N/A: ¡Hola a todos! ¡Muchas gracias por su apoyo! Les adelanto que ya queda muy poco para el final, así que estén atentos a cómo sigue la historia ;)

Aclaración: Detective Conan no me pertenece.


Capítulo 14

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¿Qué es una decisión acertada? En principio la respuesta parece fácil: es aquella que mayor beneficio aporta. Pero esta cuestión no siempre está clara. En asuntos del corazón, las emociones toman el mando y dirigen las decisiones, más en una mujer como Ran, que siempre se ha caracterizado por su corazón y emocionalidad, en contraposición de su amigo de la infancia, quien incluso ha llegado a jactar que él es solo cerebro, como Holmes. Pero la experiencia y los años han permitido a Ran crecer y madurar, esconder su corazón, y comprender que una vez se ha salido de ese estado solo es posible pensar en cómo se pudo ser tan tonta al haber actuado así, sin tener en cuenta más opciones que las que dicta el corazón, incluso desatendiendo los consejos de personas que realmente le quieren. Después de todo, como dice la famosa frase: "el amor es ciego" y ella sabe de sobra acerca de esto.

Suponía que ella estaba actualmente en una etapa de la vida que el corazón cada vez dicta menos en sus decisiones, en el que tenía una edad en la que no podía tener derecho en pensar en el amor, sino en su futuro y comodidad cercana, y los beneficios que ello le aporta a su bienestar presente y futura. Después de todo, a pesar de ser romántica, ella siempre ha sido esencialmente una persona práctica. El amor y las emociones tenía que dejárselos a los jóvenes como Narumi, y dentro de sus sueños cursis y románticos que quedaban guardados ocultamente en las invisibles estanterías de su cabeza luego de ver las películas de romance cada noche antes de acostarse. Filmes en los cuales las protagonistas son mujeres guapas y jóvenes que ella hacía mucho años que había dejado de ser.

Si, hace mucho que había dejado de ser una jovencita, y debía empezar a actuar cómo tal. Ella era consciente la vida real dista mucho de las novelas de romance que solían tanto gustarle.

¿Es ella capaz de dejar atrás a su familia por un hombre del pasado que ya ni siquiera está segura de conocer, ni tenía la certeza de que realmente la quisiera, el cual siempre priorizaba ir detrás de un caso, quien le mintió por años, no confiaba en ella y la dejó? O más aun, ¿Ella realmente lo quiere, o solo le gusta la sensación de estar cerca del recuerdo de aquel chico en el cual había albergado tantos proyectos y esperanzas de juventud? ¿Es esta aventura solo una fantasía sin rumbo? ¿Es que acaso no es obvio que esto solo está destinado a la desilusión? Después de todo, durante toda su vida, el amor real solo a significado decepción y amargura, oculta en una dulce sonrisa.

Miró la hora en su reloj de pulsera, constatando que ya había acabado su turno en el hospital. No sabía si alegrarse por entender que llegaba la hora de su cómodo y apacible descanso en casa, o entristecerse por tener que tener horas a solas con sus pensamientos. Le obligaba a tener que tomar decisiones que no se sentía en capacidad de realizar. Es verdad, creía saber qué era lo correcto, ¿pero ella realmente quería hacerlo?

Se quitó del cuerpo su delantal blanco de enfermera, bebió el último sorbo que quedaba de su café latte vainilla del aquel vaso de cartón blanco, y una vez terminado, lo arrugó entre los dedos de su mano y lo arrojó al basurero. Tomó su bolso marrón y salió del hospital tratando de no pensar en nada, de tener la mente en blanco mientras conducía hacia su gran y muy vacía casa, en donde, paradójicamente, estuvo muy bien acompañada hace unas noches atrás, en cuya muy tentadora compañía no podía dejar de pensar, más aun cuando él mismo sujeto acaba de enviarle un mensaje a su teléfono móvil en que le preguntaba si estaba todo bien.

