¡Saludos a todos! ¡Aquí Kaotik, reportándose una semana más!

Traigo buenas y malas noticias. Empezaré con las malas, porque así acabamos animados (especialmente yo).

MALA: Mi USB está muerto, muerto, muerto. Así que me da que, a menos que cuando vuelva a tenerlo en mis manos obre un milagro, he perdido un puñado enorme de imágenes (algunas de ellas no sé de dónde las saqué), me va a tocar actualizar absolutamente todos los backups y rezar para que no se estropee ningún USB más porque el portátil en el que trabajo no me abre ninguna nube. Ahora estoy a la espera de que mi tío saque tiempo para ver juntos qué podemos hacer con mi ordenador (qué piezas necesitaré para tener un megaordenador con el que olvidarme de estos problemas porque podré abrirlo todo)

BUENA: he recuperado el último backup de Code Frontier (sólo le faltaba un capítulo) y ya puedo continuar actualizando sin problema alguno, así como seguir reescribiendo los capítulos y continuar la historia desde donde Lily y yo la dejamos hace milenios (en serio, ya no recuerdo cuándo pasó que se le atascaron los ruedines a la historia).

A todos aquellos que habéis vuelto a seguir la historia: siento muchísimo este parón (realmente, sólo la semana pasada fue un "no voy a subir aunque tenga", porque no estuve en casa ni con internet); como la espera ha sido larga, he decidido actualizar antes con la esperanza de que quizás (sólo quizás), si no tengo nada que hacer este fin de semana, pueda subir otro capítulo (NO PROMETO NADA, NO SÉ QUÉ PASARÁ ESTE FIN DE SEMANA, ASÍ QUE NO ME TIRÉIS TOMATES SI NO SUBO OTRO CAPÍTULO ESTA SEMANA)

Para quienes conozcáis la historia, debo deciros una cosa: EL CAPÍTULO ES 50% NUEVO, así que leedlo atentamente, no por encima para refrescar vuestras memorias, que nos conocemos. Es larguito, sí, pero el contenido lo requiere, así que espero que no se os haga pesado.

Ahora sin más... Oh, esperad... DISCLAIMER: una vez más, repetir lo de siempre, que Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen ni a mí ni a raf-lily, sólo la idea loca y algún que otro digimon. Cualquier parecido con algo de alguien, mera coincidencia/casualidad/chic , pensamos igual, así que si quieres dar alguna idea, te mencionaremos al inicio del capítulo (pero que sepas que eso pasará de aquí a 100 capítulos aproximadamente). Bueno, ahora sí, ¡adelante con el capítulo!


Capítulo 8: Los Guardianes del Digimundo

Prácticamente todos alzaron la vista a tiempo para ver dos siluetas dejándose caer del árbol en el que Kitsumon se había apoyado. El silencio que acompañó a la aparición de aquellos dos digimons no tardó en convertirse en susurros.

—Increíble —susurró Kitsumon. Una de las dos figuras, la negra, volteó ligeramente la cabeza y le sonrió con amabilidad.

—¿Sabes quiénes son? —preguntó Ulrich.

—Pensaba que eran seres de cuento —respondió —. Pero son reales…

—Kyubimon no tiene tiempo para acompañaros de vuelta a la aldea —repitió la digimon negra.

—Mirad a vuestro alrededor bien —indicó el blanco —. Los humanos son niños elegidos. Y entre los digimons que les acompañan, se encuentran los descendientes de los diez antiguos guerreros legendarios.

Obedientes, el grupo miró alrededor, obligándose a identificar a cada uno de los allí presentes y ahogando exclamaciones por ello. Aprovechando el momento, Kyubimon los saltó y se apartó, siendo atendida por Yumi en cuanto puso los pies de nuevo en el suelo.

—Vosotros dos sois LightKitsumon y DarkRenamon, ¿verdad? —preguntó la de mayor evolución.

—Exactamente —sonrió la negra antes de voltearse hacia Kitsumon —. Muy posiblemente, los culpables de tu sufrimiento, pequeño.

—¿Qué? —preguntó, extrañado pero aún afectado por la sorpresa de verles allí en vivo.

—Kyubimon, Kitsumon, vosotros dos no pertenecéis a la aldea —informó el Kitsumon blanco.

—¿Qué? No, imposible, nacimos allí —negó Kyubimon.

—No es vuestro lugar —negó el blanco —. Por ese motivo, estos dos no pueden regresar a la aldea.

—¿Se puede saber de qué habláis? —preguntó uno de los Kitsumons —. ¡Kyubimon nació y creció ahí! ¡Pertenece a la aldea!

