CAPÍTULO XXXII: De la gloria al infierno.

Su cuerpo se estremeció al escuchar las palabras del príncipe que se posicionó tras él. Comprendió, con la poca voluntad que aún le quedaba sobre su conciencia, que lo que Tarble decía era totalmente cierto. El gobernante quería matarlo, realmente deseaba hacerlo y no podía permitir que éste ganase. No tuvo la más mínima duda de que ese era su objetivo, cuando sus ojos se fijaron en la expresión en el rostro del rey. Su semblante malignamente burlesco lo decía todo. El maldito se estaba divirtiendo a costa de hacerle la vida miserable, aunque viniendo de él no podía esperar menos, su reputación perniciosa lo antecedía.

De pronto entendió el objetivo de Vegeta al apropiarse de su hija y encerrar a su mujer, pero deshacerse de él no sería fácil, no cuando acababa de descubrir sus macabros planes pues todos los hechos tomaron forma en su cabeza. El soberano de Vegitasei buscaba su exterminio a toda costa sin importarle los medios para lograrlo. No le daría el placer de verlo acabado; así que decidió respirar profundamente y cerró sus ojos buscando la calma que en ese momento no sentía. Poco a poco el poder que amenazaba estallar en su interior se tranquilizó, y pudo descender su energía hasta quedar en su estado basal.

—¡Maldito cobarde! —pronunció Zorn desvaneciendo en su mano la bola de energía que preparaba para ser lanzada hacia el cuerpo de Broly.

—¡Saca a mi hija de tus planes! —el élite tensó nuevamente sus músculos e hizo una pausa intentando que la rabia y el odio que sentía en ese momento no lograsen someter su raciocinio —¡Ella no tiene la culpa de lo que suceda entre tú y yo!

—¡Crees que puedes ordenarme qué hacer, gusano insolente! —rugió Vegeta desde su posición y en una milésima de segundo, se movió hasta quedar frente a frente con el soldado que se sorprendió, al igual que todos en la sala, por la velocidad del monarca.

—Comete un error más. Uno más y voy a liquidarte sin importarme una mierda la ley —expresó el soberano con tono de voz aplastante que hizo estremecer a más de alguno en aquella sala.

—Vegeta tú no puedes —Tarble que estaba tras el élite rodeó al saiyajin para posicionarse frente al rey —¡Broly es mi escolta! Representa mucho más para mi de lo que tú jamás podrás llegar a significar —gimió enfurecido observando a su hermano mayor virar los ojos hacia él.

Los orbes negros del gobernante centellaron con un fuego tan intenso, que el gesto hizo estremecer en el interior al príncipe. Vegeta movió su cuerpo hacia aquel bastardo hijo de su padre y una prostituta cualquiera que ahora se creía con el poder de enfrentarlo. Lo miró de pies a cabeza y escupió con repugnancia hacia el piso ¡Cómo se atrevía esa escoria a osar interponerse en su camino! Desenroscó su cola de su cintura ondeándola en el aire, ideando varios escenarios en su mente en donde ese par de imbéciles terminaban desmembrados en el piso de la sala del trono. Machacados bajo sus pies. Le tomó todo su autocontrol no perder los estribos y lanzarse sobre la despreciable basura que tenía frente a él.

De pronto, una sonrisa ladina adornó los labios del saiyajin real. Un torbellino de poder se extendió desde su cuerpo, alertando a los espectadores que algo realmente malo iba a suceder. Su cola que amenazaba vigorosa, moviéndose en el aire casi con vida propia, dio un azote potente que sonó como un látigo retumbando en el tímpano de los espectadores.

En un movimiento que no todos esperaban y que pocos lograron apreciar, el rey se trasladó desde su posición hasta tener cara a cara al príncipe. Lo próximo que los presentes vieron, fue cómo éste tomó del cuello a Tarble, inmovilizándolo con su sólido aferre. Una sonrisa tétrica se dibujó en los labios del soberano.

Broly tensó los músculos de su espalda cuando en su iris se reflejó el ataque de Vegeta hacia su protegido. Sabía en lo que estaba apunto de meterse, pero él era el protector de Tarble y no podía permitir que nadie, incluso el mismísimo monarca, lo dañase. No logró dar ni un paso cuando Zorn, Nappa, Brocco y Bardock, le hicieron un fuerte amarre en los brazos y en su cuello para reducirlo, pues sabían que saltaría en defensa del menor.

—¡Príncipe Tarble! —aulló desesperadamente.

—¡Ni siquiera lo intentes Broly! —el tono lúgubre del comandante Zorn llegó al oído del élite que se agitó intentando quitarse de encima a los guerreros. Sin embargo, los dos saiyan reales parecían mantenerse en un diálogo personal donde nada a su alrededor influía, solo eran ellos dos, sus odios y sus recuerdos.

—¡Anda Vegeta! ¡Mátame! —gritó el príncipe, llevando sus manos hasta la mano derecha con la que su hermano mayor lo sujetaba sin piedad alguna. Poco a poco éste le presionó las arterias y Tarble comenzó a sentir cómo su cabeza pulsaba ante la presión generada.

—¡No lo incite, alteza! ¡Sabe que él no se contendrá! —intentó intervenir Broly, que seguía retenido por los servidores de su majestad.

Kakaroto que estaba tras el monarca, trató de acercarse, pero éste con su mano libre le hizo un ademán para que ni siquiera intentase aproximarse a él o a su hermano.

—¡Majestad no se deje influenciar! ¡Deténgase! —las palabras de la mano derecha del rey quedaron en el aire cuando la ira comenzó a apoderarse de los sentidos de Vegeta, que gruñó desde lo más profundo de su garganta cuando apretó sobre la tráquea del hijo bastardo de su padre difunto. Solo un movimiento más bastaba para quebrarle el cuello y por fin acabar con su asquerosa vida.

—¡No sabes cuánto te detesto! ¡Mi padre jamás debió de heredarte el imperio! —gruñó el príncipe mirando en su mente con despreciable incomodidad, las imágenes de las muchas veces que su progenitor, Vegeta III, había preferido apoyar al mayor y no a él para antecederlo.

—¡Parece que tienes prisa por acompañar a Broly al infierno! —el gobernante bramó con furia. El músculo de su brazo se tensó y sus dedos se enterraron en la garganta del príncipe, que comenzó a toser y agitarse ante la escases de aire.

Todo iba a terminar en tragedia en aquella enorme sala real donde no se escuchaba más que los intentos fallidos del príncipe por respirar ante el aplastante aferre del monarca en su cuello, pero en último momento, unos pasos apresurados desde la entrada se hicieron oír, cuando lady Nion, alertada de lo sucedido por Shitsuji y en un grado total de desesperación, se apresuró a llegar. No podía permitir que las cosas se salieran de control, no cuando Vegeta era quien comandaba la escena, y Tarble estaba en medio de la disputa entre éste y el héroe legendario del planeta.

—¡Majestad, por favor deténgase! —la científica de cabello añil, llegó al lado del soberano tan rápido como sus pies se lo permitieron. Durante ese tiempo ella había estado al tanto de la investigación que se estaba llevando sobre la hija de Broly, pero no creyó que todo eso llegaría hasta ese punto. Su corazón se había paralizado cuando vio al rey arremeter contra el príncipe. Ellos eran sus niños, su sangre, su familia.

Vegeta oyó a la mujer, más no prestó atención a sus palabras. Había llegado el día en que se desharía del inútil que mancilló la reputación de la familia real con su nacimiento. Empujó a Tarble con repugnancia y éste cayó de espalda al piso, sus ojos negros pudieron ver la mano del monarca formar una poderosa esfera de energía en su palma, que destelló con brío intenso irradiando un intenso calor.

Para Nion era una desgracia, era como retrotraer el tiempo en cámara lenta. Retazos de su pasado llegaron a ella como una ráfaga. Se le vino a la mente la imagen similar de Vegeta III, cuando mató a su hermano, el golpista príncipe Pike, en el mismo lugar.

Nion, en un último intento desesperado corrió y se arrodilló frente a Vegeta, protegiendo de esta forma a Tarble al interponerse en el rango de ataque entre los hermanos.

—¡Rey Vegeta, no por favor! —gimió dejando salir sus lágrimas de angustia al ver que el menor estaba apunto de morir en manos de su hermano mayor.

—¡Apártate Nion! —bramó el gobernante, conteniendo su poderoso ki mientras agrandaba la bola de energía que acabaría con la miserable vida del bastardo hijo de su padre.

—¡Lady Nion! —gritaron Bardock y Broly al unísono. Ambos hombres estimaban a la científica y no querían que nada malo le pasara.

Bardock, agobiado y temiendo que el rey perdiera los estribos y acabara con la vida de la mujer que más había amado, soltó el cuello de Broly, quiso ir en su ayuda para tomarla en sus brazos y sacarla de en medio de ese enfrentamiento, pero se detuvo al ver a al príncipe ponerse de pie.

—¡Sal de aquí mujer estúpida! —gritó el menor enardeció al ver a esa mujerzuela rogando por su vida ¡Qué se creía para intentar salvarlo! ¿Hasta cuándo tendría que lidiar con ella? ¿Es que no tenía suficiente con verla en el palacio a cada hora del día y ahora debía soportar que la mocosa que había parido su esposa fuese similar a ella? Deseó sacarle los ojos en ese momento y acabarla de una vez por todas —¡Prefiero morir ante de ser protegido por la asesina de mi madre!

—¡Cállate, maldita escoria! —le gritó el rey ahora más iracundo —¡No voy a permitir un insulto más hacia mi tía! Tu progenitora no era más que una puta barata que se metió en esta corte a trepar puestos. Le hizo la vida infeliz a mi madre la reina. Root solo fue una vagabunda sirvienta de clase baja que merecía la muerte que tuvo... ¡Y tú la seguirás al infierno!

—¡Estoy listo para morir! Pero no moriré como un cobarde —Tarble incrementó su ki con todo lo que tenía. Sabía que no tenía oportunidad contra su poderoso hermano, pero al menos se iría intentando hacerle el mayor daño posible. Quería que Vegeta supiera que murió defendiendo a alguien a quien sí consideraba su hermano, y que además supiera, que nunca dejaría de odiarlo por la forma en cómo siempre lo había despreciado por no nacer con dotes de poder privilegiados.

—¡Quítate de allí, Nion! —gritó Vegeta a la mujer, ya que estaba decidido a acabar con Tarble y al parecer ella no pretendía moverse.

—¡Por favor no, majestad! ¡No necesitas manchar tus manos con la sangre de tu propio hermano! —comenzó a decir la científica entre sollozos deseando que todo acabara. Prefería morir antes que verlos matarse uno al otro.

Observó a ambos retoños del rey Vegeta III, no supo en qué momento habían llegado hasta esas circunstancias, pero un dolor punzante se instaló en su pecho al darse cuenta de que la rivalidad entre ellos había cruzado esa línea. Decepción y tristeza se mezclaron dentro de sí. Se puso de pie, no podía permitir que una desgracia de esa naturaleza sucediera en la dinastía, y se aproximó hacia Vegeta sin sentir miedo alguno. Haría lo que fuese para evitar una desgracia.

—Hijo mío —dijo entre lágrimas tratando de no soltarle la verdad ahí mismo — Te ruego que no lo hagas. He conocido la historia de tus ancestros y viví la de tu padre. Todo rey que acaba con alguno de sus vástagos o hermanos queda maldito. Suelen morir al poco tiempo, o la desgracia cae sobre su reino. No quiero eso para ti, majestad —añadió con ímpetu —Tú eres lo más importante de mi vida. Junto con tu hermano son lo único que me quedan de tu padre a quien amé. No dejes que la desgracia caiga sobre tu familia. Tus hijos y tu esposa no merecen un karma así.

¿Acaso le acababa de llamar "hijo"? -pensó Vegeta en la profundidad de su mente y fue como si algo muy dentro de su alma se hubiese quebrado. Como si una venda cayera al piso y una fibra de su corazón se rompiera en mil pedazos.

Pasaron segundos que parecían eternos. Todos estaban ante la expectativa. Los presentes en ese lugar ya daban por hecho que Tarble pasaría a la historia como otro de los príncipes que terminaban asesinados por su hermano mayor dentro de la poderosa dinastía de los Vegeta. Pero contra todo pronóstico y de forma sin precedentes, el soberano desvaneció la energía en su mano y dejó de apuntar hacia la científica que ya había llegado hasta él para bajar la mano inquisidora cuya ráfaga estuvo a punto de quitar una vida.

Nion lo tocó y logró bajar el brazo del gobernante para sorpresa de los que observaban. Luego ésta colocó la palma de su otra mano en el hombro del rey. Sabía que había apelado al instinto maternal, y debía arreglarlo.

—Tú ...tú siempre has sido como un hijo para mí —murmuró con angustia —Solo nos tenemos el uno al otro como familia, y Tarble es parte de ella. Es tu hermano, Vegeta, por favor perdónalo.

El monarca observó unos segundos a la mujer sintiendo su cálido toque, como cuando era niño y ella lo cuidaba debido a que su madre siempre estaba ausente. Cuando algo le había salido mal Nion siempre lo alentó a seguir. Su partida hacia el planeta Tech-Tech había sido el más duro golpe que recibió aún siendo un crío y por mucho tiempo, odió a su padre por ello. Ni siquiera la muerte de Seed le había importando tanto como la despedida y ausencia de Nion. Volvió a la realidad cuando la mano cálida de la científica se apretó alentadora en su hombro. Se apartó de su tacto desviando su mirada hacia los soldados.

—¡Sáquenlo de mi vista! —rugió, volviendo su atención a la hembra saiyana que lo miraba con sus serenos y llorosos ojos negros —Y díganle que si me falta el respeto, o si vuelvo a escuchar que insulta a lady Nion, no lo perdonaré y nadie podrá detenerme.

Un par de guerreros se aproximaron hasta el príncipe que los detalló con rabia al ver las intenciones de éstos de sacarlo a rastras del lugar.

—¡No se atrevan a tocarme! —gritó Tarble con furia mientras se daba la vuelta y caminaba lejos. Jamás en su vida se había sentido tan humillado.

—Gracias, Majestad —indicó la mujer mientras secaba sus lágrimas.

Bardock pudo entonces respirar con tranquilidad al ver a la científica fuera de peligro. Hizo una seña para que soltaran a Broly, quien ya se había vuelto a tranquilizar. El rey por su parte, fijó su mirada en la mujer frente a él.

—Lady Nion, jamás vuelvas a interponerte en mi camino de esa forma, o podría no controlarme como ésta vez.

—Le prometo no volver a hacerlo, majestad —afirmó la hembra tranquilizado sus sentidos cuando vio al príncipe ser escoltado hacia la salida. Entonces desvío sus orbes e intercambió miradas con Broly, que había sido liberado del amarre de tres de los élites. —En compensación por mi intromisión de hoy, le he traído una propuesta sobre el problema que acontece para la recuperación del príncipe Baserk.

—¿A qué te refieres?

—Si usted lo considera apropiado, solicito un cambio de mando en el estudio.

—Te daré un momento para que lo expliques. Todo sea por el bien de mi hijo —indicó el rey dándose la vuelta para retornar hacia el trono en donde se sentó.

—Yo podría cuidar a la niña mientras realizamos los avances sobre su estudio. Ella viviría conmigo en el ala del castillo que usted amablemente me asignó cuando regresé al planeta —explicó esperando que su idea fuese aprobada —Ya hice esto antes. Ayudé a Broly cuando era un niño, a controlar su estado legendario y podría también hacerlo con Baserk mientras continuamos investigando a Tangerine. En Tech-Tech tuve experiencia con niños híbridos, cruce de padres de razas muy distintas que no podían controlar sus habilidades. En cuanto al príncipe Baserk, yo traté a Broly con un método innovador y por tal razón usted puede ver que desde la adultez Broly ya no se descontrola como antes. Los críos estarán más cómodos si interactúan. Lo importante es descubrir cuál es el eslabón perdido entre los dos. Además, lady Bulma me ayudará en esta investigación. Es una excelente científica…

—No voy a permitir que este miserable esté cerca de mi mujer bajo ninguna excusa —interrumpió el rey al escuchar el rumbo que tomaban los planes de la científica.

—Majestad —expresó la saiyana —Broly no está adentro del programa de estudio. Él no tiene por qué verse inmiscuido en esto. Eso se lo aseguro.

Bardock, se acercó a ambos recordando que lo que ella decía era realmente cierto. En el pasado la científica había demostrado ser tan capaz como eficiente cuando nadie se atrevía a tratar a Broly.

—Ella tiene razón, rey Vegeta, recuerdo cuando se le hizo el tratamiento a Broly, su padre Paragus nunca fue necesario. Ahora lo importante es descubrir qué sucede con esa chiquilla mestiza, y lady Nion es buena en lo que hace —dijo el guerrero posando su mirada de la femenina que volteó a verlo.

—Lady Nion —llamó Broly que estaba escuchando todo lo que ella decía —Mi hija no es una rata de laboratorio ¡Quiero que salga de ese lugar donde la tienen enclaustrada como si fuera un engendro! Además, quiero que liberen a Chirai.

—¡El rey no te ha dado permiso para hablar! —le gritó Zorn apretando su puño para que se callara.

Nion fue hacia Broly, y le colocó su mano en el brazo con gentileza.

—Sabes perfectamente que tú para mí nunca fuiste una rata de laboratorio ¿Lo recuerdas?

—Si... Y en verdad le agradezco —respondió. Siempre había sentido un cariño familiar hacia la saiyana de cabello añil. Sino hubiese sido por ella, quizá habría terminado siendo asesinado debido al descontrol de su poder.

—Por lo demás, conozco al personal que la está tratando y te juro que tu hija no ha sido maltratada. Ella ha sido atendida y alimentada de buena forma. Aunque los extraña y ha llorado en ocasiones por nostalgia, ella también sabe el propósito del porqué está aquí, y en verdad desea cooperar. Es muy inteligente —la científica apartó su mano de Broly dándole una sonrisa alentadora.

—Pero y Chirai...

—Déjame tratar este tema con su majestad —dándole esperanzas con sus palabras.

Vegeta ni siquiera miró a Broly para lo próximo que dijo.

—Debes entender, soldado Broly, que si no te alineas con mis exigencias, te mataré, y también a esa ladrona interplanetaria prófuga de la justicia.

—Majestad —Nion se volteó y regresó frente al rey —La madre de la niña es totalmente inútil en ésta investigación, no veo el motivo por el que cuál deba seguir retenida en las mazmorras del palacio. Es un gasto innecesario de recursos, alimentos y personal para la vigilancia, cuando allí pudiera estar algún preso político, o un soldado traidor de la corona. Usted comprenderá, alguien de rango que sea realmente importante, y no una mujer que no representa amenaza alguna a su reino.

Vegeta, en silencio, se quedó pensando por unos instantes.

—Tienes razón. No tengo interés alguno en que esa ramera siga en mi palacio —manifestó concordando con la saiyana —Zorn, ordena que la liberen, y que le hagan saber que no intente poner un pie en el castillo para buscar a su híbrida hasta que yo lo decida, o morirá.

—Sí, majestad —respondió con expresión molesta dirigida hacia el élite. El hijo de perra de Broly estaba saliéndose con la suya debido a la intervención de Lady Nion.

Vegeta siguió pensando, todo lo que quería era descubrir en esa mocosa cuál era la fuente de su poder y por qué podía ejercer control sobre su vástago legendario. No le importaban los medios, pero si Nion había podido ayudar a Broly, que en su momento fue una amenaza para el planeta, eso le dio la pauta para permitirle que también lo hiciese con la bastarda mestiza saiyano-brenchega.

—Ve con Nion al laboratorio. Que le entreguen a la chiquilla y que se encargue de ella —ordenó a Bardock, mirando una última vez a la mencionada, se puso de pie y salió del recinto seguido de Kakaroto y Brocco.

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El silencio se prolongó por varios minutos. No hubo más espacio en la mente de la científica tan solo para el reciente suceso. Aún podía recordar tan vivaz la mirada despiadada del rey hacia el príncipe, tembló por dentro de tan solo pensar en atravesar una desgracia de esa magnitud. Además, no quería que él cometiera los mismo errores que Vegeta III, cuando éste asesinó a sus hermanos en una disputa por el trono. Vegeta IV ya era el gobernante del planeta, Tarble tan solo el príncipe y eso debía frenar sus discordias.

—¿Estás bien? —la voz de Bardock llegó a sus oídos. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y no pudo evitar preguntarse ¿Qué habría sido de ella si tan solo hubiese decido quedarse con él? Quizá no habría sufrido tanto, ni hubiera tenido que renunciar a lo que más había amado en su vida tan solo para complacer a terceros. Un nudo se formó en su garganta e intentó no descomponerse ante el general, al pensar en un universo alterno donde ella pudo ser feliz a su lado. Pero aunque pudiera, no lo haría, aunque tuviese la oportunidad de regresar el tiempo, se negaría, porque sin dudarlo volvería a soportar todo el dolor que había atravesado tan solo por ver a sus hijos nacer una vez más. Eran ellos los que le daban razón a su existencia, era por ellos que tenía un motivo que la mantenía en Vegitasei.

