ADVERTENCIA: Capítulo con alto contenido sexual. Lee bajo tu propia responsabilidad.


CAPÍTULO XXVIV: PRINCIPE BASERK

Todavía tenía las imágenes vivas de su concubina mientras danzaba de esa forma tan vulgar. Sus ojos no habían podido apartarse de ella en ningún momento y su miembro masculino, penosamente, había respondido en una inesperada erección mientras ella se meneaba a los acordes de los tambores y las panderas. El cuerpo de la hembra simplemente era obsceno, sin duda alguna ella no necesitaba hacer nada para ponerlo así de caliente, pero esa noche se había excedido. Se veía increíblemente ardiente, sensual y exquisita.

Se aproximó volando hacia su alcoba, ya que sacó a la humana del sitio saliendo por uno de los ventanales en el pasillo, con la misma rabia pulsando en su cabeza, porque no sólo él había contemplado su espectáculo, todos los malditos bastardos se habían deleitado con los atributos de su mujer. Habían visto lo que solo era suyo. Estaba tan furioso que entró a la habitación rompiendo la ventana; de un solo puñetazo reventó los vidrios y torció los hierros. Parte de sus nudillos se bañaron en sangre, pero la adrenalina era tanta que él ni siquiera sintió una pizca de dolor, caminó dentro de la estancia plagado de adrenalina aproximándose a la cama en donde tiró a la hembra sin delicadeza sobre el colchón. Entonces sintió el ardor en su mano y llevó su puño hacia su boca lamiendo el líquido escarlata que escurría por entre el guante como un animal salvaje.

Bulma tembló tan solo de verlo. Vegeta estaba tan lleno de ira que por primera vez ella lo encontró sumamente aterrador. Producto de la rabia, el soberano respiraba con dificultad conteniendo los sonidos que salían de su boca en forma de gruñidos mientras apretaba la mandíbula mostrando sus colmillos. Sus cabellos estaban encrespados, las venas de su cuerpo dilatadas y su cola se movía de un lado a otro dando azotes en el aire. Bulma tenía miedo.

Fue precisamente su cola que de un empellón tiró al piso todo el licor y los vasos de vidrio que estaban justo detrás de él en una mesa de madera que también quedó en el suelo. La científica sintió espasmos en su cuerpo por el miedo que recorrió su espina dorsal. El rey la vio fijamente, luciendo el estrafalario atuendo con el que no solo había logrado encender su cabeza por la cólera sino con el que, además, le había provocado.

—¡CÓMO PUDISTE! —mugió apartando la idea de follársela de su mente. Se acercó a ella asechándola con sus orbes obscuras iracundas. La muchacha sintió tanto temor que se bajó de la cama para alejarse de él al escucharlo gritar. Hizo el intento por huir, pero no logró dar más de dos pasos cuando él se posicionó frente a ella a pocos centímetros de distancia interceptado su escape.

—¡Esa no fue mi intención! —le gritó la ojiturquesa aguantando las ganas de echarse a llorar porque todo le había salido mal —¡Solo quería encenderte a ti!

—¡CALLATE!... ¡CÓMO PUDISTE PRESENTARTE ASÍ FRENTE A TODOS, VESTIDA COMO UNA PUTA Y BAILANDO TAN VULGAR! —vociferó el rey haciéndola dar unos pasos hacia atrás mientras respiraba agitadamente. La vio de arriba abajo arrugado más el entrecejo. Un poco más y ella hubiera terminado completamente desnuda frente a todos. Volvió su mirada a los ojos de la hembra, ella lo observaba con terror. Decidido, se aproximó y tomándola por el cuello la sujetó estrechándola contra la pared más cercana.

— "La Delicia del reino" —murmuró en un susurro bajo estremecedor apretando los puños —¡POR TU FALTA DE RESPETO SE ATREVIERON HASTA PONERTE UN MALDITO APODO!

La científica se había asustado con sus gritos, y se había sorprendido por su descontrolado actuar cuando la sujetó y estrelló contra la pared, pero no llegó a cortarle la respiración en ningún momento, simplemente la tenía acorralada entre la superficie rocosa y su cuerpo musculoso que desprendía calor. Podía sentirlo al tenerlo tan cerca con su poderoso abdomen rozando el suyo. Bulma, entonces se calmó, por insólito que pudiera parecer. Ella tenía que tomar el toro por los cuernos y debía hacerlo cuanto antes. Tenía que convertir esa rabia del saiyano en deseo, antes de que todo empeorara.

Bajó su mirada a los labios exquisitos del saiyajin, en su interior sabía que él no la dañaría ante ninguna circunstancia. De la rabia a la pasión había un solo paso, así que deliberadamente alzó de nuevo su vista y sonrió coqueta inclinándose hacia él rozando con su boca la del hombre.

—No me importa si me quieres matar aquí, pero tengo mi conciencia tranquila que lo hice para encenderte a ti. Sé que te gustó mi baile, pude verlo en tus ojos —susurró la humana sintiendo la adrenalina por el temor, la pasión y el deseo en una mezcla que se apoderó de sus sentidos.

—¡No te di permiso para que hablaras, terrícola! —contestó un poco menos iracundo.

—¿Recuerdas aquella vez cuando me raptaste? —preguntó en tono malicioso ampliando su sonrisa. Ella pudo notar la duda en los ojos del rey —Me pediste que bailara y que moviera mi cuerpo como "una ramera".

Vegeta se perdió por un segundo en los recuerdos y retrotrajo en su mente la escena. Claro que lo recordaba; en ese entonces ella apenas era una chiquilla de 16 años codiciada por los machos de varios de los escuadrones y él moría por follársela, aunque no tanto como en este preciso momento. No obstante, para ese entonces ella ni siquiera había sido penetrada, y como era una inexperta, mucho menos lo complació con aquella petición sobre el baile.

—¿Y qué con eso?

—Pues hoy te cumplí aquel pedido —finalizó quitando con suavidad la mano del saiyano de su cuello, y pasando una de las suyas por el pecho de él.

Vegeta seguía rememorando el pasado, la había tratado mal las primeras veces y aunque ahora se arrepentía de haberla dañado de esa forma, eso no quitaba el hecho de que su hembra se había sobrepasado con su estúpida presentación.

—¡No juegues conmigo Bulma! Lo que te haya pedido en el pasado no justifica lo de hoy. ¡Vas a tener tu castigo por esto! ¿Qué quieres? ¿Ser una puta? ¿Te gusta que los hombres te vean el culo y quieran metértelo? —repudió con voz ronca. En el fondo, él mismo se estaba engañando. Tenerla cerca no ayudaba, tampoco la cercanía de sus dos grandes pechos, llenos y firmes que invitaban a saborearlos hasta el cansancio, y mucho menos le favorecía sentir su delicioso aroma. El olor excitado de la muchacha inundaba sus fosas nasales y con toda su fuerza de voluntad él intentó controlar sus impulsos —Pagarás caro tu osadía.

—¿Eres capaz? —preguntó la científica en un ronroneo y antes de que el saiyajin pudiera contestarle la ojiturquesa abrió su boca y sacó su lengua lamiendo el labio inferior del soberano. Vegeta se quedó quieto sintiendo su acción, la suavidad de la lengua de la terrícola hizo combustión en su cuerpo. Los vellos de su cola se encresparon al sentir la caricia aterciopelada y sus sentidos se encendieron

—Basta de juegos, Bulma…

—Quiero ser TU puta, de nadie más. Si me vas a matar, que sea cogiéndome —dijo mientras bajó su mano y agarró la entrepierna erecta de su rey palpando con sensibilidad el enorme bulto —Mi baile era por ese pedido que hiciste hace años atrás y que no pude concederte porque era demasiado inocente. Pero ya no lo soy… Así que ¡Feliz cumpleaños, majestad! —pronunció apretando más la erección y masajeándola con suavidad con movimientos circulares mientras volvía a pasar su lengua por los labios de él.

—Eres una arpía malvada —expresó el monarca tomando con su mano una de las muñecas de la peliazul y la alzó apretándola contra la pared. Su otra mano la movió hacia su rostro acariciando con su pulgar la boca de la muchacha —Mira lo que me haces Bulma. No respetas nada, me dejaste en ridículo allá afuera ¿Y ahora esperas que no te castigue? —pronunció con la voz áspera por su excitación arrugado sus cejas espesas, molesto consigo mismo ante la incapacidad de reprenderla por su injuria.

—Puedes ponerme en la posición que quieras para castigarme —añadió mimosa —No me importa si me duele. Será un castigo placentero.

—No detienes tu vulgaridad…

—Mi amor —murmuró ella acercando su boca a la oreja derecha de él —Mi rey… Te necesito ¿Es que no lo ves? —preguntó volviendo a verlo de frente y bajando la mirada coqueta observando sus propios senos, específicamente sus pezones rosados endurecidos.

La voz de la joven resonó en sus oídos y desviando sus ojos negros al punto que Bulma detallaba, pudo ver también sus montes. Esa mujer era su perdición, era como una droga estimulante y resignado, se acercó a los labios de la hembra para besarla con la pasión desmedida que sentía por ella. La peliazul correspondió sus arrasadores besos, uno tras otro mientras las manos de él bajaron hasta los senos de ella. Con ambas manos, tanteó el sostén que ceñía aquellos grandes pechos y de un tirón los rompió haciendo que la pedrería se desprendiera y cayera regada al piso. Arrojó las dos partes de la tela al suelo alfombrado y con su lengua, empujó entre la boca de la femenina invadiendo su cavidad que lo recibió gustosa.

—Cógeme sin medidas, majestad. Haz conmigo lo que quieras… —gimió la ojiturquesa cuando las manos de él se posaron en sus senos. La lengua del saiyajin acariciaba la suya, la movía en círculos dentro de su boca en tanto ella intentaba seguirle el ritmo. Respiraba agitada tomando del propio aliento del hombre y pudo sentir que él apretaba sus pezones entre sus dedos pulgares e índices.

—Voy a follarte toda la noche, hasta que me pidas perdón por todo lo que haz hecho. No me voy a contener. Me debes cuatro meses de sexo —bramó soltando los labios de la humana, bajó la mirada y observó lascivo los montes suaves entre sus manos. Se le hizo agua la boca y descendió para probar cada pezón con el mismo ímpetu con el que había comido sus labios. Con sus palmas apretaba la carne delicada llevando cada uno alternadamente a su boca para succionarlos, estiraba sus botones endurecidos y mordía con suavidad deleitándose con las delicias de su concubina.

La escuchaba gemir mientras ella se mantenía recostada en la pared. La humana había llevado sus manos hacia su propio cabello, el cual sujetaba de cada lado sintiendo que desfallecía entre las manos de su amando.

—Vegeta, por favor…

—"La delicia del reino" ¿No?… Pero esa delicia es solo mía. Esto recién comienza —dijo soltándola. Ella que apenas podía sostener su cuerpo ya que sus piernas temblaban, miró al rey dar un paso atrás y comenzar a desvestirse. La observó mientras se quitaba cada una de sus prendas lleno de satisfacción. Los senos de la femenina habían quedado marcados por sus succiones, sus labios rosas estaban húmedos e incluso pudo distinguir un hilo de saliva cayendo por la comisura de su boca.

Bulma sonrió llevando sus manos hacia la única prenda que aún la mantenía cubierta, y quitó la braga de brillantes deslizándola por sus piernas hasta que cayó al piso. Dio un paso adelante sacándola de sus tobillos y al ver que él había quedado desnudo se acercó tomando con su mano el falo endurecido del soberano.

—Jamás lo había visto tan duro —comentó con una sonrisa coqueta cerrando su mano alrededor del miembro que goteaba desde la punta. Él sonrió ante las inmorales palabras y tomándola de los hombros la empujó hasta el sofá de la sala que estaba próximo. La giró en un solo movimiento para que ella quedara de espaldas a él y la tumbó con suavidad para que se subiera de rodillas al mueble.

—Ahora no solo vas a verlo, también lo sentirás —respondió él emitiendo una risa maligna que provocó en la humana escalofríos, pero no por miedo, sino por la ansiedad ante el placer que él iba a darle. Sintió cómo el pene endurecido se abrió paso entre sus pétalos excitados y de una sola embestida él se introdujo en su interior.

—¡Ahhhh! —gritó Bulma que estaba de rodilla en el asiento del sillón y se sostenía con sus manos del espaldar del mueble mientras su hombre estaba de pie tras ella.

—Esta es una de las cosas que me vuelven tan loco por ti —bramó el soberano acercándose al oído de ella para meter su lengua y mordisquear su oreja. La peliazul sonrió ante la confesión y afanosa comenzó a mover su cadera de adelante hacia atrás metiendo y sacando el falo erecto de su interior. Ella estaba poniendo en práctica todas las tácticas de seducción que le había enseñado Hinojo durante esos meses de abstinencia.

Él la observó un momento bajando su vista hasta el punto de unión de sus cuerpos, veía como su miembro se enterraba en la estrecha entrada y salía completamente humedecido por los jugos de la femenina. No pudo contenerse, abrió su boca dejando escapar gruñidos de satisfacción y sujetándola de las caderas, comenzó a embatirla tan rápidamente que supo que no duraría mucho sin correrse en su delicioso interior. Sus sentidos eran llenados con todo lo que ella le ofrecía. Sentía su miembro aprisionado dentro del sexo femenino, los glúteos voluptuosos de la hembra chocaban contra su entrepierna haciendo que rebotaran una y otra vez. No pudo contenerse y dio una palmada en su nalga derecha y se preguntó ¿Cómo podía existir una mujer de naturaleza tan placentera y exquisita? Lo había atrapado en su red y no tenía salida, tampoco es que quisiese hacerlo. Pero estaba perdidamente enamorado de ella. Un término que en su vida supo que utilizaría y ahora, no solo podía añadirlo a su diccionario, sino que también vivía el significado de la palabra.

No tardó demasiado, percibía su miembro a punto de venirse. Se acercó a ella y la atrajo por la cintura hacia su cuerpo con uno sus brazos llevándola hacia atrás y con su otra mano, bajó por su vientre tanteando entre su intimidad hasta encontrar su botón de placer. Acarició frenético el sitio moviendo de forma circular su dedo índice y medio con el cual la masturbaba. Aceleró el ritmo de sus embestidas y notó las contracciones deliciosas en el interior de la humana en tanto la escuchaba gemir a gritos su nombre. Su cola que ondeaba en el aire, la enredó en uno de los muslos de la muchacha y profundizó con firmeza cada estocada pudiendo liberar con todo el gozo su semilla en el interior ardiente de la mujer. Su miembro se sacudió tan violentamente, que en su vida creyó jamás haber experimentado una eyaculación de esa intensidad.

Se movió un par de veces más dentro de ella y sacó su pene escurriendo semen en abundancia. Ella recostó la cabeza en el pecho del hombre que aún la mantenía abrazada y cerró sus ojos intentando recuperar el aliento.

—¿Ya te cansaste? —lo escuchó preguntar. Sintió que la soltó y la giró para verla de frente —Recién comenzamos Bulma —lo vio y escuchó decir al tiempo en que la alzó en sus brazos. Ella se subió al cuerpo del hombre enroscado sus piernas en su cintura y de un solo sentón, volvió a introducir el falo que seguía igual de erecto. Se sujetó de su cuello mientras él la tomó de las nalgas caminando con ella, penetrándola una y otra vez en dirección hacia la cama…

Eran las tres de la madrugada, el reloj en la mesa de noche indicaba la hora. Habían estado teniendo sexo por horas y él parecía no tener límites. Recién estaban recobrando el oxígeno después del ¿Quinto ó sexto encuentro? Había perdido la cuenta. Pero de lo que sí estaba segura era de que su realidad, parecía un sueño del que no quería despertar jamás.

—Nunca vuelvas a hacer lo que hiciste esta noche —soltó sin rodeos.

—Lo siento. Pensé que te iba a gustar.

—Claro que me gustó —dijo con seriedad. Ella había logrado llevarlo al límite del deseo y a niveles desconocidos de su excitación —Pero eso es algo que solo debo disfrutar yo, no media galaxia.

—He aprendido mi lección. Lo haré solo para ti, cuando me lo pidas —sonrió con las mejillas sonrosadas mientras respiraba hondo reponiéndose del último encuentro.

—Otra cosa; no quiero que vuelvas a verlo —se escuchó la voz ronca de él y ella se giró para verlo alzando una ceja sin comprender su repentino comentario —No quiero que vuelvas a cruzar palabra con Broly —aclaró el saiyajin.

—Sabes que nunca intentaría nada con él, ni con nadie —respondió la muchacha dándose la vuelta para verlo de frente. El rey se acercó a ella y se acomodó sobre su cuerpo quedando arriba entre sus piernas. Se observaron a los ojos, cada uno metido en sus propios pensamientos. Sintiendo el palpitar de su propio corazón y los mismos sentimientos intensos el uno por el otro.

—Es mi deseo de cumpleaños —ella lo escuchó perfectamente. El rostro del monarca estaba sereno al igual que su voz, en realidad sonó como una petición y no como una orden. Bulma sonrió mirándolo y le dio un beso en los labios para luego volver a verlo —El sexo ha sido tan bueno, que con tal de cumplas con eso, puedes pedirme lo que sea —agregó. Ella se quedó estática por unos segundos. Él no estaba bromeando, lo supo al notar la seriedad en su rostro.

—Cumpliré con ello, a cambio de que mandes a Okra lejos de Vegitasei —respondió totalmente convencida de lo que estaba diciendo. Hacía mucho tiempo que había descubierto que cuando él estaba satisfecho con lo que ella le daba, podía ser más que amable y condescendiente. Lo vio bufa y desviar su vista de la suya, no pudo evitar sentir decepción al ver la duda en el saiyajin.

Ella ladeó su rostro hacia un lado ¿Qué le había hecho esa mujer para que él la apreciara de esa forma? ¿Acaso tendrían algo? ¿Él la querría? Muchas preguntas se cruzaron en su mente en cuestión de milisegundos. Si él se negaba no había nada que pudiera hacer para alejar esa mujer ofrecida de sus vidas. De pronto sintió cómo él sujetó su mandíbula y la movió obligándola a que lo mirase.

—Prescindir de sus servicios hará que varios pactos de alianza terminen —comenzó a decir intentando hacerle entender su punto.

—Pero existen más negociadores que…

—Shhh —la silenció pasando su pulgar por el labio inferior de ella —Debes saber que Okra ya no significa absolutamente nada. Pero si te incomoda su presencia, puedo enviarla fuera del castillo —afirmó sabiendo muy bien, que con esa decisión Okra no querría volver a interferir en los asuntos estatales. Sabía que esa mujer era orgullosa y se sentiría desplazada de su cargo al mandarla a vivir fuera del palacio.

—Mientras esté lejos de ti el mayor tiempo posible mejor —respondió satisfecha con una sonrisa empujándolo por el pecho. Él se apartó recostándose en su lado de la cama y la miró bajarse apresurada del colchón ¿Ahora qué pretendía esa loca?

La detalló bajando sus ojos obscuros por todo el cuerpo de la terrícola, desde su lacia melena turquesa que caía por encima de sus hombros; pasando su mirada por sus esbeltos hombros, descendiendo por su espalda, su diminuta cintura en donde se detuvo un segundo antes de posar sus orbes sobre aquel trasero redondo y abultado como un melocotón, era tan hermosa que aún viéndola con tal detenimiento no creía que fuese real. Pero ahí estaba, en su alcoba, la mayoría del tiempo compartiendo su cama, bajo sus sábanas, sintiendo lo mismo que él sentía por ella y le gustaba ese sentimiento. La humana era completamente suya.

Escudriñándola, notó cómo sus glúteos se movían con su andar; la vista era todo un deleite, miró sus piernas torneadas que le hicieron agua la boca hasta llegar a sus pies y volvió su mirada siguiendo su recorrido hacia arriba nuevamente ¡Oh, iba a gozar de ella por varios días!

Bulma, fue hasta su tocador y abrió el pequeño cajón angosto de donde sacó un bote. Se giró y le sonrió sensual al saiyajin que la miraba desde su posición. Ella recordó las clases que Hinojo le había dado. Tenía que complacer a su macho si es que quería tenerlo comiendo de la palma de su mano. Así que, sonriendo coqueta, caminó sensual hacia él, Vegeta le devolvió el gesto observando ahora de frente el delicioso cuerpo aproximándose hasta él.

La peliazul posó sus ojos en el tórax del saiyajin, sus músculos bronceados solo lograron excitarla, y aunque no hace mucho habían hecho el amor, quería más. Más de esa sensación de sentirse llena en todos los sentidos, porque él la complementaba y no necesitaba nada más cuando estaba en sus brazos. Se sonrojó cuando su mirada cayó sobre la sábana blanca que cubría apenas la hombría del rey. La tela era tan fina, que su miembro que ahora descansaba lograba transparentarse sin vergüenza alguna. Dispuesto ante su vista como un regalo que podía tomar si así lo quería. Y por supuesto que iba a tomarlo.

—¿Qué sucede? —preguntó él con la misma sonrisa airosa en sus labios mirando que ella se detuvo al pie de la cama —¿Qué planeas ahora en contra de tu rey? —cuestionó y ella amplió su sonrisa subiéndose a la cama. Gateó por entre las piernas del saiyajin y se posicionó ahorcadas sobre su regazo.

—¿Alguna vez has recibido un masaje? —preguntó ella destapando el botecito, lo llevó a su nariz y olió el aroma del aceite para luego volver a ver al saiyajin.

—Nadie es digno de tocar mi cuerpo —respondió mirando cómo ella colocó en una de sus palmas un chorro del líquido que contenía aquel recipiente. Bulma dejó el botecito en el buró y juntó ambas manos para frotarlas y calentar el aceite.

—Yo lo he tocado muchas veces ¿Eso me hace digna? —preguntó echándose a reír. Posó sus ojos turquesa en los negros de él y colocó sus manos tibias embebidas en la unción sobre el tórax del saiyajin. Él la observó dejándola acariciarlo, sintió la presión que las manos de la muchacha ejercían sobre sus músculos y se sintió demasiado bien, además, el espectáculo que tenía frente a sus orbes obscuras era meritorio. Los senos de la terrícola se meneaban sugestivos con cada movimiento que hacía, más la deliciosa sensación del sexo caliente de la humana sobre su entrepierna lo hizo tener una erección en el instante.

Bulma subió sus palmas hasta los músculos del cuello del soberano en donde apretó cada uno. Estaba concentrada en el masaje cuando sintió las manos de él en su cadera, la levantó y se introdujo por completo en ella de una sola estocada.

—Ahhhh —se quejó ante la intromisión —Vegeta no he terminado —se quejó sintiendo cómo él movía su falo endurecido con embestidas profundas. Él la sujetó de las manos atrayéndola a su cuerpo y la abrazó con una mano por la cintura y con la otra la sujetaba por la espalda dejando que sus glúteos se abriesen al tenerla inclinada en esa posición dándole mejor acceso a su vagina.

El saiyajin escondió su rostro en el cuello de ella, donde daba lamidas y mordisqueaba la oreja derecha de la muchacha con fervor. Estaba perdido, completamente fuera de sí por esa mujer y se preguntaba ¿Qué demonios le había hecho? ¿Por qué su necesidad por ella incrementa cada día? Se suponía que ya tenía todo de ella y aún así deseaba más sin poder saciar el fuego que ardía intenso por su concubina.

La ojiturquesa ladeo el rostro para verlo, escuchaba sus quejidos eróticos y su agarre firme en su cuerpo, en esa posición no podía hacer mucho y sabía que sino lo detenía pronto acabaría el encuentro. Ambos se vieron y ella emitió una sonrisa empujándose para separarse de su agarre, el la liberó y vio como se irguió quedando sentada sobre él. No esperaba lo que la científica iba a hacer, ella se giró sin deshacer la unión quedando de espaldas hacia él aún sobre su regazo y colocando sus manos hacia el frente sobre el colchón, comenzó a mecer su cadera de adelante hacia atrás dándole al saiyajin, la mejor vista de su sexo y sus nalgas amelocotonadas sobre su virilidad palpitante.

—He tenido fantasías con esto desde hace semanas — dijo ella mientras el sorprendido hombre observaba la esplendorosa vista incrédulo ante la sensualidad de la humana —Si me miras así me caliento más —agregó ella mientras volteaba a verlo, totalmente dispuesta a seguir los consejos de Hinojo. Al ver la sonrisa eróticamente malvada que él le dio supo que todas las vergonzosas clases habían válido la pena.

—Estás portándote muy mal Bulma —dijo él sujetando con cada una de sus manos sus glúteos, y luego introduciendo su pene por el trasero de ella. Iba a castigarla hasta el cansancio —Hoy te voy a tratar sin piedad.

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Eran cerca de las once de la mañana. Un aroma a dulce llegó a su nariz lo que la hizo despertar sintiendo cómo su estómago reclamaba alimentos. Se removió exhausta sobre el colchón y entre las sábanas revueltas estirando su cuerpo desnudo. Pudo notar aún con los ojos cerrados la luz fuerte que entraba a la estancia y lentamente abrió los párpados llevando una mano hacia su boca. Bostezó sintiendo sueño a pesar de que había dormido prácticamente toda la mañana. Pero esos tres días encerrada en la alcoba real con el saiyajin más ardiente de Vegitasei, la habían agotado, el apetito sexual del hombre era insaciable, y haber puesto en práctica todas las enseñanzas de su maestra Hinojo habían dado frutos, el hombre parecía más que satisfecho con cada encuentro y ella, estaba feliz de que así fuera, pese a que le dolía cada parte de su cuerpo, desde su pelvis, hasta su vagina y su trasero. Esas noches fueron una locura. Dudaba que alguien en el castillo no hubiese escuchado los gritos de ambos cada vez que llegaban al orgasmo en cado uno de sus encuentros. Vegeta en varias ocasiones pareció perder los estribos y la embistió con una fuerza tan brutal que por poco la hizo desfallecer del placentero dolor, pero estoica jamás le dijo que se detuviera porque estaba tan excitada que a pesar de que pensó que podría morir, aquella maravillosa excitación le otorgó una especie de barrera que contenía las fuertísimas y bestiales estocadas del saiyajin, que gruñía como un animal en celo con cada penetración. Recuperarlo había su objetivo y lo había logrado.

