¡Saludos y bienvenidos a un nuevo capítulo un pelín más largo que los demás!
No hay mucho que decir, la verdad. Quienes conocéis la historia, más o menos las cosas siguen igual a como lo recordáis (si es que lo recordáis, sé que hace mucho tiempo que subimos este momento en la cuenta de raf-lily). Pero eso no significa que os podáis saltar la lectura hasta nuevo aviso. Creedme, en el momento menos pensado puede que os haya colado un dato nuevo y/o interesante que repercutirá más adelante.
Así que, a falta de cosas que decir... DISCLAIMER: Code Lyoko & Digimon Frontier no nos pertenecen ni a raf-lily ni a mí. Algún que otro personaje es 100% nuestro y cualquier parecido con el de otro autor/artista, coincidencia. Antes de protestar o echarnos a los leones, el/la afectado/a de la coincidencia que nos mensajee. Hablando se entiende la gente; no es necesario atacar con insultos ni palabras feas.
Y a demás, lo mismo va para todo aquel que deje un comentario despectivo (que ya nos pasó en el anterior Code Frontier). Una cosa es dar una crítica negativa porque la historia no te gusta, el personaje no te gusta, la serie no te gusta, nada te gusta (que, en ese último caso, no sé qué esperabas encontrar). Os invito a todos a dar vuestra opinión de forma educada y correcta, aunque sea negativa. De los errores se aprende y aquí estamos dispuestas a mejorar para poder ofreceros una historia entretenida que os pueda llegar a todos.
Capítulo 12: Parada productiva
Con risas, el grupo empezó a alzar el campamento y a buscar lo necesario para pasar la noche mientras Ulrich, Yumi, sus digimons y los gemelos descansaban acomodando únicamente lo que les rodeaba.
—Espalda libre de peso… Sienta bien, para variar —dijo Kouji.
—Y que lo digas. ¡Imagina qué habrían hecho con nosotros dos! ¡Incluso arrastrar cosas pesadas! —exclamó Koichi.
—Mejor no nos acostumbremos. Con la tontería, nadie cogerá moto y no podremos encasquetarles la faena a ellos —señaló Ulrich —. ¿Estás bien, Yumi? Pareces nerviosa…
—¡No puedo quedarme quieta! —exclamó poniéndose en pie —. Mejor voy a ayudar a las chicas. Vamos, Viximon —llamó.
—¿Seguro que es eso? —picó Koichi.
—Buena carrera, Ulrich. Ha sido divertido —dijo sin dejar de lanzarle una mirada asesina a su primo. Sin más, dio media vuelta, con Viximon en brazos, y se alejó en el momento en que Jeremy y su portátil se acercaban.
—¿Va todo bien? —preguntó. Kouji agitó la mano quitando importancia —. Bueno… Kouji, ¿alguna vez has conducido algún vehículo? Porque te manejas muy bien con la moto.
—Cierto, a mí me costó un poco adaptarme —dijo Ulrich.
—Pues no, jamás he conducido nada que no sea una bicicleta o un monopatín. Es la primera vez que cojo una moto —respondió.
—¡Venga ya! ¿Y has llegado a la par mía? —se sorprendió Ulrich —. No es por nada, pero te recuerdo que esa moto tiene una única rueda, mantener el equilibrio es diferente que con dos…
—Quizás tiene que ver con KendoGarurumon —rió Koichi —. Es lo más parecido a un vehículo, capaz de moverse a gran velocidad entre los árboles.
—Más que un vehículo que se mueve entre los árboles, los corta y los tira abajo —rió el otro.
—Estoy pensando en ponerme a programar vehículos para todos ahora que tenemos tiempo —informó Jeremy —. Después de lo visto hoy, creo que te vendrá bien una moto, Kouji. ¿Qué dices?
—De acuerdo —asintió —. Cuenta conmigo para otra carrera, Ulrich.
—Gracias por el apoyo —dijo haciendo un gesto con la cabeza.
—¿Qué hay de ti, Koichi?
—Otra moto —asintió —. Si es posible, claro.
