Dos meses atrás

- ¡¿Perdón?! - preguntó David con incredulidad

- Sí - respondió con serenidad el hada Suprema que estaba parada frente a él dentro del salón de la mesa redonda donde se habían reunido con urgencia - Acaban de perdonarle la vida a la Reina Malvada, pero es muy posible que el pueblo no piense lo mismo que ustedes - explicó con calma

- Hemos recuperado el reino y seremos los gobernantes. Lo que decidamos, ellos lo deben respetar - habló con molestia

- La desterraron - le recordó Azul - Eso le da a entender al pueblo que la Reina Malvada no les interesa y que no quieren volver a saber de ella - el príncipe resopló colocando sus manos en la cintura y estampando con un poco de fuerza el pie derecho en el suelo - Te aseguro que si dejas que los caballeros la escolten les tenderán una emboscada y no sólo mataran a Regina, los mataran a todos - eso último lo dijo con algo de énfasis - ¿Vas a poner en riesgo la vida de inocentes, príncipe? - preguntó y lo vio mirarle de forma casi fulminante, negándose a aceptar tan fácilmente que ella tenía razón a pesar de haber entendido ya - Se supone que están dándole la oportunidad a Regina de seguir viviendo. Si la matan de aquí a su castillo de nada habrá servido el haber detenido su ejecución - se aclaró la garganta y alzó la barbilla - Tampoco el haberse arriesgado haciendo tratos con el Oscuro - habló casi recriminando, pero haciendo evidente que sabía lo que ambos habían hecho a sus espaldas.

David negó con su cabeza y cerró los ojos por un par de segundos. Tomó aire profundamente y los abrió para mirarla

- ¿No la puedes trasladar con magia? - preguntó en un inútil intento por librarse de eso

- No, alteza. Es importante que la gente vea que Regina ya no representa ningún peligro. Deberá ser así. Confía en mí - pidió

- ¿Y Henry? - preguntó por el padre de la reina

- Ya fue trasladado - informó y se le quedó mirando fijamente, presionando

- Está bien - respondió resoplando al darse por vencido - Seré yo quien lleve a la Reina Malvada hasta el Castillo Oscuro - accedió.

Azul suspiró con alivio y le sonrió tenuemente en señal de agradecimiento al molesto príncipe.


- ¿Por qué tienes que ir tú? - preguntó la princesa viendo cómo David se preparaba para salir rumbo al Castillo Oscuro junto con la Reina Malvada

- Porque no podemos arriesgarnos a que la maten de aquí a su castillo. Ni a ella ni a los guardias - repitió las razones de Azul que ahora sonaban muy convincentes en su cabeza - Cuando esté segura allá dejará de ser asunto nuestro - enfundó su espada y tomó su capa para ponérsela

- ¿Por qué no mejor esperamos a que recupere su magia? En cuanto la tenga seguramente se irá - argumentó la princesa para convencerlo de desistir. No entendía por qué debían hacer las cosas así

- Azul dice que lo mejor es que el reino vea que Regina ya no representa ningún peligro y para ello, lo mejor es que yo la lleve - respondió con algo de fastidio porque toda esa situación le incomodaba.

No sólo el llevar a Regina hasta el Castillo Oscuro, sino su situación con la princesa en general.

Llegaron a las puertas del palacio y ahí estaba el caballo blanco del príncipe, listo y esperando por él

- ¿Estás seguro de hacer ésto solo? - preguntó Snow

- Por el momento no es conveniente que hagas un viaje así, princesa - intervino el hada azul al momento de unírseles.

Había estado ahí afuera, vigilando los preparativos

- Prométeme que subiremos al trono después de ésto - pidió Snow mientras veía que los guardias llegaban al lugar con una muy molesta Regina

- Sí - respondió el príncipe viendo cómo la reina forcejeaba inútilmente con los caballeros.

Soltó un largo suspiro imaginando lo irritante que sería tener que soportarla durante todo el trayecto

- ¡Voy a hacer que se arrepientan de ésto! - amenazó Regina con rabia

- Será mejor que me vaya - se inclinó para besar a Snow, pero ésta volteó el rostro para que le besara la mejilla y no los labios.

