¡Hola a todos!
De primeras, pedir perdón por esta gran ausencia. En mi trabajo no me están dando facilidades para nada y cuando tengo un hueco, estoy tan sumamente cansada que me tiro en la cama y me quedo frita. A ver si consigo algo y me cambian el horario para poder actualizar debidamente cada semana.
De segundas, aquí os traigo el siguiente capítulo, para que no os aburráis en este frío fin de semana. Para quienes recordéis la historia de la cuenta de raf-lily, hay algún que otro cambio, así que os recomiendo leerlo para que no os pille por sorpresa después la ausencia o novedad.
DISCLAIMER: Code Lyoko & Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily y a mí; los personajes originales se pueden contar con los dedos de la mano, y si alguno se parece a la obra de otra persona, os animamos a que nos lo digáis (de buenas maneras) para comentar con esa persona sobre dicho personaje. Cualquier mensaje ofensivo hacia la obra, las autoras o los lectores será respondido con el equivalente grado de educación que creamos conveniente (por lo que más os vale ahorraros las molestias si no queréis sentiros mal).
Y ahora ya me callo y os dejo seguir leyendo. ¡Hasta la próxima!
Capítulo 29: Japón
—¿Dónde estamos? —preguntó Sissi, empujando un pie a escasos centímetros de su cara.
—¿Y de dónde salen tantos humanos? —se sobresaltó Jeremy.
—¿Humanos? —respondió JP, mirando alrededor sorprendido. Un fuerte brillo llamó la atención de todos y les preocupó por igual.
—Esto no es el Digimundo… —dijo Patamon.
—Estamos en el mundo humano —finalizó Lopmon.
—Más concretamente, cerca del lugar por el que accedisteis a nuestro mundo —observó Gatomon.
—¿Estamos en Shibuya? —preguntó Yumi, poniéndose en pie y mirando alrededor.
—¿Shibuya?
—¡Bokomon y Neemon! —exclamó Tommy.
—¿Nefertimon y Pegasusmon también están aquí? —preguntó Chiaki, mirando alrededor.
—¿Y nuestros digimons? —preguntó Emily.
—¿Qué tal si primero nos levantamos? Estamos llamando la atención —dijo Kouji.
Todos se apartaron y levantaron del suelo, quitándose el polvo de las ropas y mirando alrededor. La gente siguió caminando a su alrededor, murmurando y señalándoles. El grupo intentaba ocultar a los digimons haciendo un pequeño corrillo.
—No veo a nadie más aquí… —dijo Aelita.
—No están los digimons —dijo William —. Recordad que Dracomon es muy patoso… Y aún no la ha liado.
—Ah, pobre de mí… —suspiró Odd.
—¿Qué te pasa ahora? —preguntó Ulrich.
—Que no voy a tener nunca más a mi bonito Kiwi…
—No me llamo Kiwi —sonó la voz de Labramon.
—Ah… hasta escucho su dulce vocecilla… Mi Kiwi bonito… —suspiró otra vez.
—¡Que no me llamo Kiwi! ¡Y estoy aquí, contigo, siempre! —gritó de nuevo la voz del digimon.
—¿De dónde viene esa voz? —preguntó Jeremy, mirando alrededor mientras Odd seguía lamentándose.
—Aquí abajo, Jeremy —llamó Gaomon —. Tu mano derecha, bájala más… más… ¡Ahí! —exclamó. El chico bajó la vista hasta dar con el D-Tector.
—¡Gaomon! —exclamó viendo al lobo azul saludando en la pantalla. Los otros siete enseguida le imitaron, encontrando en las pantallas a sus respectivos digimons.
—¡Lunamon! ¡Qué sorpresa! —exclamó Aelita.
—¿Cómo es que estáis ahí? —preguntó Yumi.
—Podemos salir, pero es peligroso que nos vean los humanos —respondió Renamon.
—Pero Bokomon, Neemon y los tres ángeles están fuera —dijo Emily.
—Nosotros somos vuestros compañeros y entramos en vuestros D-Tectors, pero ellos no tienen ni compañero ni D-Tector en el que entrar —respondió Mikemon.
—Chicos, dejad de hablar con los "tamagochis" —dijo Takuya, señalando un grupo de curiosos tras ellos.
