Comienzo agradeciendo mucho las interacciones con este fic, las estrellitas, los kudos, los likes, comentarios y reviews. Siempre me hacen el día y no saben lo mucho que me encanta leerlos.

Luego paso a la parte donde expreso mi lamento por haber tardado tanto en actualizar. Se me atravesaron unas vacaciones que fueron toda una experiencia a nivel personal, después tuve un periodo muy fuerte de trabajo e intervino un poco de falta de inspiración, pero como ya lo he mencionado, este fic va a continuar y tendrá su debido final. No importa cuánto tiempo me lleve, estén seguros que llegaremos hasta el final de la historia.

Por otro lado y el punto más importante es que estamos en el marco de los festejos de mi querida autumevil5 por su muy próximo cumpleaños.

No me queda nada más que desearles una feliz lectura esperando que lo disfruten y que puedan perdonar cualquier error.


Cuando David sintió que había terminado se irguió de nuevo soltando la nuca de la reina y emprendió de nuevo la penetración para llevarla otra vez al orgasmo. Regina le miró con los bellos ojos nublados de placer y llenos de deseo. Abrió la perfecta boca dejando escapar pequeños gemidos agudos y algunos jadeos intensos que le indicaban a David que lo estaba haciendo bien.

—Vente otra vez, belleza—demandó porque quería que Regina se deshiciera por completo debajo de él. Llevó una de sus manos hasta la mojada y caliente intimidad para frotar el hinchado clítoris haciéndola gemir aún más agudo si es que era posible.

—Ya —gimió casi sin aliento —Ya voy a venirme —anunció echando la cabeza hacia atrás llevando una mano hasta un brazo de David y la otra a la parte baja de su vientre.

—Sí, quiero verte —la incitó a sabiendas de que él no podría llegar de nuevo, pero estaba aprovechando que su miembro aun estaba duro, aunque sabía que no duraría por mucho tiempo. Por eso se estaba esmerando en darle placer para hacerla llegar.

No tardó casi nada, Regina soltó un agudo sollozo y le temblaron las piernas incontrolablemente.

—Mmhhh, sí —gimió gustoso, sintiéndola apretar su miembro con deliciosas contracciones internas. Dejó de tocarle el clítoris y no se retiró hasta que todo eso cesó.

La reina tenía los ojos cerrados y jadeaba intentando regular su respiración después de esa increíble follada. Relamió sus labios y gimió con sensualidad cuando el miembro abandonó su cuerpo. Luego sonrió ampliamente cuando sintió los labios de David en su vientre.

—¿Crees que sepa lo que hicimos? —preguntó con los labios sobre la suave piel y mirándole con expresión divertida.

—No —respondió riendo por la ocurrencia de David.

Después se movió deslizándose hacia arriba para poderse recostar. Él no tardó en tomar lugar enseguida de ella colocándose de lado para poderla mirar de frente.

—¿Estuvo bien? —preguntó cuando la vio cerrar los ojos y soltar un largo suspiro.

—Pero por supuesto que ibas a preguntar —negó con la cabeza y luego se acomodó también de lado para tenerlo de frente.

—Me preocupa tu libido —se excusó con una media sonrisa.

—Eso es muy encantador de tu parte —dijo Regina arrugando la nariz.

David colocó la mano izquierda sobre la preciosa pancita, le empezó a acariciar y a los pocos segundos levantó la mirada para encontrarse con los bellos ojos de Regina mirándole fijamente.

—Me es difícil explicar lo que saber que este hijo sí es mío me hace sentir —le confesó.

La reina alargó la mano derecha para acariciarle la mejilla izquierda provocando que David cerrara los ojos, que inhalara y exhalara largamente. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro y bajó la mano acariciándole el hombro, recorriendo el brazo hasta alcanzar la mano sobre su vientre.

Al Rey le parecía maravilloso ese momento, estar así con Regina, los dos desnudos después de tener intimidad y con sus manos juntas en el lugar donde crecía el bebé de ambos. Era hermoso y quería memorizarlo para atesorarlo en el corazón por siempre.

—Y puede que esté muy dolido, tal vez hasta confundido y lleno de sentimientos que no son precisamente buenos por lo que acaba de pasar —alzó la mirada para fijarla en la de ella —Pero tengo muy claro que te quiero, Regina —le sonrió cuando vio la sorpresa reflejada en los bellos ojos —Sé que suena ilógico dada nuestra historia —tomó la delicada mano de la reina con la suya —Y la verdad es que no sé cómo le hiciste, pero te has convertido en mi entera adoración —y de pronto, tuvo los labios de la reina sobre los suyos, dándole un beso cargado de sentimiento.

