David tomó la flecha rápidamente y la partió haciendo que la reina soltara otro quejido ante la dolorosa sensación. No se atrevió a sacarla por temor a lastimarla más

- ¿Acaso no escuchaste lo que dijo? - preguntó enojado y nervioso mientras inspeccionaba la herida. Soltó el aire retenido al darse cuenta que no se estaba desangrado, había sangre, sí, pero parecía algo controlado

- Escuché muy bien - respondió la indignada ex princesa sin mostrar el más mínimo arrepentimiento ante lo que había hecho y es que sabía esa flecha no la iba a matar

- ¿Qué me hicieron? - preguntó Regina abriendo los ojos grandes al sentir que su magia la abandonaba y cómo una sensación de entumecimiento le recorría el cuerpo entero.

Colocó la mano derecha en la herida y se movió como pudo hasta su sillón cleopatra con el príncipe siguiéndole de cerca, como si tratara de cuidar que nada le pasara en el trayecto.

Su respiración comenzó a acelerarse y alcanzó a mirar con rabia a Snow aunque su vista se estaba volviendo desenfocada

- Estás oficialmente capturada, Regina - le dijo la ex princesa y la vio desvanecerse sobre el sillón.

David llevó una mano hasta el cuello de la reina y suspiró con alivio al constatar que tenía pulso.

Justo en ese momento, Azul apareció en el lugar

- ¿Qué carajos tenía esa flecha? - preguntó David con enojo poniéndose de pie y acercándose al hada.

Estaba muy asustado por el bebé. No importaba que fuera de Regina, era suyo y no podía permitir que nada malo le sucediera.

Jamás se lo perdonaría

- Un hechizo para que duerma unas horas - aclaró con algo de disculpa porque sólo les había explicado que la flecha la dejaría sin magia, pero no mencionó nada de hacerla dormir

- Está embarazada - le informó sin cambiar su molesto tono de voz - Dime que eso no le causará ningún problema - exigió autoritario y con algo de desespero.

Azul sonrió tenuemente ante la noticia

- Es inofensivo. El bebé no corre peligro alguno - aseguró sacando su varita para constatar lo que el ex príncipe había dicho.

Se acercó a la figura inconsciente de la reina. Desapareció la fecha dejando una herida no sangrante, luego pasó la varita sobre el vientre de Regina, y efectivamente, estaba embarazada

- Es de él - informó Snow y miró a su marido con justificado enojo.

El hada volteó a ver a David quien le sostenía la mirada a la nueva Reina y después, asintió notablemente, afirmando con ello lo dicho.

Un agitado caballero del Reino Blanco llegó hasta la habitación de la reina

- Hemos tomado el castillo - afirmó haciendo una reverencia ante sus gobernantes, pero después, se quitó el casco y agachó la mirada como con disculpa - El príncipe Henry está muerto - informó

- ¡¿Qué?! - preguntó Snow con sorpresa - ¡Tenían órdenes de no hacerle daño! - reclamó ahora con enfado

- Lo siento, Majestad. El príncipe se unió a la batalla en defensa de la Reina Malvada y no hubo nada que se pudiera hacer - se disculpó

- Puedes retirarte - le dijo David y el caballero se fue de inmediato

- Lo mejor será que llevemos a Regina al castillo - recomendó Azul

- No. Se supone que la encerraremos en la celda - dijo la ex princesa apretando con impotencia el arco en su mano

- Está embarazada. No la podemos dejar ahí - dijo David y la miró con el ceño fruncido porque no podía creer que estuviera pensando en dejar a Regina en una fría celda dentro de las minas en ese estado.

Herida y embarazada con un bebé que era de él.

Snow apretó los labios y negó en señal de resistencia

- No quiero a esta mujer en mi Castillo - habló con rabia y contenida para no hacer algo de lo que se pudiera arrepentir después

- Sólo será hasta que ambos decidan qué hacer - aseguró el hada - El hechizo para mantenerla sin magia durará unos días como la vez anterior - informó y la nueva Reina pareció pensarlo por algunos segundos y después asintió, como dándose por vencida.

Azul invocó su magia y les trasladó hasta el Castillo del Reino Blanco.


Aparecieron en la misma celda donde hacía dos meses habían tenido a Regina como prisionera.

La hermosa reina estaba inconsciente sobre la pequeña cama del lugar y David se percató con alivio que la herida ya no estaba ahí

- Gracias - le dijo a Azul sabiendo bien que ella lo había hecho. El hada asintió ante sus palabras.

Escuchó a Snow soltar un gruñido tras ellos para luego salir de la celda sin decir absolutamente nada

- Deben decidir qué harán, David - le dijo y el Rey asintió con un suspiro afligido de por medio.

Armándose de valor, se encaminó a la salida en búsqueda de su esposa.

Y al verse sola, el hada Azul conjuró ropas mucho más cómodas para la reina. Un vestido al gusto de la enigmática mujer, ajustado, pero sin corset, el cabello en un medio recogido sencillo y zapatillas de piso.

No quiso ponerle las ropas de prisionera porque, dadas las circunstancias, de ahora en adelante, Regina sería algo mucho más que eso.


David tomó aire profundamente antes de entrar a la habitación que era de su esposa.