Exhaló con algo de fuerza y se dio la vuelta mientras la princesa entraba al palacio.

Caminó apresurado hasta su caballo y se subió. Después acercaron a la reina para subirla

- No voy a subirme contigo - le dijo poniendo resistencia aunque no le servía de mucho.

En realidad, Regina no era una mujer fuerte físicamente y sin su magia no podía defenderse ni evitar que ellos hicieran lo que quisieran con ella y eso la asustaba mucho aunque no lo demostraba.

Uno de los guardias la tomó por la cintura forcejando con ella y la alzó para que la príncipe pudiera tomarla

- ¡No! - renegó enojada, pataleó y trató de golpear al caballero con sus manos que se encontraban firmemente atadas pero de nada sirvió

- Basta. Vas a asustar al caballo - le dijo David inclinándose un poco para poder tomar a Regina de la cintura y lograr sentarla sobre el lomo del animal, justo enfrente de él

- Suéltame - le exigió al príncipe con dientes apretados - Yo puedo sola - se agarró de la correa del animal con sus atadas manos para acomodarse, después tomó el feo vestido gris para subirlo un poco y poder mover libremente una de sus piernas. Se movió estratégicamente y podía ver las manos de David cerca de ella, cómo cuidando que no fuera a caer pero nunca se atrevió a tocarla y ella lo agradeció.

Hasta que logró montar al caballo como era debido. Con una pierna a cada lado del mismo, aunque el vestido de prisionera se le subió un poco dejando a la vista algo de sus pantorrillas.

No le importaba.

Aún en esas circunstancias, sin magia, desterrada, con el pastor idiota llevándola en ese caballo, con las manos atadas y las vestimentas de prisionera, seguía siendo la reina y no iba a bajar la cabeza.

Montaría orgullosa y debidamente el corcel durante todo el trayecto

- Vamos entonces - murmuró David no quiero demorar más la misión que debía cumplir.

Mientras más rápido emprendiera el viaje, más pronto la dejaría en el Castillo Oscuro y regresaría al suyo para dejarla atrás y olvidarse de ella para siempre.

Lo que David no sabía, es que eso estaba lejos de ser realidad.

No sólo tuvo que rodear el esbelto cuerpo de la reina con sus brazos para tomar las correas y dirigir a su caballo. No. También tuvo que pegar su cuerpo, más específicamente su pecho, a la elegante espalda de ella para conseguirlo.

Ambos se tensaron ante la íntima cercanía.

Fue algo de lo que David se recuperó de inmediato, sabiendo que debía concentrarse en dirigir al caballo, pero para Regina, no fue algo tan sencillo.

Y mientras salían del Palacio y recorrían el puente que lo conectaba con el bosque encantado, Azul les miraba alejarse rogando porque todo saliera bien.


Iban por un sendero rodeado de árboles. Era un tramo largo del trayecto donde no había aldeas ni parecía que hubiera algún campesino rondando.

Así que eran David y Regina, solos, en medio del inmenso bosque encantado.

Llevaban algunas horas de camino, habían pasado por al menos cinco aldeas y en todas ellas, el príncipe pudo constatar que Azul tenía razón.

La Reina Malvada no era bien vista ni mucho menos recibida por nadie. Algunos se atrevían a preguntar por qué le habían perdonado la vida y David tuvo que calmar a los molestos campesinos que amenazaban de muerte a la reina. Les aseguró que Regina ya no era un peligro para ningún habitante. Que nunca más podría dañar a nadie y que de momento, no tenía magia.

Desde luego que la reina soltaba comentarios mordaces y pequeños gruñidos haciendo evidente su inconformidad y molestia, pero para el príncipe no pasaba desapercibido que cuando algún aldeano parecía representar algún peligro, ella se recargaba más contra él, como si estuviera buscando protección y si se tratara de cualquier otra persona, David habría brindado confort sin problema alguno, pero con ella no, no podía.