—También te quiero —susurró contra los entreabiertos labios de David y le miró a los ojos encontrando emoción, pero también tristeza y quizá hasta preocupación.

—A lo único que le temo es a hacerte daño —confesó en voz baja y la vio alejarse un poquito de él frunciendo el ceño por lo que procedió a explicar —Con lo que sucedió, que se supone que ella es mi amor verdadero, me da miedo no ser capaz de… —pero Regina puso una mano sobre su boca para que dejara de hablar.

—No te estoy pidiendo nada —repitió lo que le dijo antes de irse a la cama con él. Se sentó y David hizo lo mismo —Sé que lo que acaba de suceder es muy doloroso para ti. No sé qué vaya a suceder entre nosotros, pero quiero vivirlo simplemente —alargó las manos para tomarle del apuesto rostro y jalarlo hacia ella para besarle con algo de arrebato y pasión, pero también con todo ese bello sentimiento que tenía por él y que crecía día con día junto con su pedacito bello —Sin prisas —le sonrió con ternura y acarició con su nariz la de David con cariño.

Ni siquiera sabía por qué le estaba diciendo eso. Quizá era su enamorado corazón que la estaba llenando de renovada esperanza de que un día pudiera llegar a tener lo que siempre soñó.

—Gracias —susurró David con ojos cerrados y una sonrisa en los labios.

—¿Por qué? —preguntó Regina acariciándole con los pulgares las mejillas. Él colocó sus manos sobre las suyas y comenzó a acariciarle de la misma forma en que ella lo hacía.

—Por darme una oportunidad a pesar de mis errores —se relamió los labios y soltó un suspiro.

—Si tú piensas eso, imagina cómo me siento yo —se mordió el labio inferior y quitó sus manos de las mejillas de David para llevarlas hasta su vientre —Cuando ustedes vinieron a detenerme —comenzó a decir con la mirada en su pancita que ahora acariciaba —Yo ya había decidido no lanzar la Maldición —confesó y alzó la mirada buscando la de él. Lo vio abrir la boca para decir algo, pero ella continuó —Para lanzarla debía sacrificar el corazón de lo que más amo y no, yo no... —cerró los ojos con dolor y luchó contra las ganas de llorar que de pronto la invadieron.

David entendió perfectamente lo que trató de decir e inmediatamente la envolvió en un abrazo firme y amoroso. Besó su coronilla y apoyó la mejilla derecha ahí.

—Ya. Nada pasó. Todo está bien —susurró cuando la escuchó sollozar y le acarició la espalda con las manos tiernamente mientras él mismo trataba de apaciguar la sensación de horror que el pensamiento le causó, pero al mismo tiempo estaba sorprendido por esa información. Es decir, ellos fueron para detenerla sin saber que ella ya no estaba planeando destruir los finales felices porque si hubiera sido así, no hubiera dudo en correr a decirle a Snow que estaba esperando un hijo de él.

La reina inhaló y exhaló un par de veces para tranquilizarse mientras seguía contra el cálido pecho del Rey y con sus brazos acunaba su pancita abrazándola porque el sólo pensamiento de lanzar la Maldición le parecía inconcebible siendo que llegó a ser su más grande anhelo gracias a su sed de venganza. Ahora le dolía profundamente si quiera pensarlo y sabía que era incapaz de hacerlo.

Abrió los ojos de golpe cuando escuchó un extraño gruñido proveniente del estómago de David. Se hizo hacia atrás para verlo a los ojos y se encontró con que el Rey tenía un tenue sonrojo en las mejillas.

Mientras él pensaba que su estómago no pudo encontrar momento más inoportuno que ese para hacerse escuchar y no pudo evitar sentirse ligeramente avergonzado, sobre todo cuando ella le miró.

—Tienes hambre —afirmó la reina y una pequeña risa se le escapó.

—Sí —admitió asintiendo —¿Y tú? —preguntó.

—No amanecí con mucho apetito —arrugó la nariz poquito al decir eso.

—Eso no importa. Tienes que comer. Estás embarazada —dijo mientras se movía para bajarse la cama y le ofrecía una mano para ayudarla a hacer lo mismo —Estoy seguro que el bebé sí tiene hambre —dijo mientras ella negaba con la cabeza y ponía los ojos en blanco. David le soltó de las manos, puso las suyas sobre la bella pancita y se agachó a esa altura de la reina —¿Verdad que sí, pedacito bello? —. Dejó un beso pronunciado ahí —Dice que sí —le informó cuando se alzó.