—Ningún problema —aceptó Jeremy —. Bueno, ¡a ello!
—¿En serio te vas a poner ahora con eso? —le detuvo Ulrich —. Einstein, te conozco de sobras. Te vas a saltar la comida, ¿verdad?
—¿Dejará de comer? —preguntaron ambos gemelos a la vez.
—Tranquilos, tranquilos. Tengo a Gaomon conmigo. Él me ayudará y, así, acabaremos antes.
—Ah, no, ni hablar. Te pienso vigilar fijamente. Más te vale dejar el ordenador cuando la comida esté lista —señaló Ulrich.
—Pero si lo apago, no cargará nada…
—Pues lo dejas bien apartado —dijo levantándose —. Kitmon, tenemos una misión: vigilar a Jeremy y a Gaomon.
—¡Vale! —aceptó el pequeño zorrillo saltándole a los brazos.
—Venga, Einstein.
Ambos gemelos se miraron, diciéndose más cosas de las que los otros dos chicos podían imaginar con un único gesto, antes de levantarse y caminar hacia el grupo de las chicas rodeadas con comida. A poca distancia, el teclear de Jeremy empezaba a ser la música ambiental del campamento con las voces del informático y su digimon.
—¡Ayuda, por favor! —pidió Chiaki, agitando un palo y una carnezaza.
—¿Qué pasa? —preguntó Koichi.
—Toma. ¡No hay manera de pincharlas! —dijo pasándole lo que tenía en las manos.
—Eso es porque la punta no es lo suficientemente afilada —explicó Koichi tomando una piedra afilada y mostrándole cómo hacerlo —. Así sí podrás.
—Vaya, vaya —silbó Zoe, apartándose de ambos con una bandeja que no tardó en dejar junto a Kouji —, qué caballeroso es tu hermano, ¿no?
—La felicidad de no estar obligado a cargar nada —respondió el de la luz —. ¿Necesitas algo?
—Sissi se está dando un baño con ropa incluida. Va a necesitar otra hoguera para secarse —indicó.
—¿Quiere una hoguera escondida para estar ahí hasta que toda su ropa se seque? —preguntó el chico extrañado.
—Créetelo, lleva ropa limpia en su mochila. Pero eso no quita que sería mejor tener la otra seca.
—¿Y Takuya? Él es un maestro en hogueras —dijo mirando alrededor.
—Ayudando a JP… O riéndose de él, quién sabe —se encogió de hombros —. No tardes en encenderla, por favor.
Minutos más tarde, con el grupo reunido, Sissi cambiada y JP y Teruo tirados en sus camas, claramente agotados, se sirvieron la cena. Poco a poco, todos fueron acostándose hasta que los únicos despiertos fueron Jeremy y Gaomon.
—Jeremy, descansa —pidió Aelita, adormilada —. Déjalo encendido para que cargue, pero acuéstate y continúa mañana.
—Enseguida, enseguida. Acabo esto y me acuesto —dijo sin desviar la vista de la pantalla.
—Gaomon, asegúrate de que duerma —pidió dando media vuelta y tumbándose —. Buenas noches a los dos.
—Que descanses —despidió el digimon.
—Vale, sólo quedamos nosotros dos, Gaomon —suspiró Jeremy.
—Sí… ¿Qué piensas hacer?
—Si tengo que programar todos los vehículos con pausas, no acabaré nunca. A demás, no tengo sueño. Estoy bastante despejado. Así que voy a aguantar todo lo que pueda. ¿Qué hay de ti?
—Yo también estoy bien —asintió el digimon.
—Pues si alguien se despierta, no logramos conciliar el sueño y estamos hablando mientras esto carga —sonrió cómplice el humano.
—Vale —aceptó —. ¿Qué haces ahora?
—He tenido bastantes muestras con la carrera de hoy como para decidir que no quiero una moto. Y no soy muy dado a volar tampoco. Así que mira, creo que este vehículo será genial.
—¿Un tanque?
—Mejor estar bien protegido por lo que pueda pasar —dijo —. Para Sissi y Emily creo que inventaré algo un poco cerrado. De todos, ellas jamás han vivido ningún tipo de aventuras, por lo que mejor estar también protegidas.
