¡Buenas a todos! Voy con retraso, así que no me voy a entretener demasiado.
El capítulo seguro será conocido por todos, pero aun así, no viene mal rememorarlo un poco, ¿no os parece?
DISCLAIMER: Code Lyoko, Digimon Frontier y sus personajes NO nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí. Sólo algún personaje puntual y la idea. Cualquier parecido con la idea de terceras personas, es COINCIDENCIA. Siéntete libre de contactar con nosotras para hacernos saber de la coincidencia y así podremos pasar una tarde conspirando entre nosotros sobre lo que podría haber sido mejor en cada una de las series.
Capítulo 11: Carreras
—¡Mi adorada tabla! —chilló Odd, lanzándose directamente hacia la tabla flotante.
—¿Qué es eso? —señaló Takuya.
—Los vehículos con los que viajábamos por Lyoko —respondió Ulrich.
—Eh, Jeremy, el cuarto jamás nos lo has prestado —señaló Yumi mientras se acercaba a su aerodeslizador.
—Bueno, cuando decidimos darle una oportunidad a William, empecé a crear cosas teniéndole en cuenta, como este quad. Y después, siempre tuvimos la esperanza de que lograríamos liberarle y sería un miembro más del equipo. ¿No recordáis que había cinco plataformas en el hangar del SkidBladnir y cuatro NavSkids en total? La lástima es que William no tuvo oportunidad de estrenar el suyo jamás, pero ahí estaba su hueco —explicó el informático.
—Así que, aun siendo el enemigo, me tenías en cuenta... Es de agradecer, Jeremy —sonrió William tomando control del quad.
—También le he preparado uno especial a Aelita, aun sabiendo que ella podría volar por sí misma si quisiera.
—Oh, gracias Jeremy. ¿Qué es?
—Como se te dan bien los tres, te he programado un transformable, para que viajes como más te apetezca o según la situación, como más práctico veas —dijo y, tras pulsar una nueva tecla, apareció un extraño cubo —. También está programado el quad, por si te apetece aventurarte con él.
—¿Y qué hay de los demás? ¿A patita? —preguntó JP.
—No, no, tranquilos. Por ahora, os programaré unos cuantos más, aunque tendrán la misma forma y diseño que los que ya existen —explicó.
—¿Y los digimons? —preguntó Sissi —. Tendrás que programar muchísimos para que quepamos todos.
—Por nosotros no te preocupes, Sissi —sonrió Floramon.
—Exacto, podemos hacernos más pequeños y, con ello, más fáciles de transportar —dijo Lunamon mientras ella y el resto de digimons brillaban y reaparecían en sus formas inferiores —. ¡Ahora somos más transportables!
—Y supongo que tenéis un nuevo nombre, ¿no? —preguntó Odd mirando el digimon a su lado.
—Pues sí —rió el pequeño —. ahroa soy Xiaomon. ¿Me llevas en brazos?
—Así las cosas son más fáciles —convino Jeremy —. Materializaré dos motos, una tabla y un aerodeslizador más.
—Arriba y en busca de un lugar donde acampar —dijo Yumi.
—Oye, Yumi —Viximon saltó a sus brazos antes de que la chica pudiese cogerse al mando del aerodeslizador —. Quiero ir con Kitmon... ¿Podemos ir con Ulrich en su moto?
—¡Viximon! Éste es mi vehículo, no necesitamos montar en otro. Dejémosles a los demás que...
—¡Por favor! —chilló un poco la digimon.
—¿Ocurre algo? —se acercó Ulrich. Kitmon, sobre su hombro, llamaba a la pequeña amarillenta.
—¡Quiero ir con Kitmon! —respondió Viximon, saltando directamente hacia su amigo —. ¡Quiero ir con él!
—Oye, Yumi, igualmente he de llevar a alguien de paquete en la moto. Si Viximon quiere montar aquí con Kitmon, a mí no me importa.