—Claro que no. Ni siquiera se movió —dijo mientras empezaba a caminar hacia el cuarto de baño.

—¿Vas a tomar un baño? —preguntó el Rey con interés mientras veía la hermosa figura de Regina embarazada de espaldas.

—Así es —respondió sin voltearse.

Dios… ese trasero, ese divino y perfecto trasero encendía en él su más bajo instinto y pasión. Caminó a paso decidido tras ella que se quedó en la puerta. Se acercó lo más que pudo y la tomó de las caderas.

—¿Qué haces? —le preguntó con actitud divertida y por respuesta tuvo los labios de David sobre los suyos, apoderándose de su boca en un beso apasionado por lo que colocó sus manos sobre el amplio pecho.

—¿Está mal que me excite verte desnuda y embarazada? —preguntó fingiendo angustia y ella comenzó a reír de una forma tan linda que el Rey sintió su corazón inundarse de felicidad.

—Eres un pervertido —lo besó con ternura —Pero me gusta —le dijo coqueta y él sonrió ampliamente. Se mordió el labio inferior al sentir el miembro semi erecto contra su pancita y le miró con seducción —Mejor vete antes de que terminemos otra vez en la cama —lo dijo con toda la intención de provocarlo con esa posibilidad y supo que tuvo éxito, porque los ojos de David se encendieron brillando con intensidad —Hablando de eso. Creo que deberías preguntarle a tu amiga la polilla qué es lo que trama, porque no fue casualidad que terminaras en mi cama anoche —le besó de nuevo en los labios y después se dio la vuelta para entrar al baño dejando a David en la puerta con esa pequeña intriga.


Impulsado por las palabras de Regina el Rey buscó por todo el Castillo a Azul e inclusive llegó a perderse pues no conocía el castillo. Sin embargo no la encontró por ningún lado por lo que tuvo que desistir de hablar con ella en ese momento.

Regresó a la habitación por la reina que ya estaba debidamente vestida y arreglada con una mueca hermosa de fastidio en el bello rostro porque la habitación estaba encantada y todo lo que quería o pedía aparecía y desaparecía según sus deseos. Y eso en vez de ponerla de buen humor la irritaba porque era la magia de la polilla y ella no tenía la suya.

David dejó que se desahogara, la escuchó atento y la abrazó amorosamente cuando considero que era necesario. Le hizo feliz darse cuenta que fue oportuno porque Regina correspondió al abrazo refugiándose entre sus brazos y fue hermoso sentirla relajarse contra su cuerpo.

—Gracias —murmuró mirándole brevemente un par de veces con ligera timidez porque no era algo que acostumbraba hacer. Aunque claro, tampoco estaba acostumbrada a tener a alguien que la escuchara ni brazos que la reconfortan.

—Debe ser mi día de suerte —dijo David acomodando un mechón del largo cabello tras la oreja de Regina que le miró esta vez con atención —Tuvimos sexo y ahora me das las gracias —agachó la cabeza para besarla en los labios —Es un milagro —le alzó las cejas un par de veces.

—Disfrútalo —dijo Regina —Porque no sé cuándo se vuelva a repetir —se le acercó como si le fuera a besar, pero sólo le sonrió y empezó a caminar hacia el largo pasillo por donde se salía de su habitación.

David se dio la vuelta sorprendido con los brazos extendidos hacia los lados mientras la veía alejarse con elegancia.

—¿Lo de darme las gracias o tener sexo? —preguntó preocupado —¡Regina! —se apresuró tras ella al ver que no se detuvo.


La noticia de que la Reina Malvada estaba esperando un hijo del Rey no se hizo esperar y se esparció con rapidez por todos los rincones del Reino Blanco. Ninguna aldea quedó ajena a la impactante novedad.

Fue así como aquellos que vieron la caravana real y a David con dirección al Castillo Oscuro lograron atar cabos y ahora estaban seguros que era la Reina Malvada quien iba en el carruaje.

Sin embargo, toda esa información cruzó por el camino y oídos de los ex aliados del Reino Blanco quienes no se quedaron callados ante la verdad. Fue principalmente Ruby quien se encargó de divulgar que Snow había dado a luz a un hijo que no era legítimo del Rey y que había confesado su infidelidad.