El trote del caballo era lento de momento, el príncipe estaba dándole un poco de descanso a su fiel corcel con ese ritmo.

El problema era que, ese lento andar, provocaba que el bendito trasero de infarto de la reina se restregara contra su regazo haciendo fricción donde no debía hacerlo. Y desde luego que su miembro comenzó a despertar a causa de ello.

No lo podía evitar, era una reacción natural de su cuerpo y no había mucho que pudiera hacer. Lo único que agradecía profundamente era que la reina no se había percatado de su comprometedora situación.

Y estuvo así, tratando de controlarse hasta que todo se volvió insoportable.

Necesitaba alivio de inmediato.

Jaló las riendas y comenzó a salir del camino

- ¿A dónde vamos? - preguntó Regina con enfado. Quería llegar a su castillo ya.

Estaba harta de esa situación, de los campesinos y del príncipe idiota que sólo abría la boca para burlarse de ella o explicar que la habían desterrado y que ya no tenía poder alguno

- A descansar un poco - respondió volteando a todos lados para asegurarse que no había nadie.

Se detuvo y bajó de su caballo

- Ven aquí - le pidió extendiendo los brazos hacia ella

- Por supuesto que no - respondió riendo sarcásticamente. Estaba loco si creía que se iba a echar a sus brazos para que la bajara de ahí

- No puedes cabalgar con las manos atadas y si intentas bajar por ti misma, caerás - explicó con una media sonrisa burlesca porque Regina había volteado con altivez la cabeza mirando hacia al frente para evitar verlo.

Era de no creerse. La habían vencido, estaba desterrada, aún era una prisionera y ahí estaba, toda orgullosa, terca y altanera

- Haz lo quieras - le dijo para tomar las riendas del caballo y atarlo a un árbol.

Después se dio la vuelta y comenzó a caminar alejándose de ella

- Encantador - le llamó y lo escuchó detenerse - Bájame - no fue una petición, fue una orden.

El príncipe gruñó bajito al escucharla, pero de igual forma se dio la vuelta y se acercó hasta ella extendiéndole los brazos de nuevo.

Le urgía desfogarse y no se quería demorar más.

Regina se mordió el labio inferior brevemente por lo indigna de esa situación, pero si quería bajar del caballo, David era la única opción.

Giró su torso hacia el lado donde estaba él, se inclinó un poco y las varoniles manos estuvieron en su cintura de nuevo.

Se tensó una vez más, no lo podía evitar y no sabía si era por desconfianza o porque el toque del príncipe en realidad no le desagradaba.

En cuando sus pies tocaron el suelo, David la acercó hasta el árbol donde la correa del caballo estaba atada.

Tomó las manos de la reina y comenzó a levantarlas

- ¿Qué haces? - forcejeo un poco y entonces, sus manos estuvieron enganchadas en lo alto, específicamente en una rama rota, obligándola a pararse casi de puntas

- No soy tan idiota como para dejarte así nada más - le respondió burlesco

- Al fin estamos de acuerdo en algo - dijo Regina y espero hasta que él le miró interrogante - Eres un idiota - le dijo enojada

- Muy graciosa, Majestad - sonrió fingidamente - Pero recuerda que no soy yo quien está atado a un árbol - le sonrió triunfante esta vez y vio el bello rostro contraerse en una mueca de enfado.

Y ahora sí. Se apresuró para alejarse un poco de ella y que no le pudiera ver ni escuchar, pero tampoco avanzó demasiado.

Volteó a todos lados mientras desabrochaba sus pantalones hasta que logró tomar su necesitado miembro.

Gimió, cerró los ojos y frunció el ceño cuando comenzó a estimularse. Se recargó con la mano izquierda en el árbol mientras la derecha la usaba para darse placer.

No era algo nuevo para él, llevaba aproximadamente un mes haciendo eso porque desde que Snow supo que estaba embarazada no le había permitido tocarla.

A la princesa le molestaba su olor, le causaba malestar y por ende, no podía estar cerca de ella, mucho menos tener intimidad. Recordaba bien que la última vez que tuvieron sexo fue antes de la boda clandestina que tuvieron.

