¡Aloha a todos! Aquí vengo una semana más a dejar un nuevo capítulo con el que seguir avanzando la historia.
DISCLAIMER! (como siempre): Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenece ni a raf-lily ni a mí (de haber sido de alguna de las dos, podéis contar con que raf-lily ya habría hecho millones de cosas que no han salido en ninguna de las dos series).
Capítulo 6: Historias del pasado
Volaba todo lo rápido que podía por entre los árboles intentando por todos los medios librarse de su perseguidor. Se volteó para comprobar la distancia a la que se encontraba, sorprendiéndose al ver aquella sombra encima de ella. No pudo evitar el golpe en la espalda ni su caída contra el suelo. Intentó levantarse, pero el otro tenía un pie sobre ella.
—Mi pequeña Iris —rió la sombra. El sonido de un ataque preparándose la alertó —. Ni tú ni Sakuya podréis escapar nunca de mí.
La usó para impulsarse al cielo, listo para lanzar el ataque. Ella se volteó para ver la distancia que se había creado: insuficiente para escapar; insuficiente para seguir con vida. Todo iba demasiado lento para ella, incluso la figura blanca que se interpuso entre ella y el ataque en el último momento.
—¡GARURU, NO! —chilló.
Zoe despertó gritando y agitándose, la garganta escociéndole y resecándose. Su cuerpo se sentía terriblemente pesado, incluso sentía cierto dolor. Parpadeó, acallando los gritos, y miró a su alrededor: ambos gemelos, Takuya y JP estaban reteniéndola por brazos y piernas, ejerciendo fuerza para mantenerla quieta sobre la hoja que usaba de cama. Los demás, desde las otras "camas", observaban preocupados. El cielo seguía oscuro.
—Zoe —llamó Kouji desde su derecha. Aunque parecía calmado, la chica tenía claro que estaba preocupado —, ¿estás bien?
Se detuvo de golpe, abriendo aún más los ojos. El agarre empezó a ser menor, hecho que aprovechó para zafarse de ellos y lanzarse sobre el gemelo de luz, sorprendiendo a todos.
—Menos mal, estás bien… —susurró entre lágrimas, negándose a soltarle.
—Tranquila, tranquila, ya ha pasado todo —atinó a decirle, abrazándola e intentando disipar ese miedo que desprendía la rubia.
—Habrá tenido una pesadilla —dijo Jeremy.
—¡Imposible! —exclamó Tapirmon —. Yo os protegía a todos con dulces sueños. ¡A ella también!
—Pues ya nos dirás qué le ha pasado —señaló Ulrich.
—No lo sé… Algo que no puedo controlar ha debido colarse en su sueño… Lo siento.
—Hey, Zoe, ¿estás mejor? —preguntó Koichi, viendo a la chica aún aferrada a su hermano.
—Sí —asintió, liberando un poco al gemelo de cabello largo, pero sin separarse de él.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Lunamon desde su improvisada cama junto a Aelita.
—He tenido un sueño extraño… Se sentía como algo vivido, pero…
—¡Pues claro! —exclamó Tapirmon —. Podría tratarse de un recuerdo doloroso. Eso es algo que puede escapárseme.
—Cuéntanoslo —animó Aelita.
—Pues… Estaba volando —empezó a decir —. Huía de alguien… Me golpeó y me hizo caer al suelo —negó —. Me… me llamó Iris… Dijo que ni Sakuya ni yo escaparíamos… —dijo, encogiéndose aún en brazos de Kouji —. Lanzó su ataque y… —el llanto la volvió a callar.
—Eh, eh, nada de lágrimas. Tranquila —intentó calmarla de nuevo el chico.
—El… el ataque no me dio a mí —logró decir antes de cogerse más fuerte a la camisa de Kouji —. Garuru se interpuso y… me he despertado.
—¿Garuru? —preguntó Koichi, mirando algo preocupado a su gemelo. Podía ver cómo su hermano parecía estar dándole vueltas a la cabeza también.
—Con razón te agitabas tanto —dijo Teppei.
—Lo siento… Os he despertado y… —se lamentó la rubia.
—Una pesadilla la tiene cualquiera —sacudió la mano Odd.
—¡Repito que no se puede tratar eso de pesadilla! —gritó Tapirmon.
—¿Pero cómo puede haber soñado eso? —preguntó Aelita —. No cuadra con lo que nos han contado de sus cosas aquí.
—Lo único que se me ocurre es que se trate de un recuerdo —insistió Tapirmon.
—Pero según parece, quienquiera que la atacaba, le llamaba Iris —señaló Tommy.
—Recuerdos, ¿eh? —dijo pensativo Takuya —. Oye, Bokomon, ¿tienes algo sobre los Ancients en tu libro?
