Ok, ok, bajad las armas. Ayer estuve trabajando, me avisaron con poco tiempo de antelación y no tuve un minuto para actualizar ni el día anterior ni cuando acabé del curro. Pero ya estoy de nuevo aquí con un capítulo.

¡AVISO! Muy posiblemente, me surjan más días así, por lo que si no subo un viernes y no ha aparecido nada el día anterior, guardad los tomates hasta el domingo, que el sábado habrá capítulo. Si no lo hay... vendré con un chubasquero para que lancéis lo que sea que queráis lanzarme (piedras no, gracias, son muy dolorosas).

¡DISCLAIMER! Una vez más, repetir que "Code Lyoko" y "Digimon Frontier" pertenecen a sus respectivos dueños, al igual que los personajes que conozcáis. Sólo la idea loca y algún futuro personaje nos pertenecen a raf-lily y a mí.

Sin más, os dejo con el capítulo tres.


Capítulo 3: Los nuevos amigos

Worm corrió al máximo hasta la estación del bosque. Todos, incluidos Bokomon y Neemon, se encontraban ansiosos por saber los motivos reales de su presencia en el Digimundo, especialmente los guerreros Lyoko, ajenos completamente a los asuntos del mundo digital, y las dos compañeras de clase, ajenas a absolutamente todo lo relacionado con luchas contra el mal.

—¿Estás bien, Aelita? —preguntó Zoe de pronto acercándose a la otra.

La pelirrosa había estado separada de su grupo, mirando el paisaje con cierta melancolía. También los otros cinco de Lyoko tenían miradas tristes y algo lastimeras, centradas en la princesa de Lyoko.

—Sí… —respondió con la voz ahogada.

—¿Seguro que no pasa nada? Puedes decírnoslo sin preocupación —dijo Tommy, preocupado. Aelita se estremeció y rompió a llorar, abrazándose a Zoe. La rubia, algo confusa, le devolvió el abrazo.

—Eh, ¿qué le pasa a Aelita? —preguntó Teruo.

—Supongo que es por su padre —respondió él —. Él también estuvo atrapado en Lyoko, como ella. Cuando acabamos con XANA, él se sacrificó para darle energía al virus múltiple que creé para acabar con él.

—Eso es… triste —dijo Katsuharu —. ¿Y qué hay de tu madre?

—A ella la secuestraron unos hombres de negro cuando yo tenía 6 años… Fue hace 18 años, aunque para mí sólo han pasado 8… —Aelita no tardó en recibir un abrazo colectivo por parte de las otras chicas.

—Quizás nos acabamos de conocer y no es que haya confianza entre nosotros, pero puedes contar con nosotros para todo, Aelita —dijo Tommy.

—Hasta ahora, hemos sido tres "familias" diferentes —dijo Teppei —. Pero creo que en esta aventura estamos todos juntos en una única gran familia.

—Chicos… ¡Gracias! —exclamó la pelirrosa.

Worm empezó a detenerse al poco rato, haciendo que todos se asomasen a las ventanas para ver la estación a la que estaban llegando. En cuanto bajaron, y tras ver cómo el Trailmon marchaba más feliz que unas castañuelas, el grupo entero se encaminó hasta un enorme árbol hueco por cuyo interior ascendía un camino en espiral. Los guerreros legendarios subieron por delante, indicando el camino y dando algo de conversación, aunque los que no habían pasado por allí estaban observando alrededor con gran sorpresa.

—Eh, la niebla está haciéndose muy espesa —observó Aelita cuando el camino empezó a transcurrir por lo que parecían las ramas del árbol —. ¿No nos perderemos?

—Es difícil salirse del camino, así que no os preocupéis —sonrió JP.

—A duras penas vemos por dónde vamos —protestó Sissi —. ¿Y si la escalera está rota? Nos caeremos todos por no verlo —tras ella, Emily la secundó.

—Si vais en orden, sin perder de vista al que tenéis delante y por dónde pone los pies, no pasará nada —les indicó Takuya.

—Lo dices como si tuvieses supervisión y vieses entre la niebla —dejó ir Odd.

—¡LO DIGO COMO QUE YA PASÉ POR AQUÍ UNA VEZ! —le chilló el guerrero de fuego. Ulrich, al lado del rubio, negaba una y otra vez con la cabeza.

—Aún hemos de subir más, Takuya —llamó Kouji.

—Pues pasad vosotros dos al frente —respondió mientras señalaba también a Zoe.

