Muchas gracias a todos por sus likes, kudos, estrellitas y muy especialmente a los que me dejaron review o comentarios. En serio que me hacen el día jeje.
No diré mucho, nada más espero que el capítulo les guste.
Sí, eso había sonado muy lindo, hasta podría decir que se escuchaba íntimo, como si se tratara de la complicidad entre dos amantes que ocultan su amor por el bien de los dos, pero lo cierto era que David no dijo nada porque no quería que su final feliz se arruinara, no porque en verdad quisiera algo bueno para ella. Así que le soltó de la camisa y dio un paso hacia atrás empujándolo un poco con sus manos para que la soltara y separarse de él.
Se miraron a los ojos. Sí, fue reconfortante estar entre los brazos de David, pero no era tonta, no se iba a dejar engañar ni a depositar su confianza en uno de los héroes, mucho menos cuando querían quitarle a su bebé
- Quiero estar sola - dijo con voz apagada, tratando de no dejar que ninguna otra emoción se apoderara de ella porque en ese momento sentía resentimiento contra él y no entendía por qué, pero tampoco quería pensar en eso. Quería estar sola y ya
- No me apartes - pidió al verla tan afligida y a pesar de que Regina era todo menos una mujer débil, en ese momento a él le parecía tan vulnerable y frágil que sentía unas ganas inmensas por consolarla y hasta protegerla
- Sólo vete y déjame en paz - solicitó lo más firme que pudo mientras que por dentro se estaba reprimiendo para no llorar de nuevo. Tenía que aguantar.
David asintió dándose por vencido y se abstuvo de pedirle que hiciera un esfuerzo por comer. Estaba aprendiendo a elegir batallas con ella y sabía que lo mejor en ese momento era hacer lo que pedía. Giró sobre sus talones y se encaminó a la puerta por la cual salió cerrando con cuidado.
En cuanto se vio sola Regina rompió en llanto con las emociones a flor de piel. Caminó hasta la cama donde se recostó para dejar que los sentimientos salieran mientras rogaba porque Maléfica accediera a ayudarla y también, intentaba convencerse a sí misma de que ese cúmulo de emociones descontroladas se debían únicamente al embarazo.
Después de ese día Regina se negó a recibir a David en su habitación por un par de semanas, sólo lo veía en el salón de asuntos reales donde no trataban nada que no fueran las diligencias que iban muy bien hasta ese momento.
La realidad era que la reina estaba impaciente porque no tenía noticias de Graham y mucho menos de Maléfica, aunque sabía que la Fortaleza Prohibida estaba muy lejos del Reino Blanco y que esa era la razón principal por la cual el cazador aun no regresaba.
Cerró los ojos e inhaló profundo mientras dejaba que los cálidos rayos de sol bañaran su piel que comenzaba a tornarse un poco más pálida de lo normal porque no salía al jardín todo el tiempo. Hizo nota mental de hacerlo seguido. Escuchó a algunos pájaros cantar y abrió los ojos de golpe. Hasta esas pequeñas criaturas con alas eran aliados de Snow. Ninguno de ellos llevaría un mensaje de ella y en definitiva los cuervos no llegaban hasta allí.
No era tonta, sabía bien que Azul controlaba cualquier forma de contacto que ella pudiera tener con el exterior y a decir verdad, le parecía algo extraño que Graham pudiera ir y venir sin problema al Castillo Oscuro. Fue por eso que lo envió primero hasta allá y como tuvo éxito decidió enviarlo con Maléfica. Sólo esperaba que el cazador fuera una pieza que se le escapó al hada y no que lo estuviera controlando también. Aunque, se suponía que las hadas no podían hacer nada malo. Torció los ojos ante ese pensamiento porque ella podía decir lo contrario
- Buenos días - se sobresaltó al escuchar la voz y volteó inmediatamente para encontrarse con David
- Eran buenos - murmuró fingiendo fastidio, pero la verdad es que verlo la puso feliz. El Rey había estado siendo respetuoso de los límites que ella misma impuso. Lo malo era que eso también le molestaba y afligía a la vez
- Si quieres me voy - dijo algo molesto y decepcionado porque esperaba que, al estar ahí en un lugar que no acostumbraba, pudiera abrirle de nuevo la posibilidad de convivir con ella
- Es tu jardín - se apresuró a decir en cuanto lo vio con toda la intención de retirarse, por alguna razón quería que siguiera ahí. Se mordió el labio inferior algo preocupada por lo que él haría a continuación porque su comentario no fue una invitación a quedarse, pero por nada del mundo le iba a pedir quedarse y mucho menos a rogar. Para su sorpresa David caminó hasta pararse frente a ella
- La mañana es hermosa - suspiró al decirlo porque Regina se veía preciosa con los rayos de sol acariciándole la piel, y los ojos, esos encantadores ojos se le veían mucho más claros y bellos con tanta luz. La hermosa era ella, pero no se atrevía a decírselo.
