¡Hola a todos!
No, no me había olvidado que tenía que subir capítulo, así que dejad de apuntar a matar. Como ya sabéis, mi ordenador es una patata, así que queda descartado subir nada en él. Por lo que sólo me quedaba la opción del portátil... En manos de mi hermana y su interminable trabajo de clase (ha estado haciéndolo a dos ordenadores -usando el de nuestra madre, porque con el mío se habría muerto-). Así que hasta hoy no he podido coger esto para subir nada.
Sin perder más tiempo, DISCLAIMER advertencia, aviso, atención, blablabla... Code Lyoko & Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí. Sólo algún personajillo es nuestro (y cualquier parecido o igualdad con el de alguno de los lectores, no ha sido robo, simplemente coincidencia, así que antes de empezar las quejas y/o ataques, ponte en contacto con nosotras amable y educadamente, oki?)
Y ahora sí, sin más, ahí os va otro capítulo que algunos ya conocéis y otros no.
Capítulo 9: Controlando a las bestias
El sol descendía cuando llegaron a un valle refugiado en el que buscar refugio. Por suerte, encontraron una cueva lo suficientemente grande para entrar todos. En poco tiempo, el grupo se organizó y repartió las tareas, poniéndose manos a la obra lo más rápido posible para evitar la oscuridad de la noche.
—¿Sabéis? Creo que de ahora en adelante, Takuya, Odd y Dracomon podrían encargarse de ir en busca de leña cada vez que paremos —dijo Sissi.
—¡Venga ya! —exclamaron los dos humanos, claramente molestos.
—¿Por qué? —preguntó el digimon dragón con inocencia.
—Porque en esa tarea, es seguro que no os coméis lo que se tenga para todos.
—¡Jajajaja! Tienes razón —asintió Zoe —. Aunque… Labramon y William tendrán trabajo procurando que esos dos no compitan por ver quién trae más y que Dracomon no la líe tropezando él solito.
—Qué remedio —suspiró el humano, mirando al digimon perro —. Vamos a formar equipo por un rato, Labramon.
—Cierto —asintió mirando a los otros tres —. Vamos a moverles ya…
—JP, ¿te importaría ir con Tommy, Teppei y Katsuharu a por comida? —pidió Aelita.
—Ningún problema —aseguró.
—Jeremy, Ulrich, Teruo y los gemelos podrían ir a buscar cosas para hacer las camas, ¿no? —comentó Chiaki —. Y de mientras, los demás preparamos el lugar.
—¿Y qué hacemos los digimons? —preguntó Floramon.
—Podéis asegurar que el terreno sea seguro. Una especie de vigilancia —indicó Yumi.
—¡Vale!
—¡Yo iré a pescar un poco! —exclamó Mikemon.
Sin dar tiempo a nadie a detenerla, adelantó a todos los que se movían listos para sus diferentes búsquedas y echó a correr hacia donde oía correr el agua. Se sentó en la orilla y esperó pacientemente antes de meter la garra en el agua y sacar, uno a uno, todos los peces que pudo. Cuando tuvo suficientes, se acercó a los árboles y rebuscó material para crear una cestita en la que depositarlos. Estaba acomodando el último cuando el ruido de hojas pisadas la alertó.
—¿Hay alguien ahí? —preguntó, aferrando la pesca y caminando lentamente hasta donde había oído el sonido —. ¡Oh, cielos! ¡Eh, levanta de ahí!
Tirado en el suelo, un digimon bastante cubierto de suciedad permanecía bocabajo y sin responder ni tan siquiera a sus golpecitos con los pies. Memorizando el lugar en el que se encontraba, salió corriendo de vuelta al campamento. Más de uno allí se levantó y posicionó defensivamente ante su precipitada llegada.
—¿Qué ocurre, Mikemon? Pareces alterada —observó Emily.
—Hay… hay un digimon… herido… Está cerca del río —señaló dejando la cesta.
—¿Qué clase de digimon? —preguntó Renamon, acercándose a ella.
—No… no lo he visto bien… Había muchas hierbas y… está muy sucio. No me veo capaz de cargar con él.
—Te ayudaremos —aseguró Yumi, mirando a su compañera digimon.
—Yo también iré. Puede que quienes le hayan herido sigan cerca —dijo Kitsumon.
—Es por aquí —señaló la gata.
Rápidamente, los tres siguieron a Mikemon por entre las hierbas hasta el lugar en el que seguía, tal y como lo había dejado, aquel digimon. Con Kitsumon y Yumi atentos a los alrededores, Renamon cargó con el pequeño digimon en brazos.
