¡Saludos a todos! En vistas que me da que en dos semanas no voy a tener vacaciones (o, al menos, así lo hemos entendido), toca actualizar aprovechando el poco tiempo libre disponible.
DISCLAIMER: Code Lyoko y Digimon Frontier son de Moonscope y Toei, no de raf-lily o mío. Los pocos personajes originales nuestros, de parecerse a los de otro artista (art o fic), coincidencia/casualidad. Dejad reviews con vuestra opinión sobre el capítulo y la historia en general, pero siempre de forma educada y correcta; cualquier queja a nuestra reacción de no hablarnos bien será directamente ignorada (así que mejor hacer las cosas bien desde el principio).
Capítulo 23: Rescate
Tras asegurar los alrededores varias veces, Gigasmon regresó a la gruta que había cavado donde el grupo entero se ocultaba. Lo que encontró cuando llegó no le gustó nada. En una esquina, Ulrich, William y Takuya intentaban que Koichi dejase de golpear la pared con los nudillos desnudos. No muy apartada, Yumi mantenía su digievolución, abriendo y cerrando los abanicos de un modo que parecía estar empezando a sacar de quicio a Sissi, Odd y Jeremy. En otra esquina, Zoe permanecía echa una bola, encogida en sí misma y ocultando el rostro a todos, incluso a Chiaki, Aelita y Teruo, los tres intentando que la chica hablase.
—Todo asegurado —informó Gigasmon antes de que el digicódigo le hiciera volver a ser humano —. No hay ni rastro de nadie.
—¿Aquí estaremos a salvo? —preguntó Teppei.
—No lo sé —reconoció Katsuharu —. Espero que a KendoGarurumon no le dé por hacer de perro rastreador…
—Estamos bien jodidos si lo hace —suspiró JP.
—¿Realmente era Kouji? —preguntó Tommy.
—Ya le has visto, ha digievolucionado —dijo Emily —. Eso no lo ha hecho ninguno de los otros clones.
—Simplemente quería volver a engañarme —susurró el menor.
—L-lo siento…
—Debemos planear bien el siguiente ataque —dijo alto y claro JP —. No podemos quedarnos aquí sentados a la espera de que ocurra algo.
—¿Y qué esperas que hagamos? —cuestionó con ira Koichi —. ¡Estamos hablando de mi hermano! ¿Acaso olvidas de lo que es capaz?
—No, no lo olvidamos —respondió el del trueno —. Pero…
—¡No hay nada que hacer! —estalló el de la oscuridad —. Si le da la gana, puede usar la doble digievolución y entonces nadie podrá pararle.
—Takuya sí podría —dijo JP.
—No… No podría —intervino Tommy antes de que el gemelo de la oscuridad pudiese replicar —. Recuerda que está el clon de Agunimon entre los enemigos.
—¿Y qué? Yo me ocuparía de él y le daría vía libre a Agunimon para que atacase a Beowolfmon —decidió JP.
—Entiendo la preocupación de Koichi —habló Takuya —. ¿Y si mi clon de pronto también puede evolucionar hasta Aldamon? Simplemente para que yo no pueda entretener a Beowolfmon o para darnos más problemas.
—Oh…
—¿Y qué vamos a hacer? —preguntó Sissi.
—Hay que pensar con más calma —dijo Takuya antes de volverse hacia Koichi —. Con mucha más calma —añadió antes de desviar la mirada hacia Zoe —. Y debemos cooperar todos. Por el bien de Kouji.
La rubia no se movió del sitio. Alzó levemente los ojos, completamente rojos, lo justo para dar a entender que había oído lo dicho, pero nada más.
—Descansad —pidió Salamon —. Encontraremos la forma de rescatarle.
—Vosotros tres —señaló Odd —, dijisteis que no le poseerían.
—Y no lo está… exactamente —negó Lopmon.
—¿Ah, no? ¡¿Y por qué nos ataca?! —preguntó Yumi, incapaz de contener más la rabia.
—Pues veréis, no lo sabemos —empezó Patamon —. Pero sí sabemos una cosa.
