolta principal, Kakaroto. Él y su familia estaban de parte de la humana y por eso iban a pagar altas consecuencias. Y otro que estaba en su lista negra era Zorn. Tanto él como su zorra esposa eran unos estorbos que prefería liquidar antes de que tomaran más poder.

—No puede acceder señora Nyu —dijo Zorn interponiéndose entre ella y la entrada, él había reaccionado a tiempo cuando vio las intenciones de la saiyana de querer ir tras el rey. La guerrera alzó la mirada observado el rostro serio del guardia real.

—¿¡Crees que un simple soldado va a impedírmelo!? Te recuerdo que no estás a mi nivel. Soy la consorte real y tú un inútil que no sabes controlar ni a tu esposa —ripostó alterada empujando al saiyajin por el pecho, ni él ni nadie iba a interponerse, quería ver con sus propios ojos el descaro del rey al anteponer a esa maldita humana antes que ella, ella que era la princesa de Vegitasei ¡Su consorte real y futura reina! —¡Apártate! ¡Es una orden! —gimió colérica, pero el guerrero no accedió a su mandato.

—Apricot y Cilantria… Controlen a su alteza o su majestad se enfadará con ella —indicó el guardia llamando a las jóvenes saiyanas. Ambas mujeres se acercaron a Nyu, pero ella se giró dedicándoles una mirada de reprimenda.

—No se atrevan a tocarme, imbéciles, o les daré la paliza de sus vidas aquí mismo! —vociferó fuera de sí intentando apartar a Zorn para ingresar.

—Alteza, no me obligue a usar la fuerza —reprochó el guardia personal del soberano.

—Soy la esposa de su majestad ¿Cómo te atreves a tratarme así, basura insolente? —dijo dirigiendo su atención nuevamente al soldado frente a ella. Alzó su mano del revés para castigarlo por su atrevimiento.

—¡Nyu! —la mencionada se dio la vuelta al escuchar esa voz familiar de la única persona que la hacía entrar en razón.

—Tío Nappa…

—Ve a tu habitación y serénate. Estás haciendo el ridículo —expresó en un tono autoritario que hizo comprender a su sobrina el vergonzoso espectáculo que estaba dando. Él tenía razón, ella estaba actuando de forma impulsiva, por suerte el rey no había escuchado nada, así que asintió y se retiró con su comitiva.

Shitsuji, el rey y Kakaroto que habían entrado a la sala de parto escucharon a la mujer que adentro se quejaba. Vegeta notó los alaridos de dolor que emitía su frágil terrícola, ella estaba sufriendo y él apenas se daba cuenta.

—¿¡Cómo es que me entero hasta este momento maldita sea!?

—Majestad, apenas supe la gravedad de la situación, lady Bulma tan solo vino para su revisión rutinaria, no esperamos que su parto…

—Shitsuji, no debo recordarte tu deber porque vives aquí desde antes que yo naciera. ¡Solo debes informarme de todo lo que pasa en mi castillo! —bramó enfadado mirando a su mayordomo asentir a sus palabras. El deber de su criado de mayor confianza era mantenerlo al tanto de cada cosa ocurría en el palacio, sobre todo si trataba de ella.

—Perdóneme por mi imprudencia, majestad. No pensé en este imprevisto.

—¿Qué sucedió exactamente con Bulma? —cuestionó Vegeta llevando una mano a su sien para masajearla.

—Su parto fue iniciado a base de medicamentos ya que el período natural para dar a luz había sobrepasado por mucho la fecha probable del alumbramiento —explicó, miró asentir a su majestad que mantenía el ceño fruncido y una expresión de molestia hacia él, y con razón. Sin decir nada lo miró entrar en la sala.

Vegeta se movió por inercia al escuchar a su hembra chillar de esa forma tan desgarradora. Al entrar miró a la mujer de rodillas sobre la camilla, ella pujaba con esfuerzo, su cabello estaba pegado a su frente y mejillas por el sudor y su expresión de dolor era más que evidente.

