CAPÍTULO XXXI: AMOR.


Le habían informado que la chiquilla descendiente de Broly había sido llevada al laboratorio tal y como él lo ordenó horas atrás. Por ley, le pertenecía al imperio, porque llevaba sangre saiyajin y porque ésta había sido partícipe de una mezcla que hasta ahora era la única en su especie. Los pobladores del planeta Brench, no se caracterizaban por tener poderes especiales, eran fuertes sí, y por lo general los hombres de ese astro con entrenamiento adecuado podían llegar a ser grandes combatientes, mientras que las mujeres eran ágiles en batalla y se distinguían por hacer uso de la tecnología para portar armas que les permitieran defenderse. Pero de eso a que una simple cría proveniente de esa etnia pudiese dominar la energía de otro ser, era algo que tenían que averiguar los científicos, especialmente porque había ejercido potestad sobre su poderoso hijo, y si esa mixtura de genes resultaba ser algo que pondría en peligro a la raza saiyajin, iba a acabar con todas y cada una de las hembras brenchegas. Incluyendo a esa mocosa y su madre. No podía arriesgarse que tal combinación produjera descendientes que manipulasen fácilmente el poder de un guerrero de su raza y mucho menos, iba a darse el lujo de averiguar qué podía hacer un ejército de híbridos entre brenchegas y saiyajin contra su imperio. Si dejaba que ellos se multiplicaran, en unos años el planeta Vegitasei podría irse al carajo y desaparecer del universo, así que por esa razón como la principal, podía demandar que estudiaran a la infante aún en contra de la voluntad de sus procreadores para las averiguaciones correspondientes.

Los guardias en la puerta lo reverenciaron y uno de ellos anunció su llegada. Entró al ala científica del palacio, específicamente en el área de investigaciones para constatar por sí mismo, que todas y cada una de las pruebas fuesen aplicadas a aquella mocosa de aires particulares que amenazaba su estirpe. El sitio era una amalgama entre base de pruebas y un centro de concentración donde se llevaban a cabo los más crueles experimentos con criaturas de diferentes planetas.

Caminó atravesando el recinto sin prestarle mayor atención a los cilindros de cristal de gran tamaño que contenían especímenes extraños provenientes de diversas estrellas. Los tubos trasparentes dejaban ver a los alienígenas dentro que estaban rodeados de un líquido celeste claro que ayudaba a la conservación de los ejemplares. Cientos de ellos se almacenaban en filas, algunos aún vivos en el interior de éstos y los más desafortunados, muertos, disecados y conservados después de soportar los lacerantes ensayos y aun así, seguían siendo utilizados para los estudios. Al final del sitio, se ubicaba la parte más importante del laboratorio, en donde se encontraban diversas máquinas, cámaras de prueba y las camillas de toma de muestras para los análisis. En una de éstas, estaba la pequeña Tangerine.

Los científicos, se inclinaron ante la presencia del mandatario cuando éste detuvo sus pasos a dos metros de la cría híbrida posando sus ojos obscuros en ella. La niña estaba acostada en posición supina, con su cabeza ladeada hacia la derecha y aunque tenía los párpados abiertos, su mirada parecía perdida en un punto impreciso en el techo del recinto.

—Rey Vegeta, bienvenido —declaró el jefe de científicos del área de investigaciones.

—¿Qué han averiguado? —cuestionó el monarca observando al hombre de vestidura blanca. Los saiyan que se destacaban en el área científica, utilizaban sobre su traje spandex negro una indumentaria blanquecina que se asemejaba a una bata, ésta se agarraba a una de las hombreras de la armadura blanda que cubría su tórax. Ellos a diferencia de los guerreros del planeta, utilizaban una armadura de material no rígido que en comparación a la de los soldados, no protegía de ataques, era más bien cuestión de estética.

—La criatura es inusual, majestad. Al principio se resistió a cooperar, fue difícil controlarla ya que los genes saiyajin predominan su ADN según los estudios. Tuvimos que sedarla para poder trabajar con ella —explicó tecleando en el tablero de la máquina, que movió un par de brazos mecánicos unidos a una estructura en el techo, sobre la pequeña —Ya tenemos el resultado sobre los estudios practicados hasta el momento ¿Desea una explicación amplia sobre ellos? —cuestionó el hombre dirigiendo su vista hacia el soberano.

—Adelante —ordenó el rey con expresión fría observando la pantalla del artilugio. Ésta mostraba un modelo digital exacto de la híbrida que se encontraba en la camilla siendo escaneada por uno de los brazos que se movían de un lado a otro arriba de su cuerpo.

—El ejemplar, presenta una mezcla de genes inusuales que hasta el momento parecía imposible una mixtura entre éstos. En tal caso, la unión de ambas razas han dotado a la criatura de un poder especial. El control del espíritu —demostró el hombre permitiendo que los brazos mecánicos, liberaran una aguja delgada que fue introducida ligeramente en la piel de una de las extremidades de la niña que apenas emitió un leve quejido ante la invención.

—¿Control del espíritu? —pronunció Vegeta previendo de qué demonios se trataba.

—Así es majestad, la cría posee esa característica singular que se asemeja al poder que poseen los yardratianos. El control del espíritu es un tipo de energía que está conectada al alma de un ser vivo y que puede ser manifestada mediante el control espiritual…

—¡Sé qué significa! —bramó el soberano desviando su mirada del científico hacia la cría aletargada en la cama y se preguntó, ¿Cómo demonios esa chiquilla había obtenido tal poder?

—Lo siento… —pronunció el sujeto antes de proseguir —Hicimos algunos ensayos para intentar privar al ejemplar de sus habilidades, pero quiero que vea esto… —continuó el hombre y presionó un par de botones que manejaban la máquina de pruebas. Mediante la aguja que aún se encontraba insertada en la extremidad superior de la híbrida, un líquido verdoso fue inyectado en su interior y no tardo más de dos segundos, cuando éste provocó un espasmo que hizo a Tangerine arquear su espalda en una postura rígida. De pronto, el brazo de la máquina, fue lanzado bruscamente en dirección hacia el techo, aunque éste no logró tocarlo ya que el científico estabilizó el mecanismo a tiempo pulsando varias teclas en el tablero —Ella puede controlar inclusive aparatos inertes que se mueven sin energía espiritual. Su poder demuestra que va más allá del control de seres vivos. Ni siquiera nuestro más potente lenitivo logra frenar en su totalidad su poder —concluyó girándose para ver al monarca asentir.

—Bien, entonces encárgate de encontrar un medio para dominar esa mocosa —finalizó el mandatario dándose la vuelta para salir del lugar.

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Lo había estado pensando. No era un saiyajin que se dejase llevar por impulsos pues siempre pensaba las cosas antes de decirlas. Hoy era la excepción. No podía ocultárselo al rey. Entendía que si hablaba, el monarca se enfadaría con la humana, pero también le serviría para ponerse alerta y detener a esos dos que estaban pasando sobre su autoridad descaradamente. La terrícola no podía hacer lo que quisiese y mucho menos desobedecer de es manera al soberano. Además, decir lo que sabía servía a su propio beneficio, no podía permitir de ninguna manera que Broly siguiera viendo a la segunda consorte como si su majestad o él no existiesen ¡Estaba harto de la presencia del élite en el palacio y que éste creyese que podía estar cerca de ella cada vez que se le diese la gana! Hoy zanjaría ese asunto.

—Majestad —saludó al ver al monarca llegar frente a la puerta que daba acceso al salón del trono.

—¿Qué tengo para hoy? —preguntó pasando al lado del comandante y éste fue tras él. Ambos, caminaron por sobre la alfombra rojo obscuro que tapizada el suelo desde la entrada hasta llegar al trono que se elevaba en una plataforma al fondo. Al menos, diez soldados de cada lado que conformaban la corte del gobernante, lo reverenciaron al verlo entrar.

—Tiene un par de reuniones antes de la junta semanal con el consejo —comenzó a hablar Zorn siguiéndole el paso al rey hasta que llegaron al trono. Ahí, ya se encontraba Kakaroto y Brocco al pie del pedestal, éstos se inclinaron ante el mandatario cuando él subió y tomó su lugar en el sitial real —Pero hay algo sobre lo que debo hablarle antes, si me lo permite —agregó observando la reacción de su superior.

—¿De qué se trata?

—Es sobre lady Bulma —Brocco que estaba presente se tensó. Desvió la vista hacia Zorn al escuchar el nombre de su señora en boca del guerrero turbándose ante las palabras. Tragó en seco presintiendo que el comandante ya se había enterado de la visita de la humana a casa de Broly. Si era así, ambos estaban en problemas muy serios y difícilmente saldrían de ello. Ahora se arrepentía, nunca debió acceder a las peticiones de la consorte. Su majestad podía perdonar a la hembra por su desacato ¿Pero a él? Con certeza lo castigaría —Después del suceso del príncipe Baserk en el sarao, como usted sabe ella salió lastimada. Al día siguiente Broly se atrevió a venir a verla… —Vegeta arrugó el entrecejo cuando la rabia se extendió por su cuerpo al escuchar lo que el soldado decía —…intenté detenerlo y evitar que la viese, pero en ese momento Gine apareció. Al parecer la misma lady Bulma había ordenado dejarlo pasar —finalizó y vio cómo el soberano se puso de pie de golpe.

—Trae a Bulma ahora mismo… —demandó en un tono bajo helador inclusive para los saiyajin que simplemente presenciaban el intercambio de palabras —¡AHORA MISMO! —bramó haciendo que la sala vibrara por su potente y agresivo tono de voz.

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—¡Déjenme ver a la señora Bulma! ¡Necesito hablar con ella! —repitió por quinta vez la mujer que amargamente había derramado interminables lágrimas después de que los soldados del maldito gobernante arrebataran a su hija de sus brazos. Ni siquiera se había detenido en pensarlo una segunda vez, necesitaba la ayuda de la humana, de esa que era dueña de los sentimientos de su compañero y que odiaba desde el fondo de su corazón por interponerse en su felicidad al lado del élite. Pero no tenía otra solución ni a quien más recurrir para salvar a su pequeña. Era rebajarse a pedirle auxilio a esa fulana, o dejar a su niña en manos de los detestables lacayos del rey. Como madre iba a hacer lo que sea para conseguir que Tangerine volviera a sus brazos.

El cuarteto de soldados custodios de las puertas del palacio, no se tomaron la molestia de por lo menos volver a ver a la hembra que solicitaba hablar con la honorable segunda consorte de su majestad. Era como si ella no estuviese ahí pidiendo que le permitiesen contactarse con la terrícola. Para un ciudadano común, era imposible conseguir siquiera entrar al palacio sin la solicitud de una audiencia previa autorizada por un miembro de la realeza.

Chirai limpió las gotas cristalinas que caían desde sus ojos violáceos. De seguir así, nunca sabría el destino de su hija. Solo esperaba que Broly volviese pronto, había salido desde la mañana sin decir adónde o con quién estaría.

—¡Mai! ¡Es hora de entrar cariño! —se escuchó el grito de una mujer a unos metros de los escalones que llevaban hacia la entrada principal del palacio. Chirai, giró su rostro encontrándose con una hermosa mujer de cabellos púrpura y a su lado, la humana.

Bulma, había salido a dar un paseo e invitó a Lan Fan y Mai para que la acompañasen. Sus hijos esa mañana habían decidido ir a entrenar a campo abierto en la ciudad , así que sintiéndose sola después de hacer dormir a la princesa Bra y con su esposo ejerciendo sus funciones mandatarias, se animó a dar una caminata y tomar aire fresco después de tanto tiempo. El embarazo reciente le había imposibilitado hacer muchas de las actividades que le gustaba hacer y que extrañó durante ese tiempo, especialmente tomar el sol en el gran jardín imperial que rodeaba el castillo.

—¡Mami! —dijo la niña de cabellos azabaches que corrió hacia su madre cuando escuchó que la llamaba —¿Crees que el príncipe Trunks vuelva pronto? —cuestionó con rubor en sus mejillas ante la mención del chico. La segunda consorte, sonrió al ver la timidez en los ojos de la infante sabiendo que la chiquilla, estaba enamorada de su primogénito.

—Para el almuerzo estará aquí cariño —Lan Fan, sujetó la mano de la cría y comenzaron a caminar junto a la ojiturquesa que traía un ramillete de flores en las manos, las había cortado para adornar la mesa del medio día.

—No te preocupes Mai, el príncipe volverá pronto —comentó la científica y en ese momento, observó a una mujer correr hacia ella y de repente, Raditz que estaba escoltándolas, se adelantó a gran velocidad deteniendo en seco el acercamiento de la hembra a su señora al interponerse en su camino. Un par de soldados del cuarteto que cuidaban la entrada venían tras ella para frenarla, pues desconocían las intenciones de la alíen y podía intentar dañar a la esposa de su majestad.

—¿¡Quién demonios eres tú!? ¡Aléjate de aquí! —gritó Raditz empujando a la mujer por los hombros haciendo que cayera al piso con un fuerte golpe. Los soldados reverenciaron al escolta real al verlo.

—Yo me encargo —demandó el saiyajin a los guerreros que asintieron alejándose.

—¡Solo quiero hablar con Bulma! —gimió la muchacha adolorida intentando ponerse de pie, cuando instantáneamente recibió una sonora bofetada que la mandó nuevamente al piso.

—¡Lady Bulma para ti, estúpida vagabunda! —aseveró Raditz mirando con desprecio a la femenina que llevó su mano derecha a la mejilla contraria. Alzó la vista viendo con exasperación contenida al guerrero. Lo arrasó con la vista detallándolo, y notó en aquel momento el mismo símbolo que el soldado que arrebató a su hija de sus manos traía en su armadura.

—Tú, también perteneces a los canes del rey —musitó entre dientes apretando su mandíbula ante la imposibilidad de poder luchar con aquel fornido sujeto. Cuando la terrícola caminó hasta ellos, pudo entonces reconocer a la brenchega que seguía en el suelo.

—¿Chirai? ¿¡Qué haces aquí!? —demandó la respuesta al ver a la joven —¡Vamos Raditz ayúdala a ponerse de pie! —exigió molesta pues vio desde lejos la agresión de su escolta hacia la muchacha momentos atrás.

—Mi lady, ella intentaba aproximarse a usted. No puedo permitir que cualquiera se le acerque.

—¡Haz lo que lady Bulma te ordena, Raditz! —vociferó Lan Fan mirando de mala gana al guerrero que en contra de su voluntad, dio un paso hacia la brenchega extendiéndole su mano, Chirai la apartó de un manotón y se puso de pie por sí sola.

—No intentes nada —advirtió el guerrero con lúgubre voz. La peliplata lo miró de soslayo para luego posar sus violáceos orbes en la consorte.

—He venido aquí porque necesito su ayuda… lady Bulma —expresó renuente a demostrarle respeto a la mujer que hacía que sus días al lado de Broly fueran infelices.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras? —cuestionó la humana sintiendo pena por la miserable apariencia de la femenina. En cuanto la había reconocido imaginó que estaba ahí por algo referente a lo que ella había hablado con Broly el día en que fue a verlo a su mansión, pero ahora que la observaba, descartó la idea. La chica estaba sucia, con el cabello revuelto, sus ojos húmedos y la ropa arrugada.

—Es mi hija —entabló bajando su rostro ante el fuerte nudo que se formó en su garganta al recordar cómo fue separada de sus brazos —Ha sido retenida en contra de mi voluntad… —alzó el rostro observando hacia el formidable palacio que se elevaba imponente casi tocando el cielo azulado del planeta. Elegante, poderoso. Ocultando con su belleza las aberrantes costumbres saiyanas —… aquí en el castillo.

—¡Repite lo que estás diciendo maldita ramera! —gritó el escolta alzando el dorso de su mano para volver a golpearla cuando la peliazul intervino.

—¡Espera Raditz! —lo detuvo aproximando hasta la hembra —¿A qué te refieres con que tú hija está aquí en el palacio? —interrogó dirigiéndose a la brenchega que dejó salir sus abundantes lágrimas.

—¡Es así señora! —soltó el fuerte sollozo sin poder contenerse más —El rey Vegeta IV es hora el dueño de mi hija, el envió a uno de sus esbirros para que me arrebatasen a mi pequeña —gimió rompiéndose. Su rostro expresó todo el dolor, la angustia y la vergüenza mezclada al estar desarmada frente a los ojos de su enemiga silenciosa. Chirai mordió su labio inferior intentado contener su desconsuelo.

—¿¡Cómo dices!? ¿¡Mi esposo tiene a tú hija!? —preguntó negando con la cabeza sin creer una tan sola de las palabras salidas de la boca de la femenina.

—No puede ser cierto ¡Cómo te atreves! —Lan Fan que se había mantenido expectante observó la duda en la expresión de la humana y no dudó en intervenir.

—¡Si estás mintiendo yo mismo voy a castigarte impertinente! —advirtió amenazante el saiyajin de cabello largo dando un paso hacia la brenchega.

—¡Lady Bulma no estoy mintiendo! Mi niña está ahí o quién sabe dónde pudo ser llevada. Pero el soldado que me la quitó dijo que su majestad era ahora el dueño de mi hija —gimió dolida sin saber qué más hacer —Por eso vine hasta aquí para pedir su ayuda. Por favor señora, solo usted puede hablar con el rey y pedirle que me regrese a Tangerine —Bulma, estaba por responder cuando Zorn, apareció tras la brenchega interrumpiendo la charla.

—Lady Bulma —reverenció —El rey Vegeta solicita su presencia en la sala del trono. Inmediatamente —todos se quedaron en silencio. La peliazul asintió y Chirai observó con ira a aquel infeliz. Era él, el sujeto que se había apoderado de su niña y al igual que ella, el hombre la detalló por un segundo con mirada desdeñosa y degradante.

—Ven Chirai, aprovecharé para hablarle a su majestad de tu problema —aseguró la ojiturquesa caminando hacia el castillo ¿Qué querría Vegeta ahora? Por la seriedad de Zorn, podía decir con certeza que algo no andaba bien. Así que respiró profundo entrando a la fortaleza saiyajin intentando descifrar el por qué él solicitaba verla en aquel sitio —Luego nos vemos Lan Fan —se dirigió a la mujer entregándole las flores, ésta las tomó haciéndole la venia y se retiró en dirección contraria hacia donde la consorte se conducía.

Durante el camino que no duró más que unos minutos, la humana volteó a ver un par de veces a Zorn que iba a un paso tras ella. El comandante en ningún momento hizo contacto visual con la hembra, intentó mantener su seriedad, sabía que cuando su señora se enterase de que fue él el que alertó al gobernante de la visita de Broly, ella se enfadaría. En el peor escenario perdería la confianza de la femenina, pero por más que quisiese ignorar lo que pasaba con respecto al élite, no podía, tampoco quería. Porque por uno u otro motivo no le convenía que ese estúpido cretino se mantuviese cerca de su terrícola. No permitiría bajo ninguna circunstancia que el ex soldado tuviera ni la más mínima oportunidad de conquistar a la dueña de sus deseos más retorcidos. Además, el rey había dado una orden que tenía que cumplirse, y como consejero del soberano debía velar porque se hiciese su voluntad. Todo estaba a su favor. Por otra parte, aunque la presencia de la brenchega junto a la segunda consorte lo desconcertó, era lo último que le importaba en aquel momento.

