¡Aloha a todos! Perdonad la tardanza, justo he empezado a trabajar este mes y hoy es el primer día libre que me han dado. Así que, a partir de ahora, actualizaré el día libre a menos que tenga turno de mañana en jueves, viernes o sábado (días habituales de actualización).
Dicho esto, agradecer los rewiews de titokenny01 y welldonecc. Bienvenidos de nuevo a los dos a la historia.
Y como siempre, DISCLAIMER más que repetido: Code Lyoko, Digimon Frontier y todo cuanto os suene no nos pertenece a raf-lily ni a mí. Con los dedos de las manos se cuentan las cositas originales que son nuestras. Cualquier parecido con la obra (tanto literaria como artística) de otra persona, por favor, comentadlo antes de criticar o denunciar.
Aceptamos críticas tanto positivas como negativas siempre y cuando sean educadas y correctas. Ninguna de las dos nos haremos responsables del tono con el que respondamos a todo aquello insultante y/o atacante tanto contra nuestra obra, como contra nosotras o nuestros lectores. Agradeceremos vuestros comentarios (y preferimos vuestro silencio cuando lo único que queréis hacer es insultar, así que no malgastéis los dedos tontamente)
Sin más, seguimos con la historia donde la dejamos. ¡Se os quiere a todos!
Capítulo 20: Conmoción
Todos en la aldea de los zorros habían recibido con los brazos abiertos al grupo, parcialmente informados de la situación. La noticia del secuestro de Kouji fue recibida como un balde para JP, Kyubimon y Bijugamon. El guerrero del trueno apretó los puños y maldijo su despiste, igual que había hecho Takuya todo el camino hasta la entrada del bosque, donde un Kitsumon amarillo y otro verdoso les habían guiado hasta el poblado.
—Deberíamos salir en su búsqueda —propuso Bijugamon —. Aún estamos a tiempo para alcanzarles. ¡No deben estar muy lejos!
—Es muy arriesgado —habló una voz tras ellos.
—Anciana Renamon… —susurró Kyubimon, avanzando un paso hacia la digimon que se acercaba con paso lento.
—No lo entienden —negó Jeremy —. ¡El enemigo es capaz de poseer a quienquiera!
—Lo sé perfectamente. Lo he visto con mis propios ojos —asintió Renamon mirando a su alrededor —. Muchos de ellos han sido víctimas de ese monstruo.
—¡Por eso mismo deberíamos ir! —exclamó Takuya —. Si logran utilizar a Kouji, estaremos en grave peligro.
—Ir ahora, estando débiles, es ofreceros en bandeja para ser secuestrados —negó la anciana digimon, deteniéndose junto a Bijugamon —. Debéis descansar. Y debéis esperar a vuestro compañero.
—¿Cómo está Koichi? —preguntó Chiaki, adelantándose poco a poco.
—Le hemos dado una infusión con la que descansar tranquilo —respondió la digimon.
—¿Dónde?
—Es por aquí —señaló JP.
—Yo también voy —dijo Yumi —. Kyubimon…
—Estaré con los demás —respondió la digimon.
Asintiendo, la morena siguió a los otros dos hasta una cabaña. Los demás, en el más absoluto de los silencios, siguieron a la anciana Renamon hasta una zona abierta en lo que parecía ser el centro del pueblo. Allí ya había preparadas mesas con comida; no dudaron en tomar asiento y empezar a comer, aunque sus estómagos parecían cerrados.
—¿No dedigievolucionáis? —preguntó Sissi, cansada del silencio, mirando a los dos digimons zorros.
—Bueno… —empezó Kyubimon, buscando ayuda en Bijugamon.
—La verdad…
—Yo les he pedido que permanezcan así un poco más —respondió la anciana Renamon —. Hace mucho tiempo que no vemos digievolucionar a nadie en la aldea.
—¿No estáis cansados? —preguntó Dracomon.
—Nos recuperamos quizás a un ritmo más lento que estando en nivel infantil —reconoció Bijugamon.
El silencio volvió a reinar en el lugar. Todos tenían sus propios debates mentales, dando bocados pequeños a la comida. JP se unió a ellos al rato, diciendo las primeras palabras en muchos minutos de silencio.
—No creo que las chicas salgan en un buen rato —informó mirando por donde había llegado —. Pero ellas también deberían comer.
—Nosotros nos encargaremos de llevarles algo —asintió la anciana Renamon. No tardaron en aparecer algunos zorros cargando un par de platos.