—Necesitaremos agua… Y alguna hierba para tratar las heridas —dijo la digimon amarilla, viendo el barro pegándose a su pelaje.
—No te preocupes, seguro que las otras se están ocupando —dijo Yumi.
—Sobre las hierbas, puedo ir yo en cuanto lleguemos al refugio —dijo Kitsumon.
—Gracias.
El cuarteto llegó de nuevo al claro, donde ya esperaban Emily, Sissi y Aelita para recibirles. Los digimons, así como el grupo que había ido a por madera, habían salido para recorrer los alrededores en busca de problemas.
—Voy a revisar los alrededores yo también —dijo Mikemon.
—Iré a por las hierbas —informó Kitsumon, desapareciendo del lugar en un parpadeo.
—Renamon, Zoe ha salido con Kouji y Ulrich hacia el río, algo más abajo, para recoger agua. Quizás deberías acercarte rápidamente y bañarte un poco —dijo Sissi.
—Sí, está bien —asintió, dejando al digimon en una improvisada cama antes de marchar.
—Oye, ¿no es un Lopmon? —preguntó Emily.
—Sí, aunque… es un poco raro —murmuró Aelita.
Pocos minutos más tarde, alternando la preparación del pescado con la vigilancia sobre el digimon herido, el segundo grupo llegó.
—¿Y eso? —preguntó Teppei señalando el bulto en la camita.
—Mikemon lo ha encontrado junto al río —explicó Yumi.
—¿Está bien? —preguntó Tommy.
—Pues no lo sabemos —respondió Aelita —. Está tan sucio que es difícil saber si las heridas son graves o no.
—Por cierto, ¿no os parece algo raro? —preguntó Emily —. Quiero decir, para ser un Lopmon…
—Es que no lo es —rió Katsuharu.
—¿Cómo no va a serlo? ¡Mira qué pedazo de orejas! —apuntó Sissi.
—Es un Terriermon —dijo JP —. Pasa algo parecido a Renamon y Kitsumon.
—Oh —los colores subieron a los rostros de las cuatro.
Risas y protestas acercándose hicieron que todos volviesen la vista para ver llegar a Zoe y Ulrich montados en un gran digimon cargado de cubos. Ante él, Kitsumon y una empapada Renamon caminaban tranquilamente.
—¡Renamon! ¡Tienes el fuego listo para secarte! —llamó Aelita.
—Gracias.
—¿Se puede saber de dónde habéis sacado este digimon? —preguntó Sissi.
—Tampoco soy algo tan raro —respondió la bestia blanca, agachándose con cuidado en el suelo.
—Es Kouji digievolucionado en su forma animal, KendoGarurumon —respondió Zoe, bajando y acercándose a uno de los barriles junto al que también bajó Ulrich.
—¿Esa enorme bestia es mi primo? —preguntó Yumi.
—Seguro que nunca imaginaste que podría ser tan grande —respondió la bestia de la luz, esperando pacientemente que Kitsumon, que había soltado la medicina junto a Emily, se uniese a liberarle de su carga.
—¿Pero qué es esto? —preguntó William, apareciendo por un costado acompañado de los demás que habían salido a vigilar. Takuya y Koichi aguantaban la risa detrás de él.
—Si te soy sincero, yo también he flipado cuando ha dicho que digievolucionando llevaríamos más agua con mayor facilidad —dijo Ulrich —. De habérmelo dicho Chiaki, no me habría reído tontamente para quedar en ridículo.
—¿Podemos hablar de esto con calma? —pidió Jeremy —. Está claro que vosotros sabéis mucho más de los digimons que nosotros. Y más cuando ya habéis peleado aquí y digievolucionado.
—En cuanto me liberéis, podremos hacerlo —aseguró KendoGarurumon.
Poco más de media hora más tarde, con la comida lista, el grupo de Lyoko esperó pacientemente las palabras del grupo de guerreros legendarios.
—Vale, primito, hora de hablar —dijo Yumi, mirando a Kouji —. ¿KendoGarurumon es la evolución de Lobomon?
—Más bien es la digievolución con el espíritu digital animal de la luz —respondió.
—¿Espiritu animal? ¿Es que tenéis una colección de espíritus ahí metidos o qué? —preguntó Odd señalando el D-tector del chico.
—Solo tenemos dos cada uno —negó.
