¡Muy buenas a todos! Espero que nadie pensara que no iba a subir esta semana, porque qué poca fe tiene en mí.

Otra semana más, aquí estoy con un nuevo capítulo que le sonará a todo aquel que ya conozca la historia. Así que, sin más que decir...

DISCLAIMER: a riesgo de sonar repetitiva, Code Lyoko & Digimon Frontier no nos pertenece ni a raf-lily ni a mí. Una cantidad reducida de personajes son originales nuestros y cualquier parecido con el de otro escritor/dibujante, simple coincidencia; por favor, de darse ese caso, enviad un mensaje antes de empezar a insultar. Aceptamos todo tipo de críticas siempre y cuando se hagan de forma correcta y educada.

Ahora sí. Un saludo a todos y disfrutad del capítulo.


Capítulo 16: Nuevo ataque de la Scyphozoa

Un nuevo ataque, poco después de despertar, hizo que todos saliesen a la carrera en busca de los enemigos. Nadie tenía ganas de volver a repetir la experiencia del día anterior, obligados a recibir gran parte de los ataques al correr el riesgo de que golpeasen los preciados digihuevos si se apartaban.

—No hay ni rastro de la Scyphozoa —informó Jeremy —. Aun así, estad alerta.

—¿Por qué no está aquí? —preguntó Agunimon, negándose a separarse de los guerreros Lyoko al no estar convencido de lo que podría pasar con la medusa.

—Suele actuar cuando menos te la esperas —respondió, preparado para atacar —. Primero te intentan aislar o rodear, evitando que te puedan ayudar. Luego, aparece con total tranquilidad y te atrapa —ante el rostro de Agunimon, intentó sonreír —. No nos encontramos en una situación en la que sea fácil aislarnos. En Lyoko, sin contar a William, sólo eran cuatro. Aquí somos muchos más. Jamás estaremos aislados.

—Creo que eso ayuda un poco a tranquilizarme —dijo tomando partido en el combate.

Con gran distancia entre ellos y el pueblo, el grupo entero se sintió más libre de atacar y defender. Kazemon y Ranamon atacaban un grupo de Bakemons espada contra espalda, atentas a su alrededor. Aunque todo era un caos, eran capaces de localizar rápidamente a los demás integrantes del grupo de guerreros legendarios, salvo a Agunimon.

—En serio, estos fantasmas son muy molestos —murmuró Kazemon —. ¡Brisa de pétalos!

—¡Cuidado, Kazemon! —chilló Ranamon. Un ataque demasiado familiar se estrelló contra una columna de agua alzada por la guerrera azul.

—¡Vigila a dónde apuntas, Agunimon! —protestó la del viento, volteándose para ver acercarse al guerrero del fuego —. ¿Agunimon?

—Está raro —comentó Ranamon —. ¿Y si la Scypozoa le ha atrapado esta vez y está poseído? —preguntó temerosa.

—Mira que eres tonto, Takuya… Dejarte atrapar así…

—¡Chicas, detrás vuestro! —alertó Yumi.

—Genial, más Bakemons por la espalda y Agunimon por delante —bufó Kazemon antes de volverse a la otra —. ¿Juntas?

—Con mucho gusto —sonrió Ranamon.

Apartando Bakemons y esquivando ataques de fuego, el dúo femenino se libró de cuantos rivales pudieron antes de lanzarse contra Agunimon. Sin embargo, era evidente que el digimon de fuego era más poderoso que ellas.

—¡Ranamon! ¿Estás bien? —preguntó Kazemon al ver caer a la de agua.

—¡Ten cuidado! —exclamó señalando a su espalda.

—Oh, no… ¡Agunimon, reacciona! ¡Soy yo, Kazemon! ¡Despierta! —gritó, saltando alto y volando para esquivar los ataques del digimon.

—¡Yumi! ¡Agunimon ha sido poseído! —llamó Ranamon.

—¿Qué? —la geisha volteó rápidamente hacia la digimon, buscando hasta dar con el guerrero controlado por XANA —. Hay que atacar… ¡Kyubimon, ven!

Sin dudarlo, la digimon corrió a su lado, pasando al frente más veloz que la humana, que se encontró de pronto retenida por una figura oscura que bloqueaba su camino.

