ADVERTENCIA :CAPÍTULO CON ALTO CONTENIDO DE LEMON EXPLÍCITO Y LENGUAJE VULGAR. +18. LEE BAJO TU PROPIA RESPONSABILIDAD.


CAPÍTULO XXVIII: LA DELICIA DEL REINO

—¡Cómo permitiste que ella se encargara de contener el amotinamiento! —bramó Vegeta, alzando la voz con molestia. Nyu era una guerrera élite, poderosa y excelente en batalla, por algo la antigua regencia, cuando su padre gobernaba, la había seleccionado para integrarla en su escuadrón. Pero Fungus era un veterano de guerra con mucha experiencia, e imaginarse que una joven saiyana iba a retenerlo era solo un chiste.

—Ella quiso encargarse majestad, y como princesa de Vegitasei puede decidir qué hacer ante esas situaciones, no podíamos oponernos a su decisión —habló el soldado recordando que la muchacha al enterarse de la reyerta en la Antigua Ciudad Saiyana, se apresuró a prepararse para ir a resolver el problema.

—¡Sé lo que ella puede o no hacer Kakaroto! —rugió con rabia mirando a Zorn y Brocco que escoltaban el pasillo —Uno de ustedes debió avisarme de lo que pasaba ¿¡Es que acaso debo ser el último en enterarme qué sucede en este planeta!?—gritó ante la ineptitud de los guerreros que desviaron su mirada azorados por la reprensión.

—El informe llegó majestad, pero fue el príncipe Tarble quien lo interceptó e impidió que llegara a sus manos. La princesa se enteró porque estaba cerca. Nosotros lo supimos hasta este momento —explicó Zorn bajando la cabeza mientras tecleaba en el tablado digital donde habían recibido la alerta de ayuda departe de Broly desde la Antigua, el soldado había sido quien había elaborado el informe para hacérselo saber al monarca.

—¿Quién dio el aviso? —preguntó Vegeta procesando los hechos.

—Fue Broly, majestad. Él está en el lugar con el príncipe Tarble y otros soldados —respondió la mano derecha del monarca posando su vista en el rey que lo observaba serio.

El soberano se giró volviendo dentro de la habitación, debía hacerse presente para detener la rebelión antes de que fuera tarde. Bufó en un suspiro profundo acercándose a la ojiturquesa que lo observaba desde la cama donde estaba con ambos niños.

—¿Sucede algo? —preguntó la muchacha al observar el rostro serio del saiyajin real.

—Tengo que atender un asunto fuera del palacio. Tu comitiva estará a tu disposición si deseas algo —comentó llegando al pie de la cama.

—¿Es necesario que vayas? Puede resolverlo Kakaroto, Zorn, ó algún otro representante —expresó ella con preocupación. Desde que ellos habían formado esa especie de complicidad, él era más abierto con respecto a contarle ciertas cosas que pasaban en el planeta, pero también, había muchas otras que se mantenía guardadas. Y lo entendía. Era parte de su moral como rey, pero su hermeticidad en ciertos casos le causaba desconcierto e incluso cayendo en la desconfianza. No obstante, sabía que no podía pensar de esa forma, porque él le había demostrado tantas veces con hechos, que en realidad la quería y eso era lo que mantenía su relación a flor de piel.

Vio al monarca asentir como respuesta a su pregunta y ella solo pudo darle una pequeña sonrisa.

—Raditz y Fasha se quedarán cuidando de ti y de mis hijos mientras regreso —dijo él mirando a Trunks jugar con la cobija. La científica asintió y alzó su mano, gesto que Vegeta entendió y se aproximó a la ojiazul sentándose a su lado. Ella movió su cuerpo hacia adelante para acercarse al saiyajin mientras sostenía a su bebé recién nacido.

—Por favor cuídate —susurró colocando una de sus manos en la mejilla del rey —Estaremos esperándote —agregó sonriendo y redujo la distancia entre ellos posando sus labios en los de él dándole un beso que fue correspondido.

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Antigua Ciudad Saiyana…

Tenía más de 15 años que no visitaba aquel horrible lugar. Monumento a la codicia. La maldad y lo bajo que podía llegar la raza saiyana cuando imperaba el egoísmo y la traición. En antaño, había sido concebida como fortaleza, posteriormente fue la sede estival de la corte para finalmente transformarse en la capital y principal ciudad de Vegitasei, para los tiempos de su abuelo, el viejo rey, Vegeta II.

Lo que ahora estaba reducido a escombros, minas infernales, cárceles oscuras y cuevas de desterrados, malditos y proscritos, más de 500 años atrás había sido la ciudad más grande y poderosa de todo el planeta de ese hemisferio, y aquello le avergonzaba. Si fuese por él, destruiría todo aquel amontonamiento de rocas y mármol junto con todos esos infelices.

—No era necesario que vinieras, solo estás entorpeciendo la misión —murmuró Zorn caminando tras Vegeta y los demás que acompañaron al soberano a la ciudad antigua saiyana.

—Querido, sabes que puedo arreglar las cosas de manera civilizada y sin necesidad de usar la fuerza —respondió virando el rostro hacia el escolta del soberano —Además, su majestad me permitió venir porque conoce mi capacidad de mediar y resolver conflictos diplomáticamente —añadió emitiendo una sonrisa maliciosa sin dejar de ver a su esposo —Parece que él me conoce más que tú —finalizó volviendo su rostro al frente mientras se movían por los pasillos que llevaban hacia las bartolinas internas donde Fungus mantenía cautiva a Nyu. Broly había enviado un nuevo informe con los detalles.

Zorn fijó sus ojos oscuros en ella, realmente estaba harto de su mujer. Desde que había regresado de Urón estaba más arrogante y altanera. Parecía que la presencia de Nyu como esposa legítima del rey, y de Bulma como la concubina real y favorita de su majestad, intimidaban a Okra. Para nadie en el planeta ya era un hecho de que su título como "la belleza saiyana" parecía estar en disputa con la gracia que poseía la científica humana. Y en eso Zorn estaba más que de acuerdo. La terrícola había logrado llamar su atención. Él que siempre se había considerado un hombre serio, respetuoso, formal y sobre todo profesional. Se había descuidado y ahora no podía sacarse de la cabeza a la muchacha. Pero realmente lo entendía, si ella había podido conquistar al frío soberano del planeta, podía hacer caer a cualquiera de rodillas. Lady Bulma era exótica no solo por su peculiar belleza física, sino también por su inteligencia y sagacidad. La hembra lo tenía todo, pero era consciente que existía un enorme abismo entre sus instintos primitivos y la realidad. Para Zorn, la fidelidad hacia Vegeta era más importante que cualquier cosa. Vegeta era como un hermano menor para él y preferiría la muerte antes que traicionarlo.

—Cualquiera te conoce más que yo Okra —respondió desviando su vista desde ella hacia el frente. Desde hace mucho que deseaba desligarse de esa mujer. Estaba esperando el momento preciso para hacer la solicitud formal a la corte saiyana y que el rey lo aprobara.

—Me conocieras mejor si me tomaras enserio querido. Pero ni en la cama, ni para entablar una conversación normal pones de tu parte —expresó seria. Desde que había regresado a Vegitasei que él no la había tocado ni una sola vez. No porque ella no hubiese querido, porque el sexo con él siempre fue increíble. Zorn era tan serio como ardiente. Pero ahora parecía que ella no existía para él, estaba más distante de lo habitual. Aunque siempre tuvo claro que entre ellos jamás existió un lazo sentimental.

Zorn no respondió, continuar con esa charla sin sentido era estúpido. Jamás hubo nada entre ellos ni lo habría. Su unión era un asunto que estaba por zanjar de una vez por todas pues no pretendía seguir aferrado a alguien que ni siquiera le respetaba. Okra era el tipo de mujer descarada que nadie quería en su vida permanentemente.

Continuaron caminando en silencio por un par de minutos más, entre las sombras que asolaban las ruinas de la Antigua Ciudad Saiyana que alguna vez fue la cumbre de la gloria. Momentos después a lejos, pudieron divisar al príncipe Tarble y sus escoltas, Broly y Turles, así como la comitiva que había acompañado a Nyu hasta ese sitio.

—¡Majestad! —saludaron todos, incluyendo a Tarble, que odiaba con todo su ser tener que inclinar la cabeza ante su hermano arrogante que ahora no solo compartía lazos de sangre con él, sino que era el rey de su raza. El muy imbécil no lo había tomado en cuenta para incluirlo en un cargo más cercano a la corona como el que había tenido con su difunto padre. Y lo odiaba aún más por ello. Como miembro de realeza podía regular acciones de gran importancia, tenía la preparación, pero Vegeta lo había destituido de su anterior puesto y excluido de toda operación primordial en el imperio cuando ascendió al trono. El cargo que él deseaba ahora lo tenía el arrastrado de Zorn, y estaba harto de tener que depender de sus decisiones que jamás lo beneficiarían. Por ello iba a tomar medidas sin importar los medios de los cuales tuviera que disponer, entre esas blindar a Broly como su principal guerrero, mano derecha y guardaespaldas. Luego de morir su padre, Vegeta III, Tarble lo había asignado intencionalmente porque sabía las propósitos del héroe legendario con la maldita prostituta terrícola, y eso provocaba precisamente lo que él quería: momentos de ira a su hermano. Si no fuese por el puesto que ocupaba como su escolta élite, quizás Vegeta hubiese matado a Broly hacía mucho, ó lo hubiese vuelto a desterrar al horroroso planeta Vampa.

—¡Tarble! —llamó el soberano al saiyajin que se acercó hasta su posición. Ambos encontraron sus miradas obscuras —¡Cómo te atreviste a pasar sobre mi autoridad! —bramó elevando su tono de voz —Interceptaste información confidencial haciendo uso de tu estatus como príncipe y entorpeciste un problema que pudimos resolver sin llegar a estas instancias —añadió furioso. La ineptitud de su estúpido hermano siempre había tenido la capacidad de sacarlo de sus cabales.

—Podría haberlo resuelto si tuviera potestad sobre los miembros del ejército ¡Pero me haz despojado de toda autoridad Vegeta! —gritó el joven de forma arisca, sacando a relucir poco de lo mucho que llevaba dentro. Odiaba a su hermano mayor. Lo odiaba tanto que si tuviese la fuerza lo asesinaría sin piedad para tomar las riendas del planeta, sin sentir una pizca de remordimiento. El monarca arrugó el entrecejo aun más mirándolo fijamente.

—Agradece que aún conservas el título de "príncipe" Tarble —dijo el rey dando un par de pasos más hasta el menor —Como el hijo de una de las zorras de mi padre, puedo despojarte de lo único que te queda y exiliarte del planeta ¡No eres nadie! —aseveró harto de él y girándose para darle la espalda, fue hasta Broly y Turles que estaban de su lado derecho —Como escoltas de éste gran imbécil debieron detenerlo —vociferó dirigiéndose a los guerreros y señalando a Tarble con su dedo índice —¡Su trabajo es impedir que su superior cometa idioteces!

—Puede castigarnos como desee rey Vegeta —declaró Broly mirando de soslayo a Turles que apretó los puños irritado.

—La princesa solo intentó hacer lo mejor —dijo Cilantria que se encontraba en lugar

—¡Cállate inútil! —sentenció Vegeta oyendo las patéticas excusas de las escoltas de su consorte. La mujer dio dos pasos atrás asustada, mientras el rey se dirigía ahora a su cuñado — Turles, ¿Dónde está Nyu? —preguntó acercándose al gemelo de la saiyana.

—Está adentro —respondió el guerrero mirando en dirección a las bartolinas que conformaban la prisión —Tenemos que sacarla cuanto antes, majestad, ó ese miserable será capaz de matarla. Ya lo advirtió a gritos.

—Dame el reporte de la situación —Vegeta miró hacia la cueva y luego regresó su vista a Turles.

—Fungus no solo ha tomado de rehén a mi hermana, también tiene bajo su dominio a veinte soldados que escoltaban las celdas - añadió desesperado. Si algo le pasaba a Nyu, Turles era capaz de morir allí mismo. No soportaría la vida sin ella.

—Dale el reporte completo —expresó Broly con su calma habitual. Pero ante el silencio tanto de Turles como de Tarble, dio unos pasos adelante, haciendo a un lado al gemelo y quedando frente de Vegeta —Majestad, todo empeoró porque la princesa Nyu mató a la vieja Hiedra. No conforme con eso agarró su cabeza y la tiró a los buitres, jactándose de su hazaña ante Fungus y los demás amotinados. Además, en medio de la revuelta que provocó Fungus por la muerte de su madre, Hiedra, Seto y Fungi escaparon, y la mayoría de los reos salieron de sus celdas.

Todos los guerreros que habían llegado con el rey empezaron a murmurar. Kakaroto, Broco, Tatsoi y Zorn se miraron unos a otros. Ahora entendían aún más la rabia de Fungus. La vieja Hiedra era la madre de ese peligroso soldado. No conforme con eso, Seto y Fungi, el mercenario hijo mayor de Fungus, y el menor, un violador y contrabandista, habían escapado.

Por un lado, estaba molesto por la metida de pata de su hermano y de su consorte, pero por el otro le causaba satisfacción la muerte de esa maldita vieja y terrorista que años atrás había realizado un atentado contra la vida de su madre, la reina Seed, en épocas en que su padre aún era el príncipe heredero.

—Muchos pensamos que Hiedra estaba prófuga —dijo Kakaroto mientras se ponía al lado de Vegeta —Pero era muy astuta, resultó que estaba escondida en las mazmorras. Me pregunto por cuantos años permaneció oculta aquí.

—Pero perdimos a Seto y a Fungi, y eso es lo que más me preocupa —respondió Zorn con total veracidad. Los hijos de Fungus eran igual de letales que el padre —Pero yo mismo me encargaré de ellos. Los perseguiré, aunque sea en el infierno. El rey descruzó los brazos y miró hacia el lugar en mención.

—¡Sal de ahí Fungus! —gritó Vegeta con un rugido aterrador cuyo eco se expandió a lo largo de las montañas adyacentes mientras caminaba hacia la entrada. Los presentes se acercaron con él, incluida Okra que se había mantenido expectante ante la situación. Esperaron unos minutos, pero parecía que adentro no se encontraba nadie.

—Majestad, si me lo permite yo puedo intentar dialogar con él, sé que puedo convencerlo de regresar a la princesa a salvo sin necesidad de iniciar una lucha —comentó Okra situándose al lado del soberano.

—La ofensiva está instaurada, Okra, con seres como Fungus no hay nada que hablar.

—Déjeme intentarlo rey Vegeta, me sentiría muy mal no haber podido hacer nada por la princesa —expresó con labia la mujer.

Vegeta la observó unos segundos y asintió ante su pedido. Ella realmente era una de las mejores negociadoras de conflicto que había conocido. Si entraban por la fuerza ahora, el recluso podía acabar con la vida de su consorte, no perdía nada con dejar que la ex amante de su padre dialogara con el bandido.

—Si haces algo estúpido no tendrás segunda oportunidad —indicó Zorn a sus espaldas, pero la femenina simplemente viró sus ojos con hastío hacia su marido y caminó un par de pasos dentro de los laberintos que conformaban la mazmorra donde se encontraban las celdas.

Mientras se adentraba al lugar, Okra esbozó una sonrisa maquiavélica en su rostro. Sino fuera porque con esa acción tendría un doble beneficio, jamás se hubiera ofrecido para ser la intermediaria para salvar el inútil trasero de Nyu. La muy idiota había quedado como una buena para nada delante del rey, y eso le beneficiaba en grande, porque mientras la guerrera perdía puntos con su majestad, ella estaba ganándolos. Desde hacía mucho tiempo que había aprendido a ganar sus batallas haciendo uso de la razón, y la princesa era todo menos racional. Por eso y muchas razones es que, aunque logró unirse con el soberano, no había podido obtener un lugar en su corazón por sobre la humana. La terrícola no solo era bella, sino que también actuaba con menos impulsividad, y era una clara revelación de que no sería una enemiga tan simple como Nyu, sino que también una peligrosa adversaria que llevaba ventaja sobre ella. Encima era muy fértil; le había dado dos hijos varones a su majestad en un lapso de tres años. Ya había conocido al primogénito, tenía el mismo carácter que su padre y había quedado encantada con el pequeño. De ser posible no solo tomaría el lugar de la humana como la favorita de Vegeta, sino que con la visita al príncipe Trunks, descubrió que también podía ser una buena madrastra y criar a esos pequeños como suyos. La idea le había parecido espléndida, pues ella no podía tener hijos. Pero para lograr todo eso debía ser sagaz, y tenía un haz bajo la manga del cuál ya había comenzado a hacer uso.

—¿Así que decidiste venir? —una voz a sus espaldas habló. Instantáneamente reconoció al portador de ese tono y se giró para encontrarse con el fornido macho a sus espaldas que la miraba con malicia.

—¡Debiste esperar lejos de la entrada! —exclamó en un susurro caminando a paso apresurado para alejarse del umbral. Si era sorprendida, su decapitación por traición sería inminente. El hombre siguió a la saiyana dentro del recinto. El lugar era casi una caverna sucia, húmeda, oscura, con sus paredes llenas de roña y con olor ácido producto de la descomposición de partes de animales que usaban para alimentar a los encarcelados. El lugar era todo menos un recinto higiénico. Sintió asco de solo pensar en cómo podían soportar eso los reclusos, día y noche en aquel sitio inmundo donde la luz de sol no tocaba tierra —¿Dónde está Nyu? —preguntó una vez se sintió segura.

—Nada salió como esperábamos —respondió el guerrero acercándose a la mujer.

—¿A qué te refieres? —cuestionó la hembra alzando ambas cejas con inquietud.

—Imagino que los escoltas del inútil principito de pacotilla le habrán dicho al rey lo sucedido. La estúpida princesa mató a la madre de Fungus durante el altercado, ahora no creo poder lograr que la liberen sin consecuencias para ella —explicó serio el hombre —Bastante he conseguido con evitar que la violen y la tiren a las hienas.

—Lo sé —indicó con hastío —Ya se me hacía extraño que Fungus secuestrara a esa tonta. Eso no estaba en nuestros planes.

—Puedes intentar llegar a un acuerdo con él, pero no te prometo nada —aseguró Cumber adentrándose con la saiyana hacia la celda donde Fungus tenía prisionera a la joven guerrera.

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Castillo del Rey…

Ya había pasado una semana. Su recuperación del parto había sido notoria. Sentada en su cama observaba a su precioso bebé tomar de sus pechos, ya había vaciado el izquierdo, y empezaba con el derecho. Su apetito era igual al de Trunks a esa edad. No podía dejar de mirar el asombroso parecido de Vegeta Jr. con su padre. El bebé parecía reconocer su afecto, pues entre tanto se alimentaba, hacía una que otra pausa y le sonreía, mientras su cola permanecía enroscada a la muñeca de su madre. Ella se maravillaba con lo rápido que crecían los niños saiyanos, y lo fuerte que eran. Trunks entre tanto, dormía en su cuarto su siesta vespertina, luego de haber almorzado. Aunque ya había destetado a su primogénito dos meses ante de parir al segundo, Trunks parecía no querer ceder a sus mimos, y en ocasiones, cuando el nuevo bebé terminaba de ser alimentado, el primogénito también quería prensarse a sus pechos para tomar leche. Era como si marcara su territorio frente a su hermano menor.

Acostó a su segundo hijo ya dormido en su cuna y estiró los brazos. Abrió la puerta del balcón y miró a la distancia. La temperatura estaba menos fría que otras veces. Estaba harta de estar encerrada en su habitación, la doctora había sido clara esa mañana que la visitó, aunque hubiese parido hacía una semana atrás y ya estuviese recuperada, aún no debía esforzarse, simplemente tenía que descansar y encargarse de los príncipes.

A pesar de los regaños de Gine y Shitsuji que estaba al tanto de su salud en todo momento, había decidido salir a tomar aire fresco al mirador de su cuarto. Vegitasei se encontraba en época invernal, no nevaba como en la tierra, pero había días donde la temperatura descendía a grados muy cerca de cero cuando caía la noche.

Era alrededor de las cinco de la tarde, ya el frío comenzaba a sentirse, pero los tenues rayos de sol sobre su piel se sentían demasiado bien. Les había dicho a las criadas que la dejaran sola, necesitaba un momento consigo misma pues eran pocas las oportunidades en donde no tenía gente a su alrededor que estuviese cuidándola.

Una parte de su corazón estaba completamente lleno de felicidad, tener dos hijos maravillosos del hombre que amaba era lo mejor que podía pasarle. Trunks, la había dejado un poco agotada, su energía era interminable, el pequeño no paraba de caminar por toda la recámara cuando estaba despierto, estaba aprendiendo a dominar su cola y también hacía intentos por despegarse del piso y empezar a volar. Por suerte tenía a Gine y Lan Fan que hacían el trabajo más pesado que por ahora ella no podía; como bañar a los niños ó pasear por el jardín con en mayor.

—Lady Bulma, Shitsuji está aquí —anunció Gine desde la puerta del ventanal que daba hacia el balcón donde la peliazul estaba de pie viendo hacia el horizonte.

—Que pase —respondió sin apartar la mirada de los campos verdosos que estaban pintados de tonos naranjas debido al sol crepuscular que bañaba las montañas.

El mayordomo accedió al recinto hasta quedar a unos tres metros de la muchacha, ella estaba levemente recostada en el barandal, llevaba una bata ocre larga hasta los tobillos, y debajo de ésta un pijama de seda del mismo color.

—¿Qué averiguaste? —preguntó con voz serena la científica, aunque por dentro ardía de impotencia al no poder averiguar la verdad de lo que estaba sucediendo. Desde hacía una semana que Vegeta le había dicho que tenía que resolver algunos pendientes en las afueras de la ciudad, había partido inmediatamente después de que Kakaroto llegó a buscarlo a su recámara mientras la cuidaba. Estaba preocupada y enojada porque parecía que nadie sabía sobre su paradero, pero intuía que algo le ocultaban. Shitsuji y Raditz, esquivaban sus preguntas y respondían de forma dubitativa.

El mayordomo se acercó unos pasos más hacia ella. Por supuesto que él estaba al tanto sobre la reyerta en la Antigua Ciudad Saiyajin, el secuestro de Nyu y el traslado del rey Vegeta hacia el lugar de los hechos para ponerle fin a esa engorrosa situación. Pero no podía revelarle nada a la concubina real. El monarca le había dado órdenes explícitas de no decirle a su mujer a dónde iba y mucho menos alterarla con noticias malas. Pero verla tan descolocada, triste y molesta le calaba un poco. En el tiempo que llevaba sirviéndole, había aprendido a tomarle cariño a la femenina terrícola, ella era gentil, amable y una buena hembra para su majestad. Había visto tantas mujeres pasar por la cama de los tres últimos reyes, pero desde lady Nion, no había vuelto a apreciar a otra femenina como ahora lo hacía con ella. Bulma no se merecía sufrir, pero no estaba en sus manos la decisión.