—Hazlas que vuelen. Visto lo visto, el cielo es más seguro que el suelo. No hay que esquivar troncos ni vigilar raíces traidoras ni baches —señaló el digimon —. Quizás mejor que todas las chicas vayan volando.
—Buena idea —aceptó —. Vale, dos dragonfly para Sissi y Emily —dijo empezando a escribir en una nota del ordenador.
—Zoe se manejaba muy bien con el aerodeslizador de Yumi.
—Podemos hacerle un retoque para diferenciarlo del de Yumi, hacerlo más personal a ella… Aunque tendría que preguntarle —meditó el informático.
—¿Qué harás para Chiaki? Ella no ha conducido…
—Algo se nos ocurrirá —dijo —. Bueno, estas son las bases. Ya he programado un par de cosillas para que se vayan haciendo en ellos, aunque tardarán un rato… Pero podemos ir avanzando en otros vehículos.
—¿Qué tal las motos de los gemelos?
—¡Buena idea! —asintió —. Usaré la base de la de Ulrich, así será más rápido y fácil.
—¿Qué más tienes en mente? —preguntó.
—No sé… La verdad, aún no sé mucho de los demás, por lo que no puedo poner cosas así sin más. He de preguntarles a ver si tienen alguna preferencia o algo —dijo mirando la pantalla —. A ver si esto acaba y podemos añadir algún detalle de color y forma.
Los rayos de sol sorprendieron a Jeremy y a Gaomon casi al mismo tiempo que la voz incrédula de Koichi, el primero en despertar. El sonido del teclado había dirigido sus pasos hacia ellos, más silencioso que nunca. No necesitaba acercarse a ellos para ver las ojeras bajo los ojos de ambos.
—Creo que será mejor mezclar el dorado y el plateado —dijo Gaomon.
—Pero no podemos mezclar de cualquier forma —suspiró Jeremy —. Cielos, esto está siendo más complicado de lo que pensaba.
—Podemos hacerlo —animó Gaomon —. Acabamos esto, seguimos con el de Zoe, retocamos las motos y sólo queda preguntar a los demás —sonrió el digimon, dándole un golpecito en el brazo.
—Será posible… ¿Os habéis pegado toda la noche ahí sentados? —preguntó incrédulo el gemelo de la oscuridad.
—Oh, oh…
—¿Oh, oh? Así que os habéis pasado la noche despiertos, ¿eh? —les miró enfadado el de cabello oscuro —. A descansar, ahora mismo.
—Pero, Koichi, estamos a punto de terminar —dijo Jeremy.
—Creo recordar que Aelita te pidió que durmieses y mírate, toda la noche despieto. Gaomon, no le arrastraste a dormir —dijo Koichi mirándolo fijamente.
—Bueno… Era interesante… A la que me quise dar cuenta, llevábamos mucho rato. Y no paraban de ocurrírsenos ideas —rió nervioso ante la mirada oscura del chico.
—Trae ese ordenador aquí —sin dudarlo, Koichi se lo arrancó de las manos al rubio, ignorando la protesta del otro —. A dormir los dos, ¡ya! —ordenó señalando las "camas".
—Pero…
—Jeremy, o te duermes o te duermo —dijo seriamente antes de bajar la vista a la pantalla —. Ya me ocupo yo del programa, que tampoco es tan difícil.
—Está bien… Pero si tienes alguna duda…
—Aviso a Aelita, que estará encantada de echarme un cable —respondió cansinamente —. Venga, va, a dormir los dos.
Humano y digimon se obligaron a caminar hacia las camas, ganándose miradas somnolientas en el camino. Más de uno les preguntaban cosas, pero ellos simplemente respondían vagamente, dando a entender que el sueño estaba empezando a arrastrarles al fin. Más de uno negó con la cabeza o murmuraba cosas como "me lo temía" o "nunca cambiarás".