Era una alcoba que no compartía con ella dado que la Reina se negaba a tener intimidad con él y evitaba su cercanía argumentando que era por el embarazo.

Y por ello, el Rey no dormía a su lado

- Si vienes a decirme que lo sientes, es mejor que no lo hagas - dijo en cuanto le vio entrar y él asintió afligido

- Sé que no tengo justificación - dijo apretando las manos en puños

- No - le dio la razón y negó con su cabeza

- Dime que es lo qué haremos entonces - pidió el Rey, entendiendo que eso no se trataba de pedir perdón ni poner excusas, sino de buscar una solución - No me pidas que me olvide de que ese bebé es mío. No me pidas que deje que ella se vaya para nunca más saber de mi hijo. No puedo - aclaró antes de que esas fueran las peticiones de la ex princesa que estaría en todo el derecho de hacer - Pero tampoco pienso renunciar a nuestro hijo - le dijo por temor a que Snow le mandara lejos y le prohibiera estar cerca del bebé que tendría con ella

- Mejor dime tú qué es lo que tienes en mente - pidió acercándose a él y con una mano en su vientre de cuatro meses

- Todo dependerá de si quieres que siga a tu lado - aclaró el ex príncipe - Porque ya no sé si de verdad somos una pareja - aclaró con un dejo de tristeza porque no entendía en qué momento se perdió la cercanía entre los dos

- Somos amores verdaderos y estamos esperando un hijo. Creo que eso nos mantendrá unidos nos guste o no - tomó aire profundamente - Además, no me gustaría que el reino se entere de ésto, ni mucho menos pensar en separarnos. Eres el Rey, que no se te olvide - le recordó mirándole con severidad

- Bien. Supongo que lo mejor será que esté con nosotros durante el embarazo - se relamió los labios con ansiedad - Me da miedo que piense deshacerse del bebé o que quiera llevárselo lejos y por el camino de la oscuridad - confesó y para su alivio, ella asintió

- Cuando el bebé nazca, decidiremos qué hacer con ella - le dijo y no se sentía con la suficiente fuerza para reclamarle el haberla traicionado de esa forma - Quiero estar sola - informó y comenzó a caminar hacia el escritorio que tenía ahí.

David negó con su cabeza, confundido y frustrado por el comportamiento de la que era su esposa, pero prefirió no seguirla perturbando y salió de la habitación.


La mañana llegó y a primera hora se acordó tener una reunión con los miembros de la mesa redonda del Reino Blanco para que estuvieran al tanto de todo.

David no había dormido nada, toda la noche estuvo pensando en lo que había pasado y en lo que implicaba que precisamente Regina, la Reina Malvada, la enemiga de Snow, estuviera embarazada de él.

Fue a verla un par de veces durante la madrugada. No lo pudo evitar. Algo le urgía a comprobar con sus propios ojos que la reina estaba bien y ahí.

Regina estuvo durmiendo cuando él fue, respiraba apaciblemente, se veía muy tranquila y David no podía negar que también se veía muy, pero muy hermosa.

Quizá demasiado para su gusto. Porque no se suponía que debía pensar en ella de esa forma.

En una de sus visitas se encontró con Azul que hacía lo mismo que él. Asegurarse que Regina estuviera bien.

Aprovechó para informarle la decisión que habían tomado respecto al bebé y la reina, y como era de esperarse, el hada estuvo de acuerdo y ofreció su entero apoyo.

Así que ahora, estaban reunidos en el salón de la mesa redonda con todos los aliados del reino, listos para dejar caer la incómoda noticia

- ¡Eres un canalla! - le dijo Ruby al Rey quien apretó los labios. En realidad no había mucho que pudiera hacer para defenderse, tenían razón en estar molestos con él y no podía culparlos.

Nada podía justificar lo que hizo

- David y yo hemos acordado mantenernos unidos - aclaró la ex princesa para que lo dejaran en paz en ese aspecto. No quería que nadie se metiera, ese asunto era de ellos dos y de nadie más.

David agradeció ese gesto, aunque una parte de él comenzaba a extrañarse por el raro comportamiento de Snow ante esa realidad

- Regina será nuestra prisionera en este Castillo hasta que dé a luz para asegurar que el bebé nazca sano - informó la nueva Reina y los murmullos no se hicieron esperar

- Es un bebé inocente. No pueden dejar que ella lo críe - dijo Granny escandalizada al escuchar un par de opiniones

- Cuando la Reina Malvada tenga al bebé, decidiremos qué hacer con ella - aseguró Snow - El niño se quedará aquí, será criado con bondad, lejos de la oscuridad que representa la mujer que lo traerá al mundo - comentó con orgullo

- Hermana, no puedes permitir que se salga con la suya y tenga un hijo con David - dijo Gruñón y el ex príncipe enfureció

- ¡¿Qué estás insinuando?! - preguntó el Rey levantándose y estampando ambas palmas de la mano en la mesa mientras le lanzaba una mirada asesina al enano. No quería pensar que estaba sugiriendo que se deshicieran del bebé sólo porque era de Regina.