Chirai, se mantuvo alejada de todos caminando a un metro de distancia de ellos, observando lo impresionante que era la estructura del castillo, aunque eso había quedado en segundo plano cuando fijó su atención en cada uno de sus acompañantes, específicamente en ella, y se preguntó ¿Qué había hecho la humana para llegar al lugar donde estaba? Porque sabía que la mayoría o quizá, todas las mujeres de ese planeta darían lo que fuese por estar en su posición. Era la madre de tres príncipes y una princesa, le pertenecía al rey, y por lo que había investigado cuando iba de compras al mercado central, la terrícola era la favorita del monarca inclusive por sobre la princesa de Vegitasei. Realmente estaba sorprendida de que una simple esclava hubiese llegado tan lejos. Era bonita sí, lo reconocía para sus adentros, pero debía haber algo más, la hermosura seguramente no le había bastado para subir a tan alto rango.

Cuando llegaron al pasillo que daba hacia el salón del trono, los guardias les dieron acceso abriendo la puerta para ellos y anunciando la llegada de la científica. Bulma, Zorn, Raditz y Chirai, entraron al recinto. La brenchega abrió los ojos sorprendida al ver la belleza de aquella sala, opacaba en gran medida la de los corredores que de por sí eran elegantes. Al avanzar, sus orbes purpúreos se posaron en el fondo. Ahí estaba él, el saiyajin más poderoso de todo el imperio. El gobernante de miles de seres y muchos planetas bajo su mando que eran regidos bajo sus leyes. Percibió cómo su estómago dio un vuelco y sintió la necesidad de salir corriendo de ahí, aunque era tarde, ya habían llegado frente a él.

—Majestad, ¿Deseaba verme? —pronunció la peliazul inclinándose ante el hombre que esperaba su llegada.

—Inclínate ante el rey mujer insolente, y no veas a los ojos a su majestad por ningún motivo —expresó Raditz en tono bajo para la brenchega que se había quedado congelada en su sitio. Ella lo hizo rápidamente.

—Así que tú —comenzó a decir el monarca al borde de la poca paciencia que lo contenía de no lanzarse sobre ella y hacerla pagar por su desobediencia —¡Crees que puedes desacatar mis órdenes cuando se te da la gana! —explotó arrugado el entrecejo y apretó los dientes intentando controlarse. Bulma, dio un brinquito deshaciendo su postura y alzó el rostro para verlo a los ojos.

—¿De qué me habla rey Vegeta? —cuestionó un tanto perdida en la evidente expresión colérica del saiyajin real.

—¡SALGAN AHORA! —bramó alzando la voz dirigiendo sus palabras a su corte imperial, que enseguida desapareció del sitio saliendo apresurados. Kakaroto, Brocco, Zorn, Raditz y Chirai fueron los únicos que se quedaron dentro.

—¡No entiendo por qué estás así! ¿¡Qué es lo que pasa!? —preguntó tuteándolo al ver que solo el personal de confianza los acompañaba ahora. La muchacha detalló la mirada ofuscada de su esposo y percibió, que seguramente él ya se había enterado de su visita a casa de Broly. Era lo único por lo que Vegeta podría hablarle de esa forma y entonces, temió. Sus piernas temblaron y su corazón se aceleró ante sus propias conjeturas.

—No te atrevas a intentar mentirme Bulma —dijo él moderando su tono y se puso de pie viendo a su esposa desde lo alto del pedestal —Te di una simple orden y me desobedeciste —continuó mientras bajaba los escalones con dirección a ella —¿Crees que puedes transgredir mi disposición de ésta forma y no obtener un castigo? —llegó hasta ella escupiendo las palabras con tono lúgubre que provocaron que la peliazul diera un paso hacia atrás al ver al imponente rey a medio metro de distancia.

—Vegeta yo…

—¡CÁLLATE! —el grito hizo sentir el peor de los miedos a Chirai cuando ni siquiera estaba dirigido a ella y comprobó, cómo cada cosa que se decía sobre la reputación del gobernante eran ciertas. El soberano infundía temor con tan solo su formidable voz. No quiso ni pensar en qué sería enfrentársele —¿¡Por qué mierda te empeñas en ver a ese bastardo cuando te lo prohibí rotundamente!? —rechinó los dientes con toda la ira subida a su cabeza. En ese momento todo lo que deseaba era castigarla como lo haría con cualquier sirviente de su palacio sin detenerse a pensar en lo que ella significa par él.

—¡Tienes que entender que solo lo hice por Baserk! Sabes que necesitamos que él ayude a nuestro hijo! —gimió posando sus ojos en Brocco que estaba cerca del pedestal ¿Es que acaso él la había traicionado?

—¿Ayuda de ese mal nacido, Bulma? ¡NO ME JODAS! ¿¡También necesitaste su ayuda cuando lo recibiste en tu alcoba!? —Chirai, alzó ligeramente su vista fijando sus ojos apenas en la falda del vestido de la terrícola. En ese momento sintió como si un cuchillo se clavase en su pecho ¡Broly la había engañado! Él había ido a ver a esa mujer hasta su habitación sin importarle sus sentimientos ¡Cómo diablos no se había dado cuenta antes! Su compañero jamás había podido olvidar a esa maldita meretriz atrevida y ella había vivido cegada pensando en que podía hacer que la desterrara de sus pensamientos.

Bulma, mordió su lengua pensando su respuesta y de pronto, una idea pasó por mente intentando entender todos los hechos.

—¿Así que fue por eso majestad? —interrogó y vio la duda en los ojos obscuros del saiyajin real —¿Por eso enviaste a uno de tus esbirros para que le quitasen su hija a Broly? —manifestó dolida. Dolida porque él no confiaba en ella y en sus razones del por qué aún insistía en mantener la comunicación con el élite. Mordió su labio inferior percibiendo cómo sus párpados se llenaron de lágrimas e hizo lo posible para que estás no salieran de sus ojos y no dudó en preguntarse ¿Acaso se había equivocado? Lo negó para sus adentros. Ella estaba enamorada de su esposo, bajo ninguna circunstancia podría ver a otro hombre de la misma forma que a él y si lo había desobedecido, era sólo por Baserk ¡Nunca tuvo segundas intenciones al pensar en romper lo que habían acordado!

—¡Zorn! Trae a Gine —demandó el rey sin dejar de observar a su mujer que se sorprendió ante sus palabras. Tanto Kakaroto como Raditz, que estaban presentes, se incomodaron al escuchar el nombre de su madre.

—Como ordene mi señor —el mencionado, salió abandonado el salón a paso apresurado.

—¿Qué sucede con ella, Vegeta? —cuestionó la peliazul presintiendo que en su intento por querer ayudar a su pequeño, había arrastrado a personas inocentes. Bajó su mirada desviándola comprendiendo que quizá, tan solo quizá, no debió atreverse a llegar a tanto. Él tenía razón en una sola cosa. Ella había echado por la borda el trato que habían hecho.

—Te voy a enseñar a respetar mis órdenes mujer —dio un paso hacia ella y estiró su brazo para tomar su barbilla. Alzó el rostro de la mujer y apartó su mano de ella —He sido demasiado flexible contigo —su tono bajo, era incluso más tenebroso que cuando le gritaba encolerizado. En ese momento, Zorn entró y tras él venía Gine.

—¡Envía a ésta traidora a su casa! Desde éste momento no trabaja más para mi esposa —exigió dirigiendo sus ojos hacia la saiyana que palideció ante sus dichos. Kakaroto se aproximó hasta ella haciéndole un ademán para salir de sala.

—¿¡Qué!? ¡Ella no ha hecho nada indebido! —chilló la ojiturquesa arrepintiéndose de sus actos al ver que la mujer abandonaba el lugar cabizbaja.

—¡YO ME ENTERO TODO LO QUE OCURRE EN ESTE CASTILLO! ¡Y ésta imbécil alcahueteó tu encuentro con él! —vociferó iracundo decidiendo en sus adentros cuál sería el mejor castigo para su consorte —En cuanto a mi esposa —pronunció moderando su tono. Fijó sus ojos en los de ella y arrugó aún más el entrecejo al darse cuenta cuán grande era el efecto que ella tenía sobre él, aunque ésta vez, no cedería —Llévala a su habitación. Lady Bulma no saldrá de allí ni siquiera al jardín y mucho menos, podrá ver a los príncipes hasta que yo lo decida. Solo tendrá permitido estar con la princesa y eso porque mi hija necesita alimentarse de ella, de lo contrario tampoco podría estar a su lado.

—¡No! ¡Por favor no me quites el derecho de ver a mis hijos! Te lo ruego —pidió la joven al borde del llanto ante la sentencia. Su corazón se estrujó y por un instante, vio en la expresión de él al antiguo Vegeta.

—¡Cállate! Eso debiste haberlo pensado cuando me desobedeciste.

—Vamos mi lady —Zorn se acercó a la terrícola que llevó su atención hasta él viéndolo con rabia. Bulma, volvió a ver una vez más al rey que en ningún momento hizo contacto visual con ella y se giró bruscamente para salir del salón sintiendo cómo las lágrimas bajaron por sus mejillas.

Cuando la hembra abandonó el recinto junto al comandante y Raditz, que había regresado a ser uno de sus escoltas por órdenes del soberano, Vegeta caminó en dirección a la salida siendo seguido por sus soldados. Ahora tenía que pensar con la cabeza fría. No podía seguir permitiendo que la terrícola trasgrediera sus órdenes tan sólo por su debilidad hacia ella. Se sintió decepcionado de saber que su mujer se había atrevido a sobrepasar sus límites. No iba a perdonarla fácilmente.

Chirai, vio que él se alejaba. Había ido en busca de que la humana pudiese ayudarle a recuperar a su hija pero nada de eso había resultado. En un intento desesperado, ella corrió hacia el soberano. Iba a pedirle por sí misma que le regresara a Tangerine. Era su última opción.

—Majestad —llamó alcanzándolo y él se detuvo al ver que ella bloqueó su camino interponiéndose en su paso.

—¡Apártate de mi camino basura! —rugió sin mirarla, pasándole de lado, evitándola. En último intento desesperado, ella sujetó su capa procurando por todos los medios que escuchase sus súplicas.

—¡Rey Vegeta por fav…! —no pudo terminar lo que iba a decir debido a que Brocco le propinó una patada en su abdomen que la lanzó varios metros lejos sobre el piso donde cayó con fuerza estruendosa.

—¡Cómo te atreves a tocar a su majestad, zorra! —bramó el saiyajin viendo con desdén a la joven que apenas pudo incorporarse al sentir un punzante dolor en todo su cuerpo —¡Guardias! ¡Llévensela a una celda! ¡Nadie puede tocar al rey y ésta intentó agredirlo! —los guerreros, entraron y sujetaron por cada brazo a la joven maltrecha para arrastrarla hasta el calabozo.

Vegeta, se movió por los pasillos a pasos firmes con trayectoria hacia el salón de reuniones donde el consejo lo esperaba. Era como si automáticamente su cuerpo lo llevase hacia allí pues su mente estaba fuera de sí, no podía pensar en otra cosas que no fuese ella en ese momento y se preguntó ¿En qué se había equivocado? ¡Era el rey con un demonio y ni siquiera podía ponerle un alto a la rebeldía de su esposa!La había malcriado y mimado siempre, le había costado inclusive castigarla, pero no debía permitir que ella creyese que podía hacer y deshacer a su antojo simplemente pasando por sobre sus decisiones e irrespetando sus órdenes. Si fuese cualquier otra la habría ejecutado sin pensarlo desde hacía muchísimo tiempo, pero no a ella, Bulma era la madre de sus hijos, su compañera predilecta, la única a la que nunca le haría daño bajo ninguna circunstancia, pero tenía que enseñarle a respetarlo, la científica debía aprender a acatar sus disposiciones y no lo haría sino le daba un merecido escarmiento.

Llegó en cuestión de minutos a la sala de juntas, cuando entró con sus escoltas tras él notó inmediatamente la tensión en el ambiente. Ancianos sabios y guerreros experimentados de noble casta que conformaban su consejo lo esperaban. Saiyajines que habían servido la mayor parte de su vida a la labor del estado desde hacía varias décadas, seres en los que podía apoyarse en cuanto a la administración, pero no en los que podía confiar a ojos cerrados. La mayoría eran puristas, casi todos en contra de su unión con su terrícola, orgullosos de su linaje real pues había engendrado vástagos poderosos, más no de acuerdo en su mezcla de sangre con la humana. Hipócritas que si bien eran excelentes estrategas y eficaces en la toma de decisiones si se refería a la forma de gobernar Vegitasei, sin embargo, no eran fidedignos.

Inclinaron su cabeza llevando su mano derecha sobre su pecho y bajaron hincándose sobre su rodilla izquierda cuando el guardia anunció su llegada y ellos notaron la presencia del soberano. El rey avanzó por el salón hasta llegar a la silla principal que encabezaba la enorme mesa donde se llevaban a cabo las reuniones, segundos después se le unieron los presentes tomando sus respectivos lugares. Hubo unos segundos de silencio, apenas el sonido del viento que entraba por los ventanales podía notarse, nadie se atrevió a alzar el rostro y darle la noticia al gobernante de lo que recién acaban de informarles algunos soldados que allá en la ciudad se encontraron con la áspera escena.

—Y bien, hablen ¿Qué es lo que sucede? —expresó irritado, acababa de salir de resolver el problema que por ahora más fastidio le generaba y ahora encontraba a los miembros del consejo en ese estado. Se captaban evidentemente turbados. Pasaron los segundos, los mencionados se vieron entre sí pero ninguno tuvo el valor para enfrentar al rey.

—¡Su majestad ha hecho una pregunta! ¡Respondan! —exigió Brocco ante la falta de contestación. Hubo uno que se meneó en su asiento sin poder guardar más el rumor que estaba corriendo por el planeta.

—Majestad, se trata de… —elevó el rostro y posó los ojos en el monarca que lo vio impávido desde su asiento. El sujeto se puso de pie para hablar como el protocolo lo dictaba —… se trata de los príncipes —Vegeta alzó la ceja al escuchar la mención de sus críos en boca del anciano —¡Se dice que han eliminado a los hijos de cenadores puristas incluyendo a mi nieto! —alzó la voz sin poder contener lo que en ese momento sentía.

—¿A que te refieres? —preguntó escuchando cada palabra. Observó con exasperación al inútil trepidante a unos metros de él.

—Guerreros encontraron una escena a poca distancia de la ciudad. Adolescentes asesinados por la mano de la estirpe real de su majestad —comentó con la rabia recorriendo cada parte de su anatomía. Apenas pudo controlarse ante el estremecimiento de solo recordar la descripción de los saiyajin que les habían informado sobre el hallazgo. No había dudas de la muerte de su nieto, él pertenecía al grupo de jóvenes perecidos en manos de los híbridos principescos. Vegeta arrugó el entrecejo, y se puso de pie al escuchar tales afirmaciones escudriñando con mirada letal al individuo.

—¡INSOLENTE CÓMO TE ATREVES! —bramó sin dejar de ver al tipo que agachó la mirada ante su impetuosa voz que resonó en todo el salón.

—No… no estoy mintiendo, rey Vegeta…

—¡BROCCO! ¡ENCÁRGATE DE QUE ÉSTE IMBÉCIL NO VUELVA A PONER UN PIE EN MI CASTILLO! —voceó enfurecido observando al viejo saiyajin que bajó la mirada al notar la ira en los ojos obscuros del monarca —¡QUEDAS DESTITUIDO DE TU CARGO!

—Como ordene —respondió el escolta del soberano haciendo un gesto a los soldados que estaban en la puerta. Éstos entraron y sujetaron de cada brazo al anciano.

—¡Majestad no puede hacer esto! ¡Los príncipes mataron a Pine, ésto no puede quedarse así! —dijo alterado dejando que su sentir ante la pérdida dominara sus acciones. Se zarandeó intentando liberarse del agarre de los guerreros más no pudo siquiera quitárselos de encima.

—¡MIS HIJOS SON APENAS UNOS CRÍOS QUE NO PASAN DE LOS OCHO AÑOS! —gritó haciendo que todos en la sala se estremecieran —¡Tú nieto era un adolescente y aún así se dejó vencer por unos niños! —bufó posando con golpe sólido ambas manos sobre la mesa mientras una sonrisa vil se dibujó en su taimado rostro.

—No tenían derecho —murmuró el sujeto moviendo sus ojos hacia el monarca.

—¡Perdió contra unos chiquillos! ¡Un guerrero débil no le sirve al imperio y lo sabes! —continuó irguiéndose y alzó el rostro impávido ante el dolor del anciano miembro del consejo —¡Cada uno de ellos merece lo que le pasó! Y si alguno de ustedes desea que yo rinda cuentas por los príncipes no tengo problemas en someterme a duelo con todo el que quiera obtener venganza por lo que han hecho mis hijos, yo me responsabilizo por los tres. Los espero en la arena de combate —finalizó mirando con desdén a los saiyajin que escuchaban sus palabras con cierta incomodidad. Brocco, dio la orden para que sacaran al viejo del lugar y este fue arrastrado fuera del salón. Tanto el rey como su escolta salieron del lugar dejando a los presentes estupefactos por lo sucedido, algunos pocos y contados se sintieron orgullosos de que los vástagos del soberano hayan actuado de aquella forma, pero para la mayoría el suceso no pasaba de ser una tragedia de la cual no podían prescindir, porque habían tocado a más de alguno de sus familiares o porque simplemente nunca habían visto de buena forma a los híbridos.

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—Lady Bulma debe entender a su majestad…

—¿¡Entender qué Zorn!? —chilló totalmente fuera de sí, se sentó en el sofá de la estancia dentro de su habitación adonde había sido llevada por el comandante tal y como el rey lo había ordenado. Bulma llevó ambas manos hacia su cabeza y descansó sus codos sobre sus piernas cerrando por un momento sus ojos. No podía creer que aún a esas alturas su marido no confiara en ella y eso era lo que más herida la había dejado. Eran años los que había pasado a su lado, años en los que lo que sentían el uno por el otro había crecido y pudieron con el paso del tiempo, definir su relación. Era la madre de sus hijos ¡La mujer que más lo amaba en ese maldito planeta y aún así él se atrevía a cuestionar su credibilidad! No se sentía culpable, tampoco rogaría perdón de su parte ¡Ella no había hecho nada de lo que tuviera que arrepentirse! Había actuado con el solo objetivo de ayudar a Baserk y lo único que había pedido de Broly era su colaboración, nunca le había importado que el guerrero la viera con otros ojos y mucho menos a esas alturas. Ella jamás y bajo ninguna circunstancia podría sentir algo que no fuera cariño genuino de una amiga hacia el élite. Esta vez el soberano había sobrepasado sus límites —Estoy harta de la falta de confianza de Vegeta —alzó el rostro para ver al saiyajin que estaba de pie a un metro de ella —Él debería de creer en mí —gimió consternada.