Exactamente un día antes de que su madre muriera. Y desde entonces, él mismo tenía que hacerse cargo de su placer.

El único problema de momento, es que se había excitado por el roce de su entrepierna con el precioso trasero que la reina se cargaba y lo que era peor: se estaba autocomplaciendo con la imagen de ella.

La mujer más bella que jamás había visto.


Regina no se quedó quieta, por supuesto que no.

Los brazos se le estaban entumeciendo en esa posición y el príncipe idiota se estaba demorando demasiado para su gusto.

Se sentía demasiado vulnerable así y no le gustaba.

Jaló con todas sus fuerzas hacia abajo cuando escuchó el crujir de la pequeña rama. Así que tiró más y más, hasta que la madera cedió.

Y en cuanto se vio libre, pensó por un segundo en irse por su propio pie, dado que no podía montar al hermoso animal al cual ahora acariciaba con sus atadas manos, pero temía encontrarse con alguien que quisiera matarla.

Al menos el príncipe no tenía intenciones de hacerlo.

Se mordió un poco el labio inferior como en conflicto pero al final, decidió buscar a David con toda la intención de atormentarlo para lograr que la llevara más pronto a su Castillo, pero también, para sentirse segura.

Así que comenzó a caminar con cuidado en dirección hacia donde él se fue.

No fue mucho lo que avanzó para lograr escucharlo. Estaba cerca, estaba segura y siguió el sonido.

Se movía con cautela para no hacer ruido por temor a los lobos que habitaban el bosque.


- Oh, oooh - jadeaba y gruñía el príncipe sintiéndose cerca, muriendo por descargarse aunque fuera así y estaba a punto, en las puertas del orgasmo, pero la risa malvada de la bella mujer que le acompañaba, interrumpió su momento

- ¿Necesitas una mano, encantador? - preguntó burlesca y se mordió el labio inferior provocativamente cuando él volteó a verle con mirada fulminante.

Y oh, Dios. No podía creer el tamaño del príncipe. Era definitivamente grande para sus estándares. Quizá el miembro mejor proporcionado que había visto en su vida. Que igual, no era una lista muy larga

- Vete - exigió cubriéndose con la capa para luego guardar su miembro

- ¿Qué ocurre? - preguntó dando un par de pasos hacia él para poderse recargar en un gran árbol - ¿Es que acaso tu princesa no te satisface y tienes que hacerlo tú solo? - preguntó con saña y una amplia sonrisa de satisfacción se dibujó en su bello rostro al ver la expresión de él - Déjame adivinar, es una frígida - le dijo alzando una ceja y se rió un poco

- Cállate - habló con dientes apretados

- Estoy segura que tienen el sexo más aburrido del mundo - siguió haciendo una falsa mueca pensativa y lo escuchó resoplar - Debe ser horrible - negó un poquito con su cabeza fingiendo estar afligida - A no ser que tú también seas un aburrido follándo, como ella - le dijo retándole porque si era honesta consigo misma, el verlo así, dándose placer e imaginar ese gran miembro dentro de ella, la había excitado

- Ya basta - caminó hacia ella con toda la intención de llevarla con el caballo y amarrarla bien al árbol esta vez para que no pudiera escapar

- Lástima de miembro tan bonito, pastor - dijo y él la tomó del brazo derecho con algo de fuerza

- Que te calles he dicho - le miró fijamente y oh, los bellos ojos de la reina le miraban expectantes y anhelantes y mentiría si dijera que esa forma en la que Regina lo estaba provocando no lo estaba encendiendo de ardiente deseo.

De ardiente deseo por ella…

- Entonces sí eres un aburrido en el sexo. Vaya desperdicio de hombre. Eso confirma lo que ya sabía. No sirves para nada - afirmó con desprecio y algo de desagrado.

De pronto, se vio jalada con fuerza hacia él y los labios de David se estamparon bruscamente con los suyos.

Forzó su lengua dentro de la boca de la reina mientras sus manos le subían el vestido para luego meterlas ahí debajo, tomar la ropa interior y arrancársela de un tirón ganándose un quejido que murió en medio del arrebatado beso.