—¿Eh? Por supuesto, Takuya. Enseguida lo miro —respondió.
Todos esperaron en silencio mientras Bokomon pasaba páginas y más páginas, murmurando por encima y negando cada vez que pasaba la página. Tan solo los sollozos de Zoe y los susurros de Kouji calmándola rivalizaban con el digimon blanco.
—Aquí parece haber algo… ¡Anda!
—¿Qué ocurre? —preguntó Chiaki.
—Pero si… Ah, esto es grave… Sí, sí…
—Bueno, ¿nos lo vas a leer o no? —preguntó Odd, quitándole el libro y acomodándolo lejos del alcance de Bokomon —. ¿En qué idioma está esto escrito? ¿Egipcio? —de un tirón, el digimon le arrebató el libro.
—Tontomon… ¡Devuélvemelo! Es el alfabeto digimon, para que lo sepas —regañó el de faja.
—Bokomon, dinos qué es tan grave —pidió JP.
—Lo único que he encontrado con "Iris", "Sakuya" y "Garuru" en relación con los Ancients es del inicio de la caída de los Guardianes del Digimundo.
—¿Los Guardianes del Digimundo? —preguntaron todos.
—Esto es muy largo, chicos y…
—Da igual eso, Bokomon. Si es algo que ayude a explicar lo que le ocurre a Zoe, bienvenido sea —interrumpió Yumi. Varios tras ella la secundaron.
—En ese caso…
Los Guardianes del Digimundo eran dieciocho digimons encargados de proteger el Digimundo. Acudían donde hubiese un problema y combatían contra el mal. Dentro de este grupo estaban los diez antiguos guerreros legendarios. Incluso tres de ellos tenían un papel extra como guardaespaldas de los tres grandes ángeles. Todos se ayudaban entre ellos y no existían problemas por liderazgos. Era un equipo homogéneo.
Pero un día, las cosas cambiaron para siempre. Al parecer, un aviso en el sector que solían vigilar Ancient Irismon y Sakuyamon hizo que ambas saliesen a solucionarlo. Ninguna de las dos imaginó que se trataba de una trampa de un ser malvado que quería apoderarse del Digimundo y, para ello, debía eliminar antes a los Guardianes. Para cuando ambas quisieron darse cuenta, se encontraban en desventaja.
De alguna forma, un pequeño digimon llegó al cuartel de los Guardianes y dio la voz de alarma. Ancient Garurumon y Justimon salieron rápidamente para ayudarlas…
—¿Qué más? —pidió Gaomon.
—Ancient Garurumon no soportó el ataque destinado a Ancient Irismon —dijo alzando la vista del libro.
—No es posible —susurró Yumi. La mirada de muchos se desvió a Zoe, otra vez cogida con fuerza a Kouji.
—Un momento —pidió Jeremy —, ¿no es de esos dos Ancients de los que surgieron los espíritus de la luz y del viento?
—Exactamente —asintió Bokomon.
—¿Qué hay del otro digimon? —preguntó Mikemon.
—Pues por lo que pone aquí —dijo el cerdito volviendo a pasar una página —, Justimon encontró a Sakuyamon malherida y la llevó al cuartel. Pero el que atacó a Ancient Irismon apareció y les atacó a ellos.
—¿Le vencieron? —preguntó Labramon.
—No. Justimon pudo dar pelea, pero al final, fue inútil.
—¿También… murió? —preguntó con un hilo de voz Ulrich.
—Así es —asintió Bokomon —. Es la mayor tragedia de aquel tiempo. Como pudieron, Ancient Irismon y Sakuyamon regresaron al cuartel. La primera llevaba los dos espíritus de la luz, mientras que la segunda cargaba un digihuevo.
—Eso no es una tragedia —negó William —. Simplemente un malnacido que mató dos Guardianes. Aún existían dieciséis más para patearle el trasero, ¿no?
—Cuánto tontomon… ¡Esas dos digimons se sintieron culpables el resto de sus vidas! —chilló el cerdito —. No salieron del cuartel para nada. Ni tan siquiera escuchaban a los demás Guardianes, que tenían que reordenarse para cubrir las zonas de los dos Guardianes caídos y ellas dos.
—Eso es normal —habló Floramon —. Cuando un ser querido muere por protegerte, te sientes mal y piensas que podrías haberlo evitado.
—¡Dejadme acabar todos! —chilló Bokomon —. Eso fue normal los primeros días, pero después ya fue preocupante. Ni comían, ni hablaban, ni salían de sus dormitorios hasta que renunciaron a todo. ¡Incluso a su vida! Ancient Irismon se convirtió en los espíritus digitales del viento y Sakuyamon se volvió un digihuevo.