Y ese era el problema, que entre los dos todo estaba demasiado bien. Creía que era estúpido sentirse totalmente loca por ese hombre, por ese detective viejo y obsesionado con los casos, que le había mentido por más de veinte años, incluso si había tenido buenas intenciones. Sentir esto, a esta altura de su vida, tenía que estar mal, porque era tonto y arruinaba la vida que había construido. Le destruía todo, y la dejaba flotando en el aire, en la nada. Tener algo con él claramente no podía ser una decisión acertada, ya que era totalmente irracional, y ella había aprendido que sus emociones muchas veces la habían hecho tomar decisiones que luego pagaría con sus propias lágrimas.

"Todo está bien" respondió Ran al mensaje de Shinichi, mientras seguía pensando que todo esto era un gran error del cual no se sentía capaz de escapar, porque le gustaba. Todo esto era demasiado como para contenerse.

Una vez ingresado de lleno a su casa, se sacó sus zapatos a la orilla de la puerta de entrada y se colocó unas pantuflas blancas, las cuales habían estado ubicadas justo en el lugar en donde acaba de dejar sus zapatos de calle, colgó su abrigo despreocupadamente sobre el perchero de madera y caminó en zancadas hasta la sala de estar, dejándose caer sobre el frondoso y blando sofá, sin pensar, por primera vez, en ponerse a ordenar el desorden que había dejado en la mañana antes de salir al hospital.

"¿Segura?" apareció otro mensaje de Shinichi en la pantalla de su móvil. Ella se apresuró a asegurarle que todo estaba bien entre los dos, que nada ha cambiado. "Entonces, no es como si fuera una obligación o algo, pero escuché que cerca de mi casa en Beika, han abierto un nuevo restaurante, y supongo que sería agradable ir a conocerlo" le escribió enseguida el detective.

Ran crispó sus labios, formando una mueca en su rostro, mientras estiraba brazos y piernas a placer a través del sofá, como si estuviera nadando en éste. No sabía si era su impresión, pero ello hacía ver a su antiquísimo amigo de la infancia un poco desesperado, y viniendo de él, era cómo sentir una suave brisa fresca en la cara.

"¿Me estás invitando?" escribió la mujer, aunque sabía perfectamente la respuesta. Probablemente debió dejar la respuesta en blanco y no meterse más en problemas, pero habría sido grosero y, por lo demás, no se sentía con la fuerza para resistirse a los encantos de un viejo y perturbado famoso detective.

"¿Qué crees tú?" replicó éste, acorde a su estilo de discurso indirecto. Daba igual, porque ella le comprendía perfectamente.

Si, lo sabía. Esto era estúpido, una pésima decisión. Pero sin importarle ello, al día siguiente, a las ocho de la noche en punto, ambos viajeros del tiempo se encontraron aquel nuevo restaurante en el distrito de Beika. Era el nuevo restaurante de lujo del nuevo hotel que se había encumbrado en los cielos de Tokio, que según la descripción de su carta, se trata de un espacio dedicado a la cocina italiana, ideal para los amantes de la elegancia y el confort, sumado a la dulce vibración que emite el piano todas las noches. Si, no había lugar más tentador para una noche romántica con tu amante que estar en esta noche, en un lugar como éstre, compartiendo una cena con ese hombre que tenía en frente, encumbrados sobre un nuevo hotel de lujo lleno de habitaciones, en una de las cuales podrían terminar satisfactoriamente su faena.

Mientras se repetía una y otra vez en la cabeza que era poco racional toda esta situación, y que solo le significarían sufrimiento innecesario en una etapa de su vida, no había tenido reparos en recibir en el albor del momento un beso, suave y cálido, de quien no había desaprovechado un instante de casual cercanía para acercarse un poco más a aquella mujer que había le parecía irresistible. Por supuesto, ambos sabían sin tener que decirlo abiertamente que la razón para que el detective la trajera a este lugar no era precisamente probar la comida del restaurante.

