CAPÍTULO XXXIII: Tiempo de incertidumbre.


A sus cuatro meses de embarazo, Bulma ya comenzaba a resentir los estragos que la condición le hacía padecer, aunque esta vez, los síntomas eran aún peores que en las anteriores ocasiones. Era por ello por lo que todo ese tiempo atrás estuvo cuidándose, evitando volver a quedar en cinta debido a que la situación la llevaba a poner en riego su propia vida y la del crío que se desarrollaba en su vientre. Además, Vegeta le había dicho en muchas ocasiones que odiaba verla sufrir por el hecho de parirle hijos, y aunque adoraba infinitamente a cada uno de sus vástagos, se rehusó a exponerla de esa forma por mucho que desease procrear más cachorros. Pero había pasado, ahora les tocaba lidiar con las consecuencias y solo restaba que los meses corrieran para que la ojiturquesa diese a luz lo más sanamente posible. Por ahora el equipo médico a cargo de llevar el control de su estado gestante, estaba haciendo todo lo posible para menguar los efectos que el bebé provocaba en el cuerpo de la madre.

Era de mañana. El agua tibia de la tina acariciaba sutilmente la piel femenina relajando atentamente cada uno de los músculos de su cuerpo cansado, producto no solo de su estado grávido, sino también por el agotamiento suscitado por el ilimitado deseo sexual de su esposo. Las manos del rey, que también se encontraba en la bañera, se pasearon por la espalda blanquecina de la terrícola. Desde su ángulo, podía ver la esbelta figura de su mujer, desde sus respingados hombros, pasando por su estrecha cintura, hasta finalizar en la perfecta curvatura que formaba su trasero amelocotonado. No dudó en seguir acariciándola. No importaba cuánto tiempo la tuviera, jamás le era suficiente para saciarse de ella. El soberano movió lentamente sus palmas sobre la lechosa piel de su humana, provocando espasmos internos en la hembra que abrió su boca para emitir un gemido satisfactorio ante la agradable fricción. Bulma cerró sus ojos y abrazó sus propias piernas encorvando su columna hacia adelante, dejando descansar su frente sobre sus rodillas, disfrutando cada toque del saiyajin. Segundos después, ella notó cómo la boca del monarca se unió a los mimos que le brindaba. Él se irguió hacia adelante para poder alcanzar el cuello de la muchacha y con una de sus manos, la atrajo hacia atrás desde uno de sus hombros para que ella dejara descansar su espalda en su pecho.

—¿Aún… quieres? —preguntó ella con voz ahogada elevando su mano y llevándola hacia atrás para colocarla en la nuca del hombre, que succionaba delicadamente la piel de su cuello en el lado izquierdo.

—Siempre quiero —respondió el rey bajando sus manos desde los hombros de la muchacha, para pasarlas bajo los brazos de ésta hasta llegar a acunar en sus palmas ambos senos. La científica gimió sensible una vez más.

—Tienes una… —abrió sus párpados deteniendo sus palabras para girarse un poco y poder ver el rostro del saiyajin tras ella —…reunión en veinte minutos —la sonrisa torcida que él le brindó, le produjo escalofríos a lo largo de su espina dorsal sintiendo el deseo inminente entre sus piernas pulsar con intensa necesidad.

—Puedo postergarla si eso impide que te folle ahora mismo —gruñó en el oído de la consorte al tiempo en que una de sus manos con las que masajeaba sus hinchados senos, descendió deslizándose hasta dejarla descansar por unos segundos, sobre el vientre abultado de la terrícola que a sus cuatro meses de preñez, ya se notaba ligeramente grande —O es que acaso… —continuó bajando entonces —¿Estás exhausta? —añadió buscando entre los muslos de la joven su tibio centro.

—Yo… —Bulma tuvo que morderse el labio inferior para reprimir un gemido cuando los dedos de la hábil mano del saiyajin buscaron entre sus pétalos hasta encontrar su botón de placer —… Vegeta —manifestó con voz excitada que apenas reconoció como suya. La humana, respiró profundo cerrando los ojos nuevamente, cuando él comenzó a masajear su clítoris de arriba abajo ejerciendo la presión perfecta para que su intimidad comenzará a palpitar con ardiendo deseo —La reunión es… importante —apenas pudo pronunciar.

—No tanto como hacer que te vengas con mi pene dentro de ti —un rubor se pronunció sobre las mejillas de la peliazul al escuchar al rey hablarle tan abiertamente de aquella tan candente forma.

—Por favor… —la segunda consorte tuvo que morderse la lengua para evitar pedirle, de manera tan desesperada, que la hiciera suya en ese mismo momento.

—¿Por favor qué, Bulma? Pídelo —ella tuvo que sujetarse de los brazos del saiyajin que estaba alrededor de su cuerpo, cuando la fricción sobre su clítoris aumento y una oleada de placer atentaba con golpearla de lleno. Echó su cabeza hacia atrás dejándola descansar sobre el hombro del monarca que sonrió ladino al ver a su mujer descontrolarse de ese modo —Dilo y te complaceré —agregó estampado sus labios contra los de la muchacha que correspondió exigente al beso.

—Kami, te… te odio… —expresó entre acaloradas succiones la científica.

—No es eso lo que quiero escuchar —dijo firmemente y ésta vez, introdujo un dedo en su interior sin dejar de brindarle atención a su botón necesitado.

Bulma soltó un gemido de reproche cuando él detuvo sus movimientos y apartó su boca de la suya cortando de golpe el momento. Ambos escucharon que tocaban la puerta de la alcoba real con insistencia.

—¿Qué sucede? —preguntó ella con notable molestia.

—Es Kakaroto —respondió al sentir el ki del guerrero del otro lado de la habitación —Debe ser importante —agregó mirando las mejillas sonrojadas y la respiración agitada de su esposa que aún estaba recostada en su pecho —Haré que se largue pronto —dijo dándole un último beso a la muchacha para salir de la tina.

—Para tocar de esa forma seguramente debe ser urgente —manifestó ella sujetando la mano que él le ofreció para salir del agua. Vegeta tomó rápidamente una toalla para envolver su cintura y otra para secarse el cabello. La científica por su parte se colocó una bata de baño y vio que él salió hacia la estancia principal para colocarse la parte inferior de su traje y sus botas.

—Majestad, lamento interrumpir —declaró dejando en claro, por su tono de voz, que algo que no podía esperar estaba sucediendo.

—¿Qué pasa?

—Es Maron, ella…

—¡No me interesa nada que venga de esa mujer! —vociferó tajante al escuchar el nombre de la ramera que se metió a su vida y que casi arruinó su relación con su esposa —Di órdenes específicas que lo único que quiero saber sobre esa molesta terrícola es si pare o no un híbrido de clase alta. De lo contrario, ni ella, ni la criatura son asuntos míos.

Bulma, que salió en ese momento del baño mientras secaba su cabello, escuchó el intercambio de palabras entre los saiyajin, más no logró entender lo que decían desde esa distancia, aunque estaba claro que nada bueno sucedía.

—Majestad, debe saber que ella murió —el entrecejo del rey se arrugó al escuchar lo que el soldado dijo y tuvo que dar dos pasos fuera de su alcoba para evitar que Bulma escuchase lo que el guerrero estaba diciéndole.

—¿Cómo así que murió? ¿Es que acaso se suicidó? —interrogó gélido sin percibir una mínima pizca de pena. Muy al contrario, sintió que un peso se levantó de sus hombros al darse cuenta de que la causa del sufrimiento de su esposa había acabado, sin tener tan siquiera que meter manos en el asunto.

—Todo parece indicar que fue un asesinato.

—¿Qué? —el monosílabo salió automáticamente de la boca del saiyajin real cambiando su expresión apática. No porque le interesase saber cómo había muerto, sino porque debía saber exactamente a qué se estaban enfrentando. Que matasen a alguien de esa forma en su palacio, bajo el mismo techo donde su mujer e hijos vivían, era un asunto que debía resolver inmediatamente.

—Una de las sirvientas que la atendía la encontró sobre un charco de sangre —respondió Kakaroto trayendo a su mente la escena. Inmediatamente había ido a investigar lo sucedido en cuanto el soldado responsable de la seguridad de Maron le informó lo que acababan de descubrir.

—Debo pensar que el crío también murió.

—No, majestad. El híbrido fue sacado de sus entrañas y no aparece por ningún lado. No se sabe que fue de él.

—¿¡Y que diablos estás esperando para investigar!? —rugió tan fuerte que incluso la peliazul que estaba terminado de peinarse, escucho claramente sus palabras haciéndola ponerse de pie para ir cerca de la puerta, debía enterarse del motivo por lo que el rey se había alterado —No vaya a resultar ser un chiquillo de clase alta con buen poder de pelea. Si aún vive no es conveniente tenerlo lejos. Detesto las historias de los golpistas. Y tampoco quiero que peligre el reinado de Trunks cuando yo ya no esté.

—La investigación pasó a manos del Senado, por tratarse de un hijo del rey. Ellos ya designaron a dos eruditos especialistas en reunir las pesquisas para enterarnos quién fue el que asesinó a Maron y por ende, el que raptó al crío —respondió rápidamente ante la exigente voz del mandatario.

—¿¡Y me informas hasta ahora Kakaroto!? – gritó molesto sabiendo que todo pudo haberse resuelto sin hacer un escándalo, noticia que dentro de algunas horas, el imperio entero lo sabría —Ve, y que esos imbéciles te mantengan al tanto de toda averiguación. Si la humana fue asesinada por la madrugada el chiquillo no debe estar demasiado lejos —añadió al momento en que Bulma se situó a su lado mirando por unos segundos al soldado antes de volver su mirada al soberano.

—Lady Bulma —saludó la mano derecha del rey al ver a la femenina salir de la alcoba real.

—Kakaroto ¿Qué es lo que está pasando? —preguntó virando su vista hacia el saiyan que desvío su mirada evitando responderle, no era él a quien correspondía darle la noticia —¿Vegeta qué pasa? —volvió a interrogar con preocupación sintiendo la tensión en el ambiente, esta vez, posando sus ojos en su esposo.

—Ve y haz lo que te ordené. Y asegúrate que ni una sola nave salga de Vegitasei sin ser registrada hasta el último rincón —el soldado se inclinó antes de desaparecer por el pasillo —Vamos —indicó Vegeta entrando nuevamente a la habitación junto a la científica.

—¿Fue ella? —cuestionó la peliazul en cuanto él cerró la puerta y se giró para verla. Vio cómo Vegeta asintió en respuesta, y una punzada golpeó su pecho con angustia al darse cuenta de lo terrible de la realidad. Más de alguna vez deseo que esa mujer desapareciera, pero no de esa forma. Se negó a sí misma el imaginarse lo que la esclava debió sufrir segundos antes de ser asesinada, no tenía por qué sentirse mal por esa mujer que tanto daño había causado en sus vidas, pero aún así, no era para nada grato darse cuenta de que había muerto de una forma tan cruel.

—No quiero que salgas del piso real sin decírmelo… —comenzó él a decir aproximándose a ella —No quiero que alguien intente hacerte daño —expresó tocando el vientre de la consorte sin apartar sus orbes obscuros de ella —Ésto también va para los príncipes y la princesa.

—¿Qué sucederá ahora? Escuché que el bebé fue raptado —manifestó la joven con genuina intranquilidad. Saber que un homicida sin escrúpulos, que inclusive se había atrevido a secuestrar una inocente criatura, rondaba el palacio, era algo por lo que realmente debía estar preocupada.

—Debo ir a ver resolverlo, tengo que encontrar al chiquillo a cualquier costo, y como se lo dije a Kakaroto, si ese mocoso tiene un poder de pelea alto no debe de crecer lejos de éste palacio —dijo separándose de ella para tomar su ropa que estaba sobre el sofá y comenzar a vestirse.

—Si lo encuentras… —la peliazul, tragó sintiendo su boca seca al pensar en que si ese niño vivía, tendría que ser traído bajo el mismo techo que sus cachorros —… ¿Él… vivirá con nosotros? —preguntó dubitativa sintiéndose incómoda ante el pensamiento de tener que lidiar con la criatura de aquella mujer.

—No con nosotros, pero si bajo mi vigilancia. El heredero al trono es Trunks, debo asegurarme de que ese híbrido no intente nada contra él una vez nuestro hijo sea el rey —declaró terminando de colocarse la capa sobre la armadura.

—Asegúrate de encontrarlo —expresó la muchacha aproximándose al rey. Alzó el rostro por un momento, fijando sus ojos turquesa en los obscuros del monarca, sin temor alguno de demostrarle la pesadumbre que la noticia estaba causando en ella. No solo por el hecho de enterarse de la forma tan desalmada en que le habían dado muerte a la criada, sino por la aberración que cometieron con el feto que ella gestaba en su vientre. Era algo que, debido a su crianza, a sus valores fomentados y a su naturaleza humana, que no podía procesar con la misma ligereza con la que un saiyajin podía tomar la noticia —El niño no merece lo que le ha sucedido —expresó mortificada bajando su mirada, llevando sus manos a su agrandado abdomen. Estando embarazada, era inevitable imaginar que algo similar podría sucederle a ella y su bebé. Bulma elevó su vista cuando Vegeta acortó la distancia que los separaba y colocó ambas manos en sus hombros.

—No permitas que lo que ha pasado te afecte, tú eres mi esposa, nadie se atrevería a hacerte daño mientras estés bajo mi protección —afirmó observando las manos defensoras de la muchacha sobre su vientre, entendiendo por lo que ella estaba atravesando en ese momento. No era necesario que la terrícola le expresara con palabras lo que pensaba, ella siempre había sido un libro abierto ante sus ojos. Con solo mirarla, podía predecir exactamente lo que pensaba y sentía. Era una de las cosas que exclusivamente compartían, pues de igual manera, ella lo conocía más que nadie.

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Miró una vez más a la niña que estaba dentro de la cápsula, que se ubicaba en el centro neonatal donde mantenían a los críos de clase élite, las primeras semanas de vida. Su mirada negruzca se paseó a través del cristal, percibiendo la misma sensación de aborrecimiento que sintió la primera vez que la vio al poco tiempo de haber nacido. Ni siquiera podía mantener su vista en ella por más de dos segundos sin sentir náuseas. Sus despreciables rasgos le provocaban asco.

Apricot le había mentido en su cara, lo había engañado quien sabe por cuánto tiempo, y lo peor de todo era que producto de esa traición, había parido a esa mocosa detestable que solo lo llenaba de vergüenza. En ese momento tuvo que obligarse a descender sus orbes para apartar su vista de la apariencia repulsiva de la menor. Aterrizó su escudriño en la pantalla de la incubadora de inmersión que monitorizaba a la cría. Las lecturas que éste mostraba detallaban el estado de la pequeña y Tarble, pudo notar los números que se reflejaban, dándose cuenta que el poder que emanaba de ella era relativamente alto.

—Ésta misma noche debes sacarla del planeta —afirmó seguro de su decisión tomada con antelación. No importaba que la mocosa fuese poderosa, que perteneciera a la nobleza, o que Apricot se negase a dejarla ir cuando lo supiese. Se deshacería de ella a cualquier costo.

—Pero Alteza, si el Senado lo sabe, o el mismo rey… —el ayudante del ala neonatal sintió escalofrío al imaginar qué sería de él si se enterraban que había ayudado al príncipe a deshacer, ilegalmente, de una niña miembro de la dinastía. Lo asesinarían indiscutiblemente. Tarble viró abruptamente sus ojos atenazados hacia el subalterno y éste, descendió su cabeza con temor.

—¿¡Es que acaso debo de repetirte mi orden una vez más!? —bufó colérico ante la negación. Bastante penoso era soportar día con día la humillación de tener como rey a su maldito hermano mayor que, de ser fácil, hace mucho tiempo habría acabado con él. Pero no estaba dispuesto a ser el papel de padre de aquella infeliz mocosa —¡Deshazte de ella o…

—¿O qué príncipe Tarble? —la voz femenina se hizo escuchar en aquel lugar y ambos, se giraron para ver que Apricot se aproximaba a ellos.

—Princesa —saludó el asistente con una reverencia antes de retirarse para dejar a la pareja sola.

Los ojos de Apricot en ningún momento se apartaron del hombre que la miró con intensa seriedad hasta que se detuvo a un metro frente él. Cómo era posible que el príncipe, el saiyajin que alguna vez creyó querer y del que muchas veces percibió el mismo sentir compaginado, haya cambiado tanto de la noche a la mañana tan solo por el hecho de creer, estúpidamente, que ella le había faltado.

No quiso ser débil, tampoco deseaba demostrarse sentimental, pero era demasiado para manejar. Él estaba quebrando su estabilidad y no podía soportarlo. La garganta de la hembra se apretó al pensar en que quizá, Tarble siempre la vio exclusivamente como una proveedora de descendientes. Una mujer que solo debía darle críos y desarrollar el papel de compañera únicamente cuando fuese necesario. Que no le era indispensable nada más que para procrear. La idea dolió. Tuvo que inhalar profundamente para no quebrarse ante aquella mirada negruzca llena de reproche. Ansió lanzarse a sus brazos, pedirle que creyese en ella, pero la sonrisa burlesca que se dibujó en sus labios cortó de golpe sus pensamientos.

—Como lo escuchaste… —comenzó a decir el saiyajin —…vete despidiendo de tú hija. Pronto no volverás a verla jamás —concluyó pasándole de lado para salir del recinto.

—¡Cómo puedes hacer esto Tarble! ¡Es tú hija! —gritó la princesa caminando tras el joven que se detuvo al llegar a la salida —¡No puedes deshacerte de ella!

—Escúchame bien Apricot —la expresión del príncipe pasó de colérico a amenazante cuando sujetó con fuerza uno de los brazos de la muchacha —¡Ese engendro no vivirá en mi maldito planeta! —dijo empujando bruscamente a la femenina contra la pared —¡Es eso o yo mismo me encargaré de exterminarla! —rugió furioso dejando que la ira controlara sus impulsos. Con su otra mano, la sujetó del rostro hundiendo sus dedos en la piel trigueña de la joven.

—La ley… —la princesa intentó que su voz no se quebrara, pero fue inevitable no hacerlo ante las aberraciones que el mismo padre de su hija estaba manifestando —… la ley no te lo permite —repitió —Si tú envías a nuestra hija lejos de Vegitasei, el rey lo sabrá. Yo misma se lo diré —desafío tragando el nudo en su garganta y de un empujón, se deshizo del aferre en su rostro que ya comenzaba a doler —¡Él no aprobaría ésto cuando todos los análisis indican que tú eres su padre! —finalizó tan segura de sus propias palabras, que internamente se sintió con todas la valentía para enfrentar a su marido.

—¿Qué? —el monosílabo salió de la boca del príncipe al escuchar semejante aberración ¿¡Cómo podría ser su hija aquella cría!? ¿¡Es que acaso su mujer intentaba engañarlo una vez más!? Sostuvo su vista en ella intentando no creer lo que decía, él no caería en sus tetras nuevamente. Su esposa se veía desesperada e indudablemente haría cualquier cosa para evitar que se deshiciera de la niña —¿¡Qué demonios estás diciendo!?

—Esa es la verdad Tarble —la hembra descendió la mirada hasta el piso, inhalando profundamente, procurando que la decepción y angustia no se apoderaran de su estabilidad emocional que desde hace días estaba por los suelos. Nunca imaginó que ella podría pasar por tal vergüenza. Si su familia llegaba a enterarse de que su marido rechazaba a su cachorra, no podría siquiera considerarse nuevamente parte de ellos. Eran demasiado conservadores y tradicionales como para aceptar tener una hija como ella, aunque no había hecho nada de qué sentirse apenada, innegablemente no le creerían. Se pondrían del lado del príncipe y eso le traería demasiados problemas. Perdería todos los privilegios por los que tanto luchó —Nira es tú hija, quizá su color de cabello sea un trastorno genético, los médicos aún están estudiando su condición —alzó el rostro para ver que al saiyajin que sonrió cínico ante sus ruegos.

—No es necesario que hagas esto Apricot —su expresión se volvió burlesca —No te sigas humillando ¡No voy a creer nuevamente en tus mentiras! —escupió arrugado el entrecejo con rabia —¡No importa lo que hagas! ¡Yo mismo le pediré a Vegeta que exilie a la bastarda muy lejos del planeta! —rugió dándose la vuelta para ir en busca del soberano. Oyó a lo lejos, cómo ella le gritaba que se detuviera, que entrara en razón, que la escuchase, pero no lo haría, no iba a darle el placer de burlase de él una vez más.

—¡Tarble espera! ¿¡Adónde vas!? —gimió la femenina tratando de perseguirlo, pero sus pies cedieron a su peso. Cayó al piso finalmente dejando salir sus lágrimas, apenas y pudo respirar para llenar de aire sus pulmones. El sollozo llenó el pasillo y la criada que la acompañaba y que se había mantenido al margen de la discusión, se acercó a ella.

—Princesa, por favor no vaya, quizá él necesita tiempo para pensar en lo que le ha dicho —expresó pretendiendo reconfortar a su señora, aunque solamente la vio limpiar sus lágrimas para ponerse de pie nuevamente.

—Vamos, no debo permitir que consiga la aprobación del rey para exiliar a mi hija —indicó tomando valor para ir tras él.

Tarble caminó sin detenerse por los pasillos. No estaba dispuesto a acceder antes los ruegos de la princesa, ella debía pagar por su engaño, tenía que castigarla. Estaba subiendo las escaleras que llevaba al tercer nivel del palacio en donde se encontraba el salón del trono, cuando del otro lado del pasillo, el soberano se conducía en la misma dirección.

—¡Vegeta! —llamó apresurándose para alcanzarlo.

—Ahora no Tarble —el príncipe escuchó negativa, pero él tenía que escucharlo. Era mejor obtener el permiso del gobernante y deshacerse de la cría legalmente. Se evitaría muchos problemas que si lo hacía a escondidas.

—Lo que debo decirte es importante, de lo contrario no estaría aquí —expresó. Vio cómo el rey detuvo su andar y se giró para observarlo. El príncipe captó inmediatamente que algo no andaba bien, debía estar sucediendo algo ya que el séquito élite estaba acompañando al monarca, aunque por el momento, su prioridad no eran los problemas del planeta.

—¿Te largas para siempre de mi planeta? —preguntó el soberano dirigiendo su severa mirada hacia el príncipe que torció su boca con irritación. No estaba ahí para discutir estupideces, sino para que él le diera una solución finiquita a su inconveniente.