—Él cree en usted lady —respondió Zorn observando los bellos rasgos en el rostro descompuesto de la hermosa humana. Se tomó un segundo en detallar sus expresivos ojos, su blanquecina tez y sus carnosos labios dándole la razón al rey, si él estuviese en su lugar también celaría hasta el aire que ella respiraba —Sino fuera así …usted probablemente no seguiría en el planeta, el rey es cruel en sus decisiones cuando alguien le falla —la ojiturquesa abrió sus párpados con asombro ante el temor de imaginar que el soberano tomara esa decisión tan drástica y la alejara para siempre de sus hijos —Pero no debe de preocuparse, él nunca haría algo así, no cuando se trata de usted.

—Déjame sola y dile a todos que salgan —finalizó la muchacha poniéndose de pie para ir hacia la cuna donde su hija dormía, su bebé era la única que podría darle paz en ese momento, la única en la que podía refugiarse y sentir que al menos aún le quedaba un motivo para no perder la compostura ante todo lo ocurrido, no ver a sus hijos era el peor castigo al que Vegeta la había sometido y eso jamás se lo perdonaría. El comandante se quedó de pie un momento observando la espalda de la muchacha cuando cogió a la princesa en sus brazos y la acunó contra su pecho. Nunca permitiría que su lady pasara tiempo con Broly y si tenía que recurrir al rey para alejar a la científica de ese idiota lo haría, porque ella no podía ser de nadie más. La femenina se giró y al ver aún ahí al saiyajin frunció el entrecejo —Qué esperas Zorn, haz lo que te digo —expresó en un colérico susurro para evitar despertar a la princesa.

—Salgan —ordenó el soldado a las criadas presentes que se retiraron inmediatamente de la recámara.

—Averigua quién fue el traidor que le dijo todo a Vegeta —demandó pensando en que los únicos que lo sabían eran Brocco y Gine, pero también entendió que ellos no pudieron ir a confesárselo al rey pues igualmente saldrían perjudicados si se descubría la verdad —En cuanto lo sepas tráelo. Ahora retírate.

—No tengo nada que averiguar porque yo sé quien fue —respondió en automático mentalizándose que no podía mentirle, si había hablado debía enfrentar a la hembra por mucho que ella se enfadase con él

—¿En serio lo sabes? —cuestionó la joven sintiendo la ira recorrer su sangre. Vio al hombre asentir en respuesta —¡Entonces habla de una vez! —exigió regresando a la princesa a su cuna para evitar incomodarla.

—Fui yo el que informó a su majestad de todo —confesó ante la mirada incrédula de la científica. La peliazul lo detalló un momento, sintió cómo su respiración se volvió pesada y entonces se aproximó a él. Notó cómo el cúmulo de emociones se desataron dentro de sí hasta quedar frente a aquellos ojos oscuros que no dejaron de verla.

—¿¡Cómo pudiste!? —preguntó percibiendo la ira estallar dentro de su cuerpo sin poder contenerse más. Lo miró separar los labios para responderle, pero antes de que pudiera hablar alzó su mano y la estampó con toda sus fuerzas en la mejilla izquierda del saiyajin —¡Debiste quedarte callado! ¡Ahora por tú culpa no podré ver a mis hijos ni salir de éste lugar! —chilló descontrolada sintiendo las lágrimas invadir sus ojos, su visión se volvió borrosa y un nudo doloroso apareció en su garganta que le dificultó respirar.

Zorn bajó sus orbes azabache hacia la alfombra de la alcoba, no se atrevió a sostenerle más tiempo la mirada pues aunque no había sido su objetivo, había afectado a la humana en gran manera, no habría querido hacerlo por supuesto, pero era su prioridad mantener a raya a Broly y alejarlo de la mujer que anhelaba solo para él, porque ya tenía todo lo que siempre deseó en la vida, excepto a la femenina de cabellos turquesa que lo atormentaba cada noche cuando a solas en su recámara recordaba cada gesto, cada mirada, cada expresión de ella que lo volvía loco y si lo pensaba bien, no se arrepentía de habérselo dicho al rey.

—Era mi deber hacérselo saber al rey —afirmó elevando su mirada hacia ella que se notaba evidentemente descompuesta cuando posó su vista en él.

—Me has decepcionado Zorn, nunca pensé que fueras capaz de traicionarme —reprochó la peliazul dejando salir sus lágrimas en un débil sollozo.

—No lo hice por traicionarla, Broly ha causado muchos problemas, de no detenerlo ahora puede intentar algo nuevamente contra usted lady ¡No querrá ni imaginar lo que el rey le haría a ese miserable si llegase a tocarla! —expresó en un arranque de rabia percibiendo en carne propia lo que posiblemente el monarca también sentiría de solo hacerse a la idea de que Bulma fuese profanada por otro —Además, puede que su intención haya sido ayudar al príncipe Baserk, pero de no habérselo dicho yo al rey Vegeta, entonces Nyu, Tarble o quien sea que lo supiese iría a contárselo sin dudarlo —la humana sintió un escalofrío intenso ante lo que el soldado decía, en cierta parte tenía razón, más no tenía el derecho de decidir y eso era lo que le enfurecía —No es una excusa… —continuó hablando el comandante —… pero al menos yo intenté suavizar la situación para que no se malinterpretara, de haber sido ellos le habrían contado una versión distorsionada de los hechos —finalizó soltando un bufido de exasperación.

—¡No me importa! ¡Vete! —gimió la muchacha dándose la vuelta para salir hacia el balcón, ahora necesitaba estar a solas consigo misma y pensar en todo lo que acababa de suceder.

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—Ellos no podrán hacer nada majestad, tendrían que estar locos para revelarse contra el imperio cuando el ejército es fiel a su dinastía —expresó Brocco entrando tras el gobernante nuevamente al salón real junto a Zorn, que acababa de unírseles en el pasillo después de dejar a la científica en su ala correspondiente.

—¿¡Cómo diablos ninguno de ustedes sabía esto!? —gritó el rey subiendo las gradas en la plataforma para tomar posesión del trono.

—Los informantes se lo dijeron al consejo y no a nuestros sirvientes, seguramente son conspiradores —respondió el guerrero mirando a Zorn que en ese momento se preguntó internamente qué habría sucedido después de que él se retiró con lady Bulma del salón del trono.

—¡Su trabajo es saberlo todo e informarme! —bramó sintiendo la sangre caliente por todo lo que acababa de suceder, primero lo de su consorte y ahora lo de sus hijos —Averigua quién vino al palacio y habló con ellos, aplica la pena máxima para esos traidores —masticó entre dientes —Ve y ocúpate de eso, hablaremos después —ordenó tajante. Brocco lo reverenció para retirarse, Vegeta lo miró unos segundos, más tarde decidiría qué hacer con ese inútil que había sido partícipe tolerando la conducta inapropiada de su esposa.

—¡Shitsuji, trae a los príncipes ahora! —demandó a su mayordomo que se encontraba en el lugar. El saiyajin inmediatamente obedeció y fue por los príncipes enterándose momentos atrás, por boca de los criados, de los recientes hechos y entendiendo el por qué el monarca estaba tan enfurecido en ese momento.

Minutos después el escolta en la puerta del salón imperial anunció la llegada de los príncipes. Los sirvientes presentes dentro del recinto se inclinaron ante la presencia de los tres pequeños que en ese momento, se sintieron menudos al ver la figura de su imponente padre sentado en el trono.

Vegeta observó desde lo alto a sus retoños que se quedaron inmóviles frente a su mirada cuando llegaron al pie del pedestal. Sabía que sus hijos eran poderosos, él mismo estaba cuidando de que sus entrenamientos fuesen los adecuados y éste estaba dando los resultados esperados, cada uno de sus vástagos era especial a su modo. Trunks, su primogénito y heredero a la corona era inteligente, osado e intrépido. Sus habilidades eran indiscutibles, desde que el crío había estado gestando en el vientre de su madre que él sabía lo poderoso que era y lo bien que se desarrollaban sus aptitudes con el pasar de los años. El cachorro de cabellos turquesa era quien más se parecía a su progenitora, tenía un buen corazón, era magnánimo, justo y tomaba decisiones acertadas a pesar de su corta edad. Su segundo cachorro por su parte, era un niño sagaz, temerario y astuto que no dejaba nada que desear en cuanto a poder de batalla se refería en comparación con el mayor. Vegeta Jr era idéntico a él, físicamente y en su manera de ser, el príncipe era serio, metódico, sistemático y el más peligroso de los tres, calculador y de sangre fría muy al contrario de Baserk, el menor era tímido, tenía carácter pero se notaba con creces que Bulma lo mimaba debido a su condición a la que aún no le encontraban solución. El problema más grande del pequeño era que enfurecido y descontrolado al mismo tiempo podía llegar a ser letal. Era por ello que no comprendía en qué demonios estaban pesando cuando decidieron enfrentarse con aquellos mocosos buenos para nada, por supuesto que le habían hecho un favor al planeta al liberarlo de esos inútiles inservibles, pero en consecuencia ahora tenía a medio consejo en contra.

—Majestad —saludaron protocolarmente al unísono. Hubo un minuto de silencio, el ambiente tirante y la orden que el rey dio en ese momento a los sirvientes para que se retiraran les dio la pauta de que lo que hablarían era grave. Shitsuji, Zorn y Brocco fueron los únicos que se quedaron dentro del salón.

—Papá —comenzó a hablar Vegeta Jr posando sus ojos negruzcos en el gobernante —Imagino que estamos aquí por lo que hicimos…

—Está claro que su presencia aquí es por eso —lo vio determinante con el entrecejo fruncido, misma expresión que su cachorro tenía —¿En qué estaban pensando? —cuestionó serio hacia el trío. Trunks que había mantenido su mirada en el piso elevó su vista turquesa haciéndole frente a la situación como el mayor de los tres que era.

—Fue justicia padre, esos idiotas no hacían más que burlarse de nosotros y de mamá —respondió el heredero exasperado al recordar lo que esos críos habían dicho de su honorable progenitora.

—Si vas a castigarnos lo aceptamos —Vegeta Jr desvió unos segundos su vista hacia la rojiza alfombra que tapizaba el camino que daba al trono y luego volvió sus orbes decisivos hacia el monarca que los escuchaba vigilante a sus palabras —Pero no nos arrepentimos.

—Ellos se merecían eso y más —concluyó Baserk apoyando a sus hermanos. Los tres habían estado de acuerdo en darle muerte a los chiquillos y llevado acabo el cumplimiento de tal fallo, ahora ellos ya no estaban, se habían acabado las humillaciones de su parte, los desprecios y todas las ofensas contra su mamá. No iban a retraerse de sus actos, cualquier sanción que el rey aplicara contra ellos la acatarían como lo había afirmado Vegeta Jr —Así que entendemos que estés molesto —agregó con mirada triste el pequeño.

El monarca dejó salir un bufido, no podía castigarlos de ninguna manera, lo que habían hecho sus hijos le hicieron recordar cuando él hacía esa clase de cosas a su edad. Siempre había tomado los ajustes de cuentas en sus propias manos y era por ello que comprendía su malestar, cualquiera en el lugar de sus cachorros habría hecho lo mismo.

—No lo estoy Baserk, no estoy molesto con ninguno —pronunció —Pero quiero que de ahora en adelante cualquier situación de ésta índole que se presente lo hablen antes conmigo —los menores cambiaron su expresión cabizbaja a una más animada al escuchar a su padre.

—Así lo haremos padre —aseguró Vegeta Jr manteniendo el semblante serio —Pero tu sabes que cuando se trata de nuestra madre no vamos a perdonar a nadie —el rey alzó una ceja al escuchar nombrar a su consorte por segunda vez, era el momento justo para informar a los príncipes de su decisión.

—Hablando de ella —dijo endureciendo sus gestos ante la molestia generada por la madre de sus hijos —No pueden ir a visitarla hasta cuando yo les ordene.

—¿Qué?... Pero, ¿Por qué? —interrogó el cachorro heredero un poco alterado al no comprender las palabras de su padre.

—No me cuestiones, yo sé lo que estoy diciendo. No intenten ni aproximarse al pasillo que lleva a la habitación de su madre porque recibirán el castigo que no les he dado en éste momento —respondió serio viendo a los menores asentir.

—Esta bien papá. ¿Podemos retirarnos? —interrogó Trunks.

—Tú y Baserk pueden salir. El príncipe Vegeta se queda —anunció el monarca. El peliturquesa y el menor intercambiaron miradas con el mencionado para después abandonar el lugar. Una vez salieron los otros dos, el soberano detalló a su segundo hijo, de los tres era el único capaz de sostenerle por más tiempo la mirada, no titubeaba al hablarle, ni mucho menos demostraba alguna clase de debilidad. Se puso de pie y bajó los escalones hasta quedar frente al príncipe que seguía observándolo haciéndolo traer a su mente su idéntica actitud hacia su padre fallecido, el rey Vegeta III —Se que fuiste tú el cerebro detrás de todo esto —lo vio unos segundos y el niño simplemente desvió sus orbes negras incapaz de mentirle a su progenitor —¿O me equivoco?

—No, no te equivocas —confirmó el menor sus sospechas.

—Por supuesto, jamás me equivoco, pero recuerda que el heredero es Trunks y por lo tanto tienes que respetar sus decisiones. Si tu hermano mayor te dice que algo no es prudente debes obedecerle, tú eres muy impulsivo y en cambio él tiene más madurez para tomar decisiones, está siendo criado para eso —expresó serio viendo cómo su cachorro se tensó ante sus palabras.

—Trunks puede ser el príncipe heredero por ahora, pero quizá él no quiera ser rey —respondió sorprendiendo al soberano, realmente él no esperaba ese tipo de respuesta ¿Acaso había algo que desconocía? Quizá subestimaba los alcances de su vástago.

—¿A qué te refieres?

—Uno nunca sabe qué vueltas puede dar la vida. Pase lo que pase yo siempre estaré dispuesto a hacer lo que fuese necesario por nuestra raza y por sacar adelante el planeta, incluso estoy dispuesto a ser rey en caso de que Trunks no pueda o no quiera serlo —respondió determinante volviendo sus ojos obscuros hacia su progenitor —¿Puedo retirarme?

—Sí, puedes —afirmó mirando al menor inclinarse ante él para después salir del sitio. Con las palabras de su hijo aún en su mente regresó al trono tomando asiento.

—Majestad si me permite decirle algo —Zorn que había escuchado todo comenzó a hablar viendo al gobernante asentir a su pedido —Su segundo hijo es igual que usted cuando era un niño.

—Lo sé, por eso debo estar pendiente de mis hijos, o todo podría salirse de mis manos. Ahora entiendo a mi padre —manifestó aceptando muy dentro de sí, que Vegeta Jr era el que estaba más capacitado para coronarse como rey en un futuro, debido a que Trunks era más tolerante llegando incluso a flaquear en la toma de algunas decisiones en las que debía ser firme. Cuán rápido había pasado el tiempo; ayer su mujer los estaba pariendo y hoy ya hablaban de quién podría ser su sucesor. Debía tener cuidado. En el pasado hubo confrontaciones por la corona, de hecho en la actualidad aún existía una especie de guerra fría entre Tarble y él, aunque eso no se comparaba con los sanguinarios enfrentamientos que tuvieron los anteriores reyes Vegeta con sus propios hermanos. Debía vigilar aún más de cerca a sus críos. Ya no eran unos chiquillos y no podía permitir el nacimiento de odios y rencillas entre ellos cuando crecieran. Su segundo hijo era una bomba de tiempo tal como él mismo lo fue a esa edad.

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La sonrisa que tenía en su rostro en ese momento no podía ser borrada con nada. Había pasado un mes desde que el soberano había recluido a Bulma en su ala y pronto los rumores se habían corrido por el palacio hasta llegar a sus oídos. Desde entonces el soberano le había permitido volver a ejercer como antes su trabajo como embajadora dentro del palacio y aunque no había dado el permiso de que volviese a vivir junto a Zorn en el castillo, estaba más que satisfecha con el resultado que todo eso estaba generando. Ella ahora estaba cada vez más cerca de él mientras que la detestable terrícola se alejaba día con día.

Lo había pensado mucho, su plan sería tan simple como efectivo, así que era hora de jugar su mejor carta y era por ello que había llevado a su esclava personal para presentarla ante el rey.

El gusto exótico del monarca no era un secreto, todos sabían que el saiyajin real tenía preferencia por su segunda consorte debido a la exclusiva apariencia de ésta, pero eso había terminado en cuanto ella se enteró de la existencia de una hembra con rasgos muy similares a la científica.

—¿Estás segura de que esto funcionará? —cuestionó la muchacha caminando al lado de la embajadora que volteó su rostro hacia ella con semblante osado.

—Si haces todo lo que te he dicho tenlo por seguro, en poco tiempo la humana quedará relegada para siempre —argumentó decidida regresando su vista al frente. Le había dicho a esa mujer todo lo que debía hacer, cómo actuar, qué decirle al saiyajin real para que éste pusiera sus ojos en ella y lograra de una vez por todas apartar a la humana de su camino —Recuerda, cuando estés frente a él no demuestres temor, los saiyajin odiamos la debilidad.

—Pero es el rey, de solo nombrarlo se me erizan los vellos —aseguró la joven sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo. La reputación sanguinaria del gobernante era conocida a lo largo y ancho del universo, presentarse ante él no sería nada fácil.

Maron observó el lugar, era la primera vez que pisaba el palacio. El piso negro brillante tan pulcramente limpio daba un aire sumamente distinguido, se sintió fuera de lugar por un momento y se preguntó ¿Qué diablos estaba haciendo? Ir a ese sitio era como entrar a la boca del lobo, si la mujer del rey se llegaba a enterar de los planes de Okra, quien saldría muerta del castillo sería ella. Ahora se arrepentía, sería su fin.

—Majestad, lady Okra solicita verlo —no se dio cuenta cuando ya estaban frente a la enorme puerta de madera oscura en donde la embajadora cruzó un par de palabras con el escolta en la entrada. Sintió que su cuerpo tembló y su estómago se retorció por la ansiedad.

—Que pase —el guardia en la puerta dio acceso a la saiyana que volteó a ver a su sirvienta una última vez antes de entrar al despacho con una sonrisa de complacencia dibujada en sus labios.

—Rey Vegeta —saludó protocolar inclinándose.

—¿Qué sucede Okra? —dijo él sin mirarla mientras leía un documento que tenía en sus manos. Desde temprana hora había decido encerrarse en su despacho privado, era lo único que podía hacer para al menos por un momento sacar de su mente a su rebelde esposa que estaba dándole más problemas de lo esperado.

—Majestad, vine porque me enteré que Shitsuji está en busca de personal para lady Bulma —comenzó a decir la femenina tan animada como en el instante en que el plan en su mente tomó forma y supo que ésta vez lograría su objetivo. El mayordomo que estaba presente, alzó una ceja al escuchar las palabras de la mujer.

Vegeta alzó el rostro observando a la saiyana, desde que había tomado la decisión de quitarle a su terrícola los servicios de las antiguas esclavas cómplices de sus rebeldías ella estaba en una especie de negativa, le había enviado al menos dos docenas de mujeres para que la atendieran pero todas terminaban echadas a gritos de su alcoba, por ello esa mañana le designó a su propia servidumbre para que se encargara de sus cuidados, eran la mejor opción de todas, sus criadas no cubrirían nada de lo que la peliazul hiciera y lo mantendrían informado de todo en cuanto movimiento realizare.

