CAPÍTULO XXX: PRINCESA BRA.


La decepción y el miedo dominó su cuerpo. Todos esos años al lado del rey había intentado no solo una, sino muchas veces acercarse a él. Había tratado de ganarse su confianza, de que él no solo la viese como un cuerpo en el que procrear su descendencia sino como la mujer que era; que estaba enamorada perdidamente de ese hombre que nunca había sentido nada por ella. Porque lo sabía, aparte del sexo no tenían absolutamente nada en común y eso dolía, porque comprendió muy a las malas, para su gusto, que para Vegeta siempre significó solo un ancla de la cuál se sujetó para ascender al trono, porque era una cláusula que tuvo que cumplir por un simple formalismo, y porque su pueblo le exigía una compañera de su misma raza, pero él jamás había dejado de verla como un simple trasto desechable, un objeto sin valor, algo más bajo que un mísero esclavo.

Aún así, con todo y esos malos tratos de su parte, su corazón era de él, porque había vivido ilusionada desde siempre con la idea de ser su mujer y cuando lo logró, la realidad le había golpeado el rostro en ambas mejillas. Porque aunque había logrado ser su consorte principal, no pudo pasar de ser eso, solo su pareja bajo la ley sin ninguna clase de lazo sentimental. Desde un principio supo que el rey no la quería, pero mantuvo la esperanza en que un día él se embelesara de sus encantos. No había sido así. Había vivido en una mentira, engañada, pensando en que él podría quererla como a aquella humana que tenía cegado el corazón del monarca y se preguntó ¿Qué clase de embrujo le había hecho esa mujer al soberano? No lo sabía, y quizá sería algo que nunca podría comprender.

Sus piernas cedieron su peso y se dejó caer sobre el piso alfombrado sintiendo cómo sus ojos se empañaron de las lágrimas que no pudo retener por más que luchó. Vio al saiyajin de pie frente a ella. Un nudo se formó en su garganta cuando detalló la mirada seria e inmutable del rey sobre ella. Él no sentía nada.

—No tiene derecho —pronunció apenas audible y desvío su vista hacia el piso observando sus propias piernas en donde la lágrimas cayeron desde sus ojos perdiéndose en la tela de su traje —No puede pedirme que deje de sentir —y miró los ojos del hombre que la escudriñaba atento —No cuando sabes lo que siento por ti Vegeta —lo tuteó por primera vez. Porque en ese momento comprendió, que con ser obediente y sumisa no lograría nada. Quizá ese había sido su más grande error, darle todo sin que él al menos se lo pidiese.

—El único que puede decidir si seguir o no con ésta estúpida farsa soy yo, porque soy el rey, y porque tú como mujer no tienes voz en asuntos del estado —la miró apático y no porque no la apreciara, porque como guerrera y en su trabajo siendo princesa lo hacía bien. Pero no la quería en absoluto, jamás sintió siquiera que el sexo con ella era bueno. Tenerla en la cama había sido lo mismo que fornicar con una ramera, servía para complacer y eso era todo.

—¿Eso es lo que soy para usted majestad? —preguntó poniéndose de pie, acercándose a él hasta quedar a dos pasos del monarca —¿Solo soy un "asunto" del estado? —sonrió cínica ante las palabras del saiyajin real que le acuchillaron el pecho.

—¡No discutiré idioteces Nyu! Sabes muy bien que nuestra unión solamente fue porque el consejo y las leyes de Vegitasei así me lo exigían para convertirme en rey —aseveró frío. Si ella no había podido darle un solo crío no tenía porque insistir en un embarazo forzado que nunca llegaría a término, ya muchas veces la había engendrado y simplemente los chiquillos no llegaban a nacer. Era absurdo intentarlo.

—Lo tengo claro. Solo me utilizó —dijo llevando su mano derecha a su mejilla para limpiar un par de lágrimas que salieron por pura impotencia y rabia —Es a esa mujer a la que quiere como reina y sólo me pregunto ¿Qué tiene la humana que yo no? Soy una saiyana ¡Míreme! —alzó sus manos auto señalándose —Soy de su raza majestad, tengo sus genes ¡Pero usted prefiere a alguien que ni siquiera comparte sus mismas costumbres!

—Si quieres escuchar la verdad te lo diré —dijo él acortando la distancia que los separaba y la encaró de frente quedando a solo cinco centímetros del rostro de la mujer que casi quedaba a su altura —Bulma, la madre de mis hijos y a la única que quiero a mi lado, no es como tú ni como ninguna mujer de éste planeta —rugió en tono intimidante posando su penetrante mirada en los ojos azabaches de la princesa. Ella lo vio y escuchó incrédula, no podía creer que el hombre que tanto había amado durante toda su vida fuese tan cruel —No está conmigo por ambición de poder como tú… —continuó y la observó de arriba hacia abajo con desprecio —… y mucho menos por los lujos que al ser mía dispone. Jamás me ha pedido nada y es por ello que nadie está a su altura ¡Ni lo estará nunca! Así que tu decides, sales de ésta habitación siendo aún la princesa de Vegitasei o despídete de tu título ahora mismo.

Apenas y pudo procesar las palabras que de la boca de él salieron. Sintió como algo dentro de ella se rompió y aunque pudo gritarle todo lo que en ese momento pasaba por su cabeza decidió callar. Su vergüenza pesó más dentro de su pecho y se sintió apenada de saber, que una parte de sus palabras eran ciertas. Ella siempre tuvo la codicia de convertirse en reina por el poder y las comodidades que el título le otorgaría, pero también se había enamorado de él, lo quería, lo deseaba y anhelaba ser correspondida. Era la parte que él se estaba perdiendo. Sonrió percibiendo cómo su mandíbula temblaba intentando no romperse ante el monarca. Observó sus facciones duras. Nunca dejaría de amarlo con la intensidad que lo hacía. Había sido feliz en sus brazos aunque para él solo significó un acostón como cualquier otro. Bajó su mirada viendo sus labios y se preguntó, ¿Qué se sentiría probarlos? Vegeta ni siquiera había permitido en todos esos años dejarla probar su boca. Pero desistió ante la idea de rogarle por un beso. Bastante humillaciones había recibido de su parte como para seguir hundiéndose en su miseria. Se inclinó protocolarmente ante él antes de cometer una estupidez.

—Acepto su trato majestad —pronunció con la voz quebrada y se giró para salir del lugar sin volver la vista hacia atrás.

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Aquel día en que fue desterrada de Vegitasei, y alejada del ser que más amaba, jamás creyó que se llegara el día en que iba a regresar a su estrella natal. Las lágrimas habían sido automáticas cuando un aviso llegó a su hogar en el cual le informaban que en unos días regresaría al planeta rojo por orden del mismísimo rey Vegeta IV. Entonces lo supo, Skalion su hijo, había logrado ganar el torneo y pedido el deseo que por muchos años habían anhelado que se cumpliera. Él se había preparado durante mucho tiempo y era el momento de volver a la tierra que la vio nacer, crecer y hacerse una mujer fuerte, pero también, en la que había sufrido muchas cosas y superado obstáculos de los que pocos hubiesen salido ilesos.

El reloj que hacía un par de horas se había sincronizado con el horario del astro hacia donde se dirigía, marcaba las cuatro de la tarde. Dentro de dos horas llegaría a su destino y desde la distancia ya podía divisar la estrella que resplandecía hermosa a su vista. Un nudo en su garganta se había formado mientras observaba su hogar desde el espacio. Muchas injusticias, intrigas y mentiras tuvo que pasar para que llegara el momento en el que podía recuperar todo lo que había perdido. En especial a ellos, los hijos de los que se había separado por el infortunio de la vida. Por suerte había tenido a su lado a su segundo descendiente, Skalion. Él había sido su pilar y fortaleza para poder soportar ser separada de sus demás vástagos. No sabía cómo reaccionaria cuando los viese.

Era alrededor las seis de la tarde, en el puerto de aterrizaje ya se encontraba Zorn y Shitsuji observando cómo la nave donde venía lady Nion tocaba tierra. El soberano les había ordenado recibir a la científica, a quien su padre había desterrado del planeta por motivos internos. Vegeta no lo había pensado demasiado, el rey difunto ya no estaba, y ella tenía todo el derecho de regresar a su hogar si así lo deseaba, además, había accedido al pedido de Skalion más que todo por joder a su hermano menor. Él insolente había demandado el regreso de Broly en cuanto cumplió la condena de exilio de tres años y no veía el por qué, él no podía traer desde Tech-Tech a la saiyana que no era del agrado de Tarble.

—Bienvenida lady Nion —fue Zorn quien saludó a la mujer. La peliazulada correspondió con una sonrisa. Nion, era una saiyana dedicada a la ciencia, desde pequeña había tenido inclinación más por la tecnología que por ser una combatiente poderosa como la mayoría de las hembras de su raza. Debido a eso, aunque el rey Vegeta III sentía aprecio por ella, se terminó casado con Seed, su hermana mayor quien era una guerrera élite, y ella, tuvo que conformarse con ser solo la concubina real del monarca. Posteriormente por intrigas confabuladas por Root, criada de Seed y madre de Tarble, en contra suya, fue desterrada hacia Tech-Tech en un intento del entonces soberano por protegerla de un posible atentado ya que hacía unos días, la reina Seed había sido asesinada.

—Imagino que el viaje fue pesado y necesitas descansar —comentó Shitsuji observando a la mujer, a la que parecía que el paso de los años le habían sentado de maravilla. Seguía viéndose igual de bella que como la recordaba.

—Gracias por recibirme —respondió emocionada de volver al lugar en donde fue feliz alguna vez —No estoy cansada en absoluto.

—Nos alegra, a mi padre y a mi… —aseguró Zorn mirando a su progenitor y volviendo su vista hacia la científica —… que hayas regresado.

—Me hace feliz volver —respondió la femenina con cortesía emitiendo una sonrisa sincera.

—Entonces no hay que perder más tiempo. Creo que mi padre podrá mostrarte los cambios que ha tenido el planeta y ponerte al tanto de las nuevas modalidades —aseguró el soldado.

—Por supuesto —respondió ella girando su rostro hacia atrás cuando unas pisadas se hicieron escuchar en el sitio. Sus ojos se humedecieron al ver a Skalion. Había temido tanto por él cuando éste había decidido participar en aquel torneo conmemorativo.

—Madre, por fin llegaste —Skalion se aproximó a ella con una sonrisa.

—¡Por fin estamos en casa! —respondió la mujer de cabellos azulados sintiendo tanta dicha que apenas podía guardarla dentro de su pecho.

—Vamos, tenemos muchas cosas que hablar para ponernos al tanto —comentó Shitsuji.

—Si me permiten, quisiera llevar a mi madre a su habitación para que deje sus cosas y poder dar un paseo por el palacio. Tengo que hablar ella —intercedió el guerrero mirando a su mamá que alzó una ceja pensativa.

—¿Habitación? —preguntó sorprendida observando a los tres hombres por igual —¿Aquí en el castillo? —volvió a ver a su hijo.

—Por supuesto madre, haz regresado como lo que eras, una científica dispuesta a aportar tus conocimientos para el desarrollo del planeta.

—Eso no me lo esperaba —contestó desviando la vista hacia Shitsuji que asintió reafirmando las palabras de Skalion.

—El rey Vegeta decidió darte tu lugar como la científica que eres, aunque hay ciertos cambios de los que debemos hablar —dijo el mayor haciendo un ademán para que la saiyana lo siguiera —Skalion puede hablar contigo después, no tomará mucho tiempo.

—Iré con Shitsuji, hijo, nos vemos luego, lleva mi equipaje a mi recámara —observó a su hijo que asintió a sus palabras —Un gusto volver a verte Zorn —expresó para seguir al mayordomo que ya estaba alejándose.

Caminaron en silencio al menos cinco minutos. Tenía muchas preguntas en mente pero no sabía cómo entablar una conversación con el anciano. Shitsuji había sido muy bueno con ella cuando era concubina del rey Vegeta III, pero habían pasado los años y sabía, que las personas cambiaban. Quizá el no era el mismo y no se extrañaba, ella tampoco era la misma chiquilla soñadora que una vez fue. Los golpes de la vida la habían hecho madurar, pero seguía creyendo que en el fondo, aún quedaban restos de aquella muchacha ingenua.

Volteó a ver por quinta vez al mayor. Recordaba cada uno de esos pasillos, desde sus paredes color verde olvido obscuro hasta el piso brillante negro y las hermosas cortinas rojas que colgaban desde el alto techo hasta las baldosas. El palacio era de los lugares más hermosos que había visto en su vida y en el que vivió tanto tristezas como alegrías. Todo el tiempo que estuvo lejos, se mantuvo de esos buenos recuerdos y ahora estaba ahí, sin saber qué hacer o cómo actuar. El tiempo la había superado.

—Así que… —rompió el silencio mirando la espalda del saiyajin al cual seguía a dos pasos de distancia —El rey…

—Fue emboscado. Imagino que la noticia fue dura para ti —contestó el mayor sabiendo el rumbo que ella quería tomar. Él había visto el cariño que ambos se habían tenido y lo intensa que había sido su relación, así como lo sumamente importante que Nion fue para el rey.

—Sí. Habría deseado regresar y verlo una última vez —respondió bajando la mirada. Aún recordaba cuando la noticia llegó a Tech-Tech.

—A todos nos golpeó duro su fallecimiento. Sabes lo respetado y querido que el rey Vegeta fue para el pueblo —respondió girando su cabeza para observar la mirada triste de la saiyana —Pero ahora gobierna tu sobrino, y lo hace muy bien —agregó con una sonrisa que hizo alzar la mirada a Nion.

—¿Cómo está él? —preguntó con evidente alegría y nostalgia.

—Vegitasei no pudo quedar en mejores manos —respondió el mayordomo al tiempo en que llegaron al ala científica central. Ambos se detuvieron frente a las puertas en el pasillo —Entremos, voy a presentarte e informarles que desde hoy te integrarás al grupo. La mujer asintió siguiendo al hombre cuando los guardias abrieron las puertas.

Habían pasado la tarde recorriendo algunas instalaciones. Shitsuji le había hablado del buen manejo que el actual rey le estaba dando al imperio así como del crecimientos económico en alza. Nion, se sintió orgullosa de Vegeta, su pequeño sobrino al que ella había cuidado cuando él era solo un crío. Ahora no podía imaginarlo como el hombre poderoso que el saiyajin mayor le describía. Incluso le había dicho que estaba casado, que había tomado a Nyu, la sobrina de Nappa, como esposa.

—¡Shitsuji! —llamó Bulma al ver a lo lejos a su mayordomo, se apresuró a llegar a éste cuando se dio cuenta de que no estaba solo. Cuando llegó hasta la pareja que caminó para encontrarse con ella, miró un segundo a la mujer que acompañaba al saiyajin y luego dirigió su atención a él arrugado sus cejas —¿Dónde estabas? Llevo más de una hora buscándote —reprochó de mal humor. Su embarazo que ya estaba en el quinto mes, a veces la ponía en estado quejumbroso por más que intentará evitarlo.

—Lo siento lady Bulma. Estaba cumpliendo con una orden de su majestad —dijo inclinándose con respeto y miró de soslayo a Nion para que hiciera lo mismo. La saiyajin, comprendió la mirada e imitó al anciano preguntándose quién era esa mujer a la que debían reverenciar como si fuese de la realeza.

—¿Mi esposo ya está en el palacio? —interrogó y entonces Nion alzó sus orbes obscuras posándola en la hembra. Por su tono de piel tan níveo, su color de cabello y ojos, y su ausencia de cola, concluyó que la femenina no era de su raza. Detalló sus delicados rasgos. Su rostro parecía el de una muñeca de porcelana, sus espesas pestañas enmarcaban su mirada y pudo notar, su vientre abultado ¿Sería esa una de las concubinas del castillo? Aunque ella le había llamado específicamente "esposo". Desvió su vista se movió desde la joven hacia otro punto, cuando la peliazul fijó su mirada seria en ella que la escudriñaba desde su posición. Ambos se irguieron ante la humana.

Bulma contempló a la mujer. Era de tez clara, cabello añil y ojos obscuros ¿De dónde había salido esa tipa? En los años que llevaba viviendo en Vegitasei jamás la había visto y en su interior, sintió una punzada de desconcierto y no pudo evitar pensar en que si ella habría llegado para ser parte del harén de Vegeta. La mayoría de los miembros del consejo estaban en su contra. No dudarían en enviarle a cuanta fulana se encontraran en el camino para hacer que el soberano se alejara de ella y engendrara un heredero puro. En un momento, la femenina ascendió su vista para verle a los ojos ¿Es que acaso esa mujer no conocía las normas protocolares? Ningún sirviente podía verla al rostro directamente, menos una recién llegada que vaya a saber de dónde había salido. En el intercambio de miradas, Bulma vislumbro la cola de la hembra enroscada en su cintura, era del mismo color que su cabello lo que le generó cierta curiosidad por ella.

—Aún no lady Bulma. Le informaré en cuanto llegue ¿Desea que le de un recado? —la voz de Shitsuji la sacó de sus pensamientos y hasta entonces, volvió su mirada a él.

—No. Pasaré la noche en la alcoba de mi esposo, ahí podré hablar con él —puntualizó dejando en claro quién era ella.

—Como usted guste —respondió Shitsuji —Si me permite, quiero presentarle a lady Nion —agregó mirando a la peliazul reparar en la mencionada. Observó la aprobación en sus ojos turquesa y prosiguió —Ella formará parte del equipo de científicos del área central. Llegó hoy al planeta —finalizó. Bulma la miró de pies a cabeza manteniendo su postura seria. Así que la disoluta se destacaría en el área científica, pensó.

—Asegúrate de hacerle saber a lady Nion quien soy, cómo me gusta trabajar y que mi padre, es el jefe de laboratorio —respondió la terrícola con recelo. No permitiría que se inmiscuyeran en su trabajo como científica, y mucho menos, iba a tolerar que otra mujer tuviera la oportunidad de arruinar su relación con Vegeta, no soportaría a otra serpiente metida en el palacio para conspirar en su contra. Bastaba con tener que lidiar con Nyu.

—Ella es lady Bulma, madre de los príncipes y segunda consorte del rey Vegeta —expresó Shitsuji girándose para ver a la peliazulada.

—Un placer lady Bulma, espero que podamos llevarnos bien —sonrió Nion a la muchacha que le correspondió por cortesía. Bulma volvió a fijar sus ojos en la cola índigo de la mujer, y no pudo contener su curiosidad para ella misma.

—¿Qué clase de saiyana eres? Lo digo por el color de tu cabello, no es usual —expresó la humana alzando una ceja en espera de una explicación. Jamás había visto a alguien de esa raza con tal matiz.

—Tiene razón mi lady, el color de mi cabello es peculiar viniendo de una raza que suele tenerlo negro o marrón. Pero mi tono es por un desorden genético, que aunque no me causa ningún otro problema, me da ésta característica tan distinta —explicó Nion aclarando la duda de la femenina que asintió a su respuesta.

—Nunca te había visto por aquí ¿No estabas en el planeta?

—Lady Nion fue traída desde Tech-Tech por el rey Vegeta, lady Bulma —intervino Shitsuji —Su majestad cumplió con el pedido que Skalion le pidió.

—Sí, mi hijo Skalion ganó el torneo para poder pedirle ese deseo a Vegeta —dijo y entonces, llevó una mano a su boca al darse cuenta que el monarca, ya no era aquel niño que solía cuidar, que ahora él era el soberano de su planeta y por ende, debía referirse a él con respeto.

—¿Vegeta? —cuestionó la peliazul con los celos surgiendo dentro de si cuando escuchó el nombre de su marido en los labios de esa mujer.

—El rey Vegeta —corrió la saiyana con un poco de vergüenza.

—Es normal que te refieras a él de esa forma —intervino el mayordomo sonriendo amable —Después de todo eres su tía.

Todo el sentimiento de celo, rabia y desconfianza que la peliazul había sentido hasta ese momento por causa de esa mujer, desaparecieron al escuchar tal declaración de parte de su sirviente.

—¿Eres la tía de Vegeta? —preguntó la muchacha cambiando su expresión recelosa una agradable.

—Así es lady Bulma.

La terrícola estaba por pedirle disculpas a la saiyana por su actitud arisca, cuando de pronto apareció Tarble y tras él, estaba Broly. El élite aunque ya no era el escolta del príncipe, tenía algunos asuntos que hablar con él y por ello, había ido ese día al castillo. De haber sabido que se iba a topar con Bulma, hubiese preferido encontrarse con el saiyajin real en otro lugar. Verla no ayudaba en nada a su intento por olvidarla. No había logrado quitársela de la cabeza esos años lejos de Vegitasei, menos ahora que sabía que la tenía cerca y podía verla con tan solo aparecerse en el palacio.

El soldado, miró fijamente a la humana analizándola y sus ojos cayeron en su vientre. Ella seguía embarazándose a pesar de todo lo que le había hecho ver aquel día que intentó sacarla de ese planeta donde solo era una presa del rey. Sintió la rabia calentar su cabeza. Él seguía queriéndola. No había día en que no deseara tenerla a su lado, no había momento en que no anhelase que esos hijos que ella paría fueran suyos, pero era tan solo una ilusión. Además, en el fondo seguía molesto con la hembra, porque se rehusó a huir con él cuando intentó mostrarle que fuera de ese planeta, había mucho que podía mostrarle para hacerla feliz. Juntos. Pero la indecisión de la terrícola lo había orillado a compartir sus tres años de exilio con la brenchega que muchas veces, resultaba ser un estorbo. Había formado una familia con esa mujer de cabellos platinados a la que no amaba e incluso, habían tenido una hija. No es que la convivencia con Chirai fuese mala, de hecho era la única que lo comprendía y por supuesto que la apreciaba. Pero esos sentimientos no se comparaban en lo más mínimo con lo que Bulma le hacía sentir. Ella podía llevarlo de la ira a la dicha en un segundo y no podía evitarlo por mucho que quisiera desterrarla de sus pensamientos.

—¿Qué demonios haces en mi palacio? —la voz de Tarble resonó en el pasillo ganándose la atención de todos los presentes que voltearon a verlo.