—Mejor vayamos a un lugar más tranquilo y menos lleno de gente, que la estación está a petar a estas horas —dijo Katsuharu.
Con algo de prisa pero intentando aparentar tranquilidad, el grupo salió de la estación, cubriendo a los cinco digimons entre ellos y asegurándose de que nadie les descubriese, hasta un rincón oculto en un parque.
—Ahora que nadie nos ve… —empezó Sissi, pero su D-Tector brillando la interrumpió.
—Tranquila, Sissi, soy yo —dijo Floramon, apareciendo ante ella —. Quería estar a tu lado.
—Avisa la próxima vez —pidió la chica antes de abrazarla —. Me alegro de que estés conmigo…
—¡Yo quiero abrazar a mi Kiwi también! —protestó Odd alzando el D-Tector. El dispositivo empezó a brillar y, al poco, Labramon esperaba a los pies del chico —. ¡KIWI!
—Odd, por favor, contrólate o tendremos curiosos aquí también espiando y descubriéndonos —negó el digimon.
—No deberíamos salir todos —habló Gaomon desde el dispositivo —. Bastante faena tenéis ocultando a Bokomon, Neemon y los tres ángeles…
—Yo puedo pasar como una gatita normal y corriente… Miaaaau~ —gesticuló Gatomon.
—Mikemon también puede hacerlo entonces, ¿no? —sonrió Emily. La gatita atigrada tardó poco en salir ante ellos.
—Será divertido —rió la digimon, acercándose a Gatomon y poniéndose a maullar junto a ella.
—Labramon también puede pasar por mascota —señaló Aelita.
—¡Ay, qué alegría! ¡Mi Kiwi conmigo! —chilló Odd abrazando al digimon.
—Pero Floramon no puede quedarse fuera —suspiró Sissi.
—Los demás tampoco deberían salir —dijo Teruo —. El más normal podría ser Gaomon y, aun así, llamaría muchísimo la atención.
—¡Yo quiero salir también! —chilló Dracomon.
—No, tú no. Llamas muchísimo la atención —regañó William —. Pero no te preocupes. Cuando nos quedemos a solas, te permitiré salir.
—¿De verdad? ¡Entonces me portaré bien!
—Bueno, vamos a algún sitio a comer algo —dijo Odd cargando con Labramon.
—Pero ¿qué hora es? —preguntó Emily.
—Las… ¿en serio es el mismo día pero quince minutos más tarde? —dijo Jeremy.
—¿Qué? —exclamaron los de Kadic —. ¡Pero si llevamos días y días fuera!
—A nosotros también nos pasó —dijo Takuya —. Al parecer, el tiempo se detiene aquí mientras nosotros estamos en el Digimundo. O, al menos, si avanza, no es mucho tiempo. Eso creo…
—¿Eso crees? —preguntó Aelita.
—Buscábamos a Koichi, no tuvimos mucho tiempo para pensar en cómo era eso posible —se encogió de hombros JP.
—Entonces, nadie se preocupa por nuestra desaparición —comentó Sissi.
—Eso es —asintió Takuya —. Así que… ¿qué hacemos?
—Bueno… Creo recordar que tenemos que marchar nosotros de vuelta a Francia —dijo Ulrich —. Aunque he olvidado el lugar y la hora.
—Yo sí lo recuerdo —dijo Yumi —. Creo… Eso de haber estado sin preocupaciones tanto tiempo me tiene un poco confusa…
—Eh, tengo una duda —dijo de pronto Teppei alzando la mano —. ¿Cómo es que podemos entendernos?
El grupo entero permaneció en silencio varios segundos, mirándose unos a otros extrañados antes de soltar risitas nerviosas.
—Ahora que lo dices… en el Digimundo nos hemos entendido desde el principio —dijo Katsuharu.
—Pues yo no sé japonés —alzó la mano Odd.
—Cierto. Tuvimos un problema con XANA y nos cambiamos de cuerpo —señaló Yumi —. Le dije que intentase no decir nada y, a demás de liarla, lo que decía lo hacía en chino.
—Yo no sé francés —alzó la mano tímidamente Tommy.
—Entonces…
—Vosotros sois los Guardianes —habló Gatomon —. De alguna forma, habéis estado hablando el mismo idioma que todos nosotros.
