Mil gracias a todos por los comentarios, los likes, kudos y estrellitas.
Espero el capítulo les guste y puedan perdonar cualquier error…
Por cierto, a la persona que me ha estado preguntando si voy a continuar este fic: Sí, lo haré hasta que la historia tenga su respectivo final así que no te preocupes por eso. Digamos que la historia apenas está tomando vuelo jeje. Nos falta camino, pero estamos en ello.
A la mañana siguiente David y Regina estuvieron nuevamente reunidos en la habitación de ella. Ese día el Rey decidió llevar desayuno para él también a fin de que la convivencia a esa hora del día se sintiera un poco más natural. O al menos eso era lo que esperaba.
La reina le recibió y esta vez lo estaba esperando ya sentada en la mesa. Fue algo que sorprendió a David por un lado, pero por otro no fue tanto de su agrado puesto que de esa forma no le era posible apreciar el vientre de Regina y ver si le había crecido un poco más, y aparte, tampoco le era posible verla de cuerpo entero.
Ese día ella llevaba un vestido negro con elegantes aplicaciones en la orilla del cuello y las largas mangas que al final ern un poco anchas. El cabello lo llevaba recogido en un moño alto y el maquillaje volvía a ser natural y sutil haciéndola ver bellísima e irresistible al punto de vista de David.
Lo primero que Regina hizo cuando él dejó todo sobre la mesa fue tomar una manzana que se le antojo a horrores en cuanto la divisó. Fue algo que no pudo controlar. Era una necesidad urgente por saborear la fruta. La mordió y fue incapaz de mantener los ojos abiertos al degustar
- Te gustan las manzanas - murmuró entusiasmado ante la idea de conocer aunque fuese un pequeño gusto de la reina.
Una imagen clara de su erótico sueño cruzó su mente. El justo instante en que él le afirmó que le gustaba grande. Aunque claro, una manzana y su miembro eran dos cosas muy distintas, pero al final le gustaban a la reina. Y en ese momento cayó en cuenta que no era nada extraño que a Regina le gustaran tanto las manzanas precisamente.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la bella reina asintiendo y dejando escapar un pequeño gemido gustoso que David juraba sintió en su entrepierna. Se aclaró la garganta causando algo de ruido y se dispuso a comer mientras era torturado por esos bellos y sensuales sonidos que la reina emitía al degustar la manzana. Relamió sus labios y prefirió empezar a hablar a fin de distraerse en algo más
- La diligencia estu… - comenzó a decir, con toda la intención de compartirle la experiencia, pero la reina le interrumpió
- Preferiría que eso lo tratáramos en el salón de asuntos reales - expuso dejando la manzana. Tomó el tenedor y fijó su mirada en él.
David alzó ambas cejas al escucharla y asintió con lentitud
- Como tú digas - concedió impresionado por la ¿orden o petición?, no estaba seguro. Solo sabía que estaba dispuesto a hacer lo que ella pidiera con tal de que le dejara acompañarla.
Regina hizo su mejor esfuerzo por disimular la sonrisa que brotó en sus labios ante la respuesta. Le gustaba y mucho la disposición que el Rey mostraba por complacerla. Era, en cierta forma, como si le estuviera dando algo de poder y control en esa dinámica absurda en la claramente ella estaba en desventaja y que no estaba segura hasta dónde les llevaría. Lo único de lo que no dudaba es que no renunciaría a su bebé, pero ese, era un tema que no quería tocar. Al menos no todavía.
David se llenó de una extraña sensación de esperanza al verla tratando de disimular una sonrisa porque le parecía un indicio de que las cosas entre ellos podían ir bien
- ¿Por qué estás tan interesado en hacerme compañía? - preguntó Regina llevando el tenedor a su boca con un trozo del desayuno.
El Rey dio un suspiro pronunciado antes de hablar
- Porque estás esperando un hijo mío - fue lo primero que respondió porque era la razón principal - Es algo que nos unirá de por vida y me parece que lo mejor sería que nos lleváramos bien - compartió buscando justificar sus acciones
- ¿Tú crees que de verdad esto va a funcionar? - le preguntó con una pequeña sonrisa irónica en los labios, sorprendida con ella misma por estar manteniendo una plática amena y cordial con el pastor
- No lo sé, pero espero que sí - fue sincero al responder - Además no me parece justo que estés sola durante el embarazo - había algo de culpa en sus palabras. No podía evitar comparar la atención y cariño del que Snow estaba rodeada mientras que Regina atendía los asuntos del reino y se la pasaba casi siempre sola
- Antes de que ustedes me capturaran no estaba sola - aclaró con reproche. Lo vio asentir y al parecer ser incapaz de mirarla. Podía notar la culpa en él aunque estaba concentrado en el plato de comida que tenía enfrente
- En verdad lo siento mucho, Regina - se escuchó terriblemente sincero y eso hizo que la reina desistiera de reclamarle y culparlo una vez más por la muerte de su padre.
