N/A: ¡Hola a todos! Esta vez la espera por una nueva actualización fue más corta ;)
Como siempre, y cómo jamás me voy a cansar de decir, agradezco una enormidad todo tipo de apoyo a esta historia. Se que a veces me demoro en publicar un nuevo capítulo, pero sus comentarios y mi amor por la pareja son un aliciente para seguir escribiendo. Espero poder darle un desarrollo y final como ustedes están esperando.
¡Espero que les siga gustado el fic!
Aclaración: Detective Conan no me pertenece.
Capitulo 9
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Se podían oír los gráciles silbidos de los pájaros que, como todas la mañanas a primera hora del alba, como anunciando el comienzo apresurado del día, se asentaban sobre las robustas ramas de los árboles que se posaban justo frente a las ventanas del hospital, como si hubiesen sido plantadas a propósito para adornar alegre el paisaje que desde el interior de éste se podía visualizar. Como si quisiera alegrar con vibrante verde las posibles congojas que los pacientes casi inmóviles en sus camas, como prisión blanca, pudiesen sentir en sus almas. A Ran siempre le gustó sentir el canto de las aves cuando debía pasar su turno nocturno en el hospital y visualizar los frondosos árboles, llenos de alegre vida, pero ahora estos pasaban desapercibidos para ésta.
Ran sintió como una fría gota de sudor surcaba su frente ante la tensión que sentía ante la escena que estaba inmersa. La verdad es que nunca pensó que alguna vez se tendría que enfrentar el tema de Shinichi con Narumi. Lo cual era una rareza, algo totalmente curioso, porque, si lo pensaba con mente totalmente fría, lo cual en ocasiones le cuesta trabajo, no había siquiera una razón de peso por la cual no quería que ella supiera que lo conocía. No tenía nada de malo. Había sido un amigo, y de pronto, dejaron de serlo. Era tan sencillo como eso, como lo que sucede con millones de personas en el mundo. Que cuando las personas crecen y el tiempo pasa, muchas veces las amistades, las relaciones no funcionan, o se ven marchitas por la distancia y el olvido. Esas cosas suceden, pero por una inexplicable razón, algo que ni ella quiere descifrar, nunca quiso develar su antigua relación con él con nadie de su nueva vida. De su vida después de él. Quizás no ha querido admitir que, a pesar de que a sí misma admitía que ya no sentía ningún tipo de sentimiento más que el recuerdo de una amistad fraterno, aun tenía un pequeño fuego oculto en su interior, oculto para sí misma, como una marca permanente, de esas para toda la vida, que aun le duele lo suficiente como para no querer recordarlo. Tal vez aun le hacía daño sin darse cuenta.
—Por supuesto que n...—alcanzó Ran a abrir la boca, cuando repentinamente, sin tocar a la puerta, una de las enfermeras del hospital, a quien por cierto ella conocía de sobra, ingresó a la habitación para cambiarle las sábanas a la cama de Narumi. Pero en lugar de regañar a Ran por estar fuera de su cama y molestando a otro paciente, al escuchar el nombre de la persona de quien estaban hablando, no pudo evitar ser una continuación del chisme.
—¿Están hablando de Shinichi Kudo, el famoso detective de la televisión?—dijo la mujer con una risita emocionada. Ella era de esas jóvenes enfermeras, llenas de risas, chismes y pensamientos de romances. Dejó las blancas sábanas sobre un sofá que se ubicaba al borde de un ventanal, desde el cual se alcanzaba ver el bello paisaje del amanecer y los frondosos árboles verdes que lo adornaban. —¿No fue él quien rescató a la muchacha Narumi de ese edificio? ¡Es divino! Y aunque debo admitir que en vivo se ve un poco demacrado y más serio como se muestra en televisión, su modo de hablar es tan atrayente...
Ran alzó una ceja.
—¿Lo conoces, Kira-chan?—preguntó ésta con una molesta curiosidad.
—¡Por supuesto! ¿Tú no?—respondió la enfermera. —Viene muy seguido por aquí durante la semana... como está resolviendo de esos casos difíciles, viene interrogar a sospechosos, visitar víctimas o incluso dar declaración... ¿No lo habías visto?
Ran quedó de una pieza, mientras jugueteaba nerviosamente con sus dedos las sábanas de la cama de Narumi. Eso quería decir que, mientras Shinichi había estado enviándole mensajes diarios a tu móvil, e incluso cuando la había dejado de molestar, él había estado ahí, en el mismo lugar físico en donde él sabía que la podría encontrar... ¿Y no se lo había comentado? ¿No la saludó? Era como si no pudiese comprender a este hombre misterioso y lleno de actos inconsecuentes y sin razón. Sencillamente no lo entendía.