Suspiró antes de volver su mirada que había mantenido en el piso, hacia Bardock que caminaba a su lado mientras se alejaban del salón del trono.

—¿Qué pretendías exactamente al entrometerte en la propuesta que le hice al rey? —cuestionó arrugando el entrecejo sin apartar sus ojos del saiyajin. Él alzó una ceja, y una sonrisa se formó en sus labios.

—Cuando se trata de ti todo me incumbe —respondió tan naturalmente que Nion detuvo sus pasos y abrió su boca. La respuesta verdaderamente la tomó por sorpresa. Su expresión se volvió dura al instante, al detallar el porte airoso del guerrero.

—¡Cómo te atreves! No necesito de tu apoyo y mucho menos que intervengas en mi trabajo. No te necesito —chilló molesta girándose para cambiar de dirección y encaminarse al ala donde se hallaba su recámara. Iría por Tangerine una vez se encontrara sola, Bardock era innecesario para cumplir con ese trabajo.

—No te enojes —el soldado emitió una risa al ver el rostro serio de la hembra que viró su mirada al frente —Solo busqué una excusa para hablar contigo —su tono burlesco pasó a uno serio al ver que ella se alejaba del camino que llevaba hacia el laboratorio de investigación —Tenemos que hablar y lo sabes, pero has estado evitándome ¿A dónde demonios vas? —preguntó andando tras ella.

—Todo está claro entre tú y yo —uno de sus brazos fue atrapado por la mano de Bardock que detuvo su caminata de golpe al ponerse frente a ella.

—Necesito saberlo, no intentes castigarme con ésto Nion, hace días no dejo de pensar en que Skalion es mi…

—Por favor vete, no quiero hablar —se soltó del aferre y siguió con su camino. El guerrero había pasado muchas noches en vela, imaginando escenarios en los que ella revelaba la verdad. No todos acababan bien.

Bardock esperó a que la tormenta en los ojos de Nion se calmara, caminó a su lado algunos minutos hasta que detalló el pasillo que llevaba hacia la alcoba de la hembra. No dudó en ir tras ella. Quería hablar, lo necesitaba. La duda le estaba quemando el alma cada día, al imaginar lo que ella había tenido que pasar por su culpa, por haberla violado sin compasión en busca de una venganza que no tenía sentido y de saciar lo mucho que la había deseado por años. Pero ya a esas alturas, había podido darse cuenta de su grave error del pasado.

La científica llegó hasta la entrada de su habitación, tomó el pomo y respiró profundo antes de girarlo. No tuvo que invitar siquiera al hombre, él se adentro con ella en automático cerrando la puerta tras sí.

—Quiero…

—Él no es tu hijo —las palabras salieron firmes de la boca de la científica interrumpiendo al guerrero. Sus ojos azabaches se fijaron en la mirada negruzca del saiyajin y él solo atinó a fruncir el ceño al escucharla.

—No te atrevas a mentirme —manifestó sujetando nuevamente el brazo de la femenina que no dudó en ningún momento de su confesión. Había querido castigarlo por mucho tiempo, mantenerlo en incógnita y permitir que la duda carcomiera lentamente la serenidad del saiyajin, pero no podía, cada noche sufría por querer implementar su propia venganza. En su momento Bardock había sido un buen amigo, un gran compañero y amante a pesar de lo que posteriormente le hizo.

—Esa es la verdad, Skalion no es tú hijo —aseguró sin titubear un solo instante. Él detalló la expresión sólida de la mujer y más dudas que respuestas surgieron en su mente.

—¿Entonces, es hijo de Vegeta?

—Tampoco —negó meciendo su melena añil y Bardock se desmoronó al imaginarse lo peor que podía pasarle.

—¡Nion! ¡Dime que no es de Paragus! ¿¡Te acostaste con él!? —perdió la calma que estaba intentando mantener y soltó a la mujer de su agarre. Que ella haya sido de ese hijo de puta era peor castigo que haber alejado a Skalion de su lado si hubiese sido suyo. La científica vio la furia en los ojos del general del escuadrón de choque, sintió que seguir ocultando la verdad le estaba haciendo más daño a ella que al hombre que intentaba castigar.

—¡Jamás tuve nada con Paragus! ¡Él nunca me puso un dedo encima porque sabía que esa era la excusa perfecta para que Vegeta explotara todo su odio contra él! Skalion no es mi hijo biológico —respondió inexpugnable ante los orbes negros inquisidores del guerrero —Lo recogí días antes de mi exilio cuando me informaron que su verdadera madre lo quería desaparecer para que el rey no supiera de su existencia —ella comenzó a explicar desviando su mirada hacia un punto en el piso, recordó lo que en aquel momento había pasado trayéndolo a su memoria como si estuviese ocurriendo en ese instante —Él vivía en casa de niños desplazados que estaban siendo criados para enviarlos a planetas inhóspitos donde no sobrevivirían, aun cuando Skalion era de clase alta y con un buen poder de pelea. Todo se hacía a espaldas del monarca —alzó su vista posándola en la del hombre que escuchaba atento su explicación —El niño estaba en una cápsula de contrabando y su único pecado había sido que la energúmena de su progenitora había escalado de posición y quería ser consorte de Vegeta III. El Rey no sabía que ella había tenido un hijo previamente —él abrió sus ojos cuando todo en su mente tuvo sentido.

—Si lo que estoy pensando es cierto ¿Lady Root era la madre de ese muchacho? —la femenina agachó la mirada y dejó salir de golpe el aire en sus pulmones.

Asintió.

—Y su padre es tu peor enemigo, Nappa. Pero ese miserable no tiene idea de ello —confesó la femenina virando su vista hacia el pasillo que se encontraba solo —Al llegar quise contarle todo al general Nappa, pero Skalion se opuso.

—¿El muchacho sabe que Nappa es su padre?

—Skalion lo sabe todo. Cuando cumplió 10 años se lo conté. Pero él solo me considera a mí su familia y debo respetar su decisión. Sé que algún día él se animará a confrontar a su padre —al decir esas palabras la hembra comenzó a caminar pasándole de lado al general que siguió sus pasos.

—Quien iba a imaginar que lady Root tuvo un primer hijo antes de tener al príncipe Tarble —comentó el guerrero sintiendo cómo un peso que llevaba encima lo liberó. Muy en su interior se sintió decepcionado, habría querido realmente tener un hijo con la mujer que había querido durante toda su vida.

—Tarble no es hijo de Root —Nion miró a los ojos al hombre cuya expresión cambió a una indescifrable —Llevo muchos años guardando algo que me quema y no puedo más —la femenina caminó hacia el sofá en la estancia de su alcoba, en donde se sentó, sentía que en cualquier momento sus piernas iban a fallarle —Pese a lo que me hiciste aquel día cuando estabas embriagado, siempre fuiste bueno conmigo, mi confidente, aliado y mejor amigo.

—¿¡Que quieres decir Nion!? —se acerco a ella y se sentó a su lado observando sus ojos negros que lo miraban con intensidad, sintió cómo un vacío se apoderó de su pecho. Ella no pudo contenerse más y tembló sintiendo que lo que iba a confesarle cambiaría el rumbo de vida. Empezó a llorar dejando salir lo que había guardado por veinticuatro años. Él posó sus manos en los hombros de ella intentando darle aliento para lo que sea que estuviese agobiándola.

—Tanto Vegeta como Tarble, son mis hijos. No de Seed, ni de Root.

—¿Qué… qué estás diciendo?

—Yo los traje a este mundo. Ellos son míos y de Vegeta III.

Bardock sintió que un hueco se abrió a sus pies. Soltó su cola que había permanecido en su cintura y el aferre en los hombros de la hembra. Sus manos temblaron ligeramente pero permaneció estoico en su posición procesando la noticia, pensando en lo que pudo haber sido de ella si hubiese tomando su lugar como madre del rey que es.

—¿Cómo… cómo fue eso posible, Nion? —pronunció estremecido ante la revelación. Ella alzó la mirada cristalina apretando sus labios en un esfuerzo por no soltar un fuerte lamento.

—Entregué voluntariamente a mi hijo mayor a la esposa del rey por exigencia de mi padre. Ella había perdido a todos sus hijos en batalla y papá temía que se suicidara —comenzó a decir llorando amargamente ante el sentimiento de desolación que sintió tan vivo como en el momento en que cedió a su hijo con sus propias manos en los brazos de su hermana —Seed le había dicho al rey que estaba embarazada nuevamente, pero era falso, Seed no podía tener más hijos. La que estaba embarazada de Vegeta era yo, pero el rey no lo sabía. Mi padre me escondió durante ese tiempo. Luego Vegeta estuvo todos esos meses en campañas de conquistas de varios planetas ¿Lo recuerdas? Fue el periodo mas largo de un gobernante fuera de Vegitasei. Y posterior a eso fue emboscado en el planeta Brench por los demonios del frío —continuó su relato conteniendo sus sollozos —Cuando llegó aquí se le dijo que Seed le había parido un hijo sano, el más poderoso que había tenido hasta ese momento. Pues ese era en realidad mi cachorro, mi pequeño Vegeta.

—Eso puedo entenderlo. En ese entonces hubo especulaciones de que ese hijo no era del rey, pero cuando vieron que el niño era idéntico a él, los chismes terminaron —dijo recordando el pasado —Sin embargo, lo que no puedo entender es ¿Cómo llegó Root a tener al príncipe Tarble? ¿Acaso también se lo diste?

—¡No, nunca! Dos año después quedé embarazada nuevamente, al mismo tiempo que Root. Pero esa maldita me robó a mi bebé. El niño de esa infeliz nació muerto y la maldita lo cambió por el mío en complicidad de Hiedra y sus secuaces a los que les pagó mucho dinero. Me enteré de todo cuando empecé a sospechar años después —limpió sus lágrimas cuando la rabia la golpeó de lleno al recordar que todo le había sido arrebatado —Tarble tenía seis años cuando ella volvió a quedar en cinta, y por mis espías me enteré que ella quería envenenarlo. Horrorizada hice unos análisis al niño con alguna excusa que encontré y supe entonces que él tenía mis genes. Claro, si su hijo nacía saludable ella liquidaría a mi vástago, pues ya no lo necesitaría. Le faltaba pocas semanas para dar a luz y Vegeta no llegaría al planeta hasta un mes después, cuando culminara su misión al recién conquistado planeta Tech-Tech. Yo debía actuar antes de que matara al niño.

—Entonces tú...

—Sí… Yo la envenené. Se lo merecía. Por todo lo que me hizo a mí y a mi hijo. De no hacerlo, incluso trataría de asesinar a mi primogénito. Él era el heredero y su verdadero objetivo. Si luego de envenenados, Vegeta IV o Tarble morían, el mocoso de Root heredaría todo ¡Era ella con su hijo nonato, o eran mis niños! —afirmó tan firmemente como en aquel momento donde había decido acabar con Root.

—No te culpes, Nion, solo actuaste como cualquier mujer dispuesta a proteger a sus cachorros lo hubiese hecho —declaró Bardock aproximando su cuerpo hacia ella. Elevó una de sus manos llevándola al rostro femenino y limpió las lágrimas de la hembra que comenzaban a secarse en sus mejillas.

—Bardock, por favor, no reveles nada de lo que te he dicho. Yo sabré cuando...

—No te preocupes. Te juro por mi honor que tu secreto está a salvo conmigo —confesó sonriéndole cómplice y no pudo evitar acortar la distancia que los separaba al verla tan vulnerable, quería aliviar su dolor, hacerla olvidar aunque sea por un instante su sufrimiento, uno que en parte él mismo le había causado. Sujetó su delicado rostro y posó su boca en la de la hembra que no tardó mucho en corresponderle.

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En cuanto el rey abandonó su recámara, decidió vestirse y salir de la habitación real de su esposo para ir a visitar a sus hijos, de solo pensarlo, sus ojos se llenaban de lágrimas. Hacía tanto que no los veía, que no estaba segura de poder controlar sus emociones cuando los tuviese frente a ella.

Todos esos meses no solo le habían servido para darse cuenta del valor que tenía su apreciada libertad, y aunque sabía que cometió un error al ir a ver a Broly a espaldas del monarca, no se arrepentía. Haría lo que fuese hoy y siempre por sus niños, pero de ahora en adelante primero hablaría con Vegeta antes de hacer cualquier movimiento que diese pie a un mal entendido. No podía seguir poniendo en balanza su relación bajo ninguna circunstancia, no cuando él tenía un harén anhelando complacerlo, y la mayoría de las mujeres en ese planeta estaban dispuestas a esperar a que ella cometiese un tan solo tropiezo para intentar usurpar su sitio. Ahora había sido solo una criada sin valor alguno que se aprovechó de su apariencia para meterse en la cama de su marido, después podría alguna de esas trepadoras disputar su lugar como esposa. No lo permitiría.

Sujetó con fuerza la falda de su vestido de color amarillo cuando avanzó por el pasillo que daba hacia las alcobas de los príncipes. Los soldados en la puerta de la recámara del heredero la reverenciaron al ver que ella se posicionó en la entrada.

—Lady Bulma, el príncipe Trunks no se encuentra en sus aposentos —Bulma dio unos pasos con dirección a la alcoba de Vegeta Jr, cuando el hombre volvió a hablar —Tampoco el príncipe Vegeta, ni el príncipe Baserk —expresó uno de ellos en tanto ambos la reverenciaron. La peliazul alzó una ceja girándose hacia el guardia. Era el medio día, se suponía que antes de tomar el almuerzo sus críos iban a sus habitaciones para ducharse y vestir ropa limpia después de sus entrenamientos matutinos ¿Es que acaso ellos habían cambiado su rutina esos meses dónde ella estuvo ausente? No estaba segura, pero se sintió fuera de lugar y algo se clavó en su pecho al darse cuenta que en tan poco tiempo, todo a su alrededor había parecido avanzar. Dolió, y le angustió imaginar que un día ella podía ser enviada al exilio mientras que sus cachorros seguirían sus vidas como hasta ahora. Quizá ya no la necesitaban. Lo más probable es que nunca dependieron de ella. Dudó.

Alzó el rostro enaltecida. No podía dejar que sus sentimientos heridos de madre la perjudicaran. Desde un inicio había sabido que ellos no necesitaban de ella para sobrevivir, porque eran mitad saiyajin, porque en sus genes corría la sangre guerrera de su padre, el rey del poderoso planeta Vegitasei. Y aunque la revelación le quemaba por dentro, sabía que debía mostrarse fuerte. En ese planeta no saldría adelante si seguía dejándose confundir por emociones humanas, que si bien eran parte de su naturaleza, ya no estaba en la tierra, ya no vivía con seres de su misma especie, sino con alienígenas con ultra poderes que desde su nacimiento se mostraban independientes. Como madre de tres príncipes, tenía que acostumbrarse al hecho de que ellos no requerían de su presencia, pero por ello no iba a dejar de tratarlos con su instinto maternal. Después de todo, ellos tenían la otra mitad de sus genes.

—¿Dónde están ahora? —cuestionó tratando de que su voz sonara neutra.

—Ellos se encuentran en el comedor principal, lady Bulma —respondió el otro sin levantar la cabeza. La peliazul, se giró para marcharse e ir en busca de sus vástagos.

—¿Lady Bulma, está bien? —Raditz que la acompañaba como su escolta que era, notó la tristeza en la mirada de la humana. La entendía, aunque no poseía sentimientos terrícolas estaba enterado del apego de las hembras de esa raza hacía sus vástagos. Había visto la misma conducta en la mujer de su hermano Kakaroto, sin duda, la científica no era distinta en ese aspecto.

Bulma no respondió en el instante. Sus pensamientos la traicionaban y reunió el valor para levantar la mirada sin quebrarse en el intento.

—¿Y si ya no me quieren? —preguntó suspirando profundo ante la desgarradora idea.

—Los príncipes la extrañan, siempre preguntan por usted, no debe preocuparse por eso —respondió con una sonrisa alentadora que hizo sentir un poco mejor a la muchacha.

Después de un momento caminando por los pasillos del castillo, llegó al comedor principal. Las puertas se abrieron para ella y accedió al recinto. Sus ojos se entrecerraron con afecto y una sonrisa se delineó en sus labios al ver a sus tres pequeños sentados frente a la gran mesa de comedor.

A la distancia pudo ver que hablaban entre sí. Se llevó una mano al pecho al darse cuenta, de lo mucho que los amaba, más de lo que podía soportar su ser. Sus ojos se empañaron y recogiendo la falda de su vestido, avanzó hacia ellos con tal ansia, que en ese momento no supo cómo logró soportar tantos meses alejada de sus críos.

Vegeta Jr, en ese momento elevó el rostro y depositó los cubiertos al lado de su plato cuando se dio cuenta de quién estaba ahí. Baserk y Trunks, siguieron con la mirada la dirección en la que su hermano observaba encontrándose con la sonrisa cariñosa de su madre.

—¡Mami! —fue el menor de los tres, que abandonó sus alimentos para saltar de su silla y correr a los brazos de su madre que los abrió para recibirlo.

—Corazón mío ¿Cómo estás? —preguntó abrazando al pequeño que la rodeó con sus brazos infantiles.

—Te he extrañado —gimoteó Baserk con sus ojitos bicolores cristalinos, aferrándose al cuello de su querida progenitora.

—¡Madre! —expresó Trunks poniéndose de pie para ir frente a la ojiturquesa que alzó la vista con ojos llorosos —Me hiciste falta.

—Ven cariño, déjame verte —susurró casi para sí misma apenas creyendo cuánto habían crecido sus retoños esos meses. Estiró su brazo para tocar el hombro del heredero y abrazarlo, quien la correspondió al instante.

Vegeta Jr. se levantó de su asiento, su padre les había dicho que ella estaría fuera unos meses, más nunca lo creyó. Sabía que la había castigado, se lo había preguntado a las criadas que entraban y salían de la recámara de su madre hasta que bajo amenaza, ellas habían confesado. Acordó guardar el secreto con Trunks. Baserk no habría soportado saber que su progenitora estaba aislada sin poder salir de su alcoba.

—Madre, bienvenida —dijo el segundo hijo del soberano llegando hasta su madre, tomó su rostro entre su manos y le dio un beso en la frente —Espero que este distanciamiento no vuelva a suceder jamás.

—Mis niños —chilló dejándose arrastrar por su amor de madre.

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Habían transcurrido dos semanas. Maron fue asignada como criada de la esposa del rey tal como ella lo había ordenado.

El error de aquel intento de usurpadora había sido grave, y tanto la humana que llevó a cabo el maquiavélico plan, como la responsable, cerebro detrás de ello, pagarían muy caro lo que habían hecho. Ninguna saldría ilesa de la venganza que Bulma implementaría, porque pretender adueñarse de lo suyo, meterse en su territorio y querer pisotearla como sino tuviese un lugar en el corazón del rey, era algo que no iba a dejar sin castigo alguno. Cada una de ellas lo lamentaría hasta el punto en que se arrepentirían de haber nacido. Iba a ser de sus vidas un infierno.

En ese planeta no se sobrevivía derramando lágrimas y mucho menos, aferrándose a lo que un día le fue inculcado en su planeta natal. La Tierra era un astro de costumbres sentimentalistas que en Vegitasei no tenían cabida. Lo había aprendido a la mala, lo había tenido que superar a base de dolor y sufrimiento, pero todos esos años no pasaron en vano sobre ella, le habían servido para madurar, para darse cuenta que sino se acoplaba a esas nuevas normas no podría salir adelante. Llegó hasta el puesto donde estaba por cuestiones del destino, ella no tuvo la oportunidad de decidir, había escalado por voluntad del monarca hasta convertirse en su esposa y no por deseo propio, aunque los mimos de los que gozaba por ser su mujer eran realmente satisfactorios. Él la complacía en todo, tenía cuanto pedía, al igual sus hijos, no podía negar que eso era una gran ventaja. Aceptó al gobernante saiyano tal y como era, con sus costumbres, reglas y todo lo que implicaba ser su compañera. Aunque, que lo aceptase no significaba que su traición no doliese, pero por muy contradictorio que sonara, maldecía esas leyes felócratas al mismo tiempo que entendía esa clase de naturaleza, debido a que ese no era su planeta, no eran sus raíces y tampoco llevaba los mismos genes que aquellos alienígenas súper dotados. El destino había hablado al unirla a él, ninguna otra podía tener lo que ella por mucho que se esforzarsen y era por eso, que no estaba dispuesta a desperdiciar un minuto más lamentando lo que pudo haber sido y que jamás sería de su vida. Su futuro dependía de las acciones y decisiones que tomará hoy.