—Nunca —respondió el más joven dejando salir un bufido —Quiero tu aprobación para sacar del planeta a la cachorra que parió Apricot —Vegeta arqueó una ceja al escuchar el pedido de su hermano.

—¿A dónde piensas enviarla? —cuestionó notando la postura vasalla del muchacho. Sabía que si Tarble estaba recurriendo a él para que le solventara un problema, era porque realmente no tenía otra solución. Pero tampoco él estaba para cumplirle sus caprichos.

—Aún no lo decido, pero dudo de la procedencia de esa niña, por eso no quiero que esa mocosa pase un día más en Vegitasei —contestó firme en su petición. En ese momento, Apricot llegó hasta ellos escuchando las palabras crueles salir de la boca de su marido. Sintió cómo un hueco se abrió en su estómago cuando el mismísimo rey saiyajin dirigió su vista hacia ella, que no dudó en reverenciarlo.

—Lamento interrumpir majestad. Pero por favor, le pido que no escuche al príncipe, nada de lo que él cree es cierto —sus palabras salieron en un gimoteo perceptible para todos los presentes que entendieron que Tarble, estaba acusando a la princesa de infidelidad.

—¡Cállate Apricot! ¿¡Cómo puedes tener el descaro de negar lo evidente!? Eres una…

—Si la princesa es acusada de traición… —la voz grave del gobernante interrumpió de golpe a Tarble, que volvió su mirada hacia él —…deberá ser ejecutada inmediatamente. Sabes que es el castigo tanto para ella como para la cría —todos sin excepción, miraron al rey al escuchar su dictamen y Apricot, sintió que su cuerpo se heló con miedo profundo al saber que tanto su fin como el de su hija, estaba cerca.

—¡No! —el grito desgarrador salió de la garganta de Apricot al tiempo en que calló de rodillas al piso y sus lágrimas salieron sin reserva de sus ojos azabaches —¡Nunca traicioné al príncipe! ¡Los análisis no mienten! —gimió con descontrol y en su desesperación, intento aproximarse al rey para suplicar que no la mataste, pero Zorn se interpuso en su paso impidiéndole su acercamiento.

La femenina, giró su furiosa vista hacia el príncipe tras ella. Ese hombre, el mismo del que se había enamorado la veía con desdén. Ella jamás le había fallado a Tarble, no podía, se había casado con él porque lo quería, no entendía cómo él podía acusarla de algo tan aberrante como el engaño y la mentira. Su corazón se estrujó al darse cuenta de que para su esposo, ya no significaba absolutamente nada.

—¿Análisis? —la pregunta del monarca hizo que ella virara sus ojos nuevamente en su dirección, pero frente a ella solo pudo observar a Zorn que aún bloqueaba su vista.

—Así es majestad, si me permite explicarle —pidió limpiando sus lágrimas a la vez que se puso de pie. Zorn se giró para ver al rey que asintió al pedido de la mujer.

—Habla —expresó el soldado posicionándose al lado del gobernante, permitiéndole a la hembra expresarse.

—Debido a que el príncipe sospecha de mi, hice que examinaran a Nira —tragó bajando la mirada, sintiendo que al menos podría demostrarle al propio rey que no mentía. Ya que para este punto, le importaba poco o nada que Tarble confiara en su palabra. Lo único importante en ese momento era salvar a su hija, ella no podía ser arrebatada de su lado, porque era su sangre, porque había nacido de su vientre, y porque sin la pequeña no tenía nada. Los descendientes eran quienes les daban poder a las mujeres de ese planeta y no podía permitirse perderla —El ADN demostró que efectivamente es hija de su alteza. Aún así, él sigue insistiendo en que fui infiel —suspiró con el corazón dolido —Por favor majestad, usted es justo, no permita que me quiten a mi pequeña —finalizó mordiéndose la lengua para no lazarle algún insulto al imbécil de su marido que se había atrevido a desprestigiarla de esa forma.

—¡Ella miente Vegeta! Pudo fácilmente alterar el resultado del estudio —protestó el príncipe que vio que en ese instante a Nion apareció en el lugar.

—Majestad —se inclinó la científica saiyana ante el soberano.

—¡Y tú que demonios haces aquí! —Tarble observó a la mujer que se giró hacia él para reverenciarlo con respeto, aunque el gesto solo lo hizo repudiarla más de lo que ya lo hacía. La tipa se mostraba tan recta, que su actitud intachable le provocaba asco. Para él jamás pasaría de ser una maldita asesina, esa que mató a su madre y él haría hasta lo imposible por eliminarla de la misma, o peor manera, de la que ella lo hizo con su progenitora ¡Nunca la perdonaría!

—Si me permite rey Vegeta —pidió la mujer, y vio la mirada de aprobación del saiyajin real —La princesa Apricot no miente —comenzó a explicar ojeando unas páginas que traía en sus manos —Yo misma volví a hacer la prueba de ADN, e indudablemente Nira es una digna descendiente de la dinastía saiyajin, es solo que…

—Tarble la detesta por su color de cabello —resumió el monarca torciendo su boca en una sonrisa burlesca —¿Me equivoco? —cuestionó detallando la rabia acumulada en la expresión en el rostro de su hermano menor.

—Es esa la verdad majestad, mi hija es rechazada por el príncipe debido a su peculiar característica —confirmó Apricot con tristeza reflejada en su voz.

—Características que comparte conmigo —Nion llevó una mano hacia su cabello pasándola por éste.

—Todo está resuelto —manifestó el soberano —Nira puede quedarse en el planeta, pero bajo tu cuidado Nion —el rostro de la científica pasó de preocupado a sonriente al escuchar el veredicto del monarca. Sin pensarlo, cuidaría ella misma de su querida nieta que además, compartía características físicas con ella.

—¡Qué! —expresó Tarble y Apricot al mismo tiempo al escuchar la resolución del rey.

—Tu petición es denegada Tarble. Ya se ha demostrado que no hubo traición de parte de tu mujer, así que tu hija pasará a manos de Nion —finalizó dándose la vuelta para ir hacia el salón del trono donde debía resolver el problema de Maron.

Tarble se quedó atónito, sintiendo la ira circular por todo su cuerpo.

Al llegar al lugar, los ojos de los presentes se dirigieron al rey y enseguida, todos los reverenciaron mientras el soberano avanzaba con dirección hacia el sitial donde tomó posesión.

Nadie se atrevió a levantar la mirada hacia él, o al menos intentar decir una palabra. La incertidumbre era tirante, casi tangible. No era primera vez que algo de esa magnitud sucedía en el palacio, pero hacía muchos años, desde que Vegeta III asesinó a sus hermanos para convertirse en el heredero a la corona, que no vivían una experiencia de esa índole. No es que aquel crío híbrido fuese tan importante, si hubiese sido hijo de cualquier soldado nadie le habría dado importancia puesto que el cachorro, no era en absoluto relevante al ser mezcla de dos razas y llevar la sangre de una criada. Pero era descendiente del propio monarca, bastardo o no, debían resolver qué había sucedido con él y además, tenían que aclarar la duda de quién había perpetrado el hecho. La sirvienta muerta era lo de menos, pero el trasfondo de todo era que entre ellos había un traidor del imperio y tenían que descubrirlo.

—¿Dónde está él? —la pregunta golpeó a los espectadores. Vegeta sondeó con sería mirada el sitio, notó que ahí se encontraban tanto miembros del Consejo, como dos de los soldados representantes pertenecientes a la Guardia Real. Nadie respondió, por lo que clavó su vista en uno específicamente —Tú —habló. Y todos alzaron su rostro hacia su trayectoria —¿Qué has averiguado? —tanto Shitsuji como Zorn, que estaban acompañando al rey, se miraron mutuamente con disimulo. Sabían que ambos tenían motivos muy fuertes para haber acabado con la vida de la criada, y aunque no habían podido hablar a solas desde que se descubrió lo sucedido esa mañana, sabían que tenían que hacerlo. Ninguno podía estar tranquilo hasta saber si uno de ellos pudo cometer el atentado. Porque para ellos no podía llamarse de otra forma. El no nato era sangre de la realeza, claramente podía ser un ataque abierto al gobierno.

—Majestad —el anciano se aclaró la garganta, más no supo qué decirle. Sabían que la esclava había sido encontrada sin vida, con su cuerpo sobre un charco de sangre, degollada y con el vientre abierto sin su crío dentro —Aún no sabemos dónde está el híbrido —comenzó a decir bajando la mirada —Hemos activado un operativo de rastreo en todos y cada uno de los puntos de salida, pero al parecer el aún se encuentra en Vegitasei ya que no hay rastros de que haya abandonado el planeta —Kakaroto que estaba al lado del monarca, lo miró ponerse de pie repentinamente.

—¡Parece que ustedes no han entendido mi orden! —el potente grito se escuchó por toda la enorme sala —¡Quiero saber dónde se encuentra el chiquillo y el nombre de quién lo hizo ésta misma tarde!

—Rey Vegeta, si me permite —el comandante al lado del soberano dio paso hacia el frente —Debo hacerle unas cuántas preguntas a Toteppo—Vegeta asintió y Zorn dirigió su vista al saiyajin atento a sus palabras —Resume lo que has averiguado —pidió. Unos cuantos segundos pasaron antes de que el guerrero respondiera.

—Creo firmemente que el propósito no fue robarse el híbrido —la revelación hizo que todos comenzarán a murmurar entre sí.

—¿A qué te refieres? —esta vez fue Vegeta quién lanzó la pregunta.

—Sustraer al crío solo fue una manera de desviar nuestra atención. El propósito siempre fue matarla a ella y es el motivo por el cuál lo hicieron.

—¿En qué basas tus suposiciones? —Zorn hizo un esfuerzo para que su voz saliera neutral. El caudillo de la Guardia Real había resultado demasiado inteligente para develar en tan poco tiempo el verdadero motivo de la situación, tanto él como Shitsuji sabían el por qué Maron había muerto, y no solo él pensaba de la misma forma. Bardock que se había mantenido en silencio, también pensó lo mismo. La esclava fue asesinada porque sabía demasiado.

—Si la intención hubiera sido simplemente apoderarse del hijo de su majestad, habrían esperado a que la esclava pariera la criatura para llevársela… —dijo desviando los ojos hacia el comandante —…pero decidieron cortarle el cuello antes de sacarle al nonato de su vientre —pausó, viendo esta vez al rey por unos segundos, antes de apartar su mirada —Lo que significa que era la humana quien estorbaba en los planes de alguien y… —el hombre detuvo su lengua. No quería ser él quien diera las noticias de las sospechas. Pero estaba a cargo de la investigación. Debía hacerlo.

—¿Y? —cuestionó Zorn mientras una gota de sudor rodó por su sien ante la tensión. Shitsuji, Bardock y Nyu, ésta última que había estado escuchando desde la entrada y que en ese instante decidió acceder al recinto, se tensaron ante la explicación del saiyajin. En ese momento todos y cada uno de ellos eran sospechosos sin que el otro lo supiera. Habían tenido motivos suficientes para deshacerse de la terrícola.

—Todo apunta específicamente a una persona, una que con cuya muerte de la esclava resolvería sus problemas —finalizó tragando en seco por lo que estaba a punto de confesar —Sospechamos de Lady Bulma.

El silencio se instaló en la sala. Los presentes se miraron unos a otros mientras mantenidas sus cabezas bajas, sintiendo cómo los segundos se alargaban, temiendo la reacción del gobernante ante la acusación de Toteppo.

—¡PERO CÓMO TE ATREVES! —el rey se puso de pie y sin pensarlo, bajó del pedestal con creciente ira creciendo en su interior.

—Rey Vegeta, sé que es difícil de asimilar, pero la criada humana representaba un gran inconveniente para la segunda consorte —trató de explicar al ver que el saiyajin real se aproximó a él.

—¡Deja fuera de toda esta mierda a mi esposa! —rugió conteniendo sus ganas de pulverizar al imbécil frente a él.

—Solo hago mi trabajo, majestad.

—¡Lady Bulma se encontraba conmigo anoche! —aseveró poniéndose de pie —¡Si estuvieses haciendo un buen trabajo ya lo sabrías!

—¡La madre de los príncipes no puede ser acusada sin fundamentos! —expresó un miembro del Consejo que dio un paso al frente, mirando con rabia al líder de la Guardia Real que volvió su vista inexorable hacia él —Además ¿Cómo puedes sospechar de ella cuando hay alguien más que pudo tener motivos fuertes para deshacerse de la esclava? —manifestó el hombre que claramente apoyaba a la progenitora de los hijos de su soberano.

—¿De qué hablas? —cuestionó Zorn con interés.

—Lady Bulma no ha podido ser partícipe. Ella le ha dado cuatro descendientes a la dinastía saiyajin… —manifestó el hombre moviendo sus ojos obscuros desde el caudillo, hacia el pedestal donde el monarca y su Corte lo miraban atentos —Donde uno de ellos, es el primogénito de nuestro rey, el futuro gobernante de Vegitasei. Qué necesidad podría tener de deshacerse del hijo de una sirvienta, que no es competencia por línea con sanguínea, para nuestro príncipe heredero —los presentes comenzaron a murmurar entre sí una vez más —Un interés de ese tipo solo pudo haberlo tenido la princesa Nyu —la atención de todos se posó en la mencionada mujer, que abrió sus párpados sorprendida al escuchar su nombre.

—¡QUÉ! —el grito de la saiyana se hizo escuchar en el recinto ¿Cómo osaba aquel imbécil a señalará directamente? ¡Sobre todo delante de la Guardia Real y el Consejo!

—Lo siento princesa, pero hay una causa demasiado sólida que no solo a mi, me hace sospechar que pudo haber orquestado el homicidio de la terrícola.

—¡No lo hice! —gritó caminando con dirección al pedestal donde detuvo su andar —¡Majestad! ¡Soy su esposa! Nadie, ni siquiera Lady Bulma posee el título de princesa ¿Qué motivo podría tener para asesinar a una esclava que no representaba absolutamente ninguna amenaza para mi estatus?

—¿Qué hay de mi hijo? —cuestionó el rey posando sus ojos insondables en la mujer que posiblemente pudo haberse deshecho de Maron. Nyu era una guerrera, impulsiva, explosiva, que le gustaba atribuirse el título de princesa del que ninguna hembra en todo el planeta gozaba.

—Pero… Rey Vegeta —quiso defender su postura ¡Replicar el tono acusatorio con el que su propio marido estaba cuestionándola! ¡Por supuesto que tenía razones muy fuertes para eliminar a la maldita criada! Pero eso nadie lo sabía. Se había liberado de un gran peso al darse cuenta de que esa mujer ya no existía.

—La princesa no ha podido darle descendientes puros al pueblo saiyajin. Esa es causa suficiente para asesinar a la esclava —las palabras que salieron de la boca del miembro del Consejo, uno que apoyaba el mestizaje entre la sangre de su raza y la humana, desestabilizaron el auto control que la femenina intentaba mantener.

—¡Tú! ¡Cállate! ¡Un insignificante miembro del Consejo no va a acusarme sin tener pruebas contundentes que me incriminen! —gimió fuera de sí observando al soldado que estaba a unos metros lejos de ella —¡Vas a pagar muy cara tu incriminación! —bramó fuera de sí conteniendo sus ganas por lanzarse sobre el tipo para torcerle el cuello ahí mismo. Volteó su rostro hacia la entrada cuando se dio cuenta que un par de saiyan estaban aproximándose. Abrió sus ojos sintiendo su corazón acelerado al reconocer a los sujetos.

Bardock desvío su vista hacia el piso evitando hacer contacto con ellos. Se trataba de nada más y nada menos que los Investigadores miembros del Consejo. Lo más hábiles, astutos e inteligentes. No había enigma alguno que no pudiesen resolver.

Shitsuji cruzó miradas inmediatamente con Zorn, ambos estaban de acuerdo en que esos tipos no dejarían piedra sin levantar en Vegitasei hasta resolver el problema. Si ellos indagaban demasiado en el asunto, podrían enterarse de que Maron sabía su secreto más oscuro. La misma criada había dicho que una segunda persona estaba enterada de ello, los había amenazado con divulgarlo. No les convenía en absoluto que eso se supiera. Sus cabezas rodarían si se descubría.

—Rey Vegeta —saludaron respetuosamente inclinándose antes el soberano sobre una de sus rodillas y llevando su mano derecha en puño sobre el pecho —Pidió vernos —expresó el mayor alzando la mirada.

—Ya que el líder de la Guardia Real ha sido un completo incompetente —manifestó molesto aún por la acusación departe del caudillo contra su mujer —El caso queda en sus manos ¡Encuentren al híbrido y tráiganme al asesino traidor! —ordenó con temible terminando de bajar del pedestal para salir del lugar.

En cuanto el monarca abandonó la sala, Bardock hizo lo mismo. Una vez supo que la infeliz humana estaba muerta, había podido respirar libremente sin percibir constantemente el resquemor de que en algún momento ella hablara y acabara con lo que nuevamente había surgido entre él y Nion. Aunque jamás imagino que todo esto con respecto a su asesinato y secuestro del nonato llegase hasta la Guardia Real, muchos menos que pasase a manos de los Investigadores. Si se enteraban de que él o su querida científica tenían motivos para desearla muerta, estaban acabados.

Apresuró su paso para llegar hasta el laboratorio central en el palacio. Había pedido a una de las sirvientas más fieles de la saiyana que le dijera que se mantuviera lo más alejada posible de ese problema. Si algo surgía o si se enteraban de que Maron tenía conexión con ellos, estaba dispuesto a tomar toda la maldita culpa. Nunca permitiría que ella sufriese consecuencia alguna.

—Nion —pronunció su nombre al acceder al recinto y ver a la hembra con sus ojos fijos en la tableta digital que sostenía en sus manos.

La mujer alzó su mirada, sabía que estaban metidos en ese homicidio hasta la médula. La Guardia Real, sin duda, se encargarían de llegar al meollo que causó la muerte de la esclava. Sintió miedo de perderlo todo. Temor de que algo le sucediese a él.

—Bardock, no deben vernos juntos —musitó poniéndose de pie, dejando la tableta sobre la mesa de trabajo.

—Solo serán unos minutos —respondió el hombre manteniendo la distancia y las intensas ganas de calmar la angustia percibida en el tono de voz de su amante. La vio asentir —La Guardia Real dejará de indagar, el caso ha pasado a manos de los Investigadores del Consejo —ella abrió sus ojos sorpresivos ¿Cómo era posible que eso estuviera pasando? Si ellos estaban ahora a cargo, era probable que descubrieran que Maron alguna vez tuvo problemas con ambos.

—Nos descubrirán —pronunció llevando su mano derecha a su boca sintiendo su pulso acelerarse.

—No lo harán. Estando cerca del rey Vegeta podré saber cómo avanzan las investigaciones. Desviaré su atención si es necesario —aseguro con tal certeza, que la saiyana sintió que él haría cualquier cosa para protegerla sin importar lo que pasara.

—Por favor ten cuidado —pudo decirle antes de que el saiyajin saliera del laboratorio.

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—No puedo creer que el reino se vea envuelto en este escándalo —gruñó Tarble mirando hacia las tierras lejanas del palacio, a través del ventanal de uno de los pasillos.

Broly que estaba junto a él, mordió su lengua para no decir algo que pudiera comprometerlo. Pero en su interior, estaba disfrutando como nunca el saber que Maron ya no podría abrir su boca para develar lo que sabía sobre él. Si la humana hubiera dado a conocer lo que en algún tiempo hizo con ella y qué motivos lo llevaron a actuar de esa forma, Vegeta sin duda alguna lo liquidaría él mismo. Nadie podría abogar en su nombre, ni siquiera el príncipe Tarble. Desear a la mujer del rey se consideraba alta traición, y peor aún, usar la imagen de ésta para satisfacer sus más bajos instintos con una prostituta. Aunque no se arrepentía en absoluto. En Maron había podido desahogar lo que por años había contenido. No era nada fácil aún en la actualidad, ver a Bulma y no anhelar sentir su piel, probar sus labios o percibir el placer de exhalar su dulce aroma.

Chirai había llegado para cambiar su estilo de vida, y pese a que no la quería como ella se lo merecía, la hembra le había dado una hija, una razón más para vivir. Ya no coexistía tan solo para pensar en la ojiturquesa, sino para cuidar de su mayor tesoro, Tangerine. Era por quien debía mantenerse firme ante la decisión de alejarse de Bulma, por su propio bien, por el de su cachorra y el de la científica terrestre. Vegeta los mataría a ambos si algo sucediera entre ellos, sin embargo, cualquier razón lo cegada sin importarle las consecuencias cuando se trataba de uno de sus más grandes enemigos, Zorn. El muy hijo de perra codiciaba el cariño de la mujer del soberano, y aunque sabía que el castigo por meterse con ella sería la muerte, no permitiría que nadie más posara sus manos sobre ella.

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Bulma regresó a su habitación en cuanto la reunión en el salón del trono había finalizado. Desde que había descubierto la entrada secreta a éste, que escuchaba de vez en cuando lo que se debatía ahí dentro. Vegeta estaba enterado de lo que hacía. Como mujer, y por sobre todo, como terrícola, no podía tener participación alguna en la decisiones del reino. Por eso había buscado la manera de ser escuchada al menos por su esposo, que le daba la oportunidad de exponerle sus ideas, aunque más de alguna vez le había dicho que no estaba de acuerdo en que se inmiscuyera en los asuntos de estado, a ella le gustaba apoyarlo y hacerle saber que podía aportar con sus ideas al imperio, no solo en la rama científica.

Respiró profundo sentándose en la sala de estar en su habitación. Había contenido sus ganas de estrangular al imbécil que se había atrevido a mencionarla como sospechosa de la muerte de la ex amante del soberano. No era posible que ella lo hiciera, no podía. Ella misma se había negado cuando Vegeta quiso eliminar a la criada junto con su hijo dentro de ésta. Sintió pánico al imaginarse que él quizá lo había ordenado en algún momento, aunque descartaba completamente la idea de que así pudo suceder. De haber dado la orden para asesinarla, el feto ahora estaría en alguna de las cápsulas neonatales terminándose de desarrollar. Además, él era el gobernante, podía aniquilar a ambos sin tener que dar mayores explicaciones.

—Lady Bulma —una de sus sirvientas le ofreció un vaso con agua sacándola de sus pensamientos. La joven, sujetó el cristal que le fue entregado y se llevó a la boca para sorber un trago antes de dejarlo en la mesita auxiliar.

—¿Los príncipes aún están desayunando? —preguntó elevando su vista para observar a la muchacha frente a ella.