—Vale, de acuerdo —suspiró rendida —. Pero ni se te ocurra acostumbrarte, Viximon —señaló. La pequeña digimon simplemente sonrió.
—¿Nos prestas entonces tu aerodeslizador, Yumi? —pidieron Zoe y Chiaki.
—Adelante, pero tened cuidado —asintió, montando tras Ulrich y atrapando en brazos a los dos zorrillos que reían animados.
—Oye, Aelita... Nunca pensé que llegaría a darse esta situación y... Soy bastante manco aún combatiendo, ni qué decir sobre un vehículo —empezó a decir Jeremy.
—Vale, vale, te llevo —rió la pelirrosa —. Iremos en el aerodeslizador. Con los digimons, en equilibrio sobre la tabla no creo que sea lo mejor para iniciarte en transportes —dijo pulsando una cara del cubo y apartándose para dejar espacio a una copia del vehículo sobre el que ya se movían, con mucha precaución y siguiendo instrucciones de su dueña, las guerreras del viento y el agua —. Arriba vosotros también, esto...
—Moonmon —saltó la digimon de Aelita.
—Y yo Wanyamon —añadió el otro.
—¿Quién quiere surfear el cielo digital con Xiaomon y conmigo —preguntó Odd, dando volteretas en la tabla.
—Creo que será divertido. Vamos, eh...
—Ahora me llamo Tanemon, Sissi —saltó la pequeña plantita.
—¿Hay sitio para mí y para...? —empezó Emily, mirando a la bolita amarilla a sus pies.
—Soy Nyaromon —dijo impulsándose con su cola.
—Por supuesto —asintió William, mirando el otro digimon junto al quad —. Subid a...
—¡Babidmon! —exclamó, intentando subir por sí mismo pero cayendo antes de lograr saltar sobre la rueda —. ¡Ay!
—Eres patosillo hasta así —rió Nyaramon.
—¿Te apetece moto, Koichi? —preguntó Kouji.
—Sólo si conduces tú —aceptó. El de la luz resopló.
—¡Takuya, vamos a por la tabla! —Tommy tiraba del de fuego con diversión.
—Y queda otra tabla y una moto —señaló JP —. ¿Alguna preferencia por aquí?
—Tabla —corearon Katsuharu y Teppei.
—Espero que sepas conducir motos —rió Teruo.
—No creo que sea difícil... Vamos allá.
—¡Eh! ¡Esperad! —chilló Bokomon, agitando los brazos exageradamente —. ¡Faltamos nosotros!
—Subid aquí, a nuestros pies —llamó Chiaki mientras Zoe manejaba hasta descender para que los otros dos se subiesen.
El viaje resultó tranquilo para la gran mayoría. El poco dominio de algunos sobre los vehículos, como Takuya y Katsuharu, y los gritos de Sissi a cada acrobacia de Odd hacía que especialmente todos los que sobrevolaban el cielo con ellos vigilasen más los movimientos de los demás que los suyos propios. En tierra, por otro lado, las cosas parecían más sencillas hasta que, tras minutos en silencio, JP decidió hablar.
—¿Y si hacemos una carrera? —preguntó —. Hasta aquellas montañas —añadió señalando al frente —. Parece un buen sitio para alzar un campamento allí. Y, ya que estamos, ponemos a prueba los vehículos.
—¿No crees que será algo peligroso? —preguntó Koichi.
—Cierto, a saber qué se nos puede cruzar por el camino… —añadió Ulrich desde su moto.
—¿Y por qué no? Va, hacedla —animó Jeremy, sorprendiendo al samurai —. Así podemos ver qué tal conducen los demás.
—¿Jeremy aprobando esta idea? —preguntó Yumi.
—Aprovechad la ocasión —rió Aelita.
—¿Qué me decís? —se animó Ulrich.
—¡Carrera! ¡Carrera! —corearon los dos zorrillos digitales.