—Sigue sin sonar a gran tragedia, la verdad —comentó Takuya.
—Es que detrás de ellas, fueron cayendo los demás Guardianes. El shock fue muy duro, y aunque intentaron hacer vida normal y sobrellevarlo, acabaron como los otros cuatro. Espíritus digitales y digihuevos, en eso se convirtieron los Guardianes —dijo cerrando le libro.
—Así pues, el Digimundo se quedó sin la protección de los Guardianes —concluyó JP.
—Sí. Y nunca más se volvió a hablar de ello. Es una historia demasiado dura y triste. A demás…
—¿Qué? —pidió Kitsumon —. No nos dejes ahora con la intriga.
—Nunca se encontró al asesino de Ancient Garurumon y Justimon.
El silencio acompañó las palabras de Bokomon. Por bastantes minutos, nadie dijo o hizo nada. Incluso el llanto de Zoe se había detenido. El primero en hablar, fue William que, tras un suspiro, desvió la mirada hacia su lado.
—No puede ser… ¿En serio éste no se ha despertado? —preguntó señalando a Dracomon.
Las risas fueron inmediatas; algunas, como las de Zoe, fueron algo más débiles. Poco a poco, el grupo fue calmándose y regresando a sus "camas", cayendo rendidos nuevamente uno tras otro.
Hasta la salida del sol, nadie despertó. El último en hacerlo fue Dracomon, que sonrió animado y miró alrededor radiante de felicidad.
—¡He dormido de maravilla! —exclamó.
—Ya, lo hemos notado. ¿Sabes qué pasó anoche? —preguntó William.
—Pues… ¿que comí poco? —preguntó inocentemente. Todos se echaron a reír.
—Espero que escuches el peligro cuando se acerque —suspiró acariciándole la cabeza.
—Me alegro que hayáis dormido todos bien —sonrió Tapirmon —. Lamento no poder quedarme más rato con vosotros, pero debo rondar el bosque.
—No te preocupes, haz lo que debes hacer —dijo Zoe, tomándolo de las patas delanteras.
—Buena suerte a todos —se despidió.
Con Tapirmon de vuelta a su trabajo, el grupo empezó a recoger lo que sobró de la noche para almorzar.
—Oye, Bokomon —se acercó Aelita —, ¿cómo es posible que Zoe viese anoche aquello en sueños?
—Bueno, Zoe posee los espíritus de Ancient Irismon. Es posible que sus recuerdos quedaran grabados de alguna forma en ellos y, como los guerreros legendarios se hacen uno con los espíritus, de algún modo esos datos han llegado a ella.
—Oh… Entonces, puede que les pase también a los demás…
—Es posible —asintió.
—¡Eh, chicos! —llamó Takuya, acercándose al grupo —. He estado pensando, ¿qué tal si nos enseñáis cómo sois los demás?
—¿A qué te refieres? —preguntó Jeremy.
—Bueno, ya hemos visto las ropas de Yumi y Ulrich y cómo pelean. ¿Qué hay de los demás?
—Todos vamos con ropa ajustada y… —empezó Jeremy.
—Mi traje es rosa clarito, estilo duende. A demás, puedo extender unas alas que integró Jeremy en el traje y lanzar bolas de energía —sonrió Aelita.
—El mío es una especie de armadura ligera en azul y plateado. Como Ulrich, yo también uso espada, aunque solo una y bastante pesada —señaló William.
—Yo soy un gato futurista de color morado que dispara flechas —dijo Odd, tomando la pose de disparar.
—Con garras, orejitas y cola incluidas —rió Yumi.
—Eh, que sirven de mucho —declaró.
—Sí, sí, nadie te ha dicho lo contrario —rió Aelita.
—¿Y tú, Jeremy? —preguntó Katsuharu.
—La verdad, nunca he estado en Lyoko salvo una única vez. Mi misión era controlar todo desde la pantalla del superordenador —respondió.
—¿Nunca has luchado?
—No —negó —. La única vez que entré fue más por cuestiones de protección que otra cosa. La vuelta al pasado afectaba a todo aquel que no había estado en Lyoko, así que me vi obligado a entrar para no olvidar. A parte de que XANA podía acceder a la Tierra y poseer a cualquiera; el hecho de haberte virtualizado era una ventaja para evitar la posesión.
—Entonces, sólo te viste una vez como guerrero de Lyoko —dijo Teruo.
—¿Cómo ibas? —preguntó JP.
—Algo así como un elfo de los bosques, con ropas en tonos verdes. Pero ya os digo que sólo fue aquella vez.
—Y la experiencia fue muy graciosa —rió Ulrich. A su lado, Odd también empezó a reír, algo más hundido que el samurai —. ¿Qué te pasa?