La reina estaba ataviada en un elegante vestido turquesa oscuro entallado de arriba, donde los senos se le veían preciosos, se le delineaba muy bien el torso y la bella pancita también, aunque no se le veía por completo puesto que el vestido era un poco ancho de la falda
- Lo es - concordó asintiendo y mirando alrededor, aunque no se le escapó que David sonrió encantadoramente.
El Rey se sintió triunfante al escucharla porque no le estaba contradiciendo y eso le emocionaba. Tomó aire preparándose y recordándose a sí mismo que por nada del mundo podía arruinar ese momento
- Se te ve más grande el vientre - comentó con una tenue sonrisa porque le emocionaba pensar en su bebé creciendo y sí, se estaba absteniendo de alargar la mano y tocarlo. Moría por hacerlo, pero no quería enfadarla
- No es verdad - frunció el ceño al decir eso - Está igual que ayer - se defendió ante la posibilidad de que David estuviera insinuando que subió de peso de un día para otro. Es decir, sí, su vientre probablemente crecía un poquito todos los días, pero no le hacía gracia que se lo estuviera puntualizando
- Quizá sea por el vestido - se apresuró a decir al notar el ligero cambio de humor. La vio entornar los ojos con desconfianza - El color se te ve muy bien - ay, por Dios, no sabía qué estaba haciendo
- Si ser adulador fuera tu trabajo te morirías de hambre, pastor - Regina torció los ojos y después arrugó un poquito la nariz en un gesto que le pareció precioso a David
- Lo digo en serio - se defendió riendo ligeramente y la reina negó un poco con la cabeza. Se relamió los labios con ansiedad, porque le estaba gustando esa pequeña e insignificante plática y no quería que terminara. Ansiaba seguir hablando con ella - Está bien, está bien. Déjame intentarlo de nuevo - decidió aventurarse - Te ves hermosa - confesó y de pronto tuvo los bellos ojos chocolate llenos de sorpresa sobre los suyos - El embarazo te está sentando de maravilla - tragó saliva y se sintió nervioso por la reacción que la reina fuera a tener ante sus palabras.
Para su sorpresa, Regina agachó un poco la cabeza tratando de ocultar las mejillas que se le encendieron adorablemente y acomodó un mechón de cabello tras su oreja. Un suspiró se le escapó al verla y no podía creerlo, pero en ese momento sentía que ese embarazo y ese bebé le hacían mucha más ilusión que el embarazo y el bebé de Snow.
No pudo evitar sentirse culpable por ello porque su otro hijo, al que también amaba, no tenía la culpa de nada.
Y mientras esos pensamientos atormentaban a David, Regina tenía su propia lucha interna, pensando en que si él fuera cualquier otro hombre no dudaría en arrojarse a sus brazos para descargar todo ese fuego que le quemaba por dentro y que no la dejaba en paz.
Su libido iba en aumento conforme el embarazo avanzaba y había veces en las que sus dedos no le eran suficiente
- ¡Eres una maldita bruja! - Snow llegó enojada, irrumpiendo en el jardín con un papel en mano
- No te me acerques - Regina dio un pequeño paso hacia atrás mirando con desagrado a la ex princesa por la inexplicable agresividad y porque tenía tiempo sin verla. Le sorprendió lo grande que tenía el vientre, aunque claro tenía dos meses más que ella. Se preguntó brevemente si se vería así próximamente
- ¿Qué te pasa? - preguntó David molesto, poniéndose un paso frente a Regina, pero sin ocultarla tras él. No le hacía ninguna gracia que Snow llegara así como así a agredir a la reina
- ¿Qué me pasa? - preguntó. El rostro lo tenía rojo por el coraje que sentía la iba a sobrepasar. No era sólo lo ocurrido hacía unos algunos minutos cuando recibió la carta, sino el encontrar a su Príncipe Encantador con ella y encima verla embarazada, sabiendo que el bebé que gestaba era de su esposo cuando no debía ser así. Eso la hacía querer estallar en celos y furia porque era como si Regina le estuviera robando lo que era suyo, su final feliz
- Ella está orquestando nuestra desgracia - le extendió la carta que llevaba a David
- Ay, por favor - la reina torció los ojos - Si eso fuera así, créeme que no estaríamos aquí - le dedicó una mirada retadora.