Le habría encantado hacerle sentir mal a fin de que se viera obligado a llevarla a visitar la tumba de su padre, pero sólo había dos maneras y ninguna le convencía. La primera era que la llevaran hasta allá en carruaje, pero se arriesgaban a una emboscada donde principalmente ella terminaría muerta junto con su bebé. La segunda era que Azul la trasladara mágicamente, pero primero muerta antes que dejar que la polilla usara magia en ella mucho menos en su pedacito bello
- ¿De verdad confías en Azul? - preguntó de pronto. Era genuino su interés por ese tema
- Sí - respondió David algo extrañado por el repentino cambio en la conversación. Esperaba que Regina comenzara a reclamarle y hasta se estaba preparando para consolarla de nuevo, pero en cambio ahora preguntaba por su relación con el hada suprema - ¿Por qué? - preguntó ahora él con interés
- Esa polilla y su ejército de mosquitos de colores nunca han tenido buenas intenciones conmigo - respondió con una ligera sonrisa en los labios
- ¿Se puede saber la razón? - decidió no asumir a que era por ser la Reina Malvada, prefería tratar de comprenderla
- Pregúntaselo a ella - respondió y alzó la barbilla con superioridad, plantando la pequeña semilla de intriga en él.
Regina tenía una carta a su favor en ese aspecto, pero no era el momento de jugarla. Primero quería saber si el hada estaba dispuesta a decirle al Rey que jamás le tendió la mano a pesar de que ella era buena en sus tiempos de niñez y principios de juventud. Que el único motivo por el cual nunca la auxilió fue por ser hija de Cora. Y no podía evitar pensar que tal vez, si el hada hubiera intervenido su destino habría sido otro y nunca hubiera conocido la oscuridad.
Hubiera, hubiera. El hubiera no existe. Lo cierto era que Azul nunca acudió a su desesperado llamado y ella terminó siendo la Reina Malvada, y ahora, esperaba un hijo que estaba segura esa hada habría de juzgar solo por llevar su sangre, tal cual lo hizo con ella. Mentalmente volvió a aferrarse a la esperanza de que tal vez, su bebé tenía un destino muy distinto al de ella porque tendría como padre a un héroe
- ¿Hay algo que quieras decirme? - preguntó David con interés. Era un tema delicado y quería irse con cautela. Hasta ese momento el hada suprema no le había dado ningún motivo para dudar de ella. Sin embargo, no podía negar el extraño comportamiento que ya había notado en Azul ante el embarazo de Regina
- Sí - asintió la reina con lentitud - Necesito orinar - lo vio abrir la boca y fruncir el ceño confundido. Se levantó y dio la vuelta para ir al baño mientras una sonrisa divertida se dibujaba en su bello rostro.
David no lo pudo evitar, ladeó la cabeza mientras ella se alejaba para poder admirar ese elegante y sensual andar. Si tan sólo ella supiera del sueño que tuvo la noche anterior y que se vino en los pantalones, estaba seguro que se burlaría de él a morir. Por un momento pensó en cómo sería ver y escuchar a Regina reír genuinamente. Estaba seguro de que sería un hermoso espectáculo.
Cuando menos lo pensó, la reina venía de vuelta y aprovechó la oportunidad para fijarse en la pancita que esa mañana le pareció más notoria. Sonrió ante el pensamiento de que su bebé estaba creciendo.
Con Snow fue un poco distinto. No se le notaba nada, pero cuando le confesó que estaba embarazada y esa la razón por la cual le evadía: boom. El vientre se le vio abultado considerablemente de un día para otro
- Me gustaría que si necesitas algo, lo que sea, me lo haga saber - le dijo tratando de ocultar su entusiasmo. Era como si quisiera volcar toda su atención y cuidado en ese embarazo ya que con el de su esposa no le estaba siendo posible.
Amaba a sus hijos, a los dos por igual, y ya estaba resignado a no ser parte del embarazo de Snow y por esa razón se negaba a perderse de ese también. Si era necesario le rogaría a Regina por ello
- Necesito que cierres la boca en lo que termino de desayunar - le dijo tomando el tenedor de nuevo para continuar comiendo tranquilamente.
El Rey asintió e hizo lo que ella le pidió mientras terminaba de desayunar.
Cuando acabaron, salieron de la habitación de Regina para dirigirse al salón de asuntos reales. David le abrió la puerta para que ella pasara primero y después le siguió cerrando tras él.
Decidió arriesgarse a caminar junto a ella quien le volteó a ver con el ceño fruncido y un gesto que denotaba disgusto por el atrevimiento, pero no le dijo nada. Sólo volteó altiva hacia el frente de nuevo sin detenerse, como la reina que era.