Llevarían varios minutos avanzando a ritmo ligero, tomando caminos sin detenerse a mirar las bifurcaciones que pasaban, cuando la pareja que iba por delante del todo se detuvo y empezó a murmurar.

—¿Y ahora qué? ¿Callejón sin salida? —preguntó Odd.

—Hemos estado tomando los caminos casi sin pensar por dónde ir. ¿Seguro que recordáis bien el camino? —añadió William.

—Aquel par ha seguido bien las campanitas —señaló Koichi entre risas.

—¿Campanitas? Yo no oigo nada —repuso Sissi intentando captar algo.

—Es una forma de hablar —rió Tommy —. En este bosque está el castillo de Seraphimon, lugar de reunión de los tres grandes ángeles digimon. Y es Seraphimon el encargado de cuidar de los espíritus de la luz y del viento.

—¿Y esa clase de historia para qué nos sirve ahora? —le miró Odd.

—Tú espera y verás —respondió el pequeño del grupo con una sonrisa.

—¿Seguro que va todo bien? —insistió Jeremy, mirando alrededor.

—Sí, tranquilos —asintió Kouji —. Bueno, supuestamente eres tú la que mueve los vientos.

—Solía hacerlo y espero volver a hacerlo —asintió Zoe —. ¿Crees que…?

—Por probar, no se pierde nada —se encogió de hombros.

Cogiendo aire profundamente un par de veces, Zoe empezó a avanzar. Cada escalón que subía, la niebla se apartaba, despejando el camino para todos. Aunque para Katsuharu, Teppei, Chiaki y Teruo aquello era algo nuevo, no resultaba tan sorprendente como les parecía a los guerreros Lyoko y sus dos compañeras. Para ellos, aquello era alucinante.

—Parece —la voz de JP los sacó de su trance —, que el espíritu del viento está reaccionando a la presencia de Zoe.

—¿El espíritu del viento? —preguntó Jeremy.

—¿Reaccionar? —Ulrich se sumó a las preguntas.

—Eso significa que han seguido bien las campanillas —repitió Koichi.

—¡Ya podemos avanzar! —exclamó Zoe, bastante adelantada. Kouji esperaba junto a ella, totalmente relajado.

Cuando al fin llegaron al último escalón y el castillo de cristal de Seraphimon se alzó hacia los cielos ante ellos, los recuerdos invadieron a los seis que ya estuvieron allí; para los otros cuatro que vivieron aventuras en el Digimundo, el castillo les hacía sentir tranquilos. Los demás, en cambio, aún se sorprendieron más y maravillaron con aquella construcción.

—Parece salido de un cuento de hadas —dejó ir Emily.

—Pues es el castillo de un ángel —suspiró Chiaki.

—A mí no me importaría vivir aquí —señaló Sissi, provocando algunas risillas en el grupo.

—¿Y ahora qué? ¿Cómo entramos? —preguntó Ulrich.

—¿Por la puerta? —respondió Koichi mirándole con cara sorprendida —. Deja que mi hermano llame y…

—¡Eh! ¡Los del castillo! ¡Abrid! ¡Que hemos llegado! —chilló Odd. Le fastidiaba que otros estuvieran por delante como líderes sin haber votación alguna. Al no obtener respuesta, se acercó a la puerta y empezó a empujar. No cedió —. ¡Pero bueno! Seguro que aquí no hay nadie.

—Déjalo estar, Odd —pidió Ulrich mientras los otros reían.

—Es más sencillo si nos dejas a los que ya sabemos —le respondió con una sonrisa de superioridad Takuya —. Estoy seguro que nos harán más caso a nuestra manera.

—¿Queréis no discutir? —pidió Kouji. Se acercó a la puerta y alzó la mano, pasándola ante ella un par de veces. Sin dudarlo, se detuvo en un punto y, en vez de llamar, empujó. La puerta se abrió con suavidad —. Vaya, esta vez nos ha tocado hacer toda la faena. Deben de andar todos ocupados.

—Pues busquémosles y ayudémosles —indicó Takuya, colándose por el espacio abierto e indicando que les siguiesen.

Los pasillos cristalinos sorprendían a los nuevos. Tan absortos estaban que no se dieron cuenta, cuando llegaron a una gran sala, de la presencia de tres altas figuras reunidas en una mesa. Simplemente se detuvieron porque los de delante lo habían hecho.

—Bienvenidos, niños elegidos. Me alegro que hayáis podido llegar hasta aquí —saludó un ángel de armadura azul y dorada.

—Podría haber sido todo más sencillo, la verdad —protestó en susurros Odd, cruzándose de brazos y torciendo el labio.