Las voces no tardaron en alzarse, mezclándose unas con otras en un jaleo que preocupó al grupo de niños elegidos y digimons acompañantes. Una extraña aura alrededor de la Renamon negra fue lo que acalló todas aquellas voces.

—Gracias —sonrió con tranquilidad. Sin preocuparle nada, les dio la espalda y caminó hasta Kitsumon —. Lo siento mucho, Kitsumon —dijo, dejando aún más mudo al digimon —. Cometimos un error imperdonable que conllevó a toda una vida de sufrimiento para ti.

—Nunca nos perdonaremos este error —añadió LightKitsumon, también acercándose al otro. De cerca, Ulrich descubrió que el blanco era bastante más alto que Kitsumon.

—Yo… no sé de qué habláis…

—Te lo contaremos todo —asintió la negra —. Pero antes… Debemos despedir a los demás —dijo volteándose al grupo —. Los que quedan en la aldea están preocupados por vosotros. La anciana está terriblemente angustiada y desea que regreséis cuanto antes.

—¡Habéis estado allí! —acusó una de las Renamons, de un amarillo más brillante que Kyubimon.

—Así es. Y por lo que hemos visto, debéis regresar cuanto antes —indicó el oscuro haciendo un gesto con su cabeza —. Kyubimon y Kitsumon os visitarán cuando puedan.

Algo a regañadientes, el grupo empezó a despedirse de los allí presentes, prestando más atención a Kyubimon que a Kitsumon, gesto que no pasó desapercibido por completo. Poco a poco, y tras orientarse, empezaron a marchar, dejando atrás a todos los demás.

—Ahora que estamos más tranquilos, podemos hablar con calma —declaró DarkRenamon, con una palmada que llamó la atención de todos.

—¿Por qué os llamáis culpables de lo que me ocurrió si ni tan siquiera habéis estado allí? —preguntó Kitsumon.

—Nos equivocamos en la lectura de una visión profética —explicó LightKitsumon, volteándose hacia los demás —. Quizás sería necesario que dedigievolucionarais. Todos. Esto es algo largo.

—Hacedlo —dijo Kyubimon, envolviéndose ella también en digicódigo y volviendo a tomar su aspecto infantil.

En silencio, aunque ansiosos por preguntar mil cosas, el grupo tomó asiento en el claro y esperó la explicación.

—Cuando los digihuevos de Renamon y Kitsumon llegaron a nosotros, no teníamos ni idea de quiénes eran en realidad los dos digimons que surgirían —empezó la digimon negra.

—Por eso, los dejamos en la aldea de los zorros —siguió el blanco —. No fue hasta más tarde incluso de cometer nuestro imperdonable error que descubrimos la verdad.

—¿Qué verdad? —preguntó Bokomon, abriendo su libro listo para contrastar la información.

—Veréis, para que entendáis lo que os tenemos que contar, primero debéis saber lo ocurrido con Kitsumon —dijo DarkRenamon, mirando al zorro rojo.

—No sé qué puede tener eso que ver —declaró mirando a otro lado.

—También es desagradable para nosotros —aseguró la digimon —. Veréis, poquísimos días después del nacimiento de ambos, LightKitsumon y yo tuvimos una visión extraña que no dudamos en informar a la anciana de la aldea. La malinterpretamos, pero de eso no nos dimos cuenta hasta tiempo más tarde, por lo que el mal ya había sido hecho: la anciana, alertada por nuestro aviso, había logrado apartar a Kitsumon del resto de la aldea.

—¿Por qué? —preguntó Ulrich.

—En aquella visión, vimos un digimon de aspecto zorruno que dedicaba su vida a sembrar el caos y la destrucción allá donde iba. Su pelaje era de un tono rojo como la sangre y sus ojos mostraban locura. Muchos digimons se enfrentaban a él, incluso digimons zorros, pero ninguno era rival para él —explicó el blanco.

—Ningún zorro en la aldea tenía ese color en su pelaje. Todos los rojos eran tonos ígneos, con poderes de fuego. Pero Kitsumon…

—Su pelaje es rojo como la sangre —reconoció Renamon, mirando a su amigo fijamente —. Siempre has sido así… Eras diferente, único… Nadie más tenía ese color en el pelaje.

—Exacto —asintió la negra —. La anciana lo identificó como el digimon sanguinario que nosotros le dijimos… Y tomó por medida apartarlo de los demás.

—¡Eso es contraproducente! —exclamó Emily —. Apartándolo lo que se conseguía era que acumulase más odio contra todos.