—Sí, mi señora —respondió la mujer. La humana se puso de pie, debía verlos. Quería verificar que la noticia de no saber sobre el paradero del hijo de Maron, no les afectara en demasía. No obstante, quién le preocupaba más era Baserk, él aún era muy pequeño para entender las cosas al contrario de sus hermanos mayores.

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La femenina de cabello caoba entró con pasas lentos a la pequeña casa que alguna vez compartió con Maron. Hubo un tiempo donde tuvieron que vivir juntas, para poder subsistir después de quedarse sin empleo y con la agonía de que en algún momento podían asesinarlas. Desde que Vegeta IV, príncipe en aquel entonces, había dado la orden de exterminar a toda hembra terrícola de Vegitasei, que ella misma ofreció su casa a la humana para que pudiese esconderse algún tiempo, pues los soldados buscaban constantemente a toda mujer de esa raza para exterminarla por órdenes reales. Sinceramente jamás había llegado a comprender del todo esa decisión, aunque se rumoraba que todo tenía que ver con la esclava científica de la que el príncipe heredero se había encaprichado.

Cuando una tropa saiyana la había atrapado en su planeta natal y trasladado a su astro en calidad de esclava, Maron fue la única que la recibió con una cálida sonrisa cuando fue llevada a aquel deplorable burdel donde fue confinada a trabajar.

Ella le había ayudado en todo lo que pudo, porque comprendía el padecimiento de ser sometida y abusada. Por ello se sintió en deuda con la terrícola y le permitió quedarse en su casa para esconderse por algún tiempo mientras el peligro pasaba.

Se negaba rotundamente a creer lo que minutos atrás, le acababan de informar aquellos sujetos que entraron con ella a la sala de estar de su vivienda. Desde hace algunos meses que la humana de cabello celeste trabajaba en el palacio ¿Cómo era posible que muriera de la noche a la mañana?

—Por favor, siéntense —pronunció con voz ahogada tomando un lugar en el sofá frente al par de saiyajin —¿Cómo fue que…? —un nudo cerró su garganta. Quería a Maron como a una hermana ¿Cómo era posible que ahora estuviese muerta? Apenas y podía procesarlo.

—Entendemos que tú eres su única amiga ¿No es así? —cuestionó el que estaba a cargo de las indagaciones del caso, elevando un libro que sujetaba en su mano derecha para mostrárselo a la joven.

—Sí —respondió reconociendo la portaba de la libreta —El diario de Maron —murmuró recordando que ella solía escribir en éste.

—Lo encontramos en la habitación de la víctima —el sujeto ojeó la libreta —Lamentamos no poderte dar muchos detalles, pero debido a tu relación con la terrícola podemos decirte que ella fue asesinada —la muchacha se llevó una mano a la boca negando lo que escuchaba.

—¡Qué! —expresó poniéndose de pie ante la noticia —¡Esos malditos le quitaron la vida! —gimió sabiendo perfectamente que Maron sabía los secretos mejor guardados de muchos de los funcionarios de alto rango que laboraban en el palacio.

—¿A qué te refieres? —cuestionó el otro investigador buscando la mirada ida de la femenina —Tú y éste diario son los únicos que pueden ayudarnos a entender quién liquidó a tu amiga.

—Ella tenía muchos enemigos —alzó la mirada para observar a ambos individuos —Si ya leyeron el diario sabrán que todo lo que ahí está escrito son los secretos que esconden esos infelices ¡Maron sabía lo que escondían y por eso la mataron!

—¿A quienes te refieres? Necesitamos nombres para llegar al fondo de todo —exigió el líder poniéndose de pie. Ojeó el libro y llegó a una página cuyo contenido los había desconcertado —Aquí —giró la libreta señalando las letras para mostrárselas a la joven —Dice que dos amantes podrían ser decapitados por el mismo rey si se enteran de su traición ¿Quiénes son ellos? ¿A qué se refiere? En ninguna de éstos escritos menciona algún nombre y por eso necesitamos que nos ayudes a descifrarlo —preguntó viendo a la mujer. Ella asintió. Conocía tan bien como la misma Maron lo que esos tipos escondían, tanto, que podía darle detalles de lo que dentro del castillo ocurría.

—Esos amantes son… —no terminó la frase pues repentinamente, una ola repulsiva inundó su estómago. Llevó una mano a su boca evitando vomitar, pero era imposible retenerlo. Se hincó sobre la alfombra y dejó salir el contenido. Ambos investigadores se observaron temiendo lo peor.

—¿Qué te sucede? ¿Has visto a alguien? ¿Has estado en algún lugar o comido lo que no debías? —interrogó uno de ellos aproximándose a la joven que asintió en respuesta.

—Acabo de… almorzar en… el mercado —pudo responder apenas sintiendo que no podía respirar. Su cuerpo se tensó percibiendo un intenso dolor en el pecho que no le permitía tomar el aire necesario.

—¡Maldita sea! ¡La envenenaron! —gritó el otro investigador —Hay que llevarla inmediatamente… —sus palabras se cortaron al ver que la joven cayó de lado al piso y comenzó a convulsionar. En cuestión de segundos se quedó inmóvil, completamente sin vida.

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Había llegado al comedor principal hacía unos quince minutos. Quiso acompañar a sus hijos tomando solo un poco de fruta, ya que con todo lo ocurrido, ni siquiera había podido terminar de desayunar junto a Vegeta por la mañana, y aunque no tenía apetito, debía procurar alimentarse adecuadamente debido a su embarazo. Complicaciones ahora era lo que menos deseaba, sin embargo, saber que el hijo de su esposo estaba desaparecido, era algo que en el fondo le pesaba. Ni siquiera podía hacerse una idea de lo que haría si alguien le arrebatara uno de sus críos, posiblemente, moriría de la pena y la angustia. De tan solo imaginarlo se le revolvía el estómago.

Se llevó una mano al abdomen notando el nudo que se formó, cuando una imagen de sus hijos siendo alejados de su lado llegó a su mente. Tuvo que alzar la vista para observar primeramente a Trunks, su primogénito. Quien marcó un antes y un después en su vida. Todo había cambiado para ella desde que el reino entero se enteró de su embarazo. Pese a que no había sido nada fácil sobrevivir en Vegitasei como una concubina preñada, del entonces príncipe saiyajin, pudo salir de cada situación que se cruzó en su camino. Luego de todo llegó Vegeta Jr, su segundo descendiente, tan valiente y con gran carácter como su padre, una razón más para luchar en contra de todo y todos lo que se oponían a su relación con el rey. Finalmente, su tercer cachorro. Baserk era y siempre sería la luz de su camino. Lo necesitaba tanto como él a ella. También estaba Bra, tan pequeña y frágil que no concebía su mundo sin su existencia. Ahora, tenía que velar por el bebé que se formaba en su vientre, por el que debía mantenerse firme y decidida.

—¿Mamá? —la voz de Trunks la sacó de sus pensamientos. Tomó la servilleta que estaba sobre sus piernas para limpiar la comisura de su boca.

—Dime.

—¿Es cierto lo que de rumora? —preguntó el niño llamando la atención de sus hermanos, los cuales posaron su vista en la peliazul. La científica se tomó unos segundos para ver a sus críos menores antes de volver la vista al mayor.

—Desafortunadamente, sí. Su medio hermano está desaparecido —expresó desviando su mirada a Baserk, pues sabía con seguridad que era el más afectado con la noticia.

—¿Crees que él esté bien, mami? —dijo el pequeño con un deje de tristeza en su voz.

—Tu padre está haciendo todo lo posible por encontrarlo —comenzó a decir la ojiturquesa mientras se puso de pie para ir hacia el menor —Ya verás cómo pronto estará con nosotros —llegó a él acuclillándose frente al crío que asintió ante las palabras alentadoras de su madre.

—Yo lo protegeré. Cuidaré de mi hermano menor —afirmó.

—Si ese bastardo llega a aparecer, papá deberá eliminarlo —las crudas palabras de Vegeta Jr. golpearon con dureza tanto a Bulma, como a Baserk. Trunks por su parte, conocía muy bien lo que éste pensaba sobre el hijo ilegítimo de su padre y la concubina terrícola.

—¡Vegeta! —la científica se irguió observando con severidad a su retoño ¿¡Cómo era posible que dijera esas palabras con tal naturalidad!? No cabía duda que de sus tres hijos, el que más marcada llevaba la sangre saiyajin era su segundo cachorro.

—Es la verdad mamá. Si ese mestizo llegase a aparecer debe ser ejecutado ¡No puede poner en riesgo la sucesión a la corona de mi hermano mayor!

—¡No! ¡Mami no pueden hacer eso! —intervino Baserk mirando con sus ojitos afligidos a la ojiturquesa, que se acercó a él intentando calmarlo.

—No puedes hablar de esa forma de un ser vivo —comenzó a decir Bulma fijando sus ojos en los negruzcos de su pequeño. Sino fuera porque él era un niño, podría confirmar que estaba enfrentando al mismo rey Vegeta. Con su mirada implacable y su expresión fría. No podía dudar que él sería como su esposo. No solo eran idénticos físicamente, sino también su manera de ser, sus gestos, su modo de proceder y de ver las cosas—Independientemente de que sea tu hermano o no ¡No puedes referirte con esa apatía hacia otra persona!

—Ese mocoso no…

—¡Cállate Vegeta! —bramó Trunks parándose de su silla —¡El único que decidirá qué hacer con él será nuestro padre! —manifestó con dureza el heredero a la corona —¡Respeta a nuestra madre! ¡Y ten en cuenta que Baserk no es como nosotros para que te expreses así frente a él! —Vegeta desvío la mirada. No iba a discutir el futuro que le esperaría a aquel crío, pero él se aseguraría de que nunca fuese tratado como un legítimo descendiente de la familia real.

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Pasaron tres meses desde el fallecimiento de Maron. Los investigadores se habían ocupado de indagar entre todos los trabajadores del palacio y con los que la implicada pudo tener algún tipo de interacción, más no encontraron algo relevante que los llevase a descubrir lo realmente sucedió aquella noche. Si bien no les interesaba en absoluto, ni al Consejo, y mucho menos a su majestad, saber quién había asesinado a la esclava, estaba de por medio el hijo del soberano que exigía conocer su posición. Lamentablemente no habían podido dar con el paradero del menor, y debido al tiempo trascurrido desde que fue arrebatado del vientre de la criada, temían que hubiese muerto en algún momento sino recibió los cuidados adecuados para un cachorro que aún no había terminado de desarrollarse.

Nion había iniciado con las clases capacitadoras para Baserk. Uno de sus métodos consistía en llevar al niño a un estado de relación tal, que podría ser capaz de entender sus funciones neurales a través de los aparatos conectados a su cuerpo. Con ello, conseguiría analizar las zonas que se mantenían estables durante el reposo y las que se activaban cuando era sometido a los estímulos externos. Desde leves, hasta los que la delgada línea entre lo tolerable e intolerable para el niño, le era permitido.

La científica había respetado su palabra. La presencia de Broly no fue necesaria en ningún momento para poder comenzar con la investigación sobre el trastorno genético de Baserk. El rey Vegeta además, se aseguró de que así fuese e igualmente, mantuvo lo mayormente posible lejos al guerrero, tanto de su cachorro como de su mujer.

Por otra parte, Bulma se había asegurado de estar presente en cada una de las sesiones realizadas al niño. No descansaría hasta encontrar una solución al problema de su vástago. Eso y su embarazo eran algunas de sus prioridades en ese momento.

—Majestad —musitó la humana al entrar a los aposentos reales, y ver al rey sentado tras la silla en su escritorio ubicado contiguo a la sala de estar.

Vegeta levantó su rostro y posó sus ojos obscuros en la mujer más hermosa que habitaba en su planeta. Su esposa, la madre de sus hijos, la hembra que estaba por parirle otro vástago, fuerte, como los que ya le había dado, y eso llenaba por completo su pecho.

Se había jurado no volverse a permitir fecundarla una vez más, no porque no quisiese más descendientes, sino por los problemas que conllevaba que una frágil humana gestara un crío de sangre poderosa. Pero ahora, al ver su vientre abultado, daría lo que fuese porque esa imagen perdurara por siempre en su memoria.

La muchacha caminó lentamente hacia el monarca. Sonrió coqueta al percatarse de la mirada penetrante del saiyajin sobre ella, sintiendo cómo su corazón palpitaba acelerado dentro de sí con tan solo ese gesto de parte de él. Desde hacía un par de semanas que estaba soportando no poderse permitir hacer el amor con él debido a su avanzado embarazo. Pero lo necesitaba. Deseaba sentir su boca dominante sobre la suya, sus grandes manos paseándose sin control alguno por todo su cuerpo. Tembló internamente con tan solo imaginarse en el acto.

—¿Qué sucede, Bulma? —preguntó el soberano percibiendo la excitación que emanaba del cuerpo de la hembra. No solo lo notó en sus gestos y en su mirada, sino también en su olor que cambiaba cuando ella necesitaba de él.

—Anoche… —comenzó a decir ella. Tuvo que detener sus palabras al ver que él se puso de pie.

—Anoche estabas molesta —concluyó el hombre sin apartar la mirada de ella.

—Yo… —la peliazul desvió sus ojos turquesa hacia el piso. Sintió cómo sus mejillas se sonrojaron y tuvo que hacer un esfuerzo por continuar hablando —…me frustra no tener la misma energía que antes —anoche deseó estar con él, pero su preñez se lo había impedido —¡Todo el tiempo tengo sueño y estoy cansada! —chilló arrugado sus cejas. Estaba tan enojada consigo misma en ese momento.

—Lo entiendo, no es tu culpa —respondió el gobernante rodeando el escritorio para llegar a ella.

—Sé que lo haces —expresó deslucida por la situación —Pero me molesta estar así —murmuró casi para sí misma. No solo le avergonzaba el hecho de no poder corresponderle en la cama a su esposo, sino también sentirse necesitada.

—No tengo que penetrante para poder darte placer —las palabras del saiyajin bastaron para encender la libido de la femenina. Ni siquiera tuvo el tiempo de responderle algo cuando él ya tenía su boca sobre la de ella, devorando cada rincón, lamiendo, succionando, saboreando cada uno de sus suspiros que fueron arrancados de su garganta.

—Vegeta… realmente no podré —logró decir agitada, percibiendo la mano del rey subir su vestido mientras acariciaba con ésta su muslo. Sintió sus ojos inundarse de lágrimas cuando él detuvo sus movimientos —Lo siento —se disculpó retrocediendo un par de pasos para alejarse de su esposo, haciendo un gran esfuerzo por no quebrarse.

—Bulma —la voz firme del monarca la hizo posar su vista en él. Tampoco era fácil para él soportar tanto tiempo sin poder tenerla. Entendía sus ganas de ser saciada hasta el cansancio como solían hacerlo antes, pero eso no podrían concluirlo hasta que ella pariera su cachorro y estuviese bien.

—Tengo que ir con la doctora —dijo Bulma alisando con sus manos la falda de su vestido —Recuerda que hoy sabremos el sexo del bebé.

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El monitor mostraba el movimiento del ser en el vientre de la humana. Bulma sonrió conmovida al ver en la pantalla la silueta del pequeño que de vez en cuando se agitaba. En ese instante se sintió tan feliz, que supo que todas las molestias que le producía el embarazo habían valido la pena. Notó sus ojos llenarse de lágrimas y sonrió expresiva ante la imagen frente a ella. Su pecho se llenó de ese sentimiento tan inexplicable, que solo podía sentir una madre por su hijo.

—Parece que todo se está desarrollando correctamente —comentó la médica mientras movía el transductor sobre el abdomen abultado de la peliazul —Aunque… —su boca se silenció al notar en la imagen del monitor algo que no había visto en todos sus años ejerciendo su carrera.

—¿Qué sucede? ¿Hay algo malo con mi bebé? —preguntó Bulma mirando cómo la alienígena tecleaba con su otra mano los botones del ecógrafo. Sintió la fuerte presión que la mujer ejerció sobre su abdomen cuando deslizó el aparato de un lado al otro sobre su vientre y luego volvió su vista hacia ella —¿¡Dime qué pasa!? —exigió ante el silencio de la femenina.

—No sucede nada malo mi señora, pero… —señaló la pantalla al tiempo en que la ojiturquesa desvío sus ojos hacia ésta —… mire, justo aquí —puntuó tocando el monitor —Es… un segundo feto.

—¿Qué? —fue lo único que salió de la boca de la humana sintiendo como los vellos de su cuerpo se erizaron. Se irguió un poco para poder detallar lo que la médica estaba mostrándole.

—En la ecografía que le realicé en el primer trimestre no pude verlo, pero observe —volvió a decir moviendo el transductor un poco más profundo en el vientre de la científica —Efectivamente es un segundo bebé ¡Lady Bulma, está embarazada de gemelos! —la muchacha apartó la vista del monitor y llevó su cuerpo hacia atrás recostándose en la almohada. Apenas podía procesar la noticia —Jamás había visto algo así. Una mujer saiyajin nunca ha podido engendrar gemelos.

—¿Eso es algo malo? —preguntó la terrícola.

—No lo es, pero existen riesgos y complicaciones, sobre todo para el cuerpo de una frágil terrícola —lejos de sentirse ofendida por las palabras de la alienígena, Bulma sabía que le médica le decía solo la verdad. Había sufrido tanto con el embarazo de Trunks, que no dudaba que ahora todo fuera doblemente difícil. Incluso, apenas creía que haya podido soportado hasta ese punto de su preñez. Había estado comiendo muchísimo, casi podía asegurar que su apetito se había vuelto insaciable. Todo el tiempo tenía hambre o sueño. Pasaba gran parte del día en la cama y siempre estaba agotada. Ahora entendía el porqué.

—¿Podré dar a luz? —preguntó con angustia sintiendo cómo el corazón le latió fuerte dentro de su pecho.

—Tenemos que llevar un control muy preciso tanto de su estado, como el de los fetos, tenemos que…

—¿¡Podré tener a mis hijos o no!? Creo que tengo todo el derecho de saber a qué estoy expuesta, doctora —expresó bajando sus pies de la camilla mientras se acomodaba la bata —¿Hay posibilidades de llevar mi embarazo a término o acabaré muriendo en la labor de parto? —sus palabras sonaron más fuertes al decirlas que al pensarlas, pero tenía que escucharlo de la boca de la médica. Sabía que estar embarazada de gemelos era como una sentencia de muerte para ella.

—Lady Bulma, ésto es nuevo para cualquier médico de éste planeta, no puedo darle un diagnóstico precipitado sin saber cómo su cuerpo reaccionará en las siguientes semanas —respondió sinceramente. Vio a la joven ponerse de pie lista para salir de ahí, cuando de pronto, perdió el conocimiento desplomándose sobre la cama.

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Había tenido que acelerar la reunión con los congresistas de múltiples planetas que estaban desde hacía un par de días en Vegitasei. Sabía que su imperio estaba expandiéndose a un ritmo lo bastante apresurado para llamar la atención de poderosos gobernantes de astros importantes. Ellos se mostraban interesados, tanto en el poder que su ejército estaba alcanzando, como en los avances tecnológicos que crecían favorablemente.

Como rey soberano podía disponer de sus guerreros para apoyar a los líderes de otras estrellas aún si el Consejo no estaba de acuerdo. Asimismo, brindar tecnología si es que se llegaba a algún acuerdo que beneficiara igualmente a Vegitasei. Sin embargo, quería la opinión de ella.

Bulma no solo representaba esa parte que toda hembra perteneciente a un saiyajin tenía como obligación. Parir descendientes y esperar en el lecho a su compañero para complacerlo. La terrícola ocupaba un lugar que ninguna otra había logrado alcanzar. Estaba más allá de cumplir su rol como madre de sus cachorros o como su esposa, y eso era una de las muchas cualidades que más le gustaban de ella. La humana era la responsable principal, junto a su padre, de todo el progreso tecnológico que desde hace tiempo hacía de Vegitasei un imperio inexpugnable. Ahora muchos astros estaban sometidos al mandato saiyano. Ya sea porque necesitaban de su sustentabilidad, o porque simplemente no tenían el poder político, ni la fuerza, para combatir contra su expansión. Restringidamente o se sometían, o los hacía desaparecer del universo.

Por supuesto que el Consejo jamás aprobaría a una mujer como miembro de la Comitiva, pero no era necesario que ella estuviese presente en las reuniones para que pudiera darles su opinión con respecto a los problemas presentados.

Si lo pensaba con detenimiento, Nyu nunca habría podido desempeñar su papel de esposa más allá de solamente darle críos. No era lo que como hombre quería, ni lo que un rey necesitaba. Una hembra de aparador no hubiese podido ser lo que un tipo como él ambicionaba, y quizá, esa siempre fue la razón por la cuál nunca pudo tomar enserio su unión con la saiyana.

Vegeta entró a la habitación dónde se encontraría con Bulma. Le había prometido que estaría lo más pronto posible con ella para descubrir el sexo de su hijo. Por supuesto que deseaba que fuese un varón, ya sea con la valentía de Trunks, la altivez de Vegeta Jr o con el gran poder de Baserk, cualquiera que fuese su destreza, sería ideal. Aunque si fuese una niña, la recibiría de la misma forma, tal y como lo había hecho con Bra.

—¿Qué me ha sucedido? —la voz de Bulma lo sacó de sus pensamientos. Desvió la mirada hacia la camilla donde ella se encontraba y no dudó en aproximarse.

—¿Qué le sucede a mi mujer? —preguntó virando sus ojos inquisitivos hacia la médica, que palideció en su presencia.

Ella realmente temía por la reacción del soberano cuando le dijera lo que estaba sucediendo. Sabía que debió prever que la humana estaba preñada de gemelos. Tuvo que haberlos visto en la ecografía realizada en el primer trimestre de embarazo y lo había pasado por alto ¡Era un gravísimo error de su parte! Ahora la joven corría un gran riesgo si continuaba con la gestación.

—Majestad —saludaron al unísono la doctora, junto a sus dos asistentes que se encontraban en la habitación. La mujer desvío su vista hacia la peliazul que esperaba su respuesta, e inmediatamente volvió su atención al monarca que se detuvo frente a ella.

—Lo que sucede es que… —aclaró su garganta pensando en que de haber descubierto antes que la terrícola incubaba dos críos en su vientre, habría podido interrumpir su embarazo y de esa forma evitar ponerla en peligro.

—Doctora por favor ¿Qué me sucedió? —preguntó la científica irguiéndose lentamente para quedar sentada en la cama.

—Sufrió un desmayo lady Bulma ¿Ha estado alimentándose bien? ¿Le había ocurrido lo mismo días atrás? —interrogó mirando a la muchacha mecer su cabeza de lado a lado negando, y en ese momento, la científica recordó lo que la médica le había dicho antes de perder el conocimiento.