Tanteó con su mano el lado donde él debía estar. Abrió los ojos cuando no lo encontró y se sentó buscándolo con la mirada. Lo encontró en el sofá situado a unos metros del lado derecho de la cama, estaba vestido con un pantalón suelto de pijama, y comía de la bandeja de alimentos en la mesa auxiliar frente a él.

—Buenos días —dijo ella encogiendo sus piernas con algo de esfuerzo, las abrazó colocando su cabeza ladeada sobre sus rodillas observando al ser que llenaba por completo sus pupilas con su imagen. El sol que entraba en la estancia daba a media luz en el sillón donde él se encontraba debido a las cortinas que cubrían los ventanales, haciendo que la piel del rey luciera cálidamente bronceada, su tórax que estaba descubierto al igual que su abdomen parecían sacadas de una foto de postal que quería grabar en su memoria para siempre. Movió sus ojos a los de él que la veía fijo con esos orbes obscuros que tanto le encantaban. La mirada enigmática del saiyajin era una de sus tantas cualidades que la enloquecían y no podía dejar de detallar cada una de las cosas que amaba de él. La peliazul le sonrió tenue recibiendo el mismo gesto departe del soberano en una silenciosa convivencia que agradaba a ambos.

—Ven a comer —dijo él llevando a su boca unos trozos de pan. Ella se puso de pie buscando su bata en el piso y se la colocó anudando el cordón en su cintura.

—Aun tengo sueño —respondió sentándose en el sofá individual frente a él. Cruzó su pierna sobre la otra dejando que su corta bata se subiera por sus muslos llamando la atención del hombre hasta esa zona.

—¿Aún quieres que te folle? —preguntó emitiendo una risa maliciosa volviendo sus ojos a los de la hembra que sonrió coqueta.

—De eso no me cansaría nunca —expresó la joven científica inclinándose lentamente para tomar un pequeño tazón de sandía picada en cubos. Sin apartar su mirada del rey, pasó su mano por su escote y se irguió llevando a sus piernas el recipiente con fruta. Él simplemente la observó, si continuaba con esos movimientos sugerentes podría seguir un mes allí encerrado con ella, cogiéndosela, entre esas cuatro paredes. Pero tenía que atender sus asuntos de estado. Ya había pasado con ella tres días, esa tarde tendría que retomar su trabajo, no todo podía ser delegado a sus representantes. Había cosas que solo podía atender en persona.

Seguirían con aquellos juegos de recámara lo que le restaba de la mañana, pero ese momento se escucharon unos toques en la puerta.

—Majestad, soy yo, Shitsuji.

Vegeta volteó a ver a Bulma haciendo un ademán con su mirada sobre su aspecto, entonces ella supo lo que tenía que hacer. Presurosa se levantó, dentro del cuarto fue a la estancia contigua, se quitó la bata corta de satín y buscó en uno de los cajones de donde sacó una lujosa bata larga de grueso terciopelo negro con detalles hechos con hilos de oro que el rey le había regalado en una ocasión. Se la colocó al instante amarrándola a la cintura y se acomodó el cabello peinándolo con lo dedos. No se tardó más de cinco minutos volviendo al sillón nuevamente, asintiendo hacia él que la observaba.

—Adelante —habló el rey, e ingresó al recinto su mayordomo.

—Majestad —saludó protocolarmente—¿En qué puedo servirle?

—Dos cosas —puntualizó —La primera es que mandes a arreglar el ventanal principal del balcón que rompí por accidente. Que vengan en la tarde cuando esté reunido con los ancianos del Estado Mayor.

—Entendido, majestad. ¿Y la segunda orden?

—Okra —comenzó a decir el rey y Bulma detuvo su masticar de unas uvas que había tomado, al escuchar el nombre de la saiyana en la boca del monarca — Asígnale una casa en la ciudad de los élites de categoría A. Desde ahora no vivirá más en el palacio —finalizó moviendo sus ojos de su comida al mayor parado a unos metros de él. El intendente abrió sus párpados en sorpresa a la vez que asintió ante la orden, aunque no supo comprender del todo la decisión que había tomado el monarca.

—Disculpe majestad —habló dudando sobre si preguntar o quedarse callado. Como subalterno no podía ni debía cuestionar los mandatos del soberano. Pero estaba hablando de la mujer de su hijo y si ella salía afectada por cualquier cosa que esa muchacha haya hecho, también perjudicaba a Zorn.

—Dime.

—Ella… ¿Será destituida de su cargo? —cuestionó alzando sus cejas con expresión confusa.

—Seguirá manteniendo su cargo al igual que Zorn, tu hijo puede ir con ella o quedarse —respondió tajante volviendo su atención a sus alimentos. Llevó un pedazo de bistec a su boca y lo saboreó restándole importancia a la decisión.

Bulma miró a Shitsuji y entendió su reacción, si Okra se iba del castillo, Zorn como su marido tendría que hacerlo y aunque eso no lo pensó antes, no quería que el soldado se viese afectado por la decisión. Pero no podía dar marcha atrás, quería a Okra lejos, esa mujer estaba inmiscuyéndose en su vida más de lo que debía ser. Siempre estaba tras el rey, inventando excusas patéticas para verlo o pasar el mayor tiempo posible con él. Eso debía cambiar.

—Zorn puede quedarse si así lo desea —habló ella dejando el contenedor con fruta sobre la mesa. Shitsuji volteó a verla y ella se puso de pie acomodándose el cuello de la bata —Es ella quien no debe permanecer en el palacio, así que ve y haz lo que su majestad te ha ordenado. Él desea tomar su desayuno y no va a dar más explicaciones sobre éste asunto —finalizó mirando a Shitsuji con seriedad. Lo último que quería era afectar al guerrero. Hasta ahora había demostrado ser fiel al imperio y estar de su lado.

—Enseguida, lady Bulma —respondió el mayor reverenciando a ambos y salió del recinto.

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Era ya el mediodía, la hora de su comida. Había ido directamente al comedor central en el palacio en donde los encargados de la cocina estaban sirviendo el almuerzo, puesto que el rey había permanecido con su mujer en la alcoba real y no necesitaba de sus servicios. De hecho, no había necesitado de ellos por tres días. Con eso le quedaba claro que lejos de hacerle daño o darle algún castigo a Bulma, el rey había preferido fornicarla durante todo ese tiempo. Oh sí, "la delicia del reino", que bien le había caído ese nombre. Definitivamente el monarca era un tipo con suerte, pensó mientras degustaba los alimentos. Luego de deleitarse viendo las voluptuosas formas de la humana meneándose al compás de la música aquella noche, Vegeta tenía el placer de cogérsela sin reparos, mientras que él había tenido que recurrir a la masturbación. La imagen mental de la muchacha bailando en paños menores sin dejar mucho a la imaginación era algo que difícilmente olvidaría por el resto de su vida. Y pensar que en una ocasión estuvo a punto de metérsela, pero su maldita ética y lealtad le impidieron cometer tal acto mundano.

Se le había hecho extraño ver a su padre llegar cuando ya estaba terminando de comer. Por su expresión, supo que no iba a darle ninguna buena información. Cuando el mayor le dijo lo que pasaba, se había sentido plenamente emocionado al enterarse de la orden de su majestad. Desde que Okra había regresado de Urón, que estaba más insoportable que nunca, y esa era una de las mejores decisiones que el rey había tomado con respecto a esa mujer. Tenerla cerca no le hacía bien a nadie, ni a él que tenía que aguantar los rumores que circulaban entre los soldados que, si bien eran ciertos, odiaba ser la burla de los guerreros por culpa de la saiyana. Ni tampoco a ella, que tenía que soportar los desplantes de él. Era una vergüenza que todos supieran que ella a la menor oportunidad se ofrecía cómo carnada de forma descarada frente a Vegeta IV, deseando que él la hiciera parte de su harén en cualquier momento.

Shitsuji le había dicho que el monarca demandaba la expulsión inmediata de la mujer a la ciudad de los élite, contigua al castillo, y que ya se había hecho cargo de tramitar el traslado a su nuevo hogar tratando de que todo el proceso fuera lo menos penoso para su nuera y por supuesto para él, que como su marido podía acompañarla si así lo quisiese. Se rió en el rostro de su padre cuando lo escuchó hablar de esa forma. Sabía que el mayor tenía aprecio por la hembra, ella se portaba bien con él, pero eso era lo menos importante en ese momento. Una sincera sonrisa se había formado en sus labios cuando supo que por fin se liberaría de su "querida esposa"a la que había sido unido en contra de su voluntad y por eso ahora, estaba terminando de empacar las cosas de esa harpía mientras su papá se encargaba de buscarla para darle la agradable noticia.

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—Majestad, lady Okra está…

—¡No necesito que me presentes, Brocco! —gritó colérica entrando al despacho del rey detrás del saiyan que le había prohibido la entrada.

—Debes quedarte afuera hasta que su majestad acepte verte ¡No seas insolente! —vociferó el guerrero viendo a la hembra que se paró a su lado con sus orbes furiosas observándolo.

—Esta bien, Brocco —expresó Vegeta poniéndose de pie pues estaba sentado en la silla de piel negra de su escritorio. El soldado reverenció al monarca ante su orden y sus ojos obscuros se posaron en la saiyana que nunca le había caído bien. Okra era de esas mujeres que se sentía superiores a cualquiera solo por haberse revolcado con algún miembro de la dinastía y su aire de superioridad era una ridiculez. No era nadie. Solo un cuerpo vacío que servía para el placer de cualquiera que quisiera tirársela. Cruzaron miradas acuchillantes y Brocco salió cerrando la puerta tras sí.

—Supongo que Shitsuji te ha informado sobre mi decisión —comentó el saiyajin real una vez solos. Caminó rodeando su escritorio en dirección a la mujer que lo observó con aguda mirada.

—¿Qué hice mal rey Vegeta? —preguntó cambiando su tono de voz soberbio a uno más suave y sutil —Desde que llegué de Urón solo he tratado de hacer lo mejor para el planeta —continuó hablando y aproximándose al soberano hasta quedar a medio metro frente a él —¿Y qué he ganado a cambio? —cuestionó con expresión angustiada bajando la mirada hasta la alfombra cobriza bajo sus pies —¿Humillación? ¿Desprecio? No esperaba ésto de usted majestad —finalizó volviendo sus ojos a él que se mantuvo estático en su posición.

—Mi decisión no tiene nada que ver con tu desempeño laboral —respondió arrugando el entrecejo.

—¿Entonces dígame por qué majestad? Si tiene una buena razón me iré sin decir más nada —expresó dolida. Desde que había conocido al príncipe Vegeta a sus 14 años de edad, que no había podido olvidarlo. Conforme pasaba el tiempo su atracción por él crecía. Lo quería en su vida y así fue. Ser su amante durante meses había sido la mejor aventura que, aunque pasajera, se había grabado a fuego en su interior. Cada caricia, cada toque y cada rose aún la recordaba como si hubiera sido ayer. Daría lo que fuera por volver a sus brazos y no podía desistir solo porque el hombre del que estaba enamorada ahora tenía a alguien más en su vida. Era bella, y por tanto podía desplazar no solo a la princesa consorte, sino también a la estorbosa mujer terrícola que frustraba sus planes con su presencia.

—Para ejercer tu trabajo no necesitas vivir en el palacio —respondió él girándose para regresa a su escritorio, y la chispa que dentro de ella estaba contenida ardió encendiéndose en una llama que no pudo apagar. Su ira creció. Se sintió vacía y desesperada por hacerle entender al hombre, que ella era la única mujer que podía hacerlo feliz. Que ella daría todo por él sin esperar nada más que ser correspondida a cambio.

—Es por ella ¿No? —preguntó furiosa arrugando sus cejas negras delgadas —¡Esa humana lo hizo tomar ésta decisión! —alzó la voz haciendo que el monarca se girará nuevamente para verla —De no ser por ella todo sería más sencillo ¡Es una zorra con cara de mosca muerta que lo tiene embrujado! —chilló dejando salir sus lágrimas con impotencia.

—¡Cállate! —el rey caminanó hacia la saiyana que dio un saltito ante su potente voz —¡Te estás refiriendo a la madre de mis hijos, así que respétala, o te haré respetarla a las malas! —bramó en alto llegando hasta ella.

—Entienda que ella lo ha…

—¡LARGATE! —aseveró observando a la mujer con rabia —No regreses hasta que tu trabajo lo amerite ¡AHORA SAL DE MI VISTA! —se alejó de ella para volver a su escritorio. La saiyana se quedó paralizada en su puesto unos segundos ¿Cómo era posible que él la despreciara de esa forma? Había creído más de una vez que lo que en algún tiempo hubo entre ellos fue real. Incluso había hecho algo terrible de lo que ahora se arrepentía, tan solo para regresar a Vegitasei y poder verlo. Pero al parecer todo había sido solo ilusiones suyas y que ahora, por culpa de una ramera que había sabido manejar muy bien sus cartas, él la había echado para siempre.

Caminó furiosa fuera del despacho real. No volteó a ver a nadie. Ni siquiera fue consciente de quien o quienes estaban por los pasillos por donde transitaba. Apenas y escuchó la voz de su suegro cuando le dijo que el rey había ordenado su expulsión del castillo. No había dudado ni un momento en ir y preguntarle los motivos de su decisión. Pero en el fondo lo sabía. No podía ser una coincidencia tan grande, que después de que el soberano pasó tres días encerrado con la maldita terrícola en su alcoba, ahora de la nada demandó su exilio del palacio. Por supuesto que esa mujer se lo había pedido. Ella había convencido a Vegeta que la echase. Maldita y mil veces maldita. Ni siquiera había logrado nada con fingir interés en las relaciones diplomáticas del planeta par mantenerse cerca del monarca. Todo había sido un completo fiasco y todo por culpa de esa golfa.

Sentía que apenas sus pulmones podían llenarse de aire, le costaba respirar por la furia que en ese momento controlaba su cuerpo. Su cola se desenroscó de su cintura y no fue consciente de en qué momento había llegado a su recámara. Cerró la puerta a sus espaldas y en cuanto entró, notó a su esposo sentado en el sofá que estaba al lado del ventanal.

—Imagino que ya lo sabes —comentó ella al ver el par de maletas listas al pie de la cama. Se aproximó hasta ella examinándolas con la mirada y luego alzó los ojos para posarlos en el saiyajin que asintió en respuesta —Esa puta lo convenció, estoy segura de que ella está detrás de todo esto —aseguró sentándose sobre el colchón. Llevó sus manos a su rostro dejando reposar sus codos sobre sus piernas y suspiró profundo ¿Qué iba a hacer ahora? Necesitaba estar dentro del palacio para poder manejar mejor las cosas. Cuando Cumber se enterase de todo iba a molestarse.

—¿A que te refieres? —interrogó Zorn poniéndose de pie.

—¿No es obvio? Hablo de la humana. Estoy segura de que ella convenció a Vegeta de echarnos del palacio —aclaró irguiéndose para ver a su marido caminar hacia ella. Sonrió con burla sin apartar la vista del soldado —¿No que era muy amiga tuya? Ahora hasta tú tendrás que irte de aquí.

—No te confundas —respondió el guerrero alzando ambas maletas, una en cada una de sus manos —La única que se va de aquí eres tú —afirmó llevando las valijas hasta la puerta.

—¿Qué? Obviamente tú vienes conmigo ¡Eres mi esposo y debes acompañarme! —gimió histérica poniéndose de pie para ir tras el hombre que ya había abierto la puerta y lanzado sus maletas al pasillo.

—A quien corrieron es a ti Okra, yo puedo quedarme sin problemas ¿Y sabes qué? Me alegro de así sea.

—¡Eres un imbécil! —gritó la saiyana corriendo hacia el equipaje para tomarlo en sus manos —¡Tienes que venir conmigo! ¡Estamos casados y tu deber es acompañarme!

—No piensas en mí como tu esposo cuando estás frente a Vegeta. De hecho me ignoras y te le ofreces en bandeja de plata. Todo lo que te está pasando tú misma lo has provocado. Así que no me metas en tus asuntos —respondió Zorn girándose para entrar nuevamente a la habitación.

Okra, se quedó en el pasillo mirando al saiyajin desaparecer de su vista ¿Acaso eso era real? ¿Estaría soñando? No podía creer cómo de la noche a mañana todo se había venido abajo. Apretando sus labios, sujetó cada maleta en sus manos y caminó lejos. No iba a rogarle a nadie, no iba a pedirle a Zorn que la acompañarse nuevamente ni se le arrodillaría al rey para que le devolviese los privilegios. Todos iban a pagar caro las humillaciones por la que estaban haciéndola pasar. Sintió vergüenza cuando algunas criadas que pasaban a su lado murmuraban entre sí y parecía que se reían de ella.

Apresuró su paso para salir del lugar junto a sus sirvientas quienes abandonaban el castillo con ella. Si guerra quería esa estúpida terrícola eso iba a darle. Que la echasen del palacio no significaba que había ganado. Tenía mucho que dar para pelear, y su trofeo sería nada menos que el rey.

—Vaya, vaya… creí que me lo perdería —se escuchó una voz a sus espaldas. La senadora se giró deteniendo su andar y vio a nada menos que Nyu y a su comitiva tras ella con sonrisas en sus rostros.

—¡Vete al diablo! —respondió intentando retomar su marcha, pero la princesa voló como una saeta y se posicionó frente a Okra impidiéndole el avance.

—No estás en posición para hacerte la digna —dijo Nyu cambiando su expresión de burla a una seria —Mi esposo ya no te necesita y quizá pronto también te destituya de tu cargo —agregó alzando la barbilla con orgullo sin apartar sus ojos de la belleza saiyana que la observaba con ira.

—Eso lo veremos. A mí al menos me deseaba. Conmigo lo hizo por pasión, sin ser forzado por acuerdos de momias compradas por tu tío.

— ¿Eso es todo lo que tienes para atacarme?—preguntó la princesa en tono de burla —Eres patética. Ni tu propio marido te quiso acompañar porque le das vergüenza. Te has acostado con medio castillo. No me extrañaría que hasta tu guardaespaldas, el tal Cumber, sea tu nuevo amante.

—Ahora estoy saliendo yo, pero mañana serás tú —habló Okra dibujando en sus labios una sonrisa airosa —Con eso de que no puedes darle hijos a su majestad, dudo que dures mucho tiempo en el palacio.

—Eres la menos indicada para hablar de hijos. Fuiste rechazada por el antiguo rey por ser una perra estéril. El padre te sacó del planeta, y ahora el hijo te saca del castillo. Cuando pensé que no podías ser más degradada, te llega una humillación peor —rió la princesa a carcajadas junto a sus amigas y sirvientas.

—Nadie la quiere. Ni el rey ni su esposo la desean. Es una perdedora —fueron los comentarios departe de los acompañantes de Nyu, y aunque sintió querer desaparecer en ese momento. No dio su brazo a torcer. Desvío la mirada de esas imbéciles que estaban hablando mal de ella hacia la princesa.

—No pude concebir, es cierto, pero al menos mi propio cuerpo no mataba a mis hijos tal como hace tu vientre asesino. Parece que la maldición de la vieja Hiedra te perseguirá hasta el fin de tus días —finalizó caminando lejos sin darle la oportunidad a la consorte del rey de poder rebatir sus palabras.

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Era alrededor de las cinco de la tarde de ese día, había almorzado con Vegeta y sus hijos. Durante su estancia esos días en la alcoba del rey, ellos habían sido cuidados por su comitiva. Los había extrañado tanto como había disfrutado de las atenciones del monarca y pasar tiempo de calidad en familia era la mejor parte de todo aquello.

Vegeta se había tomado un par de horas entrenando a Trunks, que con tres años cada día se hacía más fuerte. Era más alto que el resto de los niños saiyanos de su edad, igualmente su complexión física era más gruesa. Ella podía verlos desde una cabina contigua al salón de entrenamientos. Al niño se le hacían fáciles las duras rutinas de su edad, pero no por eso Vegeta era blando, al contrario, le exigía el doble. Al principio fue complicado para Bulma ver a su bebé entrenar de esa forma, pero pronto entendió que sus genes saiyanos se imponían por sobre los de ella. El niño quería entrenar casi todo el tiempo, y cada vez se le hacía más intrincado a la terrícola aguantar el ritmo del pequeño, pues su fuerza era tal que terminaba agotándola. El más pequeño, Vegeta Jr. no se quedaba atrás. Tenía dos años, pero se había vuelto bastante activo y cuando formaba una rabieta era difícil de controlar, le encantaba imitar a su hermano mayor y comer trocitos de carne al vapor. El niño correteaba por los pasillos la mayor parte del día y a diferencia de Trunks, era muy huraño para dejarse cargar por otra que no fuese su madre.

La científica estaba más feliz que nunca. Había conseguido el perdón del saiyajin y no solo eso, también había logrado el primer paso en su plan de deshacerse de una vez por todas de la entrometida de Okra. Odiaba el hecho de que pasara tanto tiempo al lado del rey, y aunque en parte se debía al trabajo de la mujer, sabía que "la belleza saiyana" solo buscaba excusas estúpidas para no despegarse del monarca, no le gustaba. Pero ahora ella se había ido. Vendría al palacio solo para lo estrictamente necesario y luego se iría y eso, era lo mejor para todos. Su sangre hervía de celos de tan solo imaginarla merodeando a su amado y por eso entendía a Vegeta, seguramente él pasaba por lo mismo cada que Broly se acercaba a ella. Se lo había prometido. Se lo cumpliría. Ambos habían llegado a un acuerdo y por más que apreciara al élite escolta del príncipe Tarble, no podía seguir tentando a su suerte y mucho menos la paciencia del rey. Lo último que deseaba era una desgracia. Él podía si así lo deseaba eliminar al guerrero, y ella no sería la causante de una desgracia.

Estaba de camino hacia el laboratorio central. Su padre le había mandado a informa con uno de los trabajadores del área científica, que quería verla esa tarde. Después de dejar a sus hijos durmiendo la siesta, se había preparado para ir. Los momentos de papá e hija que pasaban juntos eran de lo más a agradable. Él era lo único que le quedaba de su astro querido. Su progenitor era un tesoro, el más preciado, el único que podía recordarle la calidez que caracterizaba a su planeta natal. Cuando todo era más sencillo. Cuando todo se limitaba a disfrutar del tiempo en familia y con amigos sin las preocupaciones que ahora tenía encima al haberse convertido en la mujer del soberano de esa poderosa estrella.

Amaba a su padre, y él a ella, y aunque no podía sustituir a su madre, él intentaba ser esa parte que había perdido durante la purga a la Tierra y lo apreciaba. Él intentaba llenar aquel vacío que nunca estaría completo, porque con la destrucción de su planeta una parte de ella también se había acabado. Ya no sufría como antes por ese hecho, había aprendido a sobrellevarlo y se podía decir que hoy por hoy era feliz con su nueva vida. Pero nunca podría dejar de pensar en lo que pasó y aunque no le guardaba rencor a los saiyajin, no podía olvidar que ellos fueron el motivo por el que su madre murió.

Prefirió ir al laboratorio sola, aprovechó que Raditz había ido al baño, como su escolta no la dejaba sola en ningún momento, pero la científica se las había ingeniado para escabullirse del guerrero. Quería estar sola, quería por al menos una vez sentirse libre de ataduras y responsabilidades como lo fue una vez en la Tierra. Tener la constante presencia de su comitiva acompañándola a veces resultaba agobiante, necesitaba tiempo para sí misma y espacio para respirar. Así que contenta por haber logrado sacarse al soldado de encima, sonrió mirando el camino que faltaba por transitar. No le faltaba mucho por llegar, así que apresuró su andar. Estaba por doblar en el último pasillo que la separaba del laboratorio cuando de pronto, se encontró de frente al élite.

—Lady Bulma —dijo Broly al ver a la protagonista de sus sueños más perversos frente a él. Ella era como una aparición celestial. La reverenció y posó sus ojos en los turquesa de la muchacha que lo observó seria. Bulma recordó entonces su promesa hacia Vegeta, ella tendría que alejarse de todo contacto con el saiyajin mientras el rey echara del palacio a Okra. Él ya había dado la orden, restaba hacer cumplir su parte y aunque en el fondo, sabía que era injusto para el soldado, tenía que hacerlo. Comprendía en cierta parte el desconcierto que el monarca pudiera sentir cuando otro hombre estaba cerca de ella. La peliazul sonrió ligeramente y sin darle mayor importancia, retomó su caminar pasando del lado del guerrero que observó el comportamiento extraño de la humana —No te veo desde el día de la fiesta y estaba preocupado por ti. La actitud del rey sobre tu presentación fue muy violenta y pensé que te lastimaría, ¿Te encuentras bien? —preguntó. Ella simplemente volteó a verlo hacia atrás asintiendo cortésmente, pero sin detener su andar comenzó a alejarse. Broly que se detuvo un momento a detallar su accionar, supo que algo no andaba bien y se aproximó a ella alcanzándola rápidamente —Por favor respóndeme —pidió. Su sangre hirvió al ver la negativa de la terrícola y sin pensarlo, estiró su mano para sujetarla por la muñeca y girarla para que lo viese. Ansiaba mirarla para saber si él le había hecho algún daño. Estaba harto de que Vegeta la humillase, por lo que desde la noche de la celebración había pensado en hacer lo que ahora haría. Lo había planeado. Lo ejecutaría. Su encuentro no solo fue una coincidencia al azar. Por meses, estuvo esperando el momento preciso en que ella estuviese sola. Hoy era el día.

—¡Qué te sucede, Broly! —chilló ella al sentir el apretón en su mano. Quiso zafarse retorciendo su muñeca para liberarse, pero él no la soltó.

—¿Qué sucede contigo? Creo no haber hecho absolutamente nada para que me repudies de ésta forma. Me preocupé porque Vegeta te dejó en ridículo frente a todos el día de su cumpleaños. Lucía tan encolerizado que pensé que podría dañarte. Durante tres días nadie supo de ti hasta que me dijeron que te tenía con él en su recámara. Pensé que te había golpeado, pero ya veo que no estás herida. Imagino que ese cretino se la pasó follándote durante todo ese tiempo.

—¡Eso no es asunto tuyo! ¡Es mi pareja y hago con él lo que me da la gana!

—Quiero que sepas que nunca dejaría que alguien te golpeara. Eres muy importante para mí, por eso me duele que me ignores —increpó sin ceder su agarre. La miró de pies a cabeza y de repente sintió cómo su cola se erizó y su pulso se aceleró, frente a sus ojos tenía a la criatura más hermosa. A la que sin pensarlo desposaría para hacerla su mujer. Para demostrarle que podía hacerla feliz, no como el idiota con el que estaba, que no le daba el lugar que una hembra como Bulma merecía.