—Ah eso —expresó dejando el papel de lado.

—Quiero ofrecer a una de mis sirvientas de mayor confianza para que atienda a lady Bulma —manifestó Okra cambiando su expresión a una de falsa preocupación —Ya que nuestra señora ha rechazado a todo el personal que le ha enviado, creo que una de mis criadas podría ser de su agrado.

—¿Por qué lo dices? —el soberano observó a la mujer que ladeó el rostro y amplio su sonrisa.

—Ella es humana, probablemente se entienda mejor con lady…

—¿Humana? —intervino el saiyajin real poniéndose de pie. Hacía muchos años que él mismo había ordenado eliminar a todas las hembras de la raza terrícola a excepción de Bulma, la mujer de Kakaroto y dos más que trabajaban en el palacio, era imposible que aparte de ellas aún quedaran otras con vida.

—Así es majestad, la conocí en el planeta Urón mientras viví allá, ella es buena sirvienta, es leal, sumisa y si no conoce algo lo aprende con agilidad —explicó persuasiva intentando convencer al monarca que Maron era una opción.

—Ya le hemos asignado servidumbre a lady Bulma —respondió Shitsuji interviniendo.

—¡Oh! Es una pena realmente. Ya he contratado nuevo personal para mi casa y Maron se ha quedado sin empleo —manifestó la hembra volteando a ver al anciano decepcionada de que el plan que había estado tramando desde hacía mucho cayera por la borda en un instante.

—Le asignamos las esclavas de su majestad, ahora es nuestro rey quien necesita criadas —respondió el mayordomo. Los ojos azabache de Okra se abrieron en sorpresa y la sonrisa que se había desvanecido de su rostro volvió con la misma intensidad.

—Si la acepta ella podría ser parte de su servidumbre —se adelantó a decir la embajadora.

—Shitsuji, encárgate de esa trivialidad —pronunció él monarca desinteresado del tema, por ahora no le importaba quién o quiénes estuvieran a su servicio, lo realmente le concernía era que Bulma parara con la actitud voluble que manejaba sus acciones, a diario gente era corrida del palacio y era una situación que no pensaba seguir tolerando —Puedes retirarte —habló dirigiéndose a la saiyana.

—Como lo desee, majestad —respondió el anciano.

Vegeta tomó varios documentos y los apiló en el escritorio para luego caminar en dirección de la salida. En ese momento Okra iba cruzando el umbral junto a Shitsuji. Cuando salió, sus ojos no pudieron ignorar la mujer de cabellera turquesa que se encontraba en el pasillo y notó que ésta hablaba con la embajadora. Pero hubo algo extraño, no era el aroma de su humana lo que olió en el aire, tampoco era su energía individual la que percibió. Aquella femenina le daba la espalda, no podía verle el rostro pero inmediatamente supo que no era su esposa, bastaron unos segundos para que ambas mujeres se dieran cuenta de su presencia y la que estaba de espaldas se giró. Tan solo fue una milésima de tiempo que ella mantuvo su rostro elevado y cuando se dio cuenta de quien estaba enfrente suyo, Maron agachó la cabeza reverenciando al monarca.

—Majestad —habló Okra aprovechando el momento, era en ese instante o no podría volver a tocar el tema con el rey.

La imagen del soberano quedó grabada en la mente de la sirvienta, apenas y había podido ver su rostro pero no necesitaba de más para darse cuenta que el hombre del que tanto escuchó hablar era tan joven y atractivo que la hizo estremecer. Su estómago se tensó de tan solo estar frente al saiyajin más poderoso de todo el imperio.

—¿¡Qué demonios significa esto!? —preguntó con voz golpeada el gobernante haciendo temblar a la terrícola presente. Era como su Bulma. El color de cabello de esa mujer que tanto le gustaba de su esposa, su tez blanca, sus ojos zafiro que notó por algunos instantes.

—Ella es de quien le hablé, su nombre es Maron —respondió la saiyana alzando el rostro. Pudo notar la contradicción en los ojos inquisidores del monarca y en sus adentros sonrió victoriosa, Maron había logrado llamar su atención.

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Los acontecimientos de las últimas semanas hacían del palacio saiyajin todo menos un lugar en donde gobernaba la tranquilidad. Entre el disgusto del gobernante con su segunda consorte y medio consejo en contra del sistema del rey Vegeta IV debido a la matanza de los críos hijos de puristas, no podía haber un momento de paz dentro del imperio. Habían muchos problemas tanto diplomáticos como internos de los cuales ocuparse, por suerte el monarca contaba con un gran grupo de fieles que hacían del régimen una estructura organizada que mantenía al pueblo satisfecho.

Iba subiendo las gradas que daban hacia los pisos superiores donde se hallaban las alas principales, después de varias semanas en las que se había mantenido cumpliendo con una misión asignada en la antigua ciudad saiyana, regresaba para entregar el reporte al soberano.

Ascendió rápidamente los escalones hasta que llegó a la cima de éstos cuando repentinamente en sus iris ónix, se vio reflejada una figura sumamente familiar. Pasó su mirada de arriba abajo detallando a la hembra al momento en que sus pasos se detuvieron a un par de metros de ella. La muchacha también contuvo su andar posando su mirada en el saiyajin que la observaba con atención. Automáticamente le sonrió reconociendo al hombre que escasas veces había cruzado palabra con lady Okra y que ella había visto desde lejos, pues la embajadora siempre la había mantenido dentro de su casa y no le permitía merodear en la ciudad. Más tarde ella le había explicado que no podían verla pasearse por las calles debido a que saiyanos puristas que repudian la raza humana podrían dañarla.

—Comandante Zorn —pronunció con suave tono de voz que acicaló el oído del guerrero e hizo una ligera reverencia. Él no podía creer lo que sus ojos veían. Frente a él se encontraba una mujer de tez blanca, cabellos turquesa y figura agraciada, características que solo poseía la madre de los príncipes del monarca. Tragó en seco cuando ella levantó el rostro y le sonrió coqueta.

—¿Quién… —escudriñó el cuerpo femenino sin vergüenza alguna. Ella traía un atuendo de esclavas que dejaba poco a la imaginación. Sus piernas estaban casi completamente descubiertas, apenas un refajo cubría su cadera y unos pocos centímetros debajo de ésta. Sus senos quedaban tapados por el corsé que usaba pero estaban tan apretados dentro de éste que intentaban liberarse de su prisión dando una imagen tan vulgar como corriente, que lo hizo apartar sus orbes de ellos —… eres tú? —claramente tenía rasgos que compartían con la honorable segunda consorte, pero jamás sería como ella. Arrugó el entrecejo y endureció su expresión al notar la actitud coqueta de la mujer.

—Soy Maron —indicó extasiada mirando al saiyajin de pies a cabeza. El tipo siempre le había parecido muy atrayente y ahora que lo veía de cerca se le hizo aún más atractivo que antes —Lady Okra me trajo al palacio para servir a su majestad —agregó sin perderse detalle alguno de las facciones cinceladas y varoniles del rostro del soldado.

Zorn alzó la ceja al darse cuenta de lo que ahí estaba pasando. Por supuesto que debió preverlo, no podía ser una coincidencia que una mujer tan igual a la dueña de sueños más inapropiados estuviese trabajando en el castillo y precisamente para el gobernante.

—Así que Okra fue la que te trajo —pronunció satírico.

—Sí, mi señora me recomendó para trabajar aquí —explicó dando un par de pasos más hacia el saiyajin que se quedó estático en su posición —Así que usted es el saiyajin esposo de lady Okra —mordió su labio inferior al imaginar lo fuerte que sus fornido brazos podía arroparla mientras la cogía duro en la cama —Me habían dicho que era muy guapo y parece que no se equivocan, es muchísimo más que eso —una risa alegre salió de sus labios.

—Señorita Maron, debes tener mucho cuidado, lady Bulma, la esposa de su majestad… —puntuó sus palabras casi en una amenaza —… no perdona errores —finalizó pasándole de lado a la mujer a la cual se le esfumó la sonrisa con la tan sola mención de la segunda consorte.

Zorn se alejó de la femenina, definitivamente lo había turbado el increíble parecimiento que ella tenía con su adorada científica. Pero había algo, eran muy similares y a la vez distintas. Esa muchacha Maron se conducía de forma ordinaria y falta de clase. Una plebeya más. Incluso su aroma se sentía tan corriente. Mientras que Bulma era refinada, tenía un aire de distinción y era poseedora de un exquisito olor. Movió su cabeza intentando dejar esos pensamientos de lado, estaba por cruzar hacia el pasillo del ala imperial cuando una de las criadas que él reconoció que eran parte del personal que atendía al monarca caminaba apresurada y agitada, se le veía notablemente exaltada.

—¿Qué sucede? —no dudó en preguntar obstaculizando el paso de la sirvienta de tez pálida que se inclinó ante él.

—Es lady Bulma —pronunció. En ese momento se dirigía a buscar a Shitsuji para informarle el suceso.

—¡Qué! ¿Qué sucedió con ella? ¡Habla! —exigió al evidenciar la preocupación de la muchacha.

—Mi señora no ha comido nada ésta tarde —aseguró bajando la mirada triste —Al parecer intenta una especie de huelga, no quiere ver a nadie y tenemos orden de no dejarla sola —explicó aturdida llevando una de sus manos hacia su cabello deslizándola sobre éste. Zorn la escuchó atentamente concluyendo que como consejero real tenía la obligación de aligerar los problemas de su señor, por lo que debía tomar cartas en el asunto inmediatamente.

—No le digas nada al rey Vegeta ni a mi padre, intentaré solucionar el problema —manifestó cambiando de dirección para ir hacia el ala sur. La hembra asintió.

Zorn se movió rápidamente y no tardó más que unos minutos hasta llegar a la alcoba de la humana, estaba por ingresar cuando escuchó la voz alterada de la científica.

—¡Aparta tus manos de mi hija! —chilló la ojiturquesa sujetando la muñeca de la sirvienta que estaba a punto de cargar a la princesa para calmarla debido a que había comenzado a llorar —¡No vuelvas a tocarla! —soltó la mano de la mujer de forma brusca tomando ella misma a la criatura en sus brazos —¡Todas aquí son unas inútiles! ¡LARGO! —gritó fuera de sí agarrando un pequeño jarrón con flores que estaba sobre la mesa de noche al lado de su cama y lo lanzó contra la muchacha que corrió despavorida hacia la puerta, para su suerte el objeto no logró alcanzar su cabeza y se estrelló a poca distancia de sus pies.

—No… no podemos…

—¡Fuera! ¡No quiero ver a nadie! —exclamó sintiéndose al borde de la ira. Hacía semanas que lo único que hacía era estar recluida en su ala, hacía semanas que no miraba a sus hijos. Su único consuelo era su hija y por la que hasta ahora no había enloquecido. Estaba harta de no poder salir de ese lugar ¡Había vuelto a ser la esclava de Vegeta que una vez fue!

—Su majestad se enfadará con nosotras lady Bulma, tiene que comer algo —dijo otra que estaba lejos de ella al lado contrario de la cama observando la bandeja de comida que se hallaba desparramada en el piso a causa de la rabia que la segunda consorte había descargado sobre ésta.

—¡NO ME INTERESA! —gritó sin importarle igualar el tono alto del llanto de su pequeña —¡VAYAN Y DIGANLE A SU MALDITO REY QUE VENGA ÉL Y ME OBLIGUE A COMER! —en ese momento Zorn accedió al lugar.

—Déjennos solos —indicó el comandante. Inmediatamente las sirvientas salieron de la habitación. Él se aproximó a la entrada para indicarle a una de ellas que llamara a una de sus criadas de confianza y en seguida cerró la puerta tras de sí. Miró a la peliazul de espaldas a él mientras intentaba calmar a su bebé, se veía tan frágil y expuesta que sintió la necesidad de aproximarse a ella y aprisionarla en sus brazos. Él era uno de los pocos a los que ella le mostraba su lado más vulnerable. A lo largo de todos esos años, la humana había pasado a ser secretamente una de las partes más importantes de su vida. La quería, deseaba tenerla, pero era la mujer del soberano y él había jurado acabar con ella, se lo había prometido al fallecido rey Vegeta III y cada vez que lo intentaba, simplemente no podía. Tampoco quería.

La escuchó sollozar y supo que estaba quebrándose, pero mientras él estuviese cerca ella jamás tendría desconsuelo. Bulma limpió las lágrimas que habían comenzando a caer por sus mejillas y se giró para ver al saiyajin que aún estaba cerca de la entrada.

—¿¡Qué demonios quieres tú!? ¡Vete! —apeló la científica en tono exigente con la voz temblorosa. En ese momento unos golpes en la puerta desviaron la atención de Zorn y ésta se abrió dejando ver a Nion entrar inquieta al recinto.

—Zorn —saludó en cuanto entró recibiendo un asentimiento de parte del mencionado como respuesta —Lady Bulma, permítame hacerme cargo de la princesa —pidió, las criadas que salieron de la alcoba le acababan de explicar lo sucedido. Esa noche había decido ir a visitar a la esposa del soberano, era una especie de rutina que se había impuesto desde que la muchacha había sido castigada por el rey. Para ella todo lo que él estaba haciendo con la terrícola era injusto, pues debido a que su terquedad lo cegaba e imposibilitaba su capacidad de comprender que el actuar de la humana había sido meramente con el objetivo de ayudar a Baserk.

—Por favor cuídala ésta noche —manifestó observando que Zorn se aproximó a la puerta y cruzó un par de palabras con una de sus criadas que acababa de llegar —No quiero que ella perciba mi tristeza —agregó regresando su completa atención a la saiyana.

—No se preocupe, la princesa estará protegida a mi lado —sonrió contagiando el gesto a la joven que asintió depositando a la bebé en los brazos de la mujer. Besó la frente de la niña para ver que Nion salió con ella enseguida.

—Lady Bulma, lo que está haciendo no es lo correcto, no solo está padeciendo usted sino también la princesa —manifestó empático el guerrero percibiendo que ella necesitaba alguien en quien descargar lo que estaba sintiendo en ese momento.

—¿Y cómo debo actuar Zorn? —preguntó quitando un par de lágrimas de su mejilla derecha en un movimiento brusco —¡Lo que está haciendo Vegeta conmigo no tiene sentido! ¡Me ha quitado la posibilidad de ver a mis hijos y debido a eso llevo un mes sin poder mirarlos! Estoy encerrada en éste maldito lugar como una esclava —se acercó a él dando pasos firmes y con la vista enfurecida puesta en los ojos obscuros del saiyajin que no perdieron gesto alguno de la humana —¡Tampoco puedo ver a mi padre ni trabajar en el laboratorio! ¡No soy un maldito maniquí que él puede tener solo para su exhibición! —chilló respirando agitada llevando ambas manos hacia su cabeza incapacitada de poder cambiar lo que estaba viviendo.

En ese momento la criada que anteriormente había hablado con Zorn entró dejando un azafate con una taza en el centro. Reverenció a la consorte y salió dejando el pedido de su señor comandante en la mesa al lado de la puerta.

—He pedido que le preparen un té —dijo él yendo por la tácita y removiendo el interior con la cuchara dejándola de lado para llevárselo a la muchacha —Tómelo, calmará sus nervios y podrá descansar mejor —ofreció. Bulma miró el líquido humeante de color cobrizo y decidió aceptarlo. La sujetó en sus manos y se dirigió hacia uno de los sofás en donde se acomodó dándole el primer sorbo.

—¿Crees que hice algo malo? Porque tu sabes que yo solo lo hice por Baserk —afirmó convencida de que ir a ver a Broly y pedirle que ayudara a su hijo no había estado mal en absoluto. Sorbió un poco más del té de exquisito sabor que arrulló su garganta dejándola sentir un poco de serenidad.

—No soy quien para opinar al respecto —respondió el soldado sentándose frente a la terrícola en el sofá contrario de donde ella estaba —Pero sé que puede arreglar las cosas con su majestad si ruega su perdón.

—¡Qué! —exclamó sintiéndose un poco aturdida —¿Por qué debería pedirle perdón? ¡No hice nada malo! —chilló terminando de tomarse el té por completo y dejando la taza del té en la mesa auxiliar al lado del sillón. Continuó hablando por unos minutos más con el guerrero cuando de pronto percibió lo cansada que estaba, iba a ponerse de pie y pedirle al soldado que se retirara cuando todo a su alrededor se volvió borroso y no pudo siquiera pronunciar una palabra más.

La sonrisa en los labios de Zorn fue inmediata. El té había hecho su efecto tan bien como en los últimos meses en que había decido comenzar a usarlo en la terrícola. Despreocupado se puso de pie andando hasta la puerta a la cual le colocó seguro y regresó hacia la muchacha que yacía completamente sedada en el sofá.

—Así está mejor mi lady —murmuró el saiyajin caminado hacia la femenina y se sentó a su lado dejando salir sus verdaderas intenciones que debía suprimir la mayor parte del tiempo. Deliberadamente observó los muslos de la científica, éstos estaban ocultos bajo una bata larga de tela traslúcida en la parte inferior que dejaba ver sus piernas tras la tela de color burdeo. Su boca se hizo agua al imaginar su lengua recorriendo cada parte de su lechosa piel y no se contuvo, elevó la mano llevándola a la extremidad derecha y acarició lentamente hacia arriba deslizando con delicadeza el atuendo hasta que lo enroscó por sobre la pelvis de la peliazul —Eres tan hermosa —aduló bajando la palma sintiendo por sobre su guante la suavidad de la tersa piel. Miró una vez a la joven y la sujetó para elevarla en sus brazos y llevarla a la cama como lo hacía cada vez que se le presentaba la oportunidad.

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Había reprimido por muchas noches la ganas de ir y tomar lo que era suyo por la fuerza. La humana, su esposa tanto en la práctica como bajo sus leyes había tenido la osadía de rechazar sus encuentros cada vez que había enviado por ella. Los problemas que se dieron a raíz de la insurrección de ésta y el castigo que le había aplicado no la relegaban de cumplir con sus deberes como su compañera. Él sabía que no debía obligarla, tampoco quería volver a ser el Vegeta que por mucho tiempo fue convirtiéndose en la causa del sufrimiento de la terrícola. Era de noche, había pensando en mandar por Bulma una vez más o quizá ir él mismo a exigir que efectuara con su rol como mujer, pero estaba harto de la situación, así que prefirió ordenar que su cena fuese servida temprano. No estaba de humor para lidiar con la peliazul una día más, estaba seguro que si ella le daba una negativa nuevamente no podría contener su rabia y podría terminar dañándola de alguna forma. Si tan solo ella aceptara que se equivocó y le pidiese perdón no dudaría en levantarle la sanción, aunque conociéndola como lo hacía la humana no cedería. Tampoco él.

—Mi señor, su cena —Maron avanzó por la habitación hasta el saiyajin real que se encontraba de pie frente al ventanal que daba al balcón cerca de donde se hallaba la cama. Ella sonrió inclinándose ante el hombre e hizo un ademán a las señoritas que la acompañaban que dejasen la bandeja de alimentos sobre la mesa de comedor privado que se encontraba dentro de la estancia del lado opuesto a la sala de estar.