—¿Es cierto que voy a… ? —preguntó. Esta vez Bulma fijó sus ojos en Vegeta deseando ver su reacción al escuchar la noticia.

—Así es —respondió la alienígena girándose hacia el rey —Majestad, lady Bulma está embarazada de gemelos —manifestó intentando calmar el frío que recorrió su espina dorsal cuando el gobernante clavó sus ojos álgidos en ella.

—¿De qué estás hablando? —dijo arrugado el entrecejo.

—Sabemos que los saiyajin no pueden ser concebidos más de uno a la vez, pero lady Bulma ha sido engendrada con gemelos —pausó un segundo antes de señalar el monitor en donde se encontraba el registro de la reciente ecografía realizada a la terrícola —Lo ven, son dos corazones que laten dentro de su vientre, mi señora —tanto Vegeta como su esposa observaron lo que la mujer mostraba en la pantalla, y claramente se podía detallar el ritmo de dos vidas creciendo dentro del cuerpo de la humana —Pero, —prosiguió la alienígena descendiendo su mirada hacia un punto inespecífico en el piso en tanto frunció el entrecejo —Dudo mucho que ella pueda llevar al desarrollo óptimo a los fetos —la segunda consorte, abrió sus ojos aterrorizada al escuchar aquellas crudas palabras. Protectoramente llevó sus manos hacia su abdomen aún descubierto y rápidamente se cubrió con la bata en un intento por proteger a sus hijos.

—Los críos te están matando, Bulma —manifestó el rey entendiendo el por qué su esposa desmejora día con día. Comía en exceso y aún así notaba que estaba perdiendo peso. Siempre estaba cansada, aunque dormirá la mayor parte del día. Su preñez la estaba llevando a un extremo en el que no admitiría que terminara —Y si ese es el problema, hay que eliminarlo —aseveró con firmeza.

—¡Cómo puedes decir eso! —chilló negando con la cabeza ¿Cómo era posible que él se expresara tan fríamente de sus propios hijos? ¡Cómo era posible que él estuviese de acuerdo con deshacerse de dos seres inocentes que eran sangre de su sangre!

—Su vida está en riego mi lady —expresó la doctora, viendo con pena a la hembra frente a ella por lo que estaba a punto de decirle —Debemos sacar a los fetos, o usted podría morir en cualquier momento ¡Su cuerpo no lo resistirá! —la peliazul negó mirando ésta vez a la médica.

—¡Vegeta no hagas ésto! —Bulma viró su atención hacia el hombre, rogando desesperada. Intentó quitar de su cuerpo la serie de cables que estaban adheridos a su cuerpo.

—Saca a esos chiquillos del vientre de mi mujer ¡Es una orden! —bramó decido el monarca. Bajo ninguna circunstancia y por ningún motivo, permitiría que ella corriera el riego de perder su vida. No si podía evitarlo.

La médica y una de sus auxiliares, intentaron tomar de cada brazo a la peliazul, más ella apartó sus manos de su cuerpo retrocediendo contra la pared que estaba tras la cama.

—¡Aléjense de mi o serán ustedes lo que van a morir! ¡Tengo la autoridad suficiente para ordenar que los aniquilen! —gimió con rudeza, dispuesta a hacer cualquier cosa para impedir que dañasen a sus hijos.

—Si es necesario atarla o sedarla, háganlo ¡Pero sáquenle esos críos ahora mismo! —demandó el soberano. Su prioridad en ese momento era ella, solamente ella. Sabía desde un principio, que no debió posibilitar la idea de un nuevo embarazo, pero con todo lo que había sucedido meses atrás, que solo deseó en aquel momento recuperar a su esposa que tanto tiempo se había mantenido alejado de él. Estúpidamente no evaluó la probabilidad de volver a fecundarla.

—¡Traigan el tranquilizante, debemos obedecer a su majestad! —declaró la médica con total seguridad por cumplir con la disposición de su rey.

—¡No se atrevan! —chilló la científica bajándose de la cama para caminar hacia el lado contrario. Tenía que salir de ese lugar, o sus hijos pagarían las consecuencias de no pelear contra quien sea para resguardar su integridad hasta que pudiera dar a luz. No importaba que su propia existencia estuviese en peligro. No sería justo para ellos, ni para sí misma, seguir viviendo con el hombre que les había arrebatado la vida a sus propios descendientes, si accedía a llevar a cabo tal locura. Desvío su mirada hacia su esposo. Estaba de pie cerca de la puerta. Imponente. Insensible. Notando la gelidez en sus ojos. Un nudo apareció en su garganta y sus orbes ardieron con deseos de develar lo que por dentro estaba quemándola. Sabía que Vegeta podía ser atroz y lo despiadado que podía llegar a ser. Pero jamás imaginó ni por un segundo que esa maldad que habitaba en su ser podría volverse contra ella —Tienen la fuerza para someterme si así lo desean ¡Pero en cuanto despierte y mis hijos ya no estén dentro de mi! ¡Voy a suicidarme! —gritó dejando caer las lágrimas que estaban acumuladas en sus párpados —Yo no soy tan cruel como tú —vociferó observando con rabia al saiyajin que comenzó a avanzar hacia ella.

La doctora y sus ayudantes se apartaron cuando el monarca pasó al lado de ellas, dispuesto a cumplir por sí mismo con su decisión.

—¡LARGUENSE! —rugió implacable y los presentes, salieron de la habitación inmediatamente dejando sola a la pareja.

—¡No te me acerques! —la peliazul sintió escalofríos al darse cuenta que contra él no tenía ninguna posibilidad. Vegeta podría dominarla sin esfuerzo alguno. Abrumada, buscó con la mirada a su alrededor y de repente sus ojos repararon en el objeto brillante sobre la mesa auxiliar —¡DETENTE! —gritó tomando el bisturí que sin pensarlo, llevó a su cuello presionando contra su garganta el criminal filo del objeto. El soberano frunció el ceño parando en seco al ver su acción —Te juro que si te empeñas en matar a mis bebes, soy capaz de morir junto con ellos antes de que logres tu cometido —no pudo contenerse más. El sollozo se escapó de su garganta dejando salir todo lo que por dentro estaba sintiendo. El dolor de vivir en carne propia los alcances desalmados de los saiyajin estaba deshaciéndola internamente.

—Bulma.

—¡NO! ¡Pierdes tu tiempo si crees que vas a convencerme! —chilló apretando un poco más el bisturí contra su piel.

—¿¡Es que acaso no piensas en nuestros demás hijos! —preguntó —Y en él —pensó. Tenía que convencerla que no estaba haciendo aquello porque fuese indiferente a los lazos afectivos que lo unían a los críos que estaban en su vientre. Sino porque no podía perderla. Si el precio de tener dos hijos más de la mujer que amaba era su vida misma. No los quería.

—Precisamente por ellos ¿Es que no piensas que estos niños podrían ser Trunks, Vegeta, Baserk o Bra? —cuestionó la femenina con angustia —¡Y aún así quieres deshacerte de ellos! —gimió dispuesta a acabar con su vida. Cerró sus ojos sujetando con fuerza el objeto filoso, a un paso de cortar su garganta cuando Nion, irrumpió en el lugar.

—¡Por favor lady Bulma, deténgase! —protestó corriendo a través de la habitación. La peliazul, miró a la mujer aproximarse desde la entrada con dirección hacia ella.

—¡No te acerques Nion! No des un paso más o verás mi sangre correr frente a tus ojos —advirtió manteniendo firme el agarre del bisturí contra la piel lechosa de su cuello.

—¡No por favor! ¡No lo haga! Piense en los príncipes, en la princesa, en esos niños que carga ahora en su vientre —suplicó con la garganta apretada. Esos cachorros eran sus nietos, llevaban sus genes. No podía permitir que ella cometiese una locura de tal magnitud. Por los críos, por la mujer de su hijo y por él mismo. Estaba segura de que Vegeta solo deseaba el bienestar de la humana, pero tomando esa clase de decisiones, no podría llegar a nada. Parecía que a veces él olvidaba que Bulma era una terrícola, que su naturaleza se regía en base a sentimientos. Era un ser lleno de emociones, de pasión.

—¡Bulma suelta ese cuchillo! —bufó el monarca sin apartar la vista de ella. La conocía demasiado como para asegurar que la segunda consorte era capaz de cumplir sus amenazas. Y aunque quizá su decisión había sido apresurada, era lo mejor que podía hacer para resguardar la vida de su esposa. Antes que sus propios hijos, le importaba más ella, por sobre cualquier persona, por sobre todas las cosas.

—¡Nada de lo que digas me hará cambiar de opinión! —gimió horrorizada al imaginar que sus bebés ya no estaban más en su vientre. Automáticamente llevó su mano libre a su abdomen palpándolo, notando que dentro de éste crecían sus retoños. Sus ojos se llenaron nuevamente con lágrimas amargas —¡Si planeas desdichar mi vida arrebatándome a mis hijos! —gritó con voz ahogada —¡TUS HIJOS VEGETA! —recriminó con tal amargura que solo deseó que todo acabara en ese momento —¡Nunca, escúchame! ¡Nunca vas a lograrlo! ¡Tendrás que vivir sabiendo que morí por tú culpa!

—¡Lady Bulma tranquilícese! El rey Vegeta es un hombre inteligente —dijo Nion dando un par de pasos hacia ella —Él sabe que con su decisión la hiere.

—Si él supiera cuánto me lastima ni siquiera me hubiera propuesto algo tan aberrante ¡Así que no des un paso más! Es mi última advertencia —expresó la ojiturquesa elevando su mano en señal de alto. En verdad estaba dispuesta a todo.

—¡Podemos resolverlo sin llegar a ésto! —la voz del soberano la hizo fijar su vista en él. Vegeta, la observó unos segundos, captando en sus orbes cristalinas un miedo tan profundo, que provocó que su cola se encrespara canalizando el sentir de la humana en su propio cuerpo.

—Yo podría ayudarla lady Bulma, le suplico que me escuche —imploró la saiyana girándose para ver al gobernante.

—¿A qué te refieres? —preguntó el saiyajin.

—Todos conocemos la capacidad que tienen las cápsulas de recuperación para sanar —comenzó a decir alternando su vista entre su hijo y la terrícola —Puedo procurar cambiar el sistema y crear una nueva cámara que provea a lady Bulma de todos los nutrientes que su cuerpo necesita para lograr que los fetos se desarrollen.

—¿Eso, es posible? —manifestó en tono alerta la ojiturquesa.

—He sido capaz de lograr muchas cosas, créame que podré lograr crearla, aunque… —viró su vista hacia el rey que escuchaba atento su explicación —…me tomará un poco de tiempo.

—¿Cuánto?

—Unas semanas, majestad. Mientras tanto lady Bulma necesita estar bajo observación constante, para evitar que pueda descompensarse —respondió Nion sintiéndose completamente segura que podría ayudar a la esposa de su hijo ¡Tenía que hacerlo!

—¡No te creo nada! ¡Seguramente estás de acuerdo con Vegeta para deshacerse de mis hijos! —bramó enloquecida por la idea de que su mismo padre era quien deseaba darles muerte a sus hijos.

—¡No es así! —Nion quiso defender su postura. Realmente quería ayudarla. La pobre muchacha no tenía a nadie más que a su papá en aquel planeta. Entendía que se sintiera atrapada en un problema en el que, si ella no intervenía, nadie más podría ayudarla.

Tanto la saiyana como el rey, vieron cómo la terrícola alzó su mano dispuesta acabar con todo en ese precioso momento. Cerró sus ojos levantando el bisturí de su garganta y de un solo movimiento, quiso cortarlo de extremo a extremo ejerciendo la mayor fuerza posible. Bulma, pensó que con ello acabaría con todos sus problemas. Tan solo deseó en el último instante, que sus otros hijos fueran felices y que no sufrieran por su pérdida.

—No te atrevas —la áspera voz del rey en su oído fue lo último que pensó que escucharía. Abrió sus ojos de golpe cuando el corte jamás desgarró su cuello, y la mano con la que sujetaba el objeto filoso fue detenida por el monarca que se lo arrebató sin que ella pudiese percatarse.

—Que bueno que esté bien mi niña —habló Nion corriendo hacia la consorte para revisarle con la mirada su garganta —Me alegra que no se haya lastimado —la joven, alzó su mirada para posarla en la femenina que colocó su mano en su hombro reconfortándola. Solo entonces, pudo comprender la gravedad de lo que había estado a punto de hacer.

Desvío su vista con dirección a Vegeta que se hallaba a su lado, pudiendo ver en sus ojos una genuina preocupación que la hizo reaccionar. No pudo sostenerle mucho tiempo la mirada. Bajó sus orbes hacia sus manos, que con lentitud las levantó a la altura de su rostro, notando cómo temblaban inquietamente.

—Necesitas descansar Bulma —pronunció el rey con indulgencia, dejando que su palma enguantada se posara en la espalda de la científica que dio un salto al sentir su tacto.

—¡Por favor no me toques! —pidió totalmente extrañada de su actitud. Primero había deseado suicidarse, aún sabiendo que si lo hacía, estaba cometiendo el mismo error que su esposo, puesto que con ello, también estaba quitándole la oportunidad de vivir a sus bebés. Se sentía ajena de sí misma —¡Ay! —la expresión salió de sus labios repentinamente.

—¿Qué sucede? —preguntó el soberano descendiendo la vista al abdomen abultado de su mujer cuando ella lo sujetó con ambas manos.

—¿Se encuentra bien mi lady? —Nion también colocó su palma en el vientre de la muchacha notando los movimientos dentro de éste, e inmediatamente retiró su mano.

—Son ellos —dijo el saiyajin real volviendo su mirada obscura hacia el rostro de su esposa que lo detalló sorprendida.

—¿Cómo lo sabes? —interrogó haciendo una mueca sobrecogida por la situación.

—Lo siento. Sus ki son muy poderosos, aunque, inestables —respondió él permitiéndose percibir la energía que irradiaba del interior de la terrícola.

—Creo que han respondido a la tensión a la que estuvo expuesta, lady Bulma —explicó Nion dándole sentido a la reacción de los fetos.

—Quizá tengas razón —contestó la ojiturquesa respirando profundo. Por un momento, se había sentido apresada por un sentimiento tan cegador, que ni siquiera se había dado cuenta de la trascendencia de sus actos. Era realmente sorprendente que sus hijos, esos que apenas estaban formándose dentro de sí, pudieran captar lo que sucedía en el exterior de esa manera. Era como si se tratase de un reflejo instintivo.

—Puedes tener la seguridad de que estarán bien —manifestó Vegeta permitiéndose tocar el vientre femenino. Con suavidad, colocó su mano en éste y la movió sutilmente notando como el par de energías se estabilizaban poco a poco —Debes descansar, Bulma —añadió viendo como ella asintió agotada.

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Sinceramente, se había sentido muy orgulloso en el momento en que pudo apreciar el ki de sus hijos. Ahora, al ver a su humana recostada en su lecho, se complacía enormemente de haber comprendido el actuar de su mujer con tal de defender lo que quería. Tan intrépida y audaz, cualidades que le hicieron recordar el motivo por el qué había puesto sus ojos en esa hembra, hasta el punto de aceptar que en algún momento, se encaprichó con ella desenfrenadamente. De eso, ahora quedaba la pasión desmedida que lo mantenía unido a ella. No había nadie que pudiese llenar su espacio, ni en su planeta, ni en ningún lugar de la faz del universo.

—¿Cómo se encuentra? —preguntó al ver que la médica colocó una intravenosa en el brazo de la joven consorte.

—Por ahora estable, al igual que los fetos —declaró regulando el cuentagotas que estaba conectado a una solución de una mezcla especial que proveería de nutrientes el cuerpo endeble de la terrícola —Desde ahora debe estar en absoluto reposo, no puede hacer ningún esfuerzo —explicó girándose para ver al rey que tenía su mirada fija en su mujer —Dormir le ayuda a que su cuerpo recupere su vitalidad.

—Tengo mucho sueño —manifestó la peliazul que ya se encontraba con sus párpados a medio cerrar.

—Es normal mi niña. La doctora acaba de administrarle una sedante —habló Nion que estaba sentada a su lado, viendo a la joven cerrar sus ojos exhausta. Habían sido demasiadas emociones en un solo día, eso y el hecho de que gestaba dos críos de sangre poderosa, debían agotarla exigentemente.

La científica de cabello añil pasó su mano delicadamente por la frente de Bulma apartando algunos mechones desordenados de su flequillo. La femenina era tan frágil, tan delicada, que solo podía pensar que la fuerza con la que se había impuesto para salvaguardar la vida de sus cachorros la había obtenido de su instinto. Ese impulso automatizado que conducía el actuar de los saiyajin, pero que en los terrícolas estaba oculto en su subconsciente. Algo que los llevaba a proceder de forma más perceptiva que intuitiva.

Vegeta desvió su atención de Bulma hacia Nion. Recordando por un momento aquellos tiempos en que ella lo procuraba tal y como ahora lo hacía con su esposa. Había visto en los ojos de la saiyana la verdadera preocupación cuando entró en la habitación del ala médica tan solo para intervenir en la locura que la humana había estado a punto de cometer. Siempre había sido así. Esmerada, considerada, cuidadosa con respecto a todo lo que a él concernía. Era por ello que le tenía una estima especial. Porque Nion había sido como una madre para él. Un papel que a Seed, le había quedado muy grande. Era por eso y muchas razones más, que confiaba en ella todos los cuidados con respecto a sus hijos y su esposa. No podía esperar menos de su tía. Sabía que la saiyana los procuraría de la mejor manera.

—Ya se ha dormido —la voz de la científica lo sacó de sus pensamientos. Nion se levantó y caminó hasta quedar al lado de monarca que estaba al pie de la cama.

—¿Cuánto tiempo estará así? —preguntó el soberano desviando su vista hacia la médica. Ésta configuraba la máquina que había sido llevada a la habitación de Vegeta, para que pudiese llevar el control de los signos vitales tanto de la madre como de sus fetos.

—Calculo que hasta por la mañana despertará —contestó terminando de teclear los botones en el monitor.

—Majestad —nombró Nion en voz baja para evitar que la alienígena la escuchase —Necesito hablar con usted de algo muy importante. En mi ala, si es posible — solicitó esperando unos segundos antes de que el rey le respondiese.

—Vamos —indicó dándole un último vistazo a su esposa —Quédate aquí hasta que regrese —ordenó a la doctora antes de caminar junto a la saiyana fuera de la habitación. En el pasillo, Raditz y Bardock custodiaban la alcoba real sin saber realmente lo que estaba sucediendo. Vieron al rey salir junto a la científica de cabello añil. La femenina intercambió una rápida mirada con el general del escuadrón de choque. De no ser por él, no hubiese podido llegar a tiempo para intervenir en el problema suscitado en el ala médica real.

Cuando llegaron al ala donde se encontraba la morada de la saiyana, ambos pasaron a la sala que se hallaba dentro de la recámara de la mujer. En su retorno de Tech-Tech, el gobernante le había asignado los mismos aposentos que durante el reinado de Vegeta III, ella había poseído.

—Por favor, siéntese —pidió acomodándose en el diván frente al soberano.

—¿Y bien? —preguntó el hombre observando a la hembra un poco inquieta. Lo que estaba por decirle no era del todo fácil, aunque sabía que debía hacerlo de una vez por todas.

—Majestad —expresó dejando salir lentamente el aire de sus pulmones. Liberando un poco el estrés que le causaba mantener en secreto la información que estaba por develarle —Es sobre Bulma —pausó un momento —Ahora que sabemos que ella está embarazada de gemelos, una vez de a luz y éstos sean varones, ella automáticamente se convertiría en reina —la aclaración, tomó por sorpresa a Vegeta. Con todo lo que había pasado en las últimas horas, que no se había detenido a pensar en ello ni por un segundo —Debemos asegurarnos de que nadie se entere de que ella parirá a dos cachorros. Los puristas sin duda atentaran contra su vida.

—Que no se atrevan —gruñó el hombre procesando las palabras de Nion. Internamente la revelación lo sacudió. En algún momento esperó convertir a Bulma en su reina, aunque según los acontecimientos, no había podido siquiera otorgarle el título de primera consorte. Pero ahora, divisarla a un solo paso de obtener el título más alto al que una mujer podía aspirar, fue algo que atiborró sus sentidos.

—Nyu o Tarble también se interpondrá en el ascenso de lady Bulma, es mejor que nadie lo sepa. Debe ser un secreto —manifestó la científica convencida de que, si ese par se enteraban, sería el fin de la humana. Nyu no podría soportar el hecho de que una terrícola ocupara el sitio que ni ella, siendo una saiyana pura, había podido alcanzar. Tarble por su parte, jamás había aceptado que su hermano mayor se uniera a una hembra que no fuese de su raza. Siempre había estado de acuerdo con su padre en separar a la peliazul del heredero al trono en aquel momento.

—Hay demasiadas personas enteradas de ésto —dijo el rey pensando en que algunos científicos y ayudantes de la doctora en el ala médica, habían estado presentes cuando descubrieron que ella gesta a dos críos.

—Tendrá que lidiar con ese problema, ellos no pueden hablar de esto con nadie.

—No te preocupes Nion, esto estará resuelto hoy mismo —aseguró pensando en lo que haría precisamente —Si eso es todo —dijo poniéndose de pie enseguida.

—¡Espere! —exclamó la saiyana imitando el movimiento del monarca —Hay algo más de lo que tengo que hablarle.

—¿Qué ocurre?

—Por favor venga conmigo, debo mostrarle algo que debe ver —solicitó viendo al saiyajin real asentir a su pedido. Caminaron cruzando la estancia hasta la habitación principal de la femenina donde se encontraba su dormitorio. Al lado derecho de la alcoba, una pared cubierta de estantes donde estaban acomodados cientos de libros fue abierta por la mujer, dando paso a unas gradas que bajaban hacia un cuarto privado.

—¿Hacia donde vamos? —preguntó Vegeta observando la arquitectura. Él conocía cada rincón del palacio, inclusive las habitaciones secretas a las que solo el rey podía tener acceso.

—Se trata de mi laboratorio privado. Uno del que solo su padre y yo teníamos conocimiento —contestó la mujer descendiendo las escaleras. Cuando llegaron al final, la saiyana digitó en el panel de acceso una clave, permitiendo que una puerta de metal robusto se abriera para ellos.

