N/A: Chicos, ha pasado algún tiempo desde que actualicé por última vez. Lo siento mucho por eso! A veces la vida y el bloqueo mental hace que no pudiera publicar el siguiente capítulo tan seguido como quisiera, pero ya estoy de vuelta. Espero que aun estén por aquí, y me sigan dando su apoyo y comentarios como siempre :)
Aclaración. Detective Conan ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 13
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Un suspiro oculto y entrecortado.
Ambos estaban totalmente nerviosos al momento en el que sus miradas se rencontraron en la cocina, luego de lo sucedido en la noche anterior. Ran no sabía si quería verle y Shinichi no sabía si ella querría verlo otra vez o si todo en su vida mejoraría de ahora en adelante. Era el momento que estaban evitando y esperando expectantes, al mismo tiempo. Si, eran adultos y ya había pasado toda una vida entre ellos, pero aun así se existía esa vergüenza respecto a ahondar en su intimidad. Era como si aun se tratara de aun dos amigos tratando de tener algo, y no dos personas adultas que había recorrido a profundidades sus cuerpos en un mar de sábanas blancas. Y que lo habían disfrutado.
Era evidente que ambos estaban tanteando el terreno en el cual caminaban, con cierta vergüenza de mirarse detenidamente. Más aun Shinichi, quien estaba en una casa que no era de él, preparando torpemente un desayuno que no salió bien, para agasajar a una mujer, algo que jamás solía hacer con nadie más. Claramente se sentía un poco patético y ridículo presentando este espectáculo casi macabro a la mujer con la que había pasado la noche, con la cual siempre había querido estar, como si se hubiese quedado pegado en el tiempo.
Por su parte, ella claramente estaba asustada, desde que se dio cuenta de lo que había hecho. Incluso, tontamente, temía que es cualquier que pudiese, tal vez, llegar su hija a visitarla, y verla ahí, en la mañana, con un hombre...¿Qué haría? ¿Qué le diría?
Pero ella no podía evitarlo. Toda esta escena era extremadamente dulce y divertida para un hombre como él, quien en ocasiones puede ser un poco rudo, lo que le hizo que su miedo y resquemor hacia él menguara, bajara sus defensas, y aceptara el torpe desayuno que el hombre que tenía enfrente le ofrecía con un sonrojo molesto en sus mejillas. Incluso si esto pudiese significar seguir adelante con algo que no sabía si quería y romper su pacífica y resuelta vida de mujer grande.
Se sentaron ambos en la pequeña mesita de la cocina, y Ran le dio un mordisco al pan quemado. Constató, como suponía desde que sintió el aroma a quemado desde su propio cuarto, que sabía espantoso.
—Shinichi,—dijo Ran ya sentada en pequeña silla de madera de la cocina, desviando su mirada desde el pan hacia el creador del desayuno. —¿Sabes que esto está muy malo, verdad?—le indicó entrecerrando los ojos y dibujando una media sonrisa burlona. Ella puede ser la mujer más dulce y considerada del mundo, y ser amable con todas las personas, pero extrañamente, con Shinichi, a pesar de que, a esta altura de la vida, pueda significar estar con una persona que se dejó de ver por más de veinte años, tenía una confianza como para bromear y burlarse, como la tendría con alguien a quien conoce de memoria. Como lo hacía antes con naturalidad.
Eran de esas sensaciones extrañas, pero muchas veces comunes, en la que, luego de muchos años separados, luego de reencontrarse, sentir que nunca hubiese dejado de verse. Y lo sucedido había provocado que esa sensación se incrementara y fortaleciera, a pesar de desear lo contrario.
—¿Hey, qué querías?—respondió el detective, frunciendo el ceño con un leve sonrojo en sus mejillas, avergonzado de incluso entender que había intentado cocinar a la mujer con la mejor mano de la galaxia. —No conocía donde quedaban las cosas en esta cocina...