—¡Yo me encargo! —alzó la voz Bokomon —. Como ya sabéis, y si no os acordáis os respondo ahora, los Ancients crearon dos espíritus al morir: uno con forma humana y otro con forma animal. Por lo tanto, existen dos tipos diferentes de digievolución.
—Es decir, que con uno tomáis forma humana y con el otro, de bicho —señaló Sissi.
—¿Acaso me has visto cara de bicho? —preguntó Kouji.
—Ni tan siquiera JP podría llamarse bicho —comentó Tommy mientras el mayor pulsaba los botones de su D-tector y mostraba la pantalla.
—Qué cosa más rara —murmuró.
—Entonces —intervino Jeremy —, ese espíritu animal se diferencia en que se usa otro espíritu.
—También en que el animal es más poderoso que el humano. Al fin y al cabo, es el instinto de una bestia —explicó Takuya —. Para quien no está acostumbrado, es complicado dominarlo porque la fuerza animal te hace perder el control. Aunque…
—¿Qué?
—Zoe lo consiguió sin despeinarse siquiera. A mí me costó lo mío —rió tontamente.
—No hace falta que lo jures —dijo JP, frotándose inconscientemente la espalda ante el recuerdo de los golpes que recibió junto a KendoGarurumon.
—¿Os costó?
—A unos más que a otros —respondió Tommy —. En mi caso, quizás es que Korikakumon debe tener una naturaleza más tranquila que los demás. Pero, al parecer, llamaba bastante la atención.
—Kouji, por ejemplo, parecía loco, golpeándose contra todo. Pero posiblemente fuese el instinto de supervivencia lo que hizo que retomara el control —explicó Zoe.
—¿Qué esperabas? Gigasmon buscaba aprovecharse de esa ausencia de control para atacarme.
—Y JP casi nos entierra a todos con su mala puntería —señaló Takuya.
—Fue difícil —se excusó.
—¿Todos tenéis los dos espíritus? —preguntó William.
—Por supuesto. Todos tenemos los dos espíritus que dejaron los diez antiguos —dijo Koichi alzando su D-tector.
—¿Y tú también tuviste problemas para controlarlos, Koichi? —preguntó Chiaki.
—La verdad… no lo sé —respondió —. Kerpymon me tenía engañado en un estado de semiconsciencia. Él fue quien me entregó el espíritu de Duskmon. Cuando no pude vencer a Beowolfmon, Kerpymon liberó el de Velgemon. Yo no tenía control de mí mismo completamente, así que…
—Y después, cuando los espíritus de la oscuridad fueron purificados, cambiaste la digievolución de Loewemon a KaiserLeomon con un dominio perfecto —señaló Kouji.
—Me he perdido —frenó la conversación Emily —. ¿Qué digimon eres tú?
—Loewemon es la forma del espíritu humano y KaiserLeomon la de la animal. Como mi hermano, pero en forma de león, negro y sin ruedas —rió.
—Pero los de antes…
—Formas corruptas. Largo de explicar —negó, cortando rápidamente ese hilo de conversación.
—¿Qué hay de los demás? —preguntó Yumi, notando la incomodidad de su primo.
—Mi espíritu digital animal es BurninGreymon, un gran dragón rojo —sonrió Takuya.
—Como ya habéis visto en la pantalla, esta forma difícil de explicar es MetalKabuterimon —dijo JP rascándose la mejilla.
—Yo digievoluciono a Korikakumon. Tiene forma de hombre de las nieves y tengo un tamaño muy grande. Más de lo que os podéis imaginar.
—El mío es Zephyrmon. Para ser una evolución con espíritu digital animal, tiene cuerpo humano —dijo Zoe.
—¿Y cómo sabes que es animal? —preguntó Aelita.
—Bueno, tiene alas de ave y los pies y las manos son garras. A demás, tiene la fuerza de una bestia. Pero por lo demás, es bastante similar a Kazemon.
—En mi caso, yo soy… soy… pues… Chicos, ¿quién soy yo? —preguntó Katsuharu, provocando alguna caída y risas.
—Cierto, vosotros cuatro no los habéis visto —rió Tommy —. Menudo despiste más tonto.
—El espíritu digital animal de la tierra es Gigasmon —señaló Takuya —. El de la madera es Petaldramon.
—Sephirotmon, el del metal, puede que sea el más raro de todos —declaró JP.
—Vaya, qué alegría —suspiró Teruo.
—Y la otra digievolución de Chiaki es Calmaramon —sonrió Zoe —. La parte inferior es un calamar y la superior, es humana.