Johanna se dirigía hacia el cuarto de lavado cargando un montón de mantas sucias y al llegar a uno de los pasillos vio pasar a la inusual pareja. La Reina Malvada le miró de reojo y la vio sonreír de medio lado en un gesto que la doncella conocía muy bien y que lograba causarle escalofríos, pero no le dirigió ni media palabra mientras que el Rey, ni siquiera la notó.
La puerta del salón de asuntos de reales se abrió dando paso a la hermosa y enigmática reina que venía acompañada del Rey
- Buenos días, Majestades - saludó Azul haciendo una pequeña reverencia con la cabeza en señal de respeto para ambos y acto seguido desapareció dejándoles solos
- Al menos sabe que su presencia me parece insufrible - dijo Regina mientras caminaba hasta el escritorio para tomar asiento. Lo primero que vio fue una carta de George
- ¿Podemos hablar ya de las diligencias? - preguntó David y la reina asintió, pero no volteo a verle, estaba muy concentrada con la carta que tomó en cuanto se sentó.
Empezó a relatar amenamente. A decir verdad le agradó lo que la diligencia conllevaba y esperaba poder ayudar a la gente. Estaba relatando tan despreocupado que mencionó las incomodidades por las que Snow pasó y la reina sólo alzó una ceja y sonrió de medio lado por un momento
- No lo hiciste tan mal, pastor - esperaba que se diera cuenta que era un verdadero cumplido viniendo de su parte. Si quería felicitaciones, estaba muy equivocado. Era su deber como Rey y no era nada por lo que hubiera que hacerle una fiesta
- Gracias - se sorprendió por la reacción de Regina. Creyó que se burlaría de él y que le diría que era un inútil, como siempre
- Redacta un informe con las necesidades de esa aldea y sigue adelante con las demás - indicó - Te dejaré por escrito en el mismo informe lo que puedes o no hacer por ellos dependiendo de los recursos del reino - explicó cómo es que habrían de trabajar
- Muy bien - asintió poniéndose de pie - Iré a mi habitación a trabajar en el informe. Vendré en cuanto lo termine - le informó y le dedicó una sincera sonrisa. Una que Regina no respondió, pero al menos no se burló de él ni le corrió del salón. Para David eso era un triunfo
- No me hagas esperar mucho, encantador - fue todo lo que le dijo la reina y regresó su atención al papel que leía con detenimiento.
Se dio la vuelta y se fue de ahí dejando a Regina trabajar.
Snow terminaba de arreglarse para ese día. No se levantó muy temprano, pero tampoco muy tarde y decidió tomar el desayuno en su habitación. Aún estaba cansada por el día anterior que le pareció extenuante al final.
Y si debía ser honesta, le pareció muy injusto que la gente la juzgara por no ir a diligencias antes y estar poniendo su embarazo por encima de todo. Sí, ella era la Reina, legítima heredera al trono, pero David fue coronado como Rey, por lo tanto era más obligación suya que de ella.
Ya pensaría en la forma de librarse de ir. Bastaba con decirle a David que le dolían los pies y listo. Sería sencillo. Sonrió mientras tomaba otro pastelillo y lo mordía con ganas
- Majestad, soy Johanna - se escuchó al otro lado de la puerta
- Pasa - habló con la boca llena. Vio la puerta abrirse y a su doncella de toda la vida entrar con expresión preocupada. Tragó el pastelillo - ¿Qué ocurre? - preguntó
- Ay niña. Esa mujer lo ha embrujado - le dijo con rostro horrorizado
- ¿Quién? ¿Regina? - preguntó avanzando hasta ella y le tomó de las manos
- Sí - respondió
- Johanna, eso no puede ser - dijo Snow con una tenue sonrisa en los labios - Regina no tiene magia - le recordó y la otra negó con la cabeza
- Los vi caminando juntos por uno de los pasillos. David ni siquiera volteó a verme, pero ella, ella me miró con maldad - le contó angustiada y vio la expresión de la otra cambiar a una de preocupación
- Oh - soltó y se quedó pensativa
- No quiero ser ave de mal augurio, pero estoy segura que la Reina Malvada lo ha hecho sucumbir a las… - hizo una pausa - bajas pasiones - cuchicheó
- No - dijo mientras reía un poco por la reacción de su doncella - David no está interesado en ella - aseguró con firmeza
- Yo no estaría tan segura. Esa mujer es el mismo demonio, Snow - habló con intriga impregnada en la voz.
David estaba sentado en el escritorio que tenía en su habitación. Trataba de ser lo más claro y organizado posible con las peticiones de los aldeanos. Tenía hojas manchadas de tinta por todo el escritorio y había otras arrugadas regadas por el suelo a su alrededor.