Su honor le impedía reconocer que no sabía cocinar más que tostadas quemadas y verter agua caliente sobre fideos instantáneos. Odiaba admitirlo, pero el vivir solo por tanto tiempo no le hizo adquirir mayores conocimientos de cocina como método de supervivencia, sino todo lo contrario, relajarse con su alimentación y facilitar su vida comprando comida a domicilio. No había razón para cocinar, hasta ahora.
—Aun así,—agregó Ran con un brillo en sus ojos. —El omelette no está del todo malo, y este café...—dijo mientras le daba un sorbo a su taza. —dulce y con leche, como me gusta—agregó la mujer con una cálida sonrisa.
No hablaron acerca de lo que había ocurrido en la noche anterior. Después de todo, no era necesario ahondar en detalles que ambos ya sabían a cabalidad. Aun así, debía admitir que Ran no había podido evitar pensar en que Shinichi había sido bastante...intenso. Se preguntaba si ello significaba que tenía bastante práctica o por el contrario, que no solía hacerlo a menudo. Aunque claro, no es algo que a ella le importe...
Había un aroma a café y a tostadas muy agradable que inundaba toda la cocina, y el sonido de la televisión que habían encendido para enterarse de las noticias nocturnas daba un aura familiar y cómodo. Así, el desayuno se desarrolló con felicidad y armonía, y comieron el intento de desayuno mientras veían el noticiero matutino, con un aura de felicidad doméstica bastante luminosa. Claramente, éste había sido un gran despertar.
Aun así, su cabeza daba vueltas. Todavía tenía el recuerdo de todas las mentiras de Shinichi, la manera fácil en la que había caído en sus brazos, y esa extraña sensación de ver sus cosas en la mañana. Su conciencia deseaba que él se fuera para así estar tranquila a sus anchas. Pensar acerca de lo ocurrido y que haría de aquí en adelante. De seguir adelante o hacer como si nada hubiese pasado. En lugar de eso, como si ella se revelara a sí misma desde el interior de su verdadero ser, como si el ambiente influyera demasiado en ella, se levantó en un pequeño espacio de silencio, se acercó a Shinichi, quien leía las noticias de la noche a través de su teléfono, y le dio un fuerte beso en la boca.
Ran, sin ser completamente dueña de sí misma, pretendía dejar salir sus deseos fervientes de darle entender que le agradecía sus dulces intentos de cocinarle el desayuno. Pero aquel acto, sin pretender que tuviese un significado más allá que ese, solo sirvió para envalentonar a Shinichi en un acto en el cual éste no había tenido el suficiente coraje para realizar debido al deseo de respetarla en su espacio. Éste, con la cara roja, se sacudió con la mano sus cabellos que le atravesaban la frente, como si quisiera tener una mejor vista, y le devolvió el beso con más vehemencia, como si no hubiese tenido suficiente con lo de la noche recién pasada.
Bajó su mano fuerte desde su hombro, en donde se había ubicado en un inicio, hasta la cintura de la mujer, quien a pesar de tener cientos de pensamientos contradictorios, no se se resistió en lo absoluto. He hecho, dejó su taza de café a medio beber sobre la mesa para conseguir mayor comodidad. En realidad, ello deseaba esto y mucho más de él.
Era evidente que ambos se habían estado conteniendo. Probablemente, si no hubiesen estado tan avergonzados y temerosos, hubiesen sido mucho más cariñosos mientras tomaban su café.
Pero de pronto el tono del teléfono móvil de Ran, que indicaba sin lugar a dudas que estaba recibiendo una llamada, el cual se encontraba posado despreocupadamente sobre la mesa de la cocina, la sobresaltó. Como si el timbre de éste fuese un sonido de alerta, un recordatorio de la realidad, la mujer volvió en sí, soltó al detective con una risita nerviosa, y caminó en zancadas hacia su teléfono: era Narumi. No dudó en contestar ni por un solo segundo, y fimgiendo que nada pasaba, como solía hacer Ran a menudo, hablaron largamente mientras Shinichi volvía a su silla y terminaba su desayuno en silencio. Ella podía sentir que esta llamada provocaba que la emoción del momento sosegara en ella.