—Príncipe Tarble, yo… —Nion intentó hablar pero fue parada en seco.

—¡Silencio perra! —bramó callándola. La peliazul abrió los ojos sorprendida ante la actitud del príncipe. Él miraba a Nion como si en cualquier momento fuese a lanzársele encima y matarla de un solo movimiento —¡Ni siquiera debiste pensar en volver! Te hubieses quedado en Tech-Tech porque no voy a descansar en hacerte pagar por lo que le hiciste a mi madre ¡Basura! —gritó dando un par de pasos hacia ella, iba a sacarla de ese lugar arrastrada por los cabellos. Esa hija de puta no merecía vivir en paz después de asesinar a su progenitora.

—¡Ni siquiera te atrevas Tarble! —chilló Bulma interponiéndose entre él y Nion que se quedó estática y triste a la vez ante la reacción de Tarble.

—¡Apártate humana! ¡Éste asunto no te concierne! —afirmó el príncipe mirando por sobre el hombro de la terrícola a la saiyana que en ese momento era su objetivo.

—El castillo le pertenece a su majestad, el rey de Vegitasei y Nion, ha sido traída de regreso a éste planeta por órdenes de él ¿Te atreves a cuestionar su decisión? —preguntó la joven con el entrecejo arrugado. Si se trataba de ir en contra del petulante principito, estaba dispuesta a ayudar a la saiyana a sacárselo de encima.

—¿Quién te crees para hablarme así? —gruñó Tarble alzando su mano con la intención de bofetear a esa insolente. Nadie ¡Ni siquiera Vegeta podía hacerlo desistir de hacer justicia por el asesinato de su madre! No dudaría en poner en su sitio a esa terrícola impertinente.

—No hagas ésto príncipe, porque no podré quedarme a ver sin hacer nada —Broly, que se encontraba al lado del muchacho, detuvo la mano de éste que estaba en el aire a punto de golpear a Bulma frente a él. Zorn, que se había mantenido expectante de todo, se movió con agilidad para posicionarse protectoramente frente a la consorte del rey. El príncipe tendría que matarlo para poder hacerle daño a su lady.

Tarble inmediatamente se zafó del agarre del saiyajin y con ojos iracundos, vio de la misma forma a Zorn. Ese par de imbéciles estaban dispuestos a enfrentarse a él por la ramera de su hermano. Estaba en desventaja. Así que por el momento no le convenía hacer nada contra la entrometida terrícola. Volvió a ver con la misma ira a Nion desviando su atención hacia ella.

—¡Lárgate de aquí porque sino sales viva, te sacaré muerta! —amenazó a la mujer para darse la vuelta y retirarse del lugar. Ya habría tiempo de hacer pagar con creces a esa puta saiyana.

—¿Lady Bulma está bien? —preguntó Zorn girándose para quedar frente a la ojiturquesa cuando el príncipe desapareció de su vista. Shitsuji que estaba a unos pasos se acercó para comprobar el estado de la femenina.

—Bulma —llamó Broly aproximándose a la joven que se había puesto pálida por el susto. Ella asintió en respuesta hacia el saiyajin. Aún sentía la adrenalina recorrerle el cuerpo. Viniendo de Tarble, se podía esperar inclusive que la golpeara frente a todos.

—Ésto ha sido mi culpa. Si algo le sucede a lady Bulma no me lo perdonaré —comentó Nion tomando una de las manos de la muchacha para frotarla.

—Mientras yo esté aquí, ni siquiera el príncipe podrá hacerles daño —dijo el élite de cabello largo desviando su mirada de la humana, hacia la recién llegada. Tenía recuerdos gratos de la saiyana, ella fue una parte esencial en su niñez cuando con sus métodos científicos, le había ayudado a mantener estable su poder cuando éste se salía de control.

—No se preocupen, solo necesito sentarme —respondió Bulma abanicando su rostro con su mano.

—Puedo llevarte —se ofreció Broly sin pensarlo, pero ella se negó por obvias razones que él también imaginó.

—Ni siquiera lo intentes —intervino Zorn girándose para ver a Broly. El guerrero apretó sus manos en un puño ignorando a su rival, no era el momento para entrar en disputa con el imbécil lacayo del rey. Vio por última vez a la muchacha verificando que estuviese bien y se retiró del lugar.

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Había ido a la playa. Era de noche y las aguas cristalinas que se apreciaban en el día ahora estaban bajo el manto de estrellas que podía notarse en el cielo del planeta. Llevaba poco tiempo en Vegitasei, y se había enterado de tanto. Todo había cambiado, para bien o para mal pero las cosas eran distintas. Había extrañado ese lugar y por ello, y porque su madre deseaba regresar es que puso todo de si para ganar el torneo. Nion se lo merecía, no le había dado la vida, pero había sabido cuidarlo como si fuese su hijo biológico y por ello, haría cualquier cosa por verla feliz.

Suspiró profundo sintiendo la brisa salada que provenía del océano en medio de la mediana obscuridad que podía divisarse en el paisaje. Las lunas que orbitaban el astro le daban cierta tonalidad plateada a las aguas del mar. Volvió a respirar hondo. Hacía tanto que no sentía esa especie de libertad. Ni siquiera recordaba con detalles los días que había vivido en Vegitasei, la mayor parte de su vida transcurrió en Tech-Tech, allí había crecido y aprendido de una costumbre que no era propia de su raza, muy diferentes a las de su estrella natal. No se había dado cuenta hasta ese instante de cuánto había ansiado volver. Alzó su mirada desde la arena por donde caminaba, y a lo lejos, notó una silueta. Apresuró su andar dando pisadas fuertes, sintiendo como sus botas se hundía en la arena húmeda. Entrecerró sus ojos y entonces, la reconoció. Era ella, su amor de la infancia, por la que enfrentó toda clase de humillaciones por parte de su familia y con la cuál, no pudo formalizar una relación inocente que apenas surgía cuando ambos eran unos niños y fueron separados por cuestiones de la vida.

Caminó hacia ella. Sentía su pulso acelerado con tan solo su presencia. Aún no olvidaba lo mucho que les gustaba pasar las horas con su hermosa saiyana cuando eran unos chiquillos. A medida se acercaba, Skalion pudo ver que no todo andaba bien con Nyu, ella no estaba ahí dando un simple paseo al igual que él y se dio cuenta, que la femenina se adentra al mar cada vez más perdiéndose entre el agua que reflejaba las lunas en el cielo. Corrió sin pensarlo hacia ella rompiendo con sus pisadas las olas mansas en su camino para poder alcanzarla. El agua salada estaba por cubrir la cabeza de la hembra cuando llegó hasta ella y la tomó en sus brazos sin dudarlo. Levitó en el aire para sacarla rápidamente de ese lugar ¿¡En qué carajos estaba pensando esa loca!?

—¡Déjame en paz! —pataleó la princesa al darse cuenta que la había sacado del mar. Maldito aquel que había interrumpido sus ganas de acabar con su vida. En ese momento solo deseaba hundirse en las aguas saladas profundas y aliviar el dolor que en su corazón llevaba guardando desde hacía muchos años. No quería vivir, no deseaba absolutamente nada ni a nadie que no fuera su rey, pero él no la quería, la había sacado de su vida como a un objeto inservible y eso destrozó su interior. La había usado. Ya no tenía sentido seguir viviendo para ser la burla del pueblo y la vergüenza de su familia que le reprochaban cada vez que podían su problema para llevar a término sus embarazos. Ni siquiera Turles comprendía por lo que estaba pasando.

—¿Qué crees que haces? —preguntó Skalion cargando a la femenina hasta la orilla. La joven, fijó su mirada en el sujeto frente a ella detallando como si fuese una aparición al hombre que alguna vez, fue lo más importante de su vida.

—¡Tú! ¿¡Qué haces aquí!? ¿¡Por qué me sacaste del agua!? —gritó bajándose de los brazos del saiyajin cuando éste descendió sobre la arena. Ella cayó tambaleándose al piso.

—Nyu estás ebria ¿Qué pasa contigo?

—¿Qué pasa conmigo? —repitió la mujer apartando de su rostro su cabello mojado que la brisa pegaba a su piel —¡Mi vida es una mierda Skalion! ¡Me quiero morir! —dijo poniéndose de pie con la intención de llegar nuevamente hacia el agua, pero no logró dar dos pasos cuando las manos del guerrero la tomaron por los hombros y la giró obligándola a que lo viese —¡Déjame! ¡No sé por qué diablos regresaste pero no te quiero cerca! —gritó luchando para darse la vuelta y conseguir su objetivo, pero él no le permitió regresar. Presionó su agarré impidiéndole escapar.

—Conseguiste lo que tus padres siempre quisieron. Eres la esposa de Vegeta IV, la legítima mujer de su majestad ¡Y mírate! Estás aquí repudiando tu existencia e intentando quitarte la vida —reprochó él arrugando el entrecejo. La mujer que ahora tenía frente a sus ojos no era ni la sombra de lo que recordaba de ella —¿¡Dónde quedó la Nyu que yo quería!? —aseveró molesto apretando aún más el aferre en los brazos de la joven.

—No siempre lo que deseas es lo que te hará feliz —respondió la saiyana con una sonrisa fingida en sus labios. Fijó sus orbes azabaches por un segundo en los ojos de él. Skalion no había cambiado en absoluto. Seguía teniendo aquella misma mirada cautivadora que la habían prendado de él en su niñez y que hasta la fecha, no había conseguido olvidar. Lo recordaba tal cual, sólo que ahora era todo un hombre. Atractivo y fuerte que la había impresionado en la plataforma de combate el día del torneo.

Levantó sus brazos enredándolos en el cuello del saiyajin y acortó la distancia cerrado sus ojos y llevando sus labios a la boca de él. El soldado, se quedó quieto los primeros segundos tratando de entender lo que estaba sucediendo. Ella lo besaba apasionada y no supo más, que abrir la boca y corresponder a sus exigentes caricias.

—Nyu… esto no…

—Solo bésame Skalion —expresó menesterosa entre caricias abrazando con más fuerza al hombre entre sus manos. Precisaba de que alguien le demostrase que ella no era un simple cuerpo bonito en el cual podían darse placer. Quería que también la quisieran por lo que era y eso, solo Skalion podía demostrárselo. Él la conocía incluso más que su propio hermano gemelo. Turles también le tenía cariño, pero era distinto. Él llevaba su sangre, su deseo era posesivo y agresivo mientras que con el guerrero con el que ahora estaba, si sentía afecto puro y sincero.

—Si el rey se entera que te he puesto una mano encima… —pronunció el joven entre besos llevando sus manos a la cintura de la princesa apretujándola contra su cuerpo.

—Créeme —dijo ella deslizando sus palmas por el tórax fornido del guerrero —A él no le importo en absoluto —agregó sintiéndose en ese momento la felicidad, que durante todos esos años la vida se había encargado de reprimirle.

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El día había sido cansado. Eran alrededor de las once de la noche cuando un soldado había tocado a su puerta informándole que Bardock, la estaba esperando fuera del palacio. Su pecho se había estrujado con tan solo escuchar el nombre del saiyajin ser pronunciado. Incluso tuvo un momento de incredulidad y pensó que alguien, quizá Tarble, intentaba jugarle una mala pasada, pero el guerrero le aseguró que la información era correcta. Así que después de pensarlo, se había decidió a ir al lugar indicado.

Mientras caminaba por los pasillos que llevaban hacia la salida del castillo, su cuerpo fue preso de sentimientos encontrados. Su vida, por muchos motivos, aún arrastraba retazos de los restos que una vez vivió en Vegitasei. No podía decirse que todo había sido malo, pero de ese sufrimiento del que se había aferrado todos esos años es que la había convertido en la mujer fuerte que era hoy.

Su cuerpo tembló ligeramente con cada paso que daba acercándose hasta donde él estaba esperándola. Y no pudo evitar rememorar lo que le había sucedido hacía más treinta años. Sentía esa rabia, frustración y decepción que llevaba acumulando perpetuamente, porque siempre pensó que pudo haber hecho más, que de haberse aferrado con uñas y dientes para defender lo único que amaba ahora no estaría en esa situación.

Todo había iniciado a sus catorce años, cuando el rey Vegeta III la conoció en uno de los eventos de ciencia que realizaron en la ciudad y desde entonces, él puso su interés en ella. Había sido ingenua, tonta y demasiado confiada. Le entregó al corazón a quien más tarde, había preferido unirse a su hermana mayor. Seed, era una guerra de alta cuna, fuerte, poderosa y hermosa. El consejo le había sugerido entonces al soberano tomar a una élite como esposa, y ella que solamente era una aprendiz de científica en ese entonces, fue despreciada por el hombre del cual se había enamorado.

Le había costado superar que el rey le había roto el corazón. Lo peor había sido que él escogió por sobre su persona a nada menos que su hermana mayor. Seed no era mala, tampoco egoísta y sabía que a Nion le dolía que fuese a casarse con quien ella adoraba. Pero sus padres necesitaban que ese matrimonio se concretara pues estaban pasando por un momento económicamente difícil. La habían presionado a unirse lo más pronto con el monarca cuando aceptaron el compromiso en su nombre sin darle la oportunidad de decidir. A Nion, no le había quedado otro remedio que cerrar la boca y ceder a lo que no tenía oportunidad de detener.

El tiempo pasó, Nion había tenido que olvidarse de todos los sentimientos que aún guardaba por el rey. No quería lastimar a su hermana que por gusto de sus padres y del mismo Vegeta III, había terminado casada con él.

Con el tiempo, cuando tenía aproximadamente dieciséis años, había conseguido dejar de lado todo lo que le atormentaba con respecto al soberano. Se había enfocado en sus estudios hasta conseguir el título de científica. Y logró conseguir trabajar para el laboratorio central del palacio. Por sus buenas habilidades y capacidad de aprendizaje, sus mentores la habían recomendado y así había obtenido el puesto de primer ayudante del jefe de científicos.

Con su vida laboral prácticamente resuelta, se había dado la oportunidad de conocer a un soldado que veía de vez en cuando fuera del palacio. Bardock, que tenía diecinueve años la pretendió un tiempo hasta que finalmente decidieron salir.

Eventualmente con el paso de los años, Seed que era la primera consorte del gobernante, se había convertido en reina después de darle cuatro hijos al rey Vegeta. Grave había sido el error de Nion, cuando durante un evento diplomático al que había tenido que asistir por su trabajo como científica, terminó la noche en la cama del rey. El saiyajin real que pese haberse casado con Seed, no había podido olvidar a la belleza de cabellos azulados, por lo que posteriormente la nombró su concubina real. Sin tomar en cuenta las negativas de Seed, Nion había decidido darse la oportunidad de ser feliz con quien realmente amaba sin importarle incluso, romper su relación con Bardock.

Cuando el soldado se enteró de la deplorable situación, apenas pudo con la furia y decepción. En realidad la científica se había colado en su pecho. Había sido especial en todos los sentidos. Ahora no podía ni siquiera verla y mucho menos acercársele. Aún la quería, la deseaba, podía perdonarle cualquier cosa. Pero Nion parecía estar bien, así que protegiendo su orgullo, y con el paso del tiempo, terminó uniéndose a Gine, a quien en un principio consideró poca cosa debido a su estatus social. Nunca pudo aceptar el hecho de casarse con una simple carnicera, además, seguía enamorado de Nion, que terminó por destruirlo cuando ella quedó embarazada del soberano, lo que lo hizo desistir de luchar por esa mujer de una vez y para siempre.

Corrieron las semanas hasta que la científica parió mientras el rey estaba en una misión. Al mismo tiempo Seed, que también estaba en cinta, dio a luz a un pequeño que nació sin vida. Nion presionada por su padre, que le había dicho que el gobernante incluso podía quitarle el título de reina a la joven, no pudo con la tristeza que embargaba a su hermana mayor, pues meses atrás, había perdido a sus cuatro hijos varones en una atroz guerra, y ahora daba a luz a un cachorro muerto. Así que sacrificando su propia felicidad, ofreció su crío a la reina para que fuese criado como suyo y ella, había hecho pasar al bebé fallecido como propio. Gine, en ese lapso, también había dado a luz a su primer hijo. Raditz.

Cuando el rey regresó y se enteró de lo sucedido, se decepcionó tanto que degradó a Nion que al enterarse que estaba preñada, la había hecho su segunda consorte. Pero ahora, prefería buscarle un marido con el cual pudiera unirla ya que no había podido siquiera parirle un hijo vivo. El hombre con quien la ofreció en matrimonio, era Paragus. Así que la expulsó del castillo mientras el compromiso se concretaba.

Unos días después de que Nion había regresado a su casa en la ciudad de los primera clase, Bardock se enteró de lo sucedido. Lo había estado meditando durante mucho tiempo y esa noche, se había ido a un bar donde acompañado de brebajes embriagantes salió en busca de la mujer que por muchos años, había sido el fantasma que no dejaba de meterse en su vida pese a que ella, se había casado con Vegeta III y ascendido a segunda consorte. Ahora el infeliz la había abandonado y no se contendría. Esa noche el guerrero visitó a la científica y en un momento dado, no pudo con todo lo que cargaba dentro de si y acabó violándola. Dos meses después ella se enteró de que estaba embarazada.

Nion intentó borrar ese episodio tan lacerante que había recordado en ese momento. Suspiró profundo intentado calmar sus ansias, hacía mucho tiempo que no veía a Bardock y aún así, a pesar del tiempo y lo alejada que se había mantenido de Vegitasei, todos los recuerdos seguían vívidos en su memoria como si los hechos pasados estuviesen ocurriéndole en ese instante. El dolor seguía ahí, la decepción de haber sido violada por quien un día le dijo que era lo más importante para él, quemaba. Su herida no había sanado, tan solo se había mantenido adormecida esas dos década en Tech-Tech, pero ahora la llaga ardía y supuraba como una úlcera fresca. No podía perdonar a quien la había dañado tanto en una sola noche.

A paso apresurado, salió atravesando una de las pequeñas puertas laterales del palacio ya que la principal estaba cerrada a esas horas de la noche. Caminó por entre el sendero que cruzaba por el jardín sintiendo la brisa fresca de la noche golpearle el rostro. Salió dejando atrás el portal de hierro unido a la enorme muralla que resguardaba el castillo de los alrededores. Avanzó hasta el lugar donde él la había citado y suspiró sintiendo cómo el aire frío de la noche entró por su nariz.

Se detuvo un momento para inspeccionar con la mirada los alrededores, él le había dicho que estaría esperándola en el descampado tras el palacio, a tan sólo unos metros del muro que rodeaba la fortaleza saiyajin. De pronto, sintió unos pasos sobre la grava que cubrirá el piso aproximarse y se giró buscando el punto de dónde provenía el sonido… Y lo vio. El hombre por el que después de la violación había tenido tantos problemas. El infeliz que no había sabido respetar sus decisiones y mucho menos su voluntad.

Bardock salió de atrás de unos arbustos al ver a la científica llegar. Ahí estaba ella, tan hermosa como siempre a pesar de ser una mujer madura, los años no habían pasado por sobre la hembra que una vez nubló su juicio y obligó a estar con él. No se arrepentía. Nunca lo haría.

—Nion, creí que no vendrías —soltó él sin apartar la mirada de la mujer. Ella ladeó la cabeza y alzó su ceja derecha con la vista puesta en el saiyajin.

—¿Qué es lo que quieres? Pudiste haber hablado conmigo en cualquier otro momento —respondió ella cruzando sus brazos sobre su pecho. Por muchos años pensó en qué sentiría cuando volviera ver a Bardock. Imaginó que estaría tan dolida, que querría golpearlo, vengarse o matarlo. Pero parecía que la presencia del sujeto acababa de anestesiarle los sentidos, porque su cuerpo no reaccionó cuando lo vio aproximarse a ella hasta quedar a un metro de distancia.

—Lo que necesito preguntarte no puede esperar —respondió él bufando con frustración. Desde que Kakaroto le había contando quién había sido el ganador del torneo y cuál había sido el deseo pedido a su majestad, que había unido hilos en su mente y había llegado a una conclusión que solo Nion podía aclarar.

—Muy bien, habla. No me quedaré aquí toda la noche.

—Necesito que seas sincera conmigo —habló él acortando aún más la distancia al dar un par de pasos hacia la científica. Nion tragó en seco al ver al guerrero tan cerca de ella pero mantuvo su postura. Ya no era la muchacha ingenua que cualquiera podía doblegar. El tiempo y las circunstancias la habían hecho fuerte y debía mantenerse así si quería resolver los conflictos que había dejado pendientes en Vegitasei. Era por lo que realmente había regresado al planeta —Skalion, tu hijo —pausó un momento para observar la reacción en los ojos brunos de la mujer, más ella solo atinó a entrecerrar la mirada al escuchar el nombre de su hijo en los labios del soldado —Averigüé su edad y haciendo cálculos, me atrevo a pensar que es mi hijo.

—¿¡Qué!? ¿Te volviste loco? —atinó a decir la femenina deshaciendo su cruce de brazos sobre su pecho. Skalion era una de sus fibras sensibles.

—No Nion, por favor dime la verdad ¿Skalion es mi hijo? —preguntó en tono serio. Necesitaba saberlo ¡Tenía derecho! —Porque de ser así… —continuó.

—¡Cállate! —interrumpió la hembra arrugado sus cejas azuladas. No podía creer el descaro del saiyajin frente a sus ojos. La ira subió a su cabeza y sus manos se empuñaron con fuerza por la furia que recorrió cada parte de su cuerpo en ese instante —¡No te atrevas a asumir que soy la misma mujer de antes, Bardock! ¡Tu no eres nadie para preguntarme esto!

—Sé lo que te hice hace mucho, pero tengo derecho a saber si Skalion es mi hijo. No pretendas castigarme así porque lo averiguaré tarde o temprano —bramó el comandante frunciendo el ceño al escuchar la negativa de la hembra que lo miraba desdeñosa.