Por tercera vez, el silencio se instaló en el claro. Más de uno alzaba la vista hacia los demás, humanos o digimons; más de uno intentó hablar, pero no había forma de decir absolutamente nada. Cansados, Patamon, Salamon y Lopmon empezaron a hablar de temas que normalmente trataban cuando el mundo digital era pacífico y ellos tres grandes ángeles ocupados con papeleos y más reuniones. La curiosidad golpeó a los niños y sus digimons rápidamente; las preguntas no tardaron en volar por la mesa, recibiendo respuestas de los tres pequeños ángeles e intentos de meter información histórica de Bokomon.
—Iré a dar una vuelta —dijo de pronto Zoe, levantándose y echando a andar.
—¡Espera! —pidió Tommy.
—A solas, por favor —alzó una mano —. Simplemente, quiero pensar a solas…
—No es recomendable que vaya sola —murmuró Lunamon.
—Seguro que no le pasará nada —respondió Kyubimon —. Todos en la aldea han sido alertados del peligro, así que están por todas partes vigilando. Estará vigilada.
—Está muy afectada, ¿no? —preguntó Odd.
—Normal, ella era la que mejor panorámica de la batalla tenía y, aún así, no vio el Phantomon con la Scyphozoa que atrapó a Koichi y se llevó a Kouji —señaló Teppei.
—Debe de sentirse fatal consigo misma por no haber estado tan atenta —negó Teruo.
—Creo que iré a ver a Koichi —se levantó Takuya —. Más bien, necesito ir a verle —rectificó —. Necesito saber que está bien…
—Sí lo está, lo ha dicho la anciana Renamon —señaló Ulrich.
—Es más complicado de lo que pensáis —dijo con una mueca antes de echar a correr en busca de la cabaña.
No tardó en encontrarla, ni tampoco en oír voces. Abrió la puerta y entró, topándose con las miradas de Chiaki y Yumi fijas en él.
—¿Cómo está?
—Parece inquieto —respondió Yumi.
—Hemos preguntado a una Renamon y nos ha dicho que quizás tiene pesadillas —informó Chiaki —. Le comentaba a Yumi que es raro, ninguno de nosotros hemos sufrido pesadillas… Ni hemos estado inconscientes tanto tiempo como él —dijo mientras comprobaba la temperatura posando la mano en la frente del inconsciente.
—Quizás… —empezó el del fuego, llamando la atención de las otras dos —, lo que le ha afectado a Koichi, más que el ataque, han sido sus recuerdos…
—¿Sus recuerdos? —preguntó Yumi.
—Temores del pasado —agitó una mano el chico —. Ya lo comentó, él tenía los espíritus de la oscuridad corruptos: Duskmon y Velgemon —señaló —. Cuando la Scyphozoa atrapó a las chicas, todas acabaron inconscientes, pero a ninguna le costó mucho despertar.
—Fui la última, pero al parecer no fue tanto como está pasando con Koichi —declaró Chiaki.
—Él estaba agotado, es normal que se haya quedado inconsciente… Y ahora debe estar atrapado en una de sus pesadillas…
—Deseará seguir dormido cuando se entere de lo que le ha pasado a Kouji —suspiró Yumi.
Los otros dos asintieron. El silencio que se creó en aquella habitación, al contrario que los sucedidos durante la comida con los demás, fue agradable para Takuya. Se sentía algo necesario, tanto para no molestar al aún durmiente Koichi como para acabar de calmar sus mentes.
—¿Cómo va? —se asomó Ulrich. Tras él, Renamon y Kitsumon también se asomaron, permaneciendo en la puerta.
—Aún duerme —respondió Yumi.
—Nos han dicho que Zoe está en el límite del bosque —informó, alertando a los tres.
—¿Por qué no la han detenido? —preguntó Takuya.
—Está allí quieta, mirando al horizonte —añadió el samurai, alzando ambas manos en señal de rendición —. Igualmente, están listos para saltar e interceptarla si intenta ir más allá.
—¿A qué… tanto ruido? —preguntó tras el grupo Koichi.
—¡Estás despierto! —exclamó Chiaki, lanzándose enseguida sobre él en un abrazo.
—No nos asustes de esa forma, primo —dijo Yumi, revolviéndole el pelo e intentando sonreír.
—Perdonad… ¿Cuánto he…? —preguntó, apartando con cuidado a Chiaki para acabar de enderezarse.
—No le des más vueltas a eso —negó Takuya —. Lo bueno es que estás bien. ¿Crees que puedes digievolucionar con normalidad?