Se giró dándole espalda a la doctora que en ese momento terminaba de revisar a la mujer que más daño le había causado en toda su vida. Maron, la esclava no se comparaba en absoluto con aquella otra infeliz que buscó por todos los medios enredarse con Vegeta, Arian no había llegado demasiado lejos, la humana de cabellos celestes, sí, estaba arruinándole la vida a cada paso que daba. Estaba yendo demasiado rápido y como esposa del rey no lo permitiría. Estaba en su derecho hacer cualquier cosa para detenerla.

Bulma quedó de espaldas hacia la criada que estaba en la cama, tomó un suspiro disimulado intentando que la noticia no le perjudicara mientras la médica terminaba de revisar a la esclava. En ese momento le fue casi imposible no sentir, percibió cómo las lágrimas quisieron aparecer en sus ojos, más no lo permitió, cerró sus párpados un segundo y elevó el mentón con orgullo. No debía quebrarse, no ante el hecho de que esa mujer iba a parirle un hijo al padre de sus vástagos. El dolor le atravesó dándose cuenta de que todo estaba derrumbándose a su alrededor y una monstruosa idea se atravesó como un rayo por su mente. Se dio la vuelta y observó a Maron con una sonrisa cínica en sus labios y aquel pensamiento, se consolidó en su mente al pensar en que tenía el poder para deshacerse de aquel niño sin consecuencia alguna.

—¿Sabes que podría ordenar que te hagan abortar ahora mismo? —expresó clavando su mirada en el rostro de la criada que palideció al escucharla.

—¡Es el hijo del rey! —chilló Maron levantándose lentamente de la camilla hasta quedar sentada. —¡Él lleva la sangre de Vegeta, no podrías! —gimió sintiendo el miedo recorrer sus venas, sabía que Bulma tenía la potestad para ordenar incluso que la matasen, nadie podía detenerla si así lo decidía.

—¿Crees que eres tan especial? —una risa burlesca se escapó de la garganta de la ojiturquesa —No eres nadie Maron, el rey ni siquiera quiere saber de ti. No vales nada —dijo dándose la vuelta para salir del lugar. Cometer una locura que estaba fuera de su naturaleza era lo último que quería hacer. El odio y la sed de venganza podían cegarla y hacerla cometer cualquier clase de aberración, pero también era consciente que la criatura no tenía culpa alguna, si ordenaba su aborto, estaba segura que se arrepentiría de cometer ese error por mucho que le doliese saber que ese niño sería el engaño materializado de su esposo con esa vulgar mujer —Hazte cargo del resto, Nion —ordenó a la saiyana que estaba acompañándola una vez salió al pasillo, fuera del ala médica de la servidumbre.

—Por favor, vaya a su habitación y descanse lady Bulma, tranquilícese antes de hablar con su majestad —aconsejó colocando su mano en el antebrazo de la peliazul, la joven consorte asintió retirándose del sitio junto a su comitiva que la esperaba fuera la habitación.

Nion, suspiró estresada al ver a la esposa del rey desaparecer al final del pasillo, se giró para regresar, pero antes de poder hacerlo, una mano sujetó su muñeca haciéndola volver sus ojos para ver quién la estaba reteniendo.

—¿Bardock? ¿Estás loco? ¿Cómo puedes aparecerte así? —dijo la mujer en tono bajo al tiempo en que jaló su mano evitando todo contacto público con el saiyajin.

—Tuve que esperar demasiado tiempo para que al fin estuvieras sola —comentó el hombre emitiendo una sonrisa observando a la hembra que aún después de tanto tiempo tenía cautivado su corazón.

—¡Vete! ¡Podemos reunirnos fuera del palacio sin correr el riesgo de ser vistos! Ahora alguien puede vernos —murmuró Nion dándose la vuelta para volver dentro de la habitación. No logró dar un paso pues Bardock, la sujetó por los hombros y acercó su cuerpo al de ella posando sus labios en los de la científica. Con hambre, empujó su lengua al interior de la boca de la femenina que aceptó su beso correspondiendo a sus exigencias por algunos segundos hasta que logró, con mucho esfuerzo, apartar al hombre

—Nos vemos en la noche —añadió él mientras la veía entrar.

A lo lejos y sin que nadie la viera, Maron, se apresuró a sentarse en la camilla nuevamente y aún conmocionada por lo que acababa de observar, controló sus ganas de restregarle a la científica saiyana su desvergonzado actuar.

—Vamos, Maron, te llevaré a una nueva recámara —habló Nion adentrándose al recinto. La esclava elevó su vista para fijarla en la mujer, aún no podía creer lo que había visto y escuchado ¿En qué momento ese par se habían comenzado a entender? Nunca pensó que la saiyana que siempre mostraba un carácter serio y una conducta recta fuese capaz de mezclarse en un escándalo de esa magnitud. Si alguien más lo supiese, si tan solo esa noticia llegase a oídos del consejo, inmediatamente esa mujer sería condenada a un castigo tan serio, que podría costarle la vida por su deshonra, porque no solo estaba amancebándose con un alto funcionario del gobierno, sino que además, ella había sido la mujer del extinto rey Vegeta III. El escándalo sería inevitable —Apresúrate, no tengo tiempo para lidiar contigo —recalcó haciéndole un ademán a la humana para que saliese del lugar.

—¿Por qué una nueva habitación? —cuestionó Maron aún con su cabeza puesta en el agravio de la científica.

—Es más grande y más cómoda. Pero ese privilegio no es por ti, sino por la criatura. Vas a parirle un hijo a su majestad y hasta que des a luz, estarás vigilada día y noche —respondió tajante leyendo en la tableta que tenía en sus manos, las demandas que Bulma acababa de enviarle, en el mensaje ordenaba el reacomodamiento de la terrícola en una alcoba en donde dispusiera de las atenciones básicas en tanto durara su embarazo, así como también, sus libertades estaban restringidas, no podía salir del cuarto sin supervisión, solo si Bulma aprobaba sus paseos.

—¿¡Qué!? ¡Seré la madre de un príncipe! ¡Nadie puede nunca más tratarme como una criada! —chilló siguiendo los pasos de la saiyana que volteó su rostro para ver a la femenina.

—¡Hasta que el rey no reconozca a tu hijo, no eres nadie! —Nion, elevó la voz al decirle aquello a la hembra. Maron, solo le recordaba a la arpía de Root, aquella infeliz que le hizo la vida imposible al lado de Vegeta III hace años atrás, así que si estaba en sus manos ayudar a Bulma para deshacerse de la esclava humana, lo haría sin pensarlo dos veces. La segunda consorte no podría ser afectada por ninguna desgraciada que intentaba usurpar su lugar mientras ella estuviese viva —Además, debes dar gracias de que es Lady Bulma quien te tiene bajo su responsabilidad, y no la princesa Nyu.

Minutos después, entraron al que sería el nuevo dormitorio de la sirvienta. La peliceleste, alzó su mirada observando con detenimiento el lugar. Pasó sus ojos celestes por cada detalle de la recámara, y una mueca de disgustos apareció en su rostro.

—Estoy segura que te has equivocado de habitación, esto no es más que un mugriento cuarto lleno de muebles viejos —se quejó al ver que el pequeño espacio, solo disponía de una gran cama y una mesa de noche, todo sin ninguna clase de lujos, con sábanas ordinarias y una ventana adornada con cortinas rusticas.

—Es mejor que el minúsculo aposento donde estabas. Al menos tiene baño propio y es espacioso. Además, son órdenes de la segunda esposa del soberano. De ahora en adelante, aquí dormirás, comerás y solo podrás salir para tomar el sol dos horas por la mañana. Tu criada asignada ocupará el cuarto donde estabas anteriormente. Tu deber ahora es tener un embarazo fructífero y parir un niño sano —respondió Nion comenzando a salir del sitio para darle las instrucciones a dos guardias que ya estaban dispuestos en el pasillo.

—¿Cómo es posible que apruebes ésta injusticia? —cuestionó deteniendo con sus palabras el andar de la científica que se giró para ver a la humana —¿Por qué estás del lado de ella? Yo también soy terrícola, puedo darle muchos hijos al rey Vegeta. ¿Por qué la apoyas a ella y no a mi? —miró con seriedad a la femenina frente a ella.

—Lady Bulma no llegó a la vida de su majestad a base de quedar preñada de un hijo suyo… —comenzó a decir acortando la distancia que las separaba —… Ella siendo humana, se ganó el respeto de muchos, incluso entre algunos puristas, le ha dado cuatro descendientes al monarca y además, fue elegida por el mismísimo rey para ser su esposa, todo eso y más, es motivo suficiente para respetarla y apoyarla. ¿Es que acaso no ves que tú nunca podrías lograr nada de eso? —dijo deteniéndose frente a la mujer que tenía fijos sus ojos en ella —Para el rey solo fuiste una copia a la que usó para darse placer y depositar su despecho en tiempos de discordia con su consorte —finalizó uniendo sus cejas con el entrecejo fruncido.

Maron, lejos de enfurecerse por las palabras de la hembra, sonrió descarada elevando su rostro a la altura de la saiyana.

—¿Y qué se necesita para ser alguien en éste planeta? ¿Acostarse con un general de alto rango como lo haces tú? —preguntó sabiendo que con la información que tenía en sus manos podría chantajear a esa mujer a su antojo.

—¿¡De qué diablos estás hablando!? —interrogó Nion con evidente enojo.

—Lo sé todo —expresó cuál serpiente cazando a su presa —Sé que Bardock es tu amante.

—¡Cómo te atreves!...

—¡NO! —interrumpió Maron con un grito —¡Cómo te atreves tú a querer darme lecciones de moralidad cuando no eres más que la zorra del general del escuadrón de choque! —la palma de la femenina, se detuvo en el aire al pensar que golpeando a la humana, solo le daría la satisfacción de verla dolida por sus palabras. Lentamente bajó su mano, no iba a tocarla, ni siquiera eso se merecía.

—¡Es mejor que mantengas esa boca cerrada! Nadie creerá una sola de tus mentiras porque a diferencia de ti, yo sí tengo una reputación intachable —bramó encolerizada saliendo de la habitación con el solo pensamiento, de resolver el problema antes de que todo se saliera de control.

.

Era de tarde. La serenidad y la calma que por la mañana habían abandonado su cuerpo habían regresado lentamente haciéndola pensar con claridad. Si quería resolver sus problemas, no solo tenía que cortar el árbol, también debía asegurarse de destruir sus raíces para que absolutamente nada quedará, por ello, su primer paso era hablar con la artífice de todo lo que acontecía a su alrededor.

—Lady Okra está aquí —Shitsuji en la entrada avisó de la presencia de la saiyana.

—Que pase.

A medio día, le habían avisado que el soberano solicitaba su presencia en su despacho privado. No le habían dicho el motivo, pero supuso que quería hablarle sobre Maron. La muy imbécil era tan inteligente como estúpida; había logrado meterse en la cama del hombre pero no había podido mantener su lugar lo suficiente como para deshacerse de la científica de una vez por todas. Algunas de las criadas que trabajaban para ella le informaron que la golfa terrícola regresó con el soberano hacía unos días, que de alguna manera él había retornado a ella y que no había un solo día en que Bulma, no durmiese en los aposentos reales. La hembra saiyana, no pudo evitar preguntarse ¿Qué demonios tenía esa mujerzuela para que el rey no pudiera desecharla de su vida? Maron era idéntica, pero parecía que no era suficiente para complacerlo. El monarca podía tener las mujeres que quisiese pero ¿Por qué prefería a una cualquiera para esposa cuando podía tener a una mil veces mejor si así lo desease? ¿Era realmente cierto lo que decían? ¿Bulma lo habría hechizado?

—Vamos, sígueme —la voz del mayordomo la sacó de sus pensamientos. La pintora elevó el rostro cuando su suegro le hizo un ademán para que entrase y lo siguió hasta el interior deteniéndose a un par de metros del escritorio. Sonrió al ver la silla girarse lentamente esperando ver al rey sentado ahí, más su expresión cambió instantáneamente a una de sorpresa cuando quien estaba sentado en ese lugar, se dio la vuelta totalmente.

Cuando sus orbes negras detallaron a la persona que estaba en ese sitio, sus cejas se estrecharon y sus ojos se viraron con molestia, hacia el mayordomo que la miró inmutable ante su reacción de confusión.

—Déjanos solas —ordenó y los ojos turquesa de la segunda consorte se fijaron en la mirada obscura de Okra que volvió a verla cuando la puerta del despacho se cerró a sus espaldas.

—¿Qué haces aquí? Su majestad pidió ver…

—Su majestad, mi esposo… —la interrumpió la peliazul poniéndose de pie y posando ambas manos sobre el escritorio sin apartar ni un momento su mirada de la de la arpía que más problemas le había causado en el palacio —No ha mandado a llamarte, fui yo.

—Pero…

—¡Cállate y escúchame Okra! —chilló irguiéndose —Sé que fuiste tú la autora intelectual de ese estúpido plan que formulaste con aquella zorra para lograr que me suplantara —rodeó el escritorio y bajo el par de escalones caminando directamente hacia la saiyana que se tensó ante las palabras de la científica —¡Pero oh sorpresa! —dijo deteniéndose cara a cara a poca distancia de ella —Mírame aquí, sigo tan fuerte como siempre.

—¿Cómo se te ocurre decir algo así? Por supuesto que yo no…

—¡Cierra la boca y no vuelvas a hablarme de manera informal, atrevida! —gimió frunciendo sus delgadas cejas —¡Por supuesto que fuiste tú! ¡Tú y esa ramera poca cosa que intentaron apartarme de MI REY! —las manos de la saiyana se volvieron un puño ¿Es que acaso la idiota de Maron le había contado todo? ¿Esa infeliz la había traicionado? ¡No, no podría ser! ¡Ella le había puesto en bandeja de plata al soberano, no quiso creer que esa prostituta la hubiese usado! Porque de ser así ¡La mataría! —Eres tan patética que necesitaste de una mujer físicamente similar a mi para enredar a Vegeta —Bulma se echó a reír de forma burlesca mostrando su blanca dentadura.

—Lady Bulma, no debería de celebrar, aún no sabemos lo que Maron puede llegar a significar para su majestad, él aún dispone de sus servicios y estando cerca ellos podrían…

—¡Oh Kami! —expresó la humana ladeando el rostro al tiempo en que emitió una falsa manifestación de asombro —¿Tus informante son tan inútiles que no te dijeron que ahora esa mujerzuela es mi criada?

—¿¡Qué!? —la pintora real no quiso creerlo, hacía dos semanas que había hablado con Maron debido a que había estado fuera de la ciudad esos últimos quince días, pero la tonta no le había mencionado absolutamente nada —¡Su majestad no se desharía de ella, es su favorita!

—Fue su pasatiempo momentáneo producto de su desesperación porque yo me negaba a estar con él, y aunque... —la científica vio de pies a cabeza a la saiyana antes de continuar —… fue un plan muy bueno, demasiado para imaginar que tú lo ideaste —soltó mordaz sin apartar sus orbes turquesa de los negros que expelían furor y odio hacia la mujer que tenía enfrente. Si fuese por ella, ahí mismo le quebraría su delicado cuello, pero sabía que de hacerlo, la matarían antes que pudiera poner un pie fuera de esa habitación —Le diste poder a quien no debiste y terminó sobrepasando tu inteligencia.

—Maron me sirve a mi, no intente decirme que ella se pondrá de su lado porque jamás lo creeré —afirmó segura de sus palabras y vio a la terrícola sonreír.

—Maron se convirtió en lo que tú nunca pudiste ser, pero eso se acabó, pasó a la historia tal y cómo tú pasarás siendo tan solo una miserable que todos han despreciado —mirándola con ojos chispeantes.

—¡No se atreva, lady Bulma! ¡No porque sea la esposa de su majestad voy a dejar que me pisotee! —gritó apretando a un más sus puños ¡Qué se creía esa maldita humana para hablarle de esa manera!

En ese momento, Shitsuji y Raditz entraron al despacho pues escucharon desde afuera la discusión de las femeninas. Bulma, alzó su mano derecha sin voltear si quiera a verlos, no quería que nadie interviniera en ese asunto que estaba por zanjar.

Los saiyajin se detuvieron al ver a la segunda consorte, más no salieron de la habitación, tenían el deber de proteger a la terrícola y si Okra llegaba a perder el control tenían que actuar.

—¿Es que acaso miento Okra?, ¡Fuiste la ramera de Vegeta III que posteriormente desechó! Luego su hijo te usó y te botó al igual que tu actual marido. Ni siquiera Zorn te soporta porque saben lo que eres… —chilló aproximándose a ella con toda la rabia que, las acciones de Okra, le había causado desde que llegó a Vegitasei —¡Solo una puta fina que se acuesta con cualquier saiyan de rango alto para sentir que al menos sirves para algo!

En ese momento Okra no pudo más, sus ojos se volvieron rojos ante la ira y alzó una de sus manos con tan solo un objetivo en mente, quebrarle el cuello a la humana.

—¡Maldita! —gritó, y antes de que pudiera golpearla, una bofetada hizo ladear el rostro de la pintora que se quedó inmóvil en su posición.

—¡Lady Bulma! —para cuando Okra volvió sus ojos hacia la peliazul que acaba de golpearla, Shitsuji y Raditz ya estaban al lado de la humana.

—Espero y que hayas aprendido, que con la verdadera reina de este planeta nadie se mete —declaró girándose para regresar a la silla tras el escritorio.

—Lady Bulma, ¿Le digo a Okra que salga? —manifestó el mayordomo que observó la mejilla roja de la saiyana.

—No he terminado —la voz de la científica se hizo escuchar deteniendo los pasos que ya la mujer había dado con dirección a la salida —Tú as bajo la manga te superó—comenzó a decir al tiempo en que la hembra se giró para verla —Maron está embarazada ¿Eso también era parte del plan? —cuestionó frunciendo el entrecejo.

Durante Los primero segundos Okra no emitió palabra alguna, su mente apenas estaba procesando las palabras de la científica y por dentro se negó a creerlo.

—No… —titubeó tragando en seco ante el estado de estupefacción que la revelación le había generado —No creo nada de lo que ha dicho, solo quiere burlarse de mi usando a la única mujer, que logró que su majestad dejara de tener predilección por usted —negó con la cabeza rechazando la afirmación de la consorte —Además ¡Maron es estéril! ¿Cómo supone que creeré tal embuste? —gimió escuchándose a sí misma y sintió, como todo su plan se vino abajo, no era así como había pensado que todo eso acabara, en su mente, el final de todo aquello era que Bulma fuese echada del palacio y cuando la humana de cabello celeste no le sirviera más, la mataría. Y si esa mujer se había atrevido a engañarla de esa manera, no tendría piedad alguna. La destrozaría hasta el punto de adelantar sus propósitos.

—Ve y pregúntaselo a ella misma —expresó Bulma recordando que esa mañana le habían practicado el examen a la sirvienta y frente a sus ojos, la doctora había confirmado que estaba en cinta —Esto te pasa para que aprendas a no confiar en nadie. Fuiste tan estúpida al intentar dañarme que solo caíste en tu propia trampa.

La pintora, sintió como un hueco se abrió en sus pies y un frío recorrió su columna vertebral dejándola helada por un instante. Inconscientemente, detuvo su respiración y antes de que Bulma pudiese decirle algo más, se dio la vuelta para correr fuera del despacho.

Bulma observó a la mujer salir apresurada de la habitación, ella esa mañana habría querido también hacer lo mismo. Correr, alejarse de toda esa porquería en la que el mismo Vegeta la había obligado a meterse. Antes de que los saiyajin purgaran y exterminaran su planeta, antes de ser parte de la monarquía saiyajin, ella jamás habría imaginado que algo así llegaría a sucederle. Era cierto que el rey había soportado mucho para estar con ella cuando aún era un príncipe, debido a que su padre fallecido, el consejo y todos los purista, se opusieron a que ella diera a luz al niño que sería el heredero de la corona; pero nada, absolutamente nada de eso justificaba la traición del soberano. Lo había perdonado, porque estaba consciente de que ya no estaba en la Tierra, porque sabía que las costumbres de Vegitasei carecían de valores y moral, pero que esa criada fuese a darle un cachorro a su esposo, eso no podría perdonárselo nunca.

—Lady Bulma —la llamó por segunda vez Shitsuji, al ver a la muchacha de cabello turquesa perdida en sus pensamientos. La humana alzó el rostro y posó su mirada en el anciano. Suspiró y se puso de pie.

—Vamos, tenemos que ver a su majestad —dijo pasando al lado del mayordomo que asintió yendo tras ella.

.

La energía en su cuerpo apenas podía mantenerse controlada. No podía creer que esa vagabunda a la que había acogido en su casa y posteriormente acercado a Vegeta ahora fuese a parir un chiquillo de la estirpe imperial del planeta. Lo que más rabia causaba dentro de sí ¡Es que ella misma había situado la serpiente en el palacio para que luego ésta se voltease en su contra! ¡Era imperdonable!