—¡Me forzaste aquella noche Bardock! —exclamó perturbada recordando el suceso —Pero Skalion puede igual ser hijo de Vegeta III o de Paragus ¡Porque para ti siempre fui una prostituta que se acostaba con cualquiera! ¿¡No es así!? —chilló iracunda intentado tranquilizar su ira. Perder el control por ese bastardo no solucionaría nada, así que haciendo uso de toda su voluntad, retomó su postura relajada y sonrió cínica ante la mirada negra del saiyajin que la observaba —Tu castigo será nunca saber si eres el padre de mi hijo o no —antes de que él pudiera decir algo más, ella ya se había girado para regresar al palacio.

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—Que le coloquen éstas sábanas a la cama, Gine —dijo la peliazul extendiendo las telas blancas sobre el colchón. Era de noche, Vegeta le había dicho que llegaría tarde así que estaba ahí en su alcoba, supervisando que todo estuviese en orden. Esa tarde había cenado sola con sus pequeños y eventualmente los preparó para dormir. Ahora solo necesitaba tomar un baño y acostarse para esperar a su esposo, él había dicho que lo esperase despierta en su recámara y así lo haría, ansiaba que llegara la noche para poder al fin estar a solas, sin todo el ajetreo del día y sirvientes por todos lados que los interrumpía constantemente. Desde que su príncipe pasó a ser rey, que tenían menos tiempo, las funciones gubernamentales del soberano se habían doblado en exceso, pero era parte de su trabajo como mandatario y ella como su mujer, debía comprender que no siempre tendrían tiempo para ambos, además, ella como científica tenía un laboratorio que atender junto a su padre, así que el tiempo durante el día pasaba relativamente rápido. Bulma sonrió mordiendo su labio inferior al imaginarse que Vegeta pronto llegaría, quería estar lista para él. Habían días donde su ansias por estar en sus brazos le sobrepasaban, como en ese estado. Había descubierto que estando embarazada su libido aumentaba, no comprendía por qué, pero le gustaba esa faceta donde ella moría porque el hombre que amaba la tomara y él la complaciese con todo lo que tenía. El rey había cambiado mucho, le gustaba esa nueva modalidad, era más atento y mimaba su preñez satisfaciendo sus caprichos. Viró la mirada hacia Gine cuando ésta no le respondió y enseguida la sonrisa en su rostro desapareció al ver la expresión acongojada de la saiyana —¿Sucede algo? —preguntó arrugando el entrecejo compadeciendo lo que sea que le estuviese sucediendo a su dama de compañía. La mencionada alzó la vista posándola en la de la muchacha y asintió tomando las sábanas que ésta había dejado sobre la cama.

—Lo siento lady Bulma, no es nada —respondió en un suspiro comenzando a quitar las sábanas usadas de la cama para colocar las limpias. Tenía ganas de llorar, de explotar para sacar toda la tristeza que llevaba dentro. Había sido feliz por mucho años ahora que Bardock había comenzado a mostrar un poco de afecto por ella, pero con el regreso de aquella mujer que atormentaba la cabeza del padre de sus hijos, era imposible hacerse la ciega y no sentir nada al saber, que la hembra que una vez tuvo el corazón de su marido, había vuelto al planeta.

—Sabes que puedes confiar en mi —respondió Bulma acercándose a la saiyana y quitó de sus manos la sábanas para tomarlas entre las suyas —Cuéntame ¿Qué sucede?

—Yo… —Gine desvío el rostro mientras la humana sostenía sus manos con gentileza. No podía verla, le avergonzaba decirle que su marido la ignoraba nuevamente con el regreso de su ex amante.

—Ven siéntate y hablemos, tengo unos minutos antes de que Vegeta regrese —animó la ojiturquesa llevando a su dama de compañía a la sala en donde tomaron asiento. Esperó unos segundos, pero parecía que la mujer tenía problemas para expresarse —Sabes que no solo eres mi mano derecha Gine, también somos amigas —añadió dándole una sonrisa cuando ella elevó el rostro y la vio.

—Lo sé lady Bulma —contestó con sus ojos azabaches cristalinos —Pero me avergüenza lo que me sucede, es realmente penoso —suspiró haciendo una pausa —Es… es Bardock.

—¿Qué sucede con él?

—Hay un pasado que nunca superó… y ahora… —calló tragando el nudo que se había formado en su garganta —En el momento que Nion puso un pie en Vegitasei y él lo supo, no es el mismo.

—¿Por qué dices eso? ¿Te ha dicho algo? —cuestionó Bulma soltando la manos de Gine. Se giró para tomar un vaso de cristal de la mesa al lado del sofá, y lo llenó de agua de la jarra sobre ésta para ofrecérselo a Gine.

—No, pero lo conozco Bulma, el regreso de esa mujer lo ha perturbado —trató de contener sus lágrimas llevando el vaso con agua a su boca y sorbió un par de tragos —Me uní a Bardock sabiendo que él no sentía lo mismo por mí, porque él siempre quiso a Nion. No sé qué sucederá ahora con ella aquí en el planeta.

—Te comprendo perfectamente Gine y no tienes por qué avergonzarte —sonrió Bulma intentando animar a la femenina —Quiero que te sientas tranquila y no pienses en lo peor. No te puedo asegurar que la actitud de Bardock vuelva a ser la de siempre contigo, pero te prometo que Nion, no se acercará a él —aseguró poniéndose de pie junto a la mujer que imitó sus movimientos.

—¿En serio se puede hacer algo? —preguntó casi en un chillido ante las palabras alentadoras de la terrícola.

—Claro que sí, solo no te preocupes e intentaba hablar con Bardock, ambos son adultos y además, es tu esposo, sino te quisiera no estuviese casado contigo después de tantos años —afirmó pensando, en que debía zanjar ese asunto con Nion por el bien de Gine.

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Era cerca de la media noche cuando Vegeta entró a su recámara. La junta con los inversionistas interplanetarios interesados en las naves que su esposa y su padre, el Dr. Briefs, habían mejorado logrando grandes avances en la manera y tiempo en que se transportaban a sitios muy lejanos de la galaxia, se había extendido hasta muy tarde. Había tenido mucho trabajo, el papá de Bulma estuvo presente en la reunión al ser uno de los precursores y el líder del equipo científico del laboratorio central. Éste había convencido a los interesados, en que sus galeones eran los máximos exponentes y que invertir en la compra de éstos, era lo mejor para cada uno de aquellos planetas. Quedó satisfecho con los resultados que estaba obteniendo el área tecnológica de Vegitasei, pero más se había sorprendido con el trabajo tan portentoso que su humana realizaba.

Caminó a través de la habitación sin molestarse en encender la luz, su vista desarrollada no tenía problemas en adaptarse a la obscuridad de la noche así que obvió apretar el interruptor. Desde la puerta notó la presencia de ella, su ki, su olor que inundaba su alcoba, su tan sola suntuosa energía lo volvía loco. Cuando llegó al pie de la cama se deshizo de su capa y enseguida tiró al piso la armadura que a esas horas, ya estorbaba. Solo quería darse un baño y luego prestar toda su atención a su terrícola. Sonrió al recordar lo que se había imaginado una vez se quedó solo en la sala de reuniones. La había pensado toda la tarde, tendida en la mesa, desnuda y ansiosa por ser tomada en ese sitio. Con sus ojos observándolo e invitándolo a que la poseyera, con su vientre ligeramente abultado adornando su abdomen que la hacía lucir más hermosa.

Salió vistiendo solo su traje spandex al balcón dónde había percibido la presencia de su mujer. En cuanto cruzó el umbral la vio, ella estaba de espaldas a la puerta del ventanal. Bulma no era solo un adorno bonito en su lecho, era astuta, inteligente, sagaz y sumamente bella. Lo tenía todo y era todo lo que él quería de ella. La admiraba, cualquier otra hembra con la que hubiese decidido estar solo lo complacería en la cama, pero ella no, lo satisfacía sexualmente, ayudaba en la base tecnológica del planeta, era una buena esposa y excelente madre para sus cachorros. Lo tenía atrapado y ahí se quedaría sin importar nada de lo que su pueblo pensara.

Se aproximó a ella colocando sus manos en el barandal de piedra, una a cada lado del cuerpo de la muchacha, dejándola acorralada entre sus brazos. Ladeó su rostro y buscó el de la femenina oliendo el aroma que desprendía su cabello turquesa.

—Pensé que estarías dormida —susurró con voz ronca apartando con su mano derecha la melena de la peliazul depositando un beso en su cuello. Bulma sintió el cuerpo firme del hombre tras ella al tiempo en que escuchó su sexy voz cosquillearle en el oído.

—¿Preferirías que así fuera? —preguntó la científica con una sonrisa en sus labios girando levemente su cabeza para ver al saiyajin.

—Dormida o despierta, te cogeré lo que queda de la noche —bramó aproximando su cuerpo al de la joven haciéndola sentir su necesidad al rozar su entrepierna abultada en el trasero femenino. Bajó su mano enguantada llevándola a uno de los glúteos respingados de la terrícola el cual apretó con pasión contenida.

—¿En qué has estado pensando exactamente? —ella amplió su sonrisa girándose entre los brazos del hombre para verlo a los ojos. Con malicia en su mirada descendió su palma a través de los músculos esculpidos del rey hasta llegar debajo de su abdomen y sin detenerse, bajó para acariciar la latente erección del monarca. Lo escuchó gruñir cuando apretó el miembro entre su mano.

Vegeta llevó sus manos a los hombros de su mujer y la giró dejándola nuevamente de espaldas a él pegándola con suavidad al barandal. Sin esperar, pasó sus manos al frente de ella y desnudo el lazo en la cintura de la humana para quitarle la bata.

—No me tientes Bulma… O puedo olvidar que estás preñada y te follaré tan duro, que el reino entero escuchará tus gritos —murmuró excitado deteniéndose un segundo para observar el cuerpo desnudo de la hembra, ella no llevaba nada bajo su atuendo. La científica giró su rostro hacia atrás para verlo y sonrió con picardía al detallar esa obscura mirada del rey sobre su cuerpo. Él estaba devorándola con sus ojos. Sin apartar sus orbes negras de ella, Vegeta se quitó los guantes tirándolos a un lado y la tomó de la cintura con una de sus manos separándola del muro de piedra, con su otra mano hizo presión en la espalda delicada de la humana haciendo que se tumbara para él sobre la muralla.

—No me hagas esperar cariño —respondió ella sonrojada mordiendo su labio inferior y sus palabras, fueron una invitación para el rey. Bajó su pantalón dejando libre su erección creciente y la joven sonrió ante la vista —Vegeta… —susurró en un ronroneo que hizo erizar hasta el último vello de la cola del saiyajin —Tómame aquí.

—Eso planeo —respondió él acercándose. Con una de sus mano sujetó la cintura de la ojiturquesa en tanto con la otra, tanteó con los dedos entre los pliegues húmedos de la femenina —Tan mojada… —gruñó dejando un rastro de besos por la nuca de la joven científica hasta llegar a sus hombros donde la mordió con gentileza —Mía —agregó esparciendo los jugos por toda su carne hinchada para después introducir toda su extensión en la estrecha entrada.

—¡Cielos! —gimió la humana empinando aún más su trasero al sentir que todo su interior fue llenado. Vegeta afirmó su cadera y su otra mano, la llevó al cuello de la mujer echándola contra su pecho. Comenzó a moverse a un ritmo lento pero profundo, percibiendo cada sensación que la delicia del reino le hacia sentir. Gruñía con cada estocada, ella sorbía con gozo su enorme tamaño —Vegeta… más rápido —pidió girando su rostro y fue correspondida con besos ardientes y un aumento de ritmo acelerado, el rey succionaba y mordía la boca de la terrícola ahogando con éstos los gemidos de placer de la hembra a su merced.

—Si sigues gritando… de ésta forma —comenzó a decir él sin dejar de bombear contra el centro caliente de la científica —Todos sabrán que te estoy cogiendo —rió maligno moviendo su cola que ondeaba en el aire, hacia uno de los glúteos femeninos y la azotó con fuerza.

—¡Ahhhh! —chilló ella llevando sus propias manos a sus senos que se movían al ritmo de las estocadas y se auto acarició —Cualquiera… nos puede ver… aquí.

—Eso no importa —respondió el soberano alzando la pierna de la muchacha dejando que su cadera, golpeara el centro femenino estimulando aún más a la humana. Bulma tapó con ambas manos su boca al sentir cerca su explosión —Que todos sepan quien es el único que te folla —la empujó suavemente hacia adelante, Bulma se sostuvo del barandal y sintió al saiyajin hundir con fuerza su erección dentro de si. No pudo resistir más, sus piernas temblaron ante el inminente orgasmo y el placer que recorrió todo su cuerpo haciendo que no pudiera sostener su peso —Eso Bulma… goza de que tu dueño te haga suya —bramó el rey sujetando con firmeza el cuerpo lánguido de la muchacha, con una de sus palmas masajeó ambos senos de la mujer que se movían danzando con cada una de sus estocadas. El soberano dio un par de embestidas más, y dejó que su semilla llenera el interior de la mujer que se contraía una y otra vez. La peliazul sintió que sus pies ya no tocaban el piso, él la sostenía manteniéndola pegada a su cuerpo mientras su miembro seguía dentro de ella inundándolo hasta la última gota. Sonrió satisfecha.

—Llévame a la cama —pidió y enseguida el monarca levitó hacia la habitación dejando a la humana en la cama.

—Apresúrate —dijo acomodándose entre la suavidad de las sábanas cuando él se dirigió al baño. El rey no tardó más de cinco minutos en volver a la cama, Bulma se giró hacia él y lo abrazó por la cintura descansando su cabeza sobre su pecho —Vegeta.

—¿Qué sucede? —preguntó acariciando la espalda de la joven.

—Hoy conocí a tu tía, Nion.

—¿Y qué te parece? —Vegeta mantenía sus ojos cerrados escuchando a su esposa hablar.

—No lo sé, creo que parece buena persona ¿Cómo era contigo cuando eras niño? —la pregunta lo tomó por sorpresa y su mente divagó por los recuerdos. Recordó a la mujer, cuando lo cuidaba y traía a Skalion para jugar. Nion fue más como una madre para él que su propia progenitora.

—No recuerdo mucho, pero ella siempre fue como una segunda madre —expresó y la peliazul se irguió mirando a los ojos al saiyajin.

—¿De verdad? —habló animada, sentía que saber del pasado de su esposo, la unía más a él —Espero conocerla mejor, es la primer mujer de tu familia con la que podré convivir —sonrió y volvió a acomodarse sobre el pecho del rey. Nion era lo más cercano a una suegra que tendría.

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Habían pasado 3 meses más desde entonces. El viaje al planeta Namek se había aplazado durante tanto tiempo después del torneo, debido a que en el planeta se acercó la fecha en el que hacían una convocatoria a los líderes de los reinos de otras estrellas que se hacía anualmente con el objetivo de renegociar tratados, retroalimentar pactos y hacer otros nuevos en busca de una mejor estabilidad comerciante. Todo había ido bien durante esos días, los gobernantes habían quedado satisfechos con las atenciones del astro para con ellos, al recibirlos durante tres días en los que los banquetes, reuniones y fiestas eran lo que predominaba. Vegitasei, el imperio poderoso, rico y abundante se hacía cada vez más portentoso.

Ese día era de tarde, había transcurrido una semana más desde que el evento anual concluyó. Vegeta y sus hijos habían partido hacia Namek esa mañana. Bulma, habría querido ir, pero por su preñez de 8 avanzados meses no se le permitió viajar. La femenina estaba en su alcoba, ahora que se encontraba sola, el vacío que había en aquella habitación no solo se presenciaba en el ambiente, sino que también dentro de sí. Esos días con ellos lejos, serían difíciles, jamás se había separado de sus hijos, apenas habían pasado unas horas y ya los extrañaba. Sonrió mientras se miraba en el espejo. Aunque le harían falta, lo primordial ahora era su embarazo, no debería esforzarse ni mucho menos exponerse al peligro, y lo entendía. Buscaría la manera de sobrellevar ese tiempo en algo que la distrajese.

Suspiró acariciando su abdomen por sobre la bata que llevaba puesta, ese embarazo se sentía diferente con respecto a los tres anteriores y a sus ocho meses, su abdomen había crecido demasiado en comparación con los otros, parecía que estaba apunto de parir a pesar de faltarle un poco más de un mes para ello. Llevó sus manos a su vientre mientras miraba su reflejo, esperaba que todo saliera bien como cuando parió a Baserk, ese había sido uno de los partos menos dolorosos y con menos complicaciones por el que había pasado.

Quitó su bata dejándola caer al piso y tomó el vestido que estaba en el perchero al lado del espejo, ahora con su esposo y sus hijos fuera de planeta, intentaría arreglar algunas cosas. Lo había pensado mucho, entendía el por qué Vegeta repudiaba a Broly y porque odiaba el hecho de que fuese él, quien entrenara a Baserk para enseñarle a controlar sus habilidades especiales, pero ¡Con un demonio! ¡Era su hijo! El pequeño príncipe no podía quedar entre las decisiones de su padre por disputas pasadas con uno de sus soldados. Tenía que hacer algo por su propia cuenta, era su deber como madre querer ayudar a su niño si tenía un problema, y aunque comprendía que la situación sería complicada si el rey llegaba a enterarse de lo que iba a hacer, tenía que afrontar las consecuencias. Se sentiría mal sino lo intentase al menos. Pero conocía al soberano, aunque ella tuviese un motivo fuerte para acercarse al ex soldado de Vegitasei, el monarca quizá no entendería sus motivos. Solo esperaba que el problema que estaba queriendo solucionar, no se agrandarla en vez de resolverse.

Terminó de arreglarse, esta vez se había puesto un vestido suelto que llegaba hasta un poco arriba de sus rodillas, tenía las mangas largas y sus piernas iban cubiertas por medias. El invierno estaba en su punto máximo en Vegitasei y el frío era uno de los problemas con los que tenía que lidiar a diario, pues la temperatura baja rayada en lo inusual. Calzó sus pies con botas de taco bajo y terminó de cepillar su cabello que ya había crecido nuevamente. Una vez lista, salió de su habitación, iría a ver al soldado a su casa puesto que éste, se negó rotundamente a aparecerse por el castillo cuando mandó a llamarlo.

—¿Está segura de lo que hará lady Bulma? —fue Brocco quien preguntó, la científica, había decidido que fuese éste soldado en específico quien la acompañará fuera del castillo. Le había tenido que mentir incluso a Zorn y Kakaroto para que la dejaran salir sin que uno de los dos la escoltara. Les había dicho que iría a visitar a Milk a su casa y que no necesitaba que el escuadrón élite estuviese tras de ella por el simple hecho de ir a ver una amiga. Kakaroto había estado de acuerdo en no enviar a un ejército completo para acompañar a la mujer del rey a su propia casa, allá estaría segura, por lo que no vio ningún inconveniente en que ella fuese al lugar solamente vigilada por un solo guerrero. Por su parte la ojiturquesa, ya había hablado con Milk y Gine para que la cubrieran, les había hablado sobre su plan y confiaba en ellas para que la apoyasen.

Una vez fuera del palacio, tomó uno de sus transportes terrestre que ella misma había construido. No pasó más de diez minutos cuando ya estaba frente a la puerta de la casa de Broly que se encontraba en el centro de la ciudad de los primera clase. Suspiró profundo y alzó su mano para tocar la puerta, cubrió su cabeza con el gorro del vestido de invierno y esperó unos minutos antes de oír unos pasos dentro de la mansión y enseguida, la puerta se abrió.

Sus ojos turquesa se fijaron en los lila de la mujer que tenía frente a ella. Le bastó un par de segundos para detallar a la femenina de pies a cabeza. La hembra de complexión pequeña y con curvas, alzó una de sus cejas platinadas al igual que el color de su cabello, al ver a esa hembra fuera de su casa.

—¿Qué deseas? —preguntó fijando sus ojos en el abdomen abultado de la mujer ¿Qué diablos hacía una embarazada en su casa? A caso Broly… Sintió el miedo y el enojo subírsele a la cabeza en ese momento.

—La segunda consorte de su majestad está frente a tus ojos mujer, reverencia a lady Bulma —aseveró Brocco parándose al lado de la científica. Chirai, entendió entonces de quién se trataba y bajó la cabeza con respeto.

—Disculpe lady Bulma, no la he reconocido en el momento —respondió volviendo a poner su mirada en la muchacha.

—No te preocupes ¿Se encuentra Broly? —preguntó desviando su atención hacia el interior de la casa cuando la puerta se abrió un poco más revelando quien estaba dentro. El soldado que había escuchado voces afuera, se aproximó a ver qué sucedía, se habría esperado todo, menos que la mismísima mujer del rey, la hembra de la que estaba prendado, estuviese en su mansión.

—Lady Bulma… —pronunció sorprendido —¿Qué haces aquí? Pasa, no te quedes ahí afuera —agregó haciéndose a un lado para dejar entrar a la científica junto a su escolta.

—Tome asiento lady Bulma ¿Desea tomar algo? —interrogó Chirai analizando a la mujer. Notó inmediatamente la tensión que se formó en el ambiente cuando Broly vio a la hembra. Supo exactamente porqué. Aunque pasaran los años, recordaba cuando ella trabajaba en el burdel y su ahora compañero, compraba sus servicios para hacerse pasar por la segunda consorte del rey mientras él la follaba. Con los años, el élite dejó de hablar de esa tipa, pero aunque él no se lo dijera y evitará hablar del tema, estaba casi segura que aún sentía algo por la humana. Su sangre hirvió al darse cuenta de lo mucho que la terrícola afectaba a su pareja. Tuvo que retener un quejido de asombro cuando la peliazul apartó el gorro de su cabeza dejando ver su natural belleza.

Mordió su labio inferior al detallar lo hermosa que era la joven, a pesar de su estado y de que no podía mostrar su figura tal cual era debido a su evidente embarazo, eso no le restaba en absoluto ni un poco de gracia. Ahora entendía porqué le apodaban "la delicia del reino", para los hombres esa hembra debía ser la protagonista de sus más bajos instintos.

—Estoy bien —dijo Bulma con una sonrisa sacando de sus pensamientos a la brenchega.

—No esperaba que vinieras —confesó Broly sentándose en el sofá frente a la humana en donde su mujer también tomó asiento. Chirai puso toda su atención en los gesto del élite ¿Es que acaso ellos habían acordado algo?