—Ah, mi hijito-hijita —susurró con unas lagrimitas Bokomon. Algunos a su lado contuvieron la risa y otros abrieron los ojos con sorpresa.

—Eh, eh, ya te hemos dicho que es sólo hijito, que es un chico —le susurró Neemon.

—Bienvenidos vosotros también, Bokomon y Neemon. Gracias por acompañar a los humanos hasta aquí —saludó la única dama del grupo.

—Siempre un placer cumplir con vuestras órdenes, dama Ophanimon —respondió el de faja rosa con una reverencia en la que arrastró a Neemon.

—Dama Ophanimon, señor Seraphimon, maestro Kerpymon —habló Takuya, llamando la atención sobre él de los tres —, ¿cuál es el motivo por el que nos habéis llamado nuevamente?

—Hay algo que queremos hacer antes de explicarlo —indicó la dama —. A demás de presentar a los nuevos elegidos a sus compañeros. Ellos también deben saber qué ocurre.

—¿Compañeros? —se extrañó William.

—Disculpad, esto… grandes ángeles… ¿Qué significa presentarnos a nuestros compañeros? —pidió saber Jeremy.

—Lo que Ophanimon quiere decir —respondió el tercer ángel del grupo, el de aspecto de conejo blanco gigante —, es que os vamos a hacer entrega de unos dispositivos, a demás de presentaros unos compañeros digimons que os protegerán y ayudarán en esta misión.

—Takuya, Tommy y JP, tomad vuestros dispositivos —llamó Ophanimon, los tres D-tectors en sus manos. Enseguida se acercaron a ella y tomaron los objetos con gran ilusión, extrañando a los estudiantes de Kadic.

—Kouji y Zoe, aquí están los vuestros —llamó Seraphimon.

—Y yo tengo el tuyo, Koichi —sonrió Kerpymon. El chico corrió a recuperarlo —. Y a vosotros —dijo volviéndose a los otros cuatro —, os corresponden los otros espíritus que guardo junto a los de la oscuridad. De no haber sido corrompido, no habría poseído estos espíritus y, por lo tanto, habrían podido ser vuestros. Es mi deber entregároslos. Chiaki, tus espíritus son los del agua; Teruo, a ti te corresponde el metal; los espíritus de la madera son para Teppei y, por último, los de la tierra son tuyos, Katsuharu —dijo, entregando un dispositivo a cada uno.

—¡Gracias! —exclamaron los cuatro, observando el objeto con mayor ilusión que los otros seis.

—Vosotros, guerreros de Lyoko, tendréis los mismos poderes que teníais en vuestro mundo virtual cuando os transforméis. A demás, contaréis con la ayuda de estos digimons —dijo Seraphimon, volteándose hacia un extremo de la sala en la que esperaban, completamente quietos, tres digimons —. Socerimon, Wizardon, Witchmon, por favor, hacedlos pasar.

Con un gesto de cabeza, los tres abrieron una puerta e indicaron a alguien que podía pasar. Seis digimons, a cual más raro a ojos de los franceses, entraron en la sala.

—Emily Leduc, tu compañera es Mikemon —dijo Ophanimon mientras una gata atigrada se acercaba a la chica con un D-tector en las manos.

—Encantada de conocerte —sonrió la digimon entregándole el objeto.

—El placer es mío —asintió. Tomó el D-tector y empezó a observarlo; la gata junto a ella también miraba con curiosidad.

—William Dunbar, tu compañero… —la voz de Seraphimon fue interrumpida por unos quejidos. Un dragoncito azul y rojo cayó rodando en la sala —. ¿Ya te has vuelto a tropezar, Dracomon?

—Sí. Perdón —dijo la criatura, acariciándose el chichón que empezaba a salirle en la cabeza.

—Pero qué torpe eres… —suspiró Ophanimon —. Bueno, William, él es tu compañero digimon.

—¡Ah, sí! —Dracomon corrió hacia William y le extendió la zarpa con el dispositivo digital —. Hola, yo soy Dracomon. Perdón, soy algo torpe.

—Ya me he fijado, ya… Pero no pasa nada —dijo tranquilamente, tomando el objeto. El dragoncito siguió con la zarpa extendida hasta que le humano se la estrechó.

—Elizabeth Delmas, tu compañera será Floramon —dijo Kerpymon a la vez que una digimon floral se acercaba a ella.

—Espero que nos llevemos bien —dijo Floramon entregándole el dispositivo.

—Yo también lo espero.