Por mucho tiempo Okra había deseado encontrase en el lugar de la esposa del monarca, ser ella a la única a la que llenará de atenciones y mimos, la que pariera a sus hijos y gobernara a su lado, pero en cambio, ella era estéril, mientras otra terrícola había sabido ingeniárselas para poder inclusive, preñase del hombre que quería exclusivamente para ella.

No tardó demasiado en llegar a la habitación de Maron en el harén, la maldita ramera iba a pagar su hazaña con su vida en ese mismo momento ¡Nunca permitiría que diera a luz a un hijo de Vegeta! No mientras ella estuviese viva. Varias de las concubinas que ahí se encontraban la saludaron al verla entrar, pero sin escuchar, ni voltear a ver a ninguna, llegó hasta la puerta de la recámara de la humana. Los guardias ya habían recibido la orden de Bulma de que le permitiesen a Okra entrar a ver a Maron, así que la pintora abrió la puerta de golpe encontrándola sentada en la cama.

Sus ojos obscuros, malignos y llameantes que demostraban la furia que desde su interior emanaba, recorrieron el cuerpo de la esclava que se puso de pie al verla entrar de esa forma. El escudriño de la pintora se detuvo en el vientre de la mujer y rápidamente, subió su mirada al rostro de la misma.

—¡Maldita! ¡cómo pudiste! —gritó fuera de sí caminado hacia al criada que se tensó al escuchar su tono rabioso.

Las muchachas del harén, se amontonaron en la puerta mientras murmuran entre sí ¿Qué habrá sucedido? ¿Maron será echada del palacio? ¿Por qué está tan enfurecida lady Okra? ¿Lady Bulma sabrá que ella está aquí? Todas, se asustaron al ver que la saiyana sujetó del cuello a la humana.

—¡Suéltame! —gritó Maron intentando quitar la mano de la pintora de su cuello.

—¡Lady Okra, por favor suelte a Maron! -gritó la sirvienta de la terrícola, quien entró corriendo para tratar de quitarle de encima a la enfurecida femenina.

—¡Quítate, basura! —le gritó Okra a la criada de Maron, empujándola contra el piso.

—¡Auxilio, quítenme a esta loca! —chilló la preñada mujer con desesperación.

—¡Te di mi confianza y la pisoteaste! ¡Voy a matarte! —bramó enardecida apretando la garganta de la peliceleste, pero ésta, alzó la mano no dispuesta dejar que Okra acabara con su vida y la de su bebé, y en un intento desesperado por liberarse, con sus uñas arañó la mejilla derecha de la hembra que la soltó al instante.

—¡No te atrevas a sobrepasarte conmigo, Okra! —gritó la humana alejándose de la diplomática. La mujer, llevó su mano a su mejilla sintiendo cómo su piel ardía y dolía. Con sus dedos, palpó los rasguños y al verlos, éstos estaban manchado con su sangre —¡Soy la mujer que dará a luz a uno de los descendientes de su majestad, si él se entera que me has tocado te matará! —añadió palpando el vientre en donde gestaba su hijo real.

Okra, se giró para ver a las mujeres del harén observando todo lo que estaba pasando, se movió hasta la entrada sin permitir que ninguna cuestionara su comportamiento. También agarró por el pelo a la sirvienta de Maron y la lanzó fuera de la recámara. Cerró la puerta dejándolas fuera del problema que solo le incumbía a ella y a la zorra tracionera.

—¡Vegeta no movería un dedo por ti, perra traidora! —chilló pasando una mano por su melena obscura volviendo en sus pasos para llegar frente a Maron. Su ceño se frunció aún más cuando una sonrisa burlona se dibujó en los labios de la terrícola que en vez de salir de ahí, no se movió de su sitio mostrándose altiva.

—Ni siquiera la esposa del rey ha podido deshacerse de mi, ¿Qué te hace pensar que tú lo lograrás? —cuestionó alzando su barbilla en un gesto atiborrado de orgullo.

—¡Cierra la boca! ¡Esto debe ser otra de tus tretas. Me dijiste que eras estéril, que en el prostíbulo nunca nadie te preñó, o descaradamente me mentiste al decirme que no podías preñarte! —reprochó luchando contra sus impulso de querer acabar con ella ahí mismo. Su estómago se revolvió de solo imaginar a esa golfa pariendo un hijo real y a SU Vegeta dándole todos los privilegios de una concubina favorita.

—No te engañé al decirte que no podía salir embarazada —respondió deshaciendo su sonrisa —Nunca antes pude quedar en cinta de los muchos hombres que tuve, y es por eso que me hice unos exámenes donde determinaron que para poder preñarme debía someterme a tratamiento. Pero ya ves, Okra, no necesité de ello. Parece que el rey es demasiado viril, y más si se trata de mujeres terrícolas —ésta vez bajó la mirada al tiempo en que acarició su aún abdomen plano con una sonrisa descarada —Ahora podré darle un hijo a su majestad, ¡Y ni tú, ni nadie podrá hacer nada!

Okra apretó la mandíbula resistiendo sus ganas por asesinarla. Le sería tan fácil quebrarle el cuello, pero no debía, no si quería eliminarla sin que nadie pudiera incriminarla y entendió que ese no era el momento precioso para actuar. Aún tenía varios meses en los que planear su muerte no sería difícil.

—Ya veremos cuánto dura tu falsa victoria, puta terrícola —respondió la pintora dándose la vuelta para salir de la habitación de la esclava.

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En el momento en que se lo dijeron, no quiso creerlo. Sabía que la doctora no le mentiría en algo tan delicado, pero al ver la sonrisa presuntuosa de la criada acostada sobre la camilla examinadora, supo que eso realmente estaba sucediendo. Su cuerpo se sacudió internamente, quiso gritar y ordenarle a los guardias que llevasen a la esclava al calabozo para que posteriormente la matasen, pero saber que un hijo de su esposo gestaba en el vientre detestable de esa mujer, fue lo último que podía soportar.

Mientras caminaba por el pasillo con dirección a la alcoba del rey, sintió cómo todos los problemas se acumularon sobre sus hombros. Le afectaron, le pesaron. Más de lo que debían, pero era humana, y aunque intentaba habituarse a las costumbres saiyanas, habían ciertas cosas que le sobrepasaban. No podía pretender que nada sucedía, tampoco que la preñez de esa maldita mujer, no significaba nada. Cansada de todo, sus ojos se llenaron de lágrimas y sus pies, detuvieron su andar al ver a pocos metros la puerta de la alcoba del soberano.

—Vamos mi señora, regresemos a su habitación. Su majestad entenderá que hoy no puede verlo —aconsejó Shitsuji sosteniendo con delicadeza el brazo de la hembra que negó meciendo su cabello.

—No, ésto no puede superarme —su voz, salió apenas audible en un hilo de tristeza y desconsuelo. Se apartó del toque del mayordomo alzando el rostro con orgullo. Era la esposa del monarca, y ninguno de sus enemigos debía ver cuán afectada estaba.

Llegó a la puerta de la alcoba real y los guardias en la entrada, le dieron acceso anunciado su llegada. Esa tarde Vegeta había mandado a llamarla como era habitual desde que se habían reconciliado, así que llenado sus pulmones de aire, limpió el rastro de lágrimas en sus mejillas y entró, mostrándose impávida.

En cuanto la puerta se cerró a sus espaldas, buscó con la mirada al rey dentro de los aposentos privados, encontrándolo en el sofá de la estancia, con un vaso de licor en su mano y vistiendo solamente, su pantalón spandex y sus botas.

Cuando sus ojos se encontraron, él le sonrió malicioso viéndola de pies a cabeza, deleitando su pupila negra con la vista extraordinariamente hermosa de su mujer. Ella llevaba un vestido de color burdeo ceñido en su pecho y suelto desde su cintura, cayendo grácil hasta tocar el piso.

—Ven —dijo el monarca llamándola con su ronca voz, estirando el brazo para que ella tomase su mano. La peliazul avanzó sobre sus pies hasta llegar a él, y se detuvo a medio metro del hombre mirando la palma del saiyajin. Por fuera parecía que nada sucedía, pero por dentro un torbellino de emociones que se arremolinaban sin encontrar un lugar dentro de la humana. Él la observó unos segundos dándose cuenta, de que el olor de su mujer era distinto, estaba cargado de tensión y bajó la mano que le había ofrecido. Dejó el vaso de licor sobre la mesa para ponerse de pie, y dio un par de pasos acortando la distancia entre ellos. Pudo ver entonces, los ojos rojos de la muchacha, su nariz enrojecida y sus ojeras rosáceas, dándose cuenta que había llorado —¿Qué sucede, Bulma? —preguntó llevando su mano derecha al mentón de la femenina para que lo viese, cuando ella bajó la mirada.

—Dime qué debo hacer con éste dolor que has causado en mi —manifestó la muchacha arrugando sus cejas y fijando la mirada en la del rey, que la observó confundido.

—¿De qué estás hablando? Creí que entre tú y yo todo estaba resuelto —le dijo imaginando que la molestia de su consorte, se debía a su reciente error.

—¡No! —chilló llevando una mano a su pecho en donde la posó intentando no desmoronarse cuando un golpe de angustia y desesperación dominó sus sentidos —¡Nunca te perdonaré que esa mujer vaya darte un hijo! —gimió permitiendo que todo el dolor que contenía saliera con sus palabras. Era verdad todo lo que Nion le habia dicho, en cierta parte tenía la culpa, había permitido que esa mujer entrara en la vida del saiyajin real, pero no podía cargar con todo el crédito de tal error.

—¿Un hijo? ¿A qué te refieres?.

—¡Ella! —con la mano que tenía sobre su pecho, la estiró señalando hacia la entrada de la habitación —¡Esa vagabunda que permitiste que calentara tu cama ahora está embarazada! —quiso golpearlo como que si con ello pudiera arrancarse toda la rabia de su ser. Se contuvo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y lo vio negar.

—No puede ser —respondió él recordando que la misma Maron le había dicho —¡Esa imbécil afirmó no poder preñarse!

—Yo mismo estuve presente cuando la doctora la revisó ¿¡Cómo puede no ser real!? —gritó apretando sus párpados dejando que las lágrimas enjugaran sus ojos.

—Debes entender que jamás fue mi intención ¡Esa criada no significó nada y sabes que fue así! Además, ¿Cómo puedo estar seguro de que es mío? Esa ramera obviamente no era virgen, y quien sabe si cogió con alguien más —respondió pasando una mano a su melena espesa.

—Te repito que es tuyo. Sabes que la ciencia en Vegitasei está adelantada al respecto. Ya no es como en los tiempos de tu padre según Nion me explicó. El crío es tuyo —por un momento, los orbes obscuras del rey se detuvieron para observar a la peliazul, ella estaba sufriendo, por su culpa, por haberse dejado llevar por la ira y su despecho cada vez que ella lo rechazaba. Se aproximó a la hembra y con sus pulgares limpió las gotas cristalinas que salían de sus ojos.

—No llores, Bulma, lo resolveré de alguna forma—habló deseando que nada de eso hubiese pasado —Nunca quise lastimarte de ésta manera, perdóname —expresó con tal certeza que la ojiturquesa sintió que él en verdad estaba arrepentido, aunque eso, no cambiaba el hecho de que otra mujer iba a parirle un hijo.

—No sé si pueda hacer esto Vegeta —declaró, haciendo que a su mente llegara cada uno de los consejos de Nion. Le había dicho tantas cosas certeras, que había tomando la decisión de no dejar que ese tropiezo interfiriera en su relación.

Vegeta apartó sus manos del rostro de la científica. Frunció el entrecejo aún más y se giró para tomar la parte superior de su traje que estaba sobre el sofá, y se lo colocó.

—¡Voy a matarla! ¡Ese chiquillo no nacerá! —bramó enfurecido comenzando a caminar hacia la salida.

—¡Detente! ¿¡Qué vas a hacer!?

—Ni esa mujer estúpida ni ese mocoso me interesan, Bulma. Deben morir —respondió sin detenerse, pero fue atajando por la muchacha que se puso frente a él.

—¡No! No puedes —la vio negar convencida —Ese niño no tiene la culpa de lo que tú y ella hicieron —desvío la mirada con rabia al pensarlo —¿Es que acaso no lo ves? —cuestionó volviendo sus ojos a él —¡Okra planeó todo! ¡Ella y Maron estuvieron de acuerdo para hacer esto! No es coincidencia que esa mujer tan similar a mí viniese a servirte.

—¡GUARDIAS! —gritó el saiyajin real con voz tan potente, que la misma Bulma temió lo que pudiera hacer. Se giró para caminar hacia el ventanal mientras escuchó que ordenó liquidar a la esclava. Su cuerpo se petrificó al notar la frialdad con que demandó que acabaran con la vida de un ser viviente y que encima, también de trataba la de ese niño sin pecado alguno. Su moral y sus valores humanos, no podían permitir semejante aberración. Lentamente, se giró para ver a los soldados asentir a su disposición.

—¡Por favor no! —gritó con voz ahogada y sus pies apenas lograron responderle para llegar hasta la entrada donde aún se hallaban los guardias —¡Diles que no lo hagan, Vegeta! ¡Ésto no puede ser! El niño es inocente.

—Si quieres acabar con un problema, debes cortarlo de raíz —respondió seguro. No quería saber más nada de aquella zorra, tampoco del bastardo que llevaba dentro. Era mejor que deshacerse de ambos antes de que se convirtiesen en un inconveniente mayor.

—No es así como lo resolveremos —respondió ella negando con su cabeza —El niño no tiene la culpa. Tampoco quiero que nuestra familia se vea afectada por ésta decisión —dejó salir el aire de sus pulmones recordando lo que la tía del rey le había dicho —Nion me contó que si un gobernante atenta contra su propia sangre, una maldición cae sobre ellos y en sus descendientes —alzó el rostro con determinación. No podía permitir que algo así le pasase a sus críos —Tal como le sucedió a muchos de tus antepasados.

—No creo en nada de eso, Bulma —respondió fijando su mirada en la de ella. La científica, suspiró cerrando los ojos, calmado sus emociones que estaban al borde del abismo para sí misma, no podía permitir que sus enemigos consiguieran dañar a sus niños o al mismo Vegeta, bajo ninguna circunstancia.

—Por favor, no lo hagas, detén ésto —suplicó, y vio entonces que él hizo un ademán a los guardias para que los dejaran solos.

La terrícola, se adentro en la habitación llegando hasta el ventanal en donde el golpe de la brisa gélida de la noche acarició la piel de su rostro.

—Bulma —la voz fría del rey resonó cerca de su oído, pudo sentir su presencia a sus espaldas y se giró para verlo. La joven notó la tormenta en los orbes negruzcos de su esposo y todo la confusión en su mente se aclaró dentro de sí en ese momento.

No dejaría que ni Maron, ni Okra, se saliesen con la suya y mucho menos les concedería el placer de verla derrotada. No podrían separarla de su esposo. Lo había pensado bien, haría caso a los consejos de Nion. La científica de cabello añil, le había demostrado que estaba de su lado, por ello había decidió escuchar su opinión, haciendo caso omiso de sus impulso por mandar a Vegeta al diablo y alejarse del planeta. La idea de abandonarlo se le había cruzado por la mente en el mismo instante en que supo que aquella esclava le pariría un crío, pero al mismo tiempo, se negó toda posibilidad. No podía siquiera concebir una vida sin él, sin sus hijos que no podría llevar consigo, porque de largarse, lo haría sola, los príncipes y la princesa les pertenecían a la dinastía tal como Nion lo había dicho. Maron, pero sobre todo Okra, lo pagarían muy caro.

—Vegeta —murmuró lanzándose a sus brazos. Lo sujetó por el cuello enroscado sus brazos en éste y lo atrajo a su cuerpo —Por favor, no permitas que Okra se salga con la suya, no dejes que nos separe —se alejó un poco para verlo a los ojos y sintió cómo él la sujetó por la cintura —Eres mi razón de ser majestad, sin ti mi vida no tendría sentido. Promete que ella tendrá su castigo —pidió suavizando su tono. Era momento de ser inteligente. Tenía en sus manos la capacidad de lograr que él hiciese todo por ella, y no desaprovecharía la oportunidad.

Él vio los ojos tormentosos de su esposa. Había cometido un error que no podía reparar y estaba consiente de ello, pero también estaba seguro que la llegada de Maron a su vida era todo menos una casualidad. Okra le había metido el problema en su cama, y él estuvo tan cegado por el rechazo de su esposa que no supo actuar con raciocinio en aquel momento.

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Ella se caracterizaba por ser una mujer astuta, sagaz e inteligente, pero parecía que en lugar de lograr lo que quería, daba dos pasos hacia atrás en vez conquistar sus objetivos. Estaba harta de todo. Cansada de poner a los pies del rey sus sentimientos y que éste no viera cuán valiosa era. Había llegado al punto en que el hastío dentro de sí, le quemaba. Se negaba a sí misma una y otra vez a aceptar, que todo lo que se proponía era arruinado por esa humana científica. Por esa criatura miserable e insignificante que había hechizado al monarca; y mientras esa terrícola tenía todo, su orgullo solamente recibía pisotones. Su conciencia no podía aguantar otro magullón más, no cuando cada golpe recibido habían echo mella en lo más profundo de su corazón.

Cuando entró al despacho del saiyajin real lo supo. Él estaba molesto. Sus ojos ininteligibles se lo dijeron aún sin cruzar palabra alguna con él. Aún así, se quedó de pie a unos metros del escritorio donde él se encontraba sentado en la silla tras éste, en el mismo lugar donde el día anterior la terrícola la había citado.

—Majestad —reverenció con respeto y antes de que pudiera erguirse para verlo, él ya había rodeado la mesa y se hallaba a solo un metro de ella.

—¿En qué momento perdiste todo respeto hacia tu rey? —preguntó el soberano en un tono tan glacial, que la diplomática sintió cómo un frío helador recorrió su espalda erizándole los vellos de la nuca. Ni las palabras gélidas del monarca, ni su mirada impasible echa fuego, fueron tan aterradoras como su expresión corporal. Parecía que el gobernante en cualquier momento se movería hasta ella y en solo movimiento, la haría pedazos en ese mismo sitio.

—Rey Vegeta, yo…

—¡CALLATE, OKRA! —gritó haciendo que la femenina diera un pequeño salto en su posición —¡CÓMO TE ATREVISTE A CONSPIRAR JUNTO A ESA ESCLAVA CONTRA MÍ! —añadió acortando la distancia que los separaba.

—Majestad, yo… —la saiyana quiso defender su postura, más él alzó la mano haciéndole una señal para que cerrara su boca —Pero, es que… está confundiendo las cosas —intentó hablar pero lo fue inútil, las palabras no salían de su boca y parecía que su cerebro se había desconectado de su lengua.

—¡SILENCIO! —bramó por lo alto sintiendo que apenas y podía controlar la rabia acumulada en su interior. Esa imbécil había ayudado a que los celos que sentía por lo que había hecho Bulma, lo cegaran. Sabía que la mayor parte de todo era culpa suya, por haberse dejado llevar por la frustración ante las negativas de su esposa durante tantos meses, pero si Okra no hubiese puesto a esa golfa a su disposición, ahora no estaría en la cuerda floja con respecto a la relación con la madre de sus hijos. Si perdía a Bulma, si ella tan solo se alejase de él, o llegase a negarse a compartir el lecho de su alcoba, se volvería loco. No concebía la vida sin ella, no podía ni siquiera imaginar no tenerla. Se había acostumbrado a su presencia, a escuchar su voz, al olor de su cuerpo, a ver su hermoso rostro cada noche y cada despertar. Estaba realmente perdido, pero lo único que le importaba era tenerla siempre consigo. No permitiría que nada, ni nadie, se interpusiera en lo que tenían. Mataría a quien fuese, sin importarle una mierda lo que los demás pensasen, antes de perder a la única mujer que había logrado tomar un lugar dentro de su pecho —Fue un error traerte nuevamente al planeta.

—¡No sé de que me acusa majestad, no tuve nada que ver con lo que ha sucedido! —respondió defendiéndose, no podía permitir que la científica ganara, porque estaba segura de que ella había puesto en su contra al rey. Apretó sus manos en puños con impotencia. Esa terrícola había embaucado al saiyajin más poderoso de la galaxia y él estaba tan ciego que no veía sus intenciones.

—¡Has sobrepasado tus límites, Okra! ¡No permitiré que sigas intrigando en contra de mi esposa, porque sé que esto lo hiciste solo para dañarla! —dijo dándose la vuelta para ir al escritorio y tomar una hoja que extendió con dirección a la saiyana —Hoy mismo abandonarás Vegitasei, y mientras yo sea el rey, no regresarás.