Era suyo, y eso era lo que importaba

- Sólo digo que no pueden dejar que se sepa que el niño es tuyo y de ella - explicó enojado por la actitud del Rey

- Gruñón tiene razón, Majestad - intervino Azul llamando la atención de todos - Lo mejor sería, si su intención es quedarse con el niño, que lo hagan pasar por hijo legítimo de ustedes dos - aconsejó con su característica serenidad

- ¿Cómo? - preguntó la nueva Reina entre confundida e incómoda por esa insinuación

- Tu bebé nacerá dos meses antes que el de Regina. No diremos que ha nacido hasta que nazca el de ella. Así podremos decir que has traído al mundo dos hijos y no uno - explicó - Dos meses no es mucha diferencia y nadie lo notará - aseguró.

Snow miró al Rey quien parecía ansioso por toda la situación, pero pudo notar que él estaba de acuerdo en ello.

Lo meditó por un par de segundos, no quería, pero tampoco se sentía con el derecho de negarle eso a David.

Así que asintió con semblante ausente mientras acariciaba su vientre.


Lo siguiente que se hizo fue pedirles a los aliados del Reino Blanco que no dijeran nada respecto al embarazo de Regina y éstos, en señal de lealtad, accedieron.

El acceso a la celda fue estrictamente restringido y sólo Azul, David y Snow podían visitar a la reina.

Así que, un par de horas más tarde, Azul le llevó alimento a Regina quien se negó a comer y terminó regresando su estómago en el indecente baño que había ahí.

Y poco después de eso, estuvieron los tres en la celda frente a ella para informarle de las decisiones que habían tomado

- Hemos decidido que serás nuestra prisionera hasta que des a luz - informó Snow con altivez y aparente calma

- ¿Es en serio? - preguntó la reina burlándose -¿No te causa rabia saber que voy a tener un hijo de tu príncipe encantador? - preguntó incrédula porque habría jurado que la mandarían lejos para no saber de ella ni del bebé

- Calla - pidió David y la reina le volteó a ver estrechando los bellos ojos

- ¿Te dijo cómo pasó? - preguntó y ahora miró a Snow quien agachó un poco la mirada y negó con la cabeza - Se estaba masturbando en el bosque y lo vi - comenzó a relatar.

Azul se aclaró la garganta y se movió tras ellos con incomodidad

- Regina… - habló David con advertencia

- Y entonces, decidió demostrarme que la aburrida en el sexo, eres tú - le dijo con saña y la ex princesa caminó hacia ella

- Te vas a arrepentir de ésto - le amenazó y vio a David ponerse alerta, y prefirió no pensar si lo hacía por protegerla de Regina o a Regina de ella.

Las dos estaban embarazadas y se suponía que él era el padre de ambos bebés. Aunque Snow, tenía sus dudas

- Eres tú la que se va a arrepentir de todo lo que me has hecho - reviró y la ex princesa sonrió de medio lado para luego alejarse en dirección a la puerta

- Nos quedaremos con tu hijo cuando lo des a luz y después, te encerraremos por siempre en una celda como la de Rumpelstiltskin - le amenazó y pudo ver un ligero destello de preocupación en los ojos de Regina - El Castillo Oscuro es nuestro nuevamente y lo siento, pero tu padre murió defendiéndolo en tu nombre - se sintió horrible de estar usando ese recurso para herirla, pero necesitaba regresarle un poco del tormento en el que ella se encontraba y del cual, Regina no era del todo culpable.

La reina tomó el plato de comida de la pequeña mesa y se lo arrojó, aunque falló y terminó estrellándose en la pared

- ¡Maldita! - gritó y trató de abalanzarse sobre ella, pero el Rey la atrapó por la cintura impidiéndoselo - ¡Te odio, Snow White! - exclamó con rabia mientras forcejeaba con David y sentía los ojos inundársele de lágrimas al saber que su padre estaba muerto.

Snow salió corriendo de ahí y en cuanto lo hizo, Regina rompió en llanto.

El ex príncipe la abrazó por reflejo porque no sabía qué más hacer ante esa circunstancia

- ¡Suéltame! - le exigió forcejeando una vez más con él para liberarse del agarre - ¡No quiero nada de ti! - comenzó a golpearle el pecho mientras seguía llorando desconsolada

- Tranquila - pidió David tomándole las manos con las suyas para detenerla - Le puede hacer daño al bebé - le dijo, pero ni siquiera eso logró calmarla.

Siguió llorando y luchando contra él, hasta que Azul decidió usar su magia para dejarla inconsciente de nuevo.

El Rey suspiró cansino, la levantó en brazos y la recostó en la cama para luego abrigarla con una manta calientita que el hada había dejado para ella.


- ¿Se puede saber por qué le dijiste que la encerraremos como al Oscuro si no hemos acordado nada? - David preguntó molesto a su esposa

- ¿Y qué quieres hacer con ella? ¿Dejar que se quede a vivir con nosotros? ¿Arriesgarte a que un día se lleve a tu hijo o que le haga daño al nuestro? - le preguntó mirándole con el ceño fruncido, igual de molesta que él

- Honestamente no lo sé - confesó alzando los brazos un poco - Mi única intención es que el bebé nazca bien y sano - aclaró - Y provocarla no es lo más conveniente para ello - explicó tratando de hacerla entrar en razón.