—No te estoy ignorando Broly ¡Solo intento no causar otro mal entendido como la última vez! —respondió arrugando sus cejas turquesa —¡Suéltame! —pidió enojada ante la tosca reacción del saiyajin. Él no accedió a su pedido, en vez de eso la atrajo acercándola y con su otra mano la sujetó por la cintura estrechándola contra su cuerpo.

—¿Sabes cuántas veces he deseado tenerte de esta forma? —preguntó con la voz enronquecida y un escalofrío recorrió la columna vertebral de la humana al comprender a lo que estaba enfrentándose —¿Es que acaso no soy suficiente para ti? ¿No te merezco? —cuestionó acercando su rostro al de la joven. Bulma ladeó la cabeza al sentir los labios del saiyajin cerca de sus labios. Ahora se arrepentía de haber decido ir sola al laboratorio.

—¿De qué hablas Broly? Sabes que somos amigos, pero nuestra amistad nos ha traído muchos problemas que intento evitar —respondió pretendiendo la calma que no sentía. El guerrero soltó el agarre en la muñeca de la terrícola y con esa misma mano sujetó el rostro de la muchacha obligando a que lo viese de frente.

—¿Amistad? —pronunció frunciendo el entrecejo —No es eso lo que quiero —dijo empujando a la humana contra la pared. Ella interpuso sus manos contra el pecho del saiyajin en un intento por alejarlo. Ya antes había luchado con aquel príncipe que la sometió a sus caprichos, sabía por experiencia que resistirse con sus escasas fuerzas a comparación de las que esos alienígenas tenían no le serviría de nada. Esos seres eran en extremo poderosos y lo que intentara hacer no valdría de nada —Te quiero a ti —finalizó él moviendo su pulgar hacia los labios carnosos de la muchacha a su merced, acariciándolos. Podía percibir su olor, aspirar su dulce aroma y sentir sus atributos blandos en contacto con su duro cuerpo. Amaba todo de esa mujer.

—¿A mi? —preguntó ella procurando no enfadar al guerrero, no sabía qué podía pasarle si hacía un movimiento en falso. Alzó una de sus manos y la colocó en el rostro del hombre viéndolo a los ojos —Mírate, tienes todo lo que cualquier mujer podría querer, seguramente hay alguien que te correspondería sin pensarlo —respondió, pero él estaba con sus ojos fijos en su boca.

—A quien quiero es a ti, Bulma. Yo te daría lo que sea, lo que me pidieras. Pondría todo a tus pies —afirmó con todo tipo de sensaciones. Ella se quedó en silencio y retiró la mano del rostro del hombre.

—Para mi no representas nada más que un amigo. Nunca serás más que eso —dijo sincera empujado al guerrero por el pecho. Pero él estaba lejos de desistir de su objetivo. Con ambas manos sujetó con delicadeza los hombros de la humana y posó su mirada en los ojos de ella. No quería lastimarla, no quería que pensara que era un animal, pero su deseo de tenerla era más fuerte que todo eso.

—¿Al menos eres consciente de lo que siento por ti? Deberías de darme la oportunidad de demostrarte que fuera de Vegitasei serías feliz, conmigo —comenzó a decir moviendo sus manos a través de los brazos de ella, palpando la suavidad de su lechosa piel —Que éstas cuatro paredes no te dejan ser quien deberías porque él te oprime ¡Te tiene esclavizada! ¡Y está casado con otra que no eres tú! —exclamó marcando más el ceño. Quería que ella comprendiera que en ese planeta no tenía futuro, que Vegeta jamás dejaría de tenerla como a una esclava de complacencia y para llenarla de críos.

La científica sintió como su corazón se comprimió y sus ojos se llenaron de lágrimas al escuchar sus crudas palabras. No podía enojarse con el élite. Porque muy en el fondo sabía que parte de lo que él estaba diciéndole era cierto. Vegeta la había hecho su esclava sexual, era culpable de eso, pero no de lo demás. Porque se había enamorado de él, porque había cambiado pese al inicio de su relación tortuosa que con el tiempo, habían establecido una especie de complicidad que nadie más entendería. Apretó los labios desviando su vista hacia un punto en el piso y contuvo sus ganas de llorar.

—Es mejor que me dejes ir —dijo ella dándose la vuelta para irse, pero el élite la sujetó por la cintura desde atrás y con la otra mano la tomó del cuello suavemente echándola nuevamente contra si —¡Suéltame! Vegeta me ha prohibido verte y si alguien nos ve y él se entera de ésto ambos saldremos afectados —chilló dándose la vuelta, apartando las manos del hombre de su cuerpo.

—Sino puedes hablar aquí, iremos a mi casa —aseguró el élite que sin esperar, alzó a la muchacha en sus brazos.

—¡Qué te ocurre suel..! —su voz fue cortada por la mano de él en su boca. Caminó con ella y antes de que alguien pudiese mirarlos salió por un ventanal abierto en el pasillo con dirección a la casa que tenía a las afueras de la ciudad. Tomó el camino menos concurrido, no quería correr el riesgo de encontrarse a alguien del castillo y que descubriera sus propósitos como la humana. Estuvieron volando unos minutos hasta que ella dejó de luchar. Miró a los ojos al saiyajin y él apartó su palma de la boca de la hembra.

—Broly por favor bájame —pidió con voz temblorosa al ver a la altura que estaban volando. De pronto se mareó y como acto reflejo se abrazó al cuello del saiyajin escondiendo su rostro en el hueco de éste impidiéndose a sí misma seguir mirando hacia abajo. El élite sintió su calor, sus brazos delicados rodeándolo, su respiración agitada contra su piel y la abrazo con firmeza.

—Estás segura conmigo, no temas —dijo con voz sincera y ella se alejó un poco del cuerpo de hombre alzando la mirada para verlo —¿Le temes a las alturas? —cuestionó y ella negó en respuesta —¿Ves todo esto? —dijo indicando con su rostro todo lo que había debajo de ellos. La peliazul, tragó en seco relajándose en sus brazos. Suspiró profundo y ladeó el rostro observando lo que él le mostraba.

—¿Dónde estamos? —preguntó al ver que, a lo lejos, había un riachuelo de agua cristalina que corría entre los frondosos árboles verdosos.

—No muy lejos del palacio —respondió con una sonrisa al ver la cara de asombro de la científica —Ésto es la libertad Bulma, sentir que puedes hacer lo que sea, ir y venir adonde te plazca sin que nadie cuestione tu actuar ni te limite a hacer lo que deseas —indicó volviendo su mirada al frente. Frenó la velocidad y descendió para volar a poca altura. La ojiturquesa no pudo evitar no sentir una punzada en su pecho y recordó sus días en la Tierra. Su planeta tan vivo de naturaleza y belleza única y en donde, había vivido cosas que hasta ese momento, había podido rememorar nuevamente. Como el viento golpeando su rostro, las hermosas flores que llenaban los campos, el agua que corría por el río y el sonido de ésta cayendo por alguna cascada.

Minutos después bajaron hasta un claro en medio de lo que parecía ser un bosque. El élite tocó tierra y permitió que ella bajara de sus brazos.

—¿Dónde estamos? —preguntó la muchacha observando los alrededores. A unos metros, pudo darse cuenta que ahí había una casa, una tan grande, como las cabañas que solían construir en su planeta, solo que ésta tenía forma ovoide.

—En mi casa —respondí Broly tomándola de la mano y la guio dentro de ésta. La peliazul notó en cuanto entró lo acogedora que era la mansión. Tragó en seco cuando el sonido de la puerta cerrándose a sus espaldas la hizo ver que no debía estar a solas con el saiyajin y mucho menos, en su hogar. Lejos de cualquiera que pudiese protegerla. A merced de esa masa de músculos que podía someterla si así se le antojaba.

—Por favor llévame al palacio, no debo estar aquí —expresó alterándose. Caminó con dirección a la salida pero fue detenida por el agarre en su mano que la hizo girarse nuevamente al ser atraída hacia el soldado.

—Sólo quiero que abras los ojos Bulma —manifestó el élite con seriedad en su rostro —¿Por qué sigues con él? El rey ni siquiera te da tu lugar, sigues siendo su concubina cuando podría hacerte su consorte. Le has dado dos hijos —agregó tomándola por la otra mano y se acercó a ella quedando a pocos centímetros de su cuerpo.

—Yo…

—No te deja siquiera salir del castillo ¿Qué clase de amor es ese? ¿Mantenerte encerrada es la forma en que te demuestra lo que siente por ti? —cuestionó el soldado. La ojiturquesa lo sabía, muy en el fondo sabía que él estaba diciéndole una verdad que no podía refutar, y la realidad la golpeó en rostro. Nunca había dejado de ser la esclava de su majestad.

—Yo lo amo, sé que me mantiene en el palacio por mi seguridad, porque hay muchos que desearía verme muerta —rebatió intentado incluso, convencerse de sus propias palabras.

—No te engañes. Te mantiene lejos de todo y de todos porque teme que aparezca alguien que te demuestre lo que es amar de verdad —respondió y sin pensarlo, acortó la poca distancia tomando de la nuca a la muchacha y posó sus labios sobre los de ella. Bulma, sintió la pasión desmedida con el que él la besaba. Percibió sus labios ardientes moviéndose sobre los suyos con necesidad y hambre. Las manos del saiyajin bajaron hasta su cintura rodeándola en su totalidad y se sintió bajo el dominio del élite, pero su conciencia dentro de sí le gritó que se alejara, que no estaba bien lo que hacían.

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La saiyana corría en dirección hacia la habitación de la princesa, todavía no podía creer lo que había visto y escuchado, aun tenía las imágenes en su mente y las palabras de élite resonaban en su cabeza ¿Desde cuando ese par se entendía? Porque no se creía ese cuento de que la humana no le correspondía a escondida pese a la negativa que había escuchado departe de la terrícola hacia Broly.

Sonrió al pensar lo que le sucedería a esa ramera si el rey se enteraba que ella era amante del élite y quien mejor para darle la noticia. Si la princesa lograba convencer al monarca y darle pruebas concisas, Broly terminaría asesinado en sus manos y esa mujer no tendría mayor suerte. Matarían dos pájaros de un tiro.

Estaba a un par de pasillos de la recámara de la consorte, cuando se encontró de cara con el comandante Zorn al girar en una esquina sin ver al frente. Chocó con su pecho y él la miró de forma severa. Ella se sonrojó. Siempre había encontrado a Zorn extremadamente atractivo, pero él era tan serio y silencioso, igual o más que el mismo rey.

—Lo siento —se disculpó. Y una idea cruzó su mente. Entre más supieran del escándalo de esa mujer, mayor sería la vergüenza para el rey y éste, no la perdonaría de ninguna manera —Yo… acabo de ver algo que me dejó perturbada —comentó bajando la mirada y escondiendo su sonrisa maliciosa.

—¿A qué te refieres Cilantria? —preguntó Zorn detallando la expresión exaltada de la hembra intuyendo que algo grave había sucedido. Pasaron unos segundos, pero ella simplemente no respondía —¡No me hagas perder el tiempo y habla! —gritó haciéndola dar un brinco.

—No sé si deba decírtelo, es un tema muy delicado… es sobre la humana y si su majestad se entera correrá sangre —su tono era tan desosegado, que cualquiera que la escuchara se creería que en verdad estaba preocupada por lo que pudiera pasarle a la científica.

—¿Sobre lady Bulma? ¿Qué le sucedió?

—No quise escuchar nada, ni siquiera sé porque observé lo que estaba pasando —dijo mostrándose actuadamente inquieta mirando hacia el piso y de vez en cuando al comandante —Pero vi cómo lady Bulma… ella pues, estaba en el pasillo que lleva al laboratorio, en una situación íntima con Broly.

—¡De qué demonios estás hablando! —bramó el soldado dando un par de pasos a la saiyana, ella elevó la vista viendo la reacción furiosa del hombre.

—¡Eso! ¡Lady Bulma se besaba con Broly como solo dos amantes lo harían, y luego él se la llevó cargada en sus brazos hacia su casa! —mintió con ponzoña, tergiversando los hechos. Zorn, miró a la saiyana y en ese momento quiso asesinarla. Se acercó a ella y la sujetó por los hombros apretándola con fuerza.

—¡No digas estupideces Cilantria! ¡SABES LO QUE TE HARÉ POR CALUMNIAR DE ESTA FORMA A LADY BULMA! —rugió empujándola contra la pared. La muchacha se golpeó la cabeza en el acto, pero a él era lo que menos le importaba.

—¡Ayyy! ¡Qué te pasa suéltame! No estoy mintiendo y si quieres comprobarlo ve a casa de Broly, verás que ahí encontrarás a esa traidora —gimió intentando zafarse del hombre. Él la soltó bruscamente haciéndola caer al piso. Zorn comenzó a caminar apresurado y giró su rostro para verla.

—¿Hace cuánto se fueron? —le gritó.

—Hace como media hora —respondió temblorosa ante la reacción del comandante.

—Luego me encargo de ti —sentenció él. Y con eso corrió hasta la ventana más cercana donde emprendió vuelo en busca de la terrícola.

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Tocó apresurada la puerta, sentía incluso su garganta seca y el corazón le palpitaba a velocidad. Tenían que actuar pronto para que el rey lograse ver con sus propios ojos el engaño en el que ha vivido quien sabe desde cuando. Esa golfa azulada había logrado mentirle, engañarlo y traicionarlo triunfantemente a saber por cuanto tiempo. Quien lo diría, el poderoso soberano de Vegitasei reducido a un iluso cornudo por una estúpida prostituta sin escrúpulos.

—¿Por qué tocas de esa forma? —luego de cinco minutos, Nyu abrió ligeramente la puerta. Apenas asomó su cabeza por la rendija mientras mantenía su cuerpo escondido. Había pretendido no atender a su asistente, pero al escuchar su voz agitada y preocupada, supo que algo no andaba bien. Había tenido que pedirle a Turles que se escondiera en el baño, pues había pasado un par de horas en sus brazos, disfrutando del sexo y del deseo que ambos gemelos se tenían.

—Princesa. Es algo urgente sobre Bulma, necesito hablar, pero no aquí afuera, alguien puede escucharnos —dijo Cilantria apresurada mirando de un lado a otro del pasillo. Nyu entrecerró su mirada observando su expresión, esperaba que lo que tuviera que decirle sobre esa ramera fuera algo bueno.

—Ve a la sala en común y espérame allí. Debo arreglarme un poco —cerró la puerta al ver que su asistente asentía y se marchaba.

—¿Qué quiere esa idiota impertinente? —preguntó Turles saliendo del baño desnudo.

—No lo sé. Dijo que era algo sobre la terrícola, así que debo ir de inmediato. Quizás sea algo que me convenga saber —respondió quitándose la bata que llevaba puesta y desnuda iba a entrar al baño, pero Turles la agarró con fuerza por el brazo y de forma violenta la tiró sobre la cama —¡Turles, qué demonios te sucede!

—Me haces venir hasta acá para cogerte solo dos veces. ¡Pues no! —y se acercó a ella —No me interesa la vida o lo que le pase a terrícola, eso es asunto suyo, y a ti tampoco debiera importante.

—Déjame ir, después podemos vernos.

—¡Cállate! No estoy aquí para hablar —expresó volteando a la gemela, se le tiró encima y de una sola estocada hundió su miembro erecto en el trasero de ella. Los gritos de Nyu ante las rudas estocadas fueron silenciados por la mano de Turles quien tapaba la boca de la mujer mientras que con la otra le acariciaba un seno –A las buenas o a las malas vas a aprender que tu prioridad soy yo —gruñó acelerando el ritmo. No pretendía terminar todavía. Cilantria tendría que esperar.

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—¡Suéltame! —gritó Bulma empujando a Broly por el pecho y alejándose unos pasos de él. El hombre observó el rostro de la muchacha fijando sus orbes obscuros en los labios de la hembra húmedos por sus besos. Se le hizo agua la saliva, su boca era un manjar que quería comer a diario y ya no podía simplemente limitarse a solo imaginar qué sería poseer esa hembra tan hermosa.

—Dame la oportunidad Bulma, dame la oportunidad de demostrarte de lo que soy capaz de hacer por ti —su voz sonaba cautivada mientras miraba de arriba abajo a la científica. La quería.

—¡No entiendes Broly! Me pones en una situación demasiado difícil, si Vegeta se entera de que estoy aquí ¡Tendremos muchos problemas! —chilló llevando sus manos a su cabeza al pensar en el desastre que se estaba convirtiendo todo. El rey no la iba a perdonar esta vez, se lo había advertido. Habían hecho un trato y ni eso había podido cumplirle al hombre que amaba.

—¡Deja de pensar un momento en él Bulma! —respondió el élite dando un par de pasos hacia ella hasta quedar a medio metro —Por un instante debes pensar solo en ti, en lo que te haría feliz —agregó aproximándose a ella, cerrando la distancia que los separaba y la tomó por la cintura estrechando la contra su cuerpo, ella colocó sus manos en los antebrazos de él, empujando un poco su cuerpo hacia atrás para evitar que volviese a besarla. Vio sus ojos negros, su rostro trasmitía seguridad, pero no quiso caer en su juego. Ella no era para él ni nunca lo sería por mucha verdad que tuvieran sus palabras —Daría mi vida por ti, solo…

—Por favor cállate —lo interrumpió la ojiturquesa desviando su rostro hacia un costado. No quería seguir escuchándole. Aunque sus intenciones fueran buenas, nunca podría dejar a Vegeta, lo amaba, estaba enamorada de él y además estaban ellos. Sus hijos. Por lo que no podía pensar solo en ella y dejarlo todo atrás —Es absurdo lo que estás diciendo. Ahora si puedes regrésame al palacio antes de que se den cuenta que no estoy.

—No puedo —respondió él soltándola. Se giró y caminó hasta una mesa al fondo de la estancia, abrió el cajón de ésta y sacó un pequeño control guardándolo en la armadura de su traje —Cuando estés lejos de Vegitasei verás las cosas de la misma manera que yo —pronunció von convicción. Hacía días lo había pensado. Se la llevaría de ese planeta donde nunca podrían estar juntos. Una vez fuera de éste podrían iniciar una vida como pareja, sin problemas a sus espaldas que opacaran su felicidad.

—¿Lejos de Vegitasei? ¿Te volviste loco? —preguntó aproximándose a la puerta, la abrió rápidamente y salió de la casa andando a paso apresurado.

—No Bulma —dijo él siguiéndola, cuando la alcanzó, la tomó del hombro haciendo que se detuviera y la giró —Solo sé que te amo y que puedo darte más de lo que aquí has tenido —confesó y la humana abrió sus párpados con asombro. Sintió un poco de culpa en el momento. Todo había pasado porque ella no había sabido poner límites. Quizá en algún momento le dio falsas esperanzas con su amabilidad —Por eso te sacaré de éste planeta. Tengo una nave lista cerca de aquí para que nos larguemos de una vez por todas —pronunció tomándola de la mano. Comenzó a caminar con ella, pero la peliazul se opuso deteniéndose.

—¡Es una locura! ¡Suéltame! —chilló horrorizada con la idea de que él la llevase a la fuerza y la alejara de su padre, de sus hijos, de su amado Vegeta.

—Ya no pienses en nada y déjame hacerte una mujer libre —manifestó girándose para cargarla, iba a hacerlo, cuando una ráfaga de viento lo hizo distraerse de su objetivo. Broly, vio cómo Zorn descendió frente a ellos a unos cuantos metros.

—¡TE DIJE QUE NO VOLVIERAS A TOCARLA, HIJO DE PUTA! —y se le fue encima al élite.

Zorn lo tomó del cuello y le lanzó un puñetazo que el guerrero esquivó con audacia. Ambos eran del mismo tamaño y de la misma complexión muscular. Comenzaron a lanzarse golpes, mientras Bulma miraba todo con horror ¿Cómo es que Zorn estaba ahí? ¿Acaso Vegeta ya lo sabía? No pudo procesar del todo lo que estaba ocurriendo. Quiso huir, correr lejos, pero sus ojos se llenaron de lágrimas por la desesperación de pensar que había arruinado todo lo que le había costado reparar con su pareja. Seguramente ya todos sabían que estaba ahí con Broly. Sintió que todo su cuerpo temblaba. Sus músculos no respondieron al ver cómo esos dos estaban enfrascados en su lucha.

—¡Cómo pudiste ponerle una mano encima a la humana, maldito bastardo! —dijo Zorn fuera de sí. Parte de lo que había dicho Cilantria no había sido mentira, el maldito sí se había atrevido a llevarse a la terrícola.

—Esa mujer ni siquiera te concierne, solo estás así porque tu también quie…

—¡CÁLLATE! —gritó el comandante interrumpiéndolo mientras le asestaba más golpes.

—¡Me la voy a llevar así que quítate de mi camino, Zorn! —aseveró. Puños y patadas se daban lo guerreros con tal rabia que parecía que habían reprimido aquello por mucho tiempo.

—¡Vas a tener que matarme para poder llevártela!

—¡Ya basta dejen de pelear! —gritó Bulma acercándose a ellos, pero en el forcejeo, fue empujada sin querer y ella cayó al piso golpeándose el brazo izquierdo con la punta de una piedra filosa semienterrada entre la hierva.

—¡Ahhhh! —gimió con dolor la muchacha sintiendo un punzante dolor al caer.

—¡Bulma! —gritaron los hombres al unísono separándose y se acercaron a ella.

—¡No te acerques imbécil! —bramó Zorn agachándose para verificar a la científica. Broly se quedó de pie observando que el comandante ayudó a la terrícola a ponerse de pie y entonces vio la gravedad del asunto. Ella tenía una cortada de al menos cinco pulgadas de largo en el brazo que chorreaba sangre abundante.

—Me duele mucho —manifestó Bulma cerrando sus ojos al ver la cortada y las lágrimas de dolor salieron de sus ojos.

—Bulma —pronunció Broly tratando de acercarse —Lo siento, yo no quise…

De pronto aparecieron varios soldados a los cuales Zorn ya había llamado por medio del rastreador mientras iba de camino a rescatar a la humana.

—¿Qué rayos pasó aquí? —preguntó Kakaroto al ver la escena. Tanto Broly como Zorn tenían sangre en sus bocas y su ropa, lo que le decía que se habían peleado. Pero al ver a la concubina de su majestad herida supo que estaba perdiéndose de algo.

Broly, dio dos pasos atrás al ver quienes acompañaban a la mano derecha del rey, varios élite, entre ellos Raditz, Pumpkin y su propio tío Brocco, y unos guardias reales de bastante experiencia, Mustard y Letucce, intuyendo que sino se iba de ahí, iba a terminar asesinado por Vegeta.

—Estoy harto de que causes problemas por una mujer que no te pertenece —dijo Brocco a su sobrino —Si Paragus estuviese vivo de seguro te hubiese dado unos buenos azotes. Yo mismo le diré el rey que me deje matarte.

El guerrero legendario apretó sus puños por la rabia y por la impotencia. Ni Brocco ni su difunto padre tenían moral alguna para echarle nada en cara. Pero después ajustaría cuentas con todos ellos, en ese momento todos sus sentidos le indicaban que huyera.

—Lo siento Bulma… será después —pronunció y sin esperar respuesta, corrió apresurado y alzó vuelo alejándose del sitio. Brocco, Pumkin, Letucce, y Mustard despegaron yendo tras él. Tenían que apresarlo de una vez por todas.

—Encárgate de ella —ordenó Kakaroto alzando vuelo junto a Raditz para ir también en busca del élite. El comandante, miró a los hombres alejarse y se giró con rapidez hacia la hembra herida.

—¿Lady Bulma está bien? —preguntó Zorn rasgando una tira de su capa para hacer un torniquete en el brazo de la femenina. Ella negó sollozando al sentir las manos del hombre amarrar la tela sobre su herida.

—Zorn, te juro que yo no tenía idea de las intenciones de Broly —respondió con angustia y preocupación en sus palabras. Todo se le había salido de las manos —Me raptó en el castillo y me trajo a la fuerza.

—No es su culpa lady Bulma —expresó el soldado llevando su mano al rostro de la joven y limpió con su pulgar sus lágrimas.

—¡Sí lo es! ¡No supe ponerle límites a Broly! —chilló la ojiturquesa sintiendo punzadas en su herida, arrugó sus cejas en un gesto de dolor —Tengo miedo de que Vegeta no me crea. ¡Por favor Zorn tienes que ayudarme! ¡Él no me creerá y se enojará conmigo!

—No se preocupe, hablaré con su majestad y le explicaré. Usted no tiene la culpa mi señora, deje de pensar en Broly y vamos al palacio, deben suturar esa herida ahora —comentó alzando en sus brazos a la muchacha. Bulma se dejó asir, sentía mucho dolor y angustia por lo que podía pasarle. Vegeta no la perdonaría.

—No se lo digas —pronunció la científica —Quiero decidirle lo que pasó yo misma —agregó acomodándose en los brazos del hombre cuando éste alzo vuelo.

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En la sala común del ala de la princesa Nyu…

—¿Y dices que tu misma los viste? —preguntó por tercera vez mientras caminaba a prisa por los pasillos. Cilantria seguía de cerca a la princesa que había tardado al menos cuarenta y cinco minutos antes de salir de su habitación para hablar con su escolta.

—Sí alteza ¡Esa zorra está engañando a su majestad! —afirmó con seguridad la saiyana. Nyu se arrepintió de no haber escuchado prontamente a la joven cuando ésta toco su puerta, pero Turles no le había permitido salir antes de la recámara. Se había lanzado sobre ella cuando regresó dentro de la habitación para vestirse adecuadamente, pues apenas tenía una bata encima. Él no había escuchado razones y no le permitió abandonarlo después de follársela por tercera vez esa tarde, luego se había duchado y alistado antes de escuchar lo que Cilantria tenía para decirle. Ahora estaba yendo hacia el despacho de su marido para hacerle saber lo que esa humana estaba haciendo a sus espaldas. La información que su sirvienta acababa de darle era todo lo que necesitaba para hundir de una vez y para siempre a la odalisca terrícola.

Cuando llegó al despacho, vio en el pasillo a Pumkin y a Brocco escoltando el sitio y dentro, escuchó la voz alterada de Vegeta. Algo estaba pasando e iba a enterarse.