Rápidamente su hija le comunicó con entusiasmo que irían hoy a casa junto con su marido a comer. La muchacha estaba feliz de ir a hacerle compañía a su madre.
De este modo, Ran colgó la llamada, ya con los ánimos en su lugar, y mientras sus dedos de las manos jugueteaban nerviosamente, se acercó tentativamente al detective, quien actuaba desinteresado en todo menos que en las noticias que veía en los portales de internet desde su teléfono móvil.
—Este, Shinichi, Narumi vendrá en poco rato...—dijo Ran con una sonrisa nerviosa. —Por lo que, quizás...
—Si, de todas formas tengo varias cosas que hacer—respondió éste mientras tragaba lo que le quedaba de su café con un tono despreocupado e indiferente, fingiendo que no le decepcionaba tener que irse cuando pensaba que podría haber tenido una segunda tanda, ni comprender que cualquier otra cosa para ella tenía mayor prioridad. Por su parte, para la mujer, fue un alivio que Shinichi hubiese entendido a la primera y no haya tenido ella que echarlo. Bueno, él es casi como un especio de genio, lo menos que podía esperar es que éste captara la situación. Suspiró, pensando en lo terrible que hubiese sido para ella tener que decir algo así.
Él, sin reclamar, insistir, o palabras lastimeras, recogió su cosas que quedaba repartidas por la casa, mientras Ran trataba de ordenar a ritmo acelerado parte del desastre dejado en la cocina y en su propio cuarto. Antes que estuviera todo listo, el detective anunció que se marcharía con un tono tembloroso, señal para la mujer de detener su labor de manera inmediata, y acompañarlo hasta la puerta, como si él no supiera perfectamente donde estaba la salida. Suponía que no podía dejarlo irse sin despedirse, aunque no estaba segura de cómo debían hacerlo.
Si se despendían como siempre, con una simple y amistosa inclinación de cabeza, significaba que nada cambiaría, que todo lo sucedido debía ser olvidado, tal como habían intentando olvidarse por veinte años. Pero si acercaban su cara para intercambiar un beso casual de despedida...no sabría que pasaría luego. Tenía miedo a enfrentarse a un nuevo escenario. Estaba cómoda como estaba.
Se movieron indecisos, hasta que la cara de Shinichi se acercó hacia la de ella, y en un micro segundo ella movió levemente su rostro hacia la izquierda, resultando que el destino de la boca del detective fue la mejilla de Ran, muy cercana a su boca, como si casi la hubiese besado de nuevo.
—É-estamos hablando, ¿cierto?—preguntó el detective, indeciso, tímido y sonrojado, mientras se acomodaba su chaqueta sobre su cuerpo. Estaba soplando viento frío esa mañana.
—Si, hablamos—respondió ella rápidamente, esperando que éste no notara que sentía que su cara estaba a punto de explotar.
Ambos secretamente deseaban darse un nuevo beso de despedida, uno como correspondía, pero en su lugar, sin decir más palabras, Shinichi caminó por la acera hacia su automóvil, y Ran cerró la puerta tras él y se apoyó en ésta dejando caer un suspiro.
Aun con su cabeza llena de ese detective, se dispuso a terminar la limpieza con la esperanza de que su hija jamás se enterara que había tenido un hombre en su casa durante toda la noche, y menos con aquel viejo y muy conocido detective de la televisión. ¿Cómo lo explicaría? Ni ella tiene una buena explicación.
Por ello, no dudó ocultar en el cajón de su velador una prenda de ropa que Shinichi había olvidado en su cuarto, siendo ella ingenua al no considerar motivaciones ocultas en éste para hacerlo, más aun considerando que se había tomado un tiempo para sacarlo todo.