—Sigue desprendiendo luz —dijo Salamon —. Algo está afectándole y obligándole a actuar como lo hace, pero sigue siendo luz pura.
—Y no sabéis tampoco qué es ese algo, ¿verdad? —preguntó Gaomon.
—Pues no —corearon los tres bajando sus orejas —. Lo sentimos…
—Hacéis todo lo que podéis —dijo Bokomon —. Al fin y al cabo, solo sois tres digimons de nivel infantil que ven las batallas desde mucha distancia.
—Si pudiésemos luchar nosotros también… —dijo Lopmon antes de caminar hasta Koichi —. Ojalá pudiese ayudarte más…
—No es culpa tuya —respondió el chico, intentando no soltar su rabia contra el pequeño digimon a sus pies.
—Kouji volverá con nosotros, ya lo veréis —dijo Patamon, volando hasta Yumi y cayendo en sus brazos —. Lo sé, su luz es más fuerte que la oscuridad.
—Sólo tenemos que encontrar aquello que le afecta y quitárselo —Salamon corrió hasta Zoe —. Si lo deseas, podrás conseguirlo. Todo saldrá bien.
Poco a poco, los chicos fueron recuperándose de la sorpresa por la presencia del auténtico Lobomon en el campo de batalla. Sintiéndose seguros en la gruta de Gigasmon, decidieron pasar el resto del día allí, recuperando energías para, una vez más, enfrentarse al grupo de súbditos de Xana-Lucemon y recuperar al guerrero de la luz de sus garras.
...
BlackKazemon estaba eufórica. No sólo había superado con notoriedad a Kazemon en el combate, sino que la presencia de Lobomon junto a ella hacía más llevadera la estancia en aquel lugar de mala muerte que era la Rosa de las Estrellas.
—¡Hoy prepararé yo la comida! —decidió mirando al lobo blanco —. ¿Qué te parece pasta? ¡Se me da muy bien!
—Estoy seguro que se te da bien cualquier cosa —respondió el otro.
—Oh, por favor —murmuró BlackRanamon.
El clon del agua se detuvo en sus pasos, siendo completamente ignorada. Otra vez, la extraña sensación en su interior le obligó a desviar la mirada de aquellos dos y a caminar en otra dirección. Se sorprendió de pronto apretando los puños con rabia.
—¿Qué me está pasando? —susurró algo preocupada —. ¿Por qué me siento así?
Cogiendo aire con algo de dificultad, BlackRanamon avanzó por el pasillo hasta toparse con un cuerpo que no había visto aparecer. Cayó al suelo de espaldas, algo adolorida.
—¡Oye! ¡Ten más…! —empezó a gritar, pero algo se heló en su interior.
Una siniestra figura la miraba fijamente mientras los ojos de su oscura armadura apuntaban en una dirección. Retrocedió desde el suelo, asustada ante esa imagen tenebrosa, hasta dar con algo que la ayudase a levantar. El otro no hizo nada por ayudarla. Una vez en pie, dio media vuelta y echó a correr en otra dirección mientras algo nuevo surgía en ella con un nombre claro: el miedo.
...
La luz del sol ya golpeaba el suelo cuando Gigasmon abrió de nuevo un enorme agujero por el que hacer salir a todos con comodidad. Zoe arrastró los pies fuera al exterior, su mente aún sumida en el caos de sus pensamientos. Por delante de ella podía ver a Koichi; el chico desprendía un aura oscura que atemorizaba aun sin estar digievolucionado. Mil pensamientos más cruzaron su mente al tiempo que un escalofrío la recorría de la cabeza a los pies. Negó con fuerza e intentó quitarse las imágenes de la mente antes que alguien descubriese sus temores.
—Ya sabéis cuál es el plan —dijo Takuya —. Ante todo, no le deis motivos a Lobomon para digievolucionar más allá de KendoGarurumon.
—¿Funcionará? —preguntó Jeremy.
—Debería ser suficiente como para que no aparezca Beowolfmon —dijo JP.
—Dejádmelo a mí —se adelantó Zoe.