—¿Qué ocurre? —preguntó Kyubimon, volteándose para ver una Yumi de piel pálida y ropas oscuras parada ante la auténtica Yumi.

—Maldito XANA… Acaba de enviar clones… ¡Ranamon, ayuda a Kazemon todo cuanto puedas! Primero he de encargarme de esta impostora.

—¿Cómo es esto posible? —preguntó Kyubimon, regresando junto a su compañera.

—XANA tiene bastante información de los que estuvimos en Lyoko. Apuesto que incluso de Jeremy. Estoy segura que ésta no es la única copia barata que lucha.

Tal y como la chica supuso, Odd apretaba los puños ante su viva imagen en negro. Tampoco Jeremy, Ulrich y William parecían felices por la aparición de sus clones.

—¡No es justo! —chilló Odd.

—Parece que no nos lo van a poner fácil —señaló Jeremy —. Apuesto algo a que la Scyphozoa hará acto de presencia al tenernos a nosotros entretenidos.

—Por si no fueran suficiente los monstruos y otros digimons —bufó Ulrich.

—A ver si están actualizados esos datos —sonrió William —. Dracomon, ¿estás listo?

—Te cubriré de los demás monstruos —dijo lanzándose contra las demás criaturas.

—Hasta tú tienes clon, Aelita —señaló Lunamon —. Pero no hay más…

—Mejor así.

—Estaré alerta por si veo la Scyphozoa —dijo Agunimon.

Desde otro de los puntos de la batalla, Lobomon desvió la vista lo justo para ver a dos Ulrich corriendo a la par, lanzándose espadazos el uno al otro. Con un par de golpes, se libró del Phantomon que le había estado incordiando y se volteó justo para ver a Agunimon golpeando a Ranamon.

—Mira que es idiota —murmuró —. ¡Loewemon!

—Lo veo —asintió acercándose —. Y no es todo —añadió señalando cerca de los otros dos, donde la Scyphozoa empezaba a alzar a Kazemon.

—Déjamela a mí.

A gran velocidad, el de la luz dejó atrás al de la oscuridad, que alzó el escudo y se interpuso entre el ataque de fuego y su víctima.

—¡Agunimon, para quieto! —exclamó lanzándole la lanza.

—Gracias, Loewemon, pero Kazemon…

—Lobomon está con ella —dijo sin mirar.

La del agua buscó rápidamente, encontrando al lobo de la luz lanzando ataques a una Scyphozoa a la que prácticamente le faltaban todos los tentáculos. Sin dudarlo, se lanzó en una carrera hacia el cuerpo caído de Kazemon.

—¡Kazemon!

—Kazemon, respóndenos, por favor —pidió Lobomon, arrodillándose también.

—Estoy… mareada —murmuró.

—¿Pero qué pretende esa medusa? —preguntó el lobo, observando la dirección en la que había huido la medusa. Ya no estaba allí.

—¡Eh! ¡Necesito ayuda aquí! —llamó Loewemon, cubierto por su escudo.

—Intenta regresar al pueblo, Kazemon. Y tened cuidado —les dijo antes de correr a ayudar a su hermano.

El guerrero de la luz no había hecho más que llegar junto a su hermano cuando una figura roja llamó su atención, haciendo que el ataque del Agunimon ante él le pasara rozando.

—¿Qué haces? —preguntó Loewemon, escudo en alto.

—Ahí hay otro Agunimon —señaló.

—¿Qué? —se extraño el de la oscuridad —. Espera, y también hay dos Yumis…

—Necesitamos una explicación para esto —dijo apartando de una patada al de fuego y corriendo en busca de la geisha —. ¡Aparta, Yumi!

Sin siquiera mirar al que la llamaba, se volvió hacia Kyubimon y cogió a ella para apartarse más rápida. El disparo de Lobomon acertó de lleno en su clon, tirándola al suelo.

—¿Qué demonios significa todo esto? —preguntó acercándose a ella.

—Y responde rápido —pidió Loewemon, retrocediendo de espaldas a ellos —. Este Agunimon es bastante persistente.

—Clones —respondió sin más.

