¡Muy buenas a todos! Antes que nada, quiero daros la bienvenida a los nuevos seguidores rotenviper, Tessa23 y aioria09 (esta vez no he perdido el papel con vuestros nombres). Espero que os guste la historia (y si ya la conocéis, pues que os gusten los cambios)
Por supuesto, no me olvido del DISCLAIMER (o el padrenuestro de estos sitios): Code Lyoko, Digimon Frontier & todo lo relacionado con ello (personajes, lugares y conceptos básicos) no nos pertenecen a raf-lily ni a mí. El porcentaje de personajes originales es pequeñísimo, por lo que cualquier parecido con la realidad u otro personaje de otra persona, por favor, poneos en contacto con alguna de nosotras antes de decidir atacarnos con comentarios basura.
Dicho lo que se tenía que decir, disfruten del capítulo (ya sea por primera o por segura vez)
Capítulo 15: Proteged los digihuevos
El cielo llevaba varios días nublado. Habían caído algunas gotas de lluvia, pero todavía se podía salir a vigilar por el Digimundo sin problema alguno de visibilidad. Con un suspiro pesado, se levantó de la roca en la que se había sentado para descansar, a refugio de la lluvia, y preparó para continuar la ronda de vigilancia en el otro sector que ese día le había tocado revisar. No se iba a quejar del trabajo extra, como tampoco lo habían hecho los demás aunque más de uno había hecho una mueca.
—No —negó rápidamente —. No pienses en eso ahora.
Sacudió la cabeza y se lanzó de nuevo a la lluvia, listo para acabar cuanto antes su trabajo centrándose únicamente en eso: el trabajo. No quería pensar demasiado en lo ocurrido hacía escasos dos días. Era doloroso, demasiado, para él y para los demás. El estado en el que aquellas dos llegaron los había destrozado y sabía que nadie se repondría de ello, menos aún las dos digimons encerradas en sus cuartos, aisladas de todo el mundo.
El cielo se oscureció aún más sobre su cabeza. Las gotas cayeron con más fuerza, prácticamente gélidas. Sonrió débilmente: el mundo entero parecía estar mimetizando su clima con el estado del grupo. Como pudo, llegó al cuartel antes de que el diluvio impidiera ver más allá de dos pasos.
—Bienvenido —saludó una digimon de armadura azul y blanca con dos lunas por hombreras, sentada en una silla con una taza en las manos.
—Voy a buscarte algo para que te seques y una taza de café bien caliente —anunció otra digimon, una sirena de rostro cubierto.
—¿Alguna novedad? —preguntó haciendo gestos con la cabeza hacia el techo del lugar.
—Les hemos llevado la comida, pero… Nada —negó la de lunas —. Ni tan siquiera hemos oído puertas abriéndose… Ni ellos han logrado hacerlas salir —dijo mirando hacia un sofá.
—Subiré a echar un ojo —dijo apoyando una mano en su hombro.
Algo nervioso, dirigió sus pasos a las escaleras y subió, agudizando el oído en busca de algún sonido revelador. Dos bandejas intactas ante dos puertas cerradas indicaron al digimon lo que temía: ninguna había abandonado su encierro. Sin hacer ruido, las recogió y miró ambas puertas. Sus oídos captaron sollozos y maldiciones.
Jeremy despertó de golpe con la respiración algo agitada. Algo en su rostro le hizo pasar la mano para descubrir que estaba llorando. A su lado, Gaomon también estaba despierto, confuso y dubitativo.
—¿Tú también lo has visto? —preguntó el digimon.
—Un sueño… creo —respondió el humano.
—Un día de lluvia, aquí en el Digimundo. Dos digimons en una mesa y dos bandejas con comida ante dos puertas —dijo.
—¡Exactamente!
—Me temo que no se trata de un sueño —dijo el lobo —. Deberíamos comentárselo a los demás, ¿no crees?
—Sí. Vamos a ello —asintió Jeremy, poniéndose en pie.
Una fuerte explosión a escasa distancia hizo que ambos se volteasen en busca del ataque. A su alrededor, los que habían estado dormidos se despertaron de golpe mientras los demás se levantaban todo lo rápido posible. No muy lejos, los bebés estallaron en lágrimas rompiendo el silencio del pueblo.