—Su majestad aún no regresa, pero no debe preocuparse lady Bulma, él está con sus guardias personales, nada malo le pasará, además, llevó consigo a los miembros de su escuadrón para hacerle frente a la situa… —mordió su lengua cuando miró cómo ella se giró para observarlo y se dio cuenta que estaba hablando demás.

—¡Ya dime de una vez dónde está! —chilló caminando en su dirección —Acabas de decir que se fue con todo su séquito ¡Eso significa que pasó algo grave y no me quieres decir! —expresó colérica llegando hasta el saiyajin de avanzada edad que retrocedió un par de pasos al ver la furiosa muchacha aproximándose.

—Lady Bulma… Tranquilícese por favor, su majestad es el saiyajin más poderoso del planeta, nada podría pasarle… —comenzó a decir intentando convencer a la humana de que todo estaba bien. Pero en sus adentro sabía el por qué el rey le había prohibido decirle la verdad a la concubina. Realmente no quería que se diera cuenta que Nyu estaba involucrada en la reyerta ¿Por qué? No estaba enterado a cabalidad, pero era indudable el respeto que el monarca le profesaba a la científica hasta el punto de mentirle con tal de no afectar su integridad, ella acababa de parir, no era apropiado informarla de situaciones problemáticas.

La ojiturquesa entrecerró sus ojos mirando fijamente al saiyan, por supuesto que no le creía nada, aunque él se veía serio y formal, había algo que le decía que algo más sucedía.

—Soy la concubina real de su majestad Shitsuji, la persona en quien él más confía —dijo respirando profundo —¡Soy su mujer y exijo saber dónde está! —exclamó elevando el tono de voz.

—Pero…

—¿Dónde está Nyu? ¡No me digas que esa mujer tampoco sabe de él! —bramó colérica caminando hacia el interior de la recámara. No iba a quedarse encerrada esperando a que alguien le dijera cualquier mentira. Durante el tiempo que llevaba conociendo a Shitsuji se había enterado que era un hombre fiel al imperio, Gine le contó que provenía de una familia honorable que le ha servido a la familia real por varias generaciones, y ella también lo notaba, el saiyajin era serio, respetuoso y desde que Vegeta lo puso a su disposición, siempre estaba al tanto de que ella estuviese bien, así que podía decir con certeza que el anciano era leal a su majestad, pero quizá, solo quizás no a ella ¿Estaría él departe de Nyu? ¿Esa mujer lo habrá amenazado con destituirlo sino se ponía de su lado? No lo sabía, pero ella también debía asegurarse de tener aliados.

—¡Lady Bulma! Espere… —dijo el mayordomo caminando tras la muchacha que llegó hasta la sala en el dormitorio donde detuvo su andar y se giró hacia él mirándolo reflexiva.

—Espero que estés de mi parte Shitsuji, tengo muy buenas referencias tuyas, no cambies la opinión que tengo de ti —comentó desviando su mirada hacia Gine que se acercó a ella.

—Bulma, Shitsuji no tiene por qué mentirle, pero hay cosas que por orden no está permitido decirle —expresó la saiyana.

—¿Vegeta ordenó que me mintiesen? —cuestionó alternando la mirada entre su dama de compañía y el mayordomo que volteó a ver severo a Gine, ella estaba hablando demás y con la humana no podían cometer imprudencias, era inteligente y deducía con certeza la situación.

—No dije eso lady Bulma —respondió rápidamente Gine —Pero comprenda… —no terminó su frase cuando vio a la científica caminar hacia la salida, abrió la puerta y salió al pasillo sin detener su andar —¡Espere! —gritó tras ella.

—Cuida de Trunks y Vegeta, Gine —dijo sin voltear a ver a la saiyana que detuvo sus pasos mirando cómo la peliazul se alejaba por el pasillo. En seguida llamó a Lan Fan y Violeta que eran las niñeras de los príncipes, además de Fasha que era la escolta de los críos para que se quedasen con ellos. No podía permitir que la científica cometiera una locura. El rey no los perdonaría si la dejaban hacer un escándalo.

—¿Adónde va lady Bulma? —preguntó Shitsuji caminando al lado de la concubina real que siguió su camino sin detenerse.

—Averiguaré por mí misma lo que sucede, ya que mi personal me oculta las cosas —respondió inflexible. Continuó por los pasillos con dirección hacia el salón del trono donde Vegeta solía estar la mayoría del tiempo. No hizo caso del llamado del anciano, tampoco de Raditz que la siguió como su escolta al verla salir de su recámara. Definitivamente algo pasaba, pues Bardock y su séquito estaban en el ala principal del castillo. Había escuchado por Gine tiempo atrás, que Bardock nunca aparecía por esos lados a menos que el rey y sus élites salieran del lugar en pleno. Entonces el marido de Gine y su escuadrón tenían la responsabilidad de custodiar el castillo a menos que el rey le diese una segunda orden.

Se detuvo cerca del balcón, tras la enorme pilastra para observarlos bien. A lo lejos pudo verlos a todos en guardia con aspecto tenebroso. Al lado de Bardock estaba el más alto de todos, Toma, luego uno gordo que suponía era Pumkin, y cercano a él uno que parecía un mastodonte por lo enorme que era, debía ser Totepo. Al mastodonte le seguía uno más delgado que llamaban Leek y más al fondo con rostro de pocos amigos se encontraba Taro. Era un escuadrón supremo cuyos miembros a pesar de haber nacido como saiyanos de clase baja, habían logrado incrementar su poder y ahora eran el terror de los enemigos del reino.

Decidió caminar por el ala contraria para no toparse con ellos. Siguió por los enormes pasillos por varios minutos con Raditz y Shitsuji detrás de ella. Bulma estaba por llegar a su destino cuando a lo lejos observó como se abrían los monstruosos portones del castillo y entraba un grupo numeroso de saiyajin, entre ellos Broly que caminaba al lado de Tarble. Por lo que sabía, ahora el guerrero era el guardia personal del príncipe menor. En mucho tiempo, volvía a ver cara a cara al saiyano real menor que tanto desprecio sentía por ella. Lo había mirado desde lejos en algunos eventos, más no a solas ni a tan corta distancia.

Ambos grupos se detuvieron al ver a los otros en el pasillo que de pronto se volvió más estrecho. Los ojos turquesa de la peliazul se fijaron primero en la mirada de Broly que la observó avergonzado. La última vez se había comportado como un verdadero imbécil y quería remediarlo desde hace días, solo que no había encontrado el momento adecuado. Bulma desvío su vista del guerrero hacia los orbes negros de Tarble que la detallaban con desprecio, como era habitual en él. El silencio reinó un par de segundos que para los presentes parecieron eternos. La tensión era palpable en el ambiente y ninguno de los saiyanos se atrevió a romper el silencio. La científica no apartó su mirada del príncipe y de pronto notó el leve movimiento en la comisura de la boca de Tarble, era un claro gesto de altivez departe del joven, pero los rastros de la Bulma pusilánime que existió tiempo atrás se habían extinguido hacía mucho y estaba consciente del lugar que ahora tenía en Vegitasei. A cualquier saiyajin, aunque le gustase o no, ella era la concubina real del soberano porque el rey lo había decidido así, sin importarle la opinión de los que estaban en su contra por ser una forastera. Y eso no iba a cambiar.

Alzó la barbilla desviando un momento su atención a Broly, el soldado estaba del lado de Tarble, no le gustó para nada haberse enterado que ahora era la mano derecha del hermano de Vegeta. Consideraba al guerrero un buen tipo, y aunque no habían compartido muchos momentos, los pocos en los que se habían cruzado no habían sido desagradables a excepción del último. Había algo en él que le trasmitía confianza, pero ahora que le estaba sirviendo al príncipe menor la duda se había instalado ¿Se pondría en su contra? ¿Sería capaz de hacerle daño en su nombre? No estaba segura, quizá se debían una charla, la última vez que se vieron ambos estaban alterados y él le había dicho cosas realmente horribles. Quitó los ojos del saiyajin y regresó su miramiento hacia Tarble unos segundos para caminar pasándole de lado, su comitiva incómodos ante la situación reverenciaron a Tarble que observó el actuar de la terrícola de forma calculadora. Si ese encuentro se hubiese dado un año atrás, ella seguramente se hubiera intimidado ante su presencia y quizá le hubiera soltado un comentario mordaz a modo de defensa. Pero esta vez no, ella simplemente lo estaba ignorando. Incluso estaba obviando el hecho de que la humana seguía siendo solo una esclava del imperio y que le debía respeto ya que él pertenecía a la familia real.

—¿Buscas a Vegeta? —se escuchó la pregunta rompiendo el silencio. La peliazul que estaba pasando por su lado se detuvo cuando escuchó su voz dirigirse a ella.

—¿Ahora me espías príncipe Tarble? —cuestionó ella dibujando una sonrisa socarrona en sus labios volteando a ver al joven que tenía su mirada obscura en ella.

—Tengo ojos y oídos en todo el palacio, humana, no tientes tu suerte —respondió serio detallado la expresión burlesca de la científica, gesto que lo irritó internamente más no lo demostró ¿Qué se creía esa tonta para ignorar el protocolo y no presentarle su respeto? ¿Acaso se creía la reina de Vegitasei, ó se había vuelto estúpida? De igual forma la odiaba. Igual o más que antes.

—No desconozco ese hecho, alteza —expresó girándose para verlo de frente —Por eso siempre cuido mis espaldas ya que en cualquier momento pueden intentar eliminarme —agregó poniéndose seria. Fue el príncipe quien sonrió ahora. La terrícola era perspicaz y eso la convertía en un enemigo complejo —Así que con tu permiso —finalizó y reverenció levemente a su cuñado, caminando lejos antes de que comenzaran una disputa que casi era tangible.

Se apresuró a subir por las escaleras cuando llegó al final del pasillo, tenía pensado ir al salón del trono, quería saber qué sucedía y por qué la ausencia del rey, él no era así, siempre estaba pendiente de ella y sus hijos y no pudo evitar cuestionarse ¿Le abría sucedido algo malo? Mientras ella pensaba las peores situaciones y por dentro los celos de imaginar a Nyu robándole la atención de Vegeta la carcomían, quizá él estaba herido allá afuera. Le habían dicho que no se encontraba en el palacio, pero no terminaba de creerlo, todos podían estarle mintiendo.

—Lady Bulma por favor deténgase. No debe alterarse, recién dio a luz hace una semana y agitarse le hará mal —decía Shitsuji tras la muchacha. Raditz y dos de sus sirvientas también la seguían de cerca, pues Gine y las niñeras se había quedado con los príncipes.

—¡Deja de seguirme Shitsuji! ¡Es una orden! —ésta vez gritó deteniéndose totalmente molesta con sus cejas arrugadas, solo quería saber qué sucedía y parecía que a nadie le importaba su tranquilidad emocional, se giró para ver su séquito tras ella que la habían seguido por todo el camino —Ninguno de ustedes comprende que me preocupa Vegeta —soltó sintiendo las lágrimas amenazar en sus párpados, estaba angustiada, llena de incertidumbre y sola, porque en ese castillo no podía fiarse de nadie. Ni siquiera en Gine a quien le había confiado muchas cosas íntimas —¡Desde hace una semana que no sé nada de él! Y ustedes solo esquivan mis preguntas ¡Déjenme sola! —aseveró colérica y hormonal, pues al haber parido hacía pocos días, tenía las hormonas revueltas y los ánimos sensibles. Los presentes la observaron unos segundos y de pronto se inclinaron en una reverencia.

—¿Qué sucede, Bulma? —la peliazul escuchó la voz y se giró para ver a Vegeta, su mirada era seria y ella pudo notar el por qué de su expresión.

—¡Por todos los cielos! ¿Qué ha sucedido? —preguntó alterada, pero ver a Vegeta con golpes en el rostro, su traje prácticamente destruido y sangre escurriendo de su boca fue solo fue el principio de todo. De pronto vio pasar a las hembras saiyanas con Nyu en una cama dirigiéndose al ala médica central en el palacio para meter a la cápsula de recuperación a la princesa que había sido molida a golpes por Fungus. La ojiturquesa estaba por preguntar sobre el estado de la femenina cuando apareció Okra que era cargada por Zorn casi en el mismo estado, aunque ella no estaba inconsciente.

—Debiste esperarme en el ala norte —respondió Vegeta con seriedad mirando a su mujer incrédula ante los hechos.

—¿Cómo puedes pedirme eso? ¡Mira cómo estás! —chilló descompuesta, jamás había visto en ese estado a su rey, y a como notó a las hembras saiyanas, pudo deducir que algo terrible había sucedido. Se aproximó al rey e intentó tocar una de las heridas que tenía en el rostro, pero su mano fue interceptada por el soberano.

—Vuelve a tus aposentos —ordenó frío soltando la muñeca de la mano de la femenina que había sujetado. La científica sintió como si le lanzaran un balde de cubos de hielo, detallar la mirada gélida que él le dedico provocó una punzada en su pecho que no supo describir. Hacía mucho tiempo que él no la miraba de esa forma ¿Qué era lo tan malo que había sucedido para que él estuviera actuando de esa manera? No supo la respuesta. Pero no iba a permitir ser excluida de ese modo cuando él la necesitaba. Su estado era deplorable al igual que la de los demás guerreros y quiso comprender que su estado áspero se debía a eso. Vio que Kakaroto, Zorn, Tatsoi, Nappa, y algunos otros que no conocía, estaban llegando al lugar. Pudo notar que ellos no estaban mejor que el soberano, parecía que habían librado una feroz batalla que se había extendido por días.

—¡Shitsuji! —llamó al mayordomo que estaba cerca —Necesito mi kit de primeros auxilios, llévalos al ala médica, estaré en ese lugar —se apresuró a decir. En ese momento el personal médico se acercó a los guerreros heridos para atenderlos. Algunos estaban perdiendo una considerable cantidad de sangre. El piso estaba lleno de charcos del líquido escarlata y se sorprendió al apreciar que las gotas caían incansables una tras otra del brazo de uno de los soldados, entre ellos Broly, que se había despegado de Tarble y estaba ayudando a otros a entrar al recinto, empezaba a verse un poco pálido por la sangre que estaba perdiendo —¡Broly! —gimió la peliazul acercándose al hombre, momentos atrás no había notado lo lastimado que el guerrero estaba. Quizá por el encuentro con Tarble, o talvez por lo turbada que estaba por la desaparición del rey.

—Lady Bulma, debe regresar a sus aposentos. Usted no debe ver todo esto —pronunció con dolor sosteniendo con su brazo sano el herido.

—Necesitamos suturar inmediatamente esa herida o vas a terminar desangrándote —comentó ante la mirada incrédula del rey a lo lejos. El monarca, que acababa de retirar al escuadrón de Bardock, sintió un golpe de rabia, inquietud, sospecha y recelo, todo en una mezcla de frustración al ver cómo ella tocaba el brazo del bastardo soldado mientras examinaba su herida.

—No es necesario que se preocupe lady Bulma, no es nada que no se pueda curar con un vendaje —expresó Broly caminando por el pasillo junto a los demás con dirección al ala médica.

—Ayudaré a todos aquí y no se hable más —dijo mirando a Shitsuji acercarse a ella.

—Aquí está lady Bulma, si me permite atender a mi hijo y a mi nuera —solicitó el hombre al ver a Zorn y Okra en un estado deplorable.

—Ve con ellos Shitsuji —respondió la científica con una sonrisa tomando la caja de primeros auxilios de sus manos. Llegaron al ala médica y el personal se dispuso a atender a los soldados. Bulma buscó con sus ojos a Vegeta, pero no lo vio por ningún lado.

—Él nunca deja que nadie lo cure —escuchó decir a Broly que se había sentado en una silla. Ella volteó a verlo y se acercó dejando la caja sobre una mesa auxiliar al lado del hombre, la abrió y comenzó a sacar todo lo que necesitaría.

—Me gustaría saber qué pasó —preguntó tomando una venda y doblando el lienzo en varias capas par formar una tira lo bastante resistente como para hacer un torniquete alrededor del brazo del saiyajin —¿Por qué Nyu está en ese estado y también lady Okra?

—Hubo un amotinamiento en la Antigua Ciudad Saiyana, un peligroso reo escapó de su celda, liberó a los demás y tomó como prisionera a la princesa luego de que ésta matara a su madre —explicó Broly mirando a la humana envolver su brazo con el lienzo y apretándolo con fuerza para detener el sagrado —Entre la negociación y la batalla se nos fue la semana entera. Debimos incluso acampar cerca de los riscos adyacente a las cuevas.

—Puedo entender que hacía Nyu en ese lugar, después de todo es una guerrera —habló apretando el vendaje y haciendo un nudo lo más estrecho posible —¿Pero por qué Okra también estaba con ustedes? Ella no tiene esa clase de habilidades.

—Okra no es guerrera es muy cierto, pero tiene otras habilidades aparte de pintar. Ha sido embajadora. Es una buena mediadora si de diplomacia hablamos —contestó el soldado observando las delicadas manos de la peliazul moverse sobre su piel mientras limpiaba su herida y se concentró en lo especialmente hermosa que se veía. Hacía mucho tiempo que la humana lo había hechizado con sus singulares rasgos. Era tan delicada en sus movimientos, sus finas manos se percibían como la seda, y el olor que despedía era dulce y placentero; no había mujer cómo ella en Vegitasei y sentía envidia del rey por tener esa hembra a su disposición. Jamás pensó que podía ambicionar de esa forma a una femenina que dada las circunstancias no estaba a su alcance.

—Si fuese tan buena en eso no habría terminado así —dijo señalando la camilla a lo lejos en donde las enfermeras atendían las lesiones de la mujer —Y tampoco ustedes —agregó comenzando a suturar con aguja e hilo quirúrgico la herida que había dejado de sangrar debido al vendaje —Imagino que Vegeta rescató a Nyu.

—El tercer día Fungus liberó a Nyu a cambio de Lady Okra, ante la negativa del rey de entregarle lo que el secuestrador le exigió a cambio de la princesa los dos primeros días. Sin embargo, Nyu, herida como estaba y sus escoltas no pudieron regresar porque los reos habían escapado antes de que llegáramos, entre esos los dos peligrosos hijos de Fungus. Ellos se habían dispersado por el camino de entrada y salida de la Antigua Ciudad, y ese camino solo es uno. Luego de ello, los otros tres días que siguieron Fungus se resistió a entregar a Lady Okra. Igualmente quería a cambio su libertad y la de todos los reos además de una nave y 10 baúles de tesoros.

—Supongo que el rey igualmente se negó, como con Nyu —dijo Bulma con aspecto serio.

—No es así —contestó Broly esperando la reacción de ella —Le dijo que podía darle eso, pero que quería a Okra de vuelta y en perfecto estado, o todos iban a morir.

Bulma sintió una punzada en su estómago al escuchar aquello. En serio se sintió molesta y llena de celos.

—¿Y qué más sucedió? —preguntó decepcionada.

—El último día, los prófugos estaban escondidos en los escombros, e iban a atacarnos por la retaguardia, pero un saiyano que nunca había visto antes, al parecer un reo que no seguía a Fungus en sus ambiciosos planes, nos alertó sobre el ataque de los disidentes. Por suerte su majestad pudo matar al secuestrador y rescatar a lady Okra, sino hubiera sido por su intervención, ella quizá habría muerto —respondió Broly sintiendo los pinchazos que daba la aguja en su piel, aunque no eran tan doloroso, si eran molesto —Los demás acabamos con los hijos de ese infeliz y con el resto.

El cuerpo de la peliazul se tensó al escuchar la confesión. Así que eso era, Vegeta había ido a rescatar a Nyu y a Okra, pero solo por ésta última fue capaz de ceder antes las peticiones de un asesino. Sintió como la rabia se le subía a la cabeza y los celos llenaban su pecho. Estaba comenzándose a hartarse de esa maldita mujer que solo había llegado a complicar todo al planeta. Soltó la pinza con la aguja e hilo dejándolo sobre una bandeja y vendó el brazo del guerrero quitando el torniquete en silencio ¿Es que no era suficiente la presencia de Nyu en la vida del rey y la suya? ¿Ahora tendía que soportar a una estúpida más metiéndose en la relación que tenía con el monarca? Esta vez no pensaba quedarse callada. Vegeta iba a escuchar todo lo que tenía para decirle desde hacía mucho tiempo.

—Lady Bulma —llamó Raditz, quien había sido mandado a buscar por el rey minutos antes, y luego enviado de regreso para llevar un mensaje a la terrícola —Su majestad quiere que la escolte ahora mismo a la alcoba real.

—Dile que estoy ocupada —respondió tajante quitándose los guantes que se había puesto para curar al guerrero.

—Pero lady, si le digo eso… —Raditz calló al ver a la humana acercarse a él.

—Solo díselo Raditz, tu no tienes la culpa de que yo no quiera verlo —susurró la científica para evitar que los demás escuchasen su conversación. El saiyano asintió, mientras le tiraba una mirada asesina a Broly, y salió del recinto para llevar el mensaje al rey.

Bulma continuó su labor de ayuda el resto de la tarde. Había curado a Broly, a Zorn, y ayudó incluso a Turles. En el proceso se había enterado por la boca de Zorn que Turles era hermano gemelo de Nyu, revelación que le pareció interesante. Llevaba mucho tiempo conociendo a la saiyana y apenas estaba dándose cuenta de quienes eran sus familiares.

Se había hecho de noche, el monarca no había vuelto a enviar a nadie a llamarla. Mentalmente se estaba preparando para la furia de Vegeta, pero en el fondo estaba dolida y por ellos evitó verlo en cuanto la llamó. Estaba harta de tener que callar siempre todo por evitar problemas. Si él quería verla tendría que escucharla ¡Era la madre de sus hijos con un demonio! Se había sentido tan humillada cuando Broly le dijo que el soberano habría cedido por su ex amante. No podía ni debía aguantar que nadie quebrase su orgullo. Porque de una cosa si estaba segura, cualquier mujer en ese planeta que quisiera acercarse al rey intentaría acabar con ella primero. Él tenía predilección por su persona y tal aspecto la convertía en el blanco de intrigas por parte de muchos enemigos que querían derrocar su estatus.

Broly la vio alejarse con un semblante lleno de molestia, y en sus adentros sonrió. Había sembrado la intriga.

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Se había enterado de todo por boca de los soldados a los que había atendido. Okra tampoco había perdido oportunidad para dirigirle una sonrisa airosa, por supuesto que no había demostrado lo furiosa que estaba, pero en su interior ardía de celos y decepción por las mentiras que Vegeta había obligado a decirle a sus subalternos que quedaron a su disposición en el palacio mientras él corría a entregarle todo a un reo, con tal de salvar intacta a la "belleza saiyana". En el fondo su conciencia le dijo que quizá, tan solo quizá estaba exagerando. Tal vez se debía a su estado post parto, sus hormonas aún seguían alteradas. Pero no podía hacer nada, estaba sentimental y lo aceptaba. Solo esperaba poder controlarse cuando tuviera enfrente al saiyajin real.