—Entonces, esto también es un clon —dijo Lobomon, señalando al Agunimon oscuro y al auténtico, enfrascado en su pelea contra Bakemons.

—Así que el plan de XANA es crear clones vuestros… Por eso necesita vuestros datos… Muy listo —protestó Yumi, volviendo a centrarse en su clon —. Alertad a los demás.

Ranamon corría todo lo rápida que podía tras dejar a Kazemon con Swanmon. Le había parecido ver la figura de la Scyphozoa entre los Phantomons, moviéndose tranquilamente y, al parecer, sin ser detectada por nadie, en busca de una nueva víctima.

—¡Em! ¡Mikemon! ¡Detrás de vosotras! —chilló la del agua, maldiciendo no ser capaz de llegar con un ataque para cubrirlas.

Alertada, Emily se volteó justo para ver a la medusa alzando los tentáculos. Con Mikemon a su espalda cubriéndola de los demás monstruos y digimons, empezó a disparar una flecha tras otra, pero ninguno lograba dar en el objetivo. Los Phantomons que las rodeaban reían, entreteniendo a Mikemon para que no pudiese ayudar a la humana.

—¡Mikemon! —llamó Emily, viendo inútiles todos sus disparos.

—¡No puedo! —protestó la gata, escapando por poco de una de las capas. Rodó por el suelo y se lanzó de nuevo en ayuda de la chica, pero una guadaña se clavó ante ella —. ¡No! ¡Parad de una vez!

—Maldición… —murmuró Emily, buscando alrededor.

—¡Cuida! —oyó gritar a Ranamon.

—¡Ayuda! ¡La Scyphozoa está…! —empezó a gritar, pero los tentáculos acabaron alzándola del suelo.

A pocos metros, Sissi dio media vuelta al escuchar el nombre del monstruo, ligeramente asustada al pensar que la tenía detrás y horrorizada al descubrirla tomando a Emily entre sus tentáculos. Alrededor, absolutamente nadie de los que sabían cómo combatir aquella medusa parecía libre para ayudar.

—Que te has creído tú que vas a atrapar a Emily —dijo echando a correr y lanzando su látigo contra la medusa —. ¡Mierda! —exclamó al ver el tentáculo entero, aunque el golpe había hecho que soltara a la otra muchacha.

—¡Ducha alérgica! —atacó Floramon —. Oh, oh… ¡No le afecta!

—¡Corriente de lluvia! Lárgate ya, medusa asquerosa —chilló Ranamon, logrando acercarse al grupo y descagando gran cantidad de agua de una nube oscura sobre la Scyphozoa.

—¡No parece querer remojarse! —señaló Sissi, retrocediendo al ver al monstruo flotando hacia ella.

—¡Golpea sus tentáculos! ¡Ponte rabiosa! —indicó Ranamon.

—Voy —asintió, apretando el agarre en sus armas y chascándolo contra la medusa —. ¡Oh, no! —un latigazo por parte de la medusa le hizo soltar su látigo.

—¡Cuidado, Sissi! —Floramon corrió para ayudar a la chica, pero otro tentáculo la golpeó y apartó.

—No me queda otra —murmuró Ranamon mientras la Scyphozoa alzaba a Sissi —. ¡Tormenta eléctrica!

Los rayos empezaron a caer sobre la medusa, cayendo peligrosamente cerca de Sissi pero logrando partir algunos tentáculos. Floramon no tardó en correr para recibir el cuerpo de su compañera.

—Y ahora, aléjate de aquí, bicho asqueroso… ¡Vapor oscuro!

—¡Ranamon! —llamó Mikemon —. ¡Emily no despierta!

—¡Sissi tampoco reacciona!

—Hay que sacarlas de aquí —dijo Ranamon, buscando alrededor mientras apartaba a los Bakemons.

El panorama a su alrededor no animaba en nada a la guerrera del agua. Por un lado, los guerreros Lyoko originales luchaban con sus clones. A no mucha distancia, Agunimon había sustituido a los hermanos en la lucha contra su copia. Corriendo de un lado para otro, las bestias de la luz y la oscuridad perseguían a los escurridizos SkullSatamon.