Escuchó la puerta de su cuarto abrirse y volteó algo sorprendido para ver quién era pues todos sabían que debían tocar y esperar a que él autorizara la entrada
- Hola, David - saludó una visiblemente alegre Snow White que ya estaba en medio de la habitación después de entrar sin anunciarse y cerrar tras ella
- ¿Todo bien? - preguntó extrañado sin entender el motivo por el cual estaba ahí. Era su esposa sí, pero de momento no se podía decir que tenían un matrimonio y se suponía que ambos estaban respetando la privacidad del otro.
Ella asintió con aparente alegría
- ¿Y tú? - siguió con el juego de preguntas cordiales sintiéndose ansiosa por el rumbo que habría de tomar esa conversación
- Bien - sonrió tenuemente - Estoy redactando un informe de la diligencia para que Regina nos diga qué podemos hacer y qué no por la aldea - le contó entusiasmado lo que hacía.
Snow asintió forzada, apretando la mandíbula, conteniéndose de estallar
- Si hoy resuelve mañana mismo podríamos ir a dar las buenas nuevas - murmuró puesto que su atención estaba realmente en el papel que escribía
- Eso sería maravilloso - respondió en automático. No estaba segura de querer ir, pero sentía unas ganas inmensas por, por… ni siquiera sabía qué quería. Era como si esa fuese una guerra silenciosa por la atención del Rey. La atención que ella misma había estado rechazando en los últimos meses
- Y quizá podríamos visitar otra aldea al siguiente día - volteó a verle dedicándole una pequeña sonrisa. La vio asentir, mirar hacia abajo y apretar las manos en puños. De inmediato supo que no todo estaba bien
- ¿Qué hiciste hoy por la mañana? - se atrevió a preguntar y vio a David asentir mientras daba un suspiro que denotaba resignación
- Desayuné con ella - respondió. Era obvio que Snow sabía algo, de otra forma no estaría ahora en la habitación preguntando por su mañana
- ¿Y te fuiste con ella al salón de asuntos reales? - preguntó resentida. Él cerró los ojos y negó con la cabeza para luego abrirlos
- A ver - hizo una pequeña pausa, tomó aire y siguió - Regina es la que sabe llevar el reino, es por eso que la tenemos ahí resolviendo los asuntos que tú y yo deberíamos estar resolviendo. Si no trabajamos en conjunto con ella, el reino se vendrá abajo o peor, se volcara sobre nosotros - explicó el escenario más trágico para que Snow se hiciera a la idea de que no había otra forma en que eso funcionara
- Es que Johanna dice que los vio por un pasillo, que tú parecías embrujado y que ella le sonrió con maldad - le contó todo sintiendo la impotencia recordarle el cuerpo entero
- ¿Te das cuenta que eso es absurdo? - preguntó incrédulo
- ¿Tienes que estar con ella todo el tiempo para que el reino funcione? - preguntó a modo de reclamo
- ¿Qué quieres que haga entonces? - preguntó David poniéndose de pie. Estaba empezando a molestarse - Quieres que el reino funcione, me coronaste como Rey, hiciste un trato con Regina porque tú no sabes hacerte cargo del reino y mucho menos yo. Descansas todo el tiempo por el embarazo mientras ella, que también está embarazada y muere de cansancio, se la pasa trabajando para nuestro bienestar. Está sola mientras tú estás rodeada de todos los aliados y no me quieres a tu maldito lado - habló exasperado
- ¡Esto no hubiera pasado si no te hubieras revolcado con ella en el bosque! - reclamó al borde del llanto
- ¡Ya sé! - él también se alteró - Ya sé que hice mal, ya lo hemos hablado muchas veces, pero ¡¿qué hago?! - preguntó desesperado - No puedo retroceder el tiempo. No tengo manera de hacer que el dolor que sientes desaparezca y la realidad es que voy a tener un hijo contigo y uno con ella - terminó sintiéndose un poco mal por hablarle de esa forma, pero no veía otra manera en que Snow entendiera que por el bien de todos lo mejor era aceptar las cosas como eran a fin de seguir adelante.
Snow le miró con resentimiento porque estaba en su derecho, ¿no? Él le había sido infiel y la había traicionado al revolcarse con su peor enemiga y encima de todo tendría un hijo con esa mujer. No se lo iba a perdonar, pero tampoco era tan estúpida como para renunciar así como así al que se suponía era su final feliz. No cuando aún había esperanza a la cual se aferraría con todas sus fuerzas hasta el último instante.