Snow negó cerrando los ojos. Tomó aire y decidió compartir sus inquietudes con él

- David - le llamó y le miró de una forma extraña que incomodó un poco al Rey - Creo que lo primero que debemos hacer es asegurarnos que Regina dice la verdad - dijo con expresión seria, pero sus verdes ojos reflejaban ansiedad.

Llevaba rato dándole vuelta a esa posibilidad y si estaba en el correcto se desharían del problema

- Azul confirmó que está embarazada - le recordó el ex príncipe mirando con detenimiento a Snow

- Sí, pero ¿de verdad es tuyo? - preguntó con intriga y ahora sí, su ansiedad fue perceptible

- No me siento orgulloso de decirte ésto, pero sí estuve con ella - aclaró sintiéndose apenado porque no se suponía que debía haber hecho eso y maldijo nuevamente a Regina, por haberlo provocado y por ser tan jodidamente deseable que no pudo resistir y se la folló hasta el orgasmo

- Pero dijiste que no terminaste dentro de ella. No podemos confiar. Es la Reina Malvada - le habló en complicidad, buscando instalar la duda en él.

Y lo consiguió.


La noche ya había caído cuando Regina despertó y en cuanto lo hizo, la inmensa tristeza de saber que su padre estaba muerto la invadió y las lágrimas no se hicieron esperar.

Comenzaron a correr por su bello y afligido rostro que enterró en la almohada bajo su cabeza. No podía creer que su padre estuviera muerto cuando las cosas entre ellos habían comenzado a cambiar con el embarazo. La ilusión en él había sido tanta que logró contagiar a Regina aun cuando ella se sentía terriblemente contrariada y confundida por la noticia.

Y ahora, ya no estaba ni estaría ahí para ella nunca más como siempre lo había estado a pesar de todo.

Se movió hasta recargarse en la pared y recogió las piernas contra su pecho abrazándolas mientras lloraba amargamente por lo que ser prisionera del Reino Blanco significaba esta vez.

No la querían para juzgarla, tampoco para matarla o darle una tonta lección de bondad y buenos sentimientos. La querían para quitarle lo único que ahora tenía.

Su bebé…

Llevó una de sus manos hasta su vientre.

Recordaba que cuando se enteró, intentó negarlo por todos los medios, sobretodo porque ella misma se había puesto una maldición que impedía que pudiera concebir y era imposible que se hubiera roto, no había forma.

Sin embargo, la ausencia de su período, el cansancio excesivo, los mareos, vómitos y malestares terminaron por convencerla de hacerse una prueba mágica que confirmó las sospechas.

Y entonces, fue cuando entró en un estado de conmoción que la obligó a detener su plan de lanzar la Maldición Oscura porque no tardó mucho en concluir que si quería su venganza tendría que sacrificar a su bebé y el solo pensamiento la horrorizaba.

Lo sabía porque sí, a pesar de todo, de cómo había sido concebido y quien era el padre, Regina amaba a su bebé

- Maldito idiota - maldijo al ex príncipe que ni siquiera pudo hacer bien el salirse de ella antes de terminar y no cuando ya lo estaba haciendo.

Y ahora, tanto ella como la estúpida ex princesa esperaban un hijo de él. Al parecer no había resultado bueno sólo para follar, sino también para procrear.

Sorbió su nariz y la arrugó poquito ante lo irónica e incómoda de la situación, y un nudo se le formó en el estómago al recordar el plan que tenían para ella y su bebé.

Sentía impotencia porque sin su magia, no era mucho lo que podía hacer para impedirlo.

El aire le comenzó a hacer falta, así que se movió para bajarse de la cama con toda la intención de ir hacia la ventana, pero al poner los pies en el suelo sintió un intenso mareo que la obligó a sentarse de nuevo.

Respiró hondo y profundo con los ojos cerrados, buscando que la sensación pasara, pero no lo consiguió.

Terminó regresando su estómago una vez más.


Al día siguiente, Azul se encargó de regresar los corazones que Regina había tomado durante sus años de maldad y liberar un par de prisioneros.

Grande fue su sorpresa al enterarse que la reina había liberado a los prisioneros y que, según uno de los guardias, planeaba regresar los corazones antes de que ellos la capturaran.

Por lo que se encargó de hacer ese trabajo y envió el Espejo a Agrabah para que ellos decidieran qué hacer con él.

Y tal como David y Snow se lo solicitaron, llevó a Graham con ellos

- Majestades - hizo una reverencia en cuanto se encontraron los tres - Estoy a sus órdenes - se ofreció.

Tenía su corazón de vuelta y sabía que era a causa de que los nuevos Reyes había tomado a Regina como prisionera una vez más y que gracias a ello, la Maldición Oscura no sería lanzada

- Me da tanto gusto verte - Snow se acercó para abrazarle

- A mí también. Sobretodo saber que las cosas salieron muy bien para ti - le sonrió empáticamente.