Bufó intentando que su enojo bajara. Llegó hasta la puerta de la habitación de sus hijos, había pasado la tarde extrañando su compañía. Ahora solo quería abrazarlos, cuidar de ellos y descansar. Nadie le había pedido su ayuda en el ala médica, pero no podía dejar pasar la situación sin preocuparse, los soldados se merecían ser atendidos lo mejor posible pues eran ellos los escudos de protección del imperio. Habría querido encargarse antes de las heridas de Vegeta, pero había rechazado su ayuda de mala manera. No comprendía el por qué de su enfado hacia ella si lo único que había hecho era preocuparse por él mientras estaba fuera "resolviendo algunos problemas" como le había dicho el rey antes de irse, cuando la realidad solo estaba corriendo tras Okra para ser su héroe.

Entró a la habitación esperando ver a sus hijos, pero lo que se encontró la dejó desconcertada. La recámara estaba completamente a obscuras. Buscó el interruptor para encender la luz tanteando con sus manos la pared y cuando la estancia se iluminó no vio a nadie. Todo estaba perfectamente arreglado y sus niños no estaban por ninguna parte.

—¡Gine! —llamó esperando ver a la saiyana. Pero ella no respondió. Bulma regresó al pasillo buscando con la mirada a Raditz, quien acababa de llegar a su lado —¿Sabes dónde están todos?

—Con su majestad, lady —respondió el soldado —Mandó a buscar a los príncipes cuando le dije de su negativa para hablar con él.

Ella asintió caminando lejos de su ala asignada para ir a buscar a sus hijos. Cuando llegó frente a la puerta del rey, vio a Fasha, quien le hizo una reverencia, junto a un soldado que le dio el acceso. Bulma supuso que él estaba esperándola. Ingresó a la recámara real. Tan pronto como entró Vegeta posó sus ojos en ella. Había pasado la tarde esperando verla. Cuando Raditz le había informado la negativa de la humana hacia su llamado, había querido ir y sacarla el mismo del ala médica, pero la doctora de su concubina le había dicho hace tiempo que las mujeres de esa raza se ponían más sensibles de lo normal durante y después del período gestante. Lo entendía. Quería comprender su estado. Más no podía concebir la idea de que ella estaba cerca de otro que no era él. Ni siquiera por el lazo ridículo que formaban los de su raza con otros individuos, a eso que le llamaban "amistad". Pero tampoco quería reclamárselo brutamente, ni hacer una escena estúpida y lastimarla como en el pasado. Pero estaba lleno de rabia y frustración de saber que ella estaba poniendo sus manos en un cuerpo que no era el suyo mientras esperaba por ella es su alcoba. Ella era SU mujer, y su función en el palacio, excluyendo sus labores en el laboratorio, era atender sus necesidades y a sus hijos, no pretender jugar a la médica con los soldados heridos.

La ojiturquesa no apartó su mirada de los ojos obscuros del saiyajin. Lo reverenció mirándolo fijamente y se quedó de pie delante de la puerta que el soldado había cerrado a sus espaldas cuando la dejó acceder. No notó enojo en la expresión del rey, pero había algo en su aura, algo que le advertía que no todo estaba bien. Pasaron unos segundos mirándose fijamente, él la observa con tal intensidad que eso le provocó incomodidad. Aún a esas alturas le costaba resolver qué pasaba dentro de la cabeza del monarca, y a pesar de conocerlo como lo hacía aún le daba escalofríos saber que el hombre que amaba podía estallar contra ella si llegaba a molestarlo. Aunque también tenía muy presente que él no le haría daño y eso la aliviaba un poco.

—¿Estás bien? —preguntó la muchacha desde la puerta sin moverse de su sitio. Desvió sus ojos detallando a Gine que cargaba a Vegeta Jr, parecía dormido pues estaba envuelto en sábanas y apenas se notaba el rostro del niño desde la distancia. Trunks por el contrario estaba entretenido con unos juguetes en la alfombra de la habitación cerca de la cama real. El niño en cuanto escuchó la voz de su madre alzó sus ojitos observando a la peliazul en la entrada.

—¡Mamá! —gritó con su vocecita infantil intentando ponerse de pie para ir hacia ella, aunque la cola a veces le afectaba el balance.

—Cariño ¿Me extrañaste? —preguntó por fin dándose el valor de avanzar a través de la habitación. Sintió la mirada obscura del saiyajin aún en ella, pero quiso concentrarse en su pequeño que alzaba sus bracitos para ser cargado. Llegó hasta él y lo elevó en sus brazos dándole un beso en su mejilla rosada, gesto que hizo reír a Trunks, quien enrollo su cola en el brazo de ella —¿Cómo ha estado el príncipe Vegeta? —preguntó caminando hacia Gine para ver a su bebé.

—Ha estado tranquilo, lady Bulma —respondió descubriendo un poco al crío para que su madre lo mirase. Bulma le sonrió besando su frente.

—Gine, tú y Fasha lleven a los príncipes a su alcoba —se escuchó la voz de Vegeta que estaba cerca del ventanal observando hacia el exterior de su balcón. Se giró y vio a la saiyana asentir en una reverencia. En seguida entró la escolta par ayudar a la mujer con los niños, mientras que Bulma se despidió de sus hijos. Sabía que él quería hablar con ella.

Una vez solos ella se sentó en uno de los sillones. Aún no se recuperaba por completo de las energías perdidas cuando dio a luz a su bebé y el haber ayudado con las curaciones no había sido la mejor idea. Pero había decido quedarse, no solo para auxiliar a los lesionados, sino que para averiguar qué había sucedido allá afuera. Conociendo al rey no le daría tantos detalles como de los que se enteró por boca de los guerreros. Ahora estaba más calmada, pero por dentro ardía el hecho de lo que él era capaz de hacer por Okra y eso alojaba en su corazón vacilación con respecto a lo que él sentía por ella. Se le hizo un nudo en la garganta al pensar en que lo que tenían no era real, o si realmente él se habría aburrido de ella. Él tenía muchas mujeres en el harén que serían suyas cuando él lo deseara ¿Es que ya se había cansado de su presencia? ¿Habría hecho algo malo para que dejase de quererla? ¿Tendría que ver Okra con ese cambio? Se sintió minúscula al pensarlo. Incluso había rechazado su ayuda cuando intentó curarle sus heridas y eso de alguna forma le había recordado al antiguo Vegeta, osco y cruel.

—Ven —pidió el rey. Ella escuchó su llamado y alzó la vista mirándolo a los ojos. Su voz había salido calmada y eso la relajó un poco. Se puso de pie llevando su mano tras su oreja donde acomodó uno de los mechones de su cabello y suspiró intentando moderar el cúmulo de sensaciones que estaban perturbándola dentro de sí. Caminó hacia él deteniéndose a medio metro del monarca, bajó la mirada cuando sintió que las lágrimas amenazaban por salir de sus ojos y pasó de tener frente a ella al rey y al otro segundo el hombre se había posicionado a escasos centímetros de su rostro. Cuando se dio cuenta pudo notar las manos que rodeaban su cintura estrechándola contra el cuerpo masculino, aspiró su aroma en un suspiro profundo y sintió esa boca que tanto le gustaba casi rozando sus labios —No tengas miedo mujer —comentó él al sentir a la humana temblar en sus brazos —Nunca te haría daño —añadió. La ojiturquesa percibió el aliento del saiyajin golpear su pecho y sus vellos se erizaron automáticamente ante el estímulo, sobre todo al sentir la cola de él recorrer su pierna.

—Tengo miedo —respondió ella sujetándose de los hombros de él, los apretó ligeramente con sus delicadas manos. Lo miró a los ojos y pudo detallar la duda que había generado en él. Ella sonrió inclinándose hacia los labios del hombre y rozó su boca en ellos —Pero no de ti, sino de que tus sentimientos por mí cambien —expresó dándole besos cortos que fueron correspondidos.

—¿Por qué piensas eso? —preguntó él alzando ligeramente a la femenina en sus brazos posicionándola a su altura. Ella se paró en las puntas de sus pies recargando su pecho blando contra el duro tórax del soberano que portaba la armadura que ella le había fabricado. Ella suspiró borrando la sonrisa de su rostro. Movió sus manos desde los hombros masculinos hacia la nuca del hombre metiendo sus dedos en el cabello espeso acariciándolo.

—Sabes que solo te tengo a ti para protegerme en este planeta —comenzó a hablar mirando los ojos obscuros del saiyajin real que la observaba con atención —Si pierdo tu favor todos los que están en mi contra me destrozarían allá afuera —habló con expresión triste —Y yo no… —se quedó en silencio y bajó la mirada mordiendo su labio inferior, soportando el dolor de imaginarse lejos de él y de sus hijos. Porque era consciente que sus bebés pertenecían a la dinastía, y si algún día tenía que abandonar Vegitasei ellos no se irían con ella.

—No hay nada que pueda apartarte de mí. No debes dudar.

—¿Y si hay alguien? —cuestionó ella. Lo vio fruncir el entrecejo sin apartar su vista de ella y aflojar su agarre.

—¿A qué te refieres? —preguntó soltándola. Ella se giró dándole la espalda sintiéndose vulnerable.

—¿Por qué me mientes Vegeta? —cuestionó con voz quebrada. Cuando ella se giró para ver al rey él pudo notar los ojos de ella cristalinos y no comprendió el por qué de su reclamo —¿Por qué ibas a ceder a las negociaciones por de esa mujer? Ni siquiera lo hiciste por Nyu, y todo el mundo está hablando de ello. Mientras, me dejas aquí sin ninguna explicación ¡Sin saber dónde estás! ¡Sin saber si estás bien o si te ha sucedido algo! Pudiste comunicarte por el rastreador y al menos mandarme a decir que estabas bien —exclamó elevando la voz, dejando que toda la frustración que llevaba dentro fluyera. El rey escuchó sus palabras, y tenía la respuesta para cada uno de sus cuestionamientos, pero también le irritó la idea de que ella estuviese reclamando absurdos que no debían ser. Sus ojos no tenían otro mirar más que su bienestar ¿Y ahora le reprochaba lo de Okra? Porque no era estúpido, sabía a lo que ella se refería claramente.

—Es parte de mi trabajo como rey, Bulma. No hagas recriminaciones infundadas —respondió serio. Ella movió su vista a un punto indeterminado en la alfombra que cubría el piso sintiendo la impotencia recorrerle el cuerpo y con valor volvió a sostener su mirada en la de él.

—¿También era parte de tu trabajo cogerte a Nyu? Cedes ante Okra por encima incluso de tu consorte delante de todos. Mañana quizá también sea parte de tus deberes como rey divorciarla de Zorn y hacerla parte de tu harén —comentó limpiando las lágrimas que salieron de sus ojos. Quería gritarle más. Pero su orgullo ya estaba lo bastante pisoteado como para seguir humillándose frente a él. Sonrió burlesca —No me sorprendería. Ya antes fue tu amante —finalizó dándose la vuelta para retirarse. Iba a caminar directamente hacia la puerta para no verle más, necesitaba estar sola, llorar sin que nadie la escuchara y sacar la impotencia que dominaba su cuerpo cuando escuchó al monarca hablar.

—No tienes moral para reprocharme nada. ¿Qué me dices de ese insensato de Broly? ¿Acaso mi concubina no me pone bajo un bastardo soldado con sus atenciones hacia él? —cuestionó mirándola detener sus movimientos. No solo ella tenía cosas qué decirle. La vio girarse con sus cejas delgadas fruncidas hacia él.

—¿Broly? —pronunció la científica el nombre del saiyajin y supo en ese momento cuánto turbaba el soldado la tranquilidad del rey. Dejó salir un bufido que hizo hervir la sangre del monarca —Él es mi único amigo, solo hay respeto y amistad entre nosotros. Además, no puedes prohibirme que… —dejó sus palabras en el aire cuando sintió la presencia del soberano detrás de ella. Él se había movido tan rápido que no lo había visto venir hasta que la sujetó por la espalda y una de sus manos la tomó por el cuello estirándola hacia atrás, mientras la otra la agarró por la cintura.

—Claro que puedo… —pronunció con voz ronca en el oído de la peliazul. Voz que le erizo cada centímetro de su piel. No porque le excitara su acecho, era más bien por temor. Aunque él le había asegurado que no la dañaría nunca. Quiso zafarse, pero no pudo apartarse ni un milímetro del cuerpo del soberano —Y no precisamente encerrándote, o matándolo a él —dijo desenroscando la cola de su cintura, la ondeo ante los ojos de la científica y lentamente bajó para colarse bajo el vestido de la muchacha. La otra mano del soberano la posó por debajo de la parte alta de su traje, agarrando el seno de ella y acariciándolo con fervor, haciendo incluso que unas gotas de leche se escaparan de su pezón.

—¿Qué harás? Sé de lo que eres capaz —respondió ella sintiendo el miembro peludo acariciar su muslo y la erección de él apretar contra su trasero.

—No me retes Bulma. Hace mucho tiempo que el bastardo está en mi lista. Si no lo he matado hasta ahora ha sido porque existe una ley que imposibilita al rey matar a los escoltas élites de los príncipes, si así es solicitado por ellos, y lamentablemente Tarble así lo solicitó, imagino que para fastidiarme —respondió relajando el agarre en la cintura de ella. Luego le besó la mejilla a la humana, que se giró en sus brazos —Pero no me interesaría ser el primer rey que mande todo eso a la mierda si veo que peligra mi orgullo. Así que espero que te ubiques, o soy capaz de volver a ser el Vegeta que conociste.

—Pues yo también tengo una lista, y esa la encabeza Okra. Así que no me hagas actuar contra ella. Soy capaz de defender lo que me pertenece, aunque con ello consiga mi propia muerte. Seré una chiquilla comparada a esa mujer, y te pareceré débil, ingenua, o incluso insignificante, pero puedo llegar a ser igual o más peligrosa que esa estúpida si así me lo propongo, porque tú eres mío —respondió Bulma empujándolo por el pecho. Quería estar sola y quería gritar —Ahora con su permiso me retiro, majestad, mis hijos me esperan.

Él la dejó alejarse y la vio salir de su habitación sin volver a verlo. Sonrió para sí mismo. Era una atrevida, una igualada, pero le gustaba tanto esa actitud impetuosa de la científica. Vegeta atribuía su cambio a que ella había llevado en su vientre a sus dos hijos y había tenido el valor y las agallas de parirlos aún poniendo en riesgo su vida. Bulma era rebelde, sí, pero era astuta y tenía cojones, y eso lo excitaba más de lo que él mismo creía.

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Al día siguiente…

Oía hablar al anciano frente a él, aunque no llegó a procesar del todo sus palabras. Había estado en la junta semanal con el consejo desde hacía más de dos horas. Ellos le habían dado el informe sobre las diferentes zonas del planeta y planteado los problemas de cotidianidad que se generaban. Había resuelto algunos de forma inmediata, dado otras ordenes y concedido el permiso para que ellos, como representantes de las ciudadelas, ejecutaran planes para aliviar las situaciones con las que el pueblo se sentía inconforme.

Eran cerca de las cuatro de la tarde del siguiente día. Desde anoche que no había podido sacarse a la humana de la cabeza. Todo había sido un hilo de acontecimientos que lo hicieron estallar de ira el día de ayer cuando recién llegaba de resolver el conflicto de la reyerta que se generó en la ciudad antigua saiyana.

En cuanto había llegado al palacio había escuchado los gritos de su concubina cerca del salón del trono, cuando explícitamente le había ordenado antes de irse, que no se alejaran, ni ella, ni los niños del ala asignada para ellos en el palacio, ya que ese era el único lugar inatacable en el que podían estar sin el temor de sufrir un altercado. Esa zona era segura por muchas razones, por los escoltas que cuidaban de ella y sus vástagos, así como por la seguridad tecnológica que había implementado y que le haría saber directamente en su scooter si alguien no autorizado se infiltraba en ese sector. La rabia había hecho que rechazara sus atenciones cuando ella prestó cuidado a sus lesiones. Eso, sumado a que luego pasó a hacerse cargo del bastardo de Broly y sobre todo se dirigió con ellos hacia el ala médica como si fuese parte del personal sanitario. Además, la negativa de la humaba a su llamado había sido la gota que derramó el vaso. Si ella no estuviese tan metida en su pecho hubiera sido capaz de ir y sacarla de los cabellos de ese sitio a donde no pertenecía y darle una lección. Pero no podía, ya no era el príncipe que no sabía controlar su carácter y dejaba llevar por la rabia, y ella tampoco era solo su esclava. La hembra era lo más preciado que tenía y no podía dañarla de ninguna forma por muy cabreado que estuviese.

Estaba comenzando a impacientarse cuando el guardia en la puerta anunció la llegada de su guardia personal, dio la autorización para que pasara y cuando el soldado entró al recinto, instantáneamente sus ojos cayeron en el acompañante de Zorn.

—¡Majestad! —saludaron al rey con una reverencia al unísono ambos saiyajin.

—¿Qué sucede? —preguntó con la mirada fija en el extraño. Supo con tan solo verlo, que el tipo que estaba junto a su soldado no era más que un menester guerrero de cuna baja. Su ropaje deslucido hablaba por él, aunque su ki básico era igual al de un saiyan de clase media. Era temprano para juzgarlo del todo.

—Rey Vegeta, él es Cumber, el guerrero que nos reveló sobre el ataque de los reos amotinados y facilitó el rescate de lady Okra —explicó Zorn posando su mirada en el saiyajin y nuevamente en el monarca. Vegeta alzó una ceja detallando al mencionado. Por fin conocía al tipo del que le habían hablado. Después de los sucesos del amotinamiento y el secuestro de Okra, Zorn le había hecho el reporte de un saiyajin que se había involucrado en los hechos mientras él oprimía a los reclusos que se habían revelado.

—Cumber —pronunció el soberano poniéndose de pie pues estaba sentado en el trono. Miró al saiyajin hincarse sobre una de sus rodillas, llevar su mano derecha a su pecho como señal de lealtad al imperio, y agachar la cabeza cuando escuchó su nombre. Le llamó poderosamente sus ojos, los iris tenían un tono rojizo. También su rostro vagamente le hizo recordar a alguien. —¿De qué región provienes? —preguntó interesado.

—De la región sur, majestad, específicamente de las mesetas de Galia, donde termina el bosque de las ánimas. Soy un guerrero sin rango, mi experiencia fue adquirida en peleas informales y por ahora me destaco como líder de la comunidad donde resido. Estuve preso por dos años por riñas en un par de bares de la localidad. Sin querer maté a un soldado de clase alta —respondió presentándose. Vegeta lo miró unos segundos. Para ser un guerrero empírico debía tener buenas habilidades, los reclusos que habían enfrentado ayer estaban por sobre el rango de poder de un clase baja.

—¿Con qué fin traicionaste a los reos y te entrometiste ayer en una misión que solo le concernía al estado mayor?

—No tenía ningún objetivo en concreto majestad. Pero si se trata de devolver la tranquilidad al imperio haría lo que fuera. Fungus me hizo la vida imposible dentro de la cárcel. Además, soy fiel seguidor de la política de los reyes Vegeta —contestó manteniendo su pose de respeto. El monarca hizo una señal a su guardia real para que el soldado se irguiera.

—Ponte de pie —expresó Zorn y el hombre así lo hizo.

—Tus habilidades serán reconocidas, Cumber. Ahora Zorn te mostrará tus nuevas obligaciones y te asignará una nueva morada en la ciudad de los soldados de rango A, en recompensa por tus servicios —dijo bajando las gradas que elevaban el trono del nivel del piso —Servirás directamente al imperio.

—¡Gracias majestad! —exclamó con una sonrisa el guerrero mientras reverenciaba al rey con gratitud. Las cosas estaban saliendo como lo habían planeado.

Vegeta lo miró aún con curiosidad, y luego caminó con dirección la salida con su comitiva tras él dando por terminada la sesión de ese día. Sabía que muchas cosas con el tiempo cambiarían. La reyerta de esos días había sido solo la punta de lanza.

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Dos años después…

Habían transcurrido dos primaveras, dos veranos y dos inviernos desde entonces. Mientras Okra iba ganando poco a poco terreno con el rey en el plano laboral, y Bulma seguía siendo la más solicitada por él la mayoría de las noches, Nyu en cambio había ido de lo sublime a lo ridículo.

Para ese momento la princesa se encontraba devastada emocionalmente, y no era para menos, en dos años había sufrido tres abortos. Sus dos primeros embarazos ni siquiera habían llegado a los dos meses de gestación cuando de la nada presentaba sangrado, mientras el tercero fue el peor de todos; llegó hasta los siete meses cuando empezó a sentirse muy mal y al ser revisada le indicaron que había que sacarle al feto porque había muerto en su vientre. No lo entendía, había seguido cada una de las recomendaciones de los médicos y aún así no lograba llevar a término su preñez. Lo más vergonzoso es que en los tres casos lo había anunciado con gran algarabía y fiestas, sobre todo el tercero, pues le habían revelado que sería un varón. Se sintió triunfante ante Bulma, pues su hijo puro sería el príncipe heredero, quien gobernase por encima de los engendros mestizos de la científica. Sin embargo, la pérdida siguiente la desmoralizó hasta los profundos abismos de la depresión.

Estaba por pensar que todo había sido su propia culpa al haber eliminado dos años atrás a aquella bruja desgraciada. Al principio creyó que solo habían sido palabras absurdas las que habían salido de la boca de Hiedra, madre de Fungus. Antes de darle el golpe de gracia y matarla, la mujer le había lanzado una clase de maldición que hasta el momento había tomado a juego.

La pelea estaba a su favor, se sentía victoriosa y por ende orgullosa de sí misma. Había tomado la mejor decisión al decidir ir a detener el amotinamiento ella misma. Cuando su esposo supiera de su hazaña, estaría satisfecho con los resultados. Quería ser una buena mujer para él, no solo en la intimidad, sino que también quería servirle al imperio con sus habilidades de lucha. Ella era una guerrera prodigiosa, hermosa, de clase alta y poderosa que debía estar a la altura de su majestad, y para ello debía esforzarse por ganarse su favor.

¡Vas a arrepentirte de haber venido hasta aquí! —comentó la mujer que esquivaba sin éxito sus golpes —Mi hijo Fungus ha sido el actor intelectual y presencial de la rebelión. Pero todo tiene un motivo niña estúpida. Y él nuestro es derrocar al actual rey que nos tiene sumidos en esta miseria.

Vieja estúpida, tu hijo jamás podrá derrotar al rey, aunque se una con todos los reclusos que están en su contra. Tú y él solo son la basura que ha desechado el reino y merecen morir sin piedad —contestó la princesa ante las palabras insensatas de la vetusta saiyana. Con agilidad asestó varios golpes en el rostro de la hembra que cayó al piso con una de sus patadas en el abdomen. Se posicionó sobre ella ahorcadas evitando que ella pudiera liberarse de su agarre. La sujetó por el cuello y la alzó mirándola a los ojos. Iba a disfrutar acabar con su infeliz vida con sus propias manos. Se rumoraba que Hiedra, además de terrorista, era una bruja que siempre había logrado evadir su captura. Pero ahora solo era un hilacho de lo que un día fue, y ser asediada por ella era lo peor que había podido pasarle, no había hembra más fuerte entre las guerreras élite que la princesa. La hechicera estaba acabada.