—Mayoría en la votación —suspiró Yumi, acomodándose y sujetándose mejor a Ulrich —. Viximon, Kitmon, os quedáis aquí en medio quietos. No quiero que os caigáis.
—¿Quién se apunta entonces? —preguntó Ulrich mirando alrededor.
—Yo soy un pasajero. Decide Kouji —alzó la mano el guerrero de la oscuridad.
—Serás… —murmuró el otro por lo bajo antes de coger aire y soltarlo de golpe —. Está bien, nos apuntamos. ¿Qué se gana y qué se pierde?
—¿Eh? Pues… no lo había pensado —reconoció JP.
—¿Qué tal algo así como el que pierda hace la faena más dura? —propuso Teruo —. Los que lleguen terceros recogerán leña y agua, que es lo más pesado y agotador.
—Me parece genial, así no tendré que digievolucionar para cargar con peso extra —sonrió Kouji mientras su gemelo silbaba animado.
—Un premio tentador, sí —asintió Ulrich —. Jeremy, ¿nos das la señal?
—Eso está hecho… Aunque los demás tendremos que acelerar para no perderlos de vista…
—No te preocupes, Einstein —se acercó Odd —. Yendo por tierra han de dar giros, pero yo voy en línea recta —explicó mientras hacía que su tabla acelerase más, para disgusto de Sissi y alegría de los dos digimons.
—Bueno, pues con alguien ya por delante para asegurar quién llega a la meta… Motos, en sus marcas —llamó. Los tres vehículos empezaron a frenar hasta quedar en una misma línea de salida —. Preparados… listos… ¡YA!
—JP, me da que hemos salido fatal —señaló Teruo.
—Cógete bien, que no les vamos a dejar ir más lejos —avisó.
Los gritos de ánimos no tardaron en llenar el aire a la vez que los vehículos aceleraban su ritmo notoriamente.
—Venga, JP, ¡que te quedas atrás! —rió Takuya —. ¡Vamos, vamos, que en el bosque puedes pillarles! Oh, no, un bosque… Tommy, esto se va a poner difícil.
—¡Venga, chicos, que los alcanzáis! —animaron Katsuharu y Teruo.
—¡Ulrich, Yumi, tenéis que ganar! —chilló Emily.
—Como se le ocurra al samurai perder con su propio vehículo, es para matarle —negó William.
—¡Venga, Kouji, déjales atrás! —chilló Zoe.
—¡Eso, dale al acelerador! ¡Que os tratarán de montacargas a los dos! —añadió Chiaki.
—Casi lo olvido —susurró Koichi antes de darle una sacudida a su hermano —. Kouji, tío, ¡acelera!
Ulrich entrecerró los ojos ante la visión del bosque que apareció ante ellos. Ladeó la cabeza hacia la moto que rodaba a su nivel; Kouji mantenía la vista al frente como si el camino fuese llano.
—Hay demasiados árboles —anunció a sus compañeros de vehículo —. Será mejor que mantengas a los dos enanos bien cogidos, Yumi. Podrían salir despedidos en las curvas.
—¡Curvas! ¡Curvas! —chillaron ambos digimons agitando animados sus colas.
—Eh, nada de moveros tanto —avisó Yumi —. Aquí quietos los dos y nada de intentar asomarse más de la cuenta para mirar —dijo acomodándose mejor para lo que les esperaba.
—¡Nos quedamos atrás! —chilló Teruo.
—¡Voy, voy! —asintió JP.
—¡Izquierda! ¡No, no, derecha! —intentó indicar.
—Suerte que nos hemos subido aquí —suspiró Bokomon, las risas de Zoe y Chiaki sonando suaves por encima de su cabeza.
—Último acelerón —anunció Odd, dándole más velocidad a su tabla antes que Sissi tuviese tiempo de protestar.