—¿En serio? ¿Cómo no lo ibas a saber? Pero si siempre trae pasteles de regalo, e indica expresamente que son para las enfermeras del área de pediatría por su buen trabajo—indicó la mujer con un ligero movimiento de cabeza hacia Ran, haciendo referencia a que se trataba de su sector. —¡Es un divino! ¿No es así?
No podía ser. Definitivamente no se le hubiese ocurrido hacer la conexión. No se podía imaginar a Shinichi, a ese viejo detective maníaco, teniendo este tipo de detalles con unas enfermeras. Esos deliciosos dulces que a Ran la hacían tan feliz en esos extenuantes jornadas laborales eran ...un detalle de Shinich. Sin poder evitarlo, no pudo dejar de pensar que quizás... solo quizás, él traía esos pasteles para ella. Después de todo, él sabía a ciencia cierta lo mucho que a ella siempre le ha gustado, y que sería un presente que podía estar casi seguro que ella disfrutaría. Pero si era así, ¿Por qué no decirle? ¿Por que no escribirle un mensaje para contarle que le había dejado un regalo? ¿No se supone que quería, manera, ganársela? O sea, eso dio a entender por televisión. Tantas interrogantes le hicieron considerar que tal vez, sencillamente, ella solo se estaba pasando en tres pueblos con el divagamiento de sus pensamientos, y que tal vez solo buscaba dárselas de galán de segunda con las enfermeras del lugar.
Pero todavía había salvado a Narumi, a su ser más querido. Y eso equivale a cientos de miles de regalos. Sentía que debía pagárselo de algún modo.
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El sol encumbrándose sobre el cielo celeste le hacía comprender que ya era definitivamente de día, pero se sentía tan agotada como si hubiese trabajado jornadas triple en el hospital. No era de extrañar, considerando lo eventos sucedidos en la madrugada. Por eso, guiada por la misma Kira, se dirigió de vuelta a su habitación, en donde la aguardaba un vaso de cartón con café de máquina sobre el pequeño velador blanco. Bebió un poco, pensando que eso la despertaría, pero el sueño y cansancio era más fuerte incluso que cualquier brebaje mágico. Con solo hundirse entre las sábanas, se vio sucumbida por el sueño, como si estuviese abarrotada por la presión de unos párpados demasiados pesados como para resistírseles, incluso cuando tenía tantas cosas en las que pensar. En las que soñar despierta.
Un remolino de colores e imágenes aparecieron alrededor de ella, lo que no podía significar que había caído en los brazos de Morfeo. Voló a través de los colores y los atravesó, como si fuese agua que no moja. Cuando lo traspasó, una serie de escenas sin sentido se aparecían frente a ella: Narumi con alas de ángel recorriendo el cielo nocturno de Beika, un Shinichi gigante, de como mil metros de alto, caminaba a través del fuego y lo apagaba con sus pies, y ella misma, acercándose a él y regalándole...¿Un beso?. Como por arte de magia, el Shinichi en su tamaño normal estaba en su biblioteca, hojeando un libro lleno de mugre. En un micro segundo, él desvió su mirada del inmundo libro hacia ella. Mágicamente el libro estaba tan nuevo como si lo hubiese retirado recién de la librería.
Y abrió los ojos, lo que le hizo entender que estaba de vuelta en su cuarto del hospital. Casi olvidaba que había pasado la noche hospitalizada y no en la cómoda cama de su casa. Parpadeó un par de veces, mientras meditaba lo que le inquietaba, e incluso le irritaba, el protagonismo de ese detective en sus sueños. Pero no alcanzó siquiera a olvidar las surreales imágenes de sus sueños, cuando se topó de frente con el Shinichi de verdad. El Shinichi de carne y hueso, aunque con parte de su cara y ropa cubierta con hollín, quien estaba plantado al borde de la puerta, como si hubiese querido mirar de reojo hacia el interior de la habituación. Al verse descubierto por la paciente, intentó hacerse el desentendido y mirar hacia otro lado, con un leve sonrojo casi imperceptible, como si se obligase a sí mismo a fijar su mirada hacia un punto al azar que le hiciera creer que no estaba vigilando, lo que no pasó inadvertido por Ran.
—¿Shinichi?—lo llamó ella desde el interior, lo que hizo imposible para éste escabullirse. —¿Shinichi, eres tú? ¿Podrías entrar, por favor?—le solicitó ella con un hilo de voz.