La nueva Reina sonrió llevando una mano a su pequeño vientre para acariciarlo un poco

- Graham, tenemos una consulta que hacerte - dijo David acercándose a ellos

- Dime - pidió el cazador mostrando entera disposición

- El bebé que Regina espera, ¿es mío? - preguntó el Rey y si el asunto no fuera algo tan serio se habría reído de la expresión del hombre frente a ellos

- ¿Tuyo? - preguntó incrédulo y volteó a ver a Snow quien desvió la mirada - ¿Te acostaste con Regina? - preguntó regresando su mirada a él

- Sí - afirmó el ex príncipe - Y no estoy interesado en tu opinión al respecto. Sólo dinos si existe posibilidad de que el bebé sea de alguien más - exigió un tanto exasperado.

Entonces Graham lo entiendo todo. El extraño comportamiento de la reina al regresar del Reino Blanco, la falta de apetito, la fatiga y el inexplicable desmayo

- No. Yo era el amante de Regina y ella llevaba meses consumida por su sed de venganza. Puedo asegurar que no estuvo con nadie desde mucho antes de ser capturada la primera vez, y tampoco a su regreso al Castillo Oscuro después de su destierro - tomó aire y lo soltó de golpe - Es imposible que ese bebé sea de alguien más - aseguró.

Snow tragó pesado y se vio realmente preocupada, pero fue algo momentáneo porque después, le sonrió al cazador

- Gracias - le dijo.

Le era difícil asimilar que Regina, su gran enemiga, iba a tener con seguridad un hijo del que se suponía era su amor verdadero, pero no era mucho lo que podía hacer y por su propio bien, debía aceptar esa realidad lo más pronto posible

- Estoy para servirle, Majestad - Graham se arrodilló a sus pies - No me siento con el derecho de regresar a mi vida en el bosque después de todo lo sucedido - expresó. Se sentía corrompido y de alguna forma impuro para volver con los lobos a la naturaleza - Me gustaría quedarme aquí a su servicio. Si ustedes así lo aceptan - extendió su ofrecimiento esperando obtener una respuesta positiva porque nada le gustaría más que servir a quienes le habían salvado

- Está bien - la nueva Reina accedió de inmediato sorprendiendo al ex príncipe - De ahora en adelante serás un caballero del Reino Blanco - asintió sonriendo

- ¿Estás segura? - preguntó David denotando su desconfianza hacia Graham

- Sí. Mañana será la ceremonia oficial. Puedes retirarte - le dijo al cazador quien hizo una reverencia y salió del lugar - Él conoce a Regina mejor que nosotros, podría sernos útil para manejarla en caso de ser necesario - argumentó la ex princesa una vez que estuvieron solos.

El Rey asintió levemente, convencido de que no confiaba del todo en el cazador.

No le sonaba lógico que quisiera quedarse ahí con ellos y esperaba que la intención de ese hombre no fuera retomar lo que tenía o tuvo con la reina.

Sobre su cadáver Graham o cualquier otro hombre iba a ponerle una sola mano encima a Regina mientras llevara a su bebé en el vientre

- David - le llamó y él le miró. Ambos con expresión seria en el rostro - Ella… Regina, ¿te interesa? - preguntó

- No - respondió de inmediato. No era nada que debía meditar - Esto se trata sólo del bebé - aclaró y la ex princesa asintió

- ¿Por qué ella precisamente? - preguntó con lágrimas agolpadas en los ojos

- Fue una estupidez de mi parte - explicó con los ojos llenos de lágrimas también - Y sé que nunca me vas a perdonar por ésto - le dijo y se acercó a ella

- Me siento traicionada - confesó la ex princesa - Sé que el embarazo no me ha sentado bien y que nos ha alejado, pero creí que…, que cuando el bebé naciera había posibilidad de que todo volviera a ser como antes - terminó susurrando mientras recordaba el momento en que se enteró del embarazo y cómo todo cambió a partir de ahí de manera radical.

Y sabía bien que ella tenía la culpa de eso

- Todavía puede ser - le tomó de una mano y los ojos de su esposa se posaron sobre él

- Entiende que ésto lo cambia todo - le dijo con angustia reflejada en el rostro - Te acostaste con mi peor enemiga y vas a tener un hijo con ella mientras esperas otro conmigo - se soltó del agarre, pero no lo hizo de manera brusca

- Snow, el bebé no tiene la culpa - abogó de nuevo por ese hijo que ya amaba aunque la madre fuera la mismísima Reina Malvada

- No estoy culpando al bebé - aseguró y comenzó a acariciar su vientre - Y tampoco a ella, aunque sé que debió hacerlo con la intención de dañarme - se relamió los labios convencida que el bebé que Regina tendría había sido concebido con esa única intención

- No lo dijo - reflexionó David recordando ese día. Algo que no le era muy difícil de hacer. Recordaba cada detalle de ese suceso

- ¿Qué cosa? - preguntó sin interés

- Me provocó y yo accedí - puntualizó antes de que Snow ahora sí comenzara a culpar a Regina - Pero no mencionó que lo hacía para hacerte daño - soltó un pequeño suspiro - Cuando íbamos a retomar el camino, me dijo "esto nunca pasó" - recordó - Y en verdad cumplió con su palabra. No habríamos sabido si no hubiéramos ido por ella - abrió sus ojos grandes por la impresión de su propia reflexión

- Yo no confío en Regina, David - se irguió con orgullo - Desde que la conozco ha estado empeñada en arruinar mi vida y ésto, es sólo una prueba más - habló con frustración

- ¿De verdad crees que vas a poder convivir con mi hijo sabiendo que es de ella? - preguntó con reservas por temor a que ese plan se volviera un infierno. No quería tener que decidir entre su bebé con Regina, y Snow y el que tendría con ella

- Estoy dispuesta - dijo mostrando determinación - Por el Reino y nuestro hijo - le tomó de la mano y le sonrió como si buscara convencerlo de que todo saldría bien aunque ni siquiera ella misma estaba segura de ello.