—Tuve que hacerlo. Cuando te envié ese mensaje hablaba en serio, necesito conversar contigo de algo muy importante —la terrícola se acomodó en el sofá intentando relajarse, no era nada fácil estar ahí en ese momento, en verdad temía que cualquiera fuera ir con el chisme al soberano, pero tenía que intentar al menos, resolver el problema que aquejaba a su hijo menor.

—¿Cuál mensaje querido? —interrogó la brenchega fingiendo una amable sonrisa. Había algo de lo que ella se estaba perdiendo y no le gustaba sentirse totalmente excluida de lo que sea que ahí estuviese sucediendo.

—Envié un recado para tu…

—Soy su mujer, Chirai… —completó la frase la joven de cabello platinado con un aire de grandeza al pronunciar aquellas palabras —… del planeta Brench, parece que a mi marido se le ha olvidado presentarme —dijo colocando su mano en uno de los brazos de Broly que le lanzó una seria mirada a la femenina.

—Bien, supongo que ya sabes quien soy. Intenté contactarme con tu esposo, pero él se ha negado a verme, por eso he venido a buscarlo hasta su casa para hablar del problema —expresó la ojiturquesa observando a la muchacha.

—¿Y cuál es ese problema lady Bulma? —cuestionó Chirai un tanto interesada en lo que esa mujer tenía para decirle a SU compañero.

—Es mi hijo menor. El príncipe Baserk nació con una cualidad que al parecer, sólo una persona en la historia de Vegitasei ha presentado los mismo rasgos —la científica miró al élite esta vez —Es un saiyajin legendario como tú, Broly —el mencionado abrió los ojos con sorpresa, pero había algo que aún no entendía ¿Por qué Bulma estaba ahí contándoles todo eso?

—¿Y qué tengo que ver con todo esto?

—Necesito tu ayuda. Quiero que entrenes a mi hijo y le ayudes a controlar su poder tal como tú lo has logrado —dijo directamente la terrícola sin ninguna clase de rodeos. Necesitaba zanjar el problema de una vez por todas.

—¡Qué! ¿Es que a caso te volviste loca? —bramó él exaltado poniéndose de pie.

—¡Cuida tu lenguaje Broly! —gritó Brocco al escuchar el insulto hacia la hembra del rey. Bulma negó hacia su escolta, no era el momento de ponerse formales.

—Quizá, y quizá también Vegeta me mate, pero es necesario que me ayudes. Baserk no puede crecer en ese estado, debe aprender a manejar el poder del cual ha sido dotado —dijo ella levantándose del asiento.

—No, sabes que no puedo hacerlo.

—Alguna vez escuché que el rey pidió la cabeza de mi marido por acercarse a usted lady Bulma ¿Quiere que eso suceda nuevamente? —cuestionó Chirai con el entrecejo fruncido ¿Cómo era capaz esa tipa de pedirle eso su hombre sin importarle si algo le sucedía? ¡Era una maldita egoísta!

—¡Cállate Chirai! Déjanos solos. Ésto solo le concierne a Bulma y a mí —regañó mirando que su mujer se puso de pie y caminó fuera de la estancia totalmente furiosa. La científica hizo un ademán para que Brocco también los dejara solos.

—Ella tiene razón Broly, soy egoísta —comenzó a decir la terrícola una vez la brenchega y su escolta desaparecieron por la puerta del fondo —Pero no sé qué más puedo hacer para ayudar a mi hijo —continuó y agachó la mirada —Hemos intentado muchas cosas, pero el poder de Baserk es inestable y en cualquier momento puede salirse de control, temo que le haga daño a alguien o se lastime a sí mismo.

—Bulma…

—Por favor, antes que puedas decidirlo al menos piénsalo, no estaría aquí si supiera que no puedo contar contigo. Eres mi última esperanza —expresó la ojiturquesa con total sinceridad dejándose caer nuevamente en el sofá.

—No es por ti Bulma, es por él —Broly que seguía de pie, tomó asiento al lado de la humana, de esa mujer que permanecía metida en su cabeza como desde el primer momento en que la conoció. Había luchado por años por ir en contra de lo que sentía por ella, y ahora que la tenía nuevamente frente a sus ojos, entendía que jamás dejó de quererla. Que negarse a verla o siquiera estar cerca de ella era mentirse a sí mismo, porque seguía percibiendo lo mismo por la humana que no podía ser suya sin obtener consecuencias —Estuve exiliado por tres años en Vampa y no puedo arriesgarme a que ésta vez, el rey intente eliminarme por acercarme a su consorte, porque dime algo, ¿Él sabe que estás aquí? —preguntó a lo que la muchacha negó —¿Ves? Tu sabes que es demasiado riesgoso. Lo siento pero no puedo.

—No aceptaré un no por respuesta Broly –afirmó poniéndose de pie a lo que el élite la imitó —Solo piénsalo, yo… intentaré convencer a mi esposo de ésto —agregó suspirando. Sabía que Vegeta no estaba de acuerdo, pero también necesitaba saber qué pensaba Broly y por lo que él acababa de decirle, el único impedimento para que pudiese ayudarle era la negativa del rey —Se que a ti te costó aprender a controlar tu poder… —continuó diciendo y el soldado que tenía su vista puesta en el piso alzó la mirada al escuchar lo que ella decía —He hecho investigaciones —aclaró la humana con una sonrisa ligera — Y también sé, que la última fase del súper saiyajin legendario te es aún difícil de manipular. Esto es lo que ofrezco —añadió la joven dando un par de pasos hacia él con la esperanza de poder convencerlo —Si tu me ayudas con Baserk, yo me comprometo a averiguar qué te sucede en esa última etapa para que puedas dominar por completo tu fuerza.

—Eso es imposible Bulma —respondió él arrugando el entrecejo al recordar, todo por lo que había pasado cuando era niño. Desde los experimentos de laboratorio que hicieron en él como si fuese un bicho raro al que debían de usar como una rata de investigación, hasta aquel maldito aparato que utilizó su padre en un intento de ayudarlo. Nada de eso había servido. Le había llevado muchos años poder superar sus traumas mentales que habían surgido en él, a consecuencia de esas negligentes prácticas.

—Yo se que puedo hacer algo —la científica se aproximó a él y sujetó una de sus manos envolviéndola entre las suyas, gesto que tomó por sorpresa al guerrero —Por Baserk, por ti, quiero que la habilidad con la que han sido dotados, sea un don y no una maldición. Por favor piénsalo —finalizó. Antes de que el élite pudiera reaccionar, ella soltó su mano y caminó hacia la salida viendo que Brocco llegó a su lado al instante.

—Solo puedo prometerte una cosa. Lo pensaré —dijo Broly viendo que ella le sonrió una última vez para después retirarse. Soltó el aire que había mantenido dentro de sus pulmones inconscientemente de golpe. Aún podía sentir la calidez del toque de la terrícola en su mano y se sentó en el sofá mirando la puerta por donde la hembra había salido. Tragó la saliva acumulada en su boca, si ella le pidiera en ese momento que dejara todo y se fueran juntos, lo haría. No le importaría las habladurías del pueblo, ni lo que el rey pudiera hacerle ¡Ni siquiera Chirai con un demonio! Haría lo que fuese por esa mujer.

—¿Así que esa niñita es la humana consorte del rey? —entró la brenchega a la sala observando a su marido. Había escuchado cada palabra que ellos intercambiaron desde la otra habitación —Pensé que era más bonita. Su apodo no tiene nada que ver con ella, es solo una mocosa.

—¿A qué te refieres? —interrogó el élite notando el tono ácido en las palabras de su mujer.

—¿Qué edad tiene? Se ve demasiado joven.

—Creo que veinticuatro —aclaró él.

—¡Imagínate! Con veinticuatro años y ya tiene tres hijos y por lo que vi, otro en camino. Como todos dicen, es solo la puta del rey —confesó con rabia y celos la brenchega. Broly que estaba sentado en el sofá, sintió su sangre hervir al escucharla expresarse así de su humana. Se puso de pie y llegó a ella de un par de pasos.

—¡Cierra la boca Chirai!

—¿Por qué? ¿Te sigue afectando que esa zorra se siga acostando con Vegeta IV? —chilló alterada al ver la mirada furibunda de su compañero —¡Es su zorra! ¡Ese es su trabajo! Follar con el gobernante como lo que es, y llenarse de hijos para asegurar su posición en el imperio. ¡No, si tonta no es!

—¿Y por qué te indigna tanto? ¿Acaso ya olvidaste de donde saliste? Bulma es una dama, la única puta aquí siempre has sido tú —respondió él y vio cómo ella alzó la mano para bofetearlo. Logró sujetarla de la muñeca antes que lo golpeara.

—¡No te atrevas Broly! ¡Ahora soy tu mujer! Tenemos una hija ¿Y qué te ha dado ella? —preguntó mirando con furia al hombre que apretaba su muñeca con fuerza —Te exiliaron del planeta por su culpa y ahora quiere meterte nuevamente en problemas ¡Eres un estúpido! —gritó intentado zafarse del duro agarre.

—¿¡Crees que todo eso me importa! ? Si sigo contigo y no la he buscado es solo por nuestra hija, Chirai, no te equivoques pensando que no puedo ir tras ella —espetó iracundo acercando de un jalón a la mujer hacia él —Además, si te acepté a ti que saliste de un burdel, podría hacer de Bulma, que solo ha sido tocada por el rey, mi esposa si así lo quisiera —concluyó, soltando de un empujón a la hembra y salió de la casa azotando la puerta.

—¡Broly! ¡Broly! ¡No he terminado contigo! —gritó la peliplata fuera de sí corriendo tras el hombre. Abrió la puerta dispuesta a decirle todo lo que pensaba al saiyajin pero éste ya había alzado vuelo y se alejaba de la casa.

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Desde que el rey había partido hacia Namek con sus hijos mayores, todo parecía no haber cambiado, Zorn y Kakaroto, juntos a los delegados mayores del consejo estaban haciendo buen trabajo coordinando las operaciones rutinarias del planeta. Bulma se había mantenido ocupada organizando una reunión con las consortes de los miembros élite y nobles con motivo de hacer obras de caridad para los niños que por uno u otro, estaban desamparados. La mayoría de ellos quedaban desprotegidos cuando sus padres, guerreros saiyajines, morían en la guerra o en alguna purga en otros planetas. Por lo tanto, la peliazul quería hacer algo por ellos. Sentía pena por esas hembras que dependían de sus esposos y que de un día para otro, quedaban viudas y a expensas de las desigualdades, que al no tener un marido para protegerlas, la misma sociedad egoísta del planeta las marginada sin importarles las dificultades por las que atravesaban. Así que si en sus manos estaba poder hacer algo para aliviar las penas de esas personas, lo haría.

Estaba ahí reunidas con varias damas y muchas de las viudas que habían sido invitadas, veía a los niños saiyajin correr alegres ante el convite. Les había llevado obsequios y había dispuesto de una docena de mesas con alimentos para que todos pudieran disfrutar de la convivencia. Mientras charlaba con las femeninas, se había podido dar cuenta de lo privilegiada que era. Vegeta, el mismísimo rey saiyajin era su esposo, se sentía dichosa de que así fuese, estaba en una etapa en la cual, se sentía más enamorada que nunca de él. El saiyajin, con el paso del tiempo había aprendido a tratarla y sobre todo, a entender que a pesar de que eran diferentes, podían hacer que su relación funcionara. No podía quejarse de lo que tenían, estaba viviendo su romance con el soberano de una manera que jamás imaginó. Una sonrisa se dibujó en sus labios al pensarlo y asintió a las palabras de la hembra que tenía al frente sin saber exactamente lo que había dicho.

—¿Lady Bulma está bien? —preguntó Gine que estaba de pie a su lado en un susurro.

—¿Por qué lo preguntas? —habló la científica en el mismo tono evitando que las demás escuchasen.

—Está distraída ¿Desea retirarse?

—No te preocupes —respondió tomando la tasa de té que Milk, que le había ayudado a organizar todo, estaba ofreciéndole —Solo estaba pensando —agregó dando un sorbo a la bebida caliente.

—Mírala Apricot, la muy estúpida se cree la reina de Vegitasei ¡Me da tanto asco! —dijo Nyu fijando sus ojos azabaches en el vientre prominente de la humana. Solo su conciencia sabía cuánto la odiaba. La muy maldita iba a darle un cuarto hijo al rey mientras ella, ni siquiera había podido llevar a término uno solo de sus embarazos.

—Lo sé Nyu ¿Pero qué podemos hacer? La terrícola fue más inteligente que nosotras dos juntas, supo jugar sus cartas y cada vez está más cerca de convertirse en la reina del planeta. Un hijo más y la coronarán. Será intocable —respondió la segunda princesa sentada a varias meses lejos de donde estaba la científica. Como damas de la corte, ellas también habían sido invitadas al convivio.

—¡Eso es lo que crees Apricot! —gimió volteando a ver un segundo a la muchacha —El día que esa zorra llegue a ser reina ¡Correrá sangre! —respondió la saiyana volviendo su vista hacia la científica que reía y platicaba con las señoras.

—No seas tonta Nyu, llevas casada con el rey por casi siete años. Las cosas fueran distintas si ya hubieses dado un hijo a la dinastía —Apricot entrecerró sus párpados cuando su amiga posó su total atención en ella.

—Ya me he sometido a un tratamiento de fertilidad.

—¿Otro? ¿Qué crees que cambie ahora? —cuestionó sintiendo la rabia apoderarse de su cuerpo. Era muy cierto que ella había obtenido el título de princesa al casarse con Tarble, pero de ser la mujer de un príncipe, a la del rey, era una brecha que nunca superaría, porque Nyu podría en cualquier momento parir un heredero mientras sus hijos, jamás pasarían de ser solo príncipes.

—Éste es nuevo, sé que pronto podré darle un hijo a su majestad —respondió llevando una mano a su vientre. Estaba dispuesta a llegar hasta los últimos términos para poder parirle un cachorro a Vegeta. El único problema ahora era que el monarca no quería saber nada de ella. Se lo había dejado claro, era solo su consorte por ley, pero él había dejado de tocarla desde hacía mas de medio año. Tenía que recuperarlo si quería que el nuevo tratamiento funcionara.

—No fue buena idea venir, esa mujer ni siquiera ha volteado a verme —comentó Chirai que estaba sentada en las mesas más lejanas junto a Broly —Por supuesto, no pertenezco a su círculo social —tomó la copa con licor que estaba cerca de su mano derecha para darle un sorbo —Mírala, se cree la reina de Vegitasei —añadió señalando a la mencionada en un ademán con sus ojos.

—Ella no es así, quizá solo quiere evitar hablar conmigo, por eso no se ha acercado —comentó el élite que había sido invitado al sarao aún, cuando ya no pertenecía a ningún escuadrón de guerreros.

—Parece que la conoces demasiado bien para afirmar eso —sintió los celos y la rabia recorrerle al escuchar a su pareja expresarse así de la terrícola. Sus ojos violáceos se fijaron en ella. Apretó sus labios al ver su enorme abdomen casi en su punto. La muy estúpida reía y conversaba con las damas mientras ella estaba ahí, aislada como que sino fuese la mujer de un élite de sangre noble. Estaba casi segura que la humana había invitado a su marido para que asistiera solo. Se le habían arruinado sus planes cuando ella decidió acompañarlo. No permitiría bajo ninguna circunstancia, que Broly volviese a enloquecerse por esa tipa.

—Bulma es una mujer trasparente, pensarías lo mismo que yo si intentaras ser su amiga y no su enemiga.

—Estás loco —finalizó ella la conversación para poner su atención en su hija que comía despreocupada —¿Quieres que nos vayamos a casa Tangerine? —preguntó a la niña que volteó a verla moviendo sus mechones de cabello blanquecinos al igual que los de su madre.

—Deja de usar a nuestra hija, si quieres largarte hazlo sola —respondió Broly con seriedad.

—¡Mami vámonos de aquí! —fue el grito de Baserk quien llamó la atención de las femeninas reunidas en las mesas principales. Bulma, que estaba sentada entre las mujeres, se puso de pie al ver a su hijo aproximarse mientras un niño, de unos cuatro años mayor que el príncipe, lo perseguía junto a otro pequeño grupo de críos que venían detrás.

—¿Príncipe Baserk que sucede? —preguntó Gine mirando que el cachorro se aferro al vestido de su madre en busca de protección.

—¿Estás bien mi amor? —habló la científica sosteniendo a su hijo por los brazos. Intentó separarlo de su aferre para ver qué le pasaba, pero el menor se sostuvo con fuerza de su falda negándose a apartarse de ella.

—¡Eso es lo que deberías hacer! ¡Largarte de aquí asqueroso híbrido! —gritó el niño que venía tras él.

—¿De quién es hijo éste mocoso? —fue Zorn quien se interpuso en el camino del pequeño saiyajin que pasó de tener su mirada sobre Baserk, hacia el soldado que ahora interfería en su cometido de correr del sarao al mestizo debilucho. Bulma que estaba atenta, bajó la vista buscando que su hijo la observarse y cuando logró desprenderlo del agarre del menor hacia su vestimenta, pudo ver la mejilla enrojecida del niño que le hizo fruncir el ceño.

Una de las mujeres que se encontraban cerca, se puso de pie sintiendo cómo su cuerpo se estremeció al ver a su hijo insultar al vástago menor del rey. Una falta de esa naturaleza hacia la realeza significaba que podían incluso darle muerte a toda su familia por traición ¡Había sido un error asistir al sarao! Pero ella jamás había estado de acuerdo con las actitudes tradicionalistas y aberrantes de su marido. Ella no tenía nada en contra de los descendientes híbridos que el monarca había decido tener, pero ahora debía dar la cara por su primogénito que había tomado las acciones negativas de su padre en contra de los cachorros mestizos.

—¡Kami quién te ha golpeado Baserk! —preguntó la ojiturquesa acariciando la parte afectada en el rostro del saiyajin real.

—Si nadie se hace responsable por éste pequeño imbécil ¡Me lo llevaré a una celda hasta que aparezcan sus padres! —expresó Zorn sujetando a Fig por el cuello de su traje. Los demás críos, retrocedieron al ver al imponente guerrero perteneciente a las fuerzas élites del rey hablar.

—¡Lady Bulma por favor perdone a mi hijo! —gritó la mujer desesperada que corrió hacia la científica para arrodillarse frente a ella. Inmediatamente Raditz y Fasha se interpusieron ante ésta antes que pudiese acercársele a la consorte del soberano.

—¡Mamá qué te pasa! ¡Cómo puedes inclinarte ante esa mujer que avergüenza nuestra raza! —las palabras de Fig, bastaron para hacer que Baserk se apartara de la peliazul y caminara hacia el saiyajin que gritaba rabioso.

—¡Cállate! ¡No eres nadie para decir eso de mí o de mi madre! —respondió el príncipe que sin pensarlo, se lanzó sobre el mayor alejándolo de las manos de Zorn que incrédulo, observó cómo los niños comenzaron a luchar.

—¡Baserk hijo detente! —chilló la humana intentando ir hacia los cachorros al ver cómo su hijo golpeaba con tanta fuerza al otro saiyajin, que Fig comenzó a sangrar profusamente por la nariz y la boca. Los demás quisieron intervenir, pero algunos salieron disparados a la distancia por los puñetazos recibidos y otros, cayeron al piso apenas pudiéndose mover.

—Deténgase Bulma, no se acerque —Zorn tomó con suavidad los hombros de la terrícola al ver sus intento por ir al rescate del príncipe —Yo iré por él.

—Has que pare Zorn, sabes que si se descontrola podría destruir todo el lugar —gimió desesperada sin apartar la vista de los cachorros.

El soldado estaba por intervenir cuando la tierra debajo de sus pies comenzó a temblar y las pequeñas rocas que se desprendieron levitaban alrededor de los presentes. Las mujeres que estaban ahí, se apartaron al observar el desprendimiento de poder que emanaba de Baserk y de pronto, un estallido hizo resplandecer todo el sitio mandando todos los muebles y decoraciones a volar por los aires.

—¡Por favor, todos salgan de aquí! ¡Aléjense! —gritó Fasha sacando a los demás niños del lugar así como a algunas mujeres que estaban demasiado cerca.

Broly que vio todo desde la distancia, corrió hacia Baserk que estaba luchando contra su propio poder. El niño estaba de rodillas sobre la tierra y sostenía con sus manos su cabeza, sin saber qué hacer ante las sensaciones que en el momento nublaban su mente.

—¡Broly qué haces! —Chirai tomó a Tangerine para retirarla del sitio y pudo comprobar con sus ojos que la humana no mentía. Había creído que ella, estaba usando al príncipe como una excusa para acercarse a su esposo, pero ahora veía que todo era cierto, el chiquillo tenía un ki imposible de controlar al igual que Broly. En una ocasión había podido ver el gigantesco poder destructivo del élite, cuando en su viaje antes de establecerse en Vampa, los habían atacado unos ladrones espaciales.

—¡Baserk! —llamó el guerrero a unos metros del menor, pero éste parecía no escucharlo, se puso de pie con la mirada en su objetivo. Fig, tembló en su posición, nunca imaginó que el híbrido tuviese esa clase de poder. Tragó saliva espesa arrepintiéndose de haberlo provocado.

—Por favor… Por favor ayúdame —pidió el crío con la voz entrecortada virando sus ojos hacia Broly. El élite estaba por acercarse cuando Baserk, se impulsó contra el niño y comenzó a golpearlo una y otra vez sin darle oportunidad a su oponente de defenderse. Fig parecía un maniquí sin vida en las manos del príncipe que desataba su ira con cada golpe.

—¡Por favor que alguien haga algo! ¡Si ese monstruo sigue golpeando a mi hijo va a matarlo! —berreó la saiyana en tono desesperado. No tuvo tiempo a reaccionar cuando su mejilla fue bofetada por la mano de la científica.

—¡Cállate atrevida! Esto es solo culpa de tu irrespetuoso hijo, cuando el rey se entere de lo que han hecho van a pagarla muy caro —sentenció enfurecida. Gine, empujó a la mujer lejos de la consorte para que se largarse de una vez por todas.

