¡Aloha a todos! Hoy está Lily conmigo, así que daos por saludados dos veces.

L: Hola chicos! Por una vez en la vida estoy en el mismo sitio que Kaotik y hay que aprovechar a saludar, asi que por primera vez oficialmente desde el comienzo de el reboot, os saludo en persona, dandoos la bienvenida a esta locura de nuestras mentes. A Disfrutar todos!

Poco más que añadir, así que DISCLAIMER (vaya novedad): Code Lyoko, Digimon Frontier y todo lo que en ellos aparece NO nos pertenece a ninguna de las dos. Los personajes totalmente desconocidos sí son nuestros. Cualquier personaje parecido al de otra persona (ya sea de fic o de art), pura coincidencia de pensar "y si...". Agradecemos los comentarios, tanto felicitándonos el trabajo como criticándonos la ida de olla monumental. Simplemente os pedimos que, de hacerlo, sea correcta y educadamente.


Capítulo 14: El Pueblo del comienzo

Swanmon acababa de regar los arbustos cuando un extraño sonido llenó el calmado ambiente del gran árbol de digihuevos. Algo preocupada por no tener ni idea de qué era el causante de aquél sonido, dejó la regadera y se acercó a una zona con mejores vistas.

—Parece que vamos a tener visitas —susurró mirando los digihuevos más cercanos.

Uno a uno, los vehículos fueron alcanzando el lugar, deteniéndose ante ella a una distancia prudente. La sorpresa fue en aumento al reconocer a seis niños humanos en el grupo.

—¡Sois los guerreros legendarios! Oh, vaya, ¡cuánto tiempo sin veros, chicos! —saludó, calmando los latidos de su corazón y los nervios que había sentido.

—¡Hola, Swanmon! —saludó Takuya —. Te traemos un digihuevo.

—Y, de paso, venimos a ayudarte —guiñó Zoe.

—¿Un digihuevo? —preguntó. Sus ojos viajaron hasta encontrarlo en brazos de Chiaki —. Ya veo… Yo lo cuidaré, no te preocupes —le sonrió a la niña —. Y gracias por haber venido. Últimamente, los bebés están muy alterados y yo sola no doy abasto con ellos. ¡Seguidme, rápido! —indicó.

Antes de alcanzar el tronco del gran árbol, el grupo entero pudo escuchar los fuertes llantos de un gran número de bebés.

—Ay, tienen hambre —dijo Swanmon —. Los biberones están todos preparados, por suerte. Y con vosotros, la faena acabará antes.

—Siempre me trae buenos recuerdos ayudar a criar a un digimón bebé… Me recuerdan tanto a mi hijito-hijita…

—Bokomon, te hemos dicho muchas veces que Seraphimon es un chico —intentó decirle Neemon, pero el de faja rosada había corrido en busca de un cesto de biberones.

—¿En serio todos estos bebés han de ser alimentados? —preguntó Odd.

—Vamos, que no es tan difícil —rió Takuya.

—Hey, esta pequeñina está muy tranquilita —comentó Zoe, deteniéndose ante la cesta de una Nyaromon.

La digimon rió divertida, para sorpresa de la chica. En dos cestas contiguas, un Tokomon y un Kokomon también se echaron a reír al tiempo que el D-Tector de la rubia empezaba a brillar.

—¿Qué ocurre aquí? —preguntó Takuya.

—¿Por qué os brillan los D-Tectors? —preguntó Koichi a su gemelo.

—¿Qué está pasando? —se asustó Swanmon.

—¡Mucho mejor así! —saltó feliz Salamon.

—¡Ahora sí que puedo moverme! —agregó Lopmon, saltando al suelo.

—¡Por fin volvemos a ser útiles! —exclamó Patamon, volando por el lugar.

—Vosotros tres…

—¡Hola de nuevo, niños elegidos! —saludaron los tres con grandes sonrisas.

—¿LOS GRANDES ÁNGELES? —preguntaron sorprendidos Jeremy y Aelita.

—Los mismos —asintió Patamon.

—El enemigo era demasiado fuerte, así que hemos acabado aquí, junto a muchos otros aliados —explicó Lopmon.

—Como parte de los Caballeros Reales —añadió Salamon antes de saltarle a los brazos a Zoe —. Están también aquí, algunos aún como digihuevos.

—Entonces… habéis renacido —dijo Sissi.

—Exactamente —asintió la pequeña dama —. ¡Gracias por haber venido hasta aquí, chicos! Nos habéis sido de mucha ayuda.