—¿Estás segura? —preguntó Koichi, acercándose a ella y tomándola de los hombros.
—Tenemos que ponernos en el peor escenario posible, y ése es la presencia del clon de la oscuridad. Tu clon —señaló —. La bruja malnacida de BlackKazemon no se separa de Lobomon, incluso le deja a él hacer el trabajo sucio mientras ella se queda sentada.
—Pero Lobomon es… —intentó decir Tommy.
—Sé que Lobomon podría superarme —aceptó la rubia —. Pero yo puedo volar y él no. Es una ventaja que aprovecharé al máximo.
—¿Estás segura? —preguntó Takuya.
—Sí —asintió. Todos asintieron, salvo Koichi y Yumi, que no pasaron por alto el rastro de duda tras la afirmación de la chica.
—Vamos pues a buscarle —dirigió Takuya.
Atraer al grupo de soldaditos de Xana-Lucemon no resultó complicado. Quince minutos después de que Aelita desactivara una torre de paso en una arboleda poco densa, el grupo en el que se encontraba Lobomon apareció ante ellos listos para interceptar cualquier intento de desactivar nuevas torres. Para sorpresa de los recién llegados, el grupo entero estaba digievolucionado y listo para atacar. Un único vistazo le bastó a Loewemon para ver que el clon de la oscuridad volvía a no aparecer en la batalla.
—¿Es que no has tenido suficiente, criaja tonta? —preguntó BlackKazemon, cruzada de brazos.
—¡Brisa de pétalos!
—¡Oye! ¿Quién te crees que eres? —protestó la oscura.
—¿Estás bien? —le preguntó Lobomon. Kazemon se obligó a morder las mejillas con fuerza.
—Acaba con ella, por favor —pidió antes de alzar el vuelo y apartarse.
—Enseguida.
Libre de clones, Loewemon alcanzó a Kazemon y alzó su escudo ante ambos justo a tiempo para evitar uno de los disparos de Lobomon. El lobo blanco sonrió con malicia antes de empuñar uno de sus dos sables de luz.
—Es demasiado rápido —protestó el de la oscuridad después de cinco minutos intentando encajar un golpe.
—Cierra huecos demasiado rápidamente —dijo Kazemon, desviando la mirada justo para ver a BlackKazemon incordiando a Mercurimon y a Beetlemon.
—Si pudiésemos despistarle…
—Creo saber cómo. Retenlo un poco más —dijo alzándose sobre ellos —. ¡Brisa de pétalos! —gritó, volteándose en el aire y lanzando el ataque contra su clon.
—¡NO! —chilló BlackKazemon, cayendo varios metros lejos de los otros dos guerreros.
—¡Meteoro final! —atacó Loewemon, alcanzando al fin al guerrero de la luz, despistado por el ataque contra el clon del viento.
—¡¿Cómo te atreves a atacarme?! —estalló el hada oscura —. ¡Lobomon, cambio de planes! ¡Mátala ahora mismo!
—Como desees.
—¡Lobomon, no! —exclamó Loewemon, lanzándose contra su hermano e intentando retenerle en el sitio —. ¡Reacciona, maldita sea! ¡Tú no eres así!
—Apártate de mi camino si no quieres acabar mal —dijo zafándose del de la oscuridad y caminando peligrosamente hacia una Kazemon aún volando.
—Lobomon, no lo hagas —pidió el hada vigilando de reojo la posición de su clon. Suspiró algo aliviada al ver a los otros dos volviendo a lanzarle ataques.
—Baja aquí, cobarde, no hagas esto más difícil para ti —señaló el lobo blanco.
—¡Loewemon, detrás de ti! —chilló Agunimon.
Ante Kazemon, la versión oscura del guerrero de fuego se abalanzó contra Loewemon, seguido de cerca por Agunimon pero claramente lejos de salvar al de la oscuridad de un golpe. Fastidiada, sólo pudo ver cómo ambos compañeros se veían obligados a alejarse de allí, dejando a Lobomon ante ella listo para atacar.