No iba a dejar que Regina ganara tan fácil
- Tienes razón, David - soltó el aire por la boca de golpe sabiendo bien que debía dar un paso atrás - Eres el Rey y por el bien del reino debes hacer lo mejor para todos - empezó con su pequeño discurso - Mientras yo esté embarazada, tú eres su única esperanza - le sonrió bondadosa - Además, cuando nuestro hijo llegue las cosas serán distintas para bien - se acercó a él y alargó sus manos para que las tomara. David apretó la mandíbula, parecía que esta vez se resistía a acceder. Así que ella se las tomó - Cuando nazca tu otro hijo - omitió estratégicamente el nombre de Regina - Entonces seremos completamente felices - dijo esperanzada
- Ya no estoy tan seguro - se sinceró el Rey. Le soltó de las manos, la tomó de la cabeza y le besó la frente con cariño. La quería y mucho, le pesaba en el alma haberle traicionado de esa manera tan vil, pero no le iba a alcanzar la vida para compensarle el dolor y el daño causado. Era algo que ya había aceptado
- No digas eso - se apresuró Snow - Yo sé que volveremos a ser tan felices como lo éramos cuando fuiste por mí y me despertaste de la maldición del sueño - dijo buscando convencerlo - Pero no podremos hacerlo si tú no te esfuerzas por nuestra familia y nuestro bebé - le agarró una mano para llevarla hasta su vientre, pero se arrepintió - Estoy segura que la vida nos compensará con nuestro final feliz si tú haces lo posible por enmendar el hecho de haber caído en la tentación con esa mala mujer. No te des por vencido - sí, lo estaba manipulando y sabía que no estaba bien, pero le era imposible evitarlo.
El Rey decidió no seguir la discusión a pesar de que le parecía absurdo que siguiera empeñada en culpar a Regina cuando ya le había dicho claramente que era su responsabilidad, pero sabía que si las cosas se ponían más mal entre ellos estaría aún más lejos de ese hijo durante el embarazo
- ¿Ya me dirás qué va a ser? - preguntó pensando en ese pequeñito que nacería más pronto que el que esperaba Regina
- ¿No quieres que sea sorpresa? - preguntó con complicidad en un intento desesperado por recuperar eso que tenía con David antes de que todo comenzara a ir mal. Además, estaba firme en no decirle el sexo del bebé porque no sentía que se lo merecía
- Está bien - accedió. No quería presionarla con el asunto del bebé porque no se imaginaba lejos de ese hijo y tampoco del que tendría con Regina.
Regina…
- Debo terminar el informe - besó la mejilla de Snow y se abstuvo de intentar tocarle el vientre porque no deseaba más conflictos - ¿Se ha seguido moviendo? - preguntó mientras se sentaba de nuevo para continuar su labor
- Sí - respondió Snow sintiéndose incómoda por lo que haría a continuación - ¿Podemos... almorzar juntos?- preguntó - Sólo tú y yo - se apresuró a decir porque sabía bien que el Rey y los aliados ya no cabían en el mismo lugar.
David volteó a verla y después de algunos segundos, que a Snow le parecieron eternos, asintió.
Regina terminaba de redactar la respuesta que George estaba exigiendo y sabía bien que era sólo cuestión de tiempo para que comenzara a indagar más. Debía ser más astuta y moverse con estrategia antes que él
- Hola - David asomó la cabeza por la puerta y vio que Regina dio un saltito involuntario volteando a verle espantada por un segundo, pero cuando notó que era él, alzó una ceja denotando superioridad
- Si no traes el informe completo es mejor que no entres - espetó y le vio entrar, cerrando de inmediato tras él, como si le urgiera que estuvieran solos ahí dentro
- Lo tengo - le enseñó orgulloso la hoja mientras avanzaba hacia ella. Regina le miró con elegancia desde abajo y notó que reprimía una sonrisa.
Le extendió el documento y ella, alargó una mano y usó sus dedos índice y pulgar para tomarlo con delicadeza, como cuidando de no mancharse las manos con la tinta que adornaba algunas partes de la hoja
- Mañana a primera hora tendrás las respuestas. Y te aconsejo que vayas planeando tu próxima diligencia - sugirió mirando con desagrado el papel con tinta que es suponía era el informe de David
- Mañana mismo podré ir a dar las buenas nuevas a esa aldea y visitar otra más - le contó su plan
- Muy bien - le dedicó una falsa sonrisa y después cambió a una expresión seria - Ahora largo y déjame trabajar - ordenó bajando la vista para volcar toda su atención en el informe de la diligencia
- Con permiso, Majestad - habló con un poquito de indignación por la manera en que Regina le pidió que se retirara. ¿Cuál le pidió? ¡Le ordenó! Y ahí iba él de idiota haciendo lo que ella pedía.
Cuando salió la reina volteó hacia la puerta y dio un suspiro nostálgico porque en realidad le habría encantado que David siguiera haciéndole compañía, pero en circunstancias como esas el orgullo siempre podía más.
El almuerzo con Snow fue más malo que bueno. David ya estaba convencido de que ella aprovecharía cada oportunidad para echarle en cara el asunto de Regina a pesar de que le había dicho que no lo haría.