—¡Alguien está peleando aquí cerca! —se escandalizó Swanmon —. Si no se alejan, ¡dañarán a los digihuevos y a los bebés!
—Habrá que salir a buscarles y decirles que se calmen o se larguen —dijo Odd, estirando los brazos para desentumecerlos.
—No hará falta buscar demasiado —señaló Teppei.
Una gran masa se iba acercando rápidamente al Pueblo del comienzo. Poco a poco, el grupo fue identificando gran parte de los seres que componían aquel grupo: Avispones, Megatanques, Cucarachas, Cubos y Tarántulas acompañaban a toda una serie de digimons malvados.
—XANA, te has olvidado los Cangrejos.
—¡Odd! ¿Te parece poco? —le golpeó Sissi.
—¿Qué demonios es todo eso? —preguntó Jeremy.
—Digimons —respondió Gaomon.
—Eso ya lo vemos —negó el informático.
—Dejémoslo en que son molestias nada agradables —simplificó Takuya —. Ahí tenéis a los hermanos SkullSatamon.
—Y los Phantomons… Esos sí que son un fastidio —añadió Koichi.
—Ni qué decir de Devimon —añadió su hermano entrecerrando los ojos —. Por suerte, no parece haber ningún IceDevimon por la zona.
—Mejor, con los Bakemons tenemos suficiente —indicó Katsuharu.
—¿Los conocéis a todos? —preguntó Aelita.
—¡Qué va! Sólo nos las tuvimos que ver una vez con un IceDevimon, que es parecido a Devimon solo que de hielo, con los SkullSatamons y con un par de Phantomons —respondió Tommy.
—¿Y qué recomendáis? —preguntó Ulrich.
—Los SkullSatamons son rápidos y traicioneros —indicó Takuya.
—Las capas de los Phantomons pueden transportaros a una especie de prisión en otra dimensión —siguió Kouji.
—La única forma de salir de ahí es rompiendo los ojos que llevan como collar. Así que, si alguien es capturado, recordad atacar ahí antes de destruir —añadió Koichi.
—Y con los demás… Simplemente, no dejéis que os venzan —dijo JP.
—Buen consejo —susurró Jeremy —. ¿Todos listos?
—Por favor, proteged este lugar —pidió Swanmon.
—Tranquila, ellos se encargarán de hacerlo. Al fin y al cabo, son los mismísimos Guardianes —sonrió Bokomon. Él y Neemon empezaron a tirar de ella hacia atrás, a lugar seguro.
—Ojalá pudiésemos ayudar —protestó Lopmon, obligado junto a los otros dos pequeños ángeles a seguir al trío.
Poco a poco, el grupo entero empezó a evolucionar, sólo cuando el grupo se reunió para acordar cómo protegerían el lugar, se dieron cuenta de la incursión de un gran lobo azul, con guantes rojos en las patas delanteras y dos extraños brazos rojos saliendo de la parte superior de su cuerpo, a la espera de las instrucciones.
—Esto…
—¿Qué pasa? —preguntó extrañado.
—¿Y tú de dónde sales? —preguntó Odd.
—Soy yo, Gaomon —resondió, fijándose él también en su propio cuerpo —. Solo que evolucionado —dijo —. Llámame Gaogamon.
—¡Sabía que ibas a evolucionar! —señaló Lunamon.
—Desgraciadamente, no es el momento para celebraciones —interrumpió Agunimon llamando la atención de todos —. Hay que cubrir el pueblo entero, pero también debemos mantener una distancia entre nosotros lo suficientemente corta como para ayudarnos en caso de dificultad.
—¿Crees que seremos capaces de hacer eso? —preguntó Mercurimon.
—Somos muchos, podemos hacerlo —aseguró el de fuego —. Tened todos cuidado.
Asintiendo, el grupo entero empezó a separarse, rodeando el pueblo mientras el ejército enemigo se acercaba poco a poco. Los ataques no tardaron en sucederse, extendiéndose a lo largo de la línea defensiva de los Guardianes. Al final, absolutamente todos tenían monstruos y digimons malignos frente a ellos contra los que luchar. El mayor problema para todos resultaron ser los Megatanques.