David tomó la carta y empezó a leer mientras Regina colocaba ambas manos en su pancita para acariciar ahí
- George solicita que vayamos a su reino para recuperar la relación con el nuestro que ¡ella terminó! - Snow acusó energéticamente a Regina apuntándole con un dedo
- Y amenaza con una guerra si no aceptamos - concluyó el Rey después de leer y miró a la reina, no porque buscara reclamarle sino porque necesitaba de su consejo
- Deben ir - fue lo único que le dijo sin dejar de sobar su pancita
- No, lo que tú quieres es humillarme - la ex princesa siguió con sus acusaciones y se sintió morir de coraje al verla reírse de lo que decía - Seguramente quieres que vaya allá a hacer el ridículo y que George nos declare la guerra para escaparte -
- Snow… - advirtió David al ver que esa conversación estaba comenzando a ir muy mal
- Pero no te lo voy a permitir - amenazó la aludida
- ¡Ya para! - el Rey alzó la voz - ¿Es que no te das cuenta de lo que pasa? - preguntó a su esposa que tenía los ojos vidriosos, como si estuviera a punto de llorar
- De lo único que me doy cuenta es que ella nos ha estado viendo la cara. Lo que quieres es quedarte con el reino para seguir con tu venganza, ¿cierto? - le preguntó negando con la cabeza puesto que consideraba todo eso muy injusto, más cuando tenían un acuerdo que a su punto de vista la reina no estaba cumpliendo
- Evidentemente el embarazo acabó con las pocas neuronas que te quedaban - le dijo Regina y se rio burlesca - Querías el reino, ¿no? Entonces deja de ser una inútil cobarde y hazte cargo tú misma de él - se fue de ahí caminando altiva y elegante, dejando al par de encantadores solos
- Tenemos que ir - dijo David con seriedad a Snow en cuando Regina entró al Castillo
- Es que George se dará cuenta que no sabemos nada del reino - habló temerosa mientras le miraba con reclamo porque, muy sutil, pero David había defendido a la reina por encima de ella
- Regina sabrá qué hacer - aseguró el Rey - Tranquilízate - le pidió - Podría ser malo para el bebé - comentó con preocupación mientras ella negaba, aparentemente indignada ante la situación.
Regina entró al salón de asuntos reales y se sentó en su asiento, tras el largo escritorio que durante años había usado mientras pensaba que si dependiera de ella lo cambiaría junto con todo lo demás que le recordaba a cada instante la dura e injusta vida que llevó ahí durante el reinado de su miserable y difunto esposo.
Jamás pensó que Snow resultara tan incapaz de llevar el reino. Es decir, se lo llegó a imaginar, pero de verdad pensó que el tiempo en el que fue bandida le había dado una buena lección de vida, pero parecía que no. Seguía siendo la misma mimada y caprichosa de siempre.
Y bueno, por más que lo intentó no pudo detener a George, y ahora los encantadores debían ir a dar el mejor espectáculo de sus vidas y hacerle creer que ellos eran los que estaban al frente del Reino Blanco. Eso sí que lo veía difícil.
La puerta se abrió y esta vez Regina no se sorprendió. Esperaba que David fuera a su encuentro en ese lugar y no se equivocó
- Dime qué podemos hacer - le solicitó. Estaba realmente preocupado por lo que pudiera suceder si George se aseguraba que en realidad era Regina quien estaba llevando el reino en realidad.