Regina regresaba nuevamente su estómago ante la indeseable presencia de David y la polilla azul.

El Rey había decidido acompañar ese día al hada para ver a la reina ya que ambos estaban preocupados por ella. La celda estaba muy fría y Regina no comía ni dormía bien. Tenía muchos malestares, vomitaba constantemente y estaba bajando de peso.

Sin contar con que parecía deprimida por la muerte de su padre y el encierro aunque trataba de ocultarlo, porque siempre que iban a verla, la reina reaccionaba de mala manera aparentando autosuficiencia y estar en control cuando no era así.

Azul usó su varita para conjurar un vaso con agua y lo hizo trasladarse con su magia hasta quedar enseguida de la reina.

Cuando terminó, alargó su mano buscando el vaso y se enjuago la boca para luego dejarlo nuevamente suspendido en el aire.

Lo empujó poquito muy enojada consigo misma porque justamente se le ocurrió vomitar cuando el ex príncipe idiota y la polilla azul llegaron para presenciarlo todo.

Tenía los ojos empañados de lágrimas por el esfuerzo de regresar su estómago y también porque ya no quería sentirse así de mal y tampoco estar ahí.

Quería irse muy lejos y no volver a verles nunca más.

Aún con la respiración agitada y cuerpo tembloroso se armó de valor para encarar al par que no parecía tener ni la más mínima intención de largarse y dejarla en paz

- El bebé no es tuyo - mintió en un intento tonto e inútil porque perdieran interés en tenerla como prisionera y en un futuro quedarse con su hijo. Comenzó a caminar despacio hacia la cama. Necesitaba recostarse y cerrar los ojos - Sólo lo dije para hacerle daño a Snow - habló exhausta y oh, Dios, ¿por qué si vomitó la horrible sensación de mareo no se iba? ¿Y por qué la cama estaba tan lejos?

- Sé que no es así - soltó un suspiro cansino mientras la veía agarrarse de la mesa para no caer - Hablamos con Graham y nos aseguró que el bebé es mío - habló acercándose a ella. No hacía falta que explicara más, seguro la reina entendía lo que el cazador les dijo para confirmar

- No me toques - le advirtió mucho antes de que David pudiera alcanzarla siquiera

- Vamos, Regina. Mírate - le dijo molesto porque esa actitud tan característica y altanera de la reina le exasperaba. Parecía que siempre buscaba la forma de complicarlo todo y vaya que lo conseguía - Ni siquiera puedes caminar - la tomó del brazo y la jaló hacia él

- ¡No! - exclamó Regina porque el movimiento lo empeoró todo.

El piso giró, estaba segura de ello. Luego se vio contra el amplio pecho de David mientras los fuertes brazos la rodeaban y ya no supo más

- Ya no puede estar aquí - dijo el Rey mientras la levantaba en brazos para llevarla a la pequeña y seguramente incómoda cama

- Podemos hacer que la celda sea un lugar más acogedor - propuso el hada

- No - habló tajante y la encaró después de arropar bien a la inconsciente reina - Este no es un lugar para una mujer embarazada - expuso lo evidente señalando con sus brazos y manos el lugar.

Azul le escuchó con calma, después le sonrió tenuemente y asintió

- Tienes razón - le dijo y el ex príncipe se sorprendió, pero agradeció con un gesto de la cabeza

- Sé que por su magia no puede salir de aquí, pero debe haber alguna forma - llevó una mano hasta su rostro y lo talló frustrado. Hacía un par de días, Azul puso un hechizo en la celda para que Regina permaneciera sin magia - Lo que no sé es cómo proponérselo a Snow - puso las manos en su cintura ahora y miró al hada quien era la única que no le había juzgado hasta el momento por todo ese embrollo

- Voy a pedirte que me permitas hacerlo a mí, Majestad - habló con cordialidad y absoluto respeto - Respecto a la magia de Regina. Buscaré la solución - ofreció

- Gracias Azul - le sonrió empáticamente y después volteó a ver a la hermosa y durmiente, bueno, desmayada reina.