—El hijo que Regina espera sí es del Rey —se dedicó a asegurar esa verdad para que no hubiera duda alguna al respecto y que se respetara la decisión de David de abandonar el Reino Blanco e irse con la ex Reina Malvada.

Estaba tan enojada con Snow y con ella misma por no haber visto más allá de las intenciones de su supuesta amiga, que quería forzar que las cosas fueran justas ahora, que si Snow tenía que perder el reino, que ellos mismos le habían ayudado a recuperar, a causa de su traición, de su egoísmo y manipulación, que así fuera.

—Ruby —Granny llamó a su nieta al verla tan empeñada en hacer saber la verdad sin medir las consecuencias —Hija, calma —le pidió cuando esta le puso atención —Puedes provocar que vayan tras David y Regina —habló bajito para evitar que alguien más le escuchara.

—No será así —replicó decidida la joven lobo y entonces empezó a contar también que, durante todo ese tiempo, era en realidad Regina quien había estado conduciendo el reino y que había renunciado a su magia por amor al bebé que esperaba.


Poco antes de mediodía una cantidad considerable de aldeanos escandalizados por las noticias, entre ellos los de estatus reconocido, estuvieron en las puertas del Castillo Blanco exigiendo ver a la Reina Snow para que confirmara o desmintiera los rumores que se estaban corriendo.

Azul estuvo ahí desde antes que el sol saliera pues sabía muy bien que eso tenía muchas posibilidades de ocurrir.

Snow moría de ansiedad al saber que querían hablar con ella pues estaba al tanto de que conocían toda la verdad y no sabía cómo hacerle frente. Se pasó la vida entera escudándose tras su discurso de bondad, heroísmo, honestidad y buenas intenciones, y después de lo que hizo no veía cómo evadir las consecuencias de sus acciones.

—Debes hacerlo —le dijo Azul con un tono que no dejaba lugar a alguna objeción.

La ex princesa la miró con ojos grandes llenos de angustia mientras que, detrás del hada, estaba Lancelot junto a la cuna donde el bebé de ambos dormía. Le asustaba pensar en lo que sucedería cuando ella afirmara todos los rumores. Ahora estaba sola a cargo del reino con un hijo recién nacido y un hombre que no estaba seguro de amarla, aunque ella se sentía igual respecto a él.

Pero lo que más le aterraba es que la odiaran por haber engañado al reino de esa forma y entonces decidieran ir en búsqueda de David para convencerlo de mandarla a la horca por la traición que había cometido. Después de todo él era el Rey gracias a que ella decidió nombrarlo como tal.

—Lo que debemos hacer es arrestar a Ruby y a los demás para que no sigan diciendo esas… cosas —murmuró insegura mientras retorcía los dedos entre sus manos. Estaba algo aturdida porque la situación se le había salido de las manos de la noche a la mañana y eso le hacía pensar en medidas desesperadas.

—Snow —el hada se le acercó —, entiendo que estés asustada, pero que los ex aliados estén contando la verdad no es motivo para encerrarlos —habló con dureza viendo que la ex princesa apretaba la mandíbula en un claro indicio de estarse conteniendo —Es primordial que le hagas frente a la situación y que tomes el mando del reino como es tu deber porque de no hacerlo se podría desatar una guerra —advirtió.

—Tú me convenciste de dejar que Regina se hiciera cargo del reino para yo no tener que preocuparme por nada y dijiste que todo saldría bien —acusó a Azul recordándole que fue su idea. Ella no tenía la culpa de eso.

—Así es, pero olvidaste decirme que era muy probable que el hijo que esperabas no fuera de David —fue muy firme al hablar y vio a la ex princesa agachar la cabeza. Tal parecía que se sintió incapaz de sostenerle la mirada.

—Haz lo que el hada dice —pidió Lancelot atreviéndose a intervenir. Lo estuvo dudando, pero lo último que Snow dijo logró convencerlo —¿O es que acaso quieres que el bebé viva una guerra? —le miró con reproche pues no podía creer que estuviera pensando primero en ella misma y no en el pequeñito que debía ser ahora la prioridad de ambos.

—¡No! —exclamó a la defensiva y se acercó también a la cuna. Miró con detenimiento a su bebé que dormía. Alzó la mirada encontrándose con la de él, el hombre con el que se atrevió a serle infiel a su amor verdadero el mismo día en el que contrajeron nupcias. El mismo que no dudó en ir hasta ella cuando le reveló que había tenido un hijo suyo —Lo haré por él —aseguró con su habitual voz esperanzada y bondadosa consiguiendo con ello que el caballero le sonriera agradecido.