—¿Es que habláis otro idioma vosotros? —preguntó William.
—Técnicamente, el Digimundo es un mundo de datos —empezó Jeremy —. Es como un ordenador. Por lo que el lenguaje de los digimons es código digital.
—Einstein, en lenguaje terrenal, da igual si es francés o japonés —pidieron Ulrich y Odd.
—Quiero decir —dijo con algo de molestia el informático —, que en el Digimundo ha sido como si estuviésemos en un ordenador. Tú puedes cambiar el idioma al sistema y entonces lo entiendes. Al entrar, de alguna forma nuestra presencia ha hecho que se cambie el idioma del Digimundo.
—¿Que se cambie? —preguntaron todos.
—Los digimons no lo han notado porque en sus datos ya entraba el idioma. Y nosotros lo hemos tomado como algo normal porque… Bueno, nos hemos entendido y no le hemos dado vueltas a por qué debido a que estaban los digimons, que era algo más raro que entender el japonés de repente.
—La primera vez que dices algo que todos entendemos —asintió Sissi —. ¿Y cómo explicas que nos sigamos entendiendo ahora?
—Quizás estamos hablando un idioma neutro o algo parecido —comentó JP —. La gente está cuchicheando que somos un grupo bastante raro y he oído decir que quizás somos una banda de gamberros…
—O quizás hemos adquirido de repente conocimientos del francés y del japonés —sonrió Takuya.
—Ojalá todo fuese así de fácil… ¡Lo aprobaría todo! —exclamó Odd.
Entre risas, el grupo entero empezó a moverse. El tiempo se acababa para el grupo de Kadic y la gran pregunta para la que todos querían respuesta no surgía de ninguno. Como pudieron, camuflaron a Bokomon y a Neemon con chaquetas y gorras antes de salir del parque y buscaron un refresco.
—¿Qué creéis que ha pasado en el Digimundo? —preguntó Zoe.
—Da igual, no podemos volver —suspiró Gatomon —. Fuimos nosotros los que os abrimos la puerta la primera vez.
—Aunque quisiéramos, no podríamos abriros ninguna puerta nueva —suspiró Lopmon.
—¿Y qué vamos a hacer? —se atrevió a preguntar Tommy —. Xana-Lucemon está allí apoderándose del Digimundo… Y quién sabe qué hará después.
—Saltar al mundo humano, como la otra vez, seguro —dijo JP.
—¿Cómo le detendremos? —preguntó Chiaki.
—Habremos de esperar a que venga aquí —suspiró Jeremy —. Él abrirá una puerta para dejar pasar a sus esbirros, así que habrá una apertura por la que nos podremos colar y vencerle.
—Para entonces, él se hará poderoso, se habrá adueñado de todo el Digimundo y no podremos ni siquiera dar dos pasos sin ser machacados —negó Kouji.
—A demás… —empezó Koichi. El grupo entero esperó en silencio varios segundos hasta que decidió seguir —. Nos vamos a separar. Vosotros volvéis a Francia. Nosotros nos quedamos en Japón.
—Podemos hacer algo —dijo Katsuharu lentamente.
—¿Qué?
—Podemos ir a Francia todos juntos —dijo.
—¿Estás loco? ¿Cómo esperas que vayamos todos al mismo instituto? —preguntó Teppei.
—No lo sé, se me ha ocurrido así de repente. ¡Ya sé que es una locura, pero es que no sé qué hacer!
El silencio se adueñó del grupo. Con algunas palabras murmuradas, siguieron moviéndose por Shibuya sin mirar a ningún lugar fijo.
—Creo que podría hacerlo —dijo Jeremy.
—¿De qué hablas? —preguntó Aelita.
—Podría entrar en la base de datos de vuestros institutos, falsificar algunos documentos y hacer que hagan un traspaso a Kadic.
—Olvidas un detalle, Einstein —señaló Takuya —. A demás del tiempo justo, ¿cómo esperas que nuestros padres se lo crean?
—Bueno, sólo necesitaría un par de cosillas —sonrió —. ¿Algún sitio donde pueda conectarme a Internet? —preguntó.