Inmediatamente los ojos del gobernante recorrieron el sitio. El lugar era lo bastante amplio para que ella pudiese trabajar con comodidad. Estaba compuesto por varias mesas de trabajo, estantes, herramientas y materiales varios, además de una zona de descanso y un par de incubadoras de inmersión al fondo de la estancia que llamaron en seguida la atención del rey. Se aproximó a las cápsulas, distinguiendo a uno de los chiquillos dentro.

—Es la hija de Tarble —afirmó mirando a la criatura flotar en el líquido que la alimentaba.

—Sí majestad, por ahora soy yo quien se encarga de Nira. El príncipe no acepta a la pequeña como hija suya y su madre tampoco quiere saber de su existencia —explicó con tono entristecido. Lo cierto era, que Tarble negaba impetuosamente a la niña debido a la tonalidad de su cabello. Característica que compartía con ella y que el joven, desconocía la verdad tras su similitud —¿Qué ha decidido sobre ella? ¿Tomará la potestad de la cachorra? —preguntó.

—Es una chiquilla de primera clase —respondió él, notando el poder que emanaba de la criatura —Estará bajo mi protección de ahora en adelante —Nion asintió posando sus ojos en la segunda cápsula. Respiró profundo antes de hablar.

—Ella… —expresó colocando su mano en el cristal de la incubadora —Majestad —pronunció ladeando el rostro para ver al monarca —…Ella es la hija Maron —confesó detallando cómo el rey frunció el entrecejo.

—¡Qué estás diciendo! —clavó su mirada en la cría. Su cabello color rosáceo ondeaba dentro del líquido cristalino. Una sensación extraña atravesó su pecho. Dio un paso hacia ella observándola —¿¡Por qué la tienes tú!? —exigió saber apartando su vista de la niña.

—Aquella noche, Bardock y yo estábamos en el ala de las habitaciones de servicio —comenzó a explicar bajando la mirada, trayendo a su mente el suceso como si estuviese viviéndolo una vez más —Todo estaba en silencio, cuando de pronto escuchamos gritos. Corrimos en busca de su origen y lastimosamente cuando logramos dar con el cuarto de donde éstos provenían, nos dimos cuenta de que se trataba de Maron. Ella estaba tirada en el piso sobre un caudal de sangre que fluía de su cuello cortado —inhaló profundo apretando sus labios. Había sido realmente penoso ver el estado en que encontraron a la sirvienta —Ella aún estaba con vida. Intentó hablar, pero su propia sangre terminó ahogándola. Tuve que pensar rápido, mientras Bardock se encargó de rastrear al culpable por todo el lugar, yo tomé la decisión de salvar al bebé.

—Fuiste tú quien lo sacó de su vientre —dijo el rey en afirmación ante el relato de la científica. Ella asintió.

—Tuve que hacerlo. Por Maron ya no se podía hacer nada, pero ella… —manifestó señalando a la pequeña en la capsula —¡Es su hija majestad, yo no podía permitir que muriera con su madre!

—Debiste informarme antes sobre ésto —Vegeta apartó sus ojos de la pequeña saiyana. Ciertamente había puesto su atención en darle búsqueda al hijo perdido de Maron, al pensar que en un futuro podría traer problemas. Al llevar su sangre, éste podría disputarse el trono con Trunks y poner en riesgo la sucesión de su primogénito. Por ello agradecía que fuese una chiquilla de la que no debía preocuparse en absoluto.

—Lo lamento rey Vegeta. Pero los primeros meses la niña estuvo muy delicada, pensamos que no sobreviviría. Quise darle la noticia cuando ya no corriera riesgo alguno —respondió sinceramente —Entonces ¿Debo llevarla al área neonatal? —preguntó refiriéndose a la cachorra de cabello rosáceo.

—No. Ambas seguirán bajo tu vigilancia por ahora —declaró dándose la vuelta para salir del lugar sin siquiera ver a su hija —Date prisa con la cápsula para Bulma —con eso, caminó hacia la salida. No tenía más nada que hacer en ese sitio.

Subió las escaleras dejando atrás el laboratorio hasta cruzar la estancia y abandonar el habitáculo privado de Nion. En el pasillo, se encontraba Bardock y Kakaroto esperando nuevas órdenes. Ellos estaban al tanto de lo que había ocurrido en el ala médica con la segunda consorte.

El rey detuvo su andar al ver al par de guerreros. Cuando Nion le había hablado del problema que se formaría si alguien, de los que se habían enterado de que ella pariría a dos críos, abría la boca para revelarlo, Bulma podría sufrir un ataque en cualquier momento. No dudaba ni por un segundo que la primera en oponerse cuando lo supiera, a su debido tiempo, sería Nyu. La hembra siendo una inherente purista, odiaría el hecho de que una mujer externa a su raza y a su planeta la gobernara.

—Majestad —los soldados se inclinaron cuando el monarca se posicionó frente a ellos.

—Quiero que todo aquel que se haya enterado de los detalles de la preñez de mi esposa sea eliminado —expresó. Tanto Bardock como Kakaroto fijaron su vista en él al escucharlo —A excepción de la doctora que siempre se ha encargado de llevar el control de cada uno de sus embarazos —puntuó sabiendo que, si Bulma se enteraba de la muerte de esa alienígena, se enfadaría, ya que ella le había ayudado a dar a luz a cada uno de sus descendientes —Háganlo inmediatamente.

—Sí, majestad —respondió cada uno yendo en busca de sus objetivos.

Tiempo después, Bardock y Kakaroto estaban entrando al ala médica. La doctora jefa del área, acababa de llegar al lugar luego de atender a la segunda consorte y que ésta se quedara bajo los cuidados del propio monarca. Bulma se había quedado serenamente dormida al poco tiempo de haberle suministrado el sedante que la ayudaría a descansar y a reponer fuerzas, mientras que la mezcla del suero alimentaba su cuerpo.

Un crío saiyajin en estado gestante, consumía el treinta porciento de la energía de una mujer de la misma raza. Porcentaje que podía recuperar fácilmente mediante su alimentación y descanso. Sin embargo, en el caso de una terrícola, un feto de tal origen, con un ADN compatible con el suyo, pero de naturaleza distinta, era muy complicado llevar a término el desarrollo. En estos casos, un embrión podía sustentarse del setenta porciento del vigor de su madre. Todo eso lo había ido descubriendo con los años, con cada preñez de la terrícola. Ahora, si hablaba de dos niños absorbiendo el doble de nutrientes, no entendía como la joven humana había soportado estos meses. Aún con los suplementos y la ayuda que podía tomar de los medicamentos, era algo realmente extraordinario de ver.

De repente, el libro que había abierto para leer un poco acerca de la fisiología de los fetos saiyanos, se vio ensombrecido por un par de presencias. Alzó sus ojos rápidamente, encontrándose con los rostros serios de dos hombres que reconoció enseguida.

—General Bardock, capitán Kakaroto —pronunció poniéndose de pie ante ellos.

—Doctora Vetch —Bardock tomó la iniciativa.

—¿En qué puedo ayudarles? —preguntó tensándose al ver que ambos se acercaron a ella.

—Necesitamos que tú y tu equipo vengan con nosotros —manifestó Kakaroto yendo directamente al punto que habían llegado a tratar. Vio que en el sitio se hallaban al menos ocho individuos, entre científicos y ayudantes compañeros de la femenina.

—¿Qué? ¿Adonde? —dijo extrañada de la repentina invitación de las élites.

—Órdenes de su majestad —contestó Bardock secamente.

—Bueno, si es el rey Vegeta quien lo demanda, iremos con ustedes —declaró la mujer. No es que confiara en ellos, pero no podía en ninguna circunstancia contrariar una orden del monarca.

Rápidamente le explicó lo que sucedía a sus compañeros que aceptaron seguir a los guerreros. Ellos, habían solicitado minutos antes, una nave general donde pudiesen trasladar a varias personas con derecho de reserva. Absolutamente nadie de la división de despegue, donde controlaban cada nave que circulaba dentro y fuera de Vegitasei, sabía quienes se trasladaría en ella, ni su punto de despegue y mucho menos su lugar de aterrizaje.

El grupo se dirigió a la nave que se encontraba cerca del palacio. En un sitio discreto de donde podían partir sin que nadie se enterara. Horas más tarde, llegaron a su destino. El corazón de la médica dio un rebote dentro de su pecho cuando al ver por la ventana, se dio cuenta de que el lugar adonde habían sido llevados se trataba nada más y nada menos, que de una zona desértica muy lejos de la ciudad.

El galeón que era dirigido por el mismo Kakaroto descendió hasta tocar tierra. Los murmullos del equipo no se hicieron esperar. Las mujeres comenzaron a entrar en pánico cuando la rampa descendió, y los hombres tomaron una actitud defensiva.

—Pero ¿Qué sucede? ¿Por qué estamos aquí? —cuestionó el más valiente enfrentando a los saiyajin que fijaron su vista en el grupo.

—¡BAJEN AHORA! —gritó Bardock, logrando que las mujeres obedecieran primero. Éstas abandonaron velozmente el interior de la nave seguida de sus compañeros que sabían que, aunque se opusieran, no podrían lograr contraponerse al mandato de los élite.

—Disfruta el espectáculo —susurró Kakaroto al oído de la mujer al pasar a su lado. Voz que le provocó un escalofrió a Vetch.

Sin dudarlo, se elevó unos metros en el aire extendiendo su palma, en donde formó una bola de energía hacia uno de ellos. Entre gritos y ruegos departe de sus víctimas, el primero en recibir su ataque fue uno de los científicos mayores. Un viejo de cabello platinado, que cayó al piso carbonizado. El comandante sonrió complacido ante la escena, desatando la ola de pánico entre los otros que se dispersaron intentando huir.

El segundo no corrió con mejor suerte. Trató de esconderse tras una gran roca de la árida zona. Por supuesto que era inútil, pero lo hizo en un acto reflejo por protegerse. Aunque en un segundo, Kakaroto logró llegar a él y de un solo movimiento corto su cabeza con un haz de ki.

La médica horrorizada tuvo que cubrir sus ojos con ambas manos. Estaba enterada de la naturaleza salvaje de los saiyajin, pero jamás le había tocado presenciar sus habilidades homicidas frente a frente.

—¡Mira! —Bardock apartó las palmas del rostro femenino y sujetó firme su cabeza obligándola a presenciar cómo el capitán, quebró los cuellos de ambas mujeres que cayeron sin vida al piso —¡Esto te podría suceder si se te ocurre abrir la boca! —la soltó bruscamente escuchándola sollozar con pavor. Sin esperar más, el general del escuadrón de choque disparó un rayo a tres de los que aún quedaban vivos, atravesándoles el corazón con certeza. La última mujer, fue asesinada por Kakaroto, que la sujetó por el cuello sin esfuerzo alguno estrujándole la garganta hasta rompérsela totalmente. No podían arriesgarse a que alguno de ellos dijera lo que había pasado en ese lugar.

—Agradece a su majestad por ser tan generoso contigo —expresó el saiyajin más joven sonriendo perverso, mientras caminaba hacia la doctora que lloraba inconsolable de rodillas en el piso —Te ha permitido vivir —agregó deteniéndose a escasa distancia de ella —Si tan solo se te ocurre decir una palabra sobre el estado de lady Bulma, o sobre lo que aquí sucedió, morirás como todos ellos —señaló a los cuerpos que yacían sin vida sobre la seca tierra.

—Te llevaremos de regreso al palacio —habló Bardock sujetando del brazo a la hembra para levantarla sin delicadeza —Debes reclutar inmediatamente, junto a lady Nion, científicos nuevos cuanto antes.

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Decidió cancelar cualquier pendiente que tuviese el resto del día para pasarlo al lado de su mujer. Después de lo sucedido esa mañana, prefirió quedarse y cuidarla por sí mismo. Por suerte, el cuerpo delicado de su esposa estaba respondiendo adecuadamente al sedante administrado. Ella había permanecido dormida desde temprano, y según la médica encargada de su control, lo haría hasta el siguiente día por la mañana. Para su tranquilidad, los signos vitales se encontraban estables y el ki de los fetos no tuvo variaciones considerables por las cuales preocuparse.

Vegeta terminó de vestirse usando solamente su traje spandex, puesto que recientemente había tomado una ducha. Caminó sigiloso hacia la cama donde la peliazul yacía. Estaba recostada de lado, con una sábana gruesa que la cubría de la cintura hacia abajo propiciándole el calor, junto a la chimenea encendida en la habitación, del cual el clima exterior carecía. Esa tarde, había iniciado a nevar en Vegitasei, y desde la zona más lluviosa hasta la más seca, se encontraba cubierta por la blanca cellisca que caía incesante golpeando el palacio con intenso frío helador.

El saiyajin real fijó su mirada obscura en la humana dormida en su lecho. La ojiturquesa se veía tan hermosa, que no pudo apartar sus ojos de ella ni un solo instante. Pudo observar a detalle todo de ella. La tez pálida del rostro femenino era adornado de ese color rosáceo en sus mejillas, así como sus labios carnosos del mismo tono. Vegeta, se dio el tiempo necesario para escudriñar perfectamente cada centímetro del resto de su piel expuesta. Se acercó hasta sentarse a su lado sobre el colchón, verla de esa forma, tan serena, delicada y expuesta, que no pudo evitar pensar en que si la perdía, no podría perdonarse nunca el haber accedido a que ella continuase con ese riesgoso embarazo. De lo que Nion lograse con el avance tecnológico en la construcción de la cápsula especial, que dependía la vida de su mujer y la de los críos.

Levantó su mano y con su dedo índice y medio, acarició el labio inferior de la carnosa boca de su mujer, bajando gradualmente mientras sus yemas rozaban el cuello femenino, deleitándose con la sedosidad mas sublime que haya podido acariciar. Cerró los ojos unos segundos concentrándose en la casta caricia, para después abrirlos y seguir mirándola. Deseaba tanto hacerla feliz, no permitir que sufriera ni un solo segundo. Quizá por eso y porque aborrecía el hecho de que ella lo odiase si la obligaba a deshacerse de sus hijos, que accedió a que avanzara con su preñez.

Unos toques en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. Se puso de pie para evitar interrumpir el descanso de su esposa y viéndola una vez más, caminó atravesando la estancia hasta llegar a la sala desde donde habló.

—¿Qué sucede? —preguntó tomando asiento en uno de los sofás.

—Majestad —pronunció una de las sirvientas dando unos pasos dentro de la habitación, cuando los guardias en la puerta le dieron acceso —Los príncipes ya están en el comedor real —informó. El monarca había mandado a llamarlos para que tomasen la cena juntos. Quería verlos y hablarle respecto a la situación de su madre. Así que se puso de pie para ir con ellos.

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La compañía de los príncipes le daban esa calma que tanto precisaba en esos momentos. Por ahora, verlos ahí frente a él, conversando, interactuando, solo le hacían pensar en que eran un motivo lo suficientemente fuerte, para hacer que Bulma actuara de esa manera en el ala médica al escuchar que él mismo ordenó la muerte de sus cachorros no nacidos. Esos que también eran sangre de su sangre, y que aún no tenían la oportunidad de vivir. Ella los había elegido sin dudar por sobre su propio bienestar, sin importarle consecuencia alguna. Realmente era una mujer valiente, aguerrida, dispuesta a defender lo que amaba. Con esa pasión tan enceguecedora que removía todo dentro de él. Fue egoísta de su parte pensar en algún momento, que lo primordial era no perderla, que esos fetos no tenían derecho de arrancarla de su lado. Pero no solo estaba el hecho de que ordenó la eliminación de sus propios críos, sino que en ese momento no pensó, y mucho menos le interesó, lo que ella sufriría una vez despertara del procedimiento y encontrara su abdomen vacío. Sería lo mismo perderla, que su humana lo odiase para siempre por obligarla a elegir entre su anhelo por conservarla y sus cachorros.

Ahora se encontraba con sus hijos en la sala de estar en sus aposentos privados. Después de la cena decidió pasar tiempo con ellos, y había ordenado que la princesa Bra fuese llevada con él.

—¿Mami vendrá? —preguntó de repente Baserk, que estaba leyendo un libro que tenía sostenido en sus piernas. Fijó sus ojitos infantiles en su padre, quien se hallaba sentado en el sofá frente a él, cargando en su regazo a la princesa.

—Es cierto papá —intervino Trunks, dejando el vaso de jugo que tomaba, sobre la mesa auxiliar al lado del sillón —Por la mañana venimos a buscarla. Una de las sirvientas dijo que estaba aquí, y queríamos verla —agregó mirando a Baserk que asintió en apoyo.

—Bulma está aquí —dijo Vegeta desviando la vista hacia el interior de la estancia, donde una entrada de arco ancha daba hacia la recámara donde su esposa se hallaba reposando. El menor de los príncipes quiso levantarse de su asiento e ir a buscarla, pero la voz de su progenitor lo detuvo —Ella necesitaba descansar. Por ahora no podrán verla.

—¿Ella está bien? —interrogó nuevamente Trunks poniendo su total atención a las palabras del monarca.

—Su embarazo es delicado, deberá permanecer en reposo hasta que pueda dar a luz —dijo pensando en que lo mejor era no decirles a sus hijos que su esposa iba a darle dos hermanos, en vez de uno. No porque desconfiara de ellos, sino porque los niños podían revelar la información sin intención, especialmente el más pequeño, que era el que menos podía dominar sus emociones. Se los diría en cuanto los gemelos nacieran y Bulma estuviese fuera de peligro.

—¿Mami está bien? —Baserk bajó la vista. Evidentemente era el que menos podía controlar su inquietud al saber que su madre no estaba del todo bien —No hemos podido verla desde ayer. La extraño —se quejó levando su mirada desconsolada volviendo a su asiento.

—Su madre necesitaba mucho descanso por ahora. En cuanto se recupere podrán visitarla —respondió el rey desviando la vista hacia la pequeña sobre sus piernas, que jugaba con su propia cola. La situación era bastante difícil para él, imaginaba cuánto también debía ser para sus cachorros. Sobre todo para Bra, que dependía de los cuidados propios de su madre.

—¿Por qué el ki de nuestro hermano es tan inestable? —el soberano se irguió en su asiento viendo a su otro hijo que estaba al lado de Trunks. Ciertamente no imaginó que el pequeño Vegeta fuese tan asertivo —Apenas es un feto en desarrollo y ya es tan fuerte como cualquiera de nosotros —señaló. ¿Cómo era posible que ese niño pudiera sobrepasar sus habilidades y las de sus hermanos sin siquiera haber nacido aún? Era demasiado extraño que eso sucediese, ni siquiera Baserk en estado basal irradiaba tal poder. Él, que había con las habilidades de un saiyajin legendario.

—¿De qué hablas? —el niño fijó su atención hacia el fondo de la estancia. Si se concentraba en la habitación contiguo a la sala de estar, podía notar sin esfuerzo al bebé que su madre gestaba. La energía que emitía era muy fuerte como pasarla desapercibida.

—No estoy exagerando papá, puedo sentirlo ahora —declaró poniéndose de pie para dar unos pasos con dirección a la recámara donde se encontraba su madre —Pareciera que el poder de nuestro hermano pertenece a dos personas distintas —dijo deteniéndose y girándose para ver al rey. Vegeta detalló el semblante indubitable de su retoño. El niño era más sagaz de lo que ciertamente había pensado. Su hijo no solo lo asemejaba físicamente, sino que también era idéntico a él en su forma de actuar y de pensar —Trunks dice que quizá estoy equivocado. Pero estoy seguro de lo que percibo dentro de mamá.

—Su ki es tan fuerte como el de cualquiera de ustedes antes de nacer —contestó firme el gobernante —Y no hablemos más del asunto —atajó al notar que su retoño abrió la boca para refutar sus palabras. Por supuesto que él estaba en lo correcto, pero ahora no era tiempo de que supiesen la verdad.

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Transcurrió un mes tras descubrirse que la segunda consorte gestaba a dos críos saiyajin en su vientre humano. Un suceso utópico para cualquiera de las mujeres de nativas de Vegitasei, pero que, para la terrícola de cabellos turquesa, había sido completamente posible. Desde entonces Nion, junto al padre de Bulma y la doctora Vetch, trabajaban durante largas jornadas, estudiando y rediseñando una cámara de recuperación usual, que, en vez de estar acondicionada para sanar heridas, sirviera para brindarle a Bulma los nutrientes necesarios, así como el ambiente adecuado para que pudiese llevar a término el embarazo y sobrevivir en el proceso. Mientras se lograba tal propósito, ella había sido sometida bajo vigilancia constante. Día y noche estaba siendo controlada para evitar que su cuerpo se descompensara debido a la gran carga que le generaba sustentar a dos fetos.

Era de mañana. Sus ojos se abrieron pesadamente notando la luz blanda que generaba el ambiente nevoso en el exterior, que escasamente iluminaba la alcoba. Giró su cabeza fijándola en el reloj en el buró del lado de su cama, marcaba las cinco con treinta minutos. Hizo una mueca de desagrado sintiendo cómo su espalda dolía debido a lo pesado que se había vuelto su vientre. Con dificultad, se sentó al borde del colchón dejando sus pies descansar sobre la alfombra. Se quedó ahí un momento, observando la vista a través del ventanal de la recámara, notando caer la nieve que cubría todo a su paso. Se animó a ponerse de pie, odiaba el hecho de sentirse de esa forma, de no poder hacer absolutamente nada por sí misma. Por más fácil que fuese la tarea, le resultaba lo bastante cansado como para poder realizarla sin la ayuda de nadie. Aún así, se apoyo sobre sus piernas y se levantó quedándose de pie unos segundos antes de caminar hacia el espejo que tenía enfrente.

Miró su reflejo. Su rostro se veía cansado, tenía ojeras, sus ojos se notaban marchitos y sus labios resecos . Levantó su palma derecha para rozar ligeramente sus pómulos acentuados. Se le formó un nudo en la garganta al darse cuenta que había perdido tanto peso, que su apariencia era más bien, esquelética. Siguió detallando su propio aspecto, percatándose de que su cabello había crecido unos cuantos centímetros y que ya tocaba sus hombros. Éste estaba sin brillo, parecía sin vida. Elevó la misma mano y lo tocó, se sentía áspero y nada sedoso. Lentamente bajó sus dedos, estudiando su piel, hasta llegar al borde del cuello de su bata y descubrir uno de sus hombros. Sin esfuerzo pudo apreciar lo marcada que estaba su clavícula y su hombro. Lágrimas cayeron desde sus ojos sin poder contenerse. Apretó sus labios con valor y se apresuró a deshacer el nudo de su bata, la cual deslizó dejándola caer sobre el piso. Lo que vio, la hizo soltar un sollozo. Su cuerpo no era nada parecido a lo que fue antes del embarazo. Estaba consumida, desnutrida, pálida. Lo único que podía ver por donde quiera que se examinará eran sus huesos definidos. Solo su vientre resaltaba en toda la extensión de su anatomía. Llevó una mano a su boca ahogando los lamentos que le provocó contemplar su estado lívido. Hoy entendía por qué Nion, Vetch e incluso su padre, no le permitían que viese su apariencia en el espejo.