—¡DÓNDE DEMONIOS ESTABAS TÚ! —le gritó a Raditz luego de haberle propinado un terrible puñetazo que le hizo sangrar los labios. Pero el aludido ni siquiera se molestó en quejarse, sabía que lo merecía —¡Es la segunda vez que esto sucede por tu incompetencia!

—Lo siento majestad. Estaba en el baño cuando la señora decidió ir sola al laboratorio.

—¡No vuelvas a descuidar a Bulma ni aunque te orines en los pantalones! Con tu estupidez me cuesta creer que eres el primogénito de Bardock —dijo con rabia —¡Fuera de mi presencia!

Nyu se aproximó a la entrada para acceder al recinto cuando vio salir a Raditz muy molesto, y unos minutos después salió el saiyajin real hecho una furia, seguido de Zorn. No esperó a darse cuenta de lo que pasaba, así que lo siguió para hacerle saber lo que su concubina había hecho.

—Majestad, tengo algo que informarle —dijo tras él que avanzaba rápido por el pasillo con sus hombres siguiéndole el paso. Cilantria también iba con ellos.

—Ahora no —respondió cortante dirigiéndose al ala donde residía su mujer. Zorn recién le había dado todos los pormenores de lo que había sucedido con Bulma, pese a que ella le había dicho que no lo hiciera y que se lo diría ella misma, él conocía a Vegeta desde niño, y prefería allanarle el terreno a la humana antes de que él malentendiera todo.

—Es sobre su concubina, ella…

—¡Ya sé lo que pasó con ella! —bramó fuera de sí sin detenerse. Nyu sonrió al escucharlo, por como se veía, sospechó que ahora sí sería el fin de la humana. Él estaba tan enojado que estaba segura que esta vez no perdonaría a esa arpía por haberlo engañado de esa forma. No iba a perderse el espectáculo, se reiría en el rostro de esa puta cuando Vegeta la sentenciar a muerte. Con lo orgulloso que era no iba a dejarle pasar tan vergonzosa falta.

Cuando llegaron a la habitación de la terrícola, la princesa pudo ver a Vegeta apresurarse a la cama donde la mujer se encontraba acostada junto a su hijo menor que dormía, mientras el mayor, Trunks, estaba sentado en uno de los sofás cerca de ellos. Cuando el niño vio a su padre entrar, se puso de pie y lo saludó de forma protocolar.

—Papá, mamá está mejor, nosotros la hemos cuidado —dijo con ánimo el pequeño príncipe de casi 3 años, quien movía su cola de color lila tras de sí, de un lado al otro.

El monarca le respondió asintiéndole al menor. Cuando volteó a ver a su mujer, su semblante mutó a una expresión de preocupación.

—Bulma, ¿Estás bien? —cuestionó sentándose a su lado sobre el colchón. La inspeccionó con la mirada y vio su brazo vendado el cual ya habían suturado la herida en la enfermería.

—Sí, estoy mejor —respondió ella sonriendo débilmente. La doctora Garlia le había dado unos calmantes que le ayudarían a relajarse, y unos analgésicos para disminuir el dolor. Nyu que entró también a la recámara, giró su cabeza hacia Cilantria observándola iracunda ante lo que pasaba ¿Qué clase de broma era esa?

—¡Zorn! Encárgate de lo que te ordené —puntualizó el rey mirando al soldado que encontraba en la puerta junto a Kakaroto y Brocco. Los saiyajin abandonaron la estancia, le darían caza a Broly que había logrado escaparse en una nave. El monarca volvió su atención a su mujer, su rostro se veía cansado y aun así, ella se preocupa a por sus cachorros. Vegeta Jr. se encontraba dormido a su lado, el niño abrazaba a su madre de forma protectora, con su cola color marrón oscuro enroscada en el brazo sano. Era una vista que no se perdería por nada y sonrió a su crío automáticamente.

—¿Qué le harán? —preguntó ella y Vegeta desvío sus ojos negros hacia ella arrugando el entrecejo.

—Eso es lo menos importante. Ahora debes descansar para que te recuperes pronto —respondió bufando con molestia. El bastardo había logrado llevarse a su concubina en un descuido, y planeaba sacarla del planeta. Iba a asesinarlo sin piedad. Si aquello hubiese sucedido para los tiempos en que su padre aún vivía, y él todavía fuese príncipe, él mismo le hubiera dado caza al malnacido. Pero como rey había aprendido esos últimos años que debía controlarse por el bien del reino.

—¡Cómo es posible majestad! —gritó Nyu desde la entrada caminando a través de la estancia hasta llegar cerca de la cama. Los presentes voltearon a verla. Trunks observó con desagrado a la saiyana. A sus escasos años se daba cuenta de muchas cosas y entendía más de lo que creían —Está preocupado por esa golfa mentirosa —manifestó señalando con su dedo índice a la científica que la miraba con estupor —¡Cuando ella lo ha engañado con ese soldado! —gritó alzando con rabia su voz que resonó por toda la habitación. Vegeta Jr. que aún se encontraba dormido se despertó exaltado en ese momento y amagó con llorar, por lo que Bulma debió levantarse y acunarlo.

—Nyu, estás perturbando a mis hijos. Así que te pido que te vayas de aquí—agregó elevando su mirada para observar a la mujer que la veía con odio.

—¡No me iré! ¡Su majestad debe de darse cuenta de quién eres! —afirmó decidida la consorte. Tenía que abrirle los ojos al rey a toda costa ya que parecía estar hechizado por esa maldita arpía. El soberano se puso de pie, no iba a permitir ningún escándalo en es lugar.

—Vete, Nyu —ordenó el soberano —Sabes que no debes estar aquí.

—¡Ella lo está engañando! Esa terrícola es una maldita puta que se ha acostado con Broly quien sabe por cuánto tiempo y… —Vegeta acortó la distancia de tres pasos entre ellos y lo siguiente que todos vieron, fue cómo la princesa fue callada por una bofetada en la mejilla izquierda que le volteó el rostro.

—¡CÁLLATE INSOLENTE! —gritó molesto, para luego posar su mirada en la escolta de su consorte que estaba en la puerta —¡SÁCALA DE AQUÍ! ¡ELLA SABE QUE TIENE PROHIBIDA LA ENTRADA A ÉSTA ALA! —vociferó en un rugido a lo que Cilantria asintió agachado la mirada. La saiyana iba a acercarse a la princesa cuando ésta se dio la vuelta y caminó fuera de la recámara sosteniendo con una mano su mejilla adolorida.

Bulma observó todo aprensiva, jamás había visto al rey tan enojado con la consorte como en ese momento. Cuando él se giró, se encontró con sus ojos turquesa y en ese momento, Vegeta Jr. comenzó a llorar.

—¿Qué sucede mi amor? No llores —pronunció la científica con voz suave acariciando la cabecita del niño.

—Tengo sueño y no puedo dormir —dijo el niño mientras se frotaba los ojitos.

El rey llegó hasta el pequeño, colocó una mano en su hombro haciendo que éste se volteara con sus ojitos llorosos.

—Vamos, para ustedes ya es hora de dormir, y su madre necesita descansar.

Vegeta cargó a su crío menor sobre su hombro, mientras que con su otra mano tomó la de Trunks. Los tres salieron de la recámara y caminaron por el pasillo hacia la habitación de Vegeta Jr. que quedaba contigua a la sala principal del ala de Bulma. Allí se encontró con Fasha, la guardaespalda de sus hijos y la nana de ambos, Lan Fan, ambas saludaron protocolarmente apenas lo vieron. El rey abrió la puerta del cuarto de su hijo menor, se dirigió a la cama y con cuidado depositó allí al niño que ya tenía el pijama puesta. El pequeño enseguida se acomodó mientras su padre lo arropaba y cayó rendido casi inmediatamente. Un dejo de nostalgia vino a su mente, pues recordó cuando su padre hacía lo mismo con Tarble y con él. Luego, llevó a Trunks de la mano a la habitación donde dormía, justo la que estaba frente a su hermanito.

—Papá, debo ponerme el pijama —comentó su primogénito mientras se quitaba su ropa real y se ponía la de dormir. Vegeta lo ayudó a abotonarse correctamente la camisa cuando vio un par de botones mal puestos después que el pequeño culminó su cambio.

—Listo, ahora a la cama –pronunció mientras el niño se metía entre sus sábanas. La noche amenazaba con llover.

—Te quiero, papá.

—También yo, príncipe –respondió mientras apagaba la luz –Descansa.

Cerró la puerta y se retiró de vuelta al cuarto de su mujer mientras Fasha quedaba en guardia junto a Zorn, que ya estaba ahí después de dar instrucciones a los demás para cazar a Broly, pues Raditz había sido relegado del puesto por unos días. Después de esos instantes, el soberano regresó a la habitación de la peliazul que ya estaba dormida. Esa noche se quedaría con ella para cuidarla. Se quitó sus guantes tirándolos al piso, seguido de eso sus botas, su capa y su uniforme, y solo en interiores se metió dentro de las sábanas de la cama de Bulma, que era grande y espaciosa. Ella dormía ladeada sobre su brazo sano. Vegeta se colocó pegado a la espalda de ella y paso su brazo por su cintura, colocándolo debajo del brazo afectado.

—Vegeta, por favor no seas tan duro con Raditz. Fue mi culpa. Yo quise ir sola al laboratorio. De hecho me escapé —dijo en voz baja —Por favor perdóname.

—De eso hablaremos después. Ahora necesitas descansar —no quería pensar en lo que hubiera hecho si Broly hubiese logrado su objetivo. Suspiró su aroma y ambos se relajaron hasta quedar profundamente dormidos. Afuera, la lluvia arreciaba.

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A la mañana siguiente Bulma se despertó un poco aturdida. Los analgésicos habían hecho su trabajo ya que la herida en su brazo no había dolido en toda la noche por lo que pudo descansar sin sentir malestar. La medicina saiyana había sido tan efectiva que ya no tenía la hinchazón. Suspiró profundo llenando de aire sus pulmones y se removió sobre el colchón sintiendo el frío de la mañana en la habitación. Abrió sus parpados al tiempo en que bostezó y se encontró con el rostro de Vegeta frente al suyo. Él estaba a su lado y aún seguía dormido. Se veía apacible, tenía el ceño relajado mientras respiraba acompasado. Al bajar sus ojos turquesa, notó que su cuerpo estaba semidesnudo, apenas su bóxer cubría su entrepierna y de su pecho, colgaba el collar en el que llevaba la insignia real. La peliazul sonrió ante la vista. Tener al soberano en su cama era de los mayores placeres con lo que contaba en ese planeta.

Movió su mirada a la boca del rey pasando la lengua por su propio labio inferior. El alienígena era extremadamente atractivo. Sus facciones viriles y su cuerpo masculino marcado hacían del soberano el hombre más guapo que ella había visto en su vida. La científica alzó su mano dejándola descansar en la mejilla izquierda de él y suavemente, delineó con su dedo índice la mandíbula del soberano hasta llegar a su labio inferior. Lentamente se acercó al joven sintiendo cómo se le hacía agua la boca, tenerlo así de cerca, oliendo su aroma varonil y percibiendo su cuerpo caliente pegado al suyo era una tentación que no podía resistir.

Estaba por besarlo cuando él abrió los ojos encontrándose con los turquesa de la humana y ella, sonrió antes de posar sus labios sobre los suyos deseosa. Él le correspondió tomándola de la cintura y ayudándola a subir sobre su cuerpo sin desunir sus bocas que se movían succionando el sabor del otro.

—Te necesito —gimió mimosa, interrumpiendo el beso y se irguió quedando sentada ahorcadas sobre la cadera de él. Lo miró a los ojos y sonrió maliciosa posando sus manos en cada pectoral del pecho del monarca. Quería seguir poniendo en prácticas todas las tácticas que aprendió de Hinojo y que aún no le había mostrado.

—Ésto significa que estás bien —dijo él con una sonrisa sintiendo aquellas sedosas palmas, bajar a través de su abdomen hasta llegar a su ropa interior donde la terrícola, deslizó su cadera quedando sentada sobre sus piernas y metió una de sus manos bajo su ropa interior, mientras que con la otra, bajó el bóxer liberando su erección.

—Gracias a que me ha cuidado majestad —respondió la ojiturquesa deslizando su mano por la longitud del miembro palpitante.

—¡Maldición! —gruñó Vegeta con voz gutural mirando la delicada mano de la muchacha cerrada alrededor de su miembro mientras la movía de arriba abajo. Ella río, coqueta emitiendo una risa cantarina al ver la reacción de él y volvió subirse sobre su cadera dejando sus piernas a cada lado de ésta. Pudo sentir el fogoso bulto hacer presión contra su centro cuando se meció sobre él provocando una fricción tormentosa para ambos. Se echó sobre su pecho besándolo nuevamente y ésta vez, él se acomodó entre los muslos gloriosos de su hembra subiendo el camisón que ella tenía puesto hasta su cintura, y rompiendo la braga de la femenina la penetró libremente con una firme estocada.

—¡Kami! —chilló ella sosteniéndose con sus brazos del respaldo de la cama sintiendo cómo él comenzó a embestirla rudamente.

—¿Cómo puedes saber tan bien? —escuchó que él le preguntó en un susurro y ella bajó la mirada para observar esos ojos obscuros que la veían con pasión. Sonrió ante su comentario sintiendo cómo la ropa le estorbaba. Se enderezó un poco y tomó por la orilla su bata de noche para sacarla por sus brazos quedando desnuda ante los ojos lujuriosos del saiyajin. Bulma notó cómo el rey fijó su atención en sus senos que se meneaban de arriba abajo en un movimiento hipnótico que él adoraba —Eres solo mía Bulma —bramó acalorado llevando sus manos hacia cada monte de la muchacha masajeándolo con fuerza contenida. Sentía aquel par de masas firmes entre sus dedos que solo lograban ponerlo más duro si era posible. Y pensó en que se volvería loco si la llegase a perder.

—Vegeta… —pronunció ella dejando caer su pecho sobre el tórax de él. La humana, tomó los brazos del hombre y dirigió sus grandes palmas hacia sus glúteos que él tomó con fuerza abriendo sus nalgas y permitiendo que su miembro se hundiera aún más en el interior húmedo y caliente de la muchacha —Más rápido mi rey —pidió entre los gemidos que salían de su boca sin poder controlarlos. Cuando él cumplió su petición ella dejó caer su cabeza ladeada sobre el hombro de él escuchando los gruñidos del soberano y su respiración agitada golpeado entre la curvatura de su cuello.

La científica cerró sus ojos dejando que el placer tocara cada fibra de su cuerpo. Podía sentirlo todo, los pujidos guturales de él saliendo de su garganta, sus grandes manos sosteniendo sus glúteos y su miembro entrando y saliendo de ella a gran velocidad. Tuvo que morder su labio inferior para no gritar y desgarrarse la tráquea cuando el orgasmo golpeó intensamente su ser. Se sostuvo de los brazos del hombre enterrando sus uñas en ellos y buscó la boca de él al sentir como era llenada con su semilla caliente. Se besaron con necesidad en la misma posición manteniendo sus cuerpos unidos por unos minutos más.

La peliazul se levantó sacando el miembro de su interior, notando cómo escurrió gran cantidad de semen por entre sus piernas. No le importó. Solo quería echarse en la cama y volver a dormir. Se acomodó dándole la espalda al saiyajin e inmediatamente él se posicionó tras ella enredando uno de sus brazos en la cintura de la humana para pegarla a su cuerpo. Era casi una costumbre que habían adoptado pues la mayoría de las veces tomaban esa posición después del sexo.

Se quedaron en silencio unos minutos. Bulma no pudo evitar pensar en lo que le había sucedido el día anterior y los reproches de Broly vinieron a su mente. Él tenía razón, a pesar de que sus palabras dolían solo eran la cruda verdad que nadie más se había atrevido a decírsela. Se sentía prisionera del rey. Una esclava con privilegios que no podía salir ni ver la luz del sol sin llevar un séquito tras ella que vigilaba cada uno de sus movimientos.

—Necesitamos hablar —pronunció sin rodeos. Si confiaba en su rey y tenían una comunicación abierta debía hacerle saber como se sentía en realidad. Él abrió los ojos al escucharla y se levantó sosteniendo su cuerpo sobre su codo para verla al rostro cuando ella se giró en sus brazos quedando frente a él.

—Te escucho —respondió y ella desvío su mirada hacia un punto en el techo.

—Soy feliz a tu lado. Tengo todo lo que una mujer podría desear, pero hay algo que me hace falta y que tú me has negado —expresó desviando su vista nuevamente a él. Vegeta escudriñó sus orbes zafiro por un momento. La humana era como un libro abierto y podía leerla todo el tiempo. Pero esta vez lo único que descifró en sus ojos fue la inconformidad.

—¿A qué te refieres? —preguntó el monarca sin dejar de observarla.

—Lo que sucedió ayer, el aprovechar que Raditz estaba en el baño para escaparme sola al laboratorio, y otras situaciones anteriores han sido el producto de mi desesperación por querer algo de privacidad. Me siento presa en este lugar —manifestó suspirando a la vez que movió su rostro hacia un lado evitando verlo. No podría decirle todo lo que pensaba pues su intensa mirada aún a esas alturas calaba dentro de su ser —No puedo salir sin pedir tu permiso, y si lo hago tengo que ir escoltada por un séquito de guardaespaldas. Quiero ser una persona normal —añadió volviendo su mirada hacia él que la escuchaba con atención. Vegeta podía notar el descontento de su concubina en su tono de voz —Que pueda salir e ir donde me plazca sin tener a diez de tus hombres tras de mi —dijo finalizando. El rey se quedó en silencio un par de segundos y enseguida, arrugó en ceño con seriedad.

—¿Cómo demonios me pides eso cuando ese desquiciado casi te rapta ayer?.

—Su problema era puntual. Se hizo falsas esperanzas conmigo, sin yo haberle dado pie.

—Eres el objeto de deseo de la mitad de los machos de este planeta. La otra mitad probablemente te odie. Y aún así me pides que quieres salir sola del castillo.

—No es que quiera salir todos los días. Simplemente quiero poder tomar la decisión de ir a algún lugar con mis amigas, o hacer alguna actividad fuera del castillo sin tanto protocolo. Por lo menos podría sentirme como en la Tierra —habló firmemente la muchacha.

—¿Fue él no es cierto? Ese infeliz te metió esas ideas en la cabeza —elevó un poco la voz el soberano. La muchacha intentó mantenerse tranquila, pero ver sus ojos molestos sobre ella, escuchar su tono alzado y ver sus músculos tensarse no fue nada alentador. No quería que él se enojara o que pensara que era una mal agradecida, pero quería libertad y no retrocedería ahora que se lo había hecho saber.

—Dejemos a Broly fuera de ésto —respondió llevando sus manos hacia el pecho de él —Sólo es la verdad, aunque ese sea el menor de los problemas.

—¿A qué te refieres con eso?

—Hay cosas que me hieren, como ciertas promesas incumplidas —ésta vez desvío la mirada posándola en sus propias manos que acariciaba el pecho del saiyajin —Una vez me prometiste que te casarías conmigo. Ya han pasado cuatro años, incluso me he aguantado a Nyu, pero aún sigo siendo sólo tu concubina —dijo haciendo un puchero.

—¿Es eso lo que en realidad te molesta? —cuestionó él sosteniendo con su mano la mandíbula de la humana para que lo viese a los ojos. Ella asintió. Por supuesto que no se tragaba el cuento de que Broly no le metió ideas a la cabeza. Pero si estaba en sus manos solucionar lo que a su mujer le molestaba, lo haría. No quería que se sintiera presa en su planeta. Ella podía ir y venir cuando quisiese, pero era su deber protegerla y por ende, no debía salir sola. Ya demasiados descuidos habían tenido como para arriesgarla otra vez.

—No eres mi prisionera Bulma, sólo trato de protegerte de los peligros de allá afuera —expresó observando esos ojos zafiros que tan cautivo lo tenían —Como rey tengo enemigos, y no dudarían en hacerte daño para vengarse. Solo quiero lo mejor para ti y que estés bien. Así que lo siento, si quieres salir a algún lugar de Vegitasei no te detendré, pero sola no irás; Raditz y quizás Kakaroto o Zorn te acompañarán, y es mi última palabra —puntualizó dando por finalizado ese tema.

—Lo entiendo. No importa que vaya escoltada, quiero conocer el planeta —chilló emocionada de imaginarse visitar los hermosos lugares con los que contaba el astro. El soberano sonrió al verla tan alegre —¿Y qué hay sobre el matrimonio?.

—En cuanto a hacerte mi esposa —dijo él sin borrar la sonrisa ladina de sus labios —Te prometo que antes de que finalice el año lo concretaremos —aseguró haciendo que la terrícola, saltara sobre él abrazándolo y llenando su rostro de besos.

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Pasó una semana desde entonces, habían corroborado que efectivamente Broly salió del planeta en una nave cuya ruta no pudieron localizar. El escuadrón de Contra Inteligencia Saiyana a cargo de Nappa mantenía registro de todo lo que salía y entraba al astro, por lo que intentaron rastrear las coordenadas para descubrir en cuál puerto interestelar había aterrizado, o si aún seguía en órbita, pero parecía que simplemente el galeón había desaparecido en cuanto salió de la atmósfera de Vegitasei.

—Rey Vegeta —Zorn entró al estudio personal del rey para darle el último informe del Consejo Saiyano. Él se encontraba con Bardock, Kakaroto y Brocco —El príncipe Tarble con la ayuda de los senadores puristas logró que se aprobara el edicto que propuso para que Broly no fuera condenado a muerte. Así que como castigo solo le dieron tres años de exilio en el planeta Vampa.

—¡Qué demonios dices! —Vegeta dio un manotazo a la silla y se levantó de un respingo —¿Cuáles fueron los argumentos?—Zorn estaba un poco avergonzado con lo que iba a decir, pero no le iba a ocultar nada al rey.

—Adujeron que a pesar de que lady Bulma es la madre de dos príncipes, ella no es su saiyana, ni tampoco es su esposa oficial, sino una concubina extranjera, por lo tanto, el Consejo de ancianos me envió a recordarle a su majestad que para ellos la vida de un héroe de batallas como Broly es lo más valioso en éste caso. Añadieron que perder a un guerrero de su nivel aduciendo el "supuesto" intento de rapto de la concubina real, sería cometer un acto sin precedentes y desfavorable a los intereses del planeta.

—Malditos hijos de puta —el rey apretó los puños con tanta rabia para evitar cometer una locura —No solo se van en mi contra, sino que prefieren a Broly por encima de la madre de mis hijos, y además de eso ponen en duda que ese infeliz iba a raptar a mi mujer.

—Estoy casi seguro de que el príncipe Tarble usó prebendas y chantajes con varios de ellos —afirmó Zorn mientras pensaba en otras alternativas.

—Vegeta —llamó Kakaroto —No puedo creer que Tarble te odie tanto como para preferir hacerte la vida imposible poniendo incluso a Broly sobre su propia sangre.

—Es algo que viene de arrastre —respondió Vegeta que retrotrajo el tiempo en su mente a una discusión que había tenido con su hermano años atrás, sobre un suceso de su infancia. El príncipe mayor entonces tendría trece años y Tarble nueve. Era un invierno helado y el pequeño a escondidas había seguido a su hermano mayor a una zona donde antes existía un gran lago. El hielo se rompió y Tarble cayó al agua helada, su pie se había trabado con algo en el fondo y no podía salir. En ese entonces el ahora soberano pensó que lo mejor era dejarlo solo para que aprendiera a no desobedecer y a arreglar sus problemas dejando atrás fobias y miedos. Entonces se retiró y lo dejó solo. En la noche vio a Broly llegar con el pequeño príncipe en brazos. Estaba casi congelado. Si no fuese por Broly, Tarble no hubiera sobrevivido. Vegeta nunca pensó que su hermano no iba a poder salir de ese aprieto, algo que para él hubiese sido tan simple. Desde entonces las cosas empeoraron entre ellos, y su hermano terminó alejándose cada vez más de él y aferrándose a élite. Parecía el destino, pero cada cosa que Vegeta apreciaba o tenía, también era codiciada por Broly.

—Majestad, ¿Sucede algo? —preguntó Zorn.

—Bardock, de forma confidencial, sin que se enteren los vejetes del consejo, quiero que tu tropa busque en cada posible planeta al que Broly haya podido ir. Alguien tiene que dar información a cambio de una buena recompensa —dijo Vegeta mientras observaba a Pumpkin que le daba el reporte sobre los nulos hallazgos sobre el paradero del élite —Y cuando lo encuentren, mátenlo. No quiero rastros de él —aseveró dando por terminada la reunión privada.

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Pasaron los días, las semanas y los meses. Algunos les habían dado pistas que no habían servido de nada. Al final, el consejo ya había hecho público en toda la galaxia la resolución del príncipe Tarble, que por derecho tenía y podía interpelar en su ausencia, darle tres años de exilio al planeta Vampa al saiyajin ex escolta del hermano del rey. Decidiéndolo así puesto que un miembro consanguíneo de la familia real tenía mayor voz dentro del consejo, que los problemas generados en base a una concubina. La notificación del arreglo legal del prófugo de Vegitasei había sido divulgada en muchos sitios públicos unos días después, llegando a oídos de la mujer que ahora acompañaba a Broly.

—¡No creerás lo que sucedió! —dijo la hembra al entrar de sopetón al pequeño cuartucho del hostal donde se estaban quedado recientemente. El saiyajin que estaba acostado en la cama, la miró con desdén pensando en todo lo que se había metido por la humana. Sino hubiese sido por Zorn, a quien tendría allí a su lado sería a Bulma, y no a Chirai, que se coló en su nave sin que él se diera cuenta. La había descubierto dentro de ésta hasta que salió de la atmósfera de Vegitasei.

—No estoy para tonterías —respondió serio. Después de haber sido parte de la comitiva del príncipe de su planeta y el héroe para muchos después de su hazaña, había quedado reducido a un fugitivo, perseguido por las autoridades saiyajin para darle muerte. Le habían puesto precio a su cabeza y no se arrepentiría de ello, si ahora ella estuviese con él. Pero en cambio tenía a la Brenchega peliblanca que no le despertaba nada nuevo.

—El consejo decidió sobre tu estatus legal. Te han exiliado tres años a Vampa —expresó ella sentándose al lado del hombre en la cama. Lo observó calmado, él simplemente desvío la mirada.