Aventó la puerta de su habitación tras él con coraje. Todo se estaba saliendo de control con Snow, estaba seguro que muy pronto serían incapaces de verse las caras y entonces sentía que su cabeza iba a estallar al pensar en ¿cómo demonios iban a estar bien cuando llegara al mundo el bebé que Regina esperaba?
Regina, Regina… Todo se resumía en ella. Era el principio y el fin de sus existencias en ese momento. Todo dependía de ella.
Soltó el aire de golpe por la boca mientras se recargaba en la cadera derecha poniendo ambas manos en su gruesa cintura. A estas alturas pensaba que las cosas con la reina podrían ir mejor que con su esposa. Es decir, con Regina sentía que avanzaba con firmeza mientras que con Snow era lo contrario. Con ella sentía que no faltaba mucho para llegar a un punto de quiebre donde no habría retorno.
Tomó aire profundamente, se mordió el labio inferior y se fue al baño donde abrió con desespero sus pantalones y comenzó a estimularse. Quería olvidarse de todos sus problemas, sólo sentir y obtener placer aunque fuese algo momentáneo.
Su plan funcionó, sintió y hubo placer, el detalle fue que se vino con la bella imagen de Regina en su mente y ese, era un problema.
Tal como lo estipuló Regina tuvo el informe listo la mañana siguiente. Así que David y Snow salieron tan pronto como desayunaron. Claro, cada uno por su lado.
En cuanto abandonaron el Castillo, Graham se dirigió al salón de asuntos reales donde había acordado verse con Regina. Lo hizo lo más sigiloso que pudo, cuidando que ninguno de los aliados le viera, pero desde luego se le escapaba el único aliado mágico que le vigilaba con detenimiento
- Al fin llegas - dijo impaciente la reina cuando Graham entró
- Dificultades son Snow retrasaron la salida - explicó avanzando hasta que estuvo frente al escritorio donde estaba sentada Regina
- ¿Y bien? - preguntó mirándole fijamente
- Tu padre está en la cripta real del Castillo Oscuro - informó. Ese fue el primer favor que Regina le pidió cuando le solicitó ayuda. Le pidió que fuera hasta allá para confirmar lo que David le dijo.
La reina no pudo evitar sonreír porque por un lado, su padre estaba descansado con todos los honores en el lugar que correspondía, y por otro el Rey le había dicho la verdad y no lo hizo sólo por venderle falsas disculpas para acercarse a ella
- Necesito que me hagas otro favor - se puso de pie y rodeó el escritorio para estar frente a él que le miró en silencio, esperando paciente a que externara su petición.
Se acercó hasta quedar prácticamente pegada a Graham y le colocó las manos sobre el pecho. Él le miró hacia abajo de inmediato, quizá temeroso de que le volviera a dejar sin corazón. No estaba segura, pero era algo que era imposible hacer ahora que no tenía magia. Tragó saliva y dio un paso hacia atrás para mirarle mejor
- Ve hasta la Fortaleza Prohibida y dile a Maléfica que venga a verme - solicitó al que alguna vez fuera su fiel sirviente en contra de su voluntad, pero que ahora estaba colaborando con ella por decisión propia.
El cazador asintió, se dio la vuelta y salió del salón cerrando la puerta tras él.
David buscó a Azul en cuanto regresaron de las diligencias. Nuevamente Snow se quejó y terminó rodeada de los aliados cuando estuvieron de vuelta quienes se encargaron de felicitarla y alentarla.
Pero el Rey tenía un asunto pendiente con el hada a la que encontró en el salón de asuntos reales, como aguardando por él
- Regina se retiró hace un par de horas - informó. La reina no le hablaba pero Azul estaba pendiente de ella y sabía lo que estaba haciendo
- Gracias, pero quiero hablar contigo - le dijo cerrando la puerta y avanzando hasta sentarse en el sillón de siempre
- Dime - solicitó con entera disposición. Estaba preparada para cualquier pregunta que David tuviera
- ¿Por qué dejaste que Regina cayera en la oscuridad? - preguntó y vio al hada sorprenderse un poco. Estuvo todo el día dándole vueltas a eso y no necesitaba de un gran análisis para caer en cuenta del abandono de las hadas del que la reina fue víctima. A su punto de vista era imposible que hubiera nacido con oscuridad
- Hay cosas en las que las hadas no podemos intervenir - respondió - Regina prácticamente nació marcada por el Oscuro. La estuvo esperando por más doscientos años y llegó a ella mucho antes que nosotras - explicó lo mejor que pudo sin entrar en mucho detalle - Cora, ella también tenía magia y la ocultó de nosotras, pero no pudo hacerlo del Oscuro - le contó
- ¿Quién es Cora? - preguntó desconfiado
- La madre de Regina - dio un suspiro - Regina fue engendrada con la única finalidad de llegar a ser reina por capricho de Cora - esperaba no estar contando nada de más o que pudiera hacer que David perdiera la confianza en ella
- Entonces Regina no se casó por decisión propia con el padre de Snow - afirmó como si eso fuese una revelación para él que en realidad lo era
- Creo que es algo que deberías preguntarle a ella - dijo Azul y él rió un poco negando con la cabeza
- Dudo que me platique algo tan íntimo - dijo pensativo, reparando en que efectivamente su esposa nunca le había dicho mucho al respecto. Era como si la historia de Regina se basará en que Snow le arruinó la vida, se volvió malvada y ya
- Inténtalo. Merece contar su parte de la historia - le alentó el hada
- Pareciera que estuvieras empeñada en darle una segunda oportunidad - dijo David denotando un poco de desconfianza de nuevo y es que se suponía que la luz estaba peleada con la oscuridad. No veía por qué Azul, como hada suprema, pudiera tener ahora tanto interés en la que se suponía era la Reina Malvada
- Tú lo sabes bien, David. Regina demostró ser digna de una segunda oportunidad cuando renunció a su magia por amor - sonrió tenuemente al decir eso.