No era tonto y eso podía interpretarse como traición ante todo el mundo. Era posible que se desatará esa guerra con la que su supuesto padre amenazaba, que quisieran la cabeza de Regina y estaba seguro que poco les iba a importar que estuviera embarazada
- Ya te lo dije. Deben ir y convencerle que son ustedes los que están dirigiendo el reino - le dijo denotando obviedad
- ¿Cómo es que sabe que tú estás detrás de todo esto? - preguntó
- No lo sabe, sospecha y quiere confirmarlo, por eso les está amenazando - se acomodó mejor en el asiento porque de pronto se sintió incómoda
- Bueno, ¿por qué sospecha? - reformuló la pregunta. Necesitaba una respuesta
- Porque no se me da sonar como la idiota de Snow cuando redacto - respondió despreocupada y le encantó verlo con expresión sorpresiva por sus palabras.
Decidió no debatir porque llevaba un poco de razón. La ex princesa siempre se expresaba extremadamente positiva, esperanzada, bondadosa. Eso era importante, pero con seguridad no era lo que otros Reyes esperaban escuchar cuando hacían negociaciones que sin lugar a dudas podían llegan a tornarse agresivas si lo ameritaba
- Haré lo necesario - dijo decidido - No dejaré que nos declaren la guerra - le aseguró, pero al mismo tiempo se frenó a sí mismo de decirle que no permitirá que ella estuviera en peligro. Es decir, tampoco su familia, ni el reino, pero a decir verdad temía más por la reina y el bebé que tendría con ella.
Regina le miró fijamente y sólo encontró sinceridad y determinación en la mirada azul de David. En verdad tenía unos ojos hermosos, tan expresivos que casi podía verse reflejada en ellos y… Ay, no. Otra vez la necesidad comenzaba a sentirse entre sus piernas que cruzó y apretó buscando algo de alivio
- Redactaré el discurso con el que irán al Reino de George a hacer su teatrito - informó Regina, muriendo de ganas porque se fuera de ahí. Le urgía tocarse y necesitaba estar sola para ello
- Déjame ayudarte - pidió David porque no quería cargarle más trabajo a la reina. Estaba embarazada y durante esos meses la había visto sufrir por el cansancio
- ¡No! - sonó tan apremiante que el Rey la miró fijamente, esperando una explicación - Trabajo mejor sola. Lo sabes - fue lo único que atinó a decir. Lo vio apretar los labios en descontento
- Bien - dijo con algo de brusquedad porque no le gustó que la reina rechazara su ayuda de esa forma tan efusiva. Se paró de su silla y se fue sin decir nada más.
En cuanto se vio sola, Regina se alzó el vestido hasta que logró colar una de sus manos hasta su intimidad y gimió alto cuando se tocó. Sentía su sexo caliente y palpitante, su clítoris duro y punzante. Lo masajeó con maestría, tal como le gustaba y en menos tiempo del que esperó alcanzó un potente orgasmo que la hizo arquearse lo mejor que pudo dada la posición y su vientre, mientras la imagen de David cruzaba por su mente.
Se quedó jadeante y acalorada sobre la silla, algo espantada porque el pensar en el Rey cuando se estaba tocando se estaba volviendo recurrente y eso no podía ser bajo ninguna circunstancia. Cerró los ojos mientras intentaba regular su respiración, esperando por la sensación de satisfacción después del orgasmo, pero en vez de eso las ganas en su sexo regresaron. Se puso de pie casi de un salto, aunque su pancita ya le impedía un poco moverse con la agilidad de siempre, y salió apresurada con rumbo a su habitación para seguir con su momento íntimo.
Por Dios, ese embarazo iba a acabar con ella.
- ¿Estás segura que todo estará bien? - preguntó Snow una vez más antes de partir a lo que sentía era su destino final. Le horrorizaba pensar en arruinarlo todo y provocar una guerra donde su reino fuera tomado a la fuerza. No quería cargar con esa culpa y tampoco con la responsabilidad de algo tan grande.
Y sí, quizá muy en el fondo se arrepentía de haberse dejado llevar por sus sentimientos y terminar casada con David que era sólo un pastor que no conocía nada de la realeza. Tal vez era el único defecto que él tenía. Ese y acostarse con Regina y dejarla embarazada.
Siempre que llegaba a ese punto, trataba de olvidarse de ello. No quería la imagen mental de David y Regina teniendo sexo. No se los podía imaginar siquiera
- Disfruta el viaje y relájate - sugirió el hada - El hechizo que he puesto en ustedes prevendrá que digan algo indebido. Tienen el discurso que preparó Regina. Nada puede salir mal - aseguró finalizando con una sonrisa amable
- Entonces es momento de partir - dijo David, pero se acercó un poco a Azul para hablarle discretamente casi al oído - Por favor, cuida a Regina en mi ausencia - le pidió
- Nada malo le pasará. Confía - habló tranquila, buscando transmitirle ese sentimiento al Rey para que no se preocupara.