—Por favor, Lobomon… Has de despertar —pidió alzando los brazos ante ella.
Sin decir nada, el de la luz se lanzó contra ella con el sable por delante. Kazemon se alzó un par de metros más antes de moverse hacia un lado esquivando el salto del otro. La risa de BlackKazemon le llegó alta y clara desde un costado, encendiendo la ira en el hada del viento.
—¡Kouji! ¡Sé que sigues siendo tú el que está ahí dentro! —chilló antes de lanzar una ráfaga de aire con la que intentar frenar su avance —. ¡Sé que estás luchando, lo sé! —gritó negándose a rendirse ante la fuerza del otro —. Todos estamos contigo… Todos queremos que vueltas… Tu hermano, tu prima, tus amigos, yo… —un nuevo intento de cortarla la obligó a apartarse. Aprovechando el hueco abierto, se lanzó sin pensar —. ¡Tormenta rosa! —tras varias patadas, aprovechó el cuerpo del otro para apartarse, desequilibrándolo en el camino —. Por favor, Kouji, has de regresar… Yo…
—¡Bala de luz!
A cada vez más distancia, Loewemon acertó una patada en la mandíbula del clon de fuego, tropezando a su vez al intentar apartarse y dar la vuelta rápido.
—¡Ya te tengo, granuja! —exclamó Agunimon, atrapando del pelo al clon y alejándolo del de la oscuridad —. ¡Vete a por Lobomon!
—¡Enseguida!
Recuperando su lanza por el camino, Loewemon echó a correr buscando a Kazemon. Sin embargo, por más que miraba a todos lados, no veía al hada por los cielos.
—¡Agáchate! —chilló Odd antes de disparar varias flechas contra un par de avispas que habían seguido a Loewemon —. De nada.
—¿Dónde está Kazemon?
—Pues…
—¡La he sentido a mi izquierda! —respondió Sissi intentando apartar a varios Bakemons con su látigo —. Oh… —susurró antes de echarse a reír.
—¡Sissi! —chilló Floramon, corriendo a proteger a la chica.
—¿Qué te pasa ahora? —preguntó Odd —. ¿Dónde está el chiste?
—Vale, esto no se ve todos los días —dijo Loewemon. A su lado, Odd silbó.
—¡¿Qué hacéis ahí parados?! —chilló Jeremy.
—¡Eso! ¡Vuestros clones son una molestia! —protestó Labramon.
—Al parecer, a Loewemon le ha salido una cuñada —señaló Sissi.
—¿Una cuñada? ¿Qué? ¿Ésa no es Kazemon? ¡¿Y qué hace besando ahora a Lobomon?! —preguntó Jeremy.
—¡BRUJA ASQUEROSA! ¡ALÉJATE DE MI LOBOMON! —chilló BlackKazemon.
BlackRanamon fue la primera en detenerse de los clones, haciendo un gesto rápido por el cual absolutamente todos los clones y digimons de tipo virus que quedaban en el lugar se detuvieron. Más de un murmullo se dejó oír entre el grupo de niños elegidos y sus digimons, así como alguna risita. Ordenó la retirada a los demás y empezó a acercarse hacia el hada oscura y el lobo blanco paralizado a un lado de ella dispuesta a tirar de ellos o cargarlos en una burbuja enorme de agua.
—¡ERES UNA MALDITA ZORRA! ¡FRESCA! —gritó BlackKazemon, lanzándose echa una furia contra la guerrera del viento y golpeándola repetidamente.
—¡Suéltame! —intentó zafarse la otra, pero el clon logró tirarla al suelo.
—¡MERECES MORIR, MALDITA RATA! ¡¿QUIÉN TE CREES QUE ERES PARA BESAR A MI LOBOMON?! ¡TE ARREPENTIRÁS DE…! —un tirón en sus alas la apartó de Kazemon. Se volteó, con el puño listo para golpear a quien la había apartado de su presa, pero la visión ante ella la congeló en el sitio —. Lobomon…
—Vete —dijo en un hilo de voz. Su puño izquierdo estaba a escasos centímetros del pecho de la clon.