—Puje, puje, puje ¡Ya casi lo logra lady Bulma! —animaba Garlia, la médica de la humana.

—¡Ahhhh! ¡Ya no puedo! —gimió con la última fuerza que le quedaba cuando sintió que algo emergió de su interior y de un segundo a otro la sala fue llenada con el llanto del bebé.

—¡Lo ha logrado! ¡El nuevo príncipe ha nacido! —dijo Gine con emoción al ver cómo la doctora cogió al niño en sus brazos mientras lo envolvía en una manta con la ayuda de una enfermera.

—¡Es un varón como se había previsto! —comentó Milk, pues a veces las ultrasonografías para detectar el sexo del bebé podían fallar.

Bulma sonrió alzando la mirada y fue entonces cuando se encontró con esos ojos negros que tanto amaba. Vegeta estaba de pie en el umbral observándola con orgullo, ella parpadeó un par de veces e intentó devolverle la sonrisa, pero el cansancio fue demasiado para ella y cayó de lado sobre la camilla. Gine y Milk reaccionaron a tiempo para sostenerla.

—¡Bulma! —apenas y podía mantenerse consciente, escuchaba esa voz llamándola muy lejanamente. Segundos después cuando volvió en sí y abrió sus ojos nuevamente, se encontró con el rey sosteniéndola en sus brazos y mirándola con preocupación.

—Vegeta —murmuró débilmente.

—No cierres los ojos Bulma, estoy aquí —dijo él apartando los mechones de cabello de la frente de la peliazul, ella asintió relajándose, sus brazos eran tan confortables que al fin pudo sentirse segura, confiada de que nada malo podría pasarle. Sintió una paz inexplicable inundarla, y escuchar el lloriqueo de su hijo fue su mayor felicidad.

—¿¡Qué le sucede!? —preguntó Vegeta alterado alzando su vista para observar a la doctora en busca de una respuesta tranquilizadora. Apretó el entrecejo con rabia al ver a la médica y sus auxiliares atender al príncipe que lloraba con fuerza sobre la mesa dónde lo atendían, por supuesto que su hijo era importante, pero Bulma se veía pálida, no podía perderla —¡Les ordeno que atiendan a Bulma en este momento! —rugió poniéndose de pie pues se había sentado en la camilla al lado de la humana. Su cola se movía exasperada desenroscada de su cintura, como si en cualquier momento fuera atacar a alguien allí. Los presentes saltaron en su posición, Garlia regresó con la peliazul y dejó en manos de las enfermeras al pequeño saiyajin —¿Acaso ella necesita entrar a la cámara de recuperación? —preguntó exasperado.

—No es necesario, majestad —comentó Garlia trayendo consigo una jeringa preparada para inyectarla en el suero que la ojiturquesa tenía conectado a una de las venas en su mano —Lady Bulma solo necesita descansar, apenas y tuvo la fuerza para dar a luz, se debilitó demasiado por eso se desmayó —explicó colocándose frente a la femenina que aún tenía sus piernas abiertas con una manta encima que la cubría —Y por otro lado, su alteza, el príncipe Vegeta ha nacido saludable y fuerte su majestad.

—Cuida de ella personalmente, no quiero que te apartes de su lado hasta que mejore, no importa cuánto tiempo tome —ordenó conciso cruzando los brazos sobre su pecho. No podía apartar sus ojos de ella, su humana frágil y delicada acababa de parirle su segundo vástago varón, por supuesto que estaba feliz por ello y quería cinco o diez críos más, pero no a ese costo. No expondría nuevamente la vida de la única mujer que le importaba en todo el universo. Si a ella le sucediera algo no podría sobrellevarlo, estaba seguro de eso porque con tan solo verla en esa cama, desmayada, amarillenta, con sangre bajando por sus muslos y el piso salpicado con gotas del líquido escarlata, se sentía vulnerable. No podía permitirse verse así de afectado otra vez. Tenía el brío para tolerar ver cientos de cadáveres apilados en charcos de sangre sin sentir una pizca de turbación, era natural en él descuartizar seres en masas, pero cuando se trataba de Bulma todo su mundo se agitaba. Su hembra no podía sufrir de esa forma por darle prole. No la expondría una tercera vez.