Pasó toda una semana en la cual David estuvo atendiendo diligencias, redactando informes y entregándoles a Regina para que ella los revisara y le diera respuesta. Se estaban preparando ya los suministros para realizar dichas acciones y eso le tenía muy entusiasmado.
Por su parte Regina se mantenía ansiosa por la encomienda que dio a Graham. Esperaba que el cazador cumpliera y además que Maléfica accediera a ir a su encuentro. Necesitaba ayuda mágica para salir de ahí y no había nadie en el mundo que pudiera tenderle una mano mas que ella. Aunque claro, no se le pasaba que colaboró con el hada para dejarla sin magia, pero era algo que podía arreglar. O al menos eso esperaba y estaba dispuesta a olvidar esa traición si la hechicera lograba sacarla de ese encierro junto con su pedacito bello.
El vientre le estaba creciendo, eso era obvio, lo cual significaba que su bebé estaba creciendo. Eso la hacía muy feliz y también la llenaba de energía renovada por no darse por vencida y luchar para quedarse con él. Seguía firme y dispuesta a todo.
Después estaba Snow que no disfrutaba en lo más mínimo las diligencias que le causaban hinchazón en los pies y dolor en la espalda. Lo único por lo que accedía a ir era porque allá afuera nadie sabía de la horrible realidad. Nadie, ni siquiera los caballeros que les acompañaban recordaban que Regina estaba esperando un hijo de David cuando abandonaban el Castillo y eso era maravilloso porque no tenía que aguantar miradas de lástima y pena, ni sentirse juzgada por seguir con el Rey a pesar de lo que hizo.
Cuando menos lo pensaron, Regina estaba entrando al cuarto mes de embarazo y su adorable vientre era mucho más notorio ahora. La reina estaba experimentando cambios en su cuerpo donde lo más resaltable, además de su abultado vientre, era el crecimiento de sus senos que esperaba no se pusieran descomunales con el paso de los meses. Por otro lado, el Rey se comportaba bastante atento y respetuoso de los límites que ella imponía, inclusive de los silenciosos y eso era algo que la ponía de muy buen humor siempre.
Y ahora estaba a la hora del almuerzo en compañía de David nuevamente quien, conforme pasaban los días, comenzaba a parecerle más agradable y menos irritante, pero eso era algo que no iba a admitir ante nadie.
Entornó los ojos cuando vio que había un pequeño plato con manzana finamente picada. Se resistió sintiendo la mirada de él encima, como si estuviera esperando a que lo tomara y no quería darle ese gusto. Lo trató, pero el bendito antojo pudo más.
Agarró el tarro de miel y bañó literalmente los pedacitos de manzana en ella. Después tomó un tenedor para llevarse el primer trozo a la boca y Dios, fue casi como tener un orgasmo. El gemido abandonó su boca y mentiría si dijera que le importaba que el Rey la viera.
Masticó degustando el dulce sabor que le traía un placer inexplicable. Era una sensación que ya había notado comenzaba a ser más intensa conforme el embarazo avanzaba. Abrió los ojos cuando tragó y entonces pudo ver que David tenía la mirada oscurecida y fija en ella además de la boca entreabierta. Se veía como si estuviera a punto de saltarle encima y eso sólo la animaba a seguir a fin de torturarlo. Llevó otro exquisito trozo de manzana bañada en miel a su boca y otra vez gimió gustosa.
Decir que estaba excitado era poco. Tenía el miembro bien duro dentro de los pantalones formando un bulto que era difícil de esconder. Así que por nada del mundo se iba a levantar hasta que se controlara, algo que veía muy lejos de suceder porque la reina seguía gimiendo casi como lo hizo en el bosque y estaba seguro que iba a enloquecer si seguían así. Además sus pechos, sus benditos pechos estaban mucho más… grandes y bellos y… No
- ¿Podrías…? - llevó una mano en puño hasta su boca y aclaró la garganta contra el mismo
- ¿Qué? - preguntó Regina volviendo su atención a él
- No puedo comer si estás haciendo eso - puntualizó y la vio sonreír divertida
- ¿Mis gemidos te excitan, encantador? - preguntó sugestiva, manteniendo ahora una sonrisa burlona de medio lado
- No - mintió mirándola como si Regina fuera capaz de adivinar cuando mentía o no.