Después la alzó y recargó contra el árbol a espaldas de ella.

Regina enredó sus piernas en la gruesa cintura del príncipe encantador mientras le besaba con la misma intensidad que él lo hacía.

Era puro arrebato, deseo y pasión.

Sin romper el beso, David volvió a sacar su hinchado y pulsante miembro. La sujetó por las caderas, moviéndolas un poco hasta que encontró la húmeda, palpitante y caliente entrada.

La reina contuvo poquito el aliento cuando sintió la ardiente cabeza del miembro del príncipe contra la entrada a su intimidad que gracias a todos los cielos estaba mojada por la excitación.

Estaba segura que sería imposible recibir semejante tamaño sin estar aunque fuera un poco húmeda

- Voy a arruinarte, Majestad - siseó con ardor contra la jadeante boca de Regina, seguro que su próximo movimiento sería enterrarse en ella de una. Le apretó un poco las nalgas mordiéndose brevemente el labio inferior

- No si yo te arruino primero, encantador - sentenció y fue ella quien se empujó hacia abajo forzando la entrada del príncipe en su interior, y no se detuvo hasta que lo tuvo dentro por completo.

Por reflejo se abrazó a él, rodeando con sus brazos la cabeza del príncipe y recargó su rostro en el hombro derecho mientras sentía todo su cuerpo temblar porque no se equivocó.

Nunca antes había tenido un miembro de ese tamaño dentro que no sólo era invasivo, sino abrasador en una forma quemante, poquito dolorosa, pero extremadamente placentera.

Se mordió la lengua para no soltar una maldición. El sexo de Regina no sólo estaba ardiente y le quemaba, sino que era de no creerse lo estrecha que estaba.

Nunca antes había estado dentro de una mujer que se sintiera así de bien y estaba seguro que ese momento, no duraría mucho.

Él en verdad lo necesitaba duro y rápido.

Le apretó de nuevo las preciosas nalgas escuchando un pequeño gemido y así, la comenzó a poseer después de haberle dado sólo unos segundos para acostumbrarse a tenerlo en su interior, aunque en realidad lo hizo por él, para no venirse tan pronto y sin la oportunidad de follarse a la hermosa y altanera reina.

Quería demostrarle que no era aburrido y que podía follar bien.

Regina se mordió con fuerza el labio inferior para no decirle que estaba muy grande y que le estaba resultando un poquito doloroso.

El miembro del príncipe era grueso y largo, llegaba muy profundo dentro de ella y estimulaba con una increíble precisión todos los puntos estratégicos en su interior.

Los ojos se le llenaron de lágrimas por el insoportable placer. Todo se estaba volviendo demasiado. El ir y venir de las caderas del príncipe a un ritmo castigador, los jadeos y gruñidos pesados que él soltaba, la forma en la que sus paredes eran ensanchadas alrededor de la gruesa circunferencia cada vez que se introducía en su palpitante sexo.

Sonrió con satisfacción al escucharla gemir ahogadamente. Llevó una mano hasta el negro cabello agarrado en una coleta y tiró un poco, lo suficiente para hacerla echar la cabeza hacia atrás y poderle besar la garganta y el cuello.

Chupó con fuerza uno de los puntos haciéndole una marca que estaba seguro se borraría a los días de ese encuentro.

En ese momento no pensaba en nada que no fuera follarla y llevarla al orgasmo para demostrarle de lo que era capaz.

Siguió embistiendo dentro de ese delicioso sexo que ahora le recibía con mucha más facilidad dado que la reina estaba más húmeda, señal inequívoca que lo estaba gozando.

Por su parte, la reina había comenzado a mover sus caderas lo mejor que podía dada la posición y la fuerza con la que David la embestía. Era absolutamente maravilloso y ella quería más, mucho más de ese exquisito placer.

Pero entonces, Regina empezó a venirse soltando un grito que bien pudo haber alarmado a todo el que estuviera cerca.

Se apretó con excesiva fuerza hasta el punto que fue casi doloroso para David y decidió salir antes de venirse.