—¿En serio? —preguntó la chica.
—Así que tenéis dos digievoluciones diferentes —dijo Jeremy —. Digievolucionar con el espíritu animal os hace más poderosos que con el humano por el instinto animal… ¿No sería conveniente que, ya que se ha visto que vosotros cuatro no habéis digievolucionado jamás en esa forma, practiquéis un poco? —preguntó mirando a los cuatro nuevos integrantes de los guerreros legendarios.
—Cierto, nos convendría practicar un poco. ¿Qué me decís? —animó Katsuharu.
Sin perder el tiempo, se levantaron y, D-tector en mano, se prepararon para controlar los espíritus animales. Ruiditos en el fondo de la cueva les obligó a cambiar de opción.
—¡El digimon ha despertado! —exclamó Labramon.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó Renamon.
—Estoy bien, gracias —respondió con una manita en la cabeza.
—¿Tienes hambre? —ofreció Aelita.
—¡Sí, por favor! —exclamó, sentándose con ellos y aceptando un plato.
—Oye, ¿de verdad no eres un Lopmon? —preguntó Sissi.
—¿Cómo no lo va a ser? —preguntó Odd.
—Soy un Terriermon. ¿No veis que soy amarillo y verde y tengo sólo un cuerno? —preguntó. El grupo de los guerreros legendarios intentó no reír.
—Pues te pareces muchísimo a Lopmon… La forma que tomó Kerpymon, el…
—Gran ángel de tipo animal —asintió Terriermon —. A demás de ser dos tipos de digimons muy parecidos, él es mi hermano.
—¿QUE SOIS HERMANOS? —preguntaron todos.
—¿No os lo ha dicho? Bueno, tampoco ha habido ocasión para presentaciones —negó pegando un buen bocado al pescado —. Os estaba buscando por todas partes para daros un informe importante.
—¿Qué clase de informe?
—Durante el asalto en el castillo del señor Seraphimon, cayeron muchos aliados y… Se desconoce el paradero de los tres grandes ángeles.
—¿Has venido desde allí con todas estas heridas? —preguntó preocupada Chiaki.
—No —negó —. Algunas heridas sí son de la pelea, pero no eran serias y por eso pude salir yo a buscaros. Estas otras son de hace pocas horas —dijo mirando un corte en una de sus orejas —. Estaba cerca cuando una figura extraña me atacó. No llegué a verla bien… Tampoco me paré a verla detenidamente. Me interesaba más alejarla de aquí para que no os encontrase.
—Maldición… Debimos habernos quedado —protestó Takuya.
—Hicimos bien —contradijo Jeremy —. Sólo seis de vosotros sabéis luchar como digimons y cinco de nosotros saben luchar pero no sabían a qué se enfrentaban, nuestros digimons no tienen un nivel lo suficientemente alto como para luchar… Y los demás tenemos que aprender mucho aún.
—Eso me recuerda que deberíamos ponernos a ello —dijo Katsuharu —. Si el resultado de la batalla ha sido tan pobre, debemos esforzarnos para mejorar y tener opciones para vencer al enemigo.
—Tienes razón.
—Yo debo volver a mi aldea —dijo Terriermon —. Os he dado el mensaje y no puedo perder más tiempo.
—¿De noche? —preguntó preocupada Aelita —. ¿Y si esperas a la mañana?
—Lo siento, pero he de hacer más cosas —sonrió —. A demás, no está muy lejos de aquí el lugar en el que vivo.
—Te acompañaremos un tramo igualmente, ¿verdad, Lunamon? —dijo Aelita.
—¿Y te pierdes la fiesta de las bestias, princesa? —señaló Odd.
—No tardaremos y tendremos cuidado. Lo prometemos.
—Está bien… No puedo negarme —suspiró derrotado el amarillo verdoso —. Muchas gracias por vuestra ayuda. Espero que logréis terminar con todo esto.
El trío se levantó y empezó a alejarse caminando tranquilamente. Por otro lado, cuatro jóvenes activaron sus dispositivos digitales llamando a la digievolución. Los demás esperaron varios minutos, hasta que los cuatro digimons que aparecieron dejaron de moverse tan erráticamente, para acercarse prudencialmente.
—¡Madre mía! ¡Menuda bicha estás hecha, Chiaki! —exclamó Odd.
—Ni se te ocurra burlarte —advirtió la guerrera del agua. Los tentáculos bailaban arriba y abajo sin control.