Aprovechando la ventaja de moverse en línea recta, Odd llegó al pie de la montaña con facilidad, aunque le vino justo para voltearse y colocarse bien antes de que dos vehículos a gran velocidad pasaran a ambos lados de él, prácticamente paralelas.
—Sissi, ¿los has fotografiado?
—¿Con qué, listillo? —se quejó la morena.
—Eh, ¡ahí llegan los terceros! —rió Xiaomon justo cuando JP empezaba a frenar ante ellos.
—Tranquilo, JP, esto no ha sido una carrera propiamente dicha —intentó animar Teruo, dándole palmaditas al mayor.
—Ya… Esos dos se han centrado únicamente en ellos —suspiró dejándose caer hacia delante —. Siento que hayamos llegado los últimos…
—Da igual, aun así, ha sido divertido —intentó quitarle importancia el guerrero del metal.
—¡Hey! ¿Quién ha llegado el primero? —preguntó Jeremy, todos llegando al fin hasta ellos.
—No hemos podido sacar foto finish —respondió Odd.
—Yo los he visto muy igualados… Si alguno ha llegado antes, ha sido por un milímetro escaso —añadió Sissi.
—Pues nada, dejemos en que aquellos dos han empatado, porque parece ser que el perdedor es el más claro —sonrió Takuya.
—Oye, ¡no te rías! Ya me gustaría a mí verte en esta situación, ya —dijo JP.
El sonido de las otras dos motos, acercándose juntas a un ritmo más tranquilo, hizo que todos alzasen la vista hacia el cuarteto de humanos risueños.
—¡Hemos ganado! ¡Hemos ganado! ¡No cogemos agua ni leña! —saltó Kitmon.
—¡Podremos descansar junto al fuego! —chilló Viximon.
—Vale, JP, ¿agua o leña? —preguntó Koichi de pie en la moto haciendo equilibrios.
—Ay, no…
—Ninguna de las dos tareas es complicada, eres lo suficientemente fuerte y más para cualquiera de ellas —añadió Kouji.
—Teruo, te recomiendo el agua —señaló Ulrich —. Tendrás la ventaja de poder refrescarte cuando empieces a estar cansado.
—Dejad de ser malos los tres —regañó Yumi, aunque la sonrisa seguía en su rostro quitándole dureza a sus palabras —. Pero sí es cierto que estará bien no hacer nada por una vez.
—Y eso que somos nosotros los malos, prima —silbó Koichi.
—Bueno, ¿quién ha ganado? —pidió Katsuharu.
—Ni idea. Nos conformamos con saber que no somos los terceros —respondió Ulrich.
—¡Qué lástima! —suspiró Chiaki, saltando del aerodeslizador y acercándose a las motos —. Pero al menos, no trabajaréis hoy. ¡Enhorabuena a los cuatro!
—Eso es velocidad y lo demás son tonterías —señaló Teppei.
—Suerte que no se me ha ocurrido participar —habló William —. Si tengo que esquivar los árboles de la forma que lo habéis hecho vosotros, lo más seguro es que acabaría volcando.
—Ya buscaremos otra carrera en la que haya igualdad de condiciones para todos —prometió Ulrich.
—¡JP! ¡Necesitamos leña para la hoguera! —llamó Zoe. Las otras chicas empezaron a reír.
—Zoe, por favor, no seas mala tú también —pidió el mayor.
—Teruo también ha de moverse a por agua —señaló Takuya. Las caras de los dos cambiaron a cansancio enseguida —. Va, que os ayudamos a…
—¡Eh! —llamó Kouji —. Aceptamos que les ayudéis siempre y cuando las cosas vengan cargadas sobre sus espaldas. No tiene gracia que digamos que el perdedor hace algo y no lo haga.
—Sí, sí, sí, cargamos nosotros —asintió JP —. Jeremy, si no te importa, prográmame algo que no sea una moto, por favor.
—A mí también cámbiame de vehiculo —alzó la mano Teruo —. Acabo de descubrir que me dan algo de miedo…