No lo iba a hacer tan pronto, quería follarla un poco más.

Aprovechando el estado post orgásmico de Regina, presionó su cuerpo contra el de ella para aprisionarla entre él y el árbol.

Usó una mano para desatar su capa y la arrojó estratégicamente de manera que quedó tendida en el húmedo suelo del bosque.

Aferró el bello y esbelto cuerpo entre sus brazos y se dejó caer de rodillas sobre la capa para luego recostar a la hermosa y malvada mujer, quien alzó los brazos para sacarlos del cuello del príncipe y se dejó caer sobre la capa.

Luchando por aliento, con los ojos cerrados, mejillas sonrosadas y el bello rostro contorsionado por el placer.

Con un carajo...

Regina se veía realmente hermosa e irreal y no cabía del gusto y el ego de saber que la acababa de llevar al orgasmo.

La aferró de los muslos para abrirle más las piernas y ahora sí, tuvo una vista completa del precioso sexo de la reina.

Estaba mojado e hinchado y era de un lindo color rosado que seguramente se veía así de intenso por la reciente actividad.

Llevó una mano para tocarlo y al momento de hacerlo, el cuerpo de la reina se agitó como si le hubiera dado un latigazo, señal inequívoca que estaba sobre estimulada y lo iba a aprovechar.

Se relamió los labios mientras tomaba su hinchado miembro y lo colocaba de nuevo en la estrecha, ¿qué estrecha?, estrechísima entrada que gracias a todos los cielos estaba teniendo la dicha de follar.

Entró de una en ella esta vez. Regina abrió los ojos grandes y se arqueó cuando lo hizo soltando un pequeño quejido estrangulado

- G-grande - habló casi sin aliento al sentirse nuevamente atravesada por el ardiente miembro.

David comenzó a moverse de inmediato haciéndola apretar los ojos. Le sujetó de las piernas por detrás de los muslos obligándola a mantenerlas abiertas para él.

Empezó a follársela fuerte y duro, impulsado por haberla escuchado decir que era grande.

Maldita. Sabía bien cómo provocarlo...

Regina abrió la boca para dejar escapar jadeos y gemidos que ya no quería acallar. David se la estaba follando maravillosamente bien y no se quería contener de disfrutar.

Abrió sus ojos y lo vio… El príncipe tenía el ceño fruncido y una mueca concentrada en el apuesto rostro, la vista clavada en el punto donde se estaban uniendo y le pareció sumamente erótico y ardiente

- Te gusta - afirmó David viendo su miembro brillar con la humedad que la intimidad de Regina dejaba cada que salía de ella.

Estaba muy, pero muy mojada y había un peculiar sonido cada vez que la penetraba por toda la humedad.

La reina no quiso responder. Era demasiado orgullosa para ello. Así que estiró sus atadas manos hacia él y cuando se empujaba dentro, ella alcanzaba a acariciarle el vientre bajo

- ¿Ves cómo sí se follar, Majestad? - le preguntó con saña mientras se inclinaba sobre ella colocándole las manos en la cabeza. La besó de nuevo con arrebato y ella enredó de nuevo las esbeltas piernas a su alrededor - Y te vas a venir de nuevo para mí - sentenció con dientes apretados y le mordió el labio inferior jalándolo un poco al tiempo que movía sus caderas con fuerza.

Regina soltó un alarido entrecortado y entreabrió la hermosa boca mientras le miraba de una forma indescifrable.

Vio los hermosos ojos llenos de lágrimas que seguramente eran de placer porque no había signo alguno de dolor en ella y oh, Dios saber que la estaba haciendo gozar tanto fue demasiado para él.

La aferró de la estrecha cintura para jalarla hacia él al tiempo que se empujaba en ella, pero para su sorpresa, Regina empezó a moverse en sincronía al tiempo que le aferraba con atadas manos de las ropas a la altura del pecho y fue, absolutamente divino.