Okra sintió como si un balde de agua fría cayese sobre ella. Se quedó por unos segundos congelada en su sitio y bajó la mirada al papel que él estaba entregándole. Caminó lentamente hacia el monarca sin apartar la mirada de la hoja que tenía estampado el sello imperial. Tragó duramente cuando tomó la página en sus manos y leyó lo escrito. Él legalmente la había exiliado.

—¡Majestad, no! —gimió echándose sobre el suelo. Cayó de rodillas arrugando el papel en sus manos al darse cuenta de que irse del planeta, era igual o peor a que la muerte, rogó extendiendo su brazo en un intento por tomar la capa del monarca, pero él se hizo a un lado al ver las intenciones de la hembra.

—No importa lo que digas, la decisión está tomada —respondió el girándose para volver a la silla del escritorio. Miró a la mujer ponerse de pie lentamente.

Ella observó nuevamente el papel en sus manos y los extendió alisando las arrugas. No podía creerlo ¿Es que acaso estaba en un mundo alterno fuera de su realidad? ¡Todo era una maldita pesadilla! La impotencia dentro de su cuerpo la hizo temblar y un nudo se formó en su garganta. Okra se obligó a no doblegarse y alzó el rostro sintiendo cómo su mandíbula tiritaba con evidente suplicio.

—¿Regresaré a Urón como embajadora? —interrogó, ya que en el dictamen escrito en la hoja que tenía en sus manos no señalaba el planeta, ni el cargo que ocuparía en éste ya que solo era la orden de expulsión.

—Iras a Tech-Tech, sin cargo diplomático. El rey de ese planeta decidirá sobre tus funciones —dijo sin mirarla.

—¿¡Qué!? —expresó aterrada de perder absolutamente todo, inclusive su título de lady y su empleo —Pero majestad, es un planeta robótico y sin vida, ¿Qué será de mí?.

—Ese no es mi problema. Tienes un marido. Arregla tus asuntos con él si es que quieres alguna ayuda.

—¿Zorn sabe su decisión? —cuestionó.

El rey la ignoró y dirigió su atención a la puerta llamando al comandante. Había enviado por él justo antes que la femenina llegara. El soldado entró notando enseguida la presencia de la hembra en la habitación e inmediatamente, se dio cuenta de lo afectada que ella estaba, así cómo de la tensión en el ambiente.

—Zorn, asegúrate de que Okra abandone Vegitasei, hoy mismo —puntuó sus últimas palabras para darle énfasis a su orden.

El guerrero giró el rostro hacia la diplomática preguntándose qué demonios habría hecho para que el monarca exigiera su exilio inmediatamente. Ella ya había sido corrida del palacio años atrás, ahora la estaba enviando a otro planeta, uno demasiado lejano.

—Majestad, mi esposo debe…

—Zorn se queda y tú te largas ¡Ahora desaparece de mi vista! —gritó mirando a la mujer que agachó con rabia su cabeza.

El soldado sonrió malicioso disimuladamente al saber que por fin se desharía de ella, el motivo era lo de menos.

—En ese caso, tengo una petición que hacer, rey Vegeta —dijo Zorn aprovechando esta oportunidad luego de tantos años.

Okra, elevó la mirada y visualizó el destello irónico en los ojos de su marido.

—¿De qué se trata? —habló el gobernante observando fijamente a su consejero real.

—Le pido majestad, que disuelva mi unión con lady Okra.

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Habían pasado dos semanas desde entonces. Dos semanas desde que no le era permitido salir de la nueva habitación que le habían asignado, pero igual lo hacía.

Tener un hijo del poderoso rey de Vegitasei no era como lo había imaginado. Creyó que convirtiéndose en la madre de uno de sus cachorros, su situación mejoraría, no había sido así. La mujer de éste, se había asegurado de mantenerla lo más aislada posible, y aunque tenía un par de criadas a su disposición, no imaginó que al preñarse de él las cosas fuesen de mal en peor.

Lo extrañaba, con cada día que pasaba la necesidad de verlo estaba carcomiéndole el pecho, como una llaga que no sanaba porque el remedio a su dolor estaba cada vez más distante.

No lo había visto ni un solo día, ni siquiera sabía con certeza de que él estaba enterado de su embarazo, porque durante aquellas noches que pasaba en vela le revelaban cosas que podían estar sucediendo y posibilidades, que no debía tomar a la ligera. Había llegado a pensar más de alguna vez, que la segunda consorte estaba ocultándole su estado al monarca. Lo que había vivido con él no podía haber sido solo un simple pasatiempo. Se negaba a creerlo. Decidida, esa mañana le pidió a una de las esclavas sirvientas suya que le consiguiese un sedante para poner a dormir al guardia en la puerta. Ahora estaba rumbo al ala real, necesitaba hablar con el soberano.

Entre sus pensamientos, caminó al menos diez minutos. A esas horas de la madrugada, cerca de la una de la mañana, apenas y algún alma atravesaba los pasillos, había tenido que esconderse de algún guardia tras uno de los grandes pilares de la edificación del castillo, pero había conseguido llegar a uno de los pisos superiores. Para cuando se dio cuenta, supo que estaba perdida.

Maron, avanzó por algunos pasajes más, ahora con temor al no saber en qué parte del palacio se hallaba. Estaba por abandonar ese pasillo, cuando de pronto unos quejidos se hicieron escuchar en el silencio de la noche. Era claro que lo que estaba escuchando, eran gemidos de una pareja de amantes que se encontraba en alguna de las habitaciones.

La hembra dentro de la recámara, disfrutada cada toque, cada sensación, cada minuto del que disponía para entregarse a la desmedida pasión que ni siquiera su propio hermano podía ofrecerle. Lo que sentía por cada uno era distinto, lo que tenía con Skalion superaba un universo a lo que realmente le hacía sentir Turles. Lo había intentado, pero no podía quererlo de la misma forma en que su gemelo lo hacía, con esa devoción protectora que no la dejaba respirar.

Skalion, había sido el hombre por el cual hubiese dejado todo. Nyu, recordaba que cuando eran niños y aún a esa corta edad, podían distinguir que lo que entre ellos sucedía en ese entonces, era especial. Habría desafiado hasta su familia con tal de no separarse de él. Pero las circunstancias lo separaron de ella y obligado a marcharse de Vegitasei terminaron con lo que apenas nacía entre ellos.

Pero ahora, aunque a escondidas, podía tomar sus propias decisiones, había crecido, se había convertido en una mujer, se había independizado de su familia que siempre manejó su futuro a su conveniencia. Ciegamente había creído que podía obtener todo lo que deseas una vez fuese parte de la dinastía, pero cuán equivocada se hallaba, pese a que estaba unida al rey, no pudo demostrarle lo que en verdad llegó a sentir por él, y aunque quizá era tarde para aceptar que el poder y privilegios de los que gozaba al convertirse en esposa del soberano, la habían deslumbrado haciéndola creer que algo entre ellos podría pasar, Vegeta jamás le brindó la posibilidad de ser feliz a su lado, de permitirle crecer y demostrar su potencial, como compañera, madre de sus cachorros o reina, título que no logró a pesar de ser su primera consorte, y mucho menos ahora que él le había dejado en claro que no volvería a tocarla, era imposible. Por eso se atrevió a desafiar toda norma por un hombre que sí correspondía sus sentimientos.

—¡Más rápido, Skalion! —gimió la princesa mientras el hombre tras ella, arremetió contra su sexo de la manera más ruda posible. Como a ella le gustaba. Complaciendo su exigente pedido. Sus manos la afirmaron tomándola por los hombros mientras ahondó más su virilidad en el centro caliente de la mujer que cerró sus párpados con fuerza al sentir el ritmo arrebatador de su amante.

—Si sigo así… voy a… ¡Maldita sea, Nyu! —la voz del guerrero salió ronca cuando aceleró aún más sus embates. No pudo contenerse por más tiempo y abrió la boca emitiendo un gruñido gutural dejando que el orgasmo llegara a ambos a la vez.

Maron se llevó la mano a la boca al descifrar quienes estaba tras aquella puerta, eran sus voces, no podía estar equivocada. Sonrió maliciosa. Cada día manejaba más y más información de los malnacidos que habitaban en ese castillo. Su corazón retumbó en su pecho ante la revelación. Debía salir de ese lugar antes que cualquiera pudiera verla, si se llegaban a dar cuenta que los había escuchado, no saldría con vida de la situación ¿Desde cuándo aquella infeliz había tenido al rey engañado? Si algo así se sabía, varias cabezas rondarían, sería un escándalo.

Se giró para retomar el camino de vuelta a la seguridad en su ala cuando uno de sus pies se tropezó con un adorno de yeso que adornaba la estancia, ocasionando un ruido estridente. No tuvo tiempo para arreglar el artefacto quebrado cuyos pedazos quedaron desparramados en el suelo .

Dentro de la habitación, Nyu se bajó de la cama con agilidad al darse cuenta que alguien estaba afuera, había despachado a toda la servidumbre esa noche, inclusive a sus escoltas. Tuvo un mal presentimiento y el miedo se apoderó de ella al imaginarse que alguien supiese lo que ella hacía a espaldas de su esposo y de Turles, así que tomando la bata que estaba en el piso, se apresuró a ponérsela y salir corriendo de la recámara escuchando que Skalion la llamaba desde adentro. No hizo caso a su voz, tenía que saber quién demonios estaba espiándola.

Cuando cruzó el pasillo, logró ver a lo lejos una melena celeste que se meneaba al compás del trote de la joven, sus vellos se erizaron al darse cuenta de quién se trataba. No tardó en aumentar su velocidad e interponerse en el camino de la humana.

Los ojos de Maron se abrieron con sobresalto cuando la figura femenina se materializó frente a sus orbes, detuvo su marcha de golpe y su boca se abrió intentando decir algo, era claro que la saiyana la había descubierto husmeando, pero no salió nada de sus labios.

—Así que es la otra golfa terrícola… El juguete pasajero de mi marido —pronunció Nyu cruzando sus brazos frente a su pecho. Miró de arriba abajo a la mujer e hizo una mueca de desprecio.

Se enteró recientemente por Cilantria, que aquella esclava que se había estado acostando con su marido durante dos meses ahora estaba preñada. Se había alegrado tanto que por fin alguien había bajado de su pedestal a la ramera científica, pero por otro lado, la despreciaba. Hasta esa puta había logrado fecundarse de Vegeta. Todas menos ella que era la esposa legítima de su majestad. El embarazo de Maron era una vergüenza más para Nyu.

—Nyu, yo… ya me estaba yendo —respondió percibiendo un leve temblor en sus piernas. Esa mujer era la princesa, una guerrera fría que podía hacerla pedazos con sus propias manos en cualquier momento y nadie podría hacer nada. En el menor de los casos era capaz de mandarla al calabozo, o desterrarla de Vegitasei, en las peores circunstancias esos podrían ser sus últimos minutos de vida.

—Para ti soy la princesa Nyu, zorra igualada —dijo con un tono serio que enfriaba los poros.

—Eh… sí, lo siento, princesa —la humana intentó dar un paso para rodearla, su instinto le mandaba en ese momento a que huyera lo más rápido posible, pero su brazo fue sujetado con brusquedad y sintió como fue jalada por la fuerza infrahumana de la saiyana.

—¡Adónde crees que vas imbécil! —gimió alterada al notar el nerviosismo de la sirvienta, lo que le confirmaba que en realidad ella había descubierto uno de sus más obscuros secretos.

—¡No escuché nada, lo juro! —dijo Maron sin voltear a verla, pero como respuesta recibió una zarandeada desde el agarre firme en su brazo, que ya comenzaba a doler.

—No te quieras pasar de lista humana estúpida —Nyu rechinó los dientes sintiendo cómo la realidad se le venía encima. Si esa prostituta hablaba, sería su fin, en el momento que Vegeta supiese de su traición la calcinaría él mismo y Skalion, no correría con mejor suerte —¡Qué rayos haces aquí! ¿Acaso eres cómplice de la terrícola científica? —cuestionó fuera de sí apretando la piel de la muchacha que chilló con dolor.

—¡No tengo nada que ver con esa mujer! —gritó desesperada Maron intentando zafarse en vano —Ella quiere eliminarme porque sabe que le arrebaté lo que más quiere —agregó alzando la vista con valor para observar los ojos negruzcos de la femenina que la detallaba con rabia y odio —Ahora soy la favorita de su majestad, si él sabe que me ha puesto una mano encima… —una carcajada interrumpió sus las palabras. Nyu la soltó toscamente haciéndola retroceder un par de pasos.

—Él no hará nada ¿Sabes por qué? —inquirió burlesca regocijándose de la molestia que se notaba en el rostro de la peliceleste —Porque solo fuiste una sustituta temporal. Ahora que se arregló con la científica, ninguna de nosotras somos nada para él —la guerrera acortó la distancia que las separaba hasta quedar a unos centímetros de la joven que la veía atenta —Ese engendro que vas a parirle no te ayudará a ascender, ni mucho menos ser parte de la monarquía, porque la única que puede darle hijos puros y convertirse en reina soy yo —finalizó con una sonrisa de suficiencia. Los labios de Maron se curvaron al escucharla. Imitando su gesto que desconcertó a la princesa haciendo que ésta alzara una ceja ante la expresión de la terrícola.

—¿Crees que Vegeta querría convertirte en reina si supiese lo que haces? —preguntó segura de si amenaza. Nyu, sintió un escalofrío atravesar su espina dorsal al escuchar las palabras de la peliceleste y automáticamente la soltó.

—¡De qué estás hablando! —gimió tratando de disimular su estupor, pero Maron sabía lo que aquella revelación estaba causando en ella. La princesa no podría volver a menospreciarla de esa manera, no mientras ella viviese para gritar a los cuatro vientos, a la menor provocación de la primera consorte, que ella era una adúltera que estaba engañando al soberano de la peor manera.

—No intentes confundirme princesa Nyu —la esclava dio un paso hacia ella enfrentándola. Se detuvo a pocos centímetros de la mujer que la observaba con el entrecejo fruncido —Sé que estás siéndole infiel al rey ¿No consideran los saiyajin tal acto como una traición? —sonrió victoriosa al ver que la hembra abrió los ojos perpleja —Él te ejecutaría en el instante en que lo sepa.

—¡No te atrevas a abrir tu boca, humana idiota! —gimió perdiendo el control de sí misma. Con la ira hirviendo en su cabeza, no lo pensó dos veces y alzó su mano para darle un golpe certero en el rostro a la sirvienta. Antes de que Maron pudiese percatarse del movimiento rápido de la guerrera, ésta ya la había golpeado en el rostro mandándola directamente hacia el piso en donde cayó bruscamente.

La humana que apenas procesó lo sucedido, llevó su mano hacia la mejilla adolorida acariciándola con suavidad. Respiró agitada y sus cejas celestes se arrugaron ante la expresión enfurecida por lo que la saiyana acababa de hacerle. Elevó el rostro mirando enardecida a la princesa que se encontraba de pie a medio metro de ella ¿¡Cómo era posible que esa tipa osara ponerle una mano encima!? ¡Una palabra que saliese de su boca y esa jactanciosa consorte sería eliminada! Además, en poco tiempo ella dejaría de ser una esclava. En tan solo unos meses se convertiría en la madre de uno de los príncipes y esa estúpida no podía tratarla de esa forma.

—¡La que no debería atreverse eres tú! —bramó poniéndose de pie sin dejar de ver ni un instante a la femenina delante suyo —¡Sabes que puedo hacer un escándalo ahora mismo y que todos se enteren de la clase de arpía que eres! Es más, podría ir en éste instante y contarle al rey que su esposa se revuelca con cualquier saiyajin bajo su mismo techo. Pero prefiero negociar contigo, podemos hacer una alianza. Ayúdame a deshacerme de Bulma y olvidaré que coges con otros. Es más, si deseas, cuando suba al poder, puedo ayudarte a que Vegeta te de el divorcio y puedas partir con tu amante sin rencores ni represalias —añadió convencida de que eso era lo mejor. Observó cómo la joven desenroscó la cola que estaba alrededor de su cintura y la ondeó en el aire cuál pantera al acecho. Nyu, acortó la distancia que las separaba en un rápido desplazamiento. Estaba dispuesta a quebrarle el cuello ahí mismo a la osada criada, no era nadie para enfrentarla de esa forma y mucho menos para amenazarla. Levantó su mano derecha sujetando por el cuello a la terrícola que la miró fijamente, acto que incrementó su ira.

—¡Maldita esclava! —gritó zarandeándola mientras sus dedos se hundieron en la piel blanquecina de la muchacha —¡Nunca debiste meterte conmigo! ¡Ni siquiera aquella ramera que hace llamarse la "favorita" de mi marido ha podido deshacerse de mi!

—¡Suéltame, loca! Piénsalo, no tienes ninguna otra opción más que unirte a mi —la sonora carcajada proveniente de la garganta de Nyu silenció sus palabras.

—¿Crees que me conviene unirme a una criada preñada que a Vegeta ni le interesa? —murmuró en un tono tan lúgubre, que Maron creyó que moriría en ese momento. Los ojos oscuros de la saiyana la veían con ira y su mano se estaba apretando más en su cuello hasta el punto de hacerla sentir una intensa presión en su cabeza debido al ahorcamiento al que estaba siendo sometida.

— Si él se entera que me has dañado, tú…

—¡Ya me tienes harta, muérete! —gimió ejerciendo un poco más de fuerza al agarre en el cuello de la humana para quebrárselo de una vez por todas, cuando de pronto, una voz irrumpió en el pasillo.

—¡Qué está pasando aquí! —habló Broly que en ese momento había terminado una reunión con Tarble e iba a buscar a Chirai, que sería liberada en la próxima hora. La princesa al verlo soltó a la esclava que comenzó a toser enérgicamente colocando una mano en la pared ya que apenas podía sostenerse.

—¿¡Qué haces tú aquí!? —cuestionó Nyu enfurecida sin siquiera intentar ocultar su molestia por la interrupción.

—Solo pasaba, princesa, estaba en una reunión con su alteza el príncipe Tarble—respondió con los ojos puestos en la terrícola que reconoció al instante. La última mujer con la que el rey había estado divirtiéndose en los meses anteriores. La misma con la que años atrás él estuvo muchas veces en el prostíbulo, por su parecido con Bulma.

—Entonces has bien tu trabajo y asegúrate que ésta criada no vuelva a acercarse al área de la realeza—respondió autoritaria fijando por unos segundos sus ojos en la humana que volteó a verla recomponiéndose.

—¿Qué hacías aquí? Sabes que no puedes estar en las áreas reales —Broly se giró hacia Maron que negó rápidamente con la cabeza.

—Solo… me perdí —contestó sintiendo que su voz apenas salió audible.

—Entonces vamos, regresa a tu habitación —ordenó el soldado a la mujer de cabello celeste que agachó la mirada.

Broly comenzó a caminar de regreso por el pasillo y antes de que ella diera un paso, Nyu aprovechó para aproximarse a la humana.

—Escúchame bien, pedazo de idiota, si sabes lo que te conviene, mantendrás cerrada la boca —advirtió en voz baja girándose para regresar a su habitación. No era momento para acabar con ella. Pronto se encargaría de la esclava de una vez por todas.

Maron corrió lejos de la princesa alcanzando a Broly. Su objetivo de esa noche seguía siendo ver al rey, y así lo haría, no estaba dispuesta a estar lejos de él un día más. Sin saber qué era de él, sin saber qué pensaba del hijo que iban a tener. Lo extrañaba, deseaba volver a sentir su olor masculino tan cerca de ella, sus manos grandes acariciar su cuerpo, sus ojos fijos en sus atributos mientras lo hacían en su cama. Mordió su labio inferior al sentir una corriente eléctrica atravesar su cuerpo hasta llegar al centro de su intimidad de solo imaginar lo que era tener a ese saiyajin entre sus muslos.

—¿Y cómo está él? —preguntó elevando su vista para fijarla en la espalda del saiyajin que caminaba a unos pasos de ella. Broly volteó a verla un segundo para luego volver su seria mirada hacia el frente.

—¿Qué quieres saber exactamente? —cuestionó el soldado resoplando ante la curiosidad de la femenina.

—Lo que sea está bien, es solo que… —la terrícola agachó su mirada, sabía que en ese castillo nadie estaría departe de ella. Para la mayoría, incluyendo servidumbre y guerreros, estarían de parte de la segunda consorte, por supuesto que para unos cuantos Bulma no les era de su agrado, pero si tendrían que elegir entre ella y la madre de los príncipes, como esclava ella tenía todas las de perder —…lo extraño, no me dejan verlo y quisiera hablar con él —se sinceró sintiendo por un momento, que se derrumbaría si pasaba más tiempo lejos del hombre del que se había enamorado.

—Olvídate de él. Solo dedícate a llevar a buen término tu embarazo y darle un crío saludable y que sea de clase alta. Es la única forma que pudieras sobrevivir —dijo sin mirarla.

—¡Llévame donde el Rey, ahora!