—Lobomon, querido, yo…
—¡Vete! —exclamó pegando el arma sobre su brazo izquierdo al cuerpo del clon —. No quiero dispararte —dijo.
—Pero…
—¡Hazlo de una maldita vez! —gruñó.
—Vámonos, estúpida —apareció BlackRanamon, estirando de su brazo. Estaba a punto de tomar el de Lobomon, pero una única mirada del digimon la hizo cambiar de opinión —. He dado la orden de retirada, maldita sorda.
—No, no, no, ¡NO! ¡NO PODEMOS DEJAR A LOBOMON AQUÍ! —chilló intentando soltarse.
—Es mayorcito, sabrá salir de ahí —dijo el clon del agua, aunque intuía lo que iba a pasar allí.
—¡LOBOMON! ¡VEN! —gritó BlackKazemon, pero el otro no se movió de su posición.
Los gritos del hada oscura eran lo único que se oía en el lugar. Ante todos, Lobomon se volvió lentamente, el brazo izquierdo levemente alzado y el derecho sobre el arma que cargaba. Arrastrando los pies, alcanzó a Kazemon, aún medio tumbada en el suelo. Absolutamente nadie se atrevió a moverse.
—Me has… salvado —susurró Kazemon.
—Debía hacerlo —respondió el otro.
—¿Por qué?
—No lo sé —respondió antes de que el digicódigo le envolviese. Kouji cayó al suelo respirando agitadamente.
—¡Kouji! —gritó Loewemon, lanzándose hacia el humano sin pensar en nada —. Kouji, ¿estás bien?
—No —respondió débilmente antes de volver a mirar a Kazemon —. Tienes que atacarme.
—¡¿QUÉ?! No, ni hablar —negó.
—¡Hazlo! —exclamó, apartando a su hermano de su lado con un empujón.
—Seguro que hay otra forma de hacer las cosas, primo —se acercó Yumi.
—¿Alguno de vosotros es capaz de extraer digicódigo de otra forma? —preguntó.
—¡Podrías morir! —exclamó Beetlemon.
—Si no lo hacéis, en cuanto me recupere, volveré a la Rosa de las Estrellas —dijo.
—¿Por qué?
—Porque ella está allí —respondió.
Lentamente, Kazemon logró ponerse de rodillas. Apretó los puños en el suelo un par de segundos y se enderezó, alzando lentamente los brazos mientras el viento se aceleraba entre sus manos.
—Brisa de pétalos…
—¡Kazemon, no! —gritó Loewemon, pero el golpe ya había empujado a Kouji y lo había dejado tirado inconsciente.
—¡Uy! ¡¿Pero qué está pasando aquí?! —preguntó Bokomon, apareciendo de detrás de un arbusto.
—¡Es Kouji! —señaló Neemon.
—¿Y por qué le sale digicódigo? —preguntó Bokomon.
—¡Dejadnos ver! —exclamó Patamon, volando veloz hacia el chico caído. Tras él, Salamon y Lopmon también corrieron.
—Este digicódigo es raro —señaló Lopmon —. Hay que quitarlo.
—¡¿Quitarlo?! ¡Eso lo mataría! —exclamó Loewemon —. Kouji, por favor, despierta.
—Si no se lo quitáis, podríamos tener problemas —dijo seriamente Salamon —. ¿Qué vais a hacer? ¿Le ayudaréis o dejaréis que siga con eso?
Más de uno desvió la mirada; Kazemon se puso en pie y caminó lentamente hasta él. Apretando el D-Tector con fuerza entre sus manos, lo adelantó hacia el digicódigo.
—Espíritu corrupto...
—¡Para, Kazemon! —gritó Agunimon, avanzando dispuesto a apartarla.
—¡Detente, Agunimon! —exclamó Patamon. En un instante, los tres pequeños digimons alzaron una barrera cubriendo al hada.
—Chicos, por favor… —pidió Yumi.
—Ha de hacerse —negó Lopmon.
—Pero Kouji…
—No va a desaparecer —negó Salamon —. Confiad en Kazemon.