—Bueno, con Jeremy fuera de juego, el ordenador podrá descansar —sonrió Koichi mirando la pantalla —. Oh, ¿mi moto? Muy simple… Quizás…
—Buenos días, Koichi. ¿Vas a jugar con el ordenador de Jeremy? —se asomó Ulrich.
—Voy a "arreglar" el trabajo de Jeremy. La falta de sueño le ha hecho cometer errores, y eso que el programa es sencillo… ¡Anda, mira! Esto debe de ser para mi hermano… —comentó echándole un buen vistazo —. Sin ánimos de ofender, Ulrich, pero tu moto es demasiado simple —dijo mientras tecleaba.
—¿Entiendes un programa del ordenador de Jeremy? —preguntó sorprendido el samurai.
—Pues claro, es un programa de diseño de los más básicos… ¡Anda! Pero si aquí hay un aerodeslizador para Zoe. ¡A medias! —rió —. Trabajo para rato.
—Siento no poder ayudarte en esto, no entiendo nada —señaló Ulrich.
—Con que Jeremy no se despierte en varias horas, por mí suficiente ayuda.
—Hecho —aceptó —. Pero no te conviertas en Einstein II, por favor —pidió.
—No estaré pegado al ordenador.
Poco más de media hora más tarde, a excepción de Jeremy y Gaomon, el grupo empezó a desayunar. Koichi se unió a ellos, el ordenador en los brazos, generando más de una queja en el grupo.
—Se te va a quedar el cerebro como a Jeremy —señaló Odd.
—O ciego, tanto fijarse en la pantalla —añadió Teruo.
—Empezará a hablarnos como un científico si le dejamos más tiempo con ese ordenador —apuntó Takuya.
—¿Queréis dejar tranquilo a mi hermano? —les calló Kouji.
—Calma, les estoy ignorando —alzó la mano Koichi —. Oye, dame tu opinión, por favor —la petición fue más bien un estirón del brazo para acercarlo sin permiso ni nada.
—¿Mi opinión? Sabes perfectamente cómo pienso.
—¡Yo quiero ver también! —se acercó Chiaki, asomándose por el otro lado —. Oye, se te da muy bien.
—Gracias, aunque las bases ya estaban hechas —explicó abriendo algunas ventanas para señalar —. Por ahora, puedo avanzar que Zoe tiene un aerodeslizador como Yumi que voy a darle un estilo único. Los demás… me tocará crearlos de cero.
—¿Podemos fiarnos de ti? —preguntó JP.
—Hablas con el artista de la casa —respondió desviando la vista de la pantalla al segundo mayor del grupo.
—¡Menuda cara has puesto, JP! —rió Teppei. A su lado, Teruo y Katsuharu no pudieron evitar las risas tampoco.
—¿Te puedo ayudar? —pidió Chiaki —. Se me han ocurrido algunas ideas para los que quedan… Y me gustaría probar una cosa.
—¡Bienvenida al rincón de trabajo! —declaró dejando el ordenador entre ambos.
La mañana pasó tranquila. Al estar Jeremy y Gaomon durmiendo, el grupo entero se movió en el máximo de los silencios, alejándose poco del campamento para entrenar o practicar algunos movimientos. Algunos incluso se alejaron más, revisando los alrededores en busca de información acerca del enemigo o los aliados.
Koichi y Chiaki decidieron trabajar en un rincón tranquilo, a bastante distancia de Jeremy y ocultos fuera de su campo visual. De tanto en tanto, se levantaban y daban una vuelta alrededor de las pertenencias de los demás, dejando al portátil trabajar mientras descansaban la vista de la pantalla.
—Bueno —suspiró Koichi —, no vamos tan mal, ¿no?
—Para nada —sonrió Chiaki —. Sólo nos quedan Teruo, Teppei y Katsuharu por definir y estarán todos listos.
—Aún no sé qué hacer…
—Pueden ir los tres en tablas —propuso la chica —. Katsuharu y Teppei mantenían bastante bien el equilibrio antes… Y Teruo no creo que quiera volver a ir en un vehículo con ruedas.
—Es verdad, con la carrerita… —ambos se echaron a reír, redirigiendo los pasos hacia el portátil —. Será sencillo hacerlas, independientemente de la forma.