Regina no recordaba haber tenido una comida tan maravillosa en esa mesa como la que estaba teniendo con David.

Las doncellas raras les sirvieron varios platillos para que eligieran y parecían muy interesadas en los antojos de la reina por el embarazo, aunque en todo momento se mostraron respetuosas y nada insistentes. Lo hacían de manera sutil de modo a que Regina le resultara agradable.

—Insisto. Es muy poco lo que has comido —dijo David bebiendo un poco del vino que le sirvieron.

—Es exactamente lo mismo que comía en el otro Castillo y nunca te pareció que fuera poco —objetó limpiándose con elegancia la comisura de los labios con una fina servilleta color gris oscuro que hacía juego con el vestido que portaba.

Era largo, con mangas de encaje transparente del mismo color, un escote provocativo y tentador, el largo y hermoso cabello en un elegante moño hacia un lado.

Regina abrió los ojos grandes con sorpresa cuando frente a ella colocaron un tazón lleno de fruta con queso bañado en miel. Sin perder tiempo tomó una cuchara, agarró un poco para llevarlo hasta su boca y el efecto fue inmediato.

Cerró los ojos mientras gemía al disfrutar del exquisito y casi delirante sabor que le traía una satisfacción indescriptible. Los abrió y ahí estaba él, mirándola con firmeza, pero al mismo tiempo como si quisiera abalanzarse sobre ella.

—¿Todo bien? —preguntó Regina con una media sonrisa hermosa y malvada a la vez.

—Sabes que no —respondió de inmediato poniéndose de pie.

La reina no le despegó la mirada mientras le veía acercarse a ella. Le colocó la mano izquierda sobre la mejilla derecha y se inclinó para capturar sus labios en un beso hambriento lleno de deseo.

—Sabes muy bien lo que provocas en mi cada vez que haces esto —la besó ahora apasionadamente —Por eso lo haces —la acusó.

—¿Y qué piensas hacer al respecto? —preguntó Regina contra los labios de David, jadeante y con una sonrisa deslumbrante dibujada en el bello rostro.

—Tengo algunas ideas en mente —le dio un pequeño beso y ella soltó una pequeña risa. El Rey recargó su nariz contra la mejilla izquierda de la reina —Dios, cómo voy a amar esto —su voz sonó profunda haciendo evidente la excitación de la que estaba siendo preso.

—¿Qué? —preguntó divertida, jugando un poco con la situación que estaba disfrutando como nada y que ansiaba que durara lo más que fuera posible pues se sentía como no pensó que volvería a sentirse nunca más: feliz.

—Que no haya nada ni nadie que me impida decirte lo mucho que te quiero —se fue ahora contra el cuello de Regina quien soltó un pequeño jadeo mientras ladeaba un poco la cabeza dejándole besar sin restricción —Lo mucho que te adoro —siseó contra la suave piel —Lo mucho que te deseo— arrastró los dientes un poco y la escuchó suspirar —Lo caliente y duro que me pones ante la más mínima y sutil provocación —habló desde lo más profundo de su garganta y entonces las delicadas manos tomaron su rostro y los tersos labios se estrellaron con los suyos en un beso sumamente apasionado y lleno de fuego.

—A la habitación —dijo Regina casi sin aliento mirando con intensidad a David quien asintió haciéndose a un lado para permitirle ponerse de pie.

Se tomaron de la mano y comenzaron a caminar hacia los aposentos reales que eran ahora de ambos. Se detuvieron en uno que otro rincón para volverse a besar con arrebato, las manos del Rey apoderándose de las preciosas y perfectas nalgas de la reina para apretarlas a su antojo ganándose hermosos gemidos que morían en su boca.

Recorrieron el largo pasillo que llevaba directamente a la habitación entre risas y manos traviesas que sólo lograban que ambos no aguantaran más la excitación, las ganas y el deseo.

En especial Regina quien seguía sin poder concebir que el embarazo mantuviera su libido tan alto.

Siguieron con los besos arrebatados mientras las manos de ambos estaban sobre las ropas del otro buscando quitarlas. La reina logró abrir la camisa con rapidez y no perdió tiempo acariciando la piel expuesta mientras que él le bajaba la cremallera del elegante vestido que portaba.

—Odio no tener magia —Regina se quejó entre jadeos y besos húmedos pues si la tuviera ya estarían desnudos y follando.