—No seas estúpida. Mantente pecho a tierra. Este lugar es demasiado para ti, y a nadie le caes bien. No pienso llevarte a ningún lado —le respondió el guerrero. Marón apretó sus puños. Otro idiota más que le negaba ver al padre de su hijo.

—Si no me llevas ahora le diré a todos que me buscabas en el prostíbulo para saciar tus bajos instintos con Bulma. ¿O acaso crees que no recuerdo el nombre que decías cada vez que llegabas al orgasmo? También se quién fue la persona con la que conspiraste cuando pretendías secuestrar a Bulma para llevártela a otro planeta, tu querida madre Hinojo, sí, la dueña del burdel, mi ex jefa. Pobre de tu hija, su abuelita morirá. Me acuerdo muy bien de todos tus secretos de cama.

Broly paró en seco. ¿Pero qué demonios estaba diciendo esa maldita mujerzuela?. Cuando se giró, su mirada fue tan aterradora, que la terrícola se arrepintió al instante de haberlo provocado.

—¿Tienes pruebas de lo que estás diciendo?

—Tengo grabaciones y videos de mis encuentros contigo en el prostíbulo. Sabes que todo lo que digo es verdad. Hinojo conspiró contigo. No lo niegues —afirmó certera. En menos de dos segundos Broly quedó frente a ella, mientras la agarraba por el cabello. Maron quiso gritar, pero él colocó su otra mano sobre la boca de la mujer.

—No suelo matar mujeres. Pero la princesa sí. Quizás deba regresarte con ella para que acabe contigo, aunque yo sí puedo hacer un trato. Nyu te liquida y mañana seré su testigo; le diré a todos que te volviste loca debido al rechazo de Vegeta y quisiste matarla usando un arma. En dos días todos se olvidarán de ti y del nonato, y a mi me tocará enterrar tu cuerpo fétido si no destruyes ahora cualquier evidencia en contra de Hinojo.

—¡No diré nada, lo juro! Pero por favor dile a los guardias que me dejen pasar a la habitación del rey. Estoy segura que Bulma lo quiere alejar de mí —rogó. El élite estaba por responderle, cuando de pronto recibió una notificación en el scooter en su ojo izquierdo en donde le avisaban que todo estaba listo para la salida de Chirai del calabozo. Detuvo su agarre y se giró para ver a Maron.

—No tienes autorización para ir donde el rey. Ve a tu maldita habitación. Si me entero que te desviaste, o que dices lo que no debes, lo pagarás muy caro. Querrás nunca haber querido abrirle las piernas a Vegeta y vivir en este castillo —amenazó haciendo una seña con su cabeza para que la humana siguiera su camino.

Ella realmente sintió terror de la forma en como le habló, así que asintió y pasó de largo lentamente. Pero al ver que él se dio media vuelta y desapareció del pasaje, no dudó en desobedecer sus palabras, pues el único que podía darle órdenes era el padre de su hijo y una vez que fuese reina, lo primero que haría era deshacerse de toda la prole que servía a la científica.

No tardó mucho en llegar al ala real en donde se hallaba la recámara principal perteneciente al soberano del planeta. Solo tuvo que preguntar un par de veces a unas criadas que aún rondaban los pasillos a esas horas de la noche. Maldijo en voz baja cuando en la puerta del monarca se encontraba un par de soldados y junto a ellos, servidumbre perteneciente a la corte que siempre acompañaba a la segunda consorte, lo que significaba que la infeliz se encontraba en la alcoba con él. Suspiró profundo y apretando las manos en puños, se armó de valor para aproximarse, había llegado demasiado lejos como para retratar su decisión de verlo, hacía semanas que aquella maldita mujer de cabellos turquesa había dado la orden a todos los guardias en el castillo para que ella no pudiese ni siquiera intentar acercarse al gobernante ¡Estaba harta! Además, el hecho de que esa mujer estuviese ahí, no significa que debía esconderse, no cuando quería ganar la guerra que apenas había iniciado entre ellas y por supuesto que para llegar alto, debía demostrarle a la científica que ella no tenía potestad sobre su persona.

—Quiero ver a su majestad —pidió deteniendo sus pasos frente a los soldados que no se tomaron la molestia de virar sus ojos hacia ella. La humana sintió que los segundos se convirtieron en minutos al distinguir la indiferencia de los saiyajin —¿Es qué acaso no me escuchan? ¡Quiero ver al rey ahora mismo! —exigió alzando la voz y volteó a ver a dos de las mujeres parte de la corte de Bulma que estaban en el pasillo —¿¡Ella está con él, no es así!? ¡Respondan! —bramó sintiendo la rabia acrecentar en su interior ¿Cómo era posible que incluso esas ridículas criadas osaran ignorarla? ¡No iba a tolerar semejante falta de respeto! ¡Ella era la madre de un próximo príncipe y toda la servidumbre en ese maldito castillo le debía respeto!

—En efecto, lady Bulma está con su majestad —manifestó una de las muchachas que mantuvo la cabeza abajo sin mirar a la furiosa mujer frente a ellas.

—Lo sabía, pero aún así… —volvió su atención a los guerreros a cada lado de la puerta —¡Exijo verlo ahora!

—¿Qué está ocurriendo aquí? —una voz en el pasillo interrumpió la voz demandante de Maron.

—Bardock —pronunció la terrícola emitiendo una sonrisa maliciosa al ver al hombre que se acercaba por el pasillo —¿Tú sí serás amable y me permitirás ver al rey, no es así? —preguntó en tono irónico recordando lo que había visto y escuchado hacía días atrás de la boca del general y la científica Nion.

—¿De qué demonios estás hablando? Lárgate de aquí antes de que…

—¿Antes de qué? —siseó burlesca la femenina caminando hacia el saiyan que detuvo su andar a medio metro de ella —No me tientes Bardock —retó con voz amenazadora girándose por un momento para ver a los guardias y el par de criadas a pocos metros lejos de ellos —Vi el beso cerca del área del laboratorio. Sabes que puedo hacer que tú y Nion terminen muy mal sino te portas bien conmigo. En serio, pobre Gine. Ella no se merece lo que le hacen —agregó con una sonrisa cínica, bajando la voz para evitar que los demás escuchasen.

—¡Cállate! —expresó el guerrero con voz firme tomando por el brazo a la mujer para llevársela lejos de los aposentos del rey y de los demás presentes que en cualquier momento podrían escuchar los delirios de esa estúpida.

—¡Suéltame! —comenzó ella a zarandearse para zafarse del agarre, pero con ello solo logró que el soldado la arrastrara lejos del ala real —¡Suéltame o tu familia sabrá…!

—¡NO TE ATREVAS! —bramó el general sujetando a la joven por el rostro y estampándola en un solo movimiento contra la pared —Porque antes de que puedas abrir tu boca… —advirtió con voz lúgubre que hizo temblar internamente a la terrícola —… estarás muy lejos de éste palacio —finalizó soltándola para luego empujarla delante suyo, se aseguraría de llevarla directamente a su recámara.

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Cada día la batalla más grande con la que tenía que lidiar era consigo misma. Con sus creencias, con sus valores, con su moral, que tan arraigada tenía y que le decía que se alejara, que corriera en dirección opuesta y que no le permitiesen ser dócil, accesible, ni indulgente; pero había aceptado quedarse, por sus hijos, por ella, por él, porque lo amaba. No siempre el amor era suficiente para mantener una relación, era consciente de eso y se lo repetía constantemente, pero también era consciente de muchas otras cosas que influían en su decisión de haberlo perdonando a pesar de su traición. Comprendía que la forma de actuar del monarca estaba en su naturaleza saiyajin, porque las leyes que regían su conducta estaban fuera de su manejo, él había sido criado y formado bajo costumbres muy distintas a las suyas, porque era de mundos tan distintos que no podría siquiera compararlos, y de oponerse a todo lo que conformaba su raza, era ir en contra de un planeta entero. Podía hacerlo, pero podría salirse de sus manos.

Sus brazos se envolvieron en el cuello del saiyajin que se unió a ella en la cama de la alcoba real. Lo miró a los ojos, sintiendo como una de sus manos se deslizó por su cadera hasta descender a su muslo derecho causándole ansias en su bajo vientre.

—Vegeta, qué haces… —pronunció Bulma en un susurro que apenas creyó suyo. Sus sentidos se adormecieron ante las caricias del hombre que amaba. No concebía una vida sin él, porque ese sentimiento era más fuerte que cualquier problema que pudiese presentarse entre ellos. No quería perderlo.

—Mía —expresó el soberano presionando sus labios contra los de la mujer de la que estaba enamorado. Haría lo que sea para enmendar su error, inclusive deshacerse de cualquiera que interfiriera en la dicha de mantener a su esposa a su lado. Y la penetró con tanta fuerza que ella creyó desfallecer.

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A la mañana siguiente, después de que él se había retirado para comenzar con las labores que su cargo como mandatario le exigían, ella se había quedado en la alcoba real y luego había llamado a sus criadas para que le ayudaran a bañarse y vestirse. El encuentro de la noche anterior la había dejado exhausta, pero totalmente satisfecha.

Más tarde se dispuso a salir de los aposentos privados para ir a ver a sus hijos antes de comenzar con su día, cuando de pronto su andar se vio interrumpido por la última persona que deseaba ver. Sus ojos turquesa se fijaron en los celestes que la observaban con seriedad, unos segundos bastaron para que Maron bajara la mirada.

—Lady Bulma —pronunció con una reverencia que odiaba con todo su ser ejercer.

—¿Desea que la saque de aquí? —preguntó una de las saiyanas de edad más joven era parte de la nueva servidumbre de la peliazul.

—No te preocupes Parsley —respondió la peliazul sin apartar la vista de la esclava.

Maron, contra todo pronóstico, contra toda sugerencia, y contra viento y marea logró llegar hasta la alcoba real, para encontrarse con la segunda consorte. Bulma comenzó a caminar, no se quedaría para cruzar palabras con esa mujer que tanto daño le causaba. Estaba pasando a su lado, ignorándola por completo, cuando la escucho hablar nuevamente.

—Le ocultas mi estado al rey porque tiene miedo ¿Verdad? —susurró en el tono preciso para que solo la ojiturquesa la escuchara. Las palabras de Maron fueron suficientes para hacer que la peliazul detuviese su andar y se girara para enfrentarla.

—¿Ahora qué estupideces dices? —expresó la segunda consorte sintiendo cómo la furia se acumuló en su pecho.

—No se lo ha dicho ¿No es cierto? Él aún no lo sabe —expresó la esclava frunciendo los labios ante la impotencia que sentía. Si tan solo la científica no existiera, el rey estaría loco por ella, porque había sentido que conectaba con él durante los meses en que fue feliz a su lado, pero esa mujer arruinaba lo que entre ellos podría suceder y más ahora que estaba esperando su hijo.

—¿Exactamente qué es lo que debería saber Vegeta? ¿Qué una criada insignificante parirá un bastardo? —cuestionó inhalando aire en un intento por calmar su enojo, enfadarse y darle a demostrar a esa estúpida que sus palabras le afectaban era lo peor que podía hacer.

—¡Mi hijo será tan príncipe como uno de sus hijos! —gimió encolerizada de que la científica menospreciada de esa forma a su bebé —¡No se lo ha dicho al rey porque tiene miedo que él regrese a mí! Vegeta debe saberlo ¡Debo verlo y decírselo yo misma, porque no te creo, maldita!

—¡NO LE GRITES A MI MADRE! —la voz de Trunks, retumbó en el pasillo con más fuerza que la de cualquiera. Bulma viró su rostro y miró a sus dos hijos mayores al final del pasillo que avanzaban hacia ella.

—Madre —saludaron al unísono Trunks y Vegeta a su progenitora antes de regresar su atención a la esclava. Baserk, había sido llevado por Nion ese mismo día al laboratorio para iniciar con las investigaciones sobre su caso.

—No es así príncipe, su madre y yo, solo no nos ponemos de acuerdo a veces —Maron observó a los críos y quiso aproximarse, pero su mirada celeste se fijó en el príncipe de cabello obscuro, notando instantáneamente que era la viva imagen de su querido rey Vegeta. Sus severos ojos negros le causaron un escalofrío que recorrió toda su espina dorsal cuando éste dio un paso hacia ella, así que intentó hablarles para entrar en confianza con ellos, después de todo eran los hijos del hombre que quería —Pero ustedes no entenderían las cosas de adultos, mis niños —añadió nerviosa.

—¿¡No entenderíamos qué, esclava estúpida!? —bramó enfurecido el príncipe Vegeta recordando que aquella arpía era la causa de que su madre a veces llorara —¡Cómo osas dirigirnos la palabra y peor aún, de manera informal insinuando que somos tus niños! —Maron dio un brinco en su posición cuando escuchó el tosco tono con el que el crío le hablaba. Tembló por dentro.

Bulma sabía que Vegeta Jr no mencionaba esa "situación" con todas las palabras por respeto hacia ella y su padre, pero sabía que ellos estaban enterados de lo que sucedía con la esclava, aunque de los tres, el que menos comprendía con exactitud el problema era Baserk, debido a su corta edad.

—Lo siento alteza, es que… yo…

—¡Cállate! —fue Trunks quien ahora le gritó a la joven, que quiso correr lejos de ese lugar. Ella había ido hasta allí con la intensión de hablar con el rey, de hacerle saber que esperaba un hijo suyo, de pedirle que volviera a aceptarla, jamás imaginó encontrarse con sus mocosos. Trunks alzó la barbilla mirando de arriba a abajo a la terrícola. Verdaderamente era real lo que decían, se parecía mucho a su progenitora, tenían casi el mismo color de ojos, cabello y tez, pero jamás serían iguales. Su honorable madre no tenía punto de comparación

—¿Sabes quién soy? —preguntó volviendo su atención a los ojos de la criada.

—Claro alteza… usted es el príncipe Trunks —respondió entre un balbuceó debido a la imponente presencia de los cachorros saiyanos.

—No solamente soy el príncipe Trunks… —pausó un segundo dando un paso más hacia ella, apenas la mujer le llevaba unos centímetros de estatura debido a su desarrollado crecimiento — …soy el heredero de la corona, futuro gobernante de este reino ¡Y tú solo eres una cualquiera que está faltándole el respeto a la madre del próximo rey de la monarquía saiyajin! —elevó la voz haciendo que todos en aquel pasillo escucharán su imperioso tono —¡GUARDIAS! —llamó al par de soldados que los acompañaban —¡ENCIERREN A ÉSTA ESCLAVA EN EL CALABOZO! —ordenó y en ese momento, los guerreros sujetaron de cada brazo a la humana que se zarandeó intentando zafarse.

—¡Pero príncipe, yo no hice nada!… ¡Lady Bulma!… —gritó mientras era arrastrada fuera del pasillo.

—No puedo contravenir las órdenes del príncipe heredero —fue la respuesta de Bulma a aquella mujer —Ni aunque sea mi hijo.

Trunks observó a Maron ser llevada lejos. En serio le daba asco solo mirar su barriga abultada. Jamás consideraría a ese chiquillo como su hermano. Luego volvió su atención a su mamá.

—Siento haber tenido que entrometerme madre, pero no puedo permitir que nadie te falte el respeto —comentó el heredero observando la sonrisa que se dibujó el los labios de su progenitora.

—No te preocupes cariño, muchas gracias —respondió mirando a sus hijos, sintiéndose completamente segura de que ellos, a su corta edad, estaban dispuestos a protegerla de cualquier amenaza.

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—¡Imbéciles! ¡Cuando Vegeta se entere de lo que me están haciendo los va a matar! —los gritos de Maron se escuchaban a través de los pasillos por donde era llevada.

—¡Deberías de cerrar la boca humana! —uno de los soldados la zarandeó bajando con ella a rastras las escaleras que los adentraban a las mazmorras en el sótano del palacio. La mujer, se quedó petrificada al descender y observar el lúgubre sitio desprovisto de toda clase de lujos del que era característico el castillo.

—¡Sino me sueltas en éste momento haré que te eliminen cuando yo sea una de las esposas del rey! —sus chillidos y sacudidas en un intento fallido por escapar de las manos de aquel guerrero, se detuvieron cuando ambos escoltas comenzaron a reír con burla.

—Si fueras tan especial para su majestad no estarías aquí—soltó con desprecio el otro abriendo la puerta de la que sería su celda por lo que le quedaba el resto de su embarazo.

—¡Malditos! —gritó cuando fue lanzada sin ninguna clase de delicadeza dentro de la cárcel y vio cómo ellos cerraron la puerta abandonándola en aquel asqueroso lugar. Cuando ellos se alejaron dejándola sola, se giró para observar a detalle el pequeño cuarto. Se abrazó a sí misma dándose cuenta del frío que hacía y de lo mal que la pasaría sino salía pronto del calabozo. La celda estaba sucia, en el piso habían restos de sangre y cabellos que aún se notaban frescos, probablemente de algún desafortunado que había sido molido a golpes hasta fallecer en ese mismo suelo donde estaba parada. Una ola de asco y repulsión inundó su estómago teniendo que llevar su mano a su boca para evitar vomitar ahí mismo. Apartó su mirada del suelo y siguió inspeccionando algunos segundos más, mirando que las paredes marrones que conformaban la mazmorra eran todo menos prolijas, estaban echas de toscas piedras y se hallaban húmedas. Tembló con temor sintiendo que sus ojos ardían al borde del llanto.

Cada una de las humillaciones que aquellos mocosos y su madre le habían hecho pasar las pagarían con creces ¡Ella, la futura concubina del soberano no podía recibir esos tratos de ninguna manera! Mordió su labio inferior cuando una idea surcó su mente y se giró para ir hacia la reja de la celda. Tendría que jugar su última carta. Ya que estaba segura que esos dos idiotas, Bardock y Broly, no se dejarían amedrentar nunca. Preferirían matarla.

—¡GUARDIAS! ¡GUARDIAS! —comenzó a gritar con un solo propósito en mente sosteniéndose de los barrotes del frío metal —¡NECESITO VER AL COMANDANTE ZORN EN ÉSTE MOMENTO! —exigió segura de que él no podría negarse a ayudarle.

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Era de noche, habían pasado un par de horas y el tiempo para Maron encerrada en el calabozo había corrido más lento de lo habitual. La temperatura había descendido, tenía frío y los dedos de sus manos habían comenzado a doler debido a los bajos grados. No era consiente de la hora exacta, pero podía imaginar que eran cerca de las dos de la madrugada cuando escuchó pisadas en el pasillo y de pronto el soldado, estaba parado frente a su celda. Sus ojos celestes se agradaron y una sonrisa apareció en sus labios. Él sería quien la sacase de ahí.

—¡Cómo te atreves a mandarme a llamar desde este lugar! —manifestó el guerrero arrugando sus cejas al ver a la mujer sentada en el piso ponerse de pie e ir frente a él.

—Necesito tú ayuda.

—Estás equivocada, no pienso hacer nada por ti —respondió decido el hombre al notar la burla en la expresión del rostro de la terrícola. Si alguien descubría los motivos por los que había accedido ir a verla hasta el calabozo, sería su fin.

—¡Ya se te olvidó lo que sé de ti! ¡Sácame o te juro que haré hasta lo imposible por contarle todo a Vegeta! —amenazó recordando que de la boca de la criada cocinera de Zorn, había escuchado que éste estaba drogando a la segunda consorte y aprovechándose de ella en cuanto podía.

—No te atrevas siquiera a intentarlo, zorra —rugió en voz baja, mirando hacia la entrada en donde uno de los vigilantes hacia guardia. Volvió su vista a ella con ferocidad, nadie había podido destituirlo de su cargo en el reinado de Vegeta III y nadie podría hacerlo ahora con Vegeta IV —Soy el hombre de mayor confianza del rey ¿¡Crees que él va a creerle a una puta antes que a su más fiel soldado!? —dijo con furia contenida apretándole el cuello.

—Eso lo decidirá él, tú no estás en posición de…

—¡Por qué eres tan estúpida! Estás fuera de control. Te has peleado con medio castillo intentando amenazar, sobornar o chantajear a las personas para obtener un objetivo inalcanzable. ¿Acaso no sabes que todos quienes has molestado pueden destruirte y enviarte al infierno?

—Dime algo —ella se acercó a él con una sonrisa maliciosa —¿Lady Bulma sabe que la violabas mientras estaba drogada? —el comandante, posó los ojos furiosos en los de la hembra y de un movimiento imperceptible para la esclava, éste introdujo su brazo por entre las rejas de la celda y la sujetó por el cuello atrayéndola hacia él.

—¡Puedo quebrarte el cuello ahora mismo y nadie lamentará tu muerte! —manifestó intensificando la fuerza, estaba dispuesto a todo para evitar que un secreto de esa magnitud llegara a oídos del monarca. Si algo así se sabía, el rey con certeza lo creería, pues él mismo le había prohibido ver a lady Bulma, lo que significaba que algo sospechaba. No podía permitir que tales conjeturas del soberano se comprobaran o sería su fin. Estaba por enterrar sus dedos en la garganta de la femenina cuando las palabras de la criada hicieron que la soltase instantáneamente.