Bufó por lo bajo desviando la vista cuando la doctora y una de sus auxiliares comenzaron a asear el cuerpo de la científica con trozos de tela embebidos en agua destilada tibia, y a colocarle un bata de finísima seda. A unos cuantos metros notó al bebé agitar sus pies y la cola en tanto una enfermera lo envolvía en una manta, ni siquiera se había dado cuenta que el llanto del crío mermó unos minutos después de haber nacido. Estuvo tan absorto en sus pensamientos que se distrajo. Automáticamente movió sus pies hacia su hijo, apenas y lo vio cuando la médica lo tomó al salir del interior de su mujer.

Llegó hasta él y lo observó. Su rostro se mantuvo habitual, su expresión no cambió por fuera, pero por dentro se sorprendió al mirarlo. Con la mezcla de su sangre real saiyajin y la de la terrícola de característica exóticas, esperaba otro hijo con similitudes de color a Trunks, su primogénito de cabello turquesa y ojos como su madre, era tan distinto a un saiyajin puro. Aunque sus facciones eran como las suyas no lucia como un típico saiyano. Pero Vegeta hijo, su segundo cachorro era su copia exacta.

Sonrió con orgullo, aunque se lamentaba haber sido tan descuidado al haber vuelto a embarazar a la científica. Ahora solo pudo sentir satisfacción. Ella le había dado dos vástagos perfectos.

—¿Cuál es el resultado de su medición de energía? —preguntó. Aunque pudo sentir su ki poderoso para un chiquillo que acababa de nacer, quería saber la cifra exacta de su poder.

—Esperamos tomarla en cuanto sea introducido en la capsula su majestad —respondió la alienígena tomando al bebé en sus brazos y llevándolo con dirección hacia el fondo de la sala dónde se encontraba la incubadora neonatal. Vegeta vio el aparato, sus luces violetas en el tablero titilaban en señal de que estaba listo para recibir a su hijo.

—Él no será sometido al proceso de desarrollo artificial —indicó serio. La mujer al escucharlo se giró mirando ligeramente al rey al rostro. Como subordinada no tenía ningún derecho de opinar sobre las decisiones del monarca, pero como profesional se vio obligada a hacerlo.

—Pero el príncipe debe…

—¡Cállate, insolente! No he pedido tu opinión —bramó alzando la voz. La alienígena agachó la cabeza asintiendo con respeto.

—Perdóneme majestad.

—Trasladen a mi mujer a sus aposentos —habló acercándose a la enfermera que tembló ante la presencia temeraria del soberano, apenas y podía mantenerse en pie mientras sostenía al cachorro del rey.

El saiyajin real descruzó sus brazos y los extendió para tomar a Vegeta Jr. La mujer le entregó al bebé e hizo una reverencia alejándose de él para ayudar a la médica que terminaba de poner ropa limpia a la ojiturquesa.

—Hijo —murmuró para sí mismo el monarca, sonrió con el pecho lleno de orgullo. El crío era su pequeña versión. Tenía la misma apariencia que él, incluso en su gesto, el niño tenía el entrecejo fruncido mientras comía uno de sus pequeños puños con hambre. Al rey le pareció increíble que esa minúscula criatura haya sido hecha por él y su concubina. Era una sensación indescriptible que solo le dictó protección hacia su vástago —Príncipe Vegeta —murmuró acunando la criatura en sus brazos. El pequeño fijó sus ojos en él, obscuros como los suyos, la única diferencia entre ellos era su color de piel, su hijo tenía un tono ligeramente claro, pero menos blanquecino que el de su madre.