—Pero si no hemos hecho nada —murmuró Odd.

—¿Qué ha pasado con nuestros D-Tectors? —preguntó Takuya.

—Eh, sólo han brillado el de Takuya, el de Kouji y el de Zoe —apuntó William.

—Eso es porque Ancient Irismon era mi guardia personal —sonrió Salamon —. Ella me ayudaba muchísimo e incluso me acompañaba en viajes o faena.

—Ancient Garurumon tenía su zona de vigilancia en el bosque de mi castillo, por lo que lo "adopté" como mi guardián personal. Así no le desviaba demasiado de su misión como Guardián del Digimundo —dijo Patamon, volando hasta acabar sobre la cabeza del de la luz.

—A mí me ayudaba Ancient Greymon —informó Lopmon, corriendo hasta Takuya y trepándole por la pierna —. Por eso, sus dispositivos han reaccionado ante nosotros. Ellos nos han prestado algo de energía.

—Por eso habéis digievolucionado… ¿Y si no hubiésemos venido?

—Pues habríamos seguido siendo pequeñines —dijeron los tres.

—Un segundín —alzó la mano JP —. El señor Seraphimon sí era guardián de los espíritus de la luz, pero los demás…

—Yo quería una chica. Y la zona de vigilancia de Ancient Irismon quedaba más cerca que la de Ancient Mermaimon —se encogió de hombros Salamon.

—Yo lo hice al azar —rió Lopmon.

—Oh, vaya…

—Chicos, me alegra ver que todo está bien y que estos tres están en perfectas condiciones —interrumpió Swanmon —. Pero aún quedan muchos otros bebés por alimentar.

—Perdón, Swanmon…

—Va, a ello —se arremangó Odd. Adelantó el biberón hacia un bebé, pero varios más saltaron a la cestita y pelearon por conseguir el alimento —. ¡Eh, tranquilos todos!

—Odd, cógelos en brazos para evitar que se peleen —recomendó Labramon señalando cómo lo hacía Takuya.

El grupo tardó cerca de una hora en alimentar y acunar hasta el sueño a todos los bebés allí reunidos. Tanto humanos como digimons estaban agotados, arrastrando los pies lentamente por el lugar en un intento de avanzar haciendo el mínimo ruido posible. Nadie quería despertar a ninguna de aquellas pequeñas criaturas.

—¿Qué tal si comemos algo para recuperar energías? —propuso Swanmon. La digimon, posiblemente acostumbrada a la faena en solitario, era la única que se mantenía erguida y con energía para una nueva ronda.

—Dios te bendiga. Estoy agotado —resopló Odd —. No tenía ni idea de lo difícil que es cuidar un bebé…

—Estoy contigo. Creo que prefiero las peleas a repetir la experiencia —suspiró Jeremy.

—Pues la mejor forma para evitarla es no regresando aquí y, en un futuro, evitando todo contacto con una mujer deseosa de tener hijos —intentó no reír JP.

—Y si tienes la mala suerte de ser pescado por dicha mujer, reza para no tener gemelos —apuntó Takuya, intentando no reír fuerte aun estando fuera del árbol.

—Oye, que los gemelos no somos demonios —dijo Koichi dándole una suave colleja que hizo ahogar la risa a más de uno —. También tenemos nuestros puntos divertidos, como lo de vestir iguales. ¿A que sí, Kouji? —preguntó, volteándose para encontrar a su hermano parado bastantes metros más atrás.

—Te recuerdo que no hemos podido poner eso en práctica —dijo, la vista fija en el árbol que habían abandonado.

—¿Va todo bien? —preguntó acercándose hasta él y buscando lo que llamaba la atención de su gemelo.

—Zoe aún sigue allí dentro —dijo simplemente.

—¡Oh! Pues como no salga ya, se queda sin comida —rió volviendo a andar con los demás.

Kouji simplemente negó con la cabeza antes de seguir mirando hacia el árbol. Un par de minutos después, cuando sólo las voces de los demás indicaban la presencia de gente en el lugar, Zoe apareció rotando los brazos.

—¿Quién te ha entretenido esta vez?

—Un pequeño Gigimon con ganas de fiesta —rió —. Le he tenido que cantar una nana para dormirle… ¡Entera!

—Te he oído —asintió, sorprendiendo a la chica —. No preguntes, yo tampoco estoy seguro de cómo he podido oir una canción susurrada desde aquí.

—¿Y me has estado esperando todo el tiempo? —preguntó, desviando la mirada sonrojada.

—Sí —respondió simplemente.