—Lo sé —dijo David mientras le bajaba el vestido hasta que quedó a los pies de la reina. Sus manos se apoderaron de los preciosos senos que apretó con delicadeza para no causar incomodidad y adoró el gemido que Regina soltó. Después se encargó de quitarle la ropa interior volviendo a besarla en cuanto la tuvo desnuda y aprovechó para bajar sus propios interiores —Joder —siseó cerrando los ojos cuando las delicadas manos tomaron su erecto miembro y comenzaron a masajearlo con maestría.

—Muero por tenerte dentro —susurró con sensualidad Regina mirando los oscurecidos ojos azules que le veían con intensidad y que se entrecerraban conforme le estimulaba y oh, cómo le gustaba verlo así, sucumbiendo al placer que ella proporcionaba.

David la tomó de la nuca con la mano izquierda para estampar sus labios con los de ella mientras que la mano derecha viajaba hasta la ardiente intimidad que encontró justo como la esperaba.

—Estás empapada —gimió gustoso al tiempo que los tersos labios de Regina le besaban la mandíbula bajando un poco hacia el cuello y las delicadas manos terminaban de sacarle la camisa.

Retrocedió haciendo que la reina avanzara siguiendo la dirección que él marcaba. La tomó entre sus brazos y giró con toda la intención de recostarla.

—No —le detuvo colocando ambas manos sobre el amplio pecho y lo rodeó haciendo que David girara de nuevo quedando de espaldas a la cama —Quiero estar arriba, encantador —lo empujó y él rio emocionado colocándose de inmediato sobre el mullido colchón.

Regina le siguió, subiendo con delicadeza y elegancia a pesar de la urgencia que sentía y es que la bella pancita le restaba agilidad. Se colocó sobre el escultural cuerpo masculino y de inmediato las maravillosas manos estuvieron sobre su cuerpo que estaba caliente. Le acariciaron el vientre, bajaron a sus caderas donde una la aferró y la otra bajó hasta alcanzar su ardiente intimidad de nuevo haciéndola estremecer.

David movió sus propias caderas al verla cerrar los ojos al tiempo que sentía entre sus dedos la excitación de Regina que ahora comenzaba a respirar más pronunciadamente mientras mecía las perfectas caderas con aparente parsimonia, pero estaba seguro que ella se encontraba igual que él: ansiando como nada unir sus cuerpos.

La reina gimió bajito cuando los hábiles dedos jugaron un poco son su duro clítoris y después, oh Dios, entraron en ella provocando que abriera la boca y soltara un gemido más audible porque se sentían maravillosos ahí dentro, acariciando con maestría, estimulando con precisión haciendo con ello que el placer aumentara, que todo a su alrededor comenzara a desaparecer y no existiera nada más que los dedos del Rey llevándola al tan ansiado orgasmo.

Algo que no tardó mucho tiempo en suceder. Regina estampó las manos sobre el pecho de David, le encajó las uñas en la piel y lo escuchó sisear con ardor. La mano en su cadera apretó de forma deliciosa y la punta del erguido miembro acarició su vientre mojando un poco con el líquido preseminal.

Entonces el cuerpo le empezó a temblar de pies a cabeza y Regina estuvo segura que dejó de respirar por un segundo que le pareció una eternidad hasta que por fin pudo agarrar aire con algo de desespero y de inmediato intentó regular la respiración. Sonreía mientras se seguía estremeciendo por los deliciosos espasmos que aun la atacaban.

—Me encanta cuando te vienes —dijo David en una mezcla de jadeo y gemido deseoso que también se escuchaba necesitado.

La reina abrió los ojos al escucharlo, fijó su mirada en la azul profundo y penetrante de él. Se irguió apoyándose en las rodillas sobre el colchón, agarró el palpitante y turgente miembro el cual acarició por unos segundos. El apuesto rostro estaba lleno de ansiedad y excitación, y sin apartar sus ojos de los de él ni un momento, colocó la húmeda punta en su sexo.

A los dos les pareció una eternidad lo que en realidad fue tan solo un instante. Regina empezó a descender envolviendo con su suave interior la palpitante longitud de David. Ambos estaban tan calientes que la sensación de la unión era ardiente y abrasante.

La reina se apretó involuntariamente alrededor del duro miembro y el Rey gimió gustoso mientras le acariciaba los muslos subiendo luego al redondito vientre donde crecía el pedacito bello de ambos. Su único y verdadero hijo.

Impulsada por el deseo y las ganas de llegar de nuevo, Regina, que tenía ambas manos apoyadas en los muslos de David por detrás de sí misma, comenzó a mecerse sobre él, saboreando la exquisitez del duro y palpitante mástil dentro de ella.