—Exactamente —asintió Koichi.

—Pero él jamás ha sido malo —negó Renamon —. ¡Y aquellos ataques no fueron culpa suya!

—Lo sabemos —asintió LightKitsumon —. Aquellos ataques fueron las primeras manifestaciones de XANA en este mundo.

—¡¿Tanto hace que está aquí?! —exclamó Kitsumon.

—¿De cuánto tiempo hablamos? —preguntó Teruo.

—Hace casi un año —respondió el digimon.

—¿EN SERIO?

—Eso es otra historia —negó DarkRenamon —. Para cuando nos dimos cuenta de nuestro error ya era tarde. La aldea entera ya rechazaba a Kitsumon y nada de lo que pudiésemos decirles les haría cambiar de opinión.

—¿Qué error cometisteis? —preguntó Aelita.

—El zorro que vimos no era este Kitsumon —respondió la negra —. Se trataba de una imagen del pasado, algo que debía habernos servido para entender quiénes eran los bebés que nacerían de aquellos dos digihuevos.

—Renamon y Kitsumon —comentó Dracomon. William enseguida le cubrió la boca con ambas manos y pidió perdón.

El digimon blanco carraspeó, tomó aire y miró a su compañera unos segundos en los que no pronunciaron palabra alguna. Todos observaron atentamente hasta que LightKitsumon soltó el aire sonoramente y empezó a narrar la historia.

Hace mucho tiempo, existió un digimon zorro que supuso una pesadilla para muchos en el Digimundo. Se trataba de un Kitsumon con un pelaje como la sangre que disfrutaba matando a todo ser que se cruzaba con él. Nadie era capaz de detenerle; ni tan siquiera digimons poderosos pudieron hacer nada contra él.

No fue hasta pasados varios meses que uno de los Guardianes del Digimundo logró frenar sus pasos, venciéndolo y liberándolo del virus que le había afectado. Después de eso, Kitsumon decidió unirse a los Guardianes del Digimundo.

Éramos conscientes del daño que habíamos causado a Kitsumon con aquello, por lo que intentamos encontrar una forma de darle una vida mejor, ya fuera en la aldea o en otro lugar. Y fue entonces cuando hicimos un gran descubrimiento que nos entretuvo por más tiempo del que nos imaginábamos.

—¿Qué clase de descubrimiento? —preguntó Takuya.

—En la lucha contra Lucemon, no sólo combatieron los diez guerreros legendarios, sino que contaron con la ayuda de ocho digimons más —respondió DarkRenamon —. Anubismon, Dianamon, Justimon, MirageGaogamon, Rosemon, RowPersiamon, Sakuyamon y Slayedramon. Esa unión fue llamada…

—Los Guardianes del Digimundo. Esa historia la conocen todos los digimons —asintió Bokomon agitando el libro abierto —. Ellos lucharon contra Lucemon; Ancient Greymon y Ancient Garurumon fueron los que dieron el golpe final, se refugiaron todos para recuperarse de la batalla y todo fue felicidad hasta que un desgraciado asesinó a Ancient Garurumon y a Justimon, dando inicio así a la caída de los Guardianes. Aunque no sabía que ya existía esa alianza antes de la caída de Lucemon…

—Las estrategias de la batalla son algo que muy poca gente conoce. Quizás únicamente los tres grandes ángeles y algún que otro digimon de rango superior —convino LightKitsumon.

—Pero eso no interesa ahora mismo —atajó DarkRenamon —. Como imagináis, seguir los pasos de aquel Kitsumon maldito nos llevó a los Guardianes y, con ellos, a toda su historia.

—¿Y con eso cómo pensabais ayudarme? —preguntó Kitsumon, cruzado de brazos.

—Paciencia, muchacho —le sonrió el blanco —. Como está claro que todos ya sabéis, los Guardianes acabaron muriendo poco a poco. Sin embargo, lo que me atrevería a decir que quizás media docena de digimons sabe es que no fueron muertes sin más. Podría decirse que, en cierto modo, estaban planificadas.

—¿Planificadas? —preguntó más de uno.

—Las muertes de Ancient Garurumon y Justimon fueron algo inesperado —empezó a nombrar la digimon negra —. Ancient Irismon y Sakuyamon tampoco fue algo planeado. Ellas simplemente fueron consumidas por la culpabilidad. Pero los otros catorce sí planificaron sus muertes.

—¿Por qué? —preguntó Katsuharu. Bokomon sacó otro libro y se preparó para escribir todo cuanto oyese.