—¿En serio?
—Sí. ¿Tenías alguna idea planeada?
—Había pensado que Teruo podría ir en una versión alargada de los escudos de Mercurimon —respondió. A su lado, Koichi asintió pensativo —. Y los otros dos podrían llevar unas similares al caduceo de Hermes.
—No debería haber problema… —meditó el de la oscuridad —. Bueno, contigo guiándome, acabaremos antes y todo —declaró —. Aún no me has dicho qué quieres que te haga.
—Ah, no es la gran cosa —rió agitando una mano —. Vamos primero a hacer estos tres y luego hablamos de lo que quiero.
—Está bien.
Ambos continuaron con su trabajo algunas horas más; los demás fueron regresando al campamento poco a poco, haciendo comentarios entre ellos ante la situación en el campamento, señalando al aún durmiente Jeremy. Odd intentó, en más de una ocasión, gastarle una broma al informático, siendo retenido por absolutamente todos los que tenían la desgracia de estar en el camino del bromista.
—Y con esto, sólo queda tu petición —declaró Koichi, llamando la atención de los más cercanos.
—¿Crees que es posible materializar una nube? Blandita, suavecita, como si fuese un cúmulo de algodón… ¡De color azul! —dijo jugueteando con sus dedos —. Has puesto algo de armamento en los dos grandes, los más fáciles de equipar con eso… He pensado que, quizás, con mi nube podría dejar caer aguaceros incluso sin digievolucionar… Aunque también podría serme útil digievolucionada: ahorraría mucha energía.
—¡Buena idea! —aplaudió —. Me pareció ver la opción de crear con material blandito, así que no debería haber ningún problema en la creación de tu nube… ¡Ajá! —exclamó señalando varias cosas en la pantalla —. No necesita mucho tiempo siquiera… ¿Algún detalle más que quieras añadirle?
—No —negó —. Una nube azul, simple, tal cual.
—Vale… Haciéndola así, puedes ir tanto de pie como tumbada… Esto por aquí… ¡Listo! —exclamó.
—¿Ya está todo, Koichi? —preguntó Takuya, acercándose rápidamente.
—Sólo queda que acabe de cargarse el de Chiaki, que no tardará mucho. Pero los demás pueden materializarse en cualquier momento.
—¿Has podido hacerlo todo? —se acercó Jeremy, frotándose los ojos aún adormilado.
—Uy, creo que te desperté… Perdón —sonrió rascándose la mejilla —. Está todo listo. He hecho algunos retoques aquí y allí, espero que no te importen.
—Si es posible materializarlo, no pasa nada —comentó sentándose en el suelo y extendiendo los brazos —. Pásame el portátil, por favor.
—¿No te fías de él? —preguntó Teruo.
—Quiero comprobar los datos antes de materializarlo todo. A veces, no nos damos cuenta de lo que ponemos y sobrecargamos el programa —dijo ajustándose las gafas y mirando todas las pestañas abiertas. Varios minutos después, suspiró claramente aliviado —. No veo nada por lo que no se pueda materializar todo esto.
—Pues dale caña. Tengo ganas de ver qué me ha preparado Koichi —dijo Takuya, dando unos saltitos nerviosos en el sitio.
—Empezaremos por las chicas —decidió Jeremy. Los hombros de Takuya se hundieron significativamente a la vez que las risas de Kouji, Tommy y JP acompañaron el teclear del informático.
Un vehículo ovalado en dorado y plateado con dos alitas, otro muy similar en rojo y negro aunque algo más alargado, un aerodeslizador con la figura de Zephyrmon y un cúmulo azul aparecieron en el campamento. A primera fila, Bokomon empezó a escribir y dibujar rápidamente en su inseparable libro.
—¡Mi nube! —saltó Chiaki, subiéndose enseguida al cúmulo azul —. ¡Qué bien!
—Tal y como la pediste, ¿no? —preguntó Koichi, acercándose y tocándola —. Sí, es blandita —asintió —. Su temperatura se regulará automáticamente, para que estés más cómoda.