—Maldición… ¡Dardos de fuego! —atacó Agunimon, mirando a un lado y a otro a a los compañeros que se enfrentaban a mas Megatanques —. Si seguimos así, al final alguno de los ataques golpeará a los digihuevos…
A su derecha, Odd remugó al verse obligado a alzar su escudo ante el disparo de su Megatanque. De tanto en tanto, miraba hacia atrás, a los digihuevos que se veía obligado a defender. Desde su posición, podía ver a Agunimon y a Labramon, ambos sin un escudo con el que cubrirse, luchando contra sus Megatanques. Alzó el brazo al frente y disparó varias flechas más, obligando al Megatanque a cerrarse y dándole una oportunidad para disparar y despistar un poco al que atacaba a Labramon.
—¡Odd! ¡Estoy disparándole al ojo y no muere! ¿De qué está hecho este bicho? —oyó chillar a Agunimon.
—¡Seguro estás dando donde no toca! —se burló.
—¡Sólo tiene un ojo! ¿Cómo voy a fallar? —gritó.
Fastidiado, disparó varias flechas, acertando al fin en el Megantanque y eliminándolo. Asegurándose que Labramon estaba aún despistando a su rival, se volteó para observar a Agunimon. El corazón se le subió en el pecho ante la presencia del monstruo que ignoraba por completo todos los ataques que el guerrero del fuego le lanzaba.
—Oh, no, la Scyphozoa también no…
—¡Ruptura de salamandra! —volvió a atacar Agunimon, pero lo único que consiguió fue que los tentáculos de aquel monstruo le atraparan —. ¡¿Qué demonios…?!
—Ah, no, no me vengas con esas… ¡Kiwi, cubre aquí! —exclamó, echando a correr hacia la gran medusa de XANA —. ¡Flecha láser! ¡Vamos, bicharraca, lárgate o muérete! ¡Flecha láser! —el ataque logró cortar un tentáculo a la medusa, forzándola a dejar caer el cuerpo del digimon de fuego al suelo —. Espero haber llegado a tiempo —susurró agachándose junto a él —. Agunimon, eh, tío, ¿me oyes? Despierta, venga.
—¿Qué… demonios…? —empezó a decir el digimon, una mano en la cabeza.
—No pareces poseído —suspiró Odd —. ¿Crees que puedes continuar luchando?
—Sí… estoy bien… Sólo es un pequeño mareo —respondió —. Gracias, Odd.
—No hay de qué, pero ve con cuidado la próxima vez.
—Sólo hice lo que nos dijisteis…
—Luego te explico.
El cansancio empezaba a golpear al grupo entero cuando los monstruos y digimons que quedaban empezaron a abandonar el territorio a gran velocidad. Entre sorprendidos y extrañados, todos se reunieron a la entrada del gran árbol, mismo ante el que se dejó caer Agunimon antes de dedigievolucionar.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Chiaki.
—Estaba a punto de atizarle a un Bakemon cuando ha dado media vuelta y ha huído —comentó Sissi.
—Se habrá asustado de ti —se burló Odd.
—Muy gracioso, Della Robia. ¿Qué has estado haciendo tú, si se puede saber?
—Estaba en una posición más peligrosa que la tuya, rodeado de Megatanques que ponían en mayor peligro el pueblo —informó caminando hasta Takuya —. Eh, sigues con mala cara.
—Se me pasará —aseguró.
—¿Estás bien? —preguntó Lobomon —. Ha habido un momento en que no te he visto atacar…
—Un monstruo indestructible se me ha acercado y…
—Le ha atacado la Scyphozoa —simplificó Odd.
—¡¿QUÉ?! —exclamaron los de Lyoko.
—¿Quién es la Scyphozoa? —preguntó Tommy.
—El monstruo que me atacó y poseyó —explicó William.
—Por suerte, he librado a Agunimon antes que eso ocurriese.
—¿Lo ha cogido? —preguntó Aelita, el miedo en su rostro.
—No le he dado mucho tiempo a tenerle entre sus tentáculos, pero sí —respondió Odd —. No sé qué le ha podido hacer, no está poseído.
—¡¿Podría haber sido poseído?! —se alertó Takuya.