El poco control que Baserk había tenido estaba por perderse, cuando de repente, Tangerine que era sostenida por su madre, se desprendió de su agarre y corrió hacia el príncipe que yacía sobre Fig golpeándole el rostro una y otra vez.

—¡Aléjate Tangerine! —gritó Broly al ver a su pequeña aproximarse al arrebatado príncipe incontrolable.

—¡Esa mocosa! —gritó Zorn al ver a la cría acercarse. Sin dudarlo, la niña alzó su mano y en un rápido movimiento, colocó sus dedos al rededor del brazo del menor con el que amedrentaba a Fig. La peliazul en un intento por salvar a la pequeña, se zafó del agarre de Zorn en un descuido y corrió hacia su hijo que en ese momento, se puso de pie expulsando una gran cantidad de energía. La científica no pudo sostenerse en pie por el impacto de la fuerte explosión y salió expulsada cayendo un metro atrás.

—¡Lady Bulma! —gritó Gine y Zorn al unísono llegando hasta la muchacha que no logró tocar el piso, pues Broly pudo moverse a tiempo hasta ella para evitar que se golpeara.

Ante el alboroto del estrepitoso momento, todos se quedaron atónitos cuando Tangerine colocó su mano en la mejilla golpeada de Baserk y éste reaccionó al instante ante su toque. La palma de la híbrida brenchega, se movió sobre la piel del príncipe y éste, detuvo en seco sus movimientos volteando a ver a la chiquilla a su lado. Sin explicación alguna, comenzó a relajarse hasta llegar a su estado basal. Cuando el menor logró descender su energía, cayó al piso en una especie de desmayo.

—¡Baserk! —gritó la científica intentando apartarse de los brazos de Broly que aún la sostenía por la cintura y se apresuró a llegar hasta el niño —¡Baserk hijo! ¡Despierta! —gimió totalmente fatigada entre los sollozos y su angustia.

—Él estará bien mi lady, eso mismo pasa con papá —dijo la niña con una sonrisa sincera. Bulma, volteó a mirarla y fue como ver a la brenchega mujer de Broly, la niña era tal cual a la alíen, solo que tenía la piel de la tez del élite.

—¿Qué le hiciste? —interrogó la peliazul calmando su llanto al escuchar a la pequeña.

—No lo sabemos, pero Tangerine siempre logra ese efecto en mi marido —respondió Chirai acercándose a su hija. Bulma entendió que quizá, la pequeña tenía algo especial que podía ayudar a controlar el poder exorbitante de los saiyajin legendarios.

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Era de mañana, había estado pensándolo toda la noche y ahora caminaba por los pasillos del castillo con dirección al ala hogar de la humana. Quizá se arrepentiría luego de ello, pero era casi una tortura intentar aparentar lo que no era. Querer guardar ese sentimiento que luchaba por salir a flote era realmente difícil ya que ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera otra mujer, ni el que ésta le haya dado una hija ayudaron para que pudiera olvidarla. Porque el afecto y la pasión no había aminorado y en vez de eso, parecían crecer. Lo había descubierto ayer, cuando en vez de ir a salvar a su hija que pudo haber salido lastimada por la reacción del príncipe Baserk, corrió a salvar a Bulma y eso, había sido suficiente para hacerlo entrar en razón. De nada le había servido pelear contra lo que sentía por ella, porque seguía perdido por esa hembra que llevaba tallada en su mente y en su pecho. Sonrió para sí mismo al pensarla, la científica estaba más hermosa que nunca a pesar de estar preñada del maldito monarca. Pero ni ese bastardo podría hacerlo desistir de la terrícola.

—¿Qué diablos haces aquí Broly? —Zorn, que estaba haciendo guardia a la entrada del ala sur, residencia de la segunda consorte, se puso en alerta al ver al soldado avanzar hasta su ubicación.

—¿Cómo está? —preguntó el élite sin rodeos con expresión seria.

—Ella está bien ¡Ahora lárgate antes de que yo mismo te saque de aquí! —rezongó tensado los músculos de su espalda. Estaba harto de ese imbécil que intentaba a toda costa estar cerca de SU científica. De la mujer de la cuál se sentía en parte su dueño.

—Necesito verla Zorn, tú no eres nadie para prohibirme la entrada —dio un par de pasos hacia el umbral, pero el escolta de la humana se puso enfrente bloqueando la puerta.

—Yo estoy aquí, Bulma no te necesita —expresó Zorn en un tono bajo que le advirtió a Broly que ver a la peliazul quizá no iba a ser tan fácil como pensó.

—Hablas de ella como si fuera tu pertenencia ¿Acaso te volviste estúpido? Bulma es propiedad de su majestad y tú solo eres su perro que obedece órdenes —respondió el élite emitiendo una risa burlesca que hizo encolerizar aún más al guerrero de capa azul.

—¡Es mejor que te vayas de aquí! —gritó el saiyajin enfurecido acercándose a Broly —Recuerda que ni siquiera perteneces al ejército saiyajin ¡No eres nadie! —añadió tomándolo por el cuello con fuerza. El guerrero legendario emuló su reacción sujetándolo de igual manera, estaba por refutar sus palabras cuando Gine apareció detrás de Zorn.

—¡Oh Broly! Es bueno verte —indicó la saiyana llegando hasta los hombres que se separaron del aferre —Lady Bulma me pidió que si te aparecías por aquí te hiciera pasar. Quiere hablar contigo —Broly, sonrió en el rostro del comandante que arrugó el entrecejo al oír a la madre de Kakaroto.

—¿Estás segura que eso fue lo que te pidió lady Bulma? —cuestionó el soldado de capa azul viendo a la mujer asentir y volvió sus ojos al élite —Tú y yo no hemos terminado Broly —sentenció apartándose del camino del saiyajin.

Cuando entró, Broly pudo ver a la muchacha acostada en la cama. Al acercarse vio que ella tenía los ojos cerrados, parecía dormida. Así que con delicadeza se sentó a su lado detallándola con una mirada, una mirada que solo un hombre que sentía todo lo que él experimentaba por ella expresaría.

—Bulma —llamó casi en un susurro, quería verificar si realmente descansaba.

—Viniste —dijo ella con una sonrisa abriendo sus párpados para ver al saiyajina su lado.

—Vine a verte y Gine me informó que deseabas hablar conmigo —comentó bajando sus ojos obscuros hacia una de las manos de la hembra que reposaba al lado de su cuerpo y que quedaba cerca de su rodilla. Dudó en sujetarla para tocarla. Ansiaba desde hace mucho volver a sentir su sedosa piel y se preguntaba ¿Se sentiría igual que antes? ¿Ella rechazaría su tacto? Nunca lo sabría sino se atrevía.

—Sí, por favor no me hagas rogarte que me ayudes con Baserk —comenzó a decir haciendo un puchero, se enderezó para quedar sentada apoyada en el respaldo de la cama. Se acomodó en las almohadas atrás de ella y el élite se apresuró a ayudarle haciendo una pila con éstas tras la espalda de la humana. Volvió a sentarse a su lado, ésta vez más cerca de la joven.

—Bulma sabes que…

—¡Lo sé Broly! —chilló interrumpiendo al saiyajin —¡Pero te necesito! Viste lo que pasó con mi hijo ayer ¿A quien más puedo recurrir sino es a ti? —sintió como sus ojos ardieron y comenzaron a llenarse de lágrimas ante la impotencia de no poder convencer a la única persona que podía remediar el problema de su niño. Desvío su vista con tristeza. El hombre la observó, quería ayudarla, pero estaba el rey y sabía que jamás permitiría que él estuviese cerca de uno de sus cachorros. Aunque tampoco podía verla sufrir. Llevó una de sus manos hacia la mejilla de la femenina y acarició su piel suavemente con el pulgar. Tan tersa.

—Lo haré —dijo al fin dejando salir el aire que contuvo en sus pulmones ante el contacto de sus dedos con la científica. La ojiturquesa alzó la mirada al escucharlo y una sonrisa apareció en su rostro.

—¿Sí lo harás?

—Lo intentaré, pero necesito que convenza al rey de hacer ésto —contestó apartando su mano de ella.

—Hablaré con él en cuanto regrese —expresó dejando salir las lágrimas que se habían acumulado en sus párpados fijando su vista en las sábanas sobre su regazo. De pronto, sintió nuevamente la mano cálida del saiyajin en su mejilla y tuvo que elevar sus ojos para ver cómo él se aproximó aún más a ella.

—No llores Bulma —limpió las gotas que escurrían y no pudo contenerse, acercó su rostro al de ella que lo miraba expectante.

—Broly…

—No quiero verte angustiada —susurró el guerrero suavizando su voz, quedando a pocos centímetros de los labios apetecibles de la hembra. Los observó unos segundos antes de sentir que Bulma colocó una de sus manos sobre la que él mantenía en la mejilla de ella. Sintió que la científica intentó alejarse así que se inclinó para poder besarla, quería probar su dulce boca, degustar su sabor y borrar su dolor. Pero su beso no fue recibido, ella ladeó el rostro justo antes de que pudiera cumplir su cometido y entonces se apartó cayendo a su realidad —Lo siento Bulma —dijo poniéndose de pie.

—Sabes que no puedo Broly —emitió la humana sin siquiera voltear a verlo —Necesitaba tú ayuda, pero no a ese costo. No puedo darte lo quieres y lo sabes —recriminó arrugando sus delgadas cejas con rabia.

—No es lo quise decir.

—¡Es lo que me estás dando a entender! —gimió colérica apartando las sábanas de su cuerpo para ponerse de pie —Si ese es el precio que debo pagar porque me ayudes con Baserk ¡Olvídalo!

—¡Jamás te pediría algo así! —contrarrestó él mirando a los ojos la mujer —Voy a ayudarte con el príncipe y te prometo, lady Bulma, que no volverme a acercar a ti —finalizó dando la vuelta para salir de la habitación. Bulma lo vio retirarse del lugar y volvió a sentarse en la cama llevando una mano a su pecho. Podía hacer todo por su hijo, excepto ceder a las intenciones del guerrero.

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Cuatro días habían transcurrido desde el incidente con Baserk. Bulma, le había pedido tanto Zorn como a Kakaroto, que no le comunicaran al rey lo que había pasado. Era el primer viaje que él tenía con sus hijos mayores y no quería arruinarle las ilusiones a Trunks de poder cumplir el deseo que pidió al ser el ganador del torneo, el rey habría regresado de su viaje sin duda si llegaba a enterarse.

Ella hubiese querido ir, pero estaba a punto de parir, ya solo faltaba unas semanas para eso y no podía exponerse, por ello había decido quedarse y porque tenía que encontrar una solución al problema del príncipe menor, además, estaba haciendo todo lo posible para alejar a su hijo de otra situación como la que había pasado. No podía permitirse como madre, que algo malo le sucediera a su pequeño.

Mientras el tiempo pasaba, quiso enfocarse en ello, en cuidar de Baserk que necesitaba la mayor parte de su atención y que por suerte no había tenido secuelas por su último descontrol, así como también, en sus tiempos libres se dedicó a trabajar en el primer lote de naves que estaban por entregar a uno de los planetas con el que el rey había negociado, y que de eso dependía que otros astros se interesaran más en la tecnología avanzada de sus galeones.

Disfrutaba el tiempo que pasaba con su padre, trabajar con él siempre había sido una de las cosas que más le gustaba hacer. Además, no podía dejar con toda la responsabilidad al científico Briefs pues ella, era una de las precursoras para la mejora de dichos galeones. Así que entre cuidar de Baserk y ayudar a su progenitor en el laboratorio, no le quedaba demasiado tiempo y eso, le ayudaba a no pensar en cuánta falta le hacía Vegeta y sus hijos. El soberano le había dicho que no podía estar fuera tanto tiempo, pero conociendo el espíritu aventurero de Trunks, querría explorar el planeta entero. Había heredado eso de ella y le agradaba que fuera así, le recordaba a sus días en la tierra, cuando solía planear viajes para conocer y descubrir.

—El primer lote de naves está listo ¿Haremos una última revisión de rutina? —preguntó Nion revisando unos papeles que tenía en la mano sobre una tabla de apoyo.

—Sí, debemos asegurarnos que todo esté en orden para que salgan ésta misma tarde —aseguró Bulma elevando la careta de protección que cubría su rostro mientras soldada a unas piezas.

—Por supuesto —asintió la científica de cabello azul con una sonrisa. Había pensado, que trabajar con la mujer de Vegeta sería todo menos agradable, que quizá la humana no era tan llevadera ni amable, que talvez ella no estaba preparada para compartir su ámbito laboral con otra femenina, ya que la terrícola era la única hembra en esa área antes de que ella volviese a aparecer en Vegitasei. Pero con todo lo anterior se había equivocado. Bulma era de lejos, muy diferente a Nyu. La muchacha de cabellos turquesa era amable, modesta y sobre todo, tenía los pies sobre la tierra. Tenía un corazón cálido y su estatus como madre y segunda consorte no se le había subido a la cabeza, muy al contrario de la princesa. La soberbia no dejaba a ésta segunda acercarse a su majestad. Porque con los pocos días que llevaba en el palacio, ya se había enterado de muchas cosas.

Comenzando por la llamada "reina seca", que no había podido parirle un solo vástago al monarca, y quizá era mejor así. Aunque Nyu fuese una mujer de clase alta, proveniente de una de las familias con más poder en el gobierno, y de casta noble, no pasaba de ser eso, un adorno vacío sin ningún provecho. Además, era codiciosa y eso le restaba demasiados puntos a comparación de lo que había logrado ver de Bulma.

—¡Mamá volvimos! —la voz de Trunks irrumpió en el laboratorio y los pequeños pasos se escucharon llamando la atención de ambas peliceleste. Una sonrisa se dibujó en el rostro de la humana cuando viró sus ojos, y miró que hacia ella se acercaban ambos príncipes. Sintió como automáticamente se le humedecieron los ojos y aún en su estado gestante, pudo más la felicidad de volver a verlos que su enorme vientre y corrió hacia ellos. Abrió sus brazos y recibió al mayor, que venía unos pasos delante de su hermano, con un fuerte abrazo.

—¡Mi amor! —chilló emocionada arropando entre sus brazos al niño —Los he extrañado tanto —y estiró la otra mano para alcanzar a Vegeta Jr.

—No te preocupes mamá, ya estamos aquí —respondió el menor incómodo ante la muestra de afecto pública de su madre.

—Mamá es vergonzoso —se quejó el mayor mirando a los trabajadores del laboratorio que observaban la escena.

—¡Ni crean que volveré a dejar que se vayan tanto tiempo! —regañó la científica con una sonrisa sintiendo como todo su mundo tenía sentido. Esos días, aunque se había distraído, no habían sido ni de cerca igual a cuando ellos estaban a su lado.

—Baserk no dejaba de repetir que los extrañaba —comentó liberando a los niños del abrazo.

Nion, observó el intercambio de palabras entre la humana y los niños. Quiso aproximarse a los cachorros, hablarles, interactuar con ellos, pero simplemente su cuerpo no reaccionó y se quedó estática en su posición percibiendo un frío helador atravesar su anatomía. Un nudo en su garganta se hizo presente y trató de disimularlo al observarlos. Ya había tenido la oportunidad de conocer al menor de ellos, el niño era todo un encanto, de melena larga, ojos bicolor y por lo que había escuchado, bastante poderoso. Ahora que veía a los otros dos pudo corroborar que todos eran idénticos a él, sus expresiones, su manera de hablar, sus gestos. Los niños eran la copia del monarca y no pudo evitar recordar cuando el ahora rey, era solo un crío, desde aquel momento en que lo cargó cuando era un bebé, hasta hoy que era todo hombre. Él, era una de las razones por las que se había mantenido viva, con la fe de regresar al planeta y poder mantenerse cerca.

—¿Dónde está su padre? —cuestionó Bulma poniéndose de pie, sacando de sus recuerdos a Nion que estaba cerca de ella. Una oleada de sensaciones apresaron su cuerpo, entre el miedo y la tristeza con la tan sola mención del monarca. Pero la peliazulada no supo más que respirar profundo disimuladamente. No era el momento de que todos conocieran la verdad.

—Está con Kakaroto, madre —respondió Vegeta Jr y la muchacha asintió.

—Llevaré a mis hijos a sus habitaciones ¿Podrías hacerte cargo del resto? —preguntó girándose hacia la saiyana que movió su cabeza en confirmación aún vaga entre sus pensamientos. Vio a la muchacha comenzar caminar hacia la salida junto a los príncipes y se preguntó, ¿Hasta cuándo podría soportar la situación? Estaba y no estaba en ese lugar en ese preciso instante. Sintió una fuerte punzada cuando ellos desaparecido del laboratorio y hasta entonces, pudo moverse de su sitio. Sentía su cuerpo aletargado, su corazón latía rápido, sus manos temblaban ante todo ese remolino de sentimientos que luchaban en su interior y solo logró sentarse en una de las sillas frente a la mesa de trabajo antes de que sus ojos se llenaran de lágrimas.

Estaba cansada de esconderse, de callar, de querer hacer felices a los demás mientras sacrificaban sus propios sentires. Era realmente una tortura tener que ser solo una expectante en todo lo que podía ser suyo y no podía sostener más esa mentira. Pero había hecho una promesa que debía cumplir, solo que ahora, no sabía hasta cuando podía mantener su palabra.

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—… Los ciudadanos parecen estar conformes con… —Kakaroto que estaba con una tabla digital en su mano, daba el reporte de la semana que el rey estuvo fuera del planeta. Había ido a recibirlo a la base espacial en cuanto el soberano le notificó que esa tarde llegaría al planeta.

—Eso no importa ahora Kakaroto ¿Cómo está ella? —preguntó mientras caminaba por los pasillos en dirección al ala sur. Pasar esos días lejos de su hembra, había sido un verdadero suplicio que no pensaba alargar más.

—La hemos… cuidado como ordenaste —respondió pausadamente buscando las palabras adecuadas para decirle lo que había pasado en el sarao. Detuvo su andar abruptamente cuando escuchó el tono dubitativo de su mano derecha.

—¿¡Qué sucedió con Bulma, Kakaroto!? —el ceño fruncido del rey y su furiosa mirada fue todo lo que el guerrero necesitó para hacerle saber el hecho producido en el banquete de caridad.

—Es Baserk.

—¡Dime exactamente qué le ha sucedido a mi hijo! —gritó dando un paso hacia su mano derecha.

—Lady Bulma hizo un sarao, para recaudar fondos para las mujeres y niños que han quedado abandonados producto de la perdida de sus compañeros en la guerra…

—¡Al punto Kakaroto! —exigió cruzando sus brazos con impaciencia.

—Por lo que sé, tuvo una pelea con un crío y se descontroló, la hija de Broly ayudó al príncipe a que dominará en ese momento el despliegue de su poder, pero incluso Bulma salió lastimada, ella ahora está bien… —comenzó a explicar pero fue detenido abruptamente al ver que el rey alzó la mano para que callase.

—¿Dijiste por lo que sabes? —vio asentir al soldado y una sobrecarga de ira invadió su cuerpo. Se abalanzó sobre el saiyajin y lo sujetó por el cuello de su traje zarandeándolo —¡Que no te deje a cargo de cuidar a mi familia grandísimo imbécil! —gritó colérico empujando a su mano derecha para estrellarlo contra la pared —¿¡Qué le pasó a Bulma!?

—Ella ahora esta bien majestad, tranquilízate… solo fue un arranque del príncipe y… —no terminó de hablar cuando fue soltado broncamente de un empujón.

—¿¡Dónde está ahora! ? —preguntó irritado.

—Lo espera en su alcoba, majestad —Kakaroto apenas pudo ver la capa roja del rey moverse mientras se alejaba a paso rápido de él.

No tardó demasiado en llegar al pasillo real, esos días lejos de Vegitasei había pensando en que cuando aterrizara en el planeta, lo primero que haría era ir a verla, porque extrañaba todo de ella, su sonrisa, su voz, su presencia, su cuerpo. Pero nunca se imaginó encontrarse con que algo le había pasado a ella y a su vástago.

Vio a lo lejos que la dama de compañía de su hembra, entró a su habitación. Hizo un ademán de silencio al guardia del pasillo para que no diera aviso de su presencia. Quería ver el rostro de la muchacha cuando viese que estaba ahí.

—Majestad —saludó Zorn llevando una mano a su pecho e inclinándose con respeto. Él estaba al lado de la puerta junto al guardia del corredor cuidando de que la humana, recibiese todos los cuidados para que su embarazo no se viera afectado debido a los recientes problemas con el pequeño príncipe —No lo esperábamos, perdóneme por no ir a recibirlo —dijo apenado irguiéndose para ver al monarca.

—No te preocupes por trivialidades Zorn —respondió el gobernante empujando un poco la puerta para ver hacia el interior. Miró a su terrícola de espaldas a la entrada mientras escogía un atuendo de todos los que estaban esparcidos en la cama. Sonrió para sí mismo al detallar su figura menuda —Mañana hablaremos tu y yo, necesito saber cada detalle de lo que sucedió en el sarao —volteó a ver al soldado con seriedad y éste asintió imaginándose, que él ya se había enterado. Vio al monarca entrar a la alcoba y estrechó sus cejas con molestia sabiendo que sus días de diversión, se habían terminado.

Gine y las sirvientas, que se percataron de la presencia del rey cuando entró a la habitación, se quedaron el silencio cuando lo vieron y él, les hizo una señal de que se callaran y lo dejaran solo con la humana. Las mujeres salieron en silencio cerrando la puerta de la recámara intuyendo, que esa noche no serían requeridas por la científica.

—Ya estoy bien Gine, no necesitas atenderme como si estuviese enferma —expresó con una risa cantarina la humana mientras tomaba cada atuendo para elevarlo en sus manos frente a sus ojos, y volvía a ponerlo para analizar el siguiente. A esa altura, cualquier clase de bata o pijama, sentía que le incomodaba para dormir. Después de dejar a sus hijos que estaban cansados y solo querían dormir, en sus habitaciones correspondientes, tuvo que darse prisa para tomar un baño en su recámara para alistarse e ir, a la alcoba real a ver a su esposo después de extrañarlo tanto esos días sin su presencia —Solo estoy embarazada y es normal sentirse cansada al final del día —comenzó a bajar los tirantes de su vestido pero se quedó a medio camino al darse cuenta de que la alcoba, de pronto se quedó en silencio y que lo único que se escuchaba era su voz. Alzó la mirada y vio que Gine ya no estaba del otro lado de la cama.