Abrió los ojos cuando sintió las gentiles manos sobre sus senos, apretando un poco y después jugando con sus erectos pezones.

—Más —susurró su petición con erotismo volviendo a cerrar los ojos dejándose llevar por la maravillosa sensación junto la respiración pronunciada de David que sólo la prendía más.

El Rey se concentró en estimular ambos pezones que en un momento deseó tener en su boca, pero que dada la posición no era posible. Aun así no defraudó a la que ahora era la dueña de sus pensamientos y aspiraciones.

Jamás lo hubiera pensado y se habría reído a carcajadas de todo aquel que le dijera que algún día estaría así con Regina.

Cerró los ojos y se mordió el labio inferior cuando la bella reina se empezó a balancear con un poco más de intensidad. La estimulación en su miembro era exquisita. Se atrevió a jalar un poquito el pezón izquierdo mientras que su mano izquierda le volvía a acariciar con ternura el vientre en un interesante contraste de sensación que Regina pareció disfrutar pues dejó escapar un hermoso gemido, después abrió los hermosos ojos y le miró con tal intensidad que por un segundo se sintió intimidado por tanta majestuosidad.

—Sigue —le alentó volviendo a cerrar los ojos. —Aaah —gimió gustosa cuando las manos cambiaron de posición y su otro pezón fue jalado.

—Joder, Regina. Eres demasiado —siseó con ardor el Rey, totalmente excitado, y en su desesperación no pudo evitar llevar ambas manos hasta el perfecto trasero de la reina y apretarle las nalgas haciéndola gemir de nuevo.

Y entonces no pudo más, la empezó a jalar hacia él para aumentar el ritmo que Regina había impuesto. Algo que fue muy bien recibido pues la reina sincronizó de inmediato los movimientos.

—Yo también quería esto, encantador —jadeó casi sin aliento pues estaba muy cerca ya del orgasmo, pero quería decirle eso.

—¿Eh? —estaba tan excitado y cerca del orgasmo que no podía pensar con claridad. Apretó los ojos buscando aguantar aunque fuera un poco más, sobre todo porque quería escucharla y también que se viniera junto con él o antes.

—Follar contigo sin descanso —esta vez colocó las manos sobre el pecho del Rey. —Anhelaba tanto estar así —se relamió los labios —Tenerte dentro. Te sientes tan bien así, muy dentro de mí —susurró y volvió a cerrar los ojos —¡Oh, David! —exclamó con desespero mientras se movía con más violencia sobre él —¡Quiero seguir hasta que no pueda más! —dijo pues el ardor y el placer la estaban sobrepasando. —¡Aaah! —dio un grito placentero cuando le fue soltada una nalgada que se escuchó con claridad en medio de la amplia habitación. —Por favor —pidió sin dejar de moverse y el rostro se le contrajo en una hermosa mueca de placer y dolor cuando le fue dada otra deliciosa nalgada a la cual le siguieron otras tantas.

No se limitó a expresar lo mucho que le gustaban y no le importaba que David fuera testigo de ello, se sentía segura con él.

—Oh, voy a venirme —jadeó desesperado el Rey y de inmediato llevó una mano hasta el centro de la reina para estimularle el hinchado clítoris al tiempo que empujaba contra Regina también —Vente. Vente, por favor —le pidió pues no quería llegar sin ella.

Fue instintivo llevar una mano hasta la muñeca de la mano de David que empezó a tocar su botón de placer. Las lágrimas que estaban agolpadas en sus ojos por el placer de las nalgadas corrieron por sus mejillas y la estimulación la hizo sollozar ahogado por el vigor con que se movían los dos.

El orgasmo llegó arrasante para ambos. Sus cuerpos comenzaron a temblar con intensidad. La suave, húmeda y ardiente intimidad de Regina se apretó con excesiva fuerza sobre el palpitante, hinchado y duro miembro de David que de inmediato empezó a eyacular ahí dentro.

Las grandes manos apresaron las perfectas caderas de la reina para sostenerla y evitar que cayera.

—Ohhhh —el Rey soltó un gemido gutural con fuerza sintiendo el cuerpo tenso pero tembloroso. No recordaba haber tenido un orgasmo igual que atacaba con fiereza cada músculo que vibraban repetitivamente.

Había sido alucinante.

Un poco recuperado se percató que Regina seguía sufriendo espasmos por lo que de inmediato trató de bajarla de su regazo para recostarla, pero las delicadas manos le detuvieron agarrando las suyas.

