¡Hola a todos! ¡Y feliz año retrasado! Como podéis imaginar, no he tenido tiempo para hacer absolutamente nada hasta ahora, pero eso no es nada nuevo.

No os mentiré: preveo unas semanas bastante complicadas con dudosos horarios, así que simplemente os pido que no nos abandonéis a Lily, a la historia y a mí. Nosotras no lo estamos haciendo aunque dé un poco la sensación de abandono (gente con trabajo/estudios superiores, seguro lo entendéis).

Como todos los días de actualización, ahí va el DISCLAIMER, para evitar problemas. Code Lyoko y Digimon Frontier no nos pertenecen a raf-lily o a mí. Los personajes originales son una minoría que, en caso de coincidir con la invención de otra persona, esperamos con ganas conocerle e intercambiar opiniones de forma correcta y educada.

También, para no perder la costumbre este año, dejo caer el AVISO de siempre. Nadie está obligando a nadie a leer este fic; si no te gusta, tienes permiso para cerrar esta ventana en este instante y desentenderte de todo. Lo único que pedimos es que nos respetéis tanto a las autoras como a quienes nos siguen y leen. No todo el mundo piensa o tiene tus mismos gustos, por lo que antes de ponerte a insultar, mejor "vete, olvida mi nombre, mi historia, mi cuenta y pega la vuelta". Todos te lo agradeceremos eternamente.

Y para acabar, antes de que os deje con la lectura, saludar y agradecer a titokenny01 por su comentario. Nos alegra que sigas leyéndonos aunque conozcas la historia y esperamos que siga así hasta donde conoces y más allá.

Ahora sí, os dejo con la lectura, que ya me he entretenido bastante.


Capítulo 32: Nuevo hogar

Ocho D-Tectors empezaron a brillar nada más llegar a la seguridad de la fábrica, permitiendo salir a los digimons. Observaron alrededor el gran interior y el ascensor detenido en aquella planta. En dos turnos, el grupo entró en el elevador, sorprendiéndose de que aquella máquina de aspecto viejo continuase funcionando teniendo en cuenta el estado del lugar.

—Bienvenidos a la sala del superordenador —presentó Jeremy, sentado en la silla que siempre había ocupado y mirando las reacciones de los que acababan de llegar a la sala.

—¿Qué hacíais aquí? —preguntó Katsuharu.

—Aquí estaba yo —respondió volteándose a la pantalla apagada —. Desde estas pantallas, vigilaba y avisaba a los que estaban en Lyoko, a demás de que podía llamar por teléfono. También trabajaba con distintos programas creados para mejorar el equipo, como los vehículos, los trajes y el Skid, con todo lo que conllevaba su creación.

—¿El Skid? —preguntó JP.

—El vehículo con el que navegábamos por la red del mar digital y llegábamos a las réplicas —respondió Aelita.

—Impresionante… ¿Y te ocupabas de esto tú solito? —preguntó Takuya.

—Exactamente —asintió —. Por esas escaleras de allí también se puede acceder aquí. Era la ruta de llegada cuando me veía obligado a bloquear el ascensor.

—¿Y por qué lo bloqueabas? —preguntó Sissi.

—Por ti, por Nicolas y Herb, los poseídos por XANA… Vamos, por todos aquellos que bien querían matarnos o descubrir qué hacíamos.

—Vale, lo he entendido.

—¿Y cómo entrabais a Lyoko? —preguntó Chiaki.

—La respuesta está más abajo —respondió Yumi —. Podemos ir por el ascensor o por esa trampilla de ahí. Y como hay que hacer dos viajes… ¿Quién se viene a las escaleras?

Divididos nuevamente en dos grupos, unos por el ascensor y otros por la trampilla, descendieron un nuevo piso hasta la sala de los tres escáners.

—¡Genial! —exclamó Tommy correteando de un tubo a otro —. ¿Cómo funcionan?

—Entras, esperas a que Jeremy te escanee, y virtualice y ¡tachán!. Llegas a Lyoko —respondió Ulrich —. Para Einstein era algo sencillísimo, igual que para Aelita. Pero en realidad, la cosa era complicada… Tantas cosas que tocar y tantos datos que introducir…

—Seguro que es una sensación extraña eso de virtualizarse… ¿Se parece a digievolucionar? —preguntó Teruo.

—No te sabría decir exactamente —respondió William —. En Lyoko teníamos que aparecer enteros mientras que, en el Digimundo, sólo nos han cambiado las ropas, no los cuerpos…

—¿Y dónde está el motor de todo esto? —preguntó Emily —. Porque todo ordenador tiene una torre o algo por el estilo, ¿no?

—Ahí abajo —señaló Jeremy hacia la trampilla central.

—Pues vamos —animó Teppei.

Pocos minutos después, el grupo entero se reunió en esa planta para ver surgir del suelo la gran torre del ordenador que conectaba a Lyoko.

—¡Menudo monstruo! —silbó Koichi.

—¿Eso pone en funcionamiento Lyoko? —señaló Kouji.

—Exactamente.

—Es enorme… La cantidad de archivos de música y fotos que se podrían guardar ahí dentro… —rió Zoe.

—El único problema es que, mientras nuestros ordenadores se conectan a la luz y los portátiles tienen baterías recargables, éste funciona con uranio —explicó el informático señalando el punto en el que se ocultaba la batería del ordenador.

—¿Pero eso no es peligroso? —se asustó JP.

—Está bien aislado y sólo tuve que cambiarlo una vez.

—Y supongo que no irías a una tienda de informática a pedir una batería de uranio, ¿no? —rió Chiaki.

—XANA me ayudó. Poseyó a un asesino que robó una batería a los militares y después me "secuestró" y trajo hasta aquí para que cambiase la batería —explicó —. No le apetecía desaparecer ni queríamos perder a Aelita, unida a Lyoko por culpa de XANA y su ingeniosa idea meterle un virus para así obligarla a estar allí y poder robarle la memoria.

—No veáis qué complicado fue estar por allí ese día —dijo Ulrich.

—Todo Lyoko desapareciendo —dijo Odd.

—¿Queda algo más por ver? —preguntó Tommy.

—No. Ya podemos subir y regresar —dijo el informático.

—Pero vayamos por el otro camino, para que también lo conozcan —sonrió Aelita.

—Pues vosotros guiáis —señaló Emily.

Xana-Lucemon se había olvidado de los niños humanos. El ángel caído se había incluso olvidado de los problemas que habían dejado aquel grupo antes de desaparecer de su mundo. Miraba hacia el exterior del castillo de la Rosa de las Estrellas, pensando en lo cercana que estaba su victoria, su dominio total sobre ese mundo y, después, sobre el que pertenecía a aquellos niños que se habían atrevido a enfrentarle.

—Mi señor —Duskmon entró en la sala y se inclinó ante el ángel oscuro —. Conocemos el paradero de BlackKazemon.

—¿Y a qué esperáis para destruirla? —cuestionó mirándolo de reojo.

—No podemos alcanzarla tan fácilmente, mi señor —respondió levantándose —. También tenemos otra noticia.

—¿Cuál?

—Los niños elegidos y sus digimons siguen vivos.

—Eso no es posible —susurró caminando de un lado a otro —. O quizás…

La rabia empezó a apoderarse del digimon alado, que estalló en gritos que resonaron por todo el lugar. Myotismon entró rápidamente en el lugar justo para ver cómo el ángel destrozaba el asiento en el que solía sentarse.