—Por algún motivo, cuando los dos primeros Guardianes murieron no sólo se generó un digihuevo por parte de Justimon y dos espíritus por parte de Ancient Garurumon, sino que hubo una parte de sus almas que desapareció del mundo digital —respondió LightKitsumon.

—En el caso de las dos siguientes, es posible que fuesen sus pensamientos y las ganas de volver a verles las que hicieron que se diese el mismo proceso en sus muertes —siguió DarkRenamon —. Ancient Wisemon lo descubrió, se lo dijo a los demás y todos decidieron hacer lo mismo. En el momento de terminar sus vidas, sus almas se partirían y, mientras una parte se quedaba aquí, la otra viajaba a otro mundo distinto a la espera de volver a nacer.

—¿Cómo? —pregunto Aelita —. ¿Cómo se puede hacer eso por voluntad propia?

—Eso es algo que no hemos sido capaces de descubrir —negó la digimon —. Quizás jamás se sepa.

—Como podéis imaginar, lo lograron —siguió el blanco —. Los catorce lograron seguir los pasos de sus cuatro compañeros, prometiéndose antes regresar al Digimundo cuando éste lo necesitase.

—Un momento —alzó la mano Takuya —. Nosotros estuvimos aquí cuando Lucemon se liberó de su prisión y sólo luchamos nosotros seis, porque Katsuharu, Teppei, Teruo y Chiaki no tenían sus espíritus digitales en aquel entonces. El Digimundo necesitaba quien combatiese el mal que lo estaba destruyendo y no hubo nadie más que nosotros para hacerlo.

—En cierto modo, podría deberse a que Lucemon no era tan poderoso como en aquel entonces —convino LightKitsumon —. Podríais decir que no era una amenaza como en tiempos antiguos, en los que él estuvo al poder por mucho tiempo.

—Oh…

—¿Y se puede saber cómo todo esto ayuda a Kitsumon? —preguntó Renamon.

—Porque actualmente, todos los Guardianes han vuelto a la vida —respondió DarkRenamon pasando la mirada por los allí reunidos.

—Bueno, tanto como volver a la vida… —empezó a decir Teruo, intentando ocultar una risilla nerviosa —. Los diez antiguos siguen siendo dos espíritus cada uno —dijo alzando su D-tector.

—Y cada par de espíritus ha encontrado el fragmento de alma que les faltaba —señaló el blanco —. Sois sus reencarnaciones.

—¡Eso es un disparate! —exclamó Bokomon apuntándoles con su lápiz —. ¡Ellos son humanos! A ver, ¿cómo explicáis eso?

—El fragmento de alma que abandonó el Digimundo acabó en el mundo humano, lugar al que pertenecen estos niños —sonrió la negra.

—¿Es… eso posible? —preguntó algo dubitativa Chiaki.

—Perfectamente —asintió LightKitsumon.

—No, no puede ser —negó Koichi —. Kerpymon me entregó los espíritus de la oscuridad corruptos por el odio y el rencor que había en mí…

—Existen muchos seres con odio y rencor —empezó a decir DarkRenamon —. Sin embargo, fuiste tú el elegido —señaló —. ¿Por qué tú, un chico que, a demás, no se encontraba completamente en este mundo?

Ante la pregunta de la digimon, Koichi agachó la cabeza hacia sus manos, apretadas en puños. A su lado, Kouji le palmeó levemente la espalda.

—Pensad un poco —siguió diciendo —. Cada uno tiene un D-tector de un color diferente y reacciona únicamente a un elemento. ¿Creéis que es casualidad?

—Ahora que lo pienso —dijo Takuya —, cuando vinimos en el Trailmon a este mundo por primera vez… Vi a los demás con forma de digimon… La forma humana de cada espíritu —dijo mirando a los demás —. Y cuando nos encontramos con Kouji… Zoe y yo llegamos porque estábamos buscando a Tommy y JP, pero él…

—Yo había llegado allí siguiendo la señal en mi dispositivo, el espíritu de Lobomon. —finalizó —. No volví a recibir ninguna señal relacionada con los espíritus hasta que apareció el espíritu digital de KendoGarurumon.

—Hey, esperad —alzó la mano Ulrich —. Entonces lo que vi en el Trailmon cuando llegamos… ¿es algo normal?

—¡Tú también lo viste! —señalaron Aelita y Yumi.

—¿Qué significa eso? —preguntó Sissi.

—Al igual que ellos diez son las reencarnaciones de los diez Ancients, vosotros sois las reencarnaciones de los otros ocho Guardianes —respondió LightKitsumon.