—Sírveme una copa de vino —pidió dándose la vuelta para ver a la mujer que se encaminó enseguida al lado derecho de la recámara hasta llegar a la barra de donde tomó una copa. La hembra se tomó un segundo para observar la estantería hasta que sus ojos dieron con la botella que sabía que a él más le gustaba y la sirvió. Se sabía de memoria la rutina del rey. Muy pocas veces cambiaba sus prácticas y todo ese mes que había pasado a su lado no había sido en vano, había aprendido lo esencial para mantenerlo complacido.

—Majestad, ¿Sucede algo? —preguntó llegando hasta a él que ya se encontraba en el sofá de la sala y extendió la copa entregándosela al saiyajin —Usted está muy tenso —agregó ladeando el rostro con preocupación. La mujer vio cómo el le dio un vistazo apático y sorbió del vino un par de veces —Si usted me permite yo puedo ayudarle a aliviar algunos puntos de tensión que me enseñaron en el planeta Urón para que no esté tan lleno de vibras negativas.

—No necesito nada de eso —respondió el monarca dejando la copa en la mesa al lado del sillón.

—Así trabajaba con lady Okra, cada vez que ella se encontraba estresada yo aliviana su tensión —comentó sonriendo y sin pensarlo, dio un par de pasos hacia él agachándose un poco, mirando fijamente el cuello y los hombros del saiyajin —Permítame para que vea lo bien que se siente —estiró su mano para llevarla hacia uno de los músculos rígidos del rey. No llegó a tocarlo cuando él sujetó su mano con fuerza moderada atajando sus intenciones.

—¿¡Qué demonios crees que haces!? —bramó irritado observando los oceánicos ojos de la muchacha que miraban aún su tenso cuello. Vegeta no pudo eludir el movimiento de sus orbes y éstos llegaron hasta la piel de los hombros descubiertos de la sirvienta deteniéndose en ella tan solo por unos milisegundos. Tiempo que le bastó para poder detallar la tez lechosa de la femenina y a su mente vino la imagen de su deseada esposa.

—Majestad mire, éste es un punto donde tiene estrés acumulado —aseguró alzando su otra mano y ésta vez logró colocarla en el sitio mencionado. Apretó con delicadeza e inmediatamente el soberano soltó la mano de la mujer al sentir alivio en el músculo tenso, tal como ella lo había dicho. Él llevó su espalda hacia atrás cuando la otra mano de ella se situó del otro lado de su cuello y ésta rodeó el sofá al notar la aprobación del rey.

—No todo debe ser trabajo mi señor, de vez en cuando puede relajarse y olvidarse de todo —murmuró la hembra ampliando su sonrisa triunfante. Okra se lo había dicho, con perseverancia y dedicación podía lograr que el saiyajin real accediera a ella. No dudaba que entre mayor tiempo pasara a su lado y con la ventajosa situación de la segunda consorte alejada de él, en poco tiempo podría disfrutar del placer de estar en sus brazos tal y como lo había deseado desde el momento en que lo conoció.

Para Maron, los minutos en que sus manos se pasearon plácidas sobre los hombros y cuello del soberano fueron realmente portentosos. Llenos de una inexplicable tensión sexual que provocó espasmos en su bajo vientre. Imaginó a cada momento el deleite que sentiría cuando por fin ese cuerpo corpulento y totalmente esculpido estuviese sobre ella, poseyendo cada parte de su anatomía, tomando con bestial salvajismo todo lo que tenía para ofrecerle. Sin duda la mujer del gobernante debía ser realmente estúpida como para desperdiciar la oportunidad de estar con ese macho a cada momento. Así pasó los próximos minutos, anhelando poder tocar más allá pero reteniendo sus instintos para no echar por la borda todo lo que había logrado. La embajadora se lo había advertido. Si quería que su plan triunfara no podía apresurarse, las cosas con Vegeta no funcionaban de ese modo y ella no podría verse ofrecida si quería lograr su meta. Cuando terminó de masajear sus músculos, Maron fue directamente al bar en donde sirvió otra copa de vino y se la entregó al monarca —No se preocupe majestad, las cosas se van a arreglar. Sabe que para lo que necesite puede llamarme —manifestó refiriéndose a los problemas recientes por los que él atravesaba —Si me permite iré a preparar su baño.

—Adelante —pronunció él llevando su cabeza hacia el respaldo del sofá en donde se recostó observando el techo de su alcoba. La mujer salió de su rango de visión unos minutos y después se retiró de su alcoba dejándolo solo.

Vegeta se tomó un momento para sí mismo. Todo lo que estaba haciendo con Bulma era para darle una lección, no se podía actuar contra su voluntad y salir impune sin recibir una sanción. Era cierto que ella era su esposa, que no podía aplicarle la pena máxima aunque quisiera, pero si llegaba a fallarle nunca podría perdonarla. De tan solo imaginarla en manos de otro enloquecía de ira. Se puso de pie de golpe intentando aparta la imagen de ella en brazos de aquel bastardo élite, no podía siquiera con la idea así que fue hasta el baño.

Cuando entró encontró la pileta llena del líquido cristalino, olfateó en el aire el aroma de algún aceite esencial que seguramente la criada había colocado en el agua. Al parecer no se había equivocado con ella al aceptar que le sirviera, la femenina era eficiente y… esa similitud con su compañera aunque le era agradable a la vista, lo turbada, no de forma impropia, pero verla le recordaba en todo momento a Bulma y en lo mucho que deseaba poseerla.

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El deseo en sus ojos fue automático. Sus sentidos se perdieron al punto en que incluso los vellos de su cola se encresparon sintiendo que apenas podía mantenerse dentro de sus sentidos. Tenía en su manos a su mayor tesoro, uno que cuidaría inclusive con su vida con tal de tenerla de esa forma cada noche.

Cuando Zorn llegó hasta el borde de la cama, lentamente bajó a Bulma de sus brazos depositándola con suma delicadeza sobre ésta. La acomodó suavemente dejando que su cabeza reposara sobre la almohada y se alejó de ella observándola desde arriba. La humana de piel lechosa en ese momento era toda suya.

Apenas y podía creer que podía tenerla de esa forma solo para él, quizá no de la manera en que quería pero sí del modo en que podía, porque para que su satisfacción fuese completa ella necesitaba aceptar su cortejo, sus mimos, su dedicación, su fervor y todo lo que le podría ofrecerle si la exótica terrícola de cabellos turquesa correspondiera uno solo de sus sentimientos. Deseaba que ella pudiera quererlo con la misma intensidad que él la veneraba. Para el comandante la terrícola era como su altar, su fortuna, su fantasía, el monumento a la belleza que ninguna poseía. La científica ni siquiera parecía una persona, más bien se asemejaba a una muñeca viviente echa de la porcelana más fina que podía existir.

El soldado sonrió satisfecho de verla doblegada a su voluntad. Inhaló profundo llenando sus fosas nasales del delicioso aroma de la muchacha y bajó hasta ella llevando su nariz a su cabello en donde la hundió. Aspiró con fuerza inundándose de su exquisito perfume a fresia. Tan exuberante y profundo que logró atontar sus sentidos y nublar su juicio. Se alejó tan solo un poco de ella para poder ver su rostro, a escasos centímetros sus delicadas facciones eran surrealistas, nunca en su vida había visto tanta belleza en una mujer. Bulma era única.

Aproximó una de sus manos al cuerpo de la hembra y ansioso por sentirla. Se arrancó ambos guantes para llevar su palma a uno de los muslos de la muchacha. La acarició con lentitud moviéndola hacia arriba y en el mismo acto arrollando la bata que cubría sus piernas. Sus ojos se perdieron en la piel que estaba tocando, grabando en su mente cada centímetro de la anatomía femenina. Notó su suavidad, como si de una seda se tratase. Sonrió excitado cuando su mano llegó hasta la cadera de la peliazul y entonces decidió apartarse. Ansioso se despojó de la capa corta abrochada a la armadura y enseguida se liberó de su atuendo hasta quedar solamente vestido con su pantalón. Se quitó las botas y subió a la cama viendo cómo ella respiraba apacible profundamente dormida.

—Mi Bulma —susurró acomodándose a su lado y dejó su mano descansar en la cintura de ella —Lo único que he extrañado de éstos días lejos del palacio es a ti —añadió aproximándose a su oído, oliendo su esencia, sintiendo su calor.

Comenzó a darle besos en la mejilla descendiendo pausadamente, disfrutando de cada segundo al lado de la hembra que trastornaba su manera de ser. Jamás pensó que alguna vez podría perder el juicio de esa forma por una mujer, pero hacía mucho tiempo que su cordura y sensatez lo habían abandonado.

Cuando sus besos llegaron cerca de la comisura de los labios de la ojiturquesa, se detuvo un segundo para mirar por última vez esa boca que estando en público nunca podría probar. Bebió de ella adentrándose con su lengua a la húmeda cavidad, suspiró con pasión llenándose de su aliento y no pudo esperar más, se subió sobre la joven separando sus muslos y colocándose entre éstos sin abandonar su boca ni un instante. Sus manos buscaron el nudo de la bata en la diminuta cintura hasta que pudo desatarlo y abrió la tela tanteando con sus palmas su cadera.

La escuchó emitir un quejido y se detuvo para observarla, pero ella tan solo se removió sin despertar, así que decidió quitarle toda sus prendas hasta que quedó desnuda. Sus orbes obscuras brillaron lujuriosas y su boca se llenó de saliva automáticamente cuando fijó su mirada en los montes redondeados de la científica. Alzó su mano y la colocó en el seno izquierdo apretándolo ligeramente y entonces, escuchó un gemido de placer que inundó sus sentidos excitándolo aún más. Su miembro se tensó dentro de su pantalón. El guerrero descendió sobre ella e iba a probar el pezón rosa como ya lo había hecho en muchas ocasiones anteriores, pero la femenina balbuceó entre sueños.

—Ummm Vegeta —Zorn escuchó nítidamente la mención del monarca y entonces suspiró decepcionado. Vio su pecho subir y bajar a ritmo apaciguado, notó sus labios húmedos por sus besos y con sus dedos limpió el rastro de saliva de su boca. Escuchar el nombre del monarca de sus labios inmediatamente le apagó el fuego. Se recostó a su lado y llevó su mano al delicado cuello de la muchacha.

—¿Cómo podría matarte? —le preguntó sin dejar de verla y recordó la promesa que le había hecho al antiguo rey. Sería tan fácil eliminarla, tan sencillo terminar con su delirante fascinación, con su idilio unilateral y secreto; sentía que la odiaba pero al mismo tiempo la deseada. Cada vez que intentaba hacerlo su odio terminaba convertido en pasión. Sentía que cualquier día iba a explotar, a perder la cordura, a volverse loco… si no es que ya lo estaba.

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El último mes había estado en una especie de sueño, de ser un plan a una realidad era como si estuviese transitando por el propio paraíso en ese momento. Cansada, respirando agitada y completamente complacida se irguió para alcanzar la sábana más próxima para cubrir su cuerpo desnudo. Vio al rey ponerse de pie y caminar de un extremo a otro de la alcoba real para coger un vaso de la barra y servirse licor . Sus ojos apenas podían creer que un ser de esa naturaleza existiera, él era el tipo más atractivo, poderoso y de mayor casta con el que se había acostado a pesar de haber tenido uno y mil amantes en el burdel donde trabajó durante mucho tiempo hasta la aniquilación de todas las hembras terrícolas, pero ahora su dicha era inexplicable e iba en aumento a medida que transcurrían las semanas y el rey le pedía quedarse después de servirle la cena.

Estaba dispuesta a llegar a las últimas instancias con él, no solo por cumplir con el plan confabulado con Okra, sino también porque el tipo le gustaba en extremo. Además, ser su esclava sexual le traía muchas ventajas que fuera del palacio jamás tendría.

Una idea cruzó por su mente, apartó la sábana de su cuerpo y sin vergüenza alguna de mostrar su desnudez se aproximó hasta el rey. Levantó su mano colocándola en el hombro del saiyajin que estas de espaldas a ella.

—Si le parece apropiado puedo quedarme —comentó con una sonrisa al ver que el soberano se giró observándola de pies a cabeza.

La primera vez que hizo a esa mujer practicarle sexo oral había sido después de uno de los muchos rechazos de su esposa durante esos últimos meses. Quizá lo había hecho por rabia, despecho o venganza, talvez una mezcla de las tres y posteriormente le había ordenado a la criada quedarse en su cama para poder apartar de su mente el deseo que tenía por Bulma. No había funcionado, aunque Maron era lo más parecido que tenía a su disposición para aplacar su pasión por la científica, ésta había fallado. Ni siquiera ella que era tan similar a la madre de sus hijos no había logrado mermar ni un poco la necesidad por su compañera que le quemaba por dentro.

—No —respondió en un monosílabo sin ánimos de seguir cruzando palabras con la humana.

—Sé que puedo hacerlo sentir mejor que nadie, mi señor. Además, me han dicho que soy más hermosa que lady Bulma, sé que lo complazco más y que soy más apasionada que ella —ronroneó aproximándose a él en un intento de seducción. Clavó sus ojos en los labios del gobernante que nunca había probado, éstos estaban húmedos por el licor que acababa de tomar y a la vista de la chica resultaron sumamente apetecibles —Sé que le hago el amor mejor que su mujer —finalizó enroscando sus brazos en el cuello de él.

—¿Una criada comparándose con mi esposa? No seas ridícula, ni siquiera le llegas a los talones, y me refiero en todos los aspectos, porque follando eres mediocre —respondió Vegeta sujetándola por los brazos y empujándola con brusquedad lejos de su cuerpo.

—Pero…

—¡Ya vete! No quiero escuchar otro atrevimiento tuyo. Jamás vuelvas a comprarte con Bulma —la miró con rabia marcando aún más su entrecejo —¡Ahora lárgate! —bramó exasperado. Maron bajó el rostro dándose la vuelta para recoger su ropa y salir de la alcoba real convencida de que un día, sería ella a quien él defendiera con el mismo fervor que a la estúpida científica.

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Cada día que pasaba era como si se consumiera en la soledad ¿Hasta cuándo pararía? ¿Tendría que pedirle perdón al rey por algo de lo que no se sentía, ni era culpable? De hacerlo, estaría dándole la razón y eso la detenía cada vez que deseaba acceder a sus caprichos, porque eso era, un simple desvarío de la mente del saiyajin real que lo orillaban a actuar tan arbitrariamente contra ella.

Bulma estaba de pie en el balcón viendo hacia la ciudad élite, divagando una y otra vez entre sus pensamientos e intentando comprender la manera en que Vegeta había actuado al saber lo de Broly. Suspiró profundo observando el horizonte frente a sus ojos que se pintaba de colores rojizos debido a la caída de la tarde. Se sintió melancólica, nunca había estado alejada de sus hijos a excepción de Trunks cuando nació. La separación la estaba matando lentamente día con día. Sabía lo que hacían, como se sentían y hasta lo que comían porque tenía una aliada que la informaba por medio de recados escritos que le enviaba entre sus alimentos cada tarde. Violeta se había convertido en su incondicional y era la única ayuda que tenía cerca de ella pues la muchacha seguía trabajando en la cocina central. Se las había arreglado para acceder a la cocina en su ala sin ser descubierta. Vegeta le había retirado toda la servidumbre cercana que por años la habían atendido, el castillo había dejado de percibirse hacía meses como un hogar. Ahora era la prisionera del soberano y no su esposa.

Se sintió inquieta, cambió el peso de su cuerpo del pie derecho al izquierdo mientras esperaba que le fuese servida su cena. No tardó demasiado, una mujer de edad madura entró a la recámara de la científica junto a un par de muchachas que traían consigo la comida. Bulma no volteó a verlas, se quedó estática escuchando por varios minutos el sonar de los utensilios que chocaban mientras los platillos eran dispuestos en la mesa de comedor exterior que estaba en el área del balcón.

—Lady, todo está listo, debe comer —comentó la saiyana a cargo de su ahora servidumbre. El monarca le había cedido su personal con el cual se sentía fuera de sí.

Sin voltear a ver a la mujer, la terrícola caminó hasta la silla frente al comedor en donde desganadamente se sentó. Observó los alimentos. Avenas de diferentes sabores, frutas, pan con semillas, entre otras cosas que estaban ante sus orbes que detallaron con lentitud cada plato, al menos eran alimentos terrícolas, pero ninguno le abrió el apetito, lo único que quería en ese momento era ver a sus príncipes. Intentó ser fuerte, sus manos que estaban sobre sus piernas fueron apretadas con rabia por la impotencia de no poder hacer más que soportar el castigo al que su esposo la había sometido.

—¿Es que no puedo comer sola? —cuestionó conteniendo sus ganas de lanzarle los platos por la cabeza a esas mujeres que en vez de sirvientas hacían su trabajo como guardias de seguridad.

—Debemos permanecer siempre a su lado, esas son las órdenes —respondió la saiyana. Bulma alzó el rostro para verla a pocos metros de distancia, así no podría leer el recado que Violeta posiblemente le había enviado.

—Ve por jugo de naranja —demandó sin apartar su vista de la femenina que asintió y abrió la boca para ordenárselo a una de sus subalternas cuando la científica la interrumpió —Ve tú, lo quiero fresco y recién exprimido.

—Pero…

—¡No te atrevas a responderme! ¡Ve ahora! —gritó poniéndose de pie enfadada a lo que la mujer la reverenció para salir de la habitación y cumplir lo encomendado.

Rápidamente la humana tomó un platillo y con el tenedor rebuscó entre los cubos de frutas encontrando el pequeño trozo de papel. Volteó a ver a las dos mujeres que se habían quedado con ella y se movió disimulada tapando con su cuerpo el movimiento de sus dedos, con agilidad, sacó el diminuto pergamino escondiéndolo en su mano y se puso de pie para ir al baño.

Entró y cerró la puerta poniéndole seguro, apresurada desenrolló la nota y leyó lo que esta decía "Lady Bulma, el rey Vegeta tiene una nueva sirvienta, aún no la he visto pero dicen que comparte características físicas con su persona y es por ello que su majestad la mantiene a su lado. Me da vergüenza decírselo, pero usted me ordenó que no me callase nada. Me he enterado que su majestad y esa mujer terrícola se han estado acostando, no sé desde cuando o si aún lo hacen, pero la han visto salir a altas horas de la noche de la alcoba real en varias ocasiones, en verdad lo siento pero usted debía saberlo. En cuanto tenga más información se lo haré saber. Su fiel sirvienta"

Las manos de la peliazul temblaron mientras releía incrédula la nota una y otra vez. Apretó sus labios y arrugó el papel con fuerza sintiendo sus ojos arder debido a las lágrimas que amenazaron con salir.

—¡Maldita! —chilló sintiendo que los celos dominaron cada parte de su cuerpo en ese momento. Respirando agitada, se aproximó al retrete en donde desechó la nota dentro de la taza del baño dejándola ir con el agua.

Abrió el grifo humedeciendo su mejillas y se detuvo un momento para verse al espejo sobre el lavabo. Sus ojos turquesa se pasearon por el reflejo de su rostro, se notó lánguida, sin vida, apagada. Sus rasgos pesarosos solo eran el reflejo de cómo estaba por dentro. Apenas comía, sus noches en vela se habían vuelto constantes y eso no le estaba haciendo bien. Sabía que debía mantenerse rauda y pensar más con la mente que con el corazón. Se lo debía a sus hijos, a su padre, a ella misma.