Con rabia y placer por arrancarle la vida llevó sus manos al cuello de la vetusta y lo apretó con fuerzas sin dejar de ver sus orbes oscuros que brillaban bajo la escasa luz que entraba en la caverna.

Tú… tú… —comenzó Hiedra a tartamudear con escaso aliento. A como pudo llevó sus manos a los brazos de Nyu intentando débilmente quitársela de encima.

¿¡Aún tienes fuerzas para hablar vieja ridícula!? —profirió colérica la joven saiyana apretando más fuerte ambas manos alrededor del cuello de la hechicera.

Tú no… tendrás un… buen… final —respondió con voz apagada a medida su vida estaba siendo arrebatada por la princesa que se había convertido en su ejecutora —Nunca… nunca podrás ser feliz, siempre… —tosió entre palabras —Vivirás a la sombra de otra.

¡Qué dices maldita! —aseveró zarandeándola con rabia.

Te maldigo en nombre de todos mis antepasados, los del sur, los del norte, los vivos y los muertos. Nunca… le darás hijos al rey… porque todos morirán en tu vientre—pronunció exhalando su última bocana de aire —Morirás sola… porque el hombre que amas… jamás será tuyo. Maldigo tu existencia y la de tu descendencia que nunca llegará —agregó.

Nyu que había escuchado con atención sus palabras, se puso de pie alzando en el aire con una de sus manos a la mujer por el cuello. Elevó su otra mano y formando una esfera de energía en su palma, la dirigió hacia el cuerpo de la hechicera que se volvió polvo ante el impacto, quedándose solo con su cabeza sujeta del cabello, la cual minutos después tiró a los buitres.

La princesa movió su cabeza para alejar el recuerdo. Suspiró profundo y pensó en aquellas palabras. Le había dicho que "todos los hijos que gestase morirían en su vientre". Ahora comenzaba a creer que su blasfemia no solamente fue un inadmisible derroche de locura, estaba cumpliéndose su embrujo tal como lo predijo la hechicera y eso estaba volviéndola loca. Vegeta ni siquiera había querido saber de ella desde hacía varios meses. No deseaba siquiera verla por las noches y mucho menos tocarla. Sabía que, sino lograba embarazarse pronto, el consejo tomaría a bien asignarle una nueva primera consorte al rey y eso si sería su rotunda perdición.

Por otra parte, Okra seguía ayudándole al rey con sus deberes de diplomacia. Había logrado varios buenos acuerdos con ministros de otros planetas para beneficio de Vegitasei. En consecuencia, el soberano la complacía en sus peticiones cada vez que un tratado culminaba con éxito. Cumber había sido asignado como escolta de Okra por pedido expreso de la mujer. El rey estaba agradecido con sus servicios y no había puesto impedimentos para que el guerrero estuviera a cargo de la seguridad de la lady, y mientras todo parecía ir bien en el palacio, ellos mantenían secretos que utilizarían para cometer sus objetivos.

Para Bulma, por su parte, aquellos dos años habían sido un poco agridulce. Se había mantenido en vilo por los embarazos de Nyu, pero no podía negar que tomaba un alivio cuando la saiyana no lograba sus propósitos de parirle herederos puros al rey. La humana empezó a cavilar en que quizás eran ciertos los rumores que corrían entre la servidumbre, sobre una supuesta maldición que la madre de aquel reo lanzó a la consorte, deseó que sus palabras estuvieran surtiendo efecto en esa tipeja.

Los tiempos habían sido tranquilos desde entonces. Esa mañana le había dado el día libre a Raditz y había salido al jardín, no al privado que estaba en su ala, sino al que estaba frente del palacio, era más amplio y tenía mucha diversidad de plantas que siempre le parecía interesante observar. A Trunks le encantaba tomar el aire, jugar y volar a distancias cortas, el niño con casi tres años estaba más hiperactivo que nunca, apenas podía seguirle el ritmo, y de no ser porque Fasha, la escolta del príncipe, y su dama de compañía Gine, atendía sus necesidades más exigentes, ella acabaría hecho polvo para el final del día.

Vegeta Jr por su parte estaba teniendo el mejor de los desarrollos según los científicos que atendía a los infantes y que se encargaban de monitorear el proceso de crecimiento fuera de la cápsula. Habían quedado impresionados que los críos pudieran aprender a hablar, a caminar, a controlar su cola, e incluso volar, mucho antes que los chiquillos a los que su progreso era restringido a la incubadora de inmersión. Solo esperaba que cuando iniciaran con el entrenamiento adecuado tuvieran la misma respuesta. Como madre, quería que fueran los mejores, y aunque hubiese preferido que sus costumbres fueran arraigadas en la tierra, su estrella natal que tanto extrañaba, eso no podía ser. Sus hijos tenían que ser criados en el imperio saiyajin, bajo sus normas, sus tradiciones y leyes. Crecerían fuertes, serían guerreros y no tendrían una profesión ni estudiarían en una escuela como en su planeta. Pero ella se encargaría de sembrarles la parte humana, estaría orgullosa cuando se convirtieran en aguerridos combatientes, pero más satisfecha estaría cuando físicamente fuesen fuertes y en su corazón albergaran sentimientos y valores humanos.

Caminó bajando las escaleras, llevaba de la mano al crío mayor mientras Vegeta Jr, de dos años, era cargado por Lan Fan. En cuanto salieron al jardín, Trunks se soltó de su agarre y comenzó a correr en dirección a la fuente que estaba en medio del plantel.

—¡Cariño no corras así! —gritó la científica observando al pequeño tocar el agua con sus manitas. Fasha que iba tras ellos corrió para estar cerca del menor mientras él disfrutaba de la naturaleza. Bulma se giró y tomó en brazos a Vegeta Jr.

—Gine, que preparen la comida —dijo acercándose a la fuente con el bebé en sus brazos. Se sentó a la orilla y comenzó a hablar con el pequeño. Le mostraba el agua y lo acercaba para que tocase el líquido cristalino entre risas y besos hacia los menores.

Ver a su segundo pequeño era como estarlo viendo a él. Extrañaba los días en que sus preocupaciones no se basaban en imaginar que Nyu ó la mustia de Okra merodeara a su rey en busca de sus atenciones. Estaba consciente de que en cualquier momento la mujer de Zorn buscaría acercarse demás a Vegeta y la sola idea le hacía hervir la sangre. Nunca se había sentido más cabreada en su vida que por esa mujer. Siempre estaba buscando a SU amado, con cualquier estúpida excusa para verlo. Lo peor era que ya se lo había dicho a Vegeta, y aunque a él no parecía interesarle en lo más mínimo la presencia de esa tipa, tampoco hacía nada para mandarla lejos del palacio alegando que ella, además de ser la pintora real, tenía el cargo de Senadora en el planeta y que por ende debía darle parte de muchos aspectos del imperio. Tenía que ser inteligente, Okra era todo menos estúpida y de esa clase de mujeres era que debía cuidarse las espaldas.

Pero ella no se quedaba atrás. Por su parte había ganado más adeptos entre los saiyanos. En dos años había logrado mejorar tanto la calidad de los uniformes, y armaduras, como la velocidad de las naves. La popularidad de la científica entre los guerreros era muy alta. También hacía obras de caridad entre el pueblo de clase baja, haciendo por consiguiente que la popularidad del rey también fuese alta. Si Okra pensaba que le iba a ganar, estaba muy equivocada.

—Lady Bulma —llamó Gine ofreciendo un vaso de agua de frutas a la muchacha. Bulma lo tomó y le dio un sorbo para luego suspirar —¿Sucede algo? —preguntó sentándose a su lado y ofreciendo a Trunks un vaso entrenador con la misma bebida.

—No te preocupes Gine, estoy bien —respondió volviendo a sorber el zumo en un trago grande.

—Mi lady, ahí viene Broly —expresó Fasha poniéndose de pie —¿Lo recibirá? —cuestionó mirando a la ojiturquesa asentir y regresarle el vaso vacío a Gine.

—Déjalo pasar Fasha —ordenó a la guardaespaldas de sus hijos que estaba cerca, pues sabía que se interpondría en el paso del guerrero.

—Lady Bulma —saludó el soldado con una reverencia cuando llegó frente a ella.

—¿Qué te trae por aquí Broly? —respondió poniéndose de pie y dejando a Vegeta Jr sobre el pasto, el bebé estaba entretenido jugando con un par de pequeñas ramas y flores que Trunks acababa de cortar para él.

—Lamento venir sin avisar, pero te vi y pensé en que podíamos charlar —comenzó a decir agachando la mirada. Observó al par de niños que jugaban alegres y en el fondo de su pecho sintió cómo un golpe de celos lo llenó. No odiaba a los cachorros, odiaba el hecho de que fuesen hijos de Vegeta. El imbécil solo estaba llenando de críos a tan hermosa mujer para mantenerla amarrada a Vegitasei. Todos sabían que los vástagos pertenecían a la dinastía, ella no podría abandonar el castillo junto con los niños, y conociéndola, Bulma prefería sacrificarse antes de dejar a sus hijos. Y eso la hacía especial, ninguna mujer saiyajin antepondría sus descendientes antes que su bienestar. Quizá por esas diferencias con las hembras de su planeta es que ella tenía presos sus pensamientos. Hacía muchos meses que pensaba en ella, que soñaba por tenerla y que fuese de él quien se preñara y pariera. Él podría hacerla más feliz que cualquier otro en ese planeta, podía darle lo que ella le pidiese, era un guerrero élite con alta remuneración para darle una vida llena de lujos a la terrícola y sobre todo, él no vería a otra que no fuese ella. Pero para que eso pasara, Vegeta tendría que morir.

—¡Oh por supuesto! —exclamó ella cruzando sus brazos bajo su pecho sacando de sus pensamientos al saiyajin —Vine a tomar el aire fresco con los niños, el día está lo bastante cálido para hacerlo —sonrió.

—Entonces estoy de suerte. Tengo el día libre —habló él devolviéndole la sonrisa a la muchacha —Puedo acompañarte si así lo deseas —agregó observando el rostro de la peliazul. Ella lo miró a los ojos asintiendo y pudo notar el leve sonrojo que se formó en sus mejillas, expresión que le hizo sentir el pecho lleno de gozo, y de esperanzas de que algún día ella pusiera los ojos en él y se olvidara de todo lo demás par ser suya.

—Estábamos a punto de tomar el almuerzo —indicó la humana señalando hacia el mantel que estaba sobre el pasto bajo la sombra de un gran árbol en donde sus sirvientas colocaban todo lo que habían llevado para la comida —¿Quieres acompañarme? Hay muchos alimentos —preguntó agachándose para alzar a Vegeta Jr en sus brazos.

Broly no pudo más que observar las curvas de su espalda y el trasero parado de la hembra. Ella tenía un cuerpo espectacular que con los años se había vuelto aún más voluptuoso en sus formas. Detalló cómo el vestido se le había ceñido aplastando los exuberantes senos cuando Vegeta Jr fue alzado y recostado en su tórax. Tuvo que controlarse antes que una erección se hiciera presente.

—Sería un honor lady Bulma —respondió él mirando a la peliazul. El chiquillo puso sus ojos en soldado y lo miró receloso. Expresión que para la científica ni para Broly pasó desapercibida. El menor se encogió buscando a su madre y un gesto protector la abrazó por el cuello escondiendo su rostro en ella.

—¿Te sucede algo cariño? Es solo Broly, es nuestro amigo —dijo la muchacha acariciando la cabecita del crío. Quiso apartarlo de su pecho para ver qué le sucedía, pero el pequeño no la soltó, acomodó más su rostro en su cuello y con sus bracitos hizo fuerza para evitar ser apartado de su refugio.

—Parece que no le agrado al príncipe Vegeta —comentó Broly en broma con una sonrisa en sus labios, aunque por dentro se sintió incómodo, el chiquillo se comportaba como si de alguna manera percibiera las intenciones que tenía hacia su madre. Si en sus manos estuviera, se llevaría a Bulma lejos del planeta y le daría la vida que merecía sin la presencia de esos mocosos que estorban sus planes.

—Nunca se ha portado así con nadie, creo que el sol no le ha hecho bien —contestó la ojiturquesa —Vamos a comer mi amor —llamó a Trunks que estaba con Fasha tirando hojas dentro de la fuente. El grupo se dirigió hacia la sombra del árbol en donde estaba todo listo para el almuerzo. Se sentaron sobre el mantel y hasta entonces Vegeta Jr se separó de su pecho al sentir el exquisito aroma de la comida. Trunks se sentó al lado de su madre ignorando completamente al soldado, mientras Broly se sentó de piernas cruzadas frente a ellos.

—Sírvete lo que gustes —animó la peliazul tomando un plato y colocando los alimentos preferidos de Trunks. Puré de papa con carne que cortó en pequeños trozos para que él pudiera comerlos.

Se quedaron en silencio un par de minutos. El guerrero nunca pensó, que incluso con solo sus gestos la humana trasmitiera esa calidez que la caracteriza. Era tan distinta, tan atractiva a sus ojos que no pudo evitar mirarla con intensidad. Hubo un momento en que detuvo sus propios movimientos para observarla; su piel lechosa se veía tan delicada que deseó acariciarla con sus grandes manos, pasear sus palmas por su cuerpo y sobre aquellas curvas que acentuaban su figura. Sus labios que estaban húmedos por la bebida que acababa de sorbete se notaban apetecibles. En ese momento ella alzó la mirada y le sonrió al soldado que la observaba.

—¿Sucede algo? —cuestionó llevando un trozo de queso a la boca. Broly salió de la especie de trance en el que se encontraba y se recompuso en su sitio retomando sus alimentos.

—Quiero disculparme Bulma, nunca tuve el valor para hacerlo —contestó rápidamente dejando salir lo que por mucho tiempo había llevado dentro.

—¿A qué te refieres?

—Lo que pasó hace tres años cuando te nombraron concubina real. Me porté como un imbécil, jamás debí decirte todo eso y menos opinar sobre tu relación con el rey —expresó metiendo a su boca un par de bocados. No quiso mirarla a los ojos, aún le daba vergüenza recordar lo patán que fue.

—Todo estábamos alterados ese día, no te preocupes por eso, no hay rencor —respondió con una sonrisa la científica volviendo su atención a Vegeta Jr que exigía más comida.

Pasaron un rato más hablando. Broly era un buen conversador, era de los pocos saiyajin con lo que ella se sentía cómoda, era como si hablara con algunos de sus amigos de la tierra. Ambos también coincidieron en que no les caía ni Nyu por prepotente, ni tampoco Okra. Ellos sentían que esta última era hipócrita y que el rey no se había dado cuenta de eso.

Tiempo después regresaron dentro del palacio, la ojiturquesa debía ir a su ala después del paseo y el soldado se ofreció acompañarla hasta adentro.

—Deberíamos reunirnos más seguido, no sabía que eras tan bueno dialogando, la mayoría de los saiyajin son muy callados y reservados —dijo ella con una risita cantarina mientras subía las escaleras. Trunks venía de la mano de Gine y Lan Fan cargaba a Vegeta Jr que se había quedado dormido.

—Solo sino hay inconvenientes en vernos —dijo refiriéndose a que el monarca sería el primero en oponerse a que ellos siguieran relacionándose. Ya en el pasado se lo había advertido, tanto que lo envió lejos por muchos meses para evitar que la humana se cruzara con él.

—No te preocupes, no estamos haciendo nada prohibido —contestó ella, iba sosteniendo su vestido para no pisarlo mientras ascendía por las gradas, cuando de pronto sintió como apoyó mal el pie y no logró equilibrar su cuerpo para poder seguir andando. Supo entonces que iba a caer escaleras abajo. Cerró sus ojos y llevó sus brazos hacia el rostro como un reflejo para protegerse de los golpes. No llegó a tocar el suelo pues cuando se dio cuenta unos brazos la sostenían en el aire.

—¿Bulma estás bien? —la voz de Broly fue quien sonó preocupada, abrió los ojos y detalló el rostro del hombre a corta distancia del suyo. Su corazón retumbaba con tanta fuerza dentro de su pecho por el susto que solo logró asentir y llevar una de sus manos a su frente.

—Lady Bulma dígame ¿Está bien? —preguntó Gine acercándose a la muchacha al igual que los demás miembros de su corte.

—Soy una torpe —dijo más para sí misma. Broly la cargó hasta la cima de las gradas y la bajó de sus brazos, la científica estaba por caminar cuando un dolor en su tobillo la hizo caer al piso.

—Necesita ir a la enfermería —le dijo Fasha mientras veía al saiyano apresurarse a levantarla.

—¿Mami estás bien? —corrió Trunks acercándose a su madre. La científica asintió al ver los ojitos preocupados del menor.

—No te preocupes cariño, mamá está bien —contestó acariciando la cabecita del menor. Alzó sus ojos para ver a Fasha y a las demás —Lleven a los príncipes a sus habitaciones y quédense todo el tiempo con ellos hasta que yo regrese —ordenó. La comitiva acató el mandato y Fasha cogió a Trunks de la mano.

—Vamos príncipe, es hora de su siesta —dijo pero el menor se negó a moverse de su sitio.

—¡No! —gritó el menor apartando su mano de la de Fasha que intentaba tomarlo.

—Mi amor ve con Fasha, estaré contigo en un segundo —indicó esbozando una sonrisa. El crío la miró unos segundos y asintió convencido de las palabras de su mamá.

—Yo me encargaré de llevarte al ala médica —interfirió Broly elevando a la muchacha nuevamente en sus brazos.

—Te lo agradezco.

—¿Duele mucho? —preguntó el guerrero viendo el rostro descompuesto de la ojiazul. Mirándola así de cerca, era mucho más hermosa de lo que a distancia se notaba. Se concentró en sentirla y observarla, sus piernas eran hermosa y su piel sumamente tersa. Ella trataba de no quejarse. Su tobillo ardía en dolor y las punzadas era tan agudas que sentía que iba a llorar. Seguramente iban a vendar su pie por varias semanas.

—Sí —atinó a responder con voz apagada —De no ser por ti esto hubiera terminado peor.

Luego de salir del Salón del Trono, Zorn caminaba por el pasillo contiguo detrás del rey junto a Kakaroto, cuando vio la escena. Entonces enseguida alertó al rey sobre lo que estaba viendo.

—Majestad, mire lo que está haciendo Broly.

Vegeta se giró al escuchar a su guardia real. Pudo distinguir a lo lejos la cabellera turquesa de su concubina y detuvo sus pasos bruscamente.

—¡Qué demonios! —mugió con voz fría cuando notó que ella estaba siendo cargada por el hombre. Cambió la dirección de su andar y caminó hacia ellos que estaban cruzando uno de los pasillos, encontrándose a los segundos de frente a la pareja —¿¡Cómo te atreves a poner tus asquerosas manos en MI MUJER!? —rugió con ira mirando a la terrícola ladear el rostro hacia él.

—Solo intento ayudar a lady Bulma, majestad —respondió Broly intentando dar otro paso, pero la voz del rey detuvo su movimiento.

—¡BÁJALA INMEDIATAMENTE! —gritó haciendo temblar tanto a su comitiva que lo acompañaba como a Raditz que iba tras la humana.

—Vegeta por favor cálmate —indicó la femenina —¡Él solo me está ayudando!

—Majestad, tranquilo, parece que a lady Bulma le sucedió algo —intervino Kakaroto poniéndose al lado del monarca.

—Lady Bulma estuvo a punto de caer de las escaleras —afirmó Broly, quien cedió el agarre en el cuerpo de la terrícola dejándola de pie frente a él, ella se recostó en la pared del costado pues apenas pudo sostenerse en una sola pierna.

—¡Escúchame bien maldita escoria! —bramó acercándose al élite y tomándolo por el cuello del traje —¡Una vez más que te atrevas a acercarte a la madre de mis hijos y no vas a vivir para contarlo! No me interesa que seas el escolta principal de mi hermano —añadió soltándolo bruscamente y sin esperar le lanzó un puñetazo que hizo caer al piso al guerrero.

—Majestad, no vale la pena desperdiciar su tiempo en este infeliz —dijo Zorn mirando al saiyajin derribado en el suelo.

—¡Vegeta! —chilló la peliazul al ver que el soldado cayó de espaldas al piso y cuando esté alzó la cabeza su boca y nariz chorrearon sangre —¡No puedes hacer esto! Él solo estaba ayudándome —agregó con rabia caminando con dolor en su pie hacia el élite y se agachó a su lado para examinar sus golpes. Colocó uno de sus dedos en el rostro del hombre para obligarlo a que la mirase y pudo notar la herida en el labio inferior del saiyajin —¡Cómo puedes actuar así!

—¡Cállate Bulma! ¡Esto es entre el bastardo y yo! —gruñó viendo a su concubina ponerse de pie. Ver al maldito élite con sus manos puestas en ella había sido demasiado, pero observar cómo ella ponía sus dedos en el rostro de él para examinarlo y detallar su mirada turquesa encendida en contra suya fue la línea que rozó el límite de su orgullo. Se acercó a ella para tomarla y llevarla él mismo al ala médica, pero la muchacha dio un paso atrás evitando que la tocara.

En ese momento se aproximó Okra que estaba llegando para observar lo que sucedía y vio a Broly que estaba poniéndose de pie con el rostro ensangrentado deduciendo lo que sucedía en ese momento.

—¡No me toques, iré sola! —exclamó la científica soltándose con rabia de su agarre. No podía creer que él estuviese actuando de esa forma. Había pensado equivocadamente que él había aprendido a controlar su actuar salvaje, pero no, seguía siendo el mismo impulsivo y prepotente de siempre. Broly solo había intentado hacer lo mejor para ella ¿Y qué se había llevado? Un puñetazo en el rostro como recompensa. No podía dejar pasar la situación como si nada. Aunque Vegeta fuese el rey, no podía ir golpeando a quien se le atravesara en el camino —Lamento que esto haya pasado —dijo girándose para ver a Broly que limpiaba de su boca los restos del líquido escarlata. Bulma caminó pasándole de lado al monarca en dirección a la enfermería.

—Lady Bulma —llamó Okra haciendo que la joven detuviera su andar —Zorn puede llevarla si su majestad lo permite —comentó. Todos miraron al rey esperando su aprobación, pero éste solo se giró sintiendo la furia estallarle en la cabeza.

—¡Tú no te metas en lo que no te importa, idiota entrometida! —le gritó Bulma a la pintora que quedó estática con el insulto.

Vegeta se hartó de la escena. Era el rey de un planeta y allí estaba una vez más pasando el ridículo por andar cuidando del culo de su mujer. Eso parecía que se estaba volviendo recurrente y ella parecía no aprender, ni temer a sus amenazas.

—¡Haz lo que quieras! —bramó el rey dirigiéndose a su concubina y se retiró del lugar. Todos reverenciaron al soberano y Okra se fue tras él sin perder el tiempo.

—Me haré cargo de lady Bulma —habló Kakaroto a Zorn— acercándose a la peliazul para llevarla al ala médica, pero ella ni siquiera dejó que se le acercara.

—¡No quiero que me ayudes! —chilló comenzando a caminar lejos para ir por si sola con la médica encargada de su salud. Aún así, Kakaroto se fue tras ella, por si acaso colapsaba.