Confía, confía… Era todo lo que Azul siempre decía y quizá debía desconfiar, pero lo cierto es que el hada no había hecho nada más que buscar el bienestar de Regina y no tenía manera de reprocharle nada por eso
- Gracias - agradeció con un gesto de la cabeza también - Volveremos tan pronto como tengamos esa reunión - aseguró y Azul asintió.
Y mientras partían, Regina estaba en su habitación sintiéndose contrariada porque debía estar feliz de que se estuvieran yendo y poder estar unos días libre de ellos, pero lo cierto era que le entristecía pensar que no vería a David hasta su regreso
- Seremos sólo tú y yo por algunos días, pedacito bello - le dijo a su bebé mientras acariciaba su vientre con la mano izquierda.
Encajó el tenedor en un trocito de manzana lleno de miel con un poquito de coraje y se lo llevó a la boca
- Demonios - maldijo en cuanto degustó el maravilloso sabor que no fallaba en causarle placer.
Tal como lo predijo Azul, las cosas resultaron asombrosamente bien. Tanto David como Snow se presentaron ante George y no dejaron lugar a dudas de que eran ellos quienes estaban gobernando. Aunque, como era de esperarse, no fue algo tan sencillo
- A mí no me engañan. Sé perfectamente que es ella - aseguró el hombre mayor. Estaba furioso porque no le gustaba que le quisieran ver la cara. Estaba seguro que tenían a Regina colaborando con ellos
- Azul nos ha estado guiando en esta labor. Quizá sea por eso que lo piensas - aseguró David retando al Rey con la mirada
- Soy la legítima heredera, por supuesto que sé dirigir mi reino - dijo Snow con seguridad mientras se acariciaba el grande vientre de seis meses.
Como siempre que abandonaba el castillo, amaba que nadie supiera de la desgracia que vivía en su propio hogar, pero esa ocasión era especial. Le satisfacía como nada que George la viera embarazada después de que él la había maldecido para que no pudiera tener hijos
- Lo dudo, Snow - dijo George - Porque aquí el Rey es David. Un simple e insignificante pastor al cual yo le dí el título de Príncipe - arremetió
- Estoy aprendiendo y es por ello que Azul nos está aconsejando - David se mantuvo firme en parte por el hechizo que había puesto el hada sobre ellos, pero su motivación principal era proteger a la reina.
Siguieron discutiendo hasta que George terminó convencido y decepcionado por no haber tenido la razón y ahora se preguntaba dónde estaba Regina. Cerraron la reunión reanudando la alianza entre ambos reinos.
A David le habría encantado partir de vuelta esa misma noche, pero Snow estaba cansada y sería muy pesado para ella comenzar el viaje así. Estaba embarazada y necesitaba descanso.
Les fue asignada una habitación para los dos porque encima de todo, mientras estuvieron con el teatrito, como lo llamó Regina, fueron la misma pareja que se había jurado eterno y verdadero cuando se casaron en el bosque. Pero lo cierto era que estaban muy lejos de serlo.
David estaba preocupado, no podía sacarse de la cabeza a Regina y esperaba que ninguno de los aliados intentara algo contra ella en su ausencia. El único motivo por el cual no se iba en ese mismo instante sin importarle que Snow estuviera cansada era porque Azul estaba allá y sí, confiaba en que no dejaría que le sucediera nada malo.
Regina, Regina… Cerró los ojos. La bella y enigmática reina que dentro de poco menos de cinco meses le estaría dando un segundo hijo. La imagen preciosa y deslumbrante de Regina apareció en sus pensamientos, luciendo impecable como siempre y la simple imagen visual causó estragos en su cuerpo que al parecer era débil cuando se trataba de ella.
Cuando menos lo pensó, Snow le estaba besando. Abrió los ojos de golpe y se hizo hacia atrás de inmediato, mirándola extrañado porque no esperó algo así, mucho menos cuando se estaba excitando con la imagen de Regina en mente.