—No, no, no me burlo. Simplemente digo que tienes un cuerpazo que… —un tentáculo salió directo contra él, golpeándole la cabeza certeramente —. ¡Oye!
—¡Uy, lo siento! Parece ser que no controlo todo mi cuerpo aún —sonrió burlona la digimon acuática.
—¡¿Pero qué demonios creéis que puedo hacer yo con esta forma?! ¡¿El baile de las bolas?! —la voz angustiada de Sephirotmon llegó hasta ellos a la vez que todo su cuerpo se balanceaba de un lado a otro.
—Deberíamos ayudarles un poco, creo yo —comentó Takuya —. Podrían descontrolarse aunque tengan cierto control sobre el espíritu.
—Cierto —asintió JP mirando a Calmaramon y sus intentos por bajar todos sus tentáculos —. Ya sabemos qué puede pasar por intentar lanzar un ataque sin ser del todo capaz de dominarlo.
—Y sería un problemón que se volviesen locos los cuatro a la vez —suspiró Koichi, D-tector en mano.
—¡Espíritu digital animal, digievolución!
El brillo de las evoluciones llamaron la atención de todos, incluso de las cuatro bestias ya presentes, que detuvieron todos sus movimientos para ver aparecer los otros seis guerreros legendarios en sus formas animales.
—Pues sí, a JP no se le puede describir fácilmente —señaló Gaomon.
—¡Yo también quiero hacer eso! —chilló Dracomon, agitando los bracitos.
—Tú mejor te quedas conmigo, que eso huele a peligro —dijo William, alzándole en brazos y viendo cómo su digimon seguía moviendo sus patitas.
—¡Por lo que más queráis! ¡Ayudadme de una vez! —chilló Sephirotmon.
—Calma, calma —BurninGreymon voló hasta la parte superior y apoyó una mano en la esfera superior —. Escucha, Teruo, en sí, sólo conocemos una parte de lo que puede hacer Sephirotmon, pero estoy seguro que podrás descubrir más cosas —dijo —. Pero no creas que eres un inútil, ¡en absoluto! Sephirotmon puede absorber a sus enemigos a su interior, encerrándolo en un mundo que tú mismo puedes crear dentro de tus esferas y sólo venciendo pueden liberarse. A demás, gracias a esa obligación de luchar, tú puedes absorber la información de sus ataques y robárselos. Los puedes usar para atacar en el exterior con fuerza multiplicada y todo.
—¿En serio puedo hacer eso? —preguntó, claramente más tranquilo.
—Sí, en serio.
—Y no hace falta que estés en esa forma —añadió Korikakumon, a gritos, desde el suelo —. Puedes agrupar las esferas en un cúmulo e incluso hacerte el gusano.
—Venga, hagamos unas cuantas pruebas —dijo BurninGreymon, apartándose y mirando al suelo —. Gaomon, Kitsumon, ¿qué tal si le lanzáis algunos ataques?
—¿Nosotros?
—Vuestro nivel es inferior al nuestro —explicó Korikakumon —. Sephirotmon puede multiplicar el poder de los ataques que absorbe.
—Por lo que mejor que absorba los vuestros y nos los devuelva a Korikakumon y a mí, que somos más resistentes, y así será más fácil controlar la situación si se descontrola.
—Está bien —aceptaron ambos —. ¿Estás listo, Sephirotmon?
—No mucho, pero adelante —reconoció.
Algo más apartada, Calmaramon seguía empujando sus tentáculos uno a uno para mantenerlos abajo sin mucho éxito en algunos.
—¿Qué tal lo llevas? —preguntó Zephyrmon.
—Me cuesta concentrarme en los tentáculos... Pero no me pienso rendir.
—¡Ésa es la actitud! —sonrió la del viento.
—¡Provocaré un terremoto! —chilló de pronto Gigasmon, dispuesto a saltar. Sin embargo, un tropiezo lo mandó al suelo de espaldas.
—Intenta primero mantener el equilibrio —le ayudó a alzarse KendoGarurumon.
—¿Y qué hago yo? —preguntó Petaldramon.
—Prueba a hacer un ciclón de hojas —animó MetalKabuterimon.
—Vale —las hojas alrededor de su cabeza empezaron a girar y girar pero no ocurrió nada.
—Esto va a ser más complicado de lo que pensaba —negó KaiserLeomon, mirando de reojo cómo su hermano volvía a alzar del suelo a la bestia de la tierra.