A paso ligero, el grupo entero entró en un cibercafé. Mientras algunos pedían, otros empezaron a juntar sillas y mesas, para asombro de los demás comensales y trabajadores del local. Con gran concentración, Jeremy empezó a teclear en su portátil, dando algún que otro sorbo a la bebida que le acercaban los demás. Las miradas pasaban a los relojes de pulsera, al reloj del móvil, al de la pared del local…
—No tendremos tiempo —murmuró Yumi mordiéndose las uñas.
—Einstein lo logrará —intentó hacerla parar Ulrich.
—Estas cosas son complicadas —negó Aelita.
—Contigo parece ser que fue un visto y no visto —señaló Sissi.
—A mí me lo tuvieron que crear todo de cero. No me estaba trasladando de ningún centro a Kadic —dijo con una mueca.
—¿Y qué quiere decir eso? ¿No pueden venir los demás? —preguntó Emily.
—¿Nos vamos a quedar aquí? —preguntó Tommy.
—No, nada de eso —negó Jeremy —. He logrado hacer los trámites necesarios para que os manden a Kadic, pero…
—¿Qué?
—No creo que podáis venir hoy —negó el informático.
—¡Mierda! ¡Necesitamos estar todos juntos! —gritó Takuya.
—Cálmate —susurró Koichi.
—A las malas, vamos a estar separados sólo unos días —dijo Kouji —. Aunque… Jeremy, no tendrás algo con lo que lavarle el cerebro a nuestros padres por un casual en el ordenador, ¿no?
—¿Por qué lo dices? —preguntó.
—No estoy completamente seguro de que mi padre se acabe de creer esto.
—Quizás nosotros dos podremos ayudar —habló en susurros la voz de Renamon, alarmando a Yumi.
—Podéis dejarnos aquí y nosotros podemos ayudarles en lo que surja —añadió Kitsumon.
—Pero entonces… —susurró Ulrich.
—Xana-Lucemon va a estar ocupado en el Digimundo. No habrá peligro porque nosotros estemos aquí y vosotros en Francia —dijo Renamon —. A demás, no es un adiós para siempre. Sólo por unos días.
—¿Segura? —preguntó Yumi.
—Confiad en nosotros —dijeron antes de desaparecer de las pantallas.
—¡OH, NO! —exclamó de pronto William —. ¡Mirad qué hora es!
—¡Vamos a llegar tarde!
—¿Y mi bolsa? —preguntó Sissi, rebuscando entre el montón de ropa.
—Te la has dejado en el castillo de Ophanimon —señaló Emily —. Al igual que mi chaquetilla…
—Mi mochila también está allí —suspiró Tommy.
—Y la mía —negó Teruo —. Espero que mi madre no me regañe por ello…
—¿Y qué hacemos?
—No había nada importante en ellas —negó Ulrich —. Recordad que pusimos las carteras y monederos en la bolsa de Jeremy, que siempre la lleva encima incluso cuando duerme.
—Ah, cierto… Qué susto…
—Eh, chicos, ¿qué pasa con nosotros? —preguntó Bokomon, en brazos de JP.
El grupo entero dejó de moverse y miró a los siete digimons que cargaban en brazos. Casi al instante, Mikemon y Labramon desaparecieron, entrando en los D-Tectors con un brillo que preocupó a los dos chicos. Corriendo, todos salieron del local y empezaron a buscar el camino de regreso al punto de reunión.
—Id con ellos —señaló Takuya dejando a Lopmon en los brazos de Emily —. Es normal que un grupo de estudiantes en un país extranjero se lleve recuerdos y otros objetos…
—¿No son demasiado raros? —preguntó Patamon.
—Para nada —rió Tommy —. No sabes tú el merchandising que te puedes encontrar por aquí de series anime. Hay peluches mucho más grandes que Renamon y Kitsumon incluso.
—¿Estáis insinuando que pasemos los digimons como si fuesen peluches? —preguntó Odd.
—En las máquinas de rayos X se darán cuenta que son seres vivos —señaló Aelita.
—¿Y si los pasamos como mascotas en el primer control? —preguntó Sissi —. Metemos a todos y que Gatomon bufe cuando vayan a mirar demasiado…
—Creo que tenemos otro problema más importante ahora —dijo Jeremy.