—Te recomiendo usar el rojo —la voz grave del rey se dejó escuchar en un susurro bajo en el oído de la ojiturquesa que abrió los ojos con sorpresa al escucharlo. Iba a darse la vuelta, pero él colocó cada una de sus manos enguantadas en los hombros desnudos de la científica y comenzó a darle besos en la nuca.

—Vegeta —dijo emocionada percibiendo cómo las manos del soberano bajaron por los costados de su cuerpo y la giró con delicadeza para quedar cara a cara —¿¡Por qué tardaste tanto en regresar!? —preguntó en un chillido enredando sus brazos en el cuello del hombre para abrazarlo.

—Solo fueron unos días mujer —respondió sujetándola de la cintura y luego la alejó un poco para poder verla —Ya me enteré de lo que sucedió con Baserk ¿Estás bien? —el tono desosegado del rey y su mirada pasando por su cuerpo le dijeron a la científica cuán preocupado estaba él por ella.

—Estoy bien, solo necesito reposo y ya lo tuve —miró sus ojos. Había extrañado tanto esos orbes obscuros intensos mirándola de esa forma. Llevó una mano hacia la mandíbula del rey delineando con dedo índice el perfil de ésta. Percibía todo de él, su respiración, su olor masculino, su calor, su cuerpo duro tan cerca de ella. El embarazo la tenía muy perceptiva a cualquier estímulo y no pudo contenerse más, vio su boca y se acercó a él para besarlo. A medio camino encontró sus labios y comenzaron con un besos pausados, uno tras otro hasta unir completamente sus bocas. Movían lentamente sus lenguas mezclando sus salivas y recibiendo todo lo que el otro pudiera darle. Pero aún así, la muchacha pudo notar que el saiyajin estaba conteniéndose. Correspondía sus besos pero no tocaba su cuerpo, apenas la tenía sujeta por la cintura.

—Tómame —pidió en un gemido soltando sus labios y abrió sus párpados para ver que él le sonrió a la vez que negó con su cabeza a su pedido.

—Podría cogerte en cada lugar de éste maldito castillo —dijo él en tono excitado apretándola contra él con cuidado de no lastimarla —Pero estás a punto de parir a mi hijo, puede que no me contenga y te dañe —bramó llevando sus manos tras la espalda de la muchacha y escondió su rostro en el cuello de ella, aspirando su exquisito olor que tan loco lo volvía. Bulma, sintió la necesidad refrenada de su esposo y llevó sus manos tras la espalda del saiyajin hasta que encontró la cola que estaba desenroscada de la cintura del hombre. Con suavidad la sujetó y acarició en toda su extensión sabiendo, que el miembro peludo era sensible a sus estímulos.

—Por favor Bulma…

—¿Por favor? —repitió ella buscando los ojos del saiyajin para verlo —¿El rey de los saiyajin pidiéndole a su esclava un favor? —dijo en tono juguetón apretando la cola con vívido coqueteo. Vio cómo él tomó sus manos con que lo acariciaba y las elevó llevándolas a sus labios, mordiendo débilmente las puntas de sus dedos índice y medio de cada una.

—No eres mi esclava Bulma, eres mi compañera —rugió volviéndola a besar con toda la pasión contenida que llevaba guardando desde hacía una semana. Soltó sus boca con una última succión a su labio inferior y la giró dejándola de espaldas a él. Sin esperar, buscó la orilla de su vestido y lo subió dejándola solamente en bragas. Se tomó unos segundos para verla y dio una palmada en su glúteo izquierdo haciéndola emitir un gemido. Bulma giró su cabeza para ver que él estaba quitándose la capa y la armadura.

—No te contengas mi rey, necesito sentirte —expresó mordiendo su labio inferior cuando lo vio venir completamente desnudo hacia ella. Podía contar con su mirada cada uno de los músculos del saiyajin, tallados tan perfectamente. Vegeta, arrancó sus bragas de un tirón que ella apenas sintió y tan solo pudo ver, su ropa interior hecha pedazos caer al piso. El rey se acercó a ella pegando su cuerpo al suyo, piel con piel, sintiendo el calor de cada uno y comenzaron a besarse mientras las manos del soberano se paseaban por el lechoso cuerpo de su humana robándole gemidos excitados una y otra vez. El monarca, la giró nuevamente y la empujón contra el colchón dejando sus caderas al borde. Elevó sus piernas alzándolas sobre sus hombros y se posicionó en su entrada. No podía esperar más, no quería retardar el encuentro, quería sentir el interior delicioso de su mujer y lo haría en ese instante. Tomó su falo con su mano derecha mientras que con la mano izquierda acariciaba el muslo izquierdo de la muchacha. Esparció los jugos de ella con su miembro por todo el sexo femenino y empujó introduciéndose lentamente hasta el tronco.

Un gemido salió de la boca de ella y él tuvo que contener un bufido cuando comenzó a mover sus caderas contra su centro. Se sentía tan cerrada, casi como cuando la desvirgó. Podía percibir cómo era succionado con hambre por su hembra y no pudo retener más sus propios quejidos con cada embiste. Ella estiró sus brazos y él se fue sobre ella cuidando de no aplastarle el vientre para besarla.

—Nunca podría cansarme de tenerte mujer —afirmó el rey intensificando el ritmo de la unión entre sus cuerpos, movió su mano hasta el sexo de la científica y palpó buscando el botón de placer de la hembra. Cuando lo encontró, frotó su dedo medio y anular presionando con cada meneo circular el clítoris palpitante de la peliazul. Ella arqueó su espalda oprimiendo su boca con la palma de su mano para evitar gritar. Fue casi imposible contenerse cuando el rey agregó a sus estímulos la succión de uno de sus pezones —No te contengas Bulma, quiero escucharte —pidió él cambiando de seno para atender el otro que subía y bajaba con el mismo vigor que él la empalaba cada vez más rápido.

—¡Vegeta! —chilló en un grito seguido de gemidos de placer sintiendo que el orgasmo estaba próximo —¡Te amo! —gimió al tiempo en que el clímax la golpeó y estiró sus brazos para alcanzarlo. El soberano subió para comer de la boca de la humana liberando su semilla en su interior. Sintió como su miembro era apresado con fuerza dentro de la cavidad caliente de su mujer y dio un par de estocadas más sintiendo el máximo placer. Se quedó ahí unos segundos, ambos consumidos por la satisfacción del momento. Él, estaba por salirse de ella, cuando de pronto ambos sintieron demasiada humedad entre la unión de sus cuerpos. El gobernante se apartó con cuidado observando lo que sucedía y abrió los ojos sorprendido. Bulma se irguió para ver qué pasaba aún respirando agitada y tuvo la misma expresión del saiyajin.

—¿Qué es…? —la pregunta del rey, se quedó en el aire cuando ella se echó hacia atrás emitiendo un quejido de dolor y llevó su mano a su vientre.

—¡Mi hijo! —chilló sosteniendo con ambas manos su abdomen y él no esperó más. Se bajó de la cama colocándose el pantalón y sus botas. Volteó a verla en el proceso y observó las sábanas y el colchón mojados por los fluidos —¡Ya viene!

—Respira mujer, te llevaré al ala médica —dijo él tomando la sábana para envolverla, pero las manos de ella sobre las suyas lo detuvieron.

—¡No! No hay tiempo, trae a la doctora, ya viene —habló entre quejidos por su dolor sintiendo una fuerte compresión en su intimidad. Vegeta salió de la habitación llamando a la servidumbre y envío a uno de los soldados que escoltaban el pasillo a que fuesen por la médica.

—¿Qué hago Bulma? Dime, puedo ayudarte —apresurado entró a la alcoba nuevamente y se sentó al lado de ella que respiraba agitada sobre la cama. Otra vez estaba sucediendo, cada cachorro que ella le paría era como si estuviese condenándola. No quería verla sufrir de esa forma, pero ya no podía quejarse de la situación. Cada hijo que ella le daba significaban una enorme satisfacción para él, y aunque nunca quiso arriesgarla, era algo que habían acordado entre los dos. Como rey pudo haberle impuesto la decisión de no volver a preñarla, lo último que quería es que su humana muriese en un intento por darle otro crío, pero tampoco había podido imponerle su voluntad, no quería, no debía. La científica le había enseñado que la decisión de una mujer también importaba, y aunque había crecido en un planeta bajo leyes falócratas, a la única que no podía decirle un NO rotundo cuando se empecinaba en obtener algo, era a ella.

—Pásame… esa bata —respondió la muchacha señalando hacia la butaca que estaba frente a la cama. Vegeta hizo una señal al par de criadas que habían entrado tras de él a la recámara. Bulma sentada al borde del colchón, tomó el albornoz de las manos de la sirvienta y se lo colocó apartándose la sabana con la que se cubría. Se quedó quieta por un momento, sosteniendo con ambas manos vientre crecido —No entiendo —comenzó a decir respirando calmada —Aún no es tiempo.

—Es mi culpa —contestó el rey ayudando a la joven para que volviese a acostarse. En cuanto Bulma regresó a la cama, las contracciones regresaron con más intensidad.

—¡Maldición dónde está la doctora! —gimió adolorida intentando calmarse. Pero la presión que sentía en su vientre bajo era demasiado como para soportarlo, abrió las piernas y pujó con fuerza, tal como su cuerpo estaba pudiéndoselo en ese momento. Una de las criadas, se acercó a la cama con un cuenco de agua y un trozo de tela para limpiar el sudor de la ojiturquesa, mientras la otra se colocó al frente para revisar a la humana. Como doncellas al servicio de la consorte del rey, estaban capacitadas para cualquier situación.

Vegeta observó a las mujeres actuar, miró como una de ellas metió sus manos entre los muslos de su terrícola y cuando la sacó después de revisarla, ésta estaba llena de sangre.

—No hay tiempo, le ayudaremos a dar a luz —comentó la joven limpiándose el líquido de sus dedos. La otra chica que secaba el sudor de la peliazul, sujetó la mano de la científica dándole ánimos para envalentonarla.

—¡Vamos mi señora, usted puede! ¡Puje! —el dolor era intenso, hacía su mejor esfuerzo, pero apenas y podía respirar. El rey observó por última vez a su hembra y tomó del piso la parte superior de su traje, se vistió y salió de la recámara, iría el mismo por la médica.

Bulma, estaba en la cama, se sentía agotada después de unos diez minutos de hacer fuerza e intentar traer a su hijo al mundo. Sudaba, estaba con su rostro enrojecido por el esfuerzo, los mechones de su cabello se pegaban en la frente y Gine, que había llegado poco después que salió el monarca de la habitación, estaba ayudándole a la otra muchacha que revisaban entre sus piernas.

—¡Vamos Bulma! ¡Un último esfuerzo y saldrá! —animó la saiyana. La científica respiró profundo y con sus fuerzas casi extintas, pujó lo más fuerte posible y entonces lo sintió. Sintió como la presión en su vientre y el dolor aminoraron cuando su hijo salió de su cuerpo.

Hubo unos segundos de silencio. Gine y la criada que le ayudaba, voltearon a ver a la que sostenía la mano de la peliazul y luego vieron al bebé con expresión asustada. Bulma, escuchó un cuchicheó entre ellas, pero no pudo entender lo que decían y entonces se dio cuenta. Alzó su cabeza y miró como ellas frotaba el pequeño cuerpo entre sus manos. El cuerpecito inerte de su hijo parecía sin vida y sus ojos, se llenaron de lágrimas.

—¡Qué le sucede a mi hijo! —gritó alterada intentado sentarse, pero volvió a caer sobre las almohadas al sentir cómo apenas y tenía fuerzas para mantenerse lúcida ante la situación —¡Mi bebé! ¿¡Qué le pasa! ? —preguntó al tiempo en que el rey, entró junto con la doctora que había tardado debido a que en ese momento, estaba fuera del palacio.

Vegeta fijó sus ojos en el escenario. Bulma estaba en la cama y la dama de compañía de su esposa, sostenía a su hijo inmóvil entre sus manos mientras lo agitaba. Nunca en su vida sintió tanta desesperación bajo ninguna circunstancia, pero en ese momento, se paralizó en su posición sin siquiera poder mover un solo músculo.

La doctora se acercó al bebé y lo sujetó entre sus manos tomándolo por las piernas para colgarlo y comenzar a dar golpecitos en las plantas de sus pies.

—¿Qué sucedió? —preguntó alterada al ver que el cachorro no respondía.

—Su cordón, estaba enredado en su cuello —respondió una de las sirvientas agachado la cabeza. No tenía la experiencia necesaria para atender un parto, pero si tenía conocimiento de cómo asistir uno. Aunque jamás imaginó que eso sucedería. La médica, agitaba, movía y frotaba a la criatura sin vida pero nada de eso funcionaba.

—¿¡Murió!? ¡Mi hijo está muerto! —gritó Bulma al escuchar a las mujeres ¡Eso no podía ser! ¡No podía estarle sucediendo algo así! No a ella que había estado esperando con tantas ansias tener a su bebé en sus brazos.

—¡No debieron hacer que lady Bulma diera a luz en éstas condiciones! —regañó alterada Garlia girando boca arriba al bebé para observar la coloración de su rostro. En ese momento, el rey se acercó con rapidez a las mujeres y tomó entre sus manos a la pequeña criatura. Alzó las cejas con asombro cuando giró al chiquillo y miró de lo que se trataba, su humana no le había parido un hijo ¡Era… una niña!

Con los ojos de todas las mujeres en él, llevó a la bebé a un mueble cerca, la colocó sobre éste y comenzó a darle pequeñas bocanadas de aire por su boca. Con una de sus manos apretó su nariz mientras que con la otra masajeaba el pecho de la criatura oprimiendo ligeramente para reanimarla mientras le daba respiración boca a boca. No se perdonaría no haber intentado todo para salvarla. Ni siquiera podría ver a la cara a su terrícola si permitía que su única hija muriese.

—Por favor, no dejes que mi hijo muera —pronunció su esposa que observaba desde la cama. Por más esfuerzo que hizo por intentar levantarse y ser ella misma la que ayudase a salvar a su bebé, no podía, se sentía apenas consciente para mantenerse despierta.

Los segundos pasaban, apenas habían transcurrido tres minutos desde que Bulma dio a luz hasta ese momento, pero todo parecía ir en cámara lenta. Aún no se escuchaba el llanto de la bebé y la tensión pesaba tanto en el ambiente, que podía incluso cortarse con una hoja de metal afilada.

El rey, vio que la niña dio un brinquito y entonces, llevó su palma al pecho de la criatura para trasmitirle energía por medio de ésta. La criatura abrió su boca ante la calidez que invadió su cuerpo y entonces, un llanto fuerte se escuchó por toda la habitación.

—No llores Bulma, nuestra hija estará bien —dijo el soberano acunando entre sus brazos a la pequeña que comenzó a dar gritos entre el sollozo. Con delicadeza la arrulló, sintiendo el diminuto cuerpecito frágil entre sus brazos. La observó atento a sus gestos, ella abría su boca y apretaba sus ojitos con fuerza mientras lloraba vigorosamente, el tono de su piel inmediatamente se volvió rosácea cobrado vida y solo entonces, pudo dar imaginativamente un respiro, no podía dejar de preocuparse, ella había nacido antes de tiempo y todo parecía apuntar a que se adelantó el parto debido a su culpa. No debió acceder a su hembra para que estuviesen juntos cuando a ella le faltaba poco para parir.

—¿Qué? ¿Una niña? —interrogó Bulma sacando de sus pensamientos al monarca. Él asintió con una sonrisa ladina volviendo sus ojos desde la peliazul, hasta a su cachorra. Gine sonrió contenta por su señora.

—Felicidades lady Bulma —respondió la saiyana mientras aseaba a la muchacha.

—Majestad, necesitamos llevar a su hija al ala neonatal para ponerla dentro de una cápsula neonatal, inmediatamente —comentó la doctora acercándose para tomar a la bebé en brazos. Vegeta la miró por ultima vez y se la entregó. Garlia envolvió a la criatura para resguardarla del frío entre varias sábanas limpias —Nació con unas semanas de anticipación y se privó de oxígeno durante varios minutos después de su nacimiento, debemos hacerle algunos análisis para determinar su estado —el monarca concordó con ella dando la orden. Bulma, que estaba escuchando cada palabra, levantó su cabeza sintiendo miedo de lo que pudiera pasar con su pequeña

—¿Es necesario que ella entre en una incubadora de inmersión? —cuestionó desde su sitio. No quería volver a sentir aquella desesperación y congoja, de cuando Trunks estuvo las primeras semanas de vida dentro de ese aparato. Era indispensable, lo sabía, pero también era inhumano, frío, anti natural. Nada suplantaba el calor y afecto que una mujer podía darle a su crío, sobre todo el vínculo que se formaba entre madre y bebé. No quería perderse eso.

—Así es mi lady, mientras hacemos los exámenes y determinamos su estado, debemos de mantenerla dentro de una cápsula —explicó la doctora aproximándose a la humana.

—Déjame verla por favor, quiero cargar a mi hija —pidió recomponiéndose en la cama para poder semisentarse estirando sus brazos, recibió a la criatura en sus manos. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando posó su vista en la criatura. Era tan pequeña, tan delicada, que dentro de ella sintió la necesidad de protegerla, de cuidarla como si cualquier cosa tan insignificante como el viento podría dañarla. La acunó con suavidad en sus brazos sin dejar de observarla. Sonrió feliz al detallar como la niña aminoró el llanto al sentir su calor y por primera vez, abrió los párpados para encontrarse con la mirada atenta de su madre. Bulma, se sorprendió al notar el tinte de aquellos hermosos ojos —¡Vegeta! —llamó entusiasmada a su esposo elevando su rostro hacia él —¿Ya viste sus ojos? —chilló ampliando su sonrisa viendo que él se aproximó.

—Es como tú —expresó el monarca con una sonrisa al ver a su hija. La científica entonces borró la sonrisa de felicidad de su rostro y alzo la vista par observar al saiyajin real.

—Por favor no permitas que se la lleven al ala neonatal —pidió angustiada. No quería separarse de su bebé por nada. Volvería a caer en depresión al igual, que cuando Trunks estuvo separado de ella. El rey la miró por un segundo y con su mano, tomó la barbilla de su humana dándole un delicado apretón. Volvió su atención a la médica sabiendo exactamente qué hacer para acentuar la aflicción de su esposa.

—Tranquila lady Bulma, no debe de preocuparse —calmó su dama de compañía.

—Que lleven la cápsula neonatal a la habitación de mi esposa en el ala sur para que la princesa no se separe de su madre —ordenó, a lo que la doctora asintió a su decisión.

Gine terminó de asistir a la terrícola, había removido la placenta de su interior aseándola en poco tiempo. Cuando estuvo lista, la peliazul entregó a la pequeña a la doctora y fue llevada por sus sirvientas, al baño para limpiar todo su cuerpo y dejarla lista para poderla trasladar a su propia recámara. No tardaron demasiado cuando mudaron a la muchacha a su propia habitación y la acomodaron en su cama.

—¿Está cómoda mi niña? —preguntó la dama de compañía de la consorte colocando la sábana sobre el cuerpo limpio de ésta. Después de asearla, la habían ataviado con un camisón blanco de satín y encaje en el dobladillo que la hacían sentir confortable. Su cabello había sido recogido en una trenza que descansaba sobre su hombro derecho.

—Sí, muchas gracias —contestó suavemente sintiéndose cansada. Recostó la cabeza en la almohada viendo que la doctora revisaba a su hija que estaba sobre el cambiador de bebé instalado previamente en su habitación.

—Sino se le ofrece algo más, iré a la cocina, le diré a Milk que preparé alimentos para que reponga energías mi señora —Bulma asintió a las palabras de Gine y la vio salir de la recámara. Minutos más tarde, tocaron la puerta y un par de médicos científicos junto a la encargada en jefe de esa área, apareció en el lugar.

—Los científicos están aquí —anunció el guardia en la puerta.

—Que pasen —declaró el soberano que acompañó a la humana hasta el ala sur para estar al pendiente de su estado y el de su hija. Vio que los hombres, empujaron la incubadora de inmersión hasta dejarla a unos metros de la cama desde donde Bulma, podría vigilar el avance de su bebé. Nion, que entró después de ellos, reverenció al gobernante. Era la segunda vez que lo miraba, y esa sensación de vacío en su estómago apareció de nuevo en cuanto se enteró que debían ir a la recámara de la mujer del rey. La primera vez, lo había detallado desde la distancia, mientras él caminaba por los pasillos después de su aterrizaje. Cuando Bulma se había retirado del laboratorio con sus hijos recién llegados de Namek, ella no había podido contener sus ansias por conocerlo ahora que era un hombre, así que fue a buscarlo y desde atrás de una pared, lo observó algunos instantes. Ahora que lo veía nuevamente no eran distintas sus emociones, una especie de pesadez invadió su estómago, pero intentó ser profesional, así que apartando los ojos de él, prosiguió con la instalación de la cápsula. En cuestión de minutos estuvo preparada y dejaron a la niña dentro con todos los cables, que se ocuparían de mantener y vigilar sus signos vitales, conectados a su cuerpecito.

Vegeta vio a su hija flotar en el interior, rodeada de aquel líquido traslúcido que le ayudaría a su recuperación. No pudo evitar sentir remordimiento al recordar los sucesos de hacía unas horas atrás. Por poco perdió a su pequeña y no iba a perdonarse haber provocado la situación.

—Debo disculparme majestad —la voz de Garlia hizo que Vegeta apartara su vista de la princesa, ellos estaban alejados de los científicos que trabajaban en la máquina y podían hablar sin que los escuchasen —Fui incompetente, tarde demasiado en llegar —se sinceró con pena —Pero no entiendo, lady Bulma había estado bien los días anteriores, además, le faltaba al menos un mes para dar a luz.