—Todos erais geniales en Lyoko salvo yo. Yo era un simple gato —suspiró.
—No te pongas triste —se le acercó Labramon —. Todos son geniales con su aspecto y sus armas, pero eso no te hace menos. Tú eras diferente y eso te hacía único.
—¡KIWI! —Odd atrapó al digimon y lo abrazó con enormes lágrimas de alegría.
—Odd… ¡Odd! ¡Que me asfixio! —chilló.
—Ay, cielos —rió Emily —. Oye, pues ahora tengo ganas de ver mi aspecto. ¿Qué dices, Sissi?
—Creo que cuanto antes lo vea, antes me lo creeré —dijo.
—¡Código digital Lyoko! ¡Digievolución!
Tras unos segundos rodeadas por digicódigo, el grupo observó atentamente las dos chicas. Sissi llevaba una camiseta ladeada sobre un hombro en rojo y negro con una única manga hasta la muñeca, unas mallas negras, falda roja y negra similar a la de Aelita y unas botas altas de tacón rojas. A su lado, Emily apareció vestida con un top dorado anudado al cuello en una cinta del mismo color, una falda plateada, mallas negras y bailarinas blancas; el pelo se había recogido con una cinta dorada y otra plateada entrelazadas en una trenza.
—¡Miau! ¡Qué pasada! —exclamó Mikemon.
—¡Genial! ¡Ropa normal! —se alegró Sissi, dando una vuelta para admirar su vestimenta —. Creía que, con tanta ropa normal y Odd siendo un animal, nos tocaría ser animales también.
—Oh, venga ya… ¿Me estás diciendo que te habrías puesto a llorar si hubieses salido caniche? —se burló Odd, liberando algo a Labramon del abrazo.
—¡No provoques, Della Robia! —chilló la chica —. Maldición, no tengo armas…
—Busca por la ropa —se acercó Yumi —. Mis abanicos están guardados en el obi a mi espada.
—O quizás no tiene arma y hace como yo, lanzar bolas de energía o cosas así —señaló Aelita.
—Vaya —suspiró Sissi, pasándose la mano por el pelo —. Eh, ¿y esto? —con cuidado, soltó las horquillas del cabello. No había acabado de admirar la decoración de mariposas cuando éstas se transformaron en látigos en sus manos.
—¡Qué guay! —exclamó Floramon. Con una sonrisa maliciosa, Sissi lanzó un golpe con un látigo contra Odd, quien lo esquivó por poco —. ¡Eso me ha recordado al ataque de Palmon, la hiedra venenosa! —rió.
—Más que perfecto —sonrió la chica —. Y funciona genial para domar bestias.
—¡No tiene gracia! —protestó Odd.
—Así pues, así me habría visto en Lyoko —dijo Emily —. Este brazalete es bastante curioso… ¿Qué crees que será esta gema? —preguntó mostrando a los demás el óvalo dorado de su muñeca.
—Prueba a pasar la mano por encima —animó Aelita —. Al hacerlo sobre la estrella en mi muñeca, extiendo las alas que me puso Jeremy.
Emily asintió y, sin perder el tiempo, pasó la mano sobre el brazalete. Al instante, la gema brilló y se expandió hasta formar un arco. Alzó el brazo para admirarlo y se posicionó como si fuese a lanzar una flecha.
—¡Oh! —exclamó Lunamon —. ¿Sabes que eso se parece al arco de una Angewomon?
—¿En serio? —preguntó la chica.
—Tiene razón —asintió Gaomon —. Las alitas en su guante crecen y crean un arco.
—Guay —susurró —. Bueno… tengo arco, pero ¿y las flechas? —preguntó buscando en su espalda algún carcaj aparecido de repente.
Una lluvia de agujas surgida de entre los árboles impidió a los demás responder a la chica. Esquivándolo por poco, Emily se volteó y, casi sin darse cuenta, volvió a tensar el arco lista para disparar. Una bola de fuego surgió en el punto donde debería haber estado la punta de la flecha; al soltar la flecha imaginaria, la bola se lanzó directa contra los árboles.
—¡Genial, Em! —aplaudió Mikemon.
—Así pues, genero flechas de fuego —dijo mirando sus manos —. Y ha sido muy útil, la verdad.
—¡JA, JA, JA, JA, JA! —una malévola risa femenina resonó entre los árboles, alertando a todos aún más de lo que el ataque de agujas había hecho ya.
—¿Quién anda ahí? —preguntó JP.
—Estúpidos niños elegidos, no tenéis ni idea de lo que os va a ocurrir… ¡Sois solamente un miserable grupo de críos inútiles que no van a lograr nada! Es mejor que os rindáis y hagáis esto mucho más fácil —la figura de una mujer araña surgió de entre los árboles.