—No hagas ésto, Bulma —habló Vegeta colocando la bata sobre los hombros de la humana para cubrirla nuevamente. Se había percatado momentos atrás, de que Bulma estaba frente al espejo observando su reflejo, y lo mucho que le había afectado verse de aquella manera.

—Ni siquiera deberías mirarme —respondió apartándose del saiyajin para sentarse nuevamente en la cama. Sus lágrimas rodaron incesantes por sus mejillas mientras llevó sus manos a su vientre. Desde que se enteró de la existencia de su hijo, que nació dentro de ella un inmenso amor hacia él, tan grande como el que sentía por sus otros retoños. Hoy sus dos bebés crecían en su interior, ajenos al peligro al que la exponían, pero no le interesaba nada más que ellos estuviesen bien, que vivieran, y si el precio a pagar por ello era su vida misma, lo compensaría con gusto.

—No digas eso —el soberano se unió a ella sentándose a su lado, fijando sus ojos negros en los de su mujer. Bulma lo miró con detenimiento queriendo descubrir si sus palabras eran ciertas. Si es que acaso su esposo no aborrecía los desagradables cambios a los que la preñez la habían conducido. Detalló sus orbes ónix. Vegeta la veía igual que antes. Con la misma sinceridad y devoción que creyó imposibles —A mis ojos, eres la misma de siempre —añadió el saiyajin real colocando una de sus manos en el vientre abultado de la muchacha. Pese a que exteriormente el monarca podía controlar sus emociones y parecía que no le afectaba, en su interior pesaba todo lo que su esposa estaba atravesando para poder darle dos críos más.

En esos momentos era cuando odiaba sentirse culpable de la situación. De haber sido flexible y permitir que Bulma avanzara con su embarazo. Si hubiese sido más firme, ahora ella estaría recuperada después de sacarle los fetos de su abdomen que solo estaban matándola con cada segundo que vivían dentro de su vientre. A pesar de todo, quiso respetar la decisión de la terrícola, aún en contra de sus deseos de proteger su vida antes que la de sus cachorros.

—¡Ah! —se quejó la terrícola, al sentir cómo sus hijos se movieron en su interior, sacando al soberano de sus pensamientos. Bulma descendió la mirada hasta su abdomen —Están pateando. Ellos saben que su padre los está tocando —expresó sonriendo ante la sensación de saber que sus críos, tenían las mismas ganas de vivir que las de ella por verlos nacer.

El saiyajin real observó el rostro iluminado de su humana. Verla sonreír llena de felicidad al saber que los gemelos crecían en su interior, compensaba el hecho de sentirse responsable de su estado.

—Son muy fuertes —comentó Vegeta pasando su otra mano tras la espalda de la peliazul. Acariciándola, reconfortándola. Permitiéndole sentir que él estaba ahí para ella. Que no importaba por lo que estuviesen aconteciendo, que la apoyaría en todo momento sin importar lo que decidiese hacer.

—Mis bebés saben cuanto los espero —expresó la peliazul con sus ojos llenos de lágrimas. Lo único que deseaba es que nacieran sanos y fuertes.

—Ambos lo queremos así —respondió Vegeta con una sonrisa, atrayéndola para depositarle un beso en la frente. Trasmitiéndole seguridad a la joven terrícola en todo momento.

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Tres días más habían pasado. El reino entero se había enterado de que la segunda consorte estaba muy delicada de salud. Sabían que ella estaba preñada de una niña, y que, debido a sus múltiples embarazos previos, éste se había complicado de la peor forma. Por esa razón, ahora la mantenían en los aposentos privados del rey. Nadie, a excepción de los que el mismo monarca había autorizado, podía verla. Vegeta se había asegurado de que la verdadera información solo la manejaran unos pocos. No podía arriesgarse a que alguno de los que estaba en contra de su gobierno supiesen realmente lo que estaba pasando. De descubrirse la verdad, la más afectada sería su mujer. Si Bulma daba a luz a dos varones, sus enemigos se encargarían de destruirla, y eso no iba a suceder mientras él estuviese vivo.

—La cápsula de alimentación está lista —declaró Nion que había llegado esa mañana, como era rutinario, a la habitación del soberano para ver a la humana.

—Por fin podré usarla —comentó la ojiturquesa con una sonrisa. En meses, era la primer buena noticia que recibía.

—Así es cariño, podremos ponerla en marcha hoy mismo —el Dr. Briefs estaba con ella mientras Vetch, le hacía el usual chequeo de todos los días. Él, como el único terrícola con los conocimientos necesarios sobre la morfología de su raza, había decido colaborar con todo lo que Nion dispusiese, para crear la máquina que asistiría a su hija para llevar a término su embarazo.

Como conocedor de la fisiología de los seres de su planeta, sabía muy bien que el ADN saiyajin causaba una serie de transformaciones al unirse al de un terrícola. Por eso estaba seguro de que Bulma, jamás hubiese podido llegar hasta el punto en el que se encontraba, sin la ayuda de todos los nutrientes que le eran administrados vía intravenosa día y noche, sin descanso alguno. Era estresante para todos, pero aún más para ella, que podía resentir cada cambio dentro de su cuerpo.

—Confío en que todo saldrá bien —dijo la joven humana respirando con un poco de dificultad. Para este punto, hasta la acción más simple como hablar, le resultaba complicada de hacer.

—No debe preocuparse. Ésta misma tarde tendré listo el traje especial que utilizará, mi niña —habló Nion sentándose al lado contrario de donde el padre de la terrícola se encontraba —Es como el spandex que usan los saiyajin, pero éste lleva integrados circuitos que controlarán cada cambio que pueda haber en tu cuerpo —explicó con una sonrisa. Había puesto cada esfuerzo en aquella creación. Se trataba nada menos que de favorecer a la esposa de su hijo y madre de sus nietos, era su deber apoyarla en todo lo que fuese posible. Solo deseaba que los cachorros nacieran con bien y que Bulma se recuperara sin contrariedad alguna.

—Estoy lista ...para utilizarlo —respondió pausadamente la ojiturquesa, ladeando su rostro para ver a Vegeta que se encontraba recargado en la pared al lado de la cama.

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Esa tarde, la segunda consorte se encontraba lista para ingresar en la nueva cápsula de alimentación. Lady Nion, el padre de Bulma y la doctora Vetch, habían llegado con antelación para preparar la cámara, que por mandato del rey, había sido llevada hasta sus aposentos privados donde estaban instalándola. Bulma permanecería en ella en esa misma habitación, donde absolutamente nadie podría acceder sin el permiso del saiyajin real. Era el único lugar donde la terrícola podría mantenerse a salvo de cualquier ataque enemigo.

Mientras el Dr. Briefs y la médica se encargaban de la máquina. La científica saiyana se dedicó a ayudar a la terrícola a vestirse. Iba a colocarle la indumentaria especial para que ella entrara a la máquina. Había diseñado el vestuario, con el propósito de que la piel de la consorte no se viera afectada debido al tiempo que pasaría inmersa en el líquido que la sustentaría.

—Comenzaré a vestirla, mi señora —manifestó la saiyana. Ella levantó suavemente cada pie de la humana, que tenía apoyados en el piso, para encajarlos en el pantalón y con delicadeza, comenzó a subirlo hasta sus piernas. Bulma ahora solo vestía un top y bragas cómodas.

—Necesito que se ponga de pie mi lady, yo le acomodaré el traje —expresó lady Nion fijando la mirada en la humana, que asintió intentando enderezarse.

—Estoy intentando, Nion —dijo con cansancio sentada en la camilla. Intentó levantarse, más su cuerpo no respondió a sus demandas. Ya no tenía la fuerza suficiente como para sostener su peso.

—No se esfuerce más —pidió la científica de cabello añil.

—Puedo hacerlo —respondió la terrícola poniendo toda su energía en levantarse y ponerse de pie. Logró hacerlo sosteniéndose con sus manos de los hombros de la saiyana, mientras ésta terminó de acomodarle el traje rápidamente.

El Dr. Briefs escuchó el intercambio de palabras de las femeninas. Nion que estaba cerrándole el traje, intentaba ayudarle a mantenerse firme. Hacía semanas que Bulma no se paraba de la cama donde la tenían internada, por ello le fue imposible mantenerse estable mucho más tiempo. Un vértigo llegó a su cabeza haciendo que todo en la habitación girara y de pronto, el cuerpo famélico de la muchacha se desvaneció. Para su suerte, el padre de la ojiturquesa la alcanzó a tiempo para sostenerla.

—¡Vetch, ayúdanos! —gritó Nion, que sostenía el peso de la joven consorte con la ayuda del padre de ésta, acomodándola en la cama a las espaldas de la humana. La doctora de aproximó rápidamente y sin perder un solo segundo, colocó en el pecho de la terrícola varios cables conectados al monitor cercano.

—¡Su presión está demasiado baja! —bramó con angustia en el tono viendo los signos vitales que el monitor marcaba. Supo entonces que, si no hacían nada en ese preciso instante, Bulma entraría en paro cardiorrespiratorio.

—¿Qué le ha pasado? —Vegeta entró en ese momento al laboratorio. Se había retrasado en su llegada debido a que tuvo asuntos que atender, que no se podían postergar, fuera del palacio.

—¡Hay que meterla dentro de la cámara! ¡Ahora! —manifestó el Dr. Briefs desconectando con agilidad los cables conectados al cuerpo de su hija. La muchacha era todo lo que le quedaba en esa vida y sin ella, la razón de existir en ese planeta no tenía sentido. En ese instante solo pudo pensar en los momentos más tristes por los que tuvo que atravesar cuando perdió a su esposa. La madre de Bulma había muerto en sus brazos mientras los trasladaban desde la tierra hacia Vegitasei. No iba a permitir que la historia se repitiese.

—El cuerpo de lady Bulma ha llegado al límite, sino la metemos ahora mismo a la cámara de alimentación ella…

—¡ESO NO SUCEDERÁ! —el rey tomó en brazos a su mujer para llevarla dentro de la máquina. La depositó dentro de ésta sin pensarlo, y le colocó en el rostro la máscara que le suministraría el oxígeno necesario para que pudiese respirar. Se aseguró de conectar correctamente todo lo necesario al cuerpo de su esposa y salió de la cápsula para que Nion iniciara el proceso de inmersión. La compuerta se cerró y el líquido amarillento, comenzó a llenar la cámara prontamente.

—Por favor resista lady Bulma —suplicó lady Nion tecleando velozmente los botones de mando de la máquina.

—¡Hija, aguanta un poco más! —bramó el padre de la humana sin dejar de verla un solo momento.

El rey dejó de prestarle atención a todos los que estaban en la habitación en ese momento. Con sus ojos fijos en su terrícola, que flotó con facilidad cuando el líquido la cubrió, pensó en que perderla sería como arrancarle su razón de vivir. Ni siquiera sus cachorros podrían llenar el vacío, porque Bulma era lo que más amaba en su vida, por sobre cualquiera y encima de lo que sea. Se había convertido en su todo y no podía siquiera, vislumbrar un futuro donde ella no estuviese.

El pitido contante que emitía el monitor de la cámara que controlaba los signos vitales de la ojiturquesa, así como el parpadear de las luces de alarma, resonaban en la cabeza y en las pupilas del saiyajin real. En ese instante miró muchas cosas pasar por su mente. Imagen, tras imagen. Desde que vio a Bulma por primera vez en el laboratorio central del palacio, cuando lo confundió con su padre, hasta cuando ella dio a luz a Trunks, a Vegeta Jr, a Baserk y finalmente a Bra. Recordó su sonrisa, su voz, sus ojos turquesa mirándolo, su piel que tanto le gustaba, su olor, el sabor de su boca. Toda vacilación se detuvo, cuando la habitación quedó en silencio.

—Se ha estabilizado —las palabras de Nion lo hicieron girar para ver a la saiyana —Ella se recuperará, majestad —Vegeta volvió su vista hacia su esposa dentro de la cápsula, observando que, por un segundo, ella abrió los ojos antes de volver a cerrarlos.

—La cápsula ha liberado el sedante que la mantendrá en estado de reposo durante todo el tiempo que lady Bulma permanezca adentro —explicó la doctora, al ver que el somnífero creado para que la terrícola lo absorbiera a través de la piel, comenzó a hacer efecto.

—Los signos vitales están regresando a la normalidad —habló el Dr. Briefs con una sonrisa en sus labios mientras observaba las gráficas y número que el monitor reflejaba.

—¡Eso significa que la cámara de alimentación ha sido todo un éxito! —exclamó Nion devolviéndole la sonrisa al anciano y a la doctora, que la miró con alegría ante el logro. Los tres esperaron un tiempo prudente antes de retirarse. Todo estaba funcionando como lo habían planeado. Además, la científica saiyana había construido tres tabletas digitales que estaban conectadas al sistema de la cápsula. Si algo fallaba o la humana sufría un trastorno, un aviso llegaría inmediatamente a cada uno de ellos para ir en auxilio de la muchacha.

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Una semana después.

Esa mañana, la princesa Apricot había sido citada en el despacho privado del rey. Sin pensarlo demasiado intuyó el por qué demandaban su presencia en el lugar. Tarble no había cambiado de opinión, seguía rehusándose hasta el momento, en aceptar a Nira como hija suya. Inclusive después de la prueba de paternidad, negó con total intransigencia que la criatura llevara su sangre, y creía fervientemente que su mujer lo había traicionado. La saiyana había terminado por aceptar que su unión ya no tenía razón de ser. Jamás pensó que él pudiese reaccionar de aquella forma tan cruel hacia la pequeña, tan sólo por haber nacido con un color de cabello atípico entre los cachorros puros de su raza. Por lo que una reconciliación entre ellos era absolutamente improbable.

—Rey Vegeta —saludó reverenciándose ante el hombre que se encontraba sentado tras el escritorio.

—Imagino que sabrás por qué estás aquí —dijo el monarca viendo a la mujer asentir.

—Tarble no desea seguir manteniendo nuestro vínculo —expresó con la mirada baja. Apretó sus manos sintiéndose impotente. Una vez estuviese oficialmente fuera de la vida del príncipe, ella quedaría a la deriva sin un marido que la respaldase y sin su familia que la apoyase. Sus padres la rechazarían sin vacilar. No aceptarían de regreso a una hija que fue abandonada por su compañero debido a un motivo tan vergonzoso del que él la acusada. Sería el hazme reír dentro de la clase alta.

—Efectivamente, y he aprobado que así sea.

—Majestad —la saiyana alzó su vista para observar por un momento al gobernante. Procesado con detenimiento lo que estaba por decirle —Esto es injusto —declaró.

—¿Por qué te parece injusto? —cuestionó el soberano, dándole libertad a la hembra de expresarse.

—Todos saben que Nira es hija del príncipe Tarble —dijo ella arrugado el entrecejo —Y aún así, él la rechaza y a mi me abandona —manifestó descendiendo su mirada hacia la alfombra que cubría el piso del despacho privado —No puedo quedarme sola, ni ser la burla de todo el pueblo cuando no he cometido error alguno. Merezco que acceda a asignarme un nuevo esposo —el monarca escuchó con atención las palabras de la femenina. El imbécil de su hermano aborrecía a la chiquilla tan solo por tener el cabello añil al igual que Nion. Un fundamento ridículo. Además, ya se había comprobado en una investigación previa, que no hubo traición alguna departe de ella.

Si avaló la petición de separación a su mediocre hermano, no era porque él tenía una razón justa. Sino porque era irrazonable mantener a la saiyana bajo una unión injuriosa que no la beneficiaba.

—Tienes razón —otorgó —No hay traición de tú parte y por ello serás compensada con una nueva unión que favorezca tu situación.

—Rey Vegeta —pronunció levantando su mirada —Si me permite, quisiera ser yo quien elija mi nuevo compañero —agregó sintiéndose mucho mejor ahora que el soberano le estaba otorgando la razón.

—¿Tienes a alguien en mente? —interrogó poniéndose de pie cuando ella volvió asentir en respuesta.

—Skalion, el soldado élite proveniente de Tech-Tech —manifestó rápidamente. Apricot observó cómo el rey ordenó enseguida que el guerrero mencionado se hiciera presente en el despacho.

La ahora lady Apricot, sonrió sutilmente conteniendo sus ganas de celebrar su pequeña victoria sobre Nyu, al ver entrar, minutos más tarde, al hombre en aquella habitación. Ese solo era el principio de su venganza contra esa mujer que tantas veces la había humillado. La primera consorte siempre la consideró inferior y no se tentaría para desprestigiarla cuando supiese lo de su separación. Ahora sería ella quien tendría en sus manos el poder de manipular a la insolente, que tenía la osadía de revolcarse a espaldas del monarca con ese estúpido saiyajin.

—Majestad —Skalion, se desconcertó completamente al ver a Apricot en el despacho privado del rey ¿Qué tendría que ver esa mujer con lo que el gobernante tenía que decirle?

—Lady Apricot —comenzó a decir Vegeta. ¿Lady Apricot? ¿Es que acaso la hembra ya no era miembro de la familia real? Se preguntó el soldado al escuchar el título mencionado —Te ha nombrado para que seas su nuevo compañero, debido a la disolución de su unión con el príncipe Tarble —Skalion giró su cabeza para ver a la mujer que le sonrió sutilmente ante las palabras del rey —Su unión se llevará acabo la próxima semana.

—Como ordene, majestad —respondió el guerrero fuera de sí ¿Cómo es que ella pudiese pedirlo como marido? Ni siquiera habían tenido interacción alguna desde que había llegado a Vegitasei. Era totalmente absurdo que ahora Apricot deseara una unión con él.

—¿Puedo saber qué será de mi hija? —preguntó la femenina, una vez Skalion abandonó el despacho —Según la ley, le correspondería al príncipe Tarble quedarse con ella. Pero sabemos que la aborrece —dijo con dolor y rencor hacia el hombre al que le había entregado lo mejor de ella, y ahora le pagaba con tal humillación.

—No debes preocuparte más. Nira queda bajo mi custodia —confesó el monarca dando por finalizada la reunión.

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Tan pronto como salió del despacho, no dudó en ir directamente a buscar a Nyu. Debía verla e informarle lo que estaba pasando, ya que por más que pensó, no pudo encontrar motivo suficiente para que Apricot le hiciese ese insólito pedido al soberano. Frente al rey, él ni siquiera se atrevió a preguntar el por qué de ese absurdo. Quizá Nyu lo ayudaría a entender la situación. Era conocedor de que la exprincesa y ella, eran amigas desde muy jóvenes. La primera consorte debía conocerla muy bien, como para descifrar la finalidad de su solicitud.

Se apresuró por entre los pasillos. A esa hora la princesa, esposa del rey, debía estar en el jardín charlando con algunas de las esposas de los ministros como siempre solía hacerlo.

Cuando salió al patio privado del ala perteneciente a su amante, pudo verla a lo lejos. Caminaba grácil entre las damas de alta cuna con las que tenía afinidad ideológica. Se veía tan hermosa. El tenue sol del atardecer bañando su rostro, tan solo extremaba su belleza de la cual vivía externamente seducido. Por eso, no podía permitir caer en el enredo de una unión que no quería. Si eso sucedía, la perdería para siempre. Ella no perdonaría su ínfima traición.

Con cuidado de no ser visto, se aproximó hasta estar cerca de una de las criadas pertenecientes a la Corte de la princesa. El par de guardias que la custodiaban no eran su problema, ellos tenían órdenes directas de la princesa de dejarlo pasar siempre que la buscase. No dudaba de que ella les pagaba cierta cantidad extra para que no hablasen con el monarca, de los encuentros que tenía con él. Lo único que le preocupaba ahora, eran las damas, si ellas lo mirasen merodeando, harían un escándalo en el que la más afectada sería Apricot.

—Cilantria —llamó en susurro a la sirvienta de mayor confianza de la princesa.

—¡Qué demonios haces aquí! —aseveró en voz baja la criada, aproximándose disimuladamente a la gran columna de jaspe blanco donde se escondía el saiyajin.

—Necesito hablar con Nyu ¡Ahora! —exigió observando con precaución a su alrededor para asegurarse que nadie estuviese escuchándolo.

—¡Eres un impertinente! ¡Vete! —chilló la esclava sin descuidar por un momento los movimientos de las damas que hablaban amenas con la princesa.

—¡Es urgente Cilantria! ¡Ve y dile que la espero en la puerta del segundo pasillo a la derecha que lleva a la bodega central! —exclamó dándose la vuelta para retirarse al sitio donde acababa de citar a la primera consorte.

—¡Maldita sea! —gimió la sirvienta caminando hacia la princesa.

—¿Así que el rey Vegeta siempre está pendiente de ti? —preguntó la esposa del segundo ministro que estaba en completa simpatía con la ideología purista de su marido, y por ende, con la de la compañera legítima de su majestad.

—Por supuesto querida, él es un hombre muy complaciente —respondió fingiendo una sonrisa ante la hipocresía de esas mujeres. Sabían que se acercaban a ella para socializar por conveniencia. Aunque nadie dudaba, que solo eran un nido de serpientes que buscaban beneficiarse de su estatus.

—Lady Nyu —llamó la criada llegando hasta la princesa.

—Ahora no, Cilantria.

—Déjanos solas, esclava impertinente —sentenció una de las femeninas mayores que miró con desagrado a la joven.

—Es importante —volvió a decir bajando la mirada.

—Princesa, creo que su sirvienta debería ser castigada severamente. No debe ser felixible con ella —comentó otra, echándose a reír junto a las demás cuando el rostro de Cilantria palideció ante su sugerencia.

—No se preocupen señoras, será castigada como se debe —dijo Nyu poniéndose de pie para tomar con brusquedad del brazo a la muchacha y alejarla del grupo —¡Cómo te atreves a interrumpirme! —gimió soltándola, asegurándose de que solo la esclava pudiese escucharla.

—¡Por favor perdóneme princesa! Pero Skalion estuvo aquí hace un momento —trató de explicar rápidamente.

—¿Skalion? ¿Qué te ha dicho?

—Pide con urgencia verla. Dijo que estaría esperándola en la segunda puerta del pasillo a la derecha que lleva a la bodega central —informó mirando que las damas estaban caminando hacia la princesa.