—La Scyphozoa en Lyoko robaba mi memoria —empezó a decir Aelita —. También era el medio por el cual XANA me poseía en Lyoko para que borrase los datos de los distintos sectores a través de las torres. Eso hacía que fuese una enemiga.
—A demás de ser capaz de insertar un virus —recordó Jeremy.
—¿Qué me ha hecho el bicho ese? —se le acercó Takuya.
—No lo sé —alzó los brazos el informático —. De tener un escáner aquí, te analizaría y observaría tus datos en busca de algo raro… ¿Puedes digievolucionar?
—Puedo probar.
Por un par de minutos, Takuya hizo uso de su D-Tector para evolucionar primero en Agunimon y después en BurninGreymon.
—Todo parece normal —dijo Jeremy dando vueltas alrededor de la bestia de fuego analíticamente —. ¿Cómo te sientes?
—Bien. Podría pelear ahora mismo si fuese necesario —respondió.
—Y también puedes regresar a tu forma humana —dijo el informático. Aunque no había sido una pregunta, BurninGreymon regresó a la forma de Agunimon primero y a Takuya después.
—¿Qué ha pasado pues? —preguntó Kazemon.
—Quizás le ha robado un dato —habló Yumi —. ¿Recordáis la vez que me quedé atrapada en Lyoko, incapaz de materializarme, porque la Scyphozoa me había atrapado?
—Pero aquí no se necesita ninguna materialización. Estamos aquí por completo, no regresamos a ningún mundo después de luchar —recordó Ulrich.
—Aquí todos somos datos —dijo Loewemon —. Me lo dijo LordKnightmon hace tiempo, cuando me di cuenta que todos sufrían heridas por ataques menos yo. Los cuerpos están formados por datos.
—¿Quieres decir que, cuando acabemos la misión y regresemos a casa, si no encontramos lo que la medusa esa me ha quitado, yo no podré volver a casa? ¿Me quedaré aquí para siempre? ¿Desapareceré? —se aceleró Takuya.
—No digo eso, solo que somos datos —dijo haciendo espacio entre el chico y él —. Si Yumi dice que una vez le robaron ciertos datos y no pudo regresar al mundo humano… ¡Pero volvió! Sólo hay que encontrar la forma.
—Pero…
—No es seguro lo que ha pasado. Por el momento, aún tenemos faena aquí como para pensar en la vuelta a casa —dijo Jeremy, apoyando una mano en el hombro del de fuego y obligándole a voltearse —. Te prometo que investigaré sobre ello.
Pensativos, en especial los guerreros Lyoko originales, y temerosos ante la presencia de la Scyphozoa, el grupo entero se unió a Swanmon y los otros cinco, quienes ya tenían preparada comida en un lugar tranquilo para que pudiesen descansar. Jeremy no tardó en tomar el portátil, siendo acompañado por Gaomon.
—Es extraño que no haya sido poseído —dijo Jeremy, tecleando sin descanso.
—¿A qué te refieres?
—Verás, tal y como están las cosas, creo que un golpe duro para el grupo sería que XANA controlase a alguno de nostotros. Llevando a un digimon, las cosas se nos pondrían más difíciles que llevando a alguno de los que simplemente somos humanos.
—Agunimon y yo estábamos al mismo nivel —observó Gaomon —. Podría haberme capturado a mí, de quien no sabéis nada como Gaogamon.
—Sí, pero… De todos los digimons, XANA ha ido a por Agunimon. Sólo Aelita, Yumi, Ulrich, William, Odd y yo conocemos a la Scyphozoa. Los demás érais vulnerables, más aún los que aún estaban en nivel infantil…
—¡Ya lo entiendo! Agunimon y los otros nueve tienen la evolución con el espíritu digital animal. ¡Esa foma es más poderosa que Kyubimon, Bijugamon o Gaogamon!
—Exactamente. BurninGreymon en nuestra contra sería un rival demasiado poderoso y peligroso.
—Pero tenía a Odd a su lado… ¿No habría sido mejor coger a Lobomon, que estaba más aislado de gente que conocía a la Scyphozoa? A un lado tenía a Agunimon y al otro, a su hermano…
—Eso es lo que sigo sin entender —reconoció Jeremy —. Pero debo admitir que me preocupa más el por qué no ha poseído que el por qué a Agunimon.