Zorn y Broly se vieron a los ojos, negruzco contra negruzco sus iris se enfrentaron en una mirada penetrante. Ambos sabían lo que en realidad estaba sucediendo. Broly sonrió con sorna ante la mirada del guardia real.

—¿Qué sucede Broly? ¿A quien crees que engañas con tu actitud? —cuestionó dando unos pasos hacia el soldado para quedar frente a él —Sé lo que estás haciendo no creas que no lo veo. Provocas situaciones de esta naturaleza para enemistar a su majestad con la humana ¿Acaso crees que eso va a funcionar? —interrogó Zorn con el entrecejo fruncido. El mencionado amplió su sonrisa terminado de limpiar la sangre y observó al saiyajin que por fuera presentaba un rostro frente al imbécil del soberano pero por dentro sentía lo mismo que él por la terrícola —Aunque seas el escolta principal del príncipe Tarble y el preferido del pueblo y tengas el apoyo de muchos por ser el héroe de Vegitasei, el rey sin duda te matará si continúas acercándote a su favorita —finalizó.

—¿Y tú que piensas Zorn? ¿Crees que nadie se ha dado cuenta de la forma en que ves a la terrícola? —respondió Broly emitiendo una carcajada burlesca —¡No me creas imbécil! ¡Ya me he dado cuenta de que ella te atrae tanto como a mí!

—¡Deja de inventar estupideces! ¡Eso no es cierto! —negó Zorn ante la acertada acusación.

—Por supuesto que lo es ¿Y sabes por qué estoy seguro de ello? —cuestionó poniéndose serio —Porque, así como tú la miras, lleno de apetito por tenerla, yo también la miraba cuando la conocí. Bulma es una mujer demasiado atractiva como para no llamar la atención de medio planeta. Así que no me vengas con tus sermones morales que estás en la misma situación ¡La deseas tanto como yo! —dijo alzando la voz sin dejar de ver al guardia real.

—¡Cállate, hijo de puta! El golpe que te dio el rey te afecto el cerebro —contestó Zorn sintiéndose atacado por las verídicas palabras del soldado.

—En el fondo comprendes que digo la verdad ¿Pero sabes algo? Si tuviera la oportunidad yo sí tendría los cojones para revelarme en contra él y llevarme a la terrícola lejos de Vegitasei, en cambio tú… —afirmó mirando de arriba abajo al saiyajin —Estás atado por tu lealtad al rey y por tu mujer. Aún así, estoy seguro de que fantaseas con que Vegeta y Okra no existieran para follarte a Bulma a tu antojo. Por eso yo tengo todas las de ganar y tú todas la de perder.

—¡Cierra la boca cabrón! —bramó Zorn lanzándose sobre el guerrero. Lo tomó del cuello, y como eran de la misma estatura quedó viéndolo firmemente a los ojos ¡Qué se creía ese grandísimo estúpido para decir todo aquello! —¡No te metas conmigo Broly y aléjate de Bulma! ¡Ella no es para ti! Y te advierto, la próxima que te vea cerca de ella no será el rey el que te elimine, sino yo.

Broly sujetó las manos de Zorn y se las quitó de encima empujándolo violentamente.

—¡Quién crees que eres para darme órdenes! Ambos somos escoltas reales. No te equivoques conmigo.

—Te guste o no, estoy un rango sobre ti —dijo con desprecio —Y te lo advierto. Si estás excitado mejor lárgate a buscar putas a los bares que tanto te divierte visitar así como lo hacía Paragus ¿Ó es que no funcionas con las mujeres? —dijo el guardia real del rey burlesco, dibujando una sonrisa jocosa en sus labios.

—Yo ni siquiera tengo que mandarte a buscar putas, porque ya estás casado con una —expresó Broly a carcajadas hasta que finalmente volvió a hablar —No te da vergüenza ser el hazmerreir de los soldados porque que en frente tuyo la perra anda nuevamente tras otro rey —rebatió haciendo que la sonrisa cínica de Zorn desapareciera de su rostro.

El guardia real apretó los puños con ganas de golpearlo allí mismo. Pero ante el enmudecimiento del saiyano, Broly prefirió girar e irse de allí, perdiéndose por los enormes pasillos. Para él, el día había valido la pena. Nunca fue su idea llegar hasta esas instancias, pero su fervor por la humana había cruzado los términos cuando decidió enfrentar al mismísimo rey saiyajin por ella sin importarle las consecuencias. Y aunque en un principio pensó en solamente obtener una venganza pasada hacia Vegeta por la muerte de su padre al arrebatarle a la terrícola de la que estaba tan encaprichado, ahora se trataba de un deseo particular. Quedarse con ella no solo era signo de victoria ante una represalia que a estas alturas ya no tenía demasiado sentido. Vegeta había asesinado a su padre hace muchos años y ahora había pasado a ser el soberano de Vegitasei obteniendo con ello todo el poder sobre el planeta. Quedarse con la humana ahora era un reto propio, porque no solo le daría al maldito monarca en lo que más le dolía, sino que también le demostraría que, aunque fuese el gobernante, no estaba por encima de él como hombre. Él era un guerrero élite, un poderoso saiyajin legendario que contaba con los favores del pueblo. Había muchos que lo apoyaban y que si decidía quedarse con la hembra científica nadie se opondría, porque sus deberes no estaban ligados al estado como lo estaba el soberano. Él no tenía las manos atadas al imperio y en cualquier momento podía renunciar al cargo que tenía dentro del palacio para largarse a vivir a otro astro sin tener nada que ver atrás. Por ello no iba a desistir con ella, porque era el objetivo que se había planteado hace mucho tiempo y de cualquier forma iba a tenerla.

—Vaya, vaya, vaya ¿A quién tenemos aquí? A Broly, el héroe legendario en persona —fue la voz de Cumber que lo sacó de sus pensamientos. El mencionado fijó sus ojos en el sujeto que caminaba del lado contrario del pasillo.

—¿Quién demonios eres tú? —preguntó deteniendo sus pasos a un par de metros del saiyajin desconocido.

—Soy el nuevo guardaespalda de lady Okra.

Broly hizo memoria. Ahora que lo veía bien era aquel saiyano que había traicionado a Fungus dos años atrás. Supo que ayudó al rescate de Okra y que el rey lo había ascendido a soldado de clase A, además de que poseía buen nivel de pelea y era habilidoso. Se lo había topado un par de veces en una misión, pero nunca le había prestado mucha atención más allá de saber que el tipo era destacado en batalla.

—Es una pena que un soldado de tu nivel sea subutilizado. Estar de guardaespaldas de una simple mujer cuyo marido es un élite es algo que no debe ser frustrante —rebatió Broly cabreado por todo lo que acababa de pasarle. Ahora encima tenía que soportar ese cretino recién aparecido. Cumber le sonrió. Le caía muy mal ese hijo de perra, pero al igual que Vegeta, tarde o temprano Broly también se las pagaría.

—Cuidar de una mujer tan importante para el reino no me pesa. Además, con este nuevo puesto ahora vivo en el castillo—respondió Cumber con una sonrisa que empezaba a incomodar a Broly —Hay quienes escalamos rápido, mientras existen otros que llevan mucho tiempo esperando cambios, pero su suerte ha sido tan mala que nada de lo que planean les resulta.

—A nadie le importa, si vives o no aquí. Solo eres un recién llegado. No te atrevas a volver a dirigirte a mi. No eres nadie aquí —contestó reanudando su andar. Solo quería salir de ese maldito castillo e irse a su casa, bastante había tenido con el reciente altercado como para que un idiota que no conocía, y cuya única finalidad era cuidar a una ramera sofisticada, intentara hablar con él como si se conociesen.

—Eso es lo que crees. Pronto sabrás más de mi —expresó Cumber con una risa socarrona pasando al lado del guerrero. Broly bufó con rabia retomando su camino.

Por supuesto que él conocía a Broly, y aunque nunca habían cruzados palabra alguna, estaba al tanto de quién era él y de los lazos de sangre que compartían.

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Entró a su despacho sintiéndose frustrado, frustrado por no poder hacer nada contra ella, porque hacerle daño es lo último en que pensaría, frustrado porque si ella se enteraba que eliminaba a esa escoria podría no querer volver a verlo, frustrado porque ella se había puesto de parte del bastardo y había herido su orgullo. Maldita y mil veces maldita su debilidad por la humana, porque eso no permitía que tomara represalias contra esa mujer que lo hacía sentir estúpido.

—Majestad, por favor cálmese. Quizá todo ha sido un malentendido —comentó Okra entrando tras el monarca que se veía totalmente turbado. En ese momento habría querido acercarse al saiyajin real, abrazarlo y decirle que se olvidara de esa golfa que alborotaba a los soldados, que si ella fuera su mujer no tendría ojos para nadie más que no fuera él. Asegurarle que la tendría siempre y que nunca lo abandonaría. Sintió una inmensa rabia contra la estúpida terrícola, por su causa Vegeta estaba así ¿Qué se creía esa imbécil para hacer encolerizar de esa forma al rey? Merecía ser despojada de sus favores y mandada a un calabozo donde merecía estar.

—Lo he visto con mis propios ojos Okra, ¡No es ningún maldito mal entendido! —gritó girándose para ver a la saiyana que camina tras él. La mujer se detuvo cuando el puso sus ojos negros sobre ella. Quería consolarlo. Decirle que esa tipa no valía la pena, pero a como él se había puesto entendió que la humana era más importante para el rey de lo que ella creía. Y esa manifestación le dolió. Bulma no merecía ni que un saiyajin de clase baja se molestara por ella. Dio un par de pasos hacia él rodeándolo y colocó sus manos en sus hombros masajeándolo.

—Debe relajarse, mi rey. Me parece que le está dando demasiada importancia —dijo subiendo sus manos por la nuca del soberano, mientras frotaba con sus palmas los músculos tensos del hombre, con la finalidad de que se destensara y liberara el estrés ocasionado por Bulma y Broly.

—¡Suéltame Okra! —bramó dándose la vuelta y tomando las manos de la mujer para a alejarlas de su cuerpo bruscamente —No he pedido tu opinión ¡Solo déjame solo! —añadió rememorando en su mente el actuar de la científica. Ella ni siquiera se había preocupado su propio bienestar. El infeliz del soldado le dijo que ella había tenido un accidente, y aunque no supo con exactitud qué había pasado, aún así su concubina había mostrado mayor interés en saber si el miserable de Broly estaba bien antes de pensar en sí misma.

—Solo trato de que esté bien y que estas cosas no lo afecten de esta forma —afirmó ella dando un par de pasos hacia atrás alejándose de él.

Shitsuji que estaba esperando afuera, entró observando un tablado digital en donde llevaba el control de las reuniones que el rey tenía a diario con los solicitantes.

—Majestad, dentro de poco tiene una reunión con los senadores del sector…

—Cancela todo.

—Pero majestad, ellos han venido de muy lejos y la reunión es de vital importancia —insistió el mayordomo.

—Rey Vegeta —añadió Okra —Los habitantes del sector norte de galaxia tomarán esto como una descortesía y no…

—¡LÁRGENSEEE TODOSSS! ¡DÉJEME SOLO! —gritó el rey enfurecido señalando la salida. Tanto Okra como Shitsuji asintieron en una reverencia saliendo del lugar. Vio al par de saiyajin desaparecer. Llevó una mano a su cabeza pasando su palma por su cabello. En ese momento era capaz de convertirse en súper saiyajin y hacer polvo a ese hijo de puta que se había atrevido a poner sus ojos en la madre de sus hijos.

Zorn que acababa de llegar, miró a su esposa y a su padre salir del despacho real. Había alcanzado a escuchar que el soberano los había echado del lugar.

—Yo que tú no me atrevería a entrar —dijo Okra al ver a su marido con intenciones de acceder al recinto.

—Es mejor que vayas a buscar a Kakaroto, él es el único que puede calmar a su majestad —expresó Shitsuji. La mano derecha del rey era el único saiyajin, que fuera de la relación de soberano y subalterno, podía lograr que su rabia bajara, porque eran amigos cercanos desde la infancia. El guerrero había estado sirviéndole al monarca desde los ocho años, lo conocía demasiado para saber qué hacer en ese caso. El guardia real concordó con sus palabras y se dirigió al ala médica donde Kakaroto debía estar con Bulma. Cuando llegó la doctora estaba colocando el vendaje en el pie de la mujer. Y con una señal silenciosa llamó a Kakaroto al pasillo.

—¿Sucede algo? —preguntó el saiyajin llegando hasta Zorn.

—Su majestad está en su despacho, está descontrolado, deberías ir y ver qué puedes hacer. Él te escuchará —dijo observando a Kakaroto que se quedó pensativo —Yo me quedaré con lady Bulma. Me encargaré de llevarla a su habitación.

—Está bien, no te apartes de ella —respondió el soldado para ir en busca del rey.

Zorn se acercó nuevamente a la puerta y observó desde la distancia a la humana. Broly había tenido razón en sus palabras, aunque odiara aceptarlo el bastardo le había dicho la verdad. No solo no había podido sacarse a la muchacha de su cabeza, sino que por las noches auto ahogaba sus ganas de hacerla suya. Le atraía demasiado, no podía evitarlo y no sabía como revertir aquello. Sintió vergüenza tan solo de recordar lo que una vez le dijo el difunto rey Vegeta III y que él le había prometido cumplirlo.

"Zorn, eres como un hijo para mí, así que te prohíbo que te acerques a la científica terrícola que estaba bajo las órdenes de Piccoro. Incluso prefiero que la evites y que no la veas. Ella tiene algo que excita a los machos y los descontrola. No a todos, pero sí a muchos de los soldados. Es como si inconscientemente ella les activara el lado sexual primitivo, he tenido reporte de varios guerreros que se han ido a los puños por ella, y lo peor es que mi propio hijo ha caído en su embrujo. Él se obsesionó tanto, al punto que a mis espaldas y desobedeciendo mis órdenes, secuestró y violó a la chiquilla y ahora la ha convertido en su esclava sexual. Eso me ha traído un gran problema, no solo perdí a una científica, sino que perdí a mi hijo. Él se ha encaprichado por ella y no escucha a nadie. Lo tienen embrujado. De hecho, mi heredero quiere que le de mi permiso para matar a Broly, porque dice que él también se ha alborotado con esa ramera y no va a permitir que nadie le falte el respeto. Claro que le negué rotundamente la petición. No voy a perder a uno de los mejores soldados del reino por el coño de una puta. Voy a dejarte una misión. Si yo llego a morir y Vegeta insiste en mantenerse con ella, júrame que cuando tengas la oportunidad la vas a matar. ¡Mátala Zorn! No permitas que Vegeta descuide el reino por una mujer que solo le sirve para abrir las piernas y ser depósito de semen. Empieza ganándote su confianza, y luego quiero que la acabes. Promételo Zorn, si yo falto, termina lo que yo no pude terminar y liquídala".

El difunto rey tenía razón; ella tenía algo que alborotaba a los hombres. Zorn deseaba su cuerpo y verla en ese momento tan expuesta no ayudaba en nada para controlar sus más bajos instintos. Resopló en un intento de alejar sus pensamientos impúdicos de su mente y entró al recinto.

—¿Cómo se siente lady Bulma? —cuestionó quedando de pie a un metro de ella que estaba sentada en un sofá mientras la doctora terminaba de acomodar el vendaje en su tobillo. La joven se veía consternada, tenía la vista baja y su rostro reflejaba dolor, no dudó en acortar la distancia y ponerse de cuclillas al lado de ella.

—Me duele mucho —contestó la ojiazul volteando a ver al soldado a su lado.

—Ya le he dado un par de medicamentos para el dolor, eso le provocará muchísimo sueño. Pronto harán efecto así que procure llevarla cuanto antes a sus aposentos para que ella descanse —afirmó la médica levantándose de su sitio ya que estaba sentada en un banco bajo frente a la terrícola para poder examinar y tratar su pie.

—Si ya terminaste puedes retirarte. Me encargaré de lady Bulma —ordenó el saiyajin a lo que la doctora asintió recogiendo los materiales médicos que estaban en una mesa auxiliar y salió del ala hospitalaria que solo era utilizada para atender a los miembros de la corte real.

—¿Vegeta te dijo algo? —cuestionó sujetándose de los apoyabrazos del sillón individual para deslizarse hacia arriba y acomodarse mejor.

—Será mejor que cuando todo se calme hable con él, ahora está muy alterado.

—¡Pero no hice nada malo Zorn! —chilló con voz quebrada, no podía creer que su accidente se convirtiera en motivo de disgusto entre su amado y ella —Broly es solo mi amigo. El único amigo que tengo en este planeta —agregó dejando salir sus lágrimas. Ese era uno de los motivos más fuertes por los que extrañaba la tierra, allá tenía conocidos y amigos, podía hablar con ellos, salir, divertirse y todo sin que ese hecho representara un problema mayor. Era absurdo el comportamiento del rey. Él tenía su corazón y su cuerpo, ella no podría ver a nadie más como a él y aún así Vegeta dudaba de sus sentimientos.

—Tengo sabido que su majestad ya se lo había advertido a Broly. En éste planeta, ver a las mujeres del rey con otros ojos se considera alta traición —confesó sintiendo dentro de su pecho culpabilidad. Él también deseaba a la hembra del soberano aún en contra de toda moral —Debe mantenerse lejos de él Bulma. Intente comprender lo que siente su majestad cuando otro hombre toca lo que es suyo —agregó llevando su mano a la mejilla de la joven, con su pulgar limpió las lágrimas que bajaron por sus ojos y el solo tacto con su piel sedosa fue como la chispa que encendió su fuego interno. La miró por un momento observando sus labios rosas apetecibles y su boca ansiosa se llenó de saliva.

—Eso es estúpido Zorn —respondió ella apartando la mano del soldado de su rostro —Él está casado con Nyu y yo tengo que soportar todo eso solo porque es "su obligación" ¿Ahora yo no puedo tener un amigo? —interrogó con rabia desviando la vista hacia el frente.

—Es su obligación lady Bulma, él tiene deberes que cumplir como soberano, y el problema es que ese amigo al que usted se refiere es alguien que tiene deseos obscenos por usted —explicó con su oscura mirada fija en los senos de ella —Sino puede ver a Broly, yo puedo ser su amigo —dijo haciendo que ella volteara a verlo nuevamente.

—¿Te estás sacrificando? —preguntó respondiendo a la sonrisa amable del guerrero, borrando la expresión triste que apesadumbraba su rostro.

—No es ningún sacrifico mi lady, estoy para cuidar tanto del rey como de usted —respondió poniéndose de pie —Vamos, la llevaré a su habitación —añadió cogiendo de la mesa auxiliar los medicamentos que la médica había dejado para la peliazul antes de salir del sitio. Ella se puso de pie e iba a intentar caminar de regreso cuando los brazos del guardia real la rodearon y elevaron su peso.

—No debe hacer esfuerzos —dijo él comenzando a caminar fuera del ala médica. Por un momento ella recostó su cabeza en el pecho del hombre, se sentía agotada, los medicamentos le empezaron a hacer efecto. Había tenido un día realmente agitado y solo quería acostarse y descansar. En ese momento, con el cálido cuerpo pegado al suyo, el movimiento adormecedor de su andar sumado al efecto de los narcóticos sintió que el sueño estaba venciéndola.

—¿Crees que él me perdone? —preguntó en un susurro cerrando sus ojos, la doctora le había dicho que el medicamento que le había administrado era muy fuerte, aunque no creyó que hiciera efecto tan pronto.

—Lo hará —contestó Zorn sintiendo cómo ella se relajó en sus brazos, miró hacia abajo y vio a la muchacha completamente dormida —¿Quién no podría perdonarla Bulma? —murmuró para sí mismo sin dejar de observarla. Tenía entre sus brazos a la mujer más hermosa que había visto en su vida y se sintió dichoso. Sentir la suavidad de su cuerpo lo hizo imaginarse un escenario donde ella era la protagonista de sus impulsos más ruines. Detalló sin perderse detalle sus curvas prominentes y su estrecha cintura que la hacían tan distinta al cuerpo atlético que poseían las hembras saiyanas. Tragó en seco cuando ojos obscuros se quedaron fijos nuevamente en sus voluminosos senos, se movían ligeramente de arriba hacia abajo con el meneo de sus pasos y sin poder controlar su reacción sintió su miembro endurecerse dentro de su traje. Ella apenas tenía 19 años, pero sus pechos eran más grandes que los de cualquiera de las saiyanas más deseadas del planeta. Inconscientemente Zorn relamió sus labios imaginando lo que sería poner su boca sobre aquellos pezones.

Se apresuró para llegar al ala perteneciente a la terrícola. Sobrepasarse con ella es lo último que quería, pero sentir su cuerpo menudo rozar el suyo y ver sus atributos al alcance de sus manos lo hizo desearla con tal intensidad, que podría en ese momento jurar que la quería como a nadie y que con tal de tenerla haría lo que fuese. Inclusive traicionar al rey.

Minutos después, estaba entrando a la recámara de ella, por suerte solo un par de sus criadas se hallaban en el lugar, ellas le dijeron que los príncipes se encontraban en sus respectivas habitaciones bajo el cuidado de la comitiva de la terrícola, después de eso había pedido que lo dejaron solo con la muchacha pues él estaba a cargo ahora de su cuidado.

Una vez solo y con la científica dormida en sus brazos, se acercó a la cama en donde la depositó suavemente. Su boca se llenó de saliva nuevamente cuando ella se giró sobre el colchón acomodándose de lado y su vestido se subió dejando al descubierto sus piernas. No pudo evitar mirar los blanquecinos muslos torneados. Comprendió el porque el monarca estaba loco por ella, él también la cuidaría de esa forma si Bulma fuese suya. Se aproximó sobre ella para tomar la sábana y cubrirla, pero en ese instante ella rotó y lo siguiente que sintió fueron los brazos de la joven enredándose en su cuello. Volteó a verla a los ojos. Para su suerte ella seguía dormida. Detalló sus facciones femeninas a escasos centímetros de su rostro y aspiró su aroma delicado que inundó sus fosas nasales.

—Lady, debo irme —susurró él sosteniendo su cuerpo para evitar echarse sobre ella pues la muchacha estaba abrazada a su cuello de forma posesiva. Miró hacia abajo notando sus prominentes senos y más abajo sus piernas desnudas. Su mano se movió automáticamente hacia uno de sus muslos. Lo rozó con suavidad y entonces la escuchó emitir un débil gemido. Los vellos de su cola se encresparon ante tal sonido glorioso y su miembro se endureció aún más si se podía. Observó entonces sus labios, hacia mucho tiempo que soñaba con probar de esa boca apetitosa. Tragó la saliva acumulada en su boca y pensó ¿Y si lo descubrían? Sería su fin.