—Ve y dile que me espere, intentaré deshacerse de estas víboras —ordenó girándose hacia el grupo de femeninas.

Veinte minutos más tarde la saiyana estaba entrando a la habitación que su amante le había indicado.

—¿Skalion? —preguntó sintiendo cómo unas manos la sujetaron desde atrás por la cintura.

—Necesitaba tanto verte —pronunció el soldado girando en sus brazos a la femenina, mirándola fijamente a los ojos. Nyu, pudo notar su expresión taciturna que le indicó que algo serio sucedía.

—¿Qué sucede? Cómo pudiste ir a buscarme cuando estaba con las damas. Pudieron descubrirte espiándome y sabes cuál es el castigo a esa falta —manifestó acercándose a él con la intensión de besarlo. Más el la soltó como si con su acción lo hubiese quemado.

—Tomaré como esposa a Apricot —soltó dándose la vuelta para no ver a Nyu. Sabía que ella más que nadie sufriría con la noticia.

Por un momento hubo silencio. La princesa llevó una mano a su boca para cubrirla, procesando lo que él acaba de decirle. Sintió cómo todo su cuerpo tembló por dentro al darse cuenta de la gravedad de la confesión.

—¡De qué demonios me estas hablando! —gritó arrugado sus delgadas cejas negras, dando un paso firme hacia el saiyajin.

—Es orden de su majestad, no puedo desobedecer.

—¡Qué! Pero ¿Con Apricot? ¡Esa es la mujer del príncipe Tarble! —reprochó con rabia acumulándose en su cabeza.

—El rey le ha otorgado un nuevo compañero a lady Apricot, debido a que el príncipe solicitó la anulación de su unión con ella. Creo que ambos sabemos el motivo —dijo él pensando en que dentro de poco, no podría volver a verse con Nyu. Ni siquiera a escondidas. Sería demasiado riesgoso tener que esconderse tanto del rey, como de su pronta esposa.

—El infeliz no quiere a su hija ¿¡Pero ¡¿qué diablos tienes tú que ver con eso!? —bramó apretando su mandíbula completamente enfurecida —¿Será que Vegeta sospecha de lo nuestro? —preguntó imaginado la desgracia que caería sobre ella si eso llegase a pasar —¿Y si te asignó como esposo de Apricot por esa razón? ¡No puede ser!

—No lo creo, el rey no necesita hacer eso para alejarme de ti. Además, la que me eligió como su compañero fue ella. Su majestad simplemente aprobó su elección —explicó tomando por los hombros a la saiyana —¡Nuestros encuentros ya no podrán ser!

—¡Por supuesto! ¡Esa maldita te eligió con ese fin! —gritó dándose cuenta del verdadero objetivo de su ahora enemiga. Jamás le perdonaría lo que había hecho —Debe estar enterada de que somos amantes. ¡Solo lo ha hecho para fastidiarme!

—Por lo que sea. No puedo verte más —manifestó el guerrero soltándola.

—Debemos buscar una solución, yo podría…

—¡Basta Nyu! ¡Sabes que esto no puede continuar! —bramó dándose la vuelta para abrir la puerta. Por el bien de ambos, debía cortar definitivamente sus lazos con la mujer que siempre había querido.

—¡Skalion! —chilló la princesa intentada detenerlo. Lo sujetó por el brazo, pero él se alejó lo más rápido posible —¡Espera! ¡No me dejes! ¡Espera! —volvió a decir viendo cómo el saiyajin desaparecía por el pasillo.

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Miró sus pies desde su propia perspectiva. Caminaba sobre el suelo infértil que se hacía infinito sin poder llegar a ningún lugar. La tierra árida se levantaba empolvada, siendo arrastrada por la ventisca cálida y seca que le oprimía el pecho hasta el punto de percibir que le faltaba el oxígeno. El ambiente lo enfermaba. Lo hacía sentir unas pesadumbres que no entendía. Una sensación de angustia recorría todo su cuerpo. Intentó inhalar un poco de aire para aliviar la tensión, pero inmediatamente notó el olor a hierro mezclado con la atmósfera agobiante.

Alzó su vista dándose cuenta de que el sitio no le era extraño. Reconoció que estaba frente al palacio, o a lo que quedaba de él. Aquel paisaje imponente del castillo que estaba construido en la altura de las rocas, donde el cielo índigo y los planetas satélites se divisaban en todo su esplendor, ya no estaba más. Todo lo quedaba de ello eran escombros. Restos de lo que un día fue, y entre las ruinas, se hallaban los cuerpos de los que habían sufrido el mismo destino que el emporio saiyano.

Corrió pensando en encontrar a alguna persona con vida. Alguien que le dijese qué había sucedido. No entendía cómo el imperio que un día fue tan poderosamente glorioso haya acabado de esa manera. Ciertamente algo grave había ocurrido. Por lo que avanzó hasta aproximarse al epicentro de la devastación. Observando que los cuerpos comenzaron a aparecer.

Pudo reconocer a los primeros dos. Se trataba de Bardock y Nion. Negó no creyendo lo que veía. Ella, la que en su infancia le había ayudado a superar el estado al que lo llevaba su don legendario. Quien fue su apoyo y guía para dominar ese incontrolable poder que dormía en su interior y que amenazaba con dominar su raciocinio.

Apartó el rostro de la científica saiyana y comenzó a quitar las rocas que cubrían los demás cuerpos, descubriendo con cada paso, que estaba rodeado de más de un centenar. Entre esclavos, sirvientes, guardias, soldados. Mientras más explotaba más se daba cuenta que la zona era una masacre. Pudo divisar a Zorn, Raditz, Kakaroto, Skalion, Turles, Nappa y algunos miembros del Consejo. Llevó sus manos a su cabeza sintiéndose impotente al ver que incluso Chirai y su hija estaban muertas, se preguntó ¿Quién diablos era el causante de esa calamidad? Su corazón se paralizó un segundo sin saber qué hacer. Tuvo el impulso de inclinarse para rozar el rostro de su pequeña Tangerine, confirmando que realmente estaba sin vida. Un nudo apareció en su estómago al alzar su vista y notar a unos cuantos metros, una cabellera turquesa esparcida sobre el piso.

Se precipitó hacia ella, incrédulo de la desgracia que había caído sobre Vegitasei. Al hincarse a su lado corroboró que se trataba de Bulma y a pocos metros, sus cuatro hijos habían corrido con la misma suerte. Ella estaba pálida, con el rostro cubierto por el polvo que generaron los escombros. Llevó su mano al cuello de la terrícola, verificando que no tenía pulso. Sintió un vacío dentro de sí y no quiso seguir viéndola. Al ladear el rostro se encontró con Tarble, e incluso el mismo Vegeta pereció en la catástrofe que había llevado al planeta a sumirse en aquel genocidio, donde al parecer solo él había sobrevivido.

Se irguió poniéndose de pie ¿Qué haría ahora? ¿Podría encontrar al culpable del exterminio de su raza? ¡Tenía que salir de ahí! Si el objetivo del responsable de esa matanza era aniquilar su especie, él también corría el riesgo de ser asesinado. Se dio la vuelta para largarse. No podía esperar un segundo más. Estaba por elevarse en el aire para alejarse del lugar cuando frente a él, aparecieron dos seres.

Entre la bruma quiso esclarecer el rostro de esos sujetos. Quizá ellos habían sido quienes eliminaron a todos. Pero, por mucho que lo intentó, no pudo ver nítidamente sus rostros. Entonces se dio cuenta que las entidades que comenzaron a caminar en su dirección se veían más como un tipo de sombras que ocultaban su identidad. Percibió la intención de ataque de su parte, por lo que respiró profundo liberando su poder, transformándose en súper saiyajin. No estaba dispuesto a perecer como todos aquellos a su alrededor.

—¡Broly! ¡Broly! —todo lo que veía en su mente desapareció y solo quedó la voz que pronunciaba su nombre—¡Broly, despierta! —se sentó de golpe, dándose cuenta de que estaba sobre la cama en su habitación. Giró su rostro encontrándose con su mujer a escasos centímetros de su rostro —¿Qué te ha sucedido?

—¿Estás bien? —preguntó sujetando a Chirai por los hombros. En ese momento no le importaba más que cerciorarse de que su familia estuviese bien —¿¡Dónde está Tangerine!? —gritó levantándose de la cama en busca de su cachorra.

—¡Broly tranquilízate! Ella está con Nion en el palacio —respondió la brenchega sujetando por el brazo a su compañero —Creo que has tenido una pesadilla —el élite fijó sus ojos en ella, dándose cuenta de que todo había sido un sueño.

—Tangerine…

—La vimos ésta misma tarde ¿Recuerdas? —preguntó la joven pasando una mano por la frente del saiyajin para limpiarle un poco el sudor. Broly asintió. Habían ido a visitar a su pequeña al ala perteneciente a Nion, ella estaba cuidándola de la mejor manera.

—Ahora dime ¿Qué estabas soñando? Parecías sufrir mucho —dijo observando el semblante angustiado del hombre —Hablabas y te movías muy agitado, aunque realmente no entendí lo que decías.

—Fue muy confuso Chirai —comenzó a decir desviando su vista de su mujer, recordando lo que había visto —Todo estaba destruido, había cadáveres por donde quiera que mirase. El olor a sangre me saturaba. No me dejaba pensar con claridad.

—¿Qué? ¿Cómo que sangre y cadáveres? —expresó la brenchega llevando una mano a su pecho. De solo imaginar lo que él describía se le erizaron los vellos de su cuerpo.

—Presiento que no fue una pesadilla —manifestó posando su vista en la femenina —Todo se sintió tan real —pausó un momento antes de continuar —Creo que algo malo está por suceder.

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Ingresó a su recámara pensando en lo mucho que había cambiado su forma de ver el mundo que lo rodeaba. Si recordaba años atrás, cuando aún era un príncipe en proceso de formación para ascender a la corona, su único objetivo era aprender, hacerse más poderoso, ser el mejor por sobre cualquier obstáculo. Hoy podía decir que todo aquel esfuerzo fue necesario para convertirse en el rey que ahora era. Había aprendido a pelear, a ser un digno heredero del imperio saiyajin que gobernaba justamente para llevar a su pueblo a vivir esa gloria, por la que cualquier dinastía lucharía. Si su padre viviese podría asegurar que se sentiría orgulloso. Pero, para enfrentar los problemas por los que ahora estaba atravesando, no tuvo preparación alguna.

Nadie entrenaba a un saiyajin a sentir algo por alguien. Los seres de su planeta eran por herencia instintivos. Actuaban conforme sus impulsos dejando fuera de ello cualquier sentimiento que pudiese generar un conflicto interno. Nunca imaginó que, siendo un guerrero frío y calculador, nacido para disfrutar del placer de aniquilar astros enteros junto con sus habitantes sin siquiera sentir un poco de compasión, pudiese aprender a percibir emociones ligadas al afecto y a esa pasión desenfrenada por un ser ajeno a su entorno.

Con todo lo vivido, podía atreverse a aceptar, tan solo para sí mismo y para aquella persona que le demostró, que los sentimientos no eran sinónimo de debilidad sino de resistencia. Que podía ser fuerte y a la vez sostener una vehemencia delirante por esa mujer que se convirtió en todo para él. Bulma le enseñó a amar.

Atravesó la sala hasta llegar a la cámara privada de sus aposentos. Lo primero que sus ojos buscaron fue a su esposa. Ahí estaba, como siempre, como esos dos últimos meses en lo que había permanecido dentro de la cápsula de alimentación.

Su terrícola pertenecía a una raza inferiormente endeble si lo comparaba con el poder físico de los nativos de su planeta. Pero la fortaleza no solo venía de cuanta potencia poseía una persona, sino también de la valentía e ímpetu con el que se podía resistir la adversidad. Bulma se lo había demostrado, seguía luchando a pesar de que todo se hallaba en su contra.

Vegeta comenzó a quitarse los guantes mientras caminaba hacia la cámara de alimentación. Los dejó caer al pie de ésta y elevó su mano para tocar el cristal que lo separaba de ella. Acopló su palma sobre la superficie cóncava del vidrio, mirando el rostro de la joven humana, imaginando cuántas veces había tocado su piel. Recordando cómo se sentía su frágil cuerpo bajo el suyo cada vez que la poseía. Pudo recordar su calor, su olor, el timbre de sus gemidos pidiéndole más. La ama más que a su propia vida y aún así, podía asegurar que cada día ese sentimiento crecía. Sino hubiese vivido por sí mismo esa pasión que ella había despertado en él, jamás hubiese pensado que un sentimiento de esa magnitud podía apoderarse de alguien. Era algo que estaba más allá de la razón.

Apartó su mano del cristal descendiendo la mirada por el cuerpo de la hembra. Sonrió ligeramente al notar lo recuperada que estaba. Su aspecto ya no era aquel enfermizo con el cuál había entrado a la cápsula. Había subido de peso y recuperado su color. Podía percibir su energía estable, así como el poder gradual que desarrollan sus hijos dentro del vientre de su mujer.

Se giró con dirección a la cama, deshaciéndose de su ropa para entrar al baño y ducharse. Una vez había terminado, se vistió utilizando simplemente su ropa interior. Se acostó en la cama desde donde podía verla. Había ordenado que la cápsula fuese colada frente a su lecho, a pocos metros de ésta desde donde pudiese mirarla en todo momento. Pasó tantas noches en vela observándola, reviviendo todos sus detalles, deseando que saliese de ahí y le hablara. Quería escuchar su voz, apreciar sus gestos infantiles, sus arrebatos, su mirada apasionada. Simplemente, la extrañaba.

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—Princesa, debe comer un poco más —insistió Lan Fan hacia la pequeña, que negaba con su cabecita resistiéndose a abrir la boca. Esa mañana, el rey había mandado a llamar a sus hijos para tomar el desayuno en el comedor real de su ala privada —Apenas y ha probado unos cuantos bocados —dijo la mujer sentada frente a la niña que mantenía su boca apretada.

—¿Qué sucede Bra? ¿Otra vez extrañas a mamá? —preguntó Trunks viendo cómo la pequeña asintió en respuesta.

—Quiero ver a mami —pronunció con su voz infantil fijando esta vez su mirada en su padre que estaba sentado a la cabecera de la mesa, observándola.

—Ven, hija —la llamó dejando los cubiertos en la mesa. La criada, nana de Bra, quien había sido la que veló por ella durante todo el tiempo en que Bulma había estado ausente, se levantó de la silla tomando la mano de la pequeña para ayudarla a bajar de silla alta donde se encontraba, llevándola hasta el soberano.

—Déjanos solos —ordenó Vegeta una vez la niña estaba frente a él. Lan Fan asintió reverenciándolo par salir del salón.

—Sé que extrañas a tu madre —comenzó a decir el monarca tomando a la princesa para sentarla sobre sus piernas.

—También yo la extraño —manifestó Baserk que estaba pendiente de cada palabra que pronunciaba su padre.

—Dentro de poco estará bien —respondió él mirando a cada uno de sus hijos —La tendremos de regreso a ella y a su hermano.

—¡No quiero verlo a él! —exclamó el menor de los príncipes arrugando sus cejas. Con la ayuda de Nion y su constante tratamiento, él estaba logrando poco a poco controlar sus emociones que desataban su poder incalculado oculto dentro de sí. Aunque no siempre le era posible dominar sus inquietudes —¡Quiero a mamá!

—¡Baserk! —bramó el gobernante con tono sólido.

—¡Te niegas a permitir que la veamos! ¡No es justo! —bramó el príncipe poniéndose de pie para salir del comedor. No podía soportar más la negación de su padre. Sabía que su mamá se encontraba recluida en el ala perteneciente a su progenitor y aún así él no dejaba que la visitasen.

—Creo que no podemos dejarlo solo —pronunció Trunks mirando al rey asentir. Se puso de pie y se retiró en su búsqueda. Baserk era un niño que necesitaba atención en todo momento. No podían arriesgarse que su poder se saliese de control.

—No llores Bra —dijo el rey al ver que a la princesa se le llenaron sus ojos de lágrimas —Solo un par de meses más y Bulma se repondrá para que puedan verla.

—Ambos sabemos que eso es incierto —manifestó Vegeta Jr que se había mantenido al margen de la situación —Sabes que ella podría…

—No lo digas —atajó sus palabras Vegeta.

—¿Crees que ella vaya a lograrlo? —preguntó el príncipe frunciendo el ceño al igual que su padre —Por algo la mantienes incomunicada, pero sé que se debe a mi hermano —el rey fijó su mirada en el cachorro —Aunque sinceramente sigo creyendo que el ki que puedo sentir pertenece a dos personas distintas —finalizó poniéndose de pie. Se inclinó ante su padre y salió del salón para ir en busca de Trunks y Baserk.

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Había estado planeándolo desde que se enteró que su padre saldría del palacio algunos días. Escuchó de la boca de Zorn, que el rey tenía que hacer acto de presencia en el congreso anual interplanetario, que, para su conveniencia, el astro donde se llevaría a cabo la asamblea era en uno no tan cercano a Vegitasei. El monarca al menos estaría fuera tres días. Por ello decidió inmediatamente comentarles a sus hermanos lo que tenía en mente hacer en cuánto su progenitor despegara del planeta. Por supuesto que Baserk estuvo acuerdo inmediatamente, pero Trunks, le costó trabajo que aceptara acompañarlos.

—¡No puedo creer que me hayas convencido de ésto! —murmuró el príncipe heredero que iba tras Vegeta Jr.

—Sabes que es la única oportunidad que tendremos —reprendió el niño asomando la cabeza desde la esquina de uno de los pasillos que se dirigían al ala privada del soberano.

—Papá no está, y Vegeta dice que no tiene por qué enterarse. No estamos haciendo nada malo —comentó Baserk mirando suplicante a Trunks, que volteó a verlo con severidad en su semblante.

—¡Escabullirnos en sus aposentos para poder ver a mamá es inapropiado! —bramó cuidando de no elevar su tono y no correr el riesgo de ser descubiertos —Personalmente me basta su palabra para creer que nuestra madre está bien —dijo el príncipe de cabello lila caminando sigilosamente junto a sus hermanos.

—Jamás pondría en duda la palabra de papá. Es solo que quiero verificar algo que me ha estado dando vueltas en la cabeza todo este tiempo —respondió Vegeta Jr pegando su espalda a la pared, dónde la sombras podían ocultarlos, al ver pasar a un par de guardias que hacían su ronda nocturna.

—¿A qué te refieres? —preguntó el príncipe heredero una vez los soldados estuvieron fuera de su vista.

—Te lo explicaré una vez entremos a los aposentos reales —expresó el pequeño saiyajin apresurado su paso para cruzar el umbral que daba acceso a los aposentos privados del rey.

—¿Qué haremos con Raditz, Kakaroto y Brocco? —susurró Baserk que se mantenía alerta —Ellos deben estar haciendo guardia frente a la puerta de la habitación de papá.

—No te preocupes por eso Baserk —contestó con una pequeña risa triunfante Vegeta Jr —Comprobé antes de venir que ellos siguieran en el comedor central. Para cuando estén aquí, nosotros ya habremos entrado.

Los tres vástagos hijos del monarca, continuaron su marcha sin ser vistos en ningún momento por los guardias en el perímetro, hasta llegar al pasillo que conducía hacia la puerta de la alcoba real al fondo de éste. Tuvieron que detenerse en seco al ver al par de soldados de pie ante la entrada.

—¡Maldita sea! —exclamó Vegeta Jr.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó Baserk observando el rostro desconcertado de sus hermanos.

—Sabía que era mala idea —se quejó Trunks arrugando el entrecejo.

—Es hora de que imponga tu voluntad como príncipe heredero —sugirió Vegeta Jr con una sonrisa maliciosa en su rostro, posando sus ojos en su hermano mayor.

—¿De que hablas hermano? —cuestionó Baserk un poco desconcertado. Trunks, caminó con dirección hacia los soldados, alzando el rostro con orgullo.

—Vamos —habló decidido el saiyajin de cabello lila.

—Príncipes —los guardias, reverenciaron a los hijos del rey al verlos hacerse presente frente a ellos.

—Háganse a un lado —ordenó Trunks mirando con seriedad al par de guerreros que se dirigieron la mirada el uno al otro.

—Príncipe —dijo uno de los guardias —Tenemos órdenes del General Bardock de que nadie puede ingresar a los aposentos privados en ausencia de su majestad.

—¡Cómo te atreves a hablarme así! —gritó el príncipe heredero dando un paso hacia los guardias —¡Hazte a un lado soldado impertinente!

—Pero… —el guerrero que mantenía su cabeza baja, intentó contradecir las palabras del joven saiyajin.

—¡Insolente! —bramó Vegeta Jr situándose a un paso tras su hermano mayor —¡ESTAS FRENTE AL PRÍNCIPE HEREDERO, PRÓXIMO REY DE VEGITASEI! —gritó fijando sus impetuosos ojos en los soldados —¡PODRÍA ORDENAR EJECUTARTE POR DESACATO A TÚ SUPERIOR!

—No, yo… No, lo siento alteza, discúlpenos —clamó el hombre inclinándose, al igual que su compañero, rogando por el perdón de los hijos del soberano.

—Le pedimos que nos perdone —habló el otro con pánico en su tono de voz.

—¡Fuera de aquí! —esta vez, fue Baserk quien habló siguiendo la actitud altiva de sus hermanos —No necesitamos de su permiso para ingresar a la residencia de nuestro padre —demandó ofuscado. Sabía que estaban ahí con el propósito de averiguar sobre su madre, y en ese momento lo único que le interesaba era eso. Verla y poder verificar si se encontraba bien.

Ambos guerreros, reverenciaron a los príncipes antes de caminar lejos del ala real perteneciente a su majestad. Y aunque su deber era proteger la cámara privada del rey, lo último que querían eran problemas con los hijos de éste. Además, creían que los críos no representaban amenaza alguna. Podían estar en ese sitio sin que significase un problema mayor.

—¿Ves? —comenzó a decir Vegeta Jr emitiendo una sonrisa maliciosa —Así es como debes tratar a esos inútiles —añadió tomando el pomo con su mano derecha —Un rey no solo debe ser respetado… —agregó moviendo su vista hacia Baserk que lo miraba atento a sus palabras —… también debe ser temido… —volvió sus ojos a Trunks —… debes mantener ese equilibrio para que tus sirvientes te veneren y sobretodo, te respeten y obedezcan —expresó girando la perilla para empujar la puerta —Adelante, alteza —finalizó abriendo camino para el príncipe heredero, que accedió sin pensarlo demasiado.