El aludido, con la camisa media rota, y cuya cara solo se distinguía a medias a través de la suciedad negra impregnada en su piel, al no tener la capacidad de negarse a nada de lo que ella le pidiera, y menos en ese estado, se devolvió con la cara hacia abajo, en dirección al suelo, e ingresó lentamente a la habitación, en donde lo esperaba una Ran ansiosa, pero enormemente agradecida por lo que había hecho por Narumi. Daba lo mismo lo que había pasado entre ellos, y lo decidida que ella estaba en ignorarlo, el haber rescatado a la persona más importante para ella significaba olvidarlo todo y dar vuelta la página. Mantener a salvo a Narumi era como si hubiese hecho mil cosas lindas por ella.
—¿Por qué no te acercas un poco más?—le solicitó Ran desde su cama. Había sido imposible para ella darse cuenta que Shinichi solo se quedaba a medio camino entre la puerta y ella misma. Éste caminó a tientas el resto del camino hasta donde Ran se ubicaba. Éste se rascaba la nuca, nerviosamente. Parecía un estúpido adolescente avergonzado.
—Q-que bueno que estés bien...yo...estaba preocupado por ti...por eso estaba aquí...pero veo que...
Shinichi abrió la boca solo, divagando y escupiendo todas los pensamientos que se le venían a la cabeza, lo cual solo fue detenido por la cálida mano de Ran sujetando la suya.
—Gracias—dijo Ran con una amplia y sincera sonrisa. —Quería agradecerte en nombre de Narumi lo que hiciste por ella, por la rapidez en la cual la ayudaste, ella está muy agradecida.
Él abrió la boca y luego la cerró, y tras varios segundos en los que se mantuvo ahí, nerviosamente, con su mano entrelazada con la de ella, como si no hubiese estado esperando algo así de ella y no le hubiese dado el suficiente tiempo como darle el espacio para pensar en algo inteligente que decir, o la manera más serena y genial para actuar y salir del paso.
Cuando ya hubo sentido que ya tenía un mayor control de sí mismo, se zafó con delicadeza de los suaves dedos de Ran y dio zancadas al rededor del cuarto, como si no quisiera enfrentarse con la cara de ella.
—No hay nada que tu hija deba agradecerme—dijo finalmente Shinichi, deteniéndose cerca de la pequeña ventana de la habitación. —Había una gran explosión y tú sabes que no podía quedarme con los brazos cruzados... aunque...—se detuvo de pronto, volteando su cara hacia la de ella, a quien le había estado dando la espalda. —aunque debo admitir que cuando supe que tu hija estaba ahí, no pude evitar ir... por ella primero... no podía soportar pensar en tu cara... de angustia...
Ella lo observó por unos instantes.
—Entonces, te lo agradezco yo—le dijo. —Esto ha sido lo más lindo que alguien haya hecho por mi.
Podía notar como la boca de éste temblaba, como si luchara por no esbozar una media sonrisa que delatara su estado anímico interior. Era extraño, pero ellos nunca, en todos estos años, hablaron mutuamente con agradecimiento abierto y ternura. Siempre con palabras encubiertas de burlas o evadiendo temas comprometedores. Luego de reafirmar que no había nada que agradecer, torpemente, sin saber que decir ante el retorno de sus relaciones, le indicó que debía irse al departamento de policía a entregar declaraciones. No sabía si eso era lo que realmente quería, pero no estaba en control de sí como para hacer algo con mayor delicadeza o inteligencia.
—Una última pregunta, Shinichi—lo interrumpió Ran, necesitando aclarar un tema antes de que éste se esfumara quizás por cuanto tiempo. —Los pasteles, los dulces que han llegado por aquí en las últimas semanas... ¿los trajiste tú?
Él la quedó mirando un instante o dos, y como si fuese un jovencito avergonzado que ha sido descubierto intruseando entre las cosas de la chica que le gusta. Clavó su vista al suelo brillante de la habitación y se rascó los cabellos de la cabeza con tanta brusquedad que Ran temió que se los fuera arracar de un tirón.
—Tal vez... si...¿De donde sacaste eso?—preguntó éste.
—Kira-chan... una compañera de trabajo me dijo...
El detective elevó una ceja hasta el cielo, y aun sin mirarla a los ojos se quejó en murmullos casi imperceptibles que había gente muy chismosa en este hospital.
—Shinichi, no entiendo, ¿Por qué has estado tan empeñado en ocultarme las cosas, en asegurarte de que yo no sepa nada de lo que haces?—le lazó Ran un bala directo al corazón. —Narumi me dijo que le pediste que yo no podía saber que tú la habías sacado de este hotel, tampoco me decías cuando estabas aquí ni que traías comida... ¿Qué pasa? ¿Qué estás ocultando?