Mantuvieron ese ritmo por un par de minutos, durante los cuales se follaron el uno al otro. Uniéndose cada que el miembro hinchado del príncipe se hundía en la estrecha y empapada intimidad de la reina, provocando una sensación de ajuste apretado y perfecto que resultaba extremadamente placentero para dos.

David sintió que no aguantaría mucho y quería hacerla venir una vez más antes de hacerlo. Así que, llevó una de sus manos hasta el clítoris de la reina quien gritó desesperada ante la estimulación y abrió las piernas otra vez para permitirle moverse con libertad

- Ah, ah, ah - seguía gimiendo y ahora lloriqueaba con abandono.

Se sintió comenzar a contraerse alrededor del grueso miembro y no podía creer que el príncipe estuviera por hacerla venir otra vez tan fácil.

Era difícil llevarla al orgasmo y por eso ella misma se encargaba de todo cuando tenía sexo. Se conocía a la perfección y sabía cómo estimularse usando el miembro del hombre con quien estuviera.

Pero el príncipe, había logrado hacerla venir rápido y fácil, ni siquiera tocó su clítoris y la lanzó al orgasmo.

Y ahí estaba otra vez, a las puertas de la cúspide de su placer porque David, el príncipe idiota y encantador se la estaba follando.

Soltó la ropa del príncipe para alzar las manos y, con la punta de sus dedos, acarició el apuesto rostro del príncipe que ahora gemía con los ojos cerrados, pero que los abrió en cuanto sintió la caricia.

Y en el momento justo que sus miradas se cruzaron, que él la miró con hermosos ojos azules nublados de excitación, Regina comenzó a venirse

- ¡AHHHH! - gritó la reina arqueándose contra él, apretando los ojos y las delicadas manos en puños

- Joder - masculló David porque su propio orgasmo lo tomó por sorpresa.

Se salió de inmediato del estrecho sexo para derramarse en el vientre y estómago de la hermosa mujer que temblaba con intensidad e incontrolablemente presa de un potente orgasmo.

Ambos luchaban por encontrar aliento y cuando se recuperaron un poco, David empezó a buscar un pañuelo entre sus ropas para limpiar el semen del cuerpo de la reina quien comenzó a reír extrañamente

- Perdiste tu oportunidad de venirte dentro, encantador - se burló de él al tiempo que lo veía sacar un blanco pañuelo

- No pienso arriesgarme - dijo mientras le limpiaba el plano vientre

- No puedo quedar embarazada - aclaró riéndose nuevamente de él y sintiéndose rara por el gesto que el príncipe estaba teniendo con ella.

David le miró de una extraña forma que logró incomodar a Regina. Lo vio con semblante pensante mientras le miraba el sexo

- Ni lo sueñes - la reina cerró sus piernas - No te voy a permitir volver a hacer eso - le dijo con el ceño fruncido

- No quiero hacerlo de nuevo - aclaró mientras se ponía de pie y le ofrecía ayuda para hacer lo mismo.

Cuando estuvo parada frente a él, Regina le sonrió con sensualidad

- Entonces no me equivoque - le dijo mirándole insinuante de pies a cabeza mientras trataba de regular su respiración - Tu princesa es la frígida y aburrida - se burló para luego morderse brevemente el labio inferior

- Ya fue suficiente - le dijo con molestia mientras metía su ahora semi erecto miembro en los pantalones, recogía su capa y la arruinada ropa interior de la reina. Después la tomó del brazo y comenzó a caminar llevándola con él.

Regina se seguía riendo burlesca y aparentemente despreocupada logrando exasperarlo un poco porque le parecía irritante, pero justo cuando la iba a tomar de la cintura para subirla al caballo, ella habló provocando que se detuviera

- Esto nunca ocurrió - dijo volteando a verle y sus ojos brillaron vulnerables por un momento.

David la observó y pudo ver la sinceridad y seriedad en el enigmático mirar de la reina. Era algo que jamás había visto, Regina no bajaba la guardia.

Nunca...

Asintió sin dejar de ver esos bellos ojos color chocolate que brillaban hermosos con el reflejo de la luz del sol que alcanzaba a colarse por entre los frondosos árboles

- Estoy de acuerdo - respondió el príncipe agradeciendo con el alma esas palabras porque eso significaba que no pensaba decir nada y era lo que menos necesitaba en esos momentos.