—Es mi culpa —se permitió decir el gobernante desviando la vista hacia la femenina a su lado, que escribía un informe en una hoja prensada sobre una tabla de apoyo que sería agregado al historial médico de la científica.

—¿A qué se refiere? —preguntó dejando lo que hacía para prestarle atención al monarca.

—Se rompió su fuente mientras la cogía, no hay manera de que no sea mi culpa —expresó tensado los músculos de su espalda. Maldijo su impulsividad en su interior. De no ser por sus incontenibles ganas de tenerla, su hija ahora no estaría en esa incubadora esperando resultados de los exámenes.

—Me va a disculpar rey Vegeta, pero difiero en ello —Garlia se giró hacia él para verlo con seriedad —Lady Bulma ha dado a luz a tres vástagos anteriores. Usted y ella no cambiaron nada de su rutina con respecto a su actividad sexual en comparación con los otros embarazos. Que el parto se haya adelantado no tiene nada que ver con haber tenido sexo. Se debió a que la niña estaba teniendo sufrimiento fetal debido a que el cordón umbilical circular impedía el traspaso eficiente de oxígeno y nutrientes a través de la placenta —finalizó fijando su vista en la tabla de anotaciones en su mano. Vegeta escuchó las palabras de la médica. Ella tenía razón, ni siquiera había sido rudo con su frágil terrícola, quizá en realidad se había debido al estado de su hija dentro del vientre.

Mientras la científica Nion, la doctora y sus ayudantes configuraban la cápsula, el rey aprovecho para ir a su habitación y cambiarse de ropa. El agua de la ducha caía sobre su piel, no pudo evitar cerrar los ojos y sumergirse en sus pensamientos. La humana le había dado una hija, una pequeña princesa y eso llenó su pecho completamente. Sonrió automáticamente dejándose llevar por lo que sentía en ese momento. Bulma era todo lo que siempre esperó de una compañera y ahora lo sabía, no habría una hembra en el universo, que lo hiciera ni una pizca de feliz de lo que ella lo hacía. Su consorte le había dado todo. Serenidad, calma, sosiego y estabilidad. Sin ella estaría perdido.

En la habitación de la científica, terminaron con la preparación de la incubadora. Nion, se quedó un momento observando a la niña. Su melena azulada podía notarse dentro del líquido transparentoso, su piel era tan lechosa como la de su madre y su cola, era del mismo tono que el de su cabello. Sintió nostalgia recordando el momento en que vio por primera vez a Vegeta IV dentro de su cápsula, como cualquier crío saiyano se había terminado de desarrollar dentro de una después de su nacimiento. El rey Vegeta III en aquel momento, estaba orgulloso de haber engendrado un heredero poderoso que rompió el récord de nacer con el nivel más alto, hasta entonces.

—¿Cómo está? —la voz de la científica sacó de sus pensamientos a Nion.

—Estable lady Bulma —respondió con una sonrisa observando a la joven. Por lo que había visto y escuchado de la boca de la servidumbre en esos días, sabía que la humana era el mayor tesoro para Vegeta. El la cuidaba con su vida y en cierta parte lo entendía. Parecía que la hembra era más que solo un rostro hermoso. Era bella, inteligente, y aunque no fuese una saiyajin, le había parido vástagos fuertes al monarca. Además, parecía estar muy enamorada de él. Eso bastaba para que ella también la apreciara —La doctora acaba de irse, entre ella y yo nos encargaremos de que todo marche bien para la princesa —añadió. En ese momento, el rey entró junto a sus hijos, había pasado a verlos y cuando les dijo que su hermana había nacido, inmediatamente quisieron conocerla.

—¡Mami! —gritó Baserk corriendo a los brazos que la ojiturquesa extendió para él al verlo.

—Amor tú deberías estar en la cama —dijo abrazando con cuidado al pequeño que se subió a la cama. Estaba adolorida y no podía moverse demasiado.

—Papá nos dijo que tenemos una hermana —comentó Trunks buscando con sus ojos a la pequeña y entonces, los tres niños vieron la cápsula del lado derecho y se acercaron a ella.

—¿Cómo estás? —preguntó el soberano parándose al lado de la humana mientras ambos veían a sus hijos mirar a la bebé a través del cristal de la incubadora.

—Mejor, solo tengo un poco de malestar.

—¿En verdad es una niña? —cuestionó Vegeta Jr volteando hacia atrás para ver a sus padres. Nion que estaba cerca tomando anotaciones en su tableta digital escuchaba el intercambio de palabras de los niños en cuanto los miraba de vez en cuando.

—Lo es hijo —fue el monarca el que se acercó a los críos que estaban emocionados ante la noticia de la nueva bebé.

—Es muy extraño —comentó Trunks cruzándose de brazos mientras analizaba a la chiquilla. Vegeta lo escuchó y posó sus orbes obscuras detallando la expresión confundida del menor.

—¿Qué te parece extraño, príncipe? —preguntó el saiyajin real al niño que volvió su atención a su padre.

—El cabello de nuestra hermana, parece más obscuro que el de mamá —comenzó a decir y ésta vez, desvío su mirada hacia Nion que en ese momento, se encontraba distraía pulsando varios botones en el panel de control de la cápsula —Es… idéntico al de la científica —finalizó. La peliazul observó a su hija y luego a la mencionada al igual que Vegeta.

—Es cierto papi, mi hermanita es como ella —concordó Baserk mirando a las tres peliazules en la habitación. Una a la vez convenciéndose completamente de las palabras de Trunks.

—Claro, es natural que se parezcan —respondió el hombre con una sonrisa mirando a la saiyana que sintió todas los ojos sobre ella —Nion es mi tía —agregó.

—¡Qué! ¿Tenemos una tía y no nos dijeron? —habló Vegeta Jr con expresión seria.

—Ella llegó hace unos días al planeta, cariño. Íbamos a decirles pronto —intervino Bulma —Nion era hermana de la reina Seed, madre de su padre —explicó y los niños comprendieron el lazo que los unía.

—¿Y la abuela? —cuestionó el príncipe Baserk mirando con curiosidad a la científica del ala neonatal.

—Ella… —Nion, hizo una pausa para ver al rey, la mirada de éste era seria. Inmutable. Y es que entre la reina y el entonces príncipe heredero Vegeta IV, jamás tuvieron una relación tan estrecha. Aunque se llevaban relativamente bien, siempre fue más fuerte el lazo entre ella y el pequeño Vegeta a pesar de que sólo era su tía. La saiyana científica, se preocupaba más por pasar tiempo con él que su propia madre —Falleció hace muchos años —agregó desviando la mirada. No quiso darle más explicaciones que no podía entender el crío a su corta edad, y que a pesar de los años, recordarlas aún eran dolorosas. Suspiró y volvió a verlo nuevamente acuclillándose para quedar a la altura del menor —¿A ti te hubiese gustado conocer a tu abuela? —preguntó. Baserk posó su orbes bicolor en el piso buscando una respuesta. Y se limitó a asentir con una sonrisa.

—Yo soy su tía —entabló la mujer llevando su mano a la cabecita del niño —Tu padre, el rey Vegeta —dijo desviando los ojos hacia el monarca y a la peliazul que observaba la escena con una sonrisa —Siempre fue como un hijo para mí. Si su majestad lo aprueba, podemos pasar tiempo juntos si deseas.

—Eso sería genial tía Nion —dijo Trunks con una sonrisa, Vegeta Jr asintió concordando con las palabras de su hermano mayor. Conocer a una mujer saiyajin de la familia, les resultaba interesante.

—Claro que pueden —contestó el soberano manifestando una sonrisa. Lo que la hembra había dicho, era verdad. Nion siempre fue como una madre para él durante el tiempo en que ella vivió en Vegitasei. No vio problemas en que sus hijos pasarán tiempo con ella.

—Siéntete con la confianza de venir a visitarnos cuando gustes Nion —comentó la ojiturquesa con el mismo entusiasmos de sus hijos. Era la primer mujer de la familia de su esposo, con la que se relacionarían. La saiyana asintió y luego de ello, desvío su atención a la cría dentro de la cápsula. Ahora que estaba estable y con sus signos vitales dentro de los parámetro normales, prosiguió a la toma de su primer registro de poder.

Cogió el aparato de medición de la mesa que estaba próxima y en donde lo había dejado en cuanto entró, lo encendió y colocó frente a la bebé activándolo. Bulma volteó a ver al rey, él tenía la mirada fija en su hija al igual que los príncipes en espera de los mejores resultados. Dentro de sociedad saiyana, sino se paría a un niño, era una situación deshonrosa para la mujer, aún peor era tener una niña y que esta fuese débil y sin ninguna habilidad especial . Sintió miedo de lo hiriente que podía ser el pueblo ya que no medían su boca en habladurías. Pero fuese como fuese, ella amaría a la princesa sin importar cuán poderosa sería. Era sangre de su sangre y bajo sus valores y costumbres terrícolas, lo único que importaba es que era una porción de su ser para ser querida al igual que sus vástagos varones.

El aparato emitió un sonido, indicando que la medición de su poder había sido tomada. Nion, abrió sus ojos con sorpresa observando la pantalla del medidor de energía. Alzó el rostro para ver al monarca dibujando una sonrisa en sus labios.

—Felicidades majestad, lady Bulma. La princesa ha nacido con el mismo poder que el príncipe Vegeta Jr —el pecho de Vegeta se llenó de orgullo. Su mujer, nunca lo decepcionaba.

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Era de noche, la cena había transcurrido sin imprevistos. La pequeña princesa estaba estable ahora. Nion les había dicho, que la niña tendría que pasar al menos tres semanas dentro de la cápsula neonatal antes de poder sacarla y que se desarrollara en el exterior como lo habían hecho sus hermanos. Hacía unos minutos, que el doctor Briefs también había ido a ver a su hija y nieta, se había sentido emocionado de por fin conocer una pequeña versión de su hija, eran idénticas. Se había sentido nostálgico al recordar cuando su esposa le había dado la dicha de ser padre, ese día estaría en su memoria para siempre y lo feliz que había sido de saber, que su mujer había dado a luz a una parte de ambos que llenó por completo su vida.

—¿Estás seguro de querer quedarte? —preguntó la muchacha al ver al saiyajin salir del baño tan solo con un bóxer puesto. Ella estaba semisentada recostada en el espaldar de la cama. Se hundió en el colchón cuando vio al hombre levantar la sábana y poner una rodilla sobre éste para subirse —El rey de Vegitasei no debería de romper constantemente el protocolo al quedarse en la habitación de su consorte siempre que le place —dijo con una sonrisa divertida refiriéndose a que por formalidad, el rey no debía visitar la cama de una mujer, siempre eran ellas las que debían ir a la alcoba real si el soberano así lo deseaba.

—Entonces como las veces anteriores, has caso omiso a esa regla —él, se acostó acomodándose al lado de ella y pasó un brazo bajo la nuca de la humana mientras que con su mano libre, la atrajo por la cintura —No voy ni siquiera a imaginar que te cojo esta noche —sonrió con malicia ante sus propias palabras. La terrícola se sonrojó al escucharlo, nunca se había podido acostumbrar a la forma tan suelta en la que el saiyajin real hablaba sobre muchos temas que para un humano, resultarían inclusive un tabú. Ella, intentó alejar esos pensamientos de su mente y colocó una mano sobre el antebrazo del monarca que reposaba en su cintura. Fijó entonces sus orbes turquesa en la cápsula que quedaba al lado derecho de la cama, a unos cuántos metros de ésta. Desde su sitio, podía ver a su niña enarbolar dentro del líquido cristalino y una luz de color rojiza, se había encendido automáticamente para que en todo momento tuvieran a la vista a la princesa, era lo único que en ese momento, iluminaba la habitación.

Bulma desvió la mirada de su bebé y se perdió en sus pensamientos. Era feliz. Se sentía dichosa por la llegada de su hija a su vida. Pero dentro de su pecho estaba ese algo que no la dejaba tranquila para poder disfrutar con plenitud a su bebé. Una débil punzada de desilusión por haber parido una niña y no un niño como todos esperaban, pero que además de eso, mezclaba en su cúmulo de sentimientos la tristeza y remordimiento por sentirse de ese modo. De todas formas era un pedazo de si, sin importar su sexo la princesita era un trozo de su ser que iba a amar de la misma manera que a sus descendientes varones. Respiró profundo moviendo sus orbes hacia Vegeta que tenía la vista fija en la cápsula ¿Acaso él estaría decepcionado de ella? Tenía que averiguarlo.

—Lo siento —pronunció con un hilo de voz casi extinta, pero el hombre posó sus ojos obscuros en ella. La científica, pensó por un instante en no mencionar nada, pero se lo debía a si misma. No podía vivir en la incertidumbre y hacerse ideas que quizá, no cruzaban por la mente de él.

—¿Por qué?

—Por no haberte dado un hijo varón —volvió a suspirar sintiendo sus lágrimas al borde de sus párpados. Sus hormonas sensibles estaban atacándola en ese momento —Sé que puedes sentirte decepcionado por eso, pero prometo darte más hijos varones en el futuro —lo vio negar y sonreírle comprensivo. Los labios del rey le dieron un beso en la frente y la mano que la sujetaba de la cintura ascendió hasta el rostro de la humana que él acarició con delicadeza.

—Ella es perfecta, Bulma. Me da igual si es una hembra o un macho, voy a querer a mi hija de la misma manera que a mis hijos —un calor indescriptible, llenó el corazón de la peliazul reconfortando su angustia, y solo pudo abrazar al saiyajin y hundir el rostro en el hueco de su cuello sintiendo la calidez de su cuerpo.

—Tus palabras me hacen muy feliz —murmuró contra la piel del soberano y dejó escapar sus lágrimas que ésta vez fueron de felicidad.

—Entiendo por qué pensabas así, las costumbres de mi planeta siempre han sido sexistas. Pero te puedo asegurar que la princesa crecerá sin distinciones con respecto a sus hermanos machos —respondió apretando levemente el cuerpo de la científica contra su pecho.

—¿Ya has pensado un nombre para ella? —la científica, sacó el rostro del cuello del monarca para verlo a los ojos.

—Quiero que tu la nombres —aseguró el saiyajin.

—¿De verdad? —cuestionó ella apenas creyéndolo, pero lo vio asentir y supo que hablaba en serio. Se quedó pensativa algunos segundos y sonrió cuando un nombre vino a su mente —Se llamará Bra.

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Las manos del saiyajin en su cintura la distraían de sus palabras. Miraba su boca moverse mientras le hablaba, sentía el calor de su cuerpo cerca del suyo y con cada respiración, inhalaba el olor masculino que llenaba cada rincón de sus pulmones y cada uno de sus sentidos. Sus ojos turquesa se pasearon desde sus labios, bajando por la piel bronceada de su cuello y luego volvió a subir hasta fijarse en sus orbes obscuros enmarcados en sus espesas pestañas negras que la observaban con atención.

Tragó con dificultad cuando una sonrisa se dibujó en los labios del rey. El agarre de sus grandes manos en su cintura se cerró un poco más abarcando en su totalidad su anatomía menuda. Creyó con certeza en ese momento, que pasar 3 semanas sin tener contacto físico con él ahora le estaban sobrepasando. No le había sucedido así con sus tres anteriores alumbramientos, y era más natural perder el apetito sexual después de dar a luz, que sentirse como estaba ella en ese momento. Ardiendo por él.

—…siempre hemos sido un planeta con tecnología avanzada, pero con las mejoras que ha implementado el científico Briefs y tu, varias estrellas de gran influencia interestelar quieren formar alianzas con Vegitasei… —las manos de la peliazul que estaba sujetas con ligereza a los antebrazos del monarca, se deslizaron en una caricia sugerente que hizo detener las palabras del hombre frente a ella —¿Estás poniéndome atención? —cuestionó ampliando su sonrisa al sentir y ver como ella, subía sus palmas hasta llegar a su cuello y colarse tras su nuca en donde enredó los dedos en su cabello espeso. Se alzó en las puntas de sus pies y sonrió rosando sus labios en la mandíbula cincelada del saiyajin.

—Te escucho Vegeta —susurró ella percibiendo su cuerpo temblar entre las manos de su esposo. Bajó su ardiente mirada a su boca y volvió a ascenderla a sus ojos —Pero ahora mi mente solo puede pensar en una cosa —agregó mordiendo con sensualidad su labio inferior. Llevó su boca a la piel del cuello del soberano y dio un par de besos crepitantes que encendieron automáticamente el deseo en él.

—Bulma —la voz del saiyajin real, salió enronquecida al notar la tensión sexual entre ellos e inhaló con fuerza, el aroma exquisito de la excitación de su mujer. Su cuerpo no necesitaba de mucho para reaccionar a las insinuaciones de su hermosa humana y sintiéndose estimulado por ella, su cola se desenroscó vigorosa de su cintura ondeando en el aire con vida propia.

—Bésame —pidió la muchacha en un suspiró acercando su boca a la del rey y sus labios, se encontraron con los de él en respuesta a su pedido. Hace mucho que no estaban juntos, la doctora le indicó reposo los primeros días después del parto, pero ahora sólo necesitaba que él la hiciese sentir mujer. Quería que la tomara con ese salvajismo que caracterizaba la raza de su marido, quería sentir su bestial pasión en cada centímetro de su piel. Con desvergüenza, ella deslizó su mano izquierda a través del tórax del saiyajin y descendió ansiosa en dirección a la masculinidad endurecida que respondía a las caricias de la hembra. Cuando la palma femenina se cerró apretando su miembro, la intensidad de sus encendidos sentidos se disparó, iba a tirarla sobre la cama y follar cada parte del cuerpo femenino cuando unos toques en la puerta los interrumpieron.

—¡Lady Nion está aquí! —el guardia avisó de la llegada de la científica alrededor de las cuatro de la tarde y ellos se separaron al escuchar que la puerta se abrió.

—Que pase —alzó la voz Vegeta dando el acceso a la científica del ala neonatal. Bulma, acomodó rápidamente su cabello peinándolo con los dedos y limpió con sus dedos la saliva que aún humedecía las comisuras de sus labios. Intentó apartar de su mente las imágenes de lo que están apunto de hacer pues sus mejillas estaban sonrojadas. Volteó a ver a Vegeta, él había cruzado los brazos sobre su pecho y tenía expresión imperturbable, como si nada acabase de suceder, mientras ella seguía echa un cúmulo de emociones.

—¿Cómo me veo? —preguntó Bulma colocando la palma de su mano en su mejilla izquierda, intentando que el rubor aminorara.

—Como si estuvieras a punto de ser cogida —respondió él con sonrisa perversa, ella abrió la boca para responderle completamente avergonzada, pero en ese momento Nion entró a la habitación y se dirigió a ellos. Era el día, se había cumplido el plazo y por fin sacarían a su hija de la incubadora de inmersión. Finalmente podría tener a su bebé en sus brazos, cargarla, besar su frente, cuidarla y darle todo el amor y los cuidados que solo una madre, podría darle a su criatura. Ninguna máquina jamás, podría reemplazar todo aquello.

—Majestad, lady Bulma —saludó la mujer entrando con la tableta digital en sus manos preparada con el sistema que despresurizaría la cápsula neonatal en donde se encontraba la princesa. Tras la científica, ingresaron los príncipes junto a Gine, Bulma le había pedido que llevara a los niños con anticipación para que presenciaran la salida de su hermana. Los niños entraron corriendo antes que el guardia pudiese anunciarlos. Reverenciaron a sus padres y su vista fue dirigida hacia la peliazulada que conectaba uno de los cables externos de la incubadora hacia el aparato electrónico. Nion, activó el sistema y alzó la vista para observar a los recién llegados. Vio a los niños cruzar palabras con el rey, y en ese momento, sus ojos se fijaron en ella. Gine, la mujer de Bardock.

—Tardaron —el soberano, posó sus ojos en cada uno de sus vástagos sin perder de vista la cápsula que ahora, drenaba el líquido alimentario y regenerativo de su interior el cuál había mantenido a la niña esos días. Los niños, voltearon a verse entre ellos antes de responder.

—Entrenábamos al aire libre padre —Vegeta Jr fue el que respondió. No mentía, pero omitió decirle que después de ello, habían ido a la ciudad con el fin de concretar un día de esos, el plan en el que habían estado trabajando desde hace semanas.

—La princesa tuvo una evolución óptima —comentó Nion oprimiendo un botón al lado derecho de la cápsula que abrió la compuerta. Intentó calmar sus sentidos, concentrarse en su trabajo y poner como prioridad a la bebé que estaba por sacar de su hibernación, pero esa tipa esta ahí, viéndola como si ella se tratase de una mosca a la cual debía aplastar.

Gine, no perdió movimiento de la científica de cabellos azulados. Percibió como su cuerpo tembló de rabia hacia esa hembra que aún, robaba parte de los pensamientos de su esposo. Odiaba el hecho de que Bardock jamás había podido olvidarla pese a que Nion, eligió quedarse con el fallecido rey Vegeta III. Era una maldita traidora.

—Después hablaremos de eso, príncipes —sentenció el monarca en voz baja para sus hijos. Los conocía demasiado bien para que intentasen ocultarle sus intenciones sin que él se diera cuenta, esos chiquillos estaban tramando algo y se enteraría pronto.

Bulma, se aproximó hasta la científica cuando ella sujetó a la criatura en sus brazos desconectándola de los tubos de oxígeno que alimentaban el pequeño cuerpo de la bebé. Gine, tomó una manta que estaba sobre la cuna que ya había sido instalada cerca de la cama de la peliazul, y se acercó con cautela intercambiando de vez en cuando, miradas retadoras con Nion que se mantuvo tranquila en todo momento. Ambas envolvieron a la criatura que fue entregada a su madre.

—Mi señora mire, es tan hermosa —la madre de la mano derecha del rey sonrió al observar que la humana recibió en sus manos a su pequeña hija.

—Mi niña —susurró Bulma acomodando a la bebé en sus brazos con ternura y delicadeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad cuando la cría comenzó a moverse inquieta y sus boca, se abrió fuerte emitiendo un sollozo fuerte.