Luego de mucho tiempo, por fin había conseguido que él la mirara a los ojos. No se veía avergonzado como un adolescente, ni confundido como un viejo que no sabe qué hacer con su vida. La miró con la profundidad de unos ojos a quien no le cabía en la lengua las ganas de demostrarle lo que estaba pasando en su interior.
—Yo lo que menos quiero en la vida es ocultarte cosas—le dijo con seriedad. —Yo, pienso en ti, y dentro de lo posible quería que puedas estar bien, especialmente por todos los problemas que te he causado, sin demonios que te persigan, sin monstruos atestados de problemas como yo... creía que si te enterabas que había hecho esas cosas luego de.. tú sabes... lo que pasó, lo que te dije... pudieses pensar que lo estaba haciendo para que tú tuvieras alguna obligación, que creyeras que yo lo hacía con alguna intención.
En algunas ocasiones él había sido un idiota demasiado preocupado de verse genial, en otras, como la escena de hace semanas atrás, por primera vez en su vida lo había visto descontrolado, pasado de copas, diciendo cosas de amor que él nunca le había dicho. Pero ahora era completamente diferente. Veía por fin a ese hombre grande y serio, que sabe lo que pasa con él y su vida, que habla con franqueza frente a ella. Y eso la desconcierta. La desconcierta porque hasta este momento, no sabía que esperar de él. Sentía que todos los años transcurridos lo habían cambiado lo suficiente cómo para conocerlo de verdad. Creía que no lo conocía. Que, tal vez, sus intenciones no tenían que ser necesariamente tan buenas como antes. En el pasado él era un niño, ahora era un adulto, ya pasado en años, del cual no tenía detalles de cómo había sido su vida durante todos estos años, y que probablemente pudiese ya no tener el alma tan limpia como antes. Ella llegó a pensar que tal vez se le había estado insinuando por las típicas necesidades masculinas, y ella no había querido ser esa tonta ilusa que caía.
Pero sin ella saberlo, en las tinieblas de la oscuridad, él había estado pensando en ella, constantemente, y había hecho acciones y detalles sin que lo supiera. Ran lo miró con un sonrojo, lo cuales no tenía nada que ver con los moretones que ésta tenía luego de su pequeña excursión como improvisada profesional del rescate, sin saber que, incluso hace más de veinte años, cuando un niño llamado Conan que en realidad era Shinichi, éste hacía todo lo que estuviera a su alcance para que estuviera feliz, mientras ella creía que Shinichi era un insensible a quien solo le importaba ese supuesto caso difícil que lo había tenido por un extenso tiempo.
Ahora Ran se sentía horrible. Tenía culpabilidad por haberse escapado de él cuando éste le expresó lo que sentía. De estar escondiéndose cuando él solo le mandaba unos inocentes mensajes que no tenían mayor intención de compensar su actitud y volver a entablar una relación amistosa con ella, tal como ella misma lo había hecho semanas atrás yendo a su casa de sorpresa. Bueno, tampoco nadie la podía culpar. Él fue que, luego de actitudes cambiantes y extrañas, con sorpresivas confesiones incluidas y sin explicaciones, había llegado a poner su vida patas para arriba.
—Te invito a cenar a mi casa este viernes —dijo de improvisto Ran, lo que claramente lo tomó por sorpresa a ambos. Ella había querido escaparse de él porque precisamente quería evitar que este tipo de momentos a solas y embarazosas existieran. Pero era lo mínimo que le debía. Sentía la necesidad de hacer algo por él, y por ella misma. —Es en agradecimiento por lo que hiciste por Narumi.
—N-no es necesario, de verdad—respondió éste frunciendo el ceño. Parecía como si tuviera la lengua enredada. —Ya te dije que yo...
—Si, ya se lo que me dijiste—respondió la paciente en reposo con gran firmeza, pero la cual sabía entremezclarla con una dulzura que ni ella se daba cuenta que tenía. —¿Pero tú realmente crees que te ibas a librar de mí tan fácilmente luego de que salvaras a Narumi? Lo siento, pero es una orden.
Él esbozó una media sonrisa mientras agachaba la cabeza y se rascaba la barbilla. Ran tenía que admitir para sí que le pareció un gesto muy masculino y cautivador.
—Tendré que ver en mi agenda, Mouri-san—respondió él aun riendo. —Usted sabe que soy un detective muy cotizado... bueno, ya no eres Mouri pero...
—Estaré esperando su confirmación—respondió ella, casi inmediatamente en cuanto el detective estaba terminando su frase. Obvió la parte engorrosa de aclarar acerca de su apellido y estado civil.
Sin rodeos, ambos sabían que la invitación había sido aceptada y sellada.
...Aún cuando sabían que una casa enorme y sola siempre es un lugar peligroso.