—¡Gracias, Koichi! —exclamó la chica, abrazándolo desde su posición elevada.
—Se me hace raro ver a Zephyrmon delante de mí —rió Zoe, dando vueltas alrededor del aerodeslizador —. ¿Tan rara es mi cabeza? —preguntó tomando el manillar.
—No, mujer —rió Koichi —. He tenido que estirarle las alitas hacia atrás para poder crear el manillar.
—Imagino que estos dos son los de Sissi y Emily, ¿no? —preguntó Gaomon.
—Estos dos estaban en una carpeta llamada "dragonfly" y estaban totalmente completos —se encogió de hombros Koichi —. Cosa de Jeremy.
—Son vehículos aéreos. Podréis volar aprovechando las corrientes de aire. A demás, tenéis asientos para vuestras compañeras digimon —explicó el informático.
—También volará sin corrientes de aire, ¿no?
—Sí, aunque gastará más energía…
—¿Necesitaremos enchufar los vehículos como si fuesen móviles para cargarlos? —preguntó Katsuharu.
—A saber —respondieron algunos.
—Venga, venga, vamos a los demás —apremió Takuya.
—Está bien, turno de los chicos —aceptó Jeremy —. Apartaos, porque esto parece que es más grande. Salvo esto… ¿"Mini"?
—Nada, nada —rió Koichi, dándole él mismo a la tecla.
A toda prisa, las chicas apartaron sus vehículos de las nuevas apariciones en el lugar, claramente más grandes. El primero en acabar de materializarse fue un tanque verde de ruedas gruesas en un tono más oscuro. En lugar de techo, había una metralleta instalada por detrás de los sillones.
—¿De quién es eso? —preguntó William.
—Al parecer, mío —declaró Jeremy, mirando a Koichi.
—Es facilísimo de manejar, y tienes copiloto que puede disparar —dijo pasando la mirada a las demás formas materializadas.
—¿Y esto otro? —preguntó Ulrich, acercándose con precaución a una enorme figura azul y amarilla.
—El Kabutanque. "Tanque" a secas para los amigos —respondió.
—Imagino, entonces, que es para mí —dijo JP, subiendo y mirando absolutamente todo lo que había en él —. Vaya, también tengo armamento…
—¡Un coche! —exclamó Takuya —. ¡Eh, William! ¡Tendremos competición los de cuatro ruedas también! —dijo mientras observaba desde todos los ángulos un mini ovalado de color fuego bastante acristalado.
—Oye, ¿esto se ha caído de algún sitio? —preguntó Teruo, señalando vehículos más pequeños allí aparecidos.
—Estos son dos esquís con propulsores para Tommy —explicó Chiaki, bajando de la nube y tomando los dos objetos —. Ahora podrás ir más rápido.
—¡Chachi! Muchísimas gracias, Koichi —se alegró el más pequeño, no dudando en ponerse los esquís y probarlos sobre la hierba.
—Éste es para ti, Teruo —le alcanzó el de la oscuridad.
—Oye, parece que me habéis arrancado una parte de mí —comentó divertido al ver la tabla-espejo tan similar a su cuerpo digievolucionado.
—Y estos dos, para vosotros —informó Chiaki, cargando dos tablas marrones, una más clara que la otra, con un par de alas en la parte delantera —. Las he elegido yo… Espero que os guste —dijo mirando ambas antes de entregar una a Teppei y otra a Katsuharu —. Están basadas en caduceos y tienen vuestros emblemas grabados.
—Son geniales, Chiaki —aseguró Katsuharu, sopesando la tabla mientras Teppei ya probaba a subir.
—Gracias a los dos, chicos —dijo Teppei.
—Bueno, ¿levantamos el campamento? —preguntó Kouji sobre una moto con diseños tribales en blanco y negro de forma similar a la de Ulrich.
—¡Vamos, vamos! —exclamó Takuya, ya empezando a mover su mini.
Entre risas, todos subieron a sus vehículos, Koichi corriendo a una moto idéntica a la de su hermano aunque con los colores a la inversa.