Inhaló llenando sus pulmones de renovado oxígeno evitando llorar. Si seguía con esa actitud reacia no sobreviviría en ese palacio donde todos estaban esperando que fracasara para sacarla de ese lugar. Debía poner las cosas en orden, era la esposa del rey, su segunda consorte bajo las leyes pero la única que había conquistado su impenetrable corazón ¡Era la madre de sus hijos con un demonio! No podía simplemente darse por vencida y perder lo que tanto le había costado ganar en tantos años, mucho menos por una ramera cualquiera que intentaba suplantarla.

—¡Parsley! —gritó la muchacha saliendo del baño y la sirvienta de raza saiyana de edad juvenil se aproximó rápidamente a ella —Llama a Shitsuji, que venga rápido —exigió con un plan en mente.

—En seguida lady —respondió la mujer inclinándose para salir de la habitación. No pasó más de cinco minutos cuando el anciano entró a la habitación de la científica que estaba tomando su jugo de naranja recién exprimido que la encargada de la servidumbre acababa de servirle.

—Lady Bulma, ¿En qué puedo ayudarle?

—¿Conoces a esa tipa? —preguntó volteando a ver al mayor que alzó una ceja confundido —A la tal Maron ¿Has tratado con ella?

—¡Oh! —emitió el saiyajin comprendiendo por qué camino iba la urgencia por verlo de su señora —Maron es la encargada del rey Vegeta ahora, su palabra está después de la mía con respecto a su personal —aclaró mirando a la peliazul que emitió una sonrisa irónica.

—¿Tanto poder le ha dado el rey? —se echó a reír burlesca, jamás creyó que una mujer con aspecto físico similar al suyo intentase tomar su lugar y que el mismo Vegeta accediera a ello —Quiero que la traigas, inmediatamente —recalcó su última palabra cambiando su expresión a una seria. Dejó el vaso en la mesa de comedor exterior y se puso de pie para caminar hacia el hombre que no logró comprender del todo las intenciones de la joven —Trae a esa mujer ante mi ¡Ve! —chilló arrugando sus delgadas cejas viendo como el mayor enseguida la reverenció y salió para llevar a cabo su pedido.

Tiempo después Shitsuji ingresó nuevamente a los aposentos. Bulma se encontraba sentada en un amplio diván frente a la cama en donde generalmente le gustaba recostarse para descansar. En cuanto la pareja entró, los ojos de la peliazul fueron directos a la cabellera celeste de la muchacha. Sintió cómo los celos y la rabia la invadieron casi instantáneamente reprimiendo sus deseos de arrancarle hasta el alma a la esclava que se había atrevido a poner sus manos sobre su esposo.

—Lady Bulma, ella es Maron —expresó el mayordomo mirando a la criada que levantó la cabeza y vio de pies a cabeza a la segunda consorte verificando lo que todos decían, eran casi la misma persona en una versión distinta. Maron solo era una pobre esclava que había tenido tantos hombres en su cama que ni siquiera podría contarlos como cualquier ramera, mientras que la esposa del rey se veía demasiado refinada, delicada. Se sintió pequeña ante la mirada degradante con que la científica la observó, pero ella ya no solo era una simple criada, había pasado de eso a calentar la cama del mismísimo gobernante y eso la subía un peldaño más arriba. Se llenó de valentía con ese pensamiento y levantó el rostro alzada. No permitiría que nadie la viese de menos.

—Que salgan todos —ordenó la ojiturquesa mantenido su mirada en la descaradamente altiva de la sirvienta frente a ella. El anciano hizo una señal al personal de su señora para que salieran. Los segundos en que las muchachas se tardaron en abandonar la habitación fueron infinitos para la sirvienta del rey, notó a leguas que la esposa de éste no la había mandado a llamar para socializar —¿Es que no le han enseñado modales a ésta… señorita, Shitsuji? —interrogó Bulma una vez se quedaron solo los tres dentro de la alcoba —detalló de pies a cabeza a la tipa y se preguntó ¿Qué había visto Vegeta en esa mujer? ¿Era así como se sentía Nyu cuando el rey la prefería a ella? Ahora la entendía, no justificaba su actuar ya que ella había llegado antes a la vida de su majestad, pero la combinación del profundo resentimiento, rabia y celos que arremolinaban dentro de sí era superior a cualquier otra cosa. Quería matarla.

—Reverencia a lady Bulma, Maron —regañó el saiyajin al ver que la joven no agachó la mirada en absoluto frente a la dama noble. La mencionada se inclinó ligeramente, apenas y se notó que lo hizo manteniendo su mirada en la de la científica.

—¿Quién te ha dicho que puedes mirarme directamente? ¡Nadie puede verme a los ojos sin mi permisos y menos una asquerosa esclava! —gimió la terrícola poniéndose de pie y se aproximó a ambos hasta quedar a un metro de distancia —¡Baja tu mirada insolente!

—No soy solo una esclava, soy… —respondió Maron arrugando el entrecejo, desafiando con sus oceánicos ojos a la dueña de su antagónica imagen. Esa mujer que era todo lo contrario a su persona era solo un estorbo entre lo que comenzaba a darse con el monarca que ahora estaba en sus manos y ella.

—¡Cállate Maron! ¡Nunca debes responderle a la esposa del rey y menos de esa forma! —atajó las palabras el mayor intuyendo lo que esa femenina osada estaba a punto de decirle a su señora.

—¡Sobre tus rodillas, ahora! —exigió la peliazul y fue empujada por el hombro por Shitsuji. Maron cayó al piso, no se quejó, tan solo se quedó quieta esperando el segundo paso de lo que esa demente podía hacerle, siendo ella una sirvienta no podía hacer más que obedecerle.

—Bulma yo no he hecho nada —expresó mirando cómo la consorte se posicionó frente a ella a escasos centímetros.

—¡Lady Bulma! ¡Debes llamarme como es debido, odalisca atrevida! —gimió. Maron en ese momento alzó el rostro y una bofetada ladeó su rostro con fuerza —¡Quien te crees para faltarme el respeto y tener el valor de meterte en la cama de mi esposo! —Bulma la sujetó por el cabello llevando su cabeza hacia atrás, descargando en ese gesto todo lo que había guardado durante meses desde que se enteró de la cercanía de esa golfa hacia el rey.

—Yo… yo solo…

—¿Tú solo qué? —preguntó zarandeándola fuertemente observando la expresión desarmada en el rostro de la usurpadora. Maron se quedó inmóvil sintiendo su cabello ser jalado bruscamente, intentando decidir qué hacer para que esa mujer la dejase en paz y entendiera que no era la única a la que el soberano deseaba.

—Yo no puedo… oponerme a la voluntad de su majestad… —comenzó a decir sintiendo cómo sus ojos se llenaron de lágrimas. Bulma agachó su rostro hasta su posición mirándola con su entrecejo arrugado —… si él pide queme quede, yo así tengo que hacerlo.

—¡Maldita! —la empujó soltándola y otra bofetada golpeó la mejilla contraria de Maron que cayó al piso toscamente.

—Lady Bulma… —pronunció el mayordomo al observar a la criada impactar contra el piso.

—¡Cállate Shitsuji! —bramó alzando el tono imponente —Soy la esposa de su majestad, si quiero puedo enviar al calabozo a su amante ¿Quién podría interponerse? —sonrió maliciosa girando el rostro hacia Maron que se incorporó hasta quedar nuevamente hincada sobre el piso. La femenina llevó sus manos a sus mejillas adoloridas, sintió ganas de ponerse de pie y abalanzarse sobre esa mujer para desgarrarle le rostro con sus propias uñas hasta dejarla desfigurada. Si tan solo esa maldita científica no estuviera tan protegida por el personal impuesto por el gobernante, sería capaz de enviar a uno de sus muchos ex amantes a que la matasen y dieran de comer a las bestias en el bosque —¡Infórmale a nuestro querido rey que deseo a su esclava como mi sirvienta! —finalizó la ojiturquesa intentado calmar su rabia.

Shitsuji asintió inclinándose e hizo que Maron saliera de la habitación junto con él. Si el gobernante aceptaba cumplir el pedido de su esposa la criada tendría que acatar la decisión.

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Mientras la incertidumbre rondaba las vidas de Bulma y el rey Vegeta, para el príncipe Tarble y su pareja se avecinaba una tormenta igual de peligrosa.

Apricot acababa de dar a luz ese mismo día en el ala médica del palacio. El estado gestante en las hembras de la raza saiyajin tenían un período más corto, aproximadamente seis meses en los que el feto llegaba a término debido a su acelerado proceso de formación genético.

La noticia que la doctora le había dado meses atrás había sido motivo de alegría tanto para ella como para el príncipe Tarble. Había esperado todo ese tiempo ansiosa de poder darle otro hijo varón a su marido, pero todo había resultado en algo opuesto, acababa de parir a una niña y no bastando con eso, la cría había nacido con rasgos poco inusuales de su raza.

—¿Qué información me tienes? —preguntó al ver a su sirvienta más leal entrar a la habitación donde descansaba después del laborioso parto que había durado un par de horas.

—El príncipe Tarble viene hacia aquí, llegó hace unos minutos —habló la mujer agitada, había tenido que correr por los pasillos para llegar antes de que el esposo de su señora y poder advertirla de que ya estaba en el planeta.

—Se va a una expedición durante todo mi embarazo y regresa justo el día en que doy a luz, vaya suerte la mía —se quejó la saiyana suspirando con irritación.

—No debe de preocuparse mi princesa, su alteza confía en usted, no tiene porque sentir miedo de lo que él pueda pensar cuando vea a su hija.

—¡Ni siquiera lo menciones! —gimió alterada ¿¡Cómo había sido posible de que su hija naciera con el cabello de color añil!? Ni su familia, ni Tarble, ni muchos menos ellos compartían esa característica. No quería ni imaginar la reacción del príncipe cuando lo supiese —Está en juego todo mi futuro —susurró posando sus ojos en la bebé que estaba siendo atendida por la doctora a unos metros de distancia.

—¡Está aquí el príncipe Tarble! —el guardia en el pasillo anunció la llegada del saiyajin real que entró al lugar a paso rápido.

Había estado fuera de Vegitasei durante cinco meses, tiempo en el cual la expedición realizada había terminado tal como lo esperaba. Los impuestos de los ciudadanos de un área específica en el planeta Zoon, habían estado siendo aumentados, durante un par de años por el regente de esa estrella hasta que recientemente llegaron hasta ellos cartas acusatorias sobre la forma de administración del regente; como príncipe y copartícipe de la gobernación del rey Vegeta IV podía y tenía la obligación de velar por los intereses de los ciudadanos bajo el mando de su imperio, por lo que fue a investigar los delitos del tal líder encontrándolo fraudulento de acuerdo a las actividades registradas en esos últimos meses y que había podido comprobar por sí mismo.

—Apricot ¿Cómo estás? —preguntó aproximándose a la cama donde ella se encontraba.

—Mi príncipe —murmuró intentando erguirse pero él se sentó a su lado deteniéndola por el hombro.

—No te muevas —expresó expectante ante las noticias —¿Cómo está mi hijo? —desde que ella le había informado de su embarazo que había deseado que éste llegara a término. Su primer hijo lo había llenado de orgullo, era todo lo que podría esperar de su descendiente, mostraba inteligencia y audacia a pesar de su corta edad.

Apricot bajó la cabeza mirando con incomodidad a su criada ¿Cómo era posible que ella estuviese pasando por eso? No quería pensarlo siquiera, pero su hija no parecía descendiente de dos saiyajin puros. Sintió que su mundo se desmoronó a su alrededor.

—Alteza —habló la esclava al lado de la princesa —Su… —miró a la saiyana que asintió dándole a entender que era hora de decirle la verdad a Tarble —Su hija… ha nacido con buena salud —el hombre que escuchó claramente las palabras se puso de pie buscando con la mirada a la pequeña que sollozaba con vigor desde el cambiador donde estaba siendo examinada.

—¿Cómo dices? —desvió el rostro buscando el de Apricot y la miró bajar su cabeza mortificada por la situación.

—Lo siento alteza, di a luz a una niña —manifestó ella alzando la mirada para encontrarse con la sonrisa del príncipe.

—Eso no es importante Apricot —respondió él caminando hacia la doctora. Su sonrisa se esfumó cuando sus ojos negruzcos se posaron en la cabellera de la bebé.

—¿¡Qué demonios significa esto!? —cuestionó virando su rostro furioso hacia su mujer que lo miró afligida.

—¡No lo sé! ¡Ni siquiera yo puedo explicarlo! —gimió exaltada apartando la sábana que estaba sobre ella y se deslizó para quedar sentada a la orilla del colchón.

—¡Quién mierda es el padre de ésta bastarda! —gritó sintiendo cómo la ira nubló su juicio. Las ayudantes de enfermería y las criadas presentes que eran parte de la corte de la princesa salieron del lugar en ese momento ante el gesto de la sirvienta de mayor confianza de la princesa.

—¡Cómo puedes referirte de esa manera a tu hija! —bramó Apricot poniéndose de pie. Tarble observó una vez más a la niña que yacía en el cambiador junto a la doctora que guardó silencio ante el arrebato del saiyajin real.

—Esa mocosa no es mi hija —manifestó con sangre fría desviando su vista desde la pequeña hacia su esposa —¿No ves su color de cabello? ¡En mi familia no existe tal rasgo! —rugió reteniendo sus ganas de golpear a esa maldita mujer adúltera que lo había engañado quien sabía por cuento tiempo.

—¡Por supuesto que es tuya! —señaló la saiyana al hombre que la observaba con furor en su expresión —¡Yo jamás te he fallado Tarble, jamás!

—¿Y cómo mierda explicas el color del cabello de esa chiquilla? —detalló la añil melena en la cabecita de la bebé y su ira incrementó al recordar a la humana mujer de su hermano que poseía esa extraña característica y a… Nion.

—Tienes que creerme Tarble, yo no…

—¡Cállate! No pienso reconocer como mía a ese engendro —bramó colérico abandonando la habitación. No podía quedarse más tiempo en ese lugar o podría ordenar que eliminarán a la infiel de su mujer en ese precioso instante y junto con ella a la bastarda que acababa de parir.

Apricot apenas y pudo sostenerse en pie al escucharlo hablar así de su hija.

—Maldita sea —murmuró la saiyana sintiéndose mareada. Todo había pasado tan rápido que apenas podía procesarlo. Rice tuvo que apresurarse para poder tomar de la mano a la princesa y lentamente le ayudó a volver a recostarse

—Alteza por favor, cálmese —pidió la muchacha mirando la expresión perdida de la saiyana.

—¡Déjame sola! —gritó reaccionando a lo que acaba de suceder. No podía seguir ni un minuto más en esa habitación. Tarble ya había decido abandonarla, pero no podía darse por vencido tan fácilmente sin que él la escuchase por segunda vez.

Un par de ojos negros observaban lo que pasaba dentro del ala médica. Sus labios dibujaron una sonrisa y sin que nadie se percatara salió de su escondite cuando la princesa y su sirvienta abandonaron el lugar. Tenía que contarle inmediatamente lo sucedido a su ama. Minutos más tarde estaba entrando a la habitación de la primera consorte.

—¿Y? ¿Qué sucedió? —cuestionó Nyu. En cuanto se había enterado de que su ex compañera de escuadrón estaba dando a luz había enviado inmediatamente a Cilantria a investigar.

—Tal como usted lo predijo alteza, dio a luz a una niña —expresó la esclava con una sonrisa maliciosa idéntica a la que se formó en los labios de la princesa.

—Excelente —pronunció para sí misma echándose a reír. Que Apricot diera a luz a un varón en su primer parto había sido solo cuestión de suerte, si hubiese parido otro niño no habría nada que detuviera a la saiyana.

—Pero eso no es todo —comentó Cilantria ampliando su sonrisa —La chiquilla nació con un extraño color de cabello, idéntico al de lady Nion.

—¿Lady Nion? —expresó Nyu abriendo sus ojos sorprendida —¿Qué tiene que ver ella en todo esto?

—No lo sé, pero Tarble rechazó a la criatura —explicó y la primera consorte asintió pensativa, tenía que averiguar lo que realmente estaba sucediendo con esa niña. Bastante tenía con tener que lidiar con el nuevo amorío de su marido, que encima se trataba de otra estúpida humana de cabello azul, como para tener que lidiar ahora con otro hijo de Apricot si éste hubiese sido varón.

De la sirvienta humana se encargaría después. Mientras tanto dejaría que Bulma siguiera sufriendo para que sintiera lo mismo que ella. Pero eso sí, una vez se aburriese de aquello, haría pagar a esa tal Maron por haberse atrevido a meterse en la cama de Vegeta. Ella misma la iba a liquidar al mínimo descuido.

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Caía la noche de aquel día. La criada que se movía frente a él recogiendo los platos de su cena ni siquiera despertaba una pizca de su instinto sexual en él. En su momento ella llegó a servirle para desahogar su deseos más bajos a causa de los continuos rechazos de su segunda consorte. Ahora, Maron no le satisfacía. No era lo que quería, ni lo que buscaba. Necesitaba a su esposa; hacía mas de cinco meses que no la poseía y la privación de su cuerpo estaba volviéndolo loco. No había momento del día en que no pensara en ella; mientras comía, entrenaba o ejercía su trabajo como rey, lo atormentaba a cada segundo.

Bulma con su desobediencia lo orilló a aplicarle un castigo que para una humana que estaba fuertemente aferrada a sus hijos, más que cualquier mujer de su raza, resultaba insufrible. Él se llevó la peor parte de todo eso. Pretendió que con ese escarmiento su mujer recapacitaría, pero con su decisión cruel, ella había congelado sus encuentros durante todos esos meses. Era hora de hacerla cumplir con sus deberes de compañera, lo quisiera o no. Estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de tenerla esa noche y por ello había enviado a Shitsuji por ella. Si se negaba otra vez, sería la última que estaba dispuesto a dejarle pasar. Iría a su habitación y se la cogería sin piedad con o sin su consentimiento.

—Majestad… —el mayordomo entró a la alcoba real observando al rey que se encontraba sentado en el sofá de la estancia comiendo de una bandeja de frutas en la mesa auxiliar —…dentro de poco lady Bulma estará aquí. La están preparando —la cola de Vegeta se desenroscó de su cintura lentamente al escuchar lo que el saiyajin le informó. Su rostro no mostró cambios en su apariencia pero por dentro, sus sentidos se encendieron estimulados con la tan sola mención de su hembra.

Maron que estaba colocando un vaso de cristal en la bandeja, lo soltó temblorosa al enterarse de que esa noche quien ocuparía la cama que ella había estado calentando por los últimos meses sería la mujer del soberano. Sintió sus ojos arder cuando lágrimas de desazón llenaron sus ojos celestes ¿Cómo era posible que de un día para otro él ya no le pidiera quedarse? Hacía aproximadamente una semana que el monarca rechazaba su presencia cuando intentaba acercársele ¿Es que acaso había hecho algo mal? No estaba segura, pero tenía que intentar parar a la segunda consorte antes que llegase a ese lugar.