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Era de noche ese mismo día, la científica se encontraba en la cama en su habitación aún dormida después de varias horas. La médica se había encargado de suministrarle un sedante para que pudiera recuperar fuerza, la muchacha había perdido una considerable cantidad de sangre debido al esfuerzo, pero con la revisión que le hizo después de haber dado a luz pudo descartar cualquier pronóstico sobre un desgarramiento. Por suerte estaba estable y solo necesitaba reposar.

—¡Su majestad está aquí! —anunció el guardia en la puerta que se abrió para dar paso al monarca dentro del recinto. La doctora y un par de auxiliares alienígenas que cuidaban de la humana se giraron para recibir al rey con respetuosa reverencia.

—¿Algún tratamiento especial? —preguntó llegando hasta la cama donde la ojiturquesa dormía.

—Majestad —pronunció la médica observando a la terrícola cubierta hasta el pecho con una sábana amarillo pálido que la resguardaba del frío invierno que azotaba Vegitasei —Ya hice todo lo que conviene para su bienestar, solo esperaremos que despierte y continúe con el proceso de hidratación y alimentación —explicó caminando hacia la mesita de noche, cogió un par de cajitas y las alzó mostrándoselas al saiyajin real —Ella debe tomar estos suplementos reconstituyentes cada doce horas. Cuando despierte le haré beber la primer dosis —agregó dejando nuevamente las pastillas en el buró.

—¿Cómo está mi hijo? —cuestionó girándose para ver a una de las enfermeras cuidando de él que se encontraba en la cuna.

—Le he preparado un alimento que se asemeja a la leche materna humana, con ello alimentaremos al príncipe hasta que su madre despierte y pueda darle de comer, pues los suplementos recetados son naturales y no le harán mal a su alteza, al contrario, ayudará a mejorar la calidad de la leche de la real concubina —afirmó caminando tras el soberano cuando él se aproximó al niño. Vegeta miró a su hijo succionar con ánimos el biberón, le sorprendió que apenas con unas cuantas horas de nacido y ya presentara el hambre voraz que caracteriza a su raza.

—¡Kakaroto! —habló alzando un poco la voz, su mano derecha había llegado con él y lo esperaba afuera. El mencionado entró enseguida acercándose hasta la posición del rey, miró de soslayo unos segundos a la científica en la cama verificando que estaba estable y luego movió su vista hasta el crío en la cuna.

—¡Oh su majestad! Felicidades —expresó con una sonrisa detallando al crío en la cuna. Vegeta asintió recibiendo el agasajo y volvió su mirada de su hijo a su soldado.

—Shitsuji —pronunció mirando al mayordomo a su lado —dile a Gine que envíe por la nodriza de Trunks y por su escolta, Fasha. Quiero ver al príncipe.

—Enseguida, majestad —añadió saliendo del lugar.

—Y tu Kakaroto, dile a Zorn que se quede escoltando el pasillo esta noche junto a Raditz —ordenó. El guerrero asintió y se apresuró a hacer el cometido saliendo de la recámara.

—Me haré cargo por hoy, retírense —demandó volviendo su atención a las femeninas presentes a lo que las mujeres asintieron reverenciándolo para después salir.

Minutos después llegó Gine junto a Lan Fan, la cual llevaba a Trunks consigo, Fasha quedó unos pasos más atrás. El pequeño que no había querido dormir ante la ausencia de su madre, en cuanto vio a su padre quiso apartarse de la humana que lo había estado cuidando. Alzó sus bracitos en dirección del rey con ansiedad mientras los llamaba entre sus balbuceos.

—Papa… papa —repitió intentando llamar su atención. Vegeta se acercó a él con una sonrisa en sus labios y lo tomó en sus brazos, pero la sonrisa se le borró en el momento en que notó las ojeras y mejillas sonrojada del niño.