Lejos, en la Rosa de las Estrellas, Xana-Lucemon reía observando al grupo de digimons que escoltaban a la Scyphozoa hasta la sala en la que se encontraba. Sin perder el tiempo, la medusa se unió a una extraña maquinaria a la espalda del digimon soberano del lugar.
—Buen trabajo —felicitó el ángel caído.
—Mi señor, ¿era esto lo que queríais hacer? —preguntó Myotismon.
—Sí, Myotismon. Observa atentamente lo que ocurrirá ante tus ojos —dijo mirando unos extraños tubos —. Contaréis con una pequeña ayuda en la próxima batalla mañana por la mañana. Y espero, por el bien de todos, que me traigáis más datos.
La noche cayó sobre el Pueblo del comienzo, trayendo consigo el silencio. Después de ayudar nuevamente a Swanmon con los bebés y de tomar una cena rápida, algunos obligados aun con el poco apetito, siguieron a la digimon cisne hasta una zona que ella había presentado como "el dormitorio de los niños que aún no marchaban". Acomodándose en las camitas por parejas, todos empezaron a caer en el sueño.
—Kouji, ¿estás despierto? —susurró Takuya.
—Sí, lo estoy —respondió el chico, volteándose en su cama y quedando de cara al del fuego —. ¿Por qué no duermes?
—Es que…
—Quiere hablar —se apuntó la voz de Koichi, apareciendo sombríamente por detrás de su hermano —. ¿Qué te da vueltas a la cabeza?
—Es por lo de la Scyphozoa esa —reconoció, agradeciendo la oscuridad que cubría su vergüenza —. De todos nosotros, Kouji y yo somos los que más lejos llegamos en la digievolución…
—¿Crees que han enviado a esa medusa a por vosotros dos en concreto? —preguntó el de la oscuridad, acomodándose con cuidado sobre el costado de su hermano.
—Sí… Aunque me resulta extraño que no te hubiese cogido a ti, que no tenías a nadie que pudiese reaccionar tan rápido como lo ha hecho Odd conmigo…
—Nos han dicho que, para librarnos de ella, hay que cortarle los tentáculos —interrumpió el de la luz —. Yo juego con la ventaja de mis espadas láser.
—Y me tiene a mí, que no pienso despegarme de su lado a partir de ahora —sonrió Koichi —. Nadie le hará nada a mi hermano.
—Gracias Koichi.
—Nosotras también pelearemos contra esa medusa si es necesario —sonó una voz femenina por encima del de la oscuridad.
—Zoe…
—Cierto —añadió una segunda voz femenina —. ¿Creéis que vamos a quedarnos de brazos cruzados cuando ese bicho puede volver para atrapar a alguno de nuestros amigos?
—Chiaki…
—Es de agradecer vuestro apoyo, chicas, pero… —empezó Kouji —. ¿Os importa salir de encima? Estáis chafándome.
—Y a mí me claváis los codos —añadió Koichi.
Como impulsadas por un resorte, ambas se levantaron, aguantando la risa antes de moverse para sentarse en el suelo entre las dos camas.
—Estáis haciendo demasiado jaleo —acusó Zoe.
—Vosotras, que estáis con la oreja puesta —señaló Takuya.
—Sentimos habernos preocupado —dejó ir Chiaki con falsa molestia.
—Takuya, no le des más vueltas al tema ahora —intervino Kouji —. Estaremos alerta, no nos pillarán desprevenidos. Y los demás nos ayudarán de ser necesario.
—Cierto, estaremos ahí para ayudar —corearon en susurros las dos chicas.
—Y vosotras dos, avisad la próxima vez antes de tiraros encima de la gente —pidió Koichi.
—Sí, sí —rieron suavemente, levantándose y echando a andar hacia sus camas —. Buenas noches, chicos.
—Descansad —dijo Takuya, intentando acomodarse para dormir.
El resoplido de Kouji varios minutos después le dio a entender que el chico seguía despierto, aunque no estaba seguro de si por la preocupación que podría haberle metido con sus palabras o porque estaba moviéndose demasiado y haciendo algo de ruido.