El viejo saiyajin oyó el estruendo del cristal rompiéndose y viró la vista hacia la criada del rey que enseguida se acuclilló para levantar los vidrios rotos.

—¡Maron! ¡Recoge eso ahora! —dijo enseguida el anciano recordando lo que la esposa del gobernante le había dicho esa mañana.

—Asegúrate de que llegue —manifestó Vegeta ignorando a la sirvienta y haciendo un ademán al hombre para que saliera.

—Hay algo de lo que debo hablarle. Vi a lady Bulma ésta mañana… —comenzó a decir el mayordomo detallando el asentimiento en aprobación del monarca para que prosiguiese —Ella desea que Maron sea su esclava —informó. El rey sonrió ante las palabras del hombre, no necesitaba pensar demasiado para captar lo que Bulma realmente deseaba. Su humana estaba intentando alejar a su amante de su lado.

La mencionada alzó el rostro observando el semblante divertido del soberano ¿Él accedería a los caprichos de esa mujer? Si lo hacía estaría totalmente perdida en manos de aquella desquiciada ¡Ella podría matarla!

—Lo decidiré después, ahora retírate —ordenó viendo al hombre inclinarse para luego salir de la habitación.

—¿Hay algo más que desee, majestad? —interrogó Maron sosteniendo la bandeja en sus manos.

—No —ella asintió al escucharlo, lo reverenció y se giró, estaba por llegar a la salida cuando la puerta se abrió revelando a la persona del otro lado.

Ambas ojiturquesa se miraron. La criada desvío la mirada al darse cuenta quien acababa de llegar e inmediatamente se inclinó ante la segunda consorte. Bulma dio un paso dentro de la recámara ignorando por completo a la esclava, en ese momento sus emociones fueron presas de una furia desmedida al imaginar las noches que esa infeliz había calentado la cama que solo ella debía ocupar. Ya tendría tiempo de hacerle pagar con creces cada uno de esos encuentros que había osado tener con el soberano. Maron lamentaría el instante en que se había atrevido a pisar la alcoba de su esposo. Doblegaría la altivez de esa mediocre odalisca y la haría besar sus pies antes de confinar su vida a una mazmorra en donde no podría volver a ver la luz del día.

Tanto Shitsuji como Maron abandonaron la habitación y las puertas se cerraron tras la científica que se quedó quieta observando al saiyajin real que hacía meses no veía. En otro momento hubiese corrido sin duda a sus brazos, para llenarse de su calidez, de su olor masculino que tanto amaba y de sus besos que enardecían sus sentidos. Ahora solo pudo sentir resentimiento y enojo hacia él. Habría podido perdonarle con el tiempo el castigo al que la había sometido, pero Vegeta había sobrepasado todos sus linderos cuando decidió traicionarla con su infidelidad.

El rey detalló el cuerpo de su esposa, ella lo observaba con expresión inmutable. Él le sonrió. Después de tanto tiempo negándose a sus deseos ahora estaba ahí, presente para que finalmente pudiera tomar lo que por derecho le pertenecía; bastante había hecho con no obligarla a cumplir su rol de compañera. Internamente se dio un par de palmadas en el hombro, si Bulma hubiese tratado el mismo asunto años atrás cuando aún era príncipe, el problema lo hubiera resuelto quebrantando su voluntad como solo él sabía hacerlo en aquel entonces. Había aprendido a contenerse.

—Majestad —saludó ella protocolarmente descendiendo la vista hacia el piso.

—Ven —dijo él extendiendo su mano hacia ella que alzó el rostro mirándolo. Bulma caminó desdeñosa hasta el saiyajin y se detuvo a un metro de él. El rey se dio cuenta enseguida de su actitud arisca —¿Qué sucede contigo? Parece que fuese la primera vez que voy a cogerte —expresó sirviéndose otro vaso de vino de la barra. Ella desvío el rostro molesta; no estaba ahí para entregarle su cuerpo, había accedido a verlo para hablar con él y pedirle que terminara de una vez con ese absurdo castigo. Extrañaba tanto a sus hijos que estaba dispuesta a rogarle por dejar que los viese.

—No estoy aquí para eso —manifestó ella volviendo sus ojos turquesa a los negros que se estrecharon encolerizados al escucharla —Quiero que acabes con tu inadmisible sanción, esto se te ha salido de las manos.

—¿¡Qué!? —bramó el monarca arrugando el entrecejo. Dejó el vaso sobre la mesa para acortar la distancia que entre ellos había —Mis decisiones siempre son acorde a los hechos. Te merecías el castigo por desobedecer mis órdenes —susurró con la voz automáticamente enronquecida, ni siquiera se dio cuenta en qué momento su miembro había despertado hasta ese instante. La miró de arriba abajo, ella estaba igual o mas hermosa que siempre. Había vuelto a cortarse el cabello a la altura de los hombros, lacio y con su flequillo de lado. Había perdido algo de peso y su piel lucia más blanca de lo que recordaba. Pero aún así seguía siendo extremadamente bella.

—No cuando estás afectando a tus hijos, ellos me necesitan ¡Soy su madre! —chilló alterada perdiendo la paciencia que había estado guardando —Tú puedes castigarme de la manera que quieras, pero no sigas alejándome de ellos y excluyéndome de sus vidas.

—Teníamos un trato Bulma ¿¡Y qué hiciste con él!? —gritó enfurecido sujetándola con su cola por la muñeca en un rápido movimiento y la jaló hacia él sin delicadeza. La peliazul chocó contra su pecho y ella solo pudo colocar su mano libre en su tórax para alejarlo —¡No te importó ir tras el bastardo de Broly y traicionarme!

—¿¡Traición!? ¡Yo jamás he si quiera pensado en hacerlo! —expresó mordiendo su labio inferior al sentir que el miembro peludo la apretó con más fuerza. Vegeta aflojó el agarre al darse cuenta que estaba lastimándola y su cola fue sustituida por su mano —No soy como tú —soltó en un tono bajo sintiendo la ira desatarse en su interior. Lo miró a los ojos sin temor alguno, el fuego en los orbes negros del soberano era inmensurable e intentó deshacerse de su aferre —¡Te aprovechaste de la situación para engañarme con esa maldita esclava! —gritó y fue tomada por los hombros bruscamente.

—¡Y qué demonios querías que hiciera cuando te has negado a cumplir con tu deber! —aseveró atrayéndola a su cuerpo, esa noche la tendría quisiera ella o no.

—¡Suéltame! ¡Nunca volveré a acostarme contigo, y menos en la misma cama donde te revolcaste con esa puta! —la humana empujó por el pecho al saiyajin que la liberó y sin esperar más, se giró saliendo de la habitación a paso apresurado.

Las sirvientas que estaban esperándola afuera de la habitación, al igual que Maron, miraron a la científica caminando con rapidez lejos de la cámara privada del rey. Las muchachas inmediatamente siguieron a su señora que se notaba claramente alterada. Una sonrisa pretendió dibujarse en el rostro de la sirvienta de cabellos celestes cuando el monarca abrió la puerta, y sin voltear a verla siguió el camino que había tomando la segunda consorte.

—¡Majestad! —Maron no pudo quedarse sin hacer nada al ver que el rey iba tras la maldita científica malagradecida. Si tan solo Vegeta la tratase de la misma manera que a esa humana, él no tendría queja alguna de ella. El gobernante había hecho de esa mujer ¡Su esposa! Privilegio que solo una hembra de raza saiyajin podía tener. Okra le había contado que el monarca había roto las reglas por ella, que había desafiado inclusive a su padre cuando éste vivía y aún así, esa petulante terrícola pedía más de lo que merecía. En un intento por detenerlo, la criada sujetó por el brazo al soberano, él detuvo sus pasos al sentir el toque y se giró para verla con irritación —Por favor majestad, no vaya tras esa mujer. Ella no quiere nada con usted, en cambio yo estoy aquí a su disposición. Quédese conmigo —rogó desesperada.

—¡Suéltame! —gritó jalando su brazo con brusquedad —Cómo te atreves a tocarme sin mi consentimiento ¡Que sea la última vez que osas hacer algo así! —finalizó mirando de mala manera a la sirvienta que agachó la mirada. El rey se dio la vuelta para seguir su camino dejándola sola.

Bulma caminó por los pasillos y llegó a su habitación con la respiración agitada. ¿Cómo pretendía él que ella accediera a sus peticiones si él se había comportado como un energúmeno por casi medio año? Definitivamente no iba a ceder ante sus impulsos, porque aunque no lo quisiera aceptar, deseaba a ese imbécil con irremediable locura. Durante varios minutos trató de calmarse, pero la furia la dominaba, tan solo pensar en que debido a su rechazo, esa noche él volviera a buscar a la zorra trepadora de Marón, era algo que la alteraba hasta las fibras más hondas de su alma.

—¡Salgan! ¡Quiero estar sola! —exigió la peliazul al notar a sus sirvientas.

—Pero lady la princesa… —la esclava que cuidaba de Bra al otro lado de la habitación salió al escuchar los gritos de su señora. Por suerte la pequeña ya estaba dormida y no escucharía el alboroto de su madre.

—¡YO ME HARÉ CARGO DE MI HIJA! ¡FUERA TODAS! —bramó dejando a las jóvenes en la estancia y se adentró en la recámara hasta llegar cerca de la cama.

Con brusquedad comenzó a arrancarse las joyas con que se había vestido para acudir al llamado del ingrato de su marido. Tiró el collar y la tiara que llevaba en su cabeza sobre la cama. ¡Cómo era posible que Vegeta pensara que ella podría volver a acostarse con él en el mismo lecho en el que estuvo con esa estúpida ramera! La indignación se acumuló dentro de pecho haciéndole sentir una intolerable opresión. Para lo único que podría acceder a verlo era para tratar asuntos sobre sus hijos. Él se había encargado de destruir lo que habían germinado durante esos años. Ahora necesitaba dormir, tenía que pensar con cabeza fría cómo podía lograr que sus niños volviesen a visitarla como antes. Ni siquiera necesitaba salir de su recámara, le bastaba y sobraba con que sus cachorros fuesen diariamente a sus aposentos.

Minutos después, el rey llegó a la habitación de su esposa. Silenció a los guardias en la puerta para que no lo anunciasen e hizo un ademán a las criadas para que los dejaran solos. Cuando llegó hasta la recámara principal del dormitorio, sus ojos negros fueron testigos de la belleza que irradiaba el cuerpo de su mujer. Miró como ella llevó sus manos hacia atrás y tanteó buscando los cordones que apretaban su corsé. Cuando los desató, la piel de la espalda femenina se dejó ver y el deseo que el monarca llevaba guardado en su interior no tardó en salir a flote. La había seguido hasta su destino con la intención de terminar la discusión que habían iniciado, pero ver cómo la terrícola estaba comenzando a dejar expuesta su menuda figura lo hizo aproximarse a ella y sin vacilar colocó ambas manos en su cintura bajo el corsé.

—¿¡Quién se atreve a… !? —ella se giró asustada deteniendo sus palabras en el aire cuando se dio cuenta que él estaba en su dormitorio —¿¡Qué crees que haces!? ¡Vete! —chilló colérica colocando sus manos en la parte delantera de su corsé cubriendo sus senos.

El rey se acercó a ella con lentitud. Bulma quiso retroceder, pero se topó con el borde de la cama tras su cadera y se quedó quieta observando los movimientos del saiyajin. Con una de sus manos, Vegeta apartó el cabello que cubría el lado izquierdo del cuello femenino; lo escudriñó unos segundos, se notaba tan terso que no pudo contenerse y hundió la nariz en la blanquecina piel. Aspiró con suavidad el aroma que por muchos años lo había vuelto loco, pero en ese momento se alejó al notar algo fuera de lo común.

—Tú… —ascendió su mirada hasta los ojos de su humana. Arrugó el ceño cuando se dio cuenta de a quien pertenecía ese olor —¿¡Por qué mierda hueles a Zorn!? —cuestionó y los segundos se paralizaron para la científica procesando lo que él acaba de decirle.

—¿De qué estás hablando? —preguntó confundida ladeando el rostro. Inhaló con dirección a su hombro y cuello sin notar nada fuera del perfume que usaba siempre y las esencias aromáticas con que se bañaba —No hay nada distinto.

—¡No trates de engañarme! —rugió. Sin poder contener su rabia la sujetó con una de sus manos por el rostro apretándolo con fuerza contenida. La miró a los ojos perdiéndose en sus orbes turquesa por unos segundos ¿Sería posible que ella haya podido traicionarla de esa forma? ¿Bajo su propio techo? ¿En la cama donde él la había tomado tantas veces? No quería creerlo, pero sus instintos no podían engañarlo.

—¡Oye qué te sucede! —se quejó intentando empujarlo pero su mano fue atajada por la de él al ser sujetada en el aire y sin deshacer la posición, Vegeta la empujó hasta la pared que estaba próxima. Pegó su cuerpo al de ella, la sensación de suavidad de los senos blandos de su esposa lo distrajeron tan solo por una milésima de segundo. La deseaba, pero su hambre por ella ahora resultaba minúscula al lado de la duda que estaba martillando su cerebro.

—Explícame cómo diablos es que hueles a él —dijo entre dientes apretando con fuerza su mandíbula. Bulma intentó desviar la mirada pero él no se lo permitió, movió sus dedos sosteniéndole el mentón para que lo viese fijamente. La científica lo miró fijamente. No tenía nada que esconder, ¿Pero cómo convencer al rey de que entre ella y Zorn no había absolutamente nada? Tener amigos no significaba que debía estar sucediendo algo más que eso, pero parecía que en el lenguaje de su compañero la palabra "amistad" significaba ser amantes.

—¡No lo sé! —dijo buscando una explicación convincente —Zorn es el único con el que puedo hablar. Es el único que me visita aparte de Shitsuji que está a mi servicio.

—¡Qué! —los ojos del saiyajin real la miraron incrédulo. Cómo demonios estaba sucediendo algo así en su palacio sin que él se diera cuenta —¡Cómo es posible que lo dejes entrar a tu habitación sin que yo lo sepa, Bulma! —inquirió deseando en ese momento tener el valor de estrujarla con sus propias manos y acabar con su martirio en forma de mujer.

—Pero él es tu hombre de confianza —se defendió ella notando los dedos de la mano del monarca hundirse en su mentón —Además, solo viene para hablarme de mis hijos ¡Jamás me ha puesto una mano encima! —esclareció mordiendo su labio inferior cuando la presión en su piel comenzó a doler.

—¡No es una explicación razonable mujer! Dime la verdad! ¡QUE RAYOS HAS ESTADO HACIENDO CON ÉL! —alzó la voz en un estruendo tan alto, que resonó por toda la recámara. Negó con su cabeza sin dejar de observarla, la ira que en ese momento nublaba su juicio no lo estaba dejando pensar claramente. No podía soportar el hecho de imaginar que ella se había negado a sus caricias todos esos meses mientras accedía a las peticiones de otros ¡Podría matarla si así fuera!

—¡No te basta con acusarme que me acuesto con Broly! ¿Ahora también es con Zorn? —gimió ella luchando por liberarse, con su mano libre lo empujó por el hombro sin lograr moverlo ni un poco. No desistió.

—De ahora en adelante… —expresó el rey sujetando con una de sus manos ambas muñecas de la hembra estampándolas por arriba de su cabeza —¡Nadie podrá entrar a éste lugar a excepción de Shitsuji! —acercó su rostro desafiante al de la terrícola —¡Tienes prohibido ser visitada por cualquier otro hombre!

—¡Basta Vegeta! No cambies el tema —chilló ella sin apartar su mirada de él — ¡Vete que no quiero estar contigo! —Bulma quiso apartarse de su toque girando su cabeza para no verlo más ¡Cómo se atrevía a insinuar que ella se acostaba con otros mientras era él quien traicionaba! Era el colmo del cinismo. Pero Vegeta no iba a perder. La sujetó por los hombros liberado sus manos y sin previo aviso la giró bruscamente empujándola hacia la cama que estaba al lado de ellos. Como su rey y como su macho no estaba dispuesto a dejar que esa mujer le faltase el respeto, haría lo que fuese para mantenerla alejada de la mirada de cualquier hombre. Él era el único que podía disfrutar de la visión hechizante de su consorte.

—¡Oye qué creer que haces! —gritó la humana incorporándose rápidamente hasta quedar hincada sobre el colchón, sosteniendo su corsé que estaba por caerse pues lo había aflojando poco antes de que él irrumpiera en su habitación. Sintió un nudo en su estómago cuando alzó su mirada y lo observó quitándose los guantes de sus manos.

—Más te vale que no llegue a confirmar que has sido de otros, porque ese día… —se deshizo de la parte superior de su traje —No vivirás para contarlo —terminó subiéndose a la cama y volvió empujarla por los hombros. Ésta vez no le permitió que se moviera, se posicionó sobre ella abriéndole las piernas con una de sus manos y con rudeza subió el vestido que en ese momento se convirtió en un estorbo.

—¡Cómo te atreves, cínico! —expresó ella golpeando con sus manos el pecho fornido del saiyajin —¡No puedes acusarme de algo que no he hecho y mucho menos tratarme así! ¡SOY LA MADRE DE TUS HIJOS, NO TU ESCLAVA! —bramó alterada peleando con todas sus fuerzas. Sus muñecas fueron apresadas con fuerte agarre haciendo que detuviera su vana lucha.

—Es por eso que sigues viva —susurró el rey con voz ronca aproximando su rostro hacia el de ella —Sino creyese ni un poco en ti, ya estarías calcinada —sus labios que estaban a pocos centímetros de los de ella ansiaron el contacto. Había deseado ese momento desde hace tanto tiempo que su miembro despertó con tan solo percibir el calor del centro femenino contra su virilidad.

—Claro, me matas y así te quedas con esa tal Maron. Una zorra sumisa que piensa que se ve como yo pero que no es ni mi sombra – reprochó sintiéndose dominada por los celos —Ella accedería fácilmente a todos tus caprichos porque es una prostituta ofrecida e inútil que solo sirve para abrir las piernas. Con ella si podrías ser feliz y manejarla a tu antojo. ¿En verdad creíste que esa basura podría reemplazarme? —preguntó con una sonrisa sarcástica que a todas luces denotaba despecho.

Vegeta mordió sus labios con el deseo desbordándose por su existencia. Sabía que Bulma estaba herida y destilaba rabia. Cualquier otro gobernante la pondría en su lugar, pero él no podría hacerlo de manera cruel. Esa su rebeldía, la forma en que lo retaba, y como nunca le había temido... Eso precisamente era lo que más le gustaba de ella. Era una hembra indomable difícil de amansar aunque sea un poco, una mujer a la que no solo amaba y deseaba, sino también admiraba. Era la única capaz de hacer con él lo que quisiese, pero no podía dejar que ella lo supiera o estaría acabado. No había quien, ni en un millón de años, ni en toda la galaxia, podría reemplazarla porque Bulma era su todo. Sencillamente estaba perdido.