—¿Qué le ha pasado a mi hijo? —preguntó examinando el rostro del crío que llevó uno de sus dedos enguantados hacia su boquita mordisqueándolo en forma de juego. Lan Fan se quedó en silencio unos segundos, una corriente fría recorrió su cuerpo al escuchar la grave voz del rey cuestionarla con dureza en su tono, no supo exactamente qué decir, sus palabras se quedaron atoradas en su boca. Gine le advirtió que no podía decirle al rey que lady Okra intentó hacerse cargo del príncipe mientras Bulma estaba en la sala de partos dando a luz, el bebé se había sentido incómodo con la presencia de la pintora, que intentó una y otra vez cargarlo infructuosamente, y por consiguiente había llorado toda la tarde —¡Te pregunté qué le sucedió al Príncipe Trunks, humana! —gritó posando sus ojos furiosos en la terrícola que brincó por el susto ante su potente voz.

—Él… él solo, extrañaba su madre —respondió intentando controlar su miedo. No solo la reputación del rey era temida, sino también su carácter endemoniado. Todos sabían lo difícil que era cumplir con las expectativas de su majestad, pero no había podido hacer que el niño dejara de llorar. Había intentado todo, desde diferentes papillas para saciarlo y quizá así cayera en sueño, hasta entretenerlo con juegos, pero nada de eso había funcionado.

—Gine —dijo más calmado mirando ahora a la esposa de Bardock —Si Trunks no se tranquiliza con nada porque extraña a su madre, se me debe ser informar, o en tal caso a Shitsuji para que él me lo haga saber—regañó moderando el tono, no quería que Vegeta Jr se alterara con sus gritos.

—Perdóneme su majestad, hemos sido incompetentes —respondió la saiyana, mirando a Lan Fan de reojo y ocultando el verdadero hecho por el que Trunks había llorado. Decirle la verdad era obtener una reprimenda mayor y Okra, dado al pasado que había tenido con él, no saldría afectada. El rey no iba a creer en las palabras de ellas dos si esa astuta mujer negaba los hechos.

—Ahora Gine, quiero que tu cuides de Vegeta hasta que Bulma recobre conciencia —manifestó caminando hacia la cama dónde la peliazul se encontraba y se sentó en la orilla del colchón.

—Sí majestad.

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Varias horas más tarde…

Sintió cómo todo le daba vuelta, aun en estado semiconsciente recordó los últimos hechos, tomó un suspiro hondo y con esfuerzo abrió sus ojos observando la luz de la lámpara en el techo. El rey, sentado en un sillón cerca de la cama con Trunks en sus brazos, observó a la científica mirar a su alrededor sin moverse de su posición, simplemente giró la cabeza de un lado a otro, se veía aturdida. Trunks al ver a su madre menearse, inmediatamente quiso bajarse de sus piernas para llegar a ella.

—¿Dónde está mi beb, Vegeta? —preguntó la peliazul fijando los ojos en su hijo y enseguida en su amado.

—Está aquí —respondió el rey haciéndole una señal a Gine para que trajera al pequeño que ya había terminado su mamila. La mujer colocó al pequeño al lado de la humana sonriendo ante el tierno pequeño que fue acogido por su madre.

—Es un varón como se predijo. Felicitaciones, lady Bulma —dijo Gine.

—¡Oh Kami! Mi niño… —chilló incorporándose con la ayuda de la saiyana hasta quedar sentada con el recién nacido en sus brazos.

—Déjanos solos —dijo Vegeta mirando a la dama de compañía de su hembra, ella asintió reverenciando y salió del recinto.

—¡Vegeta, el bebé es igual a ti! —exclamó con lágrimas en sus ojos. Alzó la mirada viendo a su otro hijo que estaba entretenido con las manos enguantada de su padre y luego miró al soberano que le sonrió ladino.

—Tiene el mismo nivel que Trunks cuando nació —comentó orgulloso, ambos chiquillos eran dignos hijos suyos.