Aquel día en que fue a buscarlo a su casa fuera de la ciudad en Vegitasei, se había encontrado con que el hombre del que estaba enamorada discutía con la terrícola, escuchando lo suficiente como para saber que él huiría con ella. Su corazón se había roto, pero por suerte otro guerrero había aparecido para interceptar el escape. Ella aprovechó ese momento de pelea entre Broly y el soldado Zorn para ir y buscar la nave de Broly. Ella sabía dónde se encontraba, así que se coló en ella. Ahora ambos eran prófugos de la justicia.

—Chirai, irme a Vampa en estos momentos es lo mismo que firmar mi sentencia de muerte.

— Pero solo te han exiliado tres años.

—Conozco a Vegeta, y no va a parar hasta matarme —dijo con frialdad —Estoy seguro de que a espaldas del consejo mandará a sus esbirros tras de mí. Prefiero permanecer escondido en un lugar donde ni siquiera el príncipe Tarble sepa donde estoy. Le avisaré cuando se acerque el tiempo de culminar mi sentencia de tres años.

Buscando la manera de sobrevivir juntos frente a la adversidad, Chirai y Broly fueron buscando la forma de irse escabullendo cada día, cada semana, cada mes y cada estación. Fueron amantes, cómplices, y aliados. Incluso el último año, Chirai había parido una niña a la que puso por nombre Tangerine. Y sin darse cuenta fueron pasando los veranos, los inviernos y las primaveras.

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CUATRO AÑOS DESPUES.

El rey caminaba a paso firme por el pasillo que parecía interminable en momentos como esos. Su capa se movía por el viento cuando prefirió alzar el vuelo a través del corredor y llegar al ala médica, junto con Zorn y Brocco.

—¿Cómo está? —preguntó entrando a la sala pediátrica dónde tenían acostado a su hijo en una camilla de sábanas blancas. Lo habían llevado esa tarde cuando todo se les había salido de las manos. Por suerte Bulma no había estado presente. De lo contrario ahora estaría gravemente lastimada y esa era una idea que ni siquiera podía procesar.

Hacía tres años que Bulma había parido al tercer vástago del rey, los científicos expertos en el desarrollo de los críos saiyanos aún no encontraban una forma eficiente de controlar el poder con el que había sido dotado su pequeño Baserk. El niño, que ya estaba calmado y estable, fijó sus ojitos en el soberano que se acercó a la cama observándolo.

—Sino fuera porque el comandante Zorn que estaba cerca, la sala de entrenamientos hubiera sido destruida por completo y el príncipe habría podido resultar herido —respondió uno de los doctores que caminó tras el monarca hasta llegar a la camilla donde estaba el niño.

—¿Qué fue lo que lo alteró? —el rey viró su severa mirada hacia el hombre que agachó la vista buscando en el archivo que portaba en su mano la información exacta.

—Al parecer —indicó alzando sus ojos para posarlo en el monitor que escaneaba los signos vitales del menor —Fue una discusión con… —calló no queriendo incriminar al príncipe mayor. Estaba seguro de que el rey, no estaría contento de saber que su primogénito había alentado a su pequeño hermano a desatar su devastador poder.

—¡Habla! —exigió alzando la voz. Todo el reino sabía lo especial que era Baserk y que había nacido siendo un saiyajin con poder a los que denominaban legendarios, de los cuáles en el planeta, solo se conocía un caso. Broly.

—Se molestó con el príncipe Trunks. Los dos mayores estaban entrenando cuando el príncipe Baserk quiso unírseles y una cosa llevó a la otra —explicó el alienígena de piel obscura mientras revisaba la información que el monitor había estado recopilando los últimos minutos.

—¿¡Cómo es posible!? —bramó girándose para ver al alienígena —¡Mi hijo sabe las secuelas de incitar a Baserk a desatar su poder! —indicó tratando de calmar su molestia. Entendía que Trunks era sólo un niño, no podía medir las consecuencias de sus actos de la forma en que un adulto lo haría, pero para ello tenía constantemente vigilados por sus soldados a los menores. Hasta encontrar una manera de que Baserk pudiera dominar su inmenso poder —¿Dónde demonios estaban sus guardaespaldas y entrenadores? ¡Debieron estar con los príncipes!

—No tenemos más detalles majestad. Pero puedo asegurarle que el príncipe Baserk aprendería a contener y dominar su poder, si tan solo permitiera que…

—¡Cállate! Hemos hablado con anterioridad sobre el tema y no voy a permitir que ese bastardo, donde quiera que esté, se acerque a mis hijos —dijo tajante ante la situación.

—Como usted diga, majestad.

El rey, cansado de la ineptitud de algunos de sus subalternos, volvió su mirada al niño y se sentó a su lado.

—¿Cómo estás, Baserk? —preguntó con preocupación. Las cosas no podían seguir así. El chiquillo estaba creciendo, y día con día era mayor la posibilidad de que en algún momento se saliera de control por completo y destruyera media ciudad sin que nadie pudiese detenerlo.

—Papá… —balbuceó el menor arrugando sus cejas negras —¿Por qué estoy aquí? ¿Hice algo que te molestara otra vez? —cuestionó sin llegar a entender del todo por qué su padre estaba tan molesto con el médico.

—No ha pasado nada, príncipe. Debes descansar —comentó en el momento en que escuchó que las puertas del ala pediátrica se abrieron y a los lejos oyó la voz y los pasos de su mujer aproximarse, con sus sirvientas detrás.

—¡Baserk! ¡Cariño dime que estás bien! —chilló llegando con el pequeño. Miró a su hijo sonreírle y a Vegeta asentir con calma encontrando la serenidad que buscaba desde que le avisaron lo que había ocurrido en el salón de entrenamiento —Majestad —saludó reverenciando al ver a su amado —Me dijeron lo que sucedió con nuestro hijo.

—Tranquila Bulma, todo está bajo control —respondió él mirándola sereno, trasmitiéndole la paz que ella necesitaba. La peliazul suspiró sosegada llevando una mano a su pecho y se sentó al lado de la cabeza de su pequeño acariciándole con suavidad la frente.

—Mami estoy bien —murmuró el príncipe sonriendo mientras sus ojos comenzaban a cerrarse lentamente.

—Lady, majestad —habló otro de los médicos ajustando el medicamento suministrado en un suero intravenoso conectado al brazo del menor —El príncipe Baserk debe reposar. Estará dormido al menos hasta mañana, hasta que su ki muestre una curva plana, eso nos indicará que su energía está estabilizada —explicó mostrando las gráficas con variaciones irregulares en el monitor.

—¿Qué sucedería si Broly… —comenzó a hablar la científica poniendo sus ojos turquesa por un segundo en Vegeta para luego desviarlos al médico —… entrena a Baserk? ¿Es un método efectivo? —terminó de formular la pregunta y no fue capaz de volver su mirada al rey.

Un segundo le había bastado para saber que la sola mención del nombre del soldado hacía endurecer al monarca. Pero se trataba de su hijo; todos los doctores y especialistas que habían visto el poder destructivo de su hijo concordaban en que el pequeño debía recibir un entrenamiento exclusivo y particular para que él pudiese tener control sobre su poder, de lo contrario, si crecía con esa desorganización en sus habilidades, corría el riesgo de que su energía terminara dominándolo a él, convirtiéndolo en una bomba de tiempo que en cualquier momento podría estallar contra la ciudad saiyana. Pero el problema era el rey. Vegeta desaprobaba firmemente esa opción. Él jamás permitiría que ese miserable, que debía estar muerto, se acercara al planeta, y mucho menos a uno de sus hijos.

—Como se lo había dicho antes a su majestad —contestó el alíen mostrando preocupación en su rostro —Entre más pequeño el príncipe inicie un entrenamiento adecuado, mejores serán los resultados.

—Entiendo —susurró la muchacha más para sí misma viendo al hombre cerrar el archivo que traía en sus manos para inclinarse ante ellos y alejarse unos metros de la pareja para darles privacidad. Ella se giró para ver a Vegeta —Debemos…

—No.

—¿No? ¿¡Cómo puedes decir eso!? —chilló sintiéndose impotente ante la negativa —Ni siquiera tomas en cuenta la opinión de los expertos ¡Es tú hijo y por lo tanto debes hacer lo mejor para él! —reclamó apartando las manos de la cabecita del niño para ponerse de pie.

—Hallaremos otro método. Pero él no volverá al planeta y menos para entrenar a uno de mis hijos —respondió tajante. Nada ni nadie lo haría cambiar de opinión, porque no sólo se trataba del bienestar de su vástago, sino también de ella. No iba a permitir que esa escoria terminara lo que una vez intentó con su mujer. Y estaba en sus manos evitarlo.

—Es por el bien de Baserk, Vegeta. Deja tu orgullo de lado y…

—Tengo muchas razones para mantener a Broly exiliado de Vegitasei y no volverá, eso te lo puedo asegurar —pronunció con la mandíbula tensa dándose la vuelta para retirarse. Ese era un tema que estaba zanjado para él.

La ojiturquesa miró su capa moverse con su andar, dejaría que todo se calmara. Una parte de ella comprendía los motivos por los que Vegeta odiaba al guerrero, ella también lo sabía, tener cerca de nuevo al saiyajin era darle privilegios y ventajas en vez de un castigo por su mal comportamiento. Pero ahora no estaba pensando por ella, era por su hijo, él necesitaba a alguien con su misma peculiaridad, que entendiera el problema de raíz y lo ayudase a superarlo.

Volvió sus orbes al pequeño que yacía dormido esparramado en la camilla, su cola color castaño oscuro inerte a su lado y sus bracitos hacia arriba a los lados de su cabeza. Bulma sonrió con la vista, era lo más tierno que podía ver en ese momento. Se sentó a su lado y respiró profundo, había hecho investigaciones independientes desde que los médicos le habían informado sobre el poder especial de Baserk. Llegando a la conclusión, que métodos artificiales no le serían de utilidad, porque si llegaba a crear un aparato para poder controlar ese exceso de energía, el niño sería el único perjudicado. Tal como Broly. Por historias contadas por Gine, Kakaroto, Bardock e incluso el mismo Vegeta, sabía que Paragus, el padre del soldado, había intentado implementar un tratamiento basado en un collar de control metálico que contaba con un mando a distancia, con el cual se podía ejercer dominio y restricción sobre el portador. Broly que entonces era un crío, había desarrollado un cuadro de agresividad y acciones altamente destructivas, así como una conducta arisca si se trataba de socializar con los demás, pero que al morir su padre, pudo superar con el tiempo tal estado y aprendió a moderar su potencia aniquiladora. Por ello ese sistema estaba totalmente descartado.

Sonrió llevando su mano a la mejilla del pequeño, era tan hermoso. Acarició su piel bronceada, como la de su abuelo el anterior rey, con el revés de su dedo índice. Era perfecto tal como era. Sus facciones eran idénticas a las de su padre, pero tenía características únicas, como el color de sus ojos, tenía un orbe turquesa y el otro color negro. Su largo cabello le llegaba hasta debajo de sus hombros. Aún recordaba lo asustada que estaba cuando lo sostuvo por primera vez en sus brazos y observó esa cabellera tupida.

Mordió su labio inferior rememorando el instante en que lo parió. Había sido tres años atrás, el día en que se había llevado acabo su boda con el rey Vegeta. Él finalmente se había casado con ella bajo las leyes saiyajin y la había tomado como segunda consorte frente a los ojos de todo el consejo y los invitados presentes.

No olvidaría ese momento, ella embarazada de su tercer hijo, encontrándose frente al rey luego de caminar sobre la alfombra del salón principal. El soberano colocándole la bellísima tiara de segunda consorte sobre su cabeza. Aún podía recordar los ojos negros intensos del saiyajin que la veían de la única forma en que lo haría un hombre que estaba prendado a la mujer que amaba. Y aunque nunca había tenido dudas de lo que entre ellos existía, su mente había sido presa del desasosiego que le causaba el temor de perder al ser que más amaba en el universo, porque Vegeta era su todo, su apoyo, su confort, su seguridad. Más de alguna vez había tenido inseguridades debido a las circunstancias que los rodeaban, pero que él se había encargado de hacer desaparecer con hechos que le comprobaban que lo suyo no sería solo una etapa de su vida, sino que perduraría pese a todo y todos los que estaban en contra de su relación. Él le demostraba con creces cada vez más que tanto ella como sus hijos eran lo único que le importaba sin que las opiniones de la corte o del pueblo interfirieran en ello.

Había pasado por mucho. Desde el padre de Vegeta, entonces rey, se interpuso en su relación con su hijo, hasta las confrontaciones con Tarble y no bastando con eso, sus lacayos habían atentado contra su vida y la de Trunks bajo las órdenes del entonces monarca. La paz había sido efímera después de que él había muerto pues, luego había tenido que afrontar día a día el saber que, aunque no compartía el corazón ni los sentimientos de Vegeta con Nyu, dividía su cuerpo.

Él no le había mentido sobre su situación con la saiyana antes de hacerla su consorte. Le había expuesto los puntos y las obligaciones a cumplir para con ella una vez la tomara por esposa, pero había estado de acuerdo. No sólo por amor al hombre que gobernaba esa tierra de salvajes y de costumbres felócratas que lo obligaban por ley a consumar sus deberes de soberano con una femenina de su raza, sino que también por amor a sus tres hijos, que, al ser descendientes del rey, pertenecían a la dinastía y, por ende, si ella se iba no podría llevarlos consigo. Ni siquiera podía concebir la idea de alejarse de sus príncipes, porque antes que mujer, era madre, y eso era más fuerte que todo lo demás. Estaba en sus manos proteger lo que por derecho era de sus vástagos y que cada vez veía más cerca sus objetivos. Por ello no había vacilado en aceptar casarse con él bajo las leyes del imperio saiyajin.

Ese día se había convertido en doble felicidad, no solo porque se había unido a él como tanto lo había deseado, sino porque estaba embarazada. Sacando cálculos, el rey la había fecundado durante las tres noches de desenfreno que pasaron juntos cuando se reconciliaron, después del cumpleaños del rey donde ella presentó su inolvidable baile árabe. Le faltaban al menos dos semanas para dar a luz cuando se convirtió en su esposa. Estaba en el salón de eventos recibiendo las felicitaciones por su matrimonio en medio de los comensales y la música de la fiesta, cuando de pronto se sintió algo descompensada. Tuvo la necesidad de ir al baño, pero no alcanzó a llegar al retrete cuando sus piernas se bañaron y al ver hacia la alfombra se vio parada sobre un charco de líquido. Su fuente se había roto.

Quiso girarse para llamar a alguien, pero notó cómo algo oprimía su interior. Sintió pánico pues, era extraño que fuese a dar a luz sin sentir alguna contracción. Por acto reflejo se agachó quedando hincada sobre la fina alfombra púrpura y con sus manos alzó el vestido al sentir que algo viscoso y húmedo emergió de entre sus muslos. Bajó la mirada y entonces lo supo, estaba pariendo a su tercer hijo. Su respiración era entrecortada por el impacto de lo que estaba sucediendo. Jamás hubiese esperado que fuese así, y allí. Pujó solo un poco y se apresuró a tomar al niño que salió sin esfuerzo de su cuerpo. Aún con el cordón unido a la placenta tembló al observarlo, jamás había visto un bebé recién nacido con tanto cabello. Pero lo que más la estremeció fue notar que el bebé no había llorado. Entonces le dio miedo que algo malo estuviese pasando con él y pudo gritar pidiendo ayuda en medio de su desesperación.

Raditz corrió al verla sobre la alfombra. Casi al instante su comitiva se apresuró rápidamente y Vegeta llegó al instante, encontrándola con el pequeño en sus brazos que aún seguía conectado por el cordón umbilical al interior de su cuerpo. Él, igual de estupefacto por el inesperado suceso, la cargó en sus brazos mientras ella apretaba al bebe contra su pecho. Los llevaron lo más pronto posible al área médica. Allí cortaron el cordón y sacaron la placenta del vientre de Bulma, pero aún así, el bebé en vez de llorar bostezaba, como teniendo sueño, ante la mirada atónita del padre y la madre. Tiempo después dijeron que todo con el crío estaba bien. A pesar de que no había llorado respiraba con normalidad y estaba completamente sano. Y fue entonces que Bulma se dio cuenta que ella aún permanecía con la corona en su cabeza.

¿Te encuentras bien? —le preguntó su esposo, a lo que ella asintió sonreída. Había parido otro varón sano y cada vez estaba más cerca de coronarse como la reina del planeta.

Un par de horas después, la terrícola ya aseada y cambiada de atuendo, permanecía en su cuarto amamantando a su bebé mientras sus otros dos hermanos lo miraban expectante. Cuando finalmente llegó Vegeta a los aposentos vio con su rastreador que el poder del niño fluctuaba entre alto y el promedio. Era fuerte, eso sí. Lo tomó en brazos y el bebé abrió sus ojitos adormilados y le sonrió como si supiera que quien lo cargaba era su padre.

Sus ojos —expresó el rey —Uno es del color de los tuyos, y el otro es negro como los míos.

Ya lo había notado. Es hermoso —dijo ella sonriendo —¿Por qué habrá nacido con tanto cabello?

Dos de mis hermanos mayores que murieron en la guerra tenían el cabello del largo similar al de Raditz —respondió el monarca sin dejar de ver a su hijo.

Tiene el color de la piel como la de tu padre, ¿Has pensado en un nombre?

Se llamará como el segundo de mis hermanos fallecidos, Baserk —aseguró el rey mientras le daba un beso a su hijo en la frente.

Bulma, volvió a su realidad saliendo de sus cavilaciones cuando Baserk se movió dormido en la cama y se giró buscando su calor. Lo tomó en sus brazos para acunarlo. Encontraría la forma de ayudar a su pequeño.

Pasó aproximadamente tres horas en el ala médica con el niño, hasta que había despertado y la doctora le había dejado ir después de asegurarse de que estaba completamente estable. Después de eso había dejado al pequeño en su habitación bajo el cuidado de Gine. Ahora se encontraba yendo hacia el comedor real. Vegeta le había dicho que tenían cosas de qué hablar, imaginó de qué se trataba, había notado la incomodidad y rabia de él ante su persistencia porque Baserk fuese entrenado por Broly.

Cuando llegó, se encontró al saiyajin solo, generalmente cuando alguna vez comía con él en el comedor real, Nyu estaba presente y por ello evitaba tomar sus alimentos en ese sitio. Tanto ella como la saiyana se sentían incómodas ante la situación. Ella, porque tenía que soportar a esa mujer que se creía superior, y la princesa, porque sentía celos de que su relación con su majestad era sólida y ahora más, puesto que aunque no tenía el título de princesa, era su segunda esposa oficial. En cambio, Nyu tenía todas las de perder. Estaba sumida en un abismo del que no tenía salida por más que lo intentara.

En esos tres años que habían pasado, Nyu había tenido otros tres abortos. El último había sido hacía cuatro meses, y desde entonces el rey no había vuelto a pedir a la saiyana para estar con ella. Estaba acabada y el imperio estaba enterado de su precaria condición, la habían apodado bochornosamente "la reina seca" porque a pesar de llevar unida al rey por seis años, no había logrado parirle un solo hijo, mientras Bulma, le había dado fructíferamente tres hermosos varones.

La científica llegó al lugar y entró viendo al saiyajin que estaba esperándola.

—¿Sucede algo? —preguntó rodeando la mesa para tomar su lugar al lado izquierdo del hombre que estaba a la cabecera de ésta.

—Debemos hablar con Trunks —dijo serio mirando a la hembra acomodarse en la silla. La vio suspirar profundo posando sus ojos turquesa en él a la vez que asintió.

—Estoy enterada de lo que hizo, pero lejos de reprenderlo tenemos que escuchar lo que tiene para decirnos. Estoy segura de que no fue a propósito —observó que él alzó la mano para dar la señal de que comenzaran a servirles los alimentos. Las sirvientas entraron llevando los platillos que fueron colocados uno a uno en la mesa. Había pensado equívocamente que él le hablaría sobre su negatividad ante la idea de traer de regreso a Broly hacia Vegitasei para que ayudase a Baserk.

—Mi relación con Tarble nunca ha sido buena. No quiero que eso se repita —respondió cuando las criadas desaparecieron del salón quedándose solo Yadara , la jefe de cocina, para atender al rey y su esposa por si necesitaban algo más.

Bulma tomó los cubiertos procesando sus palabras, olvidando por un momento la idea de convencer al rey de aceptar el retorno del élite que fue exiliado. Ciertamente Vegeta y Tarble jamás habían tenido un trato cordial, ni siquiera se relacionaban de una forma cortés por llevar la misma sangre que el difundo rey; y aunque llevaba muchos años al lado de su ahora marido, nunca se había atrevido a preguntarle el verdadero motivo por el cuál existía ese tropiezo entre ellos. Sabía que la personalidad del menor no era la más grata, pero ellos eran hermanos y lo lógico sería que se llevaran bien y se apoyasen.

Alzó la vista después de insertar el tenedor en una verdura y observó al hombre unos segundos antes de hablar.

—¿Qué sucedió entre ustedes? —preguntó levantando el cubierto para llevarlo a su boca y comenzar a comer.

—¿A qué te refieres?

—Tú y Tarble… ¿Por qué no se llevan bien? —cuestionó detallando al saiyajin real llevarse un par de trozos a la boca de carne blanca rebosada en una salsa roja que se veía apetitosa. Lo miró masticar imperturbable como sino la hubiese escuchado —Vegeta…

—La rivalidad viene desde nuestras madres —dijo seco sin dar mayor explicación.

—Escuché algo así hace tiempo —respondió ella recordando lo que Zorn le había contado años atrás —Pero ellas ya no están, y tanto tú como él solo se tienen al uno al otro… deberían apoyarse —agregó desviando la mirada hacia uno de los platos en la mesa para tomar un trozo de pan.

—No necesito a alguien como él, que desde siempre pretendió suplantarme como heredero y ha preferido apoyar a otros por sobre de mí.

—Pero él…

—No quiero escuchar más de ese imbécil —atajó el rey las palabras de la muchacha. La científica contuvo sus ganas de hablar más sobre el príncipe menor al ver que el tema no era en absoluto del agrado del monarca.

—¿Ella vendrá? —interrogó la peliazul cambiando el tema.

—No —contestó frío. Continuaron comiendo el silencio unos minutos, cuando de pronto el guardia en la puerta anunció la llegada del hijo mayor de la pareja.

—Padre. Madre —saludó con una reverencia el crío de ahora siete años. La humana desvió su mirada del niño hacia Vegeta, que no volteó a verlo en ningún momento, y luego regresó su atención al menor.

—¿Quieres acompañarnos, mi amor? —preguntó emitiendo una sonrisa comprensiva. Trunks era un niño aún, no podía tratarlo duramente por un error.

—Ya cené madre —respondió —Vegeta iba a venir, pero se quedó dormido luego de cenar.

—¿Entonces por qué estás aquí? —se escuchó la voz severa de Vegeta que hasta entonces ladeó su rostro para ver al crío de pie a un par de metros de la mesa de comedor.

—Por favor, sé comprensivo —susurró Bulma posando su mano en la del saiyajin que estaba sobre la mesa al lado de su platillo.

—Vengo a disculparme —dijo el príncipe agachando su mirada, comprendía que había cometido un error al retar a su hermano menor en la sala de entrenamientos.

—¿Disculparte? —preguntó Bulma.

—Me dejé llevar por los celos madre…

—Pero ¿Qué dices? —añadió confundida.

—Por favor déjame terminar mamá… yo… —alzó sus ojos azules mirando a sus padres que tenían su interés puesto en él y se armó de valor para hablar —Baserk es mi hermano, y lo quiero como tal, pero se ha robado toda su atención. Desde el último año, parece que Vegeta y yo no existiéramos —finalizó sintiéndose culpable. Se había sentido desplazado, y no solo él, también Vegeta Jr.

—¡No digas eso! —chilló la ojiturquesa poniéndose de pie. Caminó hasta él y al llegar se acuclilló quedando a la altura del niño —Tu padre y yo —comenzó a decir girándose un momento para observar a Vegeta, buscando con la mirada su apoyo y comprensión, pues al verlo de esa forma sabía que Trunks pudo haber malinterpretado el tiempo que ellos le dedicaban a su hermano menor como "preferencia hacia él" cuando lo único que procuraban, era no descuidar a Baserk, pues él necesitaba atenciones particulares —Amamos a los tres por igual. Es solo que tu hermano…

—Lo sé mamá, Baserk necesita más de ustedes que Vegeta y yo, solo que a veces no sabemos como tratarlo, nos da temor de que él se ponga así, como se puso hoy —dijo dibujando algo de angustia en su rostro infantil.

El rey entonces comprendió que en el fondo Bulma tenía razón en ciertas cosas. Sus otros dos hijos se sentían estresados por tener que lidiar con aquello que aquejaba a su hermano menor. Eso era una carga pesada para un par de niños.

—Entiendo lo que dices, Trunks, y créeme que tomaremos los correctivos sobre el problema de tu hermano.

—Gracias, padre.

—Sobre lo otro, cada uno tiene su lugar hijo —dijo Vegeta tratando de sonar calmado, no podía enfadarse con su vástago que apenas estaba aprendiendo a controlar su carácter y formar su propia personalidad —Ninguno es mejor que el otro a nuestros ojos —dijo poniéndose de pie para acercarse al príncipe.

—Lo siento, en verdad no quise…

—Olvídalo. Tu madre y yo entendemos cómo te sientes —respondió el soberano colocando su mano en la cabeza del niño revolviendo ligeramente su cabello. Bulma amplió su sonrisa y sin poder contenerse abrazó al chiquillo que se sonrojó ante la abierta muestra de afecto de su madre.

—Mamá no hagas eso… me da pena…

—Basta, te amamos cariño —aseguró ella liberando al niño del abrazo para ponerse de pie.

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El sol de la mañana siguiente entraba por entre los cristales del ventanal, atravesando la tela de las cortinas finas que se movían por la ligera brisa fresca que se colaba dentro de la alcoba real.

Su centro ardiente recibía la masculinidad del hombre que se movía sobre ella. Gemía, se torcía y mecía su cadera encontrándose con la del saiyajin que en ese momento comía su boca con necesidad. La lengua caliente del hombre se rozaba contra la suya que le seguía el ritmo entre respiraciones entrecortadas. Sus manos delicadas se paseaban por la amplia espalda bronceada del rey acariciando cada uno de sus músculos con sensible tacto. Todo su cuerpo la provocaba, todo su ser era sensualidad pura en una mezcla de animalidad innata que la volvía loca en cada encuentro.