—Nadie se te compara —le dijo en un susurro que hizo crespar los vellos en la piel de la humana —No puedo vivir sin ti, Bulma —la muchacha abrió sus ojos sorprendida por la revelación del soberano. No supo que decir en ese momento. Se vieron fijamente por unos segundos, extraviados en la mirada del otro.

—¿Entonces por qué me has tratado así? —soltó dejando salir el aire que inconscientemente ella había retenido en sus pulmones. Él no supo a ciencia cierta cómo responderle sin parecer estúpidamente dependiente de su amor. Hacía muchos años que el afecto que había desarrollado por ella no le causaba vergüenza, pero de eso a aceptar en voz alta que la amaba con demencia mezquina era más difícil pensarlo que decirlo.

—Porque... —acortó los pocos centímetros que separaban sus labios, apenas rozó la boca de la muchacha conteniendo sus impulsos —Solo te quiero para mí en todas las formas posibles y eso me asusta. Tengo miedo de mí mismo; mi amor por ti me sobrepasa. Y eso... no se como manejarlo —confesó. El tiempo se detuvo para Bulma, su cuerpo y mente se adormecieron con las palabras de su esposo. Él nunca le había hablado de amor. Sabía que la quería, pero jamás había escuchado declararle tan trasparentemente sus sentimientos. Se sintió dichosa.

—Vegeta... —murmuró presa de la felicidad que suplantó cualquier momento desagradable por el que había pasado todos esos meses.

—No digas nada. Solo bésame —pidió él uniendo su boca a la de su mujer.

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Era cerca de la media noche. Ambos respiraban agitados aún sintiendo los estragos de su reciente orgasmo. Se vieron una vez más a los ojos y volvieron a unir sus bocas como tantas veces lo habían hecho esa noche. La lengua de él acariciaba la de la humana que recibió sus caricias con la misma intensidad. Las delicadas manos de la peliazul se paseaban por la espalda ancha del saiyajin mientras que las palmas de él masajeaban los muslos sedosos de la joven.

Vegeta comenzó a moverse nuevamente, estaba sobre ella hundiendo aún más con cada estocada su masculinidad en el sexo femenino. Nunca podría saciarse de ella. Era de lo único que jamás tendría demasiado. Su cuerpo era preso de sus hermosos atributos y él estaba más que dispuesto a complacerse las veces que fuesen necesarias de los encantos de su esposa.

No tardó demasiado cuando volvió a llenar el interior de la hembra con su semilla. La ojiturquesa enterró su rostro en el cuello de él aferrándose con necesidad a su cuerpo ardiente. La confesión de amor que el le había declarado esa noche aún retumbaban en su mente trasportándola a una venturosa alegría. El hombre que por la mañana había estado maldiciendo ahora le estaba la felicidad como nunca la había experimentado. Él había logrado derrumbar el muro que interpuso entre ellos durante todos esos meses. Solo bastaron sus palabras y sus toques para que su fuerza de voluntad se viese desmoronada.

—¿Estás bien? —el ronroneo de la voz del monarca sacó a la peliazul de sus pensamientos. Ella giró el rostro para verlo a los ojos y asintió como respuesta. Una sonrisa ladina se dibujó en los labios del hombre. No había nada en ese universo que lo hiciera sentir como ella lo hacía. Pleno y lleno de satisfacción.

—Necesitamos hablar —expresó la humana una vez se recompusieron. Vegeta salió lentamente del interior de la joven para acomodarse a su lado. Fijó sus ojos obscuros en el rostro de ella, no miró su molestia pero percibió su incomodidad intuyendo la razón de su estado.

—Déjame ver a mi hijos —comenzó a decir la científica alcanzando la sábana a su lado para cubrí su desnudez y se giró hacia él para quedar frente a frente —No creo poder soportar estar más tiempo alejada de ellos. Además, me he enterado de lo que hicieron en la ciudad, necesito hablar con ellos.

—Está bien, a partir de mañana podrás andar como antes en el castillo y por lo tanto, puedes ver a los príncipes cuando quieras —respondió él extendiendo su brazo para acariciar el rostro de la hembra que tanto amaba. Bulma arrugó sus delgadas cejas al recordar el otro hecho que la descomponía. Recordar a la esclava que había hecho desdichados sus días esos últimos meses la ponía instantáneamente molesta.

—Quiero que Maron sea mi sirvienta, total, para eso fue que la trepadora de Okra la trajo al castillo —lo miró decidida a no dejar que ese amargo episodio siguiera afectando su relación —Y también quiero que te deshagas de la cama donde dormiste con esa infeliz.

—Bien, ya no pienses más en eso —respondió soltando un bufido recordando el error que había cometido al dejar que esa esclava se metiera más de lo debido a su vida.

—No quiero esa mujer cerca de ti nuevamente —manifestó acortando la distancia que había entre ellos y lo abrazó por la cintura dejando descansar su cabeza en el pecho del rey —No te lo perdonaría.

—Es pasado Bulma, no sucederá otra vez —prometió acariciando la espalda de su esposa. Mientras ella estuviese a su lado, no necesitaba de nada, ni de nadie.

El llanto suave de la princesa despertándose se hizo escuchar al otro lado de la recámara. Una pared con forma de arco con una cortina de seda al medio separaba la habitación de la bebé de la alcoba principal. Bulma bostezó cansada, desde ayer que no dormía y el reloj en la mesita de noche marcaban la una de la madrugada. Se separó del rey abandonando el cuerpo tibio que le proveía calidez en medio del frío clima y se puso de pie para caminar hacia el baño apresurada. Dentro se aseó rápidamente, se vistió con una bata carmesí y fue hacia los aposentos de su pequeña para tomarla en brazos.

—Ya, ya cariño —le habló mimosa sonriéndole a la criatura que la veía con sus ojitos turquesa llorosos. La peliazul abrió el cuello de su vestimenta para darle de comer a su hija que hambrienta tomó del seno lleno de su madre. Bulma caminó arrullando a la princesa y llegó hasta su cama en donde se sentó —Calma, tu padre también está aquí —susurró palpando con una de sus manos la cabecita de la niña.

Vegeta observó la escena sin perderse detalle alguno, su esposa miraba a su hija con tal dedicación que le pareció irreal y entonces lo comprendió. ¿Cómo había podido ser capaz de privarla de ver a sus cachorros? ¿Había sido su castigo tan injusto como ella tantas veces se lo dijo? No lo sabía exactamente, pero de lo que si estaba seguro es que no volvería a causarle tal tristeza. Viviría para hacerla feliz como se lo merecía.

—Llama a la nodriza para que la cuide. Esta noche tú eres solo mía —expresó el rey con una sonrisa ladina.

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A la mañana siguiente el rey y su consorte comían del desayuno recién servido en la mesa de comedor exterior en el balcón. Era alrededor de las diez de la mañana, la muchacha había dormido varias horas, él apenas una. Había vigilado el sueño de su hembra cada minuto, la veía y se preguntaba si ella había nacido siendo predestinada para pertenecerle, porque cada sonrisa, cada gesto de la humana, cada gemido que arrancaba de su garganta mientras la hacía suya eran perfectos. Ella era magnífica de pies a cabeza. Impecable.

—¿Kami qué le pusieron a la fruta? Sabe realmente deliciosa —chilló la científica emocionada mientras llevaba a su boca trozos de durazno dulce.

—Estas feliz, por eso todo te sabe mejor —respondió el rey haciéndola sonrojar . Bulma se puso de pie tomando una fresa y se acercó a él que hizo su silla hacia atrás al ver la intención de su mujer. Ella se sentó en sus piernas y juguetona llevó la frutilla a la boca de él.

—¿Quién será el único hombre que me hace sentir así? —preguntó mirando los labios del saiyajin abrirse para dar una mordida a la fruta. La científica apartó la fresa antes de que él pudiera comerla y la mordió dejando la otra mitad en la mesa, la masticó y luego se abrazó al cuello del hombre para besarlo con toda la pasión que le hacía sentir. Su cintura fue sujetada por las manos del rey que la acercó a él sin dejar ni un momento su boca. Beso tras beso, la alzó levándola para dejar que las piernas de ella se abrieran y lo montaran.

—Vegeta —murmuró ella cerrando sus ojos y echando su cuello hacia atrás cuando los labios de él depositaron besos en su piel.

—¿Quieres que todos vean cuando te follo? Desde aquí y en el día, todos podrán mirar lo que hacemos —dijo deteniendo sus movimientos para verla. Ella tenía los labios entre abiertos y gemía suavemente por sus caricias.

Bulma estaba por pedirle que la tomase en ese lugar cuando la puerta fue tocada, rápidamente la peliazul deshizo su pose para quedar nuevamente sentada en el regado del monarca, justo a tiempo cuando el guardia entró con la cabeza agachada para avisar que Zorn estaba afuera.

—Majestad, el consejero real desea verlo.

—Ahora no, dile que por la tarde nos reuniremos —respondió mirando a su esposa coger nuevamente la fresa para terminar de comerla.

—Dice que es importante —informó.

—Si es tan importante podemos dejar ésto para más tarde mi rey —susurró la humana en el oído del soberano.

—Que espere, saldré en un momento —ordenó. Minutos después abandonó los aposentos de su esposa. En cuanto salió y vio a Zorn frente a la puerta, su cuerpo se tensó en automático.

—Majestad —pronunció el guerrero inclinándose —Debo hablarle.

—¿Qué sucede? —cuestionó el mandatario imaginando a ese imbécil tocando a la madre de sus hijos. Apenas pudo mantener su postura inmutable ante la traición de su mente al pensar en ello.

—Broly, se ha enterado que tenemos a su hija y su mujer. Solicita verlo —explicó rápidamente siguiendo los pasos del monarca cuando éste comenzó a caminar.

—Bien —dijo dejando un momento ese tema de lado y giró su rostro hacia el comandante —Le he levantado el castigo a lady Bulma. Así que escúchame bien porque sólo lo diré una vez —comenzó a decir con voz fría —Nunca te di el permiso para que entraras al cuarto de mi mujer bajo ninguna circunstancia. Agradece que aprecio el hecho de que siempre has demostrado lealtad al reino y que fuiste fiel a mi padre, porque si hubiese sido cualquier otro, no correrías con la misma suerte.

—No entiendo a que se refiere, majestad.

—No te pido que lo entiendas. Pero debes saber que a partir de hoy, ningún macho puede entrar en la habitación de mi esposa. Lo prohíbo —le dijo mirándolo fijamente a los ojos —El único que puede accesar es Shitsuji, y eso solamente si yo lo envío ¿Quedó claro?

—Por supuesto —pronunció el saiyajin intuyendo que algo estaba pasando. Ahora no podría siquiera visitar a la humana y aunque por dentro le hirvió la sangre con la decisión, agradeció no perder la cabeza si el gobernante descubría lo que había estado haciéndole a la terrícola todos esos meses.

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Aproximadamente cinco meses antes, se había marchado junto al príncipe Tarble hacia Zoon, planeta que estaba anexado a la lista de astros pertenecientes a Vegitasei y que por ende, estaban bajo el mandato del rey Vegeta IV. En dicha estrella, habían estado sucediendo problemas internos que debían resolver antes que se salieran de control y comenzaran las revueltas de parte de los descontentos debido a la corrupción e injusticia con la que el regente encargado estaba llevando el poder.

No había tenido tiempo en cuanto le informaron que partiría ese mismo día y debido a ello, tuvo que enviar a uno de sus sirvientes para que le avisaran de su viaje a su mujer. Nunca imaginó lo que estaba sucediendo hasta su regreso ayer por la tarde. Al ir a su casa y encontrarla vacía su peor temor se había confirmado. Su niña, su mayor tesoro, no estaba. Tuvo que salir inmediatamente a investigar cuándo, y lo más importante, a dónde se habían ido. Su primera impresión fue que Chirai lo había abandonado llevándose a su pequeña Tangerine con ella, pues la mansión parecía estar deshabitada desde hace muchos meses. Grande había sido su sorpresa cuando esa mañana, uno de los pobladores que pasaba cerca aquel día, vio todo lo que había ocurrido y se lo informó cuando supo de su retorno.

Su cachorra fue tomada como propiedad del imperio saiyajin y Chirai se hallaba en prisión desde hacía cinco meses. La sangre le hirvió con la tan sola mención del palacio. Su hija estaba en ese lugar y llegaría hasta las últimas consecuencias para sacarla de ahí.

—¡Con ustedes el rey Vegeta IV! —anunció el guardia en la gran entrada del salón imperial.

Broly, que estaba afuera de la sala del trono, apenas pudo controlar la rabia que en ese momento intentó dominar su razón cuando el monarca hizo su aparición en ese lugar. El gobernante, pasó a pocos metros de él sin siquiera mirarlo, e intuyó el motivo por el que Vegeta había hecho eso con su niña. Su causa tenía nombre de mujer. Bulma.

—Majestad —se inclinó ante él uno de los soldados vigilantes del pasillo cuando el monarca se sentó en su trono —Broly solicita una audiencia inmediata, está afuera esperando su aprobación.

—Que pase —respondió el soberano en tono frío. Segundos después, vio al cretino que tantos problemas le había generado durante esos años, acceder al salón.

—Rey Vegeta —el tono de voz airado del soldado se hizo escuchar cuando éste, llegó a unos metros del altar donde se hallaba el trono.

—¿Qué eso tan urgente que tienes que tratar conmigo? —cuestionó inmutable mirando desde su postura, al guerrero que alzó la mirada fijándola en los orbes obscuros del soberano.

—¿Por qué mi hija y mi mujer? —cuestionó apretando la mandíbula hasta que sus dientes rechinaron por el coraje que apenas podía mantener a raya.

—¡Ah! Ese asunto —habló el monarca restándole, intencionalmente, interés al tema —Es muy sencillo. Ambas tienen un objetivo que cumplir, de lo contrario no estarían aquí.

—¿¡Con qué derecho se adueña de mi hija y mantiene en el calabozo a mi mujer!? —elevó la voz sintiendo la ira, odio y aversión en una mala mezcla que estaba a punto de hacerlo perder el juicio. Desde hacía mucho tiempo que su rencor hacia Vegeta IV era contundente, él había sido el autor de la muerte de su padre y posteriormente, cuando él había puesto los ojos en la hembra del monarca todo había terminado realmente mal. Tanto que el petulante monarca lo había exiliado a Vampa. Vegeta había sobrepasado todo límite. Tomar como su propiedad a su pequeña y encarcelar a su compañera era una línea que el rey nunca debió cruzar.

Vegeta observó al guerrero. El error que Broly había cometido al intentar apropiarse de su esposa iba a ser pagado con creces. Por mucho tiempo envío a sus hombres a darle caza cuando lo expulsó del planeta, y aunque en ese momento no pudieron encontrarlo, después fue totalmente imposible eliminarlo. Existía una ley que le prohibía asesinar a todo soldado élite que fuese héroe de batalla y formara parte de la escolta de alguien de la realeza. El maldito estaba bajo la protección del bueno para nada de Tarble y era por ello que aún no había podido deshacerse de él, aunque… siendo el élite un saiyajin legendario, tenía prohibido salirse de control, llegar a alguna fase donde no pudiese detener el dominio de su poder y mucho menos, podía atacar al monarca. De hacerlo, él como rey junto a su escuadrón élite podían acabar con él pues así lo avalaba la constitución .

—Mientras vivas en mi planeta tendrás que acatar cada una de mis órdenes, estés de acuerdo o no ¡Y no tienes permitido cuestionar a tu rey! —gritó alzando la voz que se hizo escuchar por todo el recinto —¡Tu hija ahora pertenece al dominio de Vegitasei y la brenchega se quedará en el calabozo hasta que yo lo decida!

—¡Maldito Vegeta cómo puedes! —bramó el élite intentando aproximarse al pedestal del trono. No logró dar dos pasos cuando un par de soldados miembros de la comitiva del soberano lo sujetaron por los brazos reteniéndolo.

—¡No te atrevas Broly! —gritó uno de ellos golpeando con su pie la parte trasera de las rodillas del guerrero para que éste se hincara ante el gobernante. El élite no cedió. Empujó al que acababa de agredirlo y en ese momento, un despliegue de energía hizo temblar las paredes de la sala.

—Majestad ¡Broly se transformará! —manifestó Zorn posicionándose al lado del rey que en ese momento se puso de pie.

—Que no se detenga —respondió en tono helador emitiendo una sonrisa maligna.

—¡Si se sale de control o lo ataca tendremos que liquidarlo! —expresó Kakaroto al ver que los soldados que contenían a Broly, salieron volando hasta chocar contra un costado de la sala.

El cuerpo del élite comenzó a emitir destellos entre verduzcos y dorados, podía notarse la sobrecarga de energía en el ambiente y todos los presentes intuyeron que estaban a punto de presenciar al transformación del súper saiyajin legendario. Algunos soldados de bajo estatus temieron por lo que iba a suceder y otros, miraron con asombro la liberación del enorme ki.

—¡Detente Broly! ¡No lo hagas! —Tarble irrumpió en el salón y vio al saiyajin en la fase dos de su transformación. Corrió hasta alcanzar su posición. Para ese punto el élite apenas podía controlar su propio raciocinio. No sentía más que ira en su interior y una necesidad insaciable por liquidar a todo el que se interpusiera en su camino —¡Si te sales de control o atacas al rey te matarán y eso es precisamente lo que Vegeta quiere! —gritó viendo como los soldados élites más poderosos habían aparecido súbitamente rodeando a Broly para darle muerte. Entre ellos estaban Bardock con todo su escuadrón, Nappa, Brocco, Cocoa, Caulifla, Kale, Skalion, Panpukin, Turles, Nyu, Raditz, y otros más que poseían un gran poder. La mano derecha del gobernante los había llamado minutos atrás a través del transmisor para que se presentaran ante el rey debido a la inusitada situación que se estaba dando.

—Vamos Broly, ¡Atácame! —vociferó Vegeta con sonrisa siniestra esperando desde el pedestal de su trono que el élite hiciese el primer movimiento. Kakaroto, a su lado, estaba expectante a cualquier reacción del guerrero, mientras que Zorn, que también se encontraba junto al gobernante, ya había levantado su mano para fulminar al saiyano legendario. Después del rey, era el comandante quien más quería acabarlo. Lo odiaba. Lo había odiado desde el mismo día que nació y pudo conocer de boca de Vegeta III que el hijo de Paragus era especial y había roto su propio récord de poder. No le importaba que el príncipe Vegeta lo hubiese superado, después de todo era el descendiente de su querido soberano, pero esa escoria, hijo de un simple coronel y de una prostituta no podía haberlo sobrepasado. Sumado a eso, Broly había tenido la osadía de fijarse en lady Bulma.

—Majestad ¡Acabemos con él ya! —gritó Zorn con una sonrisa macabra dibujada en sus labios.


RinPink Susaiyajin: ¡Holaaaa! Al fin terminé el capítulo. Agradezco enormemente a mi beta por su ayuda incondicional :D Te quiero mucho amiga C:

Con respecto al capítulo debo decir que estamos entrando al núcleo de la historia ¡Se viene lo bueno, lo mejor y lo más difícil para nuestros personajes!

Muchísimas gracias a todos por estar siempre conmigo brindándome su apoyo en los reviews, favs y fallows UwU

Espero sus REVIEWS llenos de buena vibra nwn nos leemos pronto.