—Si me matas, hay una segunda persona que revelará tus secretos —la muchacha tosió en seco cuando Zorn la liberó del asfixiante agarre, y sonrió victoriosa —Además, tengo un diario oculto. Quiero que le adviertas también a Okra, a Broly, a Nyu, a Bardock y a Nion que si algo me sucede, todos ellos se irán al infierno conmigo.

—¡Quién mierda sabe esto! ¡Habla! —exigió, más lo único que obtuvo fue una mirada maliciosa de la hembra que respiraba con dificultad recuperando la compostura.

—Jamás te lo diré, pero me he asegurado de no ser la única que lo sepa, si algo me sucede esa persona hablará, no lo dudes —expresó arrugando sus cejas. Por supuesto que se había cerciorado de protegerse, para sobrevivir en el palacio se requería de astucia y no podía dejar que su vida corriera peligro en manos de sus enemigos —¡Ahora ayúdame a salir de éste lugar!

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Dos días después, en el Consejo de Senadores.

—Hemos terminado con lo de hoy —expresó el rey. Había estado la última hora discutiendo las nuevas pautas que se añadiría al modelo de gobernabilidad que se había estado implementando sobre los ciudadanos. Algunos estaban de acuerdo, otros en contra, pero la última palabra la tenía el soberano y como tal, estaba buscando la manera de que aquellos saiyanos de clase baja que no tenían la oportunidad de destacarse en el ejército como guerreros, aportaran en las conquistas introduciéndolos como miembros de los escuadrones que se dedicaban a la recolecta de información en los planetas enemigos. Un espía de esas características no levantaría sospechas y sería más fácil infiltrarlos en terrenos rivales.

Vegeta se puso de pie seguido de los veteranos que lo imitaron. Él, como gobernante no necesitaba la aprobación del Consejo en una decisión de esa naturaleza, pero por protocolo, tenía que mantenerlos al tanto; por supuesto que sus estrategias secretas, solamente las comentaba con sus hombres de mayor confianza.

—Majestad —habló uno de los ancianos al ver que el mandatario estaba por retirarse del salón de reuniones —Por favor permítanos unos minutos más, hay algo de lo que queremos hablarle —él se giró asintiendo, dándole la aprobación al saiyajin para que hablase, por lo que éste bajo la mirada no muy convencido de tratar el tema, pero había estado comentándolo con sus compañeros, tenían que hacer algo, no podían permitir que la situación siguiese por ese rumbo. Vegeta había roto toda norma al preferir a aquella humana por sobre todas las mujeres de su misma raza, había tomado a Nyu como su esposa y era evidente que aunque ella estaba unida a él legítimamente, ni siquiera la tomaba en cuenta. No eran ciegos ni sordos, veían y oían de boca de los criados que al monarca no le importaba en lo más mínimo la princesa. Por ello debían hallar una solución como las costumbres y reglas de Vegitasei lo dictaba.

—Rey Vegeta, como miembros de su Consejo, hacemos la petición formal para que elija una nueva concubina debido a que la primer consorte no ha podido darle un solo hijo en todos éstos años.

—No necesito una nueva concubina —las palabras secas y cortantes del rey generaron un escalofrío por la espina dorsal del viejo saiyajin.

—Lo cierto es, majestad —comenzó a hablar otro anciano que estaba en total acuerdo con que el monarca engendrara un saiyajin puro con una de las hembras de su raza —Que le pedimos lo reconsidere, la princesa es estéril, necesita una mujer que pueda darle varones.

—La dinastía saiyana tiene tres descendientes varones, su petición es denegada —respondió tajante listo para darse la vuelta y salir de ahí, cuando escuchó la voz de otro miembro del consejo.

—Rey Vegeta, es cierto que le ha dado al pueblo saiyajin tres príncipes, pero ninguno de ellos es puro, solo queremos que…

—Para qué quiero uno puro cuando mis tres hijos varones son más fuertes que todos ustedes —el monarca alzó la barbilla torciendo sus labios en una sonrisa vanidosa.

El silencio inundó la sala por algunos segundos, los mayores se vieron unos a otros ante la negativa de rey, pero no estaban dispuestos a ceder, habían permitido durante mucho tiempo que las cosas se alargaran, que el gobernante quebrara las leyes por aquella terrícola a la que la había hecho su segunda consorte.

—Majestad, debido a que somos un pueblo guerrero donde la familia real encabeza las acciones bélicas, siempre ha sido tradición que el soberano engendre al menos cinco varones, tal como los antiguos reyes Vegeta, incluyendo a su noble abuelo, y a su grandioso padre. Precisamente por la tendencia a perder la vida valiente y heroicamente en batalla, así como sucedió con sus hermanos. Actualmente tenemos una relación tensa con los reyes del frío y con los años podría desatarse una guerra. Por ello vemos con preocupación que solo existan tres príncipes. La princesa Nyu a todas luces es estéril, y lady Bulma tiene ya varios años que no le da un nuevo hijo varón. A eso nos referimos.

—¿Por qué diablos insisten en mandar en mi vida marital? Yo decidiré si escojo o no otra concubina. Además, ustedes que les encanta tener espías a mi alrededor deben saber muy bien que voy a tener un hijo con una de las sirvientas del harén. Quizás sea otro varón con un buen poder de pelea—expresó el rey con determinación.

—Majestad —insistió el primer anciano que era totalmente purista y opuesto a tener en cuenta a los híbridos como herederos al trono —En efecto sabemos que usted preñó a la sirvienta de Lady Okra, pero esa mujer también es terrícola, y lo que queremos es un príncipe de sangre pura, no otro mestizo.

—¡PERO QUÉ OSADÍA! —el grito del rey hizo callar al hombre que hablaba. Los presentes bajaron la mirada sabiendo de ante mano que el soberano no cedería ni un ápice—¡No intenten decidir en mi vida, o voy a liquidarlos a todos! —agregó para salir de la sala seguido del comandante élite y su mano derecha.

Zorn, que caminaba junto a Kakaroto un par de pasos tras el mandatario, observó la postura del monarca frente a las peticiones de los miembros del Consejo; definitivamente lo entendía, una mujer como Lady Bulma no tenía comparación. Por muy saiyana que fuese la hembra que intentase suplantarla, por muy hermosa que ésta apostara ser ante la segunda consorte, la terrícola era única e irreemplazable. Él que había vivido todos esos años anhelándola, se cuestionó muchas veces la razón por la cuál estaba tan ensimismado con ella, y aunque la respuesta era siempre la misma, aún le costaba creer que la belleza e inteligencia que tanto le gustaba de la humana no la había podido encontrar en otra femenina, ni siquiera en una de su raza, por eso daba por hecho que los sentimientos que se movían en su interior eran similares a los del soberano, la peliazul le había dado a la dinastía descendientes poderosos, no había razón para que los puristas le exigiesen un heredero puro a su rey.

—Majestad, ellos no tienen otra opción que aceptar su decisión —expresó Kakaroto sacando de sus pensamientos al comandante a su lado. Vegeta no respondió, siguió atravesando los pasillos mientras intentaba contener su rabia interior.

—Los miembros puristas del Consejo solo representan una minoría, tienen voz y voto dentro del imperio pero solo usted tiene la decisión final, no representan nada por lo que debamos preocuparnos —expresó Zorn al ver que la absurda petición había enfurecido, con mucha razón, al soberano.

—Nunca subestimes ni siquiera a esa minoría Zorn —reprendió el rey deteniendo su andar para girarse y mirar al comandante con endurecido rostro —Es por eso que muchos reyes cayeron, yo no seré uno de ellos —enfatizó retomando su camino.

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Dos días después, en el domo de los guerreros élite…

Caminaba junto a sus dos guerreros. Se le había hecho tarde. La audiencia le había tomado más de lo habitual, y se había comprometido a estar en el domo de los guerreros a tiempo, ya que Bulma había terminado con los avances de un nuevo adelanto científico que ayudaría al ejército saiyano a mejorar su efectividad. Con Nion haciéndose cargo de Baserk, de la sala de neonatos, y de los proyectos químicos, Bulma podía concentrarse mejor en las mejoras del armamento bélico y las naves del reino.

—¿Mi esposa aún está en el laboratorio? —preguntó Vegeta recordando que a esa hora, ella ya habría empezado la presentación de su nuevo proyecto.

—No, majestad, me informan que ya está en el domo —contestó Kakaroto y los tres, se dirigieron a la enorme sala. Bulma se encontraba en el sitio explicando los nuevos avances hechos a la armadura con tecnología de punta en la cual había estado trabajando los últimos meses.

Dentro del sitio se hallaban algunos saiyanos, que si bien la humana en un principio no había sido de su agrado, ahora podían afirmar que sus habilidades como científica eran más que satisfactorias para el reino sin importar su planeta de origen. Entre éstos estaba Nappa, que había sido fiel creyente a los pensamientos de Vegeta III.

—La armadura cuenta con una memoria integral que aparte de servir para el propósito que fue creada, proteger partes vitales —la ojiturquesa miró a los líderes de algunos escuadrones élites asentir con aceptación ante sus palabras —… también tiene la capacidad de aprender de sus ataques, de su forma de lucha, lo que se traduce a un mejor acoplamiento mientras están en el campo de batalla. Tiene la capacidad de regular su temperatura, además un sistema expandible que no se pierde posterior a la transformación Ozaru, como pasaba anteriormente.

Vegeta, se quedó de pie bajo el marco de la puerta escuchando cada palabra de su mujer, la explicación que esta daba se fue desvaneciendo a medida que su mente se perdió en ella, en el timbre de su voz, los movimientos de sus labios, en lo tan poco que su esposa necesitaba hacer para mantenerlo por horas mirándola sin cansarse, y en lo mucho que su sola presencia lo afectaba. No podría querer más de otra que no fuese su terrícola, estaba dispuesto a deshacerse de todo aquel que intentara alejarla de él.

La exposición de Bulma transcurrió por más de media hora. Ni siquiera el ruido de una mosca cortaba la atención de los guerreros en la explicación que se les estaba dando. La armadura nueva era majestuosa, fuerte y acoplable en todo sentido.

—Y hay algo más que las hace muy superior a las conocidas en el resto de la galaxia.

—¿Los nanochip? —cuestionó Bardock que se hallaba en la sala observando la presentación.

—Así es, éstos tienen la habilidad de… —su mente se nubló, las palabras que intentó decir en ese momento no pudieron salir de su boca, y todo lo que la rodeaba se volvió obscuro.

Shitsuji, que estaba cerca de ella, se movió con ágil velocidad para poder atrapar el desfallecido cuerpo de la segunda consorte, pero no llegó a tocarla pues para ese momento, el rey la sujetó entre sus brazos moviéndose desde la entrada donde se hallaba segundos atrás hasta el lugar de exposición de la peliazul, en menos de lo que duraba un parpadear.

—¡Lady Bulma! —el mayordomo se aproximó para ver lo qué sucedía.

—¡Bulma! ¿¡Qué te sucede!? —la voz grave tintada de pesadumbre salió de la boca del monarca sin que él pudiese controlarlo.

En ese instante no existió nadie más en aquella sala que la mujer que cargaba en ese momento. Ver su rostro pálido y notar cómo el rosáceo natural de sus labios desaparecía lo hizo temer. Cuando de su humana se trataba, los sentimientos que incluso pensó que jamás llenarían su ser se hacían presentes. El miedo, la angustia, la impotencia, todo se mezclaba y solo podía pensar en hacer hasta lo imposible para que la joven estuviese bien, porque ya no podía ni imaginar un Vegitasei en donde la madre de sus hijos no existiese.

—¡Majestad! ¡Majestad! —las palabras de Zorn lo sacaron de sus pensamientos y hasta ese momento se dio cuenta que no se encontraba solo en la sala —La doctora está ahora mismo en el palacio —expresó.

Vegeta logró asentir saliendo rápidamente del sitio para llevar a la muchacha al ala médica. Tardó solo unos minutos en llegar, para cuando recostó a la ojiturquesa en la camilla ya le médica y su equipo estaban listos para intervenir a la segunda consorte.

Un par de enfermeras colocaron todo tipo de cables sobre su cuerpo y enseguida, éstos llevaron el detalle de sus signos vitales reflejándolos en el monitor conectado a éstos. Otra se encargó de permeabilizar una vena en el brazo de la humana de donde tomó un par de muestras para analizarlas inmediatamente.

—¿¡Qué le sucede!? —la exigente pregunta del gobernante hizo que la doctora apartara la mirada del monitor para dirigirla a él.

—Aún no sabemos majestad —respondió poniéndose de pie para ir al fondo de la habitación donde la muestra de sangre de la terrícola estaba siendo procesada. El saiyajin real apretó la mandíbula, sabía que era muy pronto para que el equipo de profesionales supiesen que sucedía con su esposa, pero la incertidumbre estaba haciendo estragos en él —Pero los signos vitales están estables, parece que fue un desmayo repetido causado por diverso factores, así que…

—¡Limítate a darme una respuesta concreta! —bramó aproximándose a la terrícola que comenzó a removerse lentamente en la camilla.

—¿Qué sucedió? —pronunció Bulma abriendo lentamente sus ojos, sintiéndose mareada en el momento.

—No te levantes —el monarca volvió su mirada a sus espaldas para hacerle señal a Shitsuji, que lo acompañó dentro de las instalaciones del ala médica, para que los dejara solos. Una vez el mayordomo salió de la sala, él se sentó al lado de la científica —Te desmayaste, no debes hacer esfuerzo —respondió mirando cómo ella busco con su mano la suya, que sin pensarlo, la tomó reconfortado de alguna manera a su esposa.

Pasaron varios minutos que para Vegeta fueron interminables. Bulma, con sus ojos cerrados respiraba con tranquilidad, aunque su cabeza aún le daba vueltas y sentía el estómago revuelto. Pensó que quizás ese desayuno que le preparó Milk en la mañana le hizo daño. Había estado comiendo mucho las últimas semanas y sí, luego de su reconciliación con Vegeta había subido de peso. Ahora que lo pensaba, estaba comiendo demasiado.

—Majestad, ya están listos los resultados de los análisis de sangre —respondió la doctora leyendo los resultados.

—¿Acaso es algo grave? —preguntó la terrícola mientras se sentaba con la ayuda de su esposo que colocó su mano en la espalda de ella para levantarla.

—Parece que no es nada de lo que debamos preocuparnos por el momento —una sonrisa se mostró en los labios de la mujer que miró a la pareja mientras volvía a leer el papel impreso con los resultados

—Entonces ella no corre ningún peligro.

—Por supuesto que no —respondió la médica —Felicidades majestad, lady Bulma está embarazada.

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Dos semanas después…

Maron estaba hecha una fiera. Desconectada de los sucesos y noticias del castillo, y desprovista de comodidades, no veía la hora de salir de ese cuchitril donde Trunks la había enclaustrado sin todavía poder salir. A pesar de sus amenazas hacia Zorn, el inútil comandante se atrevió a tomar sus palabras a la ligera ignorando su petición de ser liberada. Así encerrada, poco podía hacer para cumplir con su objetivo en contra de ese bastardo que cometió la equivocación de subestimarla, por eso, esa mañana mandó a llamar al criado más fiel del rey, esperaba que el tipo fuese más perspicaz que su primogénito. Estaba segura que cuando le hiciera saber que el secreto mejor guardado de su hijito se sabría por todo el planeta, no dudaría en liberarla de ese miserable lugar.

Ese mismo día, el hombre de seria mirada acudió al llamando de la terrícola. Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando se apareció frente a la celda y la peliceleste, sonrió maliciosa al verlo responder de forma tan efectiva a su "invitación" ¿Y cómo no hacerlo? Si le había mandado a decir que sino quería que Zorn fuese condenado a muerte por sus despreciable actos, era mejor que fuese a verla a más tardar esa noche.

—Vaya, veo que no cometiste el mismo error que tu estúpido hijo —la humana que estaba sentada en el sucio y húmedo piso de las mazmorra, se puso de pie para ir frente al mayordomo sin apartar un segundo sus ojos de la frígida expresión del hombre.

—¿Qué es lo que quieres conseguir con todo ésto? —cuestionó Shitsuji directamente a la terrícola de aspecto harapiento.

—Veo que no te andas con rodeos, así que escúchame bien —siseó la joven arrugado sus cejas —Tu hijo, Zorn, debería tener mucho cuidado con lo que hace y cómo me trata.

—¡No me hagas perder el tiempo, esclava! —farfulló el saiyajin completamente enfurecido —¿Cómo te atreves a enviarme ese mensaje? ¡No sabes que tengo la autoridad para enviarte a la horca por tu osadía!

—¡El único que morirá sino me liberas es Zorn! —gritó molesta la hembra, sujetándose con ambas manos de los barrotes —Sino lo haces…

—¿Sino lo hago qué? —atajó el mayordomo de forma ruda las palabras de la mujer.

—Sino lo haces… —Maron observó hacia el pasillo para corroborar que estaban solos —… Vegeta sabrá lo que Zorn hacía con Bulma —bramó con una sonrisa ladina en su rostro al ver la incomodado que sus palabras causaron en el saiyajin.

—¿¡De qué estás hablando!? —Shitsuji, miró a la mujer sin poder creer una sola de las mentiras que habían salido de su boca, a éstas alturas, ella podría inventar cualquier cosa para que la sacaran de ese lugar, sin importarle siquiera la gravedad de sus falacias y las consecuencias que éstas podrían traer.

—¡Sino me crees ve y pregúntale a tu hijo! —manifestó consistente —¡Él hacía que Bulma tomara hiervas con efecto somnífero para poder tener sexo con ella! —aseveró completamente segura de lo que sabía.

—¡CÁLLATE! ¡NO VUELVAS A REPETIR SEMEJANTE CALUMNIA! —ésta vez, Shitsuji elevó la voz sin poder creer lo que escuchaba ¿Cómo era posible de que algo así sucediese sin que él se diera cuenta? Sintió escalofríos al recordar que en una ocasión, la criada más fiel de Zorn, le confesó que éste de vez en cuando mandaba a comprar hiervas especiales para relajar a la esposa del rey. Negó para sí mismo con su cabeza al no poder ni imaginar las aberraciones que su hijo pudo haber cometido con la mujer preferida del monarca. Tembló internamente, intentando convencerse de lo contrario.

—Sabes que es así —continuó la esclava —Recuerda que el mismo rey ordenó que nadie, ningún hombre sin excepción, incluido tu hijo, podía entrar a la habitación de Bulma ¡Vegeta sospecha, sintió el olor de Zorn impregnado en esa ramera! —Marón sonrió —O quizás ella no estaba tan drogada del todo y se hacía la dormida para disfrutarlo. Lady Okra me dijo una vez que Zorn está muy bien dotado y es excelente en la cama. Así que mientras yo cogía con Vegeta, ella hacía lo mismo con tu hijo —dijo en medio de carcajadas.

—Eres peor de lo que pensé. ¿¡Cómo demonios sabes tú de las supuestas hiervas somníferas!? —preguntó el saiyajin perdiendo completamente la paciencia con la hembra.

—Eso no importa —respondió evadiendo la pregunta, no podía confesar que aquella criada que compraba directamente las hiervas para Zorn, y a la que éste despidió, era una antigua compañera del burdel —Lo que me interesa es que me saques de éste asqueroso lugar sino quieres que todo llegue a oídos del rey —añadió para ver al saiyajin darse la vuelta y salir de ahí —¡Piensa bien lo que mejor te conviene! ¡Maldito! —fueron los últimos gritos que él escuchó de la sirvienta, cuando éste comenzó a subir las gradas para alejarse de la mazmorra.

Shitsuji sintió que el piso bajo sus pies podía desaparecer en cualquier momento ¿En verdad había sido tan estúpido? ¿Su hijo sería capaz de fallarle de esa manera al imperio y sobre todo al rey? No, no podía, o quizá, él no quería creerlo aún teniendo todas las evidencias frente a sus ojos. Su familia noble había servido durante décadas a los descendientes reales de la dinastía saiyajin, todos de intachable lealtad y fidelidad inquebrantable. Así lo había criado, ¿Qué había sucedido para que Zorn actuará de esa manera? ¡Tan fuera de lugar! ¿En qué se había equivocado? Se negaba a darle veracidad a las palabras de esa corriente mujer.

Necesitaba hablar con su hijo cuanto antes y sacarse de encima la duda que acabaría con su legado, por ello ahora se dirigía al salón de reuniones del Consejo donde seguramente a esa hora del día se encontraba acompañando a su majestad.