- Majestad - Azul entró al despacho real donde una frustrada, confundida y desesperada Snow se encontraba

- No puedo hacer ésto - dijo derrotada - Es demasiado. Los otros reinos, el pueblo, ¡George! - habló exasperada - Me está sobrepasando, vivo mortificada por no saber cómo llevar el Reino Blanco y estoy embarazada. ¡Yo no debería estar pasando por ésto ahorita! - terminó su desahogo - Siento que voy a enloquecer - confesó con una mano en la frente

- Lamento que te sientas tan presionada - dijo Azul - Pero recuerda que este es tu reino y es tu deber sacarlo adelante. Para eso lo recuperaste - le recordó

- Nunca pensé que sería tan difícil - se relamió los labios - Padre jamás me enseñó nada de cómo llevar el reino. Fui criada para ser la Reina de un Rey que se haría cargo de todo, pero la realidad es que David sabe mucho menos que yo de ésto - se lamentó - No es suficiente ser un héroe, bueno y bondadoso para gobernar. Se necesita mucho más - reconoció

- Así es - le dio la razón el hada - Irás aprendiendo - le alentó

- En este momento no me siento capaz de hacerlo. El embarazo, David y lo que ocurre con la maldita de Regina hacen que me sea imposible - soltó el aire de golpe y ruidosamente

- De eso quería hablarte - dijo Azul llamando la atención de la nueva Reina - Snow, la celda no es un lugar adecuado para que Regina este durante el embarazo - le dijo - David y yo pensamos que lo mejor sería trasladarla a una habitación donde pueda estar más cómoda - expuso

- No puede salir de ahí porque recuperaría su magia. Además, no pienso tenerla viviendo en el Palacio como si nada - dijo molesta por el tema

- Estaría en una habitación, quizá con acceso a algún jardín para que le de aire fresco y sol. No tendría por qué convivir con nadie si ustedes no quieren - explicó tratando de convencerla

- No - siguió renuente y le molestaba saber que David estaba de acuerdo con eso, aunque no podía culparlo. Sabía que lo hacía por el bebé que nada tenía que ver con esa interminable guerra entre ella y la reina

- Piensa un poco, Majestad. Ella conoce el Reino Blanco mejor que nadie - se acercó un poco a la ex princesa que pareció escucharla con atención - Podría hacerse cargo de los asuntos del reino mientras tú te dedicas a disfrutar de tu embarazo y gozar de los frutos que Regina te dará con su labor - propuso.

Y desde luego que Snow lo estaba pensando. La oferta era muy, muy tentadora.

El Reino estaría bien y a salvo. David dejaría de preocuparse por esa maldita mujer y se aumentarían las posibilidades de que el bebé naciera sin complicaciones al darle una mejor vida a la reina

- Dudo que acepte - dijo Snow y se mordió el labio inferior en conflicto

- Lo hará si le ofreces pensar en su libertad y la posibilidad de estar cerca de su hijo - habló con intriga. Los verdes ojos le vieron sorprendidos - Regina ama a ese bebé. No tengo duda de ello. De otra forma se habría deshecho de él antes de que nosotros llegáramos hasta ella - le explicó y la ex princesa asintió pensativa

- ¿Y su magia? - preguntó

- Tendrá que renunciar a ella - dijo Azul con seriedad y al parecer, eso terminó por convencer a la nueva Reina.


La noche había caído y unos pasos anunciaron la llegada de alguien a la celda.

Regina sabía bien que debía tratarse de Azul llevándole el alimento que no ingeriría o de David, que sólo iba para irritarla más de lo que siempre estaba.

Se acurrucó más entre las cobijas con toda la intención de fingir dormir y que la dejaran en paz. No tenía ganas de interactuar con nadie y no era tampoco la primera vez que lo hacía.

Si la venían así, se irían.

La puerta de la celda se abrió y se cerró de nuevo

- Regina - abrió los ojos de golpe al escuchar a la tonta de Snow llamándole.

Se alzó un poco para mirarla

- ¿Qué quieres? - preguntó en cuando le vio ahí parada en el centro del lugar y se percató que había llegado sola

- Vengo a ofrecerte un trato - le dijo y sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo cuando escuchó reír amargamente a Regina

- No quiero nada de ti ni de tu príncipe idiota - se puso de pie y se le acercó haciendo que Snow retrocediera un poco.

En verdad la reina se veía mal. Estaba más delgada, se notaba que dormía poco y no descansaba bien, sin mencionar que el lugar era frío y poco acogedor.

Definitivamente no era sitio para que una mujer embarazada viviera ahí

- Si de verdad amas a tu hijo, te va a interesar - reviró sintiéndose ansiosa por estar frente a esa mujer que no dejaba de imponerla a pesar de que era su prisionera y no tenía magia.

Y oh, se dio cuenta que Azul tenía razón. No podía asegurar que Regina amaba al bebé, sinceramente ella lo dudaba, pero definitivamente le interesaba y mucho

- Deja a mi bebé en paz - le advirtió

- A pesar de que lo has engendrado para hacerme daño… - y la risa extraña que soltó la reina la hizo callar

- Oh, Snow. Siempre pensando que eres importante. Aprende que no todo se trata de ti, princesa mimada - le dijo con dientes apretados por el coraje

- Soy la Reina - aclaró

- Intento de reina querrás decir - arrugó su bella nariz denotando desprecio

- Te ofrezco dejar de ser una prisionera a cambio de que te hagas cargo del Reino en mi nombre y el de David - habló intentando sonar altiva e imponente. Regina le miró con recelo - Estarás en la comodidad de tu antigua habitación, con acceso a un jardín, al despacho real y serás nuestra consejera - ofreció

- ¿Lo ves? Eres tan inútil que no puedes llevar el reino por ti misma y buscas mi ayuda - se rió de ella con ganas - No - respondió