Le permitió subirla y nuevamente trató de acomodarse, pero esta vez, David la auxilió y ella, no puso objeción porque estaba un poquito cansada y no quería pelear.

Y lo único que pasaba por su mente en ese momento, era que no podía permitir que alguien supiera que había dejado que el príncipe encantador, el amor verdadero de Snow White, la follara.

Le parecía indigno y poco propio de la reina que era.

Aunque no se arrepentía de haber tenido sexo con él. Había sido una experiencia satisfactoria y no le importaba que su intimidad estuviera ahora adolorida por la intensa actividad.

Acaba de tener una muy buena follada y era lo único importante.

Y cuando menos lo pensó, se quedó dormida recargada en el amplio pecho de David quien se sorprendió al sentir el cálido peso de la reina contra él.

Ajustó más su agarre alrededor del bello cuerpo para evitar que cayera o despertará por algún brusco movimiento.

Siguió andando mientras trataba de no sentir culpa ante lo que acababa de hacer y esperaba que eso no fuera una trampa de Regina, que no lo hubiera provocado sólo para lograr que tuvieran sexo y podérselo restregar en la cara a Snow.

Pero no podía negar que se sentía increíblemente satisfecho después de haberse follando a la Reina Malvada y de haber estado con una mujer después de dos largos meses sin sexo.

Aunque en realidad, era apenas un mes el que llevaba queriendo intimidad sin que la princesa accediera.

Después de la muerte de su madre estuvo muy triste y simplemente no tenía ganas de sexo, y Snow respetó ese tiempo. Nunca trató de tener intimidad con él.

Luego se enteraron del embarazo, estaban en medio de la lucha por recuperar el reino y tener intimidad era el último de los pensamientos de Snow.

Sin embargo, no pasó desapercibido para el príncipe que ni siquiera accedía cuando él tenía ganas y que no le importaba.

Regina durmió un par de horas en las que duró ese solitario trayecto que David decidió recorrer despacio mientras se perdía en sus propios pensamientos.


Fueron al menos otras cuatro aldeas las que tuvieron que atravesar. David estaba mucho más serio que en un principio y Regina no sabía si eso le agradaba o no.

Cuando estaban solos, no hablaban, si ella lo intentaba él respondía cortante, no lograba provocarlo y la amenazaba con amordazarla si no se callaba.

Hasta que por fin llegaron al Castillo Oscuro, las puertas se abrieron y el príncipe entró hasta que se encontró con el padre de la reina y con Graham quien la bajó del caballo de inmediato.

El cazador desató las manos de Regina mientras Henry se acercaba para sobarle las muñecas

- Gracias - fue todo lo que el príncipe mayor le dijo para luego retirarse con su hija hacia el interior del castillo

- ¡Déjenlo ir! - ordenó el cazador a los caballeros oscuros.

Y entonces, David abandonó el lugar, seguro de que no volvería a ver a Regina nunca más.

Qué equivocado estaba.


Presente

- Mientes - dijo David con dientes apretados e ignoró la pregunta de su esposa - Dijiste que no era posible - presionó la espada contra esa sensual garganta que había besado en el bosque, haciéndola soltar un pequeño gemido

- Y no lo era. No sé qué fue lo que sucedió, pero estoy embarazada y es tuyo - volvió a decir con satisfacción viendo el horror en el rostro de su enemiga

- No terminé dentro de ti - dijo sin entender, negándose a que eso fuera realidad, a que Regina, la enemiga de Snow, estuviera esperando un hijo de él

- Oh, por favor, encantador - renegó y, aprovechando que David alejó un poco la espada de ella, negó con su cabeza - No es necesario que derrames todo tu semen dentro para eso - torció los ojos con dramatismo y de pronto, soltó un quejido de ardor

- ¡¿Qué hiciste?! - preguntó David alarmado a Snow quién acababa de dispararle una flecha a la reina y le había dado cerca del corazón.