—Ven aquí mi amor —indicó la científica extendiendo su mano hacia Trunks. El saiyajin real dejó al pequeño sobre el colchón y lo miró gatear hasta la femenina que lo acogió con su brazo libre —Cariño mira, es tu hermanito—dijo mostrándole al recién nacido que dormía tranquilo. El príncipe heredero posó sus ojitos azules en el bebé, lo miró por unos segundos y llevó su manita hasta el rostro del niño tocando su nariz con la puntita de su dedo índice, retrocedió llevando esa mano hacia su boquita emitiendo una pequeña risita traviesa. Bulma desvío su mirada hacia Vegeta que también observaba a sus hijos.

—Es tu hermano menor Trunks, será tu deber protegerlo —dijo el soberano sin apartar la mirada de su primogénito. Trunks volvió a reír y tocó la mejilla del bebé.

—No puedo creer que sean tan lindos —expresó la científica dándole un beso en la cabecita al bebé y otro a su pequeño que observaba su hermano menor con curiosidad —Podría tener cinco más —agregó con una sonrisa cantarina mirando a Vegeta que se puso serio al escucharla —¿Dije algo malo? —preguntó imitando la expresión del saiyajin. Vegeta iba a responderle cuando tocaron la puerta.

—Majestad, soy yo, Kakaroto. Es urgente.

Vegeta se levantó y salió del cuarto. El rey sabía que si Kakaroto había llegado a interrumpirlo de su momento familiar era porque algo muy serio sucedía.

—¿Qué pasa? —cuestionó saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras sí.

—Hubo un amotinamiento en la Ciudad Antigua. Está liderada por Fungus. Se escapó nuevamente —informó su mano derecha.

—¡Son unos inútiles los custodios de ese lugar! Fungus me tiene harto.

La Ciudad Saiyan Antigua era una vieja ciudad Saiyajin del Planeta Vegeta, que en el año 662 fue acechada por la guerra civil entre los propios saiyanos, para los tiempos del viejo rey, Vegeta II. Antes considerada la capital del reino, ahora solo se reducía a escombros, huesos apilados, minas de metales preciosos, ruinas de antiguos palacios, y prisión de traidores, proscritos y exiliados. Para llegar a la prisión había que pasar por el Senderos de los Muertos que comunicaba la Antigua ciudad con todas las demás regiones que aún quedaban en esa parte del planeta. Fungus era un tipo polémico, veterano y astuto, y siempre le había causado problemas a los reyes desde los tiempos del Viejo Rey, Vegeta II.

—Majestad pero la reyerta no es todo.

—¿A qué te refieres conque no es todo?

—La reyerta fue en la tarde de hoy y como usted estaba ocupado con lo del nacimiento del príncipe, Nyu tomó la batuta de la misión. Ella partió para tratar de capturar a Fungus, pero lamentablemente, ahora la princesa ha sido secuestrada por él —dijo Kakaroto esperando una respuesta del monarca.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Al fin después de tanto tiempo xd Éste es el capítulo más extenso que he escrito en toda mi vida jeje son más de 40 páginas de word y espero excuse mi tardanza en actualizar :P Gracias enormemente a mi beta que siempre está presionándome, sin ella no lograría avanzar ni una página jaja

Gracias a todas y todos por su apoyo, ya llegamos a los 900 reviews y contando :D me hace tan feliz leer sus palabras. Son mi motivación.

Espero que cada uno esté pasando bien la cuarentena y adaptándose a las nuevas normas sociales por lo de la pandemia ¡A cuidarse!

Con respecto al cap, hay muchas cosas que se han introducido, y recuerdo haberles dicho que no faltaba mucho para terminar el fic. Pero planee nuevas cosas y creo que aún le falta por contar v:

Nyu logró casarse con Vegeta, pero está lejos de la verdadera victoria. Bulma por su parte está más cerca de lograr sus objetivos pero apareció Okra.

Déjenme saber qué les pareció el capítulo en los reviews. Nos leemos prontito.