Llevó su mano rozando aquella pierna y terminó metiendo su mano bajo su vestido hasta llegar a su tórax, donde pudo sentir lo blando que eran los senos de la muchacha por sobre el sostén. Entreabrió los labios por inercia, se sentía en el paraíso imaginándose que su lengua estaba sobre aquellos pezones, unos minutos más y se correría allí mismo. No había nadie en la habitación, ni en los alrededores. Ella estaba tan sedada que solo tendría que ponerle seguro a la puerta y tomarla allí mismo. Nadie se daría cuenta. Tuvo intenciones de bajar su pantalón. Sería fácil. Colocaría ambas piernas de la humana sobre sus hombros, haría sus interiores hacía un lado, y la penetraría salvajemente hasta venirse. Estaba tan excitado que sabría que se vendría rápido. Dos minutos bastarían para follarla y darse el placer que por casi tres años había reprimido y que solo había logrado en sus sueños, total, si Vegeta lo había hecho a la fuerza años atrás, por qué él no podía hacerlo y con menos violencia.

Estaba decidido, lo haría, era su oportunidad. Cerró la puerta con seguro, se subió a la cama de rodillas y bajó sus pantalones. Colocó las piernas de la científica sobre sus hombros, e hizo los interiores de ella hacia arriba. Lo que vio le encantó, el coño más hermoso que hubiese visto antes, eso puso su pene aun más duro de lo que ya estaba. Con suerte, si nadie interrumpía y si ella se mantenía narcotizada, podría incluso follarla un par de veces más, aunque dudaba que aún así bajaran sus ansias por ella. Tendría que venirse afuera. No podía correrse el riesgo de preñarla o ambos estarían acabados. Tomó su falo erecto que chorreaba desde la punta. Estaba a punto de penetrarla, cuando ella se movió.

—Vegeta —murmuró casi inentendible. Y algo se quebró dentro del guarida real.

—¡Pero qué demonios estoy haciendo! —vociferó horrorizado y asqueado consigo mismo. Colocó las bragas de la muchacha en su lugar, le acomodó el camisón y la arropó. Se bajó de la cama y se arregló el pantalón.

—En qué clase de energúmeno me he convertido. Este no soy yo —se dijo asustado, pues jamás en la vida se había comportado de esa forma con ninguna mujer. Avergonzado de su actuación limpió el sudor que corría por su frente. Sentía asco y vergüenza de sí mismo. Él siempre había sido muy respetuoso con las damas y nunca había tenido la necesidad de eso.

Entonces supo que lo que el difunto rey Vegeta le había dicho era cierto. Debía mantenerse lo más lejos posible de Bulma. Ella tenía algo que activaba el botón de los bajos instintos masculinos. La voz del antiguo soberano retumbó en su cabeza. Tomó con su mano el mango del puñal que siempre llevaba consigo atado a su muslo y giró su vista a la muchacha.

"¡Mátala Zorn! quiero que la acabes. Promételo Zorn, si yo falto, termina lo que yo no pude terminar y liquídala".

—No, no puedo hacerlo, mi rey. Perdóneme. No puedo matarla —le dijo a su propia conciencia mientras un remolino de sentimientos se acumularon en su pecho —Aún no puedo hacerlo —finalizó. Y salió de ahí estrellando la puerta estrepitosamente.

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Era de noche ese mismo día. Los pasillos del castillo estaban vacíos y solo el personal de la servidumbre recorría el recinto, mientras dos amantes en una de las habitaciones de la élite gemían al compás del choque de sus sexos.

Él entraba y salía de su cuerpo con tal velocidad, que simplemente pudo catalogar aquel encuentro como el mejor que había tenido en su vida, contando que había vivido muchos excelentes encuentros sexuales con varios hombres de la realeza, éste por lejos, era incomparable.

Zorn estaba tras ella penetrándola, ambos recostado de lado en la cama, con una de sus manos él la sujetaba del cuello, con la otra elevaba su pierna al aire para tener un mejor acceso a su entrada y con su cola friccionaba su clítoris que era preso de múltiples orgasmos.

El guerrero se acercó al oído de la mujer metiendo su lengua húmeda en su oreja, succionaba y mordía con suavidad mientras gruñía excitado percibiendo cómo el sexo de la saiyana absorbía por completo su miembro palpitante. Era asombrosa la manera en que ella podía soportar todo el grosor y longitud de su masculinidad y no iba a contenerse en dárselo todo. La mano con la que sostenía su pierna se movió hacia la cadera de la mujer en donde apretó su carne sujetándola para moverla de adelante hacia atrás, profundizando sus estocadas rápidas.

El sonido de sus geniales resonaba por toda la recámara, ella gemía sin contener sus gritos mientras se sujetaba de la sábana. Zorn estaba particularmente más caliente de lo normal. La había recibido con la grata sorpresa de tener su pene completamente endurecido, listo para hacerla gozar como hacía mucho no sucedía.

Okra arqueó la espalda cuando su vagina comenzó a contraerse y su clítoris se volvió más sensible al roce que le proporcionaba la cola del saiyajin. Su cuerpo fue preso de las oleadas de placer que la hicieron gritar el nombre de su marido. Pero para Zorn, ella no era su esposa en ese momento, sino Bulma. El cabello de la pintora ya no era oscuro, sino azul. Sus ojos ya no eran color avellana, sino turquesas. Vino a su mente lo que sintió cuando tocó aquellas piernas y esos voluptuosos senos de la terrícola, cuando rosó sus labios y cuando vio su coño rosado. Entonces él empezó a darle estocadas ahora con un ritmo brutal, mucho más acelerado y más profundo.

Él gruñía ante la maravillosa sensación de la que era preso sintiendo cómo las paredes internas del sexo femenino apretaban una y otra vez su virilidad. No tardó demasiado para sentir que su miembro dio estirones bestiales y con un par de estocadas intensas dejó que su semilla llenara el interior de su mujer.

Pasaron unos segundos en los que mantuvieron la postura sin que ninguno hiciera más que respirar agitados. Cuando recobraron el aliento él salió de ella sin ninguna delicadeza y se puso de pie limpiando los restos del semen en su pene con una toalla que estaba cerca y que posteriormente tiró al piso. Okra se quedó en la cama observando al hombre caminar hacia el pequeño bar dentro de la habitación y de donde se sirvió un vaso de licor que se bebió de un tirón. El soldado tenía un cuerpo perfecto y era hermoso. Muchas mujeres desearon y deseaban estar con él. Pero él nunca había sido un mujeriego ni un promiscuo. Ninguna mujer, ni siquiera ella, "la belleza saiyana" había logrado calarle al guerrero. Su corazón era como un témpano de hielo, Zorn solo era una máquina de guerra que vivía para servir a los reyes Vegeta.

—Ha sido extraordinario —dijo ella sosteniendo su cuerpo sobre uno de sus codos e irguiéndose para poder hablar de frente con el saiyajin. Tomó una sábana y cubrió su desnudez sin dejar de ver a su esposo que se notaba serio —Si siempre tuvieras esta clase de atenciones conmigo, quizá lo nuestro podría funcionar —añadió para luego emitir una risa coqueta. Él no le respondió, se sirvió otra ración de licor y fue hacia la cama acostándose de su lado dándole la espalda a la hembra. Ella se deslizó sobre el colchón y con movimientos felinos se acercó abrazándolo por la espalda. La piel del soldado era fuego intenso y ella estaba dispuesta a entregársele toda la noche si él así lo quería. Comenzó a repartir besos por todo sus músculos e iba a bajar su mano traviesa a través del abdomen firme del soldado cuando él tomó sus manos y se giró empujándola osco —¡Qué te sucede! — reclamó ella en un grito sintiendo arder sus muñecas por la fuerza con él la había sujetado.

—Estoy cansado y quiero dormir. Déjame en paz o me iré a mi antigua habitación —bramó volviendo a su posición.

—¿Pero que te pasa? —chilló la saiyana mirando al hombre darle la espalda —¡Después de lo que acabamos de hacer me tratas así! —añadió poniéndose de pie y enroscado la sábana en su cuerpo —¡Eres un completo imbécil! —finalizó caminando hasta el baño en donde se metió. Zorn respiró hondo. Si tan solo Okra supiera que mientras se la cogía a quien tenía en mente era a Bulma, a la cual no pudo fornicar en la tarde por su cargo de conciencia, quizás la belleza saiyana ocasionaría una desgracia si se enterase. Pero la verdad es que había accedido a cogérsela solo porque estaba necesitando desahogar sus ansias por la humana de alguna forma, si no se volvería loco. La terrícola lo había alborotado de tal manera que seriamente estaba pensando en alejarse de ella al menos por un tiempo. Debía decidir si cumplirle su promesa a Vegeta III, o en serle fiel al rey actual.

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Esa misma noche en otra zona del planeta, una pareja se adentraba a la habitación del burdel donde ella trabajaba para ganarse la vida, pues tenía años huyendo de la patrulla galáctica que la perseguía para que diera cuentas por todos los hurtos mayores que había cometido en su planeta natal, y el planeta rojo era el único astro casi inaccesible donde podía esconderse de la ley.

Muchos habían olvidado el fenómeno que sucedía durante esa semana. Las dos lunas que acompañaban al planeta habían entrado recientemente a una fase astronómicamente conocida como lunas púrpuras, en donde ambas se tornaban de ese color, efecto ocasionado por el movimiento del astro en medio de los dos soles que tenía. Se decía que tal efecto durante esas noches incidía sobre la sexualidad de la mayoría de los saiyanos, haciendo que se excitaron con facilidad y volviéndolos más sensuales. Durante las lunas púrpuras los preámbulos románticos no tenían cabida, se iba a lo que se iba sin ningún tipo de compromiso, tan solo por satisfacción o procreación. Había menos pudor, la libido estaba en su apogeo y el sexo reinaba por los rincones del planeta como el viento sobre las flores primaverales.

—Quítate la ropa y ponte en la posición que me gusta —comentó él cerrando la puerta tras si mientras sus ojos estaban fijos en la femenina.

En silencio ella asintió a su pedido, se despojó de su poco ropaje y alzando el trasero se colocó en cuatro sobre la cama. Por un momento miró hacia atrás, para verlo mientras el fornido guerrero se desnudaba.

—Te extrañaba, hacía mucho no venías a verme —dijo ella sonriéndole al ver que él se acercó por detrás con un fajo de billetes en la mano —¿Cómo me llamaras esta noche?.

—Lo mismo de siempre. Te llamarás Bulma —demandó dejando el dinero en el buró al lado de la cama.

—¿Otra vez? —preguntó algo molesta —Siempre que me buscas me haces pasar por esa mujer. ¿Quién es esa…?

—Solo haz lo que digo y no preguntes —interrumpió él su cuestionamiento, se encimó sobre ella subiéndose a la cama y tomó con su mano su miembro ya erecto dirigiéndolo a la entrada de la mujer. Ella chilló ante la intromisión, pero prontamente su sexo se acopló al tamaño del saiyajin. Aunque Broly jamás le había dado señales de que gustara de ella fuera del ámbito sexual, con las recurrentes visitas del atractivo guerrero, la mujer fue enamorándose poco a poco de él, y atesoraba cada uno de sus encuentros, aunque en el fondo sabía, que para el élite solo era la suplente de la mujer que realmente deseaba.

Ella se había enterado por la dueña del burdel, Hinojo, que Broly realmente no era de frecuentar esos sitios a diferencia de su difunto padre, Paragus. Pero desde hacía cuatro años a la fecha iba al menos una vez por semana. Primero estuvo con una terrícola muy bella, la prostituta más solicitada por los soldados y mejor pagada llamaba Maron, pero su nombre de ramera era Jade. Tal mujer, le llegó a contar a Hinojo que Broly la buscaba por su parecido con una hembra de la cual se había enamorado, pero nunca le dijo su nombre. No obstante, el entonces príncipe Vegeta mandó a matar a todas las terrícolas que trabajaban en absolutamente todos los lupanares del planeta, y Maron fue asesinada por Kakaroto.

Con la muerte de la terrícola Maron, Broly desapareció de aquella zona hasta dos años después. Allí conoció a Chirai, la ladrona Brenchega que por necesidad debió trabajar en ese prostíbulo bajo las órdenes de Hinojo. Ella provenía del planeta Brench, del cual salió huyendo por problemas con la ley. Cuando el guerrero legendario vio a esa femenina, notó cierto aire con la humana del palacio. Pese a su tono de piel, la Brenchega era esbelta, delicada de facciones y bastante atractiva, por lo que decidió que ella era la indicada para cumplirle sus fantasías sexuales en la cama haciéndose pasar por ojiturquesa, tal como también lo hacía Maron. En ese último año desde que conoció a Chirai, que estuvo con ella al menos dos veces a la semana y había pedido exclusividad, la cual era muy bien remunerada. El guerrero había acordado con Hinojo que la muchacha no podía estar con otro macho que no fuese él, o mataría tanto a la ladrona como a la proxeneta.

Había comenzado a penetrarla lentamente, gozando cada una de las estocadas que le propinaba a la hembra, ella gemía descontrolada meciendo su trasero al encuentro de su miembro húmedo por sus jugos.

—¡Ahhhh Broly, sigue así! —gritó ella arqueado su espalda y sintiendo como sus senos se movían al compás de las embestidas que cada vez fueron más rápidas.

—Dime quién eres… —solicitó él con la voz enronquecida por el placer. Veía el trasero de color verduzco suave encontrarse con su falo rígido. Recordó cuando esa tarde tuvo el cuerpo de la científica entre sus brazos, y eso provocaba la erección tan espectacular como la que estaba teniendo en estos momentos, pues el cuerpo de la ladrona era bastante similar y eso le complacía por mucho.

—Soy Bulma, soy Bulma por favor fóllame más fuerte —demandó la muchacha comenzando a mover su cadera en círculos deleitándose con la exquisita sensación. Él la tomó del cabello con una de sus manos y con la otra abrió sus nalgas enterrando su miembro hasta el tronco, empujando con fuerza y firmeza dentro de la suave entrada de la hembra.

—Me gustas tanto, Bulma. Te deseo demasiado. Me vuelves loco —dijo intensificando las estocadas —No puedo vivir sin ti.

—¡Oh por todos los rayos! —vociferó la mujer echándose hacia atrás entre las convulsiones de su cuerpo ante el orgasmo placentero. Él la sujetó de la cintura recostándola en su pecho sin dejar de introducirse en el interior caliente y humedecido de la delincuente Brenchega

—Eres mía Bulma, solo mía —gruñó el élite deteniendo su penetraciones aceleradas, empujó a la femenina hacia la cama dejándola caer de boca al tiempo en que salió de ella y se acomodó cerca dejando que el líquido ardiente saliera de su falo a chorros llenando los glúteos de Chirai.

Momentos después ella se giró mirando al hombre meterse al baño. Cuando salió ella estaba colocándose su vestimenta, normalmente Broly nunca se quedaba a dormir después del su encuentro.

—Broly, se que no me compete, pero ¿Algún día me dirás quien es la tal Bulma?

—Estoy harto de que siempre me preguntes lo mismo —respondió él recogiendo su ropa y vistiéndose rápidamente —Te lo voy a repetir y quiero que esta sea la última vez. Fuera de éstas cuatro paredes no quiero que el nombre de Bulma salga de tu boca. Te pago por abrir las piernas, no por entrometerte en mi vida privada. Así que no quiero que me vuelvas a hacer esa pregunta si quieres volverme a ver —expresó poniendo su mirada en la chica que asintió decepcionada.

Minutos después él se marchó y ella se sentó en la cama intentando recordar en dónde había escuchado el nombre, de pronto recordó que Hinojo, la dueña del burdel y su jefa, había dicho que tenía una cita con una tal Bulma en el palacio.

—¡Eso es! —chilló buscando el periódico de unos días atrás. Allí abrió la sección científica y buscó la noticia sobre las mejoras a la flota del ejército saiyano. Tenía una suposición sobre a quién pertenecía el dichoso nombre. Así que empezó a leer para sí misma —¡Aquí esta! Bulma Briefs, "Los Guerreros élite están complacidos por los logros de Lady Bulma, la científica terrícola, concubina real, y madre de dos príncipes que hizo notables avances a las armaduras y naves del ejército", pero además ella…. ¡Es la concubina real del Rey Vegeta IV! —sus ojos se abrieron con sorpresa al saber que Broly, había imaginado que tomaba a la mujer del mismísimo soberano.

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Habían pasado 15 días de la discusión entre el rey y Bulma, y aunque al principio ella pensó que su enojo era injustificado, con el pasar del tiempo comprendió que Vegeta había tenido razón. No es que eso excusara su actuar violento contra la élite de Tarble, pero comprendía que la situación se había salido de control y en parte era su culpa. Jamás debió permitir que el soldado la llevase en sus brazos cuando de antemano estaba enterada del repudio que el soberano sentía hacia el escolta del príncipe menor. En el momento no lo pensó, había sufrido un accidente en el cual casi cae por las escaleras y solo pudo pensar en el dolor que eso le causó en su tobillo, más no se detuvo a analizar las consecuencias. Estaba en contradicción, por un lado, pensaba en él tenía motivos de peso par estar molesto con ella, pero su conciencia también le dictaba que el monarca no podía negarle el derecho de tener amigos. Los tiempos de aquella endeble chiquilla que había sido sometida a los caprichos del entonces príncipe, ya no existía. Era la madre de sus dos hijos, una dama respetada y si él la conociese mejor, sabría que no era capaz de permitir que otro hombre se sobrepasara.

Estaba cansada de la situación. Quería verlo, decirle que lo amaba y asegurarle que no había nadie más en sus pensamientos. Pero él ni siquiera se molestó en visitar a los niños mientras estaba con ellos. Para verlos él enviaba por ellos para que fueran llevados a su alcoba real y a ella, no le permitían la entrada.

Según la información que Gine le dio esa mañana a la científica, Vegeta aún no pedía a Nyu para estar con ella en el único día que le correspondía su visita. La llamada princesa de Vegitasei, no superaba aún su último aborto, y aunque sonara macabro y vil de su parte, Bulma agradecía a todos los astros por estar de su parte y no permitir que esa mujer pariera un crío del hombre que ella amaba. La primera vez que se enteró de que la saiyana estaba en cinta, casi sufrió un colapso, en ese momento se sintió devastada, pero a los meses se dio a conocer la noticia de la malograda gravidez. Suceso que le había devuelto los ánimos, pero los celos, la rabia e impotencia que sentía por el hecho de saber que en cualquier momento otro embarazo departe de ella sería anunciado, le hacían doler el alma. La humana había madurado a fuerza de golpes, y lo había hecho cuando no le correspondía hacerlo. Aunque fuese madre de dos príncipes y mujer del rey de una raza de alienígenas poderosos, por dentro seguía siendo la misma chiquilla terrícola soñadora. Esa que siempre anheló encontrar al hombre ideal, esa que creía en fantasías de cuentos pero que la realidad le había golpeado cuando aún no terminaba de crecer. Había aprendido a base de malos tratos y sufrimientos, había tenido que lidiar con la destrucción de su planeta y que por culpa de los saiyanos su madre falleció. Pero todo lo había superado porque de no ser así, habría terminado en las mejores circunstancias, en un calabozo junto con su padre que era lo único que le quedaba cuando llegó a ese planeta, o peor aún, habrían terminado muertos sin que le importasen a nadie.

Cuando no estaba en el laboratorio haciendo mejoras para el ejército del reino, ella se pasaba horas en una sala que había habilitado en el ala que le pertenecía a ella y a sus hijos dentro del castillo donde vivía. Allí hacía aeróbicos, se ejercitaba en máquinas que ella había creado o practicaba clases de danza moderna o ballet clásico, eso último, había sido aprendido desde niña. Su madre le encantaba verla bailar y cada vez que se ponía las zapatillas de ballet, sentía que honran a la memoria de su progenitora. Además, todo eso le ayudaba a mantenerse en forma y conservar su hermosa figura y salud. Incluso algunas niñas saiyanas de clase baja y que no serían guerreras iban a tomar esas clases con ella. Bulma había revolucionado y cambiado muchas cosas dentro del castillo, aprovechando lo que le permitía su estatus de concubina real.

Ese día en la tarde, luego de practicar danza por horas y darse una ducha había decidido que durante la siesta de sus hijos iría a visitar a su padre. Hubiese querido llevar a los niños pues el doctor adoraba a los pequeños, pero el laboratorio no le pareció el lugar más adecuado para una reunión familiar.

Cuando llegó su papá la había recibido con un gran abrazo, siempre era grato conversar con el mayor, él la entendía y sabía que palabras decirle para mejorar su estado de ánimo que últimamente estaba tan decaído.

—Es tu té favorito papá, lo mandé a comprar al mercado central solo para ti —dijo sirviendo de la tetera blanca una taza del líquido rojo producto de la infusión.

—¡Oh querida! Es un gesto muy amable de tu parte —respondió el doctor tomando por el asa la tacita para llevarla a su boca —Esta delicioso, hija —agregó probando la cálida bebida.

—Me alegra que te guste —contestó ella bebiendo de su propia taza —¿Te había dicho que Trunks ha estado deseando verte?

—Debiste traerlo cariño —contestó él dejando la bebida de lado para ponerse de pie y tomar el boceto que tenía cerca.

—Creo que el laboratorio no es lugar adecuado para dos bebés —expresó la ojiturquesa poniendo atención al pergamino que su padre extendió acercándose a ella.

—Mira, estuve dibujando un nuevo robot para mi nieto, ya que el anterior no soportó demasiado éste será realmente resistente —indicó mostrando el diseño del artefacto.

—¿Para cuando estará listo? —preguntó la muchacha analizando con su mirada el bosquejo.

—La próxima semana querida —contestó enrollando nuevamente el papel y dejándolo en la mesa para tomar asiento frente a su hija.

—¡Su majestad, el rey Vegeta está aquí! —se escuchó a un soldado que entró al recinto cuadrándose con respeto. Ella sintió una punzada en su pecho fruto de la exaltación de la que fue presa al escuchar tal nombre. Se giró en su silla dejando la taza en la mesa de trabajo y escuchó los pasos imponentes para segundos después mirar al saiyajin real entrar al lugar.

Tanto como guardias que vigilaban el lugar, como los científicos que trabajaban en el área se inclinaron ante la presencia del monarca. La muchacha se puso de pie y en ese momento él giró el rostro poniendo su vista en ella. La peliazul lo reverenció y al erguirse detalló aún esos orbes obscuros aún sobre ella. Se sintió diminuta, hacía días que no lo miraba y tenerlo presente en ese mismo instante le hizo secar la boca. Sonrió coqueta y sin dejar de observarlo pasó su lengua mojada por sobre sus labios en un movimiento que para el monarca no pasó desapercibido.

Vegeta había planeado esa mañana ir al laboratorio para verificar por sí mismo el avance que el padre de su concubina llevaba en la mejora de su nave espacial individual. Jamás pensó encontrársela en ese lugar. Había sido su descuido, Raditz siempre lo mantenía informado de todo lo que ella hacía durante el día, adónde iba y a quién veía. Pero ese día no había tenido tiempo para recibir el informe del soldado ya que su reunión con los miembros del consejo se había extendido.

Antes de poder verla había percibido su ki dentro del recinto y desde la entrada olfateó su aroma exquisito. Podía reconocerlo aún si estuviese rodeada de mil olores. Su cola se encrespó al ver como la lengua obscena de su hembra humedeció sus labios. No pudo evitar que su vista bajara por su cuerpo reparando en el atuendo que ella traía puesto. Se veía exquisita. Tuvo que apartar su mirada de ella para no caer en la tentación. Esos días no los había pasado bien, extrañaba el cuerpo de su mujer, su presencia en su cama, su voz chillona y sus gemidos impúdicos cuando la hacía suya. Pero la extrañaba tanto como el tamaño de su orgullo. Ella tenía que aprender a respetarlo y para eso no podía ceder y perdonarla con tanta facilidad.