—¡Mercurimon! —chilló lo más fuerte que pudo. El guerrero del metal tardó poco en alcanzarla.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó viendo los dos cuerpos tirados, cubiertos por sus compañeras digitales.

—La Scyphozoa ha atrapado a Emily y a Sissi. No responden y debemos sacarlas de aquí.

—Yo me ocupo, no te preocupes —aseguró.

Con cuidado, Mercurimon cargó con las dos chicas mientras las tres digimons le escudaban. En cuanto las tuvo acomodadas, desapareció del lugar, dejándolas solas contra todos. Ranamon suspiró aliviada ante eso, indicando a las dos digimons ante ella que se dispersaran y ayudasen a los demás. Un SkullSatamon pasó por delante de ella, obligándola a retroceder justo para esquivar a la bestia negra que lo perseguía. También los dos Agunimons se interpusieron en su camino, atacándose mutuamente y sin descanso.

—¡Eh! ¿Y Sissi y Em? —preguntó Jeremy, apartando a su clon para acercarse a la del agua.

—La Scyphozoa… Están insconscientes… Mercurimon se las ha llevado.

—¿Ellas también? —preguntó, volviendo a atacar a su clon. Ranamon le envió una descarga de agua que lo empujó más lejos —. Tenía entendido que Lobomon le ha dejado sin tentáculos.

—¿Y si hay más de una?

—Imposible… Jamás supimos cómo destruirla… Es el mejor monstruo de XANA —negó —. Tened cuidado —ambos iban a volver a ponerse a pelear cuando un enorme cuerpo blanco pasó casi arrollándolos —. Vaya pelea…

Los tres hermanos SkullSatamon se divertían a costa de todos. Sin importarles nada, entorpecían los combates de los demás buscando librarse de KendoGarurumon y KaiserLeomon. Desde que ambos se habían librado del falso Agunimon, ambas bestias corrían de un lado para otro esquivando amigos y enemigos en pos del trío que, aunque en mayoría numérica, empezaban a tener problemas para seguir haciendo sus tonterías.

—¡Trueno oscuro!

—¡Ja, ja, ja! ¡Has fallado, idiota! —rió uno de los esqueletos ante el ataque del león oscuro.

—Pero yo no. ¡Estrella veloz! —una de las alas partió por la mitad al digimon, haciendo aparecer su digicódigo —. ¡Tuyo, Kumamon!

—¡Recibido! —exclamó el guerrero del hielo, D-Tector en mano y alzado hacia el cúmulo de datos.

—Uno menos —sonrió KaiserLeomon, uniéndose a su hermano y preparándose para salir a la caza de otro esqueleto.

Los rápidos movimientos del dúo de bestias habían hecho crecer ideas en todos los compañeros. Sin que los SkullSatamons lo buscasen, el resto de elegidos aprovechaban el momento en que dichos esqueletos pasaban cerca de ellos para atraer a sus rivales al camino de las dos bestias. Para KaiserLeomon, aquello suponía una pequeña molestia que le obligaba a lanzar un ataque; para KendoGarurumon, simplemente debía redirigirse un metro antes de extender su ala y cortar al digimon que había sufrido la desgracia de encontrarse en su camino. Los clones, en cambio, esquivaron todos y cada uno de sus movimientos, para fastidio de Agunimon.

—¿Es que son inmortales? —protestó esquivando los dardos de fuego.

—En Lyoko, si les dañabas podías destruirles —respondió Odd, corriendo tras su igual.

—¿Y por qué no la palma ya?

—Déjamelo a mí —intervino Aelita —. ¡Campo de energía! —lanzó la esfera rosada contra el Agunimon negro, pero éste siguió como si nada —. Tampoco parece afectarle mis ataques… —comentó antes de esquivar su mismo ataque en oscuro —. ¡Oye!

—Usemos la fuerza pues —sentenció el guerrero del fuego, lanzándose a puños contra el clon.

La idea de digievolucionar al espíritu animal había rondado su mente, pero después de ver cómo su copia se movía exactamente igual a él y respondía con los mismos ataques, el temor a que el clon imitara su digievolución pudo más. No quería causar mayor peligro para sus compañeros. Después de varios intercambios de ataques, una idea empezó a formarse en su mente, pero se vio forzado a apartarla al divisar a la Scyphozoa, protegida por Phantomons y Bakemons.