Bulma, soltó su boca y abrió sus ojos cuando el éxtasis invadió cada célula de su cuerpo, clavó su mirada en aquellos ojos negros que se fijaron en ella observando cada uno de sus gestos, la peliazul sonrió arqueando su espalda a la vez que pronunció en un grito el nombre del monarca y pudo sentir cada sensación. Prensado a sus grandes y voluptuosos pechos, el rey succionaba con ansias los pezones erectos de ella. Entonces el interior de la mujer comenzó a palpitar ante el increíble orgasmo, el calor que emanaba del cuerpo del saiyajin real, los gruñidos que salían de la garganta de él debido al placer, su cola enroscada en su cuello delicado de forma posesiva y sus grandes manos que la sujetaban hundiéndose cada vez más rápido y duro entre sus pétalos hasta que notó la semilla caliente llenar su sexo. Movió sus manos sujetando el rostro de él, ampliando su sonrisa y le dio un beso en sus labios.

—Puedo evitar ese ridículo banquete y quedarme aquí contigo —murmuró él mirando a la hermosa mujer entre sus brazos reír.

—Eso no hablaría bien del grandioso rey saiyajin —respondió ella pasando su dedo pulgar por el labio inferior del joven —Pero podríamos repetir ésto por la noche —añadió pasando su lengua de forma incitadora por sus labios. Él sonrió ladino y salió de ella para quedar acostado a su lado. No solo tenía que presentarse al banquete, sino que debía asistir al torneo que se daría después en la arena de combate en el coliseo saiyano y eso era lo único interesante en todo aquello.

—No harás otro ridículo espectáculo como hace cuatro años atrás ¿Verdad?

—¡Oye! ¡No fue ridículo! —respondió la peliazul sentándose en la cama sin apartar la mirada de él. Vegeta giró su rostro hacia ella y amplió su sonrisa burlesca —A todos les gustó y a ti también. Nadie podría resistirse a mi belleza —aseguró levantando la barbilla con orgullo. De pronto, recordó que debía darle cierta noticia al monarca, una que la había puesto tan inmensamente feliz que apenas había podido guardárselo desde ayer por la tarde que le habían dado los resultados. Su corazón se aceleró y su rostro mutó a una expresión nerviosa.

—¿Qué tienes para decirme? —preguntó él sin dejar de mirarla. Desde hacía mucho tiempo que podía leerla como un libro abierto pues llevaba grabada cada una de sus expresiones en su mente. Sabía cuando sentía miedo, felicidad, cuando estaba preocupada o cuando quería pedirle cumplir algún capricho. Ahora notaba que la hembra algo se traía en mente.

Ella suspiró sonriendo y volvió a acostarse al lado del hombre recostado su rostro en su pecho, lo abrazó por la cintura y suspiró profundo por segunda vez. Estaba ansiosa.

—Estoy muy feliz —comenzó a decir aferrando su abrazo al cuerpo de él. Vegeta colocó su mano en el hombro de ella esperando que hablara. La conocía muy bien, pero no se le cruzó por la mente en ese momento lo que ella estaba por decirle.

—¿Se debe al increíble sexo que acabamos de tener? —ella rió ante su comentario y suspiró profundo preparándose para soltarle la noticia.

—Vamos… —expresó recomponiéndose en su sitio y se irguió para verlo a los ojos. Mordió su labio inferior —Vamos a ser padres por cuarta vez —confesó.

—¿Desde cuando lo sabes? —preguntó él levantándose de inmediato hasta quedar sentado sobre el colchón. Bajó su mirada obscura hacia el vientre de la muchacha cuando ella lo imitó quedando sentada frente a él completamente desnuda.

—Me he sentido decaída estos días y pedí a la doctora Garlia una evaluación. Ayer me dio los resultados de los exámenes. Tengo dos meses y medio de embarazo —vio al saiyajin sonreírle al mismo tiempo en que tomó sus manos y la acercó a él. Desde Baserk, ella no había vuelto a quedar embarazada hasta ahora.

—Es increíble mujer. Ésta si es una excelente razón para celebrar —respondió el rey llevando sobre su cuerpo a la terrícola que lo abrazó llena de gozo por el nuevo hijo que estaba creciendo en su vientre.

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Después del banquete que se había dado esa tarde, en honor al aniversario por el ascenso al trono de Vegeta IV, habían pasado al coliseo de batalla que estaba situado tras el palacio. Era una costumbre desde hacía muchas décadas atrás, festejar cada seis años la gobernación del rey presente, así como también, realizaban un torneo donde guerreros de distintas partes del planeta se hacían presentes para participar. Tal combate mundial, era de suma importancia ya que el ganador de cada categoría, se llevaba un premio que cualquiera podría anhelar. Uno que podría abrirles las puertas a lo que desearan.

Empezaba el atardecer, el sol matizaba cada sitio en el que tocaba tierra en tonos rojizos y naranjas. Un paisaje digno de admirar y para la peliazul, era algo nuevo que estaba viviendo, pues ahora que era la segunda consorte del rey, podía asistir a todos los eventos y estar junto él en cada sitio sentada a su lado, cosa que en el pasado, cuando era tan solo su esclava sexual y cuando el fallecido rey aún gobernaba, ni siquiera tenía permitido acompañar al entonces príncipe Vegeta. Incluso siendo luego la concubina real, su presencia estaba limitada a ciertos actos de poca importancia.

El enorme coliseo tenía forma circular y su gradería era de mármol y rocas. Los miembros de la realeza estaban situados en la parte norte del coliseo en un palco techado grande de forma rectangular, ni muy arriba, mi muy abajo, desde allí podía todo el panorama del combate. La lucha se dividía, primero el enfrentamiento en la categoría de niñas, luego de niños, y las más esperadas, donde luchaban los jóvenes y adultos. Todo el sitio incluyendo graderías, zona de lucha y área de descanso era monumental. Una gran estructura de edificación antigua que hacía honor al legado de los reyes anteriores.

Los combatientes que iban a participar ese día se habían inscrito desde hacía semanas anteriores, el cupo era limitado y solo entraban los que realmente podían hacerle frente a los mejores peleadores élite. Solo podían utilizar golpes y fuerza bruta. Los ataques de energía y ráfagas de poder estaban totalmente prohibidos y utilizarlos resultaría en la descalificación inmediata. En los combates menores estaba prohibido matar. Eso solo se permitía en los combates de los adultos.

Bulma que estaba en las gradas, vio con asombro que las niñas de entre cinco a los catorce años, luchaban entre sí lanzándose golpes con la misma fuerza que una peleadora terrícola con experiencia de su planeta. Era increíble cómo las chiquillas se iban desenvolviendo en la plataforma de batalla y se había sorprendido aun más, cuando la pequeña de seis años de mirada rasgada y finos rasgos había resultado ganadora venciendo a su rival de diez años.

—Es increíble —comentó fascinada al ver a la niña caminar fuera del área de combate con dirección hacia donde ellos estaban una vez había vencido a su contrincante.

—¡La pequeña Bellpper es la ganadora! —anunció el alienígena que dirigía las batallas en la plataforma mediante un megáfono que hizo resonar su voz en todo el lugar. Los gritos de festejo por parte de los presentes no se hicieron esperar —Ahora pasará junto a su padre, el senador Sukini frente a su majestad el rey Vegeta IV —añadió señalando a la menor que caminaba hacia las gradas que llevaban al toldo real.

—¡Majestad! —saludaron ambos saiyajin al aproximarse hasta quedar a unos cuantos metros del palco donde se encontraba el rey junto a su familia real.

La peliazul observó con curiosidad a la niña. Estaba a unos cinco metros de ellos y desde esa distancia pudo apreciar lo agraciada que era. Tenía el cabello castaño, ojos avellana, rostro hermoso y de piel ligeramente clara. Una guerrera que se estaba preparando para entrar a algún escuadrón élite cuando alcanzara la edad adecuada.

Los guardas abrieron el portón cuya escalera les dejaba subir hacia el frente de la tarima principal. Al llegar, la humana ladeó el rostro sonriendo cuando la pequeña se irguió siguiendo a su padre después de reverenciarles.

—¿Te llamas Bellpper no es así? —preguntó la muchacha sin apartar sus orbes turquesa de la chiquilla que dirigió su mirada a ella.

—Así es, mi señora —respondió con respeto detallando a la peculiar mujer. Había escuchado de la boca de su padre, que la segunda consorte del rey Vegeta no era saiyana, sino que se trataba de una humana muy hermosa que había dado tres varones poderosos a la corona —Soy Bellpper, para servirle.

—Felicidades, por haber vencido de una forma tan extraordinaria a tu rival —expresó Bulma sin dejar de sonreírle y desvío la mirada hacia el senador Sukini, el cual ya había visto muchas veces en el palacio pues por su título trabajaba directamente con el gobierno.

—Su majestad concederá cualquier cosa que deseen, ese es el primer premio —habló Nyu que se encontraba del lado derecho del soberano.

—Siempre y cuando tal petición no afecte el imperio de ninguna forma —añadió Vegeta.

—Estuve hablando con mi hija majestad —comenzó a hablar Sukini agachando la mirada frente al rey —Y hemos acordado qué deseo pedir.

—Entonces habla, te escucho —respondió el hombre sentado en el trono del coliseo.

—Como bien se sabe, soy un saiyajin que admira mucho a los príncipes, hijos de su majestad y de la honorable dama consorte, para nuestra familia son un orgullo y es por ello… —habló alzando el rostro para ver al monarca que lo escuchaba con atención —… que deseo que mi hija mayor Bellpper y mi hija menor Capsy, sean tomadas en cuenta para formar parte de las candidatas a ser esposas de los príncipes Trunks y Vegeta respectivamente, cuando lleguen a la edad en que aquello corresponda.

Nyu que estaba pendiente a sus palabras, miró al hombre con rabia. Incluso el senador Sukini se atrevía a menospreciar su unión con el soberano. Ella era la princesa, esposa del rey ¡Cómo se atrevía ese idiota a ponerse del lado de la terrícola al apoyar a los híbridos!

Con furia en su mirada, dirigió sus orbes azabaches hacia la segunda consorte que estaba del lado izquierdo de su marido. La observó detalladamente, la terrícola estaba ataviada con su corona de oro adornada con rubíes; tenía puesto un finísimo traje de gala largo de color rojo ceñido a su cuerpo exponiendo sus vulgares curvas ante los ojos de todos los machos. Sus grandes senos parecían que en cualquier momento iban a romper los botones de la parte superior del vestido. Su escote era un escándalo, y la abertura de su traje subía mucho más arriba de donde debía ser; se sentaba de forma delicada, con sus manos puestas una sobre la otra, mantenía la espalda recta y la mirada alzada vanidosa ¿Qué se creía? ¿Miembro real de la dinastía? Era una estúpida. Pudo lograr convertirse en la segunda mujer de manera legítima de Vegeta IV y llevar una corona en su cabeza como correspondía, pero nunca sería más que eso, una puta a la que el rey usaba solo para fornicarla por placer. La única que merecía ser reina verdadera era ella, ella que solo debía parirle un heredero puro al monarca para poder lograr el ascenso y destruir definitivamente a la terrícola y sus hijos malcriados.

Lady Okra, que estaba dos asientos más abajo sonrió al escuchar al senador, pero solo porque sabía que Nyu debía estar que reventaba de rabia. Esa inútil se merecía eso y más por haberla tratado como una escoria cuando le tocó salir del palacio. Todavía tenía ese mal recuerdo en mente.

Vegeta Jr, de seis años, que se encontraba sentado al lado de Bulma, reaccionó al escuchar la petición. ¿Cómo se atrevía ese señor a solicitar tal tontería a su padre? Él no iba a aceptar a la hermana menor de esa mocosa atrevida que estaba observándolo con curiosidad en ese momento.

Se removió en su asiento buscando protestar. Le diría daría un NO rotundo como respuesta ante tal pretensión, pero su madre dirigió la mirada a él y negó indicándole que se mantuviera en silencio. Obedeció relajándose.

Bulma abrió los ojos sorprendida y arrugó ligeramente sus delgadas cejas al escuchar al senador, dirigió su atención desde su hijo, que se recompuso incómodo en su asiento, hacia el senador frente a ella. Entendía a Vegeta Jr, ella más que nadie estaba en contra de la práctica que los saiyajin llevaban ejerciendo desde tiempos antiguos. Imponer una esposa a sus hijos no era lo mejor, y ella era de la idea de que esa decisión era exclusivamente de ellos. Y no era que considerara a esas pequeñas insuficientes para ser esposas de sus hijos, pero no iba a repetir la historia con sus niños y si estaba en sus manos cambiar el sistema, lo haría. Aunque en ese momento, era mejor no decir nada. Vegeta había ofrecido cumplir con un deseo a los ganadores de las batallas de cada categoría y no iba a hacer el ridículo imponiéndose de forma absurda frente a todos.

—Muy bien, así será —respondió Vegeta asintiendo. El senador Sukini y su hija agradecieron al monarca y se retiraron enseguida. Pero antes de bajar, la niña saiyana, Bellpper, giró su cabeza, miró a Vegeta Jr y le sonrió. La acción hizo que el príncipe se sonrojara por aquel atrevimiento.

Habían indicado que se daría un descanso de quince minutos antes de que iniciara la pelea de los niños. Entre los participantes estaba el príncipe Trunks, quien desde los tres años había comenzado con un entrenamiento exhaustivo y ahora a sus siete años estaba dispuesto a darlo todo para demostrar sus habilidades desarrolladas. Al contrario de Vegeta Jr. que había preferido observar la lucha de las niñas junto a sus padres y hermano menor en el palco, él ya se encontraba cerca de la salida de la primera planta en el coliseo, donde se hallaban las puertas que daban hacia la plataforma de combate.

—Sé que serás el ganador, Trunks —comentó la pequeña Mai de ocho años de edad que estaba con el príncipe. Como hija de Lan Fan, se había criado junto a los príncipes saiyanos y se había convertido en la única niña cercana a los herederos.

—¿Tú crees? Veo a muchos mayores que yo —respondió Trunks observando a los demás peleadores que estaban en el sitio esperando su turno.

—Sabes que eso no importa cuando se trata de poder. Eres el hijo del rey y eso te convierte en el mejor —animó con una sonrisa mirando a los ojos al menor. No solo había crecido junto al príncipe heredero y forjado una relación casi de hermanos, sino que también, su percepción había cambiado hace un año atrás. Cuando se había dado cuenta de que su cariño era especial, había consultado con su madre, le había hablado a ella de lo que sentía por él, cada vez que lo veía sus mejillas se sonrojaban y se sentía nerviosa, su progenitora le había confirmado que estaba demasiado encariñada del niño.

—No digas eso en voz alta Mai —se quejó girándose para ver a la niña que estaba a su lado —Solo quiero ganar para que mi padre sepa cuanto he mejorado, y también para tener acceso a pedirle lo que deseo —aseguró suspirando profundo observando por entre la amplia puerta que daba hacia afuera, la enorme plataforma donde lucharía.

—Eres el hijo del rey, no necesitas ganar para pedirle lo que sea —respondió ella con plena convicción.

—Tengo que ganarme su favor, es cuestión de orgullo, debo demostrar que soy el digno primogénito del saiyajin más poderoso del planeta —respondió convencido emitiendo una sonrisa petulante característica de su padre.

—¿En verdad crees estar a mi altura "príncipe Trunks"? —cuestionó un joven saiyajin de catorce años que también participaría en el combate. Tanto el mencionado como Mai, se giraron para observar al adolescente aproximarse a ellos. Un par de menores de la misma edad que él lo acompañaban.

—¿Quién te crees para dirigirte a mí de esa forma? —preguntó el príncipe al captar la mofa en las palabras del tipo cuando éste pronunció su título y nombre.

—Soy Amepai, hijo del senador Zeripai, mestizo ignorante —contestó poniéndose serio borrando su sonrisa burlona de sus labios.

Mai observó al joven, era de contextura musculosa, de pecho ancho y fornidos brazos. Estaba galantemente vestido con el traje negro y armadura blanca en su totalidad que usaban los saiyajin de la nobleza.

—¡Cómo te atreves a hablarle así al príncipe Trunks! —gritó Mai señalando con su dedo al adolescente llamado su atención y la de sus dos acompañantes —Debes reverenciarlo como el subalterno que eres.

—¿Quién es esta mocosa entrometida? —habló Plum, un saiyajin puro de doce años, primo del hijo del senador Zeripai—¿Acaso eres la niña terrícola sirvienta que vive en el castillo? —cuestionó echándose a reír junto con los demás. Mai se sonrojó ante el comentario y agachó la mirada evitando observar la reacción del príncipe.

—No me sorprendería que se gusten —expresó Pine, amigo de Plum que estaba con ellos —Ambos son unos engendros asquero… —no terminó su frase cuando una mano, lo tomó del hombro girándolo y sin darle tiempo a que reaccionara, un puñetazo se impactó en su rostro enviándolo al piso varios metros atrás.

—¡Cállate insolente! —le gritó Vegeta Jr, que llegaba al lugar cuando escuchó cómo ese desfachatado insultaba a su hermano mayor.

—No necesitas ensuciarte las manos con esas basuras, Vegeta, en la plataforma de batalla voy a humillarlos frente a todos —Trunks se dio la vuelta para salir hacia la arena al escuchar el llamado del anunciador del torneo, era tiempo de demostrar de lo que estaba hecho. Vegeta Jr. fue tras él y Mai se dirigió a las graderías del primer piso para observar la pelea junto a su madre y la señora Milk…

—¡Estúpido! —gimió Pine incorporándose.

—¡Cómo pudiste dejarte golpear por ese enano! — Amepai giró para ver las capas de ambos príncipes ondear en el aire hasta desaparecer por la puerta de salida hacia el centro del coliseo.

—No mereces ser nuestro amigo —recalcó Plum alejándose junto a su primo. Ambos participarían en el combate mientras que Pine, no había sido aceptado por no cumplir con los requerimientos.

—¡Aquí están! ¡Trunks, Vegeta! —saludó Gohan de la misma edad que el mayor uniéndose a ellos en la plataforma. Su madre Milk, se había opuesto a que participara en la batalla campal, pero su padre Kakaroto, había estado entrenándolo desde que tenía memoria y era su oportunidad de probarse a sí mismo que podía luchar contra saiyajin de su mismo nivel.

—Qué tal Gohan ¿Sí te dejaron participar? —preguntó recordando que días atrás le había dicho que no estaba seguro de poder pelear.

—En contra de los deseos de mi madre. Pero aquí estoy —contestó apenado llevando una mano hacia su nuca.

—Ni creas que te dejaré ganarme Gohan —fue Vegeta el que habló mostrando una sonrisa socarrona en su rostro.

El torneo había iniciado en la categoría de niños que comprendía de los cinco a los catorce años. Eran alrededor de treinta menores que se disputaban el puesto de mejor peleador. Los primero en caer fueron aquellos que no habían recibido un entrenamiento adecuado, así como los más confiados, pero Trunks, Vegeta Jr, Gohan, Amepai, Plum, y otros más, se destacaron desde el inicio asestando golpes efectivos que sacaban uno a uno a los oponentes de la plataforma de batalla. Las reglas eran simples, si caían de la tarima eran descalificados automáticamente, y los últimos dos guerreros que quedaran al final dentro del estrado serían los finalistas que se enfrentarían en la última contienda donde solo uno podría salir vencedor.

Muchos de los presentes se impactaron al confirmar con sus ojos lo que se decía en el pueblo y la ciudad; los hijos mestizos del rey pese a su corta edad eran realmente muy fuertes comparados con el resto, y también el chiquillo híbrido del soldado élite Kakaroto. Entonces empezó a cobrar fuerza el mito de que el cruce entre humanos y saiyanos daba como resultado críos más poderosos que aquellos puros.

El niño de Kakaroto y el hijo menor del rey habían vencido al menos a cinco combatientes cada uno, hasta llegar a semifinales donde a ambos les tocaba ahora competir. La pelea había sido tan interesante y más larga de lo habitual, que el público no podía predecir quién ganaría. La multitud gritaba, alentaba a los niños y reía contenta al ver ese deleite de lucha para dos críos de esa edad.

Vegeta en la tarima pidió que le volvieran a llenar su copa de vino, se sentía orgulloso de su hijo menor. Había implementado casi todas las técnicas que le había enseñado. Mientras Bulma se sentía un poco nerviosa de que el niño se sintiera presionado.

—Peleas muy bien Gohan, tu padre ha sabido entrenarte —dijo Vegeta Jr. esquivando los puñetazos que el mejor amigo de su hermano le lanzaba a gran velocidad.

—Prepárate porque no voy a medir mis fuerzas solo porque eres menor que yo —respondió el hijo de Kakaroto manteniéndose serio. Desapareció con rapidez de la vista de su ahora contrincante. Se posicionó tras él y se lanzó sobre el menor con una patada dirigida hacia el rostro de éste, apenas el niño pudo reaccionar eludiendo victorioso. Ambos se detuvieron a una distancia de varios metros, se observaron con detenimiento. Cada uno sumergido en sus propios pensamientos mientras respiraba agitados.

—¡Pelea¡ —pronunció Vegeta Jr. retando al mayor con una sonrisa socarrona. El mencionado no esperó segundo llamado para atacarlo y se fue sobre él arremetiendo a gran velocidad. Una mezcla de puñetazos y patadas eran interceptados por el príncipe y de pronto, uno de aquellos puños asestó en su rostro lanzándolo por lo aires.

—¡Cómo pueden moverse tan rápido! —chilló la peliazul que no pudo seguirles el ritmo. Desde su posición, apenas podía verlos cuando se detenían algunos instantes. El rey sonrió observando a su vástago pelear. Aunque el hijo de su mano derecha era varios años mayor que su retoño, éste estaba siguiéndole el compás con dificultad al pequeño príncipe y eso, lo llenó de satisfacción.

—Es sólo una pelea de chiquillos, humana. Nada sorprendente —respondió Tarble que se encontraba un escalón debajo de ellos en sus propios asientos junto a su esposa Apricot, con la cual se había unido a él hacía dos años atrás, y con la que había procreado un varón llamado Pinich, de un año. Bulma prefirió ignorarlo, miró al engreído saiyajin de mala manera y alzó el rostro dirigiendo su vista hacia Vegeta Jr. que peleaba en la arena. Era imposible siquiera intentar hablar con el jactancioso saiyajin de forma civilizada.

—Mamá ¿Por qué ellos sí pueden participar y yo no? —preguntó Baserk que estaba al lado de la científica observando la batalla campal. Su hermano mayor luchaba contra Plum en ese momento, mientras que Vegeta, que sólo le llevaba dos años, se disputaba contra Gohan. Era injusto que él no pudiese luchar. La peliazul giró su rostro buscando la ayuda de su esposo, no podía decirle al pequeño que no podría luchar abiertamente con sus hermanos hasta que pudiese controlar su devastador poder. El rey notó los ojos suplicantes de la hembra sabiendo bien los motivos de la preocupación de su mujer.

—Cuando tengas la edad y el control suficiente sobre tu poder, podrás luchar hijo —dijo Vegeta observando al menor asentir y posar sus ojitos en la batalla que se llevaba acabo en la plataforma.

Después de un tiempo, Trunks había logrado vencer a Plum, ahora luchaba con otros críos saiyajin que lo atacaban a la vez intentando derrotarlo. Gohan en cambio, no había sido un ponente fácil para Vegeta Jr. que se felicitaba mentalmente por haber aprendido a controlar su ki unas semanas antes del torneo. Pero en un choque de poder contra poder de fuerza bruta, ambos habían salido de la plataforma por la potencia del impacto, dejando a todos perplejos para la cantidad de energía de esos dos siendo aún niños pequeños. Por ende, tanto el vástago menor del rey y como el hijo mayor de Kakaroto habían quedado descalificados.

—¡No es justo, mamá! —gritó Baserk molesto por la descalificación de su hermano —Deberían quitar esa regla.

Bulma le sonrió a su hijo menor y le explicó que eran normas ancestrales que no podían ser quitadas de buenas a primeras.

Ahora solo quedaba Trunks y Amepai. Ambos habían peleado ferozmente, éste último con un solo pensamiento en mente. Ser él quien se diera el gusto de humillar frente a todos al mestizo petulante primogénito del rey.

—Vaya, Trunks sí que es poderoso. Pudo vencer a todos esos niños mayores que él —comentó Kakaroto observando a ambos finalistas sobre la arena.

—Era de esperase. Así como tu hijo no pudo vencer a Vegeta Jr. —respondió el soberano con sonrisa ladina. Como padre se sentía orgulloso de su linaje reflejado en sus vástagos. Su mano derecha simplemente sonrió ante el comentario.

Los niños, habían estado peleando con todas sus fuerzas dando lo mejor de sí, ambos estaban cansados y se miraron implacables en un momento donde quedaron uno frente al otro a unos metros de distancia.

—¿Qué te parece si hacemos un trato, príncipe Trunks? —cuestionó de pronto Amepai viendo al niño arrugar el entrecejo con desconfianza.

—¿A qué te refieres? —preguntó manteniendo su postura de ataque.

—Si yo gano, no solo obtendré un deseo concedido de su majestad, sino que también quiero a esa niña terrícola para que sea mi sirvienta. Necesito a alguien para que recoja la basura de mi casa —dijo ampliando su sonrisa maligna.

—¡Eres un cretino! ¿¡Cómo te atreves a insultar a Mai!? Ella no es mi sirvienta, ella es mi amiga —bramó sintiendo la rabia recorrerle el cuerpo. Deshizo su postura de lucha y con una mano, desabotonó la capa que llevaba prendida de su armadura dejándola caer al piso.

—No creí que la hija de una patética esclava terrícola fuera tan importante —contestó adolescente emitiendo enseguida una carcajada burlesca.

—¡Deja a Mai y a su mamá fuera de esto! —indicó firme. No iba a permitir que nadie pusiera en riesgo la honra de quien había sido su compañera de juegos y travesuras desde que tenía memoria y mucho menos, de su nodriza Lan Fan.

Antes de poder seguir charlando, ambos se lanzaron uno contra el otro lanzando patadas y puños al aire. Se elevaron velozmente y se podía sentir en la atmósfera la presión que sus ataques emitían. Las ovaciones no se hicieron esperar. Los presentes gritaban eufóricos ante el espectáculo que estaban dando los críos.