—Majestad —saludó el doctor Briefs aproximándose al monarca.

—¿Está lista mi nave, científico? —preguntó el soberano caminando junto al terrícola con dirección a su nave que estaba al fondo sobre una tarima de reparación. La peliazul agachó la vista con tristeza borrando la sonrisa de sus labios. Suspiró intentando no llorar, no solo había hecho el ridículo delante suyo, sino que también se había sentido rechazada y la sola idea dolía como daga clavándose en su corazón.

Alzó la vista y observó a su padre junto al rey mientras éste le hablaba de las mejoras a su nave. Bulma mordió su labio inferior, no se quedaría para ser despreciada nuevamente. Estaba por salir cuando miró a Zorn de pie en la entrada y no dudó en acercarse a él.

—¿Haz sabido algo? —preguntó llegando hasta él. El soldado bajó su vista observando a la muchacha. Ella traía un pantalón ceñido a su figura que acentuaba su cadera, y una blusa corta hasta el ombligo que dejaba al descubierto parte de su abdomen, y que encima resaltaba sus grandes pechos —¡Maldición!, ella es realmente preciosa —pensó el soldado, luchando contra sus pensamientos y sintiéndose aún muy apenado por el intento de violación. Si Bulma lo supiera jamás lo perdonaría. Desde aquella vez que había mantenido la distancia. Trataba de no verla, ni de encontrársela. Sentía una vergüenza tan grande que dio gracias a los cielos de que no cometió aquello, pues nunca hubiese podido perdonarse a sí mismo por tal mancha deshonrosa en su existir.

—Lady Bulma —saludó cordial inclinándose y tratando de no observarla directamente —¿A qué se refiere?

—Eres el guardia real de su majestad y estás al tanto de lo que sucede… ¿Qué ha hecho Vegeta últimamente? Imagino que tu sabes con quien… —comenzó a decir cuando escuchó pasos atrás de ella, se giró y se encontró con el rey mirándola a menos de un metro. Ni siquiera le dio tiempo a pronunciar alguna palabra cuando él le pasó a un lado ignorándola. Zorn que detalló el desaire se limitó a darle una reverencia a la muchacha y retirarse junto al monarca.

Se sintió de lo más estúpida. Estaba segura de que el rey la había escuchado. Abrigó un desasosiego en su pecho, pues no solo Vegeta la ignoraba, sino que Zorn también. Ella no era tonta, desde hacía días el saiyano élite la evitaba, y cuando ella le mandaba razones con Raditz o con Shitsuji, Zorn siempre tenía una especie de excusa para no atender su llamado. Suspiró cansada y decidió regresar a sus aposentos. Sentía que estaba perdiendo la batalla por sus imprudencias.

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Dos meses después…

Era pasado el medio día. No estaba segura de lo que estaba haciendo. Pero no la había estado pasando bien durante las últimas semanas. En un inicio pensó que eran ideas suyas, pero nada parecía ir como antes. No estaba preocupada de que él estuviese prefiriendo a su consorte, porque se enteró por lengua de algunas de sus sirvientas a las que sobornaba a cambio de información, que el rey no pedía a Nyu desde que había tenido su último aborto, y que aún seguía sin querer verla. Otros de sus espías también le indicaron que el monarca no visitaba su harén ni había mando a llamar a nadie a su habitación.

Eso en parte la aliviana, porque entonces tampoco se estaba acostando con la ramera de Okra. Sin embargo, le preocupaba el hecho de que ella y el rey no habían tenido relaciones sexuales durante tres meses. Él seguía ignorándola y ni siquiera la llamaba en las noches. Incluso para ver a los niños, él los mandaba a buscar. Quería recuperarlo y si tenía que pedirle perdón por su falta lo haría. No soportaba más estar lejos de él, verlo en los pasillos y no poder siquiera hablarle.

En unas semanas se celebraría el cumpleaños número 28 del rey, y ella quería sorprenderlo de alguna forma. Se había enterado de cuáles serían algunos de los regalos que le darían, pero ella había planeado algo más. Quería algo que le asegurara devolverle el sitial que tenía antes de los últimos sucesos y de ser posible, algo que fuera tan satisfactorio para él, que tuviera la capacidad de dominarlo y tenerlo comiendo de su mano.

—Ponga atención lady Bulma, para recuperar a su majestad y amansarlo debe hacer todo lo que yo le diga —comentó la mujer que salió del baño con un traje que fue considerado corriente para la peliazul.

La hembra, de alrededor de 50 años había sido llevaba por Gine ante ella. Su dama de compañía le había dicho que Hinojo, había sido una examante de Nappa, el capitán del ejército saiyajin. Y le había afirmado que no había nadie mejor para asesorarla. Hinojo había seducido con sus encantos y sus secretos eróticos a muchos hombres que ninguna otra había podido. Guerreros de clase alta que era muy selectos en cuanto a mujeres se trataba y la científica lo entendía, la saiyana a pesar de los años que tenía, se conservaba como una de 30, quizá por sus genes o porque se cuidaba, cualquiera que fuese la razón, la mujer tenía un cuerpo hermoso. Incluso sintió vergüenza por mirarla tan fijamente, así que desvió la mirada hacia un lado. No supo en qué momento había aceptado someterse a aquella obscena situación.

—¿Es necesario que te vistas así? —preguntó volviendo sus ojos a la femenina que sonrió asintiendo.

—No se preocupe lady, tiene mi completa confidencialidad —respondió guiñándole un ojo —Usted como yo, mi niña, conocemos la naturaleza salvaje de los saiyajin, tanto en combate como en la cama —añadió, logrando que las mejillas de la humana se incendiaran en un tono carmesí intenso —A los saiyanos no solo les gusta dominar una hembra durante el acto sexual. También les gusta que alguna vez la mujer sea la que tome el control.

—¿Qué tome el control? —cuestionó la científica con pudor imaginándose lo que ella decía.

—¡Claro! —respondió la femenina —Cuando entre a la alcoba de su majestad, debe mantenerse relajada, confiada y dispuesta a todo, ellos olfatean a distancia cuán excitada está la hembra a su disposición. Es una buena oportunidad para impulsar su posesión sobre él. La cama es el lugar donde la mujer empieza a marcar su dominio sobre el hombre. La sensualidad de nuestro cuerpo hace que ellos tengan la libido muy alta. Después de todo somos mamíferas, así que tienes que empezar tragándote su semen por completo, nunca lo botes. Y además debes realizar nuevas poses, porque viendo tu sonrojo estoy casi segura de que eres pasiva mientras te folla.

—Gine esto es vergonzoso —susurró la científica a su dama de compañía que estaba de pie a su lado. Ella estaba sentada en un sofá individual frente a la cama, observando las "clases" que Hinojo le daba. Solo esperaba que todo lo que estaba haciendo valiera la pena. No quería que su amado siguiera molesto con ella, porque esta vez ella tenía la mayor porción de culpabilidad. Estaba consciente de que Broly la miraba con otros ojos, más allá de la amistad o de una simple relación de un soldado que servía al ejército con la concubina del rey. Ella no podía ofrecer nada al guerrero, pero él parecía no querer darse por vencido, y aunque decir que él solo la había cargado hacia el ala médica después de salvarla de caer de las escaleras sin segundas intenciones, era quererse autoengañarse. Había notado la mirada encandilada del saiyajin sobre su cuerpo, y había sentido sus manos palpar sus piernas cuando la alzó en sus brazos. Vegeta estaba en todo su derecho de enfadarse, nunca debió darle una oportunidad ni a él ni a nadie, de ser la razón por la que el monarca se disgustara.

—Tiene que ganarse el perdón de su majestad, y qué mejor que volviéndolo loco de pasión por usted mi niña —comentó Gine con una sonrisa pícara que hizo sonrojar aún más a la científica.

—Mire, lady Bulma —siguió Hinojo —A las mujeres que dominan a los saiyanos mediante el sexo se les conocen como hechiceras o sacerdotisas, por su misticismo, magnetismo y pasión. Me gusta llamar las cosas por su nombre. Las cortesanas que acompañaban a hombres poderosos como los reyes Vegeta y los soldados élite sabían utilizar su energía sexual para hacer valer su opinión, debían convertirse en putas o terminarían en el olvido, mientras que las esposas se quejaban de que esas "putas" hicieran lo que a ellas no se les permitía. Me refiero a la mujer libre de paradigmas castrantes, que reconoce que disfruta el sexo, y para ello debe haber creatividad.

Hinojo abrió una enorme sábana acolchonada sobre la alfombra del cuarto luego aplaudió dos veces con sus manos, y su asistente trajo a una especie de muñeco de felpa que simulaba a un macho. Hinojo colocó al muñeco boca arriba y ella se sentó encima de la parte íntima de la figura de espaldas al rostro de éste. Luego empezó a balancearse con movimientos circulares tan eróticos que la científica tragó en seco.

—Debes aprender a cogerse a su majestad de espaldas, así él tendrá una vista más placentera sin que usted lo estés observando y lo distraiga —explicó. Hinojo ahora quedó en cuclillas y empezó a acelerar su ritmo, ya no en círculos, sino de arriba hacia abajo —De esta forma él ve su pene entrando por su vagina, y le dará aún más placer. También desde esta posición será más fácil para que usted desplace su miembro hasta atrás y podrá introducírselo más fácil por el trasero.

Bulma con dos hijos ya tenía bastante experiencia sexual desde los 16 años, sin embargo Vegeta era demasiado dominante en la cama y poco la dejaba a ella ser más creativa y tomar iniciativas o experimentar con cosas más… sucias.

Las clases continuaron esa tarde. Hinojo le había comentado sobre otras posiciones que a Bulma le parecieron extravagantes e inimaginables. También sobre la vestimenta erótica que podría usar para encender al saiyajin previo al coito, le había dicho que los machos eran en su mayoría visuales, se deleitaban con lo que tenían frente a ellos y por eso era de vital importancia vestirse adecuadamente para el acto. Además, le había hablado de otros métodos que hasta el momento la peliazul no había probado, como el uso de aceites esenciales para brindarle un masaje al rey, implementos que añadieran picor a su relación. El rostro de la humana había ardido al imaginar sus manos pasearse por todo el tallado cuerpo del saiyajin real.

—Para usted no será tan difícil lograr el objetivo, lady Bulma —añadió la madame mientras miraba a la muchacha de arriba a abajo —Usted es muy bella y sé por buena fuente que no solo el rey está perdido por usted. Me han dicho con los años que usted se ha puesto más deseable.

El parto de ambos bebés le había acentuado sus curvas y estaba consciente de ello mientras se miraba al espejo y escuchaba las palabras de la mujer. Sus senos habían crecido al igual que sus caderas. El regalo no solo serían las mejoras a sus encuentros sexuales, sino algo más que Hinojo le había recomendado y que era su as bajo la manga.

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Un mes después…

Ese día, el ajetreo en el palacio se escuchaba desde tempranas horas por la mañana. Los pasillos se inundaban por el sonido de los pasos de la servidumbre que recorría una y otra vez en busca de que todo lo preparado para la celebración del natalicio real estuviese en perfectas condiciones. Tenían mucho que hacer y se acercaba la tarde, hora que había sido programada para el inicio de la festividad. Los esclavos se esmeraban por cumplir con el protocolo supervisado por los saiyans destinados a la organización de la conmemoración. Cuidaron cada uno de los aspectos para que estuviesen a la altura del suceso. Desde la revisión del banquete que sería servido tanto al soberano como a los innumerables invitados que llegaban en sus naves surcando el cielo de Vegitasei desde hacía días atrás, hasta el orden en que estarían dispuestos los visitantes en la mesa principal y las circundantes.

La peliazul por su parte, se había encargado de verificar por medio de sus espías los obsequios que serían presentados ante su majestad, así que sabiendo con exactitud lo que Nyu y Okra, habían dispuesto, ella se adelantó a prepararle un obsequio que ni él ni los presentes se esperarían y que, a la vez, se sorprendería con tal presentación, tal como ella había acordado con Hinojo durante las últimas semanas.

Había llegado antes de que el lugar se llenase de invitados. Le dio la orden a Fasha, Lan Fan y Violeta que se quedaran al cuido de los niños y había decido llevarse a Gine con ella. La necesitaría para presentar su obsequio antes el rey.

El lugar que había estado vacío una hora atrás, desde que la científica llegó, pero ahora era ocupado por los gobernantes de distintos planetas importantes, así como de sus escoltas, sirvientes y demás alienígenas que serían parte de la festividad. En ese momento, el rey entró al recinto siendo recibido por la ovación de los invitados. Kakaroto que ya se encontraba en el lugar, llegó hasta el soberano y le indicó el lugar en el centro de la mesa principal.

Vegeta, que se había mantenido recto en su decisión de no ver por ahora a su concubina, buscó con la mirada a la jovencita, pero al llegar a la mesa simplemente se encontró con su consorte del lado derecho y al izquierdo el gobernante más importante de entre los invitados a su natalicio, con el que había intentado formar una alianza de comercio, aunque hasta el momento, el líder parecía reacio pues lo ofrecido por su parte le había parecido poco adecuado a su alcurnia.

Su rostro no mutó en su expresión, pero por dentro maldijo el día en que se había permitido que la terrícola tomará parte en su frío corazón. La humana era la única mujer con la que podía compartir sus gustos y sus necesidades, pero ella seguía reacia a buscarlo y por su parte, por mucho que extrañase verla y tenerla, no se degradaría ¿Sería una venganza de la mujer por haberse negado ir a su natalicio? Porque no hacía mucho ella había cumplidos sus 20 años, lo había celebrado con sus amigas y bajos sus costumbres, además, aún estaba molesto con ella le había enviado unas joyas para halagarla, y la muy descarada y atrevida había tenido la osadía de ni siquiera agradecerle por el obsequio.

Tomó asiento frente a la mesa desviando la vista hacia Nyu, quien le sonrió al verlo tomar su lugar. No le prestó mayor atención, la cabeza le palpitaba por la ira de no tener con él a la única que quería cerca ¿Qué se creía esa tonta? ¿Qué podía defender a un imbécil bastardo y no tener consecuencias? Estaba loca si pensaba que rogaría por su interés y amabilidad. Prefería dormir solo cada noche, pero no la buscaría. Ella había cruzado la línea de su paciencia y tenía que ser ella la que llegase a implorar su clemencia, y aún así, si eso sucedía, no sería condescendiente, la castigaría como lo tenía merecido.

Hizo una señal a los presentes que se pusieron de pie ante su presencia para que se sentaran. Todos tomaron su lugar y la armonía comenzó a sonar. La melodía era representada por las mujeres de su harén que supo distinguir en el momento. La música era suave, de su agrado, las muchachas habían aprendido bien, aunque bailaban un tanto rígidas a su gusto.

—Majestad, es un honor presentarme a la conmemoración de su natalicio —habló con voz afeminada el rey del planeta Moa, con quien compartía la mesa, el sujeto, era el monarca más importante de todos a los que había invitado al evento, por ello, como lo exigía el protocolo, le habían asignado poder estar cerca de él durante la celebración, además, tenía un tratado pendiente con el que tenían que llegar a un acuerdo.

—Bien —pronunció con mesura restándole importancia. Estaba mirando a los presentes cuando de repente sintió una mano posarse en la suya que estaba sobre la mesa. Movió sus ojos obscuros encontrándose con los de Nyu, que lo miraba con sonrisa cariñosa. No estaba molesto con ella por los acontecimientos recientes, pero no estaba satisfecho que con cada embarazo nuevo que ella simplemente no lograba llevar a término. Estaba harto de tener que intentar que esa inútil consiguiera gestar y la situación lo había irritado al punto, que ya no pedía verla sin importar las objeciones del consejo, porque, aunque no podía prescindir de esa estúpida alianza con la saiyana, si podía manejar cuándo y en qué condiciones ver a la guerrera. Así que por el momento se había reservado el derecho de admisión que esa hembra tenía para con él.

—Mi rey, si me permites. Quiero entregarte mi obsequio —habló la princesa. El asintió taciturno retirando su mano del toque de la mujer. Nunca estuvo de acuerdo en hacer de su natalicio 28 semejante bochinche, ahora tener que soportar a los lame botas de sus invitados era un fastidioso agregado más, pues la mayoría estaban ahí para ganarse cualquier favor que les asegurara alianzas con Vegitasei y no precisamente por su celebración, y se le sumaba el cargante hecho de recibir, por cortesía, presentes que no necesitaba —¿Mi rey? —volvió a repetir la pregunta sacando al monarca de sus pensamientos.

—Adelante —manifestó. Nyu elevó su mano haciendo un ademán, los presentes guardaron silencio y solo podía escucharse la melodía de fondo cuando una de las saiyanas, miembro de la corte de la princesa, hizo su entrada con una caja de mediano tamaño en sus manos. Un par de soldados acompañaba a la femenina y traían consigo varios esclavos encadenados.

—Majestad —pronunció Cilantria reverenciando al soberano —El obsequio de la princesa Nyu son estos esclavos, producto de su reciente invasión exitosa al planeta Tritek. Y también estos tesoros extraídos del astro —indicó abriendo la caja. Dentro de ella se encontraban algunas reliquias valiosas. Vegeta observó disuasivo los regalos.

—Su majestad lo agradece —respondió Zorn notando la incomodidad del monarca. Los regalos fueron retirados y enseguida la música de fondo se detuvo. Okra, que estaba en una de las esquinas del salón, sobre un altar preparado para su presentación, donde cortinas de seda negra y rojas caían desde el techo hasta el piso, comenzó a tocar una melodía y todos se giraron para verla. Cuando Vegeta puso sus ojos en ella, ésta se detuvo para devolverle la mirada y una sonrisa.

—Mi obsequio para su majestad —dijo comenzando a tocar.

La melodía era suave, sublime, algunos murmuran que ella tocaba el instrumento como un ángel, mientras que otros estaban sorprendidos por la belleza de la mujer. Cuando estaba por terminar su presentación, un saiyajin entró al recinto, cargando un caballete que estaba cubierto por un manto blanco. La cenadora, finalizó la interpretación dejando el arpa de lado, caminó hasta llegar al trípode de artista y lo destapó revelando el regalo en el que por días había estado trabajando. Un cuadro de tamaño real, que reflejaba la imagen de Vegeta IV sentado en el trono. Sonrió con emoción cuando el soberano asintió con aceptación ante el presente.

Nyu que había observado la reacción de Vegeta sintió ganas de ponerse de pie y lanzarse sobre esa golfa para estrangularla ¿Cómo podía ser tan descarada? Se le notaba a leguas que estaba que se moría porque Vegeta la hiciese parte de su harén. Okra era tan ambiciosa que ni aún teniendo un marido que respetar se detenía. Zorn era la burla entre los saiyanos que ya se habían dado cuenta que la mujer del guardia real andaba tras las atenciones del rey.

Apretó sus puños resoplando con fastidio. La cenadora, estaba ganando rápidamente su odio y eso no se iba a quedar así. No le iba a permitir que la dejara en ridículo con sus obsequios que no significaron nada en comparación de lo que ella le había regalado al monarca.

Es un trabajo maravilloso. Tiene un talento extraordinario. Debe de ser la "belleza saiyana" de la que he oído hablar. Además de pintar toca muy bien el arpa —esos y otros comentarios se escucharon a través de las bocas de los invitados que aplaudieron a su proeza. Ella reverenció con cortesía y el saiyajin retiró la pintura para dejarlo con los demás presentes.

Después vino el regalo que le hizo el príncipe Tarble, dos armas que había incautado en su última misión al planeta Vulcano. Eran especiales porque su fuente de energía era inagotable. Dichas armas eran muy difíciles de conseguir. Pero con Tarble todo era agridulce. El príncipe hizo señas y Broly procedió a aparecer delante del soberano, y respetuosamente presentó el arsenal bélico delante de él.

—Dale las armas a Zorn y lárgate de mi vista. Tu presencia ante mi es indeseable —vociferó el rey sin pelos en la lengua y sin importarle con quienes le acompañaban en la mesa principal.

Tarble se sentó incómodo mientras veía al élite retirarse del área de la mesa y colocarse donde su estúpido hermano mayor no lo viera, pues no podía irse si él no se lo autorizaba. Y no pensaba hacerlo. No iba a darle el placer al gobernante de humillar aún más a su escolta al ver que salía como un perro del lugar.

—Ahora si me permite presentarle mi regalo —fue el turno del rey Moad quien se puso de pie —Usted sabe que tengo un especial aprecio por la belleza femenina y siempre busco las mujeres más hermosas de la galaxia para que formen parte de mi harén. Pero como no soy egoísta, también me gusta compartirlas con los reyes a los que estimo. Se que las más bellas son las saiyanas, pero también tengo predilección por las Brenchegas —agregó el robusto monarca. Dio la orden y enseguida le trajeron a Vegeta un séquito de esclavas, las mujeres más agraciadas que había podido encontrar en su último trueque con el rey del planeta Brench. Todas atractivas, de cabello blanco, pero con pieles rojizas, celeste, violetas o verduzcas.

A Vegeta todas le parecieron de normales a feas, pero por cortesía debió agradecerle a Moad por al menos haberse tomado la molestia de regalarle a ese grupo de insípidas Brenchegas. Ninguna llenaba sus expectativas, las encontraba menos atractivas que las saiyanas y mucho menos que terrícolas.

Los demás invitados comenzaron a mostrar lo que ellos habían llevado: Esmeraldas que enviaba el rey del planeta Urón; esclavos traídos desde el planeta Tazba; plantas exóticas regaladas por el rey del planeta Metamor; instrumentos musicales que le enviaban desde Namek; exóticos animales cuadrúpedos otorgados por el rey del planeta Makyo, medicinas ancestrales obsequiado por algunos otros príncipes, etc.

—Rey Vegeta —indicó unos embajadores con forma robótica —Somos los representantes del planeta Tech-Tech, y venimos a traerle éste regalo que le envía su tía, lady Nion como embajadora saiyana en nuestro planeta.

Vegeta puso especial atención. Algo dentro de él se removió. Hacía muchos años que no veía a su tía materna, y jamás pensó que ella se acordase de su natalicio luego de tanto tiempo desde que su padre la mandara al exilio.

—Majestad —pronunció Tarble poniéndose de pie —¿Cómo es posible que recibas el regalo de esa mujer?. Ella no merece ni siquiera que sus ridiculeces sean recibidas en este planeta.

—¡Cállate¡ —le gritó molesto —Soy yo quien decido qué entra y que sale de este planeta. ¡Si te incomoda que reciba algún obsequio, entonces lárgate!

Tarble, sentado nuevamente en la mesa principal al lado del rey Moad estaba rojo como un tomate. Detestaba a esa mujer, pues era sospechosa de haber envenenado a su madre, pero no tenía pruebas. No le quedó más remedio que volverse a sentar.