La reina alzó una ceja y fingió restarle importancia
- Bueno - dijo despreocupada y regresó su atención al dulce manjar dispuesta a seguir
- Cuando era niño también adoraba las manzanas - habló de pronto y volvió a tener la mirada de Regina sobre él - Me gustaba comerlas mientras vigilaba a las ovejas pastar y cuando menos lo pensaba las tenía a mi alrededor buscando que les diera de mi manzana - una repentina sonrisa se dibujó en su apuesto rostro - Al principio me daba miedo y salía corriendo en búsqueda de mi madre. Ya después las dejaba alimentarse de mi mano - relató con un brillo de nostalgia en los ojos ante el bello recuerdo que vino a su mente
- ¿Por qué me cuentas eso? - preguntó extrañada. No porque le desagradara el relato, sino que no imaginaba por qué David querría compartir anécdotas de su vida con ella
- Ya te lo he dicho. Vamos a tener un hijo, Regina. Y me gustaría que nos conociéramos un poco más - externo su deseo
- Que elocuente suenas, pastor - dijo dando un largo suspiro preguntándose si alguna vez sería capaz de compartir con él algo así de ella.
Su pequeño momento reflexivo fue interrumpido por el queso que de pronto inundó sus sentidos. Volvió a tener esa pequeña lucha interna consigo misma y al final su boca llena de saliva ganó de nuevo.
Tomó un pequeño trozo y lo hundió en la miel del plato con manzana llevándolo de inmediato a su boca
- Eso es… - Regina abrió los ojos al escucharlo y pudo ver el rostro de David algo escandalizado. Eso la molestó, así de pronto
- ¿Qué? ¿Asqueroso? - preguntó a la defensiva, con el ceño fruncido y la mirada fulminante
- N-no - dijo al notar el repentino cambio de humor en ella. Había escuchado que eso pasaba con las embarazas y ahora tenía miedo de lo que pudiera pasar. No tenía idea qué debía hacer
- Idiota - se levantó ofendida, aventándole la servilleta en pleno rostro, con los ojos llenos de lágrimas porque ahora quería llorar y eso acrecentaba su inexplicable enojo
- ¡No! - exclamó preocupado quitándose la servilleta de la cara
- Vete - ordenó limpiando furiosa una lágrima que resbaló por su mejilla izquierda. Sentía que todo lo que David hacía la estaba irritando
- Regina - le llamó tratando de apaciguar la situación y se puso de pie también
- ¡Largo de mi habitación! - gritó con todas fuerzas mientras más lágrimas brotaron de sus ojos cerrados y de pronto, se vio envuelta una vez más por los acogedores brazos del Rey - Nooo - renegó tratando de soltarse, pero él no la soltó
- Lo siento - se disculpó de inmediato - Fue un error, lo lamento mucho - no recordaba nunca haber hecho un intento tan desesperado por ser perdonado y entonces sucedió algo que no esperaba: las delicadas manos aferraron su camisa con fuerza y Regina simplemente se soltó llorando con el bello rostro enterrado en su pecho.
No se le ocurrió nada más que acariciarle con suavidad la espalda y el cabello mientras la dejaba llorar hasta que por fin se calmó. La escuchó sorber la nariz
- Una sola palabra de esto a alguien y vas a morir - le amenazó sintiendo sus mejillas arder por la vergüenza de haber llorado cual niña pequeña en los brazos del Príncipe Encantador y dejarse consolar por él
- Te prometo que así será - dijo negándose a soltarla porque no podía explicar lo hermoso que era sentir la bella pancita contra su cuerpo y el ser partícipe de un momento tan íntimo y bello de un embarazo. Y de pronto recordó algo - Esto nunca ocurrió - sonrió porque eran las palabras que Regina le dijo en el bosque después de que tuvieron sexo. Fue el pequeño, pero leal acuerdo que hicieron.
Decir que una sensación cálida inundó el corazón de la reina al escucharlo sería poco. Era algo mucho más profundo. Esas palabras le hacían creer firmemente que estaba segura con él y por un momento decidió aferrarse a ese sentimiento. No creía que fuera hacerle daño era algo que sentía que necesitaba en el alma.
Y mientras seguían abrazados ambos pensaban en la ironía de esas palabras porque el bebé que estaba entremedio de los dos, gestándose en el vientre de Regina, era la prueba de que, aquello que sucedió en el bosque, había sido más que real.