La ex princesa se sentía de muy buen humor y esa plática con George había renovado sus esperanzas de que las cosas saldrían bien, que recuperaría a David y su final feliz. Por eso lo besó, quería intentarlo ahí donde nadie más que ellos sabían la verdad que ocultaban en el Castillo.
El problema fue, que ninguno de los dos sintió nada con ese beso. No hubo ni siquiera un poco de ganas o de deseo y Snow comenzó a temer que eso no tuviera nada que ver con el embarazo
- Creo que lo mejor será esperar a que nazca el bebé - se sentó enseguida de él sintiéndose preocupada y buscando desesperada volcar la culpa en Regina. Sí, seguro era que el saber que David se la folló no le permitía dejarse llevar
- Estaremos bien - le dio un suave apretón en una mano, tratando de animarla - Enseguida vuelvo - anunció poniéndose de pie.
Caminó lo más tranquilo posible hasta el cuarto de baño donde se encerró para buscar su propio placer y esta vez, quiso que la reina fuera la protagonista de ese íntimo momento.
Dos días después, Regina estaba desesperada por dos cosas.
La primera era que con seguridad David y Snow regresarían en un par de días más y Graham no había vuelto. Esperaba que lo hiciera antes de eso, pero lo que más la mantenía llena de angustia era que ni siquiera Maléfica había hecho su aparición.
La segunda era la peor, la reina estaba que no aguantaba las ganas que tenía. Era como un fuego ardiente que no la dejaba en paz ni de día ni de noche e inclusive ahora de madrugada. Era un deseo insoportable por tener algo estimulando su sexo todo el tiempo y sentía que en cualquier momento estaría arañando paredes por la desesperación porque había veces en que nada la satisfacía.
Para su buena suerte el cazador regresó al siguiente día. Sin embargo, no le trajo las noticias que le habría gustado recibir
- No deberíamos vernos en tu habitación - alegó con algo de nerviosismo. Estaba seguro que David le degollaría si sabía que estuvo ahí. Por fortuna estaba fuera del reino, pero ese Castillo tenía ojos y oídos. Sabía que por eso estaban ahí.
Regina torció los ojos y gruñó bajito al escucharlo porque sabía por quién lo decía, pero prefirió no hablar del Rey en ese momento
- Dime qué sucedió, ¿por qué te dijo que no? - exigió saber
- Sucedió que es imposible dialogar con un Dragón y que me haya arrojado fuego después de darle tu mensaje es la prueba de que no desea verte - respondió recordando el arriesgado momento en el que pensó que la hechicera le quemaría vivo
- Bien dicen que si quieres las cosas bien hechas debes hacerlas tú mismo - arrugó la nariz en su típico gesto de fastidio, haciéndole ver que desaprobaba el que no tuviera éxito
- Pues entonces resígnate porque no hay forma en que salgas de aquí - expuso Graham acercándose a ella hasta tenerla justo al frente, con la mirada retadora y molesta encima de él - Si quieres conservar al bebé deberás usar tu arma más poderosa y efectiva contra David - no pudo evitar fijarse en los labios de la reina por un momento
- Graham - pronunció el nombre del cazador con algo de lentitud. No le venía en gracia que le dijera lo que debía o no hacer. Además, como él bien decía, el sexo siempre había sido un arma poderosa para ella. Una forma de controlar y conseguir lo que deseaba y en otra época de su vida, fue el peor de los castigos y se había jurado a sí misma que nunca jamás volvería a estar en esa situación - Voy a tener sexo como y cuando a mí me dé la gana. No cuando tú o alguien más me lo diga - aseguró y en un movimiento rápido, alargó la mano derecha para tomarle de la nuca y le jaló hacia ella para estampar sus labios con los de él en un beso arrebatado y feroz que fue correspondido de igual forma.
Las manos del cazador estuvieron alrededor de su cuerpo en un instante moviéndose de aquí para allá mientras ella le desabrochaba los pantalones
- Maldición - maldijo Regina porque de haber tenido su magia ya estarían follando y no batallando en desvestirse.
No supo cómo, pero casi en un instante estuvo desnuda sobre la cama con Graham entre sus piernas, besándole los senos y acariciando su necesitado sexo haciéndola estremecer en cuanto la tocó.
Sí, eso era lo que necesitaba, un condenado miembro dentro de ella para apaciguar el fuego que le quemaba por dentro. Llevó sus manos hasta la dura erección y la masajeó mientras abría más las piernas con el cazador atacando ahora su cuello.