Fue como una meteorito estrellándose sobre la tierra. Como si un joven muchacho hubiese tomando en sus manos un montón de nieve del suelo, y lanzando una bola de nieve sobre la espalda de Ran, despertándola de sus pensamientos, dándose cuenta de lo que realmente estaba pasando en este momento. Era cómo sacarse una venda de los ojos. Miró toda la escena y lo lejos que estaba yendo con todo esto, y entendió con dolor y miedo que seguir esta tentación había sido un enorme error, y se odió a sí misma por no haber sido capaz de conocerse a sí misma. Por creer, en un primer momento, que era una buena idea ir a verlo a su casa en cuanto supo de su presencia en Japón para realizar una inocente visita amistosa a su viejo amigo de la infancia. Ahí había comenzado todo este problema. Pues ella creyó haber olvidado todo, y que ahora, después de los años y de todas las cosas pasadas en su vida, ella sería capaz de enfrentarse a su pasado sin sentimentalismos, como lo haría una persona que había vivido su vida. Como una persona normal. Y que toda esta pequeña aventura solo debía ser la satisfacción de un deseo insatisfecho, que se mantuvo a través de los años, como también en aferrarse al dulce recuerdo de aquello que jamás fue, y que luego podría seguir adelante.

Ella siempre pensó que en el fondo ya lo había olvidado, porque ¿Quién se quedaría pegada por más 25 largos años? Eso seria ridículo. Después de todo, ella estaba convencida de que el tiempo había cambiado la dirección de su corazón.

Pero era mentira. Lo único que había estado haciendo es reprimiendo a la fuerza, con un movimiento de su karate, a su propio corazón, con la muy humana finalidad evitar seguir derramando sus brillantes lágrimas a través del tiempo.

Pero ahora entendió que, tal vez, si él le hubiese pedido que lo siguiera esperando, ella lo habría esperado. Que quizás nunca habría tenido la oportunidad de casarse con Hiroaki y ni habría concebido a su hija Narumi. No había hecho nada, se habría quedado inútilmente detenida en el tiempo. Porque ahora comprendía que solo había rehecho su vida al creer que él no la quería. Y sentía que comprendía en su plenitud lo tonta y patética que siempre había sido.

Durante estas salidas y encuentros pudo volver a sentir a Shinichi como hace años no sentía. Su apariencia había cambiado un poco, quizás ya no era aquel joven inocente y soñador que estaba totalmente entusiasmado con ser un gran detective, pero seguía siendo el mismo. Y no podía evitar que su corazón saltara como una adolescente cada vez que se veían.

Pero esto tenía que detenerse, ahora lo comprendía con claridad. Sino fuera porque el Shinichi del pasado había sido lo suficientemente racional como para tomar la decisión de pedirle que lo dejara de esperar, jamás le habría permitido seguir adelante con su vida, tener a su hija y ser feliz. Esas son decisiones racionales, que a la larga solo trajeron beneficios, y no decisiones emocionales, que solo la han hecho sufrir. Por lo demás... ella sentía que ya no estaba para estas cosas. El romance ya había pasado para ella. Ran ahora tenía su propia vida y no estaba dispuesta a perderla por cosas que ya estaban enterradas en el pasado.

Tenía que admitirlo con todas sus letras: ella aún lo amaba. El amor aun estaba ahí. Pero ese amor se había secado como una flor. Se había secado porque nadie se había encargado de cuidarlo. Y un par de palabras de amor y unas caricias nocturnas ya no podían revivirlo, porque nadie puede resucitar a algo que ya murió. A un amor que mataron hace décadas a sangre fría y que dejaron que la sangre se secara a través del tiempo. Un detective tan inteligente como él debería saberlo.

—¿Te puedo hacer una pregunta, Ran?—se aclaró la garganta el detective. Ella giró su cabeza hacia Shinichi, quien trataba de evitar su mirada, y en su lugar lo fijaba en su comida, con la cual jugueteaba con el tenedor y cuchillo occidental. —Se que quizás no debería preguntarlo, pero me gustaría saberlo...¿Me q-quieres?