—No quiero probarlo —susurró desviando la mirada a su D-Tector.
—Y no te forzaremos —asintió el del fuego.
—¿Dónde está Kouji? —preguntó mirando alrededor.
Las miradas de todos se desviaron. El nerviosismo que sobrevino a todos era incluso tangible para el guerrero de la oscuridad, que endureció su mirada y apretó los puños mientras se levantaba de la cama con un aura amenazante rodeándolo.
—¿Dónde – está – mi – hermano? —volvió a preguntar.
—Posiblemente en la Rosa de las Estrellas —respondió Ulrich, el más alejado del grupo.
—¿Qué? —preguntó Koichi, mirando incrédulo, pero sin menguar la rabia que estaba sintiendo.
—Él… Te liberó de la Scyphozoa —empezó a decir Takuya —. No logré verlo bien, porque yo estaba tirando de ti y las aguas se agitaban demasiado…
—¿Qué ha pasado, Kanbara? —preguntó pasando su mirada al de fuego y endureciéndola aún más.
—Muy posiblemente, mientras él cortaba los tentáculos de la Scyphozoa, el Phantomon aprovechase para moverse en el agua y atraparle con su capa —respondió mirando hacia otro lado —. Tu hermano es rápido, pero ya sabes cómo son esos Phantomons… Y él procuraba no hacerte daño a ti por error… En el agua debe de ser más complicado usar los sables…
—¿Ese Phantomon se lo ha llevado? —preguntó Koichi, ya en pie y con el cuerpo listo para salir corriendo de allí —. ¿Por qué no le ayudasteis?
—El agua se movía muy violentamente —habló Chiaki, la mirada a los pies —. Yo… Hasta que no logré apartarla toda, que todos pudieron caminar con calma, no nos dimos cuenta que él no estaba… Agunimon te sacó cuando Lobomon te liberó… y te pasó a Beetlemon, que te trajo aquí volando —dijo.
—Ni tan siquiera Zoe fue capaz de ver al Phantomon… Supongo que sólo Lobomon y Agunimon lo han podido ver —dijo Yumi.
—¿Hay algún plan para recuperarle? —preguntó Koichi, echando a andar hacia la salida.
—Creo que deberías descansar un poco más —le interceptó Ulrich.
—No tenemos tiempo para descansos —declaró apartándolo de un empujón y echando a correr.
—¡Koichi! —intentó llamarle Yumi.
El gemelo de la oscuridad echó a correr hacia la línea de árboles que rodeaban el pueblo. No tenía ni idea de hacia dónde iba, pero estaba seguro que, si lograba salir del bosque, situarse sería rápido y sencillo. Sabía que le seguían: podía oír el movimiento de los digimons zorros por encima de su cabeza aunque ninguno había saltado aún para detenerle. Empezaba a ver la clariana al otro lado de los árboles cuando una figura se cruzó en su camino provocando que chocase con ella.
—¡Au!
—Lo siento, Zoe —dijo levantándose y tendiéndole la mano para ayudarla.
—Koichi… ¿estás bien?
—No —respondió tirando de su mano y levantándola. Empezó a andar para salir del bosque, pero un tirón en su chaqueta le obligó a voltear —. Zoe, ¡déjme ir! Mi hermano me necesita…
—¡Ya lo sé! —exclamó más alto de lo que el chico esperaba —. Ya lo sé…
—¿Zoe?
—No podemos salir —susurró bajando la vista al suelo pero sin soltarle —. Necesitamos descansar y organizarnos correctamente… Necesitamos estar al cien por cien para salvarle… Necesitamos…
—Zoe, ¿por qué estás llorando? —preguntó, sorprendido, Koichi.
La chica no respondió. Apretó su agarre a la chaqueta y siguió llorando. No muy seguro de qué hacer, Koichi se volteó hacia ella y la abrazó. Zoe tardó bastante en calmar el llanto, aferrada a la ropa del otro y con el rostro oculto. Para cuando ya sólo quedaron sollozos, el sol había desaparecido por completo, hundiendo levemente el ánimo de Koichi.
—Lo siento —susurró la rubia —. Sé que querías ir a por… a…
—¿Cuánto llevabas aquí? —interrumpió.
—No lo sé… Toda la tarde, quizás —respondió secándose las lágrimas con el dorso de la mano —. He llegado aquí y me he sentado…
—¿No has salido?