—¿Nosotros? —preguntó Jeremy.

—Sí —asintió el blanco —. En el caso de los Ancients, el alma que viajó al mundo humano acabó convirtiéndose en el nuevo cuerpo de su reencarnación, un receptáculo perfecto para los poderes de los espíritus digitales —dijo —. El último nivel de evolución de los actuales guerreros legendarios bien podría ser las evoluciones Ancient.

—¿Y nosotros? —preguntó William.

—En vuestro caso, el haber quedado un digihuevo en este mundo provocó que se crearan dos entidades en el momento del renacimiento —dijo DarkRenamon —. Vuestro compañero digimon es más que un compañero —señaló. A ello, cada joven observó al digimon sentado a su lado.

—Y aquí es donde llegamos al punto en el que remendamos nuestro error —suspiró LightKitsumon —. Kitsumon, tú y tu compañero humano sois las dos mitades en las que se dividió Justimon cuando fue asesinado.

—¿Ulrich y yo somos…? —preguntó sorprendido.

—Y, por supuesto, con los demás pasa igual —sonrió DarkRenamon —. Sakuyamon se reencarnó en Renamon en este mundo y en Yumi en el mundo humano, Aelita y Lunamon son la reencarnación de Dianamon, Jeremy y Gaomon son MirageGaogamon, Sissi y Floramon son Rosemon, William y Dracomon son Slayerdramon, Emily y Mikemon son RowPersiamon y Odd y Labramon son Anubismon.

—¡Tiempo muerto! —se puso en pie Odd —. ¡Labramon era mi perro Kiwi! Por un misterio que desconozco, el digimon que veis aquí había vivido toda la vida como perro en el mundo humano. ¡Conmigo!

—Un "error" de Anubismon —agitó la mano la Renamon oscura —. Se dice que Anubismon era bastante reservado para algunas cosas. No estaba del todo de acuerdo con la idea de dejar una mitad de su alma desprotegida como un simple humano, por lo que se las ingenió para, en la división, enviar la mitad que debería quedarse aquí a una criatura cercana a su reencarnación que pudiese defenderle.

—Pues yo no recuerdo nada —dijo pensativo Labramon.

—Es verdad, nunca he tenido una sensación de dejavú —dijo Lunamon.

—Porque, si bien los dieciocho Guardianes han renacido, sus almas están incompletas por ahora —señaló el Kitsumon blanco —. En el caso de los diez guerreros legendarios, el proceso para completarlas es más sencillo que para vosotros, pues el espíritu digital se fusiona con ellos al digievolucionar.

—Pero no os preocupéis. Seguro que lograréis completar vuestras almas. Y podréis recordar cosas de aquellos tiempos.

—¿Cómo? —preguntó Floramon.

—Aún no hemos averiguado ese dato —suspiró la digimon —. No hemos encontrado ningún dato de otro digimon que haya hecho lo mismo que los Guardianes y esté vivo para explicárnoslo.

El silencio se formó en el grupo, cada uno dándole vueltas a la información recibida e intentando sacar las cosas claras.

—Así… que, al final, resulta ser que sí fui el zorro maldito —suspiró Kitsumon.

—Sólo hasta que te liberaron del virus que te afectaba. Después, te convertiste en Guardián —le apretó el hombro LightKitsumon antes de ponerse en pie —. Por ese motivo, ni vosotros dos podéis pasar por la aldea a perder el tiempo ni nosotros deberíamos entreteneros más —dijo extendiendo una garra hacia su compañera para ayudarla a levantar.

—¿Ya marcháis? —preguntó Renamon.

—Sí, pequeña —se le acercó la negra —. El peligro acecha en cada esquina y hay mucha información que debemos encontrar y salvaguardar de las garras de Xana-Lucemon. A demás de una aldea por la que pasar —guiñó.

—¿Nos volveremos a ver? —preguntó Kitsumon.

—Cuando realmente tengáis un hueco para pasar por la aldea, sí —asintió el blanco.

—Podré… ¿podré volver a la aldea?

—¡Por supuesto que sí, pequeñín! —rió la negra antes de atraparle en un abrazo —. Estaremos encantados de recibirte debidamente.

—Volveremos a vernos todos —asintió el blanco —. Y esperamos poder proporcionaros más información con la que ayudaros a despertar vuestros poderes plenamente.

Asintiendo, los elegidos y sus digimons se despidieron de ambos digimons, prometiendo encontrarse otra vez. La nueva información recibida, sin embargo, afectó al grupo cuando se puso en marcha, avanzando algo silenciosos hacia la Rosa de las Estrellas.