—¿Y si atacamos nosotros? —preguntó el del metal —. Quizás ante una situación de peligro, actúan mejor. ¿No le pasó a Kouji?
—¿Con mi falta de equilibrio? No sé yo —declaró Gigasmon con una mueca mientras la bestia blanca a sus espalda se separaba de él y alzaba la vista.
—Yo tengo una idea mejor —dijo —. ¡Sephirotmon!
—¿Qué pasa, KendoGarurumon?
—Absorbe a Gigasmon, a Petaldramon y a Calmaramon a tu interior para evitar que hagan daños en sus entrenamientos.
—Oh, genial, listillo —saltó Odd —, ¿y los demás cómo lo vemos?
—Sephirotmon puede reflejar en la superficie de sus esferas lo que ocurre en su interior —informó Zephyrmon, alzando el vuelo hasta alcanzar la parte superior del digimon del metal —. Méteme a mí también con ellos. Me encargaré de ayudar a Calmaramon en todo lo que me sea posible.
—Yo también voy —avanzó KendoGarurumon —. Te recuerdo que, por muy menuda que seas, también puedes recibir golpes.
—Gigasmon también es enano, una idea que me consuela mucho —se encogió de hombros la guerrera del viento.
—Ni se os ocurra dejarme fuera de la fiesta —batió las alas BurninGreymon —. Los otros tres, mejor quedaos fuera para cuidar los posibles ataques que pueda lanzar Sephirotmon. Que esto también le viene bien como entrenamiento a Teruo.
—Hecho —asintieron los tres.
—¿Listo para absorbernos? —preguntó el de fuego.
—Espero no liarla —suspiró el del metal.
En cuestión de segundos, los seis aparecieron en el extraño pasillo en el interior de la bestia del metal. Aun con el enorme tamaño, BurninGreymon y KendoGarurumon se las ingeniaron para apartarse de los tropiezos de los otros tres mientras Zephyrmon se mantenía lo más alta posible, lejos de los tentáculos de su amiga acuática.
—¿En serio vamos a luchar aquí? —se preocupó Gigasmon, agachándose todo lo posible para esquivar la cola de Petaldramon.
—No, no, esto es un paso entre esferas —rió Zephyrmon —. Seguidnos.
Algo torpes, los tres novatos siguieron a los otros a una especie de ojo al final de aquel pasillo. Nada más atravesarlo, los tres se sorprendieron del paisaje que se abría ante sus ojos.
—Bien, atacad como creáis conveniente —señaló BurninGreymon —. Nosotros estaremos aquí, listos para actuar si algo sale mal.
—Esperemos que Sephirotmon aguante este asalto —añadió KendoGarurumon mirando al cielo.
Separándose en aquel espacio infinito, los tres digimons empezaron a centrarse en controlar su cuerpo completamente antes de atreverse a lanzar algún ataque, primero desviado y luego más acertado. Petaldramon y Gigasmon fueron los primeros en atreverse a hacer enfrentamiento cuerpo a cuerpo contra los de fuego y luz. Calmaramon, por su parte, permaneció quieta junto al lago de aquel lugar.
—¿No peleas? —preguntó Zephyrmon
—¡No te acerques mucho! Creo que estos tentáculos tienen vida propia —dijo con fastidio —. Dame alguna pista para controlarlos, por favor. Por más que lo intento, no logro moverlos a mi voluntad.
—Bueno, puedes imaginarte que los chicos están incordiando y que hay que ponerles freno —dijo señalando a los otros.
—Aparta, que lo intento...
En el exterior, el grupo observaba con risas y preocupación los movimientos de sus compañeros. Ajenos a lo que se decía, los tres seguían esforzándose para mostrar control absoluto sobre el espíritu animal, ignorando las sacudidas de Sephirotmon y los ataques repentinos que éste lanzaba y eran forzosamente rechazados por MetalKabuterimon, Korikakumon y KaiserLeomon.
—Se acabó, estoy harta de tropiezos y golpes tontos... ¡Carga titánica! —ante el ataque de Calmaramon, BurninGreymon y KendoGarurumon se apartaron hasta quedar junto a Zephyrmon.
—Como se descontrole ahora, lo tenemos crudo —declaró el de fuego.
—Eres un exagerado —le reprendió la del viento.
—¡Toma ya! ¡Les he dado! —aplastando a los otros dos digimons, Calmaramon alzaba sus brazos victoriosa.
—¡Lo tienes bajo control! ¡Enhorabuena! —la felicitó Zephyrmon.