—Iba a hacerlo… Pero estoy sola —dijo —. A demás, la Scyphozoa te ha cogido y…
—No lo digas —pidió.
Koichi sabía lo que Zoe quería decir. Con sus datos, Xana-Lucemon se había hecho con el poder de la oscuridad. Algo muy en su interior le decía a Koichi que el temor de su rubia amiga era muy acertado. Ese mismo algo que le decía que volvería a tener que hacer frente a sus pesadillas.
—Sentémonos —invitó el chico, señalando el tronco de un árbol.
—¿Cómo te encuentras? Quiero decir… Si estás mareado o…
—Estoy mejor —asintió —. Me duele la cabeza un poco, pero supongo que es porque no paro de pensar… Más aún desde que sé lo de Kouji.
—Me alegro… Que estés mejor, quiero decir.
—Gracias… ¿Y tú? ¿Cómo estás?
—Intento estar bien, pero…
—¿Pero?
—Es que ahora comprendo lo que esa copia barata quería decir —dijo apretando los puños y dando un zapatazo en el suelo.
—¿Qué dijo?
—Que había ganado —respondió encogiendo las piernas y rodeándolas con los brazos.
—¿Ganado?
—Ningún clon ha mostrado emociones ni nada… Ni tan siquiera el clon de Ranamon muestra emociones, aunque se ve que le han hecho algo para que pueda hablar y parecer una líder…
—Sí, tienes razón… Es la única que hace algo más que mirar fijamente sin expresión alguna —asintió —. Pero no entiendo, ¿qué ha ganado?
—Nos ha quitado a Kouji —dijo hundiendo el rostro entre los brazos —. Se lo ha llevado… —las pequeñas sacudidas indicaron al de la oscuridad que la chica volvía a llorar.
—Le vamos a rescatar —aseguró Koichi —. Kouji es fuerte, no se dejará controlar tan fácilmente.
—Sí, pero… Lo tiene ella…
—¿No crees que empiezas a tener una fijación con ese clon? Suena como si estuvieses obsesionada con todo lo que hace o que tengas… celos…
—Sí… ¡No! —dijo rápidamente, alzando la vista con el rostro enrojecido. Koichi intentó no reír, aunque le fue imposible —. ¡No tiene gracia!
—Lo siento —se disculpó. Suspiró, deshaciéndose de una enorme pesadez que no conocía —. Te preocupa que a mi hermano acabe gustándole tu copia barata.
—Sé que eso es imposible —dijo desviando la mirada.
—Vamos, que sí te gusta mi hermano —señaló el de la oscuridad, provocando que la del viento ocultase la cara otra vez contra sus piernas.
—¡Deja de reír!
—Perdón, perdón… ¿Por qué nunca le has dicho nada? —preguntó intentando calmarse.
—No me atrevo —susurró —. Lo he querido hacer muchas veces, pero nunca he sido capaz de reunir todo el valor…
—Se lo podrás decir —dijo apoyándose en el tronco y mirando hacia la copa de los árboles. No le pasó por alto la silueta de un digimon zorro, aunque no tenía ni idea de cuál de todos sería —. Muy pronto, se lo podrás decir.
—No lo sé… Es evidente que esa clon no lo dejará ir…
—¿Y qué? Tú eres la única y auténtica guerrera del viento, la bella Kazemon y la poderosa Zephyrmon —dijo dándole un golpecito con el brazo —. Y haciendo caso a la historia, mucho antes eras la grandísima Ancient Irismon. ¿Acaso vas a dejar que una copia hecha de mala manera te pisotee?
—Por supuesto que no —respondió alzando la vista con decisión.
—Ahora que lo pienso… Aelita mencionó que la Scyphozoa puede robar la memoria.
—¿Es que te acabas de dar cuenta que has olvidado algo importante?
—No, quiero decir que quizás esa BlackKazemon ha salido así porque en ella están los datos relacionados con una parte de tu memoria relacionada con tus sentimientos por Kouji. Y seguro que el Frankenstein que la creó no contaba con ese dato.
—Supongo que ese Frankenstein fue XANA —intentó reír Zoe.
—Ahora que lo dices… Va, regresemos.
—¿Seguro?
—No podemos viajar de noche, sin ver bien lo que nos puede venir —señaló —. A demás, todos tienen razón: debemos descansar y organizarnos antes de salir al rescate de mi hermano.
—Está bien…
...