Para cuando alcanzaron al grupo, ya acomodado en una gran tela con todo tipo de alimentos en ella, no les sorprendió en absoluto ver a un trío en concreto en una especie de competición de zampar.

—¡Qué rico está todo esto!

—Odd, deja algo para los demás —regañó Aelita.

—Mastica despacio o te atragantarás —se preocupó Labramon.

—¡Y no hables con la boca llena! —protestó Sissi.

—Dejadle, ¿no veis que Odd engulle la comida?

—¡Yo no engullo, Ulrich! —declaró el rubio con la boca llena.

—Y yo que pensaba que sólo Takuya era así —suspiró Zoe.

—No quiero alarmar a nadie, pero… —William señaló a su digimon, rodeado de comida y con una expresión feliz en el rostro —. ¿Cómo puede tragar tanto?

—¡Will! ¡Will! Prueba esto, ¡está riquísimo! —ofreció el dragoncito.

Las risas y las protestas sonaron al mismo nivel en el grupo ante las formas de comer del trío. Mientras las chicas en especial no paraban de quejarse de la competición de los dos humanos, William libraba su propia batalla controlando al dragoncito glotón que, fuera de la competición, parecía tener mayor libertad para comer cuanto pudiese coger. Por suerte, el grupo entero pudo comer y aún sobró comida que más de uno se encargó de cargar en brazos y llevar al almacén de Swanmon antes de que la pobre digimon se quedara sin reservas hasta que algún Trailmon le trajese más.

—Chicos, podéis quedaros a descansar aquí, si queréis —ofreció Swanmon —. Podéis dormir perfectamente aquí. Así ni despertáis a los bebés ni ellos os despiertan a vosotros cuando tengan hambre —sonrió.

—Acepto tu oferta —bostezó Odd.

—Sí, la aceptamos —asintió Takuya, tumbándose al mismo tiempo que el rubio.

—A Dracomon le habrías alegrado el resto del día —dijo William, señalando al pequeño digimon ya acurrucado desde hacía rato.

—Oye, Jeremy, a mí me apetece entrenar —dijo Gaomon —. Yo también quiero evolucionar y ayudar a Kyubimon y a Bijugamon en el próximo combate.

—Está bien. Yo también creo que debería practicar un poco más —asintió el informático.

—Nosotras iremos también, si no os importa —alzó la mano Aelita.

—Pero aquí no se puede luchar —negó Lunamon mirando alrededor —. Podríais dañar los digihuevos.

—Nos alejaremos lo suficiente para que el pueblo esté a salvo —aseguró Jeremy.

—Un poco más al oeste hay una zona amplia, si queréis —señaló la digimon cisne.

—Gracias, Swanmon.

El cuarteto se levantó y empezó a alejarse, dejando atrás al grupo. Más de uno había decidido tumbarse y dormir o simplemente relajarse.

—¿Qué tienes pensado hacer? —preguntó Aelita.

—Quiero saber más sobre la digievolución —respondió Jeremy —. Quiero saber cómo lograrla, qué la condiciona, si existen otros motivos…

—Has de tener cuidado —dijo Lunamon —. Forzar la digievolución puede traer problemas. He oído historias de digimons que digievolucionan erróneamente. Podría ser peligroso.

—Tranquilas. No nos excederemos —sonrió Gaomon.

Con un suspiro pesado, Aelita y Lunamon se apartaron de ambos, subiendo a una roca y tomando asiento. Jeremy y Gaomon no tardaron mucho en iniciar el entrenamiento. Para Aelita, ver a Jeremy en un campo diferente al de la informática le hacía gracia, aunque también le preocupaba.

—Me pregunto hasta dónde piensan llegar —susurró.

—Tranquila, Aelita. Estoy lista para intervenir si es necesario —dijo Lunamon apoyando una mano en la suya.

Media hora más tarde, un pequeño brillo en el D-Tector del chico llamó la atención de ambas. El nerviosismo y la preocupación hicieron que ambas se inclinasen al frente, expectantes.

—¡Ya no puedo más! —exclamó Jeremy, cayendo al suelo agotado.

—Casi lo lográis —comentó Aelita, acercándose a él y tendiéndole la mano —. Regresemos con los demás.

—¿Cómo estás, Gaomon? —preguntó Lunamon, acercándose al digimon.

—Bien, bien —aseguró —. Pero tengo sueño…

—Volvamos al pueblo y descansemos. Es tarde —rió Aelita.

Sin mucha conversación, volvieron hacia los arbustos de digihuevos, intentando no hacer ruido para no despertar a los que dormían.