—Mamá, adivina qué—le dijo Narumi, mientras saboreaba su curry, hecho especialmente por Ran para su amada hija y yerno favorito. Luego de dos horas de haber echado a su amante nocturno de casa, sus invitados llegaron a casa a comer, llenos de historias y ganas de conversar, aun cuando a Ran le hubiese querido dejarse enterrar en un bloque de agua espumante de su bañera y no pensar en nada. O quizás pensar en todo. —Papá dejará el apartamento en donde está viviendo ya que había problemas con las cañerías, y he estado pensando, ahora que se están volviendo a llevar bien, que quizás podría volver a casa, ¿No crees que sería una buena idea?
La aludida escupió parte de la comida que tenía en la boca, como si se hubiese atragantado con ésta. Después de todo, todavía tenía frescas las cosas que había hecho por la noche, algo nada relacionado con su antigua vida familiar.
—¡N-Narumi! —exclamó Ran sobresaltada y confusa, constándole trabajo fingir que no pasaba nada, considerando lo difícil que es para ella mentir, y no estando segura de si debía regañarla, considerando que es una adulta y que ella cuando era joven hacía lo mismo con sus padres. —Esas son cosas en las que no debes meterte, es un asunto entre papá y yo.
—¡Pero mamá!—reclamó la muchacha, dejando los palillos reposados sobre la mesa. —¡Es que no entiendo porqué insistes en separarte! Éramos tan felices, y yo se que aun se quieren. Mi papá te quiere, él me lo dijo...
Ran extendió los ojos, extrañada, como si quisiera captar los gestos y las palabras que decía su hija y descifrar su significado ulterior.
¿En qué contexto Hiroaki le está diciendo este tipo de cosas a Narumi? ¿Por qué? Después de todo, él fue... Y ahora ella...
A pesar de todo miró con mirada cálida a Narumi, pensando en los paralelismos entre ellas. Recordaba cómo ella, la inocente y joven Ran del pasado, de ese mismo pasado en donde provenía aquel hombre con el que acababa de pasar la noche, insistía vehemente en juntar a como de lugar a sus padres, ya que ella sabía que aun se querían. Después de todo, Ran había sido testigo, cuando era pequeña, de lo mucho que se amaban sus padres, y cuando por fin se juntaron y volvieron a vivir juntos, a pesar de sus discusiones, se dio cuenta que ella siempre había tenido razón. Que ellos realmente se amaban.
Inconscientemente, comenzó a sentir un pequeño escalofrió recorriendo su espalda, y un halo de culpabilidad al pensar que tenía sentada a su hija en la misma silla en donde había tenido al hombre con el cual se había acostado hace pocas horas, mientras la muchacha, inocentemente, buscaba la manera de unir a sus padres.
Todavía se sorprendía incluso ella misma por lo que había pasado. ¡Por los dioses, habían pasado más de veinte años! Si lo pensaba bien y era sincera consigo misma, estar cerca de él, a pesar de toda la distancia del tiempo, era como sentir una energía a través de ella que le hacía irresistible alejarse de él. Era como si jamás hubiesen pasado todos esos años, que se habían mantenido juntos siempre. Pero no había sido así, y nadie le podía asegurar que él no estuviese jugando con ella para conseguir lo que todo hombre desea de una mujer. O simplemente se fuera, como siempre ha solido hacer. Nadie le asegura absolutamente nada, y era casi como si se arriesgara a caminar sobre un río caudaloso en donde solo ella saldría perdiendo.
Realmente estar pensando en esto ahora, en esta altura de su vida, ya parecía una tontería.
De hecho, ahora que pensaba en ello, en todo el día no ha recibido ningún mensaje del detective.
¿Y si, tal vez, esta era una prueba que le ponía el destino, para darse cuenta donde realmente estaba el lugar de su corazón? ¿Qué tal vez su lugar y felicidad siempre ha estado con Hiroaki y su familia, tal como había sido con sus propios padres?
—¿Mamá?—la llamó de pronto su hija. —¿De quien es esto? Nunca lo había visto...—dijo mientras tomaba con su mano una chaqueta negra perteneciente a Shinichi. Narumi se había metido a los cajones de su madre en búsqueda de una aspirina. Sin aun entender cómo el viejo detective había sido tan descuidado, nerviosamente le inventó a su hija una excusa.