—¡KendoGarurumon! —chilló, forcejeando con su clon que, repentinamente, había decidido retenerle en vez de atacarle —. ¡Se acerca la Scyphozoa! ¡Ten cuidado!

—¿Otra vez? —gruñó —. ¡Láser solar! —atacó al segundo SkullSatamon.

—¡Pero qué mala puntería! —se burló.

—No la necesita conmigo aquí. ¡Trueno oscuro! —el ataque dio de lleno en el enemigo —. Ya sólo queda uno —dijo antes de ver a Kumamon, feliz sobre sus esquís, dispuesto a recoger los datos.

—Y cortar tentáculos. La Scyphozoa está…

—¿Dónde? —preguntó KaiserLeomon mirando alrededor con preocupación.

—¡Estaba ahí! —exclamó el de la luz.

—¿A quién buscáis, chicos? —rió el último de los esqueletos —. ¡Hueso satánico!

Ambas bestias esquivaron en el último momento antes de lanzarse contra él, embistiéndolo con fuerza. KaiserLeomon logró arrebatarle el bastón, lanzándolo en otra dirección y golpeando varios Avispones. SkullSatamon intentó frenar a ambas bestias, pero le fue imposible. Casi sin darse cuenta, ambos digimons ante él se prepararon para lanzar su ataque.

—¡No creáis que funcionará! —exclamó con una sonrisa victoriosa, apartándose hacia atrás. Lo que no esperó fue un ataque de fuego golpeándole por la espalda y evitando que esquivase los otros dos.

—¡Al fin logro algo! —exclamó Agunimon —. ¿Dónde está la Scyophozoa?

—¡Ha desaparecido! —informó KendoGarurumon interponiéndose entre él y un ataque del clon de fuego —. Ten cuidado…

—¡Ahí! —señaló de pronto el de la oscuridad —. Bicho cobarde…

—¡Cuidado, Ranamon! —intentó alertar el de fuego.

—Céntrate en tu clon. Nosotros nos ocupamos —aseguró el de la luz.

Los dientes de KaiserLeomon lograron su cometido: la medusa dejó ir a la guerrera del agua, que cayó fuertemente contra el suelo. Interponiéndose entre el monstruo y la caída, la bestia de la oscuridad vio a su hermano arremetiendo con toda su fuerza y velocidad contra la medusa, que no pudo hacer nada para librarse del golpe. Un trueno de Beetlemon obligó a la bestia de la luz a apartarse rápidamente.

—¡Están marchando! —informó Odd.

—¿Alguien puede decirme qué demonios ha sido esto? —preguntó William, clavando la espada en el suelo y apoyándose en ella.

—XANA ha detenido su ataque… ¿Por qué?

—La Scyphozoa ha atacado otra vez, esta vez a Ranamon —informó Grumblemon.

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —preguntaron todos.

—La ha hecho aparecer un Phantomon —explicó.

—También se la ha llevado así ahora —agregó Kumamon, deteniendo sus esquís junto al de la tierra —. Por poco no me atrapa a mí por haberla sorprendido…

—¿Esos Phantomons la llevaban oculta? —se sorprendió Aelita.

—¿Estás bien, Kumamon? —preguntó Agunimon.

—Le he congelado la capa, pero no he logrado mucho más —respondió.

—¿Dónde están Kazemon, Sissi y Emily? —preguntó Ulrich.

—También las ha cogido la Scyphozoa —respondió Mikemon.

—¿Cuatro en una única batalla? ¡Es imposible que se regenere tan rápido!

—Sissi no logró romper ningún tentáculo. La golpeó y logró que soltara a Emily, pero no consiguió romper ninguno —dijo cabizbaja Floramon.

—Ranamon sí ha logrado cortarle cuando cogió a Sissi —explicó la gata atigrada.

—Aun así, es demasiado rápido…

—¿Podemos debatir esto en el pueblo? —rugió KendoGarurumon. Todas las cabezas se voltearon hacia la bestia de luz —. Necesitan ayuda allí dentro.