Se aproximó al pasillo, lo miró de pie en la puerta, se le heló la sangre cuando las imágenes de su hijo siendo asesinado por el mismo Vegeta, se le cruzaron por la mente. Si era necesario, enviaría lejos a ese malagradecido, él lo había educado correctamente, siempre acorde con el protocolo, respetando cada regla y norma del imperio, ¿Y le pagaba exponiendo su vida, la suya y la de toda su familia de esa forma? Él iba a escucharlo.

—Zorn —lo llamó intentando que su voz saliera tranquila.

—¿Qué sucede, padre? —preguntó en tono bajo al ver al anciano acercarse con cautela a la puerta y mirar por unos segundos en dirección al rey.

—Necesito hablar contigo, acompáñame antes de que su majestad se retire de la reunión —expresó volviendo su vista a su vástago. Zorn asintió de acuerdo al ver la seriedad en el rostro de su padre.

En silencio, caminaron algunos minutos hasta que el saiyajin mayor abrió una de las puertas de las habitaciones vacías y la cerró una vez ambos habían accedido.

—Me estás preocupando…

—¡Cómo pudiste! —las palabras de Shitsuji, fueron acompañadas de una bofetada que ladeó con fuerza el rostro del comandante, que sorprendido, se giró nuevamente para ver a su progenitor.

—¿!Qué te pasa!? ¿¡Por qué me golpeas!?

—¡No puedo creerlo Zorn! Tú, un muchacho criado correctamente ¡Y cometes la peor estupidez con la esposa de su majestad! —bramó tratando de controlar la ira que subió a su cabeza.

—Yo…

—¡No mientas! Sé que drogaste a lady Bulma ¿Qué es lo que pasaba por tu cabeza! —reclamó enfurecido al ver que Zorn simplemente desvió la mirada sin siquiera intentar negar su corrompido actuar.

—¡Lo hice por que la amo! —la respuesta de Zorn, fue aún peor de lo que Shitsuji esperaba. El saiyajin mayor negó para sí mismo intentando convencerse de que su hijo no había confesado aquellas palabras —Estoy enamorado de ella, padre.

—¿¡Qué es lo que estás diciendo!? ¿¡Desde cuando pasó esto!? —cuestionó gélido al pensar en los horrores que Zorn pudo haber cometido.

—¡Nunca quise que esto pasara! ¡Intenté muchas veces asesinarla tal y cómo se lo prometí al rey Vegeta III, pero nunca pude cumplir mi palabra! Siempre que lo intentaba terminaba admirando su belleza, acariciando su cuerpo ¡Es algo que no puedo controlar a pesar de luchar con todas mis fuerzas en contra de lo que siento por ella! —confesó sintiendo incluso vergüenza de su propio actuar, por ser tan débil ante la humana de cabellos turquesa, por no tener el suficiente valor de acabar con su vida y con ello, su propio sufrimiento. Porque cada vez que Bulma estaba en brazos del actual monarca, lo único que deseaba era ser él el dueño de la femenina que atiborraba sus pensamientos llenándolo aún más de rabia contra sí mismo.

—¿Tú… eres el padre del hijo que espera lady Bulma? —la pregunta que su padre le hizo en ese momento lo sacó de sus pensamientos, descolocándolo por unos instantes. Elevó su mirada para observar la expresión pesarosa en el rostro del mayor —¡Responde! —exigió lleno de temor. Maron no había mentido, si ella confesaba lo que sabía, sin duda Zorn, e incluso él morirían por alta traición.

—¡NO LO SOY, TE LO ASEGURO! —dijo con toda franqueza —Maron exagera. Confieso que fui más allá de observar a lady Bulma. Solía besarla y acariciarla, pero jamás tuve sexo con ella. Te lo juro por mi dignidad de guerrero.

—La poca dignidad que te queda —lo corrigió decepcionado —Tendré que mandar a sacar a esa ramera barata del calabozo, para evitar que caigamos en desgracia.

—Padre, lo siento mucho —dijo el guerrero con sinceridad —Jamás volveré a acercarme a ella con esas intenciones.

—Es mejor que te vayas Zorn ¡Vete antes que el rey Vegeta lo sepa! —gritó fuera de sí tratando de procesar cada una de las cosas que su hijo acababa de confesarle.

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Días después…

Eran cerca de las siete de la tarde, se había dado la orden a la cocina central para que preparan toda clase de delicias, dulces, jugos y aperitivos para que fuesen repartidos en el castillo. Inclusive, los fuegos artificiales que el mismo rey había mandado a quemar adornaban en diferentes puntos del planeta el cielo ensombrecido de la noche.

No había podido contenerse, la emoción que llenó su pecho cuando supo la noticia era como un sueño hecho realidad. Una de las criadas que le servían desde que había sido trasladada a su nueva recámara le había informado del festejo. Maron había sido liberada del calabozo una semana antes, y durante esos días había recuperado el glamour que había perdido en la mazmorra. En el palacio no se escuchaba hablar de algo más que no fuese del próximo príncipe que estaba por nacer, y ella sería la madre de ese bebé, ya nadie podría detenerla una vez pariera un varón.

Maron alzó su rostro ilusionada, llena de esa seguridad que el mismo Vegeta le otorgaba al reconocer como su descendiente al crío que llevaba en su vientre. Sonrió satisfecha, por fin aquella engreída científica caería de su pedestal una vez ella tomara parte dentro de la monarquía saiyana.

A paso apresurado se dirigió al harén en donde se llevaba acabo la fiesta en nombre de su embarazo. Debía estar ahí para ver el rostro de todas las serpientes que alguna vez se burlaron de ella, ahora no podrían hacer nada más que ver la nueva y ostentosa vida que le esperaba como madre de uno de los príncipes.

Estaba por llegar a la puerta, cuando un par de saiyanas que estaban en el pasillo le dirigieron una mirada desdeñosa a la humana de cabellos celestes, que detuvo su andar al darse cuenta de la presencia de éstas. La esclava imaginó lo furiosas que debían estar al saber que ella había logrado embarazarse de su majestad, por lo que elevó la barbilla enaltecida e ignorando la descortesía de las femeninas entró al harén. Sus pupilas se iluminaron al notar a las jóvenes divertirse mientras bailaban y charlaba entre sí.

—¡Maron! ¡Bienvenida! ¿Quieres tomar algo? —preguntó una de las hembras que repartía bebidas.

—Casi todas están aquí —dijo la peliceleste tomando una de las copas con jugo de la bandeja. Observó el panorama buscando entre las presentes tanto a Bulma, como a Nyu —Faltan ellas —susurró para sí misma sorbiendo un trago de su bebida.

—¿Cómo dices? —interrogó la joven que dejó la bandeja en una de las mesas de servicio donde se hallaban los aperitivos.

—La estéril princesa y la desfasada segunda consorte, esperaba verlas aquí —manifestó sonriendo triunfadora.

—¿Bromeas? Nyu jamás celebraría el nacimiento de un hijo de su majestad que no fuese suyo —respondió la chica con una sonrisa y se alejó de la humana tomando la bandeja para continuar repartiendo las bebidas.

—Tendré que esperar a ver la cara de estúpida de Nyu al saber que el rey ha recocido al hijo que voy a darle —comentó dirigiéndose a la sirvienta que la acompañaba. Ésta, tuvo que contener la risa burlista que amenazaba con escapársele—Es más ¿Por qué no vamos y las buscamos nosotras mismas? —chilló ampliando su soberbia expresión para dirigirse a la salida. Esa zorra científica y la princesa ramera tenían que pagar por cada una de las humillaciones que le habían hecho pasar, y no desaprovecharía la oportunidad de restregarles que ella supo ganarse al monarca hasta el punto de convertirse en la madre de uno de sus críos reconocidos que hoy estaba siendo celebrado.

Caminaba horonda por el pasillo, alejándose del harén, cuando al final vio a la princesa venir en su dirección. Pasó su mano por uno de los mechones de su cabello para dejarlo tras su oreja sin quitarle la mirada de los ojos de la primera consorte.

—Nyu —nombró a la saiyana deteniendo sus pasos frente a ella.

La princesa, vio de pies a cabeza a la humana deteniéndose unos segundos en el vientre de la mujer que se notaba abultado a sus cinco meses.

—¿Te divertiste en la fiesta, Maron? —preguntó echándose a reír junto a la Corte que la acompañaba. Todas las muchachas se vieron entre sí burlándose de la terrícola ante ellas.

—No lo dudes, ¿Acaso no ves éste banquete y todo el festejo? El rey está tan feliz de que voy a darle un hijo, que hasta celebra al nuevo príncipe que le pariré en pocos meses. Es una lástima que otras no hayan podido darle uno solo —expresó llevando su mano derecha a su abdomen, y mofándose de la saiyana – ¡Oh!, disculpa, no me refería a ti, cariño, hablo de Okra.

—¿Vegeta celebrando tu preñez? —Nyu no pudo evitar reírse nuevamente ante las estúpidas suposiciones de la esclava —Escucharon eso muchachas, mi esposo festeja en nombre del bastardo que ésta criada ex prostituta carga en su vientre —volvió a reír más fuerte girándose unos segundos para ver a sus damas compañía que acompañaron su burla.

Maron, arrugó sus delgadas cejas celestes al ver al séquito de la princesa mofarse en su cara. La primera consorte viró hacia la peliceleste dando un paso hacia ella hasta quedar a medio metro de ésta.

—No te atrevas a acercarte a mí —manifestó la humana que a pesar de sentir temor de que esa mujer la dañase, no se movió un centímetro de su sitio.

—Parece que las noticias no te llegaron al calabozo. Su majestad no está celebrando a tu bastardo —dijo con un gusto inmenso —Vegeta celebra que Bulma está embarazada nuevamente —la copa de Maron cayó al piso formando un ruido seco al chocar con la alfombra.

—¡Eso no es cierto! —gritó iracunda.

—¿Acaso creíste que eras tan importante para que él como para hacer un festejo por tu bastardo? —sonrió Nyu observando la expresión desencajada de la humana —Pobrecita, deberías de ver tú rostro de puta barata, tan triste —añadió riendo a carcajadas, viendo cómo la terrícola pasó a su lado desapareciendo por el pasillo.

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Ésta vez había sido cuidadosa para que no pasara, sabía que sus embarazos eran siempre de alto riesgo y él se lo había dicho muchas veces, no quería preñarla nuevamente debido al peligro que corría durante el período gestante. Lo entendía, pero había pasado, y ahora dentro de ella albergaba una nueva vida. No es que no deseaba tenerlo, sus sentimientos ahora eran todo lo contrario, amaba a ese ser desde el momento en que fue consiente de su existencia. Sus hijos siempre serían el producto del amor que sentía por su esposo, pero eso no cambiaba el hecho de sentir temor a que algo sucediese. Haría todo lo posible por cuidarse.

En sus ojos turquesa se reflejaron los fuegos artificiales, desde el balcón de la alcoba real la vista de la ciudad era espléndida, casi irreal. Vegitasei se caracterizaba por ello, era un planeta sumamente hermoso, de cielo azul y vegetación abundante que muchas veces le hacía sentir como en su astro natal.

La gente en la ciudad comía, bebía, celebraba, todo en nombre de su hijo. Al parecer muchas cosas habían cambiado en todos esos años desde que se convirtió en la pareja de su rey. Los puristas repudiaban el hecho de la mezcla de la sangre real saiyajin y una humana, les parecía una ofensa que los descendientes de la dinastía llevaran en sus venas genes de una raza que ellos consideraban inferior; pero también habían quienes apoyaban tal mixtura debido al poderoso mezcla que se daba de tal unión. Siempre intentó que ni una cosa, ni la otra la afectasen, con el tiempo aprendió que debía aceptar su realidad, una en la que un saiyajin ocupaba todos sus sentires, y no cualquiera, sino el mismo soberano que la había convertido en su esposa.

Bajó la mirada al sentir su tacto, mirando como su vientre se cubrió por sus grandes manos y en seguido percibió el calor del cuerpo que se pegó tras el suyo. Ambos se quedaron en silencio, observando por un momento las luces en el cielo, confortándose con la presencia del otro, notando que no requerían de palabras para entender lo que el otro necesitaba.

—Vegeta… —Bulma giró la cabeza al tiempo en que pronunció su nombre, pero su boca fue cubierta por los labios del soberano. La peliazul correspondió a sus mimos girándose entre los brazos del hombre que la aprisionó con suavidad contra su cuerpo y el barandal del balcón.

—En el harén celebran por nuestro hijo, te haría bien ir y distraerte —expresó él soltando los labios de la hembra. Cuando los orbes turquesa de la muchacha se fijaron en sus ojos obscuros, notó inmediatamente el motivo de su preocupación.

—Aunque no quiera que me afecte…

—Sabes que nadie más significa nada —respondió él atajando las palabras de la consorte que al escucharlo se separó de sus brazos.

—No existe diferencia entre mi hijo y el suyo, ambas te daremos herederos y realmente me enferma —dijo la científica girándose para ver la ciudad. Apretó sus labios y respiró profundo intentando que la sensibilidad de su estado no la afectaran más allá de lo que debía permitirlo. Sabía que Maron había sido un pasatiempo para Vegeta, pero eso no implicaba que no le doliese por mucho que haya perdonado su traición.

—Tú eres mi esposa, ella no es nadie, es una diferencia abismal —contestó viendo el fuego en los ojos turquesa de la terrícola cuando ella se giró para verlo nuevamente.

—Será mejor que me vaya a descansar—manifestó arrugado sus cejas al tiempo en que desvío su vista de la del hombre frente a ella —Buenas noches —agregó pasándole de lado. Era mejor irse antes de que se desatara una discusión por culpa de aquella detestable mujer que había puesto en balanza, lo quisiera aceptar o no, su relación con el rey.

—Bulma… —la sola pronunciación de su nombre en los labios del monarca, hizo que una corriente eléctrica recorrerá su espalda obligándola a detenerse cuando estaba pasando a su lado. Desvió la vista hacia un costado sabiendo que si lo miraba, su orgullo se doblegaría ante la ardiente virilidad que desprendía el saiyajin por cada poro de su cuerpo. Habían ocasiones, como esta, en las que se odiaba a sí misma por no poder negarse a la innegable masculinidad de su esposo —Mírame Bulma —exigió él y la femenina negó intentado ser firme.

—Permíteme marcharme —murmuró débil y se odió aun más, por no poder siquiera hablar sin que su voz no la delatara.

—Me conoces más que nadie —reconoció él al momento en que sujetó por el brazo a la científica sin que ella opusiera resistencia a su tacto —Y sabes que soy más de demostrar con hechos que con palabras —continuó, deslizando su palma enguantada por la longitud del brazo de la joven hasta llegar a su hombro —Quiero que tengas muy en claro… —añadió el monarca con su enronquecida voz —…que nadie podría ocupar tu lugar, ni como mi esposa, ni dentro de mí —puntualizó llevando la mano de la peliazul hacia su pecho, en donde la dejó descansar permitiéndole sentir cómo su corazón, ese que debía latir alterado ante un enfrentamiento en el campo de batalla, palpitaba vehemente por ella, la única mujer que había sido capaz de hacerlo romper las reglas de su imperio e ir en contra de sus principios.

Bulma, sintió que el mundo a su alrededor desapareció. En la naturaleza saiyana no era normal expresar sentimientos hacia otros, y menos tan abiertamente, pero ahora él estaba diciéndole todas esas cosas que simplemente no podía ignorar. Quería creerle, quería tener la convicción de que si Vegeta acababa de confesarlo con tal sinceridad, es porque realmente era verdad.

—No estaría aquí si creyera lo contrario —respondió finalmente la científica con una sonrisa, elevando su mirada para observar al rey, dando un paso hacia él para enredar sus brazos en su cuello —Sé que me amas —murmuró cerrando sus ojos al tiempo en que sus labios se unieron a los del soberano.

Fue correspondida con pasión, sintiendo cómo las manos de él se pasearon por su cuerpo amoldándose a cada una de sus curvas. Bulma no supo si fue por el frío viento que sopló en dirección a ellos, o por las atenciones que el le brindaba, que los vellos de su cuerpo se erizaron cuando la lengua del hombre acarició la suya con fogosas succiones.

—Te deseo.

—Llévame a la cama —gimió la muchacha sintiendo que fue elevada inmediatamente en los brazos del saiyajin.

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Dos meses pasaron rápidamente y los problemas en su momento trajeron infelicidad, tristeza y dolor en la vida de la científica terrícola, ahora parecían comenzar a desaparecer. Aunque estaba consiente de que otra mujer esperaba un hijo de su esposo, intentó apartar a un lado el desazón, así como se rehusaba darle al hecho la relevancia de la que carecía. Estaba convencida de lo que el monarca sentía por ella, se lo había confesado alguna vez y se lo demostraba con creces lo enraizado que se habían vuelto sus sentimientos por ella. Es por eso que la peliazul, había decido disfrutar al máximo su embarazo, que aunque riesgoso, se cuidaba y evitaba pensar en las cosas que le hacían mal, en vista de eso.

Tiempo atrás Vegeta dio la orden de que mudaran a Maron lo más lejos posible en el palacio hasta que naciera el niño que estaba esperando, después de ello, sería enviada fuera de Vegitasei definitivamente. Él más que nadie, se reprochó muchas veces el error que cometió, un acontecimiento que nunca debió existir y que de no ser por su esposa, la esclava humana habría sido eliminada junto al chiquillo en cuanto se enteró de que estaba preñada.

Maron por su parte, se había mantenido distanciada, no porque así lo deseara, sino porque cada paso que daba era vigilado por los espías y lacayos que la misma esposa del soberano había enviado para mantenerla a raya. Muchas veces intentó salir para ir en búsqueda del monarca, pero sus vigilas terminaban atajando su camino. Extrañaba al gobernante más que nunca y deseaba verlo aunque sea por un instante, ansiaba presentársele y mirar su reacción al mostrarle cuánto había crecido su vientre donde llevaba a su hijo. La última vez que se encontraron, él dejó claro que no quería ninguna clase de relación con ella ¿Pero cómo le hacía entender a su corazón que ese hombre solo la había usado?. Tontamente y en el juego que planeó con Okra, ella también había caído, habían trazado aquella intriga con el fin de desbancar a la petulante científica, pero en el proceso quedó atrapada en su propia red de engaños. Lo amaba más que a nadie, pero el saiyajin real jamás la aceptaría y muchos menos la vería como algo más que una esclava. Era sensata y sabía que solo había sido un pasatiempo efímero para el soberano, no era estúpida para no darse cuenta que él la aceptó tan solo por el hecho de parecerse físicamente a Bulma, pero sus sentimientos no podían comprenderlo. Mantenía la esperanza de que alguna vez, su relación con él se volviera cordial por el bien de su bebé.

Muchos pagarían más adelante por las humillaciones. Tenía su diario y tenía a su esclava confidente. Los manejaría a su antojo en cuanto naciera el chiquillo. Bulma, Nyu, Okra, Zorn, Shitsuji, Broly, Hinojo, Bardock y Nion, entre otros. Revelaría los secretos uno por uno hasta hacerlos desaparecer. Esa noche, se acostó en su cama fría y vacía de la recámara menesterosa donde era obligada a permanecer, con la esperanza de poder ver a Vegeta muy pronto. Se durmió acariciando su vientre, hablándole a su pequeño y diciéndole qué más adelante tomaría todo lo que le correspondía.

Una risa maquiavélica salió de sus labios mientras la imagen mental de todos ellos siendo exterminados cruzaba por su cabeza.

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A la mañana siguiente, una de las criadas encargadas de servirle el desayuno se aproximó a la puerta dejando la bandeja de los alimentos en la pequeña mesa en el pasillo al lado de la entrada. La femenina, metió su mano en su delantal para rebuscar en la bolsa la llave con la que tenía acceso a la habitación. La encontró enseguida, la metió en el cerrojo, giró el pomo empujando la puerta suavemente para volver a guardar su llave y tomar la bandeja accediendo al recinto.

—Buenos días señorita Maron, le he traído su… —la frase de la muchacha no fue terminada y charola en sus manos, cayó al piso estrepitosamente quebrándose en el acto la vajilla que llevaba sobre ésta.

La femenina tuvo que cubrir su boca con ambas manos sintiendo cómo su cuerpo tembló ante el escenario frente a sus ojos. Maron estaba muerta sobre la cama. Su cuello había sido cortado, la habían degollado dejando un río de sangre en el piso por donde la criada caminó lentamente aproximándose a la cama y entonces, se dio cuenta de algo peor. El vientre donde anteriormente la humana cargaba a su hijo, ahora se hallaba abierto, sin rastros de que alguna vez estuvo embarazada.


RinPink Susaiyajin: Hola, quiero agradecer a cada uno de los que estuvieron pendientes de mi bienestar y de ésta actualización, especialmente a mi beta, que siempre estuvo ahí apoyándome y animándome a seguir. Gracia por todo, sin ustedes no podría tener la inspiración suficiente para no abandonar la historia.

Espero que el capítulo sea de su agrado, no olviden dejar su REVIEW que con todo gusto leeré y responderé.

Los/las quiero :D