La vio negar con la cabeza y la sintió apretarse sobre su miembro. Aparentemente, ella seguía obteniendo placer de esa forma. Fue consciente de que el bello rostro estaba surcado por lágrimas, pero no había ni un sólo rastro de dolor por lo que entendía que eran por el sublime y delirante placer.

Se limitó a acariciar con sus pulgares la porción de suave piel que alcanzaba mientras la veía sobre él. Estaba totalmente embelesado con la imagen tan perfecta de Regina disfrutando de un orgasmo.

—Eres tan bella —susurró su elogio mientras la mecía un poco sobre él. Eso la hizo abrir los ojos y mirarle para luego dedicarle una deslumbrante sonrisa que le dejó boquiabierto.

Regina alzó sus caderas dejando que el aún erecto miembro saliera de su interior.

—Fue espectacular, encantador —dijo mientras ahora ella misma se balanceara acariciando con su húmedo y goteante sexo la sensible longitud del Rey que se estremeció ante el acto.

—Mmmmh —gimió saboreando la estimulación que le resultaba placentera y entonces subió sus manos alcanzando de nueva cuenta el vientre de la reina que acarició con extrema ternura —¡Wow! —exclamó sorprendido mirando a Regina quien le alzó ambas cejas y los dos rieron por el pronunciado movimiento del bebé justo después de que tuvieran sexo.

La reina llevó también sus manos al lugar donde su pedacito bello crecía y fijó su mirada ahí. Las manos de David encontraron las suyas, se miraron a los ojos y se sonrieron de nuevo en un gesto íntimo y lleno de complicidad que ambos estaban aprendiendo a amar.


Azul soltó el aire por la nariz de manera pronunciada en un vago intento por seguir aguantando a Snow. Una parte de ella comenzaba a comprender a Regina en toda esa historia entre ellas. La ex princesa podía llegar a ser verdaderamente insufrible.

Fue mucho más fácil colaborar con ella cuando querían recuperar el reino y detener a la Reina Malvada, pero ahora, muchas actitudes de Snow le parecían poco tolerables.

—Es que no quiero que nadie pueda entrar de nuevo al Castillo —dijo entre molesta y desesperada mientras mecía en brazos a su lloriqueante bebé.

Las personas que fueron a verla para saber sobre los rumores se comportó de manera extraña. Sintió que la juzgaban en cuanto confirmó todo y no le gustaron las miradas, los murmullos y la forma en la que se dirigieron a ella después de saber.

De alguna forma se sintió señalada por su propia gente y le causaba rabia pensar que seguramente David no sería mal visto por su traición ya que sucedió después de la de ella. Ahora ante los ojos de todos era como si él hubiera decidido seguir su vida al saberse traicionado.

Lo peor era que a Regina ni siquiera se le podía señalar por ello. Era como si de alguna forma se hubiese limpiado un poco esa imagen de la Reina Malvada ante todos.

—No me parece que sea correcto que no atiendas a tu pueblo —expresó Azul tratando de hacerla razón, pero la ex princesa negó rotundamente con la cabeza.

—Quizá cuando haya pasado más tiempo, pero no de momento —cerró los ojos con alivio al notar que el pequeño se calmó un poco.

Azul tomó aire y decidió dejar de discutir con la ex princesa sobre ese asunto, había otros mucho más importantes que no podían esperar.

—Debes seguir con el trabajo que estaba haciendo Regina —comentó y sabía que no era algo que tomara por sorpresa a Snow. Al irse la reina, era lógico que ella tendría que hacerse cargo del reino como era su deber.

—¡No puedo! —exclamó algo eufórica y eso hizo que el pequeñito retomara el llanto inicial, como si estuviera molesto e irritado. —El bebé está demandando demasiado tiempo y apenas me estoy acostumbrando. Lo mejor sería buscar un acercamiento con David y pedirle que convenza a Regina para que se hagan cargo de este asunto —estaba hablando con suma rapidez. —Después de todo ellos siguen viviendo en el reino —dijo despreocupada. —¿Dónde está Lancelot? —preguntó porque esperaba que él sí pudiera tranquilizar al bebé.

—No —respondió el hada ignorando la pregunta. Los ojos de la otra se posaron sorprendidos sobre ella —Snow esto no puede esperar. El reino es tuyo. Es tu responsabilidad y si no retomas las negociaciones que Regina estaba haciendo, dentro de poco podríamos estarnos enfrentando a una guerra entre reinos de la cual será imposible salir victoriosos —sentenció.