—¿Es que acaso no tienes los cojones? —expresó entre los ataques el joven mayor —Creí que los híbridos eran más hombrecitos —añadió riendo con mofa en tanto arrojaba varias patadas combinadas con puñetazos potentes que Trunks atajaba con agilidad —¿O es que no llevas sangre saiyajin?

—¡Deja de decir estupideces y concéntrate! —gritó el menor separándose del saiyan unos metros. Ambos respiraban cansados.

—Mi padre tenía razón, tu hermano Vegeta y Baserk sí tienen apariencia saiyajin ¿Pero tú? —preguntó despectivo mirando al niño de arriba abajo. El color de su cabello, de su cola y de sus ojos eran penosos. Indignos de su raza —¿Seguro que el rey es tu padre?

Trunks, observó y escuchó a su adversario sintiendo cómo su sangre se calentó dentro de sí subiendo a su cabeza. ¡Pero qué diablos estaba insinuando ese idiota! No solo estaba insultando su aspecto, sino que también su linaje y lo más importante, a su honorable madre.

—No dilates la pelea con tu charlatanería ridícula ¿Tienes temor de perder? —cuestionó arrugando el entrecejo mirando al adolescente. Se abalanzó contra él, pero su adversario fue más rápido, de un instante a otro se había posicionado tras él.

—¿Perder? ¿Contra un mestizo? —murmuró el hijo del senador en el oído de Trunks —No eres nadie "príncipe", tan solo un bastardo de dudable procedencia. Tu prostituta madre debió divertirse con algún soldado de clase baja porque la única prueba que tienes para comprobar que eres un híbrido es tu ridícula cola de color extraño —dijo finalizando con un golpe en la espalda del menor haciéndolo caer al piso con fuerza desmedida.

—¡Maldito! —pronunció Trunks tosiendo en el piso. Intentó ponerse de pie, las palabras de ese hijo de perra aún resonaban en su cabeza sintiendo que la ira dominaba su sentido. Él era el primogénito del rey ¿Cómo era capaz de dejar que un don nadie lo humillase de esa forma?

La tribuna eufórica no podía creer lo que veían, el crío puro hijo del senador Zeripai estaba venciendo con agilidad al mestizo príncipe. Muchos sonrieron ante la situación, eso le demostraba a los saiyanos más puristas que los hijos híbridos del rey con la humana solo eran una humillación para su raza. Los retoños mestizos los representarían porque solo eran una aberración que nunca debió suceder.

—¡AMEPAI! ¡AMEPAI! ¡AMEPAI! —comenzaron a gritar desde la gradería los conservadores que apoyaban al chiquillo de sangre pura. Él era popular entre su raza y aquellos que estaban en contra de la mezcla de sangre lo apoyaban fielmente.

Nyu y Tarble sonrieron ante aquella situación. Vegeta furioso apretó los puños conteniendo su enojo, pero Bulma era la más afectada. Quiso llorar en ese momento, tomar a su hijo y salir corriendo de allí, pero debía ser fuerte. Baserk fue más allá. Se levantó de su asiento y bajó volando hasta la maya que separaba las gradas de la arena.

—¡Vamos Trunks! ¡Hermano, tienes que ganar! ¡Eres mejor que él!

Bulma le hizo señas a uno de los guardias que le trajera el niño de vuelta. Ella vio que su pequeño estaba aguantando las lágrimas por la rabia, así que lo sentó a su lado y lo aferró con fuerza.

—Acéptalo Trunks, solo eres el hijo bastardo de una puta que le sirve a todos los soldados. La llaman "La delicia del reino", imagino que no lo sabías —bramó enaltecido al escuchar su nombre ser alabado por los puristas del coliseo. Colocó su pie derecho sobre la mano izquierda del príncipe apretándola con fuerza en un intento de poderío y grandeza al sentirse vencedor. El menor se quejó por el dolor, hizo el intento por ponerse de pie y protegerse, pero su cuerpo parecía paralizado al escuchar cada palabra que salía de la boca de aquel miserable.

—¡Cállate! —pronunció el primogénito del rey. Ni ese maldito, ni los idiotas que estaban de su parte podrían verlo derrotado. Cerró los ojos con fuerza escuchando a los presentes gritar una y otra vez el nombre de ese gusano. Su rabia inundó su cuerpo sin poder controlar lo que sentía en ese momento, sintió cómo su piel comenzó a irradiar una agradable calidez. Abrió sus párpados y vio que una especie de energía se desprendía de su cuerpo y se dio cuenta hasta ese momento, de la magnitud de poder que guardaba dentro de sí. De un solo movimiento, tomó el tobillo del joven sujetándolo con firmeza y lo hizo caer al suelo bruscamente.

—¡Qué mierda sucede contigo! —le preguntó Amepai viendo desde el piso como un aura dorada rodeaba al príncipe que estaba de pie a su lado. De pronto, no solo la energía que rodeaba al menor se volvió brillante, sino que también su cabello ondeó en el aire y de pronto, un gritó salió de su boca y una ola de expansión resonó por todo el lugar lanzando su cuerpo unos metros atrás sin poder evitarlo.

A como pudo se sostuvo del piso evitando caer. Se recompuso en su posición poniéndose de pie rápidamente y entonces lo vio a la distancia. El chiquillo había cambiado completamente de aspecto.

—¿Él… también? —pronunció Bulma sintiendo su garganta seca. Sabía que Vegeta podía transformarse en un súper saiyajin, y que su hijo en algún momento también podría lograrlo. Pero jamás había visto a su pequeño en ese estado. Su cabello dorado brillaba desde la distancia. Había cambiado de aspecto, sus mechones ya no eran lilas, sino que amarillos.

También es la primera vez que lo veo —pensó Vegeta observando al crío en la plataforma. A él, le había llevado años poder rebasar el estado basal y convertirse en un súper saiyajin, incluso había viajado al espacio para autodesafiar su potencial y poder superar su poder, pero ahora su hijo lo había hecho con tanta facilidad que le había tomado por sorpresa —Es mi hijo Bulma, claro que puede —dijo ésta vez ladeando el rostro para verla y ella sonrió contenta de que su niño se volviera más fuerte a medida iba creciendo.

La arena de combate había sido silenciada por completo. No se escuchaba ni siquiera el sonido de un insecto. Tarble, que estaba viendo todo lo que pasaba en la tarima, se levantó para poder rectificar que lo que veía era real. Okra llevó sus manos tapando su boca ante la conmoción por lo que acababa de ver. Y Nyu quedó en shock, no podía ser posible que ese niño hubiese logrado convertirse en súper saiyajin a esa edad. Algo que solo dos guerreros habían logrado hasta ahora, pero ya siendo adultos. Vegeta y Kakaroto.

Sin embargo, a Gohan y a Vegeta Jr. no les extrañaba aquello en nada, ellos entrenaban juntos y habían visto como Trunks tuvo indicios algunas veces para transformarse, y como ellos dos lo intentaron también, aunque nunca lograron culminar el proceso, sabían que para ellos tres era cuestión de tiempo, así que en complicidad decidieron mantenerlo en secreto hasta que por fin lograsen los resultados esperados. Los dos amigos sonrieron mientras veían al heredero transformado acabar con la basura que tenía como contrincante.

—Eres un… un... ¡Cómo pudiste lograrlo! —gimió colérico Amepai al darse cuenta, que el príncipe se había convertido en un súper saiyajin. Él lo había intentado incansablemente. Había entrenado sin descanso durante años y aún así, no lograba obtener tal poder. Era indignante que un vástago híbrido pudiese hacerlo y no él, que provenía de un linaje puro de su raza. Iba a atacarlo, iba a dar todo de sí, no podía ni debía dejarse intimidar por un bastardo que avergonzaba a los suyos con su mezcla de sangre. No logró moverse ni un poco, cuando sintió la presencia del menor tras él.

—Nunca en tu vida vuelvas a insultar a mi madre, porque correrá sangre en donde quiera que te encuentres —murmuró gélido el príncipe en su oído y enseguida, un dolor punzándote en la espalda de Amepai y una fuerza descomunal, lo hizo volar por lo aires y cayó al piso sin saber más de sí.

El coliseo entero enmudeció por unos interminables segundos hasta que el anunciador del torneo observó que el príncipe, había atacado a su adversario con un magistral golpe que noqueó al adolescente en cuestión de segundos.

—¡Y el ganador es el príncipe Trunks! —gritó haciéndose escuchar por todo el lugar a través de las bocinas en los diferentes puntos. Los presentes, ovacionaron al niño que respiró profundo volviendo a su estado basal.

—Era solo una basura —comentó entre labios para sí mismo caminando fuera de la plataforma para ir con su padre.

—¡Ganó! —gritó la ojiturquesa saltando de alegría junto a su hijo menor al tiempo que veía a su hijo mayor salir de la arena.

—No esperaba menos de él —respondió Vegeta con orgullo.

—Es increíble —expresó Goten, hijo menor de Kakaroto que se encontraba con su padre observando la pelea desde el palco junto al rey —¿Desde cuando Trunks puede hacer eso? —preguntó alzando su vista para mirar a su padre. Él que también podía convertirse en un súper saiyajin.

—Gohan y tú también podrán transformarse sin dificultades hijo —respondió Kakaroto con una sonrisa viendo a su pequeño.

Entre aplausos y la ovación de la gente, Trunks caminaba orgulloso hacia la tarima principal. Con la transformación saiyana y el triunfo del heredero real, aquellos que apoyaban el mestizaje habían dado la estocada final a los puristas, que cabizbajos, prefirieron callarse y no opinar. Algunos incluso se retiraron del coliseo en medio de la silbatina y los abucheos de los otros.

—Padre. Madre —saludó con una reverencia Trunks al llegar frente a sus progenitores en el palco real donde su familia y demás, lo esperaban.

Bulma moría por abrazarlo, pero no quería avergonzar a Trunks al hacerlo sentir como un bebé. Más tarde en el castillo le daría los arrumacos a su primogénito sin restricciones.

—Felicidades por tu triunfo príncipe Trunks, has tenido mucha suerte —comentó Nyu con una falsa sonrisa en sus labios. El mencionado dirigió sus ojos azules a la princesa observándola inmutable. A pesar de su corta edad, había escuchado muchas veces llorar a su madre por culpa de esa mujer, entendía y comprendía que la consorte principal solo era una piedra en el camino de su mamá y que él como su primogénito, tenía el deber de protegerla de quien intentara lastimarla. Arrugó el entrecejo entonces y devolviéndole el gesto hipócrita se forzó a esbozar una sonrisa farsante.

—La suerte es solo para los perdedores —contestó moviendo sus orbes desde la hembra que borró su sonrisa de sus labios al escucharlo, hacia su madre que lo observaba atenta.

—Lo hiciste bien cariño —afirmó la peliazul con sonrisa maternal.

—Felicidades hermano —fue Baserk quien habló. Si de por sí antes veía a su hermano mayor como un ejemplo a seguir, ahora lo admiraba muchísimo más. Vegeta Jr. que había llegado al lugar después de haber sido eliminado del torneo, asintió mirando a Trunks, él tenía ganado su respeto.

—Lo hiciste bien hijo —expresó el soberano satisfecho con los resultados del combate en la categoría de niños —¿Ya pensaste cuál será tu deseo? —preguntó, a lo que el menor asintió ilusionado. No solo había luchado para demostrar su potencial, sino también para poder conocer aquel astro del que tanto había escuchado hablar en los libros de historia.

—Quiero que pases un día completo conmigo… —pidió sintiendo cómo el pulso se aceleró dentro de sí. No sabía muy bien de qué forma iba a reaccionar su padre al saber los motivos por el cuál solicitaba ese viaje -… en el planeta Namek.

—¿Namek? —pronunció el rey alzando una ceja. Desconocía totalmente que Trunks estuviese enterado de que esa estrella lejana existiera.

—Sí padre. Quiero que vayamos juntos a ese planeta. Me intriga saber si de verdad existe allí…

—Hablaremos de tus motivos después, príncipe —atajó Vegeta sus palabras al darse cuenta del interés de su cachorro por ese viaje. No era nada bueno que todos se enteraran de aquella información que pocos sabían —Viajaré contigo —añadió y Trunks asintió con una reverencia sintiendo que todo había valido la pena.

Después de un receso de una hora, los peleadores de la categoría de adultos pasaron a la plataforma de combate. Aquel tiempo de descanso, había servido para que los encargados de la organización del evento quitaran la plataforma que se movía por medio de engranajes mecánicos bajo el coliseo. La tarima en la que lucharon los menores había desaparecido bajo tierra y en su posición, había resurgido una más grande y completamente distinta que abarcaba prácticamente todo el perímetro.

La nueva arena de combate contaba con una gran planicie con superficie tortuosa, de la cual surgían picos de montañas y terrenos escabrosos que le brindarían mayor dificultad a los combatientes. También, el rey había ordenado liberar a las bestias de distintos astros que ahora eran propiedad de Vegitasei. Tales monstruos, harían más interesante la lucha y también, habían implantado semillas que daban vida a humanoides verdes llamados Saibaimen; estos seres, habían sido descubiertos en uno de aquellos planetas que habían purgado décadas atrás. Uno de los científicos saiyajin, había podido mejorarlos usando la biotecnología y así, había creado Saibaimen de fuerza mejorada que utilizaban para su producción en masa, creando ejércitos a gran escala de fácil producción. También había liberado de la prisión de la antigua Ciudad Saiyana a los cinco reclusos más letales y peligrosos, a fin de que dieran un combate más violento y tuvieran la oportunidad de redimirse.

Se esperaba que al menos murieran entre cinco a seis guerreros durante esta lucha, ese era el promedio del saldo de muerte cada vez que surgía el combate de aniversario del rey.

Para tal categoría, se habían inscrito al menos, cuarenta combatientes entre hombres y mujeres que tendrían que luchar entre sí hasta que solo un par de finalistas, se disputaran el primer lugar y el ganador de ambiciosos premio. Entre los peleadores estaba Nappa, el general del ejercito y ganador en dos ocasiones del torneo. Bardock, padre de Kakaroto y Raditz, general de escuadrón de choque y también vencedor en dos ocasiones. También se habían inscrito los integrantes de su escuadrón, Taro, Tooma, Panppukin, Totappo, Fasha y Leek. Del equipo Elite del Rey Vegeta IV participaría Brocco, el comandante Zorn, el capitán Kakaroto y mano derecha de su majestad y Pumkin al igual que Raditz. Además, se habían enlistado los élites del príncipe Tarble, el capitán Turles, el coronel Onion, Apple, y Beat.

Entre las mujeres más poderosas además de Fasha estaban Mushroom, Berrystraw, las hermanas Pear y Peach, y la indomable Cocoa, apodada la grande, por su enorme tamaño. También Kale y Caulifla. Igualmente decidieron participar algunos otros por cuenta propia, entre los más importantes Cumber, actual escolta de lady Okra, Letucce, Mustard, y un guerrero de los que nadie sabía su identidad ya que traía una máscara de cuero negro en su rostro.

Estaban por dar por iniciado el torneo, cuando de pronto un guerrero ascendió por los escalones de la tarima para unirse a los demás, llamando la atención de quienes lo conocían de cerca y sabían el motivo por el cual había sido desterrado del planeta.

El rey que observaba la plataforma de combate a la distancia, en un momento sus ojos se quedaron fijos en un solo saiyajin. En aquel que expulsó de Vegitasei hacía tres años atrás. Sintió como su ira y repulsión en contra de tal escoria detonaron dentro de si. Se puso de pie de golpe bajando los escalones llegando hasta el barandal que separaba el palco de la arena sin apartar en ningún momento sus orbes obscuros irascibles de él.

En ese momento el encargado de la ceremonia hizo un anuncio especial a la audiencia por medio del parlante.

—El príncipe Tarble nos acaba de informar para revelarle a todos los presentes que, luego de haber cumplido su exilio de tres años, el campeón del último torneo, Broly, regresa para defender su título.

—¡QUÉ MIERDA SIGNIFICA ESTO TARBLE! —bramó iracundo el rey desviando su vista al príncipe que estaba sentado en los asientos cerca del barandal y volvió su escudriño a la tarima enseguida.

Bulma, miró la reacción del monarca y desvío su vista en la dirección que él estaba viendo, detallando en lo lejano al causante de la molestia del soberano. Su garganta se secó y tragó a como pudo sintiendo cómo sus piernas temblaron con temor al recordar todo lo que el élite había hecho para alejarla del planeta. Se levantó de su asiento y bajó las gradas acercándose a su esposo quedando de pie a su lado. Tenía que evitar a como diera lugar una confrontación mayor entre ellos.

—Majestad, por favor, estamos en el coliseo. No deje que esto le robe la calma —dijo ella con voz suave.

—¡Responde a su majestad, Tarble! —alzó la voz Okra colérica al ver cómo la presencia de Broly afectaba al saiyajin real. Solo quería gritar, hacer desaparecer a la terrícola y suplantar su sitio, pero nada de lo que había hecho últimamente le resultaba. No había podido conseguir que Vegeta le devolviera el privilegio de vivir en el palacio, y estaba segura de que esa decisión no había sido de él sino más bien de la humana que manipulaba a su antojo al gobernante. Lo peor es que nadie lo veía, solo ella se daba cuenta de quien era realmente la harpía de cabellos turquesa que incluso, logró que el hombre que ella amaba, la convirtiera en su segunda esposa legítima. Había querido morirse cuando se enteró que ellos se unirían, pero echarse a llorar en su almohada no era una opción. Debía mantenerse en pie, tenía que ser más inteligente que esa mujer que era fuerte, porque tenía el apoyo del rey. Sin él, Bulma no sería nada.

Apricot que estaba al lado de Tarble, tomó su mano y la apretó notando la tensión que se había formado en el ambiente. El volteó a verla encontrando en sus ojos azabaches la paz que necesitaba. La saiyana, se había convertido en su apoyo. Lo comprendía como nadie y siempre buscaba hacer lo mejor para él, por ello no había dudado en hacerla su compañera después de unos meses de relación excitante. El príncipe suspiró, y posó su mirada en su hermano mayor.

—¡Le diste tres años de exilio en el planeta Vampa! ¡Ya cumplió con su sentencia y puede regresar si así lo desea porque es su planeta natal! —respondió intentando mantenerse sereno.

Los presentes al darse cuenta de la presencia del élite, comenzaron a ovacionarle vociferando su nombre mediante gritos de apoyo. En realidad, era un guerrero muy popular, y muy querido por el pueblo desde hacía muchos años.

Chirai, quien también estaba presente en el coliseo con su niña de dos años en brazos, se levantó sumándose a la multitud. Ella amaba con todo su ser a ese hombre, y siempre lo apoyaría. La pequeña Tangerine vio a su papá de lejos y aplaudió con sus manitas mientras casi todos coreaban.

—¡BROLY! ¡BROLY! ¡BROLY! ¡BROLY! —gritaban al unísono mostrando su favoritismo. Vegeta fue hacia su hermano y le habló antes de tomar asiento.

—¡Que regrese no significa que deba acercarse al castillo! ¡Lo quiero lejos! Porque si la vez anterior no maté a tu estúpido escolta ¡Esta vez nada me detendrá! —bufó apretando con rabia la mandíbula.

Bulma miró las manos enguantada del rey apretar sus puños con fuerza. Se sintió culpable. Nunca debió permitir un acercamiento de parte del élite, ya que sabía que él tenía segundas intenciones hacia ella.

—Sé que podremos encontrar una mejor solución mi rey —expresó la muchacha mientras se sentaban. Aún recordaba lo que Broly le dijo aquel día que intentó secuestrarla y de eso, Vegeta jamás podía enterarse. No sino quería ser la causante de una desgracia y que todo siguiera como estaba hasta ahora.

—¿Quién es Broly mamá? —interrogó Baserk al lado de sus padres. La científica tomó a su hijo en brazos mirándolo a los ojos.

—Es uno de los guerreros que va a luchar hoy —respondió al ver la curiosidad del menor.

—¿Es ese de cabello largo? —volvió a preguntar desviando sus ojitos hacia el rey cuando éste volteó a verlo —¿Se trata del mismo saiyajin que es como yo, mamá?

—¿Quién te ha dicho eso? —preguntó el gobernante serio sin dejar de ver al niño.

—Tío Tarble me habló de él, dice que Broly cuando era niño tenía el mismo problema con su poder, así como yo —afirmó señalando con su dedito al costado donde el príncipe se encontraba escuchando la conversación. Vegeta respiró hondo. Definitivamente ese había sido un día agridulce.

Mientras tanto en la arena de combate, la presencia del héroe legendario causó molestia en varios de los guerreros.

—Él no debería estar aquí—dijo Kakaroto que estaba junto a su padre y hermano mayor al notar la presencia indeseable del élite.

Zorn, que estaba cerca, se giró al escuchar las palabras de la mano derecha del monarca, sintiendo la cólera apoderarse de sus sentidos al escuchar las ovaciones dirigidas hacia el desterrado.

—Me importa un carajo que haya cumplido su exilio. Lo mataré hoy mismo —bramó el comandante dándose completamente la vuelta para quedar de frente al élite que caminó hasta el grupo reunido al centro de la plataforma.

—Por sus rostros puedo adivinar que no esperaban verme aquí —comentó Broly con una sonrisa burlona —Pensaron que podrían matarme, pero todos son unos inútiles.

—¡Por qué demonios regresaste! —preguntó Zorn alterado. Kakaroto que estaba a su lado colocó su mano sobre el hombro del saiyajin.

—Tranquilo Zorn, todo debe tener un motivo —expresó la mano derecha del soberano intentando calmar al comandante.

—¿Motivo? No me hagas reír Kakaroto, ésta escoria forzó a la segunda consorte de su majestad ¡Y además de ello estuvo apunto de secuestrarla! —aseveró apartando de su cuerpo la mano del guerrero que intentaba serenarlo —¡NO ME DIGAS QUE ME TRANQUILICE! —gritó enardecido posando sus ojos iracundos en el élite que sonrió con mofa.

—Parece que mi presencia aquí no solo te es molesta Zorn, más bien representa una amenaza porque me ves como a un rival en todos los sentidos…

—¡Cállate hijo de puta! —rugió interrumpiendo las palabras del ex soldado del reino. No iba a permitir que pusiera en balanza su honorabilidad delante de todos. Los que estaban cerca de ellos ya se habían girado poniendo su atención en los hombres que discutían, pues sus gritos se escuchaban por sobre la voz de anunciador que estaba dando las indicaciones y reglas del torneo.

—¿De qué está hablando Broly? Pareciera que es algo personal contra ti Zorn —comentó Bardock que se había mantenido expectante ante el intercambio de palabras de los hombres.

—¡Ey Bardock! —le gritó Nappa desde el otro lado —No te metas en eso. Concéntrate en mí, que voy a acabar contigo hoy.

El padre de Kakaroto posó sus ojos en Nappa y viró sus orbes hastiado. Quizás si hoy lo mataba ya terminaba de una buena vez con ese calvo fastidioso.

En cuanto el presentador dio la señal de inicio, todos se esparcieron a través de los rincones de la tortuosa plataforma buscando la manera de eliminar a cuanto contrincante pudiesen, pero dos saiyajin, se quedaron estáticos, uno frente a otro en un silencio sepulcral que duró al menos un par de minutos. Tan solo el viento movía el cabello de los guerreros y el sonido de los enfrentamientos en el campo lejano era lo único que se escuchaba para ellos. La tribuna apoyaba a sus favoritos gritando sus nombres por todo lo alto. Sin embargo los élite estaban tan absortos en sus propios pensamientos, que nada más que su ganas de luchar existía en ese momento.

—¿Qué sucede Zorn? ¿Temes que haya regresado para convencer a Bulma de largarse conmigo? —preguntó echándose a reír. Vio bufar a su contrincante y se preparó para pelear quitándose la capa verde que cubría todo su cuerpo tirándola a un lado. Acababa de aterrizar y no había tenido tiempo de cambiar su vestimenta ya que en Vampa, el clima era mayormente frío.

—Eres patético —Zorn se liberó de la capa corta que siempre solía utilizar —Regresar a buscar a alguien que nunca ha sentido nada por ti es vergonzoso —agregó sonriendo con sátira.

—¿Y qué me dices de ti? Ni aún manteniéndote cerca has logrado nada con ella —rebatió Broly poniéndose en posición de ataque.

—Cierra tu boca y pelea —le contestó Zorn para después lanzarse sobre el guerrero y ambos comenzaron a intercambiar innumerables golpes que el otro lograba atajar y esquivar. Concentrados en la lucha y persiguiendo el mismo objetivo. Ninguno iba a dejarse ganar por el otro. Se elevaron en el aire moviéndose con velocidad por todo el espacio hasta que Zorn, asestó un puñetazo en el rostro de Broly mandándole a volar lejos. El soldado, cerró sus ojos sintiendo un intenso dolor cuando su espalda chocó con una de las montañas en la arena. Se recuperó instantáneamente alejándose del cerro y pudo ver al comandante que venía directo hacia él. Se movió con rapidez desapareciendo de la vista del saiyajin y lo atacó por el lado derecho derribándolo con una patada en el costado. Zorn, cayó desde la altura hasta impactar contra el piso de la tarima.

Mientras Broly y Zorn se molían a golpes, Nappa intentaba en el extremo izquierdo derrotar a su adversario no solo de pelea en ese momento, sino que su rival en la lucha continua de toda la vida por ver quién tenía más poder e influencia en el gobierno. A su lado explotaron unos Saibaimanes y salió volando hasta caer de bruces sobre el polvo que se combinaba con las gotas de sangre que habia dejado Raditz en su pelea personal contra Turles. Bardock sonrió al ver el daño causado al mastodonte que se puso de pie limpiando el polvo viscoso por el líquido escarlata que se había adherido a su rostro.

Por otro lado, Cumber había derrotado a unos cuantos y ya comenzaban a quedar menos peleadores sobre la arena. Sus ojos buscaron a Kakaroto, quien desde el principio había sido su objetivo. Quería e iba a luchar contra él pues tenía que comprobar que tan fuerte era con relación al élite, además, la curiosidad le carcomía por saber, qué tan poderoso era el soldado que aparte del rey, también se transformaba en súper saiyajin.