Ran se sobresaltó ante su repentina pregunta tan directa. Era casi como cuando le robó un beso en la primera vez, en casa de Shinichi. Se movió a través de la silla, como si sintiera deseos de salir arrancando, pero se quedó en su lugar, y lo miró con el ceño fruncido. Por alguna razón, estaba asustada y conmocionada, como si un criminal la obligara a desnudar su corazón, del cual ella quería escapar.

—¿Q-qué crees que estás haciendo, Shinichi?—le preguntó ella con los labios temblando. Ésta podía sentir como el miedo a avanzar le recorriera el cuerpo, sintiéndo rabia hacia su acompañante por creerlo sin derecho a atacarle de así, sin anestesia.

Él la miró desconcertado, como si no entendiera su reacción ni cual parte de su pregunta la había molestado tanto. Aun así, ya había tomado una decisión, y estaba decidido a proseguir adelante con ello.

—¿Es que todavía no lo entiendes?—dijo él, enfocando su mirada ahora en Ran y sus ojos encontraron con los de ella. Sus ojos estaban llenos de ella.

Ran sintió como su corazón bombeaba sangre con más fuerza a todo su cuerpo al escuchar todo aquello que ella algún día quiso escuchar desde esa misma mirada, pero que llegaban demasiado tarde. Shinichi le dijo que la seguía queriendo. Que él se había estado enamorado de ella desde el primer día que la conoció y que a pesar de todo este tiempo, él jamás la había olvidar. Que nunca nadie se había podido comparar a ella en sus ojos, y que siempre su imagen está por encima que cualquier otra mujer.

Ella se rio nerviosamente, y se sujetó fuertemente de su bolso, como si este fuese un lugar seguro. Deseaba abalanzarse hacia él y devorarse a besos cada parte de su cuerpo, pero ella no quería volver a caer en lo mismo. No podía volver a cometer los mismos errores. Ya no era una adolescente para tropezándose con la misma piedra.

—No hables tonterías—le dijo ella en un intento de poner un poco de sentido común, lo cual era, por cierto, bastante irónico pues es generalmente él es el que pone la cuota de racionalidad a su sentimentalismo. —Todo esto solo es... una fantasía. No podemos tomarnos la noche anterior tan en serio—dijo ella con una risa nerviosa.

—¿Eh?—exclamó éste. —No parece algo que tú dirías...

—¿Cómo podrías saberlo?—dijo ella con una sonrisa oscura, sin humor. —Nos dejamos de ver por muchos años, quizás he cambiado, tal vez ya soy otra persona.

Por un momento pensó que esta negativa de Ran lo había molestado. Después de todo, él jamás fue un hombre que tuviera facilidad para expresar sus sentimientos ni que se sintiera cómodo con ellos, y él esperaría otro tipo de respuestas por parte de Ran. Pero luego se recompuso, decidido a decir lo que tenía que decir. Ya que más daba.

—No—respondió con seguridad el hombre, lo que hizo que ella expandiera sus ojos frente a su figura. —Yo lo puedo ver cómo en esos ojos, que se ven reflejado la misma persona.

Ran se sintió demasiado ensimismada en sus pensamientos y sentimientos como para contestar. Este silencio fue percibido por Shinichi cómo un síntoma favorable, lo que le impulsó a proseguir. Al notar que Ran no planeaba abrir la boca, fue él quien decidió seguir expresando lo que quería decir. Se notaba nervioso y alterado, como si necesitara hablar sinceramente acerca de todo lo que tenía guardado en su cabeza, pero que no encontraba las palabras adecuadas.

—¿Por qué no lo intentamos nuevamente, Ran? Tú estás sola, yo estoy solo. ¿Qué más puede pasar? ¿Qué daño se haría? —le propuso mientras la tomaba con fuerza por sobre sus hombros. Ella, a pesar de sentirse inquieta ante esta nueva cercanía, teniendo todavía vivo en su memoria lo que había pasado entre los dos, no se movió ni intentó quitarlo.

Ahora si el corazón de Ran se volvió completamente loco, y pensó que casi se le saldría del pecho. Se quedó plantada ahí, mirándolo sin creer lo que le estaba diciendo. ¿Por qué tenía que pasar esto ahora? ¿Por qué? Ella que estaba viviendo su vida tan apacible, serena, tranquila.