—El temor es solo sugestión, Vegeta —respondió Trunks accediendo junto a sus hermanos al recinto privado de su progenitor —Aunque debo admitir que es necesario, si es que deseo que mis vasallos me obedezcan.

—Esos idiotas deben aprender a respetarnos como lo que somos —expresó Vegeta Jr mirando fijamente al príncipe de cabello lila —Sobre todo a ti —en ese momento, Trunks supo que Vegeta Jr realmente le hablaba con sinceridad. Podía verlo en su mirada implacable, podía oírlo en su tono de voz indudable, podía sentirlo en la manera en la que él hablaba. Innegablemente su hermano apoyaba su sucesión al poder en un futuro próximo.

—¡Mami! —la voz de Baserk, que ya había avanzado dentro del cubículo hasta cruzar la estancia para llegar a la recámara, llamando la atención de los príncipes. Ellos, caminaron con dirección a la habitación en donde el menor había ingresado, encontrándose con algo que nunca esperaron ver.

A solo un par de metros del lecho del rey, se localizaba una cámara de inmersión. No una cualquiera, como las que habían visto en los centros de recuperación donde soldados ingresaban a éstas cuando regresaban muy heridos de alguna batalla, sino una que no solo doblaba el volumen de una común, sino que el líquido que mantenía al ser dentro de esta era de distinta tonalidad.

—¡Qué rayos hace mamá dentro de esta cápsula! —bramó Trunks corriendo hasta llegar a la máquina donde Bulma, permanecía flotando en su interior.

Vegeta Jr observó la cámara de recuperación. Ahora entendía por qué su padre no permitía que nadie viese a su madre. Algo debía andar muy mal cómo para que él hubiese decidido ingresarla en una de esas máquinas.

—¡Mami! ¡Qué te han hecho! —gimió Baserk colocando su palma en el cristal de la cápsula. Sus ojitos bicolores se detuvieron en el rostro de su progenitora. Ella parecía dormir, como si nada a su alrededor perturbara su estado.

—Baserk, por favor cálmate —Trunks se acercó al niño para intentar apartarlo de la máquina, más él no se movió cuando el heredero a la corona intentó moverlo sujetándolo por el hombro.

—¡NO! —gritó sintiendo su aura encenderse. Ver a su querida madre, a su protectora, en ese estado, era algo que realmente estaba afectándole más de lo que podía controlar —¡Papá ha encerrado nuevamente a mami! —dijo sin lograr entender el verdadero motivo por el cuál su papá, estaba confinándola a estar dentro de esa cápsula.

—Baserk —el llamado firme de Vegeta Jr hizo girar la cabeza al menor, viendo que éste estaba aproximándose a ellos —Lo hace para protegerla —explicó señalando con su barbilla el vientre abultado de la humana, deteniéndose frente al crío.

—Su Ki —dijo Trunks abriendo sus ojos turquesa con sorpresa, virando por un segundo su vista hacia Vegeta Jr, para luego regresarla a su progenitora. Debido a su necesidad de mantener a raya los poderes inestables de su hermano menor, que apenas se estaba percatado de la enorme energía que fluía del abdomen de Bulma.

—¿Lo sientes cierto? —preguntó Vegeta percibiendo de pronto, que el Ki era tan grande, que emanaba dos bríos distintos. Tuvo que alejarse un poco de sus hermanos para que no notarán su cambio de semblante. Realmente nunca se había equivocado cuando afirmaba sentir dos poderes diferentes ¡Su madre estaba preñada de gemelos!

Ladeó su rostro un momento. Observando al príncipe heredero que tenía sus ojos fijos en su mamá, logrando comprender en ese momento ¡Por qué su padre la mantenía tan secretamente resguardada!

—Es un Ki muy fuerte —dijo Trunks moviendo su vista hacia Vegeta que estaba viéndolo fijamente, notando en su expresión, que algo pasaba por su mente.

—¿Sucede algo cierto? —preguntó llegando a su lado.

—Admiro a nuestro padre, sabes —manifestó Vegeta Jr esbozando una sonrisa ladina —Ahora entiendo por qué se ha empeñado tanto en ocultar a mamá de todo el mundo, incluyéndonos —expresó certeramente.

—¿Qué intentas decirme, Vegeta?

—El ki que podemos percibir no pertenece a un solo feto —declaró logrando que Trunks, desviarse su vista con curiosidad hacia su madre.

—¡Ella!...

—Así es, hermano —comenzó a decir el niño vigilando que Baserk no estuviese escuchándolos. Miró al pequeño a unos metros de ellos, concentrado en su madre —Cuando mamá de a luz a esos dos críos… —volvió sus orbes obscuros hacia Trunks, que lo contemplaba con estupor reflejado en su semblante —… se convertirá en reina. Es por eso que papá la tiene aislada de todos.

—Intentarían eliminarla —pudo decir Trunks procesando lo que su hermano estaba revelando.

—Por supuesto. Y sabemos que Nyu sería la primera en tratar de hacerlo —respondió decido a proteger a su progenitora de cualquier amenaza.

—¿Ella está bien? —Baserk llamó la atención de los príncipes, que se observaron uno al otro, sabiendo que su hermano menor, no podría saber tal información. Era demasiado pequeño para poder manejarlo.

—No te preocupes Baserk, mamá saldrá de aquí en cuanto nuestro hermano nazca —contestó Trunks calmando al crío que había comenzado a sollozar, por la añoranza del cariño que solo su madre podía ofrecerle.

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Desde que el rey había regresado y se enteró de que sus hijos ingresaron, sin permiso alguno, a su ala privada con el objetivo de ver a Bulma, que no les había permitido visitarla una vez más. Realmente entendía los motivos que llevaron a sus vástagos a desobedecer la orden que había dado de que absolutamente nadie, a excepción de Nion, la médica y el padre de su esposa, podían ingresar a su alcoba para verificar el progreso y mantenimiento de la ojiturquesa dentro de la cámara de inmersión. Sus cachorros solo deseaban estar en contacto con su madre. Comprendía que eran en parte terrícola y el lazo dependiente que éstos establecían para con sus seres queridos. Aunque eso no significaba precisamente un peligro para la segunda consorte, lo verdaderamente riesgoso era que los príncipes podían comentar el estado en el que ella se encontraba sin siquiera darse cuenta. Sobre todo Baserk, que debido a su corta edad no podía comprender del todo la amenaza a la que estaba expuesta la peliazul si sus detractores se enteraban de que pariría a dos críos. Por ello, había despedido y reemplazado a los soldados que custodiaban el pasillo cuando sus retoños se atrevieron a hacer uso de su posición para lograr su propósito. En lugar de éstos, fijó perenemente en esos puestos a Raditz y Brocco. Soldados de alto rango que no se dejarían amedrentar fácilmente por unos niños.

Los ojos bicolores de Baserk, se posaron en su padre y sus hermanos, que entrenaban juntos en la arena de combate. Por supuesto que deseaba unírseles. Anhelaba que algún día el mismo rey, su orgullo y modelo a seguir, fuese quien le enseñará a combatir, pero también conocía los límites a los que debía de someterse debido a su particular cualidad. La misma lady Nion, quien adiestraba su psiquis para que pudiese tener un control sobre sus habilidades como saiyajin legendario, no aprobaba sus entrenamientos como normalmente los llevaban a cabo Trunks y Vegeta Jr.

Resopló molesto desviando su vista. Todos decían que sus poderes eran extraordinarios. Que su capacidad era una destreza con lo que cualquier saiyajin deseaba haber nacido. Pero para él no significa un don, más bien, lo adoptaba como una limitación. Un detestable inconveniente del que no podía deshacerse. Algo que aborrecía con todas sus fuerzas y que aún así, estaba ahí y gobernaba en gran parte sus acciones. Volvió su mirada a los príncipes mayores ¿Por qué para ellos todo era tan fácil? ¿Por qué para él todo resultaba doblemente difícil? ¿Por qué había tenido que nacer con aquella maldición?

—Príncipe Baserk —la voz de Fasha lo hizo dar un salto en su posición, como si el estar observando a su padre y a sus hermanos, eran un acto abolido que internamente le recriminaba, el hecho de encontrarse en un sitio en el que no tenía que estar. El niño alzó su barbilla recomponiéndose en una pose impávida, queriendo ocultar el verdadero motivo por el que ahora se hallaba mirando con empeño hacia la arena de combate.

—No pretendo importunar a nadie —respondió sin siquiera volver a ver a la hembra. Tenía prohibido acercarse a cualquier área de combate, que pudiese trastocar su estado y liberar su desenfrenado poder.

—Lo entiendo príncipe —manifestó la mujer empleando un tono comprensivo —Pero es mejor que no esté aquí. Su majestad, ni tampoco lady Nion, lo aprobarían —como parte de la escolta de los príncipes, Fasha había recibido ordenes de no descuidar a Baserk, sobretodo cuando se trataba de situaciones que podían descompensar sus emociones, y a decir verdad, podía observar el desasosiego en la mirada triste del menor.

Baserk dirigió su vista hacia la saiyana a su lado. Notó su mirada condescendiente, que solo le produjo rabia. Ella no entendía verdaderamente por lo que estaba pasando. Tampoco su padre. La única persona con la que realmente podía ser él mismo, ahora se hallaba dentro de una cápsula, sin saber cuándo podría salir de su estado de hibernación. Extraña demasiado a su madre. Bulma podía hacerlo sentir seguro. Su calidez, cariño y comprensión, nadie podía siquiera igualarlo. Aunque, podía asegurar que había encontrado un apoyo similar en su tía.

Desde hacía varios meses, Nion se convirtió en alguien que había sabido suplir, en parte, la carencia de comprensión y afecto que su madre no podía darle en ese momento. Antes habría llegado a pensar que quizá, su padre era quien mantenía alejada de su entorno a su mamá, como alguna vez ya lo había hecho. Pues les había negado, en esos últimos meses, el derecho a visitarla. Pero verla días atrás, aún en contra de las órdenes de su progenitor, en ese estado tan exánime al que su hermano, que se hallaba en su vientre, la había llevado, que podía pensar solamente en que se recuperara para que volviese sana al lado de él, Trunks y Vegeta Jr. Era por eso que la condescendencia de lady Nion para con su estado, era algo ciertamente grato. Ella no solamente lo apoyaba con su trastorno, sino que también entendía sus demás inquietudes.

—Príncipe —Tangerine y Goten, se unieron a la tarima desde donde Baserk, observaba el centro de la arena de combate.

—¿Tienen permiso para estar aquí? —preguntó Fasha observando que los niños asintieron.

—Lady Nion dice que podemos acompañar al príncipe Baserk, si él así lo desea —comentó Tangerine sonriéndole al saiyajin real de ojos bicolor, provocando en éste, un leve sonrojo ante la declaración de la niña.

—Ellos pueden acompañarme —ordenó Baserk, desviando su vista de la pequeña híbrida saiyano-brenchega. La niña, quien pasó de ser una chiquilla cualquiera, a ser parte importante en cada sesión a la que lady Nion lo sometía, era quien más ligada a su vida estaba ahora. Por su parte, Goten, el segundo hijo del capitán Kakaroto, se había vuelto su compañero de juegos y mejor amigo —Puedes retirarte —finalizó, viendo cómo Fasha lo reverenció antes de alejarse.

El príncipe volvió su atención a Tangerine, quien apartó su vista sintiéndose avergonzada. Era pequeña aún, pero podía distinguir perfectamente el afecto que sentía por madre y su padre, hacia el que había descubierto que sentía por Baserk. No era usual ponerse nerviosa en su presencia y menos, desear estar a su lado todo el tiempo.

A lo lejos, la pequeña híbrida pudo ver a Fasha aproximándose a Mai, quien se encontraba del otro lado del estrado, encontrando la excusa perfecta para apartarse un momento del príncipe. No era el momento ideal, para dejarse arrastrar por un sentimiento que apenas estaba conociendo.

—¡Príncipe Baserk, Goten! ¡Miren ahí está Mai! —dijo fingiendo emoción —¿Puedo ir a saludarla? —preguntó viendo cómo Baserk asintió en respuesta. Sin esperar, corrió hacia la niña. Una vez Tangerine estaba lejos, Baserk recordó que ayer por la tarde, había descubierto algo inusual que aún no comentaba ni siquiera con sus hermanos.

Viró sus ojos hacia Goten, que observaba el entrenamiento de los príncipes junto al monarca. No estaba seguro si era correcto contarle lo que había visto, aunque quizá, él le ayudaría a comprender por qué su tía Nion mantenía esa información en secreto, o al menos, eso parecía.

—Goten —llamó consiguiendo que el menor desviar a su atención hacia él.

—¿Qué pasa?

—Hay algo que quiero mostrarte —comenzó a decir viendo cómo el rey, Trunks y Vegeta Jr, daban por finalizado el entrenamiento —¡Pero debes prometer que no vas a decírselo a nadie! —exclamó en voz baja acercándose al oído del niño.

—Sabes que no diré nada si ese es tu deseo —respondió Goten con seguridad.

—Vamos. Antes que papá o mis hermanos nos vean —dijo caminando hacia la salida, siendo seguido por el otro niño. Era mejor salir de ahí antes que el soberano requiera de su presencia. Lo menos que necesitaba en ese momento era un sermón de su parte, por estar en donde le había prohibido.

Vegeta, que había estado pendiente de su hijo en la gradería, lo vio salir junto al crío menor de Kakaroto. Baserk más de alguna vez le había hecho saber que deseaba ser entrenado por él mismo, pero por el momento, no podía exponerlo a una situación a la que después no pudiese controlar. Por muy corta que fuese la edad de un cachorro súper saiyajin legendario, éstos poseían una fuerza grandemente destructible, que podían liberar si eran sometidos bajo presión. Además, Nion era la encargada de inducir el control de tales poderes y por ahora, ella le había recomendado no entrenar de forma usual a su hijo.

—¡Eres increíble padre! ¡Algún día seré tan fuerte como tú! —Trunks, se sintió emocionado de poder tener la experiencia de aprender directamente de su papá. Él era su guía, y sabía que, como heredero, un día sería coronado como rey. Por ello quería estar a la altura y ser digno de suceder a su progenitor en el trono.

—Para eso debemos entrenar muchos años —comentó Vegeta Jr sintiéndose de la misma forma que su hermano.

—El entrenamiento ha finalizado —dijo el rey caminando fuera de la plataforma de combate para coger una botella de agua que le ofreció Nappa, quién había estado observando a los hijos de su gobernante.

Años atrás, cuando servía al fallecido Vegeta III, jamás hubiese imaginado que cruzar la sangre real de los saiyajin, con un linaje tan inferior como el de los terrícolas, daría resultados tan asombrosos. Él siempre había sido un purista, apegado a las creencias de su entonces gobernante. Había rechazado fervientemente la mixtura de razas y hoy podía darse cuenta, de lo equivocado que estuvo él y el padre del presente monarca. Por eso decidió volver a ser un fiel servidor de la dinastía, como lo fue en el pasado.

—¡Vaya! Ese ha sido una demostración formidable —dijo jubiloso por darse cuenta, que efectivamente, aquellos críos híbridos poseían un enorme potencial dignos de ser los descendientes del monarca.

—No necesitamos de tus halagos —respondió Vegeta Jr mirando de soslayo al general del ejército saiyajin.

—Lo siento príncipe, es solo que me sorprende la velocidad con el que se desarrollan sus poderes —manifestó observando al chiquillo que ladeó su rostro con altanería. A la mente de Nappa, solamente pudo venir aquel recuerdo del mismo Vegeta IV, quien, de niño, era exactamente a aquel crío híbrido que ahora estaba frente a sus ojos. Tan engreído y seguro de sí mismo.

—Vayan con Baserk, acaba de salir del estrado —ordenó el rey Vegeta —No debe estar solo —agregó sabiendo, que la compañía de sus hijos mayores le harían bien al pequeño.

—¡Príncipe Baserk! —la voz susurrada de Goten llegó a los oídos del saiyajin, que detuvo sus pasos al llegar a una intersección —No me ha dicho a dónde nos dirigimos —se quejó con la respiración entrecortada, alcanzándolo.

—Solo sígueme Goten, adonde vamos tenemos que ser muy precavidos —respondió el príncipe comenzando a moverse nuevamente. Por suerte, a esa hora de la tarde ya muchos de los soldados que vigilaban los pasillos estaban haciendo el cambio de turno, por ello solo tenían unos minutos antes que los relevos llegaran.

Minutos después, llegaron al ala privada sin inconveniente alguno. Baserk detuvo sus pasos. Ya antes había echo lo mismo, por eso estaba seguro de que podía entrar sin que nadie se diera cuenta.

—¿Lady Nion? —la voz del crío saiyajin, se escucho desde la puerta cuando éste asomó su cabeza desde la entrada, asegurándose que la mujer no estuviese en el recinto.

Ningún sonido se escuchaba dentro de la habitación. Unos segundos pasaron mientras el príncipe menor y Goten, que se mantenía expectante ante la situación, esperaban por una respuesta que nunca llegó.

—Entremos —dijo Baserk con seguridad. Trunks y Vegeta Jr habían visto a los niños escabullirse por entre los pasillos, eludiendo con éxito la vigilancia de los guardias.

—¿Qué demonios trama Baserk? —preguntó Vegeta Jr, mirando con preocupación a Trunks, que negó sin saber exactamente en qué estaba metido su hermano menor. Ambos, se mantuvieron escondidos detrás de un pilar, mientras esperaban el siguiente paso de Baserk.

—Lady Nion —volvió a decir el príncipe menor recorriendo con sus ojos bicolor la estancia vacía, dando por hecho que ella no estaba en sus aposentos privados. Al no obtener respuesta alguna, comenzó a avanzar por la recámara sigilosamente.

—¿Qué es lo que estamos buscando exactamente? —preguntó Goten observando el lugar. Baserk no se detuvo a responder, simplemente se apresuró al estante del lado izquierdo, donde tocó un par de libros para que éste se deslizara a un costado.

—¿¡Pero qué rayos!? —exclamó Vegeta Jr desde el umbral, hasta donde habían avanzado, al ver que los chiquillos habían accedido a la recámara de Nion. Desde ahí pudieron observar, sin ser descubiertos, lo que su hermano menor hacía.

—¡Baja la voz o nos verán! —regañó el heredero que se hallaba escondido de la vista de su hermano y de Goten. Jalando hacia la pared, a Vegeta Jr.

Baserk miró hacia atrás un segundo al escuchar un ruido. Aunque no notó nada fuera de su lugar, así que traspasó la entrada y rápidamente, bajó los escalones. Los príncipes mayores, vieron cómo Baserk y el hijo de Kakaroto ingresaron al recinto tras la estantería apresurándose a seguirlos de cerca.

—¿Pero ¿qué es esto? —Goten, se sorprendió al descubrir de qué se trataba el sitio al que Baserk lo había llevado. Recorrió el lugar con su mirada, observando los detalles que se ubicaban en cada rincón. Desde algunos pliegos extendidos en la mesa de trabajo donde estaban garabateados algunos bocetos, hasta algunas piezas de maquinaria a medio construir.

—Esto es lo quería enseñarte —habló el saiyajin real de ojos bicolor que ya había caminado hacia el fondo. Goten, se acercó rápidamente, descubriendo lo que él le mostraba. Ahí se encontraba un par de cápsulas y dentro de éstas, dos niñas saiyajin con rasgos particulares.

—Qué… ¿Qué es ésto? —interrogó volviendo su mirada hacia su amigo —¿Quiénes son?

—Ella… —dijo Baserk señalando a la de cabello añil como el de su tía Nion —… es Nira, hija del tío Tarble —manifestó cambiando su atención hacia la otra cría —Esta niña, no sé realmente quién es —expresó observando el cabello rosáceo de la pequeña que flotaba con su cola ondeante en el líquido nutricional.

—Yo sí sé quién es —la conversación de los menores se vio interrumpida por la voz de Vegeta Jr, quien entró junto a Trunks observando a las chiquillas dentro de las incubadoras de inmersión.

—¿¡Qué hacen aquí!? —expresó Baserk al darse cuenta de que sus hermanos, lo habían seguido hasta ese lugar.

—¿Cómo que tú lo sabes? —cuestionó el príncipe heredero mirando a Vegeta Jr, que arrugó el entrecejo asqueado con la imagen de aquella mocosa dentro de la cápsula.

—Es la hija de nuestro padre, y de la esclava Maron —respondió indudable volviendo su vista hacia la cría.

—¡Qué! ¿¡Cómo rayos esa mocosa puede estar viva!? —preguntó el heredero fijando sus ojos en la bastarda de su padre y la inmunda esclava que tanto daño le había provocado a su madre.

—Si está al cuidado de lady Nion, debemos suponer que nuestro padre lo sabe —concluyó Vegeta Jr virando sus ojos hacia el heredero.

—¿Entonces esa niña es su hermana? —preguntó el hijo de Kakaroto detallando a la pequeña, con asombro en sus ojos negros.

—¡Cállate Goten! —la mano de Trunks, se elevó frente a él, apuntando directamente hacia la cápsula de la cría de cabello rosáceo.

—Pero ¡¿qué haces!? —gritó Baserk al notar las intenciones de su hermano mayor.

—¿Ya lo olvidaste Baserk? —interrogó con furia en su mirada —¡Esa bastarda solo traerá sufrimiento a nuestra madre! —Vegeta Jr se limitó a ver solamente lo que Trunks haría, pues, a decir verdad, le daba exactamente lo mismo si la chiquilla moría en ese instante.

—Por favor, hermano, papá es el que debe…

—¡Yo también puedo decidir Baserk! —gritó lleno de ira y odio contra la cría ajena a los problemas que su presencia ocasionaría en el palacio —Esa mocosa no vivirá un segundo más bajo nuestro mismo techo —añadió, comenzado a forma en la palma de su mano una esfera de energía lo suficientemente poderosa, para hacer polvo la incubadora, junto con la niña dentro —¡De eso me encargo yo!


RinPink Susaiyajin: Hola mis queridos lectoras/es.

He de comenzar por decirles que la historia no voy a dejarla inconclusa, pero no había podido subirles el capítulo debido a que he tenido dos muertes dolorosas en mi familia recientemente. Mi tía murió por covid-19 y mi padre de cáncer. No es nada fácil ponerle mente al fanfic después de algo así. Les subo éste capítulo que ya estaba listo desde diciembre. Espero pronto poder actualizar nuevamente y que comprendan mi situación. Las quiero mucho y nunca me he olvidado de ustedes.

¡Besos la distancia!