—¿Acaso me buscabas, Cumber? —Kakaroto lo interceptó desde atrás y lo prensó por el cuello, ahorcándolo, para luego darle una ráfaga de golpes al rostro. Pero Cumber se mantuvo estoico y contratacó con una patada que mandó a su atacante contra unas rocas. Pudo levantarse sin dolor alguno, pero enseguida fue embestido por el guerrero enmascarado y se enfrascó en otra lucha con él por los aires. El élite sonrió, nunca jamás un combate había sido de tan buen nivel. Solo faltaba que el rey combatiera con él para que fuese perfecto.

Cumber no perdió el tiempo viendo a Kakaroto luchar a lo lejos con el guerrero de la máscara, buscó entonces a Broly. También quería darle una lección a ese idiota. Cuando logró divisarlo, el legendario corrió hacia Zorn para luego elevarse en el aire. El comandante que estaba por atacar a Broly, iba en su dirección volando rápidamente cuando un golpe lo desestabilizó y pudo ver al guardaespaldas de su mujer dirigirse hacia su rival que se sorprendió de la misma forma al ver cómo Cumber comenzó a lanzarle golpes.

—¡Pero qué demonios! —bramó el élite posicionando sus manos frente a él, protegiendo su cuerpo de la maciza patada que éste le lanzó impactando contra uno de sus brazos. El ex soldado saiyajin se apresuró a alejarse de su atacante rodeándolo en el aire para darse tiempo a reponerse. Un impacto dio por finalizado el ataque cuando ambos chocaron sus puños y su ki generó un choque que llamó la atención de todos los que estaban cerca.

Vegeta, desde el palco, observaba a lo lejos como luchaban los más destacados. Cumber y el guerrero enmascarado habían sido una sorpresa para él. Tenían muy buen nivel para enfrascarse con Kakaroto y Broly. Por el otro lado, veía a Cocoa la grande dar lucha pareja a Brocco, mientras Fasha eliminaba a Apple de una patada. Berrystraw dejó fuera de combate a Beat, pero Apple empujó a este último fuera de la tarima en su descuido. Kale y Caulifla iban parejas aún.

Toteppo sembró varios Saibamanes que le estallaron en las espaldas a Panppukin y Letucce, para eliminar a ambos al mismo tiempo. Mientras sonreía por su logro, Pumkin le dio una patada doble y lo dejó fuera de combate también. Pero los hermanas Peach y Pear se unieron para sacar a Pumkin, y también a otro que estaba cerca de él, Letucce, quien había estado peleando con un ex convicto de la Antigua Ciudad.

En la arena, Kakaroto había sido atacado ahora por Cocoa la grande, luego de que ésta engañara a Brocco y dejarlo eliminado, no sin antes sacar a Kale y Caulifla también. La mano derecha del rey le dio una soberana patada a la enorme mujer que salió volando por los aires y cayó cual tanqueta fuera de la arena, descalificada. Kakaroto entonces fijó nuevamente su atención en el guerrero enmascarado que luchaba contra él. Podía percibir su energía, se trataba indudablemente de un guerrero saiyajin. Pero no sabía de quién con exactitud y eso le causaba aún más curiosidad y emoción por batallar contra él.

Entre las montañas, la disputa por ser el vencedor se daba entre Onion y Toma, ambos estaban al mismo nivel, se golpeaban al mismo ritmo sintiendo la adrenalina recorrer sus cuerpos. Por supuesto, se contenían en gran medida, ya que una de las reglas del torneo era que no podían usar ningún tipo de energía. La lucha era cuerpo acuerpo. Mientras ellos se adentran aún más en las montañas protegiéndose de los ataques del rival, también esquivaban los impactos de los Saibaimanes… Tiempo después, los luchadores se habían reducido a un pequeño número. Nappa había sido derrotado por Bardock después de una intensa lucha que dejó al general sin fuerza sobre el piso bañado en sangre de pies a cabeza.

Los demás soldados se habían ido eliminado por salir de la plataforma de combate por error como en el caso de Kakaroto, el guerrero enmascarado había conseguido engañarlo y lo había lanzado fuera de la tarima quedando descalificado. Algunos otros habían sido eliminados porque su adversario había sido más ágil y fuerte, como la pelea entre Raditz y Turles, donde Turles había resultado vencedor, pero él había salido perdiendo contra el guerrero enmascarado, quien cayó entre unas rocas, desfallecido por el cansancio. No se sabía si el tipo se había desmayado o quizás había muerto, pero ni siquiera se movía en aquella esquina lejana dentro del terreno.

—¡Pero qué inútil, Turles! —gritó Nyu furiosa desde el toldo, viendo como su descuido le había costado avanzar en la contienda por un guerrero caído que ni siquiera se sabía quien era y que probablemente habría muerto, pues tirado donde estaba no daba señales de vida.

Le pelea entre Broly y Zorn era por lejos la más pareja. Sus dotes de combate estaban al tope, ambos con heridas en sus cuerpos, cansados y debilitados por los asaltos, pero ninguno era capaz de darse por vencido, porque más que medir su fuerza, su lucha era un enfrentamiento de egos y orgullo que no estaban dispuestos a dejarse doblegar por el otro. Iban a dar su último esfuerzo, ambos se hallaban frente a frente sonriendo porque estaban por definir el ganador. Se lanzaron para asestar el golpe final cuando de la nada, ambos fueron lanzados por Cumber con un gran impacto cayendo sin poder evitarlo fuera de la arena. Zorn había recibido una patada en la espalda que le provocó salir volando de la plataforma, llevándose consigo a Broly, dejando a los dos guerreros descalificados del torneo.

La gente quedó impactada al ver que los tres guerreros favoritos, Kakaroto, Broly y Zorn habían sido eliminados, incluso Turles y Raditz, y por dos relativamente nuevos, Cumber y el tipo de la máscara que al parecer murió en la arena.

—¡BRAVO CUMBER! —chilló lady Okra, poniéndose de pie para celebrar la forma en que su guardaespaldas había engañado a dos de los favoritos y ahora resultaba el ganador. De antemano había hablado con él y le había dicho que, de ganar, pidiera que ella y él volvieran al castillo. Okra rió estrepitosamente. Quería ver los rostros de esas dos rameras, Bulma y Nyu, cuando Vegeta la llevase de vuelta al lugar de donde nunca debió salir.

Nyu y Bulma se miraron. Estaban seguras de lo que Cumber le iba a pedir al rey. Pues él hacía lo que Okra le pedía, por lo tanto pedirían volver al palacio. No podían creer que esa zorra había contado con una suerte semejante.

Cumber, aún en el lugar de los hechos, rió en el rostro de los soldados cuando éstos se incorporaron y se dieron cuenta de quién los había atacado. Era el único sobre la arena de combate. Los espectadores estaban sorprendidos de que incluso los miembros del equipo élite del rey habían sido derrotados. Los vítores se escuchaban por todo el coliseo. Algunos descontentos porque no resultó ganador a quienes ellos apoyaban y otros, emocionados por aquella gran batalla campal. Había sido la mejor en mucho tiempo.

El anunciador estaba por nombrar a Cumber como el ganador del torneo cuando de pronto, el guerrero fue sorpresivamente lanzado fuera de ésta, cayendo de cara sobre el polvo del recinto. El guerrero enmascarado había descansado los minutos suficientes, haciéndose pasar por muerto, para poder recobrar las fuerzas y así sorprender a aquel tipo que ya se daba por vencedor, y con una soberana patada que lo mandó al suelo junto a Broly y Zorn quienes ya se habían puesto de pie.

Hubo unos segundos de silencio hasta que en medio del mutismo se escuchó las carcajadas de Vegeta. En verdad el rey había disfrutado mucho de aquel combate y en serio le causaba gracia que el menos pensado hubiese ganado. Nyu también se empezó a reír, básicamente burlándose de Okra que había quedado en shock.

—¡Y contra todo pronóstico, el ganador es el saiyajin enmascarado! —gritó el anunciador, y la euforia se apoderó de los presentes.

El peleador sonrió bajo aquella máscara que cubría su rostro. Había hecho una promesa a la mujer que había dejado en el planeta Tech-Tech y que ahora podría cumplir. Suspiró profundo y caminó fuera de la arena de combate para ir frente al rey. Pediría su deseo y por fin todo podría volver a su cause.

El guerrero caminó frente a la mirada de los vencidos, y cuando llegó al extremo norte del coliseo los guardias le abrieron el acceso y subió lentamente por las escaleras.

—No puedo creer que ese don nadie le haya ganado a Broly —murmuró Tarble para sí mismo.

—¿Quién rayos es ese individuo? —expresó Nyu observando al sujeto venir hacia ellos.

La científica que estaba sentada al lado del rey, desvío la mirada hacia él observando su expresión estoica, sintió un poco de incertidumbre al ver al saiyajin pararse frente a ellos a unos cuantos metros, escoltado por dos soldados. Su rostro cubierto desde la nariz hacia arriba por la máscara de cuero le provocaba un poco de miedo.

—Majestad —pronunció el sujeto llevando su mano derecha con puño hacia el pecho e inclinándose ante él..

—¿Quién eres? —preguntó Vegeta viendo al tipo de arriba abajo. El hombre estaba vestido con el traje tradicional del planeta Tech-Tech. Era una vestimenta futurista cuya armadura llevaba a la cintura una abrazadera en donde los habitantes de dicho astro portaban armas destructivas y sus botas negras, llegaban hasta por debajo de sus rodillas.

—Soy un saiyajin que antiguamente vivió en éste planeta, rey Vegeta, pero que me vi forzado a abandonarlo debido a ciertas circunstancias —manifestó bajando la mirada, recordando lo difícil que había sido sobrevivir en un astro al cual no pertenecía y en donde, había tenido que adaptarse hasta ese momento ya que su deseo siempre fue regresar a su estrella natal —Usted me conoce, de pequeño jugué junto a usted, y con varios de los que hoy lucharon contra mí, incluso con algunos que hoy están en ésta tarima.

—Quítate la máscara —ordenó el monarca ahora más serio. El tipo alzó la vista encontrándose con los ojos obscuros del soberano que lo veía severo.

—Obedece a su majestad —dijo Nyu que al igual que los demás estaba esperando conocer la identidad del saiyajin.

El joven, asintió concordando con las palabras y levantó sus manos llevándolas hacia la máscara. Suspiró profundo antes de apartarla de su rostro, sabía que, si lo reconocían a primera vista, algunos odiarían su presencia, y sino lo hacían, lo sabrían cuando les dijera su nombre. Hacía casi veinte años que nadie había vuelto a verlo.

—Soy yo, Skalion —expresó alzando el rostro y revelando su identidad.

Nyu abrió sus párpados sorprendida y sintió como su corazón dio un brinco dentro de su pecho. Percibió su pulso acelerado en su cuello y toda clase de sentimientos arremolinaron en su interior. Era él. Su mejor amigo, su compañero de travesuras. Su amor escondido de la infancia. Pasó la lengua por sus labios humedeciéndolos, aun sintiendo el impacto de la noticia. Se removió en su asiento percibiendo cómo un par de gotas de sudor bajaron por su frente y giró su rostro para observar a Vegeta. Sólo esperaba que nadie se diera cuenta de su inesperada inquietud. Pero Bulma sí lo notó ya que estaba viéndola con ojos acusadores.

El rey detalló al saiyajin reparando en su rostro y su mente se inundó con recuerdos, que, aunque vagos, no los había olvidado. Vio en su memoria a lady Nion, su tía que lo cuidaba cuando era pequeño, esa mujer que le había dedicado más tiempo que el que su propia madre le dio en su momento. También lo recordó a él. Ese niño que siempre estaba con ella en la unidad científica y que cada vez que ella iba a cuidarle, la acompañaba. Hacía mucho que no rememoraba eso. Pero todo vino a su mente al ver a ese hombre frente a él.

Tarble miró incrédulo al sujeto, no podía creer que ese bastardo se atreviese a pisar nuevamente el suelo de Vegitasei cuando su padre, los había desterrado hacía dos décadas del planeta. La madre de él, Nion, había sido la culpable de la muerte de Root, su progenitora ¿Ahora qué pretendían? Exhaló con fuerza intentado que la ira no se apoderara de él. Tenía la mandíbula tensa, las manos en puños y solo deseaba destruir a ese par que había hecho de su vida una mierda.

—Te recuerdo —dijo el rey —Ganaste el torneo ¿Cuál es tu petición? —interrogó el monarca apartando sus recuerdos de su mente, sacando a todos de sus propios pensamientos. Vegeta, tenía que averiguar el motivo del retorno del saiyan.

—Majestad. Espero que mi decisión no afecte a ninguno de los presentes —comentó Skalion virando sus orbes hacia Tarble. El tipo aún tenía rastros de aquel chiquillo que una vez fue, no había cambiado absolutamente nada y pudo reconocerlo fácilmente. El príncipe, lo miró analizando sus palabras y lo intuyó en el instante… Skalion lo pediría… —Pero deseo que lady Nion, sea traída nuevamente a Vegitasei respetando los privilegios que su estatus como lady le confieren —finalizó volviendo sus ojos negros hacia el rey. El monarca, se quedó en silencio un par de segundos y asintió ante el pedido.

Tarble había traído a Broly a sabiendas que le incomodaba. Entonces él traería a Lady Nion para estar a mano.

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Eran las ocho de la noche del mismo día. La actividad comercial estaba en pleno apogeo debido a la organización del torneo que se había llevado acabo y en la ciudad, se había instalado una feria en el que los mercaderes ofrecían los productos nacionales a los alienígenas de distintas razas que se paseaban por el lugar después de haber presenciado las peleas.

Vegeta y Bulma cenaban con sus tres hijos en la sala en común del ala de la científica, ya que era más privada y acogedora.

—Yo no quiero ser el prometido de nadie —dijo Trunks que tomaba la cena con ímpetu.

—Si la niña estaba de acuerdo con la decisión del padre quiere decir que le gustas Trunks —bromeó la peliazul sonriendo por los comentarios de su hijo. El príncipe mayor ayer no estuvo presente cuando el senador Sukini había pedido como deseo, que sus hijas fuesen candidatas a esposas para los dos vástagos mayores del soberano.

—¡Tch! Ni siquiera es bonita —expresó Vegeta Jr. llenando su boca con un par de bocados.

—Cambiarás de opinión cuando crezcas —respondió Vegeta con una sonrisa ladina. Aún recordaba que, a la edad de su segundo hijo, también repudiaba a las chiquillas ofrecidas por sus progenitores en promesa de matrimonio.

—¿Y tú que opinas Baserk? —preguntó la madre desviando su mirada al menor que comía tranquilo sin decir una palabra. El niño simplemente se encogió de hombros. Bulma se echó a reír, tendría muchos problemas con los que lidiar cuando sus tres hijos crecieran y las muchachas pusieran sus ojos en ellos.

—Dejemos eso de lado, hay una noticia que queremos darle —manifestó Vegeta observando a Bulma, que posó su mirada en él inmediatamente. Ambos se sonrieron cómplices a la vez. Se sentían felices de que la familia se hiciera más grande y que esos hijos, fueran el producto del amor que entre ellos existía.

—¿Qué es? —preguntó Vegeta Jr. dejando sus alimentos de lado. La peliazul observó a los menores prestar atención.

—Van a tener un nuevo hermanito —dijo contenta tomando la mano de Vegeta que estaba sobre la mesa. Él la tomó entre sus dedos y la apretó ligeramente compartiendo la felicidad de recibir un nuevo hijo en sus vidas.

—¡Qué bueno¡ —dijo Trunks mientras Vegeta Jr. sonreía y se metía otro bocado a la boca —Otro hermano para entrenar.

—Eso quiere decir que ya no voy a ser el menor —respondió Baserk contento ante la mirada de sus padre.

Entre las sirvientas que estaban de pie cerca del comedor, una de ellas no era lo que realmente aparentaba. Su objetivo en ese sitio no era precisamente el rol que estaba interpretando. Escuchó a detalle cada una de las palabras salidas de la humana y del soberano y en cuanto la cena acabó y ellas pudieron retirarse. No dudó en ir a decirle todo a su verdadero amo. El príncipe Tarble.

—…Ella se lo informó a los príncipes frente a su majestad. Les dijo que iban a tener un nuevo hermano —explicó la mujer en uno de los solitarios pasillos. Tarble que estaba escuchando cada una de sus palabras, sintió como su cola se encrespó con rabia.

—¿Estás segura?

—Completamente alteza —respondió la femenina.

—Averigua más detalles, no quiero que nada se te escape. Porque si la información es falsa… ¡Pagarás con tu vida! —bramó el saiyajin real dándose la vuelta para ir hacia su habitación. Todo iba de mal en peor, la estúpida de Nyu en vez de ganar terreno lo perdía cada vez más, era una inútil ¡Todos eran una sarta de buenos para nada! Si la ramera terrícola paría dos hijos más, al consejo no le quedaría otra salida que aceptarla como reina por obvia decisión de su imbécil hermano.

Entró a la recámara hecho una furia. Azotó la puerta a sus espaldas y caminó dentro en dirección a la cama en donde vio a su esposa en cuanto se acercó.

—¿Sucede algo? —preguntó la princesa poniéndose de pie para ir hacia el saiyajin que detuvo los pasos frente a la cama.

—¡Otro mestizo más! ¡Ésto pareciera una maldita invasión de mocosos híbridos! —bramó histérico caminando de un lado a otro frente a la mirada de la saiyana —De continuar así, en un par de décadas los saiyajin puros quedaremos extintos.

—¿De qué hablas, Tarble? —interrogó Apricot perdida en sus palabras.

—¡De esa puta terrícola! ¡Va a parirle otro hijo a mi estúpido hermano! —vociferó deteniendo su ir y venir frente a la muchacha que abrió sus ojos sorprendida con la noticia —Esa mujer se está apoderando del imperio y si nadie la detiene se convertirá en reina —expresó bajando el tono de voz intentando calmar su furia.

—Tienes razón en lo que dices —comenzó a decir Apricot a medida daba pasos hacia él hasta que se detuvo a pocos centímetros y alzó sus brazos enrollándolos en el cuello del saiyajin —¿Pero sabes qué? Te tengo una noticia mejor. Solo estaba esperando que me lo confirmara la doctora; yo también te daré otro hijo —finalizó con una sonrisa. El príncipe mutó de colérico a asombrado, y de allí se avistó una sonrisa de felicidad. Solo su mujer era capaz de cambiar su infierno por la gloria y darle la alegría que necesitaba en el momento preciso. Le correspondió estrechándola contra su cuerpo en un abrazo.

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Estaba cambiándose frente a espejo del tocador. Era casi el medio día. Había estado desde anoche en su habitación sin querer ver absolutamente a nadie. Observó sus ojos en el reflejo, estaban hinchados, rojos y cansados debido al desvelo que la noticia le había ocasionado. Sentía su corazón apretujado dentro de su pecho y no había nada ni nadie, que pudiese hacerla feliz en ese momento.

Automáticamente cogió el peine de la mesa y lo llevó a su cabello cepillado lentamente su melena lacia. Una de las sirvientas de Apricot, le había informado sobre el cuarto embarazo de la humana por órdenes de ésta, mientras ella, había perdido el recuento de abortos a lo largo de esos años. Ya no le servía de nada ni si quiera en pensar en matar a la humana, porque, aunque se manchara sus manos de la asquerosa sangre de esa serpiente cizañosa, no podía borrar las burlas que ella generaba entre los pobladores del planeta. Sabía que la terrícola ganaría terreno cuando pariera un nuevo crío ¿Y ella? Incluso la habían apodado "la reina seca" que no podía llevar a término su preñez y ni siquiera había podido mantener la cama caliente de su majestad. No conforme con eso, el regreso de Skalion la había desestabilizado. Su presencia le trajo gratos recuerdos de épocas pasadas donde ella fue realmente feliz. Pero ella misma lo echó a perder, y aquello había quedado enterrado en las confinidades del olvido. Quizás algún día le pediría perdón por todo el daño que le hizo a ese hombre que tanto la quiso.

Su realidad actual era patética, estaba en total abandono por parte del rey, hacía meses que él no pedía verla en sus aposentos. Ella lo había buscado muchas veces y lo único que recibía eran negativas. Simplemente Vegeta ya no la deseaba como mujer. Lo comprobaba en su mirada, en sus gestos, en sus palabras frías mientras que para la humana, todo era calor, fuego, pasión. Los había escuchado fornicar una noche en la que planeó ir a verlo en el día que le correspondía estar con él. Cada gemido salido de la boca de aquella arpía había sido como dagas clavándose en su corazón, y la odiaba. La odiaba con tal intensidad que no dudaría en aniquilarla si eso le asegurara convertirse en la única mujer que los ojos de Vegeta viesen.

Se giró sobre el taburete donde estaba sentada y volvió su mirada al desorden en el piso. Todo estaba hecho un desastre, desde las cortinas rasgadas, hasta las sábanas de su cama rotas. Los muebles de su recámara habían sufrido las consecuencias de su ira la noche anterior. Pero era un nuevo día y debía ponerle un hasta aquí, aunque se tratase del soberano. Su familia había sido blanco de mofa por parte de la sociedad saiyana por su culpa, por no poder darle hijos a la dinastía y por él, por no darle el lugar que merecía. Conocía la posición del rey con respecto a la terrícola, esa mujer siempre había estado sobre ella y eso no iba a permitirlo. Era la princesa, que no pudiera parir no significaba que su título fuese inválido ante su estatus. Se puso de pie decidida. Iría a hablar con el monarca.

Salió de su recámara dejando entrar a la servidumbre para que recogieran todo el desastre, no había permitido que nadie la acompañarse esa noche, ni sus sirvientas y tampoco Turles, él la quería, le molestaba su sufrimiento y no deseaba que la viese tan afecta a causa del desdén del rey para con ella.

Nyu, llegó al despacho real. Por suerte él estaba ahí y no estaba acompañado. Zorn que estaba en la puerta, le dio acceso al recinto. En cuanto entró pudo ver al saiyajin real sentado tras su escritorio mientras leía algún documento. Suspiró profundo, caminó hasta él y se detuvo a un par de metros de distancia.

—Majestad —saludó inclinándose. El mencionado, dejó los papeles que tenía en la mano a un lado y posó sus ojos negros sobre la hembra que lo miraba serena.

—¿Qué sucede? —cuestionó. Los ojos rojos e hinchados de su consorte no pasaron desapercibidos para él y supo que algo no andaba bien.

—¿Es verdad? —interrogó y vio al hombre alzar una ceja, interrogativo —¿Ella está embarazada… nuevamente?

—Lo está —respondió seco preguntándose qué traía ahora en manos la princesa.

—¿Cómo es posible? —volvió a preguntar la muchacha sintiendo sus calientes lágrimas llenar sus párpados —¿Por qué la toma a ella y no a mí? ¡Inclusive le ha cedido mi día y está con esa mujer en vez de su esposa principal! —gimió harta de todo. Harta de ser la primera consorte por título, pero en la vida del hombre que amaba un simple plato de segunda mesa. Harta de que él no le diera su lugar. Harta de que Vegeta le pisoteara el orgullo.

—El único que decide con quien, y cuando estar soy yo, Nyu —respondió él poniéndose de pie y rodeó el escritorio para llegar a ella —Como mujer no tienes voz en este caso —añadió parándose frente a la femenina que arrugó su ceño con rabia.

—No puede ser tan injusto. Merezco su tiempo y sus ganas de estar conmigo porque me tomó como su esposa ¡No cómo un juguete al que puede desechar cuando se ha aburrido de éste! —manifestó alzando su voz escabrosa. Pero no se quebraría, no delante de él. Porque sus lágrimas eran por mera impotencia, por no poder hacer nada para cambiar las cosas. No por debilidad ni fragilidad como otras razas lo hacían.

—Has sido incapaz de darme hijos ¿Pretendes que siga cogiéndote cuando solo siguen muriendo en tu vientre? —cuestionó el rey con total franqueza. Si ella quería la verdad él no tendría problema en decírsela.

—¡No es mi culpa! Además…

—Tampoco la mía. Bulma me ha dado tres hijos y otro viene en camino. Está claro que el del problema no soy yo —respondió girándose para ir al escritorio en donde buscó entre los papeles una hoja en específico. La tomó en sus manos cuando la encontró y volvió hacia ella —¿Sabes qué es esto? —preguntó estirando el brazo en el aire, mostrándole la página frente a los ojos de la mujer. Ella negó —Es la petición para la anulación de nuestra unión —explicó. La saiyana abrió los ojos con temor y rabia mezclados que la hicieron temblar por dentro. Quiso oponerse, reclamarle, gritarle y odiarlo, pero nada salió de su boca debido a la estupefacción en la que se encontraba. Tragó en seco e intentó controlar sus emociones hasta que por fin pudo hablar.

—No puede hacer eso —expresó atónita la princesa llevando una mano a su frente sin poder creer lo que escuchaba —No puede despojarme de mi título así como así —agregó sintiéndose mareada. Si él anulada su matrimonio y le quitaba su categoría como princesa, estaba acabada. Nadie la querría como esposa después de haber abortado seis críos. Ningún hombre le daría honor y terminaría refundida en la miseria al igual que su familia. Temió como nunca en su vida.

—No la he firmado aún. Lo he pensado y no es lo que mejor me conviene —contestó el monarca mirando el papel en sus manos. Hacía días que lo había estado analizando, llegando a una sola conclusión. Si el consejo anulaba su unión con la saiyana, ellos intentarían imponerle una nueva esposa. Una con la que tendría que iniciar toda esa mierda nuevamente y no estaba dispuesto a soportar otro teatro de esos. Volvió su vista a la hembra y bufó por lo bajo —Por ello te propondré un trato —continuó hablando mientras ella lo escuchaba —Seguirás conservando tu título de princesa, viviendo en el castillo y fingiendo ser mi mujer, pero entre tú y yo no habrá más intimidad —expuso observando cómo las mejillas de la femenina se incendiaron en un rojo carmín por la rabia. Ella esperó cualquier propuesta, excepto esa en donde él le estaba planteando ser solo un adorno con título.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Espero el capítulo sea de su agrado y me lo dejen saber por medio de un review hermoso, de esos que adoro leer :D Gracias a todos por su apoyo, ya sobrepasamos los 1000 comentarios. ¡En serio mil gracias!

Para los que me preguntaron si pienso abandonar el fic porque a veces suelo tardar mucho en actualizar, pues no mis niños. Le daré fin a la historia cueste lo que cueste xd

Besos y cuídense. Nos leemos pronto.