En una mazmorra de la Rosa de las Estrellas, Kouji caminaba de un lado a otro buscando un punto por el que escapar. Había despertado confuso y se había sobresaltado al no reconocer el lugar. La calma al sentirse dueño de sus movimientos y pensamientos había durado lo que había tardado en descubrir la ausencia de su D-Tector.
Había perdido la cuenta del tiempo y ni tan siquiera la aparición de las primeras estrellas le ayudó para situarse. Unos pasos acercándose rápidamente le alertaron a tiempo para alejarse de los barrotes. Se sentó en el suelo, en la pared más apartada de la entrada a la celda, y esperó de brazos cruzados hasta que la dueña de los pasos apareció con la respiración agitada ante su estancia.
—¡Estás despierto! ¡Qué bien! —exclamó BlackKazemon —. ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? Puedo traerte lo que quieras.
—¿Dónde estoy? —preguntó, aunque tenía el presentimiento de saber la respuesta.
—En la Rosa de las Estrellas. Si te soy sincera, a mí tampoco me gusta este sitio —dijo mirando alrededor y señalando una esquina —. ¡Está descuidado por todos lados! ¡Nadie limpia aquí ni por recomendación médica!
Kouji siguió quieto en el sitio, mirando con desconfianza al hada oscura al otro lado de los barrotes. El clon de la guerrera del viento siguió murmurando y negando con la cabeza un rato más antes de volver a mirar al prisionero.
—Te juro que vengo en son de paz —dijo el hada, soltando de su espalda algo.
—¿Seguro?
—Tengo la prueba aquí mismo —dijo mostrando el D-Tector del chico —. Se lo he robado a Xana-Lucemon antes de que pudiese hacerle nada.
—¿Esperas que me lo crea? —preguntó alzando una ceja.
—Compruébalo tú mismo —respondió agachándose y lanzando el objeto por entre los hierros.
Con calma, Kouji recogió el objeto, detenido a medio camino hasta él. Pulsó varias veces los botones y observó la pequeña pantalla del dispositivo. Sus cuatro evoluciones seguían ahí sin ningún cambio aparente. Más de una vez en el pasado había hablado con los espíritus allí guardados, buscando apoyo o respuestas. Una simple mirada bastó para transmitir la preocupación que le recorría. Lobomon asintió en absoluto silencio.
—Está bien —aceptó alzando la vista —. Me has devuelto mi D-Tector y mis espíritus digitales.
—¿Ves? Puedes confiar en mí.
—No lo hago.
—¿Por qué no? —preguntó dando una patada de rabieta —. ¿Sabes tú lo que he tenido que hacer para conseguir ese dispositivo? ¡Xana-Lucemon podría matarme de un solo golpe si se entera que le he robado los espíritus del guerrero de la luz!
—¿Seguro que has tenido que hacer tantos sacrificios? —el dispositivo digital empezó a dar vueltas en las manos del chico.
—Ya veo… Ser un clon hace que desconfíes de mí —dijo con una triste sonrisa —. No soy tonta, sé que con ese objeto ahora eres poderoso. Invencible me atrevería a decir, porque aquí no hay nadie que pueda igualarse a tus poderes… Eres libre de digievolucionar. Eres libre de tirar abajo estas paredes. Me da igual lo que le hagas a este antro. Si todo eso hace que tú estés bien, a mí me está bien… —dijo mirando por donde había llegado —. Aún hay muchos enemigos en tu camino. Si vas a escapar, te recomiendo que esperes una hora más.
—¿Por qué?
—Eres alguien importante para mí… Desde que te vi la primera vez… Tu bien es lo que más deseo en este mundo, me importan bien poco las órdenes de Xana-Lucemon —confesó volviendo a mirarle —. Con menos rivales, tendrás una mayor oportunidad para salir de aquí. Sube las escaleras, ve a la izquierda, sigue todo recto hasta una estatua decapitada. La reconocerás fácilmente. Vuelve a girar a la izquierda y sigue todo recto hasta unas puertas dobles. Es la salida al patio —indicó —. Si vas dentro de una hora, no te encontrarás a nadie allí.
—¿Seguro?
—Yo estaré en el patio para ayudarte a salir. Porque tú no sabes volar —señaló apartándose —. Debo volver… Para que tu fuga sea un éxito, yo debería estar en mi sitio…
Sin atreverse a decir nada más, BlackKazemon se alejó rápida de la prisión, sin mirar atrás siquiera. Ni tan siquiera se dio cuenta de la presencia de BlackRanamon, oculta tras la puerta de las mazmorras, ni de su respiración agitada cuando la vio lejos.