Vegeta hizo una seña a los robots, y ellos le entregaron una caja hecha de metal fundido con incrustaciones de plata. Cuando el rey la abrió, se dio cuenta que era una caja musical con un hermoso sonido que le era familiar. Una imagen borrosa que apenas podía recordar vino a su mente. Sí, con esa melodía él solía dormirse de niño mientras su madre le acariciaba el cabello. Dentro de la caja había una nota "Feliz cumpleaños, mi niño. Lady Nion nunca te ha olvidado. Espero algún día volverte a ver".

El monarca tragó en seco, aquello removió una fibra importante dentro de él. Cerró la caja dejando la nota dentro. Y le dio indicaciones a Shitsuji de que llevara la caja inmediatamente a su habitación. Hasta ahora había sido el mejor regalo de todos.

Así fueron pasando las demás comitivas con los regalos de los soberanos de otros planetas como Poppol, Litt, Arlia, Meat, Alfa, Yadrat, Zun y otros más, pero pocos fueron del agrado del saiyajin real.

—¿Majestad? —preguntó Kakaroto que estaba de pie al lado derecho del rey. El mencionado alzó la mano con desde en señal de que quitaran los asquerosos inciensos con olor a cuero que uno de los príncipes invitados le habían regalado.

Así siguieron por varios minutos los gobernantes que faltaban. Los regalos que le agradaban eran colocados en una esquina, mientras los otros iban directamente a la basura. Todos intentaban agradar al rey de Vegitasei, él era uno de los más temidos soberanos que había tenido el imperio. Apenas con un poco más de un año desde que había sido nombrado soberano, logró conquistas contra reinos fuertes que pocos se hubiesen atrevido a enfrentar. También podía destacar su administración, pues estaba tomando las mejores decisiones para su pueblo. El nuevo monarca era visionario, se estaba abriendo paso en el comercio de nuevos campos, no solo en la venta de planetas como eran su costumbre y de donde obtenían la mayor parte de sus ingresos, sino que también en el área de armamento militar y mejora en sus batallones de combate, convirtiéndose en uno de los ejércitos más poderosos del universo. La raza guerrera saiyajin, poseía tecnología avanzada, y eso los ponía en los primeros lugares con los que reyes de otras estrellas deseaban hacer tratados, pactos y alianzas. Por otra parte, Vegeta IV, tenía una reputación más que respetable. El rey era temido en cada rincón, pues se sabía que desde su nacimiento fue un crío prodigioso, naciendo con el nivel de pelea superior al de cualquier otro chiquillo. Su poder era inmenso, tanto, que no hace mucho tiempo, había logrado superar su nivel y había llegado a convertirse en un súper saiyajin. Nadie con un cerebro funcional tenía el suficiente valor de desafiarlo.

Los invitados estaban disfrutando de la fiesta, algunos bailaban, otros bebían y la mayoría de los reyes estaba rodeado de bellas doncellas ofrecidas como cortesía por el planeta saiyano.

—¡Magnífico! ¡Es la mejor fiesta a la que he podido asistir! —bramó eufórico Moad, mientras bebía y veía bailar a las muchachas ofrecidas para su entretenimiento. Vegeta lo observó, el mastodonte de piel bronceada, nariz aguileña y cabello naranja parecía estar entretenido y había estado bebiendo botella tras botella.

—Majestad, los príncipes duermen ahora —le susurró Shitsuji al soberano después de que a esa hora había enviado a ver cómo estaban. No había podido verlos esa tarde como siempre lo hacía, los visitaba cada tarde después de terminar sus labores.

—Bien, ¿Ella está con ellos? —preguntó girando su rostro para ver a su mayordomo. El hombre negó. La interrogante aún retumba a en su cabeza sintiendo como un balde de hielos se le venía encima. Tragó en seco buscando las palabras adecuadas para decirle que la humana no estaba por ninguna parte. La había buscado en su alcoba, en el laboratorio, en su estudio de danzas, en la sala de aeróbicos, en las alcobas de los príncipes, en los balcones de ambas habitaciones, en el área de la cocina donde ella solía ir por la noche a tomar meriendas dulces. Pero no estaba. Había preguntado a Fasha si sabía dónde hallarla ya que ni siquiera Gine aparecía, pero al parecer la escolta no tenía esa información y tampoco había podido hallar a Raditz —No me hagas repetir la pregunta —escuchó la grave voz de Vegeta, e iba a responderle con sinceridad, aunque sabía que eso le traería problemas, pero no logró abrir la boca cuando el escolta de la científica entró caminando a paso ligero a través del salón con un bulto entre sus brazos.

—Majestad —saludó inclinándose ante el rey.

—¿Qué significa ésto Raditz? —cuestionó Nyu que estaba mirando lo que el hombre traía en las manos.

—Aquí traigo el obsequio de lady Bulma para su majestad —respondió mostrando una especie de rollo de tela que traía cargando. Nyu detalló el inusual obsequio ¿Qué demonios era eso? ¿Telas? ¿Una alfombra? Era todo tan ridículo.

—Dile que no quiero nada. Ni siquiera vino y se atreve a enviar esa estupidez —respondió Vegeta con enojo —Quita esa porquería de mi vista.

Nyu sonrió al escuchar la negación del saiyajin real. Por fin la humana, tendría el desprecio que se merecía ¿Cómo se había atrevido a desairar de esa manera al soberano? Era una completa imbécil si creía que podía hacer lo que quisiese sin obtener consecuencias. Okra que estaba cerca, se aproximó a escuchar lo que él estaba diciendo, y bufó por tal irrespeto.

—Raditz debe ser un error —añadió Okra con intriga —No creo que el regalo de lady Bulma a su majestad sea una simple alfombra tan rústica y sin gracia.

—Majestad, lady Bulma dijo que éste obsequio sería de su agrado, por favor recíbalo —insistió el saiyajin ofreciendo el regalo.

—¡Ya deja esa ridícula alfombra! De esas ya tengo muchas —alzó su ronca voz sintiendo rabia incluso bajo la piel —¡Dile que no quiero nada de su parte!

—Ya oíste a mi esposo. ¡Lárgate! —insistió Nyu mirando severa al escolta de la terrícola.

—Me perdona majestad, pero creo que usted no tiene una alfombra de este tipo… —respondió el saiyajin caminando hacia el centro del enorme salón, donde se realizaban los actos y las danzas. Allí sujetó con firmeza la tela y la desenrolló por piso de donde salió una bella mujer vestida con finos telares.

Los presentes se extrañaron al ver a la muchacha salir de la alfombra y ponerse de pie, y entonces, una armonía comenzó a sonar. La bailarina, que vestía un atuendo conformado por varias capas de tela de satín y seda, alzó las manos cruzándolas frente a sus ojos y comenzó a menearlas en un movimiento serpenteante hipnotizador al ritmo de la música que tocaban los instrumentistas contratados por ella.

Vegeta que observó a la hembra deslizarse desde la alfombra hasta quedar frente a la mesa donde se encontraba, reconoció al instante aquellos ojos turquesa que lo miraron felinos ¿Qué se suponía que estaba haciendo? La miró de arriba abajo, tenía un atuendo dorado de tela satinadas de varias capas, y en su rostro, traía un velo que cubría tanto su cabello, como demás facciones dejando solo al descubierto sus orbes atrayentes.

Poco a poco, ella se iba despojando de la gran cantidad de tela que tenía al principio. Hacía movimientos sensuales con sus caderas, brazos y hombros. Milk entre los invitados pudo reconocer la armonía musical.

—Esa es música del Medio Oriente de la Tierra. Creo que es la danza del vientre —comentó para sí misma sonriendo mientras cargaba a Gohan en sus piernas.

Hubo un momento en que la bailarina soltó un largo pedazo de tela y dejó al descubierto gran parte de su cuerpo, desde su vientre hasta por debajo de sus pechos. Entonces empezó a menearse como las ondas marinas. Su ombligo se veía tan exquisito que por un momento todos los presentes estaban hipnotizados por ella.

—¿¡Quién es esa mujer!? Nunca había visto una piel tan nívea y perfecta ¡Es bellísima rey Vegeta! —exclamó el soberano Moad al mirar la atractiva hembra que comenzó a mover su cadera con tanta sensualidad que tenía boquiabiertos a la mayoría de los machos en el salón.

Zorn que estaba observando de cerca miró con incredulidad a la bella criatura que danzaba con movimientos eróticos. Estaba seguro nadie en su sano juicio se atrevería a perderse el espectáculo. Sabía que era ella. El guerrero sintió la garganta seca y tragó un poco de vino, posando su mirada en los muslos torneados de la humana. Sus piernas quedaban al descubierto con cada paso pues su traje estaba provisto de dos aberturas, desde el inicio de sus muslos pasando por todo lo largo y de pronto, recordó el jugoso sexo que ella poseía. De nada había servido mantenerse alejado de la terrícola todas esas semanas, si su recuerdo lograba siempre ponerlo duro. Tuvo que mover la capa corta de color rojo, que usaba al ser un noble de clase élite de primera categoría hacia adelante, para cubrir el evidente bulto en su entrepierna. Su conciencia le jugaba malas pasadas, había días en los que agradecía a su moralidad, por haber tenido el suficiente autocontrol, de no haber empujado su miembro en el interior de la terrícola, pues ya lo había posicionado en su entrada y con solo un movimiento, la hubiese hecho suya como tanto anhelaba. Pero no lo quería de ese modo. Quería que fuese ella misma la que le pidiera que la follara. Que fuese ella quien deseara tenerlo adentro.

Bulma, se giró para quedar de espaldas a Vegeta y moviéndose al ritmo de la música lenta, se inclinó poco a poco hacia atrás arqueando su espalda, estiró sus brazos y de pronto el ritmo cambió, ella se irguió dándose la vuelta y llevó sus manos al amarre en sus hombros, el cual desnudó con rapidez dejando caer el par de telas mostrando que su vestido apenas se sujetaba a su cuerpo con un par de tirantes finos. Empezó a ondear su trasero. Sus grande senos parecía que iban a quedar al descubierto en cualquier momento.

Mientras bailaba, observaba la mirada del saiyajin real clavada en ella, sonrió bajo el velo en su rostro y de pronto, se lo quitó revelando sus facciones.

—¡Es hermosa! ¿De dónde salió tan bella mujer? —se escuchó nuevamente los vítores que el rey Moad soltaba con cada movimiento del exótico baile de la hembra.

—Rey Moad, usted debería comprar esa doncella, no creo que haya otra así en su harén —fue el comentario de uno de los escoltas del dicho soberano.

—Sin duda es una hembra exquisita —gritó un príncipe del otro lado del salón. Todos los machos creyeron que la temperatura en el recinto había subido de golpe. Sus ojos no podían apartarse de la sexy femenina atractiva de pies a cabeza. Su rostro parecía el de una muñeca de porcelana viviente.

Vegeta apretó los puños con rabia. Esa humana ¿¡Cómo tenía la osadía de mostrarse vestida de esa forma tan vulgar frente a todos los tipejos que tenía sus ojos puestos en ella!? Apenas llevaba un minúsculo atuendo puesto con dos pedazos de tela colgando. Ya casi nada quedaba a la imaginación. Sintió cómo la sangre se le subió a la cabeza y se contuvo por no estallar de ira y volarle la cabeza a todos los que tenían la mirada en SU concubina. Y de paso hacerle pagar a ella por su atrevimiento.

Broly, que estaba en el salón acompañando a Tarble, se quedó estupefacto al ver el baile erótico y se preguntó ¿Qué había hecho el maldito imbécil del rey para merecer a semejante hembra? Su cuerpo se veía exquisito, con sus curvas puestas perfectamente. Sus senos estaban apretados en una especie de corpiño que solo resaltaba aún más sus atributos, su cintura pequeña quedaba al descubierto pues apenas unos lazos unían ambas piezas de su vestimenta, y una falda, había caía al piso dejando sus mulos expuestos.

Tanto Nyu como Okra quedaron pasmadas ante el espectáculo. Mientras la consorte observaba incrédula pensando en que a ella no se le habría podido ocurrir hacer una danza de ese tipo, la senadora maldijo una y mil veces a la humana ¿¡Cómo podía ser tan desvergonzada!? Todos estaban viéndola y ella seguía bailando sin escrúpulos con movimientos vulgares.

La peliazul movía su vientre de forma circular y entre el meneo, se quitó el pedazo de tela de seda que cubría parcialmente sus muslos quedando en un simple adorno sujeto a su cadera que cubría sus partes íntimas y el corpiño de pedrería que sostenía sus senos tallados, los cuales solamente tapaban sus pezones rosados. Nada quedaba a la imaginación.

—¡Hoy en ésta celebración, designo a esa bellísima hembra como "la delicia del reino"! —gritó Moad alzando una copa, mientras los demás reyes, príncipes e invitados varones coreaban alzando sus copas: "la delicia del reino", "la delicia del reino", "la delicia del reino"

—Rey Vegeta, doy lo que usted quiera por esa mujer ¡La delicia del reino debe ser mía! Esta misma noche la llevaré a mi cama —bramó eufórico observando al soberano que volteó a verlo con sus ojos obscuros fríos y enfurecidos.

Vegeta se puso de pie violentamente ante el comentario absurdo del estúpido Moa y sin previo aviso lo tomó del cuello de su atuendo haciendo que la música se detuviera de golpe.

—¡CÓMO TE ATREVES A DECIR SEMAJANTE ESTUPIDEZ! —gritó zarandeando al tipo cuya expresión pasó de una lujuriosa a una sorprendida.

Bulma paró en seco y se quedó viendo lo que estaba pasando. Eso no estaba en sus planes. El plan era calentar a Vegeta para una vez terminada la fiesta él la mandase a buscar a sus aposentos, y ahí le demostraría lo mucho que lo había extrañado y se reconciliarían. Pero nunca pensó que todo terminaría peor de como estaba.

—¿Pero qué dice rey Vegeta? Acepte mi oferta, le doy lo que me pida, es más ¿Qué le parece si cerramos nuestra alianza con ella como intercambio? —cuestionó intentando soltarse del agarré, pero solo sintió cómo fue lanzado al piso.

—¡ESA MUJER! —bramó Vegeta señalando a la peliazul que temió incluso por su vida al ver la reacción del saiyajin real —¡ES MI MUJER! ¡DEBERÍA MATARTE IMBÉCIL! —gritó formando en su palma una esfera de energía.

—¡Majestad por favor cálmese! —intervino Kakaroto poniéndose entre su rey y el soberano del planeta Moa que tiritó poniéndose de pie. Sus escoltas se arrodillaron frente al monarca saiyajin al ver su furia a punto de explotar.

—¡Apártate Kakaroto! —aseveró incrementando el tamaño de la energía en su palma.

—¡Rey Vegeta, no sabíamos que la señorita era su mujer! —expresó uno de los soldados Moanianos —Por favor perdónenos. Zorn ayudó al turbado Moad a levantarse, y lo colocó detrás de él para protegerlo.

—Majestad, si desea matar al Rey Moad, va a tener que matarme a mí primero —le dijo Zorn, evitando que su rey cometiera una locura y desatara una guerra entre planetas si asesinaba al soberano incauto —Esto no ha sido intencional. Ellos no sabían que se trataba de Lady Bulma.

—¡Vegeta, cálmate por favor! —le gritó Bulma a lo lejos, pero él la ignoró.

—Yo no sabía quién era ella… Creí que era solo una esclava —dijo el hombre tembloroso —No sabía nada.

—Rey Moad, le pido disculpas por este incidente, pero ella es la concubina real de su majestad. La madre de los príncipes —expresó Zorn mirando cómo Vegeta esfumó la energía de su mano.

—Rey Vegeta, no quise…

—¡SILENCIO! ¡ESTO SE ACABÓ! —bramó girándose para ver a la terrícola que al notar sus ojos coléricos sobre ella retrocedió un par de pasos. Bulma, jamás había visto tan enfurecido a su rey, tanto que su mirada fría le provocó una punzada en el pecho. Lo vio caminar hasta ella y de un solo tirón la elevó echándola sobre su espalda y levitó por los aires en el salón de eventos. Ella pagaría un precio alto por su falta de respeto.

—¡Qué te pasa Vegeta por favor bájame! —chilló la ojiturquesa que con uno de sus brazos estaba prensada al cuello del saiyano para no caerse, mientras que la otra mano la llevó hacia atrás, intentando tapar su trasero que quedó al aire pues abajo solo llevaba una mini braga que se esfumaba entre sus glúteos cual hilo dental.

—¡Cállate! ¡Ó voy a castigarte aquí mismo! —respondió él con ella a su espalda, saliendo del salón a través de uno de los enormes ventanales que estaban abiertos, dejando a todos estupefactos. Así iban alejándose de las miradas de todos los invitados.

Zorn, Kakaroto, Raditz, Nyu y Okra salieron al balcón corriendo, viendo como el rey se llevó por los aires a la muchacha, cargada como un bulto. Broly, que estaba observando la situación desde un costado sintió rabia al pensar en que el soberano podía hacerle daño a la terrícola, el idiota era un salvaje y por cómo lo vio juraría que podía hacerle cualquier cosa.

—Pero ¡Cómo se atreve esa mujerzuela provocar este escándalo intergaláctico! —bramó Okra viendo dolida que el hombre al que había deseado todos estos años desaparecía con la humana volando en la negritud de la noche.

—Cualquier cosa vulgar se puede esperar de esa zorra —comentó Nyu cruzándose brazos, no podía creer que su marido tolerara aquello. Porque, aunque le dolía reconocerlo, sabía que él no le haría nada, la ofrecida ramera terrícola siempre encontraba la forma de embaucar al rey.

—Se veía hermosa, no podemos negarlo —respondió Raditz con una sonrisa burlesca para molestar a las mujeres que voltearon a verlo con rabia.

—¿Hermosa? —cuestionó Okra totalmente colérica —¡Solo es una puta sin vergüenza!

—Cuida tus palabras Okra. Recuerda que a quien te diriges a la favorita del rey y madre de sus hijos —dijo Zorn observando a la saiyana arrugar sus delgadas cejas negras —Además, concuerdo con Raditz. —agregó dándose la vuelta para entrar al salón.

—"La Delicia del reino" —murmuró Broly en voz baja, más para sí mismo que para los demás, antes de regresar a ver qué otra estupidez se le ofrecía al príncipe Tarble.


RinPink Susaiyajin: Hola a todas, para que se compenetren con la fic deben entender la historia de los reyes Vegeta.

En el planeta Sadala el Comandante Vegeta el Rojo fue el primer líder del ejército Saiyano, pero no fue rey.

Vegeta I: Fue el hijo de Vegeta el Rojo, y este sí fue el primer rey estando en Sadala, cuando murió, su primogénito Vegeta II heredó el imperio, pero con los años Sadala quedó destruido por conflictos internos. Allí viene el éxodo saiyajin y emigran hacia el planeta Plant donde vivían los Tsufurujin. Éste rey tuvo en su heredero a Vegeta III, hijo de su consorte, Lady Tekka. Pero como su concubina, Lady Mapple le dio más hijos varones, elevó a ésta última a reina por lo que Tekka se suicida. Vegeta II también tuvo una amante que le dio un hijo bastardo llamado Pycke.

Al morir Vegeta II, su príncipe heredero e hijo de Tekka, Vegeta III, mata a Mapple y a todos sus hermanos. Solo Dejó vivo a Pycke. Vegeta III conquista Plant y los saiyanos ponen su nombre al planeta.

Pycke traiciona al Rey y éste lo mata, pero Pycke había tenido un hijo bastardo con una tabernera. Cuando el niño de la Tabernera y el difunto Pycke cumplió 3 años, ella conoce a Paragus, se aparean y tiempo después nace Broly.

Vegeta III por su parte se enamoró de la científica Nion, pero termina casándose con la guerrera Seed con la que tiene cuatro hijos. Mientras que hace a Nion su segunda consorte. En una batalla contra el rey Cold, mueren los hijos del Rey. Dos años después Seed le da un muevo hijo, Vegeta IV. Tres años mas tarde muere la reina Seed, y una esclava del harén, Root, le da otro vástago al rey, Tarble. Durante esos años Lady Nion estuvo embarazada dos veces pero ambos niños nacieron muertos. Cuando Tarble tiene 7 años, muere su madre Root, y todo parece inculpar a Nion, por lo que el rey decide exiliarla al planeta Tech-Tech para que nadie intentara matarla.

Al quedarse solo, Vegeta III hace su concubina y luego consorte a Lady Okra, una saiyana muy hermosa que tuvo una relación de amantes con su hijo Vegeta IV.

El problema es que luego sale a la luz que Okra no puede tener hijos debido a que alguien le suministró un veneno que le dañó los ovarios. Al saber esto, el rey la rechaza y la obliga a casarse con su mano derecha, Zorn. Y ambos son enviados al planeta Urón para resolver asuntos estatales. Antes de que se fuera, el rey obliga a Zorn a que le prometa que si muere, él deberá matar a Bulma en cuanto tenga oportunidad. Zorn lo promete. Vegeta III muere, pero ahora el soldado se ha enamorado de ella y no sabe qué hacer.

También quiero aclarar que…

Cumber: Es un personaje canónico. Él es un antiguo saiyano maligno procedente del Planeta Sadala del universo 7 en Super Dragon Ball Héroes: Misión del Universo.

Nion: Personaje canónico de Dragon Ball Super. Es una mujer Saiyana de sangre pura, de cabello azul y facciones hermosas. Ella es miembro del equipo científico del Planeta Vegeta encargados de analizar el desarrollo y las capacidades combativas de los bebés recién nacidos, bajo el mandato del Rey Vegeta III.

Ahora cambiando de tema absolutamente.

Para la muchacha que dijo que mi historia es copia de cierto fanfic, por favor permite reírme. Cuando tengas idea de lo mucho que está trabajada mi historia en base a temas políticos, de cortes e imperios antiguos te darás cuenta de lo que realmente escribo. Porque todo lo que incluyo, intento que sea canónico o tenga referencias de ese tipo. Pero usted señorita no está lista para esa conversación porque no creo que sepas más allá de Dragon Ball Z y Súper.

Nunca suelo tratar problemas en mis notas de escritora, pero ya el vaso que estaba medio lleno rebalsó.

Y para las que me envían review anónimos (cobardes) les aclaro que jamás los verán reflejados en los comentarios de mi historia. Porque no los agrego solo para aumentar el número de review. Prefiero comentarios sinceros de las personas que sí me aprecian.

Espero no haber incomodado a nadie. Cada quien tome lo que es suyo. Y para las que me leen de verdad y me quieren, sepan que nadie me hará desistir de seguir escribiendo como ya alguien me lo sugirió jajajaja De hecho ya tengo planes para otros fic.

Gracias a todos mis amigos que me apoyan :3 son lo máximo, los quiero mucho. Gracias a las que me leen y apoyan de verdad, se les estima muchísimo. Gracias a los que leen y no comentan, porque aún así aumentan las vistas de mi fic v: y gracias finalmente a las que les caigo mal, por estar al pendiente de lo que hago, las adoro chicas.

No olviden dejarme su review (constructivo xd) que son la única recompensa a éste trabajo no remunerado v:

Nos leemos prontito, bye bebés.