—Desde ahora, podrá alimentarla y cuidarla fuera de la cápsula lady Bulma —Nion, se detuvo a mirar un momento la escena y su vista se movió hacia el rey, que caminó hasta la terrícola para ver a la princesa abriendo sus párpados mostrando con intensidad, el turquesa de sus ojos. Sintió una punzada de felicidad al darse cuenta, que esa muchacha no saiyana le había parido cuatro hijos al hombre, que una vez y hasta ahora, fue y sería como hijo para ella.

—Ya mi amor, ya —decía la ojiturquesa meciendo con delicadeza a su hija en sus brazos. El rey, se posicionó tras su esposa mirando a la cría llorar con vigor. Era tan hermosa como su hembra, con su mismo tono de piel y ojos, realmente se sintió orgulloso de que ella le haya dado una niña.

—Su ki ha incrementado —comentó Vegeta desviando los ojos de su hija, hacia su tía que aún lo observaba.

—Así es majestad, la princesa es tan poderosa como sus hijos varones. Será una guerrera prodigiosa cuando crezca —respondió Nion sonriendo satisfecha de haber podido estabilizar a la pequeña que nació prematuramente.

—¿Es tan fuerte cómo nosotros? —preguntó Baserk emocionado acercándose para observar a la pequeña. Bulma, se sentó en la butaca cerca de la cuna e inmediatamente sus hijos la rodearon detallando con admiración a la pequeña que comenzó a calamar su llanto.

—Es tan fuerte como lo era el príncipe Vegeta a su edad —respondió Gine recordando exactamente, que el nivel de energía de Bra era igual al del segundo hijo del rey.

—Entonces llevaremos a Bra con nosotros a entrenar cuando tenga la edad adecuada —expresó Trunks sonriendo. Los tres niños compartieron el sentimiento, protegerían y cuidarían a su hermana con sus vidas.

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El siguiente día, después de que la médica y Nion habían ido a verificar la evolución de su hija como parte de la rutina, Vegeta que estuvo presente, se había retirado del ala sur para iniciar sus labores sin mayores preocupaciones. Aunque, desde que había regresado del planeta Namek, no había tenido demasiado tiempo para investigar el último suceso donde Baserk había vuelto a descontrolarse, había algo que estuvo rondando su cabeza desde que Kakaroto, habló sobre la intervención de la hija de Broly ¿Cómo es que no sabía que ese gusano tenía una hija? ¿Y cómo demonios había ayudado esa mocosa al príncipe?

—Majestad —saludó Zorn con una reverencia al ver al rey salir del ala sur.

—¿Qué sabes de la hija de Broly? —interrogó mientras caminaba por el pasillo con dirección a la sala de reuniones donde el consejo lo esperaba. La pregunta tomó por sorpresa al guerrero. De hecho no sabía demasiado de la niña, pero si de qué mujer era hija y de dónde provenía ésta.

—Tiene aproximadamente tres años, es… —dudó en hablar, pero al ver la mirada seria que el rey le dirigió, no quiso omitir pormenor alguno —… Una híbrida, no esa una saiyana pura.

—¿Qué? ¿Una híbrida? —cuestionó el soberano escuchando las palabras del soldado.

—Así es majestad, es hija de Broly con una hembra proveniente del planeta Brench. La cachorra es la primer híbrida de su especie —observó la tensión del monarca y en ese momento entendió el por qué del interés del rey en saber sobre esa niña —Ella fue quien ayudó al príncipe Baserk a controlar su poder en el incidente del sarao.

—Exactamente. Quiero que vayan por esa chiquilla y la traigan al laboratorio —ordenó demandante llegando ante la puerta del salón donde ya los ancianos estaban dentro.

—Si Broly se entera…

—Da la orden a los científicos, quiero que para ésta misma tarde, me entreguen un informe detallado de esa mocosa —aseveró arrugando el entrecejo con seriedad —Me importa una mierda lo que Broly haga o deje de hacer cuando lo sepa —finalizó entrando a la sala dejando a sola a Zorn, para que cumpliese con su orden.

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El saiyajin, no tardó demasiado en llegar hasta la casa del élite junto a un séquito de soldados que le seguían el vuelo. Le daría tanta satisfacción de ser él mismo, quien le causará un disgusto a su detestable y más grande enemigo. Así que decidido, descendió para acercarse a la mansión de Broly. No tuvo siquiera que irrumpir en la vivienda. Desde la distancia, pudo divisar a una mujer que jugaba con una niña en el jardín de la residencia. Aterrizó frente a ella a un par de metros y caminó lentamente hacia éstas.

Chirai, que había salido con su hija a cortar unas flores silvestres en el pasto, sintió la ráfaga de viento que llegó hasta ella cuando un hombre que encabezaba el grupo, aterrizó desde el cielo. Pudo darse cuenta, que se trataba de saiyajins cuando notó sus colas enroscadas en su cintura y supo, que el tipo que parecía ser el líder, se debía tratar de un sujeto con gran influencia en la gobernación, ya que éste, tenía una capa de color azul que caía desde las hombreras de su armadura, hasta por debajo de su rodilla a media pantorrilla. Un temblor, se apoderó de su cuerpo y echó a la niña detrás de ella.

—¿Eres la Brenchega mujer de Broly, no es así? —cuestionó Zorn con su voz grave que hizo temblar a la peliplata. Los saiyajin, realmente se veían amenazantes ante sus ojos. Él entonces recordó lo sucedido en el sarao. Desde lejos había podido ver a aquella mocosa mientas controlaba a Baserk, y por supuesto que esa era la mujer que estaba en el mismo sitio.

—¿Quiénes son ustedes? —no respondió a la pregunta del soldado. Conocía a Broly y sabía que tenía enemigos, y éstos, no se veían para nada amigables.

—¡Eres la puta de ese cabrón! ¡No pretendas engañarme perra! —gritó el guerrero sin ánimos de lidiar con esa vagabunda. Cuando Chirai se movió hacia atrás protegiendo a su pequeña, los ojos de Zorn se posaron en la niña que apenas se notaba tras la mujer. Una sonrisa maligna se dibujó en su rostro. Ahí estaba su objetivo.

—¿Quiénes son ellos mami? —pronunció con voz infantil la niña mientras se escondía tras su madre. Apenas asomaba ligeramente su cabecita para poder ver a los hombres frente a ellas.

—¡Quédate atrás de mi Tangerine! —ordenó la brenchega llevando una mano a la pistola laser, que siempre portaba en su cinturón.

—Sabes que esa estúpida arma no me hará ni cosquillas —se burló Zorn al ver el intento de ataque que la mujer preparaba para él con amenazante mirada.

—¿¡Qué demonios quieren!? ¡Lárguense de mi casa! —gimió horrorizada cuando el comandante, se aproximó a ellas desapareciendo de la vista de la muchacha y en un milisegundo, le había arrebatado el arma del cinturón a la joven volviendo a su posición inicial. Chirai, tocó el lugar donde debería estar su pistola y entonces, la vio en las manos del saiyajin.

—¿Buscabas esto? —preguntó divertido haciendo crujir el material del arma y pulverizándola en su mano.

—Mami tengo miedo —se quejo Tangerine con lágrimas en sus ojos.

—Cálmate cariño, tu padre no tarda en llegar —dijo sin saber qué hacer. Si daba un paso en falso, esos malditos la matarían y quien sabe qué harían con ella. detalló por un momento y vio en su armadura, el símbolo que los guerreros élite que pertenecían al escuadrón real portaban.

—No sabía que lo altos delegados del imperio saiyajin fueran tan cobardes para atacar a una mujer y a su hija solas.

—Tu hija —respondió Zorn comenzándose a aburrir de la situación —Eso es lo que quiero —agregó y entonces, se movió con velocidad apartando de un empujón a Chirai y tomando a la niña por la cola alzándola en el aire.

—¡Suelta a mi hija! —chilló la brenchega intentado ponerse de pie y arrebatar de las manos de aquel infeliz a su pequeña que comenzó a llorar, pero el soldado, colocó una mano en su rostro y volvió a empujarla contra el piso con fuerza dejándola mareada.

—Dile a Broly, que el rey Vegeta es ahora el dueño de su hija —finalizó alzando vuelo y dejando a una golpeada Chirai en el piso, viendo con impotencia como su hija era alejada de sus brazos.

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Desde que los príncipes mayores se habían enterado de lo sucedido en el sarao que su madre organizó tiempo atrás, que habían enviado a un soldado a vigilar los pasos de aquellos infelices adolescentes saiyanos hijos de purista que repudiaban su descendencia terrícola y por ende, a su madre. Se dieron cuenta que esos críos, eran amigos nada más y nada menos que de Amepai, el chiquillo que buscó provocarlos en el torneo pasado.

Así que hoy era el día. Todas las humillaciones y las habladurías que esos miserables divulgaban de su honorable progenitora, quedaría saldado esa mañana. Eran los príncipes de Vegitasei, nadie, absolutamente nadie podía pronunciar pestes en contra de su sangre y mucho menos calumniar a la esposa del rey sin recibir su merecido.

Se habían estado preparando. Vegeta Jr ahora dominaba el estado súper saiyajin tan bien como su hermano mayor. Kakaroto y Raditz, que los entrenaban cuando el monarca tenía otras obligaciones que cumplir, habían estado enseñándoles algunas técnicas que no tuvieron mucha dificultad para aprender. Hoy les demostrarían a esos grandísimos imbéciles, que ser un híbrido no era signo de vergüenza o deshonra, sino más bien se trataba de un plus, que los convertía en seres extraordinariamente poderosos dignos de la estirpe real.

—¿Qué crees que papá diga cuando se entere? —cuestionó Trunks en voz baja con la mirada perdida en su desayuno. Lo último que quería era generarle un problema al rey, pues estaba muy bien enterado de que Amepai y la mayoría de sus amigos, eran hijos de funcionarios del gobierno influyentes.

—Papá entenderá nuestras razones, él mismo nos ha enseñado que el respeto se gana con la supremacía del más fuerte —Vegeta Jr, llevó el último bocado a su boca sintiendo recorrer por todo su cuerpo, la emoción anticipada del momento.

—Ya quiero ver sus expresiones de ratas asustadas —rió el pelilila terminándose el jugo de frutas del vaso frente a él. Baserk, sonrió ante las palabras de sus hermanos. Por fin obtendrían su tan anhelada venganza.

Después de tomar su primeros alimentos del día, salieron del comedor por el portal dispuesto únicamente, para el uso privado en el ala sur evitando toparse con Zorn, Raditz, Brocco o Kakaroto. Si alguno de ellos los intercepta a medio camino, sería difícil inventarles una excusa para salir del palacio. Por suerte, los guerreros se encontraban ocupados, cada uno metido en sus propios asuntos de trabajo y fue el momento perfecto para salir del castillo.

Cuando llegaron a la ciudad, se dieron cuenta que su madre, había enviado a varias sirvientas a repartir obsequios a los ciudadanos, todo en honor, al nacimiento de la nueva princesa. Tuvieron que sobrevolar el centro capitalino observando, como desde tempranas horas, los ciudadanos iniciaban con sus labores correspondientes haciendo del planeta un astro rico en producción y comercio.

El soldado les había dicho que los adolescentes, se encontraban reunidos en un campo abierto a medio kilómetro del centro, así que en cuestión de minutos, divisaron el sitio y descendieron hasta tocar tierra a pocos metros de distancia del grupo.

Algunos de los jóvenes que se divertían y entrenaban en combates amistosos, detuvieron lo que hacían cuando se dieron cuenta de quienes estaban en el lugar. Los que estaban sentados en el pasto, se pusieron de pie atentos a lo que estaba sucediendo y los otros, que aún no se enteraba de la presencia de los vástagos hijos del rey, continuaron en lo suyo.

—¿Qué demonios hacen ustedes aquí? —la voz de Amepai, líder del grupo de al menos, 25 jóvenes saiyanos, llamó la atención de todos y los que estaban de espaldas a los príncipes, se giraron observando con ojos negros juzgadores a los tres críos reales.

—Amepai y sus sabuesos —expresó Vegeta Jr con una sonrisa ladina maligna, estimulado por la adrenalina que recorrió su cuerpo al pensar en que en sus manos, estaba la vida de ese grupo de debiluchos puristas que rogarían porque los matase de tanto dolor que pensaba infundirles.

—Estamos aquí… —Trunks, se aproximó hasta ellos mirando como un par, retrocedió con temor. El par de críos seguidores del hijo del senador Zeripai, habían escuchado que los hijos del rey eran poderosos, y por mucho que los odiasen, no estaban dispuestos a comprobarlo. El príncipe heredero, se regocijó en su interior al notar el miedo en varios de aquellos bastardos —… ¡Para acabar de una vez por todas con todos ustedes! —bramó enaltecido.

—¡Cómo se atreven a venir aquí y retarnos! ¡Estamos en nuestro territorio! Les aseguro que saldrán llorando de aquí —aseveró Amepai posicionándose al frente de la cuadrilla. Aunque supo controlarse, al ver a los tres engendros híbridos en el lugar, se dio cuenta que más de alguno de sus compañeros saldría severamente lastimado.

—¡No seas imbécil Amepai! —Vegeta Jr se adelantó dando unos pasos al lado de su hermano mayor. Una sonrisa burlona se amplió en sus labios —Somos los hijos del rey Vegeta IV ¡El planeta entero nos pertenece estúpido ignorante!

—¿Quiénes son los demás hermano? —cuestionó Baserk parándose al lado del príncipe heredero. Trunks no respondió. En ese momento su único objetivo era destrozar a esos idiotas —Solo reconozco a esos tontos —señaló a unos críos que sudaron por sus frentes afligidos al ver que el pequeño los estaba acusando —Ellos me atacaron en el sarao de mamá.

—Te… te equivocas Baserk, nosotros no… no hemos hecho nada contra ti —se excusó uno yendo hacia el frente, al lado de Amepai que observaba con rabia al trío.

—¡No nos creas idiota! —gritó Trunks llevando sus manos a su armadura de donde, desabotonó su capa dejándola caer al piso.

—Cada uno de ustedes pagará con creces su estupidez —añadió Vegeta imitando a su hermano. Baserk los siguió haciendo lo mismo.

—¡Si eso quieren! —gimió un adolescente alto y obeso creyendo que podía vencer a alguno de los príncipes. Él y la mayoría se puso en posición de combate al ver que la pelea estaba por comenzar.

—¿Ahora qué demonios está celebrando tu estúpida madre? —Plum, el primo de Amepai, se posicionó a su lado observando que a lo lejos, muchas mujeres pertenecientes a la servidumbre del palacio obsequiando monedas.

—¿Qué no lo sabes? La madre de los bastardo mestizos parió ayer a una niña —respondió Pine, amigo de Plum.

—¿Por qué será que no me sorprende? —río Amepai con sorna en el rostro de los hermanos.

—¡Cállate insolente! —Baserk, sintió una ola de ira cuando escuchó la forma en que se estaban refiriendo a su madre y hermana.

—¿Tu debes de ser el engendro fenómeno hijo del rey no es así? Dicen que ni siquiera tienes control de tu poder ¡Me das lástima! —gritó uno de los chiquillos mayores que lo había atacado en el sarao. Sin pensarlo más, se fue contra el menor con el puño cerrado intentando asestar el golpe en el abdomen del niño, pero su ataque, fue interceptado por Trunks quien lanzó al saiyajin directo a una roca de la patada que atinó en su espalda. Otro niño que había sido también participe de la provocación hacia Baserk, no dudó en huir, estaba al tanto de lo que sus padres decían del rey, de lo sanguinario, cruel y despiadado que era. Sus hijos no debían ser menos, así que con el temblor recorriendo su esquelético y poco tonificado cuerpo, alzó vuelo alejándose del sitio.

Los demás, observaron la escabullida de su compañero, uno de los más pequeños, iba a gritarle lo cobarde que era, cuando de pronto. Un rayo de ki se movió entre el grupo y dio directo en la espalda del desafortunado que cayó al piso unos metros delante de donde estaban. Totalmente calcinado.

Los ojos de la cuadrilla se volvieron a los príncipes, y se dieron cuenta de lo que había pasado. Vegeta Jr había eliminado como a una mosca a un saiyajin puro.

—Se queden o se vayan, tendrán el mismo fin —una risa heladora recorrió el cuerpo de uno de los jóvenes al escuchar regodearse al segundo cachorro del monarca. Su poder era un poco menor de aquel que acababan de liquidar con tanta facilidad, él no podría siquiera defenderse.

—Apártate Baserk, esto lo arreglamos Vegeta y yo —ordenó Trunks poniéndose en posición de combate al igual que su otro hermano.

—Pero…

—¡Hazte a un lado! ¡Obedece! —gritó Vegeta Jr a lo que el niño asintió. La banda de adolescentes saiyajin, se abalanzaron sobre los príncipes, no podían ser tan inútiles y tenerles miedo a esos engreídos híbridos. Les harían frente como sea y les demostrarían, que los puros eran mejor en todos los aspectos que esos asquerosos mestizos.

La pelea comenzó. Algunos cayeron al piso en cuanto se enfrentaron a ellos. Todos los atacaban al mismo tiempo sin darle tregua al par de hermanos.

—¡Voy a acabar contigo estúpido mestizo! —gritó Amepai lanzándose sobre Trunks. El niño luchaba con gran agilidad cuerpo a cuerpo contra el adolescente. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del príncipe heredero al ver, que sus golpes hicieron gran daño al cuerpo de ese infeliz que se había atrevido a calumniar a su madre.

—Te demostraré, que la zorra de tu madre ni siquiera eso hizo bien ¡Nunca serán como nosotros! —dijo Pine riendo ante sus propias palabras mientras recibía puñetazos en el rostro por parte de Vegeta Jr, el niño, atacaba incesante a su contrincante mientras estrellaba a otros que lo atacaba contra el piso. En un momento de distracción del príncipe, éste formó una bola de energía en su palma para lanzarla contra Vegeta Jr que en ese momento, cortó la cabeza de uno de sus amigos. Estaba por atacarlo por atrás, cuando de pronto, un frío helado recorrió su pecho y descendió su vista para ver de qué se trataba. El líquido escarlata que mojó su traje bajo la armadura, corrió desde su tórax llenando la tela hasta sus pies. Plum, observó con terror lo que había sucedido y vio caer a su compañero al piso sin vida.

—¡Co, co… cómo pudiste! —la voz temblorosa del saiyajin dio a conocer su estado de horror al darse cuenta que el príncipe menor, había traspasado el cuerpo de su camarada y de un movimiento le había arrancado el corazón. Retrocedió en sus pasos cuando vio la energía que desprendía el niño. Sus ojos habían cambiado, ahora lo miraban penetrante sin reflejar absolutamente nada. Era como que si por dentro estuviese vacío y solo la ira, controlaba su pensamiento. Un grito desgarrador se escuchó, cuando el niño, lanzó un rayo laser que decapitó a Plum que no pudo hacer absolutamente nada para evitarlo.

—¡No Baserk! ¡Aléjate! —Trunks que se puso de pie a como pudo al ver a su hermano desprendiendo esa inmensa cantidad de energía, supo que sino lo detenía, todo acabaría en un completo desastre. Lo último que deseaba, era que éste tuviera otra crisis. Pero sus palabras no lo detuvieron, el menor, se movió entre al menos cinco guerreros que cayeron hechos un cúmulo de masas deshechas al piso. Vegeta Jr sonrió con frialdad al ver que su hermano menor estaba liquidando en un santiamén a esa basuras.

—Deja que Baserk se divierta un poco, Trunks —pronunció sosteniendo a uno de sus contrincantes por el cabello y de un solo movimiento, lo sujetó por el cuello con su mano libre y desgarró su garganta quedándose con la tráquea en su mano, dejando caer el cuerpo sin vida sobre el pasto. Su rostro fue salpicado con la sangre y con deleite, pasó la lengua por la comisura de su labio para limpiar el líquido.

Amepai corrió con la misma suerte que los otros 24 jóvenes. Trunks le había propinado una severa paliza antes de acabar con él. Lo había estrellado contra el piso para después, triturar su cabeza con su pie hasta aplastar sus sesos. De pronto, se habían visto rodeados de un reguero de intestinos, sesos y cuerpos pulverizados producto de la venganza que habían concretado con placer.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Al fin pude actualizar jeje lamento la demora, pero la inspiración o mis compromisos personales siempre se interponen.

Debo comenzar diciendo que AGRADEZCO con el alma a todas esas hermosas personitas que siempre están apoyándome. No saben cuánto significa para mí. Así que intentaré responder los REVIEWS que me han dejado en orden de llegada, tomando en cuenta aquellos dónde me hacen preguntas o les surge alguna duda.

Juanita Pérez 1: Debo de decirte ¡GRACIAS! No puedo dejar pasar la oportunidad de hacerte saber cuánto alegras mi día cuando recibo un comentario tuyo. Tan detallado, extenso que podría pasar horas leyendo tu opinión con respecto a mi fic. Eres especial para mi bella.

Carolina: Efectivamente, fue Bra la cuarta bebé :D

Crismery: Muchas gracias linda, aún hay muchos capítulos por venir.

VegetaBrifs: Awww, comentarios como el tuyo son mi motor para seguir 3

King of Cosmo: Tu comentario me anima cuando mis días sin inspiración aparecen y digo, hay alguien que espera que actualice, y aquí estoy UwU

Beccamarins: Tus teorías son muy acertadas c: ¡Gracias por estar aquí!

Príncipe Vegeta Azul: Ya quisiera yo que fuera interminable xd Pero aún faltan bastantes capítulos y cuando éste finalice, ya tengo otro proyecto en mente que seguramente también amarás C:

Sonic Pibe: Saludos :D Trato de no tardar pero el tiempo me lleva jeje

The Princess: Realmente mis planes cambiaron. Antes escribía sin tener un beta que me aconsejará y me ayudase a mejorar, ahora que una amiga muy querida se convirtió en mi guía, tengo nuevos escenarios en mente y a éste fic aún le falta por recorrer.

Joselynwindow11: ¡Muchas gracias por tu apoyo hermosa!

Espero haber resuelto sus dudas y si tienen más preguntas, no duden en dejarme su REVIEWS para hacerme saber sus inquietudes y qué opinan sobre el capítulo.

Besos a todos y nos leeremos pronto. Que estén bien :"D