—Odd Della Robia, tu compañero es posible que te suene un poco —dijo Kerpymon. Al instante un perro blanco de orejas granates se abalanzó sobre Odd, tirándolo al suelo de golpe —. Labramon, quédate tranquilo.

—Hey, chico, ¿te conozco? —preguntó el rubio confiso.

—Pues sí, pero con otro nombre y otra forma —sonrió —. ¿Quieres una pista?

—Vale.

—Una vez, Ulrich usó mi cuerpo para comunicarse con vosotros y tú creíste que había empezado a hablar —dijo.

—¡¿KIWI?! —preguntó Odd tras un rato pensando.

—Sí, pero ahora soy Labramon —sonrió el digimon.

—¡BUAAAAA! ¡KIWI! —lloriqueó Odd, abrazando a su perro y provocando que los demás le mirasen con tics nerviosos y risitas.

—Mejor dejémosles estar —declaró Ophanimon —. Aelita Stones, tu compañera será Lunamon —informó. No tardó en aparecer una conejita de cuatro orejas rosas.

—Hola, Aelita. Sé por todo lo que has pasado, así que si necesitas algo, cuenta conmigo. Siempre estaré a tu lado —dijo cogiéndole la mano.

—Muchas gracias, Lunamon —sonrió Aelita, agachándose para darle un abrazo.

—Jeremy Belpois, a ti te corresponde Gaomon —dijo Kerpymon mientras un lobo azul vestido de boxeador pasaba tras él hacia Jeremy.

—Hola —saludó entregando el dispositivo —. Mucho gusto.

—Igualmente.

—Yumi Ishiyama y Ulrich Stern, en relación a vuestros compañeros digitales tenemos un pequeño problema —informó Seraphimon.

—A pesar que es un hecho que los dos digimons que faltan son vuestros compañeros, se niegan a aceptar ese hecho a menos que demostréis que lo valéis luchando contra ellos —dijo Ophanimon.

—Si no hay otra opción… Habremos de luchar, ¿no? —dijo Ulrich tras intercambiar una mirada con Yumi. Ella asintió.

—Adelante pues —llamó Kerpymon.

En la sala aparecieron dos zorros erguidos sobre las patas traseras. Uno era amarillo, con guantes morados por encima del codo y ojos azules. El otro, un poco más alto, tenía el pelaje rojo sangre, los guantes negros y los ojos verdes.

—Yo soy Renamon —dijo la amarilla.

—Y yo Kitsumon —se presentó el otro.

—Muy bien. ¿Y cómo vamos a luchar? —preguntó Yumi.

—Podéis elegir vosotros —señaló Renamon.

—¿Podemos salir fuera y usamos el terreno como campo? —preguntó Ulrich

—Por supuesto —asintió Ophanimon.

Los tres se pusieron en pie e hicieron un gesto para que todos saliesen. El grupo entero se dio la vuelta y desanduvo el camino, deteniéndose solo cuando un fuerte brillo llamó la atención de todos. Donde habían estado los ángeles, tres criaturas más pequeñas aparecieron.

—¿Y eso? —señaló Emily.

—Son las formas infantiles de los tres grandes ángeles —informó Bokomon —. Salamon es Ophanimon, Patamon es Seraphimon y Lopmon es Kerpymon.

Con unas risas claramente infantiles, Salamon saltó directa a los brazos de Zoe; Patamon voló hasta posarse sobre la cabeza de Kouji y Lopmon se impulsó para saltar a los hombros de Takuya. Una vez fuera, Ulrich, Yumi y los dos zorros se separaron del grupo.

—¿Y ahora? —preguntó el chico.

—Usad esto —respondió Kitsumon, lanzándole el dispositivo digital. A su lado, Renamon lanzó otro hacia Yumi.

—¿Y cómo lo hacemos? —preguntó la morena.

—Los D-tectors tienen unos lectores en la parte superior —indicó Koichi —. Activad el digicódigo en una mano y pasadlo por el lector para que funcione.

—No olvidéis decir "código digital Lyoko, digievolución" para que funcione —sonrió Salamon.

Ambos asintieron y se posicionaron listos para el combate.

—¡Código digital Lyoko! ¡Digievolución!

Ante la mirada de los que no habían visto jamás una digievolución, el digicódigo rodeó a ambos varios segundos. Al desaparecer, las ropas que llevaban habían sido sustituidas por las que tanto conocían de su último tiempo en Lyoko.

—Ya estáis listos —dijo Kitsumon, preparándose junto a Renamon para luchar.