- Si aceptas, te prometo que negociaremos tu libertad cuando des a luz - le dijo y los ojos de Regina destellaron vulnerables por un segundo - Y también la posibilidad de que estés cerca de tu hijo - se aclaró la garganta al terminar

- No - negó con su cabeza - Quiero que me dejen libre y que dejen que me vaya con mi bebé - condicionó

- Eso no será posible, Regina. El niño es de David y él, como héroe y hombre de bien, tiene derecho a quedarse con ese hijo antes que tú - eso lo dijo con coraje y muy segura de estar defendiendo al inocente bebé de la mujer malvada que le había engendrado

- Eres una idiota. El bebé es mío y de nadie más - argumentó herida por los comentarios de la ex princesa, pero trató de no demostrarlo

- Lo único que tienes que hacer, es renunciar a tu magia para siempre - dijo Snow

- Estás loca - su bello rostro se contorsionó en una mueca de incredulidad y extrañamiento

- No hay más opción. Una buena vida, la posibilidad de ser libre y ver a tu hijo o quedarte en esta miserable celda, sin la posibilidad de algún día ser libre ni mucho menos ver a tu hijo. Tú decides, Regina - apretó las manos en puños un par de veces sintiéndose ansiosa y luego, se dirigió hacia la salida.

La reja se abrió, la nueva Reina salió y se cerró tras ella mientras se alejaba tentativamente

- ¡Snow! - le llamó y se acercó a la puerta mientras la aludida lo hacía del otro lado.

Respiró un par de veces y sintió el corazón latirle con fuerza dentro del pecho por lo que estaba a punto de hacer

- Acepto - le dijo.

Estaba dispuesta a todo por su bebé y sabía bien, que por su bien y el de su hijo, no podía seguir más tiempo encerrada en ese lugar.

Le aterraba estar sin magia, pero le aterraba mucho más estar sin su bebé...


David estaba leyendo en su habitación, o al menos lo intentaba. Por más que quería, no podía dejar de pensar en Regina y las condiciones en las que la tenían. Estaba realmente preocupado por ella y esperaba que Azul pudiera convencer a Snow de sacarla de ahí.

Suspiró afligido y llamaron a su puerta. Volteó y vio a su esposa entrar.

Sonrió de medio lado con tristeza sin entender aún cómo es que se había alejado tanto de la mujer que era su amor verdadero.

Se suponía que el embarazo debió haberlos unido más, pero fue todo lo contrario y lo más irónico era que nunca tuvieron su noche de bodas por la muerte de su madre que ocurrió el mismo día.

La ex princesa había quedado embarazada justo antes de eso, David estaba seguro que fue el día anterior, y para cuando él se sintió con ánimos de tener intimidad un mes después de la muerte de Ruth, ella ya no quería.

Fue cuando se enteró del embarazo

- ¿Cómo te sientes? - le preguntó poniéndose de pie y acercándose a ella lo suficiente para poner una mano sobre el creciente vientre.

Lo acarició un poco

- Bien - aseguró y se sentía culpable porque siempre era incómodo que él le tocara ahí. Se apartó lo más discreta que pudo - Hablé con Azul y hemos acordado que Regina sea trasladada a su antigua habitación - le dijo

- ¿De verdad? - preguntó sorprendido y feliz por la noticia

- Sí - respondió - Ella está dispuesta a ayudar con los asuntos del reino a cambio - le contó

- Esas son dos buenas noticias - dijo David sonriendo - Gracias - habló con sinceridad y ella asintió - ¿Cuándo la van a trasladar? - preguntó con interés

- Azul se está haciendo cargo de todo en éstos momentos - dijo Snow mirando muy fijamente a su esposo.

Los ojos de David brillaron llenos de desconfianza.


Regina estaba parada en medio de la celda y frente a ella, estaban Azul y nada más ni menos, que su única amiga en el mundo

- Maléfica - habló con recelo en la voz sintiéndose profundamente traicionada

- Es por tu bien, pequeña reina - dijo la hechicera lamentando que todo tuviera que ser así.

Golpeó su báculo contra el frío suelo y la bola de cristal brilló con intensidad.

Maléfica comenzó a conjurar el hechizo que dejaría a Regina sin magia por siempre y al terminar, lo inclinó hacia la frágil figura de la reina.

El maleficio envolvió el cuerpo de Regina quien no pudo mantenerse de pie y terminó de rodillas en el suelo.

Comenzó a gritar y llorar porque era algo sumamente doloroso, parecía que estuvieran arrancándole el alma y terminó inconsciente una vez más, tendida en el piso de la celda.

Azul corrió a su lado preocupada, se arrodilló y soltó el aire aliviada al verla respirar, después, volteó a ver al dragón cuestionándola con su mirada

- Jamás le haría daño, pero no había otra forma - aseguró acercándose a ellas.

El hada Suprema se puso de pie

- Entonces ya está - dijo y sacó su varita para aparecer frente a ellas el pequeño pergamino de la Maldición Oscura que Maléfica tomó como parte del trato entre ambas

- Prométeme que Regina estará bien - pidió, pero su voz denotaba advertencia y hasta exigencia

- Lo prometo - aseguró Azul y la hechicera asintió con la cabeza para luego desaparecer.