—¿Qué? ¡Estás loco! Tú tienes que volver a tu trabajo en Estados Unidos ¿recuerdas?—le dijo ella frunciendo el ceño, con tono severo. —Te están esperando allí...

Él sacudió la cabeza, como quien estuviera alejando algo desagradable. —Eso no importa—dijo él con decisión. —Si tú me lo pides, me quedaré en Japón y dejaré mi puesto en el extranjero. Con una sola palabra tuya, me quedaré aquí contigo.

Esta aseveración la sobresaltó muchísimo. Se había quedado sin aliento. Por una parte estaba inmensamente emocionada, y sintió cómo la tentación de decirle lo mucho que aun por él se trepaba hasta la punta de su lengua. Pero, por otra parte, la horrorizó la perspectiva de cómo esto podría afectar la vida de él, su carrera y su prospecto. Todo por su culpa.

—¡No puedes hacer eso! Yo no podría permitir que eches a la basura todo lo que has logrado por esto—le dijo frunciendo el ceño, e indicándolo con el dedo índice de su mano con modo acusatorio. —Tienes que irte.

Él volvió a insistir que a él eso no le era de importancia, y le aseguró con fuerza que él podía hacer su carrera aquí o en cualquier parte del mundo.

El silencio los invadió por un unos instantes, siendo ella quien lo rompería.

—¿Por qué eres así? ¿Por qué me haces esto ahora?—exclamó Ran vivamente, chillando casi como un animal herido mientras se paraba de su silla. —Llegas aquí de pronto, y buscas meterte a mi vida a la fuerza, destruyes mi tranquilidad, mientras tú fuiste quien me mintió por décadas, quien nunca confió en mi, quien siempre fue detrás de sus amados casos, y ahora vienes aquí, porque ahora tú si quieres, quien con un par de palabras bonitas espera que vuelva a creer en ti, a caer con tus lindas palabras...¿Con que derecho pretendes desamorar la vida que he construido? ¡Yo he estado muy bien si ti!—gritó llorando.

Nuevamente supo que él no se esperaba esta respuesta. Probablemente pensaba que ella le respondería con el corazón en la mano, y no con la cabeza. Después de todo, la Ran que él había conocido era emocional y romántica, una idealista sin remedio. Pero esa Ran ya no estaba más, se la había llevado el viento junto con su juventud y sus deseos infantiles. Ella ya no era la misma que hace años. Ninguno de los dos lo era. Y por eso no había necesidad de desempolvar asuntos añejos e innecesarios, y reabrir viejas heridas del pasado. Heridas que ya no vale la pena abrir. Ya eran muchos años de eso.

—Además,—prosiguió Ran con gran seriedad, limpiándose con la mano las lágrimas que colgaban de sus ojos violáceos, sin dejar que él respondiera esta vez. —Te demoraste más de 25 años para decirlo, ¿no crees que es ya demasiado tarde?—dijo con fuerza. —Vuelve a Estados Unidos, y sigamos cada uno con su vida, Shinichi.

Ella no esperó una respuesta. Sin volverse a voltear hacia él, agarró con fuerza su bolso y se apresuró a irse del restaurante con la muy seria intención de no volver a verle jamás. Porque madurar significa actuar con responsabilidad, por lo que debía mirar hacia adelante y dejar el pasado atrás.

Creía que tomaba la mejor decisión. La decisión adulta, sensata, que beneficiaba a todos. Ahora lo entendía todo. Debía recomponer la vida que le dio felicidad y estabilidad por tanto tiempo. Debía perdonar como fuera a Hiroaki, ya que ahí estaba su lugar, su destino.

Pero, si esta es la decisión correcta, ¿Por qué sentía que su corazón se desangraba mientras bajaba por el elevador camino hacia la salida del hotel? ¿Por qué sentía como se secaba por dentro mientras conducía hacia su casa? ¿Entonces por qué no podía evitar que desde entonces, secretamente, sus lágrimas brotaran de sus ojos como mar en tormenta?