Y entonces se dio cuenta que su pancita le tapaba algo la vista… Perfecto, pensó con algo de fastidio, pero no dejaría que eso la frenara de obtener el placer que tanto necesitaba y deseaba.
Le guió hasta su entrada que estaba muy mojada. Se sentía lista y no requería que le metiera los dedos ni nada. Acomodó sus pies sobre el colchón para tener un mejor anclaje
- Estás muy caliente - fue todo lo que Graham pudo decir cuando sintió el sexo ardiente contra la cabeza de su sensible miembro. Empujó contra ella mientras pensaba que Regina, aún embarazada, era la peor de las tentaciones y que con seguridad sería su perdición.
Por más que lo negara no era más que un simple humano que una mujer como ella podía arrastrar fácilmente hacia donde le diera la gana.
Regina contuvo el aliento y sintió sus ojos inundados en lágrimas cuando Graham la penetró hasta lo más profundo que podía llegar en ella. Era difícil explicar, pero podía asegurar que el placer que sentía ahora embarazada era muy distinto al que comúnmente experimentaba cuando follaba. Sus pezones estaban erguidos y su clítoris palpitaba con intensidad.
El cazador se empezó a mover tan pronto como estuvo dentro, parecía con más urgencia que ella por tener sexo, pero no se quejó. No. Era algo que ella ansiaba, algo por lo que había estado muriendo desde que su libido se descontroló. Empezó a sentirse cada vez más húmeda y cerca del clímax. Ansiaba tanto ese momento que no quería demorar más. Le urgía experimentar esa inigualable sensación de alcanzar el orgasmo. Así que decidió hacerse cargo de su propio placer
- Espera, espera. No te muevas - le pidió mientras llevaba una mano hasta su clítoris para frotarlo con rapidez. Alzó las caderas apoyándose con los pies en la cama, haciendo que la cabeza del miembro presionara justamente en ese punto especial dentro de ella.
Graham gruñó como animal en celo al verla masturbarse frente suyo, con su miembro dentro. Sintió un insano impuso por abalanzarse sobre ella y follársela con ganas, pero no lo hizo porque justo en ese momento Regina alcanzó el orgasmo, arqueando sobre la cama y gritando gustosa
- No eras así de sensible - jadeó el cazador mientras se contenía para no venirse después de verla y sentirla llegar tan de la nada, como nunca lo había hecho
- Cállate y sigue - ordenó Regina - Necesito venirme otra vez - jadeó por el reciente orgasmo.
Y entonces sí, Graham estuvo sobre Regina, apoyado en sus manos cuidando de no dejar caer su peso sobre ella por la criatura que gestaba, consideraba que era el momento de su propio placer independientemente de si ella lograba llegar otra vez o no. No le importaba. Se inclinó para besarla mientras empezaba a mover sus caderas de nuevo para entrar y salir de ella. Sintió las estilizadas piernas pegadas a los muslos y las delicadas manos contra su pecho.
No había ningún tipo de sentimiento entre ellos, eran sólo las ganas, la pasión y el deseo por alcanzar el orgasmo de cada uno. Se podría decir que era un acto egoísta al que estaban acostumbrados puesto que nunca hubo nada más entre ellos que eso: sexo
- Oh, oh… d-demonios - gimió Regina y se alzó, apretando los brazos de Graham con sus manos mientras otro orgasmo, de menor intensidad, la alcanzaba y ella se tensaba, para luego temblar ligeramente con el cazador moviéndose en su interior, aunque muy lentamente - Más - pidió echando la cabeza hacia atrás sin soltarse de los brazos de Graham, sintiendo las lágrimas de placer empezar a correr por su rostro cuando el miembro del cazador volvió a acariciar sus paredes internas, estimulando todo ahí dentro.
Quería seguir teniendo orgasmos hasta desfallecer. No podía explicar lo maravilloso que se sentía tener sexo con un hombre después de todo ese tiempo en el que estuvo muriendo de deseo.
La puerta abriéndose de golpe hizo que Graham se detuviera de inmediato, que Regina se quejara cuando el miembro abandonó su cuerpo y que David sintiera que el mundo se le venía encima
- ¡¿Qué carajos significa esto?! - gritó muriendo de rabia al darse cuenta de lo que sucedía.
